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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Sangre y Arena

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Sangre y Arena

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Miér Mayo 18, 2016 3:35 am

El sol brillaba en lo alto del cielo sin clemencia alguna. Su luz inundaba todo lo que había al alcance sin una sola nube que osara ponerse en medio de su camino. Mis ropas habían cambiado hacia un atuendo más adecuado al clima de aquel lugar, ya no portaba mi típica gabardina azul debido a que habría sido un suicidio llevar semejante ropa a un lugar de temperaturas tan extremas y alta insolación. En su lugar portaba ropas finas y anchas que permitiesen a mi cuerpo respirar y a la vez protegiesen el cuerpo de la luminosidad de la brillante estrella. Mi pelo estaba recogido en una larga coleta y a su vez cubierto por una tela de tono azul claro que ayudase a reflejar el calor. A parte de aquello también llevaba un pañuelo atado alrededor de mi rostro, lo que me permitía cubrirme la boca y la nariz del polvo rojizo que arrastraba el aire. Conmigo portaba una buena cantimplora llena de agua fresca para mantenerme hidratado y a buena temperatura. Llevaba ya varios días de viaje. Me había tomado mi tiempo para alcanzar aquel lugar y no me importaba, antes de llegar me había asegurado de llevar todo lo que necesitara para no condenarme al entrar en aquel territorio tan hostil.

Así que allí me encontraba yo, caminando por las abrasadoras arenas del desierto del País del Viento acompañado de mi can. Este iba andando por la arena con cuidado y visiblemente acalorado. Su pelaje no era muy largo, pero aun así le reportaba un calor importante sumado al de su oscuro color. Aquella era la principal razón por la que hacíamos pausas continuas para descansar. Era consciente de que mi compañero era fuerte pero aquel clima era sin duda un reto para cualquiera. Ante mi se extendía un paisaje desolador a la vez que hermoso. Dunas y más dunas de arena, ondulaciones del terreno compuestas de finas partículas que arrastraba el viento y que iban cambiando a cada momento, como si aquello fuese el mar y el terreno que pisaba su oleaje. El silencio era casi perturbador, en la inmensidad de aquel terreno la vida escaseaba incluso más que en el País de la Tierra, no habían pájaros cantando ni ningún tipo de animal deambulando, todo allí parecía muerto y más allá de algún cactus solitario que parecía encarar al hostil territorio que le rodeaba no había mucho más que ver. Pero aun así continué hacia delante. Estaba deseando llegar a la capital para poder establecerme un tiempo y descansar. Mi brújula marcaba hacia donde debía ir, y mientras no olvidase mi posición no debería haber problemas para perderme. Ni yo ni el canino hablábamos en aquel momento, sabíamos que aquello era un gasto de energía y saliva que no podíamos permitirnos sin saber donde se encontraría el siguiente oasis.

No parecía que fuese a tardar demasiado en llegar a mi destino, pero algo parecía querer dificultarme la tarea, irónicamente dado uno de mis objetivos en aquel lugar. Noté en el aire un olor que provenía de algún sitio cercano, este tenía un toque similar al de Hokori y otros perros, podría decirse que provenía de un canino. Al principio no vi nada pero tras unos segundos caminando y revisando el entorno me fijé en algo que se movía a unos metros de nosotros, lenta y sigilosamente. Era una mancha de un tono amarillo rojizo muy similar al color de la arena que pisaba. Su pelaje se mecía con el viento muy levemente y parecía mezclarse con el entorno, sin duda un camuflaje bastante efectivo. Sin embargo su tamaño era considerable y dado que había notado su presencia no me pilló por sorpresa descubrir aquella figura. Sus garras eran negras pero al hundirse en la arena desaparecían sin dejar rastro, y sus colmillos amarillentos quedaban casi ocultos mientras mantenía una posición baja inclinando la cabeza hacia abajo. Se trataba de un lobo huargo. Había escuchado que eran criaturas que habitaban en casi cualquier entorno, y parecía que el desierto no era una excepción, aunque su cuerpo era más delgado y tenía pinta de hambriento, probablemente era una especie adaptada al desierto y su calor y se valía de su pelaje para cazar sorpresivamente a sus presas. Era evidente que él también nos había percibido a nosotros pues iba claramente en nuestra dirección y no con intenciones precisamente amistosas. No me agradaba la idea de tener que pelear contra aquella criatura. No porque la temiese si no por su raza en si, como Inuzuka que era sentía un cierto aprecio hacia los caninos. Sin embargo había que ser estúpido para creer que podría dialogar con aquella bestia, quizás una de las presentes en otras regiones menos hostiles pudiese estar más dispuesta a hablar pero viendo sus huesos marcándose en la piel de su pecho y aquellos ojos hambrientos estaba claro que de mi lo único que quería era un buen bocado. Al parecer la primera criatura que iba a cazar había venido a mi por su cuenta sin tener que buscarla. Era una lástima que fuese un huargo, pero era lo que el destino me había traído a mis manos y no podía ni desaprovechar la situación ni intentar escapar o quien sabía qué podía encontrarme si iba sin cuidado hacia el frente, quizás algo peor que aquella bestia.

Saqué rápidamente un kunai de mi bolsa y lo arrojé al frente en dirección a la cabeza de la bestia con toda la velocidad de la que fui capaz. Esta se apartó hacia un lado al instante demostrando una buena capacidad de reacción y haciendo que el arma se hundiese en la arena casi por completo. La criatura al ver que era consciente de su presencia dejó su intento de sigilo y comenzó a correr en mi dirección con las fauces abiertas demostrándome que su zancada era considerablemente ágil incluso aunque caminase sobre aquella marea de pequeñas partículas. Maldije al ver que no había sido capaz de acertar el primer golpe y me aparté a un lado en el instante en el que el huargo llegó hacia mi, evitando por los pelos que sus dientes se cerrasen entorno a mi cuerpo. Hokori por su parte también se alejó de la posición de un salto, descendiendo por una duna y captando la atención del animal que ignorándome a mi pareció tomar como objetivo a lo que debió considerar la presa más fácil, un cachorro que se había separado de mi. Lo que no sabía era que mi compañero era más hábil de lo que podría esperar, y que yo no le iba a abandonar a su suerte.
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Re: Sangre y Arena

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Miér Mayo 18, 2016 4:18 am

El animal salvaje descendió por la misma duna en busca de Hokori, el cual aprovechando su reducido tamaño y peso era capaz de caminar con mayor velocidad sobre el manto arenoso al no hundirse tanto en el mismo. Por mi parte corrí hacia el borde y dejé que la gravedad tirase de mi mientras me deslizaba usando una pierna como timón para reducir la fricción al máximo acelerando hasta casi alcanzar al huargo en su descenso, momento en el cual aproveché para saltar arrojandole otro kunai más desde atrás. Este último si logró impactar debido a que su atención estaba centrada en el perro y el ataque le llegó desde atrás. Emitió un rugido de rabia cuando este se clavó en su cuerpo y para mi sorpresa dejó de prestar atención a mi compañero girándose bruscamente en mi dirección y aprovechando que me había acercado tanto a él para evitar que escapase. Fui incapaz de evitar su siguiente ataque y pude ver como una enorme zarpa descendía hacia mi sin poder hacer más que intentar apartarme rodando. Los resultados dejaron mucho que desear e impactó en mi hombro clavando aquellas enormes garras en mi piel y atravesando el tejido que me cubría. Tras aquello lanzó un segundo zarpazo pero continué el movimiento rodando que había empezado anteriormente para su primer ataque de forma que logré evadirlo sin más heridas. Me llevé la diestra hacia el hombro izquierdo, el que había recibido el impacto, y presioné la herida para intentar detener la hemorragia provocada. Sin duda la bestia era fuerte y relativamente veloz. Pero por suerte no parecía demasiado inteligente y perdía rápidamente la atención en nosotros cambiando de objetivo entre uno y otro según le fuesemos atacando.

Para darme un momento de respiro Hokori atacó a mi rival desde atrás lanzándose en su contra girando en el aire veloz y golpeándole en el lomo con fuerza. Pero aunque el impacto fue directo y no hubo ni siquiera un intento de defenderse o esquivar por parte de nuestro enemigo este apenas fue desplazado del sitio debido a su gran y pesado cuerpo, arrastrándole apenas unos centímetros dado que la arena que pisaba no actuaba muy bien como punto de apoyo. El animal se giró en su contra y le sacó los dientes amenazadoramente, intentando intimidarle para que se marchase y le dejase devorarme tranquilamente. Aquello no era un consuelo pero por suerte mi compañero no se amedrentaba ante aquellas cosas y lejos de huir con el rabo entre las piernas cargó su peso sobre los cuartos traseros y le devolvió la furiosa mirada con gruñidos mientras su pelaje se erizaba notablemente revelando rabia. Era casi gracioso ver como le plantaba cara a un animal de semejante envergadura, varias veces más grande que él y que con una sola de sus patas parecía ya capaz de enfrentarle. Pero así era él obstinado y orgulloso y no le importaba en absoluto quien fuese su enemigo, rara vez se iba a amedrentar. Noté que la situación era complicada si continuabamos combatiendo en aquella forma por lo que opté por cambiar la táctica y realicé rápidamente un sello con mis manos, haciendo que Hokori se transformase repentinamente en una copia de mi, pero con remarcados rasgos salvajes. Aprovechando el cambio de tamaño y de aspecto junto a la cercanía con el animal y la sorpresa provocada en aquel repentino suceso se abalanzó sobre el con las garras en ristre atacando a su rostro.

Siendo consciente de que una batalla normal no serviría contra aquella criatura opté por atacar como una manada. Aprovechándonos de que su atención se centraba en el último que le atacaba iríamos intercalando golpes uno y otro para marearle y despistarle, reduciendo la posibilidad de que sufriésemos daños o nos atacase y poder ir debilitándole poco a poco. Así que mientras él se centraba en su rostro lanzando zarpazos a la vez que retrocedía esquivando los mordiscos que le dirigía el huargo yo saqué dos nuevos kunais sujetando uno con cada mano y me lancé contra él. Con ambos asidos con fuerza me arrojé hacia sus cuartos traseros y los clavé con fuerza, provocándole dos profundas puñaladas cuyo daño logró hacer que perdiese la fuerza en aquella pata, la derecha y perdiese pie en uno de sus intentos por atacar a mi compañero. Nuevamente este intentó girarse hacia mi para vengarse de la herida, y de nuevo su distracción le costó un ataque de Hokori que dirigió un zarpazo directo al cuello del animal. Este, confundido y herido emitió un sonoro rugido ensordecedor de furia y en aquella ocasión ignoró el golpe de Hokori y siguió centrándose en mi abalanzándose en mi contra y derribándome con un rápido placaje al pecho que me tiró sobre el suelo. Al instante pude ver sus fauces abiertas sobre mi rostro, despidiendo un hediondo olor nauseabundo mientras la espesa saliva goteaba de sus prominentes colmillos. Mi actuación ameritaba rapidez así que aprovechando que no había retenido mis brazos con sus patas levanté uno de ellos, todavía armado con el arma de filo y lo clavé en el interior de su boca antes de que la cerrase sobre mi rostro. Su reacción fue inmediata al alejarse agitando la cabeza con furia. Aquello me dio el tiempo suficiente para incorporarme nuevamente y prepararme, jadeando para su proximo ataque. Mi corazón latía con fuerza ante el miedo que había pasado al ver la muerte ante mis ojos.

La criatura me observó desde unos metros mientras un hilo de sangre comenzaba a caer de entre sus dientes producto de la herida que le había abierto en el interior de su boca. Por desgracia para mi aquella criatura era más dura de lo que parecía y no había llegado a incrustar el arma en el cerebro ni en ninguna zona vital, aunque no dudaba que aquello le estaría doliendo de una forma muy intensa. Dediqué un rápido vistazo a la herida de mi brazo izquierdo, seguía sangrando un poco pero no podía distraerme en tratar aquello mientras tuviese un peligro delante. Aunque una sensación de picor y escozor se extendía por los bordes de la herida sin tratar. Hokori se encontraba sobre una duna a unos metros de distancia de la bestia, contemplándole con furia y las garras listas para atacar. Por su posición intuía que había estado a punto de lanzarse sobre el lomo de la criatura cuando esta se había abalanzado sobre mi, probablemente con intención de distraerlo y así evitar que esta acabase conmigo. Me alegraba que mi compañero trazara aquellos planes él solo al verme en una situación de peligro, en caso de que hubiese fallado mi táctica probablemente el podría haberme salvado la vida. Aunque me alegraba también de que aquello no hubiese sido necesario, prefería correr los riesgos necesarios y no más.

Furibunda, aquella bestia comenzó a realizar ataques a diestro y siniestro, lanzando sus zarpas al aire sin ningún sentido como si se enfrentase a un enemigo invisible, producto del dolor y la rabia de aquella situación. Pero uno de aquellos golpes hizo que su pata se hundiese en la arena de la duna en la que mi compañero aguardaba, haciendo que la arena de esta se deslizara ladera abajo de forma precipitada y haciéndole así perder el equilibrio sobre la misma. Cayó rodando por ella hasta los pies del animal, que sin dudarlo un solo segundo abrió sus fauces y las cerró alrededor de su pecho con un fuerte mordisco. El jutsu de transformación se deshizo mientras este caía a un lado emitiendo un aullido lastimero de dolor. Aunque en un principio pareciese lo contrario la transformación había evitado la mayor parte del daño y este había caído a un lado sin recibir graves heridas. Aunque aquello... No lo sabía en un primer momento. Mi visión se nubló parcialmente por la ira y la rabia de ver como había atacado y alcanzado a mi compañero y sentí como, sin necesidad de transformarme mi cabello se erizaba de pura furia. Me lancé en carga sobre él sin atender a lógica de estrategia de ningún tipo, y obviamente la bestia vino en mi encuentro para recibirme con sus dientes hacia mi. Aquello no me pilló de sorpresa y antes de que me atrapase con los mismos me deslicé por el suelo y quedé bajo su cuerpo por propia voluntad, rodeando su cuello con mis manos antes de fuese capaz de reaccionar a mi movimiento y undiendo repetidamente mis armas en su cuerpo con furia. La sangre salpicaba mi cara pero sin darle importancia continué atacando al pecho y cuello de la bestia mientras esta, desesperadamente intentaba zafarse de mi. Por desgracia para ella al llegar a su posición había levantado mis piernas y rodeado su cuerpo con ellas apretando con fuerza para aferrarme a ella.

Satoshi:
Gijū Ninpō, Jūjin Bunshin (擬獣忍法・獣人分身, arte ninja de imitación bestial, clon de hombre bestia): Versión modificada de las técnicas de transformación y clonación, única del clan Inuzuka. Después de realizar el sello del tigre, el ninja transforma a su ninken en una copia perfecta de sí mismo. Cuando es combinada con el Shikyaku no Jutsu, es difícil distinguir entre el ninja y el animal, ya que ambos se mueven y actúan de forma salvaje. Al igual que cualquier técnica de transformación, ésta es cancelada cuando el animal recibe daño.
Hokori:
Ninken Ninpo, Ko-Tsuuga (忍犬忍法・ 小通牙 arte ninja canina, pequeño colmillo perforador): Esta es una variante del Tsuuga, la cual puede ser utilizada por el Ninken sin la necesidad de estar transformado. Como esta es efectuada por un cachorro, el daño de esta técnica será considerablemente menor, haciendo únicamente cortes poco profundos, que solo dificultaran el procedimiento de la batalla e impulsaran al enemigo.
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Re: Sangre y Arena

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Miér Mayo 18, 2016 5:03 am

Gruñía y rujía con rabia y en un momento dado, por los movimientos bruscos que realizaba el animal en su intento por librarse de mi, sumados a la sangre que empezaba a empaparme manos y pecho, se me escaparon de las manos los kunais. Durante un segundo consiguió así mermar mis ataques, pero despreocupadamente y sin importarme la constitución del animal o estar desarmado comencé a golpearle con mis propias manos. Metí los dedos en la herida y gritando de ira estiraba de los bordes para agrandarlos y herirle todavía más. ¿Que no tenía herramientas? Mis manos ya eran unas, aunque no tuviese garras.

En un momento dado mi cuerpo estaba tan resbaladizo y mis piernas tan cansadas que con un fuerte movimiento consiguió soltarme lanzándome a unos dos metros de su posición, pero cuando lo hizo estaba agarrando con mis manos un trozo de su piel y aquel acto hizo que se lo arrancase. Me quedé durante unos momentos allí, en el suelo, fulminándole con la mirada y con un pedazo de la carne de su pecho en mis manos mientras su pelaje rojizo se teñía de carmín en varias partes debido al reguero de sangre que estaba dejando. En aquella posición la bestia estaba ya condenada debido a que, aunque lograse matarnos, las heridas infligidas serían suficientes como para matarle por desangramiento o por la gravedad de las mismas en unos días u horas, dependiendo de la suerte que tuviese para acabar rápidamente con su agonía. Sin embargo y aunque era cuestión de tiempo el hambre había hecho a la bestia extremadamente violenta y no parecía importarle, quizás incluso tuviese una madriguera con cachorros en ella esperando alimento y esperase regresar con algo para darles de comer aunque muriese después. Pero todo aquello me era irrelevante en aquel momento. Había elegido la persona equivocada para intentar servir de alimento, y aun encima había logrado cabrearme.

De nuevo se lanzó en mi contra, y yo continué enfrentándole mientras esperaba a que Hokori se recuperase o pudiese volver a la acción. Cubriendo mi cuerpo de chakra desarrollé mis rasgos animales erizando todavía más mi cabello y haciendo brotar garras en mis manos a la vez que mis colmillos creían volviéndose más prominentes y afilados. El siguiente ataque de la criatura fue un zarpazo con la izquierda que evité echándome a un lado. Vi entonces la otra descendiendo sobre mi y rodé aprovechando mi postura a cuatro patas introduciéndome nuevamente bajo su cuerpo. Esta vez no dejó que me aferrase a su cuerpo, y aprendiendo la lección antes de que realizase ningún ataque se desplazó rápidamente hacia atrás y aprovechando el movimiento lanzó una embestida hacia delante. Aquel movimiento me recordó rápidamente al que mi ninken había realizado durante un entrenamiento hacía varios meses, en el cual combatimos juntos y usó una pared como apoyo para lanzarse sobre mi tras recibir uno de mis golpes. Siendo consciente ya de aquel ataque e intuyendo como caería salté para evadir su zarpazo, y vi desde el aire como cuando se impulsó la pata que había herido al principio del combate le falló al resentirse tras forzarla después de aquel profundo corte y se desplomó en el suelo tras golpear la arena donde momentos antes me encontraba. Esta vez caí sobre él y me aferré con todo el cuerpo a su lomo, comenzando a estirar de su pelaje y arañar con las zarpas su garganta y su nuca desde las heridas que había abierto en su cuello. Nuevamente aquello se convirtió en una batalla por intentar desprenderse de mi mientras yo me dedicaba a agravar todo lo posible sus heridas.

Viendo que si la situación continuaba así no tardaría en lograr derribarme de nuevo me pegué a su lomo y comencé a morder el pellejo de su nuca, incándole los dientes y los colmillos y tirando de estos en un intento de desgarrarlo, afianzando así todavía más mi posición sobre él para que no me derribase. Al darse cuenta de que no podía tirarme pareció pensar en otra forma más inteligente de que le soltase, eso o simplemente el dolor y las heridas provocadas lograron hacerle perder pie y en un momento se desplomó sobre un lateral, girando sobre su cuerpo y haciendo que, antes de que me diese cuenta, mi espalda estuviese contra la arena y el cuerpo de la bestia se hubiese quedado sobre mi aplastándome al rodar. La presión fue suficiente como para hacerme soltarle, y de haber estado en un territorio más firme habría llegado a matarme pero por suerte para mi al poner su peso sobre mi me hundí en aquel mar rojizo y aunque sentí un profundo dolor y mis huesos sufrir ante aquello no logró aplastarme. Tambaleándose se alejó un poco de aquella posición y agitó su cabeza como si se encontrase mareado, algo lógico debido al cansancio al que le había sometido con aquella batalla sumado a las heridas infligidas. Por mi parte me incorporé nuevamente jadeando de cansancio pero todavía lleno con la energía que me proporcionaba la rabia. Iba a matarlo. Pero aquella mole de huesos y músculo no parecía dispuesta a ceder fácilmente y sin verse amedrentado por las heridas seguiría combatiendo, lo único que le retenía eran las capacidades físicas que le mermaban aquellas rajas en su carne.

Vi entonces como a mi lado mi compañero se levantaba de su sitio y caminaba despacio hacia mi lado. Parecía que ya se encontraba mejor y listo para el combate. El hecho de ver que no se encontraba herido me relajó a mi y mi ira, pero aun así no me encontraba en el estado más "civilizado" precisamente. Mis dedos crujieron cuando cerré mis manos entorno a la arena que tenía bajo las mismas. La bestia seguía observándonos, como esperando nuestra reacción. Se había vuelto levemente más cauta aunque igualmente era perceptible su odio en sus ojos, en cada movimiento. No se había rendido y no iba a quedarse allí quieta eternamente, estaba aguardando el momento de atacarnos para acabar con nosotros, era consciente de la ferocidad de nuestros ataques, de nuestra habilidad. Cuanto más combatía contra nosotros más daño recibía y más débil quedaba, nosotros seguíamos recibiendo golpes y ataques, pero eramos dos y nuestra capacidad de esquiva era mejor al coordinarnos y turnarnos. Esa era la razón de que probablemente estuviese pensando en la forma de ejecutarnos a ambos de un solo golpe o con la mayor velocidad posible, pero nosotros estábamos atentos e igual que el huargo estábamos planeando la forma de actuar. Finalmente decidí que lo mejor era continuar el ataque e intentar hacerle caer lo más rápido posible. Salté en el aire todavía con las manos cerradas y me lancé en su dirección girando a toda velocidad directo hacia su rostro. Pero con las manos extendidas hacia delante antes de impactar abrí las manos liberando la arena que había sujetado entre estas y dispersándola a mi frente en una nube extendida por mi rotación. El animal la recibió de lleno y las partículas entraron en sus ojos cegándole y haciéndole retroceder ante la irritación en los mismos de aquel polvo rojizo. Era consciente del dolor que debía estar pasando pues yo mismo había sufrido aquello durante mi viaje con nubes transportadas por el aire.

Satoshi:
Gijū Ninpō, Shikyaku no Jutsu (擬獣忍法・四脚の術, arte ninja de imitación bestial, técnica de cuatro patas) [Nivel 1]: Base del estilo de taijutsu Inuzuka. El ninja cubre su cuerpo de chakra, el cual lo hace cambiar su apariencia a una más feroz: colmillos más grandes, uñas largas en forma de garras y pupilas rasgadas. En esta forma, el Inuzuka se desplaza utilizando sus cuatro extremidades, como si fuera un animal, lo cual le otorga una mayor velocidad, fuerza y reflejos mejorados. En este nivel, la mejora no es muy notoria, otorgando 2 puntos de velocidad y 2 de fuerza. Como el usuario necesita tener su chakra concentrado en todo momento, esta técnica además baja 2 puntos de Ninjutsu, mientras esté activada. El aumento de stats se aplica a el Ninken, una vez que este se transforma mediante el Gijū Ninpō, Jūjin Bunshin (擬獣忍法・獣人分身, arte ninja de imitación bestial, clon de hombre bestia).

Tsūga (通牙, colmillo perforador):
El ninja Inuzuka concentra chakra alrededor de su cuerpo para luego salir disparado hacia el enemigo, girando sobre sí mismo como un proyectil. Para que ésta técnica tenga éxito, cuentan tanto la velocidad de desplazamiento del ninja como la fuerza aplicada al dar el giro. Esta técnica, n o es mortal, pero si impacta al oponente, hará un daño considerable que le permitirá seguir luchando, pero no de forma cómoda.
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Re: Sangre y Arena

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Jue Mayo 19, 2016 3:42 am

Antes de impactar detuve el ataque y en pleno aire todavía con la inercia proporcionada por el tsuuga giré una última vez mientras extendía mi pierna y golpeaba duramente con ella en el hocico propinándole una patada con tal fuerza que hundí su rostro contra el suelo del terrible golpe contundente. Noté incluso un crujido bajo mi pierna producto probablemente de los huesos de la bestia al fisuarse ante el impacto. Sin duda era un ser terriblemente fuerte y duro y su esqueleto no era para menos, otras muchas criaturas ante aquel golpe no habrían resistido tan bien. De hecho, cuando me aparté un poco de su posición para asegurarme vi como apoyándose de nuevo en sus patas delanteras comenzaba a levantarse tras todo aquello. Era impresionante ver la voluntad que podía llegar a tener. Pero no podía seguir perdiendo más tiempo con aquello, estaba herido, cansado y el combate contínuo e intenso estaba mermando mis fuerzas y mis reservas de energía y de agua. Si no acababa pronto acabaría pagandolo caro. El calor había estado golpeándome durante toda la batalla y el esfuerzo bajo el brillante astro agotaba mis fuerzas a más velocidad de la acostumbrada. Mi cuerpo estaba sudoroso y mi pulso y respiración acelerada, jadeaba intentando mantener oxigenado a duras penas mi cuerpo.

Hokori salió corriendo de pronto en su dirección, colándose entre sus patas en un valiente intento de despistarle. Aproveché aquel movimiento para sacar un nuevo kunai y acercarme velozmente hacia el huargo dispuesto a finalizar aquello de una vez por todas y aprovechando que comenzó a girarse buscando donde estaba mi compañero me aproximé por un lateral, pendiente de sus movimientos por si intentaba golpearme. No tardó en percatarse de mi cercanía pero cuando se giró hacia mi con las fauces abiertas buscando atraparme entre ellas giré sobre mi cuerpo para colocarme de forma lateral y reducir el área donde podía impactarme, a la vez que ganaba velocidad e inercia y con un rápido movimiento de mi diestra en forma de arco dirigí la punta del arma directa al rostro de la criatura. Estaba demasiado cerca para esquivarme y antes de poder darse cuenta estaba incrustado en su ojo. Rugió de dolor intentando alejarse de mi en un vano intento de menguar los daños posibles, pero no se lo permití y golpeando su cuello con mi hombro mientras ponía todo mi peso en aquel movimiento hundí con más fuerza mientras dejaba escapar un leve grito para descargar energía y rabia en aquel impacto. Sentí al principio resistencia oponiéndose al avance de la punta, y de pronto... Entró por completo. Durante un instante la bestia permaneció en pie, pero al siguiente se cayó al suelo sin fuerza alguna, muerta definitivamente. Solté el arma, la cual había quedado hasta casi el pomo introducida en su cuenca y me dejé caer sobre la arena rojiza y teñida de sangre mientras miraba, exhausto, mis manos cubiertas de una mezcla de fluidos, sudor, sangre y el líquido de los ojos del animal.

El ninken volvió nuevamente a mi lado y se tumbó con la lengua de fuera, ambos estábamos realmente agotados con aquello. Miré al cielo entrecerrando los ojos. El sol ya había descendido y su color anaranjado cada vez era más cercano al de la arena y la sangre que manaba de la bestia. Aun quedaba unas horas de luz y calor, pero pronto comenzaría a refrescar. Aquello era bueno y malo. Por una parte era un respiro del clima que no agotaría todavía más las fuerzas de mi ya debilitado cuerpo. Por otra implicaba que pronto comenzaría a hacer un frío terrible y eso era malo porque no tenía aún ningún tipo de refugio a mano donde resguardarme. Miré el cuerpo del animal... Quizás pudiese hacer algo para sobrellevar aquello. Me arrastré hacia el cadáver y extraje las armas que habían quedado clavadas en él y con ellas comencé a retirar la piel que cubría su cuerpo comenzando por las heridas que había realizado en su cuello para así facilitarme la tarea y dañarla lo menos posible. Aquello era mi prioridad pues si retiraba el pelaje al animal que ahora ya no lo necesitaba podría utilizarlo para recubrirme con él durante la noche y así evitar la pérdida de calor. Si aquello le había servido al animal para sobrevivir en aquel entorno entonces debía serme útil a mi también. Tras aquello comencé entonces a extraer varios pedazos de músculo carnoso que podía servirme de comida en el peor de los casos, aunque no tuviese mucho material para cocinarlo precisamente Hokori si debería ser capaz de comerla, y por mi parte podía aguantar con las reservas que tenía en la bolsa. El resto podía venderlo o guardarlo para más adelante en nuestro viaje.

Una vez acabé de sacar varios pedazos los envolví en papel y los introduje en mi bolsa de cazador. Estaba bien preparado para aquello pues había acudido a aquella región principalmente en busca de animales y bestias para cazar, que me hubiese pillado de sorpresa o sin lo necesario habría sido un terrible error por mi parte. Saqué también los colmillos al animal, suponiendo que tendrían algún valor o, en el peor de los casos, podía utilizarlos tallándolos para hacer algún tipo de arma en el futuro. Por otra parte saqué también un par de dientes más pequeños que sabía que no tenían valor alguno, pero me parecían un interesante trofeo para utilizar en algún collar. Los había visto de cerca y ahora quería tenerlos en mi cuello, pero fuera de la boca de aquella criatura. Con ayuda de los kunais saqué también las garras que tenía entre sus patas, eran de un buen tamaño y de buena dureza, no sabía bien como podría utilizarlas pero sabía que al final le encontraría algún tipo de utilidad. Finalmente ya con la piel y la carne retirada tras un largo trabajo así como varias partes del cuerpo comencé a extraer los huesos del animal. Me interesaban sobre todo los más fuertes y largos, aquellos que pudiesen servirme en un futuro para algo o que tuviesen más valor. Una vez acabé de sacar todo lo que necesitaba y dejarlo guardado en mi bolsa me levanté. Estaba realmente agotado y sediento. Miré hacia al horizonte, donde el sol ya casi se había puesto. Mientras había estado en aquel trabajo el can había aprovechado para comer un poco y tras aquello caminaba alegremente a mi lado.

Decidí dejar el resto del cuerpo a las criaturas que pasaran por allí en la noche y comencé a caminar junto a mi compañero en busca de alguna zona donde refugiarme, algún saliente rocoso o formación pétrea de algún tipo para pararme a descansar un rato. Tampoco me parecía la mejor de las ideas dormir a la intemperie en la noche del desierto, pero necesitaba unos momentos para tratar mi herida y recuperarme. Mientras caminaba bebía agua de mi cantimplora para refrescarme y mantenerme hidratado, reponiendo los líquidos que había perdido durante la batalla. También debía dar de beber a Hokori pero este parecía que todavía podía aguantar un rato más, así que decidí esperar hasta que tras varios minutos caminando alcanzamos una especie de cueva que salía de entre la arena, hecha de dura piedra amarillenta y de apenas unos pocos metros de profundidad, pero suficiente para echarnos a descansar un poco protegidos del viento y algo cubiertos del frío. Usé una tela y un poco de agua para limpiar mi herida, y en una cavidad en el suelo rocoso vertí un poco más para que el can pudiese beber también, algo que no demoró en hacer sin ningún tipo de queja. Suspiré recostándome en la pared y pensando en la batalla. Sin duda tenía mucho que mejorar en las cacerías si no quería acabar siendo alimento de las bestias. El desierto era hostil... Era un buen lugar para fortalecerse, no parecía precisamente un lugar donde los débiles tuviesen facilidades para vivir.

- Hokori... Esa batalla ha sido dura ¿Eh? - Hablé finalmente por primera vez en varias horas. Me había acostumbrado tanto a aquel silencio que casi me asusté al escuchar mi voz resonar entre las paredes de la cueva que nos servía de refugio. El animal me miró y ladró afirmativamente mientras se recostaba a mi lado. Pasé una mano por su lomo, acariciándole con cuidado y dirigiéndole una mirada de pena. No podía olvidar la imagen de aquella bestia con él entre sus dientes.- Ten cuidado, anda... No me haría ninguna gracia que te hiriesen. -

Pronto deberíamos continuar nuestro camino, pero hasta entonces nos esperaba un descanso, un momento de paz y tranquilidad después de todo aquello, un respiro de parte de las asfixiantes garras del desierto. Si mal no había calculado, al día siguiente debería alcanzar la capital y allí podríamos descansar mejor y reponer existencias.
Satoshi Inuzuka
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Re: Sangre y Arena

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