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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Entrenamiento Sousuke Aizen

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Entrenamiento Sousuke Aizen

Mensaje por Sousuke Aizen el Vie Nov 27, 2015 5:32 am




Allí estaba Sousuke, en el campo totalmente solo. Sousuke sabía que si no practicaba sus puntos débiles pronto sería derrotado, por lo que éste se tomó un tiempo libre antes de presentarse ante su primera misión, siendo ésta la oportunidad para demostrar todo lo que era capaz, aunque no pensaba nada más en aquello, estaba más centrado en tener un destino, ser alguien importante.
Su mirada era lo que reflejaba lo que había en su alma: Su alma estaba llena de oscuridad pero una oscuridad calma.
Miró al cielo y sintió como éste le limitaba, sentía que su límite era el cielo, cielo que todos creen benevolente, sinónimo de belleza y de bienestar, aunque para Sousuke no era así, era un límite, como si el mundo se tratase de una gran esfera donde todos están encerrados condenados a convivir unos con otros, compartiendo la luz que el discípulo de la oscuridad tanto repudiaba, repudiaba la vida como todos las conocen, él estaba allí para cometer su destino.

Más que pronto se dispuso a meditar, era algo que hacia su madre (Dan'atsu) cuando era pequeño y eso al parecer la tranquilizaba, años después Sousuke lo hace intentando mejorar el control del chakra. Caminó hacia el centro del gran campo, se sentó en una posición típica para la meditación, aunque dejaba su espalda recta y su cuerpo alerta. Parecía que Sousuke no tuviera vida, una total marioneta o, mejor, un fantasma. Su Chakra empezaba con un control equilibrado, extendiendo éste por las distintas extensiones de su cuerpo, soltando flujos intermitentes para probar como su cuerpo tomaba tal estímulo. Para Sousuke lo que hacía ahora era algo nuevo, no estaba acostumbrado a lo quieto, él siempre vivía moviéndose y adaptándose a la zona donde se desenvolvía.

Pensar en Dan'atsu hacía que su flujo de Chakra tomara mejor forma, que mejorara, la seguridad en sí mismo y la voluntad de éste se veían fuertemente influenciados por Dan'atsu; aunque su madre vivía en su memoria no podía representarla, no podía abrazarla de nuevo.
Volvió a concentrar todo su Chakra en el centro, intentando moldearle a como quería, su elemento Viento necesitaba de naturalidad y libertad. Dibujaba una hoja cortante en su mente, ese debía ser el resultado final y como lo propuso, se detuvo para practicar.

Se levantó y pronto ya el chakra estaba preparado para su expulsión en forma de aire, cerró sus ojos nuevamente e imaginó oponentes, algo que siempre tenía en cuenta era que «el peor enemigo es uno mismo», y tenía razón quien quiera que fuera el autor de esas palabras, Sousuke sabía que su peor enemigo era él mismo, era el único que conocía sus debilidades y cómo explotarlas al máximo. Pronto ya estaba rodeado de Sousuke imaginarios: Con la cabeza baja, ojos sin brillos, inexpresivos e inmóviles. Así se veía Sousuke, así era como él tenía su presencia en el mundo y era todo lo que quería.

La primera prueba consistía en hacer unos de los primeros Jutsus que le habían enseñado: Fūton: Shinkūgyoku. Hizo la movidas de mano pertinente y tomó una gran cantidad de aire para luego colocarle de su moldeado chakra para hacer aquel jutsu de viento teniendo como objetivo el primer clon imaginario que de inmediato se empezó a mover, se acercó con rapidez y expulso aquel aire convirtiéndose en una bala de 10 centímetros: Para ser su primer jutsu iba bastante bien. Al ser impactado el clon imaginario no pudo faltar aquella sangre, era como se representaba todo en su cabeza. Observó que se acercaban otros dos clones, de igual forma tomó más aire y le inyectó su chakra de una manera más eficaz, ya le tomaba el truco y pronto lo dejaría en la cara de su objetivo acertando una bala de un tamaño superior a 15 centímetros.

Ya había eliminado a dos de sus personajes producto imaginario de su mente. Sus ojos brillaron otra por un breve instante antes de intentar la técnica una vez más, tomó aire y de nuevo moldeó su chakra pero está vez de una manera mejor: Al soltarla pudo generar una bala perfecta de unos 25 centímetros aproximadamente que despedazó el estómago de su clon imaginario y fue a parar a unos de los blancos que tenía aquella área de entrenamientos; pudo hacer cortes y tuvo una penetración leve aunque el daño a una persona normal fuera sido considerable. Si alguien fuera estado allí mientras lanzaba el montón de jutsus de ese estilo, fuera salido herida, aunque no era intencional, él sólo batallaba con los productos de su imaginación. De nuevo moldearía su chakra, pero no para la misma técnica. Probaría con otra, pero ésta vez sin los clones que le reproducía su padre, quería tener una concentración plena en lo que hacía, aunque fuera buen juego lo que hacía, sin embargo, él no disfrutaba de la diversión.

Hizo los sellos pertinentes con gran velocidad. Pronto moldeó el chakra en sus manos y se dispuso a soltar aquel Jutsu mientras decía las palabras: — Futon: Juha Sho —. Salió una ráfaga de aire de un empuje considerable que echó para atrás a Sousuke sin dejar de pisar el suelo, levantó polvo e hizo ralladuras en un tronco cercano. No se esperaba tal cosa, sólo frunció el entrecejo antes de volver a intentarlo. La ráfaga hacía sido de un metro de ancho y dos de largo, eso fue lo que calculó él. De nuevo el movimiento de manos y con éste el moldeo del chakra: Ésta vez no dijo ninguna palabra, se mantuvo concentrado hasta el momento del Jutsu. Ahora el empuje había sido más fuerte ya que al tronco no ceder, empujaba a Sousuke. Las ralladuras fueron más profundas, tanto que logró sacar astillas y rasgar la pintura de ésta. Sousuke pensó inmediatamente en las utilidades del jutsu en un ambiente general.

De nuevo, por tercera vez practicaba el más reciente jutsu, ésta vez intentaría algo nuevo. Pudo fabricar una serie de trampas que tendrían como objetivo disparar agujas ninjas en dirección a Sousuke. Las trampas estaban de frente, eran tres y cada una dispararía dos agujas ninjas al activarse. Se tomaba en serio sus entrenamientos, y si eso era clavarse Kunai’s o agujas, lo haría sin titubear, aunque su resistencia estaba bien pero no era la mejor pero gracias a su clan podía tener aún más resistencia de la que deseaba. Respiró profundo y volvió a calibrar su chakra en sus manos, ahora en ambas. Se preparó para sentir como el poder le daba una sensación similar a una quemadura muy leve, ese cosquilleo en sus manos era porque sus puntos de chakra no estaban acostumbrados a retribuir con tal velocidad y sin descanso todo aquello que él hacía por primera vez.

Hizo el movimiento de manos para llevar la habilidad acabo, colocó sus manos al frente y gritó el nombre de la habilidad: — ¡Futon: Juha Sho!—. De lo concentrado que estaba había olvidado la otra técnica y aun con el chakra concentrado dijo, —Fūton: Reppūshō—. Más que pronto de sus manos salieron al unísono una sola gran ráfaga de viento puro que pudo desviar las seis agujas ninjas que se aproximaban hacía él, ninguna dio en él y se sentía realizado al poder aprender otra técnica, aunque era sólo el principio para aquello que tanto anhelaba. Se iba a superar una y otra vez hasta quedarse sin vida. Sus manos ardían, sólo un poco para él, pero aquel sobreesfuerzo no le importó en lo absoluto, por lo que volvió al entrenamiento.

Sousuke recordo como su padre ingeria una espada de un gran tamaño para guardarla "Luego quizas la necesite, no?", agarro de la manga escondida (10) senbons y se los metio directamente en la boca. Concentro una parte de su chakra en la garganta al despositarlos y penso: Ninpo Kakusareta buki , y estas salieron disparando hacia un árbol cercano.

"Quizas las necesitare luego".. no es asi?

Camino hacia al arbol y las volvio a ingerir, vio sus brazos.. sus brazos que podian convertirse en mas... ser mas poderosos, inhalo fuertemente y los impregno de chakra, exhalo e inhalo lo mas lento que pudo y cuando se sintio a gusto penso: Karada no hebi no jutsu. Sus dedos comenzaron a convertirse en serpientes blancas de mediano tamaño, estas lanzaban pequeñas mordidas pero aun no eran letales... aun no lo eran, se concentro de vuelta inhalo y expulso el aire acumulado en sus pulmones. Visualizo en su mente unas grandes serpientes que podian emerger de sus brazos, tan fuertes y venenosas que harian a su padre orgulleser, acumulo chakra en sus brazos y cerro los ojos en un momento y menciono: Karada no hebi no jutsu; rapidamente sus brazos comenzaron a tomar forma de serpiente primero la cabeza y luego el cuerpo, tan largas que pasaban del suelo y se recostaban en el piso.
Sousuke al abrir los ojos sonrio y volvio sus brazos a la normalidad, sentia el poder del clan emerger de su cuerpo.. su alma y sentir a su madre acompañandolo.

Algo cansado cerró sus ojos para nuevamente meditar, concentrando su chakra en su centro y así poder moldearle. Puso toda su concentración en no malgastar el chakra y moverlo por todos sus puntos. Su concentración estuvo hasta que escuchó una explosión a la lejanía, pero estaba tan concentrado que lo escuchó y justo en ese momento apareció entre las malezas una serpiente blanca con unos ojos amarillos intimidantes.

¿Qué harás por aquí pequeña?

Solamente ver que harás cuando te enteres.
¿De qué?

Y la serpiente huyó entre las malezas… a esconderse?  Sousuke desconocía el para qué.

Concentro su chakra en su mano y dijo Kaze no Yaiba: Hizo el sello con rapidez para moldear su chakra y realizar aquella técnica. Correría inmediatamente a uno de los arboles cercanos y descargaría aquella habilidad en él, haciendo un corte en forma de “X” ya que fue la forma con la que dirigió su ataque, saltaron astillas y pedazo de corteza por el corte, siendo rápido y limpio. Se había dado cuenta de su habilidad y que en pocas horas mejoraría tanto, su cabeza empezó a doler, se había excedido con tanto entrenamiento, su cantidad de chakra había quedado por debajo de la mitad. Pronto se iría caminando hacía la aldea, su semblante sereno y tranquilo no cambió aunque sus manos dolían bastante; pero si eso significaba el alcance para un mayor nivel de poder, lo haría sin dudar. Por ahora en lo que debía pensar era en las misiones que se propondría para ganar Sousuke, eso no era de obviedad, debía conseguir Sousuke ya que eso significaba mejor equipo y mejores oportunidades.

Cuando llegó a su cabaña desolada en una de las esquinas de la aldea que estaban casi deshabitada, era su lugar perfecto; no habían chicos que gritaban y demás cuestiones que se presentan en lugares con población elevada. A Sousuke se le notaba que no le gustaban las personas. Se quitó toda aquella ropa y se dispuso a meditar, a hablar con él mismo y a recuperar aquel chakra perdido; totalmente tranquilo estaba, respirando con tranquilidad, equilibrando sus fuerzas para poder usarlas en otro momento. El ardor en sus manos demostraba que había mucho poder por delante y que no iba a descansar hasta alcanzarlo. Por ahora estaría tranquilo, paciente como las arañas; esperando que alguna presa caiga en sus redes. En su mente tenía una variedad casi inacabable de planes; él era el mismísimo resultado del silencio. Ese silencio le rodeaba, como si fuera un imán, y eso lo mantenía con vida, la soledad, la oscuridad y el mismo silencio que lo vio nacer ahora como es.
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Re: Entrenamiento Sousuke Aizen

Mensaje por Sousuke Aizen el Sáb Nov 28, 2015 5:31 pm




Era un nuevo día, en plena mañana se encontraba Aizen por los caminos del campo cerca de la aldea, al parecer había “simpatizado” con una señora y sus cultivos de fresas por lo que se volvió un cliente habitual al ya tener Aizen con qué sustentarse. De vez en cuando Aizen le robaba algunas fresas pero era porque no tenía dinero, ahora que tenía algo podría agasajarse con las fresas. Sin embargo, Aizen no tenía esa culpa, no sufría de eso, quizás se le debería de clasificar como un sinvergüenza. De igual manera, se había encargado de borrar toda pista y de ser lo más cauteloso posible, era en lo único “no serio” donde utilizaba sus habilidades, habilidades que sobresalían mucho a pesar de ser un simple Gennin, que no lo era, pero así todo el mundo clasificaba cosa que impedía seguir más allá de sus habilidades, superarse. Tras una corta conversación ya una serie da palabras que intercambiaron, Se fue pensativo, ya que sus errores que eran pocos habían sido catastróficos para su vida; aunque con la ayuda de su padre no tuvo más problemas con sus decisiones. Suspiró y guio su mirada hacía el sol de la mañana: Estaba opaco, aquel clima presentaba una vestidura ligera de nubes, aunque éstas cubrían casi todo el cielo. Pronto y con ganas de superarse en todo sentido, se elevó arriba de una de las casas, observando de nuevo como cielo como se aclaraba con el pasar del tiempo. La verdad era que, Aizen no tenía ni la más remota idea de qué horas era, no era de su importancia, además de que no era necesario para vivir y él así lo tomaba, como algo totalmente innecesario ignorándolo siempre. Como calentamiento inicial sólo se dispuso a mover desde la cabeza hacía los pies: La cabeza de lado a lado, arriba hacia abajo; los hombros y seguidamente el torso; para terminar las piernas, y lo mejor que hacia ese calentamiento era mejorar su equilibrio ya que todo lo hizo parado de un pie en uno de los techos de un casa: En esos sobresalientes que tienen. Suspiró y en un parpadear se desplazó de techo en techo, para las personas en los campos, aquellas personas sin atención directa en él sólo veían un destello o una simple silueta moverse de entre techos, una simple sombra deslizándose por los caminos, aquellos caminos de tierra de la aldea. Para Aizen moverse a esa velocidad le dejaba una visión más lenta del mundo, un poco más lenta; no era demasiada la diferencia pero esa diferencia era disfrutada por él, tanto silencioso como detallista; un comportamiento idóneo para un espía y de igual manera para un líder: El descifrar patrones era de vital importancia para un líder como tal, ya que, en un simple desliz, el objetivo puede decir adiós a su vida, y de la manera más sangrienta si llegaba a molestarlo con algo o simplemente ser alguien que no le agradaba, hay mucha gente malvada en el mundo… él no quería ser parte de ellos pero tampoco iba a sonreírle a todas las personas que encontrara. Corriendo como lo estaba haciendo volvió a un campo de entrenamiento cerca de su casa, en el correr del tiempo Aizen pensaba que no le gustaba la autoridad presente, “los feudos”; el sólo hecho de pensar que alguien pueda clavarte un arma entre ceja y ceja por hacer algo malo o bueno (por que los feudos están completamente dementes) le causaba molestia, aunque debía mantenerse al margen si quería ganarse la confianza de alguno; eso lo veía de vital importancia ya que podrían abrirse más caminos, más oportunidades. Era egoísta pensar de esa forma, como si las personas fueran escalones en los cuales se puedan poner el pie para escalar.
Al llegar al campo de entrenamiento Aizen comenzó a estirar y a descansar un poco ya que estaba algo agitado.Su padre apareció detrás de Aizen con una sonrisa este le acaricio el cabello y le revoloteó los pelos.

Para Jiyū, ya soy un hombre grande. ¿Qué haces?
¿Qué crees que hago Aizen? Veo cómo le va a mi hijo con su entrenamiento.
Bien, gracias por preguntar…
Vamos Aizen entrenemos, hace mucho que no hago algo como esto.

Aizen asintió a sus palabras, pudiendo notar el entusiasmo o quizás era mera curiosidad de sus habilidades; ¿Por qué no? Debía mantenerse en forma, esa era una de sus obligaciones actualmente con el fin de ser capaz de afrontar diversas situaciones de riesgo y no depender del resto para cuidarse o, inclusive, para proteger a la gente que era de su aprecio. – Vamos Aizen, demuéstrame lo que tienes –Aizen dio una gran sonrisa de mejilla a mejilla y levanto sus brazos a la altura de sus cachetes y miró a su padre por un breve instante, como si de un espejo temporal se tratase. – Somos muy parecidos padre-.Una sonrisa se generó en el rostro de Jiyū a la vez que se colocaba a una distancia de tres metros frente a Aizen.
- Sería bueno ver cómo te encuentras en tus habilidades, aunque tengo duda de alguna de ellas. - Un intercambio de golpes cuerpo a cuerpo de hizo presente, poniendo a prueba las habilidades individuales de ambos, siendo sus niveles prácticamente iguales ya que su padre hace mucho que no golpeaba y eso lo había oxidado un poco.
Desde afuera era muy fácil notar cómo cada golpe o movimiento que realizaban era perfectamente evadido o bloqueado. Hacía ya tiempo que Aizen no se sometía a esa clase de entrenamientos, prefería entrenar ninjutsu o genjutsu ya que para él ese era su fuerte, las razones eran simplemente obvias. La dificultad, el problema de enfrentarse a alguien que tenía sus mismos movimientos en un intercambio que no parecía terminar nunca. El último movimiento de ambos fue un golpe de intercepción con ambos puños, para luego terminar separados a la misma distancia que había en un inicio. Cierto nivel de cansancio era posible de apreciar, por lo que su padre decidió darle a él y, a Aizen, un descanso. Una gran sonrisa se pudo ver en la cara del padre cuando cayó al piso al lado de su hijo y estiraba sus piernas mientras respiraba aire costosamente, Aizen estaba en el mismo estado pero no con tanta agitación, debe ser la edad pensó. - Imagino que está bien por el momento, realmente veo que eres tan habilidoso como siempre, no podría esperar menos de ti. – Jiyū cerro su puño y le dio un leve golpe de felicitación a Aizen en el brazo mientras se reía, su hijo sentía emociones fuertes que hace rato no sentía ya que su padre actuaba de manera muy extraña.
Aquél padre orgulloso comenzó a ver las nubes con una extraña sonrisa como de alivio y Aizen prosiguió a lo mismo, a ver aquellas nubes que su padre tanto le fascinaba y que para Aizen eran solamente un límite, se quedó así un rato y su hijo lo dejó proceder, no quería interrumpir tal momento ni dejar de disfrutar cada momento y emoción que podía estar al lado suyo, definitivamente no quería.

Poco a poco el sol parecía caer, asumiendo responsabilidad a realizar las actividades planeadas. Aizen se posicionó frente a uno de los árboles del montón mientras ajustaba un par guantes que se había colocado recientemente con las intenciones de reducir levemente el dolor que podría llegar a sentir y el daño a su piel. Alternar entre diferentes movimientos era lo ideal y lo que realizaba, acompañando cada golpe de unos cuantos saltos con el fin de mantenerse activa. Poco a poco el árbol parecía recibir algo de desgaste por las marcas en su tronco, apareciendo en el proceso gotas de sudor que recorrían cada parte de su blanquecino rostro. Se detuvo un instante para secarse el sudor y continuar unos minutos más.

Tomarse un pequeño tiempo era esencial antes de comenzar de nuevo, solo por el simple hecho de recuperar aire y no sobre exigirse demasiado. Quería mantenerse en forma, lo suficiente para ser capaz de nunca olvidar que podía defenderse por sí mismo. Poco fue el tiempo desde que lo llamaron a su primera misión y quería prepararse aunque ya anteriormente lo había hecho.
Su valor era sin duda una actitud muy característica en él y para llegar a proteger a las personas que eran importantes para su vida necesitaba mantenerse activo. Se reincorporó comenzando a trotar y a aumentar la velocidad con cada vuelta, todo para entrar en calentamiento y luego continuar indefinidamente a propinar diferente tipos de golpes hacia el mismo árbol que antes.

La lucha constante día a día era más consigo mismo que con otros individuos, por el simple deseo de tener lo necesario para proteger a sus allegados de la manera más efectiva posible. Las gotas de sudor debido al agotamiento comenzaban a notarse pero sin parar de repartir un golpe tras otro en aquél árbol. Poco a poco un par de recuerdos se hicieron presente, entre ellos aquél día en el que su madre fallece, algo que terminó despertar en ella cierto nivel de furia, algo que realmente desconocía que podía salir de ella. Dicho golpe fue más bruto de lo normal, provocando serios daños en el árbol y provocando que este se partiese en algunas partes. Un poco de sangre recorrió por su mano, algo que tapó con la otra y lavó de inmediato con el fin de detener el sangrado. –Lo lamento Aizen me quede distraído y no vi que empezaste solo. -  - No pasa nada, otro dia me lo compensaras-. Su padre se acercó hacia él y le dio un abrazo, ambos caminando juntos comenzaron a dejar el campo de entrenamiento poco a poco, yendo hacia su destino.. la casa donde ahora residían.

+1 Taijutsu
Sousuke Aizen
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Re: Entrenamiento Sousuke Aizen

Mensaje por Sousuke Aizen el Mar Dic 22, 2015 11:47 pm




Abrió la puerta principal de su casa, extendiendo sus brazos haciendo sonar sus articulaciones mientras aspiraba el aroma puro del aire en la madrugada. Ese día en especial, había decidido levantarse mucho más temprano de lo habitual, el motivo era bastante simple: entrenar. Era consciente de que la fuerza no era la mejor de sus cualidades pero hasta ese momento no le había tomado importancia aunque luego de discutirlo con el mismo había decidido probar el entrenamiento. “¿Qué perdería con intentarlo?” Se decía así mismo colgándose una pequeña mochila al hombro al tiempo que cerraba con seguro la puerta de su hogar. Dando un último vistazo hacia atrás, emprendió el camino hasta la zona de entrenamiento en su aldea. Las calles aún estaban oscuras, el cielo mostraba escasos rayos de sol que apenas se asomaban en el horizonte. Finalmente, en algunos minutos llego al lugar deseado. La zona tenía algunos árboles, por lo que eligió un lugar libre yendo al centro de este; dejo la pequeña mochila a un lado y comenzó con el primer paso. Comenzó a girar ambos brazos en círculos, escuchando de vez en cuando un pequeño crujido, luego hizo un par de sentadillas para después detenerse y girar con cuidado los tobillos, preparándolos para el entrenamiento. Un calentamiento leve. Luego de eso, se acercó a su mochila, la abrió y después de revolver algunos segundos en su interior saco dos muñequeras anchas, cada una tenía pequeñas pesas con un peso en total de cinco kilos conformado por arena que había recogido, más que nada estas muñequeras estaban hechas en casa para hacer del entrenamiento algo más pesado. Sin dudarlo un momento, se las puso. Sus piernas eran fuertes pero realmente sus puñetazos daban vergüenza, o al menos eso era lo que creía. Una vez que tuvo bien sujetadas las muñequeras dio algunos golpes al aire, comprobando que la velocidad era menor y era más difícil mantener sus manos derechas debido al peso. Inhalo con profundidad dejando salir el aire con fuerza, asintió con determinación y comenzó a correr a través del campo de entrenamiento. Muy pronto vio la diferencia en la velocidad a la que estaba acostumbrado. Sus movimientos eran más lentos. Tras unos minutos de esa manera decidió pasar a algo más complicado. Se recostó en el suelo junto a un árbol de tronco delgado, el cual rodeo con las piernas. Miraba el follaje agitarse por una brisa pequeña mientras ponía ambas manos tras su cabeza. Haciendo algo de esfuerzo comenzó a hacer una especie de abdominales, al principio era sencillo pero en poco tiempo su temperatura corporal había aumentado. Ya no se sentía fresca, casi juraba que su rostro comenzaba a tener una sensación de humedad. Su respiración antes tranquila estaba agitada, y cada abdominal le costaba más que la anterior. ¿Cuánto había pasado? Una, tal vez dos horas. Después de ello se dejó caer por completo en el suelo, soltándose del árbol. Su espalda la estaba matando y sus brazos se sentían acalambrados. Aun con ello, se levanto. Eso era apenas el principio. Se levantó con pesadez, pasando el dorso de su diestra por su frente, secando el sudor que comenzaba a aparecer. No recordaba la última vez que había sudado, y no le gustaba para nada. Era muy incómodo. Al dar un par de pasos noto que sus piernas temblaban ligeramente al caminar, tal vez necesitaba ejercitarlas también. Planto los pies con firmeza al suelo, separando las piernas al grosor de los hombros, nuevamente llevo las manos tras su cabeza y aspiro con fuerza. Comenzó a hacer las sentadillas. Más de una vez escucho sonar articulaciones. “¿Y eso es normal? Realmente necesitaba hacer algo de ejercicio.” Hizo nota mental, por más destruida que quedara con ese entrenamiento, seguiría haciéndolos, así al menos podría guardar algo de honor aunque no estuviera con su clan. Tal como le había pasado, las primeras sentadillas eran sencillas pero esta vez se fatigo con más rapidez, gruesas gotas de sudor resbalaban de su frente y el calor de su cuerpo comenzaba a ser molesto. Ignoraba los calambres que comenzaba a sentir mirando el cielo, un azul claro se mostraba en él, ya había amanecido. Los aldeanos ya estarían en sus actividades triviales, tan enfrascada estaba en su entrenamiento que perdió la noción del tiempo. Paro solo hasta que sintió que no podría más. Se arrodillo en el suelo, descansando los brazos a sus costados recuperando la respiración, estaba empapada incluso llego a preguntarse si no había llovido. El entrenamiento resultaba más pesado de lo que creía pero aún quedaba por hacer algunas cosas más. En su misma posición se recostó en el suelo, ahora con cara al piso. Sintió el aroma del pasto demasiado cerca. Con esfuerzo, llevo sus manos a los costados, flexionándolos para levantar su cuerpo ayudada con ellos. Se mantuvo así un momento para luego flexionarlos de nuevo. Era el momento de hacer lagartijas. Si sus brazos pudieran hablar, la habrían condenado a la peor de las torturas por la incomodidad que sentían, mentiría si dijera que no quería parar. Pero mientras su cuerpo seguía bajando y subiendo se decía a si misma que era para un bien mayor. Esa actividad había durado más que las anteriores, se dio cuenta porque el sol comenzaba a alcanzarlo y eso no era algo que le gustara en ese momento. “Tal vez… pueda hacerlo de otra forma…” con eso en mente mantuvo su cuerpo erguido apoyado en ambos brazos, con cuidado, despego su brazo izquierdo del suelo, cruzándolo tras su espalda quedando de esa forma solamente sostenida por su brazo derecho. Con mucho esfuerzo, comenzó a flexionarlo, tratando de imitar las lagartijas con un solo brazo. Estuvo a punto de lograrlo, hasta que el esfuerzo fue demasiado, su brazo cedió y técnicamente su rostro dio de lleno contra el suelo. “Creo… creo que mejor paso a la última fase.” Pensó, levantándose y escupiendo algunos trozos de pasto que se habían colado dentro de su boca. Rozo sus labios con la yema de los dedos, estaban un poco inflamados. Menuda tontería se le había ocurrido hacer. Para su suerte ya era la última fase de su largo entrenamiento. Troto hasta su mochila, una vez allí comenzó a quitarse las muñequeras; tras ellas piel enrojecida se veía, una sensación de alivio la recorrió al sentirse libre de esas ataduras. Nuevamente golpeo el aire, sus manos libres de peso eran más agiles, más veloces. Rebusco en la mochila sacando una pequeña botella de agua, la abrió con rapidez y en lugar de beberla se la vacío encima. Una sensación refrescante la hizo suspirar; era justo lo que necesitaba. Inicio una carrera alrededor del campo de nuevo, aunque ya sin el peso extra encima. Era demasiado pronto para decirlo, pero parecía que el entrenamiento había hecho efecto. A pesar del dolor, sus piernas se sentían más fuertes. Se detuvo bajo la sombra de un árbol, iniciando una batalla de puños contra un contrincante invisible, en una pelea real, él debía haber acertado unos cuantos golpes. A paso lento se acercó al tronco, hizo una pequeña reverencia a modo de disculpa y comenzó a golpear el tronco a puño limpio. Al principio sus nudillos sufrían, pero luego de un tiempo se acostumbró al dolor, incluso comenzaba a dejar pequeñas abolladuras en la madera, estaba asombrada de los resultados. Practico de esa manera un par de horas, bañada en sudor nuevamente, con los nudillos sangrándole y los brazos entumecidos. Ya era bastante tarde, debía parar. Camino totalmente desganada hasta su mochila, colgándosela sin ánimos al hombro. Emprendió el camino de regreso a casa. Cualquiera que la viera diría que había pasado años a la intemperie; estaba despeinada, sucia, sudorosa, los nudillos le sangraban y caminaba arrastrando los pies. Y así sucedió, algunos aldeanos la miraban con desconfianza y pena. Minutos interminables fue lo que duro su viaje, por fin estaba frente a la puerta de su casa. Abrió con dificultad la cerradura que parecía querer luchar contra él, entro y cerró la puerta tras de sí. Nunca le había gustado el desorden dentro del hogar, pero en ese momento no le importó lanzar a un lado su mochila, dejando que las cosas de su interior se regaran, quitándose los zapatos rápidamente. Se dejó caer en el suelo de madera, cerró los ojos unos segundos para “descansarlos” y termino quedándose dormida al instante. Ni siquiera se molestó en ducharse o cambiarse de ropa. En ese momento, la cómoda madera del suelo le sabía a gloria.

△ A los dos días △


Aún tenía algo de dolor muscular producto de los entrenamientos pasados. Pero el simple hecho de ver los resultados positivos que había obtenido la hacía olvidarse de las molestias. Esa semana le había dado por pensar que poniendo algo de esfuerzo era capaz de lograr aún más, por ello, nuevamente se levantó antes del amanecer. ¿Qué haría esta vez? Había notado que su resistencia no era tan buena como pensaba pero podía arreglarse. Había tomado la precaución de llevar un conjunto deportivo oscuro bastante cómodo, la última vez la ropa que llevaba le había ocasionado algunos problemas. Preparo una ligera mochila con agua embotellada, frutas y una pequeña toalla gris; una vez que se aseguró de dejar todos sus deberes listos en casa pudo partir cerrando tras de sí la puerta con llave, que luego guardo en un pequeño bolsillo de su mochila. Pensó que tal vez sería un buen comienzo trotar hasta su objetivo a modo de calentamiento; así lo hizo, tomando bocanadas profundas de ese aire que tanto le encantaba al amanecer. Tan fresco y puro, le golpeaba el rostro y le agitaba el cabello aunque este fuera poco tirándole un par de mechones hacia adelante. Troto rumbo a esa zona de entrenamiento que se había vuelto tan especial, tomo nota mental para preguntar por el nombre formal de esa zona. Pasaron algunos minutos hasta que llego, dejo su mochila recargada en el tronco del árbol de siempre, sacando una liga elástica del bolsillo y se paró derecha en el lugar despejado mientras se ataba el cabello en una coleta alta. Sus músculos ya se sentían calientes pero aun no sudaba. Siguió con el calentamiento; giro los tobillos y los brazos, dio unos cuantos saltos e hizo un par de sentadillas, con el trote y esos ejercicios ya era suficiente. Lo primero que hizo fue comenzar con saltos estilo tijera. – ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!– Cada salto que daba era enumerado por Aizen, adquiriendo un tono autoritario, duro. Como si se tratara de alguien más animándolo a seguir. Cuando conto hasta el numero treinta se detuvo un segundo para seguir con lo siguiente. Se tiro al suelo boca abajo, apoyo las palmas en los costados a la altura de sus hombros y flexiono los codos levantando su peso, las lagartijas también eran necesarias. Cuando había contado alrededor de diez, una fina capa de sudor ya comenzaba a cubrir su rostro y pequeñas punzadas aparecían de vez en cuando en la articulación de su antebrazo derecho pero no paró hasta que llego a veinte. Se dejó caer con suavidad, recuperando el aliento unos segundos y dio un giro a su cuerpo, quedando esta vez con la mirada hacia el cielo. Flexiono las rodillas apoyando los pies en el suelo, paso las manos tras su nuca y elevo su cuerpo solo ayudada de la parte superior. Los abdominales nunca le habían gustado, pero eran parte vital del ejercicio. Con ellos si se permitió jadear de vez en cuando, haciendo la cuenta en su mente. Pasado un rato, se levantó exhausto, estirando los músculos levemente. Respiro hondo antes de pasar a la segunda fase del entrenamiento. Camino a pasos lentos hasta el árbol donde descansaba su mochila. Mientras avanzaba se permitió hacer pequeños estiramientos, ayudando a sus piernas a evitar los calambres que sentía venir. Quedo de espaldas al tronco y se tumbó en el suelo boca arriba. El tronco fue rodeado casi en su totalidad por los brazos de Aizen, aprisionándolo con fuerza. Sus piernas se unieron y lentamente comenzaron a ascender totalmente rectas, hasta quedar de forma horizontal. Hizo varias repeticiones del ejercicio, sujetándose del tronco para no forzar tanto su abdomen. A veces las piernas le parecían más pesadas de lo que realmente eran, perdió la cuenta del número de veces que llevaba el ejercicio mientras divagaba sobre el motivo de su entrenamiento. No podía confiar siempre en el aumento de sus capacidades gracias al chakra, debía hacer fuerte y resistente su cuerpo para cuando este se agotara. Termino el ejercicio y se levantó cubierta por una capa de sudor, que ya dejaba de molestarle. Abrió su mochila y con cuidado saco la botella de agua junto a la toalla, dio un pequeño sorbo a la botella y se pasó la toalla por el rostro y cuello, quitándose algo de sudor. Guardo ambas cosas después.
Ayudándose de piernas y manos, escalo por el tronco hasta encontrar una rama lo suficiente firme que resulto no estar muy lejos del suelo. Se sentó en ella y con tranquilidad comenzó a inclinar su espalda, hasta quedar totalmente hacia abajo, solo sostenida por sus piernas que ya se habían acoplado a esa posición. El ejercicio era sencillo y era imperdible para cualquier entrenamiento. Forzando músculos abdominales y de su espalda lograba levantarse nuevamente. En ese momento daba gracias no ser tan robusta, pues le habría dificultado aún más el entrenamiento. Ciertamente, su abdomen podría decir que estaba sufriendo toda una tortura. Logro contar hasta cincuenta cuando decidió que ya era suficiente. Podría haber bajado de la misma manera que subió, pero decidió hacer algo diferente. Se dejó caer a pesar de la poca altura, apenas teniendo tiempo para girar y caer en cuatro. Un pequeño dolorcillo se sintió por sus palmas, producto de la mala posición con aterrizo sobre el suelo y sostuvo su cuerpo. El esfuerzo debía haber valido la pena y seguramente le dejaría ventajas, pero esperaba con ansias la hora de terminar; le había llegado el presentimiento de que había olvidado algo importante en casa y hasta no encontrarse totalmente seguro del que, no estaría tranquilo.  Se levantó en silencio, apenas suspirando secretamente aliviado de que faltara menos para terminar el entrenamiento.
-¡Bien!- Exclamo elevando los puños al aire, al ser la última actividad quería terminarla con todo el entusiasmo posible. –Es hora de terminar con esto.- Poco a poco sentía los músculos despertar y a pesar del dolor inicial una pequeña energía sedante en forma de calor comenzaba a notarse por todo su cuerpo. El entrenamiento estaba funcionando. Se acomodó en el suelo nuevamente, otra vez con lagartijas pero esta vez al estilo diamante, poniendo ambas manos bajo su pecho. Se elevaba y descendía rápidamente, como si el cansancio se hubiera esfumado de repente. Se levantó de un salto para probar otra forma de sentadillas. Llevo ambas manos a las caderas, flexiono ambas piernas y se impulsó para saltar; aflojando las piernas al último instante para volver a la sentadilla. Hizo varias repeticiones. El ejercicio era mucho más cansado de lo normal, pero no tenía ninguna duda de que se trabajaba buena parte de los músculos, fortaleciéndolos, haciéndolos resistentes. Esta vez pasaría a un nivel más complicado. Paro los ejercicios y comenzó a trotar alrededor de la zona de entrenamientos, en lugar de elegir los caminos más despejados tomaba aquellos donde había gran cantidad de obstáculos como rocas y troncos. Al principio iba algo lento, pero poco a poco comenzó a entenderse mejor con el ecosistema, los movimientos se volvieron fluidos y usaba los mismos obstáculos para impulsarse y hacer volteretas alrededor. El trote se volvió una carrera de resistencia, podía notar el resultado de sus entrenamientos anteriores. Paso un buen rato corriendo y solo se detuvo hasta que sintió que no podía dar más. Giro la vista al cielo y se dio cuenta de que los rayos del sol estaban en todo su apogeo, había perdido la noción del tiempo. Anduvo hasta el árbol que cuidaba su mochila y se la colgó al hombro no sin antes sacar una de las frutas que tenía dentro de  ella. De regreso a casa la comía. Se apresuró en llegar, rápidamente saco las llaves y entro para comprobar que era aquello que le daba el mal presentimiento. -¡Oh, diablos!- Claro, había dejado la llave del fregadero medio abierta y ahora tenía un enorme charco de agua dentro de su casa. Suspiro con pesadez mientras buscaba los productos de limpieza. Aquello también contaba como entrenamiento de resistencia, ¿no?. Agarro cada objeto de limpieza y comenzo a limpiar lo que su torpeza habia empezado, un desastre, aunque Aizen no lo veia mal creia mejor tener un charco antes de no tener un techo. él se puso a limpiar hasta que todo quedo lustroso y perfecto, hacia flexiones de brazos con el trapo que tenia en sus manos una y otra vez en el piso en el mientras tanto movia sus pies de forma circular. Estaba muy cansado pero aun asi seguia intentandolo para mejorarse a èl mismo para tener un mejor estado fisico y para que pudiera luchar de una mejor manera ya que aun teniendo sus cosas a favor tenia cosas en contra como era asi su estado muscular o su resistencia, termino con todo limpio y sin una gota en el piso pero aun asi no podia creer que ya era de noche, que su dia habia terminado y que estaba tan cansado como hace dos dias.
Sousuke Aizen
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Re: Entrenamiento Sousuke Aizen

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