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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Day at the beach [Misión Rango D]

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Day at the beach [Misión Rango D]

Mensaje por Hyūga Kaname el Vie Jun 10, 2016 12:14 pm


Huyendo de nuevo, después de tanto tiempo que casi había olvidado como se despistaba a la gente, Kaname dejaba atrás el bullicio de la capital para adentrarse una vez más en el despiadado bosque del País del Fuego en busca de un refugio temporal. Sus perseguidores seguían siendo los mismos inútiles de siempre, con Kao a la cabeza y unos cada vez menos interesados Otsuki y Sarada, quienes por momentos parecían desear la vuelta a una vida tranquila donde una niña de catorce años no fuese la razón y causa de todas las marcas visibles en el cuerpo. No puede decirse que lo hiciera a propósito, por supuesto, pero la habilidad innata de los Hyûga para el combate galopaba en su sangre como una proteína más y convertía el pelear contra ella en toda una tarea, a veces una imposible de llevar a cabo durante más que unos minutos.

Intentaba despistarlos tomando rutas alternativas, caminos abandonados o simplemente sumergiéndose en la foresta. Los árboles parecían todos iguales, de hecho lo eran en su mayoría, y el trío de perseguidores terminó deteniéndose sobre la rama de uno con el capitán un par de pasos por delante maldiciendo su mala suerte.
No me creo que se haya escapado otra vez. – Impugnaba mientras su mano arañaba sin dificultad alguna la corteza gruesa del árbol – Dad la vuelta. Esperaremos a que vuelva... no tengo duda de que lo hará. Se ha prendado demasiado… de la capital. – una media sonrisa culminó sus palabras, colmándole el rostro de una mueca sombría ante la cual los dos lacayos no pudieron hacer menos que estremecerse. La misión, sin duda, estaba consumiendo a su otrora amigo.

La fugitiva con trenza y vestida de rosa, entre tanto, ignoraba el hecho del despiste. Mayor era el suyo, por el contrario, que no le permitía atisbar la situación para impulsarla a seguir recorriendo árbol tras árbol hasta alcanzar la misma linde del bosque.
Era curioso, porque el vergel de vida terminaba a pocos cientos de metros de una costa plagada de gente en las zonas menos accidentadas del terreno. Desde la distancia esa misma multitud se veía como una mancha deforme, algo a lo que cualquier miembro del respetado clan hubiese puesto solución con solo el pensamiento de activar el Ojo Blanco y que ella, desafiando toda lógica posible para con sus congéneres de sangre, sació acercándose con peligrosa celeridad a través de las dunas de arena, pleno campo abierto donde era presa fácil de sus depredadores. Si tan solo hubiese recordado entonces porqué estaba allí…

Una larga carrera sin pausas después, Kaname se puso en primera línea de playa contemplando todo a su alrededor. No era la primera vez que pisaba la arena dorada de las costas del país o contemplaba la infinita extensión de agua, vislumbrando al fondo algunos macizos de rocas que más parecían nubes por su color incierto, pero como de costumbre no recordaba nada de eso. Para ella la sensación de estar sobre el manto de piedras fragmentadas era nueva y excitante como si fuese su primera vez.
Corrió, brincó y deambuló por todos lados hasta que el hambre apretó sobre su estómago con un sonoro rugido. Hasta entonces no había sido consciente de las energías gastadas y, de la misma forma inmediata, fue incapaz de ignorarlo a partir de ese instante. Pero estaba sin dinero. Por su propia seguridad, aunque ella imaginaba otros motivos menos nobles, el guardia pelirrojo de la capital había decidido guardar sus ganancias bajo llave. Lástima que ninguno de los dos cayese en lo peligroso de eso cuando se trataba de un alma errante, una fugitiva como ella.

¡Eh, chica! – Exclamó una voz en el momento exacto.
Kaname se giró, encarando a un hombre alto y medio calvo, de piel tostada por el inclemente sol de justicia que desprendía llamaradas sobre la costa. Su ropa de algodón y seda parecía más adecuada para el caso que el atuendo rosa vestido por ella, otro punto más para sentir envidia. Aun así la Hyûga no perdió cuidado al observarlo, deteniéndose sobre todo en el emblema de la solapa derecha de su haori con tonos añiles como los del aguamarina; reconociéndolo un momento después, cuando ganó concentración suficiente, sus ojos se abrieron de par en par con una intensidad tal que el portador de dicho signo retrocedió con evidente arrepentimiento de haberle hablado a la niña. Luego lo pensó mejor y continuó hablando a una niña que sólo veía en él un enorme tazón de fideos fríos con carne y verduras:
Se te ve… enérgica. ¿Te interesaría un trabajito para nuestra empresa? Podemos pagarte y todo.
Ella seguía contemplando al tazón parlanchín, salivando casi como un perro frente a un muslo de pollo bien guisado, y asintiendo ciegamente a cuanto escuchaba.
¿Podré comer? – fue la única pregunta, y condición implícita, que puso antes de aceptar el trabajo con los ojos vendados y las orejas taponadas.

Tras ponerse las botas con varios platos de comida, dos o tres helados e incontable cantidad de zumos congelados, se enfundó como pudo un traje de baño de dos piezas con pareo. Todo él blanco, algo más escotado de la cuenta si se tenía en cuenta su edad real y no la aparente. Una argolla roja de centro dorado sujetaba el sostén con firmeza, mientras que el pareo de bordes carmesíes cubría de manera escasa la delantera por debajo y detrás de la cintura. Dejaba poco a la imaginación, sin duda, y tal vez una chica con más dedos de frente se hubiese dado cuenta de que estaban a punto de usarla como reclamo para calenturientos adolescentes en pleno celo; como poner un flan delante de un niño y darse la vuelta esperando que no le hincase el diente.

El trabajo era casi un insulto a su inteligencia, pero con una paga de por medio, y después de haberse comido dos veces su sueldo –de forma casi literal–, negarse era lo último que atravesaba su loca cabecita. Consistente en pasearse con la ropa escasa y blanca que sustituiría temporalmente el habitual rosa de las prendas vestidas; la única dificultad aparente, y para ella ni siquiera lo era, residía en sonreír de forma ocasional a los clientes más interesados en sus propias delicias que en la comida que ofrecía.

Las primeras horas fueron sencillas. Los más mayores sentían reparo de decirle algo a una jovencita, por si gritaba –a pesar de que eran ellos los que más papeletas tenían para terminar chillando– o les plantaba cara. Mientras tanto los jóvenes, todavía carentes de alcohol en sangre, palidecían ante la aparición de una figura femenina tan descotada a la par que energética; incluso los más machitos retrocedían ante la imposibilidad de domar el carácter fogoso de la niña con apariencia de mujer casi adulta.
Poco a poco, sin embargo, la cosa se fue complicando. La alargada sombra de los cócteles tropicales a base de zumos y bayas de dudosa procedencia no tardó en extenderse sobre una costa casi despejada. Quedaban los despojos sociales de más baja calaña, aquellos que horas antes eran los reyes del mambo y ahora parecían perros a punto de lanzar el último ladrido al aire para pasar a mejor vida. Tumbados en la arena algunos, otros vomitando por las esquinas de los numerosos puestos y sin dejar atrás a los más afectados, que directamente se dejaban arrastrar por las corrientes marina de forma temeraria, no tardaron en nacer los problemas.

¡Eh, eh! – Exclamó Kaname cuando notó un pellizco por detrás, en plena nalga derecha: – ¡Qué no se toca, leches! – esgrimió a continuación, antes de levantar la pierna de ese mismo lado hacia atrás y lanzar una terrible patada de horrible precisión al abdomen.
La gente se giró al grito del muchacho solo para encontrar a la Hyûga de pelo trenzado arrodillada junto a él con gesto preocupado: – Pobrecito… – decía, fingiendo no tener nada que ver con aquello, mientras le frotaba la frente con la suavidad de una madre protectora; – Te ha dado un golpe de calor. Ven, seguro que tomarte algo helado te ayuda. – pero el jovencito, tal vez un par de años mayor que ella misma, estaba empeñado en llevarse a casa una satisfacción un poco más personal que un par de cupones de descuento para zumos.
Intencionalmente, sin apenas disimulo, puso una mano sobre el pecho prácticamente desnudo de la Hyûga. Esta pareció ignorarlo, como si no fuese consciente del golpe sobre la suave piel, pero lejos de eso sólo estaba preparándose para mostrarle un nuevo mundo de dolor desconocido hasta la fecha para el pobre diablo. Lo dejó desquitarse a gusto como quien no quería la cosa mientras apoyaba parte del peso de él sobre ella. Caminaba tambaleándose, algo sonrojada por la situación pero sin poder evitar una sonrisa de malicia pura en el rostro cuya explicación no tardó en darse. Un hueco entre dos chiringuitos fue el lugar escogido: recóndito, de difícil visión a causa de los bañistas que se relajaban a la caída del sol y donde escuchar algo más que risas de las familias sentadas en la terraza era poco menos que imposible.

Pero vamos a ver – Empezó a refunfuñar Kaname, quitándoselo por fin de encima con un sonoro empujón que retumbó varias botellas al otro lado de la pared de madera; – ¿No te he dicho que no se toca? – el chakra apareció en sus manos tan rápido como se esfumó la borrachera del beodo de dedos largos. Una mueca de horror se formó, seguida por una súplica envuelta en lágrimas que no le sirvió para parar los golpes dados de dos en dos por unas manos suaves y delicadas más peligrosas que uno de los tiburones gigantes que en ocasiones llegaban a la costa.
Fueron dos, cuatro, ocho, dieciséis y hasta treinta y dos golpes consecutivos, a cada cual más salvaje que el anterior, seguidos de otra serie idéntica en zonas diferentes. Para cuando acabó de darlos volvieron sus ojos al habitual tono castaño, dejando atrás un blanco perlado que se veía rodeado de venas en expansión. Se trataba de un chico normal, pero eso no dejaba de hacer peligrosos los golpes del Juuken que más que cerrar el chakra, lo que bloquearon fue cualquier opción por parte del muchacho de volver a tocar a nadie. Y por si eso no fuera suficiente, la Hyûga fugitiva, otrora tan mansa, asestó un último golpe con el puño cerrado donde mismo antes había recaído la fuerza de su pie descalzo.
¡Uy, el trabajo! – En tono despistado, como si acabase de recordar la meta de toda una vida, dejó allí al maltrecho veinteañero ya sobrio, pero con tantos dolores por todo el cuerpo que lo único que escapaba de sus labios eran patéticos gemidos de difícil transcripción. “A… yu… da” creyó distinguir ella mientras se alejaba.

Horas después, con la caída total del sol, fue al puesto a cobrar su sueldo. El patrón no podía estar más contento, tanto que hasta la invitó a cenar además de darle su sueldo. Ambos comieron juntos, sentados en la misma mesa y riendo por las anécdotas del más grande sobre algunas de las chicas. En ese momento apareció un guardia costero.

Buenas noches. ¿Sabrán por casualidad de algún ninja presente en la zona? Hemos recibido noticias sobre una denuncia interpuesta por un muchacho que asegura haber sido vapuleado hasta perder el sentido por uno. Por las contusiones buscamos a alguien fuerte, lo suficiente como para dejar la marca de sus dedos en todo el cuerpo.

No me suena de nada, señor agente. – Respondió Kaname jugueteando con sus piernas desnudas debajo de la mesa, acariciando la derecha con la planta de la izquierda y dejando granos de arena a su paso: – ¡Pero mi amigo también es guardia! ¡Y ninja! Cuando vuelva a la capital le preguntaré por ese bestia.

Muy bien, pequeña. Sigue cenando y no bebas mucho esta noche. – Terminó despidiéndose el guardia; – Y ten cuidado si te encuentras con ese ninja. Podría intentar hacerte algo. – advirtió al final, inconsciente de quién se estaba despidiendo.

Off:

Apariencia con el traje de baño:
Técnicas:

Byakugan (白眼, Ojo Blanco ó Visión Pura): Las personas que tienen este Kekkei Genkai se pueden diferenciar fácilmente debido a que desde pequeños poseen los ojos de color blanco malva -aunque el color de ojos puede variar mientras el Dōjutsu se encuentre "dormido"-. No solamente eso, también es que esta técnica la tiene toda aquella gente que tenga sangre Hyūga. Este Dōjutsu tiene dos fases: una pasiva y otra activa. En la pasiva se refiere cuando está desactivado, o sea es cuando sus ojos están normales. Pero al activarse parece como si las blancas pupilas se agrietaran, a la vez que se le marcan las venas alrededor de sus ojos. Al ser un Dōjutsu tiene la capacidad de ver a través de los Genjutsu, Taijutsu y Ninjutsu sin mayores problemas. Pero sus capacidades principales se basan en una visión superior, otorgando una esfera completa de visión, es decir de 360°, excepto por un punto ciego en forma de cono que se encuentra detrás del cuello por encima de la primera vértebra toráxica, sin embargo este punto ciego puede ser eliminado emitiendo chakra justo en ese punto ciego en forma de cono. Los usuarios del Byakugan pueden detectar cualquier cosa alrededor de ellos dentro de un radio de más de 1000 metros, mientras mayor es la habilidad del usuario con el Byakugan, mayor radio posee. Este Dōjutsu también presenta visión telescópica, es decir la capacidad que tiene un usuario de enfocarse en una zona en específica dentro campo visual según el requerimiento del momento en que se utilice. Otra habilidad es la de ver a través de los cuerpos, permitiendo también ver con sumo detalle el sistema circulatorio de chakra de los demás (permitiendo el uso de Puño Suave) y ver los tenketsus/puntos de chakra del cuerpo, con suficiente claridad como para golpearlos. Es por esta habilidad que no puede definir entre los clones de sombra en los que se reparte el chakra igualmente entre los cuerpos.

Hakke Sanjūni Shō (八卦三十二掌, Ocho Trigramas Treinta y Dos Palmas): Con ésta técnica el usuario asesta treinta y dos golpes en una sucesión de rápidos movimientos sobre los puntos de chakra de su oponente, visibles gracias al Byakugan. Ésta técnica no puede ser esquivada ni bloqueada una vez que el miembro del clan Hyūga ha asestado el primer golpe. Una vez que el Hyūga ha terminado de golpear, habiendo inyectado pequeñas cantidades de su propio chakra en el sistema del enemigo para bloquearlo durante unos instantes, el rival queda imposibilitado para utilizar técnicas de cualquier tipo -siempre y cuando requieran chakra- y además tendrá una dificultad a tener en cuenta para moverse libremente. El bloqueo de chakra dura un turno y la dificultad de movimiento dos.

Hakke Sanjūni Shō (八卦三十二掌, Ocho Trigramas Treinta y Dos Palmas): Con ésta técnica el usuario asesta treinta y dos golpes en una sucesión de rápidos movimientos sobre los puntos de chakra de su oponente, visibles gracias al Byakugan. Ésta técnica no puede ser esquivada ni bloqueada una vez que el miembro del clan Hyūga ha asestado el primer golpe. Una vez que el Hyūga ha terminado de golpear, habiendo inyectado pequeñas cantidades de su propio chakra en el sistema del enemigo para bloquearlo durante unos instantes, el rival queda imposibilitado para utilizar técnicas de cualquier tipo -siempre y cuando requieran chakra- y además tendrá una dificultad a tener en cuenta para moverse libremente. El bloqueo de chakra dura un turno y la dificultad de movimiento dos.


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