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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Ashes of war - C

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Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Lun Jun 13, 2016 10:17 am

La primera impresión que me había llevado del Puerto Yamasaki fue la de un lugar de mala muerte, pero a medida que avanzaba entre sus calles, me daba cuenta que se asemejaba a muchas de las grandes ciudades de mi país, a excepción de que aquí la delincuencia parecía poder respirarse en el ambiente. Se veían, como en todos los lugares medianamente ricos, tanto vagabundos como gente vestida de forma elegante. Si me pidieran opinión, diría que los que iban mejor vestidos eran las peores personas de entre los que había ahí, pero no era aquello a lo que había venido. Recorría el muelle mirando entre los barcos, dejando que el tiempo pasara y llegase el momento de reunirme.

Tenía que reunirme en media hora con un hombre que quería mandarme una misión. Decía pagar bien y que sería una tarea que me resultaría gratificante, pues se trataba de ayudar a personas que necesitaban una ayuda inmensamente urgente. Me había llegado de manos de un pájaro, y ni siquiera sabía de que trataba todo aquello, pero yo no era alguien con quien podías salir bien parado si se me intentaba tender una trampa, así que al menos trataría de ver qué es lo que el tipo quería.

Cuando, por la posición del sol, supe que la hora se acercaba, caminé con paso lento pero decidido por las calles de camino a la taberna en la que debía reunirme con aquel hombre. No sabía apenas nada de él, y tenía la ligera sensación de que mi reunión con el hombre no iba a ser mucho más esclarecedora. Para viajar al país del sonido, había dejado escondidas en mi árbol toda ropa que llevara símbolos o marcas que pudieran relacionarme con cualquier cosa que tuviese que ver con el país del fuego o mi clan. Mis ropajes con el símbolo de los Uchiha, el brazalete de Hinoarashi que me quedaba de mi madre... Nada de ello. Lo único que sí me había llevado era la insignia de mi feudo, el dorado león, pero lo había guardado junto a mis kunais en la bolsa. Ya había escarmentado. Detuve mis pasos unos segundos ante una visión extraña. Una mujer, de aspecto joven pero cercana a la mediana edad, de ropas andrajosas me miraba desde la distancia, con ojos de una tonalidad escarlata muy llamativos. La mujer se marchó rápidamente en otra dirección, mientras yo la seguía con la mirada unos instantes más antes de reemprender la marcha. Tras un rato caminando, pude ver la entrada a la taberna en la que me había citado aquel hombre. No era el lugar más lujoso, definitivamente, incluso parecía un lugar en el que se reunieran los delincuentes para preparar su próxima gran jugada. No era el sitio que elegiría para otorgar una misión, aunque claro, si los rumores que había oído eran ciertos... En aquel lugar era mejor no preguntar a qué se dedicaba cada uno, al menos si se era un poco sabio. Suspiré pausadamente y me dirigí con decisión hacia la entrada al local. No tenía más remedio que arriesgarme a ver lo que encontraba si quería saber de qué iba todo aquello. La taberna tenía por dentro tan mal aspecto como por fuera. Estaba fabricada con madera casi en su totalidad, la suciedad asomaba en cada rincón, había grandes trozos partidos y reparados con tablas más pequeñas clavadas malamente con clavos oxidados. Había mesas dispuestas a lo largo del local, algunas de ellas con manchas de color verde por su superficie, las cuales estaban vacías. En la cochambrosa barra se hallaban sentados tres hombres de ropas rasgadas y oscuras, con pinta de no ser muy habladores, a no ser que fueran sus puños los que mantuvieran la conversación. Me senté en la mesa que consideré más limpia y esperé a que llegase quien me había citado. Tuvieron que pasar varios minutos hasta que un hombre, vestido con ropa elegante y con el rostro semicubierto, entrase por la puerta del local. Caminó a paso lento por entre las mesas, y al verme de frente comenzó a reír levemente. Apartó la silla y tomó asiento con una sonrisa en los labios. Unas rudimentarias lentes opacas cubrían sus ojos.

—Así que tú eres el famoso Yuto Uchiha, ¿eh? He oído mucho hablar de ti y de la pequeña visita que hiciste a Hibari—su expresión facial me indicó que guiñó un ojo y cambió de tema radicalmente—No vamos a andarnos con rodeos y presentaciones, ya que has recibido un pájaro y tienes idea de a lo que vengo—me miró fijamente, como evaluándome, o eso suponía puesto que no podía ver sus ojos. No me inspiraba ninguna confianza su modo de hablar y actuar. Parecía saber demasiado y tener demasiadas... Ideas. Rió de nuevo, tan repentinamente que di un suave respingo—Tienes un aspecto prometedor, joven. Veo que vas a llegar muy lejos. Bien, vamos al asunto. He decidido contrataros a ti y a una joven promesa que tiene pinta de ser una excelente ninja para que hagáis algo bueno por éste país. Tras la guerra, a muchos... “Comerciantes”, se les ha ocurrido que una mercancía interesante con la que tratar podría ser el tráfico humano, así que tienen una buena cantidad de ciudadanos nobles y con familia encerrados en la isla volcánica que está a una... Buena distancia de aquí. Tenéis una barca que yo mismo os brindo para llegar hasta ahí... Y te pagaré 2000 ryus si los logras rescatar a todos. ¿No te parece un trato genial para un acto tan noble? Algo que harías gratis, con una sustanciosa recompensa—sonreía de oreja a oreja, como si él mismo se alabase con aquel trato. Yo le dediqué la más desconfiada de mis miradas. Era obvio que aquel tipo no era ni de cerca el altruista que fingía ser, debía tener algún motivo oculto. Nadie paga tanto dinero por liberar a unos esclavos si no se lleva beneficio de ello. Le miré alzando una ceja, y sonriendo me incliné un poco hacia delante, sin perder el contacto visual con el hombre. Debía ir con cuidado, parecía alguien peligroso y con recursos.

—¿Y puedo saber... qué ganas tú con esto?—dije, dedicándole mi mirada más inquisitiva. El tipo se echó hacia atrás y soltó una carcajada tal, que todos los que se encontraban en el local se giraron para mirarnos. Yo le miraba escéptico, pero el no paraba de reír.

—Lo único que quiero es que me traigas a una pequeña e indefensa niña que estará sola y asustada sin mi. Está junto al resto de ellos. Necesito que me la traigas a mi personalmente. Puedes hacer lo que quieras con los demás, puedes dejarlos libres pues es al fin y al cabo lo que quieren y seguro que quieres tú... Pero la pequeña es mía. Si no vas a volver con ella, ni vuelvas. ¿Me entiendes?—sus labios se tensaron al acabar de hablar. Me tendió una foto de la chiquilla y enseguida pude notar el parecido de la pequeña con la mujer que me miraba antes. Traté de disimular mi sorpresa y volví a observar a aquel hombre, que carraspeó para hablar—Si tomas la foto, aceptarás participar en esto—no dudé ni un segundo, pues la duda mostraba debilidad, y tomé la foto, sin perder la vista del oscuro cristal que ocultaba sus ojos. Su boca adquirió la forma de una sonrisa pícara—Bien hecho. Le he comentado a tu compañera en ésta misión que se reúna contigo en éste mismo lugar, así que espera hasta que llegue. Tú sólo no podrás con ésto, créeme—finalmente, se puso en pie y marchó, colocando la mano en mi hombro y apretando con gran fuerza, antes de continuar su marcha.

El local quedó en sepulcral silencio cuando el hombre marchó. Suspiré profundamente cuando la puerta se cerró. La presencia del desconocido era inquietante, y me di cuenta que durante la conversación mi cuerpo había estado totalmente tenso y había faltado poco para que mis nervios me traicionaran, pero afortunadamente todo había salido bien. Así que todo consistía en un viaje en barca, a una isla con un precioso volcán en ella, para rescatar a un montón de ciudadanos listos para ser tratados como esclavos... Y de entre todos debía traerle a una niña. Algo fácil que se hacía todos los días, desde luego. No podía evitar que aquello me oliera mal, había un gato encerrado durante mucho tiempo en aquella historia. De todas maneras, no podría hacer nada hasta que llegase “mi compañera”, las dudas sobre quien sería, como sería, y qué clase de persona sería, asaltaban mi mente, pero no había otro remedio que esperar para saber la respuesta a todas las preguntas que mi mente lanzaba al aire. Vine al país del sonido buscando aventuras nuevas, y por lo visto, no iba a salir decepcionado de allí.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Mar Jun 14, 2016 10:50 am

Incluso la capital del país parecía estar desértica. Donde antes los niños jugaban por las calles sin reparo alguno, donde muchas noches se festeaba y se danzaba por las buenas cosechas que habían obtenido, ahora no quedaba nada más que terror y pobreza. Si algo estaba claro es que el país no se repondría de aquella fatídica guerra tan fácilmente como ellos pensaban. Sí, habían ganado, y en parte estaban felices por su victoria como cualquiera lo hubiera estado, pero a qué precio. Centenares de hombres enviados a combatir, y muchos de ellos no pudieron volver a casa a ver a su mujer o sus hijos.

Alguna que otra tienda reabría sus puertas, en un fútil intento de empezar a normal la situación en la que vivían. Sheik, por su parte, caminaba con paso muy firme y rápido por las calles de la ciudad, observando todo a su alrededor, y quedando grabado en su mente para, así, recordarse a sí misma aquello que querría haber podido evitar si hubiera estado en su mano y que, quién sabe, quizá en un futuro lo conseguiría.

El camino que le quedaba hasta llegar a su destino, aquel lugar donde la estaban esperando, era largo a la par que desolador. El sendero de musgo no era una zona por la que cualquier persona querría pasar. Una ruta que, además de la humedad que contenía, tenía fama de ser fuente de atracos y encuentros peligrosos. Por suerte la kunoichi se había criado entre los árboles del bosque de su país, el duro entrenamiento daría sus frutos otorgándole una capacidad para moverse entre estos sin ser vista. Saltaba de rama en rama, con total agilidad y fluidez, como si ya hubiera pasado por allí anteriormente, y con un sentido de la orientación gracias al cual pudo salir de aquel solitario y oscuro bosque. Sin embargo esto no acababa aquí, tras llegar a la costa del país aún debería cruzar el pequeño trozo de mar hasta llegar al puerto Yamasaki.

Roy, un viejo lobo de mar retirado, pescaba en el lugar. No tenía nada aún en su cubo, pero no perdía la esperanza, además, después de tanto tiempo en alta mar, le resultaba vital mantenerse cercano a este aunque fuera simplemente pescando. –Disculpe, buen señor, -Sheik se le acercó y comenzó a hablarle de forma bastante tranquila- sé que no me conoce, pero necesito llegar hasta el puerto Yamasaki. –dejó de hablar esperando obtener respuesta de aquel anciano. –Parece que hasta los peces han huído del país…-dijo con un tono algo melancólico, al momento miró  de arriba a abajo a la chica que se postraba frente a él y prosiguió -Cualquiera a estas alturas podría fiarse de alguien extranjero como tú… ¿por qué debería hacerlo yo?-Roy estaba en todo su derecho de formular aquella pregunta, al fin y al cabo la chica que se encontraba frente a él no era más que una forastera, una persona que daba tumbos por el mundo sin un punto fijo. Sheik, para que entendiera el por qué necesitaba desplazarse hasta tal puerto, le contó todo sobre la misión que le habían encomendado. ¿Habría hecho bien? Quién sabe, ahora ya era tarde. –Entonces son ciertos los rumores de las desapariciones repentinas… Esos malnacidos deben pagar por lo que han hecho, tratar a las personas como si fueran simple ganado, habrase visto…-parecía realmente furioso y decepcionado por sentir que aquellas personas formaban parte del mismo país que él, que eran compatriotas suyos y que quizá hasta habían coincidido en alguna festividad.


Una vez ambos habían llegado al puerto, Roy se despidió de la kunoichi. Le deseó toda la suerte del mundo, a ella y a aquel que sería su compañero, pues según él la necesitaríamos. No iba a ser una misión sencilla, eso ya podía tenerlo claro, pero con tal de salvar  a esas personas Sheik estaba dispuesta a cualquier cosa. De repente, un sonido como el rugido de un pequeño león la distrajo de sus pensamientos, su estómago comenzó a reclamar la atención que merecía después de pasarse casi 2 días sin llevarse algo sólido que digerir. Por suerte, el puerto en el que se encontraba era realmente grande, de hecho más que puerto podría decirse que era una ciudad realmente completa, con edificaciones realmente grandes, muchísimas casas, un mercado pesquero, etc.

Después de comprar algo de carne y una barra de pan en el mercado, Sheik giró su cabeza y vio en el suelo una mujer pidiendo una limosna. En otro tiempo aquella mujer debió ser una belleza sin parangón, sin embargo ahora vestía toda andrajosa, con el pelo totalmente enmarañado y una mirada vacía y triste, como la de alguien que lo había perdido todo en la vida. Sin poder quedarse ahí plantada, Sheik se acercó a ella poco a poco hasta llegar a sentarse a su lado. –Tome.-dijo ofreciéndole media barra de pan para que comiera junto a ella. –Pero si yo…-la mujer no sabía qué hacer o qué decir, simplemente aceptó el ofrecimiento y, con un hambre realmente voraz, comenzó a darle mordiscos entre sollozos y alguna lagrima cayendo por su mejilla. Desconocía qué tan mal le había ido en la vida a aquella mujer, pero Sheik no sería quien la dejara tirada. –No parece que lo haya tenido fácil, señora… -de repente sus ojos se abrieron como platos al ver las marcas de sus muñecas, unas recientes y oscuras como las de alguien que se había pasado mucho tiempo encadenada. -¿Qué le ha ocurrido?-preguntó con sorpresa pero a la vez tratando de mostrarse lo más calmada posible, aquella mujer de seguro había visto cosas horribles, no era momento de asustarla más. –Lo dices por…-se frotó la mano por la muñeca –La guerra no ha dejado que todo el mundo pueda seguir con sus vidas como antaño… A mí me capturaron, junto a mi pequeña, y nos tuvieron recluídas en la isla Volcán durante todos estos meses, dándonos de comer y beber una vez al día, y obligándonos a trabajar duro para ellos…-Sheik no sabía qué decirle para calmarla. Recordó las palabras que le había dedicado Roy anteriormente, cada vez le resultaba más necesario acabar con todo el tráfico humano que tenían montado, pero no sería nada fácil, por lo pronto debía encontrar a su compañero y contárselo todo. Se levantó y le dio lo que le quedaba de comida a aquella mujer, pero antes de marchar, aquella señora de cabellos dorados se agarró a su ropa con gran ansiedad y angustia -¡Espera! ¡Por favor no te vayas aún!- exclamó en gritos, alertando a un guardia cercano que paseaba por la zona –Mi niña, mi pequeña aún sigue allí, y no pienso marcharme de este país hasta tenerla de vuelta. Así me muera aquí plantada, pues mi vida no tiene sentido sin ella. –las lágrimas brotaron esta vez como si fueran cascadas, no paraba de soltar berridos de dolor sin vocalizar palabra alguna. El corazón de Sheik se paró durante un instante al contemplar aquella escena, el estupor que le causó fue tan grande, podía sentir tanto aquella tristeza que tuvo que hacer su máximo esfuerzo para no unirse a su llanto. Le puso una mano en la espalda mientras se agachaba, y con la otra le levantó la cabeza para decirle: -No llore, le prometo que se la devolveremos. -le lanzó una pequeña sonrisa, lo más brillante que pudo, para tratar de consolarla y hacerle saber que no fallaría en su promesa.

Acto seguido, antes de que aquella mujer pudiera decir nada, el guardia trató de disuadirla pidiéndole que se marchara a estorbar a otra parte. La kunoichi, por su parte, se dirigió hacia la taberna de esta ciudad portuaria, esperando encontrarse allí con su compañero quien, seguramente, ya se encontraría allí, dado que la que llegaba tarde era ella misma por los imprevistos que habían acaecido.

Conforme llegó al lugar citado, un hombre extraño, con un aspecto de persona adinerada pero con una cara oscura y lúgubre, salía de la taberna. Extrañada durante un instante, Sheik no dudó en poner un pie dentro de aquel antro, buscando con la mirada al que iba a ser su compañero. Le habían dicho que era un chico con el pelo corto y negro como el carbón, al igual que la ropa que vestía. “Debe ser ese chico.” Pensó cuando observó una persona solitaria sentada en una de las mesas de la taberna, el único que desprendía un aura como la que había sentido otras veces, como la que sintió al encontrar a Taiyo tiempo atrás. Sin pensarlo dos veces, pues sabía que si lo hacía se arrepentiría, se sentó frente a él cogiendo una silla de la mesa de al lado. Se quitó los vendajes que cubrían la parte inferior de la cara y se sintió relativamente lista para hablarle. –Creo que tú eres el compañero del que me han hablado.-dijo con una voz algo seria y firme, aún no estaba del todo acostumbrada a tratar con los demás. –El hombre que nos contrató ya me puso al día del encargo, y no te voy a mentir, no me dio en absoluto buena espina, más bien al contrario, no podía dejar de sentir un escalofrío interior mientras hablaba con él… -parecía que le estaba cogiendo el “tranquillo” a hablar con desconocidos, pero nada más lejos de la realidad, aquella chica estaba ahí para tratar de poner fin a la esclavización que se estaba llevando a cabo. -¿Qué piensas de este tipo? –preguntó un tanto insegura y curiosa de saber más sobre la opinión de su compañero acerca de todo esto. -En mi camino hasta aquí han pasado varias cosas.-dijo pensando en Roy y en aquella mujer -Pero la que nos interesa es la siguiente: una mujer, alguien realmente pobre y cuya vida ha sufrido un giro que ha dado la vuelta por completo, nos ha pedido que le devolvamos a su niña, pues sin ella le cuesta hasta respirar.- se aclaró la voz en un carraspeo, recordar aquella situación aun le acongojaba de manera abismal. -¿Sabes tú algo de esto?-preguntó y prosiguio para concluir la charla- Creo que más allá de lo que se nos ha pedido, deberíamos tratar de acabar con esta situación para que la gente del país pueda recuperar poco a poco la vida que tenían antes de la guerra. No va a ser un camino de rosas, eso está claro, pero yo creo en nosotros. -"¿Pero que dices? ¡No le conoces de nada!" se repetía a si misma, no sin razón, pues la Sheik de antes no se habría permitido a sí misma tratar a alguien como lo estaba haciendo en aquel momento. No obstante, de nada serviría permanecer mucho tiempo allí sentados, debían ser raudos en su forma de actuar. Quién sabe cuántas vidas se estarían perdiendo en aquellos momentos.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Miér Jun 15, 2016 7:24 pm

Mientras esperaba aburrido a que llegase mi compañera a la taberna, jugaba con un kunai que había sacado de la bolsa que colgaba de mi cinto por detrás. Mis mano izquierda se encontraba bajo la mesa, y la pequeña arma giraba entorno a mis dedos, dibujando círculos en el aire, enganchándose el pequeño agujero que tenía en la parte inferior en mi dedo, haciendo a éste girar como las aspas de un molino, para luego lanzarlo hacia un lado y empujarlo de nuevo con el pulgar para que volviera a colocarse entre mis dedos. Era un juego bastante entretenido que hacía casi sin darme cuenta cada vez que me aburría. Supongo que cada uno tiene sus únicas, particulares y extrañas manías, y aquella era una de ellas. Suspiré, teniendo mi rostro apoyado sobre mi mano derecha, cuyo brazo descansaba con el codo colocado pesadamente sobre la mesa a la que estaba sentado. Esperaba que aquella chica no tardase mucho más en llegar. Gracias a los cielos, al poco de pensar aquello, la puerta de la taberna se abrió, dejando paso a una persona ataviada de forma... Curiosa, sería la palabra a escoger. Iba ataviada con ropajes de tonos azules y blancos, con el rostro casi completamente cubierto. Los únicos rasgos distintivos que podía ver eran sus cabellos rubios y sus ojos de vivo color rojo. Me quedé mirando a aquella persona, que observaba toda la taberna hasta que reparó en mi. Avanzó con una admirable decisión hasta donde me encontraba y, tomando una silla de otra mesa, se sentó frente a mi. Bajando los vendajes que cubrían la mitad inferior de su rostro, comenzó a hablarme de forma seria sobre la misión y otras cosas. Hacía un rato que me había dado cuenta de que era muy probable que fuese mi compañera, pero con aquello había acabado de confirmarse aquel hecho. Mientras ella hablaba, yo seguía jugando el kunai, habiendo sacado ya la mano de debajo de la mesa y empezando a hacer malabares con el arma por encima de la misma, sin reparo alguno. A medida que las palabras salían, sin detenerse demasiado, de sus labios, mi kunai había girado alrededor de todos y cada uno de mis dedos, había saltado en el aire, cayendo con la punta hacia abajo sobre la yema de mi dedo índice desde donde lo había vuelto a impulsar, colocando mi mano extendida boca abajo sobre la mesa, cayendo éste justo entre los dedos corazón y anular, a una distancia exactamente igual entre cada uno de ellos. Pero yo no estaba realmente mirando, si no atento a la chica, a sus expresiones, a sus palabras... Todo en general. Me hizo alguna que otra pregunta que contestaría enseguida. Básicamente pensaba lo mismo que ella de aquel tipo: No era de confianza. Lancé el kunai al aire por última vez y lo agarré con la mano derecha finalmente, sosteniéndolo en ésta sin hacer nada más.

—Coincido totalmente contigo... Acabo de hablar hace escasos minutos con éste... Contratista, y oculta algo. Sus manos están tan manchadas como las de aquellos que tratan como mercancía a otras personas—dije con total convencimiento. La forma en la que cambiaba de tema en algunas cosas, la forma esquiva de hablar de otras y la forma de comportarse ante mi escepticismo me hacían pensar con poco riesgo a equivocarme de que aquel hombre no era trigo limpio. Como ninjas deberíamos cumplir órdenes sin cuestionarnos su origen, pero como personas... No podíamos permitir actos como aquellos. Pero había otro detalle que ella había mencionado que me había generado una inquietud extra—La niña que mencionas... ¿Tiene algo que ver con ella?—saqué de un bolsillo la foto que me había entregado aquel tipo, colocándola sobre la mesa donde ella pudiera verla. Desde luego que si aquello tenía el sentido que parecía poseer... Tendríamos inmensa razón sobre aquel tipo. Finalmente, sonreí ante lo que aquella muchacha me había dicho al final. La miré con una sonrisa amable tanto en mis labios como en mi mirada—Es hora de que éste país vea la luz que la guerra le ocultó. No soporto ver como la gente tiene que crecer sin sus familias—yo mismo había tenido que llegar a la adolescencia con el recuerdo de cómo me arrebataron a mis padres, teniendo que vivir en el bosque acogido por nobles cánidos. No me gustaba ver como otros corrían la misma suerte. A pesar de ello, había cosas que tenía que contarle a aquella muchacha sobre la misión, pero antes aún, algo me decía que debíamos presentarnos si íbamos a formar equipo en una misión—Me llamo Yuto Uchiha, por cierto.

Pedí prestado un mapa del país a la tabernera, pero me exigió un pago por él que me dejó sin dinero alguno, pero al menos teníamos el mapa. Lo llevé hasta la mesa y clavé mi kunai sobre la isla volcán a la que teníamos que ir. Era un lugar terrorífico según lo que tenía entendido, pero tampoco es que tuviera demasiada información. Observé unos segundos el mapa, y después miré a los brillantes ojos rojos de la chica de nuevo. Tenían un aire profundo que provocaba que me recorriera un escalofrío por la espalda. Sonreí y señalé el puerto Yamasaki con un dedo.

—Se supone que el lugar donde tienen encerradas a todas éstas personas es el lugar que marca mi kunai, en la isla volcánica. No sé lo que habrá ahí, pero sin duda ese volcán está activo porque lo he visto desprender una humareda no hace mucho. Por otro lado... Dudo que el lugar esté vacío y aislado, siendo el negocio que es y la cantidad de dinero que nos ofrecen... Seguro que habrá guardias. El tipo ese me dijo que una barca que contrató nos llevará hasta la isla, así que el trayecto está cubierto—deslicé el dedo por el mapa desde el puerto hasta la isla, donde me detuve—Lo que pase una vez entremos en la isla... Tendrá que salir de nuestra improvisación, pues no sabemos qué nos podemos encontrar allí—suspiré al ver lo suicida que parecía aquella misión, pero no podíamos dejar a su suerte a aquella gente. Centré mi mirada en el mapa, atento a cada detalle que pudiera recordar de éste, pero nada parecía demasiado útil. Finalmente, volví a dedicarle una mirada a la chica, de forma interrogante—Aunque suene un poco indiscreto preguntarlo de pronto y en un sitio así... ¿Qué clase de habilidades tienes? El tipo dio a entender que eras muy hábil, pero... No sé gran cosa de ti, y tenemos que trabajar juntos, así que...—No sabía que otra cosa decir, por lo que callé y volví a mirar el mapa, mientras recuperaba el kunai y empezaba a darle vueltas mientras estudiaba el trozo de papel que tenía ante mi.

Una preciosa y peligrosa misión a una isla tan peligrosa como saltar a un foso lleno de estalagmitas puntiagudas en el suelo, sin contar que podrían haber cientos o miles de guardias diestros esperándonos... Y teniendo luego que arreglárnoslas para traer por mar a cientos de prisioneros a punto de ser esclavizados... Desde luego, lo que uno consideraría una misión totalmente sencilla y sin ningún tipo de problema para realizarla. Era más fácil que sacar a pasear a los perros de varias familias a la vez, sin duda alguna. Despejé mi mente rápidamente. Si dejaba que los nervios o el agobio de que aquello fuese una misión difícil, me dominaran, entonces aquello no sería una misión difícil, si no una imposible. Respiré lentamente durante unos instantes, y le dediqué la última mirada a la que desde aquel momento era mi compañera de misión. Una mirada desafiante, pero no hacia ella, si no hacia la tarea que teníamos por delante. Mi honor y orgullo como miembro del feudo Hinoarashi y del clan Uchiha, no se doblegaría ante la perspectiva de convertirse en comida asada por un volcán activo. Había vivido años en la naturaleza salvaje, estaba preparado para todo. Era un ninja, al fin y al cabo.

—Salvemos a esas personas y salvemos al país del sonido. Somos los mejores—quizás aquella forma de afirmar que podíamos con todo fuese algo infantil, pero no por ello se hacía menos verdad. La hora de demostrar nuestra valía llegaba. Un país entero nos necesitaba, y no íbamos a eludir la llamada.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Sáb Jun 18, 2016 9:29 am

El kunai que aquel chico no apara de usar como si fuera un juguete estaba distrayendo a la forastera, haciendo que sus palabras costaran de salir o que sus pensamientos atendieran solo a ese objeto. Los ojos de aquel chico, unos negros como dos piedras de carbón le prestaba todo el interés. Le causó cierto impacto, pues en su vida había visto unos ojos tan negros como aquellos, tan difíciles de leer, tan profundos. ¿Qué ocultaría tras ellos aquel chico? Se preguntaba, esperando poder llegar a descubrirlo en algún momento. Una vez acabó su habla, Sheik recordó fugazmente la mirada de aquella mujer, tan triste, tan apenada, habiéndole arrebatado todo de sus manos sin siquiera poderse defender.

Aquel chico le contestó amablemente, mostrándose totalmente sincero y también con una idea realmente nefasta sobre aquel tipo tan sombrío.  Parecía alguien realmente sospechoso, y si algo tenía claro Sheik, más aún después de haber conocido a aquella pobre mujer, era que por mucho dinero que les pudiera ofrecer, devolverle la niña a aquel hombre era, con mucho, la peor idea. El camarero ya les había traído las cervezas mientras hablaban. La ronnin estaba sedienta, y aunque sabía que lo único que conseguiría era estar más sedienta aún, se llevó la jarra a la boca, necesitaba refrescar su garganta después de todo lo que había andado esos días.

Interesado por saber más sobre la mujer que había comentado, el ninja le mostró una imagen que le ofreció el contratista. En la imagen se podía ver claramente a la niña que debían de rescatar. Pero cuál fue su asombro al descubrir que aquella pequeña era el vivo retrato de la mujer con la que había hablado. Con unos ojos grandes como platos, inyectados en rojo sangre, y un pelo rubio ceniza un tono más claro que el de la otra. – ¡Es ella! Estoy segura, ella debe ser la hija de quién te hablo.–sus ojos le observaron con aun mas fiereza y determinación. Aquella situación la desbordaba, no paraba de recordar su infancia y a sus padres. Pensaba que aquella niña necesitaba mucho más a su madre de lo que su madre a ella, debía sentirse sola, desamparada, asustada… igual que lo estuvo la propia Sheik a muy temprana edad. Quién sabe que habría sido de su vida si no hubiera ocurrido aquello. O si nunca la hubiera encontrado Nir y hubiera cuidado de ella. El destino es un compañero cruel, pero por suerte o por desgracia convive con nosotros toda la vida. “El pasado no se puede cambiar… pero se puede aprender de él.” Pensaba la forastera, creyendo que si había algún modo de devolverle la sonrisa a aquella señora, este era el camino que debían seguir. –Debemos ir tras ella y traerla de vuelta. No ganaremos recompensa alguna, al menos no monetaria… ¿Pero acaso eso importa?-estaba segura de sí misma y de sus palabras, convencida de que podrían conseguirlo gracias a la voluntad que les movía.

Se sentía contenta por las palabras que le había dedicado Yuto, quien creía lo mismo que ella y estaba dispuesto a poner su granito de arena para poder reparar los destrozos que había dejado la guerra a su paso. ¿Era buena idea darle su nombre? Rumiaba mentalmente, pues recordaba las palabras de Sorey en su momento, y desde entonces siempre andaba con cuidado con este tipo de situaciones. Sin embargo, después de haberle escuchado, después de haber sentido determinación y entrega en sus palabras, quizá no era tan mala idea. –Mi nombre es Sheik.

Después de hacerse con un mapa, Yuto le mostró el lugar donde debían ir, allí donde tenían esclavizadas a tantas y tantas personas. –Pues entonces está todo claro, ¿no? Partamos hacia esa isla.-sugirió la forastera acabándose la cerveza y levantándose, seguidamente, de la silla. No había tiempo que perder, y con aquella mujer en su cabeza durante toda la misión, nada le haría perder su fuerza de voluntad. Sin embargo, antes de que sus pasos avanzaran tan siquiera un centímetro, Yuto perturbó sus pensamientos con una fútil pregunta. –Mis habilidades… podría decirse que desde siempre me ha gustado crear mis propios mundos.-le lanzó una pequeña sonrisa de complicidad y prosiguió –puedes estar tranquilo, no pienso permitir que nada malo nos ocurra.-fuera cual fuera la situación, Sheik haría todo lo posible para ponerlos a salvo, no solo a ellos dos, sino a todas las personas posibles. La kunoichi se giró, dejando ver la lira que portaba a su espalda, con sus cuerdas impolutas después de haberlas afinado cuidadosamente esa misma mañana.

Empezando a dirigirse a la puerta, y esperando a su compañero, sin prisa pero sin pausa, escuchó sus palabras tras de ella, unas palabras realmente alentadoras, quedándose grabadas a fuego en la mente. ¡Aquel chico también quería salvarlos a todos! Aquellas palabras, por muy simples que pudieran parecer, hicieron que la ronnin se quedara inmóvil por un momento, sonriendo a la nada, con la mano postrada en el pomo de la puerta. Su mente viajó por completo al pasado, a aquel momento en que, frente a sus ojos, la vida de los dos pequeños hermanos se les fue arrebatada a manos de un hombre, que más que persona era una bestia inmunda. Cada vez se sentía más insegura de si hizo bien dejándolo marchar, cualquier otra persona en su lugar habría tomado el camino de la venganza, el por qué no lo hizo ella es algo que ni la propia forastera sabía explicarse bien. Así pues, volviendo a la realidad, giró la cabeza apaciblemente, y mirándolo directamente a sus ojos, aún con una sonrisa leve, le dijo mostrándole total seguridad: -Vamos allá.

Las siguientes horas supusieron un pequeño camino hasta el embarcadero donde una de las naves más grandes les llevaría hasta la isla volcánica al noroeste de allí. Sin embargo, Sheik antes que preferir viajar en aquella tan grande y vistosa embarcación, prefirió pagar ella misma un pequeño bote, algo ligero y tosco, a la par que discreto. –Creo que será mejor idea coger este, ¿no crees? Al fin y al cabo no queremos que al llegar nos hagan una gran fiesta de bienvenida.-rió un poco por lo bajini después de aquella frase llena de sarcasmo. Sacando unos 100 ryus de su saca, Sheik pagó a un viejo lobo de mar por aquel bote, prometiéndole que lo devolverían intacto, o al menos eso pretendían. No obstante, la forastera paró súbitamente antes de continuar hacia aquel pequeño bote, y le comentó a su compañero: -Creo que he tenido un plan. Ese barco ya está pagado, ¿no? –sus ojos se abrieron como platos y se movían de lado a lado.- Podríamos pedirles que fueran a la misma isla, para que así sirvieran de alguna manera de distracción. Al fin y al cabo quién no se daría cuenta de algo tan grande como esto. -sus manos se abrían y se cerraban, parecía realmente emocionada con el plan puesto que, de funcionar, el resultado podría ser grandioso.- Mientras nosotros daremos un pequeño rodeo para acabar en una cala cercana, y, así, pillarles de improviso.–una vez comentado el plan, sus ojos volvieron a dirigirse a los de su compañero, apretando fuertemente el puño y esperando su respuesta. Los barcos estaban preparados, el viaje no sería muy largo, pero sería, seguramente, intenso dados los nervios que sentía la forastera por lo que se les avecinaba.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Lun Jun 27, 2016 3:51 pm

Aquella chica cada minuto que pasaba me caía mejor. Su forma de pensar, su forma de querer actuar frente a lo que sucedía en aquel país, y su convicción me parecían admirables a muchos niveles, y aquello me estaba haciendo confiar cada vez más en ella y, consecuentemente, en el éxito de la misión. La hora de la verdad se acercaba, y a pesar de que todo pintaba ser algo bastante difícil de realizar, no sentía miedo, si no impaciencia por llevar a cabo algo que ayudaría no sólo a los esclavizados, si no al país entero. Sonreía.

Mientras la muchacha hablaba, estando aún sentados en la mesa, enmudecí. Dejé que hablase, expusiera sus puntos y me mostrara sus ganas de ayudar. Cada palabra que salía de entre sus labios me gustaba tanto como las anteriores, y sus ojos profundos mostraban una determinación envidiable que no hacía más que animarme a continuar con aquello con más ganas aún. Al oír que reconoció los rasgos de la mujer de la que habló, en la niña, asentí levemente con la cabeza, sin apartar mi mirada oscura de la suya. Cuando terminó de hablar, dándome al fin su nombre, sonreí de forma amplia y me puse en pie al igual que ella. Vacié de un trago la cerveza, que se deslizó con delicadeza y frescor por mi gaznate. Hacía tiempo que, a pesar de mi juventud, un vaso como aquel no era suficiente para emborracharme, así que no estaba mal beberlo así de pronto. Cuando se detuvo, me miró, y dejó escapar de su boca aquel “Vamos allá”, sonreí de lado y me acerqué hasta colocar una mano sobre su hombro, antes de avanzar tras ella.

—Va a ser un honor tenerte como compañera, Sheik—le dediqué una sonrisa antes de comenzar a avanzar por las calles, pero antes, tenía una frase que decir—Vamos allá—repetí, tal como ella había dicho. Durante un tiempo que no me molesté demasiado en calcular estuvimos caminando en dirección al muelle, en cuyo atracadero estaría el barco contratado por aquel tipo siniestro y que nos llevaría a la isla. Un extraño tic surgió en mi ojo derecho al ver la embarcación que nos había preparado el señor. En su charla me había dicho que lo que tenía para nosotros era una barca... Pero aquello tenía poco de barca. Aquel navío casi era de grande como la casa en la que vivía de niño. Me llevé una mano a la cabeza ante el aspecto de aquella inmensa nave y sonreí con una mueca cuando Sheik me guió hacia un hombre al que le alquiló un barco más modesto—Juro que pensé que el barco era más pequeño, no aquella mole...—la muchacha habló de un plan que tenía en mente. Cuando lo soltó sonreí bastante. Me gustaba la idea, un cebo podía ser muy útil para poder infiltrarse con éxito y además nos daría la ventaja del factor sorpresa—Me parece una buena idea. Aunque al ver un barco tan grande llegar a la costa y sin ningún tripulante les hará pensar que algo va mal... Pero aún así tendremos el factor sorpresa a nuestro favor igualmente, y aunque estén más alertas, es posible que les alimente el temor... Y un enemigo asustado es un aliado inesperado. Su miedo, aunque sea leve, puede ser usado como ventaja—mi sonrisa brillaba en el rostro.

Pegué una pequeña carrera hasta el barco grande que teníamos contratado, y hablé con el capitán del mismo sobre un par de cosas. Se mostró reticente a zarpar sin nosotros, pero le dije que si lo hacía, podría cumplir mejor el cometido para el que me habían contratado, y que de mi éxito dependía su seguridad. Accedió enseguida. Al parecer no me había precipitado al deducir que el tipo siniestro tenía amenazada a alguna gente. Volví corriendo junto a Sheik y el anciano lobo de mar—Ya está todo arreglado, el capitán del barco llevará aquella mole a la isla. Esperemos que esté bien... Pero bueno, es hora de que nosotros zarpemos—miré el barco de aquel hombre y sonreí, entrando en éste una vez que Sheik ya se había subido al mismo. Esperaba que el viaje no tuviera problema alguno, puesto que en aquella isla ya nos íbamos a encontrar suficientes problemas como para añadir otros antes de llegar. Respiré hondo antes de empezar a navegar.

El barco de aquel hombre se mecía a mediada que avanzábamos por aquellas aguas ajetreadas. El mar estaba picado, no obstante, no se movía lo suficiente ni lo suficientemente salvaje como para tener problemas en la navegación, más allá del tambaleo leve a un lado y a otro que la embarcación realizaba. Mientras los remos se movían a un ritmo constante para desplazarnos lentamente hacia nuestro destino, no podía evitar pensar en miles de cuestiones por el aburrimiento de estar avanzando a un ritmo no demasiado rápido, pero poco cansino. Por mi mente pasaban cosas como el motivo por el que me convertí en ninja, mis misiones anteriores, el daimyo de mi feudo y su estupidez al tomar decisiones, en mis padres, en los chacales... Tantas cosas. Entonces, le dediqué una mirada a mi compañera de viaje y misión, Sheik, con una curiosidad latente en lo más profundo de mi mente. Claro que era difícil que alguien contestase a algo así, y más ante un desconocido, pero mi curiosidad era inmensa, y me ayudaría a dejar de pensar ciertas cosas.

—¿Por qué te convertiste en ninja?—la pregunta era muy indiscreta, directa y comprendía perfectamente si quería evitar contestarla. Mientras esperaba una respuesta, mi mirada se dirigió hacia el mar, preguntándome a mí mismo que habría más allá de aquellas aguas, además de la isla hacia la que nos dirigíamos. El mundo era tan vasto y había visto tan poco... Quien sabía lo que podría encontrar si seguía más allá del mar... O incluso más allá de lo que los mapas recogían. Suspiré y volví a mirar a la chica—Debe ser genial viajar por todas partes sin ataduras...

De pronto, un olor profundo y fuerte, que taladraba mis fosas nasales como si fuera una potente arma, me sacó de mi ensimismamiento: Azufre. Como usuario de técnicas Katon, sabía reconocer muy bien el olor del humo, del fuego y del azufre, y en aquel entonces era tan potente que podría tirar de la barca a cualquiera. Se estaban aproximando a la isla volcán. No tardaron en confirmarse sus sospechas cuando una mancha oscura surgió en el horizonte, con un cielo nublado pintado en negro y rojo, acercándose como una figura amenazante. Mis brazos se dieron una dosis de ánimo y empezaron a remar con más energía. Tener tan cerca el destino objetivo lo llenaba de impaciencia y ganas de comenzar aquella aventura. Pero también temía. Lo que fueran a encontrar allí les era desconocido, y tendrían que adaptarse rápido para salir bien parados.

—¿Estás preparada? Eso que se acerca parece el apocalípsis hecho isla...—y no lo decía sin razón. A medida que aquella intimidante isla se acercaba a nosotros, se iban viendo más características de la misma, y nada era alentador. Piedra oscura y ennegrecida por la ceniza y el magma solidificado. Un terreno tremendamente accidentado, con recovecos por todas partes y que parecía respirar fuego con cada latido de mi corazón. La propia isla inspiraba temor en sí misma, y yo tenía la sensación de que aquello era sólo la superficie y que las cosas iban a ponerse aún peor una vez que estuviéramos en ella para cumplir lo que habíamos venido a hacer—Vamos allá—dije tragando saliva.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Lun Jul 18, 2016 5:18 pm

La pequeña embarcación que les había otorgado aquel anciano en el puerto era más que suficiente para llegar hasta la isla. La brisa marina acariciaba la cara de aquellos que, con determinación, atravesaban ese pequeño pedazo de mar. Con cada palada que hacían aquellos jóvenes con los remos se encontraban cada vez más y más cerca del objetivo. Sheik aún no llegaba a comprender por la mente de qué clase de ser humano puede pasar esclavizar a alguien, quitarle todo lo que posee, incluso lo que más quiere como es el caso de aquella mujer y su hija. Ensimismada entre sus pensamientos, la forastera difícilmente apreciaba la compañía de Yuto, quien remaba frente a ella. El silencio parecía ser el único acompañante de aquellos dos, o lo habría sido de no ser por el sonido del agua al golpear con dureza cada lado de la barca.

Cada vez parecía que se encontraran más cerca de la isla. El aire se había vuelto más denso, incluso podría apreciarse un ligero olor a azufre producido por el volcán. La forastera dejó de observar el paisaje por un momento. Después de todo el camino que había recorrido hasta aquí, por todo lo que había pasado, mirar fijamente a alguien como Yuto, alguien que desde un primer momento le había parecido tener un corazón noble y puro, era algo prácticamente excepcional. Sheik no había tenido un camino de rosas, sin embargo a cada paso que daba aprendía cosas nuevas. De repente, aquel joven se giró también hacia ella. Sheik no sabía muy bien cómo reaccionar. Ambos mirándose el uno a la otra, cuando por fin Yuto rompió aquel silencio con una pregunta del todo fugaz, directa, inesquivable por aquella chica. Antes de si quiera soltar una palabra de la boca, la forastera no pudo evitar soltar un pequeño suspiro. No era cansancio, sino más bien soltó aire para ganar un pequeño instante y poder pensar su respuesta. No era la primera vez que le habían planteado aquella pregunta, y seguramente no sería la última, ella misma se la hacía muchas veces, pues con el paso del tiempo la respuesta cambió. – Yo no me “convertí” en ninja…-por un momento los remos fueron cada vez más despacio, frenando un poco la marcha. – O, al menos, no de forma convencional. Mi maestra me enseñó todo lo que debía saber para valerme por mi misma. A pelear con artes marciales, a pelear usando el chakra que fluye por mi propio cuerpo… -su mano se alargó con suavidad hasta alcanzar el agua y tocarla durante un pequeño momento-Al igual que potenció el control sobre este elemento.-dijo mientras su mano salía del agua dejando caer gotas tras de sí- Incluso aprendí a saber usar mis dedos para producir música con la que poder pelear.-cuando acabó de hablar, Sheik sacó desde su espalda aquella lira, por una vez, para mostrarla y no para atacar a nada ni a nadie. Le resultaba extraña la facilidad con la que le había hablado así a Yuto, sin embargo le resultaba reconfortante, se encontraba con toda la tranquilidad del mundo en mitad de un mar, en una barca con alguien que apenas acababa de conocer.

Tomó los remos de nuevo, agarrándolos fuertemente para compensar la lentitud que había producido aquella charla. Mientras, Yuto no dejaba de contemplar el paisaje, suspirando por poder viajar alrededor del mundo. La forastera, después de aquella frase, quedó sorprendida. Nunca antes se había parado a pensar que no todo el mundo podía disfrutar como lo hacía ella, trotando por cada parte del mapa, buscando los rincones más escondidos. Parada frente a él, Sheik le lanzó una pregunta que se hacía desde el momento en el que soltó aquella frase: -¿Y por qué no lo haces? –giro su cabeza para mirar a su rededor y prosiguió –El mundo es realmente hermoso, cada parte de él, cada ser que lo habita. Merece la pena tomarse el tiempo necesario para recorrerlo entero. –cerró los ojos recordando cada una de las imágenes que su mente había guardado de cada lugar en el que había estado. El aire agitaba su flequillo rubio mientras suspiraba alegre por la vida que tenía, si bien no había sido fácil, no querría haber vivido otra. –Una vez acabemos con todo esto, con sumo gusto te hablaré de cada uno de los parajes que he tenido la suerte de visitar. –concluyó, al menos por el momento, la forastera, acompañando el momento con una pequeña sonrisa con los ojos cerrados. Quizá estuvieran en una misión difícil, sin embargo algo tenía claro, no podía dejar que aquello les ofuscara, no podía permitir que la oscuridad apagara la luz que les iluminaba.

No tardaron mucho más en llegar a la orilla de una pequeña cala. Tal y como habían acordado con el capitán, hacía un buen rato que se habían separado en pos de continuar con el plan establecido. El hedor del azufre cada vez era más intenso, dificultando cuanto apenas la respiración, al menos hasta que ambos se acostumbraron a aquel ambiente un tanto putrefacto. Al bajar de aquella barca, Sheik miró fijamente a su acompañante, quien, hacía apenas unos instantes antes, le había parecido un tanto asustado por lo que se les venía encima. –Vamos allá.-sonó una voz a la espalda de Yuto, tratando de dar seguridad al momento, preparándose para dar lo máximo de ella misma en todo momento. Estaba claro que no iba a ser fácil, pero valdría la pena por ver la sonrisa de aquella mujer.

Sheik comenzó a caminar, girando la cabeza de vez en cuando para saber si su compañero iba tras (o junto) a ella. Debían ir con pies de plomo, pues quién sabe si aquellos bandidos habrían sido tan listos de poner trampas por toda la isla por si algún preso trataba de huir. Además, el sigilo debía ser su fiel acompañante por encima de todo, y ocultarse entre las sombras y los arboles era la clave para llegar vivos hasta su objetivo. La forastera se giró hacia su compañero, en un intento de comunicarse sin hacer sonido alguno, simplemente señalándole con sus manos hacia arriba, a una rama del árbol debajo el cual se encontraba, queriendo decir que subiera con ella para empezar, ahora que se encontraban en la parte más profunda del bosque de la isla, a recorrer el camino desde las alturas.

-Espera.-dijo la forastera casi susurrando una vez llegara Yuto hasta donde se encontraba.-Mira, allí delante.-las hojas de aquellos frondosos árboles apenas dejaban ver mucho más allá de donde se encontraban, pero aquella escena era fácilmente distinguible: en fila, unos encadenados a otros, caminaban con unas alpargatas, que ciertamente poco se diferenciaba a caminar descalzo,  los esclavos. Al principio de la hilera y al final de la misma les acompañaban dos guardias con katanas atadas a la espalda. ¿Necesarias? Quién sabe, quizá también tenían control del chakra y se trataban de shinobis, o quizá solo eran unos mindundis a las órdenes de un superior. –Creo que lo mejor sería esperar a que esos desaparezcan de la vista y continuar con nuestro camino, ¿no te parece?-antes de que tan siquiera pudiera contestar, la kunoichi le tapó la boca con una de sus manos. Había oído un ruido, alguien que se acercaba hasta donde se encontraban.

-Tendrías que ver los ojitos con los que me miraba aquel tipo. El muy imbécil creía que le perdonaría después de su tercer intento de escape JAJAJAJA. –uno de los guardias hablaba riéndose a carcajadas, con las manos aún manchadas con un poco de sangre del propio hombre del que estaba hablando. –Pues como una niña esta mañana… aquella pequeña rubita se pensaba que por mucho llorar la dejaría irse. Como si a alguien de aquí le importaran esas lágrimas de cocodrilo JAJAJAJA.-ambos no paraban de reír, cosa que hacía que la forastera se enfureciera cada vez más y más, tratando de controlar sus impulsos y nervios, pero no pudiendo evitar apretar con fuerza su puño, como si quisiera lanzarlo directamente a la cara de cualquiera de ellos. Una vez continuaron su camino, contándose más de sus “hazañas” entre ellos, Sheik quitó la mano de la boca de Yuto, e inmediatamente espetó: -Sigámosles, nos llevarán donde están los demás. – y, al menos que alguien la frenara, no dudaría en arrancar a correr, con toda la velocidad que poseía, hasta llegar a sus espaldas. Estaba claro que en su cabeza solo se encontraba la imagen de la pequeña, ahora imaginándola herida por todas partes por becerros como aquellos dos. Debían apresurarse, decenas, tal vez cientos de personas esperaban ser rescatadas, salir de este infierno y poder volver a sus vidas normales, o al menos todo lo normales que pudieran ser después de haber tenido que pasar por un trauma como este.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Sáb Sep 17, 2016 6:20 pm

El ruido de las ondas formadas en el agua golpeando contra la barca era extrañamente relajante, a pesar de que no ocultaba la inquietud que se respiraba en el ambiente a medida que nos aproximábamos a la isla. Era como si su sola presencia infundiera una sensación maligna, pero lo mejor era ignorar aquel hecho y continuar adelante. Las vidas de muchas personas dependían de nosotros.

La conversación continuaba mientras avanzábamos por las tranquilas aguas. Contestó a mi pregunta de una forma que no me esperaba, escuchando atentamente hasta el final. Sonreí ligeramente ante como me decía que viajase simplemente, y como merecía la pena ver el mundo de alrededor. Me quedé mirando hacia el agua desde el mismo momento en que sus dedos lo tocaron, pensando en lo curioso del hecho de que utilizara el agua como elemento. Muy parecidos, pero contrarios en algunas cosas. Era una bonita casualidad. La miré a los ojos unos segundos y luego redirigí mi mirada hacia la isla volcánica. Nos esperaban cosas difíciles en aquel lugar.

—Es curioso que utilices el agua... Mi elemento es mucho más destructivo. Representa tanto la vida, como la muerte... Es el contrario a tu elemento... Y mi cruz—le dediqué una sonrisa irónica y suspiré levemente. Nunca podría apartar de mi mente las llamas que consumieron aquel pueblo. Alcé mi mano y la observé como si fuera lo más interesante del mundo mientras le contestaba a lo que había hablado—No puedo viajar libremente, aunque ahora esté... Moviéndome entre países. Trabajo para un feudo y... No puedo negarme a lo que se me pida, porque mis objetivos... Están íntimamente relacionados con ello. Tengo un buen motivo para ser fiel a ellos, y eso me ata al país del fuego...—No quise mencionar más. Asentí con una sonrisa ante su promesa—Esperaré impaciente a escuchar todo lo que me puedas contar.

Una vez llegados a la isla, no había vuelta atrás. Era el momento de comenzar a actuar de forma seria. La voz de Sheik me animaba a avanzar con valor, lo cual agradecí, y miré con aire desafiante a la isla, como si un pedazo de tierra como aquel tuviera vida. Seguí el camino que la muchacha marcaba con sus pasos, observando en todas direcciones para evitar alguna sorpresa repentina. De pronto, la chica se detuvo y me hizo señas para subir a las ramas de un árbol que se elevaba por encima de nuestras cabezas. Asentí en silencio y trepé al mismo de un salto, colocándome junto a mi compañera. Comenzamos a movernos desde las ramas, atentos a cualquier indicio de peligro o de vida que encontráramos, y al cabo de unos minutos, localizamos la primera señal humana. Una fila de presos encadenados, escoltados por dos hombres armados. Sheik propuso esperar a que se alejaran para continuar, pero antes de que pudiera decirle que me parecía bien, me tapó la boca con sus manos. Alguien se acercaba.

Las dos personas que charlaban alegremente sobre como algunos de los prisioneros, que trataban de escapar o simplemente les irritaban, habían recibido su “justicia”. Ver la sangre en las manos de aquel tipo, y como hablaban de aquella niña, hizo que me hirviera la sangre. Mi puño se apretó con fuerza entorno a la madera de la rama, y parte de ella se hizo astillas tal era la rabia que concentraba en ello. No haría nada que nos delatara, pero las ganas de bajar allí y devolverles lo que habían hecho eran tan imperiosas que casi podía notar como la ira exudaba por mis poros. Tras aquel incidente, todo fue tan rápido que casi no me dio tiempo a reaccionar. Cuando aquellos tipos se alejaron lo suficiente, Sheik dijo de seguirlos y marchó como una exhalación tras ellos. La seguí a todo correr, y cuando la alcancé coloqué una mano sobre su hombro de modo tranquilizador y la miré a los ojos unos segundos. Aquel par de hombres se habían detenido a hablar a la entrada de una cueva, mientras seguían hablando alegremente, a espaldas de nosotros.

—Esa debe ser la entrada a lo que buscamos—dije, entre susurros—Es la hora de atacar. Tú el de la derecha, yo el de la izquierda. En el máximo silencio, y, de ser posible, de un solo golpe. Una vez estén inconscientes, ya pensaremos en qué hacer.

Desenvainé mi arma con sumo cuidado para que la hoja no hiciese ruido al recorrer la vaina. No podía imaginar la expresión que tomaría el rostro de Sheik al ver que tomaba mi arma, pero rápidamente la transformé en un nunchaku. Un arma blanca sin filo era perfecta para noquear de un golpe a un hombre como aquellos. Alcé la mano, contando hasta tres con los dedos, y al señalar el último número, salté hacia el hombre de la izquierda, golpeando su cabeza con uno de los extremos del nunchaku con gran fuerza, dejándolo inconsciente en el acto. Miré hacia mi derecha para ver el resultado del ataque de mi compañera.  Le sonreí e hice un gesto, en sumo silencio, para indicar que escondiéramos los cuerpos inconscientes entre la vegetación para que no los encontraran. Tras arrastrar el cuerpo, lo miré detenidamente, y le dediqué una mirada cómplice a Sheik.

—Van a estar en éste estado por bastante rato... ¿Estás pensando lo mismo que yo?—coloqué mis manos formando un sencillo sello, y concentré mi flujo de chakra para que se extendiera por mi cuerpo y pudiera realizar aquel jutsu—¡Henge no jutsu!—al instante, tras haber sido envuelto en una nube de humo, mi aspecto había cambiado. Tenía el pelo castaño muy corto, ligeramente en punta. Vestía una camiseta de color azul pálido con un chaleco de tonalidades verdosas, unos pantalones anchos del color de un tronco de árbol y unas sencillas botas. Era idéntico al tipo que acababa de noquear hacía escasos minutos. Agradecí que el hombre llevara una pequeña espada a su espalda, ya que me permitía ocultar mi propia arma, ya enfundada, para que pareciera aquella. Volví a dirigirme hacia la muchacha para indicar que nos marchásemos ya—Es hora de ver qué nos espera tras ese agujero en la roca.

Una vez entramos a la cueva, casi se me escapa una exclamación de sorpresa que habría arruinado del todo nuestro sigilo. El interior de la caverna habría estado totalmente a oscuras si no fuera por que pequeños ríos de magma fundido recorrían el lugar como los canales de chakra que recorrían nuestros cuerpos. A lo lejos, se discernían las figuras de un gran grupo de personas, muchas de ellas encadenadas. De los que no parecían esclavos atados, habían nueve de ellos, pero apenas eran distinguibles.

—¿Estás lista? Habrá que fingir y actuar como aquel par de imbéciles...—dije en voz baja mientras caminaba hacia delante tratando de imitar a quien había suplantado.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Vie Oct 21, 2016 5:23 am

Sheik escuchaba a la perfección las palabras que Yuto tenía reservadas para ellas, mas la forastera no podía evitar mantener su mirada puesta en aquellos bandidos. Sin embargo, no fue realmente difícil hacerla volver a la realidad. Solo el sonido de aquella espada siendo desenvainada la sacó de aquel estado de concentración. Antes de que pudiera decirle nada, ni si quiera capaz fue de pararlo, aquel sable cambió de forma por completo, convirtiéndose en un arma no tan letal pero sí perfecta para su propósito. –Bien, Yuto, yo iré a por el mío. –dijo mientras lanzaba una sonrisa decidida y motivada.
Rápidamente alcanzó la lira que se hallaba anudada a su espalda. ¿Haría un genjutsu? No, no esta vez. Con toda la fuerza que tenía, y tomando una pequeña carrerilla con sus brazos, le asestó al otro bandido un golpe en la nuca con la parte más baja del instrumento, dejándolo completamente inconsciente en el suelo. –Una forma curiosa de usar un arpa, ¿no crees? –se giró a mirarlo mientras el otro le sonreía, devolviéndole la misma sonrisa con un guiño al mismo tiempo por la broma que había realizado. –Vamos a ello. ¡Henge no jutsu! –una pequeña nube de humo empezó a rodearla y su cuerpo se transformó, de un segundo a otro, en la apariencia de aquel al que había dejado KO. A pesar de que aquel aspecto la ocultara realmente bien, se encontraba con un pequeño problema, y era que aquella lira no pasaría fácilmente desapercibida. Mas poco importaba en aquel momento, solo necesitaban conseguir llegar hasta donde se encontraban los demás criminales.

No tardaron mucho en llegar a donde precisaban. El interior de la cueva, demasiado cálida y seca, todo lo contrario a una cueva normal, daba cobijo a riachuelos pequeños, de no más de veinte centímetros de grosor, pero que caldeaba el ambiente como si hubieran cien estufas encendidas al mismo tiempo.
-Totalmente preparada.- dijo en voz baja como respuesta al comentario del pelinegro, sin embargo tenía que buscar un plan para el momento en el que llegaran allí. Paró sus pasos durante un instante, y se dirigió de nuevo en el mismo tono para que nadie se diera cuenta de su presencia. –Cuando lleguemos seguramente se extrañen de qué hacemos ahí. Pase lo que pase, si nos descubren, tápate los oídos y sigue adelante sin mí. –y antes de que pudiera decir nada o prohibirle hacer aquello en lo que pensaba, la forastera se adelantó a sus palabras poniéndole, al mismo tiempo, una mano en el hombro –Tranquilo, estaré bien. Sacaré sanos y salvos a los esclavos e iré contigo en cuanto pueda. –por último, antes de reanudar su marcha, le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora. ¿Estaba segura de qué hacer? Para nada. ¿Tenía miedo? Por supuesto. Habría sido una imbécil de no tenerlo, pues no es sino el miedo el que salva las vidas de las personas, esa emoción aparentemente tan oscura pero tan necesaria para la propia supervivencia. Controlarlo era necesario, pero tratar de evitarlo era totalmente ineficaz.

Continuaron por aquel camino pocas decenas de metros más, hasta encontrarse con un grupo de nueve bandidos iguales a los que habían noqueado. Todos con pintas iguales o peores. Muchos marcados con cicatrices, uno incluso tapaba el vacío de una de sus cuencas con un parche bastante maltrecho. Algunos más serios no quitaban la vista de encima a los prisioneros, pero los otros seis o siete se encontraban, bien en pie apoyados contra la pared, o bien sentados en algunos barriles, riendo y contando anécdotas entre ellos de aquellos últimos días que habían pasado en el interior del volcán.

-Eh, vosotros, dejad de hablar. –decía uno de los vigilantes mientras daba un golpe a los férreos palos de la celda a modo de amenaza, para posteriormente empezar una leve sonrisa en señal de superioridad.
Sheik, por su parte, trataba de ocultar cualquier signo que pudiera transmitir el asco y la impotencia que le creaba aquella situación. –Cálmate, respira…aguanta un poco más –se repetía a si misma interiormente mientras caminaba con un andar bastante masculino. Con las piernas abiertas y haciendo rebotar su cuerpo ligeramente contra el suelo a cada paso.
-¡Ey! ¿Los habéis encontrado? –les empezó a preguntar uno de aquellos que se apoyaba contra la pared con los brazos entrelazados.
No tenía ni idea de qué responder. ¿Encontrar a quién? ¿Esclavos? ¿El jefe? Empezó a ponerse un poco nerviosa, aun no mostrando ninguna señal de ello, pero manteniéndose a la espera de que su compañero pudiera responder por ella e intentar salir de aquello de la manera más rápida posible.


Datos:
Stats:
Ninjutsu: 7
Taijutsu: 7
Genjutsu: 10
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10
npcs:

#98cf55 Bandido 1
#a153cf Bandido 2
Sheik
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Vie Oct 21, 2016 6:38 pm

La estrategia parecía dar resultado. Tras la breve risa silenciosa que solté al oír el comentario de Sheik sobre la lira, nos adentramos, con paso decidido, en aquel lugar. El calor era ciertamente sofocante, incluso aunque a pesar de la costumbre de usar aquellas ígneas técnicas que sabía dominar, era grande el esfuerzo que debía hacer para concentrarme en la transformación y no en el sudor que recorría mi frente. La forma en la que Sheik decía que si las cosas se ponían difíciles porque nos descubrieran, que me tapara los oídos y continuase hacia delante, me creó una ligera inquietud, pero decidí no darle más vueltas de las necesarias en mi cabeza y continuar adelante, limitándome a asentir frente a lo que decía. Me quedé intranquilo, pensando en si realmente estaría bien dejarla sola si las cosas se complicaban, pero decidí creerla. En caso de que intuyera que estaba en apuros, si algo como aquello pasaba, volvería sin dudar a donde estuviera. Entramos allí como un equipo, y saldríamos de allí como tal.

Finalmente, avanzando lentamente por aquel lugar, acabamos topándonos con la escena que, en cierta manera, esperábamos. Nueve bandidos se encontraban frente a nosotros, junto con un gran grupo de prisioneros. Algunos vestidos llevaban atuendo bastante maltrechos, dándoles un singular aspecto de peligro, otros de aspecto más comprometido con su “causa”, fuera cual fuese, vigilaban con atención a los prisioneros. Busqué entre todos aquellos presos a la niña que aquel tipo me había pedido traerle, pero un sonido me sacó de mi concentración en la búsqueda visual de la pequeña. Uno de aquellos tipos mandó a callar a los demás y me quedé mirándolo. De pronto, otro de aquellos hombres se dirigió hacia la Sheik transformada, y pude darme cuenta de la tensión que tenía sobre ella, no iba a saber qué contestar, así que me dispuse a contestar yo, lo primero que me vino a la cabeza en aquel momento.

—No lo hemos podido encontrar, ésta maldita isla es un infierno. Ojalá terminemos pronto con esto...—dije tratando de imitar el irritante tono con el que hablaba aquel tipo. Me sentía horriblemente mal encarnando a semejante desgraciado, pero debía mantener el temple y una mente fría por el bien de aquella misión.

—Vaya...—no parecía muy conforme con la respuesta, pero mantuvo el ceño fruncido y gesticuló con la cabeza, señalando hacia los prisioneros—Más vale que os pongáis a hacer algo... La gente por aquí no está muy contenta...

Mirando a los bandidos, todos mostraban expresiones sospechosas... Como si pudieran vernos tal cual éramos, pero por suerte no podían o ya nos habrían atacado. Pero realmente, no creía que el engaño durase demasiado, y tampoco sentía que la paciencia de Sheik, ni la mía propia, pudiesen aguantar demasiado si aquellos tipos se volvían... Bueno, como ellos mismos eran, unos imbéciles de manual. Avancé a un ritmo lento, pero no lo suficiente como para provocarlos, mientras trataba de susurrarle en voz muy baja a Sheik, para que no me escuchase cualquier otro. Estábamos de lleno metidos en la boca del lobo.

—Creo que sospechan algo... Al mínimo indicio de peligro... Hay que actuar—además de en voz baja, hablaba muy rápido, esperaba que no se diesen cuenta— ¿Ves a la niña en alguna parte?
El bandido que había dado anteriormente el golpe contra el barrote, alzó una ceja al ver cómo nos acercábamos. Parecía como si no debiéramos estar allí, pero tenía una excusa danzando en mi mente para tratar de disimular lo que hacíamos nosotros dos allí, al lado de los prisioneros. Esperaba que diera resultado.

—¿Ha habido algún problema mientras no estábamos?—recoger información era esencial, y aquel tipo parecía estar al mando en aquel momento—Entre tú y yo... Sabes que a esos tipos de ahí no se les puede preguntar nada, no tienen seriedad ninguna.

Pensaba que mi actuación era bastante buena, pero no conocía bien a quien estaba suplantando, así que era probable que estuviera metiendo la pata hasta el fondo, pero en aquel momento solo podía pensar en que, si no funcionaba bien, podíamos salir de allí a golpes. Aquella pobre gente no estaría presa ni un día más, o moriría intentando que así fuera.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Jue Oct 27, 2016 6:59 am

Evitando contacto visual alguno, y salvaguardando su apariencia entre tanto nervio que la aturullaba, la forastera permanecía inmóvil mientras Yuto contestaba a aquel bandido. La suerte le había sonreído, y había encontrado en Yuto alguien capaz de improvisar con facilidad y con capacidad para salir de situaciones como aquella. Una mentalidad ágil y sana era lo que, por aquel entonces, le hacía falta a la rubia.
–No parece que esté por aquí. –le respondió con el mismo tono de voz mientras buscaba con su mirada por todos los rincones de aquella pequeña celda.
Aquel hombre parecía estar acercándose demasiado. Sospechaba. Sus ojos auguraban solo desgracias para ellos, y, como si de alguna manera tuviera un olfato para las mentiras, les observaba cada vez de más de cerca como si con eso pudiera analizarles por completo.
–Grr –gruñía de rabia –Pero si solo os habéis ido tres minutos. –su cara se convertía en una de completo enfado y desconfianza. Cada vez parecía darse más cuenta de su tapadera, aunque aún necesitaba confirmarlo para poder agarrarlos del pescuezo y no soltarlos vivos. De repente, su cabeza se volvió hacia los presos y su boca formó una mueca, quedando una sonrisa maquiavélica dibujada en su rostro. –Je, bueno, no pasa nada. Es la hora, ayudadme. –abrió la puerta cochambrosa de la celda y agarró con fuerza a uno de ellos. Un hombre anciano, con barba de  semanas y una calvicie prominente en su cabeza, con heridas por todo el cuerpo y la ropa rasgada por la parte de la espalda, dejando entrever marcas de latigazos en ella. La forastera sabía que debía guardas las apariencias, debía hacer creer que sabía de qué trataba aquello que iba a ocurrir, sin embargo se temía lo peor. Y no iba para nada mal encaminada. –Este imbécil es el que ayer intentó escapar. Obviamente no lo consiguió. No en mi guardia. –sonrió en señal de superioridad mientras desataba de su cinto la katana, empero envainada, y comenzó a arremeter contra él de forma repetida.

La rabia se apoderaba de la rubia. Impotencia, odio, agresividad, impulsividad. No podía controlarse, ya no más. La sala en la que se encontraban conectaba la salida por el túnel por el que habían venido y luego continuaba con otro túnel hasta llegar a una sala muchísimo más grande que esta, de alrededor de cuarenta metros cuadrados. Sin pensarlo por un momento, se movió ágilmente hasta ponerse entre esa entrada al nuevo túnel y los bandidos que se encontraban frente a ellos. Una masa de humo se formó a su alrededor, dejando tras de sí la imagen de sí misma.

–Que coj… ¡¿Quién eres?! –gritaba el mismo que había permanecido hasta el momento apoyado en la pared tranquilamente, pero que ahora se incorporaba y hacía gestos violentos en los puños.
–Hikaru, ya sabes, vete. –dijo con un tono firme y serio a Yuto. Sí, se había inventado un nombre para él. No se arriesgaría a que los otros conocieran dato suyo alguno. A pesar de su apariencia oscura, aquel chico guardaba mucha más luz de lo que daba a parecer, su inocencia y pureza le acompañaba, era tan suya como el aire que respiraba. Una luz capaz de alumbrar cualquier oscuridad.
–Sabía que no erais de los nuestros, je… -gruñía de nuevo aquel tipo mientras dejaba de golpear el anciano y se giraba cara a la forastera. La cosa no pintaba bien para ella, pero debía apañárselas como pudiera para poder salvar a los esclavos que tenían retenidos. –Será genial tener una joyita como tú, podrías servirnos muy, pero que muy bien. –se volvió por completo, enderezándose y erigiéndose por completo. Dejaba ver su cuerpo bien musculado y fuerte, y al mismo tiempo con su diestra desenvainaba cuanto apenas la hoja de su katana.
-¡Venga! ¡Vete! –a Yuto no le esperaría una situación más fácil que aquella, y separarse quizá no era lo que más les convenía, pero no quedaba otra si querían vencer aquella batalla. Divide y vencerás. O eso dicen. A su espalda, si el otro decidía correr tras ella, Sheik empezaría a formar una serie de sellos con sus manos, preparándose para el combate e intentar acabar con ellos de la forma más rápida y menos mortal posible para poder unirse a su compañero de negruzcos cabellos.
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Dom Nov 06, 2016 8:21 pm

Seguía sin gustarme la idea.

Estaba claro que el plan no había funcionado del todo, aunque tampoco es que fuera el mejor plan de todos. Aún así, había esperado que no nos descubrieran tan rápido, pero teníamos demasiadas lagunas. Y en el momento en que las cosas se pusieron feas, no íbamos a poder sostener la situación. Y fue exactamente lo que pasó. Las sospechas de aquellos tipos se podían ver perfectamente en sus expresiones, sus palabras, su forma de moverse y actuar... Sabían que algo extraño sucedía, pero parecía que no tenían toda certeza. Así que, no tardaron en intentar hacer que nos descubriéramos nosotros mismos. El tipo, al que ya le había empezado a tomar manía, sacó a un simple y, aparentemente, débil anciano de la jaula y lo colocó junto a él. Las marcas de torturas anteriores se plasmaban en su cuerpo y mi sangre bullía de rabia ante aquella visión. Pero no más que cuando comenzó a golpearlo con la espada envainada.

Cada golpe resonaba de forma seca entre las paredes de la cueva, causando un desagradable eco que me revolvía el estómago, pero me obligué a mi mismo a mirar, puesto que desviar la mirada haría que supieran que no era uno de ellos. Pero podía notar como Sheik, a mi lado, se enfurecía muy rápidamente. Extendí la mano para detenerla, pero ya era tarde. Deshizo el jutsu y salió corriendo, interponiéndose entre la entrada al nuevo túnel y los bandidos. Yo, por mi parte, me quedé congelado en el acto, observando la situación, con un miedo y una rabia crecientes en mi fuero interno. Apreté con fuerza los dientes, mientras ella me decía, utilizando un nombre falso, que me ciñera a su plan y me fuese. Cerré los ojos con rabia, y accedí, comenzando a correr mientras dejaba atrás mi disfraz y tomaba mi apariencia original. Al pasar por su lado corriendo a su lado, le susurré.

—No mueras—fue todo lo que logré decir, pero era mi más fuerte deseo en aquel momento. No podía perder a mi compañera. Acabaría con todo aquel que hiciera falta con tal de impedirlo... O de vengarla. Aparté rápidamente esos pensamientos de mi cabeza, lo menos que necesitaba en aquel momento era pensar en algo tan oscuro como aquello. Debía centrarme en lo que había al otro lado de aquella entrada.

Al llegar, pude ver la cueva más enorme que mis oscuros ojos habían visto nunca. Era una galería de techos inmensos, con un par de pequeños ríos de lava que la recorrían a los lados, mientras que el suelo estaba plagado de estalagmitas que habían sido seccionadas para dar asiento a los bandidos que se encontraban sobre ellas. No tuve tiempo de fijarme en ellos del todo, pues mi atención se centró totalmente en uno en concreto. Un chico que aparentaba ser menor que él, de cabello azabache, y con el símbolo de mi clan luciendo en la manga de su ropa, con aparente orgullo. Algo me decía que aquel no era un simple bandido, más allá de que perteneciera a mi clan. Por intuición, desenvainé mi arma, colocándome en guardia frente a todos ellos. Les dediqué una sonrisa desafiante, aunque en mi interior, estaba realmente tenso y nervioso.

—¿Vais a venir a por mi o tengo que empezar yo el camino a vuestra derrota?—aquella frase tenía toda la intención de ser una provocación, y todos ellos picaron totalmente, a excepción del Uchiha, que parecía simplemente encontrar aburrida mi presencia.

Recibí la carga de los dos más rápidos casi al mismo tiempo. Parecían versados en el combate cuerpo a cuerpo, pero yo había entrenado durante mucho tiempo como para que pudieran derrotarme con facilidad a pesar de venir dos a la vez. Con la hoja de la espada detuve la puñalada de uno de ellos, que me había atacado con un cuchillo de forma peculiar, mientras que de una patada aparté al otro, que se lanzaba hacia mi con su cuerpo como única arma. Aparté al primero de un empujón, mientras el segundo trataba de golpearme en la espalda con un puño. Me agaché, lanzando un tajo a su pierna para hacerlo caer, y me dí la vuelta con intención de atacar al otro con mi arma, pero un tercer bandido apareció y me clavó un puñal en el brazo. Gruñí de rabia y dolor, lanzando un tajo al aire frente a mi, para que los enemigos retrocedieran. Puse distancia entre ellos y yo, de un salto, y me arranqué el puñal del brazo. Dolía, pero la herida era menos grave de lo que aparentaba. Esperaba que Sheik estuviese bien, porque la batalla que me esperaba daba la impresión de que iba a ponerse fea.

Stats y equipamiento:

Ninjutsu: 7
Taijutsu: 10
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10

10 Shuriken
10 Kunai
Ken no Henko

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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Sheik el Lun Feb 13, 2017 6:14 pm

En un abrir y cerrar de ojos, los sellos estaban listos y el líquido cargado. Posando sus dos manos en la boca, de esta salió directo hacia el suelo una marea pegajosa con la que podría atrapar, sino a todos, a casi todos los bandidos que se encontraban despistados. Muchos intentaban deshacerse de aquella trampa, y realmente no era imposible, mas no lo conseguirían fácilmente, otorgando, como consecuencia, tiempo a la forastera para poder huir y ayudar a Yuto, o de rematarlos. Mas no sería tan sencillo.
Cometió un error garrafal, y este fue darle la espalda al enemigo, pues aprovechando aquel descuido el cabecilla de aquel grupo había conseguido deshacerse de aquel ninjutsu con relativa facilidad y hasta alcanzarla con su katana en mano.
Atravesó su espalda desde la nuca hasta la rabadilla, no fue un corte demasiado profundo, pero bastante dañino. Cayó al suelo de boca, empapada en un sudor frío e hiperventilando a causa del dolor, los nervios y el miedo. -¿No querías jugar? Bien, juguemos. –seguía sonriendo, dando por ganado aquel combate de forma tan premeditada. Sin embargo, el instinto de supervivencia y la fuerza de voluntad de la ronnin eran insaciables. No era su hora. En respuesta a los espadazos mal dados de su contrincante, la rubia no hacía más que esquivar prácticamente  a ciegas, hasta que consiguió girarse sobre sí misma. Sus ojos expresaban furia, y guardaban para sí mismos el miedo que sentía por sentir la muerte tan próxima. El corazón le latía de forma tan intensa que sus movimientos eran incluso difíciles de controlar, mas la rabia que sentía, acumulada por tantas y tantas malas experiencias en el pasado, la guiaba para contraatacar.

Sus ojos se oscurecieron. El tono azabache los cubría por completa, y ella no tenía la menor idea. Boca arriba en el suelo, aun tumbada esquivando los distintos golpes de su asaltante mientras los demás trataban de librarse de aquel jutsu Suiton, le miró directamente a los ojos.
-¡Este será el golpe final! –dijo, justo antes de dar su última estocada directa al torso de la rubia. Mas no lo conseguiría. Antes de que se diera cuenta, en su cabeza ya se había instalado la imagen de su peor pesadilla posible. Sus gritos alertaron a sus compañeros, quienes pararon repentinamente al ver que su líder había caído de aquella forma tan “simple” ante una niñata, como ellos la consideraban. No entendían qué ocurría, pero empezaron a temer por sus vidas, pues sabían que si él había caído, cualquiera podría.

Se levantó del suelo, sin mucha prisa realmente. No por pavonearse, sino porque el dolor no le permitía darse mucha más prisa. La sangre recorría toda su espalda, incluso algunas gotas marcaban el camino por donde pasaba. -¡Es un demonio! –Gritaba alguno -¡¿Qué le has hecho?! –gritaba otro, pero la forastera no soltaba palabra alguna por su boca. Aquellos capaces de llevar a cabo algo como la esclavitud en aquellos pobres habitantes no merecían que malgastara su aliento para responder. Sus ojos habían vuelto a la normalidad, mas aquellos rubíes parecían estar prendidos con llamas escarlata por la ira que corría por sus venas.
Sacó la lira de su espalda, dispuesta a hacerla sonar como de costumbre para poder acabar con aquellos que estorbaban en su camino, pero no podía evitar pensar “¿será siempre así? ¿Cuándo podré tocarla para algo bueno? ¿Acaso no hay bondad alguna en esta mierda de mundo en el que nos ha tocado vivir?” Era imposible no recordar aquella triste escena que vivió con Sorey, de las primeras al conocerle, cuando tocó aquella triste canción en memoria del joven científico que murió ante sus ojos. La entristecían aquellas memorias, pero no podía dejar de soltar una pequeña sonrisa cuando le venían a la mente, deseosa de que aquellos tiempos volvieran.


♦ ♦ ♦ ♦ ♦


Aquellas gotas carmesí caían de forma que el suelo se teñía de rojo a su paso, aunque por suerte no parecía dolerle tanto como para parar aquel combate de forma desastrosa. Sin embargo, aquellos espadazos mal dados al aire solo alejarían a sus atacantes un par de metros, y no por mucho tiempo. Si quería pararles los pies debería hacer algo más, ¿pero el qué? Ellos no tardaron en responder, cada uno por un lado, formando un triángulo y usando a Yuto como centro del mismo.
A la otra punta de la sala, sentado en una de las piedras de la cueva, se encontraba aquel adolescente, aquella suerte de líder. Alguien infantiloide, a la par que inteligente. Llegado a ser considerado genio entre aquellos bandidos, el chaval no podía evitar sonreír ante la situación que el Uchiha espadachín estaba viviendo. Tomando la vida humana como un juego, tanto ahora como los meses y años que han pasado en el oficio de esclavistas, casi parecía que fuera a empezar a aplaudir en cualquier momento como si del César en un coliseo se tratara. Mas Yuto no debía dejarse llevar por aquella faceta, pues lo que ocultaba tras ella no era otra cosa que una retahíla de imágenes grabadas en su cabeza sobre su estilo de combate, para poder ser usadas de ser necesario en un futuro próximo.

Una vez venciera aquellos criminales de poca monta, aquel chico se pondría en pie riendo de forma tan intensa que podría escucharse el eco por toda la sala. –¡Muy bien, muy bien! –decía mientras continuaba aplaudiéndole por el espectáculo que le acababa de ofrecer –Es una lástima que no vayas a estar a la altura para el plato principal… pero serás entretenido, de eso no cabe dura. –su mueca se volvió chulesca, de alguien orgulloso de su fuerza en combate, prácticamente adquirida de hecho, pero rápidamente aprendida.
Sus ojos se mantuvieron inactivos, apagados por decirlo de alguna manera, mas sus manos empezaban a moverse. A siete metros de distancia entre uno y el otro, Yamato realizó una serie de sellos, los  necesarios para ejecutar un simple jutsu Doton. El suelo se reblandecía a los pies del espadachín al cabo de acabar aquella técnica, formándose lodo para tratar de desequilibrarlo. ¿Buscaba acaso acabar pronto con el combate? Para nada, pero si algo le divertía al benjamín Uchiha era ver a sus enemigos desde arriba y con la mierda hasta el cuello.
Ni siquiera corrió hacia él, simplemente se dirigía caminando, con toda tranquilidad, como si de un ser todopoderoso se tratara. ¡De hecho es así como se veía!


Datos:
Stats:
Ninjutsu: 7
Taijutsu: 7
Genjutsu: 10
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10
npcs:

De la parte de Sheik:
#6881cc Bandido principal
#68cc83 Bandido relleno 1
#ccc468 Bandido relleno 2

De la parte de Yuto:
#68ccc7 Yamato

Sheik
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Re: Ashes of war - C

Mensaje por Yuto Uchiha el Mar Abr 25, 2017 5:53 pm

Mi experiencia en combate era mi salvación. A pesar de que no eran luchadores expertos, o no daban para nada esa sensación, la superioridad de número que tenían con respecto a mi estaba jugando en mi contra. A pesar de ello, tenía claro que con un poco más de presión, los contrincantes que quedaban dejarían de poder combatir. La herida del brazo sangraba, pero no era algo que me molestara demasiado, así que rápidamente arranqué un trozo de tela de la manga e hice un rápido y desastroso vendaje. Mejor parar el sangrado de forma torpe que acabar muerto por descuido. Mientras hacía eso, aquellos desalmados esclavistas se pusieron a mi alrededor, formando un triángulo. Sonreí ligeramente. Era una jugada inteligente, pero estando colocados así, podría saber de donde venían. Los observé detenidamente, girando sobre mi mismo, tratando de inferir cual de los tres sería más rápido, pues tendría que ser el primero del que debía encargarme en la batalla por ser el primero que llegaría hasta mi.

—Os estoy esperando—mi tono de voz era burlesco, lo cual quizás no debería haber hecho.

No tardaron en salir corriendo hacia mi ante mi provocación, el primero llegó por mi espalda, y casi no pude frenarlo a tiempo. Bloqueé el puño que venía directo hacia mi cara, poniendo mi brazo horizontalmente delante de mi rostro para frenar su avance, pero enseguida llegó el segundo, que me cogió los brazos desde la espalda para inmovilizarme. Aún tenía mi espada en la mano, pero si seguía haciendo fuerza, acabaría por perderla. No esperé demasiado y alcé mis piernas del suelo, dejando que el enemigo aguantara todo mi peso por tenerme cogido, y pateé con ambas piernas al primer contrincante, cayendo éste al suelo de espaldas. Para poder atacara al que me tenía agarrado, le pisé el pie con toda la fuerza que fui capaz de reunir, aprovechando el momento en que aflojó los brazos por el dolor para mover el brazo y poner la espada en camino para clavarse en su costado. Con un desgarrador grito de dolor, el tipo me soltó y se apretó con fuerza la mano contra la herida. Sonreí por inercia al ver lo bien que había salido aquello, pero se borró enseguida al darme cuenta de que no me podía permitir distraerme, pues el hombre al que pateé se acababa de levantar. Los disgustos no acababan ahí, porque el tercero en discordia ya estaba a mi lado, habiendo recuperado del suelo el arma ensangrentada y blandiéndola de nuevo contra mi. No pensaba caer en lo mismo dos veces, y desvié de la mejor forma que pude aquel cuchillo, haciéndome aquello ganar unos preciosos segundos, que aproveché para tirar de nuevo al suelo al otro enemigo, de una certera patada en el pecho. Antes de darle tiempo a siquiera respirar, agarré con fuerza mi arma y, de un movimiento hacia abajo, le atravesé el hombro con ella, dejando la hoja clavada en el suelo. Cuando el último que quedaba que pudiera luchar, vino a por mi de nuevo, utilicé como apoyo de manos la empuñadura de mi espada y di una patada hacia atrás, elevándome unos centímetros del suelo en el proceso. El tipo retrocedió, mas no se rindió. Saqué mi arma del lugar donde estaba encajada con un poco de esfuerzo y miré desafiante a mi adversario. Éste gruñó y se lanzó en carrera hacia mi, con el puñal en ristre. De mi bolsa, de la forma más rápida que pude, saqué un único kunai que lancé rápidamente hacia su pierna. La arma arrojadiza fue a clavarse en la rodilla de aquel hombre, haciendo que éste cayese al suelo de bruces. Los tres enemigos habían caído y ahora tocaba enfrentarse... A aquel que había empezado a aplaudir.

—Es la primera vez que oigo a alguien aplaudir y alabar a quien ha acabado con sus hombres...—me encogí de hombros—Supongo que el plato principal merecerá la pena.

La expresión de extrema confianza y chulería que me había dedicado aquel chico me hizo arquear una ceja, de puro escepticismo. No parecía la gran cosa, pero algo palpitaba en mi interior, tratando de decirme que aquel no era un enemigo común, y que su verdadera fuerza estaba muy por encima de aquellos a los que había tumbado. Antes de que me diese tiempo a reaccionar, el chico movió sus manos a toda velocidad, formulando sellos rápidamente, y lo que pasó a continuación me dejó descolocado. Bajo mis pies, comenzó a formarse un charco de lodo que no había previsto, por lo que no me dio tiempo a saltar para no caer dentro, por lo que, tras un torpe intento de saltar, un pie se quedó hundido en aquel pequeño foso, mientras que el otro se mantenía en tierra firme. Estaba atrapado. Con un gruñido de rabia pura, tiré de mi pie lo más fuerte que pude, viendo como la sustancia pegajosa se estiraba sin separarse. Traté de cortarlo con la katana, pero no había forma de librarse por medios normales. Con un bufido de irritación, imbuí el filo de mi espada con mi chakra Katon y realicé un tajo. El calor ayudó a separar el barro y pude liberar mi pie. Gracias al cielo, aquello no gastaba demasiado chakra. Antes de que le diera tiempo a acercarse más, recogí de la rodilla de aquel enemigo el kunai, provocando que su herida comenzase a sangrar bastante, y lo lancé hacia el chico. Era un lanzamiento muy burdo y ni siquiera estaba apuntando, pero quizás fuera una distracción suficiente como para recuperar la postura y el temple para enfrentar la batalla que acababa de comenzar.

Stats y equipamiento:

Ninjutsu: 7
Taijutsu: 10
Genjutsu: 7
Velocidad: 10
Resistencia: 10
Fuerza: 10

10 Shuriken
9 Kunai
Ken no Henko

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Re: Ashes of war - C

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