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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Alquimia, Herbologia. Todo esto me va a dar un dolor de cabeza.

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Alquimia, Herbologia. Todo esto me va a dar un dolor de cabeza.

Mensaje por Sousuke Aizen el Vie Ene 29, 2016 8:26 pm


Despistado como era costumbre ya para aquel Orochi, viviendo en su propio mundo en el cual solo se encontraba él y nadie más. Así había sido por largos años y planeaba que siguiera siendo de aquella forma por lo menos de momento, por lo que se limitaba a en sus días pasar el tiempo haciendo sus habituales experimentos, descansar y tomar sus siestas mientras la luz del sol aún iluminaba las concurridas calles del país del rayo mientras que por las noches; aquellas horas del día que podía salir sin preocupación alguna, apartado de las aglomeraciones y la gente de la cual usualmente permanecía oculto cual fantasma. Era en esos momentos cuando justo disfrutaba de la soledad y abrazaba la tranquilidad para poder ser él mismo y no preocuparse de quien pudiese encontrarle tarareando canciones que de una u otra forma se le habían pegado y buscando nuevos sitios en los que pudiera probar sus técnicas destructoras o tirar objetos aleatoriamente.
Esa tarde no era la excepción, pues había dejado de lado sus usuales actividades para ir en busca de algunos ingredientes que había olvidado como ya le había sucedido más de una vez. Caminaba con total serenidad por las ahora vacías calles y callejones de la ciudad para dirigirse por el camino menos transitado hacia el parque donde planeaba buscar aquellas plantas comunes que necesitaría para más tarde. Lentamente y de manera despreocupada era como avanzaba dejando que todo lo que sucedía a su alrededor pasara desapercibido, o por lo menos eso intentó hasta que una peculiar presencia comenzó a rondarle.
En un inicio creyó era solo su imaginación, no obstante con el paso de los minutos y la cercanía de aquella persona la posibilidad de ser una simple coincidencia desapareció de inmediato, siendo reemplazada por la duda y curiosidad. ¿Qué querría alguien de él?, especialmente tratándose de la noche que aún era joven y aún parecía no ser visitada por bestias de alto poder. — Oh!, he olvidado algo en casa— Musitó en un tono alto, lo suficientemente fuerte como para que la jovencita de negra cabellera como el carbón le escuchase, al momento en que se dispuso a girar sobre su propio eje para caminar de regreso por el camino que había trazado con anterioridad. Se trataba de una forma de confirmar sus sospechas, por lo que tras regresar la primera cuadra comenzó a caminar por calles las cuales elegía aleatoriamente.
Una vez su acompañante actuó fue que este pudo darle la libertad de encararle y dedicarle una leve pero cálida sonrisa, de aquellas a las cuales estaba ya desacostumbrado a regalar a cualquier persona o ser y que en cierta forma parecía haber olvidado casi por completo tras los últimos años.— Hace una linda noche ¿No lo crees? — Le restó importancia a la forma en que la mujer trataba de atraerle, iniciando una despreocupada conversación con la fémina y dando por sentado que ella la seguiría sin problemas se acercó un par de pasos, llevando sus manos hacia los bolsillos de su pantalón. — El viento es muy agradable y el cielo está despejado. Es perfecto el momento para volar, si tan solo pudiéramos hacerlo. —Pausó un momento para chocar su puño con la palma de su izquierda extendida.
— Quizá si utilizo mis trucos de magia, ¡combinada con algún objeto punzante podría hacer marcas en toda tu preciosa cara! , ¿Qué dices?—De un momento a otro se encontró divagando, sin dar oportunidad probablemente a la menor de reaccionar ante sus comentarios.
Una vez iniciaba a hablar, era prácticamente imposible detenerle. Ignoraría todo y a todos al encontrarse sumergido en sus pensamientos que terminaba por exteriorizar al convertirlos en palabras y un rostro muy expresivo como si en ese momento se encontrase charlando con alguien, en este caso pese a hacerlo parecía haber intimidado a la chica de baja estatura con su inusual forma de iniciar una plática que terminaría siendo nada menos que uno de sus ya normales lapsos en que se perdía en su peculiar mundo. – Vamos habla, ¿quién diablos eres y porque me sigues? – dio un puñetazo en el rostro de la muchacha sin dejar que se mueva y así se esfumo en una nube blanca dejando papeles en el suelo, papeles que tenían escrito plantas y experimentos con ellas pero tenían un detalle de categoría que haría de esto un encuentro importante al final de la nota había una firma como si se tratase de un derecho de autor - Dan'atsu – en efecto era su madre, no estaba muerta… no lo estaba. Aizen leyó los papeles y entendió que debía seguir los pasos de su madre pero porque seguir pasos de alguien que le estuvo mintiendo hace tanto tiempo, al menos que ella no sea su madre si no que otra más que sus secuaces vengativos.. esos papeles quizás era una forma de incentiva a Aizen a seguir con su trabajo de herborista y alquimia que nunca había podido realizar.

“Solo eres un cachorro asustado, una deshonra para nuestro clan... Pero eso no importa, yo alguna vez también lo fui. A pesar de ser enemigos, te daré una lección y serás más fuerte de ahora en más. Sucumbirás ante la sangre de nuestro clan y destruirás desde adentro a tu propia nación.”

Ciertamente las palabras de ese hombre aquel día retumbaban en la cabeza de Aizen cada mañana tras despertarse, algunos días exaltado, otros no, pero siempre las recordaba. Más aun teniendo en cuenta la fragilidad de estabilidad mental por la que últimamente estaba pasando.
Sus manos entrelazadas pasaban desde su frente hasta su nuca, despeinándose – si es que se diera el caso de que se pudiera más aún. – haciendo reflejo de una duda que ardía en lo más profundo de su ser.
¿¡Qué quería decir ese bastardo. . .!? — La ansiedad que le creaba le llevaba hasta límites de furia de los cuales nadie podía imaginar. Tergiversaba sus mismos pensamientos y conclusiones, confundiéndome a si mismo, pero, ¿qué más podía hacer? Los momentos de desesperación amainaban, pero también, por ende, los de calma lo hacían también.
Siempre sentía como en esos momentos aquella aura tétrica que portaba esa herida cerca de su clavícula derecha intentaba apoderarse del control, pero simplemente una sonrisa desafiante se postraba en su rostro, sabiendo que no sería capaz de llevarse del todo consigo, aquel abismo frío. . .
El silencio clamaba por su poderío mientras solo un profundo suspiro conseguía batirlo. Desde la misión que le encaminó a desafiar a mucha gente, absolutamente todo se había vuelto diferente dentro de su propia idea, distorsionándose todo sobre su pensamiento acerca de lo que me rodeaba dado a lo ocurrido, algo no encajaba desde ahí. Por esto, también se había intensificado el tiempo que pasaba a solas tratando de encontrar una respuesta válida para cada una de sus conclusiones. Pero, simplemente había algunas que no tenían ninguna por ahora, y eso hacía aflorar una impotencia absurdamente molesta.
Sus dos puños se hallaban chocando para actuar como pilares de su encorvada figura, con el rostro cercano a estos dos, sobre aquella encimera metálica,parecía que deseaba ser engullido por el mismo olvido y que todo desapareciera, pero de nuevo comenzaban los interrogantes.
“¿Qué es por lo que estoy luchando?  Por ahora mi vida se ha basado en servir, ya bien sea como shinobi o como. . .” Sus puños se alzaron levemente para caer en aquella bandeja, tronando de una manera desagradable. Aquella vuelta al pasado donde, aunque solo fuera una pequeña criatura ya me tenían encerrado como a un sucio animal terminaba de desbordad su paciencia y parte de su cordura. “¿Sólo soy un peón más? No, no… Uno maldito.”
La incertidumbre le hacía pensar en mil posibilidades, de las cuales todas y cada una de ellas solo emergía de los demonios creados por su subconsciente.

Debía resolverlas. Debía hacerlo. ¿Será caro el precio que habrá que pagar?
Aizen volvió a entrar a la casa lentamente y se sentó a escribir en un pequeño diario que tenia,junto al de su padre, recordando en su mente una vieja "misión" que había hecho hace unos días.

"Confieso que me siento muy tonto plasmando en papel las ideas que cruzan mi cabeza en este momento, pero mi padre me aconsejo una vez que cuando estuviera solo, confundido, lleno de incertidumbre y ansiedad, me pusiera a escribir, tal vez así lograría desahogarme y mantener la calma sin importar cual fuera la situación, ¿Quién lo diría? Hasta hoy, no había visto utilidad en semejante consejo, pero sí, hoy me encuentro solo, en un nuevo lugar que debo considerar como hogar, la manera en que llegué aquí, ha sido absurdamente estresante, me ha llevado al límite mental, física y espiritualmente, sin embargo es una de esas oportunidades que solo pasan una vez en la vida y decidí tomar el riesgo, después de todo solo quiero llenar de orgullo a mi país, a mi aldea y por sobre todo a la familia que me acogió cuando nunca más nadie se atrevió. Pero ese no es el tema, el asunto es que a partir de ahora me referiré a ti como un intrépido lector, uno que busca descubrir mis aventuras y ver más allá de mis acciones, adentrarse en lo más profundo de mi subconsciente y descubrir que pienso realmente más allá de aquella fachada militarista que se me auto inculque huyendo de aquel terrible pasado que había vivido, así que toma asiento, sírvete café y come una galleta, pero cuidado, lo que aquí leerás tal vez te marque para siempre y no vuelvas a ver el mundo como siempre.
Mi nombre es Sousuke Aizen, cuando llegué el día de hoy a la capital tenía el rango de Genin, no destacaba y pasaba desapercibido, vine aquí acompañada de dos compañeros,Uchiha Ogama y Allen Hyuga, nuestra misión era colaborar en el festival de la aldea, una muy llamativa y exaltante festividad, tanto que desde nuestra llegada solo nos quedamos sorprendidos de tanto brillo, alegría y multitudes exorbitantes, algo que nunca había presenciado, nuestro avanzar por al capital parecía tranquilo, pero realmente no me gustan las festividades ni nada que tenga que ver con las interacciones sociales, siento que van más allá del entendimiento de un militar, tener que relacionarse con otras personas fuera de tus obligaciones es algo que considero muy estresante, pues nunca se cómo va a reaccionar la persona que tiene una conversación conmigo, a algunos les parece divertido, a otros no, pero a mí en lo particular muy a pesar de aprender como interactuar con otros, normas de etiqueta y como sonreír, realmente lo detesto, mi infancia no fue lo más divertida que se diga y mi mejor compañero fue un arma para defenderme tanto de los animales salvajes que me acechaban, como de los mismos humanos que por alguna razón me despreciaban. Solo por eso me sentía incomoda ante tantas personas, de no ser por mi obligación me hubiera retirado de la misión.
Fue entonces que me salvó la campana, la voz de quien se presentaría como nuestra superior resonó por sobre nosotros mientras avanzábamos en una avenida, para cuando nos encontramos con ella en el tejado y una vez aclarada la situación de que hacíamos en ese sitio se nos asignaron misiones, separándonos inclusive en grupo, ese para mí fue el momento más incómodo, mi rareza me impedía formar equipo con tranquilidad, aunque conocía a la mayoría, no era la más agradable de todas, Ogama era por decirlo así el centro de atención,sociable, agradable y su personalidades pesé a ser una muy hiperactivo era aceptable en esta sociedad que desconozco, sentí terror, sí, terror de no ser seleccionado por ninguna de las personas presentes, pánico de ser excluido de cualquier grupo que se formara y ser enviado a casa por no tener las capacidades de relacionarme con nadie,  ese miedo fue el detonante o mejor dicho mi motivación para proponerme a ir solo, o por lo menos formar mi propio equipo, mis temores para mi suerte no se vieron cumplidos, pues Allen, había seguido mis pasos aceptando acompañarme. Un alivio que alguien sintiera compasión o por lo menos decidiera seguirme en un trabajo, fui nombrado líder de nuestra pareja y tras el trabajo ser designado partimos a completar nuestra hazaña mientras que Ogama se movilizo con un compañero desconocido que había llegado.
Éramos shinobis de muy bajo rango, ambos estábamos empezando nuestra carrera "militar", pero no por eso nos tomaríamos las cosas enserio, recorríamos las calles aun abarrotadas de personas, nuestros atuendos no lograban pasar desapercibidos ante tan coloridos y elegantes trajes que llevaban los civiles, así que después de ayudar a un niño a encontrar a su padre, la presión supongo que le hizo daño a Allen, quien en un desesperado ataque de ansiedad abandono el sendero, le seguí y traté de calmarle. Debo agradecer que gracias a eso, pudimos percatarnos de una pequeña silueta, una que buscaba pleitos desde las alturas de un tejado y tras un grito ahogado de una desesperada mujer la pequeña se marchó huyendo de nosotros, se nos había asignado una nueva tarea, una submisión que no titubee en iniciar, Allen y yo iniciamos carrera para intentar capturar a la inocente joven antes que saliera lastimada.  Corríamos y corríamos, pero de un momento a otro perdí el rastro de mi compañero entre la multitud, desgraciadamente no tenía forma de comunicarme, realmente nadie del equipo podía, así que eso me enojaba un poco, más mi rostro seguía sin mostrarlo, más cuando estaba persiguiendo a una lastimada pequeña que acababa de caerse de un tejado. Mi recorrido fue rápido, en un pestañeo y estaba frente a la joven que tropezó, pero eso no era todo, imponentes animales que cargaban con el peso de una gran y alegórica carreta podrían embestir y acabar con la vida de la pequeña, mi corazón latía aceleradamente, un frío recorrería cada parte de mi espalda, una gota de sudor resbaló por mi frente, mi boca se secó, mi respiración se agito, mi mente no encontraba razón para lo que estaba sucediendo, no le encontraba sentido a que el destino expusiera la vida de una inocente así, más cuando mi deber era velar por la seguridad y estabilidad del festival, evitar que nada le interrumpiera, pero mi deber como shinobi iba más profundo que eso, iba al punto de proteger la vida de cada ciudadano, de cada camarada de armas que tuviera en la aldea, en el país. Tenía que tomar una decisión, perturbar el festival y fracasar en la misión, o dejar perder la vida de la inocente y sacrificar mis ideales. No tenía tiempo de dudas, así que desde mis manos que estaban extendidas hacia la carroza salieron dos serpientes gigantes de cinco metros que enredaron a los caballos deteniendoles en el instante impidiendo un accidente,un gran alboroto se causó por mi intromisión, fui rodeada de guardias, obviamente no pelearía, mi intención era salvar una vida, al hacerlo la mía dejaba de importar, bajé la cabeza y fui tomado como prisionero, aguardaba ser ejecutada por mi insolencia, para cuando alcé la vista sentí felicidad, alegría, nostalgia, la vida estaba segura, la niña se había salvado, ¿Acaso existía mejor alivio que eso? ¿Acaso esa no era él mejor último deseo que pude haber tenido? Mi vida no se esfumaría en vano. Más aun así, solo fui escoltada como criminal, como un terrorista, juzgada ante los ojos civiles como la mujer que intento sabotear el festival, o eso pensaba, la nostalgia me invadía,cosas me llenaban de incertidumbre y ansiedad, quería llorar, quería pedir disculpas, no a los presentes, no a mis superiores,a mis compañeros, a ellos por haber fracasado en todo aunque la verdad... ya todo me importaba poco. Mi preocupación, mi vista aislada de los hechos me harían sumirme en los pensamientos y para cuando reaccionara estaba frente a un imponente palacio, muchos pasajes, muchas torres, mucha seguridad, no sabía que estaba sucediendo, solo seguía siendo guiada por los guardias, encadenada, aguardando el momento en que el frío metal causara esa quemada brutal en mi piel arrancándome la vida, pero no fue así, la maravillosa presencia de la misma feudal del país me sorprendió, estaba maravillada, su grandeza en persona y benevolencia eran mucho más increíbles en personas que en papel, estaba asustada, no sabía que decir, como actuar, que pensar, así que solo me deje llevar por mi disciplina.
Después de eso, me sentí afortunado, mis acciones habían salvado la vida de la hija de la mujer más importante del país, mi recompensa era formar parte de su guardia personal, por lo que fui probado en un combate, la ansiedad me corrompió, mi orgullo me cegó, intenté dar lo mejor de mí, mostrar que podría serle útil no solo a ellas, sino a todo el país, así que rompí mis limites, traté de superar mis barreras en aquel combate,  pero olvidé que esto no es un cuento de hadas, que por más que me esfuerce, cuando tu chakra se acaba, hasta allí llega la historia. Siendo rescatado por una rica feudal que estaba orgullosa de que alguien le haya salvado a su hijita, obviamente no acepte ser guardia personal. Eso fue todo, creo que eso ha sido todo"
Sousuke Aizen
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