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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Pasos de odio

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Pasos de odio

Mensaje por Yuto Uchiha el Jue Jun 09, 2016 12:36 am

Las verdes luces pasaban como manchas difuminadas en un lienzo cobrizo. A medida que avanzaba por aquel frondoso bosque. Para ser conocido como país del fuego, esto podía llegar a parecer más el país de la hoja, por la infinidad de bosques que la poblaban. Corría a gran velocidad por entre los árboles, saltando de uno a otro, impulsándome a veces con alguno de los árboles para coger más velocidad. Desde que había llegado a aquel bosque, algo olía a quemado, tanto en sentido figurado como metafórico. En el cielo se podía ver como varios metros más adelante se encontraba ella humareda perteneciente a una fogata. Mi paseo se dirigía hacia otro lugar, pero la curiosidad me llamó y me dirigí hacia allí, ligeramente preocupado.

Fue un error. A medida que me acercaba hacia allí, podía oír un sonido penetrante, como un silbido. Parecía la clase de ruido que hace alguien para llamar a un perro. Alcé una ceja ligeramente, pero ignoré aquello y seguí avanzando. Finalmente, llegué al lugar de donde provenía el humo. Una hoguera recién apagada, de la cual las brasas aún emitían aquella humareda que se veía a kilómetros. Pero algo iba mal, podía sentir una sensación fría en la nuca, cercana al escalofrío, y sospechaba que no me encontraba solo en el bosque. Aquella hoguera bien podía ser los restos de una acampada normal y corriente, el esfuerzo de supervivencia de un sin techo... o una trampa puesta a propósito para cazarme. Quise no pensar en aquello último, porque suficiente era la presión de saber que me había adentrado en territorio de un feudo enemistado con el mío, aquel que dominaba gran parte del país del fuego: El feudo Kakkinoaru'en. No pensaba que fuera a encontrarme ninguno de los ninjas entrenados bajo su manto, pero temía que si caía en una emboscada no fuese a saber reaccionar y combatir con la suficiente destreza. Me quité esas ideas de la cabeza y me fijé en el camino que tenía delante, aún debía seguir hacia mi objetivo. Debí haber estado muy despistado, pues casi choco contra un árbol. Me apoyé en él con los pies y salté hacia atrás... Solo para chocar de espaldas contra el tronco de otro que no debía estar ahí. Alcé una ceja y mi mente divagó. ¿Qué demonios me estaba pasando? ¿Habría bebido o comido algo en mal estado y mis reflejos estaban mal? Suspiré, seguramente mi cuerpo estaba cansado, aunque no lo estaba notando para nada.

Me puse de nuevo en camino, pero el cielo había empezado a oscurecerse por las nubes y una brisa empezó a recorrer los árboles. No le di importancia hasta que la cosa se puso fea. El viento empezó a ser más potente, y comenzó a hacerme retroceder sobre la rama en la que estaba, a la cual me adherí usando mi chakra. No era normal el punto que estaba alcanzando aquel viento, apenas me podía mover... Y de pronto, de la nada surgió una bola de fuego que se dirigía directa hacia mi. Si liberaba el chakra de mis pies, me caería del árbol, pero si aquello me golpeaba la caída no sería preocupante, ya que sería un puñado de cenizas. Decí cesar en mi agarre y fui enviado hacia atrás por el viento. La bola de fuego seguía disparada hacia mi, así que tuve que lanzar una contramedida. Tras realizar lo más rápido que pude los sellos de la Serpiente, el tgre, el mono, el jabalí, el caballo y, finalmente, el tigre de nuevo, coloqué mis dedos formando una “O” frente a mi, exhalando a través de ellos una gran y ardiente esfera de fuego.

—¡Katon: Gōkakyū no Jutsu!—mi ataque de fuego impactó con el ataque rival en el acto, a escasos metros de mi, estallando juntos en una gran explosión llameante. El resultado de aquello, fue hacerme caer más rápido contra el suelo, arañándome la espalda con varias ramas por el camino, debido a la onda expansiva. Suspiré con dolor una vez en el suelo. Al menos, podía decir feliz que no me había quemado vivo, lo cual es de agradecer, pero mi cuerpo estaba entumecido, y me quitaba bazas de combate físico. Definitivamente, aquello que me había venido en contra era una técnica Katon, pero no podía ver de donde había provenido. Me encontraba en desventaja, aquello era seguro. De pronto un Shuriken, pasó rozando mi brazo y se clavó en un árbol. No había visto aquello venir, de nuevo. Era casi como si hubiera surgido de la nada. Apreté los dientes. Tenían que estar utilizando una técnica que los ocultara de la vista, pero hasta aquel momento no podía ver nada más que árboles. Puede que solo fueran imaginaciones mías, aún así, había una cosa de lo que podía estar seguro: Me estaban atacando, y no iban a lograr derrotarme con facilidad. Una voz habló repentinamente, haciéndome dar un respingo, y concentrarme para intentar localizar su procedencia.

—¿Eres un ninja de Hinoarashi, verdad? Ese león en tu pecho lo demuestra. Vamos a acabar contigo aquí y ahora, y nadie te encontrará nunca en éste lugar—la voz se apagó tras un gruñido. Aquella voz me había dado dos pistas: La primera, que eran más de uno al decir “vamos a acabar contigo”, lo segundo, acababa de lanzar un proyectil. Saqué de mi bolsillo un kunai, y bloqueé un Shuriken que me vino de frente. Este cayó al suelo, y yo, até a mi kunai hilo de alambre, para darme más amplitud de ataque. Se habían metido con el ninja equivocado. Mientras esperaba alguna señal de ataque, realicé un par de sellos, y preparé chakra en mi estómago, listo para escupir mi siguiente ataque contra quien intentase algo. Necesitaba hacerlos salir, aunque tuviera que quemar un sector del bosque. Y creedme si digo que no me haría gracia tener que hacerlo. Ver grandes extensiones de tierra quemadas y arrasadas me recordaba demasiado a... No podía pensar en aquello en ese instante, debía concentrarme en la batalla que tenía frente a mi. Una técnica desconocida, unos enemigos a batir y un serio problema entre manos. Debía moverme rápido. Preparé unos sellos con mis manos y acumulé el chakra elemental en mi estómago, listo para soplar.

—Katon: Hōsenka no Jutsu—con un giro de pies, di una vuelta de trescientos sesenta grados sobre mí mismo, apuntando en todas direcciones, disparando desde mi boca pequeñas bolas de fuego que salieron disparadas en todas direcciones, impactando árboles por doquier. Podía controlar aquellas llamas gracias a mi chakra, así que si sorprendía a alguien intentando huir o atacarme, podría redirigir aquella llama hacia la persona. Pero nadie salió, así que los árboles fueron las únicas víctimas de mi ardiente técnica. Maldije y centré todos mis sentidos en el terreno. Debía localizar donde se escondían aquellos ninja que me atacaban. Pensé en darles conversación, para intentar localizar su voz, pero era inútil, resonaba desde todas partes y era imposible saber de dónde provenía. Suspiré y me concentré en el entorno. En ese momento, algo llamó mi atención. Un sencillo detalle, apenas perceptible, pero que significaba un gran descubrimiento para mí. Los árboles no se habían quemado.

—Antes habéis aludido a mi feudo… ¿verdad? ¿Quiénes sois?—quería que me hablasen otra vez, no podía dejar que vieran lo que planeaba hacer. Todo sería para encauzar mi hipótesis. Comencé a caminar, muy lentamente, en dirección a un árbol. Mientras, ellos hablaban.

—Somos del feudo Kakkinoaru'en, y no toleramos a gente como tú en nuestro territorio, leoncito…—dijo haciendo alusión al símbolo de mi pecho. Al parecer mis sospechas se confirmaron ciertas. El tipo siguió hablando, mientras yo lentamente avanzaba y llevaba la mano a mi katana envainada, situada a mi espalda—Aunque seamos genin en nuestra primera misión, será fácil acabar contigo.

—Oh, ¿de veras?—con un solo y veloz movimiento, corté el tronco del árbol. Pero no de una forma normal. Aprovechando mi habilidad, envolví la hoja de mi espada en chakra Katon, cortando con el poder del fuego aquel árbol. Mi movimiento era tan rápido, que pareció como si no hubiese desenvainado. El tronco cayó hacia atrás, aplastando otro árbol, pero sonreí al fijarme en algo. El lugar del corte no tenía una sola quemadura—Se ve que nunca habéis combatido contra alguien como yo. Dejadme que os muestre de lo que soy capaz—dije al tiempo que realizaba los mismos sellos con las manos que había realizado anteriormente—¡Katon: Gōkakyū no Jutsu!

De entre mis fauces volvió a surgir aquella gran bola de fuego con la que había bloqueado la que me atacó, pero ésta vez, moví la cabeza mientras la lanzaba, de forma que abarcó algo de distancia en arco, haciendo un barrido frente a mi. El fuego se extendió por delante y quemó las hierbas y las hojas de alrededor, pero un revelador crujido me hizo darme cuenta de lo que sospechaba. Aquello que estaba viendo era una tapadera, no estaba en el lugar que veía, si no en otro. Pero no era capaz de discernir qué estaba pasando realmente. Suspiré y me concentré. Tenía que haber alguna forma de descubrir qué estaba pasando allí, o al menos oír el próximo ataque de mi enemigo.

Nada. No lograba discernir nada. Ya apenas podía oír sonido alguno, excepto el silbido que llevaba molestándome desde hacía tiempo. Casi parecían horas las que había pasado en aquel bosque, luchando contra la nada, pero de pronto vi un halo de luz entre tanta oscuridad: Un cuerpo que golpear. Apareció tan de pronto que casi no consigo responder. Surgió de la nada, empuñando un kunai, y su objetivo era mi cuello. Pero fui más rápido y, tirando del hilo del kunai que había utilizado anteriormente, me armé y frené su ataque. Kunai contra kunai. Sonreí, agarrando su brazo, y acercándolo a mi con un tirón, quedando mi rostro a escasos centímetros del mundo, mientras mi sonrisa se volvía ligeramente sádica al mirarle. La suya, en cambio, era una mirada de enfado. Susurré un “Ahora que puedo verte... Divirtámonos”, y en ese momento sentí algo extraño en mis ojos. Percibía demasiado a través de ellos. Podía literalmente ver como se movía mi enemigo para golpearme por el costado con otro kunai, casi como si se moviera como una tortuga. Cerré los ojos. No quería usar el Sharingan, había surgido solo. Con los ojos cerrados, recibí el kunai en el costado, el cual comenzó a sangrar de forma abundante. Por un momento, el bosque cambió ligeramente, y vi un resplandor de fuego alrededor, pero justo un segundo después, todo volvió a como estaba. ¿Habría sido el dolor? Decidí ignorar ese pensamiento y me centré en mi enemigo. Con mi puño libre, golpeé su estómago con toda mi fuerza, lanzándolo por los aires. No tardó en desaparecer, pero ya le había logrado dar un golpe, y eso hacía que la balanza se inclinara muy levemente hacia mi. Además, aquella fracción de segundo en que había visto el lugar real, me había dado a confirmar donde estaba. Relajé todo mi cuerpo y respiré hondo. Con mis manos, formé el sello del tigre y me concentré en mi chakra. De repente, detuve el flujo del mismo, y luego lo volví a liberar, lanzándolo en todas direcciones a fin de alcanzar al enemigo, como me habían enseñado. No era muy diestro en éstas artes, pero por la cantidad de fallos que había cometido aquel tipo, era obvio que él tampoco.

—¡Genjutsu Kai!—el terreno alrededor se fue desdibujando. Dejando atrás el perfecto bosque con algunas quemaduras y un árbol cortado, por un claro despejado, a excepción de algún pequeño incendio en la hierba del suelo, y una hoguera recién encendida. Sonreí, ya que había hecho aquello a propósito para saber si de verdad me encontraba donde sospechaba. Comencé a reír con fuerza y lancé una mirada desafiante hacia el chico que sujetaba una suerte de silbato en la mano, y que se le notaba ligeramente mareado. Aquél era el ruido infernal que había estado escuchando. Me sorprendí al notar que apenas me quedaba chakra. Tocaría luchar con lo poco que quedaba y con mis técnicas físicas. Pero antes que nada, tenía que evitar enfrentarme a otra estúpida ilusión—Esa cosa no volverá a funcionar conmigo, chico. ¡Hagen: Engetsu!—usando mucho menos chakra de lo normal, lancé una media luna de energía pura con un corte del kunai atado al hilo. Un corte limpio seccionó el silbato, al tiempo que el chico que lo sostenía se desmayaba por el cansancio. Ahora sería un uno contra uno contra el que suponía que había lanzado las bolas de fuego—Acabemos con ésto—sentencié.

El chico comenzó a realizar sellos con sus manos, estaba preparando una técnica que, si mis suposiciones eran ciertas, sería de elemento katon. No le dejaría terminar los sellos. Podía ser que mi chakra restante fuera bastante bajo, pero aún podía hacer gala de gran variedad de movimientos y técnicas sin necesidad de ello. Corrí hacia él con toda mi velocidad y realicé un tajo justo hacia donde sus manos se encontraban para hacer cada sello. El chico de cabello castaño tuvo que separar las manos y dar un salto hacia atrás, cosa que aproveché para sacar de mi mochila un kunai y lanzarlo hacia su flanco derecho, tras lo que justo después cambié mi espada con gran velocidad a mi mano izquierda. Y traté de cortarle desde la izquierda, hacia donde se había desviado para esquivar el kunai, pero fue listo: Concentró con pocos sellos una cantidad inferior de chakra y escupió llamas de su boca, para propulsarse hacia atrás con el fuego y esquivar mi ataque... Y, de paso, quemarme un poco el brazo izquierdo. Eso me demostró que no debía confiarme.
Cambié lentamente de mano la espada, ligeramente dolorido por las leves quemaduras, pues como aquel ataque no tenía intención asesina, apenas me rozó. El hombre estaba preparando sellos nuevos, mientras yo evaluaba mi situación. No podría cambiar el aspecto de mi espada porque el poco chakra que me quedaba no lo permitiría. El cansancio físico me pedía que acabase rápidamente con aquella batalla, o lo lamentaría. Había tenido problemas con aquellos dichosos ninja recién graduados por confiarme, y ahora me tocaba pagar por ello, pero no sin luchar. Me abalancé contra él a toda velocidad, con intención de sorprenderle, pero el chico no estaba por la labor de frenar, y lanzó una bola de fuego hacia mi, pero mis reflejos eran bastante buenos y pude librarme de aquel ataque con una muy útil técnica que había aprendido hacía tiempo y que nunca me había encontrado en situación idónea de usarla. Al grito de “Tatsumaki Buyō”, empecé a girar mi espada con la mayor rapidez posible, sobre su propio eje, y disipé el ataque de fuego de aquel tipo, dejándolo ampliamente sorprendido. Necesitaba chakra para eso, así que al hacer eso, quedé completamente incapaz de hacer más técnicas, y debía acabar con un golpe para poder vencer. Seguí mi marcha hacia él, forzando mis piernas al límite para alcanzar mi velocidad máxima y finalmente llegué hacia su posición.

—Ha sido un buen combate, genins de Kakkinoaru'en, pero he quedado así sólo porque os subestimé. Mejorad para la próxima vez—Yo me encontraba de pie, tras él, adolorido y entumecido. El chico, de espaldas a mi, bufó ante mis palabras.

—No hay honor en una derrota sin muerte... Tu compasión es una falta de respeto a nuestro orgullo de guerrero—dijo simplemente, con su orgullo herido. Sonreí, porque conocía bien aquel orgullo. Esa obsesión de morir por cumplir los deseos y órdenes de nuestros señores... Yo también lo tenía, heredado de mis padres. Pero había jurado vivir para ver como mi señor fallecía de anciano. No iba a morir allí. Un corte sangrante surgió en el pecho de mi enemigo y cayó inconsciente al suelo. No estaba muerto, pero no volvería a levantarse de allí.

Mis piernas derrotadas vencieron y caí de rodillas. Estaba demasiado cansado ya, así que me arrastré hasta un árbol, soltando quejidos de dolor, y apoyé la espalda contra su tronco. Cuando me recuperase, seguiría mi camino.

Técnicas:


Elemento Fuego: Jutsu Gran Bola de Fuego (火遁・豪火球の術, Katon: Gōkakyū no Jutsu). Es un Jutsu del Elemento Fuego que consiste, tras haber realizado sellos con las manos, en almacenar Chakra dentro del cuerpo, convirtiéndolo en Fuego, y expulsándolo de la boca en una esfera de llamas masivas, que deja un cráter por donde haya avanzado. Una variante común de ésta técnica es formarla a través de los dedos índice y pulgar, formando una circunferencia con ellos, y dejando salir primero, a través de la boca, una fina corriente de fuego que luego se expandirá adoptando la forma esférica. El alcance y potencia de este jutsu dependerán del chakra que se le emplee.

Elemento Fuego: Jutsu Llamas del Fénix (火遁・鳳仙火の術, Katon: Hōsenka no Jutsu) Es un Ninjutsu de fuego que consiste en crear pequeñas bolas de Fuego, después de realizar sellos con las manos, que son lanzadas por la boca del usuario y vuelan en todas direcciones atacando al enemigo. Las llamas están controladas con chakra.

Tatsumaki Buyō (竜巻舞踊, Danza del Huracán)
Tomando la empuñadura del arma con ambas manos, el shinobi es capaz de hacerla girar a su frente. Este movimiento mezclado con la energía del ejecutor genera un vórtex nacido de los giros del arma, capaz de repeler rápidamente armas arrojadizas y truncar varios movimientos de taijutsu. Sólo podrá detener ataques de Ninjutsu etéreos (de aire y fuego, más no de rayo) si el ninjutsu del atacante es menor que el propio. Los ataques de ninjutsu con propiedades físicas (suiton, doton y raiton – aunque éste último no posea forma física) podrán detener la rotación y rebasar el ataque.

Hagen: Engetsu (刃弦×偃月, Blade Chord: Cuarto Creciente).
Impregnando su arma de chakra, el usuario será capaz de expulsar desde el filo de la misma una medialuna formada de chakra en dirección a su oponente. Esta medialuna será capaz de recorrer un máximo de siete metros antes de desvanecerse, provocando destrozos a su paso. Mientras más cercano se encuentre el oponente del ejecutor, más daño recibirá por el corte. Aquellos que tengan armas punzantes (como lanzas y tridentes) podrán lanzar picos de chakra que, aunque abarquen un área menor, poseerán un poder mayor al encontrarse concentrado todo el poder en un punto más estrecho.
En caso de las flechas o pequeñas armas arrojadizas (dagas, kunais), el arma en si se verá rodeada de este poder, provocando efectos similares a las armas punzantes sumadas a la potencia que poseerán las mismas como proyectiles. Por ejemplo, de verse detenidas por armas comunes, podrán rebasarlas fácilmente.
Gennin: Una sola media luna / Pico de chakra / Arma arrojadiza o flecha.

Genjutsu Kai (Despetar del genjutsu)
Consiste en romper/detener el flujo de chakra en el cuerpo, y luego aplicar un poder aún más fuerte para interrumpir el flujo de chakra del lanzador, lo que se llama Genjutsu Externo (幻术 解, Genjutsu Kai). Esto también puede ser realizada por los ninjas no afectados por la aplicación de un aumento repentino de chakra en la persona afectada. La única regla para usar este jutsu contra un genjutsu es darse cuenta del genjutsu antes de usarlo. Puede ser utilizado solo una vez por combate en Genin, dos a partir de jounin.
* Para poder utilizar esta técnica es obligatorio tener más puntos en genjutsu que el ejecutor del mismo (o la misma cantidad, sólo si ambos poseen el tope de puntos).
* Esta técnica consume chakra, tanto como el que consuma el genjutsu que se desee dispersar.


Yuto Uchiha
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