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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Trabajos sucios.

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Trabajos sucios.

Mensaje por Kusaru Ishiguro el Mar Mar 15, 2016 5:25 pm

Misión:
MISIÓN DE RANGO D: EL DEUDOR

Lugar de la misión: Castillo de Sakamura.

Tipo de misión: Misiones varias.

Descripción de la misión: La avaricia que envuelve a los miembros del feudo Fenikkusu a veces raya lo ridículo. Un hombre, de esos que visten bien, comen bien, tienen dinero y viven navegando en las calles, ha juntado un cúmulo enorme de pequeñas deudas con la gente de todo el castillo de Sakamura. Su rostro ya es conocido, por lo que nadie le presta absolutamente nada, mas sin embargo esto no significa que a quienes les debe no quieran su dinero de vuelta. Se han unido entre varios de estos para encomendarte, a escondidas de la gente pero con apoyo del Daimyo, que le des una paliza a este hombre por la noche, y le hicieras saber claramente que sus deudas son la razón de tal ataque.

Recompensa de la misión:  600 Ryus

Extensión mínima de la misión:  50 líneas.

A Kusaru nunca le había agradado hacer misiones. Después de todo, cumplía y satisfacía los caprichos de Hitoshi Sakamura pero, ¿qué otra cosa podía hacer? El marionetista conocía su situación, y a pesar de no conocer su futuro, tenía ciertos planes en mente. Pero los planes no se cumplirían solos, y siendo un Gennin sin experiencia, sin más dinero que el heredado tras el secuestro de su madre y sin forma de quedar cara a cara con el señor feudal, poco más podía hacer. A regañadientes, avanzaba de camino a las cercanías del Castillo de Sakamura. Debía encargarse de llamar la atención a un deudor, un trabajo sucio sin duda, pero una vez más lo único que se le pasaba por la cabeza a Kusaru era… ¿qué otra cosa podía hacer?

El paisaje era sombrío. Faltaban todavía varios minutos para el amanecer. Dada la información que le había sido confiada al marionetista, el deudor siempre abandonaba su hogar con los primeros rayos de sol para dar un paseo matutino sin alejarse mucho de su hogar. Sorprenderle durante el paseo sería el momento perfecto para darle su merecido. *Es aquí. Si, aquí es.* Pensó para sí mismo Kusaru, oculto entre las ramas de un árbol que daba inicio a un pequeño bosque situado a los alrededores de la zona. Un camino se adentraba en dicho bosque, serpenteando entre los troncos y arbustos, mucho más apagados y secos que en los alrededores de Fenikkusu. El camino, se alargaba veinte metros a continuación del bosque, ya en una zona carente de vegetación, dando a parar a un pequeño pueblo. El deudor pasaría por allí en algún momento, tarde o temprano, y el titiritero le estaría esperando.

Desde luego, no era la misión más entretenida del mundo. Los últimos minutos antes del amanecer pasaban lentos, y Kusaru no tenía otra cosa que hacer que observar el cielo; densas y oscuras nubes lo cubrían, tapando por completo una luna llena que no se dejaba ver, mostrando tan solo alguna que otra estrella que lograba a duras penas asomarse. Sentado en la gruesa rama de un árbol, con sus piernas estiradas sobre esta y apoyando su espalda, en la cual cargaba una de sus marionetas, en el tronco, el marionetista se adormilaba. Cerraba sus ojos y, cuando parecía que iba a caer rendido al sueño, los abría de golpe. -¡Silencio, no grites! Te recuerdo que estamos en una misión.- Decía el shinobi en voz alta, hablando solo como de costumbre, pero dando la sensación de que alguien más estaba con él.

El cielo comenzaba a clarearse en la lejanía. Tras el pueblo, el castillo de Sakamura tapaba los primeros rayos de sol, dejando un bello paisaje. Al tiempo que los pájaros cantaban sus primeras sinfonías en el bosque, las nubes del cielo se tornaron de un color anaranjado, y los destellos de la primera luz del día se reflejaban en los cristales de las ventanas. Kusaru sacó un senbon de una bolsa de herramientas que llevaba consigo, y giró su cuello hacia su derecha disfrutando el momento mientras pasaba entre sus dedos la aguja ninja. –Vendrá pronto.- Se dijo a sí mismo. Una pequeña ave no más grande que la palma de su mano, se posó en la misma rama que el shinobi. Dio un par de pequeños saltos hacia delante al tiempo que silbaba. Seguidamente, alzó el vuelo en dirección al pueblo. Kusaru le siguió con la mirada, y pudo ver como en el camino la silueta de un hombre adulto, de alta estatura, delgado y de rasgos finos caminaba en dirección al bosque, apoyándose en un báculo de madera y portando un gorro de paja en su cabeza. Su físico concordaba con la descripción que se le había dado al marionetista. –Sí, es él.- La mano de Kusaru se dirigió a su máscara, la cual llevaba colgada al cuello. El deudor daba sus primeros pasos por el bosque y el marionetista colocó la máscara de forma que ocultara su rostro. Sigiloso, siguió al hombre del báculo varios metros saltando de rama en rama, dejando que se adentrara en el bosque, pues atacarle tan cerca del pueblo no era la mejor de las ideas.

Habían pasado ya varios minutos y el cielo ya radiaba luminosidad. Las nubes se habían disipado, el viento soplaba suave y los rayos de sol entraban de forma casi horizontal entre la espesura del bosque. Kusaru no había guardado su aguja ninja en ningún momento. De un salto, se dejó caer sobre la figura del hombre. Cayó con sus piernas delante desde una altura de casi tres metros, haciendo que estas golpearan bajo los hombros del deudor e hicieran que se viera inmovilizado, boca abajo en el suelo. Kusaru se agachó y posó su rodilla izquierda sobre el brazo izquierdo del hombre, mientras con la pierna derecha pisaba su otro brazo. El hombre propinó un grito ahogado al caer contra el suelo que el marionetista silenció aplastando su rostro contra el suelo del camino con la palma de su mano izquierda. –Verás, esto me agrada menos a mí que a ti, creeme.- Dijo con una voz hueca debido a la máscara. –Por desgracia, estas en el feudo de Hitoshi Sakamura, igual que yo. Esto terminará algún día, confía en mí, pues yo seré quien acabe con esto.- El senbon de Kusaru se acercó al cuello del deudor. –Pero mientras tanto, te diré una cosa, y por tu bien debes hacerme caso.- La aguja ninja levantó la cadena que colgaba del cuello del hombre del báculo, acercándola al rabillo del ojo de este, obligándole a ver la moneda símbolo del feudo que llevaba consigo. –Cumple tus deudas, compórtate. El nuestro es el feudo de la avaricia y la cobardía, creo que no pido tanto. Búscate la vida, reúne el dinero que sea necesario y no me obligues a volver.- Con un movimiento brusco que dejó un pequeño arañazo en el cuello del deudor, Kusaru retiró el senbon al tiempo que se levantaba. El hombre, arrastrándose por el suelo, se alejó varios pasos del marionetista. Antes de que guardara una distancia prudencial, un giro del cuerpo de Kusaru le propinó un taconazo a la altura de la mandíbula que obligó al deudor a escupir algo de sangre en el camino. –Pa-pa… Pagaré mis deudas, lo juro…- Dijo él, con la boca ensangrentada. No hubo respuesta por parte de Kusaru, tan sólo un amago de abalanzarse contra el hombre que hizo que, raudo, se pusiera en pie y volviera corriendo a su hogar. El marionetista destapó su rostro y guardó su aguja ninja. –Me siento tan sucio…- Dijo a sabiendas de que ya nadie podía escucharle, o al menos ningún hombre de carne y hueso. Una vez más, observó el cielo. Era hora de volver al feudo. El feudo de la avaricia y la cobardía.

Recuento de líneas:
Líneas requeridas: 50
Líneas totales: 64
Kusaru Ishiguro
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