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The People Never Learn

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The People Never Learn

Mensaje por Hiro Uchiha el Miér Sep 05, 2018 11:22 pm



The people Never Learn


El sonido de las gotas de agua descendiendo de los cielo era audible para las personas que se refugiaban en sus hogares para no ser cubiertos de rocío natural. La lluvia era hermosa en todo sentido, era suave al tocar la piel fría o caliente de las personas, dejando un pequeños rastro de agua en donde cayó, dejando su esencia fría en el cuerpo del ser humano, aquella pequeña gota fría era suficiente para sentir el cuerpo estremeciéndose ante tal contacto, pero aquello solo cuando una te tocaba, cuando las demás caían con mayor velocidad, pero el estremecimiento no volvería ocurrir, el cuerpo se había acostumbrado, lo siguiente que venía era la abundancia del frío cuando las ventiscas llegaban, dejando atrás cualquier sensación de calidez que podría haber tenido el cuerpo. Poco a poco más gotas descendían de los vapores suspendidos en el colorado cielo azul. El agua llenaba las calles en abundancia, creando pequeñas lagunas conforme pasaba el tiempo, dejando su rastro natural en la capital y algunos lugares del tan conocido bosque de la hoja. Era cierto que para muchas personas aquello podría parecer molesto y falto de la hermosura natural que poseían los mares y lagos, pero todo en la naturaleza era hermoso, tan solo hacía falta ver todo desde una perspectiva diferente, no siempre los ojos veían todo como lo era en realidad, aquellos orbes con la facultad tan necesaria de la visión podían engañar. Puedes ver a unas personas  gritando y peleando, pero puedes escuchar cómo tan solo se hablaban desde lejos sobre la compra que debían realizar, los otros sentidos eran igual de importantes, pero la vista no era lo único, el oído, olfato y gusto tenían la misma capacidad de engañar, por esa razón todos se necesitaban para complementarse entre sí  individualmente pueden engañar pero no pueden engañarse entre sí, se necesitan todos los sentidos ara ver como son las cosas en realidad, muchas personas tomarían aquello como una metáfora para el trabajo en equipo como cada persona debía cumplir lo que le tocaba para tener éxito, que se necesitaba estar con más personas para realizar encargos con velocidad y eficiencia, pero para Hiro aquello no lo era todo, si estaba con muchas personas serían estorbos, se retrasarían a la hora de realizar encargos, sería detectados con más facilidad. Por esa razón las personas eran estorbos, ir en solitario era mejor que en grupo. Eso hubiera pensado hace ya tiempo atrás, pero muchas cosas le mostraron lo equivocado que estaba, en el País del Agua no fue capaz de hacer nada, no pudo defenderse bien y ni siquiera dar algo de batalla al menos. Si hubiera trabajado con los otros desde el principio, tal vez hubieran podido cambiar el resultado, tal vez algo más hubiera ocurrido, hubieran sido capaces de completar su misión, pero su maldito orgullo le había impedido ver las cosas con claridad.

Habían días en los cuales el Uchiha retrocedía varios pasos hacia acontecimientos previos al momento en que se encontraba, en la mayoría de los casos para intentar ser capaz de recordar sus errores para aprender de ellos y no volver a causarlos, con el tempo había aprendido que en cada derrota se ganaba algo, no solo fuerza o destreza, el conocimiento que adquiría de sus oponentes le podría servir de algo en alguna ocasión, no siempre se ganaban las batallas, pero nunca se perdían completamente. Aquello había sido algo que Hiro había aprendido conforme el tiempo había transcurrido. Era interesante como las personas evolucionaban mentalmente conforme el paso del tiempo transcurría, los humanos eran los únicos seres capaces de “madurar” mentalmente, pero eran los únicos que se atacaban entre sí por mera codicia, pareciera que era una necesidad el acabarse los unos a los otros, debían mostrar lo superiores que eran para tener el respeto de otros. Era cruel, pero era la verdad, el respeto y la lealtad de las personas venía del miedo que sentían por sus superiores, los cuales se encargaban de demostrar lo que les ocurriría si se alzaran contra ellos, en este mundo actual el poder más grande era el miedo que despertabas en las personas. Pero aquello no era lo único despreciable de los humanos, la traición, aquella acción llena de deshonor y desgracia para la persona que la ejecute, una vida llena de desolación y desgracia era la que sufrirían por el resto de su existencia, pero en algunos casos aquella traición era celebrada por otros tomándolo como algo bueno y digno de admirar, aquellos casos eran en los cuales el desertor se iba a un grupo de personas con planes futuros para el mundo, aquel grupo entonces serían uno de los lugares en los que no serían juzgados por sus acciones pasadas sin necesidad de preocuparse por los hechos del pasado un lugar en el cual podrían hacer lo que quisiera cuando quisiera. Aquellas cosas eran las más despreciables de mundo Ninja, pero también las que más conocidas eran, en este mundo en el que vivían había un extensa lista de cosas que no serían consideradas “éticas” pero era la realidad que debía aceptarse, y unírsele, si se quería sobrevivir debías unirte a realizar actos atroces e irrevocables, para vivir en un mundo cruel, debías ser más cruel que todas las personas, infundir miedo en las personas a base de torturas y asesinatos, demostrar tu poder. Traicionar a todos aquellos en los que no tienes la confianza suficiente, apuñalarles por la espalda antes de ser apuñalado. Todas las cosas despreciables del mundo, debías realizarlas si no querías ser aplastado por otros, debes pasar por encima de otros para llegar a la cima antes que cualquiera. Puedes nacer siendo un chico inocente y creer que el mundo es un lugar hermoso, pero poco a poco comenzarás a ver como son las cosas en realidad para todo ser viviente en este mundo lleno de oscuridad y desesperanza.

La lluvia caía sin cesar en ningún momento, llenando cada árbol y tierra del agua natural que emanaba de los cielos. Ahí se encontraba Hiro, caminando sin apuro alguno, sus ropas y su pelo se encontraba mojado y seguí siendo rodeado por las gotas de la lluvia. Todo el paisaje hermoso del bosque se encontraba siendo abatido por la lluvia, la cual quitaba visibilidad debido a las numerosas gotas que caían. Mucha gente no estaría en un bosque o en cualquier lugar menos que en su hogar mientras llovía de una forma tan fuerte, podría ser considerado peligroso debido a que mucha gente aprovecharía que no habrían tantas personas por las calles y comenzarían a realizar actos criminales, por la mera razón de ganar dinero “fácil” o simplemente divertirse aprovechándose de las personas que no eran capaces de defenderse en condiciones. Pero Hiro no temía a nada de aquello, podría decirse que ni le importaba en lo más mínimo, estaba ahí por la lluvia. Hacía ya tiempo que había comenzado su extraña fascinación por el rocío de los cielos. La sensación del agua tocando su piel  y escurriéndose por su cuerpo era algo que le agradaba, podía sentirse más ligero, menos preocupado, más calmado se sentía…Normal. Aquel momento que llovía eran los únicos en los que él realmente podía sentirse libre de cada cosa que le atormentaba, no había voces que escuchar, no había sed de sangre que saciar, no había debilidad que eliminar, no habían batallas que recordar, no había nada de las cosas que le hacían ser quien era, que le hacían ser Hiro Uchiha. La lluvia se había convertido en una necesidad más importante que cualquier misión, más codiciado que cualquier banquete, era la única forma que había encontrado de calmarse realmente, de detener todo y tan solo estar él y la lluvia. Las gotas se derramaban por su cuerpo como cascadas, llenando cada parte de su cuerpo sin dejar ninguna parte seca, limpiando cada problema o cualquier o cualquier cosa que podría atormentarle, liberándolo de las cadenas que le ataban diariamente, las cuales eran más apretadas conforme pasaba el tiempo. Su andar por el bosque era firme pero se podía notar que era relajado a la vez, no había rumbo que seguir, ni lugar al que llegar, en aquel momento solo estaba él. Sus ojos se encontraban cerrados sin aplicar presión alguna, trataba de memorizar l calma que le causaba para tratar de recordarla luego, pero también quería sentir en detalle las gotas cayendo contra sus ropas y otras en su piel, sintiendo con suma atención el toque frío de cada una de ellas en su cuerpo ya muy dañado y corrompido por todas las cosas que ha pasado en su corta vida.

Luego ya de incontables minutos la lluvia con lentitud cesó, dejando en el aire humedad y el olor peculiar que tan conocido era para el espadachín. Con el ceño fruncido Hiro miraba al cielo, esperando otras gotas que le rodearan y llenaran de tranquilidad, ya no había rastro de lo que la lluvia le regalaba, nada emocional, pero se encontraba rodeado de agua. Prontamente el frío comenzó a hacer presencia, pero Hiro se había entrenado ya mucho en soportar todo tipo de cosas, en su mayoría físicas, por lo tanto, el frío no era nada más que una pequeña piedra en el camino. Aquel día no tenía nada que hacer, y no parecía que fueran a encomendarle un misión, así que decidió que no estaría mal aprovechar que ya estaba en el bosque , estirar los músculos no le vendría nada mal, hacía un buen tiempo ya que no entrenaba por su cuenta, no estaba seguro cuanto en realidad habían mejorado sus capacidades, y si quería ser más fuerte debía conocer hasta donde llegaban sus límites. Tomó el mango de su espada con la mano derecha y la desenfundo con velocidad para colocarla al frente. Rápidamente comenzó a practicar sus movimientos con su arma, moviéndola de mano en mano, realizando tajos al aire. Con su mano derecha sosteniendo firmemente el arma, flexionó sus piernas para mantener más estabilidad, puso su pierna izquierda adelante mientras la derecha atrás, poniendo peso en su pierna izquierda se apoyó en esta para luego impulsarse hacia adelante al momento que flexionaba la articulación de su brazo derecho, colocando el brazo a centímetros del codo izquierdo y por ende la espada, aplicando toda su fuerza llevó su brazo abajo a la derecha, realizando un corte diagonal al aire, inmediatamente dio una vuelta de 360° utilizando su pierna izquierda como eje principal, al completar la vuelta realizó un corte y luego otro, y así siguió durante varios minutos, entrenando sus maniobras con su arma y la velocidad de sus ataques. El pulir las habilidades era una de las cosas que un ninja debía de hacer, tomarlo como prioridad, incluso por delante de la propia alimentación, nunca se tenía demasiada habilidad en algo, siempre se podía llegar más lejos, siempre se podía superar las barreras que mucha gente ha creado, los límites no existen. Luego ya de creer que había entrenado suficiente con su espada la guardó en su funda para luego quitárselo y colocarla en el suelo. Se colocó delante de un árbol para comenzar a golpearlo con todo lo que tenía. Aún no era tan fuerte como quería, era cierto que había mejorado en varios aspectos, pero necesitaba más. Debía seguir entrenando, para alcanzar a las personas que le superaron en el pasado. “Hikary Kaguya”, y aquel hombre peli azabache con un rostro peculiar, ambos le habían superado en la batalla que tuvieron en este mismo bosque, pero no pasaría de nuevo, no se dejaría vencer de nuevo, sabía que seguramente ellos se habrían hechos más fuerte, pero él lo sería más, les superaría para demostrarse a sí mismo que no era el mismo niño que imprudente e inútil, no podía permitirse volver a caer, y si lo hacía, se aseguraría de que su contrincante también cayera. Hiro era de las personas que tendía dar pelea hasta caer, incluso entonces, seguían luchando con todas su fuerzas, negandose a ser vencidos por completo por sus contrincantes.

Entrenaba con tranquilidad y sin preocupación alguna más que la incomodidad de sus pensamientos. Pero sus oídos captaron pasos veloces en los árboles, eran toscos y poco ligeros, no trataban de ocultar su presencia o aligerar el sonido que generaban, o tal vez simplemente no sabían cómo hacerlo. Tomo su arma para justo ver como nueve personas se mostraban a unos 4 metros de distancia de su posición actual. Todos poseían vestimentas comunes en civiles, pero algo dentro del Uchiha le decía que no eran personas que buscaban direcciones. - ¿Que queréis? - Dijo toscamente y sin una pizca de sentimiento más que propia irritación. No estaba seguro que buscaban o a quien buscaban, pero si no le molestaban él no les molestaría. Algo que había cambiado en Hiro era la agresividad que tenía hacia las personas que le molestaban con su mera presencia, anteriormente hubiera arremetido contra ellos por interrumpirle su entrenamiento, pero la tolerancia parecía haberse desarrollado después de un tiempo. - Queremos todo lo que tengas, Niño - Decía el que parecía ser el líder con orgullo y una sonrisa que Hiro quiso destrozar al instante en que se fue vista por sus ojos. - Si eres inteligente sabrás que no podrás contra nosotros, solo danos lo que queremos y nos iremos sin hacerte daño. - Era más que obvio que eran bandidos…No, a escorias como estas no se les podía llamar bandidos siquiera, sería un insulto para aquellas personas. Aquellas ratas eran ladrones que iban en grupo para intimidar a otros y que no peleen, seguramente sabían ir por los árboles porque entrenaron su agilidad para escapar con facilidad, de todas formas Hiro dudaba que fueran un problema serio, pero les servirían para entrenar de una forma más divertida. - ¿Porque no vienen a buscarlos ustedes mismos?. Tsk, idiotas - Dijo con algo de desprecio. Había gente cobarde que se reunían entre muchas personas para atacar a civiles sin entrenamiento, si atacan a una persona, deberían tener el valor de hacerlo solos, es comprensible cuando son más, pero aquel era un acto de cobardía que le daba repulsión al Uchiha. Todos los hombres al escuchar las palabras de Hiro fruncieron el ceño pero no dijeron nada, no hacía falta decir algo, el espadachín ya sabía l enojados que podrían estar. . -Mocoso insolente. Ustedes, denle una lección - Dijo mientras señalaba a un grupo de cuatro, los cuales fueron al frente con una sonrisa de superioridad. Hiro simplemente se colocó la funda con su espada en la espalda y les miró sin mucha importancia, para él no eran nada más que estorbos. Comenzaron a correr hacia él con obvias intenciones de violencia, el espadachín les esperó con calma, no había apuro en acabar. El primero le recibió con un puñetazo en dirección a su cara, el cual fue esquivado sin problema por Hiro con tan solo moverse a un lado. Levantó su pierna derecha y le propinó un fuerte golpe en la boca del estómago, luego le tomó del brazo y haciendo presión llevó su brazo hacia un lado de él, en donde se encontraba una de aquellas ratas, ambos chocaron y cayeron al suelo. Hiro tomó su katana y la enterró en el cuerpo de ambos hombres, atravesándolos sin piedad alguna. Sin siquiera importarle ni un poco retiró su katana del cuerpo sin vida de ambos. Miró hacia los otros dos los cuales se encontraban con sus ojos abiertos, ellos definitivamente no se esperaban una acción de ese tipo. El oji negro comenzó a acercárseles con lentitud mientras arrastraba su katana por el suelo, una sonrisa se veía en su rostro, la cual podía infundir más miedo que la propia espada ensangrentada. - No me sirven ni para calentar…Pero tal vez puedan calmar mi sed - Dijo con una sonrisa llena de sadismo y diversión. Era aquella faceta de Hiro que más le gustaba de el mismo, poder soltarse y hacer lo que más le gustaba sin paredes que le detuvieran de seguir y seguir.

Moviéndose a velocidades que superaban a los dos hombre que tení en frente, se posicionó a la espalda de estos, y sosteniendo tomando su arma con fuerza realizó un corte diagonal en el brazo de uno de ellos, separando el miembro de su cuerpo y esparciendo algo de sangre en su gabardina y un poco en la cara de su compañero. El “Sr. Brazito” gritaba de dolor mientras se arrodillaba. El Uchiha tomó su arma con ambas manos y con todas sus fuerzas la llevó hacia adelante, apuñalándolo por la espalda, y matándolo inmediatamente. Se movió hacia la dirección del otro para propinarle un fuerte golpe en el rostro, el cual le dejó en el suelo consciente. El espadachín le tomó de la cabeza y comenzó a estamparla contra el suelo repetidas veces sin parar, esparciendo aquel líquido vital rojizo por el suelo. Se levantó mientras sacudía sus manos, limpiándolas o intentándolo al menos. Se colocó a un lado del hombre que guardaba su katana en su espalda y miró a los cinco hombres que quedaban. Lucían enfermos y aterrados, uno que otro parecía tener un macha de algo líquido en sus pantalones. El menor colocó un dedo en el ando de su espada y le dio un pequeño empujón, causando que su arma se moviera un poco, al igual que el interior del cuerpo del “Sr.Brazito”. - Entonces no iba a poder con ustedes no?...Que mala suerte tengo - Decía con falsa desesperanza para luego mostrar un semblante serio repentinamente, acabaría con estas personas para poder irse a comer algo. - T-t-te asesinaremos BASTARDO! - Decía tratando de parecer intimidante y confiado, fallando estrepitosamente en el intento. Pero sin dudar ni un segundo, todos comenzaron a correr hacia él. Hiro solo sonrió y les esperó. Tomó su espada y cuando uno se encontraba frente a él se agachó mientras realizaba un giro de 360° con arma extendida y siendo aún más impulsada con la fuerza que el mismo agregaba. Cortó la pierna izquierda de uno de ellos, causando que callera al suelo gritando y…¿Llorando? Le tomó de la cabeza y lo levantó para patearle el estómago y que chocara con unos tres que venían hacia él. Moviéndose con velocidad se dirigió hacia otro de ellos para encararle, este sacó un cuchillo y trató de apuñalar al Uchiha, pero este chocó su arma con el cuchillo y lo repelió hacia un lado, inmediatamente le tomó la muñeca con su brazo izquierdo y lo jaló hacia el mientras flexionaba su rodilla y la lleva hacia adelante, impactando un rodillazo en las partes bajas del hombre, e arrodilló y sostuvo su virilidad, Hiro le tomó del cabello y empujó su espada en su cuello, atravesando su tráquea y causando que comenzara a ahogarse en su propia sangre. Sacó su espada de la garganta del hombre y miró a los cuatro que quedaban. - Ustedes siguen - Apunto su arma hacia ellos para mostrar su punto. Comenzó a correr hacia ellos con velocidad, ellos se aterraron y se dieron la vuelta dispuestos a huir. Idiotas. Levantó su espada y gracias al impulso de su carrera pudo atravesar con facilidad a espalda de uno de ellos, retiro su arma del cuerpo aún vivo y la lanzó hacia otro de ellos en dirección a su cabeza, dando en el blanco y causando la caída del ya muerto. Quedaban otras dos ratas que exterminar. Para él era divertido cuando sus victimas comenzaban a huir, le da aquella satisfacción de saber que era mas fuertes que ellos, le encantaba ver el terror en sus caras mientras huían lo más lejos que podían de el, buscando desesperadamente una forma de escapar de su katana.

Tomó dos Kunais lo cuales lanzó hacia los restantes, entre ellos el líder del grupo. Ambos cuchillos negro atravesaron las piernas izquierdas de sus objetivos. Ambos cayeron gritando y arrastrándose. - ¿Veis?. Todos vuestros compañeros murieron por su codicia, no saben cuando retirarse hasta que es muy tarde…Saben yo fui así hace un tiempo, pero uno aprende de sus errores - Decía mientras estaba sentado en el medio de los dos, obviamente trataba de molestarles antes e acabar con sus miserables vida. Porque nadie merece vivir siendo un cobarde, no merecen respirar el mismo aire que la gente que arriesga sus vidas en combate. Realmente Hiro pensaba que les hacía un favor a borrar su existencia de este mundo tan miserable, que vivir de esa manera era un sufrimiento constante, nadie debería sufrir aquella desgracia de vida. El espadachín pensaba que estaba siendo misericordioso, estaba tan loco que creía que aquello era bueno, por esa razón les mataba lento, no le gustaba ser bueno, pensaba que aquellas cosas eran aburridas y problemáticas y aburridas, aunque sea debía hacerles sufrir para no quedar como alguien misericordioso. Su cerebro analizaba las cosas de una forma muy distinta a las de las demás personas procesaba la información diferente. - Vaya que buena conversación…Me ha dejado cuando idiota era, gracias chicos…Ahora mueran - Dijo mientras se levantaba y tomaba los kunais de las piernas de estos. Estos comenzaron a implorarle que no les hicieran daño, que les dejara en paz. Pero Hiro debía liberarles de la deshonra y divertirse en el proceso. Clavó las dos cuchillas en las cabezas de ambos, causándoles unas muertes instantáneas. Guardó sus kunais y se dispuso a buscar su arma y fue cuando escuchó el sonido de una rama rompiéndose, lanzó una de sus cuchillas hacia el lugar de donde vino el sonido, o de donde creyó que venía. - Quién esta ahí?! - Exigió mientras miraba a los lados. Alguien le había estado vigilando, pero no parecía haber nadie. Muchas personas hubieran pensado en ir detrás de cualquiera que le hubiera estado viendo, pero a Hiro no podía importarle menos. No había hecho nada malo en realidad, había asesinado a unos ladrones que seguramente ya tenían hartos a muchos, aquello podría haber sido fácilmente una misión, y lo hizo gratis, así que no había cosa que le hiciera preocuparse mucho porque alguien le hubiera visto, pero algo no andaba bien, algo dentro de él se sentía ansioso y algo intrigado, si hubiera sido un ninja normal hubiera intervenido para que no les matara, tal vez llevarles a prisión y esas cosas que hace la gente aburrida. Pero él no era de cerca alguien aburrido o normal, él era un chico con una forma de ver el mundo diferente a la de mucha gente. Sin nada más que le interesara se quitó la gabardina quedándose solo con su camisa, debía de comprar otra gabardina, esa se encontraba llena de sangre. Tomó su katana y se fue del lugar, dejando a los cuerpos sin vida regados por el suelo.
Hiro Uchiha
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