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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

Créditos

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Encuentro con la naturaleza.

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Encuentro con la naturaleza.

Mensaje por Kyoki el Miér Jun 15, 2016 2:44 am

El lago de la verdad. Una vez más Kyoki andaba por aquellos lares en horas finales de la tarde. Se dirigía a la Capital del País de la Tierra en busca de provisiones, y, por supuesto, cuando se refería a buscar, no era precisamente comprarlas; no contaba con los recursos económicos necesarios.
Una lista de lo que necesito —se dijo así mismo—: Una mochila, comida, golosinas y algo de ropa. —Miró penosamente su desgatada vestimenta—. Es una vida asquerosa la que llevo.

Dejó escapar un largo suspiro. No era nada sencillo ya la vida de un shinobi y para colmo debía llevar la de un ladrón para poder sobrevivir. Esto le había traído varios problemas en distintos sitios, y estaba seguro que su alter ego tuvo que haber hecho desastres en su estancia en aquella región. Aún no había recuperado la memoria de lo ocurrido tras haberse encargado del asunto de las bandas por cierto, pero si tenía breves destellos que le hacían caer de bruces al suelo mientras que era azotado por intensos dolores de cabeza.

Se acercó al lago, pues estaba sediento además de hambriento. El agua al tacto era bastante fría, lo que era refrescante dado al clima caluroso que hacía en aquel condenado lugar. También sabía que debía moverse y salir lo más rápido de allí, pues los sectores salvajes de aquella nación no eran conocidos por ser de lo más seguros; sin embargo, prefirió tomarse su tiempo y además humedecer su rostro y al mismo tiempo su espesa cabellera azabache.
De igual forma —dijo hacia sus adentros—. ¿Qué más podría ocurrir?

Una caravana pasaba por el lugar. Kyoki escuchó las ruedas de las carretillas y los pasos de las bestias que las halaban, se dio la vuelta para observar lo que acontecía. El sol estaba ya a punto de desaparecer en el horizonte para darle paso a la noche, y la brisa nocturna se había tornado un poco más fresca. El Nara pensó que ahora tendría que vérselas con otro grupo de maleantes o alguna patrulla que lo estuviese buscando como consecuencia de sus fechorías. Es por eso que no solía quedarse mucho tiempo en una región, para evitar aquel tipo de conflictos hasta que se olvidasen de su cara y poder regresar de ser necesario.

Dos sujetos, que sostenían antorchas en sus manos, se acercaban hasta donde él estaba. Eran sujetos fornidos, y por como venían ataviados y armados, posiblemente se trataba de cazadores. “Dioses, díganme que Yami no se metió con estos sujetos”. Pensó, ya preparado para defender su vida de ser necesario. Sin embargo, no se sentía con la mayor de las fuerzas para el enfrentamiento, moría de hambre a pesar de haber tragado litros y litros de agua.
Oye, chico —dijo el de la derecha—. Te encuentras bien. —Kyoki estaba bastante aturdido. Era la primera vez que alguien le hablaba para no matarle o encerrarle—. ¿Entiendes lo que te digo?. —El Nara asintió levemente—. ¡Que bueno! —Exclamó el otro—. ¿Te atacó Hokutoshichisei?
¿Hokutoshichisei? —Preguntó Kyoki, más confundido que nunca ahora.
Pensé que por tu estado, el cómo te ves…—el Nara se miró así mismo.
Ah, esto —replicó el adolescente, dudando en lo que tenía que decir. ¿Podría confiar en aquellos hombres?— Problemas con las bandas de los lares. Logré escaparme por los pelos.
¡Esos malnacidos! —bramó el hombre de la izquierda—. Sin embargo, en comparación a Hokutoshichisei, esos maleantes son un juego. Ven con nosotros y come algo. Quizás también tengamos algo con que vestirte.

Escéptico, Kyoki acompañó a los cazadores hasta el campamento, que con una rapidez sorprendente fue levantado. En el centro del mismo había una gran fogata, y sobre ésta asaban un buena cantidad de carne. También habían frutas y verduras, al menos no pasaría hambre aquella noche; y los anfitriones se quedaron locos al ver como alguien de la talla del pelinegro devoraba toda comida que le colocaban al frente con gran avidez.

Mientras comía, Yamori, uno de los hombres que le invitó a acompañarles, le contó quien era Hokutoshicisei; y se trataba de un oso negro, de dimensiones monstruosas, que habitaba en aquellas tierras. — Se supone que no se aleja mucho del Cordón de Montañas del Norte, pues por ese sector se supone está su cueva, bien escondida. Quien sabe lo que hizo que ese monstruo se aventurara más allá en sus territorios. Aunque el combate entre las bandas podría ser una gran razón, lo estarán dejando sin comida. El hecho es que ha atacado pequeñas aldeas de la nación, acabando con todo y todos. Dos de los Señores Feudales de esta nación, aparentemente aliados y que se interesan por el bienestar de sus tierras, nos pidieron deshacernos este demonio.
Parece un trabajo bastante cansado —dijo Kyoki, quien no pudo evitar bostezar—. ¿Qué ganan con aceptar algo semejante?
¿Además de una jugosa recompensan, una excelente piel y carne de oso que nos duraría por meses? —contestó Yamori…
Tchs, no por qué ser sacástico —interrumpió Kyoki, malhumorado. Su interlocutor río explosivamente.
Solo te fastidio un poco, muchacho —contestó Yamori—. En fin, también entra la venganza en esto. Ese maldito animal acabó con uno de nuestro campamento y mucho de los nuestros.
Entiendo —replicó Kyoki—. Pero cuidado con la obsesión. ¿O acaso no has leído el relato del marinero que murió por su obsesión de perseguir a una enorme ballena blanca por venzanga?
Por supuesto que si —dijo Yamori—. Pero a diferencia de él, nosotros no estamos locos.

Le invitaron a dormitar en una de las tiendas, pero Kyoki rechazó el ofrecimiento y en cambio le dieron un saco de dormir. Se acomodó como pudo en éste de espaldas al césped, la cabeza apoyada sobre las manos que se cruzaban por detrás de ella. “Solo espero esa cosa no se le ocurra aparecer esta noche. Ya he tenido bastantes infortunios en esta nación. Definitivamente mañana mismo me largo de acá”. Y con estos pensamientos rondando su cabeza se durmió; y tuvo sueños extraños y tenebrosos en los cuales escuchaba los rugidos de un gran oso…

¿Un sueño? El crujir de árboles derribados fue lo que hizo que Kyoki se sobresaltara y literalmente pegase un brinco. El rugido aún se podía escuchar en la zona, y maldijo cuando vio la posibilidad de que Hokutoshichisei estuviese asechando en los alrededores. En silencio, para no alarmar al campamento, fue hasta la tienda de Yamori para advertirle; pero éste tenía los ojos bien abiertos y su respiración era bastante agitada.
Tu también lo escuchaste, ¿cierto?. —Kyoki asintió—. Ese demonio al parecer la agarró con nosotros. Avísale al campamento, tenemos que prepararnos.

Pero aquello fue imposible. Un último y estridente rugido se escuchó en el valle antes del que oso apareciera de entre la maleza, dirigiéndose a velocidad vertiginosa al campamento. Los residentes del mismo, que no superaban a los treinta individuos —incluyendo mujeres y niños, por supuesto no todos cazadores, lo que dejaba un número de reducidos de hombres y mujeres capaces de hacerle frente a la bestia— aún no estaban preparados para el combate.
Maldita sea. —Kyoki se movió a la velocidad que solo un shinobi podía lograr. Ciertamente habían muchos más rápido que él, pero su rapidez fue lo suficiente para interponerse entre el campamento y el oso—. ¿Por qué simplemente no me alejé de esta gente? Ahora me veo en la obligación de ayudarles. Que fastidio.

Como verán, Kyoki era un muchacho realmente noble. Fácilmente pudo haber huido de allí y dejar a esas personas a su suerte, pero dado que no era un mal muchacho decidió echarles una mano.
No pasarás de aquí, bestia. —Veloces sellos fueron formulados por el adolescente, las personas estaban asombradas y consternadas por las acciones del muchacho—. ¿Y ustedes que esperan? A las armas.

El oso estaba ya a ocho metros del campamento cuando una pared de fuego, de tres metros de alto, creada por Kyoki, se interpuso en su camino. Aquel animal era considerablemente más grande que las llamas que se habían alzado en el campo, pero como la mayoría de los animales salvajes le temía al fuego. Hokutoshichisei se frenó bruscamente mientras que rugía furiosamente. El Nara terminó su acción encerrando al animal en un anillo de fuego. Esto no duraría mucho, pero le daría el tiempo suficiente al grupo de cazadores que se preparara.
No me esperaba esto de ti, chico —le dijo Yomo, el otro cazador que fue a recibirlo. Se había ubicado repentinamente diagonal y por delante de él a medio metro, a su lado derecho
No es momento de agradecerme —replicó Kyoki—. Su miedo se transformará en ira y seguramente vendrá con una arremetida mucho peor hacia nosotros. ¿Tienen algún plan?
Montamos una trampa al sur este de aquí, a quince kilómetros de nuestra posición, en el bosque. —Yamori colocó una mano sobre el hombro izquierdo de Kyoki—. ¿Por qué no nos dijiste que eras capaz de hacer esas cosas? No confiamos mucho en los de tu clase. Normalmente traen problemas y son traicioneros
De ser así hubiera dejado que se resolvieran solitos, ¿no creen? —Ambos vieron que las palabras del Nara eran bastantes sensatas, así que no dijeron más nada al respecto—. Bien, tenemos que llevarlo hasta allá.
¿Y cómo se supone que hagamos eso y preparar al mismo tiempo la trampa? —Preguntó Yomo.
Yo lo llevaré hasta allá —replicó el pelinegro—. Maldita sea, solo hagan una señal lo suficientemente notable para saber en dónde se encuentran con exactitud .

El oso había salido del círculo de fuego y se propuso a atacar. Kyoki realizó rápidos sellos con sus manos nuevamente mientras que el grupo de cazadores y su gente montaban los caballos y se dirigían al punto en donde se encontraba la trampa. El Nara se echó a un lado, antes de que el animal le pasara por encima, y rápidamente arrojó desde su boca un total de quince pequeñas bolas de fuego que impactaron con el costado derecho de la bestia. Ésta se quejó y frenó con brusquedad. En sus salvajes ojos se podía notar la furia, y buscaba con frenesí a quien le había perjudicado. No tardó en darse cuenta, ayudado también con su poderoso olfato, de la presencian del muchacho.

Un poderoso zarpazo surcó la tierra en donde Kyoki estaba parado. Fue una suerte que contara con buenos reflejos sino seguramente hubiera sido despedazado con tan solo un golpe. Estando en el aire vio como el gran oso se preparaba para lanzar una dentellada, pero el Nara era más rápido, y tras haber realizado sellos con sus manos, arrojó una gran bola de fuego directamente al rostro del imponente animal. Éste se apoyó en sus patas traseras y agitó en el aire las delanteras debido a la molestia que le causó el ataque del pelinegro, quien cayó en pie como un gato.
¡Ven acá, estúpido baboso! —gritó el Nara—. Conozco osos de peluche más tenebrosos que tú.

El Nara comenzó a correr hacia donde los cazadores le habían indicado. El gran oso se había recuperado del daño de la bola de fuego y no tardó mucho en dar con Kyoki y comenzar la persecución. Era realmente rápido, no le costaría mucho darle alcance al adolescente; y en varias ocasiones él se vio en la necesidad de esquivar los incesantes ataques de Hokutoshichisei y hacer una que otra maniobra para confundirle y hacer que trastabillara. Ciertamente era un animal inmenso, pero lo que le sobraba en estatura le faltaba en astucia.

Kyoki llegó por fin al linde del bosque, comenzaba a cansarse. Le había sacado unos cuantos metros de ventaja al oso, y decidió subir a uno de los árboles más alto para tomar un respiro y fijarse qué dirección debía seguir ahora. A diez metros del suelo observó que había un destello rojizo, posiblemente una señal de fuego; y esperaba con toda esperanza que se tratase de los cazadores, aunque si eran vándalos, bueno, seguro tendrían que entretenerse con Hokutoshichisei y eso le daría tiempo al Nara de encontrar sus benefactores.
Si que cuentas con un buen sentido del olfato, desgraciado —murmuró al ver como el oso lo detectó estando allí arriba—. Bien, solo falta un poco más.

Con un fuerte golpe de su garra Hokutoshichisei rompió el tronco del árbol. Kyoki había saltado rápidamente de éste, y aterrizó en el suelo, rodando sobre sí mismo para amortiguar la caída y aprovechar el impulso para continuar corriendo. El gran oso no se inmuto y corrió tras él. Aquella persecución parecía eterna, y ahora Kyoki debía tener cuidado con los obstáculos que se le ponían al frente y cualquier objeto que le viniera desde arriba catapultado por el mismo paso de la gran bestia por el lugar.

¡Chico, por acá! —Por suerte la luz si era de los cazadores. Kyoki comenzó a correr hacia la dirección que el grupo se encontraba ubicado. Una vez que cruzó un punto, varias flechas comenzó a caer sobre el animal que le perseguía. Éste no parecía inmutarse, estaba furioso con aquel quien perseguía—. ¡Salta, apártate! —Gritó Yamori…

El Nara dio un gran salto hacia un árbol contiguo, justo cuando el oso le había lanzado un golpe con su potente garra izquierda. Sin embargo, en su frenesí de atrapar su presa, había activado la trampa de los cazadores. La misma trataba de un sistema de cuerdas que sostenían grandes troncos afilados, un total de cuatro. Los mismos atacaron ambos costados del animal, matándolo casi al instante. Fue rematado con varios golpes de lanzas y flechazos por parte de los cazadores. Kyoki miraba la escena con cierto desagrado y al mismo tiempo intentando tomar bocanadas de aire. Había sido una noche realmente agotadora, pero al menos sintió que había hecho una buena obra…¿o quizás no?

190 líneas.

Spoiler:
-Elemento Fuego: Fuego Cortante (火遁・火走り, Katon: Hibashiri)
Después haber realizado los sellos necesarios, con esta técnica el usuario crea una corriente de fuego que puede ser manipulada a gusto. Esta corriente de fuego se desplaza por el suelo, y comúnmente es usada para rodear al oponente en un círculo de llamas que alcanzan los dos metros de altitud. Esto con la finalidad de impedir la huida del enemigo y al mismo tiempo anularle la visión. Puede encerrarse a más de un objetivo en este jutsu, siempre y cuando la circunferencia del círculo no sobrepase los siete metros.

-Elemento Fuego: Jutsu Llamas del Fénix (火遁・鳳仙火の術, Katon: Hōsenka no Jutsu) Es un Ninjutsu de fuego que consiste en crear pequeñas bolas de Fuego, después de realizar sellos con las manos, que son lanzadas por la boca del usuario y vuelan en todas direcciones atacando al enemigo. Las llamas están controladas con chakra.

-Elemento Fuego: Jutsu Gran Bola de Fuego (火遁・豪火球の術, Katon: Gōkakyū no Jutsu). Es un Jutsu del Elemento Fuego que consiste, tras haber realizado sellos con las manos, en almacenar Chakra dentro del cuerpo, convirtiéndolo en Fuego, y expulsándolo de la boca en una esfera de llamas masivas, que deja un cráter por donde haya avanzado. Una variante común de ésta técnica es formarla a través de los dedos índice y pulgar, formando una circunferencia con ellos, y dejando salir primero, a través de la boca, una fina corriente de fuego que luego se expandirá adoptando la forma esférica. El alcance y potencia de este jutsu dependerán del chakra que se le emplee.
Kyoki
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