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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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La enfermedad. Misión Rango D.

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La enfermedad. Misión Rango D.

Mensaje por Eto el Sáb Jun 13, 2015 3:37 am

El ruido de la porcelana chocando contra el suelo y quebrándose. El sonido de una puerta desplomándose, sacada de sus goznes, por medio de fuertes y continuos golpes. Los gritos de aquel hombre que al mismo tiempo supuraba espuma blanca por la boca mientras que atacaba a toda pobre alma que se cruzaba en su camino; ni siquiera las mujeres embarazadas, los infantes o los ancianos se salvaban de las arremetidas de aquel pobre infeliz. Al parecer nadie podía detenerlo…o quizás no querían hacer lo necesario.
En la Capital del País de la Nieve, hacía ya varias semanas, se había desatado el brote de un mortal virus. Los síntomas eran desde altas temperaturas, entre otros síntomas, hasta llegar al fatídico final que le aguarda a todo mortal. Y no es que esto le importase mucho a Eto, pero ya que habían ofrecido una suma considerable de dinero —que por cierto ella necesitaba— y que además había escuchado un nombre que le llamó la atención, que se sospechaba era el causante de las desgracias que allí ocurrían, decidió tomar cartas en el asunto.
Por supuesto ella se encontraba en el lugar de los hechos, exactamente donde ocurría todo aquel alboroto. Estaba sentada sobre un tejado, las piernas colgando fuera del mismo a la vez que las balanceaba. Mientras hacía esto, despreocupadamente tarareaba una melodía infantil; el esbozo de una sonrisa podía notarse tras el vendaje de su rostro. ¿Aquello realmente le divertía? ¿Ver el sufrimiento, desesperanza y angustia de las personas, sobretodo el de los familiares de aquel ser moribundo? Pues viniendo de Eto no era un comportamiento del todo raro.
Se incorporó en el tejado para bajar hacia las calles, aunque no sin antes de haber sacudido la parte trasera de su amada capa. Dio un potente salto hasta llegar al punto en el que se encontraba aquel hombre, más o menos unos cuatro metros de distancia; se había posicionado delante de él.
Hola. —Para impresión de la conglomeración de gente que allí estaba, Eto había saludado al enfermo como si nada, con una sonrisa y agitando la mano derecha amistosamente.
Te destruiré, maldito demonio —gritó aquel hombre, lanzando un golpe hacia el rostro de Eto—. No te llevarás mi alma.
Eto había recibido de lleno aquel golpe, y cayó al suelo estrepitosamente. Se levantó, quedando arrodillada en el piso, y lo que sucedió a continuación dejó más que boquiabierto a los pobladores. La Damisela Vendada se había echado a llorar desconsoladamente, producto del impacto que había recibido en rostro.
Buaaaaaaa, eres un hombre muy malo —dijo entre llantos—. Mamáaaaa, quiero a mi mamá
¿Pero qué demonios pasa con esa niña? —Decían los pobladores—. Pensaba que era una Kunoichi y resultó ser una mocosa llorona.
Pero Eto hacía caso omiso de estos comentarios. Ella seguía llorando, afligida, tirada en la fría nieve. Sin embargo, aquel teatro terminaría pronto. Una vez más aquel hombre arremetería en contra de ella.
¿Mami? —De pronto Eto había dejado de llorar; y antes de que aquel hombre lograra acertarle otro puñetazo, ella había acomodado su posición, de manera que quedó en una posición flexionada para luego impulsarse hacia adelante, en dirección de aquel sujeto y al mismo tiempo esquivando el ataque de aquel miserable. En su mano diestra sostenía un objeto filoso, con el cual cortó sin piedad la yugular del enfermo. Éste dio un par de pasos antes de caer sobre la nieve y teñirla de carmín. La gente de alrededor quedó horrorizada frente a semejante acto—. Ji, ji —dijo la fémina entre risas—, así dejará de molestar
Por supuesto aquello no fue tomado del todo bien entre los aldeanos, menos cuando reaccionaron. Estos comenzaron a arrojarle piedras y todo objeto contundente que hubiese en el suelo a Eto, quien los esquivaba con facilidad mientras les hacía señas obscenas a los pobladores; obviamente esto los enfurecía aún más.
Lárgate de una buena vez, tú, egendro. —Y tras esto La Damisela Vendada dio un gran salto hacia arriba, para salir del tumulto y posarse sobre un tejado de una las casas cercanas. Estando montada ahí ninguna de las piedras y objetos lanzados por lo aldeanos podía darle alcance.  Eto se les quedó mirando fijamente, el silencio que reinó durante esos segundos fue realmente tétrico. Algunos de los pobladores incluso pensaron que serían exterminados ahí mismo; no obstante, una vez más el extraño comportamiento de Eto los dejaría fríos y confusos.
Fue divertido conocerlos —dijo, mientras juntaba sus manos para realizar un sello—. Espero que para la próxima tengan chocolates para mí. —Y tras estas últimas palabras, totalmente desubicadas, desapareció del lugar, dejando tras ella una estela de humo.


¿Es que acaso estás demente? —Gruñó el Jefe de la Guardia—. Se supone que en esta misión debes defender la vida de las personas, no sesgarlas.
Eto se encontraba en la silla que quedaba frente al escritorio de aquel imponente hombre de piel morena. El mismo daba vueltas por su oficina mientras que ella parecía apenas escuchar lo que él le decía. Se reclinaba en el asiento, parecía más bien divagar entre sus pensamientos. Aquello solo acrecentaba la rabia del Capitán de la Fuerza Militar de la Capital del País de La Nieve; no obstante, Eto no tardó mucho en contestarle: —¿Qué problema hay en que lo haya asesinado —dejó escapar una corta y aguda risita—. De igual forma iba a morir, ¿no es así?
Bueno si, pe, pe… —Frente a la actitud de La Damisela Vendada, aquel coloso solo logró tartamudear.
Ji, Ji —dijo Eto entre risas—, pero nada. Todos hemos de morir, tarde o temprano, sea por un enfermedad, por un accidente o porque confrontamos  indebidamente a alguien más poderoso que nosotros. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Qué hay de malo de que haya terminado con el sufrimiento de ese hombre? Más bien deberían agradecérmelo. Le ahorré más sufrimiento de por el cual había ya pasado.—Se reclinó aún más en la silla y dejó escapar una suave risita—. Oiga, oiga, ¿es cierto que el nombre de quien está causando supuestamente todo esto es Koga?
Bueno —estaba claro que el Capitán de la Guardia aún esta perplejo por el extraño comportamiento de Eto—…eso es lo que dicen los rumores. ¿Acaso tiene importancia alguna?
Nada que a usted le incumba —contestó la fémina, agitando la mano derecha con desdén.
Insolente, hija de p… —la vena de la sien del moreno se había hecho más grande, pero antes de que pudiese terminar la frase, fue interrumpido abruptamente por Eto—. Shhh, shhh, no hace falta ponernos groseros. —Sonrío—. Además, seré yo quien les resolveré su pequeño problemita. — Y haciendo gala de su falta de modales, tomó la bolsa de ryous que había en la mesa, sin siquiera haber cumplido con el trabajo aún. El Capitán de la Guardia se resignó a decirle algo, ya que vio que no había nada que hacer con alguien como Eto. Solo se le quedó mirando, algo perplejo, mientras que ella se alejaba de su oficina dando saltos y tarareando nuevamente una melodía infantil.


Ahora bien, se suponía que el presunto autor de aquellas desgracias se encontraba en las afuera de La Capital del País de La Nieve, según la información que le habían brindado en el Cuartel de la Guardia… “Son tan inútiles como las tetas de un hombre”, pensó Eto, quien se encontraba en el exterior de la localidad. En toda dirección que observara había formaciones montañosas. Era como buscar una aguja en un pajar. Aquel hombre fácilmente podía esconderse en cualquier cueva que hubiera en aquellas montañas. No obstante, también era lógico que no debía estar muy lejos.
Ponerse a buscar por sus propios medios iba ser una pérdida de tiempo, al igual que mandar a sus insectos. Sin embargo, sus habilidades no se limitaban en solo poder a manipular aquellas maravillosas criaturas como lo eran los Kikaichus, sino que también podía sacar información de aquellos insectos capaces de sobrevivir en aquel clima tan austero.
Witzy, Witzy araña tejió su telaraña —y mientras entonaba aquella ridícula canción, acompañada de una risita infantil, realizó el sello del carnero con sus manos para luego posar su diestra en la superficie nevada—, vino la nieve y se la llevó, ji, ji.
Una red de chakra se había liberado de la extremidad de la Aburame, y casi al instante al menos una decena de cucarachas se habían acercado hasta donde ella estaba. Cucarachas, ciertamente la peor plaga para la humanidad. Pero dado a la resistencia de estas alimañas, por su capacidad de adaptarse a casi cualquier condición, quizás eran los mejores informantes con las que podía contar Eto en la mayoría de las regiones.
Muchas gracias, mis amores —su voz era tierna y llena de gratitud, lo que hacía muestra del aprecio que ella sentía por los insectos—. Les pediría que fueran conmigo, pero seguro será una situación peligrosa. Prometo que las buscaré de nuevo y les traeré un festín de la Capital.
Y así sus informantes desaparecieron, ocultándose entre la nieve. Le habían dicho que la persona que estaba buscando posiblemente se encontraba en una cueva al noroeste de allí, a unos cinco kilómetros de distancia. Parecía ser que por esos lares ni siquiera los insectos se acercaban. Una energía maligna parecía brotar desde interior de aquella guarida.
Bueno, como dicen: “Al mal paso hay que darle prisa” —murmuró mientras se ajustaba un poco la capa—. ¿Mal paso? —Dejó escapar una suave risita—. No, creo que será una experiencia divertida, ji, ji. Me pregunto si ese hombre tendrá miedo de morir.


Entonces se encaminó hacia el lugar que le fue descrito. A pesar de la implacable y fría ventisca, Eto iba saltando sobre la nieve —había concentrado chakra en sus pies para no hundirse en ella— de lo más feliz. Al parecer se había acostumbrado al clima de aquella región, o talvez sería por la capa que aquel castaño le había obsequiado en tan extraño encuentro. La calidez de aquella prenda realmente era reconfortante.
Mientras divagaba entre sus pensamientos —si alguna vez en su vida Eto pensaba en algo— no se había dado cuenta que ya estaba en las cercanías de la caverna que le fue descrita, y era cierto, una energía maligna se desprendía de aquel lugar. A pesar de no ser una kunoichi del tipo sensorial, aquel mal mojo lo podía sentir incluso estando a medio kilómetro de la cueva.
Parece que hemos llegado ya —murmuró—. Bien, hora de hacer nuestro trabajo, ¿no creen, mis amigos?
Silenciosamente comenzó a transitar por la nieve. La concentración de chakra en sus pies y su ligereza le permitían casi no proferir algún sonido tras cada paso. Cuando ya se encontraba a diez metros de la caverna, se pegó a la fría pared rocosa de la montaña; y mientras realizaba esta acción, una parte de sus pequeños acompañantes comenzaron a desplazarse verticalmente por la pared para luego traspasar el umbral de la cueva. Los mismos servirían de informante para la Damisela Vendada en caso de que existiera algún peligro desde la entrada.
Nada pasó. La Aburame había ingresado a la guarida sin problema alguno. Estando dentro centenares de Kikaichus salieron de su cuerpo. Aquella caverna era realmente amplia, y peor aún, profunda. No podía saber qué clase de peligros le aguardaban ahí dentro, pero gracias a sus insectos, que se desplazaban entre la sombras de aquel sitio, por las paredes, por el techo y por el suelo también, podría decirse que tenía cubierto todos los puntos por donde podría ser sorprendida. Una vez más sus zánganos le protegían formando un perímetro alrededor de ella, y manteniendo una distancia de treinta metros.


Estuvo caminando como por media hora dentro de esa cueva. Eto ya comenzaba a preguntarse por cuánto más estaría así. “Esto ya se torna aburrido”. Pensó la fémina. “Sería mejor si me fugo con los ryous. Un enemigo más, un enemigo menos, no hace mucha diferencia en mi vida”. Estaba a punto en verdad de dar media vuelta y marcharse, cuando notó que a pocos metros delante de ella una especie de pendiente se formaba. La misma iba hacia abajo, al parecer hacia el corazón de la caverna. Los insectos de La Damisela Vendada estaban algo alterados, al parecer una cantidad considerable de chakra provenía desde abajo. Los kikaichus iban a darse un buen banquete. Esto hizo que Eto se pusiera de muy buen humor, más que el de costumbre.


Concentrando chakra en sus pies para amortiguar lo mejor posible el sonido de sus pasos sobre la superficie rocosa de la cueva, Eto comenzó a desplazarse rápidamente por la pendiente. En cuestión de pocos minutos había llegado a un tipo de recinto circular, en el cual había un sujeto sentado en posición india y manteniendo un sello con sus manos. Eto, al notar esto, se había ocultado rápidamente tras una gruesa estalagmita. Los insectos que la estaban acompañando comenzaron a rodear el recinto, y gracias a sus dimensiones y capacidad de no hacer ruido al moverse, quizás aquel hombre no había notado la presencia de La Aburame. No obstante, las cosas salieron del todo bien.
Se que estás ahí —la voz del hombre hizo eco en el lugar—. No hace falta que te escondas de mí, Eto, puedo reconocer tu chakra en cualquier lugar.
Ella reconocía aquella voz. Y cuando aquel sujeto se levantó y dio media vuelta para mirar hacia donde Eto pretendía ocultarse, no le quedó duda alguna de quien era: El viejo Koga, uno de los sirvientes de quien había sido su captor y quien “pulió” las habilidades médicas de la fémina. Al parecer no había perdido la vieja maña de crear un caos en ciertas localidades con alguna extraña enfermedad para luego aparecer con una cura milagrosa y así recibir ingresos monetarios. A Eto aquello le parecía de lo más divertido, en realidad no la pasaba tan mal cuando estaba con aquel hombre. Sin embargo, para ella eso no significaba absolutamente nada ahora. Estaba ahí por trabajo.
Antes de asesinarte —y dijo aquello sin el menor ápice de sentimiento—, dime en donde está Kuroi.
Por un momento Koga se mantuvo callado, como un témpano de hielo frente a la actitud que mostraba Eto. Ella siempre había sido cercano a él, y ahora, como si nada, a pesar que era quien mejor la trataba, había decidido aniquilarlo. No obstante, y a pesar de su edad, el lado guerrero de aquel hombre había despertado; también podía comprender las razones de Eto, o eso creía él.
No sé qué ha sucedido contigo, Eto —contestó Koga, mientras adoptaba una posición defensiva, listo para combatir—. Pero recuerda que fui yo quien te enseñó la mayoría de las cosas que sabes hoy en día. Por otra parte puedo comprender tus intenciones, y te diré desde ahora que no sé nada de él desde que la banda fue disuelta.
¿Intenciones? —Eto ladeó la cabeza como un pajarito—. No, querido Koga, no hay intención alguna al querer asesinarte. —Dejó escapar una suave e infantil risita—. Solo lo hago por trabajo.
Y así comenzó la batalla. Eto sabía que, a pesar de la edad, Koga debía contar aún con buenas habilidades para pelear. Subestimarlo sería un error garrafal. Había aprovechado aquel momento en que hablaban para liberar a miles de sus insectos, que ahora se habían diseminado por el recinto y se mantenían ocultos entre las sombras del mismo esperando la órdenes de La Damisela Vendada. Al parecer Koga no tenía conocimiento de las habilidades que tenía Eto con estas alimañas, y eso era normal, Kuroi mantenía esto muy en secreto.
Entonces Eto se lanzó frontalmente hacia su adversario, no sin antes lanzar un par de cuchillas kunays, apuntando a la cabeza y corazón de aquel desdichado. Por su puesto para Koga esquivar aquello fue sencillo, había dado un salto hacia la derecha y terminó a medio metro de una estalagmita de aproximadamente dos metros y medios de altura.
Tsch —dijo el anciano—. ¿Y con ese bajo nivel pretendes derrotarme?.
Eto se había movido rápidamente, sorprendiendo a Koga, quien se encontraba a unos escasos diez metros de ella. Ahora lo tenía casi frente a frente, había dado un potente salto hacia adelante, acompañado de un giro, para propinarle una fuerte patada en la mejilla derecha. El octogenario se había agachado y dio un salto hacia atrás. La Damisela Vendada volvió a tocar la superficie rocosa, y una vez más se lanzó al ataque, para intentar malograr a su “mentor”. Éste comenzó a correr lateralmente hacia la izquierda.
¿Derrotarte? —Contestó Eto, mientras sonreía y seguía a su presa—. Querido Koga, te informé que he venido a aniquilarte, ji, ji.
Entonces lanzó un golpe frontal, atacando el rostro del anciano. Éste lo bloqueó con facilidad, pero pronto sería asediado por varios golpes provenientes de la fémina. No obstante, sus ataques eran muy básico y bloqueados por Koga con facilidad. Pero a pesar de estar fallando todos sus ataques, Eto sonreía. Su plan estaba a punto de estar listo.
¡Eres una ilusa! —Gruño el octogenario. Y tomando por el brazo derecho a Eto, tras ésta haber lanzado un último ataque, Koga la golpeó en la boca del estómago, dejándola desprovista de aliento, y tras esto dio medio giro y le propinó una buena patada en centro de pecho, que la mandó a rodar unos siete metros hasta encontrarse con una estalagmita—. Es hora de acabar con esto.


Koga había realizado unos sellos con sus manos. Eto conocía muy bien aquellos signos. De no haber sido por el plan que había esbozado desde el comienzo seguramente su cabeza en aquellos instantes estaría volando por los aires, pero antes de que el anciano moviera un músculo, una réplica de Eto había aparecido a sus espaldas.
Por supuesto que el octogenario notó la presencia de la réplica de la fémina, que apenas estaba comenzando a incorporarse después de haber recibido aquellos dos fuertes impactos. Él había atacado al clon con su bisturí de chakra, creyendo que al cortarlo el mismo se desvanecería como el resto copias; no obstante, Koga se llevaría una desagradable sorpresa.
Ciertamente la cabeza del clon se separó del cuerpo, pero la misma no desapareció. Se quedó flotando, mientras que el cuerpo de la réplica se transformaba en centenares de insectos que se abalanzaron contra el cuerpo del anciano. Los mismos comenzaron a cubrir su brazo, haciendo que perdiera el control de su bisturí de chakra.
¿Q…qué diablos es esto? —Le dijo a Eto, consternado—. ¡Quítalos, quítalos, mi chakra, ¿qué me haces?!.
¿Quitarlos? —Replicó La Aburame—. Pero si apenas el banquete comienza.
Y tras decir esto les dio la orden a los insectos que aguardaban en las sombras de aquel sector de la caverna para que atacaran a Koga. Eto había distraído a su adversario con aquellos ataques mientras que estos comenzaban a cerrar cada vez más el círculo, dejándolo con menos espacio. Pronto el octogenario se vería envuelto por aquel hambriento enjambre, quienes frenéticamente comenzaron a devorar su chakra.
Vamos, vamos, resiste un poco más, ju, ju. No mueras, no mueras, no mueras tan pronto. Vamos mis pequeños, coman, coman, nútranse para sus nuevas generaciones. No mueras, no mueras aún. —Como siempre Eto disfrutaba de aquella escena. Cada espasmo de sus víctimas, escuchar el gozo de sus kikaichus al ir matando a su presa poco a poco le parecía una experiencia única con cada persona. Y Koga al parecer tenía unas reservas altas de chakra, a pesar de haber perdido un poco el espíritu de batalla dado a su edad.
Pasó una cantidad considerable de segundos, casi un minuto, antes de que la lucha de aquel sujeto culminara. Ahora Koga yacía inmóvil en el suelo de aquella caverna, y por supuesto Eto dejaría que el cadáver se pudriera ahí, no tenía intenciones de recogerlo y enterrarlo a pesar de lo bueno que él había sido con ella.
Trabajo culminado —Y tras decir esto Eto decidió abandonar la cueva. La mayoría de sus kikaichus regresaron a su cuerpo; no obstante, y ya que siempre desconfiaba, dejó a varios de estos vigilando los alrededores —usándolos como radares que se desplazaban al compás de ella— mientras que abandonaba el lugar. ¿A cuál sitio iría ahora? Solo el destino tenía previsto esto. A pesar de estar durante una buena temporada en el País de las Nieves, su destino al parecer era la de llevar una vida de nómada, ya que nadie la aceptaba en ninguna parte—. A la rueda, rueda, de pan y canela… —Este quizás fue el último sonido que se escucharía por mucho tiempo dentro de aquella caverna, aquella canción tan ridícula.

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Habilidad Pasiva:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Acciones:
Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de diversión. Su poder de ataque está directamente relacionado con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de tres golpes antes de deshacerse. Dos clones en Genin, uno adicional por cada rango obtenido.
Eto
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