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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Un dulce amanecer ♪ ♫

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Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Rammsteiner el Miér Nov 05, 2014 10:32 pm

Las nubes pintaban con un tono grisáceo el amplio cielo que se posaba en cima nuestro, mi mirada se perdía en este mismo buscando un agujero por donde pudiese pasar la luz del sol. Más sin poder encontrarlo baja la mirada lentamente, observando desde una de las torres más alta del Feudo de Hisao Arata, toda la zona. Habían casas de todo tipo de tamaño y formas. Mis manos sujetaban algo cilíndrico, apretaba mis manos y este no era tan solido. Inhale aire con profundidad para luego exhalar lentamente, el viento desde aquella altura podía apreciarse con facilidad haciendo que mis cabellos blanquecinos danzaran al ritmo de este mismo. Aquel feudo tenía su lado bueno y malo, bueno es que era silencioso en algunas ocasiones y malo que otras veces resultaba muy ruidoso. Y aquello que descansaba en mis manos era algo que haría el día ruidoso. - Huh... Veamos. - Mencione con serenidad mientras bajaba mi mirada hasta aquel pergamino en mis manos, ubique en este mismo la zona principal y al hallarla la abrí. Podía leer la información que me fue encomendada y resultaba interesante, debíamos ubicar algo. Y estrictamente tenía sus reglas. Mire a mi lado y en aquel techo había oro pergamino que se me fue encomendado. El primero decía que hasta no cumplir el objetivo no se debería abrir el segundo pergamino. Resultaba estúpido el no poder verlo horita, pues al final lo vería. Aunque a su vez todo aquello fue perfectamente planeado, ya que si no se cumplía el primer encomendado sería un desperdicio intentar cumplir el segundo.

Pergamino escribió:Misión de rango C: El filo de un nuevo futuro.
Lugar de la misión: País del Agua
Tipo de misión: Misiones varias
Descripción de la misión: Se rumorea que la señora feudal Oyuki Kara, del feudo Hebi no Hassho'chi ha pagado muchísimo dinero a un herrero del país del hierro, quien ha forjado una enorme espada de casi dos metros, pero cuya complejidad de materiales la hace suficientemente liviana como para que pueda ser esgrimida por gente con fortalezas físicas, más sin necesidad de poseer un entrenamiento previo en el manejo de armas.

Tu Daimyo, Hisao Arata ha decidido que eres lo suficientemente fuerte como para robar esa arma y reclamarla bajo el estandarte de vuestro feudo. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles como parecen.

La Daimyo Oyuki Kara ha previsto la posibilidad de un ataque, y por ello ha mandado tres carrozas a buscar dicha arma a un puerto. Las tras carrozas salieron en direcciones distintas y únicamente una de ellas será contenedora de la espada. Como si fuera poco, las fuerzas del feudo de Hikari no Senshi también se han enterado de esto, y tendrán un grupo reducido tendiendo una emboscada a las tres carrozas en el puerto.


Tu misión: Detener esa emboscada y averiguar cual de las carrozas será la contenedora de la espada.

Me levante en aquel mismo techo acomodando mi ropaje y guardando el segundo pergamino en mi bolsillo. Ya que lo necesitaría si o si, eran alrededor de las seis y veinte minutos de la madrugada. Desde allí arriba observaba hasta la calle y notaba los senderos cubiertos con una  densa niebla, comencé a moverme con agilidad entre los tejados de aquel techo y saltando hasta el siguiente techo cercano, cada vez descendía a un techo más bajo sin  producir algún sonido fuerte con mis pisadas. Hacía un leve frío espectral que le erizaría la piel a cualquiera, incluyéndome. Más en ese momento cargaba una especie de camisa negra de mangas largas, desde cualquier punto podría observar que esta misma no era de mi talla ya que cubría mis mangas más de lo debido, quedando alrededor de quince centímetros de la misma flotando. Cargaba una bermudas de color blanco y en mi cintura tenía mi equipo ninja. Faltaban pocos pasos para llegar al punto de encuentro, pues según el pergamino debía encontrarme con mi compañero de misión en las afueras de la aldea camino al puerto. No tarde demasiado en salir de la villa, y la suela de mis zapatos lo certificaban al pisar la blanda tierra. Corría por un sendero de aquel bosque y me detuve justo donde un posted de luz, el único que había en todo el lugar. Eleve mi vista hasta la punta de este mismo y era una especie de casita con cristal por los lados y un techo de mini lajas para que no le entrase agua. La luz de aquella enorme vela alumbraba un pequeño diámetro del mismo posted. Con mi dedo indice rasgaba uno de los blanquecinos dientes de aquella máscara en la espera del ansiado compañero. Estaba ansioso pues era mi primera misión C, así que no quería estropear nada.
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Re: Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Nemuri el Jue Nov 06, 2014 12:09 am


— ¿En serio me están dando esta misión? — inquirió para sí, bamboleando un pergamino de un lado a otro en sus manos. Lo desplegaba, observaba la información impregnada en el papiro, lo daba vueltas, buscaba algún sentido oculto en el papel, se rendía, lo volvía a enrollar y lo guardaba, para husmearlo cada diez exactos minutos de su viaje. Avanzaba caminando por las afueras del feudo, virando la mirada desde la cumbre de los muros hacia el nubloso cielo, de allí al otro extremo contrario al castillo y hacia delante, de vez en cuando. — Es decir, siento que de espadas tengo experiencia suficiente, pero… ¿tanta confianza han dejado en mí al otorgarme esta misión? Siento que como nueva miembro, darme el lujo de poner las manos encima de un “tesoro” como ése es… bah, pecarán de idiotas, pero no pienso traicionar a nadie por el momento…

… no por el momento.


Se encontró con el portal principal, la salida del castillo, y pasó por él sin más tras saludar a los guardias. Se veía algo ausente, ocupada en sus pensamientos. — Será mejor ser precavidos, ¿no? — pensó, guardando para la oscuridad de su traje el pergamino, y en ése preciso instante un sello condenó sus formas, olvidando la melancólica figura del Gigante de Marfil para adaptarse a un aventurero salvaje, aquel al cual en el lejano confín del Remolino llamaban “Fukuro”,  el búho blanco.

Se dedicó, en el camino al bosque, a indagar en las consecuencias de la misión. — Oyuki Kara, la víbora más asquerosa que se arrastra por éste continente, necesita tal espada que llegará al puerto. Dicen, una Sanbatô. Los sacerdotes pedófilos de Hikari no Seishi están atrás del tesoro, y esto parece una lucha entre tres feudos por un pedazo de metal inservible. Veamos, si están en aparente acuerdo de paz entre Hebi-no-Hassho’chi, éstos proveen de armas… ¿por qué querrían asaltarlos, Mugetsu? — invocó la memoria de su amigo, quien era el estratega de preferencia del señor feudal Arata. — Tengo la sensación de que sospechas de ellos y te ha importado muy poco robarles un cargamento. Supongo, es lo que puedo llegar a concluir. — su sombra se arrastraba por el sendero, cada vez más cerca al lugar de encuentro. Quizá a lo lejos podría divisar al joven quien esperaba por ella, pero se encontraba distraída pensando en su objetivo, y no prestó suficiente atención ni se preocupó en afinar la mirada entre la molesta niebla. — Me preocupa una guerra entre estos tres desgraciados. Los infelices sacerdotes están tan dementes que los juzgaría bajo el efecto de hongos, las alimañas rastreras aprovecharán cualquier ocasión para alimentarse de desgracias, y nosotros… bueno, ¿seremos tan idiotas como para lanzarnos en combate? No entiendo cómo se manejan estos feudos… veremos si podemos sacar algo de esta misión, esperemos poder hacerlo. — se dijo a sí misma, aproximándose a donde una figura blanca esperaba junto a un poste, iluminado por la trémula luz de una vela.
Pero no notó su presencia hasta casi toparse con él.
— Buenas. — clamó su tono amable, y bastante extranjero para la zona, acomodando la hierba dentro de su pipa con serena precisión. — ¿Estás aquí por la espada? — inquirió, en tono críptico, como si no se decidiera a revelar sus intenciones de buenas a primeras. Podía equivocarse de persona, quién sabe.


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Re: Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Rammsteiner el Jue Nov 06, 2014 6:47 am

La luz de esta misma vela era tan tenue en aquel manto de niebla del lugar, un leve escalofrío recorría por toda mi columna hasta llegar a mi nuca. El silencio de aquella zona era espeluznante, habitualmente se podía admirar el sonido de algunos insectos por la noche pero en ese momento ni el viento causaba algún sonido al rozar por mis oídos. Miraba de un lado a otro en busca de algo con que distraerme, aunque a tal hora no había nada interesante a parte de la niebla… Joder sentía un poco de frío pero a su vez me resultaba un tnato agradable. – Que lioso es esto, ¿Por qué tan temprano?. – Hablaba para mí mismo mientras esperaba a mi otro compañero, deseaba que llegase lo más rápido que pudiese para por fin dar inicio a nuestra ansiada misión. Camine hasta el poste de luz y lo sujete con una de mis manos para así poder girar alrededor de este mismo. Estaba completamente aburrido, todo mi mundo se volvía inestable ya que empezaba a maréame de tantas vueltas que le daba a aquel poste de luz, no tenía nada mejor que hacer más que solo aguardar la llegada de aquel desconocido. Sería la primera vez para mi el trabajar en equipo junto a otro shinobi de mi mismo rango ¿Cómo sería aquel mi compañero? ¿Más fuerte que yo?... Esperaba que esto último no fuese cierto aunque no tenía alguna prueba para asegurarme de aquello.

Me detuve justo cuando una voz ajena a las de mi cabeza resonó en ese instante, me incline un poco hacía atrás, echando a su vez mi rostro hacía atrás para poder mirar de cabeza al otro. Era un hombre alto, le mire de píes a cabeza hasta finalizar parándome derecho y girándome en dirección a él. Vestía de traje estilo samurái cosa que le puso a pensar a aquel albino si pudiese ser este un especialista en kenjutsu… Incline mi cabeza hacía la derecha de modo que mi cabello cayese por la misma gravedad hacía ese lado, aquel ojo de color carmesí resaltaba en la enorme máscara que cubría la mayor parte de mi rostro. ¿A qué se refería que si me estaba acá por la espada?, eran interesantes ese tipo de armas pero… Usar tu propio cuerpo como una afilada hoja… Era más que suficiente ¿No?. Mi ceja se enarco a dando a mostrar una expresión ¿Confundida? Más al instante capte, podría ser una especie de señal u algún juego mental para saber si yo era su compañero. “ ¿Para qué perder el tiempo en cosas así?. “ Con mi dedo índice rascaba uno de los dientes de aquella máscara… Como si fuese un diente propio de mi rostro, era divertido.

- Ehm… ¿Supongo?. – Un tono de voz tan sereno como misterioso, no tenía mucho de qué hablar así que fue breve. Aunque aquel sujeto era como el doble de mi tamaño, cosa que me hacía alzar la mirada hasta arriba para poder observar el rostro de él. Parecía  un sujeto mayor… ¿Él era gennin?. Solo había una forma de averiguarlo. – Oye… ¿No éstas algo viejo para ser gennin?. – Le pregunte como si fuese la oración más natural del mundo. Era un tanto curioso por lo que fui directo al grano con mis preguntas… Más una leve sonrisa se me escapo de tan solo pensar que si me descuidaba terminaría como un viejo ochentón de gennin… No planeaba ser Gennin por siempre, así que sin más pose mis manos en mi nuca con los dedos entrelazados. Aquel ser me resultaba un tanto curioso. Di media vuelta al instante y comencé a caminar en dirección al puerto. – Da igual empecemos. – Le mencione mirándole de reojo y luego volver a mirar al frente. Termine por quitar mis manos de mi nuca y dejarlos libremente moverse al ritmo de mi andar por aquel sendero, más no tarde en empezar a moverme con un trote y luego aumentar mi velocidad a un trote más rápido. La niebla no parecía querer disiparse, faltaba una hora o dos para que esta misma se disipase un poco más. Según el pergamino debíamos prepararnos para todo y identificar la carroza, más también detener a nuestra competencia. Si manteníamos aquel ritmo podríamos ahorrar energías y poder inspeccionar el alrededor… Esto se volvía divertido.
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Re: Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Nemuri el Mar Nov 18, 2014 10:45 pm


Y allí estaba el pequeño cúmulo de demencia al cual haría llamar mi compañero para aquella misión. El único ojo que de él podía ver me devolvió la mirada una vez alzara mi voz, y sus cabellos danzaron en son a éste. De haber yo pertenecido a un sector más tradicional de la población, hubiera tomado mi voluntad y marchado lejos de allí, negándome definitivamente a destinar apenas un ápice de confianza en ese pequeño y vil demonio.
Pero yo era un espectro más, que vagabundo por la neblina merodeaba.
Éste joven recibió mis palabras con cierta confusión, y ésta se expresó en su tersa voz afirmando, a medias, que era mi compañía para el viaje. Era la voz de un niño, pero los labios que la emanaban distaban de ser algo tan dulce. Pero antes de que pudiera imaginarme de qué caminos de la vida había salido este joven, él soltó, sin vergüenza alguna:
— ¿No éstas algo viejo para ser gennin? — inquirió su curiosa voz. “Genin”, hacía años no oía la palabra y ya casi había perdido el sentido para mí. ¿Te hará recordar alguna cosa si la menciono, Mugetsu?
— No todos hemos nacido siendo ninjas. — le comenté sonriendo, tras dejar que jirones de humo se despegaran de mis labios con la pipa. Para mi desilusión las burbujas grises se confundían en la niebla, misma niebla que desterré de mi frente con un suspiro. Las endemoniadas hebras blancas que se dignan llamarse mi pelo estaban atestadas de pequeñas gotas de la misma neblina, y mis ánimos se enfriaban a medida que pasaba el tiempo inmersa en ése infierno blanco.

— No sobra el tiempo para viejos como yo. — reí tras oír el apuro en la voz del niño. No me consideraba viejo, quizá tendría algunos veintitantos, y aunque para estas alturas ya perdiera la cuenta, me sentía joven por dentro. — Pero ésta condenada isla me va a arrebatar cualquier juventud con tanta niebla y musgo. ¡Isla sin playas y sin sol! ¡Qué clase de ocurrencia natural es esta! — recuerdo haber pensado.

Pero ya habíamos demorado lo suficiente. Seguí el paso del joven adentrarse por los senderos, hasta que tuvimos el puerto a la vista… y un par de sospechas también.
— Halt, mira. — lo detuve antes de despegarnos de las sombras. Encontré un par de figuras curiosas entre la multitud, de largas capas negras y cabellos ambarinos. — Soy yo o esos hombres son de… — susurré, sin decidirme a confirmar las sospechas. Se me hacía tonto que fueran tan poco discretos, aquellos bastardos de Hikari no Seishi. No hacía falta estar mucho por el lugar para identificar quién era quién en aquella tierra, y algo me había quedado claro: la gente aquí no se preocupaba por ser discreta.


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Re: Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Rammsteiner el Miér Nov 19, 2014 2:15 am

Aquella forma de contestar hizo que quedase un tanto asombrado, más no tenía mucha importancia había conocido ya antes muchos shinobis que morían siendo gennin y no morían específicamente en batalla si no de vejez. Resultaba patético pero cierto a su vez, ya que no todos poseían el don de ser un ninja en este mundo tan peligroso. Tal vez mucho sentían temor a arriesgarse a algo nuevo y terminaban estancados en un rango o simplemente se volvían comunes en esta sociedad tan insignificante. Volviendo a la realidad pude notar que este mismo se mantenía a mi ritmo, nos movilizábamos con total sigilo por aquel sendero excesivamente cegado por la niebla mientras que poco a poco comenzaría a disiparse con lentitud, ya podríamos ver con mayor detalle un poco más, pues era mejor que no ver nada a distancia. El puerto se podía apreciar a la lejanía por lo que lo interesante empezaría en este momento. Más aquella voz me hizo reaccionar y me detuve justo cuando este bloqueo mi paso. Señalaba hacía una zona y justo lo que ocultaba la niebla y arbustos se podía apreciar con levedad la vestimenta de algunos sujetos. Su camuflaje no era el mejor aunque casi difíciles de descubrir por las circunstancias, pero no imposible.

- ¿Sorpresa sorpresa?... – Murmuré justo después de aquella. Sin duda podrían ser los hombres de Hikari, ya que poco sabían sobre esto. Según la información dada eran tres carrozas, tres embocadas ¿no? Solo faltaba hallar las otras dos y atacar. Mi mirada empezó a recorrer hacía mis lados, mirando hacía los otros sendero de aquel lugar aparte del nuestro, pues justo en aquella zona era una especie de colina y se podía ver los cuatro senderos de camino, contando el nuestro. - ¿Buscamos o vamos efectuando el objetivo?.  – Le mencione con total sereniidad y con el tono de voz suficientemente alto como para que solo ella y nadie más me escuchase. Ya que en ese momento lo más recomendable era ir acabando con los que harían la emboscada y a su vez buscar la carroza objetivo, ya que dos tan solo eran carnada. Más pude notar nuestro siguiente punto, mire a este al rostro y luego le señale en dirección hacía donde podrían estar otros ninjas preparados para embocar, estaban a la derecha de los primeros que vimos, como alrededor de veinticinco metros por el sendero más apartado de nosotros. Ya que hace tan poco pude notar que las hojas de algunos árboles se movían demasiado y algunas terminaban cayéndose. Tal vez se preparaban para embocar. La opinión del viejo podría llegar a darme alguna idea, pues mucho decían mientras más edad, más experiencia. Aunque no podía confirmar esto con él, así que me limitaba a ir pensando una alternativa a su vez que empezaba a buscar con la mirada por si llegaba a notar más de ellos, aunque sin mucho resultado termine apretando los puños. Aquella estúpida niebla no ayudaba demasiado. “Huh… Esto si que es lioso, aunque. Debemos apresurarnos a para usar esta niebla en contra de ellos” ¡Ya que sería un ataque sorpresa a los hombres del Daimyo Hikari!, ¡Que le harían un ataque sorpresa a las carrozas de la daimyo Oyuki!. Jajajajaja el mal, con mal se paga. Aunque… ¿Qué contendría aquella otra carroza?, pues aún no leía el otro pergamino que se me había dado.
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Re: Un dulce amanecer ♪ ♫

Mensaje por Nemuri el Miér Nov 19, 2014 8:33 pm

— Según tenemos entendido, hay tres carruajes. — le comenté mientras nos inmiscuíamos en la multitud que atestaba la calle de la capital. — Y podemos esperar que los sacerdotes también lo sepan. Ahora, míralos. — indiqué por lo bajo cuando pudimos establecer un poco más de contacto visual con el trío de hombres bien vestidos. — A juzgar por primeras apariencias no parecen expertos en lo que están haciendo. No se han tomado la más mínima molestia de confundirse entre la gente, y van campantes con el hábito. Lo que podríamos hacer es usarlos a nuestro favor. — murmuré. Nos acercábamos cada vez más a la avenida portuaria, por donde se esperaba que pasen los carruajes. Debían cruzarla con algún intervalo de tiempo, y después hundirse en los caminos de los suburbios para llegar al feudo. — Dejemos que ellos embosquen a la serpiente, y embosquémoslos después a ellos. Ambos bandos se encontrarán cansados de la batalla, debería ser más fácil que enfrentarse a los dos a la misma vez, o a uno primero y a otro después. — propuse, volviendo a escapar hacia las sombras de un callejón en tanto los hombres detuvieron el paso.

Parecían estar buscando un acuerdo entre los tres, antes de que vislumbraran cruzar el primer carruaje. Uno de ellos se separó del grupo, y nosotros buscamos el auxilio de la altura para observar lo que sucedía. Este primer hombre los siguió procurando ser sigiloso, en tanto los otros permanecieron quietos en la encrucijada. — Sigue a ése, yo veré como partirme en dos y seguir a este otro par. Silva bien alto si es ése el de la espada y nos reuniremos. — el primer objetivo se alejaba en la distancia, y en unos minutos debía perderse en la ciudad. Para nuestra suerte, la niebla había comenzado a bajar, y la visibilidad era mucho mejor a esas horas.

El segundo hombre emprendió la caza en tanto encontraron sus ojos los caballos que empujaban el carro, y así también hizo el tercero. Por mi parte, encontré una atalaya desde la cual podía observarlos a la distancia. Ambos carruajes se intentaban perder entre las casas, pero las avenidas eran demasiado amplias como para que semejantes ocurrencias escaparan de mi vista.

Una vez el terreno estuvo más despejado, el segundo hombre atacó el carruaje. Su interrupción fue bastante breve, puesto que los guardianes de la nada no se preocuparon mucho en defenderse. Opusieron algo de resistencia, suficiente como para cansar al monje y detenerlo de cazar al carruaje que realmente llevaba el tesoro. Bastante molesto de irse con las manos vacías, el hombre comenzó a desplazarse hacia la posición del primer compañero. No hubo noticias hasta ése entonces.

Decidí acercarme un poco al tercer carruaje para no perderlo de vista, y a mitad de mi camino escuché el bramar de una bomba, y poco después vi el humo alzarse sobre los tejados. Corrí con toda prisa hacia el lugar, pero aún estaba a apenas una cuadra de la posición cuando vi al monje subirse a un tejado con la gran zambatô en manos.
Sin tiempo que perder, reuní todo el aire en mis pulmones para expulsarlo en un potente silbido que debería escucharse desde la posición de mi compañero; o al menos el eco de éste podría ser oído. El agudo sonido llamó la atención del monje, quien apenas giró su vista a mí y continuó corriendo por sobre los tejados.
No me detuve por un segundo en la persecución. Invoqué continuas espadas óseas, que nacían desde la palma de mi mano, y utilicé varias de ellas para detener el paso del hombre. Mi puntería no era exactamente buena, pero tuve la suficiente suerte de que una de estas lanzas diera con su pierna. No había sido mucho más que un roce, pero amenguó la marcha del malnacido.
Mientras continuaba cazando al pobre monje, esperaba que mi compañero se reuniera conmigo; y así también, no dudaba que los otros dos monjes estuvieran en condiciones de perseguirnos.


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