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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Good night, human pride

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Good night, human pride

Mensaje por Uchiha Ōgama el Miér Feb 24, 2016 9:01 pm

Todo en aquél lugar parecía familiar, parecía perfectamente en armonía con el espíritu de Ōgama, con su infancia y su cordura ya vapuleada por el mal que rodeaba al mundo al igual que al propio entorno del joven que se vió obligado a crecer con pocos años... Ya hacía once, casi doce de aquella tragedia que tuvo lugar en las carnes del chico de los Uchiha, el cual hoy con total autodeterminación se había encargado de no olvidar nunca para algún día devolver el favor a aquellos que lo atormentan. En el intento de crecer, de no perecer ante quienes ansiaban el día en que esto pasase, el Uchiha se centraba cada día en ser más fuerte, esquivando siempre la tentación del diablo en forma de una hermosa figura que prometía los placeres más infinitos y prohibidos, su propia perdición, su propia locura, su propio y ñarticular periplo. ¿Acaso aquél joven iluso creía de verdad que estaba a salvo? Hoy se dirigía al País del Sonido, a apoyar a uno de sus camaradas, Kinzo Matsuke, el marionetista en una de las misiones que le habían encargado. Últimamente todos ellos, Kinzo, Taiyō y el propio Ōgama habían estado trabajando en varios lugares marcados por serios problemas con criminales de alto rango, algo que parecía estar fortaleciendo de forma importante a aquellos jóvenes ninjas emprendedores que prometían en llegar a convertirse en verdaderas revelaciones en el mundo shinobi. Estos no eran experimentados ninjas veteranos, pero sí eran verdaderos genios en lo que les ocupaba, y por su parte se veían satisfechos con tales aptitudes entre las suyas. Ciertamente, era un equipo maravilloso.

Al caminar por el bosque, divisó a un grupo de personas que parecían ser ninjas de algún feudo cercano, al cual Ōgama completa y absolutamente desconocía su posible procedencia, aunque tampoco le importaba lo más mínimo. Tan solo una cosa le sorprendió: un extraño jutsu que uno de ellos realizaba, el cual parecía ser una especie de fuinjutsu que invocaba a un ser de una dimensión distinta. El Uchiha, como parte de su proceso personal de formación sobre todas las artes, decidió acechar entre las sombras, esperando así a que alguno de los presentes volviese a realizar tal técnica. Así activó su sharingan, el ojo propio del clan Uchiha, del cual el propio Ōgama sentía admiración y miedo al mismo tiempo. Con el fin de copiar aquello, observaba las manos del otro sujeto que trataría de realizar la misma sucesión de sellos... Entonces, sin más, comenzó a marcarlos y tras aquella sucesión, dió un poco de sangre, tras lo que apareció un caballo... - Vaya... Interesante - y tras ello, el Uchiha se esmeró en hacerlo a la perfección, pero de pronto, en lugar de un caballo, lo cual era lo esperado por el Uchiha, este se vió desaparecido del Bosque de la Hoja sin dejar rastro alguno de su presencia...

* * *

Un lugar extraño rodeaba a aquél joven... Era extrañamente familiar, pero parecía no ser los montes Nublados del País del Rayo, aunque su aspecto nuboso y húmedo engañaba a cualquier forastero que pasase por aquí. Ōgama miraba a su alrededor, pero no encontraba ningún rasgo familiar en aquellos montes, nda que recordase de sus entrenamientos o pasos por este sitio. Nada, ni siquiera en el horizonte veía vestigio alguno de civilización ni indicio de vida humana. Era como un lugar abandonado. Lo que no cabía en el entendimiento de este joven era: ¿Cómo demonios había llegado a este lugar? Para nada tenía conocimiento de ello, tan sólo recordaba haber intentado imitar alguna técnica extraña que había presenciado en el Bodque de la Hoja en el País del Fuego, y tras eso se vería teletransportado a este sitio, sin más, cuando él esperaba invocar a un corcel que le sirviese para continuar su caminp hasta el País del Sonido - Maldita sea mi suerte... ¿Qué demonios es esto? Kinzo y Taiyō deben estar de camino ya... Debo salir de este lugar a la de ya - interpretaba el Uchiha tratando de buscar algo que le ayudase.

Entre aquellos montes, Ōgama no estaba solo... Algo se movía por allí, y parecía que habría detectado al joven extranjero de cabello blanquecino. Parecía que a pesar de que quisiese esconderse, no existía resguardo en tal sitio para un ataque sorpresivo, tan solo montañas. En eso, el Uchiha podía estar tranquilo, ya que su sharingan aún activo le advertiría de cualquier problema. Pero eso podía ser lo que cualquier ser normal y corriente haría para acechar, esconderse, algo que ko terminaba por ser asimilado por aquél simio presumido: Sun Wukong, el Rey Mono, el cual, atrevido, se había aventurado al encuentro con aquél estúpido humano que osaba entrar en el territorio que Wukong estaba predispuesto para reinar. El chimpancé, con una esoecie de palillo rojo sujeto en una de sus comisuras, observando desafiante al desconocido joven que había osado pisar el País de los Monos - ¡Eh tú, calvo! ¿Qué demonios haces aquí? - preguntó amenazante aquél ser, burlándose de la falta de pelaje en la piel del humano. Era un animal alto, de aproximadamente metro noventa y muchos, casi dos metros, con un pelaje marrón y unos ojos negros con el blanco de sus ojos más colorado que el palillo. Vestía unas ropas muy comunes entre humanos que usaban tradicionalmente por comodidad a la hora de realizar artes marciales, con vendas en sus extremidades y en la cintura, con la cual sujetaba sus pantalones a modo de cinto. Había algo más que lo asemejaba a un humano: caminaba erguido... Si no fuese por el pelaje de Sun Wukong, Ōgama hubiera dicho que era un tipo muuy feo que posiblemente hubiese sufrido algún accidente de niño... Pero su aspecto era completaa y ansolutamente de un simio. Ōgama quedó perplejo ante su facilidad para hablar... Era un mono parlante, algo poco común.



La mirada de aquél simio parecía advertir de un ataque inminente, la desconfianza y la búsqueda del punto por el cual atacaría primero se reflejaba en sus ojos, y no parecía querer guardarlo en secreto. Pero primero que eso, parecía exigir el por qué de su presencia en aquél lugar, y no se daría media vuelta a no ser que tenga una buena razón, y posiblemente no lo haría así... - Vamos idiota, saca ese culo sin rabo de este lugar si no buscas problemas... Te aseguro que puedes pasar un mal rato si sigues mirándome con ese careto de invertebrado - volvía a decir con tono y mirada amenazantes que no mostraban demasiado interés por el diálogo. A pesar de ello, el Uchiha no quedaría callado esperando el ataque - Ojalá supiera como irme para no tener que hablar con un mono... Menuda ironía, me has llamado feo - respondió el Uchiha con extrañeza. Aquello pareció enfurecer más a aquél chimpancé, el cual tomó apresuradamente su palillo y con un tono aún más amenazante y enseñando unos colmillos respetables, comenzó a gritar - ¡¡MALDITO HUMANO DE MIERDA!! ¿¡OSAS INSULTAR DE ESE MODO AL REY MONO WUKONG!? ¿¡SABES LO QUE HACEMOS AQUÍ CON LOS CALVOS COMO TÚ!? ¡HACEMOS BISTEC, MALDITO INTRUSO! - comenzó a decir perdiendo los nervios de manera obvia. Aquél animal parecía sentirse realmente amenazado por la presencia del chunin, el cual parecía mostrarse poco asustado por aquél animal. Sus ojos le demostraba una extraña corriente de chakra en aquél palillo, el cual parecía aguardar un poder bastante extraño el cual no tardaría en manifestarse. Por su parte, aquél animal parecía ser algún tipo de simio con un desarrollo evolutivo similar a los humanos, ya que en todos los sentidos eran bastante parecidos a ellos - Vamos... Ahora en serio, ehm... ‘Rey Mono’... ¿Cómo puedo volver al Bosque de la Hoja? - preguntó el Uchiha tratando de evitar un enfrentamiento con aquél ser, pero parecía que debería haberse mordido la lengua a la hora de haber insultado a Wukong - ¿El Bosque de la Hoja? ¿De qué cojones hablas idiota? ¡Te voy a enseñar a respetar a la realeza, calvo!

Entonces, tomó el palillo en un puño y se lanzó directo a Ōgama cuando de su mano surgió una enorme vara de cinco metros de largo que apoyó en el suelo y se lanzó hacia el pico adyacente en el que Ōgama observaba con total paciencia. Era increíble, su palillo se había transformado en un bastón enorme que le impulsó directo hacia Ōgama. Aquél mono era rápido, pero el sharingan convertía en babosas a casi cualquiera que tratase pasarse en velocidad. Era algo realmente asombrosa aquella transformación de sus ojos, aquello que ahora tenía... Ese sharingan perfecto y finalizado en sus habilidades, algo que poca gente tenía más allá de sus sueños: una técnica que le comvertía en prácticamente un luchador perfecto en el cuerpo a cuerpo. Todo eso significaba algo, y es que ese golpe directo no sería tan exitoso cuando el Uchiha sacó su katana y con total normalidad la interpuso en la trayectoria. Aquella vara impactaría en el arma de Ōgama, creando un estruendo de choque entre dos materiales realmente duros, el metal y de lo que fuese que estaba hecho aquél bastón. Acto seguido, el simio se agachó al suelo, al tiempo que su vara volvía a hacerse más pequeña, llegando a medir la misma longitud que la katana del peliblanco, y trató de dar un golpe ascendente en su cadera, lo cual el albino tuvo dificultad para parar, pero que lo consiguió con la suela de su zapato, dejando inutilizado aquél palo por un instante. Tomó impulso y con su otra pierna intentó patear su cara, pero de pronto el mismo bastón se colocó en medio del trayecto al volver a cambiar el tamaño. El animal ahora tenía en sus manos el apoyo de los pkes del Uchiha, algo que debería haber sido al menos intentado de evitar por su parte, y ahora el animal le lanzaría por los aires. El Uchiha trató de recomponerse con una voltereta, pero el chimpancé no pudo dejar escapar aquella situación en la que el humano se veía en el aire y sin posibilidad de escapar de un golpe directo, y para desfortuna de Ōgama, así fue... Recibió un golpe de rodilla en el estómago, ya que por mucho sharingan que tuviese, su punto de apoyo era inexistente... No había modo de escapar del ataque.

Ōgama se dió cuenta de que aquél animal no era manco precisamente, y que un par de simples trucos con su katana no serían suficientes, por lo tanto se vió obligado a emplear otro tipo de técnicas... Guardó su katana y con unos sellos rápidos, lanzó una bola de fuego al animal, algo que no pareció ser difícil de esquivar. Posó su bastón por un extremo, y este al estirarse con velocidad, le dejó fuera del alcance de las llamas que emanaban de su boca, y acto seguido se armaría de nuevo con el bastón, esta vez alargándose progresivamente y siendo enviado directo a la cabeza de Ōgama con una medida exagerada: 10 metros de longitud. El Uchiha volvió a esquivar esta vez lanzándose al suelo dando un giro hacia su derecha, y aquél golpe pareció hacer verdaderos estragos en aquél suelo de rocas... ¿Qué demonios era aquella vara? Ese animal sin duda controlaba la medida del bastón, pero de forma casi instantánea e invisible para su sharingan, pues no era exactamente una concentración de chakra por parte de aquél simio desde su mano, más bien era el propio bastón el que respondía a sus órdenes. Fue un barrido lo siguiente que el chimpancé soltó, y este daría en las piernas a Ōgama debido a que este a penas se incorporaba, y el problema serio fue cuando se dió cuenta de la jugada: conforme el palo iba acercándose, Wukong corría directo al Uchiha mientras el bastón se iba encogiendo, dejando a Ōgama en el suelo a una distancia relativamente pequeña del mono, y aparentemente a su merced. Pero aquél mono ingenuo intentó rematar de una forma muy vasta al Uchiha, y el pisotón en la cabeza que trató de dar al peliblancos sería su perdición... El Uchiha se sumió en la tierra y agarró su pie, dejándolo en cuestión de segundos enterrado hasta el cuello. El Uchiha saldría inmediatamente unos metros más adelante, y acercándose tomaría el bastón mágico para examinarlo... - ¡Eh, aparta tus manos humanas de mi arma, payaso! ¡No sabes bien lo que estás haciendo, pedazo de idiota! - exigió el animal aún sin estar en pos de hacerlo. El Uchiha lo comenzó a examinar, y a pesar de ello no conseguía describirlo del todo... El hecho de que estuviese tocando el bastón parecía enfurecer por momentos a Sun Wukong, algo que Ōgama ignoraba por completo - ¡VAMOS, BASTARDO! ¡TE ESTOY DICIENDO QUE SUELTES MI BASTÓN CALVO DE MIERDA! - gritaba con todas sus fuerzas el animal intentando salir de entre las rocas sin demasiado éxito. El Uchiha ignoraba aún sus gritos, y la furia parecía convertirse poco a poco en un terrible gruñido que emanaba tan solo con respirar...

Inexplicablemente, la roca alrededor de Sun Wukong comenzaba a desquebrajarse, dejando cada vez más espacio para que este se mueva. Parecía estar en un verdadero estado de rabia, o quizás le estaba dando un episodio psicótico debido a la visión de un ‘calvo’ manoseando su preciado bastón, pero los ojos de Ōgama modtraban algo aún peor... Sus músculos estaban superando el grado de lo biológicamente permitido, y a raíz de eso, su tamaño comenzaba a crecer. El animal sacó dos brazos realmente musculosos de la tierra, reventando aquél suelo de roca que le rodeaba, y propulsando fuerza de apoyo, logró sacar sus piernas... Era enormemente grande, gigante... Su tamaño crecía y crecía de manera desenfrenada y veloz, llegando a alcanzar los cinco e incluso los seis metros de altura... Lo peor y más diabólico era que seguía y seguía creciendo, llegando a ocupar un volumen realmente considerable... Y de pronto, un temible rugido que recordó a aquella bestia de tres colas que Ōgama presenció en el océano fue emulado por aquél simio de proporciones colosales dentro de lo propiamente colosal - ¡¡GRROOOOAAAAAGHH!! - resonó en aquellas montañas, un grito ensordecedor que parecía no dar espacio a nada más, dejando el lugar sumido en un profundo eco permanente que parecía fruto del propio Big Bang. Ōgama no encontraba el modo de luchar contra eso, por más que miraba con su dojutsu, no encontraba un vacío en su poder que aprovechar, al menos la primera toma de contacto con tal habilidad había sido escalofriante... El animal se acercaba a Ōgama, lentamente con una mirada clavada en él, terrible... El Uchiha no podía pensar, tenía que buscar algún modo para mantener alejado a Sin Wukong, y rápido... Tan solo una fugaz idea recorrió su cabeza, y para mantenerlo lejos, debía intentar ponerla en práctica el animal se agachó para ponerse a cuatro extremidades, y volvió a rugir de aquél modo, y cuando este se fue a acercar, unos sellos que Ōgama nunca antes habría practicado del todo fueron realizados... Ni siquiera el joven estaba seguro de lo que hacía - Vamos... Espero que funcione, si no no la cuento... - y al agacharse, tocó el suelo con sus manos y al cabo de uno o dos segundos, feroces llamas surgieron del suelo en un círculo de 8 metros. ¡Había salido! Parecía que sería imposible, pero Ōgama había logrado realizarlo a la primera.

Pero de forma insospechada, aquél animal dejó el ataque y pasó de nuevo a encogerse, viéndose con la respiración acelerada en cierto grado y dejando marcada su vista desafianre aún en el joven de ojos rojizos. El Uchiha, absorto por lo que el animal era capaz de hacer con su cuerpo, no tenía palabras para describirlo... Simplemente era impresionante y apoteósico lo que había hecho aquél animal con tan solo enfadarse de esa forma... - Vamos... No me hagas hacer eso, no quiero tener que terminar quitándote algo más que el palo... Devuélvemelo y terminemos con esto... - propuso el simio tratando de mantener un tono calmado al fin. El peliblanco no rechistó ni volvió a tratar de ignorar sus palabras, por lo tanto decidió sin más devolver su arma a aquél simio. El mismo parecía avergonzado por lo ocurrido, y sin mirar a sus ojos, disminuyó su bastón de nuevo a la medida de un palillo y lo dejó tras su oreja - No está mal joven... Parece que sabes defenderte. Perdona por todo este escándalo, no pretendía asustarte, joven... Soy Sun Wukong, soberano de estas tierras lejanas a tu civilización. Como te digo, no siempre somos así, hoy era un mal día. Espero que me puedas disculpar, a cambio de ello te trataremos de ayudar con tu problema... ¿Te parece? - se disculpó el animal, dando una pequeña reverencia, cambiando su actitud completamente ante el Uchiha - Vaya... Lo siento por mis modales, Sun Wukong, agradezco tu... - una carcajada interrumpió al Uchiha... Era el animal, el cual parecía soltar una risa un tanto extraña, aunque parecida a los humanos - Vamos chico, alegra esa cara... Estaba de coña. En serio, perdóname que me porte así, soy un poco cascarrabias... Déjame que te acompañe con los animales de mi hogar, ellos sabrán como ayudarte... - y ambos comenzaron a caminar por aquella pequeña cordillera, en busca del lugar de vuelta a casa del Uchiha.

* * *

Aquél era un palacio enorme, y Ōgama estaba esperando en un enorme vestíbulo en el cual los súbditos de aquél mono habían mandado al Uchiha que espere. Le habían dejado un confortable asiento, algo que según parecía se salía de lo corriente. Pronto, saldría una joven simia, un mono tití más concretamente hembra. Esta parecía esperar que el humano le acompañe, pero no sabía como reaccionar, parecía tratar de atraerlo con gestos, como él hubiera hecho con un animal. Le siguió sin más, y pronto llegaron a una sala, en la cual un montón de simios trajeados observaban al albino. Todos parecían examinarle de arriba abajo, de izquierda a derecha. El más atrevido lo tomó de la boca y se puso a examinarle los colmillos, los molares y la campanilla, mientras otro examinaba sus músculos de las piernas - Vaya, las patas traseras parecen ser realmente duras... - comentaba curiosamente uno de los observadores - ¡Y es muy inteligente! Me ha seguido sin perderse - comentaba la tití. Ōgama no entendía aquello... ¿Era acaso una esoecie de chequeo para denominar si era buen animal de caza? El joven Uchiha no entendía nada, pero aquello parecía tener un sentido bastante claro - Vamos, dejadlo... Este humano parece que sí que sabe hablar y todo. Es como un mono más, ¿sabéis? (...) Ōgama... Perdónalos. Sólo queríamos proponerte algo... - todos aquellos tipos parecían mirar maravillados a una especie de humano que hablaba, como si para ellos fuese algo realmente increíble. El mono sacó un enorme pergamino - Dime Wukong... ¿Qué significa esto? - todos los presentes soltaban un pequeño sonido de asombro. Había hablado, era cierto que sabía hablar... Impresionante - Desde hace siglos, los simios del País de los Monos hemos adorado y protegido a la especie humana por un tipo de afinidad con algunos de ellos... Desde mi tatarabuelo, su padre y el padre de su padre, cuando uno de estos humanos de los que hablan ha aparecido por aquí hemos tratado de ayudarles, y hoy casi te hubiera matado... Debemos ayudarte, y volverás a casa, por supuesto... Pero quiero darte un regalo... Si firmas este contrato, podrás conseguir llamarme desde allí donde estés realizando una técnica llamada ‘Jutsu del Hechicero’. Te propongo la protección del mismísimo Rey Mono. Estos señores estaban viendo si eras digno de tal cosa, y estoy bastante seguro de que esto es algo que no refutarán... - informó Wukong a Ōgama, el cual al extenderse el pergamino, prácticamente en contra de su voluntad, sería cogida su mano, abierta una pequeña herida y firmado el pacto con el rey mono Sun Wukong - Vaya... Muchas gracias, esto... Rey Wukong - agradeció el joven Ōgama dando lugar a una reverencia, para recibir una palmada de aquél simio, el cual no le dejó hacer su reverencia, pues tenía algo que decir... - Llámame Goku
Uchiha Ōgama
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