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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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[Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

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[Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Makuro Izango el Sáb Mar 19, 2016 3:28 pm

Misión de rango C: Fuera de aquí!!
 
Lugar de la misión: País del fuego || Bosque de la hoja 
Tipo de misión: Misiones varias.

Descripción de la misión: Haz logrado llamar la atención de algunas cabezas del feudo con tu desempeño ¿quieres progresar y ayudar a tu familia cierto? Vas por buen camino. Pero como entenderás no todos van a ser trabajitos sencillos, se podría decir que este será tu primer trabajo "serio" esperamos que eso no sea un gran problema. En las afueras de la capital entrando un poco en el bosque de la hoja hay un campamento de comerciantes extranjeros, se han establecido allí sin el permiso correspondiente y como entenderás eso no es permisible, son gente muy humilde sin embargo deben ser desalojados de aquel lugar pues representan un peligro para la gente de la capital. Encarguensen de que hagan las maletas y se marchen, si es necesario por medio de la fuerza, no deseamos que la sangre corra, pero si es necesario hacerlo tienen todo nuestro apoyo.

Recompensa de la misión: 1300 Ryus
Extensión mínima de la misión: 75 lineas



Tenía sentimientos encontrados con aquella misión que le habían enviado tanto a él como a su hermano. Habían llamado la atención tanto de los señores feudales del Rayo como los del Fuego, y habían sido elegidos para despejar el Bosque del Fuego en su país correspondiente de las personas que se encontraban allí sin permiso. El motivo por el cual se encontraba tal cantidad de personas en un mismo punto y sin pertenecer al país o tener permiso de residencia era un misterio que no había sido especificado en la misión, y del cual no debían preocuparse o simplemente era una información innecesaria para el trabajo que debían hacer. Estaba claro que Azai tenía un carácter extraño en el cual a veces la crudeza de su pasado se anteponía a su obvia niñez, pero aún así no en todas las ocasiones la objetividad y el egoísmo dominaban su vida, y lograban un conflicto interno, una disyuntiva sentimental de la cual no podía zafarse con facilidad, aunque de manera exterior se encargase de camuflarlo lo mejor posible. Para Addai, el mayor de los hermanos que había madurado más de la cuenta a causa de las vicisitudes de la vida, parecía no importarle en lo más mínimo o por lo menos no aparentaba que echar a unas personas sin hogar y medios de las tierras que ocupaban de manera pacífica.

Los pequeños habían cruzado la frontera del Rayo hacía varios días y estaban a punto de llegar a su destino en la frontera norte que separaba el País del Fuego con el de las aguas termales. No era la primera vez que cruzaban aquellos países, puesto que tanto de ida como de vuelta hacia el Pais de la Lluvia en busca de poder, habían viajado ya por aquellos lares en alguna que otra ocasión, antes de convertirse en Shinobis del Kiriyama. Los recuerdos de su maestro Kinzo, el cual les había enseñado todo lo que sabían y de quien poco sabían desde hacía más de medio año, le azotaban constantemente y aún más que el frío que había en el País de las Nieves, el cual aunque estuviera muy por debajo del Rayo, mantenía una temperatura helada y un paisaje nevado muy distinto y consistente a diferencia de lo que debería ser un país que está por encima de aquella zona. A pesar de que Addai se negó en varias ocasiones, Azai le convenció para que aprovechasen su paso por el Pais de las aguas termales para descansar y probar obviamente sus aguas, sobre todo tras el frío nevado que habían cruzado. Aquél pequeño descanso de un par de horas fue suficiente para evitar resfriados y descansar el cuerpo, por lo cual con esta pequeña baza el menor de los Siddartha logró convencer al mayor de que aquél acto incluso les haría llegar más rápido y más preparados para la misión.


- Si ya nos cuesta fiarnos cuando nos unen con alguien de otro feudo que no sea del Kiriyama, menos aún con un forastero sin causa mayor que la de ganar dinero. - Azai no se fiaba ni un pelo del asunto, y aceptó sin rechistar cuando Addai planeó que se escondieran a varios metros del lugar de encuentro, en las copas de los árboles, intentando divisar en primera instancia a la persona que se les había asignado como tercer integrante del equipo. Verían de primera mano cómo era aquella persona, qué objetos portaba y cómo se comportaba. Nunca estaba de más analizar a un desconocido cuando este creía que nadie le observaba y saber de antemano cómo es realmente. Los hermanos sabían de sobra que todas las personas tienen una máscara en su rostro y sólo se la quitan cuando están solos o por lo menos, creen estarlo. A aquella persona le costaría ganarse la confianza de los niños que, a pesar de su aspecto, no eran para nada poco experimentados.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Ebaki Izango el Dom Mar 20, 2016 6:09 pm

Era una misión complicada, no por el hecho de tener que expulsar a las personas de un lugar que en teoría les podía pertenecer sino por acto de hacer algo en contra de sus propios intereses. Eran niños, pequeños a ojos de cualquier persona, Addai no medía más de metro y medio y parecía tener una misión donde expulsar adultos podía resultar lo más lógico y común. Tenían que despejar un bosque, personas inocentes lo habían usurpado sin pedir permiso ¿Acaso no eran inocentes cuyo fin en la vida era vivir? los pensamientos del ninja no podían mostrarse, sus labios quedarían sellados para no contradecir los deseos de su Señora y las órdenes estipuladas. Por encima de sus deseos y pensamientos personales se encontraba sus objetivos, cuidar a su hermano, protegerlo y cumplir los anhelos de la Señora de Kiriyama. Es cierto que se habían fijado en Azai y él, hecho que se podía deducir al enviar a dos niños a hacer el trabajo de un adulto, eso le había enorgullecido hasta el punto de olvidar sus prejuicios centrando su mente en el objetivo aún muy su pesar. El paso de los hermanos llegó hasta la frontera, el cuerpo de Addai se encontraba más desahogado tras la caminata y los descansos pertinentes, su hermano era mucho mejor que él en temas de resistencia mas siempre intentaba superarse para no quedarse atrás.

Tampoco se tenía que olvidar de lo más importante, para Addai lo principal era la seguridad de su hermano, protegerlo de las garras de la cruda realidad, eso quería decir que sus intereses monetarios eran más importantes que la vida de inocentes, podía resultar cruel e inhumano pero la vida le hacía actuar de aquella forma. El mayor de los hermanos cargaba a Alice atada a su espalda, cubierta con vendas mientras el tintineo de la madera resonaba, en un inicio le había llamado la atención ese sonoro movimiento hasta que sus oídos lo obviaron haciéndole sordo a este. Los datos de la misión no eran desconocedores y eso era lo que más peligroso consideraba, podía ser que aquellas personas supieran de su llegada, que no entendieran las razones por las que los expulsaban o que incluso se armaran; los hermanos tenían permiso para usar la fuerza, un hecho que no les hacía muy diferente a las mujeres que rentaban el orfanato donde habían sido criados. Los pensamientos amargos de la situación se encontraban ocultos mientras el moreno proseguía con el camino que su hermano había impartido.

A ojos de Azai, Addai tenía que hacerse el fuerte, mentir, engañarle con el único fin de ocultar sus sentimientos ¿No le dolía expulsar a personas de una tierra? Por supuesto, era humano pero eso no quería decir que tenía que actuar bajo el dictamen de su Feudo, atacar si hacía falta, herir incluso. No dudaría en hacer lo que hiciera falta para mantener su vida y la de su hermano a salvo ¿Cómo se mantenían a salvo? Haciendo las misiones del Feudo y ganando dinero para comer. Tenía una doble moral, vivir o morir, vivir como un despiadado ninja o morir como una buena persona. A él no le importaba tener que mancharse las manos con sangre ajena siempre que Azai estuviera a salvo. El viaje se hizo largo, saltaban por lo árboles, recorrían las montañas y saltaban para acortar las distancias con el país del Fuego. No era desconocido para ellos, Kinzo, su maestro les conoció en las cercanías, en el lugar donde los pequeños tenían su residencia.

El descanso obligado en las aguas termales bastó para recuperar las fuerzas que habían menguado desde la salida del país del Rayo; los hermanos estaban listos para proseguir con el ritmo frenético para llegar lo antes posible hasta el lugar donde emprenderían la misión. Escondidos por directriz del mayor de los hermanos, estos esperaban la llegada del forastero; fiarse de un forastero no era plato de buen gusto y no dudarían en cuestionar todas sus órdenes hasta dar con su verdadera intención. – Esperaremos a que llegue, analizaremos como es y entonces nos presentaremos. –alegó el mayor mientras se encontraban ocultos en la copa del árbol-.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Sheik el Lun Mar 21, 2016 10:36 pm

El aire fresco  que corría por el interior del bosque de la hoja azotaba mi cara, una sensación de nostalgia recorrió cada parte de mi interior. No paseaba por bosques como aquel desde que era pequeña. No era uno muy especial, de hecho era bastante normalito. Un terreno plano y unos árboles con unas copas tan frondosas que apenas traspasaba la luz entre las hojas. El color verde predominaba por aquel lugar, y podían oírse búhos de vez en cuando en alguna que otra rama. Sentaba realmente bien estar rodeada de tanta fauna y flora, por lo que, pensando que no corría prisa alguna, decidí retener mi marcha y andar un poco más despacio. No quería dejar pasar ningún detalle de aquel momento. El camino hasta aquí no había sido sencillo, ni tampoco el más rápido, pero definitivamente el país del fuego me estaba gustando bastante.

Conforme caminaba, mis pasos me llevaron frente a la orilla de un pequeño río de agua cristalina, y mi mente volvió a jugármela como tanto le gustaba, con una imagen de antaño. “Cariño, ven, estamos aquí.” Dijo una voz en mi cabeza, la que vagamente creía recordar que era mi madre. Como si delante de mía se encontrara, ahí sentada encima de un trozo de tela en el suelo, haciendo un gesto con su delicada mano para que se pusiera al lado suyo. Sabía perfectamente que ahí no había nadie, no estaba loca, pero por un momento decidió esperar y creer que todo aquello era real. Mis manos acabaron en mi cara, quitándome las vendas que tapaban mi boca, mostrando una sonrisa melancólica. Con un suave movimiento de la mano, dije adiós a quien mi mente hacía que imaginara, y poco a poco la imagen fue desvaneciéndose conforme retomaba mi camino, al momento acerqué la misma mano a mi boca y tomando aire profundamente, me tape de nuevo la parte inferior de mi rostro, ocultándolo del resto del mundo. No me sentía triste, pero sí noté un pequeño vacío en mi interior que pronto fue llenado con los recuerdos del Bokushi, aquel chico si estuviera aquí haría la travesía aún más amena seguro.

Necesitaba descansar después de todo el recorrido que había avanzado ya, no veía el momento de reunirme con los otros shinobis para llevar a cabo la misión que se me había encomendado. Pero, ¿cuál era? En aquella nota no ponía nada más que dónde debía ir, quizá por unos ryus debía acabar con la vida de alguien, o recaudar información como en aquella misión con el peliblanco. La zona en la que decidí cesar mis pasos se trataba de una explanada algo grande, rodeada completamente por árboles que hacían ruido con el movimiento de sus ramas. Observé con minuciosidad cada rincón de la zona, no podía fiarme tanto de un lugar completamente desconocido. ¿Y si se trataba del punto de encuentro de saqueadores?  Como fuera, aquel no era momento para bajar la guardia y abstenerse mentalmente de la realidad, sino todo lo contrario.

Repasando toda la zona con curiosidad e interés, pude percatarme de una silueta, como si fuera un bulto, en la copa de uno de los árboles que ahí se hallaba. No alcancé a reconocer qué era exactamente, ¿tal vez una figura humana? ¿Un animal ignoto para mí? Cualquier cosa podía ser, pero estaba casi segura que no era algo inerte. Por experiencias en el pasado, decidí no bajar la guardia ni un instante, pero en ningún momento preparé kunai alguno, ni si quiera saqué a relucir la lira de mi espalda. Aquello que fuera que se encontraba allá arriba quería que supiera que no iba con malas intenciones, de hecho nunca lo hacía. No obstante, tampoco quería descubrirme del todo, no era como para agitar los brazos y decir “Eh, que estoy aquí! Ven a por mí!” obviamente, por lo que mantuve mi pelo totalmente cubierto por las vendas blancas de la cabeza, las mismas que cubrían parcialmente mi cara, dejando solo a la vista los ojos color carmesí tan extraños. Lo que sí haría era aprovechar los pedazos de carne que había guardado, tenía tiempo para descansar un poco, por no decir que estaba realmente cautivada por saber qué era aquel ente de la copa del árbol, quizá dando un breve margen de tiempo se movía para poder dejarse ver mejor, o quizá incluso bajaba, o en el peor de los casos le tocaría continuar su trayecto en busca de los que se suponían que eran sus compañeros.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Makuro Izango el Mar Mar 22, 2016 1:02 pm

A la hora de la verdad los hermanos, intentando protegerse mutuamente apoyando sus espaldas, sólo conseguían simular sus temores y angustias para que el otro no tuviera que preocuparse, y terminaban viviendo en una especie de fachada en la que no sabían realmente nada de lo que pasaba por la cabeza del otro. Sin siquiera sospecharlo y si aquello continuaría de la misma forma en los años venideros, continuaron con su trabajo sin rechistar, día tras día desde que fueron acogidos en el País del Rayo y bajo órdenes del Kiriyama. Esperaron en lo alto de árbol a que alguien se asomase, y poco tuvieron que esperar hasta la llegada de una silueta esbelta y aparentemente de mayor altura que Azai. Ambos observaban en silencio a aquella persona, que pareció limitarse a descansar en el lugar, sin hacer mucho más aparte de observar el entorno sin mucho detenimiento. Las cosas cambiaron cuando se tomó la molestia de observar mejor el lugar donde se encontraba, posando su vista justo donde ellos pudieron sentirla.

Sheik seguía observando aquél extraño bulto oscuro, sin saber si era un animal, amigo o enemigo, o simplemente su imaginación. De repente apareció frente a ella una criatura de lo más peculiar, rechoncha y enana, con una expresión atontada, que a su vez movía la mano como saludando en frente a la misteriosa persona vendada. Puck, una de las pequeñas marionetas de Azai, seguia moviendo las alas en silencio y a gran rapidez, simulando que volaba enfrente de la chica, que por lo visto pretendía tomar contacto con ella. Si bien a simple vista aquella joven tenía que permanecer atenta a muchas cosas a la vez, como de dónde había aparecido esa criatura extraña, la posición de las sombras y demás, podría darse cuenta de que unos finos hilos casi etéreos de chakra unían aquella pequeña cosa hacia la sombra del árbol.

Imagen de puck:


Azai permaneció en silencio todo el tiempo, ya que no quería levantar más sospechas sobre aquella extraña persona. Le dio con el codo en el costado a su hermano Addai, indicando que si quería hacer algo, era el momento correcto. Las intenciones del menor de los Siddartha eran tan simples como ver de qué forma reaccionaba esa persona a su marioneta más afable y menos destructiva. ¿Dejaría claro que era el tercer integrante de la misión y su forma de ser? ¿Qué haría Addai al respecto? Quizá fuera menos cauteloso e infantil que Addai y se limitase a las formalidades típicas de la presentación, pero el niño seguiría en lo alto, observando a aquella persona peli-rubia, entre jugando con sus marionetas, y esperando alguna señal desagradable que desembocase en la desconfianza.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Ebaki Izango el Mar Mar 22, 2016 7:36 pm

Cansancio, eso habían sentido los hermanos cuando llegaron hasta el país del fuego, la tierra donde los conflictos eran el plato principal ¿Qué hacían allí? Una misión les exigía estar para cumplir el cometido estipulado por la dama de su Feudo. Aliados o no, la tierra de la nube parecía no tener problemas con los Feudos de aquella zona. Algo positivo en parte y desagradable por otro ¿Por qué? No tener enemigos nos hacía ser vulnerables pues no sabían cuando alguien atacaría o, por el contario, provocaba un estancamiento en sus ninjas. La paz no era rentable para los guerreros. Antes de poder siquiera analizar la situación, una persona hizo acto de presencia. De tamaño superior al mayor delos hermano y con una mirada singular, los ojos de las personas podían decir mucho mas Addai guardaría lo analizado para cuando las confianzas pudieran permitirlo. Lo principal era estar seguros de si aquel recién llegado era aliado o enemigo.

Guardó silencio mientras su hermano jugaba con sus marionetas, sus movimientos eran fluidos y verle manipularlas le hacía recordar el duro entrenamiento que habían pasado a manos de Kinzo. La desconfianza del mayor no menguaba aun cuando su hermano parecía tener la estrategia de usar a su marioneta como sayuelo. Mandar a Alice no ayudaría, Addai únicamente la utilizaba cuando su vida corría peligro, su última baza. Por ahora quedó en silencio viendo lo que tenía en mente su hermano ¿Cómo saber si aquella persona era parte del grupo para hacer la misión o simplemente un civil más? Sin poder perder un minuto más, de la copa del árbol descendió Addai cargando un bulto envuelto en vendas, un bulto mucho más grande que él que hacía de su figura algo singular y extraño. Descubrir si aquella persona era aliada o no tendría que ser por la propia voluntad de los niños.

Sabías que estaba allí desde el principio ¿Me equivoco? –preguntó mientras sus pasos se detenían ante la figura de aquella persona-. No se distinguía su sexo, no a ojos de un niño cuyo único interés era su hermano, sus marionetas y su Feudo. - Si te digo país del fuego, expulsión ¿A qué te suena? –preguntó en clave para analizar si aquella persona era la que estaban esperando o una forastera más a la que ignorar como el resto de los presentes-. No delataría a su hermano, no hasta que él mismo deseara dar la cara. De ser un enemigo mantendría a Azai alejado y se encargaría él sólo.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Sheik el Miér Mar 23, 2016 10:09 am

Quería parecer distraída, como si lo que ocurría a mí alrededor no me importara, sin embargo lo cierto es que no podía quitar el ojo de encima a la copa de aquel árbol, buscando qué podría ser el bulto extraño, esperando que en algún momento se moviera o bajara de allí arriba. Era consciente de que, con toda comodidad, podría haber lanzado algún kunai al tronco del árbol con el que podría haber asustado a lo que fuera que se hallara, pero preferí mantenerme al margen. Desde que Nir me enseñó este tipo de estrategias, las había tomado como algo que ya formaba parte de mí: era preferible ser paciente y hacer creer que se es débil, que ir mostrando las plumas como un pavo real a punto de pelear, simplemente para demostrar quién es más “grande”.

La tranquilidad y la calma invadían de una forma sutil aquel momento. No se oía ningún sonido más que el batir de las alas de algún que otro pájaro, o el movimiento de las hojas de los árboles a causa del viento. No obstante, este momento no duró mucho tiempo, pues frente a mis propios ojos, la insólita imagen de un ente que jamás antes había visto. Era pequeño y con una cabeza con forma redonda a la vez que puntiaguda, y agitaba la mano como si estuviera saludándome. No sabía muy bien cómo reaccionar, ¿sería amigo o enemigo? ¿me atacaría? Preguntas de este tipo recorrían mi mente, pero todas ellas fueron ignoradas por una risa incontrolable, no de burla en una primera instancia, sino por la situación tan extraña que estaba viviendo. Había sido una tonta en realidad, perdiendo la concentración en un momento como aquel, pero no encontraba forma de cesar la risa del momento. Al fijar la mirada nuevamente en aquel ser, pude observar como unos finos hilos estaban atados a ella y seguían un recorrido hacia la copa del árbol. “Así que no eres un animal, eh…” pensé, poniendo fin a las carcajadas y volviendo a concentrarme totalmente en lo que estaba ocurriendo. “No debería haberme fiado de… lo que sea esto.” Señalando con mi mirada a aquel muñeco.

“Tsk, mierda, ¿qué ha sido ese ruido?” pensé al oír cómo aquello que se encontraba en el árbol se movía, algo o alguien estaba descendiendo rápidamente hasta donde me encontraba. Era un niño, algo más pequeño que yo, como una cabeza menos o así, con el pelo negro azabache y una cara bastante seria, de pocos amigos. No me transmitió confianza en un primer momento, puesto que a pesar de ser un niño, yo misma también lo había sido, y con el entrenamiento de Nir, me fui fortaleciendo desde una temprana edad. Decidí mantenerme alerta mientras avanzaba hasta ponerse frente a mí al mismo tiempo que formulaba un par de preguntas. No podía engañarme, aquel chico causó un sentimiento de ternura recordando a mi “yo” de hace algunos años. De hecho esa mirada fija, penetrante y algo desconfiada reflejaba en mi mente visiones del pasado. A su espalda cargaba algo que era más grande que él mismo, cosa extraña para mis propios constructos de la realidad, aún me quedaba mucho por aprender de la vida al parecer.

-No sabía qué eras-descubriendo la parte tapada de mi rostro, comencé a contestarle, con un tono tranquilo, sin parecer muy seria, pues quizá él era el compañero que esperaba a mi llegada, tenía pinta de ser un shinobi. –pero sí, sabía que allí arriba había algo extraño.-no quise hacer ningún movimiento brusco que pudiera incitar a pelear, no era necesario. A la segunda pregunta no sabía muy bien qué contestar, aquel papel no ponía de qué se trataba la misión, quizá lo que el chico decía era por otros motivos. –Si me dices país del fuego, me suena extraño pues es la primera vez que lo visito. Es totalmente nuevo para mí, pero hermoso por lo que he podido ver hasta ahora. –Dije mientras observaba a mí alrededor con los ojos bastante abiertos, fijándome en lo espléndido que era aquel paisaje –Y si me hablas de expulsión, quizá sea por lo que he venido. Hace unos días topé con un mensaje que reclamaba la ayuda de algún ninja cercano para una misión junto a alguien más. –Atreviéndome, quizá prematuramente, pregunté a aquel joven-¿Eres tú con quien debía encontrarme? –sin embargo, noté como que algo se me quedaba en el tintero. ¿Qué había sido el muñeco que había aparecido frente a mí hace un momento? ¿Era suyo? ¿Habría alguien más en la copa del árbol escondido? Seguramente no era la mejor decisión, pero quería ver hasta qué punto podía confiar en ese shinobi-Dile a quién esté acompañándote que baje, no tiene por qué tener miedo.– después de esta última frase, la suerte estaba echada.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Makuro Izango el Miér Mar 23, 2016 5:21 pm

El niño parecía estar nervioso con respecto al hecho de que su hermano bajase y se posicionase justo frente a aquél hombre sospechoso de cuerpo extraño. Aquellas protuberancias innecesarias y ovaladas por todo el cuerpo quizá serían herramientas de combate o protecciones de armadura cubiertas en su tela, pero quedaban ridículas y sin sentido alguno. ¿Quién iba a querer proteger su culo con protecciones y protuberancias tan redondas? Por lo menos las de los pectorales aunque se vieran tan tontas tenían algo más de sentido, pero dejaban una abertura completa en el centro otra vez por tener esa forma tan poco eficaz. A ojos de Azai, aquél shinobi tenía pinta de ser una especie de retrasado sin prioridades en distribuir sus objetos y sus defensas. Agitó su cabeza e intentó alejar aquellos pensamientos, centrándose en estar alerta por si debía ayudar a su hermano. Si esa persona era un enemigo. Usaría a aquella simple pero astuta marioneta de juguete para pincharle como una tortilla y envolverla en hilo como un trozo de carne listo para asar. Si, ese era el plan de Azai.

La suave, delicada y afeminada risa de aquella mujer llenó el claro por completo, lo cual hizo que el rostro del pequeño de los hermanos se desencajase un poco, por no esperar aquella reacción de todas las que se imaginaba. No sólo no parecía actuar a la defensiva o agresiva al ver aparecer tan rápido a una persona que empezaba a hablarle, sino que parecía divertirse con su marioneta y eso era algo que al moreno le gustaba, aunque debía mantenerse alerta todavía, por si acaso. Si bien era cierto que los meses habían pasado y el comienzo como shinobis en el Kiriyama había sido duro y serio, poco a poco Azai había recobrado sus ánimos y risas, volviendo a ser un niño que disfrutaba jugando y se metía en peleas innecesarias. Así era el niño y de repente podía jugar contigo y sus marionetas elfo como atacarte con todo su poder hasta destrozarte si lo consideraba necesario. Por lo menos aquella dualidad había reaparecido en él, algo que podía tranquilizar a Addai sabiendo que su hermano había vuelto a la normalidad tras casi un año desde que se habían marcado de su tierra. El niño hacía un mes que se había desecho del terror y la ira que le había proporcionado lo ocurrido en la misión con Allen, no porque fuera fuerte y lo hubiera superado, sino simplemente por el bien de su mente y su cuerpo, no podía permitirse tener aquello rondando sus pensamientos constantemente haciéndole daño. Otro sentimiento negativo y oscuro, lleno de dolor e ira, que iba a parar a aquel pozo sin fondo dentro del cuerpo de un niño que parecía no parar de sonreir y jugar cuando se encontraba tranquilo. Por lo menos, por ahora.

Azai bajó del arbol y se puso lejos de su hermano. Estaba claro que la posición de ambos dejaba un poco más "encerrada" a la chica en caso de que una pelea comenzase entre los tres, más Azai parecía seguir sonriendo mientras miraba a aquella hermosa chica que acababa de hablar y descubrirse el rostro. Ahora entendía que todas esas protuberancias y cosas que se escapaban de su razocinio eran asuntos de mujer, algo que podía entender pero no había tratado y por lo menos aún no le interesaba en lo más mínimo. Addai, a sus casi trece años, quizá pensase distinto. No sabía mucho de lo que los tres habían hablado, pero aunque pareciera mentira, el niño seguía alerta y desconfiando, a pesar de que su instinto le decía que aquella mujer era una buena y dulce persona. Azai funcionaba por instinto, y Addai por razocinio y pragmatismo. Habría que ver qué pensaba Addai, puesto que el pequeño ya le había guiñado un ojo a su hermano mayor, indicando que a su modo de ver, aquella chica no parecía tener instintos agresivos, por lo menos ahora.


- Hola. - No dijo nada más. Su voz sonaba rasposa como si estuviera un poco afónico, pero aniñado, aunque un tanto menos que su hermano. La estatura del chico era mayor que la de Addai, pareciendo tener la altura de un chico de catorce o quince años, pero con un rostro que le delataba como alguien mucho menor. Simplemente había nacido con un físico adelantado a su edad. Sus ropas oscuras, grises y marrones estaban a la vista, y la mayor parte de su cuerpo, ya sean tobillos, puños y brazos, parecían estar vendados no por simple estética, sino por heridas y gajes del oficio. Atrás a sus espaldas portaba una especie de capa enorme y negra que arrastraba por el suelo a causa de su estatura un poco inferior a la de Sheik, y donde se notaba que entre su espalda y la capa se escondía un objeto grande, pero mucho menor que el que llevaba Addai a sus espaldas, cubierto de vendajes.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Ebaki Izango el Miér Mar 23, 2016 10:30 pm

La persona con la que Addai estaba hablando resultó ser una mujer, nadie lo hubiera dicho con los ropajes que poseía; dejando a un lado el sexo de aquella persona, el moreno quedó atento a todo lo que se exponía, las palabras de la mujer resultaron sinceras, lo suficiente como para el cuerpo del ninja dejara de estar en constante tensión. Sus ojos dorados cesaron quedando ahora lisos y atentos a cada comentario que se decía. Cada comentario era un detonante de calma y tranquilidad, poco quedaba para que hermano pudiera hacer acto de presencia; un dato crucial para estar tranquilo fue las respuesta de aquella mujer sobre las cuestiones que preguntó Addai, la forma de responder, el tono y la calma que emanaba.

Con el rostro descubierto, su agraciado ser parecía florecer; un acto que permitió al ninja saber con qué clase de persona estaba tratando. No estaba de más entender que les había descubierto desde el principio, negarlo era una evidente falsa humildad creada para que los niños no se pusieran nerviosos o atacaran sin pensar. Sus ojos de Addai se pronunciaron en aquella mujer, la ninja que parecía tener el mismo objetivo que él, la persona con la que tendría que compartir un duro trabajo. La primera respuesta no pareció tener la intención que buscaba el mayor de los hermanos, suerte que la siguiente dejó en claro quién era. – Sí, lo soy. –tajante con su comentario el ninja parecía no confiar del todo en aquella persona-.

Guardó silencio justo antes de emprender de nuevo la charla con aquella persona. No hacía falta tener que llamar a su hermano para que hiciera acto de presencia, este se presentó tras él. – Muestra la misión. –ejecutó con un tono frío y distante-. No confiaba en aquella mujer aun cuando parecía haber acertado en las cuestiones lanzadas con anterioridad-. El mayor de los hermanos necesitaba estar seguro de si aquella mujer era parte del grupo ninja o una espía. La situación todavía parecía estar candente, las desconfianzas del infante eran tales que no podían siquiera apartar la mirada de aquella mujer. Estudiar sus rasgos, analizar todo lo que pudiera de ella. - Ten mucho cuidado Azai, no sabemos nada de esta señora. Podría ser un enemigo. –acotó en su idioma mientras sus ojos se postraban en su hermano menor-.

Tenía tiempo más no el que deseaba, la misión no se podía retrasar y el Feudo requería de un éxito. – Me llamo Addai. –pronunció intentando neutralizar las palabras malsonantes que había ejecutado momentos antes-. Tenía que mejorar su trato con los desconocidos, algo que le pasaba factura la mayoría de veces.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Sheik el Sáb Mar 26, 2016 12:15 am

No tuve que esperar mucho tiempo para que la persona que acompañaba al aquel pequeño chico se pronunciara y bajara de allá arriba. ¡Era otro niño! Sin embargo, este por su tamaño podría decirse que era el mayor de los dos, además de por su tonificada musculatura y las distintas cicatrices que tenía. Parecía que quisieran acorralarme, seguramente desconfiaban de mí y por eso preferían posicionarse como lo habían hecho, al fin y al cabo el mejor ataque es una buena defensa. Que fueran tan precavidos me hizo darme cuenta que, a pesar de ser unos niños, tenían conocimiento de la situación, lo cual a la vez me dio un poco de lástima, puesto que para personas de su edad, que seguramente fuera entre 9 y 12 años, esto significaba que debían haber pasado por situaciones equivocadas, en las que los errores les hubieran hecho para aprender y hacerse más fuertes. Me recordaban tanto a mi yo de hace unos 8 años, un ser solitario, sin ánimos de tratar con nadie que no fuera Nir, e incluso muchas veces prefería evadirme de ella, encerrarme en mis pensamientos y olvidarme del mundo.

Aquel segundo niño se dirigió con un simple “Hola”, no parecía necesitar decir nada más, o quizá no sabía. Como fuera, me limité a sonreírle, me causaban cierta ternura, pero no quería mostrarlo completamente, puesto que por una parte podía estar dando una imagen tonta de mí, y por otra podría llegar a molestarles, al fin y al cabo no los conocía, quizá no estaban acostumbrados a que los miraran con estos ojos. Mientras mi mirada se postraba en el reciente invitado, interesada en su comportamiento, intentando analizar sus rasgos y ver más allá de lo que dejaba mostrar, el primero de los dos me demandó mostrarle la misión. Menos mal que decidí guardar aquel pedazo de papel por lo que pudiera pasar, por lo que la saqué del bolsillo y extendí mi brazo hasta dársela. No podría sacar mucha más información de ella, pero poco me importaba en aquel momento, seguro que entre los dos le contarían de qué se trataba. Seguidamente de entregarle el papel, aquel chico le dijo algo a su compañero, algo que no pude entender pues hablaban en un idioma totalmente distinto al mío, lo cual despertó más aún mi interés por estos chicos. Eran los primeros que escuchaba hablar en otra lengua. ¿Forasteros como yo en tierras insólitas? ¿Unos niños perdidos en un mundo con suficientes problemas para enterrarlos? Quizá, o quizá no.

Mi carácter, mi conducta no había cambiado, seguía desconfiando de ellos, aunque otra idea rondaba por mi cabeza, una que me dictaba dejarme llevar por el momento, la misma que me decía que aquellos niños no parecían tan peligrosos, que no tenía por qué temerles. Con esto se formó una pequeña maraña de contradicciones, de disonancias en mi mente, pero, de repente, el funcionamiento de la misma paró cuando oyó a uno de los dos decir su nombre. ¿Estaba confiándome información que quizá podría usar en su contra? ¿Y si hubiera sido él un criminal y yo alguien en busca de su cabeza? No era el caso, pero era algo con lo que debía ir con cuidado aquel chico. Como respuesta a aquel brote de confianza, decidí descubrirme también un poco frente a ellos. –Yo me llamo Sheik, y por lo que parece vamos a ser compañeros.-dije mientras esbozaba una mueca simpática -¿Podéis comentarme de qué se trata la misión, por favor?-preguntaba mientras ponía mis manos en la cadera a modo de espera.

Aquella postura relajada no duraría mucho tiempo pues algo o alguien se movía entre los arbustos. No alcancé, en un primer momento, a distinguir muy bien qué era, por lo que mi primera reacción fue bastante intuitiva e impulsiva. Quise tratar de proteger a ambos a la vez, pero se encontraban demasiado lejos de mí como para conseguirlo, por lo que simplemente me adelanté hacia los arbustos de donde venía el ruido, dejándolos detrás de mí cada uno a un lado. No quería hacerles creer que pensaba que eran más débiles que yo, puesto que estaría totalmente errada, simplemente el instinto protector se apoderó de mí totalmente.

Aquel ente se movió un poco más y se dejó ver un poco. Era una persona, una niña pequeña, con el pelo azul, un color bastante vivo, como el de Taiyo pero un tono más oscuro; seguramente tendría alrededor de la edad de sus compañeros, algo entremedias. Cuánto tiempo hacía que no veía un color así en el pelo de alguien. Rápidamente, aquella chica nos lanzó una mirada pues parecía que no sabía que alguien más que ella se encontraba en aquel lugar. Estaba sorprendida, asustada, y con un puñado de pequeños frutos, seguramente bayas de alguno de los arbustos que allí había. De la desconcierto la joven dejó caer todo lo que tenía en su mano y marchó velozmente hacia dios sabe dónde. –¡Eh espera!-grité, pero era demasiado tarde, pues la muchacha ya se encontraba algo lejos, pero aún a la vista de los presentes. Era nuestro turno de decidir, ¿sería conveniente seguirla, o mejor quedarnos ahí charlando hasta que cayera la noche? Personalmente tenía claro, pero si les daba espacio a los otros dos quizá podría analizar, aunque fuera mínimamente, su forma de ser.

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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Makuro Izango el Sáb Mar 26, 2016 6:19 pm

El menor de los hermanos asintió ante las palabras de su hermano de seguir teniendo cuidado, aunque luego arqueó una ceja e hizo una mueca con los labios al ver que el hermano mayor daba lecciones de precaución, pero volvía a cometer el error de decir su nombre a otra persona desconocida. Permaneció lo más atento posible a lo que ambos hablaban, ya que si prestaba su oído lo suficiente a la charla, tras casi un año en aquellas tierras, lograba entender lo que estaban diciendo. El pequeño no estudiaba libros como lo hacía su hermano mayor, pero a base de misiones su oído se había terminado a acostumbrar obligatoriamente a aquellas extrañas palabras si quería poder trabajar en solitario. El asunto de hablar era un tanto más difícil, puesto conocer bastante léxico y deducir las frases no es lo mismo que conjugar y formar oraciones entendibles y que expresen del todo, sumado a la vergüenza que da intentar hablar un idioma que realmente no dominas, ni mucho menos. Por ello, Azai permaneció callado casi todo el tiempo, viendo a ambos dialogar sobre la misión, enseñar papeles y demás, atendiendo a medias todo lo que se decía.

- Soy Azai Siddartha. - Le sacó la lengua a su hermano mayor, sabiendo que le miraría mal por decir el apellido. Si él cometía un error, este cometería uno mayor aún, y sería mejor que no se atreviera a rebatirlo, puesto que ambos habían hecho mal, aunque el menor lo hubiera hecho a posta. Se había impresionado de aquella risa ahogada de la que se hacía llamar Sheik, y que parecía intentar disimular su sonrisa mientras veía a los pequeños. ¿Se burlaba de ellos o les subestimaba? Podía ser, pero a Azai aquello le importaba poco y de hecho, le encantaba. Mientras menos esperasen de él, más cartas sorpresa tendría bajo de la manga cuando actuase bajo reacciones que nadie podría esperar.

No dijeron nada más, y Addai quedó con el papel de la misión que aquella mujer le había cedido, puesto se abalanzó rápidamente hacia los matorrales. Azai había tenido el instinto de lanzar un Kunai hacia la zona donde sintió el movimiento, como siempre ocurría cuando actuaban sus reflejos o instintos antes que el raciocinio, pero logró detenerse a tiempo al ver que Sheik se interponía entre él y el arbusto cuando iba a buscar a la chica. Azai inclinó la cabeza hacia su hermano, como diciéndole que él se encargaría de aquello, siempre y cuando él no tuviera objeción alguna. Al no ver negativa por parte de su hermano, se abalanzó a toda velocidad por entre las plantas. Sheik se había quedado quieta esperando a ver qué decisión tomaban entre todos, pero el menor de los Siddartha sólo necesitó una mirada de su mayor para lanzarse hacia su presa. Pasó a toda velocidad de la chica, demostrando que ahora era mucho más rápido que su hermano mayor y que a ojos de Sheik, aquél mocoso de once años era casi tan veloz como ella, a pesar de cargar tantas cosas encima. Logró acortar distancias con la niña en apenas unos pocos segundos y estiró sus brazos hacia ella, sin alcanzarla puesto que aún les separaban unos seis o siete metros, cosa que las pequeñas marionetas voladoras con forma de elfo que le acompañaban, superarían en cuestión de milésimas. Ambas se juntaron y sostuvieron entre sus manitas un largo hilo de metal, girando alrededor de las piernas de la pequeña y enredando su cuerpo hasta los hombros, haciendo que esta cayera de bruces, empezando a quejarse boca abajo bastante alterada.


- ¡Atrapé a la niña! - Azai alzó la voz sin darse cuenta de que quizá aquello no era lo mejor en aquél bosque, pero ya estaba hecho y había avisado a su hermano y a Sheik. Pronto llegarían y verían al pequeño sentado en una piedra, dando pequeños puntapies a la niña en las caderas, no a modo de daño, sino de suave toque, comprobando si estaba bien y reaccionaba a estímulos. - ¡Tú también eres un niño, tonto! - La chica parecía frustrada y ya sea si fuera un espía experimentado que no esperaba ser atrapada de forma tan peculiar o un civil común, ahí se encontraba, sin poder moverse aparentemente. - ¡Tch, lo sé! - Dijo Azai molesto. Miró a su hermano tanto a Sheik mientras sonreía y señaló con el pulgar a la chica. - ¿Peligro?
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Ebaki Izango el Dom Mar 27, 2016 10:25 pm

Aquella mujer no era de fiar, no ante los ojos de un niño que no confiaba en nadie, en Kinzo y porque le había mostrado los valores de la vida, en Allen levemente por la misión que habían tenido y Azai porque era su pequeño hermano. ¿Alguien más? No. La situación no era agradable para alguien que tenía que velar por la seguridad de todo sin tener contemplaciones y mostrar siempre un rostro amargo para evitar ser engañado. La forma en la que habían acorralado a la recién llegada era propia de los hermanos, atacar sin que estos se pudieran dar cuenta, segar la vida o neutralizar las acciones contrarias sin dejarles respirar; tal y como lo habían practicado en los entrenamientos, una pareja letal a la hora de cazar.

Sus pensamientos fluían y las intenciones desconocidas de aquella muchacha habían despertado malas suposiciones en el moreno; confiar podría pasarles factura y desconfiar quizá también. Guardó silencio, era necesario que aquella persona se pudiera expresar como requiriera y mas tras la llegada de Azai. Sonrió a su hermano, un carácter afable o una mueca falsa; las mentiras era sencillas de atrapar y más con la postura tan relajada de la recién llegada. No había signos de maldad ¿Cómo era posible? O era una persona demasiado despreocupada o los hermanos no infundían respeto alguno. Lo segundo tenía sentido, no dejaban de ser dos niños pequeños jugando a los ninjas. Dos pequeños sin experiencia ¿acaso no habían hecho algo ya como grupo? Sí y lo agradecía, aprendió numerosas de aquel viaje dejando como la principal de todas una que grabaría en su mente. No fiarse de nadie. El papel entregado era real, la tinta y la forma era la correcta y acorde con lo que se había explicado anteriormente. Addai asintió con el rostro mientras esperaba el momento justo para hablar, era normal guardar silencio cuando la persona que se tenía delante era desconocida, sus ojos preferían analizarla más que perder el tiempo con la dialéctica.

El mayor de los hermanos podía dárselas de inteligente, de desconfiado pero a la mínima daba su nombre. ¿Lo valoraba tan poco como para no usarlo correctamente? Quizá no lo veía como algo crucial o importante, quizá simplemente era una señal propia e inamovible que usaba para cortar distancias con otras personas. Así era Addai, despreocupado y al mismo tiempo controlador. La respuesta de aquella mujer acortó más las distancias al tener ya nombres sobre el terreno, una presentación que no tardó su hermano en acompañar. La siguiente pregunta fue relatada al tiempo que Addai extraía el papel donde se explicaba los motivos de aquella reunión, los motivos de la misión y el peso que cargarían sobre sus hombres y bolsillos si lograban llevarla a cabo. La voz de Addai no llegó a pronunciarse, el ruido de arbustos, el movimiento de la mayor de los presentes y la presencia de una cuarta persona hizo que la conversación se viera detenida.

Una niña de, más o menos, su edad había hecho acto de presencia dejando el silencio como respuesta y partiendo a la lejanía. El mayor de los hermanos la ignoró en un primer momento, no era espía pues el asombro de sus ojos le había delatado, tampoco parecía ser una forastera pues sus ropajes no era de alguien que viajara en esos momentos. Su mueca marcó un asombro que Addai no dedujo del todo, algo le faltaba a su hipótesis y quizá era lo que le producía resquemor en su interior. Su hermano se movió, su rostro le había mostrado lo que hacer y este no sería nadie para detener sus instintos. No es como si fuese un animal atado, simplemente le gustaba dejar que su hermano hiciera lo que quisiera siempre que su vida no corriera ningún riesgo. Los pasos del mayor de los hermanos se detuvieron ante la captura de Azai, su sonrisa simbolizaba lo divertido que había terminado aquella situación y no era para menos. Todo había quedado en un susto. - ¿Quién eres? –expresó el moreno mientras sacaba un Kunai apuntando a la niña-. No le haría daño, no a menos que hablara. Fallar la misión no le importaba pero la vida de su hermano podía correr peligro por culpa de una espía, al mínimo movimiento en falso y Addai segaría su cuello.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Sheik el Mar Mar 29, 2016 1:07 pm

Por como ambos chicos se comportaban entre sí podría decirse que eran hermanos. La complicidad, esas miradas que se echaban, incluso por la burla proveniente del más alto, Azai, mostrando la lengua al otro. Este par de niños, que parecían más adolescentes que niños pero a pesar de todo seguían siendo más pequeños que yo, demostraban fortaleza, determinación, a la par que desconfianza en sus ojos. Era totalmente comprensible que pudieran sentirse de esta manera, de hecho yo también lo hacía, pero no podía despedirme tan fácilmente de ese sentimiento de cercanía que sentía al verlos a ambos.

Mi cara se tornó seria en el momento en que apareció aquella niña de entre los arbustos, no parecía muy fuerte, pero tampoco deseaba confiarse, ya lo había hecho con estos dos shinobis y no volvería a pasar. No bajar la guardia nunca es una de mis normas principales, como para poder desecharla tan a la ligera. Sin embargo, tonta de mí les había dado la espalda a dos desconocidos, por muy niños que fueran, en esa edad Nir ya me había mostrado distintas técnicas para noquear a enemigos, ¿qué habría pasado si aquellos dos me hubieran tomado como alguien del bando contrario? Podría haber salido mal, podría no haber sido buena idea seguir el instinto protector que afloraba en mi interior.

No era momento para pensar en este tipo de cosas, pues antes de que pudiera siquiera menearme o decir nada, Azai comenzó a perseguirla, a correr detrás de ella como si fuera un zorro tratando de atrapar al conejo. -¡Azai cuidado!- Quizá debería haberlo parado, no era lo más sensato ir detrás de alguien totalmente desconocido, no sabíamos si intentaba atraernos hacia ella, ni tampoco las habilidades combativas que poseería. ¿Y si le clavara un kunai en el cuello al chico? Jamás me lo perdonaría. No obstante, el chico me demostró que, junto a su gran velocidad, también poseía dotes en el manejo de marionetas. ¿Qué utilidad tienen las marionetas? Parecen juguetes, o al menos eso pensaba antes de ver el poder que poseían. Era extraño ver cómo, mediante estas, logró atrapar a la cría quien estaba algo más lejos que él. ¿Sería ese todo su poder, o habría más cosas que se pudiesen hacer con esas marionetas que Azai movía con tanta destreza? Por otra parte no había que quitarle ojo tampoco al chico más pequeño, quien se mostraba bastante impasivo ante la presencia de alguien extraño. Quizá porque era tan tonto como para no saber qué hacer, o quizá la cara opuesta de la moneda, era tan inteligente como para analizar de forma realmente rápida a la niña y observar que simplemente era como un cervatillo asustado.

Aquella niña, al ser atrapada completamente por los hilos metálicos de Azai, se encontraba inmóvil en el suelo, refunfuñando a su perseguidor. Menos mal que ninguno había resultado gravemente dañado, después de ver cómo aquel chico movía sus hilos y, a su vez, las marionetas, y sin saber qué podrían hacer, pensé que podría haberse dado cualquier situación irreversible. De hecho, Azai parecía incluso divertido por la persecución. Realmente era un niño, pero no pude evitar sonreír también. Addai, por su parte, preparó un kunai apuntando de forma directa a la niña, para comenzar a interrogarla. Se le veía serio como lo había estado todo el rato, esperando la respuesta de la fugitiva.

-Chicos tranquilos, ya está bloqueada no va a poder hacernos nada.-dije, agachándome para colocarme a su lado mientras le apartaba el pelo de la cara para ver si tenía algún rasguño. Al momento, mi cara se volvió hacia Azai, quien se encontraba a su derecha sentado en una piedra –Eres realmente rápido- comencé alabándole, realmente era impresionante cómo reaccionó en aquel momento –Y esas marionetas, parecen realmente útiles…-mi charla se vio interrumpida por la voz de la niña tratando de explicarse para intentar hacer que la soltaran. -¡Soltadme por favor!-gritando para tratar de alertar a alguien y que fueran en su ayuda, la pequeña parecía realmente asustada y enfadada –Os juro que no os haré nada pero porfavor dejadme ir. Mis padres deben estar preocupados, y he dejado a mi hermano pequeño atrás por huir… Si le pasa algo yo..yo…-dijo entre sollozos, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas formando una cascada por sus mejillas. Era una situación algo tensa, pues la habían atrapado pensando en lo peor, pero parecía tan inofensiva como un corderito. No era como para fiarse, ¿y si era mentira lo que salía de su boca? ¿debían creerla? Ahora era el momento de los tres para actuar. Por mi parte no sabía si confiar en ella o no, pero alguien que había huido asustado de ellos, sin si quiera tratar de atacarles, y que mostraba su debilidad tan fácilmente en una situación como esta, no me daba razones para no creer en sus palabras. Además, si fuera cierto que su hermano se encontraba en el interior de aquel bosque solo podría correr el peligro de que le atacara cualquier animal. -¿Qué deberíamos hacer chicos? Es necesario hablar de esto ahora, quizá esta niña forme parte de alguna organización criminal, o simplemente sea una cría indefensa. De cualquier manera, deberíamos de actuar de forma adecuada, somos libres, al fin y al cabo, de elegir cómo hacerlo. –Pensando que Azai le había hablado al otro en un idioma desconocido, quizá haber dicho tantas palabras seguidas era contraproducente, puede que no me entendiera con facilidad, pero lo hecho hecho está. Mis ojos comenzaron a observar hacia todas partes del lugar donde estábamos. Podría ser una trampa tramada por la propia niña para atraernos y provocar una emboscada. Nunca había que bajar la guardia en situaciones como esta o nos saldría cara a los tres. Una cosa estaba clara, estos niños no eran débiles, ni mucho menos tontos, más bien al contrario. Una sensación de seguridad se apoderaba de mí por momentos, pocas veces había sentido esa sensación, estos niños, no, mis ahora compañeros de misión iban a ofrecerme seguridad, aunque no fuera física. Y yo les respondería con la misma moneda.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Makuro Izango el Vie Abr 01, 2016 8:21 pm

Sentado en aquella piedra miró a su hermano, con aquél aspecto tan amenazante y profesional que portaba un ninja, a pesar de tener trece años parecía más que cualificado para la profesión que tenía. Por otro lado tenía a la enigmática mujer de cuerpo esbelto y rostro cubierto a medias, con una piel blanquecina y un cabello dorado como el sol. Aquellos colores de piel y de cabello tan raros que había visto en ese continente le dejaban extraño, ya que en su continente natal e incluso en el Pais del Rayo era poco común ver esos colores, y había conocido tanto a Allen y ahora a Sheik, dos personas de aspecto bastante distinto a lo que tenía costumbrado el joven, aunque aquél cabello dorado le era más familiar gracias a los meses viviendo y entrenando con su maestro Kinzo.

- ¿Rápido? - Preguntó de manera retórica tras la frase de Sheik sobre que el chico era muy rápido. - Espera a que mi hermano se quite el peso extra. - Se refería a la enorme marioneta vendada que llevaba a sus espaldas. Su frase había sido dicha con faltas y tomando pausas, pero se había entendido. - Entonces él es más rápido que yo. - Dijo sonriendo mientras seguía dando pequeñas patadas, sólo que esta vez con el talón a la piedra donde se encontraba descansando. - No suelo usar las marionetas, pero estas son Puck, y son mis juguetes. - Sonrió para señalar luego a su hermano mayor, al cual ya le empezaban a crecer unos cuantos pelillos en la barbilla. - ¡Es a él a quien deberías temer si hablas de marionetas! - La situación parecía distendida e incluso relajada, pero la pequeña que habían atrapado sin duda alguna no era un espía, o era una maravillosa y perfecta actriz. Ese tipo de razonamientos e investigaciones se escapaban de sus manos, así que prefirió dejarlo tanto a su hermano como a aquella chica.

Sheik había empezado a hablar al respecto, dejando caer las opciones que tenían y las posibilidades de que aquella chica fuera algo peligroso para la misión, pero fue interrumpida con unos pequeños ruidos, cuando todos pudieron darse cuenta de que ese bosque estaba bastante más lleno de lo que debería estar. Ya sea porque aquellas personas estaban entrenadas o porque simplemente entre los gritos de la chica y las explicaciones de Sheik, nadie se había tomado la molestia de vigilar el entorno, y ya era demasiado tarde. Se encontraban completamente rodeados de personas, ocultas entre matorrales, arbustos y ramas, pero ahora ya se les podía notar. Se escuchaban murmullos enfadados y airados entre las hojas, y los segundos parecían eternos.


- ¡Están torturando a una niña! ¿Quienes son? - Dijo una voz, para luego ser respondida por otra cercana entre los matorrales. - No son del Kakkinoaru´em, ni tampoco de otro feudo del Fuego, no tienen su distintivo. - Otro de ellos empezó a hablar, y salió de entre los matorrales. Parecía un hombre entrado en edad, rondando los cuarenta, pero de unos dos metros de altura y fuerte como un toro. Tenía una azada en la mano con obvias intenciones beligerantes, dada como su torva mirada se clavaba en todos. - Ella... ¡ella es! - Dijo mirando a la niña que Azai tenía atada en el suelo. - ¡Todos los ninjas sois basura! ¡Sois mierda! - Lanzó un ataque directo hacia la primera persona que se encontrase en su camino, y desde varios puntos del lugar les lanzaron cuchillos y herramientas de cocina, en todas direcciones. La primera reacción de Azai fue lanzarse hacia la niña e intentar protegerla desviando herramientas que pudieran darle por error a la chica con ayuda de su Kunai. ¿No se daban cuenta de que podían herirla por error? ¿Y qué era aquello de odiar a los ninjas? ¿Acaso en otros países se les detestaba? El joven Azai desconocía que exceptuando el Pais del Rayo, que vivía en armonía y sin muchos problemas, los ninjas causaban destrozos por su paso entre guerras y demás, creando problemas de todo tipo y daños colaterales a civiles que no tenían culpa alguna de lo que se decidía en los castillos y palacios feudales.

Aquellas personas eran refugiados de guerra que nadie quería en sus tierras.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Ebaki Izango el Sáb Abr 02, 2016 12:26 pm

Los ojos de Addai se movían lentamente, divisaban aquella mujer con interés, analizaba como actuaba para determinar cuan útil podría ser en problemas o cuando la misión requiriera sacrificios personales. La vida no era toda paz y amor, la cruel realidad azotaba a todo el mundo sin contemplaciones, sin miramientos, sin diferenciar tierras que países y clanes. La cruel realidad podía llamar a la puerta en cualquier instante sin darles la oportunidad de pensar o reaccionar a tiempo; así actuaba Addai, lo analizaba todo para no perder detalle alguno. Habían viajado a una tierra desconocida y ocultarse era el mayor de los problemas ¿Dónde daría inicio aquella misión? tenía las coordenadas del bosque donde los civiles se habían quedado contra las voluntades de los Feudos del fuego.

Aun cuando parecían tener una guerra interna se habían unido momentáneamente para terminar con un mal común, los ocupas, las personas que habían irrumpido en sus tierras sin permiso. La situación había cambiado, pasó de ser una simple conversación entre miembros de un grupo ninja para ser una persecución ¿Cómo se había permitido aquello? La desgracia era tener como costumbre dejar que su hermano hiciera las labores de búsqueda, era más fuerte y resistente, tendría el poder para acabar con cualquier espía por muy poderoso que fuera. Problema real era no distinguir entre civil corriente y enemigo, no tenía poderes ilusorios que utilizar atrapando las mentes contrarios y obligándolas a hablar. Habían sido descuidados, mucho más de lo esperado; aquella niña podía haber sido una espía, una enemiga de un Feudo del rayo o del fuego.

También cabía la posibilidad de que fuese parte de aquel grupo de civiles a los que iban a expulsar ¿Qué pasaría si esta les avisara? Escaparían hacia otra zona donde los tres ninjas presentes no darían con ellos. Fallar la misión no estaba en los planes de Addai, la líder de su Feudo le había encomendado una tarea. Había confiado en los hermanos para viajar a otra tierra y realizar las acciones que dictaminaban en aquel papel ¿Fallar? No, imposible para la mente del mayor de los hermanos. Sheik les había dado la espalda ¿Confiada? Eso había ideado en la mente del ninja de oscuro cabello y mirada dorada, o era demasiado gentil como para pensar que Addai y Azai no atacarían o quizá guardaba un poder oculto donde ambos niños perderían sin contemplaciones. Es cierto que los niños jamás atacarían por la espalda y menos a un compañero de misión mas siempre quedaba la duda que se había creado en Addai. – Sus ropajes no son muy cuidados… -expresó el ninja mientras ladeaba su rostro analizando a la persona que yacía en el suelo-. Un detalle que podía significar algo, un detalle que rondaba al mayor de los hermanos pensando en la procedencia de aquella persona recién llegada. No era del país del fuego, las personas de allí acostumbraban a vestir ropajes más tapados, aquella tierra era muy variable, un día podía llover y otro hacer un sol abrasador. Nadie de aquella tierra podría salir vestido con tirantes sin saber si el tiempo podía variar en un instante. El grito que había ejecutado Sheik sobre Azai creo un interés en el mayor, se había preocupado cuando apenas le conocía. Un detalle que marcaría el resto de la misión, para bien o para mal, la estancia en aquella situación había creado pequeños lazos con aquella mujer.

La confianza no se creaba con pocos minutos, pero grandes actos podrían marcar el ritmo de la realidad de forma veloz y ágil. La posible espía había actuado de forma simple, no parecía peligrosa o de lo contrario ya habría atacado. Es cierto que todo podía ser una trampa en la que atrapar a los presentes en el interior del bosque mas Addai guardaba un as, nada se escaparía a sus ojos y mucho menos después de aquel arduo entrenamiento. Azai era más veloz que aquella niña y no tardó en demostrarlo; aquel acto hizo que la mente del mayor de los hermanos pudiera pensar rápido las posibilidades que tenían. En un principio fijó su vista en los alrededores, en los árboles, en todo lo que pudiera suponer una amenazaba para los presentes. Si los presentes se fijaban en Addai verían algo singular, el bulto con el que había cargado todo el camino, el ser envuelto en vendas que había estado en su espalda ya no hacía acto de presencia. El muchacho había caminado tras Sheik todo el camino y actualmente se encontraba ante la niña. Su mano cargaba un cuchillo mientras su voz resonaba en el ambiente dejando clara su determinación, no dudaría en segar una vida si aquello podía salvar a su hermano pequeño. La primera respuesta podía ser verdad y aquella niña no hubiese sido más que una pobre inocente encontrada en un mal momento y por tres ninjas en plena misión. También cabía la posibilidad de que todo fuese una gran mentira donde atrapar a los que pretendían expulsar a las personas de aquella zona.

El silencio inundó el lugar por un instante mientras Addai ideaba la mejor forma de sacar información sin tener que dañar; Sheik le había frenado con palabras y no quería desobedecer a la mayor del grupo. Los halagos a su hermano fueron respondidos con velocidad mientras el mayor sonreía al ver como con entrenamiento Azai se había ganado el respeto de aquella mujer. No era para menos pues siempre se había esforzado el doble que Addai para lograr su cometido y eso que no había visto al pequeño usar su fuerza. Si se había sorprendido por su velocidad no podía imaginar cómo vería a Azai cuando usara sus habilidades físicas. Como era costumbre en su hermano, los halagos se habían lanzado para él mientras este negaba con la cabeza, es cierto que él tenía más velocidad y control de la marioneta mas no era necesario que aquella desconocida lo supiera. - ¿Hermano pequeño? De ser así Azai lo habría encontrado antes… -expresó mientras guardaba el kunai-. Ante las palabras de Azai, Sheik y él se habrían percatado de la ausencia del bulto que había cargado, un dato que era importante para las personas que se acercaran por sorpresa.

Los ruidos habían alertado a los hermanos, Addai no se movió, no hacía falta, ya sabía que sucedía desde el momento en que el bulto en su espalda ya no se encontraba en el lugar. Una voz, un tono expuesto llamó la mirada de Addai mientras sus pasos parecían interponerse entre los de su hermano y aquel hombre. Su forma física y su voz había delatado su edad entrada en años mientras parecía detonar un ataque. Un comando, un ataque que dejaría que el cuerpo de Adda se pronunciara. Velocidad, su cuerpo se había agitado al ritmo de la música, al ritmo de los metales colisionar contra el kunai de su hermano pequeño. El cuerpo del mayor de los hermanos se agitó en el viento ¿Volaba? No tenía el manor sentido, su mano cargaba una pequeña espada con la que hizo colisión con toda arma arrojadiza que se dirigiera hacia Azai y la mujer de rubio cabello. No tenía el menor sentido, no podía volar mas ¿Cómo lo hizo? Su cuerpo quedó suspendido en el aire detonando que en rostro había un severo corte, en su pecho incluso un tenedor se había clavado.

Tras el hombre de gran corpulencia apareció Addai ¿Cómo era posible? ¿Acaso Addai no se encontraba al lado de su hermano y Sheik? Aquella silueta cambió al ritmo que trozos de tierra caían al suelo tomando al forma de un ente que Azai ya debería conocer. Alice se había postrado ante los presentes ejecutando el sonoro propio de las marionetas. Esa era la explicación de por qué Addai había aparecido tras el hombre, su mano derecha habitaban hilos azules que conectaban con la marioneta. – Un ataque a traición de nuevo y dejaré de ser educado. –expresó mientras sus dedos índice y corazón se movían haciendo que el cuerpo de Alice se colocara en forma de lucha, ambas manos suspendidas en el aire y una pierna elevada. No vacilaría, un lanzamiento de nuevo y Alice se impulsaría hacia aquel sujeto a matar. – Incluso habéis atacado a la niña… -expresó de nuevo con calma-. Todo había sido parte de su plan, esconderse y analizar todo mientras Alice tomaba la forma de Addai haciéndoles creer a los civiles que nada había cambiado. Jamás se metía en un bosque sin antes estudiar la zona, así era el mayor de los hermanos, estratega por naturaleza.
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Re: [Misión: Rango C] ¡Fuera de aquí!

Mensaje por Sheik el Lun Abr 11, 2016 11:49 pm

¿Había oído bien? ¿Hermano? Así que no era una simple creencia, realmente son hermanos. Sabía que debía fiarme de mi intuición, pocas veces, o ninguna, me ha fallado. Dos niños de piel morena como si hubieran estado expuestos al sol demasiado tiempo, con el pelo negro como el carbón, pero con distintos ojos. No me refiero a su color, que de hecho también era distinto, sino a lo que ocultaban. Quizá erraba en pensar de este modo, pero aquel chico, Azai, tenía todo el espíritu y el coraje de un guerrero, irradiaba fortaleza, a la par que impulsividad y quizá insensatez, y por otra parte, Addai, era un chico inteligente, sensato, mucho más tranquilo que su hermano, a la par que protector, cosa que llamó bastante mi atención, más ahora que sabía que son hermanos. Ese afecto que les llevaba a cubrirse las espaldas mutuamente era lo que me llevaba a mirarlos con otros ojos. Con los mismos que seguramente Nir me miraba cuando tenía su edad, aunque ninguna de las dos nos hemos expresado nunca nuestros sentimientos, por cómo me trataba y cómo la trataba yo a ella, estaba más que claro, las palabras sobraban. Al mismo tiempo que hablaba, Azai me mostró sus pequeñas marionetas, las cuales eran ambas idénticas a aquel muñeco que hace apenas un rato había caído de arriba del árbol para saludarme. Por otra parte, Addai guardaba su kunai en respuesta a la explicación que les di, parecía tranquilo, pero alerta a su vez. Juraría que hace justo un momento su cuerpo era… más grande por así decirlo.

Dejando de lado a los hermanos, la niña que yacía en el suelo inmóvil no parecía estar muy herida, algún que otro raspón causado por la caída, y una respiración algo acelerada, seguramente por los nervios y la carrera que recién había pegado. Antes de poder decir nada, de sus alrededores comenzaron a salir distintos tipos de personas: hombres de distintos tamaños, algunas mujeres y un par de niños. Todos parecían realmente furiosos, lo más probable que fuera porque vieran escondidos la situación que acababa de acaecer, o quizá por los gritos de la pequeña. Cual fuera el caso, algunas de aquellas personas comenzaron a soltarnos berridos. Los chicos parecían más tranquilos, quizá sorprendidos como yo dada la situación, sin embargo era normal que esta gente pensara lo peor de nosotros, al fin y al cabo lo que sabían era que una de los suyos estaba en el suelo, atada y entre lágrimas, en el mejor de los casos solo les gritarían.

Sin embargo, aquello no quedaría en unos simples gritos, no. Aquellos extranjeros comenzaron a lanzarnos toda clase de objetos, desde utensilios de cocina, hasta palos y piedras. Qué pretendían conseguir con ello es lo que no acababa de comprender. Viendo tres ninjas, con una de los suyos atada en el suelo, en vez de tratar de razonar como personas civilizadas, ¿lo primero que pensaron fue en intentar ahuyentarnos? Una estupidez por su parte, la cual, si no tenían cuidado, pagarían caro. No por mi parte, pues era capaz de ponerme por encima de este tipo de agresiones, pero no podía decir lo mismo de mis pequeños compañeros. No obstante, Azai, quien momentos atrás perseguía a la niña como si fuera su presa de caza, me sorprendió al tratar de protegerla, sin conocerla de nada, portando uno de sus kunais en la mano. Un gesto bastante noble por su parte, pues aquellos campesinos podrían haberla dañado gravemente si alguno de los cuchillos la hubiera alcanzado. Resuelto el tema de proteger a la pequeña, dejé de contemplar la obra de Azai para fijarme en Addai. Aquel chico, como su hermano bien había dicho, era sorprendente. Con gran velocidad se entre puso entre aquel corpulento hombre y Azai, tratando de protegerlo, tanto a él como a la niña. Otro gesto realmente heroico pero que, al fin y al cabo, era normal, un hermano es alguien en quien se confía, con quien se comparte la vida entera, los lazos de sangre los unen al fin y al cabo, y no solo ese tipo de lazos, sino también los creados desde la infancia. Un hermano es alguien a quien se quiere sin importar qué, a quien se valora y, en ocasiones como esta, se necesita, y se sabe que va a estar por ti. Esta escena conmovió bastante mi corazón, pues con ese simple hecho pude ver que realmente ellos eran uno, y no podía permitir que les ocurriera nada malo. No, de ninguna manera.

El cuerpo de Addai comenzó a moverse incluso con la brisa del viento hasta quedar suspendido en el aire. ¿Cómo lo hizo? ¡Las personas normales no volamos! “Un momento… ¿eso es lo que creo que es?” Después de aquella sorpresa al principio en la que una de las Puck de Azai descendió del árbol, podía ver con un poco más de facilidad lo que parecían ser unos hilos. Al descubrir que a aquel cuerpo, quien creía que era Addai, se le había hecho un corte grande en el pecho y un tenedor se le había quedado clavado, solo podía pensar dos cosas: o se trataba de otra marioneta, esta vez mucho más grande, o ese niño tenía la resistencia de un toro. No andaba equivocada con el razonamiento, pues momentos después el pequeño apareció justo en la espalda de aquel hombre que, por su aspecto y su voz, no parecía que se tratara de alguien joven, más bien lo contrario, era una voz ronca, grave, rasposa, como la de alguien que se hubiera pasado toda su vida fumando tabaco todos los días. Podía estar más tranquila pues aquel chico, aún siendo un niño a mis ojos, era fuerte e inteligente como para hacerle frente, por no hablar de la marioneta que manejaba, de un tamaño bastante grande y preparada completamente para el combate. El movimiento de la misma provocaba un sonido incluso agradable a mis afinados oídos, el choque de las partes hechas de madera entre sí al moverla, ese castañeteo, ¿cómo no podía haberlo oído antes? Estaría demasiado concentrada en otros asuntos al parecer.

-¡Soltadla! Malditos niñatos impertinentes...-su voz se tornó aún más furiosa si cabe, dando una sensación de liderazgo -No os ha hecho nada, como no la soltéis yo… -intentaba amenazarnos, pero la marioneta frente a él lo retenía de lanzarse en un impulsivo ataque. –No queremos hacerle daño-mis palabras trataron de ser calmadas, pues no quería que ninguno de los presentes pudiera hacer algo de lo que luego se arrepintiera. Tenía la firme creencia que aquel no era un mal hombre, sino más bien alguien asustado y protector, quien solo quería salvar a la niña, ¿quizá su padre? Quién sabe. Fuera como fuera, con movimientos bastante lentos comencé a desatar a la pequeña para que volviera con su grupo rápidamente. Sin embargo, en el momento en que me puse de espaldas, pude oír como alguien detrás de mí se acercaba lentamente. Sin girarme ni nada, conté tres segundos, respiré hondo y, definitivamente, me volteé. El primer impulso era el de atacarle con algún movimiento defensivo con las manos. Un tipo bastante flaco, con un kunai en la mano, me apuntaba directamente. ¿Qué había hecho yo? ¿Tanto odio guardaban a los ninjas? Manteniendo la mente lo más fría que pude le agarré de la mano y tiré de él hacia mí para empujarlo detrás y ponerme encima, tratando de inmovilizarlo. –Lo repetiré una última vez: no queremos haceros daño a ninguno de vosotros, pero como mi compañero ha dicho, el próximo ataque os costará caro.-Yo no era así, y en ningún momento pretendía tener que llegar a más, pero quería sonar amenazante. Era necesario, en una situación así, no dejar que el enemigo se confiara, al fin y al cabo desconocíamos quienes eran o qué hacían allí. Solté a aquel hombre quien al instante se puso de pie firmemente. El kunai había quedado confiscado y lo guardé en uno de los bolsillos que usaba para portarlos, no podía arriesgarme a que lo usara de alguna forma arrojadiza contra Azai o Addai.

“¿Uhm, qué es esto?”, pensaba mientras recogía un pequeño trozo de papel del suelo donde hace unos instantes había inmovilizado a aquel chico. Parecía un pergamino y llevaba una especie de sello en él. Al abrirlo ponía en qué consistía la misión que se nos había otorgado, al parecer un grupo de comerciantes se habían establecido en la zona donde nos encontrábamos. “¿Qué problema habrá con que hayan cogido este lugar para vivir?” pensé, pues no veía razón alguna en un principio para echarlos de allí, personas sin hogar, vendedores ambulantes que dedicaban su vida al trabajo y a viajar para vivir de la forma más humilde que podían. Sin embargo mi opinión no tenía cabida en la misión, pues por algo me debían pagar. ¿Debía hacer casos a mis principios, o echarlos por tierra a la mínima por unos ryus? Este debate interno parecía que no tendría fin, pero los principios era algo que realmente me importaba, sin embargo fallar la misión quizá pondría en peligro a los hermanos.

-Por favor, necesitamos que os marchéis de aquí.-mi voz sonó más baja de lo normal, no quería oírme a mí misma decir esas palabras, en ese momento me repudiaba a mí misma más que nunca, no obstante tampoco quería hacer peligrar el camino ninja que mis compañeros habían tomado. Si hubiera estado sola en aquellos paramos tenía por seguro que mi decisión habría sido totalmente distinta. Antes de poder continuar para tratar de convencerlos de que se largaran, de entre los arbustos salió alguien, como si diera la cara por todos. –Os creéis muy poderosos con esos aires de grandeza que tenéis los ninjas siempre.-era un hombre alto, de un metro noventa más o menos, pero su aspecto, a ojos de cualquiera, podría haber sido tachado de vagabundo, alguien que no cuida su higiene, o su ropa, vistiendo con una capa bastante larga que cubría su cuerpo por completo a excepción de la cabeza y la parte más baja de las piernas.-Pues no va a ser así aquí. En esta parte del bosque las leyes las ponemos nosotros, -su cuerpo fue realmente veloz, no como el de un civil normal y corriente, sino más bien como alguien que había entrenado su cuerpo durante muchos años hasta conseguir habilidades como esa. En un abrir y cerrar de ojos, ya no se encontraba frente a Addai, a unos 10 metros como hacía tan solo un momento, sino que estaba a su lado-o más bien, las pongo yo.-su tono se volvió maquiavélico, como con superioridad. Ágilmente sacó una pequeña daga de sus ropajes e impregnándola con chakra, cortaba los hilos de chakra que conectaban al chico con su marioneta, dejando que esta cayera al suelo mientras se oía el sonido de la madera quebrarse un poco. Era sorprendente como alguien había conseguido, además de con tarta rapidez, cortar los hilos que unían al chico con su marioneta. No parecían hilos débiles, además los sabía manejar realmente bien.

El ataque no cesó ahí, pues aprovechando su situación tan estratégica, el tipo usó su brazo para agarrar a Addai del cuello sin que pudiera hacer nada para evitarlo, apretando con gran parte de su fuerza para que no se deshiciera de él, a la vez que poco a poco lo ahogaba. –No des ni un paso, o te juro que acabaré con su vida más rápido de lo que corté los hilos.-Se dirigía directamente a mí, sin miedo alguno en su mirada, ni tampoco un ápice de nerviosismo, nada. A su alrededor todas las personas del lugar parecían estar de lo más tranquilas, disfrutando de aquella atroz escena mientras su compañero, en posición amenazante, esperaba una simple respuesta para acabar con la vida del niño.

La situación era límite, no podía hacer nada que no conllevara la muerte de Addai. Me sentía realmente impotente, paralizada ante aquella imagen, pensando en múltiples opciones pero sin encontrar la solución perfecta. Sentía rabia hacia ese tipo de personas, aquellas que creían capaces de atentar hacia la vida de alguien con tanta facilidad, y sin razón alguna aparente. No les habíamos herido, ni insultado, ni amenazado. No habíamos hecho nada que pudieran considerar un ataque, mas eso no evitó la situación. El odio que sentía aquel hombre hacia los ninjas era superior a cualquier cosa que pudiéramos hacer. Seguramente, si ninguno hacía nada pronto, la vida de nosotros tres acabaría en aquel instante. La sangre se me aceleraba y la respiración cada vez se volvía más incontrolable. Sentía como si la parte más animal de mi interior fuera a surgir, como si mi mente ya no soportara más y dejara toda decisión a los impulsos.

Quizá no fue la mejor idea, pero en aquel momento sentí que era lo único que estaba en mi mano. Llevando de forma algo brusca la mano a mi espalda agarré impetuosamente la lira, aquel instrumento que ya varias veces me había sido útil para contraatacar, el mismo que me ha acompañado desde que Nir me acogió como su alumna. Sin embargo, antes de que tan si quiera pudiera sacarla, aquel tipo, seguramente sintiéndose amenazado, interrumpió cualquier acción que fuera a realizar con una pequeña risa inacabada –Je…Error. –Su brazo apretó con aún más fuerza el fino cuello de Addai, sus ojos comenzaron a entrecerrarse, juraría que quería gritar sus últimas palabras, pero por mucho que abriera su boca no podía vocalizar nada, simplemente salía el poco aire que le quedaba en su interior. Su cara se tornó totalmente pálida, y su cuerpo dejó de moverse. Aquel hombre aflojó su brazo dejando caer en el suelo, provocando un sonido seco perfectamente percibido por todos los que estábamos allí. Las personas que nos acompañaban miraban la escena sin apartar por un momento la vista, algunos incluso sonreían de forma bastante sutil. La vida de aquel niño había llegado a su fin. –Mira lo que habéis conseguido, niña.-gritó con una voz realmente potente y firme -¿Enserio creías que no sé lo que tramabas? No eres la primera en intentar una jugada como la que pretendías. -¿Cómo sabía aquel tipo lo que iba a hacer? ¿Lo había visto antes? De ser así, y sumando las habilidades que había mostrado hasta el momento, solo podía tratarse de una cosa, aquel tipo era un shinobi como nosotros.

No podía creer aquello que ocurría, era imposible pensaba, inconcebible. ¿Tan fácil era para alguien arrancarle la vida a una persona así como así? Al caer, Addai tenía sus ojos abiertos por completo y con una mirada vacía y penetrante que traspasó completamente mi mente y se me quedó grabada a fuego. Mi corazón se paró, me costaba incluso respirar y tragar saliva, me encontraba totalmente en shock, tan si quiera tenía palabras con las que responder a aquel hombre. “No… otra vez no…” pensaba mientras trataba de volver en mi misma, cosa que se complicó bastante a causa del recuerdo de hace unos meses, cuando un grupo de revolucionarios mataron a sangre fría unos ninjas enemigos. ¿Cómo personas así se consideraban capacitadas para decidir quién vive y quién no? El pasado, el presente, y el posible futuro de las personas que fallecen son demasiado importantes como para acabar con ello como quien apaga el fuego de una cerilla de un soplido, o al menos eso creía.

Tratando de aprovecharse del momento de shock en el que nos encontrábamos, tanto Azai por la repentina muerte de su hermano frente a sus ojos, como yo por no haber podido salvarlo, aquel maquiavélico hombre, con aún la daga afilada en su mano izquierda comenzó a aproximarse a nosotros, con paso constante, sin dudar por un segundo de sus acciones. Azai continuaba sin mover un solo músculo, totalmente perplejo, como si su mente estuviera totalmente ida. –¡Azai! ¡Azai reacciona! ¡¡Azai!!-mis gritos de nada funcionaban, por mucho que lo intentara aquel niño ni hacía caso a mis palabras y seguía sin inmutarse. Su mirada seguía postrada en el cuerpo de su fallecido hermano, observándolo con cuidado, pero sin decir nada. Solo respiraba.

Sus pasos no se detenían, al contrario, continuaba dirigiéndose a ellos cada vez más firme, apuntando con su mirada directamente al joven Azai, seguramente pensaría que es un simple niño pobre e indefenso, pero no, era todo lo contrario, por lo poco que había podido conocer de él podía decir que si estuviera en sí aquel hombre habría sufrido la cólera del Siddartha. Sin embargo ahora no, su alma había volado lejos de su cuerpo hacía un rato, por lo que la fortaleza que lo había caracterizado hacía apenas una hora ya no formaba parte de él. –Esto se acaba aquí.-dijo aquel hombre esta vez con un tono bastante más serio al anterior, mientras al mismo tiempo sacaba de la misma capa, ahora con su mano derecha, un kunai, con la pretensión de realizar un ataque doble de un momento a otro. La gente a nuestro alrededor no hacía otra cosa que gritar palabras de ánimo: -¡Venga acaba con ellos! -¡Dales duro! -¡Si, sí, dales! –era una escena realmente agria, pero debido a los nervios que sentía, apenas podía oír los abucheos constantes del resto del mundo, solo podía notar la presencia de aquel hombre, y apenas la de Azai, quien se encontraba a un par de metros a su lado.

De forma realmente rápida, aquel hombre lanzó las armas que poseía en cada mano en pos de poner punto final a nuestra vida. Como una flecha, el kunai se dirigía directamente a mi corazón, mas, a pesar de no poseer unos grandes reflejos, traté de esquivarlo impulsivamente, logrando permanecer con vida pero con una herida bastante profunda en el brazo. “Tsk, mierda. Joder. Mi brazo, apenas puedo moverlo.” Pensaba, y estaba en lo cierto, por muchos impulsos que tratara de transmitirle, el brazo no lograba ejecutar ningún movimiento facilmente. No obstante, dejé de preocuparme en el momento en que me di cuenta que solo me había golpeado uno de los dos elementos arrojadizos. Mi mente sentía que lo peor estaba por venir, de alguna manera sabía lo que había ocurrido pero en aquel momento no quise aceptarlo. Giré mi cabeza para comprobar el estado del pequeño Azai. El joven de cabellos oscuros se encontraba tendido inerte en el suelo, arrodillado, con la daga clavada completamente en el pecho, casi traspasándolo debido a su constitución delgada. Mis ojos se abrieron como platos y pude notar como el tiempo se paraba durante unos instantes. El aire se sentía más frío y el viento dejó de soplar durante un instante.

Mis piernas no soportaron tanta tensión acumulada y desfallecieron contra el suelo, simplemente dejándose caer al lado del cuerpo de Azai. Mientras me quitaba el kunai del brazo, provocando que la sangre brotara con más fiereza, mi mente quedaba absorta en la imagen del niño. Pues eran eso, niños. Apenas habían conocido el mundo en el que vivían, ya no podrían visitar otros países, o probar la comida exótica, ni conocer a todas esas personas que se pondrían en su camino, para bien o para mal. Sentía un vacío en mi interior como nunca antes había sentido. Si bien era cierto que no había tenido el tiempo necesario para conocerlos lo suficiente, aquellos niños me habían servido para darme cuenta de lo efímera que es la vida, de lo frágil que es la vida humana. Un día estás aquí, al otro ya no.

Mis ojos rojos carmesí fueron apagándose. El color rojo que indicaba fortaleza y valentía había perdido todo su significado. El dolor me consumía por momentos, y mis sollozos comenzaron a poder ser escuchados por todos. -¿Ahm? ¿Sigues viva?-preguntaba aquel tipo, extrañado de que hubiera podido esquivar su ataque. Apenas lo escuché, solo era un sonido de fondo que no quería ser interpretado. –¡Venga Takeda! ¡Acaba con ella de una vez!-gritaba uno de los campesinos, estaban deseosos de terminar con la situación y volver a sus vidas. Gracias a ese grito pude volver en mí, aterrizar en la realidad tan desoladora en la que me encontraba. Aún permanecía llorando pero esta vez fijando la mirada en Takeda, no buscaba mostrarme débil y provocarle compasión, pero no podía hacer que cesaran las lágrimas. Sin embargo, noté que en mi interior algo había cambiado. Algo extraño estaba ocurriendo, como el florecimiento de algo nuevo que por el momento desconocía.

Mientras me ponía de pie forzosamente, despacio debido al dolor físico que me había provocado el kunai, observé atentamente a todas las personas de mí alrededor. El brazo lo tenía bastante inutilizado por el momento, podía moverlo mínimamente pero no como para realizar sellos. Estaba perdida, me sentía totalmente impotente ante aquella bestia. -¿No vas a hacer nada? ¿Acaso no aprecias tu vida?-dijo mientras una pequeña risotada salía por su boca. Me hervía la sangre. El dolor, tanto físico como mental, me cegaba y aturullaba de forma que me costaba pensar con claridad. Las imágenes de cada uno de los hermanos muriendo recorrían de forma tan fluida mi mente que no podía centrarme en lo que ocurría. “Cae, levántate, corre.” De repente, sonó directamente en mi cabeza una voz firme y con cierto toque que hacía denotar fuerza a la vez que calidez, alguien que, a pesar de los años, no podría olvidar tan fácilmente. La voz de Nir. Quería hacerle caso, pero en el estado en el que me encontraba era realmente duro. “No, debo conseguirlo. Por ellos, por Nir… Por mí.”

Tratando de hacer acto de superación, y sacando toda la voluntad y determinación que yacía, en aquel momento, apagada en mi interior, volví a echar un vistazo a Takeda, con una mirada penetrante e imperturbable. Advertí como mi cabeza volvía a notarse dolorida. Era extraño, pues no era un dolor normal, era como si estuviera más activada que nunca, pero a la vez vacía, sin ningún pensamiento concreto. El dolor se trasladaba directamente a mis ojos, dándome punzadas, notando como fluía la sangre bidireccionalmente entre mi cerebro y los mismos.

De repente, todos comenzaron a gritar, parecían asustados, pero no entendí muy bien qué estaba ocurriendo. -¡Es un monstruo! -¿¡Qué ha hecho!? ¿¡Por qué somos iguales a ella!? -¡Es obra del mismo demonio¡-Todo el mundo estaba alterado, incluso el propio Takeda parecía asustado y sin saber qué hacer –Argh ¿Qué has hecho niñata? ¿Dónde estás? -¿Por qué no podía verme? No era difícil distinguirme, ni tampoco me había movido. ¿Por qué me veían como un monstruo? No entendía nada, pero no iba a quedarme parada mientras cundía el pánico. Con el brazo bueno que me quedaba intenté como pude coger la lira que guardaba en mi espalda. Lo hice con movimientos lentos mientras Takeda estaba distraído por la multitud gritando, asegurándome de que no descubría lo que pretendía. Así pues, llevé la lira a la mano del brazo herido. Me costaría sujetarla, era algo que tenía asumido, pero era necesario ese último esfuerzo, y no sería en vano. No vengaría a mis dos compañeros, pero lograría cumplir la misión con éxito, que es algo que seguro habrían querido.

Usando la mano útil, moví mis dedos suavemente por las cuerdas, pellizcando cada una de ellas para formar una melodía, la cual sería portadora de todos los sentimientos que recorrían mi cuerpo de arriba abajo: impotencia, rabia, tristeza, determinación… Pronto la canción llegaría a oídos de todos y ya sería irremediable, cualquier cosa que intentaran no funcionaría. Cambiando la realidad de aquellas personas, una grieta comenzó a abrirse frente a todos, creando un ingente barranco en el cual no podía verse el final del mismo, solo oscuridad. Un abismo que cada vez se hacía más y más grande. La grieta se dirigiría hacia el centro del círculo formado por los campesinos, el primer grito en oírse fue el de una mujer entrada en edad, quien permanecía inmóvil frente a aquel acontecimiento, mientras los demás comenzaban a huir del lugar. Takeda, por su parte, estaba también estupefacto viendo como la fisura se dirigía por momentos a su posición, para asustarlo más aún. Sin decir palabra alguna, las piernas fueron más rápidas que él y siguieron a todos sus compañeros para conseguir huir del lugar. Por fin aquella pesadilla había acabado.

Mi cuerpo se desequilibraba con facilidad, pero no dejé que en ningún momento cayera al suelo. Estaba todo por fin tranquilo, la paz volvía a reinar aquella pequeña parcela del bosque. Sin embargo esa tranquilidad no conseguía penetrar en mi interior. Mirando a ambos hermanos me daba cuenta de que, si quería ser capaz de proteger a las personas, debía ser más poderosa y en parte menos ingenua. Muchas personas en este mundo están podridas, y debía darme cuenta de ello e identificarlo. No sería una tarea fácil, y menos aún retener esos impulsos de querer acabar de la forma más fácil con la vida de aquellos que, como Takeda, creían ser superiores a cualquiera. Mirándolos, observando su cara inocente, con los ojos abiertos de par en par, sentí la imperiosa necesidad de cuidar de ellos a pesar de que ya no pudiera hacer, aparentemente, nada más. Debía aceptar que habían muerto, y que en parte había sido mi culpa, pero no debía dejar que ese sentimiento tan oscuro me guiara en el futuro. Debía, y quería, aceptar que ya no estaban ni estarían, pero llevarlos siempre sin olvidarlos, y cada vez que sintiera que no podía más, notar como sus manos, junto otras, empujarían mi espalda igual que lo había hecho Nir hace un instante.

Primero me dirigí hacia Addai, quien yacía en el suelo tumbado completamente. Acaricié suavemente su cara, con ternura. Mirándolo fijamente, llevé mi mano hasta sus ojos para cerrarlos y que pudiera descansar por el resto de la eternidad. Seguidamente, recogí su cuerpo como pude con el brazo bueno que tenía y lo llevé, forzosamente, hasta el árbol que se encontraba cerca de él, dejando reposar su espalda contra el tronco. Azai, por su parte, se encontraba lleno de sangre, de la suya propia, por culpa de la daga que había traspasado su corazón. Con un movimiento seco a la vez que fuerte, saqué el arma de su torso. La sangre había dejado de brotar hace poco, pues su corazón ya no la bombeaba. Al igual que había hecho con su hermano, también cerré sus ojos con suavidad. Tenía la extraña creencia que, cuando alguien muere con los ojos abiertos, es capaz de quedarse mirando el mundo en el que nos encontramos los vivos, y no poder viajar a otro plano astral en el que vivir otra vida mejor. Aquello era algo que jamás había comentado con nadie, una simple teoría que, con mis viajes al bosque durante la adolescencia, había labrado poco a poco en mi mente. Su cuerpo sería más difícil de transportar con un solo brazo, pero no podía dejarlo ahí, apartado de su otra mitad, de su hermano. Debía juntarlos una vez más para dejarlos descansar, como dos niños nada más acostarse.

Antes de irme a comprobar que aquella panda de campesinos se había largado del lugar, decidí mostrar un último homenaje a los pequeños. Sus cuerpos quedarían reposando bajo la copa de aquel enorme sauce, hasta que se fundieran con la naturaleza con el paso de los años. Haciendo uso de los hilos de alambre que portaba encima siempre, cogí las dos pequeñas Puck de Azai y las até juntas. Lo mismo hice con la marioneta de Addai, la cual se encontraba un poco desquebrajada y polvorienta debido al golpe sufrido anteriormente. Conforme desaparecía del lugar, miraba hacia atrás para contemplar por última vez aquella escena: los dos pequeños parecían unos niños normales y corrientes, durmiendo plácidamente bajo la sombra de aquel árbol, y con sus marionetas sobre sus cabezas quienes velarían siempre por ellos.

Mi paso era lento pero continuo, no podía pararme por un instante, por muy cansada que estuviera, por muchas ganas que tuviera de tumbarme en el suelo. Sabía que si cesaba mi andar me desplomaría, me desmayaría y quien sabe cómo o cuándo despertaría. Nadie me buscaría, nadie me esperaba en ninguna parte del mundo. Una simple forastera, una ronnin que no busca que la encuentren. Al llegar a la salida, o la entrada según se mirase, de aquel bosque, y gracias a haber seguido las fuertes pisadas de aquellos que habían huido, ya no había nadie. Solo restaban los desechos de sus carromatos, algún que otro resto de comida de los días que habían permanecido en el lugar, y también un par de prendas de ropa que alguien habría tendido seguramente para dejar que se secara. “Por fin.” Pensé, y nada más perturbó mi mente, simplemente solté un suspiro proveniente de lo más profundo de mí. Ya podía respirar con tranquilidad. Tomar aire profundamente y soltarlo. Era momento de dirigirme a la capital del País del Fuego y comunicar a alguna autoridad que pudiera escucharme sobre lo que había ocurrido.

A pesar de estar más relajada, el vacío y la tristeza en mi interior no habían concluido tan fácilmente, lo cual provocaba que no pudiera centrarme fácilmente en lo que acontecía a mí alrededor. Solo sabía que había personas en las calles, como era normal. Niños jugando, parejas que paseaban, algún borracho que salía de la taberna incluso, nada especial. Mis pies caminaban prácticamente solos, lo único que hacía era marcar la dirección, la fatiga y el dolor no me permitían mucho más. Al llegar a la comisaría, el guardia que se encontraba pudo escucharme largo y tendido un buen rato, para explicarle con pelos y señales lo que había ocurrido. No fue fácil narrarlo todo, hubo partes en las que incluso me faltaba el aire, pero eso no hacía que me callara. –Ha debido ser difícil, pero este es el trabajo de todo ninja. Espero que de aquí en adelante tenga más suerte en su camino.-dijo aquel hombre. Su voz era demasiado seca y firme, pero claro, no conocía el país, quizá todos eran así, o incluso peor. Fuera como fuera, yo ya no tenía nada que hacer allí.

La posada sería el mejor lugar al que ir ahora. Necesitaba comer, dormir, dejar que sanaran las heridas, y pensar en todo lo ocurrido. Esto último me llevaría mucho tiempo, mucho más del que permanecería en la posada seguramente. Al llegar, la mujer que regentaba el lugar me ayudó poniendo el brazo bueno rodeando su cuello, y me llevó hasta una sala con una bañera llena de agua. No me era fácil moverme ya, después de todo lo recorrido, de todo por lo que había pasado en un día. Gracias a aquella mujer pude recobrar un poco la esperanza en la bondad de las personas, de hecho no le pude agradecer suficiente todo lo que hizo por mí, solo podía lanzar pequeñas sonrisas, muy pequeñas, para hacerle notar que gracias a ella me encontraba mejor.

Al terminar de comer el plato de sopa que me había hecho me acosté en la cama para descansar dios sabe cuántos días. No obstante, mi mente no podía relajarse aún. Tenía miedo de que, en el momento de soñar, en ese momento en que pierdes todo control de ti mismo, volvieran las escenas que había vivido. A pesar de todo me obligué a mi misma a dormir, me obligué a no tener miedo por lo que pudiera soñar, pues quería probarme a mi misma, con dolor aprendería a soportarlo, aprendería a convivir con él.

La vida de aquellos niños no la olvidaría nunca. Ahora formaban parte de mí. Ya no tenía una sola vida, ahora tenía 1’6 vidas. Una carga realmente grande, pero que quería ser capaz de llevarla. Hacer que esos niños vivieran en mí.

Spoilers Varios:
Antes que nada, lo siento porque el post sea muy largo, pero era necesario que lo fuera, al fin y al cabo es la despedida a los hermanos Siddartha, no que fuera algo normal, y tampoco quería dejarlo sin concluir.

Objetos:

• Kunais
•Hilos de alambre
•Lira (instrumento)
Stats:
• Ninjutsu: 2 (+2+3=7)
• Taijutsu: 1 (+2+4=7)
• Genjutsu: 8 (+1 +1=10)
• Velocidad: 3 (+1+4+3=10)
• Resistencia: 4 (+2+4=10)
• Fuerza: 2 (+1=3)
Técnicas:

*Jigoku no me-Onaji Hito (Ojo del infierno-Misma persona)

Al concentrar chakra en el ojo negro, aquel que lo observe caerá en una ilusión en la cual el resto de personas y clones que vea tendrán el mismo aspecto que la usuaria del doujutsu, a parte, volverá invisibles todos los objetos que esas personas estén portando.  Esta técnica durará 2 turnos.

Ventajas: Puede ser útil para huir, además de que el contrincante no sabrá a quien atacar ni cómo defenderse de alguien. Si algún compañero lleva algún arma, será más difícil predecir o esquivar los golpes, y, por consecuente, también será más difícil intuir que Sheik está a punto de tocar su lira, pues no la verá.

Desventajas: No daña de ningún modo directo al contrincante.

Ninpo, Kankyō akuma (Arte ninja, entorno endemoniado):
Este genjutsu auditivo requiere que el usuario se encuentre quieto en un lugar, más no afectará el movimiento del oponente. Sin dejar de ejecutar la melodía, el usuario será capaz de manipular el entorno a placer con su genjutsu. De esta forma, puede hacer creer al oponente que no existe un árbol que en realidad existe, o que hay una pared entre ellos.
Se podrá mantener este genjutsu por un máximo de tres turnos.
NPC (Takeda):

Lo que hay que saber de este hombre basicamente es que, cuando era un shinobi activo, su especialidad era Kenjutsu, y es bastante veloz y fuerte, pero su nivel en Genjutsu es bastante bajo.
Sheik
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