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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Just One Yesterday

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Just One Yesterday

Mensaje por Akihiko el Jue Mayo 19, 2016 1:12 pm

Tras su recuperación después de la tragedia con los lobos, Akihiko abandonó el País de las Aves en busca de conocimiento para poder aprender las artes ninja. Nunca había abandonado las montañas y aquel primer cruce fronterizo lo sorprendió. De pronto, un mar de arena tan vasto como pudiera uno imaginarse se alzaba ante él, y los vientos que venían de la montaña y daban aquel frescor característico a su país eran cortados por la orogenia, impidiendo que el aire se reciclara y haciendo de aquel desierto una caja ardiente por la que Akihiko debería caminar un día entero.
Sus pies descalzos, acostumbrados a la montaña, eran callosos y duros; muy resistentes. Nunca le habían dado problemas desde hacía ya mucho tiempo, pero aquel viaje fue un martirio para ellos. Al caminar sobre la arena ardiente, el chico hundía sus pies lo suficiente como para que ésta contactara con el empeine de sus pies y, en ocasiones, subiera más arriba de sus tobillos. El resultado fue llegar abrasado y casi deshidratado después de horas y horas caminando.
Poco a poco, a medida que avanzaba, iba descubriéndose ante él una enorme edificación del mismo color que la arena: una gigantesca muralla que abarcaba un territorio inmenso. Pensando que aquel debía de ser su lugar de destino, aligeró el paso, algo más animado por ver ya el final del trayecto. Grande fue su sorpresa cuando, de lo que parecía la nada, apareció a pocos cientos de metros, ante Akihiko, un lugar con agua y vegetación.
El Kaguya corrió ahora con todas sus fuerzas hacia aquel oasis perfecto y, sin dudarlo, se lanzó al agua para refrescarse y beber. Después de chapotear un poco y dar gracias al sol por mostrarle tan maravilloso lugar, Akihiko se quedó a descansar a la sombra de una palmera cuando escuchó un grito.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
Sobresaltado, el chico se levantó y miró a todos lados mientras se ponía en guardia. De pronto, tras uno de los matorrales, algo se movió. Akihiko no lo dudó un instante y sacó uno de sus húmeros para después arrancárselo con una mueca de dolor y usarlo como jabalina. Otro grito aún mayor. Esta vez le pareció más humano que antes. Se acercó a los matorrales con precaución y con la guardia alta mientras olisqueaba el aire. Detectó el olor humano y saltó el arbusto para encontrarse a una mujer vestida con ropas que nunca había visto, muy tapada con prendas que parecían trapos y encogida sobre sí misma mientras se agarraba el pie con dos manos. Akihiko frunció el ceño mientras la observaba, sin dejar de estar alerta.
- Ey... - fue todo lo que dijo. La chica, por su parte, respondió gimoteando mientras se señalaba el pie.
- Un escorpión me ha picado. ¡Necesito ayuda! ¡Por favor, te pagaré!
Akihiko, que nunca había conocido un animal que "picara", no sabía a lo que se refería Saori, pero comprendió que la chica estaba en un apuro y se acuclilló delante de ella.

- Esto... ¿qué es un escorpión?

La muchacha dirigió la cabeza hacia Akihiko y se quitó los trapos que cubrían su cara, dejando ver unos grandes ojos marrones y una expresión de estupefacción en su rostro.

- ¿Qué demonios...? ¿No sabes lo que es un escorpión? ¿Pero de dónde has salido? - miró al chico de arriba a abajo y pareció darse cuenta por primera vez de que se encontraba frente a un extranjero que, además, se había quemado la piel al caminar bajo el sol sin protección.

- No, no sé lo que es un escorpión. En las montañas no hay escorpiones... creo. ¿Cómo son? -
Akihiko señaló, mientras se refería a la montaña, el lugar de donde había venido. La chica abrió aún más los ojos, pensando en el camino que había hecho el chico.

- Mira, eso da igual ahora - repuso, ya nerviosa - lo que importa es que me ha atacado un animal y me ha inyectado un veneno que...

- ¡Ah! tú te refieres a una serpiente. Te ha mordido una serpiente - la chica se puso a llorar y agarró a Akihiko de los hombros mientras lo acercaba hacia sí.

- ¡POR FAVOR! - gritó mientras le caían lagrimones por las mejillas - necesito que me lleves hasta la aldea y que me vea un médico. Ahora mismo no puedo andar y podría morir en poco tiempo si no me ve un médico.
Akihiko se rascó la cabeza y miró alternativamente a la chica y a la gigantesca edificación, luego asintió.

- Está bien, te llevaré hasta allí. Pero no intentes nada raro (¬¬).

Mientras la chica le agradecía decenas de veces, Akihiko cargó a la chica a su espalda y comenzó a caminar, pero iba muy lento... y había en el desierto quien podía aprovecharse de ello. Un grito de Saori alertó al Kaguya a tiempo de que un perro muy extraño y delgado trataba de atacarles por la espalda con las fauces abiertas seguido de otros siete más.


Akihiko se tiró hacia adelante y un lado y cayó, junto con Saori, rodando sobre la arena. Después de escupir la arena que se le había metido en la boca y sacudirse el pelo, se puso en pie, en guardia, de espaldas a la aldea que sería su salvación. Estaba demasiado lejos como para poder llegar aunque abandonase a la chica. Él era muy lento en el desierto y los perros estaban acostumbrados a vivir allí.
- ¡Malditos perros, fuera! - Akihiko enseñó los dientes y se puso a hacer aspavientos para asustar a los animales.
- No son perros, ¡son coyotes! y han visto nuestra debilidad y nos han atacado - la voz de Saori amenazaba con romperse de nuevo y estallar en sollozos - siento haberte metido en esto.
Pero Akihiko no se iba a amedrentar tan fácilmente. Había salido de muchas de estas demasiadas veces como para darse por vencido. Los coyotes se lanzaron a por Saori, pero el chico saltó (aunque menos de lo que hubiera querido) a por ellos para apartarlos con una patada giratoria. Entonces los canes comprendieron que debían ocuparse de él primero y lo rodearon. Akihiko sacó su fémur de su pierna mientras apretaba los dientes por el dolor. Luego blandió el arma esperando a que vinieran a por él.
El primero de los coyotes que se abalanzó sufrió un tremendo golpe en la quijada que lo dejó atolondrado, pero éstos eran más sabios que los lobos y se lanzaron todos a la vez. Akihiko entró en pánico: iban a devorarle.
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Re: Just One Yesterday

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Jue Mayo 19, 2016 3:47 pm

Caminaba por el desierto después de haber llegado a la capital. A mi espalda todavía llevaba plegada en un rollo la piel del Huargo que el día anterior había cazado. Esta vez estaba limpia y había retirado los restos de sangre y carne que tenía pegados. Llevaba al cuello un collar decorado con los dientes del animal como trofeo, aunque el resto lo había dejado guardado para no estar cargado con todo lo que necesitaba. Estaba buscando nuevas criaturas para cazar en aquel día, pensando si encontraría alguna cosa interesante en mi camino para sacar materiales o dinero. Hokori caminaba a mi lado tranquilamente, cada vez más habituados al clima de aquella región. Yo seguía cubierto con los ropajes finos y anchos propios del desierto para evitar la insolación. La única diferencia con el día anterior era que en aquella ocasión un pañuelo de seda roja rodeaba mi hombro y parte de mi brazo izquierdo. Su función era cubrir la herida que las garras que la bestia del día anterior había abierto, y su color estaba elegido para disimular la sangre que en ocasiones salía al realizar movimientos. No era especialmente doloroso, solo algo molesto. El día era exactamente igual que todos, el sol brillaba en lo alto, las nubes parecían haberse extinguido y el calor y la luz golpeaban con fuerza sobre las rojizas arenas provocando ondulaciones en el aire. El viento soplaba a ratos arrastrando nubes de polvo y cambiando las ondulantes dunas como el mismo mar.

No parecía que fuese a ser algo especial ni diferente a lo que ya había vivido cuando escuché un grito que atravesó la inmensidad del desierto, y tras este otro más. Alcé el rostro al cielo y abrí mis fosas nasales, intentando captar algún tipo de olor cercano, realizando un único sello y acumulando chakra en mi nariz. Al inspirar nuevamente pude captar varios olores a mi alrededor. La mayoría de ellos despreciables, nada importante, pero percibí a lo que parecían dos humanos a cierta distancia de mi hacia la derecha. Cerca de ellos también notaba una gran acumulación de olor canino, aunque no sabía distinguir exactamente cuantas formas de vida percibía por allí. Fruncí el ceño y durante unos instantes dudé en qué hacer. No era mi problema, cierto, no tenía por que ir, pero fuese lo que fuese que estaba ocurriendo allí parecía que estaba en apuros.

- ¡AGH! ¡Qué demonios! Vamos Hokori, por allí. - Avisé a mi can antes de correr en dirección a los humanos que había detectado en las proximidades intentando alcanzarle lo más rápido posible sin dejar de olfatear el aire para no perder el rastro.

No tardé demasiado en llegar al lugar en cuestión. Parecía uno de los pocos oasis repartidos por la inmensidad del desierto. Un gran charco de agua se extendía por el suelo rodeado de vegetación que bordeaba frondosamente la masa de agua. Arbustos y varios árboles se acumulaban en torno a aquella fuente de vida en medio del mar de muerte y arena. Allí parecían haberse reunido tambien dos personas, un muchacho joven y de baja estatura de cabello azulado portaba consigo a una mujer de rostro compungido y asustado que se encontraba tendida sobre su espalda, como si no pudiese caminar y fuese él quien la estaba transportando. Lo que más me llamó la atención fue la piel enrojecida del chico que, junto con sus ropas, delataban que no solo era extrangero si no que tampoco tenía muchas luces el pobre. A diferencia de mi, que tampoco pertenecía a la región, él no había cambiado su atuendo y aquello era algo que el sol del desierto no perdonaba. Su piel lo había pagado. Si aquella situación hubiese sido todo probablemente no me hubiese molestado demasiado en ayudar, no parecía que fuesen a tener muchos problemas aunque la caminata de aquel tipo quemado sería sin duda insufrible con su cuerpo en ese estado y cargando peso sobre su espalda bajo el sol. Sin embargo allí no acababa todo. A su alrededor había una manada de coyotes, un total de ocho me pareció contar en primer lugar. Esas criaturas hambrientas me recordaban al huargo que había cazado el día anterior. No se detendrían hasta hacerse con un bocado de sus presas y para su desgracia ese par había sido seleccionado como su merienda.

No me parecía correcto dejarlos allí a su suerte para que fuesen devorados por aquella manada. La mujer no parecía capaz de hacer mucho por ella misma, y el otro... Bueno, parecía fuerte como para haber aguantado lo que su cuerpo indicaba, pero tampoco parecía muy avispado y en aquel lugar eso era importante. No era un solo coyote, era una manada, no sabía si sería capaz de enfrentarlos él solo a la vez que mantenía protegida a la mujer. El muchacho se sacó unos huesos y comenzó a batallar con los canes, aquello me recordó al espía poco sutil que me había topado en el Lago de la Verdad... Parecía que últimamente era un imán para esos huesitos. Me los encontraba en todos lados. Tras esquivar el ataque del primero intentó abalanzarse sobre la muchacha lo rechazó con una hábil patada giratoria. No estaba mal, al menos sabía combatir. Pero aquello no era suficiente y antes de que se diese cuenta empezaron a lanzarse en su contra, y aunque el más precipitado recibió un feroz golpe en el morro pronto se vio rodeado de una gran cantidad de estos canes que, sin piedad iban a comérselo todavía vivo, probablemente comenzando por las partes blandas como era el estómago. Era momento de intervenir. Instantáneamente me lancé junto con Hokori girando velozmente en el aire emitiendo un silbido agudo cuando cruzamos aquella distancia que nos separaba y golpeamos al grupo de animales, dispersándolos en todas direcciones cuando intervenimos en el combate. De pronto aquellos que no habían salido por los aires por el impacto, heridos por las garras y los dientes de ambos se alejaron viendo la cercanía de sus nuevos enemigos. Aquel ataque desde la distancia les había tomado desprevenidos mientras se concentraban en los otros dos, haciendo que tomase ventaja en aquel primer momento. Antes de que estos volviesen a intentar un segundo ataque tracé una rápida cadena de sellos y utilizando el agua del oasis cercano cree una barera de agua a mi alrededor que bloqueó el ataque de dos coyotes que se lanzaron en mi contra como venganza por la sorpresa. Ambos fueron atrapados de pronto por un muro de agua que evitó que me golpeasen.

- Rápido, chaval, llévate a la mujer de aquí, yo entretendré a estos perros. Te alcanzaré más tarde. - Le dije avisándole para que se fuese. Mantuve aquella protección unos segundos más para darle cierta ventaja al muchacho y protegerme de los ataques que aquellos animales lanzaban al arrojarse contra la corriente de agua que me rodeaba. Podía verles debatiendo sobre la forma de atacar al interior, e incluso se posicionaron esperando a que el jutsu terminase para atacar. Para su desgracia, aunque ellos no pudiesen ver a través de la cortina de agua yo si podía verles a ellos y esperando aquello cuando la técnica se deshizo desplomé todo el líquido sobre la arena que nos rodeaba, convirtiéndola en un lodazal que rápidamente la bebió para formar un territorio denso e inestable que comenzó a tragarse las patas de los animales como si fuesen arenas movedizas. No sería muy profundo y no podría matarlos ni encerrarlo, pero dificultaría su avance si intentaban perseguirme a mi o al muchacho. Inmediatamente después de aquello me giré y comencé a correr junto a mi compañero el la dirección que percibía el olfato del hombre. Si todo salía bien aquellas bestias tardarían en salir de allí lo suficiente como para alejarnos.

Satoshi:
Gijū Ninpō, Kyūkaku (擬獣忍法・嗅覚, arte ninja de imitación bestial, olfato): Después de realizar y mantener el sello del tigre, estando inmóvil, el ninja Inuzuka concentra chakra en su nariz, aumentando su ya excelente sentido del olfato, lo cual le permite rastrear olores a varios cientos de metros de distancia, haciéndolo mejor que un ninken. Cuando se llega a Jōnin, el Inuzuka no necesita permanecer inmóvil o realizar el sello para activar la técnica. Activando esta técnica, el rango de detección de un Inuzuka será:
Genin: 1 km.
Chūnin: 2 Km.
Jōnin: 6 km.
Sannin: 8 km.


Tsūga (通牙, colmillo perforador):
El ninja Inuzuka concentra chakra alrededor de su cuerpo para luego salir disparado hacia el enemigo, girando sobre sí mismo como un proyectil. Para que ésta técnica tenga éxito, cuentan tanto la velocidad de desplazamiento del ninja como la fuerza aplicada al dar el giro. Esta técnica, n o es mortal, pero si impacta al oponente, hará un daño considerable que le permitirá seguir luchando, pero no de forma cómoda.

Suiton: Suijinheki (水遁・水陣壁, Elemento Agua: Muro de Agua):
Una vez realizada una serie de sellos, el usuario hace uso de una fuente de agua existente para elevarla con una fuerza tremenda. Esto causa que el agua rodee al usuario, proporcionando una defensa muy abarcada que no deja punto ciego. La fortaleza de este jutsu dependerá del chakra que se empeñe en el mismo y de la cantidad de puntos stat Ninjutsu que el creador de la técnica posea. El usuario podrá ver lo que ocurre fuera del muro, lo que es una gran ventaja porque le permite al ejecutor de la técnica pasar a su siguiente jugada. Una vez que el ninja alcance el rango Jounnin, y posea un cantidad de stat Ninjutsu sobre quince (+15), podrá expulsar este jutsu a presión por su boca y de esta manera formar el muro de agua con una variante diferente.
Hokori:
Ninken Ninpō, Tsuiga no Jutsu (忍犬忍法・追牙の術, técnica de colmillo rastreador):
Los ninken deben encontrarse ocultos bajo tierra antes de efectuar esta técnica, la cual requiere a más de un animal. Siguiendo el olor del rival, y después de la orden del ninja Inuzuka, los perros salen de su escondite subterráneo, mordiendo al rival en sus extremidades.
Satoshi Inuzuka
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Re: Just One Yesterday

Mensaje por Akihiko el Jue Mayo 19, 2016 7:53 pm

Akihiko quedó impresionado. En un momento estaba a punto de ser atacado por una jauría de coyotes y un segundo después un torbellino de dientes y garras los había alejado a todos de él. El peliazul se dispuso a luchar contra otros dos lobos que iban a saltar sobre su salvador, pero de pronto algo extraño pasó. ¡Era igual que en aquel entonces! Él había visto a una persona usar el fuego y éste usaba el agua. Utilizando el agua del oasis configuró un muro de agua que dejó a los coyotes incapaces de hacerle daño. Akihiko no tuvo que esperar al aviso del Inuzuka para echar a correr sino que antes de que eso ocurriera ya había cogido a la herida y se había largado lo más rápido que podía, sin siquiera llegar a ver la última escena; aquella en la que el chico perro utilizaba el agua para enfangarlo todo y ralentizar los movimientos de la manada.

"Es fuerte. No necesita mi ayuda y esta chica dice que se morirá si no me doy prisa..."

Y por eso no miró atrás. Le daba mucho apuro dejar a alguien solo ante el peligro pero no tenía otra opción. Corrió y corrió con la fuerza que le daba el instinto de supervivencia y al fin llegó a la aldea, que era gigantesca. Mucho más que Ishigakure.

- ¡Un médico, un médico! - fue lo único que se le ocurrió decir. Ni siquiera se acordaba del nombre del arácnido que había liado todo aquello. Pronto comenzó a acercarse gente y Akihiko se vio rodeado de más personas de las que había visto nunca. Todos comenzaron a hacer preguntas y empezó a ponerse nervioso y a latirle el corazón muy deprisa. Por suerte, la chica envenenada habló por él.

- Me ha picado un escorpión en el pie, necesito a un experto en venenos.

No tardaron mucho en llegar y Akihiko se vio recompensado con dinero, cosa que no había visto en la vida. Lo olfateó y mordisqueó. Ni sabía bien ni olía bien, pero lo guardó en su bolsita de especias. Ya preguntaría más adelante para qué servía. Ahora quería buscar al chico que le había salvado, así que se dirigió en su búsqueda rumbo al desierto. Esperaba que estuviese a salvo...
Akihiko
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Re: Just One Yesterday

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