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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Por el Filo de la Espada

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Por el Filo de la Espada

Mensaje por Kuroudo Spike el Vie Mar 11, 2016 11:03 pm

I: De cómo Spike aprende a pelear contra Bestias Humanas


Spoiler:
Misión de rango D: Por el filo de la espada

Lugar de la misión: País de la Nieve
Descripción de la misión: El país de la Nieve es un lugar cruel, y hay que ganarse el pan del día para permanecer en la temperatura correcta. Y para ello, nada mejor que resguardar algún lugar por la noche. Un herrero ha recibido amenazas y decidió contratar guardias para su hogar, una cómoda cabaña en la aldea de la nieve. Según ha comentado, tiene un cliente que ha decidido no pagarle, y no le ha devuelto el arma que le ha pedido afilar. No piensa hacerlo hasta que se le haga el pago correspondiente, puesto que ya ha dejado pasar esa situación demasiadas veces, y el dinero no crece en los árboles. De hecho, ni los árboles crecen bien en la aldea de la nieve como para ir regalando trabajo.
Pero la situación se le ha escapado de las manos al recibir amenazas de éste cliente, por lo que ha decidido protegerse.
La primera noche, el hombre irrumpirá en la casa por una ventana, y tu podrás ver cómo detenerlo.
Se trata de un hombre sin mucha fuerza, sólo porta una daga y no sabe usarla bien, por lo que no supondrá un gran desafío. No debes matarlo, pero si hacerle entender que no tendrá mucha suerte de ahí en más.

Recompensa de la misión: 600 Ryus
Extensión mínima de la misión: 60 líneas


I - I :: Un Avecita en su Rama

Los ojos de Spike estaban completamente cerrados. Podía sentir el brazo de su madre rodeando su cuello, pasando con un tacto suave alrededor de su hombro y rozando con un calorcito cálido el resto de su propio brazo hasta llegar a su mano, la cual sostenía con ternura. Mientras él se hacía el dormido, sentía los dedos de su madre jugando en su cabello tan delicadamente que podría confundirse con el rose de una flor. Mantuvo los ojos cerrados un largo rato, medio dormido, disfrutando, sintiendo: feliz.

Intentó abrir los párpados con cautela pero una ráfaga de aire helado se los separó de golpe. Le ardieron, lagrimeó un poco. A medida que se iba despabilando tallándose los ojos, volvía a la realidad. No estaba recostado en los brazos de su madre, de hecho ni siquiera estaba recostado. Se encontraba sentado encima de un viejo pilar congelado que en su tiempo indicaba los límites de la Aldea de la Nieve, pero que ahora nadie respetaba, ni se acordaban de él. Vio el horizonte, siempre blanco, por un instante. El frío rompió por fin la barrera de calor que le había dado su imaginación, penetrando en su piel, congelando aquel pequeño cuerpo que siempre estaba frío.

—¡Ah, qué fresco está el tiempo! —se deslizó a lo largo del empedrado helado del pilar, y echó carrera tan pronto como sus pies desnudos alcanzaron la nieve.

I - II :: La Única Casa en la Aldea de la Nieve donde hace Calor

En el País de la Nieve no hay colores oscuros. Está el cielo blanco, la nieve blanca, los hogares cubiertos de nieve, los rostros pálidos con motas rosadas y las pieles de animales pintadas del mismo color níveo. Incluso por la noche las sombras destacan con esta tonalidad. Es tan común ver todo siempre igual que, cuando el señor Shoujo trabaja, el techo de su casa brilla por el humo negro que se expide desde dentro. Él es herrero, trabaja a altas temperaturas, tiene dos lobos, un buen inventario de armas, poca demanda de trabajo y veinte grados centígrados más que el resto de los habitantes en todo el país.

El señor Shoujo es muy huraño; aspecto de su personalidad que lo ha llevado casi a la quiebra. Es herrero y ofrece un servicio, y se sabe que más de la mitad de las ganancias de un comerciante se debe a su carisma y no a sus productos. El señor Shoujo se queda, pues, con menos de la mitad de lo que podría estar ganando. En este sentido se entiende que su trabajo requiera sí o sí tener siempre una remuneración. Le resulta bastante sencillo cumplir este requisito dado que un comerciante sólo le regala a sus amigos o parientes cercanos, y él no tiene amistades y desconoce a su familia. Sin embargo, y como es de esperarse de un país pobre, no falta quien se quiera hacer el vivo tratando de obtener un servicio sin pagar. Un sujeto cuyo nombre no es importante le encargó al señor Shoujo una hoja para ser afilada. El trabajo fue simple pero tedioso. Cuando estuvo completada la operación, el cliente decidió no pagar por ello; y el herrero, en respuesta, decidió no entregar el pedido. El costo del arma es mucho mayor al del trabajo que se le realizó, por lo que su dueño la quiere devuelta así sea a la fuerza. Ha estado presumiendo por las calles que entrará y recuperará su hoja, y esta información llegó a oídos del señor Shoujo, quien luego de meditarlo optó por contratar los servicios de un guardaespaldas. Es de esperarse que el costo del mismo sea menor que el de su trabajo, por lo que ofreció una cantidad bastante baja. Entonces, lo que los mercenarios de la aldea ignoraron por la poca remuneración fue visto por Kuroudo como una actividad interesante para pasar una noche. —De cualquier manera —se dijo—, a estos huesos le caerá bien algo de calor. —No se refería a la temperatura de la casa, lo decía por el calor de una buena pelea.

I - III :: Al Polluelo le salen Dientes, y los pone en uso

Cuando Spike llegó a la casa del señor Shoujo sólo intercambiaron algunos diálogos introductorios y segundos después el niño ya se encontraba en su posición de guardia junto a uno de los hornos de hierro. Contra todo pronóstico, el calor le molestaba en lugar de vigorizarlo. Kuroudo avanzaba para ser uno de esos hombres que aman la nieve, y cuyos cuerpos tienen al frío como temperatura normal y a la usual como calor intenso. Aún con esto, podía sentir que su tacto se agudizaba. Le divertía sentir cómo sus dedos se frotaban unos contra otros.

La noche se comió al día en un mordisco no muy lento que dejó a la aldea a oscuras. Spike se ubicó a un lado de un grupo de armas de dos manos. Estaba en un punto donde todas las entradas al recinto quedaban dentro de su rango de visión. Evitaba, en medida de lo posible, hacer el menor ruido. El lugar le ayudó mucho ya que no temblaba a esa temperatura. Pero lo que más evitaba era pensar, como hacía siempre, porque pensar era para él una pérdida de tiempo, y el tiempo era uno de sus mayores tesoros.

De súbito, Spike advirtió cómo un hombre forzaba la cerradura de una de las ventanas. Lo mismo hubiera dado el que la hubiera quebrado, dado que tanto Spike como el señor Shoujo lo oyeron llegar apenas dio el primer tirón a la palanca que usó para abrir la ventana.

El sujeto entró de un salto apenas pudo abrirse paso al hogar. Dio algunos pasos dentro y se perdió. Sabía perfectamente lo que estaba buscando, pero desconocía por completo el lugar que estaba pisando. Miró inadvertido varias repisas, tranquilo, seguro de que nadie lo veía. Todo lo contrario, Spike esperaba que se acercara más hacia él, hacia la oscuridad que lo envolvía y hacia las armas que tenía a la mano. Cuando vio la oportunidad, le dejó caer encima las empuñaduras de al menos diez armas que estaban de pie a su lado. El filo de una de ellas, una lanza, le perforó un brazo. El hombre no pudo reaccionar a tiempo por la falta de visión. Sin embargo, sí logró reincorporarse de inmediato desenfundando una daga de su bolsillo. Las armas rodaron a sus lados cuando se puso de pie, y sin mirar demasiado tiempo identificó a Spike entre el resto de las armas. Éste intentó escabullirse pero fueron las mismas armas que tiró las que le obstruyeron el paso. El invasor pasó a captor cuando tomó violentamente a Spike del cuello, elevándolo medio metro encima del cúmulo de armas regadas en el suelo.

— ¡Pequeño bribón!
— ¡Enorme ladrón! —gruñó ya sin aire.

El sujetó se enardeció aún más, ahora agitando el cuerpo del pequeño de un lado a otro, haciendo que chocase con varias armas hasta chocar de espaldas contra la pared. Spike no se quejó en ningún momento.

— Tú debes saber dónde está mi arma. ¡Dímelo!
— Sí. Suéltame y te digo. —murmuró sin aliento. Esto tranquilizó al invasor, quien bajó al chico con cuidado -aunque sin delicadeza- dejándolo de pie. Le permitió que recuperaba el aliente y espetó:
— ¿Y bien?
— Está por ahí. —Y señaló a cualquier lado.
Como llevaba aplicando este viejo truco desde que era muy pequeño, Spike no tuvo que cerciorarse de que su contrincante se había girado para poder tirar una patada a su entrepierna. Lo hizo tan fuerte como pudo, y una vez lo vio acuclillarse por el dolor repitió su ataque ahora hacia su cabeza, rompiéndole la nariz. Acto seguido ahorcó como pudo al sujeto, rodeando su cuello hasta donde le alcanzaba con su pequeña mano.
— Me equivoqué, era hacia el otro lado. —se burló en su cara. Lo arrojó encima del cúmulo de armas y divisó detrás al señor Shoujo, quien se encontraba más agraciado que sorprendido.
— Por un momento pensé que lo morderías, ja, ja.
— Eso haré si no se me paga.

Spike recibió lo acordado y así se retiró del lugar, ganándose a un enemigo y perdiendo una parte más de lo poco que le quedaba de su niñez.
Kuroudo Spike
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