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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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El viento es el guía.

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El viento es el guía.

Mensaje por Kusaru Ishiguro el Lun Mar 14, 2016 9:20 pm

El viento soplaba hacia el sur y Kusaru avanzaba con él. Hacía ya más de un par de horas desde que había salido de su hogar en el feudo de Fenikkusu, sin rumbo alguno. No era la primera vez que el marionetista hacía algo parecido. Tenía cierto afán por alejarse momentaneamente de su hogar, después de todo, nunca le gustó. De rama en rama, saltaba entre los árboles de uno de los muchos bosques verdes y frondosos del país del fuego. Los árboles eran altos, de robusta corteza que tomaba un matíz casi negro, sin embargo, con cada zancada que daba y cada árbol que dejaba atrás, se encontraba con uno más pequeño. *¿Dónde vamos?* Se preguntaba el shinobi que, poco a poco, podía ver como varios metros en la lejanía los rayos de sol se deslizaban con cautela entre la vegetación. Kusaru, como de costumbre, llevaba consigo su atuendo habitual, bajo la cual se balanceaba la moneda de oro símbolo de Fenikkusu, la misma que algún día esperaba poder ensartar en el cuerpo del Daimyo Sakamura. La capucha de Kusaru cubría su rostro, mas no llevaba puesta su máscara, la cual quedaba posada en la parte trasera de su cabeza. Tras él, la figura de una de sus marionetas, no superior a él en tamaño, se mostraba envuelta en vendas sin asomar la más mínima parte de su inerte cuerpo.

BSO:

La luz se acentuaba tras cada segundo, y el bosque llegaba a su final. Un gran salto hizo que el titiritero atravesara la última fila de árboles y cayera de pie, estático en el suelo. Se encontró entonces en un curioso terreno el cual nunca había presenciado. *Nunca me había alejado tanto del feudo.* Pensó al tiempo que contemplaba el maravilloso paisaje. Era la primera vez que veía el mar. Siguiendo al bosque, se encontró con una llanura completamente plana, donde la frondosa vegetación había desaparecido dando lugar a un terreno árido y seco. Una distancia de poco más de diez metros separaba la última fila de árboles de lo que resultó ser un acantilado. El shinobi se acercó a este para contemplarlo con claridad. Su situación resultó ser uno de los extremos de un cabo. El mar se introducía en la tierra formando una curiosa imagen, formando una "U" que, completamente vertical, se alzaba más de 70 metros de las saladas aguas que en su pie se encontraban. -¿Lo estas viendo?- Dijo en voz alta Kusaru, como si alguien pudiera escucharle. Mientras tanto, caminaba al borde del acantilado, alcanzando tras varios segundos la zona central del cabo, quedando así frente al más extenso horizonte. -Es el mar... Si, ¿lo estás viendo?- Repitió el shinobi al tiempo que descargaba la marioneta de su espalda y se posaba en ella como si de un bastón sustentante se tratara.

Pasaban los minutos y el marionetista era incapaz de abandonar aquel lugar. Su peculiar paseo con el fin de tal vez encontrar madera útil para sus marionetas o algún vegetal con el que fabricar sus toxinas no había dado resultado, mas no le importaba en aquel momento. Permaneció de pie, al borde del acantilado, durante mas minutos de los que él era consciente. El sol se situaba en lo más alto, justo sobre él. El viento que le había guiado hasta el sur había cesado, y en su lugar Kusaru se balanceaba constantemente, movido por primera vez por la brisa marina.

OFF. Aclaraciones.:
Bueno, en primer lugar, en cuanto a las vestimentas de mi personaje, lleva su ropa habitual, por lo que puedes orientarte con cualquier imagen de este.

En segundo lugar, no te asustes por los extraños monólogos de mi personaje, digamos que Kusaru sufre algo parecido a un trastorno que le hace hablar solo en ocasiones (aunque, realmente, habla con sus marionetas).

Por último, te dejo una imagen orientativa del paisaje por si mi descripción no ha sido suficiente.
Kusaru Ishiguro
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Re: El viento es el guía.

Mensaje por Hōso Origami el Miér Mar 16, 2016 6:38 pm

Era la primera vez que llegaba tan lejos, y la emoción le embargaba. Había podido ver tantísimos y tan distintos paisajes desde que salió de la capital del País de la Tierra: las áridas estepas de su Feudo, las suaves y nevadas colinas del Cordón Montañoso, pequeños prados verdes entre fronteras que suavizaban su marcha… Incluso tuvo que cruzar hasta dos fronteras para poder llegar finalmente a su destino: el País del Fuego.

Ahora había dejado atrás cualquier vestigio de civilización. Aunque sus feudos no estaban enfrentados, Hōso pensaba que era mejor no correr riesgos. Aún no era lo suficientemente fuerte como para estar a la altura de Sorey; su única manera de enfrentarse a un combate era huir… O matar. Por ello, evitó dirigirse hacia la capital de la Hoja y rodeó el camino a través de un basto y extenso bosque.

“Los bosques aquí son increibles” -se maravilló Hōso. Comparado con la vegetación que había en la Capital de la Tierra, aquellas bastas y frondosas copas, rodeadas de un manto multicolor de flores y animales eran todo un mundo nuevo para Hōso. A cada paso que daba, descubría un nuevo patrón, un nuevo tesoro que la naturaleza de ese lugar ofrecía. Pudo pasarse horas caminando por aquel bosque, sin prestar atención al rumbo, sólo maravillándose ante aquel paisaje. Pudo comprobar, durante su marcha, que habían varias hierbas medicinales comunes en ambos países, y que en algunos árboles existían cortes y marcas. “Probablemente será de entrenamientos, o quizás de combate… Tienen pinta de ser de arma blanca” -deducía Hōso mientras acariciaba las cicatrices de la corteza.

Durante otra ocasión, pudo ver como un pequeño animal parecido a un cervatillo bebía de un claro y cristalino estanque, y cómo los peces comían prácticamente de tu mano sin temor alguno a ser cazados. “Este sitio es increible...” -pensó Hōso. Tras observar el lugar y asegurarse de que nadie le seguía, se sentó para descansar un rato. “Ha sido un largo viaje, unos minutos no me vendrán mal” -pensó. Apoyó la espalda en un tocón que había junto al estanque, sacó un cigarrillo de uno de los bolsillos del pantalón, y se dejó caer hasta quedar completamente sentado. A pesar de que no tenía manera de encenderlo, y que ese era el último cigarro que le quedaba, no sintió ansiedad. Aquel lugar le inspiraba tranquilidad.

Sus párpados empezaban a notarse cansados, y poco a poco su vista se nublaba. Tras un largo viaje, incluso el más fuerte shinobi necesitaba descansar. Pero aquel delicioso momento a penas duró unos segundos: un crujido seco, como el de una rama partiéndose, despertó a Hōso. “¡Mierda!” -pensó asustado. No había tenido ningún problema con ninjas en todo su viaje, y precisamente su cautela había tenido algo que ver. Sin pensarlo dos veces, se incorporó y comenzó a correr hacia el espesor del bosque. “Joder, no se a donde voy -pensó Hōso asustado- si el enemigo conoce el terreno estaré en gran desventaja”. Corrió y corrió a través de aquel espeso bosque, y su visión de este cambio por el miedo y la adrenalina. Donde antes veía fuertes y robustos árboles, ahora veía miles impredecibles troncos y raíces que trataban de obstaculizarle el camino. Donde antes se maravillaba por la cantidad de plantas y hojas, ahora maldecía por no tener visibilidad ni un camino claro. Aquel bosque de sus sueños se estaba convirtiendo en el bosque de sus pesadillas. Pequeños cortes en sus brazos, tropiezos que acababan en una caída brusca… Aquel lugar parecía jugar en su contra.

Tras varios minutos de carrera contra lo desconocido, el viento comenzó a soplar. Hōso se paró en seco, y averiguó su dirección. El viento siempre era su aliado, y a demás, si había viento era porque había algún tipo de claro. Comenzó a correr hacia esa dirección, abriéndose paso a la desesperada entre ramas y arbustos, mientras poco a poco distinguía con más claridad la luz al final del túnel. En poco tiempo, acabó encontrando el final de su camino en el mar.

Tras superar el bosque, comenzó a toser y a sacudir todo su cuerpo. Se encontraba sucio, lleno de ramas y hojas, y algunos cortes en la ropa. Pero había logrado salir, y parece que nadie le había seguido. Más tranquilo, pudo girarse y comenzar a explorar ese lugar: al parecer se encontraba en un precioso acantilado. La pared rocosa hacía frente a un mar que chocaba violentamente contra él, como intentando vencer una batalla titánica. En la refriega, la roca había acabado por describir una sinuosa curva, en forma de “U”, que daba unicidad al paisaje. El cambio tan drástico sorprendió a Hōso.

Se acercó hasta el borde del precipicio, se sentó en él, y comenzó a lanzar pequeñas piedras al mar. Su habilidad para tranquilizarse y despreocuparse no parecía humana, pero estaba tan acostumbrado a sobresaltarse ante cualquier cosa, que también le resultaba fácil volver a la calma. Cuando tuvo suficiente, se puso en pié y comenzó a caminar por el borde. “Habrá que pensar en volver -pensaba Hōso- he visto muchas cosas, pero aún no he podido mejorar mis habilidades. Creo que a este ritmo… Entrenar con Sorey será mejor”. Volvió hacia el bosque, apunto de tirar la toalla, cuando de golpe vio aparecer a lo lejos a un shinobi. Sus movimientos eran ágiles y veloces, bastante adaptados al medio. Vio como aquel ninja de chaqueta y botas negras contemplaba el paisaje con la misma inocencia con la que él lo había hecho.

Hōso se quedó paralizado, incapaz de tomar un rumbo. Allí, en la frontera entre el bosque y el mar, su mente se debatía entre entablar conversación con aquella persona o huir. “Podría tratarse de aquel que me perseguía… Será mejor huir”. Sin embargo, cuando agachaba la cabeza decepcionado ante su cobardía y volvía tras sus pasos escuchó unas palabras provenientes de dentro del bosque: “Lo he visto ir hacia allá, tened cuidado chicos. Si algo sale mal y se escapa, tendremos a todo el puto País del Fuego tras nosotros”. Los ojos de Hōso se abrieron de par en par, y no pudo emitir un pequeño grito sordo. “Mierda. ¿País del Fuego? Debe ser aquel chico. Mierda, mierda. No iban detrás de mí”. El debate interno del shinobi se acrecentó, y sus dudas le machacaban. Por la lejanía y la procedencia de las voces, aún contaba con tiempo de sobra para alertar al shinobi.

“Está bien -pensó Hōso- puede salir mal, pero huir siempre era una opción, ¿no?”. Dio media vuelta y se dirigió andando hacia aquel ninja. Al principio se asustó, pudo oír algunas palabras salir de aquel shinobi, como si mantuviera una conversación. Pero al rededor no había nadie. Decidió ignorar ese hecho, habían personas que hablaban en voz alta cuando se encontraban a solas, no era preocupante. Continuó andando hasta estar a unos 7 metros del shinobi, cuando se armó de valor y con el tono más amigable que pudo le dijo: “Hola. Soy Hōso Origami, del País de la Tierra”.

A partir de ahí, desconocía como iban a transcurrir los hechos. Si el curioso shinobi se mostraba participativo y no suponía ninguna amenaza, le explicaría con tranquilidad lo que había ocurrido; incluso le ofrecería su ayuda si su causa era justa. Por el contrario, si su reacción era la peor, o si planteaba una amenaza, no habría más remedio que huir o combatir. Sin embargo, Hōso no pensaba dar por sentado la violencia, y decidió centrar sus pensamientos en lo positivo: todo iba a salir bien. Aún así, y por si acaso, dada la distancia que los separaba, estaría terriblemente atento de los movimientos de aquel ninja en busca de cualquier acción sospechosa que esquivar o repeler.

OFF:
¡Hola! En primer lugar, espero que disfrutemos a tope roleando, que es el objetivo de todo esto. Siento haber introducido indirectamente npcs en mi primer post, pero veía que nuestro encuentro era demasiado forzoso y que a mi personaje le faltaba algo de motivación para no correr y salir huyendo. Leyendo post míos anteriores o mi propia ficha, veras que Hōso es pacífico a más no poder, así que espero que tengamos un entrenamiento de lo más agradable (dentro de lo que la personalidad de Kusaru quiera xD). Por último, y en cuanto al npc, si ves que no te apetece continuar nuestra trama por esa vía, estoy a tiempo de editar este post. ¡A ROLEAR!

Stats:
• Ninjutsu 10
• Taijutsu 1
• Genjutsu 1
• Velocidad 2 (+1) = 3
• Resistencia 3
• Fuerza 3

Equipamiento:
• Kunais x2
• Alambre de hilo
Hōso Origami
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Re: El viento es el guía.

Mensaje por Kusaru Ishiguro el Miér Mar 16, 2016 9:19 pm

El tiempo parecía no pasar para Kusaru. El mar, él nunca había visto el mar, y ese era un momento que quedaría guardado en lo más profundo de su memoria. No importaba cuanto tiempo pasara, ni cuan profundo fuera el trastorno que enfermaba y enloquecía su mente día tras día. La belleza del paisaje, así como la tranquilidad en la que se encontraba, solitario como de costumbre hicieron que el shinobi del País del Fuego se embriagara. Se embriagó del momento, del canto de las gaviotas que varios metros por debajo del borde del precipicio aleteaban gráciles y elegantes. Se embriagó también del sol golpeando su capucha, sin llegar a penetrar en ángulo de visión pero sintiendo su calor. Se embriagó del momento. –Es bonito.- Susurró, con el timbre de voz más inocente que jamás había salido de sus labios. –Es muy bonito, si, lo es.- Repitió, mientras sus ojos brillaban cada vez con más fuerza, inundados por la emoción pero sin llegar a derramar lagrima alguna. La vida de Kusaru no le daba muchos momentos felices, momentos que recordar o en los que pensar para calmar su constante agonía, pero ese era sin duda uno de esos momentos. Durante el tiempo que permaneció inmóvil, al borde del acantilado, olvidó su pena, su lamento, la muerte de su padre, el secuestro de su padre, la soledad. Olvidó Fenikkusu.

-Nos interrumpen ya… Si, nos interrumpen.- Dijo Kusaru en un tono tan bajo que parecía no estar hablando al tiempo que cerraba sus ojos, al percatarse de la presencia de alguien que caminaba hacia él. La brisa le balanceaba y pudo sentir como rozaba su piel, como al respirar el aire puro llenaba sus pulmones, escuchando las olas golpear en la gran pared vertical. Sin cambiar de posición, empleando todavía su títere como sustento, giró su cuello para observar al joven. No parecía ser mucho mayor que él, sin embargo superaba en casi veinte centímetros la altura de Kusaru. Su pelo, castaño y recogido en una coleta, se veía envuelto en la suave brisa. Sin embargo, sus ropas y aspecto dejaban mucho que desear. El harapiento shinobi resultaba ser todo un misterio para el marionetista, que le observaba perplejo, sin saber de su procedencia. –Lo sé, me he dado cuenta, pero no juzgues a la gente por las apariencias.- Dijo Kusaru volteando de nuevo su cara hacia su marioneta envuelta en vendas.

Una vez más, observó al shinobi recién llegado, esta vez de forma impasible, con los ojos entrecerrados. Kusaru siempre había sido alguien desconfiado; es lo que tiene cuando vives en la más completa soledad, sin nadie que te apoye o proteja. Completamente abandonado en un mundo donde quien tiene más dinero, armas o poder es quien gana. El resto son tan solo marionetas. Si, marionetas. Al fin y al cabo Kusaru no es tan diferente a ellos en sus métodos. Su complicada paranoia le convirtió en alguien difícil de tratar, pero sus objetivos siempre serán muy distintos. Mientras unos ansían acrecentar ese dinero con el que cuentan, esas armas con las que luchan o ese poder y territorios que poseen, el tan solo quiere verse liberado y tal vez, solo tal vez, dejarse llevar por la sed de venganza. Tal vez.

-Hola Hōso. Estas sucio.- Dijo completamente inmóvil y frío Kusaru, sin cambiar ni lo más mínimo la mueca casi plástica de su rostro. Tan sólo su ceja sufrió un leve movimiento, arqueándose hacia arriba mostrando algo de inquietud y curiosidad. Al mismo tiempo, el marionetista dirigió de nuevo su mirada al cuerpo de madera que sostenía bajo la palma de su mano. -¿Qué hace alguien del País de la Tierra tan lejos de su hogar?- Preguntó dubitativo Kusaru, sin tener ni siquiera él mismo la certeza de haber lanzado la pregunta al joven de cabello castaño o a su títere.

OFF:
Ningún problema con la introducción de los NPCs. No los he mencionado porque, ya que era a ti a quien perseguían, te dejo que seas tu quien de sus datos x). Yo siento que el post me haya quedado un poco corto. No tenía mucha "chicha" que sacar.

Y una vez más, lo siento por la extraña actitud de mi personaje. Espero que te acostumbres pronto a él xD.

Stats:
• Ninjutsu:5
• Taijutsu:7
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 5
• Resistencia: 3
• Fuerza: 3

Armamento:
• Senbons (infinitas unidades)
Kusaru Ishiguro
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Re: El viento es el guía.

Mensaje por Hōso Origami el Jue Mar 17, 2016 1:14 pm

La brisa marina acariciaba la cara del shinobi, mecía su pelo y jugaba con las plumas que adornaban su coleta. El ambiente era tenso y frío, tanto como la expresión de aquel otro ninja. En cuanto Hōso pronunció su presentación, supo de antemano que aquello había sido un error. “¿Cómo soy tan estúpido? -pensó Hōso. Cualquiera sospecharía de un shinobi de un País y Feudo ajeno. Incluso aunque fuera con las mejores intenciones. “Yo mismo sospecharía de mí en esta situación” -se reprochaba mientras esperaba la reacción de aquel misterioso ninja. “Hola Hōso. Estas sucio” -dijo aquel joven.

Si la vergüenza y el arrepentimiento rondaban los pensamientos de Hōso, tras aquella fría y apática respuesta el mar de dudas nubló su conciencia por completo. “Mierda, este tío no está bien” -pensó Hōso. Su tono de voz era tan vacío, tan anodino, que parecía como si no estuviera realmente en este mundo; como si lo que ocurriera en él no le importara. Hōso había visto pacientes similares en su consulta, y no era precisamente su especialidad. No había ningún código ni manual para tratar con ellos, sino todo lo contrario: cuanto más los juzgaras y los clasificaras, peor reacción tenían. Lo mejor ante esas situaciones era dejarse llevar. Hōso tenía muy poco que hacer con los recursos de los que disponía. Es más, debía seguir adelante pasara lo que pasara. Si a la hora de la verdad no era capaz de confiar en los shinobi, si no era capaz de despertar el verdadero significado de ser ninja en los demás, ¿cómo iba a poder cumplir su camino del ninja? ¿Cómo iba a poder convertirse en Guardián?

“¿Qué hace alguien del País de la Tierra tan lejos de su hogar?” -dijo de nuevo aquel ninja. Sin embargo, esta vez a su tono apático se sumó algo con lo que Hōso no contaba. Estaba tan distraído en el discurrir de la conversación, que no se fijó en el cuerpo de madera que sostenía el shinobi bajo su palma. Sin duda alguna, era una especie figura tallada, y parecía tener bastante valor personal para el shibobi que la portaba. Durante esta última intervención, el shinobi proyectó hacia la figura, y no hacia Hōso. “Mierda, el deterioro es mayor de lo que creía” -pensó Hōso. Definitivamente, aquel ninja parecía interpretar el mundo de otra manera, bajo otra mirada. “¿Qué le habrá ocurrido a este chico?” -se lamentó Hōso. Pero en cuanto se dio cuenta de por donde transcurría el hilo de sus pensamientos, cortó de golpe. No podía permitir sentir pena por aquel chico. Nadie se merecía eso. Y menos aún sin conocer su historia. Seguiría adelante con su decisión, y trataría de averiguar su causa lo más rápido posible. Estaban en peligro.

Con tono avergonzado, Hōso se llevó la mano derecha a la cabeza, e inclinó ésta ligeramente. “Ah… Sí. Perdona por las pintas -se disculpó Hōso- Oí un ruido en el bosque y me asusté. No estoy acostumbrado a tanta vegetación… Y soy un poco torpe, JAJAJAJAJAJA”. Era consciente de que su risa algún día le pasaría factura. La gente no estaba acostumbrada a su humor, y pocos sabían medir su personalidad. Casi siempre conseguía incomodar a los demás con su grave y contagiosa risa, sobre todo por ser tan inoportuna. “Necesitaba salir de mi País… Desconectar… Y acabé llegando aquí” -continuó Hōso. En esta ocasión se llevó ambos brazos a la cintura, intentando no realizar movimientos bruscos que alteraran aún más la tensa situación. “Antes… En el bosque… Yo me he asustado por… -tartamudeaba Hōso. La situación era tan incómoda para él, que hasta sus palabras se atascaban. “Espabila, imbécil. La estás liando” -pensó Hōso.

Clavando la mirada profundamente en el shinobi, reclamando su atención, Hōso pronunció las palabras clave: “Antes, en el bosque, no me buscaban a mí. Buscaban a un ninja del País del Fuego”. Su tono de voz cambió bruscamente de risueño y agradable a serio y atento. Necesitaba causar impresión a aquel ninja, necesitaba sacarlo de su mundo: incluso aunque esto supusiera que lo atacara. Con suerte, en la lucha podía huir hasta ponerlo a salvo. Eso habría valido la pena.

Ahora, más que nunca, mantenía la distancia entre ambos, y sus sentidos estaban completamente atentos a los movimientos del shinobi y su figura. Una mala reacción era una opción bastante probable, y seguramente su tiempo se les acababa. Los que le buscaban deberían de andar cerca. La tensión en el ambiente iba aumentando. El oleaje acompañaba los sentimientos de Hōso chocando fuertemente contra la pared rocosa. La presión interna era terrible, y Hōso seguía desconociendo la reacción de aquel shinobi. Ni si quiera sabía su nombre.

Sin embargo, en ese momento, un fuerte chillido proveniente del bosque alertó a ambos shinobi: “¡DEJADME EN PAZ! ¡SOCORRO!”. La voz era suave y dulce, parecida a la que emitiría un niño. ¿Qué sucedería a continuación? ¿Cómo reaccionarían los shinobi ante tal suceso? ¿Realmente iban tras aquel ninja, o había sido un mal juicio por parte de Hōso?

STATS:
• Ninjutsu 10
• Taijutsu 1
• Genjutsu 1
• Velocidad 2 (+1) = 3
• Resistencia 3
• Fuerza 3

EQUIPAMIENTO:
• Kunais x2
• Alambre de hilo
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Re: El viento es el guía.

Mensaje por Kusaru Ishiguro el Vie Mar 18, 2016 9:05 pm

El desconocido shinobi no parecía vacilar. Kusaru le observaba, analizaba de reojo todos y cada uno de sus gestos y movimientos. Seguía situado justo frente a su marioneta, pero sin perder de vista al tal Hōso. El marionetista recordó su máscara, colgada en la parte trasera de su cráneo. Tal vez ocultar su rostro frente a un forastero que provenía de tan lejos y de quien no sabía absolutamente nada era demasiado tarde. Continuó analizando. Enfrentarse a él sería una estupidez; parecía completamente inofensivo, pero también lo parecen las más venenosas flores y algunos de los más letales animales. Además, combatir y tal vez asesinar a un shinobi del País de la Tierra que venía en aparente son de paz podía causar un conflicto entre feudos o incluso entre ambos países, cosa que no beneficiaría a Kusaru en sus planes de futuro. E incluso descartando esta idea, si realmente resultaba ser alguien sin ningun tipo de delito tras de si, el marionetista se convertiría en criminal.

Pero, ¿y si quien estaba frente a él era un criminal? Las dudas invadían la mente de Kusaru. Tal vez, en otra ocasión, en otro lugar, habría comenzado a dar gritos como el paranoico que era, sin embargo, el paisaje todavía le apaciguaba, las olas todavía sonaban en sus oídos y la brisa no había dejado de balancearle en ningún momento. *Tal vez lo mejor sea dejarnos llevar, ¿no crees?* Se preguntaba para sus adentros, en un diálogo interno con su marioneta. O con su yo mas profundo, quien sabe.

El cuello de Kusaru se volteó una vez más y miró a Hōso fijamente a los ojos. Sonreía. No, rió, de hecho. El marionetista no era la persona más risueña del mundo, pero de alguna forma, hizo un esfuerzo por acompañarle. -Ha. Hahaha.- Pronunció, soltando una risa cortada y fría adornada por una media sonrisa con los ojos entreabiertos que, más que provocar simpatía, podría llegar a asustar a Hōso. *¿Qué mierda haces? Pareces estúpido.* Se dijo a si mismo después de escuchar en su cabeza como resonaba su siniestra risa. -Pareces nervioso, y suenas muy sospechoso.-Dijo Kusaru borrando de inmediato la mueca "agradable" de su rostro. Observó a Hōso, todavía analizando sus gestos. Desde luego, el tono de voz y los continuos movimientos en sus brazos buscando un lugar en el que apoyarse mostraban la incomodidad del forastero. Sin embargo, Kusaru nunca había encontrado a alguien que se sintiera cómodo hablando con el después de... Después de aquel día. Tal vez no fuera nadie peligroso. Tal vez estuviera diciendo la verdad. -¿Qué te hace pensar que no pertenezco al grupo de hombres que te buscaban?. El titiritero intentó de nuevo mostrarse agradable. Sonrió, una vez más, algo menos forzado y más sincero, pero puede que la frase que pronunció no fuera la más adecuada para acompañar con una sonrisa. El bosque susurraba. Algo estaba ocurriendo y Kusaru era consciente de ello. Pensó en que situación podía haber llevado a Hōso a presentarse en esas condiciones en el acantilado frente a él. Posiblemente dijera la verdad, todo cuadraba. Si realmente estaba siendo perseguido en el bosque por aquellos hombres, podría justificarse su aspecto. Por otra parte, presentarse ante Kusaru sería una imprudencia por su parte a no ser que lo empleara como último recurso. Puede que Hōso realmente estuviera siendo perseguido, por error o no, por alguien.

-¡DEJADME EN PAZ! ¡SOCORRO!- Una voz sonó desde el interior del bosque. Fina, aguda y agradable. El cuello del marionetista se giró en un brusco movimiento intentando visualizar algo. La brisa marina alcanzaba la primera fila de árboles, mezclando los olores del mar y la frondosa vegetación al tiempo que agitaba las hojas de las copas de los árboles. Pudo ver como entre los arbustos más bajos, comenzaban a sonar pisadas acompañadas de unas siluetas que se aproximaban al acantilado. - O dime, Hōso...- Preguntó misterioso Kusaru devolviendo la mirada a su marioneta envuelta en vendas blancas. Sus dedos se posaron en la tira con la que desenvolvería a Saisho Margarette, sin llegar a estirar de ella. -¿qué te hace pensar que voy a ayudarte?- Concluyó tajante el marionetista.

Stats:
• Ninjutsu:5
• Taijutsu:7
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 5
• Resistencia: 3
• Fuerza: 3

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Re: El viento es el guía.

Mensaje por Hōso Origami el Dom Mar 20, 2016 10:44 pm

Aquel grito de socorro rompió por completo los esquemas de Hōso. Si el objetivo estaba en el bosque... ¿Quién demonios era el chico que tenía en frente? ¿Que papel estaba jugando en todo esto? “Mierda Hōso, ahora si que la has liado. ¿Tanto te costaba callarte? ¿Tanto te costaba pensar un poquito antes de actuar? -pensó- Estas a días de tu casa, en un territorio desconocido, lleno de bandidos. ¿Por qué tienes que ir ayudando a todo el mundo? ¿Acaso tienes que salvarlos a todos? Por hacer el imbécil ahora estás contra la espada y la pared. ¿Y si el loco este de delante es uno de los bandidos? Se acabó… Y todo por intentar ayudar a quien no te corresponde… No puedes salvarlos a todos, idiota. No en esas condiciones… Necesitas ser aún más fuerte. Necesitas entrenar...”. Conforme el arrepentimiento fluía sin control por su cabeza, Hōso cada vez era menos consciente de la tensión que estaba acumulando en su cuerpo. La rabia que sentía por su mala decisión le nublaba por completo. Pero no tomó conciencia de ello hasta que el shinobi se pronunció: “O dime, Hōso… ¿qué te hace pensar que voy a ayudarte?”.

Tras las palabras de aquel shinobi, el corazón de Hōso dio un vuelco. El chute de adrenalina recorrió cada uno de los rincones de su cuerpo, desde el corazón a los pies. Su mente se vació completamente de pensamientos y arrepentimientos: pasaría a la acción. Durante años en la clínica, Hōso tuvo que aprender a la fuerza que en determinados momentos hay que dejar todo pensamiento atrás y centrarse en el aquí y ahora. Cuando una vida estaba en peligro, se necesita prestar toda tu atención para salvarla. Y tras las palabras de aquel shinobi, Hōso sintió la misma necesidad de concentrarse. Había una vida que salvar.

El tono y la expresión de Hōso se tornaba cada vez más frío y apático. Los músculos de la cara se relajaban hasta mostrar una expresión totalmente vacía, y el nerviosismo y el temblor de sus brazos y piernas cesó. Poco a poco, dirigió la mirada hacia los ojos del shinobi que tenía en frente, pudiendo observar como él también se preparaba para la acción. Exploró en profundidad los ojos de aquel ninja, buscando un atisbo de inocencia, alguna señal que le permitiera saber que iba actuar por el camino correcto… Pero aquellos ojos sólo reflejaban una ausencia que Hōso no sabía explicar.

Respiró profundamente, repasó una última vez su plan, y dirigió unas posibles últimas palabras a aquel otro shinobi: “Hay alguien en peligro. No te pediré que me ayudes. A partir de aquí, tus hechos dirán si eres un auténtico shinobi o no. Tú decides”. Con el mismo tono y postura fría y calculada, Hōso se quedó observando al shinobi, consciente del ruido de pasos que provenían del bosque. Tenía totalmente calculado la técnica a utilizar, pero antes necesitaba saber de qué parte estaba aquel ninja. Un paso en falso podía fastidiarle un aliado demasiado valioso. Dada la distancia entre ambos, no tendría problemas en repeler cualquier ataque con la estrategia que tenía planteada. Por ello, decidió observar unos últimos instantes las reacciones de aquel shinobi, en busca de un atisbo de luz.

Mientras tanto, los ruidos de pisadas y crujidos provenientes del bosque se materializaron en un chico, de apenas 8 años de edad. El miedo y el sudor cubrían su cuerpo, sus ropas hechas jirones reflejaban el duro momento por el que estaba pasando. De piel blanca y pelo moreno, sus a penas 150 centímetros le habían permitido escabullirse de sus perseguidores, pero hasta él era consciente de que aquello no volvería a ocurrir: estaba atrapado. Había llegado al final del bosque, y sin troncos donde esconderse, o huecos donde refugiarse, dar esquinazo a aquellos cazarecompensas sería imposible. Su respiración jadeante y entrecortada se aceleró al ver, al final del camino, a dos shinobi. Podían ser enemigos, pero… ¿Y si no?. Con suerte podía topar con algún ninja del País del Fuego y estar a salvo. Hecho un último vistazo atrás, y corrió hacia aquellos dos extraños tipos. “¡EH! SOCORRO” -gritó el chico. A medida que iba corriendo hacia ellos, presentía que algo no estaba marchando bien. ¿Cómo actuarían? ¿Y si eran también perseguidores? Estaba perdido. Ellos eran su última esperanza.
Hōso Origami
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Re: El viento es el guía.

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