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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

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❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Rol Master el Mar Abr 21, 2015 3:24 am


El ejército se encontraba compuesto por treinta soldados a caballo, cuarenta soldados de infantería y treinta arqueros. Los caballos relinchaban presa de la adrenalina que comenzaba a vivirse en aquel campo de batalla. Frente a ellos se encontraba Haruko, quien sería el responsable de liderar a aquel ejército para generar la abertura para sus compañeros.
Más atrás del grueso del ejército se encontraban los veintiún miembros del clan Yuki, Nemuri, Jinzo, Horaime, Mustafá y Hotaró.

Ryuko se acercó caminando a paso lento hacia aquel que lideraría el ataque que les permitiría entrar. – Haruko, Ryuto ha visto algo en ti… supongo que será algo que tenga que ver con poder manejar un ejército… así que confiamos en ti. En cuanto tú muevas al ejército hacia el campo de batalla, avanzaré con mi escuadrón sobre las murallas y las limpiaré, dando el tiempo perfecto para que Nemuri y los demás entren a los túneles. Así que cuando gustes. – exclamó el hombre a medida que dejaba que sus ojos reposaran en aquella ciudadela que se encontraba colina abajo.

Desde la lejanía podían apreciarse aproximadamente cincuenta arqueros apostados en la muralla, y por lo menos treinta soldados de infantería que se encontraban custodiándolos. A un costado de la puerta, había dos enormes torres sobre la que habían diez arqueros en cada una, los cuales seguramente serían los más difíciles de asesinar.
El camino hacia la muralla era a campo descubierto, por lo que sería imposible hacer un ataque a escondidas.

Ahora, todo dependía de aquel jinete.
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Haruko Moritaka el Jue Abr 23, 2015 9:05 pm

[Muralla sur, diez grados bajo cero, intensa lluvia y ostentoso viento]

No era nada normal lo que ocurría en ese justo momento, imparcial parecía que la lluvia cayese a escasos kilómetros de la otra presencia compañeril, donde nevaba y el frío quizás calaba los huesos de la mayoría. Allí sin embargo, cierta cercanía a un país probablemente ligero y tropical, había provocado el cruce y mezcla del frío y la lluvia, dando así una penetrante capa blanquecina en todos lados; era nieve, nieve y más nieve, toda esta cubría las murallas, el camino hacia las gigantes puertas de un roble macizo, Haruko calculaba unos diez o quince árboles para fabricar esas poderosas puertas de un grosor de momento inconsciente. Las grandes agujas del Dios del Agua, como él las denominaba, aunque más conocidas como gotas de simple agua, la gente trataba a estas como si de propios insectos -aunque este no es el mejor ejemplo, pues hasta la vida del más pequeño de los insectos equipara y en algunos casos supera a la de un corrupto humano- y comunmente odiaba la llegada de estas hacia el suelo en señal de que su día estaría más estropeado. Falacias y mentiras que no hacían más que engrandecer el pensamiento de absurdez humana en la mente del jinete, que se apostaba respirando un gélido contacto de humo blanco exhalado por él y su montura, Montaña parecía inmóvil al igual que su amo, ambos contemplaban lo poco que la niebla, fusionada con la nieve del suelo y la lluvia del cielo, les dejaba ver. Por todas partes no hacían más que brotar decenas de soldados y guardias que, en su propia e indirecta inconsciencia creían defender bien esos lares...ilusos, unos simples y malévolos a la par que estúpidos ilusos creían formar una élite de guardia reflejada entre las poderosas rocas rectangulares en bloques que formaban la antigua muralla sur. La lluvia ya había tornado a un granate sucio y mojado la capa del jinete, esta se extendía por los lomos del equino y su piel marrón se tergiversaba también a un tono más oscuro pero a la vez brillante, por la constante lluvia que cada vez iba en aumento, y dejaba momentáneamente algunos truenos. Esos crujidos celestiales rompían en el cielo como si de un corte de sable se tratase, lo insonorizaban todo y parcialmente a los que hablaban y discutían a espaldas del dúo animal-hombre, callaban completamente sus defensoras y libres voces de hombres justos. La nieve de la muralla había desaparecido ya por completo, y ahora dejaba ver pequeñas grietas -no muy similares a los rayos que ahora conquistaban cada vez más el cielo, iluminando totalmente en la lejanía las siluetas de los hombres presentes, hasta los mismísimos ilusos e ilustres pintorescos chamanes con arco de las torres eran aún incapaces de encontrar en el fondo del alma terrenal la posición de los doscientos-.

Haruko se quedó pensativo mientras aún la lluvia le carcomía todo el exterior, infructuoso él mantenía la temperatura que totalmente regulaba la temperatura corpórea como para sobrevivir, y desde sí notaba que su montura también compartía el momento. Quizás los doscientos de atrás, tras ese más de veinte minutos pensativo, quisieran dar una explicación del por qué no hacía nada. El muchacho se limitó a seguir mirando como las grietas se iluminaban y brillaban ante los únicos y expectantes ojos de él y Montaña. Quiso decidir algo, en sí todas las ciencias habían servido durante años al hombre, a muchos más que a otros, y en especial a los cultivados nómadas que no dejaban de aprender letras e idiomas, a la par que métodos científicos de descubrimiento y razonamiento por todos los países que habitualmente visitaban, y donde la mayoría de veces encontraban una respuesta favorable hasta la llegada de estos miseros hombres que no parecían haber nacido jamás, y si lo hubiesen hecho los sentimientos de estos estarían totalmente rotos ya después de sus actos contra los hermanos de misma célula. Se despojó de su arco hasta la mano y arrancó una flecha azul de su carcaj, la contempló severo y divisó pensativo, de nuevo, la puta afilada y espoleada que él había dado esta, para una misión especial de investigación justo en la frontera del mundo con esa muralla. Tomó una piedra del suelo sin tan siquiera desmontar del caballo, y le ató con uno de los hilos de esparto que guardaba entre sus artilugios, todos residentes y resguardados en una bolsa de cuero negro que mantenía intacta en las alforjas de Montaña. Extendió mucho la cuerda hasta que esta pudiese llegar a la mismísima punta de la flecha, y posicionando su arco lo tensó hasta el límite que los tendones de ciervo permitían en aquel bella arma pintada en tonalidades rojas y azules, con decoraciones de madera.

Lanzó la flecha justo en unos momentos muy desesperantes para la rotura del cielo abierto delante de los ojos presentes, contempló como esta tardaba casi un minuto en llegar hasta una muralla bastante lejana, hasta que impactó, y escuchó en el eco que la lluvia dejaba un "clack clack". Los soldados de guardia más que probablemente ni lo notaron, porque, por instinto, suerte o tan siquiera conexión celestial con los dioses o dios que controlase el cielo, al instante y seguido de estos sonidos para demostrar la lejanía de la distancia, dos truenos irrumpieron entre las negras nubes para cubrir al acto. -Quinientos metros...creo que llegará. Añadió en una voz alta, para que sus aliados escuchasen lo que él había estado pensando durante minutos. Había confirmado el uso de un método muy común entre las estepas, el uso de flechas sonoras para calcular la distancia con ayuda del tiempo que tardaba una flecha en impactar, todo iba por segundos, y a eso se debía el silencio del muchacho. Tornó su caballo que ahora parecía rebelde junto a él, dos almas en pena que querían sembrar y difundir el miedo en los enemigos que negaban la libertad al hombre. Miró fijamente y cambiando de dirección sus globos oculares a todos los que les seguían, y bajó de la montura. En todo momento, con todo su habla y respiración, de sus fosas nasales, es más, de las fosas nasales de ambos seres vivos, salía constantemente el aire caliente que se transformaba en humo al fusionarse con el aire frío. Tomó por la cabeza a su caballo y pegaron frente con frente, al instante el caballo dejó de moverse y sus ojos solo supieron conectar con los del jinete. -आपण मुक्त आत्मा आहेत, आणि मी म्हणून सक्षम असेल मेला तर मी एक नवीन जीवन शोधू पळून केले आहे हे तुम्हाला माहीत. माउंटन, फार चांगले मी तुला आणि आदर प्रेम आहे, आणि मी तुम्हाला मला गमावल्यास मला जास्त चांगले कोणीतरी शोधू शकणार की जाणून घ्यायचे आहे. मी तो कोण आहे, काळजी, परंतु आपण ते सापडले नाही तर, आपण नेहमी, बर्फ आणि थंड पाऊस आहे लक्षात ठेवा की नाही. मृत्यू. Añadió el jinete, y dando dirección de volver al campamento de avanzada en aquel lugar de asedio, pensando siempre en los establos, golpeó medianamente el lomo del caballo, que echó a correr hacia los pocos metros que separaban las carpas de un ejército presente. Todo aquel texto, basado en los ritos de amistad y conexión entre animales y dueños, había sido recitado en el idioma nativo del jinete, un idioma raspado y fuerte que haría temblar a los que no lo conociesen. Se giró automáticamente tras lo dicho al caballo y su acción, y miró acto seguido a los cientos de soldados que mayoritariamente le mirarían atronados por su discurso al equino. -Bien, escúchenme, he localizado ciertas grietas en la muralla. Sé que el enemigo es bastante listo, pero, sin ser creído, nosotros somos más listos que él. Entrar por la puerta no es seguro, podrían lanzar aceite hirviendo, así que aprovecharemos esas grietas. Paró un poco y prosiguió mirando a todos los compañeros de armada. -Fabricaremos catapultas, lanzadores, de todo, con nuestros propios elementos como la Tierra o la madera de los pinos que nos rodean, el caso es abrir esas grietas lo suficiente como para hacer caer las murallas. Usaremos las piedras de fuego en cuanto la tormenta amaine, e intentaremos incendiar el máximo de casetas y edificios cercanos a esta muralla. Recordad, no buscamos a los civiles, sino a todos los sirvientes y mandatarios del dictador terrenal, a cualquiera que vea tocando a un civil sin una explicación razonable, se le someterá a la justicia igualitaria. ¡Vamos! ¡empezad a construir, nos quedan muchas máquinas de guerra por delante!


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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Haruko Moritaka el Dom Ago 23, 2015 1:13 am

La lluvia había cesado desde hace ya horas, miles y miles de humanos recogían sus objetos personales en un extenso campamento que cubriría aproximadamente dos kilómetros cuadrados. Las casetas se agrupaban sin regulación alguna, entre medios de estas hogueras repletas de carbón, con pinchos vacíos pues la comida había sido ingerida hacía ya un par de horas. Encima de estas casas móviles se alzaban todo tipo de estandartes en señal del máximo resplandor y la unión de las tropas consagradas bajo una misma idea; la libertad. Hombres rudos de largos cabellos cobrizos, con barbas trenzadas del mismo tono, de piel caduca y pálida, a saber de dónde provenientes, afilando sus inmensas espadas, hachas, lanzas, cualquier cosa que pudiese utilizar para lo que les esperaba. Al otro lado del campamento, tan solo a unos cincuenta metros al este, les esperaban ya la fuerza impactante que Haruko podía haber reunido jamás. Cinco mil jinetes provenientes de todas partes del país, y no solo eso, sino de varias otras tribus esparcidas en sus fronteras, que se aliaron únicamente para completar su objetivo. Podía verse de todo, desde los más fortificados, con cascos rodeleros de protección en la nuca y la cara, con cota de malla y guanteletes de hierro, espadas apodadas con significativos cortes lingüísticos en su hoja, hasta caballos de tonos morenos con jinetes del mismo color, que solo visten gorros y cascos baratos, aunque portan arcos perfectos, lanzas barnizadas y toda la moral depositada en cada hombre. Estaban con permiso, claro, pues aún faltaba como mínimo una hora para comenzar el asalto hacia la sección de muralla que le correspondía destruir al tercio que le habían cedido. La mañana era gris y blanca, con un aroma más húmedo de lo común, suelos fangosos y verdes dependiendo de la zona, pero eso sí; mucho viento. Este removía todo símbolo que se portase: las banderolas de los caballeros, las banderas del campamento, los ropajes de muchas damas y jóvenes que de criados servían allí...todos estaban ansiosos, nerviosos, enfadados, alegres o tristes.

Salía justo en ese momento, Haruko Moritaka, de cara cicatrizada y ojos fuertemente eléctricos azulados, de pelo rapado a ambos costados y tatuajes en cada pared de la cabeza, con la armadura que quizás sorprendería a su líder si lo viese. Una capa del lobo con el que ferocidad batalló para preservar su vida cubría sus hombros y nuca, y se situaba encima de otra granate de terciopelo, que a su vez cubría lo que iría a proteger su vida en el asalto; la armadura. Solicitó anteriormente algunas piezas más para recubrir únicamente las partes en las que creía una flecha le podía dar, pero de todos modos no iba completamente acorazado. Sin embargo, su peto era totalmente reluciente, y justo en su medio, portaba el dibujo de la reina Hiroki: una flor de loto tradicional de la región, con tonos claros y oscuros que tan solo eran un poco más de corte en la superficie. Caminaba con su casco rodelero agarrado en la mano zurda, que a la par que la diestra portaba unos guantes metálicos. Uno de sus compañeros sujetaba ahora las riendas de Montaña, que respiraba de nuevo el gélido viento del norte, expulsando por sus orificios nasales humo blanco. Montaña sin armaduras, a diferencia de los caballeros de la reina, pero con una piel tan curtida en combate y con tanta experiencia, que mentalmente una flecha no podría someterle con acertarle. Todo su alrededor se calló rotundamente, y inesperadamente desenvainó su mandoble, en el que una sorprendente frase cambió a sorpresa la cara de ciertos oficiales. "Por la reina y el reino" eran las inscripciones justo en medio de esta, en la que su brillo esclarecía aún más las palabras. Alineó ambas manos y la hoja de su espada con su frente y nariz, para cerrar los ojos y recitar ciertas palabras, sabiendo ya que los de su alrededor estarían haciendo lo mismo. -Por la reina y el reino, dioses de la vida y la muerte, de la felicidad y la tristeza, desde aquí os oramos así, para que todo aquel que en estos días y los consiguientes de batalla perezca, sea bien acogido en vuestro paraíso, sea creyente en vosotros o no. En vosotros confiamos. -En vosotros confiamos. -En vosotros confiamos. -En vosotros confiamos. Cuando Haruko abrió los ojos, aun con su nariz tapada por la espada, escuchó y observó como todo el campamento, incluso los oficiales de la caballería leal a la reina, escuchaban atentos y con respeto esa oración. Le sorprendió, y entonces fue cuando realmente se dio cuenta de que cuando las personas se unen por un mismo objetivo, especialmente para liberar a otras, todos nos entendemos mejor. Envainó su espada mientras el resto de presentes volvía a sus tareas, pero un joven que no pasaría la mayoría de edad se acercó a él con la insignia de aquella unión, para cederla a su mano zurda cuando este ya montaba a Montaña. -Mi padre está entre sus soldados, viva o muera, ganen por el honor y la gloria de la reina y el reino. -Por la reina y el reino. Asintió mientras con la zurda tomaba el banderín de tres colores; blanco, azul claro y negro, con la flor de loto de la Nieve gris justo en medio. Avisó un par de veces a Montaña, y este comenzó una carrera impresionante por toda aquella vía del campamento a gran velocidad. Inmediatamente le seguían los veinte oficiales y comandantes a su cargo, que armados con estandartes también galopaban a toda velocidad por una de las pocas zonas secas del campamento, hasta que llegaron al fin de la vía. A un kilómetro en su frente se encontraba ya la muralla, así que tornaron durante veinte segundos a la derecha y con facilidad llegaron a la amontonada cantidad de jinetes formados.

Haruko ahora se encontraba paseando por la extensa fila de caballeros, listos a morir, mientras los cinco comandantes le seguían a su espalda, todos con los banderines. -¡Hijos de la Tierra, de la Nieve, del Rayo y hermanos de los mismos dioses, escuchadme bien! ¡Aquel que se halla al otro lado de las murallas es el ser más despreciable conocido en nuestro mundo, el criminal de guerra más buscado por todos los países, el hombre que obliga a sus soldados a morir para salvarse él! ¡No dejaremos que esto pase hoy, porque Genki Nobuya va a morir, y con él, su régimen del terror para con los ciudadanos de la Nieve! ¡Es por eso por lo que os digo, por la reina y el reino! -¡Por la reina y el reino! -¡Por la reina y el reino! -¡Por la reina y el reino! -¡Por la reina y el reino! Gritaron todos los jinetes, e incluso los infantes y arqueros que a otros lados esperaban, escuchando el emotivo discurso del líder. Desenvainó a toda velocidad su espada y la posó lo más alto en el aire que pudo, una vez que ya estaba al frente de sus soldados, y la bajó a toda velocidad causando el mayor ataque conocido en toda la historia. Cuando esa pesada hoja bajó indicando una orden, aproximadamente mil piedras gigantes envueltas en fuego y aceite, junto con arpones y barriles de aceite ardiendo se abalanzaron sobre las murallas. Aquello era espectacular, los trozos de la defensa caían por todos lados, provocaban seísmos en las cercanías, mientras que los arqueros apostados en las almenas caían en su mayoría presas del fuego y el miedo. Eso no fue todo para los pobres soldados que defendían algo indefendible...los arqueros de la reina rápidamente se apostaron solo diez pasos más adelante, y utilizando esas pequeñas hogueras que colocaron anteriormente, dispararon miles y miles de flechas contra el muro, que ardía en cantidad por las piedras y por pequeños puntos gracias a las flechas. La defensa militar acababa de ser destruida, todo arquero que allí estaba salió muerto o malherido, al igual que los infantes que pensaban ayudar a los proyectiles. Lo más divino del ataque fue cuando tres piedras chocaron a toda velocidad y fuerza contra la puerta, que decidió ceder antes de lo que cedería a un ariete. Eso no fue suficiente, pues las catapultas ya habían lanzado, y para cuando llegaron, todo el marco de la puerta y varios metros a sus lados se derrumbaron, dejando firme paso a cualquier envío de tropas que Haruko quisiese hacer.

Respiraba e inspiraba, acercó con velocidad su cara y cabeza al cuello de Montaña, notando al instante su respiración y flujo de sangre...estaba caliente. -Es el momento, hermano. Se colocó el casco con su mano zurda y lo ató con fuerza a su barbilla, el nerviosismo era cada vez más alto en su corazón, hasta que levantó de nuevo la espada, en un lapsus de milésimas. -¡Por la reina y el reino! Gritó a toda fuerza y espoleó a Montaña para salir desembocado a toda velocidad bajando la colina, mientras los cinco mil jinetes seguían sus pasos. Aquella masa no paraba de acercarse y sellarse, aunque en su estado anterior podrían haber cruzado sin problemas la muralla. A su vez, detrás le seguían el resto de arqueros e infantería, dispuestos a seguir con su trabajo en el interior. La caballería se acercaba cada vez más y más a las murallas donde ya solo quedaba muerte, por cada segundo parecía que daba la distancia de un día, hasta que finalmente llegó a su objetivo. Atravesaron las murallas, y en acto reflejo, Haruko cortó de lado a lado el pecho de uno de los arqueros que probablemente había sido derribado con las explosiones, y al que ya no le quedaba mucho de vida. No se esperaba esa respuesta al otro lado de la muralla, una última compañía de infantes aguantaba el segundo y ligero muro para atravesar hacia la ciudadela donde el castillo se encontraba. Pobre de ellos...acabaron totalmente aplastados por los caballeros, sin al menos poder asesinar a uno o dos de ellos, ni siquiera por error, pues los que en la retaguardia seguían entrando a la muralla, remataban a los infantes heridos, y se aseguraban ahora, de que la infantería pudiese entrar para aguantar ambas murallas. La caballería había frenado de repente, tras pasar ambas murallas, miraban sorprendidos la grandeza de un castillo al que poco le quedaba. Haruko personalmente, exhausto y con la mano agachada aunque la espada agarrada, inhalaba grandes cantidades de oxígeno mientras observaba con sorpresa la parte más alta del castillo. -¡Está bien defendido, señor, debemos ir a abrirle la puerta a la reina, solo entre todos podremos acabar con Genki! Haruko aún así seguía con la misma cara, boca abierta y torso hacia adelante y atrás, magnificado con que tendrían que destruir esa bonita estructura. -¡Comandante General Moritaka, no hay tiempo, los soldados de infantería y proyectiles ya están aquí para asediar el palacio, debemos cargar ahora mismo contra la espalda de las defensas de la muralla en el bosque y abrir las puertas a la tropa de la reina! Gritó con una voz demasiado recia y cerrada el más viejo y tuerto de sus generales, que tenía que lidiar enfadado con el jadeo de su caballo sin cesar el movimiento de este hacia todos lados. -¡Atacad, vamos, es una orden de Haruko, llevad todos los caballos contra la otra puerta, abrid a la reina! Añadió otro general, de unos cincuenta años, que entendía la situación del líder. -Haruko, será mejor que nos vayamos, tenemos otra carga que seguir, sé que te maravilla este palacio, pero no podrás liberarlo si no le abres la puerta a la reina. Así que ahora, vamos. Por extraño que pareciese, esta frase consiguió despertar a Haruko, y este arrancó una lanza hundida en el pecho de un infante, para comenzar una carrera al galope hasta llegar de nuevo al frente de sus tropas, donde le esperaban los oficiales, listos para la penúltima batalla. -¡Hermanos, al otro lado de la puerta está el ejército de la reina, hagamos esto por la libertad de este país, y por el reino! ¡Por la reina y por el reino! Gritó el moreno, para dejar paso a la misma acción por parte de absolutamente todos los que estaban a su cargo.

El grueso intacto de toda la caballería asestó contra la ya abierta puerta de la ciudadela norte, estaban exhaustos después de recorrer casi dos kilómetros en tan poco tiempo y a toda velocidad, sobre todo después de pasar por encima a tantos enemigos. Ahora, en esa puerta del bosque, los hombres de Genki se habían alineado únicamente con infantería para defender a muerte la puerta, mientras que tan solo algunos distraídos arqueros aguantaban las almenas. Una carga a toda velocidad en la espalda era lo que peor le podía sentar a la infantería de Genki, que se giró dudosa al oír como las puertas se abrían, y más aún cuando tantos caballos venían contra ellos. Al grito de "¡Victoria!" masacraron a las tres compañías que aguantaban la puerta, mientras que fueron expandiéndose hacia los demás lados, buscando dar tiempo a la división del general para abrir la puerta. Allí estaba, luchando con su mandoble, subido a Montaña, Haruko Moritaka, que centró su vista en las palancas de apertura de la puerta, justo a un lado de esta. -¡La puerta, la puerta, ahí está! Chilló, mientras galopó pasando por encima a varios enemigos que casi le quitan la vida, de no ser por los cinco generales que fielmente le seguían en combate. -¡Proteged a Haruko, que abra la puerta, no les dejéis frenarlo! Añadió el comandante cincuentón, observando como el moreno ya había llegado a las palancas, y ahora cortaba el cuello de un infante enemigo, para accionar a toda velocidad el engranaje de las puertas. Subió con instinto a Montaña, y empezó a divisar el rayo de luz emitido por la apertura de las puertas. Al otro lado...no pudo quedarse más sorprendido, aunque ya se lo esperaba, el ejército de Hiroki, y liderando a estos...la misma reina. Toda su armadura estaba practicamente completa de sangre, incluso su yelmo lo estaba, su mandoble al igual y partes de Montaña también. Era hora de que la reina y sus seguidores entrasen a limpiar las murallas...le quedaba poco, muy poco a Genki Nobuya.
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Nemuri el Dom Ago 23, 2015 9:03 pm

Tras la reunión que Tanaka había organizado, los planes sobre el ataque se habían ordenado y aclarado. Ya había tácticas en consideración, pero el consejo de los mercenarios del País de la Nube y los demás allegados era sumamente importante, puesto que guardaban experiencia en combate sumamente apreciada.

Órdenes fueron dadas de preparar el armamento, de alistar las pertenencias para partir hacia la ciudadela. Los hombres se encontraban ansiosos por partir, en los ojos de varios se veía nacer el fervor por el combate. Nemuri, el Gigante, merodeó el puesto de avanzada observando a las tropas y repasando sus metas para aquella guerra. De su mente era imposible quitarse el rostro del inverbe Genki, y ponderaba qué tanto éste podría haber desarrollado su poderío.

Ella ya había ajustado su infernal espada al cinturón, había tomado un arco, carcaj y flechas de las provisiones de Tanaka, junto con varios abrigos que calzó arriba de su armadura para protegerse del frío.

Según lo planeado, el alto, bravío y fornido Haruko Moritaka lideraría un ejército de doscientos hombres hacia la muralla sur para abrirles paso a Hiroki, Mustafá, Hotaro y a ella. Esos hombres ya estaban prestos para partir. Una vez dentro, el grupo de guerreros debería inmiscuirse en el castillo de Genki y asesinarlo sin dudar. Tras esto, se les había pedido destruir la edificación, para que circulase por los alrededores el mensaje bien claro.

* * *


Ocultos por los bosques, los varios flancos del ejército se dividieron para caer con toda su furia sobre las murallas de Genki. A la retaguardia se había quedado el gigante, montado sobre el oscuro lomo de Helvoinen, esperando que la vasta tropa de Moritaka pudiera crear una apertura para ellos.

Durante el combate, desde atrás pudieron observar el ejército devorando las vidas de los soldados de Genki. Arqueros sucumbían ante el potente ataque, cayendo por las murallas, acabando con sus vidas en la gélida roca. Los terroríficos hombres de la primera armada elevaban sus voces al viento, clamando por la victoria. Tal ferviente ofensiva fue imposible de resistir para las guardias de Genki.


Ya adelantándose al ver que la batalla se había librado de acuerdo a lo planeado, Nômu llegaba al lado de Hiroki montando al negro caballo que la acompañaba.

— Por qué insisten en habitar estos lugares... — farfulló el Gigante, buscando maneras de ignorar el frío que no dejaba de colarse por la ropa. En poco encontró adelante a Hiroki, y se reunió con ella. La mujer sabía bien a dónde estaba a punto de meterse, y comandó a sus seguidores a no desviarse de sus mandatos. Debió agregar que su padre era un nefasto usuario de Ninjutsu, pero al cual podía vencerse siempre y cuando se conociera su estilo de combate.
— ¿Algo más sobre él que debamos saber? — preguntó el gigante, descendiendo de Helvoinen. Le dio unas palmadas en el lomo y éste se retiró. Para entrar a la ciudad, un enorme corcel como él no sería exactamente útil.

La vanguardia ya les había abierto paso, debían apresurarse a ingresar a la ciudadela e infiltrarse por los túneles. La enorme puerta derrocada había ya caído hecha añicos en el suelo, gracias a los esfuerzos de Moritaka y su ejército. Las fuerzas de Genki estaban divididas, puesto que los restantes frentes de los ejércitos de Tanaka los mantenían ocupados. Columnas de humo, jirones de cenizas y sombras funestas del fuego recorrían la ciudad. Ruines voces quebradas elevaban lamentos y maldiciones al níveo firmamento.
Hacia aquel escenario se dirigía la pequeña tropa de guerreros en la que Nômu se encontraba.

— Hay quienes han visto mil guerras y aún se sorprenden con la vista... — murmuró, con la vista fija en la puerta por la cual deberían pasar. No esperaron más y prestos se lanzaron a buscar los túneles por donde deberían infiltrarse.

Hiroki lideraría el camino a seguir, y el Gigante le seguiría los pasos como una sombra.





Spoiler:

inventario:

- Vanir Nasara - Espada de una mano
- Armadura + Pieles de abrigo
- Arco y flechas

stats:

• Ninjutsu: 19
• Taijutsu: 10
• Genjutsu: 0
• Velocidad: 15
• Resistencia: 20
• Fuerza: 10

referencias:

7E1818 | Nemuri

apariencia:
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por LexCreek el Dom Ago 23, 2015 10:52 pm

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Última edición por LexCreek el Mar Mar 07, 2017 8:59 pm, editado 1 vez
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Kohaku ~ el Lun Ago 24, 2015 1:39 am

La guerra siempre era la mejor expresión que se le podía dar a la muerte de muchas personas, siempre resultaba ser una de las cosas más interesantes de ver y mucho más el participar en ellas. De la misma guerra viene la evolución, de la muerte viene un nuevo comienzo, uno que cada una de esas personas presentes claramente buscaba. Kohaku, comandante del escuadrón elite. O uno de ellos… Un servidor por órdenes superiores de aquel estandarte que intentaba alzarse sobre la tierra. De aquella mujer que quería asesinar a la bestia que había condenado al mundo del hielo mismo, el manto blanco… De la nieve – Es hora de comenzar la fiesta, muchachos – Aquel hombre, cubierto en su totalidad por tiras de ropa completamente negra, con un rostro cubierto por vendas que solo dejaban ver sus ojos y su boca al moverse. Un simple kimono un tanto ajustado con otro poco más de telas en negro mismo.

Ni siquiera su más hermoso orgullo podría verse, ese carmesí de su cabello. Era momento de pasar desapercibido, era momento de ser uno más del montón pero a su vez, no demostrar ser tan insignificante como cualquier otro. La mano al cielo, cerrado en un potente puño cubierto por las mismas vendas en el rostro, le darían a entender a aquellos sesentas hombres ordenados en un círculo lo suficientemente ordenado para escuchar las palabras de su líder, uno al que admiraban por ese corazón tan frío y sanguinario que había demostrado tener en más de una ocasión – Es hora de defender los ideales de nuestra amada señora. Es hora de demostrar la lealtad que cumplimos con ella, es hora de acabar con esos obstáculos que le impiden a la dama del hielo cumplir sus metas… Llego la hora de demostrar que nuestro escuadrón es quien le ofrecerá la cabeza de ese asqueroso de Genki a nuestra señora – Un pequeño discurso, uno que llegaba a su cabeza con la voz de otro y terminaba siendo la suya misma la que era recitada – Buen trabajo – Inspirar a las masas no era un verdadero trabajo del titán, aquel hombre que tenía una estatura un poco mayor a la dama de blanco... Aquella otra comandante, con la cual compartía en aquella ocasión, su vida.

– Demuestren que pueden acabar con la asquerosidad de esta ciudad – Todo aquel que estuviese a favor de Genki iba a morir, sea bueno o malo, y sus hombres se encargarían de ello – No voy a acompañarlos esta vez…  Sun – El nombre de aquella mujer de negro y corto cabello salió de los labios del vendado hombre – Tu guiaras a mis hombres a la batalla. Si necesitas dividirlos, hazlo en dos grupos nada más… Acaben con todo lo que llegue el estandarte de Nobuya – Refiriéndose a ese tirano que había venido a asesinar. Su respuesta vino segundos después de terminar sus palabras con un pequeño “sí, señor” de aquella mujer. Apenas audible para él. Sin duda alguna, no era él quien tenía el control de su cuerpo – Bien hecho… Sin duda eres un jodido asqueroso. ¿Por qué usas mi cuerpo para inspirar a otros y no para matarlos sin piedad alguna? Tsk – Esos pensamientos internos sin duda revelaban el verdadero humor de aquella persona.

La espera era realmente molesta. Poco a poco, cada comandante se presentaba a espaldas de Hiroki, la líder que iba a guiar a todos a la verdadera batalla, donde con la fuerza de mil hombres iban a acabar con aquel asqueroso señor – Detalles, mi señora. Eso necesitamos – Y claramente, hablaba del hombre que iban a intentar asesinar… Siguiendo las palabras de aquella compañera de níveo cabello. Siempre iría detrás de ellas, siempre tendría que estar detrás de ellas.



Aclaración.:
Para que quede claro, Kohaku no es "Kohaku" en este post. Es solo un hombre del cual no se tiene nombre, pero su apodo sería Seeker. Esta cubierto en vendas en su totalidad, de pies a cabeza | Si es que eso no quedo claro más arriba | Y además lleva algunas ropas en negro, un kimono puse yo pero es por que realmente no se como describir eso que me imagine AJAJAJA | Y ehm... Bueno, el Npc este de la lluvia cuyo nombre no se cual mierda es es quien esta manipulando el cuerpo de Kohaku, por que si fuera el mismo, mataría a todos sin dudarlo (?

Espero no se molesten y si me falto algo, avísenme y lo acomodare cuando pueda. Feliz matanza, señores.
Kohaku ~
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Hiroki Nobuya el Miér Ago 26, 2015 8:43 pm

Inmiscuida por la presencia de tantos hombres trataba de conservar la calma. — Si, hay algo más. Utiliza la misma naturaleza de chakra que yo: el elemento Agua, además de ser portador del Hyōton es muy hábil con la espada. — Concluyó, esperando no escatimar en detalles.

El ataque daría comienzo de manera rápida, los estruendos de la guerra se escuchaban más fuertes. Hiroki permanecía paciente a un lado del Gigante en espera de la apertura. Y fue entonces que encontró una oportunidad, la batalla había generado columnas de humo que podrían aprovechar para entrar sin ser vistos y así evitar batallas innecesarias. La más joven fue la primera en avanzar esperando que los demás la siguiesen, y así fue.  Pasaron a un lado de los cientos de contiendas que se estaban disputando, pequeños y grandes luchadores apostándolo todo.  Era necesaria aquella victoria. La confianza depositada en los  soldados era lo único que lograba disminuir la preocupación que trataba de esconder.

Después de pasar las enormes puertas destruidas, se movían rápido y ágilmente entre el caos desatado, ignorando cualquier intento de ataque hacia su persona, esquivando con éxito cada golpe. No perdiendo el tiempo ubicó la entrada hacia los túneles teniendo cuidado para entrar en los mismos sin ver vistos, al mismo tiempo giraba la cabeza para ver sobre el hombro izquierdo las personas que lucharían a su lado, eran más que suficientes.  Con el sabor a muerte impregnado por el recorrido se detuvo a unos metros del acceso. — No tenemos mucho tiempo, esta será la última parada antes de llegar donde Genki. No esperen lo mejor, estoy segura que ya sabe de nosotros. — Habló sin vacilar para luego darse media vuelta y avanzar aún más rápido que antes.

Con paso silencioso trataba de continuar, observando con detalle cada parámetro del túnel, esperando no encontrarse con posibles sorpresas. El camino no estaba en perfecto estado, sin embargo era lo suficientemente ancho como para dejar transitar 5 ninjas en una misma hilera, mientras que el suelo y el techo eran separados por tres metros. Cada cierto trayecto las paredes que los rodeaban abrían un camino más ancho, este era en forma de cúpula, albergando un techo amplio y múltiples caminos a elegir, como era de esperarse la información adquirida gracias a su hermano menor, constructor de dichos pasadizos le era más que suficiente para saber que elección tomar.

El camino cada vez se tornaba más corto y la tensión no se hacía esperar, una vez entrasen a ese castillo la batalla de afuera sería el cielo comparado con lo que les esperaba. El túnel que usaban era cada vez más silencioso, Hiroki a medida que se acercaba disminuía la tensión para que no notasen su presencia.  Pero todo esto no serviría por una única razón…
— ¡Alto! — Ordenó de inmediato al ver una figura en medio del camino a la cual reaccionó deteniéndose. ¿Qué demonios significaba esto? ¿Acaso Genki conocía sobre los túneles? Era imposible… — Él es uno de los comandantes de mi padre. — Volvió a hablar luego de especular sobre como aquel hombre se encontraba frente a ellos. Era inimaginable una traición, y menos de Ai… El único hermano que estaba de su lado. — No sé como habrá llegado hasta aquí, pero será un retraso. Es necesario que alguno de ustedes lo detenga para que los demás podamos avanzar. — Dijo con la esperanza de que un voluntario aceptara la decisión. Como era de esperarse uno de los soldados reaccionó de inmediato, causando una apertura que aprovecharían para continuar. Antes de perderse entre las sombras del último acceso, le dedicó una mirada al valiente personaje.

Una vez desechando la inoportuna distracción volvió a tomar el rumbo. Nunca espero que el camino los llevaría hasta la salida tan rápido, tal vez era una señal. Aun así la fortuna les sonreía  puesto que aquella persona podría ser respaldada una vez terminasen con Genki. Frente a los ojos de todos una incandescente luz resplandecía al final y, a medida que acortaban distancia se hacía más clara, abriendo paso a una vista increíble; El castillo de su padre.

Hiroki Nobuya
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Jinzo el Jue Ago 27, 2015 5:21 am

El decisivo encuentro con la muerte pendía de una sola orden, y el acervo de guerra frente al colosal enfrentamiento ya afilaba sus últimos detalles para el despliegue definitivo. La batalla estaba destinada a cumplir con las formalidades de una apabullante y cruenta, digna del tamaño idealista de sus líderes, por lo que se necesitó de una armada provista de unidades y estrategias bélicas idóneas que garantizaran su seguridad y permanencia en el campo de batalla, para asegurar el triunfo liberador que todos pretendían. Entre los distintos pelotones y el rugir de los guerreros anhelantes de justicia, se encontraba el joven Kami, lánguido y escuálido comparado con las imponentes figuras de sus compañeros pero que, vestido con la indumentaria militar alusiva a la orden, lo convertía en otro guerrero más al servicio de la causa.

El fervor humano guiado por un único cometido y manifestado en constantes bramidos de motivación, significaba algo mucho más allá de las vivencias de Jinzo, a quien le correspondió confrontar esa nueva experiencia con la entereza propia de quien persigue la luz justa de la rectitud y los sueños de libertad de un pueblo – Hhhh – Fue uno de los tantos suspiros que se colaron por entre sus labios producto del más profundo nerviosismo que le producía estar entre los primeros de su batallón. Con su cabeza gacha y manos empuñadas, no pensaba en otra cosa que no fuera cumplir lo prometido – ¡Muy bien! Debemos partir – Se escuchó recio y tajante desde el frente. El comandante de su escuadra había dado la primera orden para ocupar territorio enemigo. De antemano, sabía que su nombre respondía al de Ryuta, y sería él quien guiaría el avance del ejército hasta penetrar la zona norte como se había previsto en las conversaciones preliminares.

Para mantener el orden del ejército, Jinzo tuvo que contar con el apoyo de un jinete guía para poder trasladarse en caballo al ritmo de su escuadra, pues nunca había montado uno hasta ese instante. Desde lo alto de su posición podía ver algunos rostros, muchos con miradas agudas, otros con ceños fruncidos, pero todos bajo la iracunda sensación producida por la faena enemiga. Junto con ello, varios pensamientos cruzaron su mente, y es que ya eran varios los días en los que no veía a sus padres - ¿Les causaría alguna alerta que no hubiese regresado? O simplemente ellos no han regresado a casa - Ese, y el recuerdo de Satsuki desvaneciéndose en el suelo ante los infructuosos esfuerzos para rescatarla, fueron los que más cobraron vida dentro de la mente del chico. Para aquel momento, sabía que su propósito allí estaba dominado por el agradecimiento y la búsqueda de la verdad.

Más adelantada la batalla, el trote del batallón al que pertenecía había tomado un rumbo diferente al de su homólogo, pues estaba dentro de sus directrices ganar terreno en el otro estrecho de la ciudadela para cubrir los dos flancos necesarios. Tras estar en posición y recibir el mandato crucial que definiría el primer movimiento de guerra, Jinzo tenía fijada su mirada en el mural que protegía la majestuosa estructura. En sus brazos sostenía un arco de madera ya tensado, junto a una flecha compacta en el centro que se encendía en el extremo. Había asumido el papel de arquero para el momento, confiando en su precisión y agilidad con el arma a pesar de no haber usado nunca antes una. Fue entonces que el gélido paraje fue iluminado por los cientos de flechas de puntas flameantes, las cuales se clavaron en las hendeduras de roca del gran muro para hacerlo ceder. El derrumbamiento inminente de la estructura y el posterior arribo de las fuerzas de infantería para la lucha desenfrenada contra la armada enemiga ocurrió en momentos de mucha furia y adrenalina. Poco a poco se fue ocupando terreno valioso que paulatinamente sirvió para que los arqueros se ubicaran en mejores posiciones y cubrieran el ataque aéreo enemigo. Infortunadamente, varias bajas dieron lugar ante los ojos del muchacho, quien entendía el sacrificio de la guerra desde su más palpable plaza. Buscó siempre desocupar espacios conforme sus compañeros avanzaban. Hasta que entonces decidió merodear los terrenos solitarios que se habían abierto para adentrarse más a la ciudad. Su respiración era presurosa y a la vez profunda, pero ello no impidió ser sigiloso mientras recorría el perímetro del campo de batalla que no era otro más que el de la misma ciudadela.

De camino por el cerco de roca, se encontró con otros varios arqueros enemigos, con los cuales tuvo que hacer uso de sus artes para el combate ninja y maniobrar su reciente arma adquirida, desgastando las municiones en su carcaj y recargando una que otra en el transcurso cuando tenía oportunidad. Todos cayeron frente a las ardides de sus movimientos; cada uno en medio del reconcomio titilante que producía la muerte, pero resultó herido con varios cortes no muy profundos de flechas que intentaron irrumpir en su humanidad. Sin importar mucho el impacto, ahora contaba con una posición privilegiada que le concedía un campo visual excelente, permitiéndole ver de cerca a sus compañeros y en la lejanía al otro ejército comandado por Haruko. Tras varios minutos de fuertes luchas, el avance fue apremiante para el bando rebelde. Desde su posición, un poco más dentro de la ciudad, el rastro de la batalla comenzaba a socavar la disposición de soldados enemigos, quienes aún en medio de la naciente superioridad, no desistían de blandir sus espadas en contra de los invasores.

Sin embargo, entre el vástago breve del ejército enemigo que dio lugar después, a la comandancia del norte le estaba tomando más tiempo la confrontación desde su postura, razón por la cual Jinzo asumió la tarea de infiltrarse velozmente a través de las fuerzas enemigas en movimiento hasta el extremo sur, para advertir de la concentración en el norte de pelotones enemigos. Pese a tener dificultades en el trayecto, logró contactar a un soldado aliado para que notificara el asunto y se tomaran medidas al respecto. En ese lado de la ciudad, los vestigios de la batalla comenzaban a contemplarse, fuego, polvo y humo protagonizaban el panorama sombrío al cual estaba atado el sentimiento más profundo de pánico y horror.  

Conforme se avisaba del suceso, logró divisar a unos metros de sí, las figuras emblemáticas de varios líderes que conocía desde la avanzada, introduciéndose en, lo que supuso, era el túnel que escondía el pasaje directo al castillo de Genki. Supo en ese momento que el desarrollo de la guerra estaba dando los frutos esperados, y lo manifestó en un profundo suspiro que dejó escapar el halito blanquecino de sus fauces. Tras verlos irse, decidió continuar con su labor, y una vez decidió retornar al campo de batalla, fue sorprendido con una flecha que por poco impacta en su hombro izquierdo. Se trataba de un sobreviviente enemigo que estaba escondido entre varias tiendas aisladas tratando de dar algunas bajas más. La reacción del Kami fue rápida y trazó el rumbo hacia su posición, pero cuando quiso sorprenderlo, no pudo encontrarlo entre los toldos. Al momento de dar vuelta su mirada hacia la izquierda, se percató del justo momento cuando aquel soldado se introducía en un agujero que estaba entre las paredes. Sin dudarlo, el Kami decidió seguirlo sin escatimar esfuerzo alguno para atraparlo. No obstante, aquel hombre tenía asediada la entrada del escondite, que parecía contar con suficiente espacio para poder disparar flechas, pues tuvo que esquivar algunas apenas intentó entrar – Okay, no queda de otra – Pensó el muchacho, mientras efectuaba varios sellos de mano luego de que dispusiera el arco alrededor de su torso - Futon: Juha Sho – Pronunció, y su mano apuntó hacia el agujero, expulsando de ella una fuerte ráfaga de viento azulado con efectos cortantes. Por lo uniforme del escondite, la técnica había resultado. Fue cuando decidió entrar y cerciorarse personalmente. Al entrar cauteloso, lo que descubrió no solo fue un escondite, sino lo que parecía ser un pasadizo construido a propósito – ¿Eh? – Musitó, viendo el cuerpo herido del soldado enemigo a unos metros más adelante con escasa nitidez; estaba inconsciente. Guiado por la premura de que se tratara de una vía de escape enemiga, tomó la decisión de investigar más a fondo, por lo que encendió una de sus flechas para dar mayor visibilidad a su tránsito por aquel pasaje. Indudablemente aquello estaba asociado con los varios caminos secretos que dirigían hacia un mismo punto, el Castillo de Genki, y al parecer Jinzo ahora deambulaba el mismo rumbo que aquellas personalidades, pero desde una vertiente que quizá no era sabida por todos – No creo que sea un escondite enemigo – Murmuró el Kami en medio de una diatriba consigo mismo que pronto resolvió embelesado por su curiosidad.

Elemento Viento: Palma de ola bestial (Futon: Juha Sho):
Concentrando chakra en su mano, el usuario libera una fuerte ráfaga de viento impregnada de chakra, la cual se hace visible gracias a esto. Adoptando una coloración azul. Puede generar fuertes cortes.

Spoiler:
Aclarar que el pasadizo por el cual ingresó Jinzo conecta con el mismo por donde están pasando los demás, en algún punto se cruzan, solo que Jinzo estará más retrasado que los demás. Solo me tomé esa libertad, si es incorrecta, me dicen y cambio el post.
Jinzo
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

Mensaje por Haruko Moritaka el Dom Oct 25, 2015 9:51 am

-¡Seguid, vamos, quiero ver esas puertas abiertas! Gritó Haruko, caminando a toda velocidad con todas las placas de su armadura ensangrentadas, el pelo mojado por la lluvia y el casco en su mano zurda, sosteniendo un hacha en la diestra. Aquello era un caos en la paz, pues tras haber dominado la ciudad, un cerco inmenso rodeaba las puertas del palacio, perteneciente a Genki, al que no le quedaba mucho. Se movían con gran velocidad por todas partes, pero sin estorbar en el camino de otras personas, los soldados apuntalando todo tipo de objetos para empujar y derribar los portones, mientras a su alrededor se recogían a heridos, cadáveres y los más ensangrentados, como Haruko, aprovechaban el agua de lluvia para quitar esas manchas de sangre. El ambiente no podía pecar más de frío y destruido, con una melodía tenebrosa, hasta que por la puerta abierta para el ejército de la reina, comenzaron a entrar tropas aliadas por doquier, con sus consiguientes suministros y recursos, ayudando a todo el que se cruzaban. Una sonrisa iluminó el rostro del rapado, que preparaba el casco para ponérselo al divisar las pocas estancias de fuerza restantes en las vigas de la puerta.

-Moritaka, me alegra ver como esto está dominado. Indicó un viejo general, desmontando de su equino para estrechar la mano de Haruko.

-A mi también, pero ahora hay un problema más grave. -caminaron junto a otros pocos oficiales hasta donde se empujaba el portón- Genki está atrincherado dentro, llevamos un buen rato para intentar abrirlas.

De un momento para otro, los más bravos soldados que utilizaban un improvisado y pesado ariete, lograron prácticamente partir por la mitad la puerta, derrumbando esta contra el suelo y provocando una vibración increíble. No fue sino la respuesta de los leales a Genki, con algún objeto pesado, lograron lanzar más de diez o veinte jabalinas en el mismo sentido, aniquilando a varios soldados que, por desgracia, se encontraban en la ruta de los proyectiles. Haruko ató con velocidad el casco a la cabeza y se asomó entre la pequeña barricada protectora que defendía la puerta a la máquina de asedio, o en este caso, defensa, utilizada por los guardias. Tan solo cinco de ellos aguantaban allí, y ahora, esperaban recargando su maquinaria para poder disparar otra salva, ante los indecisos soldados de la reina. No quiso esperar, se descubrió de su escondite y lanzó el hacha dando en el pecho justamente a quien recargaba, para desenvainar de nuevo el rojizo mandoble y con fiereza, rebanar el cuello de dos, atravesar a otro y asesinar con honor al último. Bajo las sangrientas alfombras del suelo, varios movimientos alteraron el pensamiento de Haruko, hasta que recordó la táctica decidida por el otro grueso del ejército y con toda su fuerza, levantó la decoración para tirarla rápidamente al otro lado del lugar. Abrió de par en par una de las trampillas del túnel, por el cual, ahora decenas de personas comenzaban a entrar.

No tardo mucho tiempo en ayudar al resto de compañeros a abrir las demás compuertas, aceptando totalmente la entrada de aliados al palacio, que en su planta aguardaba a centenares de soldados listos para asaltar la sala personal de Genki, justamente, al otro lado de un portón. Una arquitectura extraña, la verdad, un palacio de casi veinte metros de alto, con múltiples decoraciones por cada rincón, y en vez de atrincherarse en las salas de arriba, lo hacía en una colindante a la de entrada enemiga. Si sobrevivía, no sería por astucia, sino por compasión de sus rivales, pues una de las más estúpidas acciones podía haber cometido. Vio caras conocidas, como la de la reina o sus otros comandantes, que ahora, formaban una línea gigantesca alrededor del último portón, en la medida de lo posible. -Ha llegado el momento. Dijo para los soldados, Haruko, que ataba bien su yelmo y retiraba el hacha clavado en el pecho del rival anteriormente asesinado. -¡Al otro lado de la puerta está Genki, el bastardo a por el que venimos! Seguramente esté rodeado de la última élite de sus guardias, así que tened cuidado, pero recordad...la muerte no es el final. Aludió a todos los guerreros, y, utilizando su fuerza, pateó la puerta abriéndola de par en par y divisando una rica sala habitada por cuatro guardias y como no; Genki Nobuya.

-Tu fin se acerca, Genki, y hemos venido a demostrarlo. Fueron las últimas palabras de Haruko, que a un grito de batalla se abalanzó, seguido del resto, contra el primer guardia, haciendo obsoleta la sala y agudizando los ojos de un inmóvil Genki. Repelió con su circular escudo el primer ataque de su oponente y devolviendo este con el hacha, también esquivado por el rival que finalizó asestando dos golpes a la protección de cabeza, frenados al instante de nuevo por el escudo y lanzados más tarde otros dos con el hacha hacia el hombro, que con la fuerza impulsada por Haruko, terminaron de hacerle una herida grave, aunque el arrogante guardia no acabó por caer y, aún recibiendo más apuñalamientos y golpes de otros guerreros, asesinó de una sola tajada a tres leales a la reina, muriendo acto seguido por un hachazo en el cuello, proveniente de Moritaka. Y fue bastante positivo el duelo, pues de los cuatro guardias, dos muertos, uno malherido en el suelo y el otro también, aunque de pie al lado de Genki. Este, al divisar a Haruko como primero de todas las filas, cargó contra él en un ataque suicida, arramplando contra su escudo y quitando el hacha añadido también. Convertido en un cuerpo a cuerpo, el moreno perdió su casco por un golpe dejándose los nudillos del enemigo al metal, y más tarde, fue atravesado severamente por un puñal, que comenzó un desangre rápido en su vientre. No obstante, decidió no rendirse y aún sujetando con su diestra el agujero en la armadura del que no cesaba la salida de sangre, retiró con velocidad la daga de su cinturón a la mano de la izquierda y la clavó repetidas veces en el pecho, vientre y cuello del guardia, que planeaba perpetrar un ataque sin éxito, falleciendo al instante a los pies de Haruko. Podía sentir el dolor, aquella atravesada en su estómago, que volvía a manchar la laminada armadura con una caldeada sangre similar al vino, ahora poblando la mano de Haruko y el propio suelo, lugar en el que terminó por derrumbarse, aún vivo, tras esta puñalada. Sentado de rodillas, desató el pañuelo de su brazalete, ante la presencia de todos, y lo introdujo por debajo de la armadura en la zona de la hemorragia, intentando frenar esta. Con sumo cuidado y lentitud se levantó y tomó de nuevo la daga y el hacha del guardia asesinado, colocándose en posición defensiva hacia Genki, tambaleándose ligeramente, le miró a los ojos. -Mereces la muerte por esto. Dijo, y se preparó para el último combate, que gracias a dios, con seguridad acabaría bien.
Haruko Moritaka
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Re: ❈ The Frost Conspiracy { Primer Tema de batalla }

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