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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

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The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Rol Master el Vie Abr 10, 2015 2:33 am

Final de los exámenes chunnin.
Principios de la mañana.
Día despejado.

El ejército que había sido avistado por el ex guardia de la prisión continuó atravesando el frondoso bosque de aquella localidad del país de la nieve. Cientos de personas marchaban armadas con rudimentarias armas de guerra, hasta palos, cadenas o antorchas, y escoltaban su andar con un estandarte rojo que esgrimía los kanji de “libertad” con mucho orgullo. Los cánticos de los pseudo soldados funcionaban como carbón para aquellos corazones que latían guerra y ansiaban la muerte de un tirano, y estas emociones se contagiaban entre las personas al ritmo de distintos tambores e instrumentos de guerra.
Aquel grupo que ya había nacido en el arte del combate bajo el abrazo titánico de la prisión, se encontraba de camino al exterior con bastante prisa debido a las palabras de alerta del ex guardia pero fueron sorprendidos por aquel centenar de guerreros de pordioseras armaduras, quienes en aquel instante se encontraban  sitiando la cárcel.

Aquel destacamento dotaba de un grupo de aproximadamente treinta y cinco arqueros, cincuenta soldados de infantería y un pelotón de quince guerreros montados a caballo. Un hombre de enormes proporciones, dorada cabellera larga y barba, dejó que su mano se perdiese dentro de su abrigo de piel para tomar un cuerno de guerra, el cual dejó sonar tres veces en seña de paz.
Él y tres guerreros montados más emprendieron cabalgata hacia el grupo de guerreros que emergía desde la oscuridad de la cárcel, y se detuvieron a tres metros de los jóvenes. – L… lady Hiroki, ¿es usted? Soy Ryûta Tanaka, ¿me recuerda de su infancia? – murmuró el enorme rubio, quien en su espalda tenía reposando una enorme guadaña casi del mismo tamaño que él. Su caballo se movió erráticamente hacia los costados hasta que finalmente pudo calmarlo y bajar del mismo. Fue entonces que los imponentes dos metros del veterano impusieron presencia y se acercó al grupo de personas que tenía frente a él. – Hemos venido en busca de Satsuki, pretendíamos tomar la prisión… pero si ustedes se encuentran aquí afuera, eso significa que… - hizo una pausa al tiempo que cerraba sus ojos y agachaba su cabeza en señal de respeto.

– Se suponía que ella tenía información importante que había conseguido, y que nos daría a nosotros… Lady Hiroki, he sido el responsable de entrenar a tus hermanos en el arte del combate armado, así como también he sido testigo de tu niñez. Déjame darte un consejo… cabalga, vuelve de dónde has venido.  El infierno se ha congelado en este país… pero pronto, las llamas volverán a arder sobre los muros de aquellos que nos han oprimido. –  murmuró aquel hombre que entonces se dio media vuelta y emprendió camino nuevamente hacia su caballo. – Aún así, podríamos usar algunas espadas extra. Aquellos que estén en busca de gloria, síganme. Tenemos un puesto de avanzada a unos kilómetros de aquí. – tomó con fuerza las riendas de su caballo y emprendió camino de vuelta hacia su ejército, para liderarlo de regreso a casa.


* * *



Puesto de avanzada, varios kilómetros alejados del castillo feudal.
Media tarde.
Cielo muy nublado, nevando.

El puesto de avanzada no parecía la gran cosa visto desde afuera. Tenía unas cuantas torres de madera al costado de unas precarias murallas del mismo material, y un par de casas que se asemejaban más a las chozas abandonadas de algún cazador que al centro de operaciones de una futura invasión. –  No se asusten… - murmuró el rubio quien se encontraba liderando a aquel enorme grupo de cien soldados, quienes se habían puesto en una fila doble y avanzaban en camino al centro del puesto de avanzada.
El veterano bajó de su caballo y se acercó al centro de operaciones. Realizó una serie de sellos de manos y apoyó una de ellas en el suelo, iluminando el mismo con una extraña estela celeste. La tierra comenzó a vibrar cuando un círculo de roca de aproximadamente diez metros de diámetro comenzó a elevarse del suelo, dejando a la vista una enorme escalera en caracol que descendía. – Tropas, marchen. – dio orden al momento que el centenar de soldados comenzaba a descender por la escalera, y cuatro de los hombres que cabalgaran hicieron una serie de sellos de manos y estiraron sus brazos en dirección a la roca que se encontraba en el aire para sostenerla mediante chakra.

Bajando por aquella escalera se podía observar una enorme y ajetreada ciudadela subterránea. Se trataba de un enorme pozo semi esférico de piedra maciza, alumbrado por un sinfín de antorchas que parecían estrellas de un hermoso cielo nocturno, y cientos de antorchas más en las callejuelas del puesto de avanzada. El tronar de los martillos forjando armas, el estruendo de las espadas chocando contra los escudos de los guerreros entrenando, y rugido de los filos de las hachas lamiéndose entre ellas, acompañaban los tambores que desde ya comenzaban a generar un clima de guerra. – Bienvenidos al primer puesto de avanzada del país de la nieve. Este ha sido construido por mi y otros especialistas de doton durante varios meses, de forma que estamos escondidos directamente en sus narices. Nos estamos preparando para el ataque que se llevará a cabo dentro de unos días. Me gustaría que ustedes formaran parte de la reunión estratégica que se llevará a cabo del día del ataque. Mientras tanto, pueden utilizar nuestras instalaciones como lo deseen. Aunque los veo… bastantes flojos y desnudos. Uno de mis guerreros les mostrará donde será su destacamento, además, mis herreros están a su completa disposición. Por favor mándenme por escrito una carta si desean algún tipo de arma, y veré que les sea concedida. Además, una armadura para cada uno estará esperándolos en sus respectivas habitaciones. Romped fila, cualquier cosa comuníquense conmigo. Hiroki… creo que tenemos varias cosas que discutir. Una vieja amiga se encuentra en camino. – explicaba el hombre a medida que continuaba bajando la escalera hacia aquella atareada ciudadela. Aproximadamente trescientos soldados más habitaban aquellas calles húmedas, frías y oscuras, y serían parte del grueso del ejército con el que tan solo días después atacarían el feudo.

Un soldado le hizo una seña a los guerreros para que lo siguieran, una vez que terminaron de bajar los interminables escalones. Caminaron entre las oscuras calles que parecían más pasadizos húmedos y oscuros, hasta que finalmente llegaron a una edificación bastante pequeña y poco lujosa. En la misma, había una cama para cada uno de los presentes y sobre ella, se encontraba un pequeño cofre. Dentro de este, se encontrarían unas armaduras de cuero idénticas, que estaban reforzadas con dos placas de metal en el pecho para permitir al guerrero tener movilidad, y dos en la espalda. Además, una larga placa de metal cubría los brazos y otra los antebrazos de las armaduras. Las mismas carecían de revestimiento en las piernas. Aquellas armaduras parecían haber sido a medida para los guerreros, por lo que les permitía tener una completa movilidad.
Finalmente, aquellos habían quedado libres de entrenar los siguientes días, preparándose para lo que se aproximaba.

* * *


Día de la reunión.
Subsuelo del puesto de avanzada.
Medio día.

– Espero que lleguen pronto. – decía el hombre, que se encontraba parado frente a una enorme mesa redonda sobre la que se encontraba un mapa entero sobre la ciudadela que Genki resguardaba. Esperó a que sus invitados llegaran, y posteriormente comenzó a hablar.

–  Bueno, ya que nos encontramos aquí presentes, esta es la situación. Contamos actualmente con seiscientos efectivos, mientras que Genki tiene su castillo reforzado con al menos mil cien guardias, lo que nos posiciona en una desventaja estratégica. Sin embargo, nosotros contamos con veinte miembros del clan Yuki, que aún no han llegado, pero colaboraran con nuestra cruzada. Además de ustedes, tenemos un arma secreta… - hizo una pausa y recorrió con la mirada a los presentes antes de continuar. – Aún así, nuestra situación nos obliga a ser precavidos. La ciudadela de Genki es una ciudad amurallada de siete kilómetros de diámetro, la cual tiene en su centro exacto el enorme castillo de Genki. Nuestro infiltrado ha abierto canales, sin embargo, estos nos permiten llegar hasta un kilómetro antes del castillo, por lo que quienes sean que se infiltren tendrán las siguientes tareas: Unos deben buscar una forma de entrar al castillo y asesinar a Genki, mientras que el resto debe dirigirse primero a las dos entradas que tiene la ciudadela y abrirlas, permitiendo que el grueso de nuestro ejército entre en la ciudad. Hay dos entradas a la muralla, una norte y una sur, y la entrada a los túneles se encuentran a pocos metros de las entradas a la ciudad. ¿Alguna propuesta estratégica? – mencionó el hombre repasando con su mirada a todos los presentes.


* * *


Castillo de Genki.
Medio día.
Nevada medianamente fuerte.

Una respiración entrecortada antecedió la marea de vómitos de sangre de aquel pobre desgraciado, quien se encontraba encadenado de pies y manos sobre una fuerte fogata y con varios cortes infestados a lo largo de todo su cuerpo. – Genki-sama, como sabrá, los revolucionarios ya se encuentran en marcha. – murmuró aquel rubio de cabello corto, mientras limpiaba la sangre de su espada con un elegante trapo, a medida que le daba la espalda al herido hombre. Genki se encontraba sentado de espaldas a aquel, con su mirada clavada en la ventisca que se dibujaba tras el cristal de su ventana. - Excelente, Taiga. Comienza a movilizar las tropas… los estaremos esperando. – sentenció con un tono de voz tan gélido como la sala en ese mismo instante.


Aclaraciones:


Físico de Ryûta Tanaka:



Bueno gente, por fin se da por comenzada la trama de la invasión a Yuki. Como verán, no se las voy a poner nada fácil (y luego me excusaré en que les regalé armaduras para justificar mis atrocidades. (? ) así que haré las siguientes aclaraciones:

- La armadura es una armadura normal, tiene la protección del metal y tal. Pero nada fuera de lo normal.

- Deben mandarme un MP con la descripción del arma que quieren pedirle a los herreros, y yo decidiré si se las aceptaré o no. Las armas NO PUEDEN tener ninguna habilidad. Deben ser armas corrientes, en cuanto al diseño, puede ser el que ustedes deseen.
- Solo por esta vez, les permitiré hacer un entrenamiento de ochenta líneas que les permita subir 3 puntos de stats, en el cual expliquen como entrenaron los esos días que hay entre que llegan y tienen la reunión el día de la invasión. Sin embargo, el entrenamiento deberá ser posteado en su próximo post y las líneas se comenzarán a contar desde que encuentran su armadura, hasta la reunión. No podrán subir más de 3 puntos.  

Dicho esto, tienen hasta el Domingo de noche para postear. El que no postee en el tiempo asignado será descalificado, a menos que tenga un aviso previo. Luego del primer turno, se definirá el orden de posteo según el orden en el que hayan posteado la primera vez. Conforme comience la invasión, los dividiré en subgrupos para que la trama sea mucho más dinámica y rápida.

Buena suerte gente.


¡Saludos!
Rol Master
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Hotaró Senjih el Vie Abr 10, 2015 5:46 am

Flash Back

La situación empeoro dentro de la prisión donde ejecutaba una misión la chica de cabellos negros de nombre Hotaró. En medio del pasillo que conectaba la celda de los prisioneros que se encontraban encarcelados a espalda de la chica y el cruce de dos caminos con destino desconocido para ella. Se encontraba parada en medio de tres reos inconscientes por un par de golpes con la funda de su espada en la nuca, por su mente paso la loca idea de empezar a asesinar prisioneros para seguir manteniendo el orden dentro de aquel desorden total pero un mar de papeles voladores estropearon fresco plan. Una ola de papeles emergió de sus espaldas cubriendo por completo todo el pasillo y mas allá que sus ojos podían visualizar. En medio de una gran confusión giro su mirada para tratar de entender de donde provenían aquel extraño evento, evento que trajo ideas frescas a su mente mientras observaba a sus compañeros de misión que se encargaban de vigilar las celdas de los prisioneros dentro de la boca del dragón. Mi objetivo en esta misión a fracasado, o mejor dicho e fracasado en realizar el objetivo de esta importante misión... esto es algo que no puedo perdonarme, mi debilidad en improvisar en una situación inesperada causo mi posición actual, volteo su mirada con un rostro de seriedad guardando nuevamente su espada anteriormente desvainada para hacer acto del plan "B". Se sorprendió al ver a su compañera correr a toda velocidad como si una huida estratégica se tratare, claro ella no sabia si era eso o simplemente se proponía la chica del cachorro a atacar pero en esos momentos cualquier pensamiento o critica eran validad, la situación lo meritaba.

Perdonadme pero no pienso quedarme parada a esperar mi muerte o un posible castigo por no haber cumplido la misión... yo me retiro de este lugar Fueron sus pensamientos de cobardía, quizás a muchos les daría lastima ver a una chica resignada a completar un trabajo pero la dificultad del mismo era muy elevado para sus capacidades y eso era lo mas molesto, ¡claro que le dolía!, le dolía saber que no pudo cumplir una tarea que le asignaron y por esa razón realizo un pacto con ella misma Algún día les devolveré el todo el malentendido que les e causado, perdonadme cerraba los ojos humillándose a si misma al correr por los pasillos para salir del enorme edificio o estructura.

Para poder salir de la prisión necesitaba algún tipo de disfraz que le permitiera pasar desapercibido por aquel mar de prisioneros y guardias y entro a su mente una idea algo estúpida pero quizás inteligente, todo iba a depender de como se lo iban a tomar los demás. Tomo la ruta izquierda donde se encontraría después de recorrer un enorme camino una especia de puesto de vigilancia ¿¡QUE HACEN AQUÍ!?, ¿¡ACASO NO SABEN QUE PUEDEN SER SERIAMENTE CASTIGADOS SI NO SE ATREVEN A DEFENDER A SU PUEBLO, SU GENTE, SU NACIÓN Y A SU SEÑOR Y ÚNICO LÍDER!? MUÉVANSE Y DETENGAN A TODOS LOS PRISIONEROS gritó a dos personas con trajes de guardias que se mantenían ocultos detrás de un muro, la chica detallo una espada en cada mano de cada guardia, las manos de los mismos estaban temblorosas de miedo y terror a la muerte y el grito de la chica les hizo reaccionar a la situación dándoles algo de valentía sin saber la verdadera intención de sus palabras. ¡Tienes razón, es hora de tomar acción y defender a nuestro pueblo de las calamidades que pueden ocurrirles si estos presos se escapan¡ salieron de su escondite, con aires de grandeza y gran valentía caminaron hacia en centro del conflicto teniendo en mente que la chica era su aliada en el momento cometiendo su único error, la confianza. Con un ataque rápido noqueo a ambos guardias que dieron la espalda a su persona, un ataque directo y que nunca llegarían venir pues sus cuerpos cayeron sin problemas al suelo.

El plan era robar la vestimenta de uno de los guardias y salir por la puerta principal con una "lesión" grave en su brazo derecho haciéndole incapaz el seguir luchando en todo ese alboroto, claro eso era en caso de que la entrada estuviera custodiada, en caso de que no fuera así simplemente esquivaría a todos los guardias y prisioneros que peleaban y salir con esperanza de no ser detenida. El plan era algo tonto, pensar que guardias estarían a estas alturas cuidando una simple puerta en vez de estar controlando esta situación era simplemente algo imposible pero situaciones inesperadas era lo mas normal del momento y estar precavida era lo mas importante. Y así se dio, tomo la vestimenta camuflándose como guardia y salio como si nada se tratase infiltrándose en el bosque nevado para pensar de lo ocurrido.

[/font]
Fin del Flash back
[font=Georgia]

Era la mañana del día siguiente, la chica amaneció en el ambiente congelado del país soportando la baja temperatura natural del ambiente haciéndole un pequeño daño de quemaduras menores a estar tanto tiempo al contacto con la nieve. A lo lejos escucho un estruendo, un sonido de múltiples que marchaban al mismo tempo sin perder su sincronizar y por su ubicación parecían dirigirse hacia la prisión. Con curiosidad se movilizo sigilosamente entre aquella ventisca para observar lo que ocurría y su sorpresa fue enorme al mirar a decenas de soldados marchar, unos a pie y otros en caballos, parecían que iban a desatar una enorme batalla. Veré que ocurre pero primero esconderé la armadura, no quiero que me confundan por accidente con un guardias y así fue, se saco su armadura y la escondió debajo de la nieve y al lado de un árbol que marco con una "H" con el filo de un kunai.

Se acerco a uno de los soldados al ellos parar por ordenes de unos que formaban al frente de la formación (yo me dirigí a los soldados de las ultimas filas por así decirlo), de intimido un poco y  bajo su mirada como forma de respeto y debilidad ademas de tener sus brazos cruzados frotándose su cuerpo para mantenerlo en calor. Uno se acerco y le pregunto "-¿necesitas ayuda?-"
-Tengo mucho frió pero puedo soportarlo, muchas gracias.
-"Vamos, aquí tenemos un abrigo, toma arropate, se nota que la estas pasando muy mal.
-No gracias, esto es parte de un castigo que debo cumplir, pero ignorando eso, ¿que hace un enorme ejercito en este lugar?, si es que puedo preguntar
-"Lo siento pero eso es algo que no te puedo contar, es algo completamente político y si llego a decir que iremos a combatir con los grandes lideres de el país me vana  matar a mi así que no insista hermosa dama".
-No te preocupes yo no haría tal cosa, nunca seria capaz de preguntar algo que no necesito

Inserto un poco de sarcasmo y una pequeña risa por las palabras de aquel guardia que por accidente soltó algo de información valiosa y por su suerte yo era una persona aliada a ellos o eso parecía en el momento, pues la idea de unirse a una rebelión no era algo tan malo.

-Se que es algo inesperado y poco creíble pero me gustaría unirme a su causa, yo soy una chica capaz de defenderme yo sola y tengo un presentimiento de que unirme a ustedes es algo que debo hacer, como dije es algo inesperado y loco pero siento algo extraño, una voz que me dice que los siga ¿que me dices?
-"Yo... yo no tengo decisión en esto señorita pero si doy mi opinión se supone que cualquier persona que este en contra de este gobierno y sea capaz de pelea puede ser bienvenido cuando quiera pero se lo advierto... no me hago responsable si algo le pasa al ser vista por uno de los rangos altos de este pelotón y trate de atacarla por no ser identificada por lo que le recomiendo hablar con uno de los altos mandos, usted decide".
-No te preocupes, yo se cuidarme sola, ahora dame un espacio para colocarme detrás tuya jajaja y discúlpenme los demás, desde ahora seré una compañera nueva que se unirá a ustedes espero no les moleste

Con sonrisa y alegría le decir a los demás quienes le observaban de rara manera pero no decían nada, solo reían como si ella fuera un simple chiste y que no duraría ni un solo segundo en el campo de batalla. De seguro no habría inconvenientes al que la chica se uniese a el ejercito pero estar un poco escondida a la vista de los lideres quizás no era mala idea para no causar problemas al ser una nueva cara desconocida.

Luego de una gran marcha los soldados junto a Hotaró llegaron a un puesto de avanzada un poco extraña pues su estructura parecía algo débil y vieja, la madera estaba algo podrida y se notaba que podía derrumbarse con facilidad. Pero un señor de una exagerada estatura de cabellos rubios abrió una estrada secreta que todos utilizaron. Unas escalera en forma de espiral se abrieron paso para dar camino hacia el verdadero puesto de avanzada donde se concentraban todo el armamento militar y algunos cientos de soldados mas. Al decender por las escaleras atravesamos un camino húmedo y algo oscuro, algunas antorchas iluminaban el lugar pero era poca la iluminación, el cuerpo de la joven se escalofrió al recordar la prisión pues su poca iluminación y la similitud del lugar le hacia recordar al evento desagradable de la prisión. Pasó por muchas cosas, de herreros fabricando armas hasta soldados haciendo algunas estupideces para entretenerse hasta llegar a donde seria su cama, ignoró el cofre que estaba encima del mismo tumbándolo al suelo sin importarle la mercancía que llevaba y descanso hasta el día de la reunión estratégica. No necesito ni una armadura ni una espada, con la mía me basta y sobra pensó.

Día de la reunión.

Hotaró se levanto de su cama y acomodo su espada en su espalda. Recorrió un camino algo oscuro hasta una habitación donde seria la gran reunión del día y al parecer era una de los tantos en llegar. Una enorme mesa era el componente principal de aquella sala donde en el centro de atención se ubicaba el enorme señor de cabellera amarilla cuyo nombre aun no sabia y por los momentos no necesitaba saber. La iluminación como de costumbre era tenue pero visible a un simple ojo.

Se sentó en una de las sillas y espero a que de inicio la reunión. Pasaron algunos minutos y el gran sujeto dio inicio a la reunión dando a conocer el numero de soldados que poseía el castillo a donde seria la invasión ¿invasión? ¿mil y pico de hombres?... estos tipos están locos no pudo evitar soltar una pequeña carcajada que ni sonido soltó. Tras terminar de escuchar fue la primera en proponer algún método de filtración hacia el castillo, se paro de su asiento formalmente y se propuso a hablar tras tocer un poco para calentar las cuerdas vocales.

Buenas a todos los presentes, mi nombre es Hotaró Senjih y mi presencia en esta causa en nueva, al terminar de escuchar las palabras del gran señor por mi mente pasaron algunas ideas que quizás puedan hacerle de mucha utilidad. Imagino que dentro de la gran armada militar que posee nuestro enemigo estos deben de tener varios tipos de trajes o armaduras para distinguir y delegar diferentes pelotones según su potencial por lo que mi idea lleva a lo siguiente:
- Que alguien trate de robar una armadura o uniforme de algunos de los guardias que custodian la entrada y asi que uno de nuestros soldados pueda infiltrarse como un guardias de su milicia, ¿Me doy a entender?.
- O también podemos observar el diseño de una de las armaduras de los guardias y tratar de copiarla para entrar a su edificación, no lo se es una simple idea que tengo y quizás algunos de mis compañeros pueda hacerla mas concreta


Termino de hablar para que otro opinara al respeto.
Hotaró Senjih
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Mustafá Mond el Sáb Abr 11, 2015 5:05 pm


El ajetreo estaba a tope. Con la música retumbando en cada oído hacía que escuchar sus propios gritos de guerra fuera imposible. El grito en conjunto, sin embargo, llegaba a todos: atravesaba sus cuerpos y almas, luego volvía y las explotaba en valor.

En medio de aquel mar de efusivas exaltaciones, Mustafá sentía que aquello no había tenido comienzo -olvidó cuándo fue que el grupo se hizo tan grande- e igualmente parecía no tener fin.

¡Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad!

La letra y el ánimo con que era cantada elevaban el éxtasis de Mustafá a un nuevo nivel. Apenas podía coordinar su caminar, pues su cuerpo se había entregado de lleno a la explosión de emociones que andaban a su alrededor, cantando. De a poco, Mustafá fue aprendiéndose algunas frases de la canción (las que más se repetían y se cantaban con mayor vigor) y se unió con ellas al festejo de la preguerra.

— ¡Prestos estad suena el clarín, anuncia ya próxima lid! —brazos abiertos, saboreando el eco de las voces.
— ¡Vibrando esta su clamor, marchemos ya con valor! —brazos apretados contra los hombros, abrazando la nada física y el todo emocional.
— ¡Prestos estad a combatir, oíd llamar suena el clarín! —un grito espontáneo: sin palabras, con sentido esporádico.
— ¡Las armas pronto preparad, y la victoria disputad! —caída inminente.


Cuando despertó, Mustafá tenía los brazos colgando sobre los hombros de dos hombres. Uno de estos lo soltó de inmediato, el otro esperó a que se despabilara por completo.

— ¿Qué sucede? —preguntó y una corriente de dolor lo calló, recorriéndole la nuca y la espina dorsal.
— Compañero, ¡usted se ha desmayado! Y no lo culpo, el momento se presta a ello. —contestó quien lo cargaba.
— ¿De verdad?, ¡pero si…! —
— ¡Shh!, mejor descansa. Vamos a entrar a la guarida y ahí podrás hablar con más paciencia. —Mustafá no se conformó, sin embargo, y no daba crédito a que se hubiera perdido una buena parte de aquel viaje.

Al bajar a lo que parecía ser un túnel subterráneo, se tuvo que detener unos momentos -atrasando la fila de soldados- para apreciar la estructura. No era un agujero hecho sobre la tierra, era un lugar complejo con pasillos, luces y belleza. Apenas pudo escuchar lo que dijo quien parecía ser el líder de la revolución.

Bajó, guiado por otro soldado, a una parte del refugio menos lujosa. Le asignaron una cama con un cofre haciendo juego. Dentro del segundo, Mustafá encontró un cambio de ropa. Ya había olvidado que seguía trayendo los harapos negros que le dieron en la prisión.

— Excelso. Excelente. Excitante —musitó al sostener el uniforme, imaginando la de cosas que haría.

Días más tarde, Mustafá se dirigió a una habitación del búnker a la que fue invitado. Al parecer formaría parte del equipo de planeación, o al menos estaría presente en la junta del mismo nombre. Para ese entonces ya era bien conocido por una gran parte de la armada revolucionaria. De él se contaban relatos de cómo casi lograba rescatar a Satsuki Nobuya, y otros graciosos sobre cómo había perdido el conocimiento en mitad de la marcha. «Parece que a usted le emociona más la idea de la guerra que de la independencia», llegó a decir un hombre, agriado en cierto momento por la popularidad que estaba ganando aquel ajeno al país. — Cualquier apoyo debe ser bien recibido en momentos de desventaja numérica —argumentó Mustafá, recibiendo un berrido mudo por parte del hombre que se quejó de su presencia—. Además, le he cogido aprecio a esta gente… sois asombrosos, chicos —despertó múltiples sonrisas; en ellas, Mustafá veía futuros cadáveres de guerra, consecuencias que lo tenían sin cuidado.

— Bien, hagamos que esto no quede como berrinche de un país, je, je —le dijo al soldado que se topó en la entrada a la junta. Ambos rieron sarcásticos.

Tras las primeras palabras del gigantesco líder y una joven, Mustafá dio su opinión. — No sé qué tan bien suene esto, pero yo tengo una idea que difiere de los planes actuales. Si hay dos puertas principales, yo creo que el grueso del ejército debe entrar sólo por una. En el momento en que se forme la alerta, lo más seguro es que manden soldados a ambas puertas. Si sólo estamos entrando por una de ellas, los soldados que vayan a la otra estarán esperando en vano. Así reduciremos, aunque sea un poco, la desventaja numérica. —observó pensativo el mapa unos momentos antes de continuar— Si me dijeran qué ventajas nos pueden dar los miembros del clan Yuki quizá pueda dar ideas respecto a ellos, porque ahora mismo desconozco qué utilidad puedan tener —se llevó un dedo al labio inferior sin dejar de ver el mapa— El factor decisivo aquí será Genki Nobuya. Cuando él caiga, cuando cualquier líder cae, el ejército completo de debilita: ya por la noticia, ya por las decisiones que no podrán ser tomadas. Entonces, hay que tener cuidado con quiénes se escogerán para ese objetivo. Las habilidades nuevas, nunca vistas en este país, serían una buena ventaja en esa batalla. —concluyó, refiriéndose obviamente a todos los fuereños que participaron en la pelea de la cárcel. Aunque no le importaran las vidas de los soldados, Mustafá sí estaba interesado en el triunfo de la revolución.


Spoiler:
Canción: La Marcha de Zacatecas -  Genaro Codina (1852-1901).

Sobre el arma la mandaré luego (sigo pensándola). Espero que no haya problema con narrarla en el próximo post. :D

P.D: paso del entrenamiento, je, je.
Mustafá Mond
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Horaime el Sáb Abr 11, 2015 8:03 pm

Los tambores de guerra resonaban por todas las esquinas de aquella lúgubre prisión, se podía sentir en el aire que se acercaba una gran cantidad de personas.

Horaime se preocupó, no tenía idea de cuáles serían las intenciones de estas personas, él tenía claro que su trabajo aquí era sacar a la prisionera por lo tanto estaba haciendo algo ilegal, no sabía si estos eran refuerzos para la prisión o tal vez más soldados que acompañaban a aquella chica de pelo blanco que yacía con la prisionera en sus brazos, por el momento Horaime se preparó para cualquier situación y se dirigió a la zona de guardias que estaba muy cerca, ya en el lugar procedió a tomar sus cosas su ropa y más importante sus marionetas las cuales estaban una aun envuelta en sus respectivas vendas lista para cargarla en su espalda y la otra en un  pergamino junto a sus cosas.

Ya con todas sus cosas y volviendo a la zona de la entrada de la prisión pudo notar como aquel ejercito rodeaba la prisión, estaba atento esperando ver cuáles eran las intenciones de los mismos ya cuando estuvieron más cerca pudo notar la precariedad de aquel grupo de hombres armados no eran un ejército de elite y mucho menos el del país de la nieve, aparentemente eran liderados por un gran hombre de cabellera rubia que se apersono al frente del batallón y empezó a dirigirse a aquella chica de pelo  blanco Lady … aquel hombre bajo de su caballo para acercarse a la chica de pelo blanco aparentemente su nombre era Hiroki y era alguien importante en esta región, la verdad Horaime conocía poco del país de la nieve. Aquel hombre que ahora se presentó con el nombre de Ryûta luego de dirigir algunas palabras a Hiroki volvió a su caballo no sin antes hacer una invitación a todos los presentes para que se unieran a su causa, era claro que ellos eran parte del grupo del  que hablo la prisionera antes de morir su objetivo sería atacar el castillo de aquel señor “Genki” para hacerse con el control del país de la nieve, ya Horaime había expresado a Hiroki su intención de seguirla en esta misión, lo que no expreso fue cuál era su interés real.

Igual que mirar aquel ejército fue mirar aquel puesto de avanzada, precario, la sorpresa fue que Ryûta y un grupo de sus soldados comenzaron a abrir un paso subterráneo al cruzarlo se podía observar toda un ciudadela bajo los pies de aquel precario puesto, era un lugar grande y bien escondido, Horaime y el resto comenzaron a pasar por un largo trecho parece que están mejor organizados de lo que pensé, tal vez y hasta tengan buen dinero para pagar… Ryûta comenzó a explicarles un poco el uso y creación del lugar donde se encontraban y luego los envió junto con un soldado para que les mostraran sus aposentos un arma y una armadura … que será lo que nos espera en aquel castillo estos pensamientos cruzaban la mente de Horaime mientras cursaban los pasillo iluminados únicamente por antorchas, luego de algunos minutos de caminar aquel guardia muy amablemente le enseño sus aposentos, antes de que el guardia se retirara Horaime se dirigió a el Espera, antes tu señor nos ofreció armas por aquí tengo… decía mientras buscaba en  sus bolsillo para luego sacar un pequeño y roído pedazo de papel Es el plano de unas armas que tenía pensadas así que si pudieras dárselo a tu señor y decirle que esas son las que deseo le dijo al soldado mientras le entregaba aquel pedazo de papel, el soldado bajo su cabeza y se retiró, entrando en la habitación Horaime pudo notar que  efectivamente sobre la cama de aquel cuarto había un cofre al que se acercó, al abrir el cofre pudo ver una armadura de pecho  No es mucho pero es útil susurraba el peli blanco al tiempo que se quitaba su gabardina y sus botas para descansar un poco sobre la humilde cama.

--Días  Entre la llegada y el día de la reunión--

Era difícil saber si el sol estaba en lo alto del cielo o más bien era la luna, en aquella ciudadela subterránea si no hubiera sido por el sonido de alguna trompetas que anunciaban el amanecer probablemente Horaime se hubiera dedicado a dormir todo el día ya que aún estaba un poco cansado de los suceso en la prisión, rápidamente busco en su bolsa la que casi siempre llevaba en la cintura pero que en este momento se encontraba colgada en una de las paredes algo de comer, un pedazo de pan sirvió para mitigar el hambre mientras que comenzaba a vestirse, se colocó aquella armadura sobre su ropa y sobre la armadura su gabardina negra la cual llevaba casi siempre cerrada, así nadie podría notar que llevaba una armadura debajo.

Supongo que tendré que buscar al herrero para saber cómo va con mi arma luego de terminar de vestirse abrió aquella puerta de madera para salir al pasillo, se tropezó con algo Que mierda A quien carajos deja una caja en la PUERTA decía el peli blanco mientras miraba al pasillo que estaba completamente vacío, tomo la caja y sobre ella había una pequeña nota “Mis herreros trabajaron toda la noche, espero sea de tu agrado Atte. Ryûta” la cara del joven cambio de molestia a expectativa quería ver que tal quedaron aquellas armas, al abrir el cofre las pudo ver dos hojas ocultas aún mejores que al que el alguna vez pensó, parece que los herreros eran bastante buenos ya que pudieron seguir  las instrucciones de Horaime e implementar aún más cosas, Horiame levanto las mangas de su gabardina y se colocó las hojas que al bajar las mangas quedaron complemente invisibles, bajo sus brazo emocionado y de un solo movimiento levanto su brazo y la hoja salió, luego lo bajo y la hoja se escondió están geniales, ahora debo agregarles mi toque personal pensaba el chico mientras volvía a la habitación y tomaba aquel “monigote” envuelto en vendas que era su marioneta, la cargo en su espalda y se dirigió a explorar aquella fortaleza.

Aún bajo tierra el clima era frio, Horaime no tenía problemas con esto estaba acostumbrado a la humedad y el frio. Luego de explorar aquella fortaleza subterránea, busco un lugar donde sacar sus marionetas y también probar sus nuevas armas, al fin y al cabo si tenía días libre debía aprovecharlos para afinar sus habilidades ya que podía imaginar lo que se le venía encima. Encontró un cuarto de entrenamiento vacío, tenía algunos muñecos a un lado una mesa de entrenamiento y algunas armas (Kunais, senbons etc.),  Horaime dejo en el suelo aquel bulto de vendas a una lado de la entrada.

Bien supongo que podemos calentar un poco decía aquel joven, se despojó de su gabardina ya que debía primero hacer algún entrenamiento físico para entrar en calor y también para acostumbrarse un poco a aquella armadura que aun que no era demasiado pesada no la sentía aun como parte de su cuerpo.

Horaime tomo algo de cable del área de armas a un lado del cuarto y lo coloco atado a un kunai el cable lo corto en varias extensiones y amarro un kunai en cada extremo de las extensiones, luego lanzo los kunais a las paredes de la habitación tensando los cables y formando  una especie de telaraña Bien supongo que esto bastara rápidamente se colocó en un extremo de aquel gran cuarto Comencemos dicho esto el joven comenzó a cruzar de un extremo a otro del cuarto, lo más complicado era que los cables fueron lanzado al azar entonces mientras que para cruzar el primer cable debía de agacharse para el segundo debía de saltar, igual para el resto de cables debía hacer una gran cantidad de movimientos complicados para cruzar de una lado a otro Mierda, debo de tener más cuidado pensaba el chico después de cruzar la primera vez ya que por un error de cálculo uno de los cable dio directamente en su muslo derecho y le produjo un corte no muy profundo, así estuvo por lo menos unas tres horas cruzando la habitación de una lado a otro Creo decía jadeante que ya podría pasar al siguiente nivel su cuerpo presentaba varios cortes mas pero aun así el chico quería seguir, esta vez cuando cruzo la habitación al saltar en el segundo cable saco un kunai y trato de atinarle a unos de los cuatro muñecos, obviamente no lo consiguió en el primer intento de hecho el kunai ni siquiera rozo aquel muñeco Mierda más bien por esta nueva alteración al caer e intentar pasar, el siguiente cable nuevamente corto levemente  uno de sus brazos, al otro lado de la habitación no tenía muñecos así que cuando cruzaba para ese lado esperaba al cable en el que tenía que agacharse para tratar de lanzar el kunai y clavarlo sobre la entrada del cuarto, igual que con el salto al primer intento lo que logro fue cortarse con el cable. El Joven siguió hasta que otra trompeta se escuchaba en el eco de aquellas cuevas Parece que esta anuncia el anochecer, supongo que si me quedo mas no tendré fuerzas para lo que se viene será mejor descansar dicho esto el joven lanzo alguno kunas para cortar los alambres los cuales cayeron al suelo junto a las marcas de sangre dejadas por aquel joven en su entrenamiento.

La día siguiente y  ya de nuevo en aquella habitación el joven cambio un poco la tónica de su entrenamiento, mientras realiza algunos sellos y saca de su espalda un pergamino que apoya en el suelo y concentra un poco de su chakra en él, de aquel pergamino sale una nube de humo cuando la nube se dispersa deja ver una marioneta de cabeza redonda y dientes puntiagudos.

Bien Yorokobi, calentemos un poco dijo el peli blanco mientras que de sus manos salían algunos hilos de chakra azul, estos hilos son los que controlan los movimientos de la marioneta ADELANTE con un solo movimiento de su mano aquella marioneta se levanta rápidamente de piso, primero su cabeza y pecho y luego pesadamente sus manos Bien revisemos si todo va bien contigo amigo después de aquellas palabras y con un movimiento de sus dedos la marioneta se lanza directamente hacia uno de los muñecos de entrenamiento, cuando le falta como un metro para llegar al muñeco, otro movimiento de los dedos del chico y se levanta el brazo izquierdo de la marioneta rápidamente esta desmonta su mano desde la muñeca para dejar salir una katana de unos 60 cms que se clava de lado a lado en aquel inerte muñeco Supongo que eso está bien un movimiento de dedos y la marioneta de inmediato desclava la katana del muñeco y la guarda en su antebrazo nuevamente Hagámoslo un poco más interesante decía el blanco mientras que repetía el proceso del día anterior para colocar nuevamente aquella telaraña de cables, una vez estuvieron colocados comenzó a pasar nuevamente de lado a lado esta vez con una variación cuando pasaba debía lanzar un kunai y asestar un golpe con la katana de la marioneta, aun tenia los cortes del día anterior pero esta vez se sentía más ágil ya no sentía aquella armadura como algo extraño sino que la sentía como parte de sí mismo , así continuo cruzando la habitación y tratando cortar los muñecos con la katana y clavarles un kunai, para cuando sonó la trompeta que anunciaba el anochecer el joven ya podía cruzar la habitación sin ningún problema es mas en cada pasada podía golpear con la katana de la marioneta y clavar el kunai justo en la cabeza del muñeco, para esta altura los muñecos ya estaban completamente desechos y lo que ayer era alguna manchas de sangre en el piso hoy eran muchas manchas de sangre, pero al final esto valió la pena ya que pudo mejorar mucho su resistencia física.

Recogió todo en la habitación y lo dejo en su lugar, luego se dirijo directo a su cama estaba completamente exhausto estaba dispuesto a descansar los días que quedaran para que llegara aquella reunión.

----Día de la Reunión---

Luego de sus días de entrenamiento y descanso un guardia toco la puerta del cuarto de Horaime, le pidió que lo siguiera, Horaime rápidamente tomo sus cosas y se fue siguiendo al guardia el cual lo guió por los pasillo de la ciudadela hasta una habitación, al entrar Horaime pudo ver a aquel hombre Ryûta frente a un mesa redonda donde ya se encontraban algunas persona sentadas así que tomo asiento y aquel alto guerrero comenzó a explicar la situación.

Una gran desventaja numérica ¿será que notros podremos compensarla? pensaba el joven con una mirada perdida, mientras observaba el mapa que se encontraba en el centro de la mesa.

--Alguna idea estratégica concluyo aquel hombre.

Varios de los presente dieron su opinión, una pequeña niña y también aquel pirata que fuera su compañero en la pasada misión de la prisión.

Como dice nuestro camarada deberían darnos un poco de información sobre este clan yuki, así podríamos ver en qué posición ponerlos decía el joven de pelo blanco mientras que miraba aquel gran mapa Un kilometro es mucho terreno …  entrar al castillo no creo que sea tan difícil, cubiertos por todo el escándalo que armara el ejército en la puerta principal podríamos escalar una de las paredes y entrar por alguna ventana, no creo que se queden muchos guardias una vez se abra la puerta principal así que eso no será difícil y si hay guardias podríamos matarlos y usar un jutsu de trasformación para transitar libremente por el castillo, lo que me preocupa no es entrar es que no tenemos idea de que nos espera dentro de ese castillo. concluyo el joven de pelo blanco mientras se ponía de pie y caminaba por la sala como examinando a los presentes.


Spoiler:
-Jutsu del entrenamiento Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]

-El entrenamiento lo conté en 82 lineas, los puntos quisiera sumarlos a resistencia.

-Mis armas ya fuero creadas y aprobadas http://www.narutolegendsrol.com/t955-el-laboratorio.

-Sobre mi apariencia sera la característica gabardina negra de mi personaje, la misma no deja ver ni las hojas ocultas ni la armadura, sobre el tema de las marionetas llevo una envuelta en vendas (estilo kankuro) y la otra en un pergamino en mi espalda.


Horaime
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Nemuri el Miér Abr 15, 2015 4:24 pm

El cabalgar de Helvoinen tronó en las escasas rocas del camino, como un tambor de guerra cuyo rugir retumbaba hacia el horizonte. Allá adelante se alzaban altos pinos escarlata, sus cansadas ramas sostenían la nieve que insistía en caer como bruma por el níveo paraje. Iltatähti se acurrucaba acercando su pecho a su abisal montura, la ventisca golpeaba su rostro, pero la máscara que portaba le permitía ver a través del pandemónium incoloro. Sus labios estaban resecos, congelados. Helvoinen estaba acostumbrado al clima frío, pero aquel país estaba desafiando demasiado su resistencia.    
Partieron de inmediato al recibir una noticia a manos de un mensajero del ejército del País de la Nieve, enviado por Ryûta Tanaka.  

País de las Aves, 
algunos días atrás

— ¿Ryûta? — le preguntó extrañada al escuchar el nombre de su viejo amigo.  
— En efecto, señorita Kaguya. Junto con Nobuya Hiroki… — pero no pudo continuar.
— ¿Quieres decir que esto no venía de parte de Tanaka? — clamó la mujer, extendiéndole una carta que había recibido hacía apenas unas semanas, con la firma del hombre al dorso.  
— No… Kaguya-dono, ésa justamente… es una circular enviada por Nobuya Genki… a quién justamente intentamos destronar. Aunque me alegro de verla aquí, significa que usted no ha asistido al engaño de ése tirano.  — explicó con cortesía el hombre.
— No, espera, aún peor. Estaba ocupada al momento y envié a una preciada alumna en mi nombre. — pensó en admitir el Gigante, preocupado, pero no dijo palabra. Sólo dejó ver su ceño fruncido en preocupación. El hombre le devolvía la misma mirada confundida, si saber qué cruzaba por la mente de la mujer. — Creí que la carta era de Tanaka, quien hasta lo que conocía estaba en el castillo de la ciudadela de Shimo'wan*, al igual que la mayoría de los Nobuya. — le comentó finalmente. — No asistí por el raro tono del escrito, algo impropio en Ryûta.
— No es así, señorita Kaguya. Tanaka se ha rebelado contra Genki y…
— Bueno, creo comprender cómo sucedió. Disculpa que haga esto breve, he de marcharme lo antes posible entonces. Sólo dime, ¿has visto a una joven de cabello marrón, marcas rojas bajo los ojos y vestida como una salvaje? La he enviado a comprobar la situación. — preguntó ocultando un par de datos, preocupada aún por Oyuky.  
— Oh, la hemos visto. Estaba dentro de las prisiones de Genki. Pero no ha supuesto problemas, de hecho nuestro objetivo llegó en sus manos…
— Me alegro que no haya sido un inconveniente. Si me permites, me iré de inmediato. No quiero hacerlo esperar más. — le explicó, subiéndose a Helvoinen y comenzando la marcha.
— ¡Gracias por su ayuda, Nômu-dono! — clamó el hombre, mientras el Coloso de Marfil se alejaba.

* * *


País de la Nieve
Segundo día tras la reunión inicial

— Maldita sea, de haber el maldito Tanaka enviado a éste tipo antes no hubiera creído que él era quien llamaba a la defensa del castillo de Shimo'wan. — balbuceaba al cabalgar entre espesa nieve. Iltatähti la detestaba, razón principal por la cual había enviado a Oyuky en primera instancia. Pero ante tal infame engaño, resolvió acudir personalmente en ayuda de su querido viejo Ryûta. — Asumo Oyuky habría podido entender la situación. Es inteligente, muy probablemente se haya dado cuenta de que apoyaba al lado erróneo... pero es tan salvaje e individualista...  termino por pensar que optó por salvar su pellejo y al demonio con todo. — Un suspiro llenó su pecho, y Helvoinen relinchó a favor de la última opinión.  
— Sólo nos quedan cuatro kilómetros hasta el puesto de avanzada. — Avanzaban desde el noroeste para evitar la cercanía a Shimo'wan, mientras la ventisca tramaba agudos cantos entre los pinos nevados, única melodía del viento que Iltatähti era capaz de odiar. La nieve se deslizaba por su capucha de cuero, el Coloso ya se estaba cansando de mantener el flujo de energía ígnea por su cuerpo para no convertirse en un coloso de hielo.  

* * *


Tras un poco más de marcha, vislumbraron una figura deambular en la distancia. Al acercarse identificaron que portaba armas, y se encontraba haciendo una guardia a un escueto campamento.  
— ¿Señorita Nômu? — inquirió el hombre al verla acercarse cabalgando. El Gigante montado sobre su caballo azabache, sus negras y rasgadas ropas la identificaban a lo lejos. Si alguna duda quedaba, su seria mirada la borraría. — Espere aquí, llamaré al comandante Tanaka. — añadió, y desapareció entre las carpas.  
Desde la nieve amaneció su enorme y arcaica figura. Ryûta Tanaka, el nefasto mastodonte de rubia cabellera. Iltatähti dejó el lomo de Helvoinen para reunirse con él en un cálido abrazo y unos golpes en la espalda.  
— Hace cuántas lunas no nos vemos, pérfida pirata de las ventiscas. — le dio la bienvenida, observando con detalle su rostro y encontrando todo tal cual había sido siempre. Nômu sonrió una de esas escasas sonrisas que pocas veces amanecían naturalmente en ella.
— Demasiado tiempo Ryûta, demasiado. Suficiente tiempo como para que todo cambie rotundamente. — le respondió, melancólica como solía sonar su voz.
— ¡Y seguirá cambiando, para mejor! — clamó con emoción y golpeó su hombro. Ambos rieron como en los viejos tiempos, y para acompañar al momento nostálgico, Iltatähti sacó de su bolsillo su pipa. La encendió y siguió al mastodonte escaleras abajo, escuchando atenta a su explicación.
— Como le expliqué al resto de los soldados, hemos trabajado en esta fortaleza subterránea junto con varios especialistas en la tierra para escondernos justo bajo las narices de ése Genki.  
— Tan arriesgado como es de esperarse de tu parte, Tanaka. — rió el Gigante, soltando suaves jirones del humo de su pipa.  
— ¿Qué tan arriesgado dices que es? — le preguntó, a medida que bajaban las escaleras de roca en espiral. Pequeñas antorchas iluminaban su paso en la oscuridad, y definían el imperfecto acabado de los escalones. Lo hacía sentir familiar, quizá rústico.
— Luego hablaremos de eso. — le dijo, puesto que ya se encontraban al final de la escalera.
Una ciudadela escondida se abría ante sus ojos, construida en firme roca. Aquellos sectores que no alcanzaban a ser iluminados por las antorchas se veían desolados, en tanto a los que sí eran alumbrados, apenas conseguían la imagen de un lugar acogedor. Varios soldados marchaban por las calles, organizados en sus tareas diarias.
— Nos estamos preparando para el ataque, que se llevará a cabo en unos días. Somos alrededor de seiscientos hombres, además tenemos un pequeño grupo de élite que cordialmente ha aceptado ayudarnos.  
— ¿Cuentan con el favor del clan Yuki? — inquirió, a sabiendas de que los habitantes de aquella tierra eran mayormente de ése clan o de algunos derivados del mismo, y por cómo se veía el mandato de Genki, raramente estarían de acuerdo con él.
— Con un grupo de ellos, sí. — admitió Tanaka. — Mantendremos una reunión estratégica en tres días. ¿Te es suficiente para acomodarte al clima? — preguntó entre risas, conocedor del odio del Gigante hacia la nieve.
— A disgusto, pero sí. Hemos de sentar todos los detalles estratégicos en ése día. — estuvo de acuerdo ella, en tanto llegaban a una pequeña edificación, como todas las de la ciudadela, donde descansarían los cargos más altos dentro de la armada.  
— Aquí estaremos los… — pero antes de que pudiera terminar, ella lo interrumpió.  
— Es el edificio para los mandos estratégicos, ¿no es así? — se aseguró. — Llévame al que le corresponden a los soldados. — solicitó, sin detenerse para entrar al edificio. Tanaka no puso ninguna objeción, se dirigieron entonces al siguiente edificio.
Varios hombres y mujeres se encontraban dentro, sentados en las hileras de camas del salón. Algunos mantenían amenas charlas, otros, breves discusiones. Al pie de cada cama había un cofre, y Tanaka explicó que se trataba del armamento. Iltatähti se dirigió a una cama vacía, y abrió el cofre al pie. Extendió la armadura y la observó con disgusto. — ¿Me disculparás si no la uso? Es demasiado pesada para mí. — admitió. Sus ropas ligeras le permitían más movilidad aún, aunque no tanta resistencia al frío.  Su pechera de placas le parecía más conveniente. Volvió a depositar la armadura en el cofre, y observó los alrededores. Algunos habían dirigido la mirada a ella, curioseando qué importancia podría tener si estaba escoltada por Tanaka.  
— Bien, entonces nos encontraremos esta misma tarde para prepararnos para el combate. — le comentó a Tanaka, quien no tenía aquel encuentro en sus planes.  
— Bien, como tú digas ¡Jajaja! — rió, comprendiendo las ansias del Gigante por recordar un duelo con él.  

* * *


A la tarde, Tanaka ya había cumplido – aunque apresurado para dejarse tiempo – con sus responsabilidades, y se encontró con Iltatähti en un cierto lugar despejado entre el bosque de pinos cercano para reencontrarse de una manera más acorde para guerreros como lo eran ellos.  
La encontró fumando su pipa, recostada contra uno de los pinos. Había tomado prestadas unas espadas, que ahora se encontraban clavadas a su lado, en la nieve, puesto que no vio la suya muy acorde para el combate que tendrían.  
— ¿No tenías tu espada preferida, la Nasara? — preguntó el mastodonte.  
— Sigue conmigo, pero la dejaremos descansar ahora. ¿Y qué hay de ti? ¿Irás contra mí con esa guadaña tan querida tuya? — preguntó, alejándose del tronco y acercándose a él.  
— Es la mejor arma que puedo empuñar en la vuelta. — rió.  
— Lo dudo, recuerdo cuando usabas mandobles – lo hacías más divertido.  
— Ya pasaron esos tiempos, Nômu. Estoy muy viejo para armas tan pesadas. — se lamentó, quitando de su espalda la guadaña.  
— Bien, probemos qué tan útil es la guadaña, entonces. Lo veo un poco injusto que uses algo de tal alcance contra mis cortas espadas. Me desperté temprano y encontré esto. — explicó, quitando desde las sombras una enorme lanza.  
— Bueno, servirá. ¿Sabes cómo usarlas? — preguntó con curiosidad, viéndola empuñar el arma.  
— Por supuesto… que no. — rió ella, blandiéndola. Flexionó sus piernas y tomó la lanza en ambas manos. Dejó que el filo cayera cerca del suelo, y esperó que él fuera a su posición.  
— Siempre tan imprudente. — suspiró el viejo, y se preparó para atacar. Levantó por sobre su cabeza la guadaña y la lanzó directo a ella.  
Nômu se remitió a esquivar el golpe corriéndose atrás y a un lado, buscando una apertura a la cual atacar. Por el flaco izquierdo, lanzó una estocada de su arma. No sabía cómo enfrentarse a la guadaña, pero sí a él. Y sabía que ése tipo de arma no combinaba con Tanaka.  
   
— Ya, déjate de insistir con estas armas revolucionarias. Son inútiles, demasiado complicadas. — terminó por decirle, indignada. Tras la queja, clavó la lanza al suelo y tomó tres espadas que reposaban a un lado del tronco de un pino. Le alcanzó una de las tres, un gran mandoble de hierro forjada con un grueso entramado de nudos entrelazados en relieve férreo.    
Una gélida ventisca soplaba entre los árboles, invernal viento que siempre había soplado en esas tierras.    
— Volvamos a las armas que empuñábamos antes. A la empuñadura dual y la enorme espada a dos manos. — Comentó, blandiendo dos espadas. Una más corta que la otra, ambas parecían bastardas del espadón de Tanaka. Todas diseñadas por el mismo herrero, con el mismo esmero.  — No necesitamos nada más que esto.  
Iltatahti llevó la espada en la diestra por delante, reservó la restante un poco más atrás.    
Tanaka ciñó sus manos a la espada, y sus músculos se tensaron en la melancolía. Recordó sus días de juventud cuando todo lo podía. Sentir lo mucho que había envejecido le cavó un hueco en el alma.    
— Mientras la puedas sostener y mientras sepas que aún habrán combates en los que puedas luchar, siéntete feliz. Aún tienes oportunidad de morir con honor.    
Tomaron las armas. En sus rostros era palpable la serenidad, el estoicismo de un guerrero.    
— Ready for the fight — musitó Ryûta, en una de las pocas frases antiguas que Iltätahti se había dignado a enseñarle.    
— And fate. — culminó ella. Al cesar de su voz, ambos se despegaron del suelo como aves, determinados a asestar el golpe. La espada de Tanaka tronó en la siniestra de Iltätahti. En tanto la espada más larga, en su diestra, serpenteó por un lado para darle una estocada. Pero Tanaka no estaba tan viejo. Esquivó el ataque, quebró el agarre de la espada corta, se alejó del Gigante y volvió a atacar por un flanco. Dejó caer un golpe que pretendía hincarse en el hombro del Coloso.    
Iltätahti recibió el golpe con la espada más corta, lo desvió con toda su fuerza, así empujando el mandoble. Los ataques de Ryuta tenían, como en antaño, una potencia descomunal. Los de Iltätahti, una precisión mortal. Habían ya hecho surcos en la nieve, que los importunaba para moverse. Tras el último quiebre se detuvieron; sus miradas se encontraron como feroces bestias al acecho.    
— Será una complicación — habló Iltätahti. — si el clima es similar al de hoy.    
La nieve no cesaba de caer, formaba una espesa capa en el suelo.    
— No te preocupes. — clamó Tanaka. — Cerca del castillo, más que nada en las entradas, se mantiene limpio el paso. Para ellos también es una desventaja. Además,… jamás nieva en vísperas del solsticio de invierno. — añadió, con cierto misticismo en sus palabras.    
— No sé qué tan favorable resulte. — confesó ella, mientras se preparaba para otro ataque.    
— Para nuestro ejército en general, es mejor. Quizá a los Yuki les hubiera venido mejor, no lo sé.    
Entre la charla, continuaron luchando. Intercambiaban ideas sobre la invasión mientras el metal acompañaba su charla.    
— ¿Qué hay de Genki?  — preguntó Iltätahti.    
— No mucho. Solo evita enfrenarte a él con espadas. Tendrá ventaja.    
— ¿Y esa poca confianza?    
— No es que desconfíe de ti, Nomu. El dilema es que no pienso subestimarlo, y las armas son su mejor punto.    
— Bien, evidentemente, no son el mío — rio, haciéndose atrás tras un zarpazo del metal. Su diestra habilidad con la doble empuñadura aún no conseguía superar a Tanaka, quien le llevaba varios años y ya se había resignado de la lucha.    
Hacía ya horas que estaban danzando con las espadas, sin prestarle casi atención a lo que hacían. Podían ejecutar los movimientos casi instintivamente, pero el peso del tiempo empezaba a molestarlos.    
— Podríamos continuar mañana. — sugirió Iltatähti, alejándose de él e intentando recuperar el aliento.    
— Sería mejor así. Ya deberíamos volver al campamento. He de organizar junto a otros los últimos detalles. — explicó Tanaka. Ambos volverían al campamento para descansar, pero en los siguientes días volverían también a su pequeño claro en el bosque nevado para recordar historias de antaño.  
— Y pese a todos estos años, — comentó Tanaka uno de los días de la reunión, — Te ves exactamente igual que siempre.    
— Me sé mantener. — rió, resistiendo un ataque suyo al cruzar ambas armas. Para deshacerse de él, deslizó la más larga por debajo, la más corta se ocupó de hacer a un lado la mandoble para poder dar una estocada al estómago con la otra. Tanaka ya se encontraba cansado, y no pudo reaccionar con la debida rapidez ante ése golpe.    
— Supongo que siempre ganarás cuando se trata del tiempo. — rió Tanaka ante la ambigua frase.  
— No creas. — respondió Iltatähti, guardando las espadas. Asimismo hizo él, esperando sus palabras. — A ritmo lento he conseguido extender el tiempo. — le confesó. — A decir verdad, no he querido dejar de preocuparme en la precisión ni en la potencia de los golpes, cual fuera la naturaleza del combate del que estemos hablando... Pero he entendido que para los tiempos venideros, cuánto sea capaz de extender un combate será crucial. — explicó, mientras emprendían la vuelta al campamento.  
Ya pronto deberían abandonar la fortaleza, y marchar hacia la inevitable guerra.    
 
* * *
 
País de la Nieve
Día de la Reunión Estratégica

Llegó el día de la reunión estratégica, y todos se congregaron en la sala principal del edificio de armas. Al centro, unos planos yacían sobre una mesa. Varios soldados se sentaron en torno a ella. Tanaka estaba de pie frente a los planos, observándolos con cuidado y repasando las rutas de entrada que tenían. Nômu se encontraba ya con él, antes de que todos llegaran, revisando los mismos planos. Había ya consultado por las fuerzas de Genki, y por él mismo, por lo que sus pensamientos deambulaban en torno a las medidas a tomar contra ellos.  
— Espero que lleguen pronto. — musitó Ryuta.  
— Estarán aquí en poco. — murmuró ella, presionando el tabaco de la pipa antes de encenderla.  
La sala se pobló de hombres, a los cuales Tanaka se dirigió con explicaciones: — Contamos actualmente con seiscientos efectivos, mientras que Genki tiene su castillo reforzado con al menos mil cien guardias, lo que nos posiciona en una desventaja estratégica. Sin embargo, nosotros contamos con veinte miembros del clan Yuki, que aún no han llegado, pero colaboraran con nuestra cruzada. — tras una breve pausa, continuó —  La ciudadela de Genki es una ciudad amurallada de siete kilómetros de diámetro, la cual tiene en su centro exacto el enorme castillo de Genki. Nuestro infiltrado ha abierto canales, sin embargo, estos nos permiten llegar hasta un kilómetro antes del castillo, por lo que quienes sean que se infiltren tendrán las siguientes tareas: Unos deben buscar una forma de entrar al castillo y asesinar a Genki, mientras que el resto debe dirigirse primero a las dos entradas que tiene la ciudadela y abrirlas, permitiendo que el grueso de nuestro ejército entre en la ciudad. Hay dos entradas a la muralla, una norte y una sur, y la entrada a los túneles se encuentran a pocos metros de las entradas a la ciudad. ¿Alguna propuesta estratégica? — y allí estarían volcadas las opiniones de los soldados.  
Una joven de cabellos negros sugirió la infiltración, otro que deberían entrar todos por una sola puerta. Otro joven más sugirió una infiltración, por otros medios. Para la poca suerte de ellos, Nômu no podía coincidir con las ideas que plantearon. Tras oírlos, ella procedió con su perspectiva.
— Inicialmente tenemos un problema con los métodos más convencionales de infiltración. Genki ya está alerta de un futuro ataque. La liberación de Satsuki ha sido un factor desencadenante, y dudo que tras semejante brecha de seguridad se preste para más errores. Están todos con los ojos bien abiertos. Un mínimo pájaro que vuele en dirección contraria los alertará. — hizo una breve pausa, pero su tono indicó su intención de continuar hablando.  
— En tanto a dirigirnos todos por una sola entrada, veo varias desventajas en la propuesta. — se acercó al mapa y puso su índice sobre las murallas. — Las típicas murallas que rodean al castillo están por sobre la ciudadela y poseen anchos corredores, los cuales permiten a los soldados de Genki movilizarse fácil y rápidamente de un extremo a otro. Avanzar por una puerta hará que no todos los soldados puedan entrar a la vez, tendremos muchos en la retaguardia atascados, y los soldados de Genki podrán movilizarse sin problemas en tanto nosotros no podemos ingresar a la aldea.  
Creo mejor enviar fuerzas por cada extremo, entrar con seguridad y presteza a la ciudadela. — explicó, indicando ambas entradas. — Nos superarán en número de cualquier manera, pero al menos de ésta, la invasión es mucho más rápida y tiene más posibilidades de ser efectiva. — declaró, observando a los presentes. Dirigió la mirada al joven que había propuesto la idea, quien extrañamente le parecía conocido, y comentó. — Sin embargo, en algo tienen razón. Destronar a Genki provocará un caos en sus fuerzas y anulará nuestra desventaja, por lo que deberíamos tener en cuenta el acabar con él lo más pronto posible. Como Tanaka ha explicado, hemos de dividirnos para dos propósitos. Quizá hayan escuchado que los Nobuya poseen un infiltrado en el castillo de Genki, quien ha facilitado túneles al castillo. Estos se extienden desde ambas entradas — señaló los flancos de las dos entradas — hasta el subsuelo del castillo de Genki. Poseemos un mapa rudimentario para guiarnos dentro. Pero para ingresar por ésos túneles necesitamos la distracción del ataque por ambos frentes, que encubra nuestra entrada. — explicó, y debió continuar hablado para aclarar, por Tanaka, ciertos detalles del Clan Yuki.
— Sería provechoso enviar soldados capaces de controlar el fuego, ya que Genki pertenece también al Clan Yuki. — al recordar la pregunta de varios, procedió con la explicación de tal clan, tan importante en la historia de ésas tierras. — El Clan Yuki es capaz de crear un sinfín de estructuras de hielo. Se tratan de guerreros ágiles y sus técnicas son brutalmente efectivas, directas y preparadas para golpes mortales. Por ello aconsejo que quienes se dirijan por los túneles posean habilidades de tipo fuego, que se presenta en una ventaja clara contra ellos.  
— Es cierto que de ésta manera se corre el riesgo de perder más efectivos. — sentenció, rellenando su pipa de tabaco. No intentaba ser exactamente directa en sus palabras, para no perder su propósito persuasivo. — Sin embargo, jamás se conseguirá la victoria si se llevan a cabo maniobras totalmente defensivas. Necesitamos dos frentes que ataquen con total brutalidad, que resistan para permitir al tercer frente eliminar la amenaza que nos preocupa. Sin Genki, sus soldados se rendirán sin mucho que acotar. — terminó su pequeño monólogo, encendiendo su pipa al chasquear los dedos.




Spoiler:
¡Mil! disculpas por la tardanza chicos. Me adelantaron un final y se me hizo imposible postear antes. Y no quería redactar cosas a medias D:
perdonen si faltan colores en diálogos, estoy apuradìsima jajajaj
Nota: se me permitió usar a Tanaka.

* Shimo'wan: asigné un nombre a la ciudadela + castillo de Genki porque no tiene nombre.


+3 en resistencia del entrenamiento.

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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Haruko Moritaka el Miér Abr 15, 2015 6:29 pm

-Āṇi ātā dēva virud'dha soulless lōka mēlēlyātūna uṭhatīla tēvhā dēva ṭhāra va tyācyā māṇḍalika karūna surūca maratāta tyānnā prayatna. Tē yā tēja trāsa na mr̥ta yuniyana ciraḍaṇē miḷaṇāra nāhī... Fueron los rezos iniciales de un joven adyacente que impartía un bulto blanco entre toda la nieve, aquel lugar tan blanco y esparcido del mundo que era difícil diferenciar entre el color que le arropaba superando sus ropajes y los elementos congelados que le rodeaban. Ambos lados eran traspasados por el poder y el aura de otros cinco jinetes, a cada lado, con sus mismos ropajes, invocaban a sus diferentes creencias religiosas en rezos que parecían ser verdaderos cantos de hombres muertos alzando sus voces por dar un estertor a los que antaño su vida tomaron. Seguidos gargantos de todos ellos, que en ese momento compartieron la tradicional invocación a la vida de sus fuertes monturas, residentes detrás de ellos y que parecían también rezar. Por magia o infortunio, los equinos se habían tumbado sin haber recibido tan siquiera las órdenes de sus líderes y ahora en el duro del viento, roto por los cánticos esteparios de aquellos hombres, solo se oía el ligero pero largo relinchar de los animales, que parecían expulsar hielo aéreo por los conductos respiratorios. "Tu mente debe desafiar a tu cuerpo, y tu cuerpo jamás debe desafiar a tu mente", pensamiento grato y a la vez ingrato conocido por la mente de Haruko, que en medio de todos ellos ya escuchaba unas voces de jóvenes mujeres inexistentes, acompañando el bravo canto de estos montañeses. Las espadas apenas brillaban pues la nieve ocultaba ya la mayoría de su volumen, posadas como si fuesen dos simples mujeres esperando a ser terminadas de digitalizar e impregnar para el resto de la vida en un mísero cuadro de madera. Las lanzas se alzaban, con decoraciones rojas y amarillas, frente a todos y cada uno de los humanos allí presentes, con los cascos de potentes protecciones enganchados a lo más alto de estas.

Un constante pero a la vez destructor y mísero sonido proveniente y conseguido de unas herraduras, que comenzaron a notificar al resto de sus acompañantes, volvieron a destruir el silencio como si de una basta capa de madera podrida se tratase. El canto de los jinetes no fue interrumpido sino por otras canciones en sus mentes, que relampaban y parecían asustar a los que a toda velocidad se acercaban como si la real velocidad quizás lograda por el dios o dioses aclamados en ese momento no importase, como si solamente los animales fundidos en tierra y nieve tratasen de cabalgar sobre un manto de cristal blanquecino constantemente aplastado por sus pesadas patas. Vestían aproximadamente las mismas prendas de los que aún seguían cantando para orar hacia un dios que puede no existiese, y en caso de que tal divinidad existiese, rogaban y daban las gracias al mismo o a los mismos por haber creado tal bonito paisaje, que tan siquiera ellos podían disfrutar junto a sus monturas en aquel frío momento. Los visitantes se acercaban cada vez más y más, en el detalle de la sombra se ocultaban y desocultaban algunos rapaces enganchados como mismisimas piedras a los guantes cueriles de los otros jinetes, que en otra mano portaban lanza o espada, ninguno enganchó de las riendas a su equino, pues la tradición de haberlos educado y adiestrado como hermanos hacía que esto no fuese severamente estricto. Cantaban exactamente lo mismo, en un idioma extraño, quizás chamánico, de las estepas aún sin explotar, lugares que habían sido totalmente defendidos por esos guerreros a caballo que juraban no permitir la llegada de esa destrucción al hogar de tantas hermosas plantas y animales. -गोल्डन स्वार, आम्ही बाकी वेळ आहे, आम्ही छावणीत प्रतीक्षेत आहेत. Le asombraron a Haruko esas palabras dirigidas hacia él como "Jinete de oro", el que comandaría a esos más de diez montañeros a caballo que al fin y al cabo buscaban lo mismo que los acampados, la libertad.

-दैवतांची पूजा काही दिवसांत होईल काय आनंदी आहेत द्या. Añadió el moreno, y acto seguido se levantó de aquel ahora desfigurado suelo por su presencia, aunque él ni se había movido del lugar de los rezos. Desenganchó junto a sus demás compañeros, las lanzas, fuertes y hábiles, del suelo, y anudaron sus gloriosos cascos artesanales fabricados en cuero y metal a sus poderosas cabezas. Al instantáneo, cuando Haruko se acercó a toda la fila segmentada de equinos, estos se levantaron impacientes porque los verdaderos jinetes de todos les montasen, querían correr y cabalgar aquellas llanuras tan desiertas como pobladas de nieve, querían luchar y sentir de nuevo la fiereza de asesinar al verdadero enemigo del hombre; el mismo hombre. Horas de cabalgo estuvieron, caminaban todos juntos y hacían una perfecta silueta para todos, se encontraban con que la linea jamás sería rota pues los animales demostraban el querer conectar entre sí con unos hilos de telepatía. Aquella silueta...oh, esa bella silueta, ejercida por los poderosos hombres de libertad, el caballo erguido en horizontal tan rápido, tan fuerte...demostraba sin duda que la fiereza e incontrol que los domadores posaban sobre ellos, junto al amor y al respeto, ideaban como si se tratase de la fotosíntesis vegetal, una gran mezcla de espiritualidad. Corrieron y corrieron, traspasando aquellos veinte hombres algún que otro lago helado y, sobre todo, lugares cernidos sobre nieve, era tanta la cantidad de este agua congelada que, en realidad, parecía que el mundo se había levantado alrededor de la nieve y no al contrario. Por el camino los cánticos eran similares al acontecido antes, chamánicos e incontrolables los nómadas cabalgaban invocando victoria, victoria que aún no se llevaría a cabo pues más que probablemente aún no habría batalla.

Llegaron...y demostraron que lo realmente importante era tener un caballo, no importaba más si nada la fuerza de la persona encarnada por sí mismo, y la ejercida a su vez por el acompañante espiritual; eran caracteres escritos en el idioma nómada, en un pequeño libro de cuero y papiro que hacía ya mucho Haruko había recibido como regalo en alguno de sus viajes. "Conoce la vida tal y como es, y entonces sabrás como arrebatar la vida a quien no la merece", importantes frases grabadas en las primeras páginas del aún vacío libro del muchacho. Les atendió un hombre alto, tan alto como una de las tiendas numerosas veces montadas por él y sus compañeros en las cálidas estepas de la tierra, era rubio y de pelo largo, aunque quizás un poco anciano...Ofreció demasiado, la verdad, tales cosas como regalar armas y armaduras a las personas allí presentes, era buena idea, pero no momentánea en la mente de su querido jinete. Aquel campamento era...una ola de simplicidad y evolución masificada con todo lo positivo y negativo de lo conllevado a la libertad, los copos de nieve caían como cualquier otro y los hombres y mujeres trabajaban codo con codo, sangre con sangre y cuerpo con cuerpo para sacar el lugar hacia adelante. Algunos otros nómadas antes traídos por el moreno para ayudar la revolución ahora invocaban esos cantos chamánicos en la justa salida del campamento, impresionando a los desesperados milicianos, y dándoles ganas de realmente luchar por lo que era suyo. Ofrecieron un lugar donde dormir, y Haruko acató esas órdenes. Contempló también las instrucciones de una armadura distintiva para cada "oficial", tan solo supo despojarse de su ahora algo raída armadura de bronce y atarse con cuidado esas placas de perfeccionado mineral pesado. Se sintió y desintió en un momento, solo había entrado a su carpa y ni siquiera había parado a sentir el aura...El calor del lugar no era muy raro, una fogata se alzaba a su derecha y, por cierto, no solo calentaba, sino que también iluminaba su rostro afeitado, con algunas cicatrices por sus anteriores peleas en...bah, ni siquiera era capaz ni quería recordarlas. Sacó ese pequeño libro que tanta ilusión le hacía, y con tinta de un escritorio, embarnecido y repujado con algunos detalles de cajoneras básicas, escribió en la portada algo que probablemente sería aclamado por posteriores generaciones. "La vida", era el magnífico y a la vez corto título de sus dos o tres hojas en papiro seco y manchado, aunque en el interior de estos una buena letra esclarecía en el denominado idioma Aural todo lo que él había pensado.

Comenzó a tumbarse ligeramente en una cómoda cama también ofrecida por sus huéspedes, donde las almohadas faltaban, por no decir que tan solo un simple cojín de una longitud media cubría la mayoría de la cama. Se posó boca abajo con el bote de tinta fabricado en madera y una pluma del ave más común en el lugar, y comenzó a escribir lo que de su mente plació. "Ley de la igualdad, versículo I- En todo lo conocido por el ser humano, explorado e investigado, cualquier tipo de persona tiene derecho a la libertad de vida, con lo cual no existirá la esclavitud. Aquel que sea visto ejerciendo la esclavitud sobre otra persona, sin importar su lugar de procedencia o religión, será juzga..." fue lo que pudo escribir, hasta que dos golpes en la puerta le hicieron saber su nuevo objetivo. Tomó el casco y sus armas, y los ató a su cabeza y cintura, cerró la poderosa puerta de un roble cortado quizás por esos lares, y a continuación siguió a la "secretaria" encargada de dirigirlo a su punto de encuentro. Aquel túnel, vamos, era horripilante, apenas algunas antorchas iluminaban una mal escalonada bajada, y señalaban otra mayor inmensa puerta de madera. Allí dentro...un frío de infarto quizás azotaba los corazones de los varios presentes, entre ellos alguno reconocido por el joven, que tenía una expresión cerrada y común. -शहाणपण देव तुमच्याबरोबर असेल. Citó esto como saludo, "Qué el dios de la sabiduría esté con vosotros" aclaró, aunque la mayoría de los presentes no entendería lo que dijo. Escuchó atentamente las controversiones y estrategias de los generales, y sin más espera dio la suya. -Estoy de acuerdo con todo lo que habéis dicho y, es más, me parece bastante bien que esto se lleve a cabo. Mi opinión estratégica no puede ser más simple, sí, sé que la ciudadela es muy larga, pero bastará con que tomemos los alrededores del castillo y los denfendamos, y usando a los manejadores de tierra, elegidos del देव स्टोन -citó esto en su idioma, pues no recordaba como decirlo para que los demás lo entendiesen- romperemos los pilares del castillo, y provocaremos que este se desplome. De los escombros mataremos a los pocos que opongan resistencia, entre ellos a Genki. Daremos a este pueblo la libertad que merece, cueste lo que cueste.


CANCIÓN CANTADA POR LOS JINETES AL PRINCIPIO:
Haruko Moritaka
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Lira el Lun Abr 20, 2015 8:20 am

Todo había sido demasiado extraño. Una parte de ella, la visible, seguía a la manada con paso firme y una frente en alto. Otra parte, más profunda en su psique, se preguntaba a gritos qué estaba haciendo o si sabía dónde se estaba metiendo. La triste realidad era que Lira tenía, más o menos claro, lo que estaba pasando. ¡Había salido de una vida de piratería para tener una vida tranquila, y así es como terminaba! Involucrada en una “revolución”.

No sabía si el dolor de cabeza era a causa del frío y la fuerza que utilizaba para no castañar los dientes, o si era la premonición de su futuro que pendía cual guillotina sobre su cuello. Antes de salir de la prisión, un par de soldados se habían acercado y ofrecido algo de abrigo, después de todo la pelirroja no había vuelvo por sus prendas ya que no había nada de valor por rescatar.  Llevaba puestas un par de botas de cuero y una especie de saco de piel que le cubría hasta la pantorrilla. La nieve lograba mojar el cuero y sentía que al final del día, las probabilidades de perder ambos pies serían altas. Algunos creerían que por ser parte del clan Yuki, tendría una mejor relación con el frío, pero lo cierto era que no, al menos la pelirroja se había criado en lugares cálidos y era tan –o quizá más- sensible a las bajas temperaturas que el común de las personas.

Al caminar, intentó grabar en su cabeza toda la información posible. Cuando estuviera sola y tranquila, podría tener oportunidad de analizar algo de todo lo oído durante el camino.

***
No se sorprendió cuando la verdadera base estuvo bajo tierra. Hacía muchos años ella había descubierto también que los elementos que los ninjas manejaban podían ser utilizados para otras cosas además de jutsus propiamente dichos. Así había pasado con su pequeño local; una kunoichi experta en el manejo de la madera había creado toda una edificación prácticamente de la nada. Aunque para ella parecía obvio, notó que esa información era casi secreta. Se sentía ligeramente orgullosa de sí misma. Aunque se mechaba en su pecho la ligera idea de que estaba desperdiciando potencial por no tener una formación adecuada.

Siguió en silencio, concentrada en no temblar como una hoja y demostrar resistencia frente a tanta cantidad de hombres. Arrastraba los pies fríos y húmedos siguiendo a los demás una vez que fueron sutilmente despachados hasta los cuartos que les fueron asignados. Una vez alejada de la mayor cantidad de miradas, se subió a la cama, se sacó las botas y se cubrió los pies con el mismo saco de piel que traía puesto, frotándolos uno con el otro. Buscaba recuperar la sensibilidad en aquellas congeladas extremidades.

Cuando el riesgo de amputación descendió, Lira retiró el cofre del catre y se coló entre las pobres frazadas. Estaba agotada y, aunque no quería bajar la guardia, cerró los ojos y buscó que con la venida del sueño, también regresara a ella el calor.

***
Al despertar (¡Sí, había despertado!) descubrió que estaba encorvada, en posición fetal, bajo una gruesa manta de piel gris que no recordaba tener cuando se durmió. Sobre el cofre frente a ella, además, podía distinguir un pequeño paquete. Reacia, pero al final resignada, estiró un brazo y atrapó el paquete. Para su sorpresa era una muda de ropa más acorde al lugar donde estaban, lo cual Lira agradeció con el alma. Solo le tomó uno o dos minutos el cambiarse, guardando la vergüenza y el pudor en el bolsillo. No había tiempo para ese tipo de cosas.

Decidió que ya era hora de abrir el cofre. Saco una por una las partes de lo que asumió era una armadura. Siempre las sintió demasiado pesadas, inadecuadas para el estilo de vida que la pelirroja acostumbraba. Sin embargo, debía aceptar todo lo que se le ofrecía sin chistar y, una vez terminó de colocarse la aradura y sobre ella el largo abrigo de piel, salió de la pequeña habitación a enfrentarse y recorrer aquella ciudadela subterránea.

A simple vista no podía diferenciar entre el día y la noche. Bueno, a secas no podía hacerlo, no importaba cuanta atención prestara. Todo seguía tan activo como en el momento en que llegó. Lo primero que hizo fue buscar a un herrero, lista para negociar con el hombre por una buena arma. Su sorpresa fue grande cuando allí, golpeando contra el hierro al rojo vivo, encontró a una mujer. Su tamaño era tal que podía compararse con un oso. ¡Y su carácter! Definitivamente bajo la piel traía un animal salvaje y colérico. Fue una ardua pelea –y ruidosa– en la que Lira intentaba convencerla de lo que quería. ¡La muy desgraciada quería hacerle un espada, cuando ella claramente le pedía algo diferente! Lo que le sobraba de talento, al gorila le faltaba de cerebro.

Encolerizada salió disparada hacia otra dirección, sin saber muy bien a donde iba. Terminó en un lugar un poco apartado, donde los soldados parecían gastar el tiempo en entrenar y luchar entre ellos. La pelirroja observó un rato hasta que el calor de la pelea comenzó a hervir su sangre, deseosa de involucrarse un poco. Sopló sus manos para que recuperaran algo de calor y las frotó. Respiró hondo, quemando sus pulmones con el aire helado, se enderezó y exhaló luego de un momento.  Era chistoso pensar que la edad le estaba pasando facturas al cuerpo, cuando no pasaba de los 25 años. El número exacto se lo guardó para ella misma, probablemente pocos supieran su edad y así le parecía bien.

Comenzó a imitar a algunos de los soldados. Estirando por aquí, estirando por allá, trotando un poco. Había estado orgullosa de su resistencia por mucho tiempo, y ahora caía en la cuenta que ya no era suficiente y se estaba quedando atrás. Su falta de práctica se ponía en mayor evidencia ahora que traía a cuestas la enorme armadura. Su condición física no era demasiado mala, pero no era buena comparándose con otros chunnins de su misma generación.

Se detuvo para  tomar un poco de agua de un barril que se encontraba por ahí cercano a la pared. El agua se encontraba helada y sabía a tierra, pero apagaba las llamas que resecaban su garganta y le supo a gloria. Cuando la hipotermia parecía un lejano sueño, se sintió satisfecha de estar haciendo las cosas bien. Se quitó el abrigo y desprendió una a una las partes de la armadura, dejándolas apiladas al lado del tarro con agua. Las siguientes tres horas Lira se la pasó haciendo una rutina de ejercicios que consistieron en un trabajo continuo que utilizaba diferentes medios. Realizaba saltos, programaba alguna que otra carrera, hacía lanzamientos de lo que se le ocurriera, entre varias cosas más que pudiera encadenar de forma continua. Se suponía que mejoraba la resistencia y el acondicionamiento físico general, o eso había escuchado.

Su siguiente plan de ejercicios era hacer algo de sparring lento. Si lo que quería era aumentar su velocidad, no todo se trataba de correr sino también de reaccionar adecuadamente y en el menor tiempo posible ante cualquier situación. El sparring lento no era el ejercicio preferido de la mayoría, además no se gastaba mucho tiempo en enseñárselo al común de los ninjas, pero había escuchado de un par de shinobis especialistas en taijutsu que esa técnica les daba tiempo para relajarse, sentir, pensar, y venir con nuevas respuestas creativas.

Lo más importante de todo, el sparring lento realmente le da tiempo de absorber todo lo estudiado y poder procesarlo. El sparring rápido forzaba al usuario a tener una actitud de “moverse o morir” donde sólo puede recordar como esquivar los golpes. Ella quería algo más que eso. Quería técnica, algo en lo que poder apoyarse con seguridad. Lira no lo sabía, pero aunque ella esquivaba, atacaba y se movía según golpes imaginarios, paso de estar practicando sparring lento a ejercitarse mediante una serie de golpes controlados donde acataba y se defendía simultáneamente. Era más parecido a una coreografía de lucha que a un ejercicio enfocado en la velocidad, pero en su mente lo que intentaba hacer era subir poco a poco la intensidad, cayendo de nueva cuenta en el “reaccionar primero y aprender después” que había estado evitando con el sparring lento.

Un soldado que llevaba rato observándola se acercó. A pesar de estar sonriendo, el brillo en sus ojos era irrefutable; brillaban con soberbia y desprecio. En un repentino ataque de amabilidad, se ofreció a entrenar con ella. Le mostraría la forma correcta de hacerlo dependiendo de lo que quisiera mejorar. La había visto en su última rutina y corrigió varios aspectos; principalmente términos y algunas otras confusiones que notó. Le sugirió que si quería entrenar la velocidad con la que reaccionaba, se juntara con otra persona y “jugaran” a lanzarse cosas. Ante la obvia incredulidad, se explicó más: cuando son más pequeños, los niños se tiran balones de goma los unos a los otros, el objetivo es poderlos atajar o esquivar. Cuando ya son más grandes, los adolescentes solían subir la apuesta y se lanzaban kunais, de esta forma el juego se volvía más entretenido, de cierta manera, y el ganador podía aumentar considerablemente la velocidad, mientras que el perdedor… bueno, al menos aprendería como se debían cuidar las heridas.
Al contrario de lo que Lira creyó, una vez estuvieron sobre el área designada para las peleas, ellos no se lanzarían con balones o kunais. El soldado creyó que sería mejor si la kunoichi aprendía la forma correcta en la que se practicaba el sparring lento y rápido.

Aquel sujeto no solo era sensei desde hacía muchos años, sino que era muy hábil en el combate. Limpió el suelo varias veces con la ojiverde. Con cada caída, con cada golpe recibido, ella lograba notar algo. Por más mínimo. A la siguiente vez buscaba solucionar su error pero la volvía a tirar al suelo. Entrenar con alguien tan bueno, tan lejos de su nivel era un golpe bastante duro hacia su orgullo. No desistía en sus esfuerzos por darle un golpe, más le era imposible. A la fuerza entendió que el secreto de ese entrenamiento era esquivar, la base era la misma que en el juego. Dejó de lanzar puñetazos y patadas, concentrándose solo en bloquear y esquivar desde ese momento.

Cuando por fin había entendido, al cuarentón lanzó una carcajada. Los años y las guerras no le habían quitado la alegría del corazón a él, ni lo cabeza dura a ella. La mayoría de los ataques del hombre eran al azar, los enlazaba y lanzaba dependiendo de cómo se les ocurriera en el momento para que ella no notara ningún patrón. Muy de vez en cuando se permitía un 1-2 para a continuación volver a su ritmo azaroso. La pelirroja debía sentir los golpes. No verlos, no calcularlos. Sentir como estaban por venir y generar en su piel, en su cuerpo una especie de memoria táctil.

En algún momento Lira se agachó para esquivar un puñetazo y lo sintió. Antes de que el soldado pudiese darle un golpe con el pie en toda la cara, ella realizó una patada baja y acertó en el momento justo que él había elevado la pierna, haciéndole caer sobre su espalda. Agitada, temblorosa y bastante maltrecha abrió sus ojos sin poder creer lo que había hecho. ¡Le había dado! Se acercó a su ahora maestro y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Él la tomó por la muñeca, le colocó un pie en el estómago y la hizo girar en el aire hasta tirarla de espaldas.

–¡Traición! Creí que ya habíamos terminado… – Esa última caída fue decisiva: ya no pelearía más contra él, ni siquiera otro amistoso. Su sensei volvió a soltar una carcajada llena de diversión, como si se tratara de un niño pequeño. Maldito cuarentón tramposo. La había engañado.
***
Día de la reunión.
Subsuelo del puesto de avanzada.
Medio día.

Los días habían pasado son prisa, permitiéndole a Lira entrenar a gusto y conocer un poco a las personas que convivían con ella. Poco a poco, la causa fue penetrando en su piel hasta llegar a esa fibra profunda en ella. La libertad de aquel pueblo ahora era su propia libertad. Era su lucha también. Sin embargo  algo en ella, quizá por experiencias pasadas, no la dejaba exteriorizar su compromiso. Sentía que nadie veía en ella una aliada, más bien sospechaba que aparentaba ser una oportunista… que en realidad no estaba demasiado errado.

Exhaló y se frotó los ojos. La reunión ya había comenzado y no tenía intenciones de pronunciar palabra. ¿Sabía de barcos? Sí. ¿Sabía sobre navegación? Por supuesto. ¿Saqueos, peleas, contrabando? No tenía dudas, pero las invasiones y la coordinación de una gran cantidad de personas no eran su área. Era difícil admitirlo, pero el mejor papel que podía desempeñar ahora, era el de un simple peón. Todo lo que allí se dijera y se le ordenara, la ojiverde lo cumpliría al pie de la letra.

Spoiler:

¡Cumplí! No me fui a dormir hasta no postear... ahora no sé qué escribí, pero es tarde ya (4.20 am). Al despertar lo re-leo y edito si hay algún error demasiado espantoso xDDD Perdón desde ya
Lira
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Jinzo el Lun Abr 20, 2015 9:17 pm

El sonido de una diana de guerra anticipó la llegada de una caballería conformada por varios hombres cuyo aspecto no dejaba ninguna duda de que eran guerreros con entrenamiento y preparación. No hubo demasiado tiempo para entablar una conversación con quienes, al parecer, ya no eran sus adversarios realmente, pues, al igual que él, decidieron unir fuerzas por la causa que precursaba la chica; entre quienes logró distinguir, no solo estaban los prisioneros, sino dos de sus co-partícipes en la primera labor de resguardo, un patrullero y un vigía. Todo sucedió tan rápido que únicamente guardó silencio y dejó que la coyuntura lo guiara hasta donde era necesario.

La mañana llegó junto con el reporte de salida hacia el puesto de avanzada situado a unos kilómetros más allá; sería allí donde se articularía todo el cuerpo de batalla. Desconocía realmente la logística de todo aquel movimiento revolucionario del cual se habló, de igual manera, era ignorante de la confianza que les podía otorgar a aquellas personas, pero parecía ser suficiente que contaran con la aprobación de la primera muchacha. En ese momento, cuando se dirigía en caravana hacia aquel puesto, no solo pensaba en la causa más inmediata motivo por el cual se erigía aquella rebelión, sino en el nexo que podía existir en todo eso con su clan, el cual durante años le fue oculto de sus padres. Pensó en ellos por un momento, pues ya eran dos días sin poder darles información sobre su paradero. Aun no se reponía muy bien de todo lo que sucedió frente a él, no tenía historial de haber vivido tanto en tan poco tiempo.

Al llegar, fue espectador de la apertura de un padadizo hacia el interior de la tierra. Fue impresionante para él poder observar aquel destello de luces, jamás había visto algo parecido. Escuchó con atención las palabras que le refirieron en cada una de las etapas desde su llegada.

Durante todos los días que transcurrieron hasta llegar el momento de la reunión que definiría la estrategia a seguir, se limitó a cubrir sus necesidades básicas. Fue testigo del entrenamiento que otros emprendían para reforzar sus habilidades, sin embargo, el muchacho solo se dedicó a observar, realmente le tomó más tiempo de lo normal recuperar sus ánimos. Al igual que sus compañeros, fue citado a la audiencia que dio lugar con motivo del futuro de la rebelión. Tomó asiento en donde debía y únicamente se dispuso a escuchar lo que todos y cada uno tenían para decir. Se mostraba sorprendido frente a la capacidad de análisis y experiencia que manifestaban algunos, y él era algo joven y novato en todo eso; de hecho, su experiencia solo se reducía a algunos cuantos combates en la academia. Finalmente, en medio de toda la interesante conversación, solo pudo decir lo siguiente – Tengo habilidades de distracción, aunque no sé si son suficientes – Dijo algo apenado y abrumado. No logró cruzar miradas con ninguno de la mesa. Y aunque parecía estar perdido, era conocedor de cada palabra dicha por cada uno de los presentes.

Spoiler:
Disculpen por mi post tan corto y feo. Realmente qiero participar y no conseguí el tiempo necesario para extenderme. Espero lo que hice sea suficiente para entrar de lleno. Pido disculpas nuevamente
Jinzo
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Rol Master el Mar Abr 21, 2015 2:46 am

Las sombras comenzaron a moverse sobre los tejados y eran pequeños cristales rotos la única evidencia que quedaba de la veloz corrida de los shinobis sobre los tejados del puesto de avanzada. Fue cuando Nemuri se encontraba a final de su monólogo que aquella ventisca de soldados llegó hasta la reunión. Veinte espejos se formaron a varios metros sobre los presentes y las sombras de los shinobis del clan Yuki comenzaron a revolotear como aves pasando a una inhumana velocidad entre un espejo y otro.
Finalmente diecinueve espejos se formaron en círculo tras los presentes y de los mismos emergieron lentamente diecinueve shinobis de kimonos blancos, quienes anclaron sus piernas derechas en el suelo y agacharon sus cabezas en señal de respeto, dejando que el agua que ahora se encontraba abrazando sus cuerpos pronto se abrieran camino hacia el suelo.

Un nuevo espejo de hielo se formó pero ahora en el centro de la reunión, y del mismo, emergió un hombre de al menos dos metros, un kimono blanco que se encontraba bordado con imágenes de dragones recorría todo su cuerpo, y era una máscara color azabache con forma del rostro de un lobo la que no dejaba conocer el rostro del peliblanco. Este emergió erguido desde el espejo, con su cuerpo completamente mojado, provocando una sonrisa en el veterano de guerra. – Ryuko, llegas tarde. – pronunció el hombre en un tono jovial, dirigiendo la mirada al peliblanco. Aquel llevó su mano a su máscara y retiró la misma, clavando su mirada en Lira durante unos instantes. – He llegado cuanto tenía que llegar, Ryûta – sentenció inmutable, tomando posición a un lado de la conocida mujer, más no tenía intención de saludarla.
El intercambio de opiniones continuó durante un buen rato, y fue entonces que el veterano de guerra decidió volver a romper el silencio luego de aclararse la garganta. – Ejem… ciertamente las ideas que proponen son buenas. Por un lado, la idea de Hotaró es bastante buena. Pero si fuera ustedes no perdería el tiempo en eso, a menos que efectivamente unos guardias se les crucen. – le dedicó una amable sonrisa a la mujer. – En cuanto a la idea de que el grueso del ejército entre por una sola puerta… no podría estar más en desacuerdo. Estaríamos exponiéndonos a una trampa que podría acabar con nosotros. Somos pocos y por lo tanto, necesitamos distribuir el grueso del ejército. – caminó de regreso a los planos y caminó alrededor de los mismos, tal vez dando los últimos preparativos dentro de su cabeza.

– Bien, la idea de Haruko Moritaka es bastante buena. También lo es la idea de Horaime… el plan será el siguiente. Haruko Miritaka estará a cargo de unos doscientos soldados, los que estarán atacando por la puerta sur, mientras que yo dirigiré el grueso del ejército en la puerta norte. De esta forma distribuiremos la mayor cantidad del ejército del lado que estoy yo. Todos se infiltrarán por la puerta sur, y se dividirán en dos grupos: Horaime y Jinzo irán a la puerta norte y la abrirán, dejando entrar el grueso del ejército, mientras que el escuadrón Yuki liberará la cima de las murallas y abrirá la puerta sur para que Haruko y su ejército puedan entrar a la ciudad. El otro grupo liderado por Nemuri, quien tendrá a su cargo a Hiroki, Mustafá y Hotaró, se dirigirá al castillo de Genki, donde intentarán no solo matarlo sino que destruir parte del castillo a modo de simbología. ¿Está claro? – sentenció el hombre, quien esperó la aprobación del resto de los presentes.

Ryuko clavó su mirada en Lira durante unos instantes. – Tú te vienes con nosotros. Te unirás a mi batallón. – exclamó frígido como el hielo, para posteriormente clavar de nuevo su mirada al frente. El hombre de larga cabellera rubia dio varios pasos hacia atrás y comenzó a cargarse en la espalda la enorme guadaña. A lo lejos, el ajetreo del ejército en movimiento comenzaba a ser audible.

Spoiler:
Ahora abriré varios temas para los distintos grupos, así posteamos de forma mucho más dinámica. No es necesario que vuelvan a postear aquí, pero pueden hacerlo si lo desean.

Les mandaré por mp a cada uno su respectivo tema.

¡Saludos!
Rol Master
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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

Mensaje por Hiroki Nobuya el Sáb Ago 22, 2015 10:51 pm



Un ineludible dolor tomaba posesión de la joven mujer, recorriendo las extremidades superiores dejando una desgarradora sensación.  Era como ser quemada viva, el agotamiento era una facultad que siempre estaba presente en cuerpo y mente, pero aun así no debía ser tomado a la ligera. En esta ocasión la vida estaba siendo llevada el límite sometiendo la poco ortodoxa y cuestionable capacidad de razonar. Con todo el cuerpo postrado en la palpable nieve no dejaba de pensar si lo que hacía era por si misma o solo por complacer a los demás. Un potente rugido azotó el valle de una manera casi incompresible, dejando aún peor el estado en el que se encontraba. La susodicha y joven Nobuya trataba desesperadamente de dar con la aprobación constante que creyó merecer, sin pararse a pensar la consecuencias que esto traía. Una vez más entraba en ese bucle de ideas y pensamientos absurdos sobre las cosas que debería realizar. Y pensar que desperdiciaría aquel potencial durante tantos años.  ─ Satsuki... ha muerto… ─ Se repetía una y otra vez, lamentando no poder haber hecho nada…  


***


─ No creo que sea necesario. ─ Respondió a la sugerencia, posando su mano en la delicada tela que la separaba del hombre mientras que la otra permanecía en el torso cubierto por una desecha manta, ambas totalmente vendadas. Cerrando los ojos y dando un gran suspiro se imaginó la escena, tratando de encontrar una solución para la problemática. ─ Pero señorita, usted muy bien sabe que debe ser cautelosa, si lleva a cabo dicho plan solo dios sabrá el resultado. ─ Alegaba con angustia, tratando de buscar con desespero aquella miraba en la joven. Este hombre había visto crecer en cuerpo y espíritu a la muchacha, nunca le abandonó y trató siempre de guiarla hacia un buen camino, sirviéndole fielmente a su familia. Ahora ambos se encontraban reunidos de nuevo, justo después de muchos años, entablando una conversación que tal vez nunca llegaron a figurarse ni en el más absurdo de los pensamientos. ─ Como todo en la vida, Genkei… ─ Ni siquiera la incomodidad del momento distraía a Hiroki de su propósito, aún con la miraba cegada rebuscaba entre lo más profundo de su cabeza, tratando de recordar la estructura con cada detalle.  ─ No te preocupes, si es la soledad lo que te asedia yo me encargaré de eliminarla. ─ Luego de pronunciar dichas palabras, él simplemente se giró y cerró la gran puerta detrás suyo.  ─ No hay manera de que pueda perder. ─ Habló en tono alto siendo un último intento de calmar el afán del viejo.

Siguió entre las sabanas meditando sobre que sería mejor para la misión, no podía arriesgar la vida de los más jóvenes para llevar a cabo una tarea que le correspondía. Sin embargo dejar a las personas que lo dieron todo solo para ser liberados de la opresión serían un insulto aún más grande. Formular una acción para derrocar al hombre insignia del país y tomar la ciudadela, todo esto con muchos menos hombres de los del ejército rival. ─ Si tan solo ese maldito cobarde saliera a dar la cara, yo misma lo acabaría. ─ Dijo golpeando la pared dejando una gran grieta en la misma. ─ Si tan solo pudiera luchar con él yo sola. ─ Esta era la cruda realidad, su fuerza y habilidad no se comparaban con las de su padre y por supuesto en ese estado no podría batallar de igual a igual. Solo volvió a suspirar alejando la frustración que la asechaba. No debía perder más tiempo con lamentaciones, ya era hora de reportar dicha información.



***


La joven general caminaba a un paso acelerado ignorando las filas de combatientes que se formaban en la plaza central del escondite, sí que se les notaba la determinación. Al entrar a la sala se topó con unas cuantas caras conocidas, todos eran hombres que una vez le sirvieron a su padre pero que ahora, habían tomado la decisión de formar un nuevo futuro. Los presentes se ganaban un profundo respeto y admiración por parte del Demonio, y esto se debía corresponder con una victoria a los ideales de cada uno. Ya era hora de acabar con la miseria de mundo que se estaba formando por culpa de los enemigos de la paz, esos infames y bajos líderes que merecían solo la pena de muerte, con solo pensar en lo lejos que podían llegar gracias a las influencias colectivas le causaban nauseas. ─ Es hora de comenzar. ─ Avisó una fuerte y ronca voz que premiaba ser escuchada por todos. Se dio comienzo con la reunión en donde se daban las instrucciones para comenzar la operación. En el tiempo en el que se exponían las ideas solo me limitó a escuchar cada una de ellas para verificar si la que había preparado estaba a la altura de las demás y así optar por la más factible. Como era de esperarse el plan que había previamente estipulado con Ryûta sería el elegido, tomando ideas de los soldamos novicios. ─ Llevaremos a cabo la conquista antes de que se ponga el sol, Genki caerá en menos de media hora. ─ Agregó al final antes de que todos salieran y tomaran los respectivos puestos.



***


─ Es una confortante vista. ─ Ambos postrados en una colina situada al lado del camino. Admiraban el fruto de la perseverancia.
─ Es más confortante saber que está de mi lado, Señor Tanaka. ─ Interrumpió la mujer de cabellos plateados dejando la boca abierta del general, este no pudo contener la emoción y de inmediato dejó salir toda la ira y  furor en una gran carcajada.
─ ¡Esa es mi muchacha! Acabaremos con ese despreciable Berserker. ─ De convicción se llenó el ambiente, dejaba sin aliento lo que un hombre podía hacer por sus tierras. Sin duda no se había equivocado sobre él shinobi aquel día bajo la nieve, disputando el título de general, y sí que se lo tenía merecido, en aquella batalla casi pierde la vida.  

Mientras se aproximaban a la presa, Hiroki escuchaba el llanto de los árboles, suplicando por una victoria.  La corteza de la nieve recién caía se desquebrajaba por las pisadas humanas, el tintineo de las pieles endurecidas y las largas armas afiladas que portaban los hombres. Dientes de hielo que colgaban de las desnudas ramas y alces perpetuados por la repentina invasión a su espacio. El bosque sin duda sabía el fin de la marcha. La muchacha tomó la delantera, situándose frente a las filas y así guiando a los compatriotas a través de la montaña, Esas traicioneras en las que alguna vez pasearía montada en corcel. Aunque la nostalgia no era algo digno de su ser no evitaba por ningún extraño motivo desentrañar dicho recuerdos, vagando de un lado a otro la discrepancia de ser parte de la familia más codiciada y tratada de esos lares llenaba el ego, bañándose en la gloria y respeto que no se había merecido. Cada minuto que pasa con vida le hacía reformarse como persona y soldado, un país el cual una vez abandonó pero que ahora llenaría de virtud y buena voluntad. Con el gozo de ser parte de tal hazaña no le bastaba, sabía que debía encarar errores que no hacían más que retrasar la furia incontenible con la cual nació. Ahora entendía el propósito de caminar entre los vivos como una vez lo sintió su madre, lástima que fue demasiado tarde para ella.

Bajaron la pendiente hacía el otro lado hasta que el bosque se abrió entre ellos. ─ Es aquí. ─ Dijo tan fría como el paraje que los rodeaba. Era ineludible.

─ Preparen a los hombres, acatarán cuando se dé la señal. ─ No podía evitar sentir el nerviosismo, pero estaba segura que de algún modo iba a funcionar. Silencioso era el momento, se podía sentir el olor a muerte.
Con el ejército oculto entre las innumerables ramas se introdujo hasta la parte posterior llegando a los pies de la mujer a la que llamaban Nemuri. Sin duda una persona a la cual admirar.

─ Al momento de la infiltración deben seguir mis pasos, he recorrido ese castillo tantas veces como los días que cubren un año. Sé a la perfección donde es la ubicación de mi padre y sus hombres más allegados. ─ Realizó una breve pausa para cubrirse la cabeza con la capucha. ─ Mi ninjutsu no se compara con el suyo… Así que no podré contrarrestar los ataques más avasalladores. Sin embargo puedo generar múltiples aberturas gracias al conocimiento que poseo sobre la forma de lucha que esgrime.  ─ Solo era cuestión de tiempo para que la batalla comenzara.


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Re: The Frost Conspiracy {Comienza la trama}

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