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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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That's my weapon - Entrenamiento de Arma

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That's my weapon - Entrenamiento de Arma

Mensaje por Yuto Uchiha el Lun Mayo 23, 2016 1:06 am

Metas. Objetivos. Valor. Fuerza. Un camino ninja requiere de esos ingredientes y otros tantos. La vida de un shinobi no es sencilla, hay que aprender mucho, entender el mundo, combatir por tus sueños, seguir adelante... Y tener siempre en mente a quien le debes lealtad, cual es tu misión. Pero sobre todo, hay algo que distingue a unos ninjas de otros, hay algo que marca la diferencia entre el fuerte y el débil, el que triunfa y el que fracasa, el que alcanza el éxito o se hunde en la vorágine de la pérdida y sucumbe ante sus sueños frustrados... Y eso es el esfuerzo.  Aquel que no machaca sus habilidades hasta tener un completo dominio de las mismas, aquel que no conoce sus armas y no es capaz de combatir con todo su potencial, no alcanzará sus metas. No será nunca un gran ninja. Es por esa razón que me encuentro aquí.

El bosque estaba en calma. Ni tan siquiera se podía oír el sonido de los pájaros, o de ningún otro animal. Una suave brisa acariciaba la copa de los árboles, cuyas hojas danzaban unas contra otras, produciendo un relajante sonido que invitaba a tumbarse bajo un árbol y echar una ligera cabezada, y disfrutar del gran placer del sueño. Pero sabía que ese bosque era peligroso como para hacer algo así, y más sabiendo que, además de las criaturas peligrosas que lo habitaban, también había gran cantidad de bandidos con bases ocultas a lo largo y ancho del bosque. Llegué al bosque y lo primero que se me ocurrió hacer fue trepar a un árbol. Chakra en los pies, y correr árbol arriba como un gamo. Desde que había aprendido a hacer eso, me encantaba utilizarlo. A mi espalda, llevaba nueva arma, la Ken no Henkō, una katana bastante... Peculiar. Ningún tipo de equipamiento más allá de ello llevaba. Acababa de convertirme en Genin tras mucho tiempo entrenando y practicando... Y sin dinero, no hay equipamiento. Pero pronto conseguiría llegar lejos en mis objetivos, y podría acabar viviendo en algún lugar cómodo, no al aire libre como llevaba viviendo desde que me cuidaron los chacales. A veces echaba de menos a esos pequeños bichos peludos.

Un sonido llamó mi atención mientras esperaba encima del árbol. Todos mis sentidos se dispararon y me mantuve en estado de alerta, por si alguien trataba de atacarme, pero el sonido parecía venir de abajo, y recordé rápidamente que aún me encontraba al principio del bosque, por lo que al asomarme no me sorprendió ver a un joven leñador en busca de un buen árbol. Sonreí y me preparé para empezar a moverme de rama en rama para buscar un buen lugar donde entrenar con mi nueva arma, pero otro sonido me hizo congelarme en el sitio. A unos cinco metros a la izquierda de mi árbol, un grupo de hombres vestidos de negro hablaban entre ellos, observando de vez en cuando hacia el leñador, que avanzaba con tranquilidad por entre los árboles, silbando alegremente una canción.

Me desplacé rápidamente por entre los árboles hasta alcanzar uno que estaba justo encima de ellos, me colgué de una rama, concentrando el chakra en mis pies, hasta quedar como un murciélago que acecha, con intención de escucharlos mejor. Aquellos tipos eran bandidos de poca monta, y pretendían robar a aquel pobre hombre todo lo que tuviera, y para no dejar pistas, utilizar su hacha para matarlo.
Mi mente comenzó a trabajar a toda prisa, no podía caer justo ahí entre todos ellos y combatir hasta la extenuación, puesto que además de estar en seria desventaja, estábamos demasiado cerca de la civilización, y si el combate llegara hasta allí, habrían demasiados inocentes en peligro. Volví a subir a la rama de un salto y me quedé sentado observando, en cuanto intentasen hacer algo, sería el momento de caer y atacar. Debían quedarse lo suficientemente separados como para tener yo un margen para combatir. Mis habilidades en combate físico y con armas eran buenas, pero no era un maestro marcial, debía ir con cuidado, y aprovechar el potencial de mi nueva arma cuanto pudiera.

A medida que el leñador se adentraba en el bosque, los bandidos comenzaron a seguirle a una distancia prudencial, mientras yo, utilizando mi máximo esfuerzo para moverme con sigilo, los seguía desde los árboles. Los tipos de negro empezaron a moverse de forma distinta, algunos se desviaron hacia la izquierda, otros a la derecha, y un par de ellos siguieron su camino, colocados detrás del leñador. Estaban rodeándole. Me daba asco solo de pensar en que siete hombres armados se dirigían directamente a atacar a un pobre hombre que solo quería trabajar. Saltando de árbol en árbol, fui hasta colocarme justo sobre el leñador, que se había detenido, al ver un árbol que le gustaba.
Uno de los hombres sacó un cuchillo y sus movimientos se volvieron más rápidos, avanzando lentamente por detrás hacia el hombre. Justo cuando el tipo estaba a menos de medio metro del leñador, fue cuando actué. Piernas flexionadas, brazos en posición, concentración... Y llegó la hora de aparecer.

De un salto, caí sobre el bandido que llevaba el cuchillo, tumbándolo en el suelo y dejándolo K.O. al instante. Con un giro en el aire me puse en pie, sonriendo al leñador que ahora miraba en mi dirección con el rostro plagado de terror. Intenté tranquilizarle mostrando un aspecto amable, pero el hombre, que tendría fácilmente unos cuarenta años, temblaba de pies a cabeza y agarraba con fuerza su hacha. Repentinamente, cual flechas, surgieron los otros seis matones de sus escondites, con espadas, cuchillos y varas de madera en sus manos, listos para atacar en cuanto bajase la guardia. No pude evitar sonreír.

Desenvainé con gran velocidad mi nueva espada, y salí corriendo hacia el que tenía justo delante. Iba armado con una katana también. Trató de lanzarme un tajo transversal, que iría desde el hombro derecho hacia mi cadera izquierda, pero coloqué el filo de mi arma en una posición contraria a su ataque, y bloqueé su filo con facilidad. Le dediqué una sonrisa, y, rápidamente, usé por primera vez la habilidad de mi arma. De forma veloz y casi imperceptible, la hoja de la espada se curvó, adquiriendo la forma típica de una guadaña, manteniéndose el resto del arma con la misma forma habitual. La punta de la guadaña se clavó en el hombro del bandido, del cual comenzó a brotar y caer un líquido rojo intenso. Su sangre.
Se separó de mi de un salto, mientras yo le sonreía ligeramente ante su atónito rostro. Era divertido ver como alguien se sorprendía de la habilidad de Ken no Henkō, aunque a decir verdad, a mi también me sorprendió que funcionara aquel truco. Pero no sería la única sorpresa, pues otro bandido, armado con una vara de madera, me golpeó en la cabeza por bajar la guardia. Error de novato. El golpe me tumbó, pero no tardé en ponerme en pie e intentar tumbar con una patada en la rodilla al tipo, pero fue rápido y logro esquivarlo. Traté de transformar la espada en un gran shuriken, pero algo falló y siguió manteniendo la forma anterior que tenía. Maldije y simplemente me lancé contra él. Lancé un par de estocadas, pero el enfado me volvió torpe y acabé recibiendo una patada en el estómago después de que el tipo esquivara las estocadas. Tenía que serenarme si quería combatir como es debido.

Envalentonados al ver que el de la vara había logrado golpearme varias veces, trataron de atacarme todos a la vez, ahí es donde comenzaba la diversión. Espadas, cuchillos y varas me atacaban por doquier, y yo, tras haberme tranquilizado ya, lograba esquivarlas con cierta facilidad, y lo que no podía esquivar, lo bloqueaba. Conseguí varias veces que funcionara mi arma. En un intento de un espadachín de propinarme un corte en la espalda, convertí la katana en una Shuanggou, volviéndose la hoja con forma de gancho y creando con la madera una cuchilla en el mango sólo útil para defender, pero para lo que necesitaba ese arma no era importante. Me giré a gran velocidad, agarré el arma del tipo con el gancho, para impedir que siguiera con su ataque, pero justo en el momento, otro de ellos trató de golpearme con una vara, el mismo de la patada al estómago. Ésta vez, la patada se la dí yo. Mientras estaba agarrado al otro, di una patada hacia atrás antes de que me golpease, y cayó hacia atrás, empujando a otros dos a su paso. Tras ello, con un giro rápido, y haciendo acopio de toda la fuerza que pude, tiré del que tenía agarrado moviendo mi arma, para empujarle contra otro. Milagrosamente resultó efectivo, pero el que quedaba por atacar, me lanzó un kunai a un costado, justo debajo de la última costilla.
Maldije en voz baja por ser tan estúpido como para dejarme herir así, pero aún quedaba mucha batalla y no podía distraerme con la herida, así que simplemente sonreí a aquel tipo.

—¿Quieres poner las cosas divertidas...? Los kunai son armas de ninja, ¿lo sabías?—me quité el kunai, dejando una herida algo profunda y sangrante en su lugar, pero la adrenalina reducía la sensación de dolor.
El tipo contestó que era un ninja, así que, tras la sorpresa inicial, reí levemente y le lancé el kunai de vuelta hacia su cara. El cual esquivó sin problemas, pero yo ya había salido corriendo en su dirección.
Sacó otro kunai, con el cual trató de atacar a un punto que no tenía en guardia: La axila. Con mi katana vuelta a la normalidad, bloqueé el kunai, pero al parecer aquello era lo que él estaba esperando, pues con la otra mano, tomó un tercero y fue a clavármelo en el cuello. Por suerte, yo era ligeramente más rápido. Me agaché rápidamente, mientras mi katana tomaba la forma de un sai, ligeramente más grande de lo normal. Clavé la punta más larga en su pie y le propiné una patada, pero se había adelantado a mi movimiento y, tras soltar uno de los kunai, bloqueó mi pie, para después lanzarme lejos de un empujón, junto a mi arma, la cual no soltaría ni aunque la vida me fuera en ello.

Aterricé bien en el suelo, pero mi mirada estaba clavada en el ninja, mientras el resto se recuperaba y empezaba a acercarse, con cara de pocos amigos. Miré a todos y cada uno sonriendo, y convertí mi katana en una de mis armas favoritas: Un nunchaku. Un extremo estaba hecho de acero, y el otro de madera, ambos unidos por la tela que rodeaba la empuñadura de la espada. Riendo levemente, les di paso para atacarme a la voz de “¿A que estáis esperando?”. Su respuesta fue inmediata.

El primero me atacó por la izquierda. Solo tuve que hacer un movimiento rápido del nunchaku, y la parte metálica le golpeó en la cara, haciendo que su vara y él cayeran al suelo. Uno menos, faltaban cinco, y uno de ellos un ninja. Esto era genial. El siguiente venía con un cuchillo. Le dejé acercarse a mi, se lanzó con una puñalada hacia mi, y con la parte de madera, lo bloqueé. La hoja del cuchillo se clavó limpiamente en aquella pieza, y con un giro aún más rápido que el anterior, desarmé al tipo golpeando su mano con la parte de acero. Acto seguido, y en la sucesión más rápida que pude, golpeé en su rodilla, su codo y finalmente, cuando ya estaba agachado por no poder sostenerse debido a los golpes, un último impacto en la cabeza y el tercero de ellos quedó noqueado.
Los siguientes tres que venían, iban armados con una vara de madera y dos espadas. El nunchaku ya no me iba a ser útil, así que cambié a la forma natural de mi espada, y utilizando mi chakra, activé su segunda habilidad: Togimasu. Con el chakra imbuido en la katana, ahora su hoja era más afilada, y sus cortes más profundos. De un movimiento rápido, me planté ante uno de los bandidos y entrechoqué mi espada con la suya. Mi espada reforzada, comenzó a cortar lentamente el filo de la suya, y con un cambio, hice que la hoja de mi espada pasara a ser una hoja dentada, con la cual, de un movimiento, partí la suya, dejándolo desarmado. El otro espadachín, aprovechó mi enfrentamiento para atacarme. Me llevé un corte en el brazo por no tener suficiente velocidad de reacción, pero de un movimiento, y transformando mi arma en un Jutte más corto de lo normal, bloqueé su siguiente golpe. Éste espadachín parecía más diestro.

De un salto retrocedí, para poner en orden mis ideas y pensar en qué hacer. El Jutte se había  tambaleado un poco, intentando volver a su forma normal, por falta de concentración. Debía controlar su chakra y su imagen mental del arma para que no volviera a suceder. Empezaba a sudar y aún quedaban cuatro en pie: Uno desarmado, uno con una vara, otro con espada y diestro en combate armado y un ninja que solo observaba con aire divertido, por el momento. Era hora de usar combate más avanzado. Los miré sonriendo y coloqué mi katana en posición de guardia. Empezaba el acto final... O eso esperaba.

—¡Hagen: Samuraigatana!—mi chakra comenzó a arremolinarse alrededor de mi arma, mientras que se formaba, de pura energía azul, una copia aún más grande, con más alcance y más poder. El rostro de los enemigos mostraba estupefacción, y habían bajado la guardia. Era la hora de actuar.

Con un movimiento rápido de mi arma, la tsuka del espadachín fue cortada sin que se pudiera llegar a dar cuenta, dejándolo también desarmado. Luego, de un salto, caí sobre él, utilizando a Ken no Henkō como nunchaku de nuevo, para golpear su cabeza y dejarlo inconsciente. El hombre de la vara se envalentonó, y creyendo pillarme con la guardia baja, se abalanzó con aquel pedazo de madera en ristre. Mi arma regresó a su estado original, y corté rápidamente el objeto que pretendía golpearme, y luego, lo más deprisa posible, realicé un corte en su pierna, impidiendo que pudiera volver a levantarse. Solo quedaban dos. La cosa se ponía sumamente interesante para mi ahora.

Un kunai, con sangre goteando, pasó rozando mi cara, pero se notaba que la puntería no era demasiado buena, pues no me había movido y apenas había cortado un pelo de mi cabeza. El bandido al que acababa de desarmar había lanzado el kunai perdido de mi último enfrentamiento con el ninja, y había recogido del suelo la única espada que no estaba rota. Sonrei y le dejé acercarse a mi, era hora de demostrar quien valía. El tipo lanzó una estocada a mi flanco derecho, ante lo cual, convertí mi arma en un bidente, con el asta más corta de lo normal, asemejándose sobremanera a un diapasón. Gracias a ello, enganché la hoja de su arma entre ambas cuchillas, y tiré con fuerza para arrancársela de las manos, lográndolo finalmente. Y propinándole una patada en la cara, acabando con el último bandido corriente.

El ninja me aplaudió y empezó a acercarse a mi con lentitud, fresco como una rosa, mientras yo notaba como mi agotamiento era mayor cada vez, y sabía que me quedaba chakra para poco más que un par de técnicas. Gracias al cielo que cambiar de forma el arma no requería demasiado, pero debía de ser cuidadoso a la hora de usarla. Mientras el ninja reía y preparaba otro kunai para atacar, yo miraba alrededor en busca del leñador, pero al parecer hacía tiempo que había huído. Bien, así las cosas serían más sencillas.
Él fue el primero en atacar. Un kunai voló directamente hacia mi. Lo esquivé de forma rápida, pero una lluvia de Shurikens me sorprendió, y tuve que acumular chakra en mis pies para poder dar un salto de altura y esquivarlos. Eso es lo que el ninja buscaba, puesto que se lanzó hacia mi con otro kunai en mano. Para convertirlo en una pelea justa, aunque con miedo a perder demasiado chakra, transformé mi arma en un gran kunai, siendo la parte final de madera, y toda la hoja de acero. Era casi como un kunai espada. Bloqueé el suyo, pero rápidamente me dio una patada en el costado que hirió con el primer kunai, produciéndome gran dolor. Finalmente, ambos caímos al suelo. Mi aterrizaje fue más forzoso que el suyo, y empezaba a notar el dolor. Había que acabar rápido con aquello.
Dos técnicas. Eso era lo que pensaba que me quedaría por usar. Una distracción, y un golpe.

—¡Hagen: Engetsu!—con el arma convertida de nuevo en katana, realicé un rápido movimiento con ella, produciendo una media luna de puro chakra, que avanzó rauda hacia el ninja. Éste lo esquivó con facilidad, como esperaba. Así que corrí hacia él. La media luna tumbó varios árboles, y mientras el enemigo esquivaba uno de ellos, clavé la hoja de la espada en el tronco caído de uno de ellos, y convertí la espada en una naginata, con el asta corta, cuya hoja era la parte clavada en el tronco. Apoyado en el asta con la mano, giré en el aire y le propiné una inesperada patada en la cara al ninja, que cayó inconsciente, pues golpeé con toda la fuerza que me quedaba, e impregnando mi pie con el poco chakra que también me quedaba.

Así, todos los bandidos quedaron inconscientes, y yo me quedé sin poder moverme. Pero de pronto, surgió el leñador, que se había escondido pero no huido, y me acompañó hasta su pueblo, enormemente agradecido por la ayuda, ante lo cual respondí con una sonrisa y una sencilla frase:

—Para eso estamos los ninja.
Yuto Uchiha
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