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Perdido en el pantano [Velocidad]

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Perdido en el pantano [Velocidad]

Mensaje por Cadenza Sphelhur el Jue Oct 23, 2014 3:20 pm

La velocidad es algo que todo ninja necesita. Es una premisa que se ha mantenido desde los origines mismos de la actividad shinobi. Y es que, ¿Cómo puede ser un ninja llamado “Shinobi” sin la habilidad innata de ser veloz?. No, no puede. Al menos no uno de alto nivel, como era catalogado Cadenza. Desde su llegada al país del fuego, el pelirrojo había adquirido un nivel ninja que pocos tenían el placer de ostentar. Era un Nara como pocos, y aunque bien pudo ser mejor en ello desde tiempo atrás, el hecho de que no haya nacido ni tampoco se hubiese criado en el seno de su propio clan desprestigiaron un poco su motivación. Pero no tenía inconveniente en ello, al Nara no importaba convivir entre los ninjas de su propio clan para saber qué tan fuerte era. Incluso, su entrenamiento como ninja le sorprendió un poco, puesto que en aquel entonces no creía ser tan fuerte como un ninja de verdad; después de todo, la vida de alguien como Cadenza tiene que ser muy diferente a la de un Ninja… el pelirrojo fue criado por un anciano hasta muy corta edad y de allí en adelante se valió por si solo, entrenado desde pequeño, ¿pero al mismo nivel de un shinobi?. Fue entonces cuando se dio cuenta que aquellos quienes se hacían llamar ninjas no eran tan fuertes como él pensaba. Lo eran claro, pero no como le relataban en las historias que le comentaron. Encontrar un maestro, entrenar fuertemente por varios años y ser puesto a prueba en varias ocasiones para conocer el nivel al que pertenecía y lograr en el mismo evento un buen resultado, era algo que solo había podido hacer Cadenza. Y como si fuese criado para ser un ninja -cosa que no fue así-, el Nara portaba un prestigio de altura de entre los ninjas del país del fuego. Muchas personas son criadas en países de bajo nombre, de una posición inferior a la categoría a la que pertenece el país del fuego, uno de los más grandes y populares, entrenados desde pequeños, y cuando cumplen cierta edad se dirigen a las aldeas famosas y catalogadas poderosas para ser evaluados y que se les sea otorgado un nivel ninja…. Pero pronto se daban cuenta que las habilidades de un ninja no tenía comparación con las villas pequeñas, carentes de fama entre los shinobis. Lo máximo que obtenía, si es que obtenían algo, era el rango de Genin, y el “honor” de llevar el símbolo de algún feudo en sus ropas. Cadenza, por el contrario se convirtió en ninja de la misma manera, el primero en hacerlo…. Y aun así había varias cosas que aun debía aprender del mundo shinobi. Así como el Chakra (energía espiritual para los ninjas) que usaba para sus ninjutsus de alto nivel para alguien como él, lo era el entrenamiento de los Nara, y el de todos los ninjas. No hay mucha diferencia entre ser llevado por el camino de la enseñanza teórica en una academia y luego ser evaluado en la teoría para convertirse en Shinobi, que obligado a aprender las habilidades humanas y sobrehumanas, ser maltratado y eventualmente obligado también a sobrevivir solo en un ambiente hostil por varios años…. Para convertirse en un hombre fuerte. Cadenza había tenido entrenamiento desde la corta edad de 5 años con el propósito de ser perfecto en todo sentido, y aun hoy continuaba entrenando. Así acorto distancias entre un ninja fuerte y lo que su maestro llamaba “un hombre perfecto”. Hoy en día era considerado un ninja fuerte y estaba en camino a convertirse en un hombre perfecto. Un obstáculo más por superar, era la velocidad. Su ostentosa masa muscular le daba facultades increíbles en el manejo de armamento pesado, pues tenía una fuerza física muy considerable, y también le daba otras ventajas que un shinobi normal no tiene, pero así mismo lo dotaba con una desventaja bastante grande. Su cuerpo era pesado. Y aunque era increíblemente ágil, no hay que confundir velocidad con agilidad. La agilidad tiene que ver con la fuerza física y los rápidos reflejos de una persona, así como la capacidad para interpretar y ejecutar los movimientos que se piensen o se deban hacer. La velocidad es simplemente moverse rápido. Y el peso del cuerpo de Cadenza no le permitía aumentar su velocidad normal.

Para ser veloz se necesita disciplina, y me atrevo a decir que no hay nadie más disciplinado que el palirrojo. Así fue criado él, con valores obligados y una obediencia exagerada. El ejercicio hacia parte de su rutina diaria, pues no pasaba día sin correr algunos kilómetros o levantar algún objeto muy pesado. Cada día, sin haber salido aun el sol de la mañana, el Nara daba algunas vueltas a la aldea y buscaba una u otra cosa para levantar repetitivamente, pero en uno de aquellos días, pensó, en aumentar su velocidad para su uso en una posible batalla. Es por eso que ahora no corría por hacer ejercicio, sino por hacer más ligero su cuerpo. Pronto, los minutos que tardaba en dar una vuelta completa a la aldea principal del país del viento se vieron reducidos cada vez más. No paso mucho tiempo para, en su intento por ser más veloz, darse cuenta que canalizando Chakra en sus pies, su velocidad podía incluso triplicarse. Así fue entonces como luego de varios días de intentos, el Nara encontró una forma de ser más veloz, mucho más veloz que antes. Se trasladaba de un punto a otro en tan solo un parpadeo, y sin levantar en el bosque -lugar de su entrenamiento- una sola hoja seca. Cadenza desarrollo, sin saberlo con exactitud, la fórmula secreta de la velocidad. Posterior a aquello continúo diariamente fortaleciendo sus puntos que creía menos favorecidos, centrándose especialmente en su velocidad. Estaba completamente convencido de que si ostentaba una velocidad superior sería un ninja superior, así que en uno de aquellos días en los que solía entrenar como cualquier otro, se adentró por un paraje del bosque del país del viento que no había cruzado antes, y sin pensarlo siquiera se adentró aún más allá, llegando a pensar luego sobre el lugar en el que estaba situado.

¿En qué lugar se encontraba exactamente?... Es increíble incluso escribirlo, pero Cadenza no lo sabía. Tenía la noción de hallarse aun en el país del fuego, pero luego de cruzar el bosque por el costado oriental, y luego de caminar sin ningún rumbo, se podía decir que estaba perdido. ¿Cómo?, Alguien como Cadenza, ¿perdido?, ¿acaso un ninja no debe tener siempre un instinto de ubicación que no le permita… perderse?. Sí, claro que sí. Solo que al Nara no le importaba en lo más mínimo su ubicación actual. Estaba perdido, si, ¿pero en verdad quería salir de allí?. La verdad es que no le interesaba, había caminado por varias horas y ahora no reconocía el extraño paisaje por el cual se movía, eso era todo. Pero no le preocupaba estar en un lugar que desconociera, por el contrario… le gustaba. Así conocía más cosas y más paisajes, mas lugares a donde ir. Es increíble comprender también que aproximadamente la mitad de la vida del pelirrojo la allá vivido en lugares que no conocía, razón por la cual sabia sobrevivir sin ayuda, solo. Tenía una habilidad increíble para cazar animales de cualquier tipo, hallar agua o cualquier otro alimento o sustento para mantenerse con vida y dormir en lugares abiertos y extraños. Después de todo había vivido así toda su vida, nació y creció en una tribu cuya civilización no era muy sofisticada. Su cama desde siempre fue la tierra sobre la cual ahora caminaba.

Hacía ya dos días había salido de su casa sin rumbo aparente, pues su único propósito desde un principio fue salir de aquel infernal encierro al cual era sometido y buscar un lugar tranquilo para pasar un par de días. Su intención era visitar otro pais, pero luego de cruzar la frontera y adentrarse en un bosque desconocido para él, pero que pensó le acortaría el camino hasta el país de la hierba. Al parecer se equivocó y ahora se encontraba en una especie de paisaje exótico, rico en plantas de tamaño anormal y con una tierra extraña e increíblemente fértil, suave; casi pensó que cualquier cosa que sembrara allí germinaría con una rapidez incalculable. ¿Un pantano? , pensó en una ocasión, pues solo conocía un lugar con tanta y tan rica vegetación y era precisamente el pantano del país de la hierba. Pero de ser así, había equivocado su camino por varios kilómetros y la única forma de salir era cruzar horizontalmente aquel bosque, ¿o acaso era en verdad un pantano?. Horas después, aquella deducción dejo de tener tanto sentido. – Ningún pantano es tan grande. – Y es que, luego de caminar en el intento por atravesar el bosque no lo había conseguido. Así que se dio cuenta, a medida que el tiempo transcurría con una lentitud extraña, que no se encontraba en el país de la hierba, tampoco en el país del fuego, y mucho menos en el del fuego. ¿O sí?, realmente no estaba seguro de nada, y ya era oficial… estaba perdido.

No fue hasta el segundo día en el que permaneció en aquel bosque, pantano o lo que quiera que fuese aquel terreno sobre el que caminaba, que empezó a intentar salir, casi desesperadamente. Si bien era cierto, con lo que allí encontraba podría sobrevivir el tiempo que quisiese, no pretendía vivir allí toda la vida. Ya era suficiente, quería salir del lugar. Pero aquella tarea no le fue sencilla, sabía que no había caminado dos veces por el mismo lugar, que no estaba caminando en círculos -tenía una increíble habilidad para percatarse de ello- y que aquel lugar debía tener fin. En muchas ocasiones tuvo que defenderse de ataques de extrañas criaturas que habitaban allí, aunque ninguna valiosa para que merezca mención; bastaba con un ataque del pelirrojo para incinerar a cualquier criatura que le amenazaba y obtener de paso, una buena pieza para la cena. Y con el pasar del tiempo, empezó a perder el sentido del tiempo. ¿Era de día?, ¿de noche?, ¿Cuántos días llevaba en el lugar?... un sonido extraño interrumpió su pensar. - ¿Quién anda ahí? - Pregunto al aire, podía saber por la calidad del sonido producido que no era un animal, pues aquello pareció más bien un sonido bocal. Al darse vuelta totalmente se topó con una especie de jabalí gigantesco, como ningún otro que haya visto, pues este media al menos tres metros de alto y quien sabe cuánto pesaba, Cadenza cálculo que varias toneladas. Sus cuernos, que salían casi de su boca, estaban completamente afilados, el pelirrojo los observaba en el momento en el que el increíble animal empezó a correr hacia el Nara con la intención de atravesarlo con sus imponentes colmillos y tal vez, luego comerlo como cualquier otro pequeño bocadillo. Este no era un animal con el que el pelirrojo pudiera luchar, pues era claramente algo con lo que no podía lidiar, así que no tuvo otra opción que correr, correr como nunca antes lo había hecho. Todos sus entrenamientos, sus ejercicios, se vieron reflejados en aquella huida, que desafortunadamente no era vertical para él, tenía que esquivar árboles, ramas, piedras, etc., mientras que el gigantesco animal atrás de él arrasaba con todo a su paso. Cadenza pensó que aquel animal nunca se cansaría luego de haber recorrido más de 80 kilómetros seguidos, sin un rumbo fijo, solo quería huir. Su velocidad, claramente, fue disminuyendo con el cansancio, pero la del animal continuaba tal cual. Alcanzo a pensar en lo miserable que sería la vida si falleciese a causa de un animal sin sentido racional de su existencia, que todo lo que había entrenado y realizado seria en vano porque un sucio animal se lo comería en el desayuno. Sin saberlo, cruzo la mayor parte del pantano, o bosque, lo que quiera que ello fuera, hasta salir al mar. Al llegar a la playa el animal pareció desistir de su intento por devorarlo, y a buena hora, pues unos minutos más y Cadenza no habría podido escapar. Había corrido como jamás pensó hacerlo.
Cadenza Sphelhur
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