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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Mision C: Bookworm

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Mision C: Bookworm

Mensaje por Hyûga Shimbu el Lun Mar 07, 2016 5:24 am

Era una tarde como cualquier otra en el País de la Tierra, más específicamente en las inmediaciones del Lago de la Verdad. En el medio del enorme predio se hallaba envuelto en sus pensamientos se hallaba un joven muchacho de vestiduras color verde marino y violáceo que sostenía con unas manos húmedas un pergamino gastado. El viento se colaba entre los espacios de las montañas que rodeaban el lago y hacían que la vegetación del lugar se meciera así como lo hacían también los cabellos negros de Shimbu Hyuga, que miraba el centro del lago con su mirada fija, esperando el momento justo.

Si bien en el momento en que le asignaron la misión Shimbu se había decidido a llegar antes al lugar para poder hacer un recorrido del perímetro antes de que su compañero llegaba, estar allí era mucho más imponente de lo que el joven se había imaginado. Cuando por primera vez había leído sobre el Lago de la Verdad, soñó durante dos semanas seguidas como sería su encuentro con el mismo, pues las leyendas sobre la laguna contaban cosas increíbles que dejarían a cualquier persona boquiabierta al solo instante de empezar su lectura. ¿Pero estar allí?, era incluso más grande de lo que parecía.

El día que la misión apareció en su tablón de misiones pegada como un encargo, Shimbu no salía de su asombro. Durante años había intentado acercarse al lago, pero cada vez que intentaba hacerlo su mente le decía que tal vez no era el momento preciso, tal vez aún faltaba algo para poder hacer de su visita al lago, lo que realmente necesitaba ser. Esta misión era la excusa perfecta para hacerlo, y a momento en que leyó la locación de su encargo, no pudo más que alegrarse. Si bien estaba consciente de lo que este encargo supondría, pues para un chico con apenas entrenamiento como era el, esto no sería fácil. Nadie había vuelto del lugar donde lo habían enviado con vida, o mejor dicho, nunca habían aparecido de nuevo.

En sus manos se encontraba el pergamino donde había escrito toda su investigación de estos años, porque claro, una vez que leyó por primera vez sobre ese lugar, toda información que recababa estaba allí dentro. Sea verídica o no. Las versiones de la historia del Lago de la Verdad que se encontraban en los pergaminos antiguos o en todos los libros que Shimbu había podido consultar variaban rotundamente una de las otras. En algunas, las más antiguas, decían que el Lago había estado allí desde incluso el nacimiento de los antiguos feudales, y que se creía poseía un poder único e inigualable. Algunos, decían que el que mirara en el lago, vería la verdad absoluta de lo que su mente preguntara, o incluso que le mostraría todo aquello que era ocultado por sus propios pensamientos. Otros, decían que era un cumulo de una masa de agua pesada, que por alguna razón había sido mezclada con un chakra antiguo, que permitía que el mismo tuviera cualidades curativas. Muchas personas, nombraban al Lago como el lugar donde se llevaban a cabo los juicios en la antigüedad, y por eso fue que lo nombraron de esa forma. Otros, solo decían que era un lago… y solo eso. A decir verdad, Shimbu no sabía cuál de todas creer, pero todas, incluso las versiones más básicas, le parecían fascinantes.

El encargo de su misión era simple, pero a la vez muy complejo. Debería localizar al hijo perdido de su empleador, para poder saber que había pasado con él, o incluso traerlo de nuevo con vida a su hogar. Esto parecía pan comido, claro está. Pero lo que complicaba todo esto era la piedra que aparecía y desaparecía. Ese era un pequeño detalle que nunca había mencionado anteriormente a nadie. En todas las leyendas o cuentos sobre el Lago de la Verdad se hablaba de una roca, o una formación de rocas, que aparecían y desaparecían sin ningún patrón aparente. Los mas místicos, la nombraban Kami no Sabaki (Sentencia Divina) porque tenían la teoría de que al aparecer esa piedra en diferentes partes del lago, esta informaba de que un delito enorme se había cometido. Y esa leyenda iba acompañada de lo que para los antiguos eran la mano de los dioses en la tierra, su guardia divina, o mejor llamados Ishikami (Voluntad Divina) que una vez que eran avisados por esta piedra debían acudir ejecutar una sentencia según lo que los dioses habían decretado. Otro, los más científicos, decían que la aparición de la piedra se debía a un fuerte Genjutsu que fue colocado sobre el lago, para despistar o incluso asustar a aquellos que quisieran apoderarse de él. Sea cual sea la realidad, el joven Hyuga siempre se había sentido atraído a este lugar, ya sea por su misticismo o por la necesidad de revelar la verdad detrás del mismo.

El pelinegro no podía creer que por fin iba a ser partícipe de una misión más importante, y podría poner en práctica su propio entrenamiento. Pero para poder completar esta misión iba a ser necesario que no vaya solo al lago, y ahí, es donde entraba el tema de su compañero. Shimbu se había enterado de esto ni bien había recibido la misión, y como le era tan difícil socializar con las personas, decidió que lo mejor sería solicitarle a algún compañero de su pasado que viniera ayudarlo.

Cuando el joven Hyuga llegó al País de la Tierra, antes de ingresar a Ganryu, había pasado una corta estadía en Mogura, donde había aprovechado a entrenar lo más posible en el arte del Taijutsu en lo que allí llamaban Academias. Si bien no pudo sacar muchos conocimientos de allí, si tuvo una gran cantidad de amigos de los cuales, decidió mantener contacto por más que ahora viviera en otro feudo. Entre ellos, estaba el joven que estaba esperando en encontrar allí. Sabía qué hacía mucho tiempo no hablaban, pero esperaba que la carta donde le pedía que lo acompañara a la misión le hubiera llegado sin problemas.

Así que ahí estaba Shimbu, esperando a su compañero sin poder creer que por fin esta vez iba a ser capaz de desvelar un gran misterio… o bien morir en el intento. Por fin, en esta misión se sabría la verdad sobre el místico Lago de la Verdad del País de la Tierra.
Hyûga Shimbu
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Re: Mision C: Bookworm

Mensaje por Uchiha Sukino el Jue Mar 10, 2016 8:46 pm


Un cartero como otro cualquiera entregó la carta dos días después de ser enviada. Toda una hazaña, teniendo en cuenta lo difícil de transitar que eran ciertos caminos incluso entre dos feudos aliados como los de Mogura y Ganryu. En ella, y de forma muy poco clara al menos para el heredero de los Uchiha, le hablaba un viejo amigo –si es que con apenas doce años se pueden tener viejos amigos-, un niño al que recordaba vagamente por haber sido su saco de boxeo en los distintos entrenamientos de la academia, pidiéndole ayuda para una misión que al parecer lo emocionaba y sobrepasaba a partes iguales.

Sukino suspiró, arrugó la carta y la tiró a un rincón de la entrada entre el zapatero y la pared; dio media vuelta y volvió a su habitación, no sin antes cerrar con un portazo bastante descortés en la cara al cartero de marras que se había quedado allí esperando alguna propina. Pero el Uchiha no estaba para andar siendo amable. Todo él, prácticamente todo su mundo, se vino abajo hacía, ahora, apenas unas semanas, también por culpa de una misión. Siempre ocurría todo por culpa de las dichosas misiones.
Mientras subía las escaleras sorbiendo los mocos, con los ojos rojos y no precisamente por el dôjutsu de su clan, una mano se posó sobre su hombro. Delicada en un principio, poco a poco fue ciñéndose a su hombro hasta que lo giró, no tirándolo al suelo por muy poco, y lo puso contra la pared en un golpe seco haciendo rebotar su cabeza contra los tablones de la misma.

¡Suéltame! – gritó el pequeño del clan de superdotados mientras intentaba vanamente librarse del agarre firme. Sus movimientos no sirvieron más que para causarle una pequeña herida sobre las cicatrices ya bien curadas de un amargo recuerdo. Volvieron a sangrar, y sus emociones con ellas. – ¿Cuánto más piensas pasarte así, Sukino? ¿Hasta cuándo crees que vamos a soportar tus tonterías? ¡Se ha ido, chico, acéptalo! – terminó gritando la adolescente de pelo igualmente oscuro en contraste con los ojos claros, tan extraños en el clan – ¡¿Y tú qué sabes?! ¡Tú nunca has tenido a… na...die...! – de repente se silenció a sí mismo en mitad de la réplica.
Miró directamente a los ojos vítreos de su hermana cuando esta estaba a punto de echarse a llorar. Ella sí había tenido a alguien, alguien quizás más importante de lo que Karma llegase a ser jamás para Sukino: Ikki. El hermano mediano hacía también una semana que no estaba por la casa. Sû e Hiroshi habían salido en su búsqueda, pues tenían una ligera idea de dónde podía estar el mediano de sus trillizos por los informes obtenidos de su misión. Pero eso no era ningún seguro de que fuese a volver vivo, o si quiera a volver.
Lo siento… – susurró Sukino antes de abrazar a su hermana con fuerza. A pesar de llevar juntos toda su vida, nunca habían sido tan cercanos y el contacto físico todavía asustaba un poco a Sichi, quien aceptó el gesto cariñoso con cierta frialdad, ablandándose sólo al principio, durante apenas unos segundos, antes de recuperar su habitual fachada estoica: – Ve a cambiarte. Yo te llevaré donde necesites. – Sukino sonrió de medio lado mientras terminaba de subir las escaleras; – No, gracias. Prefiero ir andando. Tú quédate por si Ikki… volviese. – y tras una media sonrisa, desapareció girando la esquina del rellano hacia su habitación.

{***}

Unas cuantas horas de viaje después, Sukino llegó al punto de encuentro. Allí estaba ya el otro miembro de su nuevo equipo y viejo amigo, Shimbu. Aunque no recordaba su nombre después de tantos años sin verlo y habiendo tenido una amistad tan breve en el tiempo.

Con casi su misma altura, quizás el Hyûga un poco más alto, prácticamente se trataba de un calco a mano alzada de sí mismo salvo por los ojos, siendo los de él más oscuros que los de su amigo. La ropa era otro punto chocante entre ambos: Sukino siempre iba desaliñado, como todos los niños, no miraba lo que cogía para ponerse antes de salir de casa, mientras que el otro chico sí que parecía tener un poco más en cuenta su vestimenta embutiéndose en trajes tradicionales, kimonos y sandalias ninja. Por suerte para el chico del Ojo Blanco, Sukino no daba demasiada importancia a la vestimenta ni siquiera cuando era llamativa como la de aquel chico.

-¡Simbo! – Gritó nada más tenerlo a una distancia aceptable, de unos cinco metros más o menos. Echó a correr hacia él y lo abrazó cariñosamente con una sonrisa de oreja a oreja. Por más que le costase, Sukino quería volver a ser el de antes.

Aclaración:
¡Wololo! Primero que nada perdona la demora en postear. A partir de ahora intentaré que sea un poco más fluido, ya que por fin he terminado de estudiar. Jajajaja. Ahora, en cuanto al post se refiere, tengo un par de cosas que dejar claras:

Esta misión se desarrolla una semana después de la que había tenido con Karma, antigua compañera de Sukino que ahora, por motivos que no vienen al caso, ha decidido seguir otra trama por su cuenta o reciclar al personaje para otros usos (tampoco es como si me importase mucho. xD) así que bueno, para Sukino la pequeña Karma ha "desaparecido" de un día para otro, o tal vez en el último post de la misión, no sé como lo hará ella. Y dados esos acontecimientos, y ya que tengo los requisitos para el dos aspas a falta de esa misión por completarse, Sukino durante toda esta misión usará el sharingan de 2 aspas en lugar del de 1, más común en los genin.

La parte anterior a los asteriscos te la puedes saltar sin problemas, es más que nada explicando todo eso que te he comentado arriba y también añadiendo un poco de movimiento a su trama familiar.

¡Y nada más, a disfrutar de la misión!
Uchiha Sukino
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Re: Mision C: Bookworm

Mensaje por Hyûga Shimbu el Lun Mar 14, 2016 1:15 am

Decir que para Shimbu el contacto físico con otro ser humano era un problema, era un eufemismo. El solo hecho de sentir que su zona de confort (ósea, básicamente todo lo que hubiera a menos de un metro de él) era invadido por una persona, transformaba a Shimbu del apacible muchacho de tez blancuzca, en una especie de cruza entre un tomate y la típica bomba de dibujos animados a punto de estallar. Era obvio que Shimbu no se esperaba nunca un abrazo de Sukino, menos aun estando tan ensimismado en su lectura como lo estaba, porque para el incluso cualquier cosa que estuviera fuera del papel al momento de leer, pasaba a segundo plano. Por ende, tampoco se dio cuenta de cuando Sukino se acercó hasta que escucho el grito de su “Nombre”.

El tacto del Uchiha era cálido, algo a lo que el joven Hyuga no estaba acostumbrado, y lo transporto a lugares familiares de su relación. Días en donde se pasaban en la academia entrenando, o incluso juegos de niño que había olvidado con el paso del tiempo. Momentos en donde realmente Shimbu se había sentido como un niño normal, sin pensar siquiera en todo lo que acarreaba de su pasado. Días como esos, eran una especie de Nirvana en la vida del Hyuga, un lugar donde solamente podía acceder cuando se concentraba en su memoria.

Shimbu reacciono rápidamente al toque de Sukino sonrojándose y alejándose del abrazo, no buscando ser descortés sino más bien tratando de escapar de la cercanía. Hizo caso omiso a la mención de su nombre mal dicho, y comenzó la conversación con el chico de pelos azabache.

-Ho… Hola… Sukino.- Sus manos estaban frente al Uchiha de forma tal que pudiera detenerlo en caso de tener otro impulso de los que tuvo al momento de abrazarlo, aun con el pergamino con la información recolectada durante todo este tiempo en su mano derecha. –Ve… Veo… que te ha llegado la carta… estoy muy contento que estés aquí.-

Por un momento Shimbu no pudo más que prestarle atención a su amigo, el joven no había cambiado mucho en este año donde no se habían visto, pero su mirada tenía un destello de algo que el Hyuga no lograba vislumbrar que era. Aún mantenía su cabello desprolijo, así como su vestimenta algo vaga, pero el resto de Sukino seguía igual a como lo recordaba. De todas formas, algo le decía que Sukino ya no era el mismo del año anterior, no el que él había conocido la primera vez al menos y que no era momento ni lugar para preguntarlo aun.

Dejando de lado esos pensamientos, Shimbu concentró su atención en lo que realmente debería en este momento. Y de repente se puso en el estado calculador que tenía cuando se enfrentaba a algo peligroso y fuera de lo que conocía. Comenzó a inspeccionar el lugar, detalle por detalle, primero que nada buscando un indicio de que algo era diferente, pero aun no era lo suficientemente suspicaz para poder encontrarlo a la primera, por ende le hizo señas a Sukino para que se acerque a él para que lo ayude. Aun no quería usar su Byakugan, no estaba seguro de cuánto podría durar con él y quería usarlo para cuando realmente se necesitase, como una última instancia.

El perímetro alrededor del lago cubría aproximadamente 50 metros de diámetro, recubierto con muy poca vegetación, pero llenaba la mirada de cualquiera de una intensa sensación de paz. Si era esto parte o no de las propiedades del lago, nunca se sabría. O al menos no por ahora. El lago de todas formas parecía en una quietud bastante abrumadora a decir verdad. Nunca se producia una ola en el mismo, y eso era algo que Shimbu se había percatado desde que se acercó al lugar. Comenzó a buscar en su mochila otro pergamino en blanco y saco un pequeño tintero con pluma para comenzar a escribir rápidamente la bitácora de la misión. En el pergamino puso los datos más relevantes de su reconocimiento del perímetro, las sensaciones que el lago producía y datos técnicos para luego poder realizar un mapa aproximado del área. Mientras hacía esto aún confiaba en que Sukino estuviera cerca, pero por las dudas levanto la voz para que el Uchiha lo escuchara.

-¿Has leído de lo que se trata esta misión Sukino?.-Dijo Shimbu mirando nuevamente al centro del Lago esperando por alguna aparición de la roca o poder vislumbrar al chico desaparecido pero nada. Aun no estaba seguro si era conveniente adentrarse en el lugar, pero tarde o temprano debería hacerlo. Tomó su mochila del piso y guardo la bitácora de viaje- ¿Sabes que es lo que tenemos que hacer? Porque creo que es conveniente, que comencemos con esto de una buena vez… ¿verdad?... –mirando hacia atrás y fijando su mirada en la del joven Uchiha, Shimbu le dedico una sonrisa de las que solo pocos conocían, sin timidez, solamente con verdadera fraternidad.- ¿amigo?

2 años atrás:

Un recién llegado Shimbu se acercaba a una de las academias del feudo Mogura, en búsqueda de tal vez un poco de entrenamiento. Durante su corta estadía en Ganryu, Shimbu se había dado cuenta que para poder ayudar a aquellos que lo necesitaban él debía dejar de ser el niño tonto que había sido durante su pasado, y comenzar a tomarse más en serio su entrenamiento y el conocimiento que tenía sobre su propio poder. Si bien era consiente de todas las cosas que podía llegar a hacer un Hyuga al ser una rata de biblioteca, aun no sabía cómo podría hacer para pasar todo eso a su cuerpo y  a la batalla.

Así que ahí estaba, frente a la academia del Mogura, aprovechando la afinidad que tenían ambos feudos de la Tierra, iba a hacer todo lo posible para poder entrenar a como dé lugar. Al entrar le sorprendió lo que podía ver en los jóvenes ninjas que había en el lugar. Si bien muchos de ellos eran casi de la misma edad que el, o eso parecía, era muy normal ver gente caminando por las paredes, o lanzando bolas de fuego, o incluso desapareciendo completamente y fundiéndose con el resto del ambiente. Para el todo esto parecía ser algo nuevo, pues si bien lo conocía por su padre nunca había experimentado en carne propia todo lo que el mundo ninja tenía para ofrecerle.

Mientras más se adentraba en el lugar, seguido por una fuerza de voluntad que solo se debía a este impulso casi instintivo del Hyuga por querer ayudar a la gente, más se fascinaba y más miedo tenía de lo que podría depararle este año completo en Mogura. Shimbu no era una persona sociable, y cualquier medio donde se moviera, que estuviera lleno de gente le sería imposible.

En uno de los salones, pudo ver a unos jóvenes que estaban peleando entre ellos, a forma de entrenamiento. Ambos parecían sacados de uno de los tantos libros que el niño leía, ya que saltaban por los aires, giraban y volvían a atacar como si la ligereza de los movimientos fuera algo normal en ellos. Shimbu quería lograr eso, no importase como, y sin pensarlo dos veces se puso a caminar hacía el lugar para hacer los registros en la academia. El único problema es que estaba realmente perdido, y no sabía por dónde comenzar. En esto se encontraba cuando sin querer, por estar con la cabeza en otro lado golpeo a un joven de cabellos negros con el hombro, haciendo que él mismo tastabillara, y teniendo que sostenerse de una pared para no caerse.

-Lo… lo… lo siento no veía por donde iba.-Dijo antes de poder levantar la cabeza para mirar a su pared con piernas. Cuando fijó la mirada en el niño, pudo ver una pizca de picardía en sus ojos y supo que había encontrado la horma de su zapato, pues ese niño sería prácticamente su antítesis. Este no iba a ser un año fácil para nada. Pensó en continuar su camino, pero en vez de eso opto por aprovechar el momento para poder encontrar ayuda en este nuevo lugar. –Disculpa, pero… soy nuevo… y, no sé dónde debería ir para poder comenzar con mi entrenamiento… po… ¿podrías ayudarme?- Su timidez podía notarse a leguas mientras hablaba, pero el Hyuga tenía que pasar por esto a como de lugar si quería llegar a convertirse en un gran ninja.
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Re: Mision C: Bookworm

Mensaje por Uchiha Sukino el Mar Mar 15, 2016 11:32 pm





~ OST ~


Sonrió ante la acción de Shimbu para despegarlo. No fue fácil, desde luego, pero finalmente terminó cediendo al entender la necesidad del Hyûga por mantener su espacio personal intacto, y soltando el abrazo antes de pegarle otro vistazo general.
La siguiente acción del muchacho con ojos claros ya no le extrañó tanto. Sumergirse en sus pergaminos, incluso cuando tenía a alguien cerca, era algo a lo que tenía bastante bien acostumbrado al pequeño Uchiha quien ni siquiera se lo tomó como un acto de mala educación. Quizás de otro sí, pero el muchacho de Ganryu había sido siempre igual de “especial” para todo.

Yo también lo estoy. – Dijo, no sin cierta pesadez en el tono con el que casi podía descubrirse a sí mismo mintiendo. Por supuesto que no estaba contento; la misión se trataba tan solo de una excusa para salir de casa a que le diera el aire después de una semana encerrado. Le gustaba poco o nada reconocerlo, pero ya no era el mismo e incluso él lo había. – Sigues exactamente igual que hace dos años… – añadió después con cierta nostalgia, y a la vez cabeceó haciendo señas hacia el pergamino: – Hasta estoy seguro de que esta es tu primera misión

De esa guisa siguió un rato, metiéndose con él como solía hacer en la academia. Pero incluso de esa manera tan suya daba a entender que lo quería como sólo los amigos pueden quererse. Su actitud impertinente hacia el Hyûga continuó incluso cuando este se puso a apuntar cosas de manera enfermiza sobre el pergamino. Sukino no pudo resistirse a la tentación de echar un vistazo por encima del hombro del otro niño y ver qué apuntaba. Su letra fina, bien cuidada e impecable le hizo sentir celos sin embargo no tuvo tiempo de decirle nada cuando una voz demasiado alzada le pegó directamente en el tímpano. Estaba demasiado cerca, así que dio un paso atrás y se tapó los oídos

No hace falta que me grites al oído… ¡Sigo aquí! – terció, al final sólo para, como buen mocoso impertinente que era, quedar por encima del otro crío. – No… No he visto mucho, la verdad… – Reconoció ante la pregunta del Hyûga. – ¿Hay que… buscar algo, puede ser? ¡Sé que era algo de una piedra, así que no me regañes! – aunque nada más lejos de eso, el Hyûga le dedicó una sonrisa cálida que lo hizo hasta sentirse mal al recordar ciertas cosas de su pasado juntos.

Dos años atrás, en la academia.:
Sukino estaba, como de costumbre, saltándose las clases referentes al combate cuerpo a cuerpo. Sus habilidades para esa rama del entrenamiento eran nulas, o casi, por lo que consideraba una completa pérdida de tiempo seguir asistiendo y prefería pasar esas horas deambulando por los pasillos haciendo trastadas a todo el que se encontraba.
Atarle los cordones a algún pobre diablo distraído; meter en una ilusión al primero que pillase y hacerlo chillar de miedo o reírse como un loco; dormir debajo de los árboles, justo detrás de las dianas para shurikens donde uno tras otro los alumnos iban fallando y casi sentenciándolo a muerte eran algunas de sus actividades favoritas para pasar el rato, generalmente, acompañado por otros dos de su misma edad e igual de gamberros. Pero, justamente ese día, decidió que sólo se quedaría por los pasillos viendo alguna de las muchas peleas que se daban, por diversos motivos, entre los niños mayores.

¡Y vaya suerte que tuvo al elegir quedarse en el pasillo! El nuevo “pardillo oficial” acababa de aterrizar por la zona. Lo demostró en cuanto se chocó con Sukino y fue él, el recién llegado, quien casi terminó besando el suelo en lugar del escuálido ilusionista que sólo tuvo que recomponerse del golpe con un movimiento de brazos. El aspecto recién llegado no decía nada demasiado bueno para su salud y su carácter tímido, desde luego, tampoco lo ayudaría a no convertirse en la víctima preferida del aún más joven legado de los Uchiha.

¡Por supuesto! – Exclamó un animado Sukino mientras le daba una palmadita de falsa camaradería en el hombro y utilizaba ese mismo sonido para deformar de manera imperceptible la realidad a ojos del recién llegado. Caminar ahora iba a ser difícil, mucho: – Para empezar deberías ir a la oficina del sensei y presentarte. ¡Pero cuidado, es un monstruo horrible! ¡Si abre demasiado la boca, atízale o te comerá! – Y entre asustado, para mantener la mentira, y a punto de estallar por la risa que lo carcomía desde dentro Sukino animó al muchacho a dirigirse a la oficina del susodicho monstruo. Lo peor de todo es que sí, iba a encontrarse a un monstruo pero sin tan siquiera moverse del sitio, porque desde el instante en el que escuchase la palmada en su hombro iba a encontrarse metido en una ilusión más cruel que no sólo la dificultad para caminar.


Eh, Shimbu… ¿Has oído eso? – Comentó, entre asustado, emocionado y preocupado, Sukino mientras instintivamente echaba la mano hacia la bolsa con estrellas ninja que colgaba de la parte de atrás de su espalda. Cogió una entre los dedos y un puñado de por lo menos seis agujas con cascabeles atados. Sujetó bien los cascabeles y se aseguró de que no sonasen hasta ser necesario; – Esta vez no te estoy tomando el pelo… – añadió casi al instante para evitar una mala reacción por parte de su compañero y amigo.

Efectivamente no mentía. La, hasta el momento, imperturbable superficie del lago, que más parecía pintada que real por su quietud, se volvió un burbujeante caos de olas cuya violencia hizo llegar agua hasta anegar parte del perímetro, alrededor de diez metros, y engulló toda esa parte sin vegetación durante unos instantes antes de replegarse a unos niveles menores a los de antes. Todo el suelo retumbó durante un momento; la noche se iluminó con fuegos fatuos y de las aguas empezó a emerger, entre ola y resaca, la punta cónica de un edificio que al final terminó siendo de tres plantas.

Como un gigantesco fantasma se quedó flotando sobre el lago, sin siquiera tocar la agitada superficie del agua para que esta se calmase. Entre sus paredes roca gruesa había grietas que dejaban escapar franjas de luz perfectamente visibles en mitad de la noche, de nuevo oscura. Entonces, la niebla empezó a levantarse hasta que ninguno de los dos ninjas pudo verse el uno al otro y Sukino, desesperado ante tal hecho, empezó a correr aún sin ver a dos palmos de su propia nariz mientras gritaba con desesperación el nombre de su amigo.

¡Shimbu! ¡Shimbu!

Casi al mismo tiempo dos voces simultáneas empezaron a susurrar su nombre con claridad meridiana incluso para el tono en el que hablaban. Dos sombras se recortaron contra una luz de origen desconocido. Parecían vestir de manera idéntica, con sendas capas y sombreros mezcla de campesino y samurái; en cada paso arrastraban las colas de las túnicas y las cruzaban entre sí zigzagueando para no estar nunca una al lado de la otra.

Llevamos mucho tiempo buscándote, Invitado – Anunció una velada voz andrógina mientras él, asustado, lanzaba armas sin ton ni son y trataba de forma inútil de hacer funcionar alguna de sus técnicas ilusorias: – Ven con nosotros

Off:

Err... Ni siquiera tengo del todo claro lo que he hecho, así que perdona por el post tan confuso y lleno, posiblemente, te incongruencias en según qué partes. xD

Se supone que acaba de aparecer la biblioteca de la que habla la leyenda. Pero el sitio, evidentemente, está protegido por toda clase de cosas y no deja que cualquiera entre así como así. Ambos, tanto Sukino como Shimbu, han caído en la primera de sus trampas que es la luz (siento si he manejado a tu personaje en ese sentido, pero era para avanzar un poco más rápido), y eso tiene como consecuencias la entrada en la niebla. Las figuras son idénticas para ambos, así que pronuncian un nombre u otro dependiendo de a quién se le aparezcan lo cual, en éste caso, es a los dos a la vez. Y la niebla, según parecer, no se acaba nunca. Las armas que Sukino lanza las lanza DE VERDAD, así que si quieres narrar que esquivas alguna porque la escuchas venir adelante. xD

Y si tú quieres actuar como narrador un poco, teniendo en cuenta que es tu misión específica, a mí no me importa amoldarme a lo que tú quieras. :D
Uchiha Sukino
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Re: Mision C: Bookworm

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