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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Entrenamiento natural.

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Entrenamiento natural.

Mensaje por Gumi el Jue 7 Jul - 12:22

Ya había realizado un par de misiones aunque por desgracia no había tenido tiempo alguno a invertir las ganancias en los artilugios ninja que tanto le gustaban. Ahora caminaba por el bosque del País del Fuego con rumbo a un poblado o ciudad donde hacerlo.

Era mediodía, rayos de sol se colocaban entre los grandes verdes que continuaban su voto de silencio. Los había de todos los tamaños y tipos, sin duda alguna aquello era un paraíso natural, no solo por la infinidad de plantas y árboles y sus tipos, sino que también por la fauna que concurría el lugar. Ardillas, ciervos, algún que otro jabalí, temibles osos y una infinidad mas de criaturas. A Gumi le gustaba avanzar con su Bykugan activo para disfrutar de todo el chakra que allí vivía en armonía y así, de paso, ver desde la distancia a posibles amenazas. El joven caminaba dando saltos de rama en rama con parsimonia, no tenía prisa ninguna, el lugar a donde se dirigía estaba a tan solo dos horas, llegaría al atardecer.

Vestía su clásico atuendo de colores negros con vendaje blanco, además la capa marrón con la capucha puesta que siempre lo tapaba totalmente y finalmente como no iba a ser menos el vendaje granate que tapaba sus ojos de los interesados, simulando ser un simple huérfano ciego, un desgraciado con mala suerte, cuando en realidad era todo lo contrario por la bendición del ojo blanco.
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Re: Entrenamiento natural.

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb 9 Jul - 1:39

“Ugh… Ver tanto verde me está aburriendo”, pensó cierto vagabundo de cabello negro mientras caminaba entre los numerosos árboles que saturaban cada metro cuadrado de la zona. "El Bosque de la Hoja, un nombre tan redundante que llega a la incongruencia. ¿Acaso una hoja es dueña de un bosque lleno de otras como ella? ¿Qué la hace más importante que otras hojas? ¿Y a cuál de todos esos árboles pertenece aquella hoja que es dueña del bosque? Y si pertenece a un árbol, ¿por qué no se llama Bosque del Árbol? Aunque eso sería aún más redundante, ya que un bosque no es más que un lugar donde predominan los árboles, y en ningún lugar ha visto un árbol que se destaque entre los demás..." Estos y otros pensamientos sin mucho sentido llenaban la cabeza del joven que seguía su rumbo sin desviaciones gracias a la ayuda de sus kikaichu, los insectos de la zona y las direcciones que recibió de los habitantes de cierto poblado en medio de un claro del bosque. Debido a su ubicación, los visitantes no suelen ser pan de cada día en ese lugar, por lo que sus habitantes son autosuficientes y no necesitan de ayuda externa para mantener su aldea de pie; sin embargo, la calidad del hierro forjado en el lugar y la amabilidad que demuestran sus personas es algo que los esporádicos viajeros suelen comentar entre ellos, por lo que no es sorpresa que un trotamundos como Joe supiera del retirado punto. Al pasar cerca del poblado, el pelinegro vagabundo decidió visitarlo y recibió diversas atenciones, entre las que se podía contar una cantimplora con agua fresca, una pequeña bolsa con comida para dos días y un par de botas nuevas, las que reemplazaron inmediatamente a ese fiel par destrozado que lo había acompañado por años.

El crujir de una rama bajo sus pies alejó al muchacho de sus pensamientos sobre el bosque, instándolo a observar su nuevo calzado de cuero color marrón con una sonrisa en el rostro; después de todo, había pasado mucho tiempo desde la última vez que pudo romper una rama de ese tamaño con sólo pisarla. Las suelas de sus viejas botas estaban tan gastadas que no cumplían esa función protectora que debe tener el calzado. Si bien sus pies se sentían algo rígidos debido a la poca flexibilidad del calzado nuevo, era mejor esa firmeza que pisar ramas, y que éstas se le queden incrustadas… Esa evaluación vino acompañada por un escalofrío que recorrió la espalda de Joe y se extendió por todo su cuerpo, pausando su avance. El recuerdo de esa rama que perforó su pie es algo en lo que piensa cada vez que camina por el bosque. Sintiéndose mentalmente agotado a pesar del estado casi óptimo en el que se encontraba su cuerpo, el joven vagabundo decidió tomar asiento sobre una roca cercana para alejar los malos pensamientos y recuperar la tan necesaria energía que necesitaba para seguir con su viaje. ¿Su destino? Uno de los caminos principales del País del Fuego, el que lo pondría en rumbo a la capital de la nación. Ya había pasado mucho tiempo alejado de la urbe y se le estaba dificultando conseguir sustento en esos lares, por lo que su paso más lógico era el de regresar a la ciudad para después seguir su camino a otras naciones, ya que no había nada que lo mantuviera atado al gran territorio ígneo.

En el momento que sus posaderas hicieron contacto con la fría roca, el joven vagabundo no pudo evitar que su cuerpo se estremeciera levemente debido a la temperatura de su improvisado asiento. Al observar hacia arriba notó la gran cantidad de ramas entrelazadas, cuyas hojas bloqueaban gran parte del calor que el sol podía brindar. Joe no es bueno con los números además de carecer de noción temporal, por lo que es difícil que calcule la hora del día estando solo, pero, gracias a la ayuda de los insectos de la zona, sabía que se acercaba el mediodía. “Un par de minutos bastará”, pensó el joven amigo de los insectos mientras dejaba su bolso de posesiones a un costado y se acomodaba sobre la roca para luego tomar una manzana de la bolsa que cargaba atada al cinto. ¿Cuál era la razón de tanta calma por parte del desconfiado individuo, quien conoce los peligros del bosque de primera mano? La respuesta era muy sencilla: sus insectos kikaichu. Casi una hora antes de llegar a esa parada temporal, el descendiente Aburame hizo gala de su afinidad con los insectos y liberó dos grupos de insectos, uno encargado de vigilancia y exploración, y el otro encargado de la defensa preventiva. El primer grupo, que se encontraba repartido entre los árboles y era apoyado por los insectos locales amistosos, cubría un área circular de diez metros de radio, lo que les brindaba una zona de detección efectiva de casi quince metros de radio. El segundo grupo se mantenía oculto bajo las prendas de Joe, preparado para saltar a la acción al recibir la señal de los exploradores y las órdenes del pelinegro. Además de esto, la mayoría de sus prendas mantenían sellos grabados en sus interiores, por lo que el joven vagabundo estaba preparado en caso de volver a toparse con bestias, o peor...

Off:
Lamento la tardanza en responder, el trabajo me tuvo más ocupado de lo que pensé, pero ya tengo unos cuantos días libres. ¡Yay!

Quizá te preguntes por qué más abajo he colocado que cuento con todas las técnicas siendo que utilicé una. La razón es simple: las técnicas Aburame no requieren de un gasto de chakra; sin embargo, después de liberar insectos en cuatro ocasiones, no podré usar técnicas Aburame por tres turnos y se consumirá el 20% del chakra de Joe.

Técnicas Aburame.
Estadísticas e Información:

Ninjutsu: 10
Taijutsu: 2
Genjutsu: 1
Velocidad: 4
Resistencia: 6
Fuerza: 2

Conteo de chakra: 7/7 técnicas nivel Genin restantes.

Armamento: Kunai. (10 restantes)
Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Dos liberaciones realizadas, dos restantes antes de entrar en reposición.
Yabuki Joe
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Re: Entrenamiento natural.

Mensaje por Yabuki Joe el Miér 27 Jul - 17:33

Después de darle una gran mordida a la manzana que sostenía en su diestra, Joe comenzó a saborearla y se sorprendió gratamente por la dulzura de la misma, sus papilas gustativas plenamente estimuladas por los jugos que soltó la carne frutal al momento de ser triturada por sus molares. Una expresión de gozo se plasmó en su rostro gracias a esa fruta, una de las mejores que había probado de su especie, y su estómago comenzó a gruñir por la expectación de recibir esos deliciosos nutrientes; sin embargo, la tan anticipada saciedad nunca llegó. Al momento de realizar la acción de tragar lo que tenía en la boca, sus kikaichu le dieron aviso sobre una persona acercándose a su posición, algo que el joven vagabundo no había considerado posible a pesar de haber extendido una red de vigilancia formada por sus insectos y los locales. Sus exploradores estaban ahí para evitar que las bestias del bosque se acercaran, pero un humano traía toda la impredecibilidad de su especie consigo. En su mayoría, las bestias son simples y pueden ser tratadas con cautela para evitar su agresividad; sin embargo, las personas son completamente distintas unas de otras, o al menos eso es lo que aparentan en el exterior. Desde el momento en que comenzó a ser utilizado como peón por los demás, Joe aprendió lo más importante sobre las personas: todas y cada una de ellas quieren “algo”. Riqueza, fortaleza, conocimiento, protección, tranquilidad, justicia, caos… Ese “algo” es distinto para cada persona, pero todas están dispuestas a torcer lo ajeno con tal de conseguir lo propio.

¿Cuántas veces un hijo ha tomado el dinero de su madre para comprar una golosina? ¿Cuántas veces una madre ha golpeado a su hijo para corregir sus errores? ¿Cuántas veces un hombre ha abandonado a su familia persiguiendo un nuevo amor? ¿Cuántas veces un mercader ha aumentado sus precios aprovechándose de la demanda? ¿Cuántas veces un bandido ha asaltado a un mercader con tal de conseguir sus posesiones? ¿Cuántos han visto a sus seres queridos siendo asesinados, para luego clamar por la muerte del asesino? Incluso Joe no es ajeno al egoísmo innato de la humanidad, ya que no tuvo reparos en acabar con la vida de todos aquellos con los que se asoció en el pasado para tener un presente tranquilo; sin embargo, el pelinegro es ignorante de su hipocresía, ya que actuó basándose en el instinto más primitivo de todos, el de mantenerse vivo. Él no entiende de abstracciones como la lealtad, la justicia o la maldad, no entiende de consecuencias por sus decisiones, ni tampoco de culpa o arrepentimiento. Lo que quieren los demás está atado a ideas que el pelinegro jamás ha podido comprender y es por eso que les teme. Más que a las bestias o al dolor, Joe le teme a la complejidad humana y a los seres humanos en general a pesar de ser culpable de las mismas faltas, mas estas no son sus palabras, ya que él no ha meditado profundamente sobre el asunto ni ha comprendido la falla lógica en sus acciones. Para el joven vagabundo, ese temor no era más que una sensación irracional que llegó de la mano con la desconocida presencia que hizo ingreso en su campo de detección.

Al momento de recibir la información, Joe se levantó como impulsado por un resorte y el movimiento de su garganta se trabó, causando que la pulpa, aunque molida, no pudiera bajar por su esófago, llegando incluso a desviarse por su tráquea, por lo que el muchacho se cubrió la boca con ambas manos, dejando caer la manzana que aún sostenía. La tos que le siguió a este episodio fue bastante brusca y sonora, siendo audible para cualquiera cerca del área. La obstrucción fue eliminada con premura, dejando las manos del vagabundo llenas de manzana triturada mezclada con saliva; sin embargo, la fuerza excesiva que fue gastada en la tos trajo otras consecuencias. Con los ojos cerrados y derramando sendas lágrimas debido al revés de su cuerpo, el pelinegro pudo sentir cómo el escaso contenido de su estómago comenzaba a moverse en reversa, amenazando con escaparse violentamente de su boca. En un acto que no puede ser considerado como otra cosa que un reflejo absolutamente involuntario, él tomó la bolsa que llevaba en el cinto y cubrió su boca con la misma. Los pocos restos de manzana que habían quedado dentro de su boca fueron enjuagados y expulsados por la bilis que llenó su boca, la que pronto hizo abandono de la zona con bombos y platillos. El inconfundible sonido de una persona vomitando pudo escucharse a leguas; sin embargo, eso no era importante. Los insectos pronto dieron aviso a Joe sobre la constante aproximación del causante de tal agobio. Sin tiempo para guardar las apariencias, lanzó la bolsa en la que vomitó al suelo, usando sus mangas para limpiar tanto sus ojos como su boca, ambas partes de su cuerpo derramando fluidos de distinta naturaleza.

¿¡Q-quién anda ahí!? —exclamó nerviosamente el descendiente de los Aburame, su voz ronca debido al forcejeo de su garganta y sus ojos rojos a juego para la escena, dando plena evidencia de sus anteriores complicaciones. Su rostro se mostraba acongojado, tanto por la confusión que sentía en ese momento como por el horrible sabor que había quedado en su lengua, razón por la que tomó la cantimplora y usó parte del agua para limpiar su boca.

“Piensa, Joe, ¡piensa!”, se dijo mientras enfocaba su visión en la dirección que los insectos le indicaron. Él no podía ver a la persona que estaba tras los árboles debido a la gran cantidad de los mismos, pero sabía que ese individuo estaba viajando sobre sus ramas, por lo que tenía cierta ventaja de terreno sobre el vagabundo, que se mantenía sobre la tierra. A medida que éste se acercaba, los exploradores kikaichû comenzaron a replegarse con premura, siendo acarreados por aquella figura que se acercaba a su colmena. Tras una muy breve deliberación, el pelinegro decidió liberar al resto de los insectos utilizables dentro de su cuerpo, un grupo de ellos introduciéndose fácilmente en la tierra sin dejar huellas debido a la humedad de la misma. El otro grupo se dispersó entre los árboles más cercanos al muchacho, ocultándose en las sombras que reinaban en esa zona y sumándose a la masa de exploradores que cada vez se acercaba más, a los cuales entregó silenciosas instrucciones. Tras escupir el agua sucia y sentirse un poco más relajado, se llevó la cantimplora a la boca una vez más, esta vez para beber parte de su contenido. Mientras tanto, los insectos dentro de su cuerpo comenzaron a reproducirse de forma lenta pero segura. No pasaría mucho tiempo antes de que sus crías rebosantes de vida entraran al servicio del Aburame, mas éste podía sentir cómo parte de su fuerza comenzaba a ser drenada. La tensión escalaba con rapidez; sin embargo, Joe no tenía malas intenciones, ya que solo buscaba protegerse de lo desconocido.

Off:
Considerando la cantidad de tiempo que ha pasado y el hecho de que te he visto conectado en este último tiempo, he decidido aplicar la regla de 48 horas para avanzar con el tema. Espero no tener que recurrir a esto nuevamente para llamar tu atención, mas no digo que no estoy dispuesto a hacerlo.
Estadísticas e Información:

Ninjutsu: 10
Taijutsu: 2
Genjutsu: 1
Velocidad: 4
Resistencia: 6
Fuerza: 2

Conteo de chakra: 7/7 técnicas nivel Genin restantes.

Armamento: Kunai. (10 restantes)
Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Dos liberaciones realizadas, cuatro en total. En estado de reposición.
Yabuki Joe
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Re: Entrenamiento natural.

Mensaje por Yabuki Joe el Miér 3 Ago - 19:57

Silencio.

Esa fue la respuesta de la misteriosa figura, una que llevó un sinnúmero de pensamientos a la cabeza del pelinegro. Los kikaichû que ya se encontraban sobre el cuerpo del individuo, quienes se mantenían ocultos bajo sus ropajes y comenzaron a alimentarse de él en cuanto se posaron sobre su talle, pudieron identificarlo como perteneciente al sexo masculino. Un dato casi irrelevante, considerando toda la información que el muchacho ignoraba sobre el hombre, pero de gran valor para Joe, el que ya no se encontraba completamente cegado por la oscuridad de la incertidumbre. Sabía que la persona acercándose a él era otro hombre, y sabía que no respondió a su pregunta, lo que en ese mundo tan violento daba razón más que suficiente para considerarlo como una amenaza. Si bien existían otras posibilidades que podrían haber sido consideradas por otras personas, el estado alterado del vagabundo estaba al borde de la paranoia: su naturaleza cobarde y su predisposición a desconfiar del prójimo ya eran razones de peso para despertar su instinto de autodefensa, y a esto se le sumaba un terreno en el que ya había encontrado hostilidad y el silencio que mantuvo el desconocido a su pregunta, lo que lo llevó a tomar una postura completamente ofensiva. Todos sus trenes de pensamiento lo llevaron a la idea de que el hombre que se acercaba era el enemigo, y ya nada le quitaría esa idea de la cabeza. “Desde el momento en el que haga esto, él también me verá como un enemigo e intentará socavar mi vida, mi futuro… Ya no hay vuelta atrás”, pensó el joven Aburame, preparado para revelar su mano, enviando silenciosas órdenes a todos sus kikaichû.

“En esta batalla…”

Con sus piezas ya en posición, Joe esperó a que su objetivo estuviera dentro de su rango visual, lo que no tardó mucho a pesar del parsimonioso andar del individuo; después de todo, su avance no se había visto alterado por obstáculo alguno, información que el pelinegro conocía gracias al grupo de insectos exploradores que se había posicionado sobre él desde el momento en el que hizo ingreso a la zona en la que éstos pudieron detectarlo. Debido a que su avance estuvo desprovisto de contratiempos, los kikaichû, cuyos números iban en aumento a medida que la distancia a su colmena se reducía, se colaron en tropel bajo sus ropajes. Esto no solo significaba que el invasor había sido invadido de forma generalizada, sino que también reducía considerablemente las posibilidades que tenía para defenderse del asalto; después de todo, como ya se mencionó previamente, desde el momento en el que los insectos se posaron sobre él, éstos comenzaron a alimentarse de su chakra. Si bien el consumo era moderado e imperceptible, en el caso de percibir alguna alteración en su flujo de energía, los insectos devorarían ese chakra glotonamente antes de que éste consiguiera transformar su naturaleza o forma. Esas fueron las primeras órdenes del pelinegro a una fracción de su enjambre en cuanto ésta confirmó la posición en la que se encontraba.

“¡En esta batalla…!”

En cuanto el vagabundo pudo ver la figura que se acercaba entre las ramas de los árboles, sus ojos se abrieron de par en par. Oculto tras una capa y capucha de color marrón que no dejaba ver ni atisbo del que la usaba, el hombre seguía avanzando, su dirección invariable, su andar impasible. Un sudor frío comenzó a correr por la espalda del muchacho, el que se sintió profundamente intimidado por lo desconocido; sin embargo, ya no podía retroceder, no después de que sus kikaichû lo invadieran, no después de que él se negara a responder, no después de que su compostura permaneciera aparentemente intacta después de haberlo escuchado gritar su pregunta. Y más aún, que se mantuviera completamente cubierto significaba que guardaba algún secreto en su cuerpo o cerca de él, por lo que se había transformado en una amenaza aún mayor para él, o al menos así fue como el pelinegro vio las cosas desde su mente paranoica. El individuo frente a él era su enemigo y el enemigo era una amenaza para su vida, por lo que debía ser frenado. Las lágrimas comenzaron a correr por su mortificado rostro, el temor siendo lo que éste más expresaba; sin embargo, más que temor al enemigo, era temor a perder todo lo que tenía, por lo que no tardó en reunir todo su valor, tomar aliento y gritar con todas sus fuerzas.

“¡Ganaré todas las futuras batallas!”

Una batalla que asegure la victoria en todas las batallas futuras. Una metodología de combate que solo puede ser utilizada durante un primer encuentro, ya que, de producirse un segundo, la estrategia a ser utilizada sería revelada y perdería todo su valor como tal. Existen varias formas para conseguir este objetivo; sin embargo, Joe solo es consciente de la más simple de ellas: eliminar al enemigo y la evidencia. Después de todo, los muertos no pueden volver a pelear, por lo que no traerán conflictos a futuro, y si no existe evidencia de la muerte, tampoco existen cargos criminales ni consecuencias inmediatas. El vagabundo suele ser visto como un simplón debido a sus carencias, mas es la falta de complejidad de su pensamiento aquello que es lo más peligroso de su persona. Su naturaleza carente de empatía es simple y llanamente la de un sociópata, ya que no le importa destruir lo que se encuentre en su camino mientras pueda conseguir lo que necesita. Normalmente, estos impulsos se ven reprimidos por su inherente cobardía y su temor al dolor físico, dando paso a su timidez y paciencia a toda prueba; sin embargo, en esa situación, en la que su psique se encontraba extremadamente deteriorada debido a la desafortunada aglomeración de factores negativos en la escena, sus represores actuaron como un silencioso cómplice que le ayudó a justificar sus acciones… Si éstas serían efectivas contra el misterioso oponente frente a él, eso ya es otra historia.

El desgarrador grito, que no poseía vocalización alguna, pero estaba cargado de desesperación e intención asesina, fungió como el punto de partida del ataque preventivo del pelinegro. Entendiendo la señal, los kikaichû siguieron las órdenes de su colmena y comenzaron a moverse según sus direcciones. Aquellos que se encontraban cubriendo el cuerpo del individuo bajo su capa comenzaron a invadir su cuerpo de forma agresiva. Estos insectos, cuya existencia está enlazada a la de los Aburame, poseen numerosas características, entre las cuales está su capacidad de penetración, la que, sin dudas, es una de sus habilidades más subestimadas. Los kikaichû son capaces de introducirse y viajar dentro de terrenos muy duros, incluyendo otros materiales como la madera y algunos minerales, y es por eso que la piel del objetivo quedaría llena de agujeros sangrantes al concretarse la acción. Si bien estos insectos pueden abandonar el cuerpo de su colmena a través de sus poros sin producirle molestias, el ingreso en el cuerpo ajeno era intencionalmente agresivo, buscando lastimarlo y detener sus movimientos; sin embargo, su piel no era la única vía de acceso que los insectos tenían. Nariz, orejas, boca, ano y uretra, no existía agujero en su cuerpo que no fuera una puerta de entrada para los agresivos kikaichû. ¿Su objetivo? Dañar el cuerpo por dentro al introducirse en sus órganos de forma extremadamente violenta. Mientras la vanguardia de insectos buscaba acceder a la zona enemiga para realizar su ataque final, una masa de éstos se alzó con velocidad y en silencio tras la silueta del encapuchado, tomando la forma de Joe antes de arremeter en su contra, buscando aferrarse a su cuerpo, derribarlo de la rama sobre la que se encontraba y lanzarlo al suelo, cayendo con él.

Debido a la distancia entre el desconocido y el clon de insectos, la evasión era una tarea bastante complicada, y eso sin considerar el ataque anterior, el que también servía como distracción, por lo que era bastante seguro pensar que el encapuchado recibiría el impacto de una caída de casi cinco metros; sin embargo, Joe Yabuki se mantuvo quieto, observando la situación desde el lugar del que no se había movido desde que el enemigo había sido detectado. Su grito anterior fue liberador en varios sentidos, ya que aclaró su mente y relajó su cuerpo, permitiéndole analizar la situación con más calma de la que tenía anteriormente a pesar de que su estado mental se mantenía alterado. Aun contando con dos grupos de insectos en el exterior, el pelinegro comenzó a organizarlos en caso de que su primer ataque fallara. Los que estaban ocultos bajo sus ropas se mantuvieron en estado de alerta, mientras que aquellos que se encontraban bajo tierra comenzaron a moverse. Aún faltaba tiempo para que los nuevos nacieran, pero ya habían comido el chakra suficiente, por lo que solo quedaba esperar. Un susurro casi inaudible abandonó los labios del muchacho, cuyo rostro se mostraba exhausto…

Muere, por favor…

Off:
Ya ha pasado una semana desde que posteé, te conectaste durante la misma y no hay respuesta tuya, ni siquiera para darme alguna excusa… Entiendo que puedan existir razones para no postear, lo sé muy bien porque las he tenido, pero siempre he tenido la consideración de dar aviso sobre mi incapacidad. Este es mi segundo post seguido, y el tercero será el último, y además a rajatabla. En verdad lo lamento, pero he perdido la paciencia y no estoy dispuesto a desperdiciar todo lo que he escrito.
Estadísticas e Información:

Ninjutsu: 10
Taijutsu: 2
Genjutsu: 1
Velocidad: 4
Resistencia: 6
Fuerza: 2

Descuento por reposición de insectos: 20%

Conteo de chakra: 5,6/7 técnicas nivel Genin restantes.

Armamento: Kunai. (10 restantes)
Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Estado de reposición, primer turno de tres. Se descuenta el 20% del chakra total.

Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos): Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, también pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Máximo: 2 clones en Genin, uno adicional por cada rango obtenido.
Yabuki Joe
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Re: Entrenamiento natural.

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb 6 Ago - 11:14

Off: Debido a la naturaleza violenta de ciertas partes de esta narración, he decidido colocarla en spoiler para no afectar la sensibilidad de los lectores que se sientan ofendidos por este tipo de textos.

Narración de cierre:
“¡Éxito!”, pensó el joven vagabundo al ver cómo el encapuchado caía al suelo estrepitosamente junto al clon que lo derribó, una leve sonrisa esbozándose brevemente en su cansado rostro empapado por las lágrimas y el sudor. Sus kikaichû le confirmaron que la invasión al cuerpo ajeno no tuvo contratiempos, por lo que sus órganos estaban siendo colapsados por una parte importante del enjambre al momento de la caída, el impacto de la misma siendo poco menos que un golpe de gracia. Una victoria arrasadora sobre un ser hostil que no se dignó siquiera a defenderse; sin embargo, el pelinegro seguía intranquilo, ya que no había confirmado la derrota del enemigo con sus propios ojos. Fingir la muerte para aprovecharse de la confianza del enemigo es algo que muchos animales hacen, por lo que no era extraño asumir que una persona pudiera hacer lo mismo... Y lo más importante: Joe seguía asustado, tenía miedo de que el hombre frente a él pudiera levantarse y tomar venganza, por lo que quería estar cien por ciento seguro de su victoria. Con suma cautela, el pelinegro dejó la cantimplora a un lado y comenzó a acercarse al derribado cuerpo, mientras que su clon de insectos lo colocaba boca arriba y sostenía uno de sus brazos con todas sus fuerzas. A la izquierda del encapuchado, los kikaichû que estaban bajo tierra salieron de su escondite y tomaron la forma de su colmena al seguir sus órdenes, creando un segundo clon de insectos que se aferró al brazo restante del hombre misterioso, inmovilizándolo de forma efectiva.

Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Cada uno de ellos acompañado por el crujir de las ramas secas en el suelo, el sonido de las hojas de los arbustos siendo movidas a la fuerza y el de las piedras pateadas por casualidad, cada uno acercándolo más al hombre que le dio el susto de su vida, acercándolo más al desgraciado que no supo defenderse ante sus ataques… O quizá no quiso hacerlo, para así darle una sensación de falsa seguridad, algo que un cobarde y desconfiado no suele sentir, en especial durante una situación tan irregular como esa. La mente del pelinegro estaba plagada de dudas sobre su oponente, pero solo una destacaba entre todas ellas: “¿Está muerto?”. Pausa. El muchacho se detuvo junto al individuo que estaba siendo retenido por dos de sus clones de insectos, quien seguía cubierto de pies a cabeza por su capa marrón con capucha, prenda que tenía manchas de sangre fresca por doquier. Con algo de esfuerzo, Joe arrancó la manchada tela del cuerpo y comenzó a examinarlo de pies a cabeza. Las blancas vendas que cubrían sus tobillos y una de sus piernas estaban teñidas de rojo vital, y lo mismo pasaba con su pantalón, aunque en éste no era tan obvio debido a su color negro; sin embargo, el tacto delataba la tibia humedad de la sangre. El desconocido no se movía a pesar de que sus piernas estaban siendo palpadas, por lo que Joe le dio un golpe en la entrepierna, algo que haría reaccionar a cualquier hombre. No hubo respuesta, por lo que, con algo más de confianza, el joven pelinegro hurgó entre sus prendas, encontrando varios objetos de utilidad que no se tardó en dejar para sí mismo.

Hmm… ¿Oh? —murmuró el vagabundo, para luego soltar una pequeña señal de sorpresa. Mientras su atención subía de las piernas al torso y del torso a la cabeza cubierta con un llamativo cabello de color rubio platinado. Cubriendo los ojos del hombre derribado se encontraba una cinta de color rojo oscuro. “¿Acaso era ciego?”, se preguntó Joe mientras comenzaba a conectar los puntos entre lo que sabía y lo que estaba descubriendo.

N-no, no puede ser… —pronunció en voz baja, recordando cómo el desconocido frente a él avanzó entre saltos a través de las ramas de los árboles sin verse trabado por la irregularidad de las mismas. El miedo que sentía, el que estaba pronto a ser superado, lo invadió una vez más. Por alguna razón, esa persona podía moverse a través del bosque sin verse detenido por el mismo a pesar de tener los ojos vendados, algo que el pelinegro jamás había logrado a pesar de contar con todos sus sentidos y la ayuda de sus kikaichû. Si no lo trababa la fragilidad de su cuerpo, eran las bestias, y si no eran éstas, era otra persona… Y, sin embargo, la persona inerte sobre el suelo podía darse el lujo de un paseo tranquilo a través del bosque lleno de peligros a pesar de tener los ojos vendados… Eso le puso los pelos de punta. En un nuevo acto de desesperación, Joe tomó un kunai de uno de los bolsillos de su sobretodo, se lanzó sobre el cuerpo que sus clones aún mantenían bajo sus garras y se dispuso a apuñalar el torso del muchacho de forma casi frenética.

Soltando aullidos de terror, el pelinegro levantó el puntiagudo hierro con ambas manos y, usando todas sus fuerzas, lo hundió en el pecho de su prisionero, o al menos esa era su intención, ya que se vio detenido por una de las costillas, mas eso no bastó para hacerlo desistir, por lo que repitió la acción una y otra vez, sus insectos ayudándole desde el interior del cuerpo, debilitando la estructura para facilitarle el acceso. Puñalada, puñalada, puñalada, puñalada, puñalada. La séptima fue la vencida, ya que pudo quebrarle varias costillas e introducir el hierro en su pecho hasta la empuñadura, esto acompañado del curioso sonido que se produce cuando se penetra la piel humana hasta llegar a las partes blandas del cuerpo, el que se repitió en numerosas ocasiones, siendo cada vez menos frecuente. Después de un rato, el cuchillo ninja comenzó a encajarse en las heridas que ya habían sido abiertas, por lo que solo podía oírse el húmedo sonido de la carne sangrante siendo despedazada de forma despiadada.

Puñalada, puñalada, puñalada, puñalada, puñalada, puñalada…

Puñalada, puñalada, puñalada, puñalada, puñalada…

Puñalada. Puñalada. Puñalada. Puñalada…

Puñalada… Puñalada… Puñalada…

………

……



Tras casi una hora y más de cien puñaladas que dejaron al vagabundo exhausto, éste se detuvo y contempló al ya confirmado cadáver, su caja torácica hecha añicos debido a la acción del kunai que finalmente se quedó atascado entre las vértebras de su espalda. Se trataba de una escena escalofriante que no podía ser descrita con palabras de una persona racional, pero Joe estaba tranquilo gracias a la misma, ya que la amenaza frente a él había sido eliminada de raíz. Solo le faltaba deshacerse de la evidencia y podría retomar su camino; sin embargo, aún le quedaba una duda por resolver. Ya sin temor alguno, Joe se inclinó sobre el cuerpo inerte y le arrebató el vendaje que cubría sus ojos, causando que su cabeza rebotara sobre el suelo. Su mente, ya más clara, comenzó a evaluar otras opciones, y pensó en que el vendaje podía ser lo suficientemente delgado como para permitir la visión con el mismo… Pero ese no era el caso, como pudo comprobar después de sobreponer la venda sobre sus ojos, los que quedaron en penumbra de forma casi inmediata. “¿Cómo podía andar por el bosque con eso puesto sobre los ojos?”, se preguntó, dejando la tela a un lado para luego fijarse en su rostro juvenil. Su sorpresa no fue pequeña al percatarse de las blancas pupilas del muchacho que falleció con los ojos abiertos, las que eran aún más blancas que el blanco normalmente encontrado dentro de los ojos. Él nunca había visto ojos como los de él, por lo que se sintió intrigado por el misterio que éstos podían encerrar. “Quizá haya alguien que me pueda decir qué significan los ojos blancos… Puede que incluso haya estado ciego”, pensó sin sentir arrepentimiento alguno; después de todo, ese momento no era distinto a los que había vivido en el pasado, y seguramente olvidaría la mayor parte de los detalles más temprano que tarde.

Bueno, ya es hora de que termine con esto —murmuró Joe una hora después, mientras se hacía a un lado para luego quitarse el sobretodo, cuyos bolsillos revisó para encontrar una botella de tinta y un pincel. Extendiendo la prenda lo suficiente como para usarla de lienzo, el muchacho mojó su pincel con tinta, concentró chakra en el mismo y comenzó a escribir una fórmula de sellado en el forro interior de la misma. Antiguas palabras escritas con suma elegancia por alguien cuyo control del pincel era majestuoso. Sin duda un observador externo pensaría que el vagabundo era un maestro de la caligrafía, mas no podría estar más equivocado. Para el joven pelinegro, lo que estaba haciendo no eran más que garabatos útiles que aprendió a dibujar mientras observaba a un mercader que le prometió cama y comida a cambio de protección. Ese hombre le había dado un pescado frito que no había conseguido olvidar, razón por la cual podía pensar en ello mientras dibujaba. Al terminar, ordenó a los kikaichû sobrevivientes, clones aún formados e incluidos, que se dispersaran por la zona y formaran un perímetro a su alrededor, y, al confirmar que no había persona alguna en un rango de quince metros, selló el cadáver dentro de su abrigo, para luego colocárselo de forma normal. Con sus eternos exploradores cuidándole la espalda, Joe regresó a la roca en la que se había sentado y recogió la bolsa que había lanzado al piso, atándola a su cinto una vez más antes de retomar su camino, siendo la cinta carmesí y algunos charcos de sangre lo único que quedó atrás de aquél misterioso individuo.

No fue hasta que llegó a los límites del bosque que se percató del estado en el que estaban sus prendas y en el que había quedado toda la comida que le habían regalado, por lo que no le quedaba otra opción más que dirigirse a la cercana Capital del Fuego, esperando reunir nuevamente los elementos necesarios para su viaje a tierras más lejanas.

Aclaración:
Tercer strike, estás fuera. (?) Una analogía que se puede aplicar perfectamente a esta situación. Al dar por sentadas todas mis acciones anteriores se ha llegado a este desenlace, el que ya no puede ser evitado; después de todo, el ingreso de los insectos a los órganos de Itaku es suficiente para hacerlos colapsar y acabar con su vida, por lo que esto es prácticamente una formalidad. Mejor suerte para la próxima.
Estadísticas e información:
Ninjutsu: 10
Taijutsu: 2
Genjutsu: 1
Velocidad: 4
Resistencia: 6
Fuerza: 2

Conteo de chakra: 4,6/7 técnicas nivel Genin restantes.

Armamento: Kunai. (9 restantes), todas las herramientas de Itaku.
Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Estado de reposición, segundo turno de tres. Chakra ya consumido.

Shiru: Jenerikkushīru (Jutsu de Sellado: Sellado Genérico)
Esta técnica es una habilidad estándar del ninja que le permite a este invocar una gran variedad de artículos que han sido almacenados usando un fūinjutsu. Los pergaminos son la opción más común para el almacenamiento. Cuando es necesario, el propietario activa el jutsu mediante sellos para convocar su producto o arma de elección. También puede ser utilizado como munición para otras armas o tener otras juntas dentro de ellos, que amplía el número de trucos que el potencial de un ninja puede utilizar.
Mediante esta técnica, también se pueden sellar elementos (agua, tierra, rayo) o incluso una explosión.
Esta misma técnica se utiliza para des sellar algo previamente sellado. Sin embargo, el des sellar algo no gasta chakra.
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Re: Entrenamiento natural.

Mensaje por Yabuki Joe el Jue 11 Ago - 19:56

Off:
Cinco días después, y sin haber recibido respuesta o queja alguna respecto a mis acciones anteriores, las considero realizadas en su totalidad y añado un breve post a modo de epílogo para cerrar el tema de forma definitiva.

Unos cuantos días transcurrieron desde el unilateral enfrentamiento entre el vagabundo y el encapuchado de ojos blancos, por lo que el pelinegro ya había olvidado parte de los hechos debido al enfoque de sus sentidos en el día a día; sin embargo, esos ojos eran difíciles de olvidar, sobre todo cuando él podía ver a diario las desdeñosas miradas de las personas mientras caminaba por la ruta en dirección a la capital. Era imposible no hacer la comparación entre los ojos de ese muchacho y los de los demás, ya que él había sido la única persona a la que ha visto con esa característica. Si bien la duda le carcomía el cerebro, no buscaba averiguar sobre el asunto de forma activa. “¿Para qué preocuparme por lo que pasó ayer?”, se dijo uno de esos días mientras seguía su camino. “Si alguna vez veo a otra persona de ojos blancos, le preguntaré qué es lo que tiene”, decidió ignorantemente, asumiendo que se trataba de poco más que una enfermedad ocular.

Tras detenerse a descansar en la orilla de uno de los caminos principales del País del Fuego, acción que realizó después de comer algunas bayas silvestres que encontró en el camino y beber agua de una acequia que corría junto a él para saciar su sed, un carretero en dirección a la capital se apiadó del muchacho al verlo dormir sobre la hierba, por lo que, después de despertarlo y hablar un momento con él, se ofreció a darle un aventón hasta su destino, ya que éste era el mismo. Joe estaba demasiado sucio y desaliñado, tanto sus manos como su ropa cubiertas con mugre y sangre, la que no resaltaba demasiado al estar seca bajo sendas capas de tierra, por lo que lo hizo viajar en la parte de atrás junto a sus cerdos para no incomodar a las otras personas que viajaban con él. El par de animales era bastante manso y no le perdía pisada en cuanto al olor que emitían, lo que hizo que el vagabundo se sintiera cómodo entre ellos; después de todo, alguien en su situación no puede darse el lujo de limpiar su cuerpo a diario. Las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen ser desde fuera de la caja…

Debido al cansancio que sentía después de vagar por tantos días, el pelinegro se acostó junto a los animales y se quedó profundamente dormido, feliz por contar con el calor de otro ser vivo para protegerse del frío de esa noche.
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Re: Entrenamiento natural.

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