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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

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El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Fay D. Flourite el Lun Jul 11, 2016 1:27 am

-¿Se puede saber que hora es?- mencioné algo molesto y entre farfulleos al momento de despertarme.  No podía creerlo, niños jugando y gritando en las calles cuando el Sol apenas había hecho acto de presencia en el horizonte. -Vaya, eso si que es levantarse con ganas ¿por qué no pude ser asi yo también?- dije algo apenado, recordando mis duros momentos durante mi larga y tortuosa infancia, bueno, al menos hasta mi llegada a la adolescencia. Decidí mirar por la ventana, observando con una ligera sonrisa a aquellos niños jugando alegremente mientras sus padres se hacían cargo de que nada malo les ocurriese, sinceramente, no se como tenían ganas de acompañar a sus hijos a jugar tan temprano. Mi atención se dirigió hacia una de las madres, embarazada, pero sola, cosa que me extrañó bastante.

-Bueno, vamos a intentar aprovechar el día ya que me han despertado- dije con cierta resignación mientras cogía un poco de pan de una estantería y preparaba lo que iba a ser mi desayuno. Lo comí sin apenas masticar, cosa que estaba seguro que no era para nada saludable. Recogí algunos shurikens solo por si las moscas y salí de mi casa. Mi vestimenta consistía en una chaqueta blanca con varios detalles azules y unos pantalones que seguían el mismo patrón de colores, asi como unos guantes blancos que solo cubrían la palma de mi mano por lo que mis dedos eran visibles. Al salir cerré bien la puerta y comencé a pensar donde podía ir. Obviamente mi cometido era entrenar un poco, asi que me dirigí hacia el Bosque de Sakura para practicar un poco acompañado de un espléndido paisaje.  Una suave brisa hacía que el clima fuese algo más frío, pero nada que me afectase, pronto iba a entrar en calor. Unos cuantos minutos de caminata bastaron para que llegase a mi destino.

-Wow, esto es sencillamente increíble-
pensé con asombro al observar lo que me rodeaba El ambiente era precioso, la vegetación, conformada casi en su totalidad por árboles de flor de cerezo florecidos completamente y mostrando orgullosos su color rosaceo, cubría todo el terreno, apenas filtrando la luz del Sol, dejando una luminosidad natural digna de admiración mientras algunos charcos de agua en el suelo eran cubiertos por las más bellas hojas que podías ver. El bosque estaba prácticamente vacío, ninguna persona, ni ningún otro ser vivo, podía verse ni escucharse cerca, así que decidí comenzar mi entrenamiento.  Lo primero había que hacer era calentar, cosa que hice con moderada energía para evitar que supusiese un cansancio mayor del necesario. Giré y troné cada una de mis articulaciones haciéndome valer de mi innata capacidad para ser increíblemente elástico.
-Adelante, vamos allá- dije mientras me disponía a intentar llegar a la cima de los cerezos más grandes en el menor tiempo posible.

Aclaración:
Siento si el post es algo corto, son las 2 de la mañana y bueno, es realmente el primer post que hago, suerte y que nos vaya bien xD
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Lun Jul 11, 2016 10:40 am

Amanecía un nuevo día en la capital del país del rayo y el perro viejo de nombre Kuen Lung había estado huyendo toda la noche de sus perseguidores, al fin y al cabo es lo que se había buscado por huir de aquel centro psiquiátrico en el cual se encontraba interno. Pero ahora, Kuen Lung se encontraba tirado en el banco de un pequeño parque rodeado de urbanizaciones, durmiendo en el banco como si de un vagabundo se tratase. Cualquiera que pasase por allí y lo divisara podría confundirlo seguramente, ya sea por el aspecto físico, por sus vestimentas o por el olor a hediondo que desprendía. Aunque, a Kuen Lung no le hubiese venido mal si alguno se acercaba y le regala unos cuantos Ryous, ya que aquella sustancia la cual Kuen Lung esnifaba por su nariz se le había acabado y la necesitaba urgentemente. Para él, era el como el comer de las personas normales o simplemente como el beber agua todos los días, necesitaba su pequeña dosis por las mañanas para empezar con energía el día. Lentamente, Kuen Lung se incorporó y observo como en aquel parque en el que había pasado la madrugada/mañana había una pequeña fuente en la cual se podría acercar a refrescarse y porque no, a lavarse un poco.

Después de haberse refrescado y lavado un poco, el viejo perro necesitaba dinero y la manera de la cual había conseguido siempre el dinero era robando. Se encontraba en la mejor parte de la ciudad para robar, la zona comercial, no a muchas calles de dicho parque, había calles y calles llenas de estantes y de mercaderes dispuestos a vender a sus propios hijos con tal de conseguir la atención de las personas y venderles lo que en el estante ofrecían. Con las manos en los bolsillos, Kuen Lung se fue dando un paseo por todos los puestos hasta que encontró uno que atrajo su atención jugosamente, y más concretamente, una katana de apariencia semi-tradicional, con algunas inscripciones en los laterales del filo.- ¿Cuánto podré sacar por dicha Katana? Seguramente me dé para una buena dosis.- Pensaba el viejo, mientras observaba que el mercader se encontraba despistado hablando con su compañero de al lado. Lentamente se le acercó al estante, la tomo y empezó a correr mientras detrás de él se escuchaban gritos.- ¡ALTO! ¡AL LADRÓN! ¡DEVUELVEME ESO MALDITO VIEJO!- Gritaba el mercader pero la velocidad de Kuen Lung y su experiencia en robos ya era demasiada como para dejarse pillar.

Obviamente, Kuen Lung era perro viejo y no iba a ser tan tonto como para intentar venderla en la misma zona en la que había robado dicha Katana. Le habían hablado de otra zona comercial en la cual había un comprador de armas, y sin más dilación, el viejo acelero su paso, casi que parecía que estaba corriendo. Estaba desesperado por conseguir su dinero y entrar nuevamente en el éxtasis y el subidón que le provocaba dicha sustancia. A ese paso, no tardó mucho en llegar al lugar que le habían indicado y una vez allí, carraspeo para anunciar su llegada.- Viejo, tengo esta katana para ti.- Se la lanzo al mostrador de madera que poseía la tienda.- ¿Cuánto me das por ella?- Aquel viejo observo la Katana y observo a Kuen Lung, de un momento a otro, en su cara se dibujaría una expresión de miedo llegando a tirar la Katana al suelo.- ¡EH! Más despacio, que si la quieres o se rompe me vas a tener que pagar el doble.. ¿Qué me das por ella?- Decía Kuen Lung mientras se agachaba a recoger la Katana.- Nada- Decía el anciano mercader con voz temblorosa.- ¿¡QUÉ ME ESTAS CONTANDO!? ¿SABES LO QUE SIGNIFICA ESO?- Gritaba Kuen Lung mientras le agarraba del cuello de la camisa.- Sí y por experiencia puedo decirte que esa Katana esta maldita.- Decía nuevamente el viejo con voz temblorosa.- ¿Maldita? ¿Pero eso vale algo? Necesito dinero. ¡NECESITO MI DOSIS URGENTEMENTE!- Gritaba Kuen Lung mientras miraba la cara de terror del viejo y entendía que no había remedio.- Si quieres un consejo “joven”, deshazte de ella. Tan solo te va a traer desgracia y seguramente la muerte.- Decía el joven mientras intentaba empujar a Kuen Lung hacia la salida de su tienda.-¡Pero... si morir es un divino tesoro! La aceptaré pero quiero que me la compres.- Decía Kuen Lung mientras intentaba oponer fuerza con sus pies pero su cansado cuerpo no se había recuperado todavía de la noche y no estaba activo aún. Ua vez fuera, el viejo se acercaría al escaparate para poner el rótulo de cerrado.

Sin dinero y con una Katana se encontraba Kuen Lung en su día, al menos había ido mejor que otros días en los cuales solo tendría dinero. Una vez comenzaría a andar, Kuen Lung notaría una especie de bulto en el interior de su zapato, el cual le molestaba al andar. Este rápidamente se agacharía buscando debajo de su zapato pensando que sería un buen fajo de billetes pero no, ahora procedería a quitarse el zapato y comprobaría que dentro de este se encontraba una un pequeño saquito con un polvo blanco, dicho saquito caería al suelo y rápidamente Kuen Lung se lo echaría al bolsillo y se pondría su zapato.- ¡TENÍA MÁS! HAHAHAHAHAAHA. Ahora a encontrar un sitio apartado de la gente….- La cabeza de Kuen Lung se movió de izquierda a derecha y observo como había un gran bosque con una gran vegetación, el cual parecía estar apartado de toda persona ajena. Corrió hacia dicho bosque y se ocultó tras un árbol, para poder esnifarse la mitad de su saquito.

Lentamente, el viejo Kuen Lung fue saliendo de la vegetación con cara de felicidad y satisfacción sumido en un trance y observo como un joven intentaba subir un cerezo.- Eh tu chaval, ¿eres tonto? ¿Qué coño haces aquí?- Preguntaba en un tono agresivo Kuen Lung.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Fay D. Flourite el Mar Jul 12, 2016 12:00 pm

-Tengo que mantener un buen ritmo- decía mientras intentaba llegar a la cima del cerezo. El árbol que estaba escalando era un ejemplar de bastantes metros de altura, para concretar un poco más se puede decir que medías entre 20 y 25 metros, más o menos. -Vaya, esto cuesta más de lo que me esperaba, sobretodo hacia arriba- pensé al dar una gran zancada para volver a ponerme sobre el tronco del árbol y proseguir con mi entrenamiento. Avanzaba a una velocidad decente, la temperatura ambiental en aquel momento no era para nada mala asi que no tuve que preocuparme, en realidad tenía suerte de vivir en un País con tan buen tiempo. A grandes pasos llegaba yo a la cima, tardando tan solo unos pocos segundos, pero tenía que mejorarlo, no era un buen tiempo y menos para un ninja. La bajada fue, por razones obvias, bastante más rápida pero con algún que otro problemilla, el aterrizaje. -¡Wow, vaya velocidad se...!- alcancé a decir antes de, literalmente, comerme el suelo. -Mierda, tengo que controlar eso- dije algo dolorido mientras me levantaba y comprobaba que no me faltaba ningún diente.

 -Oye..- escuché mientras miraba hacia los lados con miedo de que alguien me hubiese visto. -Oye..- volví a escuchar, esta vez algo más asustado porque realmente no era capaz de ver a nadie. -Aquí abajo..- oí como aclaración a su posición, supongo que se dió cuenta de que no era capaz de encontrar la fuente de dicha voz. Miré hacia la dirección que me había indicado la voz misteriosa y de un volumen exageradamente bajo, y allí estaba. Era una niña muy pequeña, de grandes ojos castaños y de pelo negro como la misma obsidiana. -¿Qué te pasa niña?- dije mientras en mi cara se esbozaba una enorme y cálida sonrisa. -Mi sombrero- mencionó la niña. -¿Qué sombrero?¿Qué pasa con tu sombrero?- alcancé a preguntar. En respuesta a mis interrogativas la niña simplemente levantó su dedo señalando hacia un lugar alto. Seguí con la mirada el lugar que aquella adorable niña pretendía señalar. Era precisamente la copa del árbol del que me había caído un minuto antes. -Supongo que el viento se ha llevado tu sombrero, no te preocupes yo te lo recojo, pero oye, ¿y tus padres?- pregunté extrañado. -He salido corriendo detrás del sombrero y me he perdido- decía con cierta dificultad.

Hice un gesto de aprobación con la cabeza y volví a lanzarle otra sonrisa, me agaché un poco para ponerme a su altura y le dije:
-No te preocupes, quedate aquí vale, no te muevas- La niña asintió con la cabeza y sonrió un poco, en ese momento procedí a subir a aquel árbol. Tras unos cuantos saltos ya me encontraba en el lugar en el que se hallaba el sombrero, pero una nueva racha de viento hizo que este se moviese de forma tan inesperada que me precipité en dirección al suelo, de nuevo. Por suerte tuve los suficientes reflejos como para poder engancharme de nuevo a una rama del árbol y seguir persiguiente al sombrero. Tras unos cuantos segundos de rafagas de viento inesperadas y extremadamente inoportunas, conseguí atrapar el dichoso sombrero. Bajé suavemente, no como antes, y me puse enfrente de la niña, devolviéndole su sombrero, a lo cuál esta respondió con un: -Gracias- muy bajito. -Voy a subir de nuevo a ver si desde allí encuentro rastro de tus padres- dije con decisión. Justo cuando estaba dispuesto a volver a la parte superior del árbol, una nueva voz mucho más agresiva me sorprendió. Un sujeto salió desde detrás de un árbol haciendo preguntas en un tono muy borde. -Antes que nada, te calmas. Simplemente estaba entrenando un poco y de paso ayudar a esta niña. La pregunta seria ¿que haces tú aqui?. No quiero discutir ¿vale? Asi que sigue con tu vida- dije bastante molesto y ofendido por su agresiva entrada mientras esperaba una respuesta.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Miér Jul 13, 2016 11:13 am

La pregunta que Kuen Lung había dejado en el aire había sido lanzada en un tono agresivo pero era su carácter cuando estaba en su momento de clímax, de éxtasis que le provocaba la sustancia inhalada por la nariz. Le daba la confianza y la seguridad suficiente a sí mismo para enfrentarse a los problemas, el problema llegaba cuando dicho efecto pasaba y no podía/quería combatir, le volvían las inseguridades y hasta el ninja más estúpido era capaz de intimidarlo. Pero, la sustancia no afectaba de golpe, iba en progresión y todavía estaba en progresión, se notaba más que nada por la cara que fue poniendo Kuen Lung al ver la contestación del joven, la cual vino acompañada de un tono molesto y agresivo quizás.- ¡Eh tío! Vale tranquilo, no me pegues, ¿no quiero problemas vale? Eh… No… No…- A medida que Kuen Lung hablaba, en su cabeza estaban sucediendo los choques que sucedían en el psiquiátrico, le venían repentinamente los recuerdos de su infancia.- Madre no me pegues… Yo no soy él, madre… Madre mi espalda me duele…- Decía una y otra vez hasta que dio un movimiento brusco con su cabeza.

Ahora, algo había cambiado en Kuen Lung, tanto su mirada como su forma de tratar a aquel joven.- Oye tú, pequeño bastardo.- Decía mientras agarraba fuertemente su katana.- Mi nombre es Perro de Siete Cabezas y lo que haya estado haciendo aquí no te interesa. Se útil y ayuda a esa niña, quizás podamos conseguir dinero pero…- Lentamente Kuen Lung iba a desenvainar su katana y señalar a Fay.- Si te acercas a mi dinero, te rajo el cuello…- Su cara parecía estar en extasis máximo, en su climax y era el momento del Kuen Lung seguro y con ganas de pelear pero no iban a tardar en aparecer 2 personas de la frondosidad del bosque, parecían cansadas.- ¡Ah! ¡Ahí está! Corre estúpido a por ella.- Decía uno de ellos mientras señalaba a la pequeña niña y esta rápidamente se escondía detrás de Fay.- Eh eh eh, un momento estúpidos, ¿sabéis quién soy yo? ¿Sabéis quién es esa niña? Esa niña…-Decía Kuen Lung señalando a la niña con su Katana.- Es mi pase para mucha sustancia y vais a tener que pelear con ese de allí para conseguirla, y claramente luego conmigo.- Decía con cara de loco para luego reírse a carcajadas.

Mientras observaba a aquellos bandidos que habían aparecido enfrente de ellos, Kuen Lung se aseguraba de agarrar bien fuerte la Katana pero se sentía raro sujetándola, le provocaba empezar a blandirla con el viento de lo ligera que es y al hacerlo, se escucharía un sonido bastante peculiar que parecería que fuese una canción, por el ritmo constante que esta estaba manteniendo.- Muy bien, si así quieres que sea el combate, así será.- Decía uno de ellos mientras desenvainaba otra katana.

Stat's:
• Ninjutsu -
• Taijutsu 5 (+2 habilidad de Arte Certero)
• Genjutsu -
• Velocidad 5 (+2 habilidad de Arte rápido)
• Resistencia 5
• Fuerza 5

Técnicas empleadas 0/6

Stat's ninja A:
• Ninjutsu 7
• Taijutsu 10 (+2 habilidad de Arte Certero)
• Genjutsu 7
• Velocidad 10 (+2 habilidad de Arte rápido)
• Resistencia 10
• Fuerza 10

Técnicas empleadas 0/8

Stat's ninja B:
• Ninjutsu 10
• Taijutsu 7
• Genjutsu 7
• Velocidad 10
• Resistencia 10
• Fuerza 10

Técnicas empleadas 0/8
Kuen Lung
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Sáb Jul 23, 2016 1:17 am

Tan solo un par de minutos había estado merodeando la zona, solo un par de minutos mientras sus calmados y fríos ojos se deleitaban con tan asqueroso color. ¿Por qué tenía que existir? Quien sabe, algún dios homosexual con gustos extraños lo habría creado. Se sentía atrapada en algo que no podía describir… Ese tono le transmitía dulzura y ella no conocía el significado de aquella palabra, al menos ya no. No existe tal cosa — Gracias a dios… Como odiaba a esa mujer — Una nueva dama que jamás no había entrado en escena demasiadas veces apareció, siendo tan amargada como la había diseñado el subconsciente de la niña. Por ello le gustaba, aquella mujer sabía que no tenía que decir y que si, aunque lo dijese de mala gana. No importaba, dado que la pequeña ignoraba por completo esa clase tratos, después de todo, no sabía distinguir entre algo bueno y algo malo. Ni siquiera si se trataba de ella misma al hacerlos.

— ¿Mhm? — Soltó la pequeña, enfocando sus ojos en un punto un tanto alejado de su posición. ¿Qué estaría pasando en aquel valle de tinte rosa? Un encuentro de cinco personas según podía distinguir en aquellas amorfas siluetas. La distancia distorsionaba por completo su rango de visión, al menos desde allí hasta el punto donde se encontraban aquellas personas. — ¿Qué estas esperando que no te mueves a revisar qué es eso? — Las palabras de un hombre imaginario llegaron en buen momento, puesto que la fémina se lanzó a los árboles para desplazarse sobre estos hasta llegar a su objetivo. Aquella capa que siempre solía usar para cubrir su cuerpo se balanceaba con el aire que creaba el ambiente y se sumaba además el que creaba su carrera. Era rápida, sin duda, y que recorrió unos cuarenta metros en un par de segundos. Quizás se debía a que era una niña, con demasiada energía y además, con no tanta estatura como para que el viento le impidiese avanzar con tanta velocidad.

Se detuvo a un par de metros de aquellos dos hombres, dos que frente  ellos poseían un grupillo de tres. Un hombre frente a los otros dos, siendo el segundo quien escondía a una pequeña niña en su espalda. Sonrió, puesto que no había visto demasiados niños desde que había matado a varios un año atrás — Mátalos… Ahora — Aquella mujer hablo de nuevo, y sabía que en su imaginación, estaba señalando a aquellos hombres frente a ella, aquellos dos que tenía planeado pelear con el grupo de tres. Saltó, viéndose en los aires una silueta blanca, un ángel podría decir algunos pero este no poseía alas y no tenía buenas intenciones tampoco. Shureddā fue empuñada hacia abajo, creando un taladro con problemas de perforación, bañando la punta de la misma en chakra para otorgarle fuerza a la misma. ¿Qué haría con ella? Romperle la cabeza al hombre de la derecha… O bien, lo intentaría. El sonido del impacto, la fuerza que le había otorgado la gravedad y la misma que ella había empleado al impactarla contra el cráneo ajeno, llegaron a aplastar al hombre contra el suelo, apareciendo la silueta de aquella niña sobre su espalda. Tendido el mismo en el suelo y con aquel blanco ser empuñando el arma en su cabeza.

No tardó demasiado en usar nuevamente aquella espada, golpeando con el dorso de la misma el abdomen del segundo hombre. Mostrándole a este una sonrisa mientras el mismo escupía un poco contra el viento. El mismo atrapo su estómago luego de que aquella arma se retirase, y retrocediendo dos metros, cayó de rodillas al suelo. No poseía aire e intentaba otorgarle a sus pulmones un poco del mismo pero la dama no le dio tiempo de ello y volvió a impactar a Shureddā contra su abdomen, esta vez, con la punta de la misma logrando que el mismo cayese al suelo inconsciente. Ya luego moriría, de momento solo hacía falta decidir que iba a hacer con aquellos a sus espaldas, mismos que observaba por encima de su hombro. — Tienes cara de psicópata… ¿Alguna vez te lo dijeron? — Sentenció la niña, dirigiéndose al más grande del grupo.


Aclaraciones:
Según el tema de "En busca del conocimiento." Bastante tiempo merodeando en el país del rayo, pero el post en sí habla de como la chica observaba los árboles y paseaba por allí.

Otra cosa es que Kuen me ha pedido entrar ya que, imagino, no quiere desperdiciar las líneas que ha hecho hasta ahora y quiere concluirlas para un entrenamiento, so... TENGO PERMISO. Por otro lado, el tema según pienso no es una misión por lo que no debería ir a pedir "permiso" para entrar en el en mi tema de petición de misiones. Es un entrenamiento, supongo, al que se me ha pedido entrar para aprovechar las líneas hechas. Es todo.

¡Saludos!
Gunner
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Sáb Jul 23, 2016 4:18 pm

Kuen Lung seguía blandiendo la espada en el aire y realizando sonidos con ella, aquellos sonidos provocaban una especie de relajación en el cuerpo de Kuen Lung y buscaba aprovechar que sus enemigos se acostumbrasen a dicho sonido para empezar a combatir pero una silueta blanca apareció de los aires, mediante un salto, como una especie de ángel apareciendo de la nada pero las intenciones no eran agradables para los ojos de la niña pero si para los de Kuen Lung, ya que había visto la muerte de muchas maneras y la añoraba, es más, Kuen Lung anhelaba la muerte y esperaba que su perra vida, su miserable vida acabase pronto. El cuerpo del hombre quedo en el suelo, creando un charco de sangre que llego a los pies de Kuen Lung, el cual envaino la Katana y se agacho para tomar una muestra de dicha sangre con el dedo índice de la mano derecha, llevarse esta muestra a la boca y saborearla.

Otro ataque fue realizada por “el ángel caído del cielo” como la había bautizado Kuen Lung, pero esta vez dicho ataque se dirigía hacia el abdomen del segundo hombre, el cual se llevaría las manos a su estómago intentando mantener sus tripas en su sitio.- ¡JODER! ¡Cómo molas “ángel caído del cielo”¡ ¡ESPERA ESPERA! Dime que eres real y que esta mierda.- Decía Kuen Lung mientras sacaba su pequeña bolsita en el cual conservaba una pequeña dosis.- No me ha provocado un subidón o un ataque. ¿Eres real verdad? Dios, toda esa sangre… No está mal para una principiante.- Decía Kuen Lung mientras empezaba a reírse como un psicópata.- Sí que me lo habían dicho, me han tratado de desecho social, me han insultado, me han llamado drogadicto y me han encerrado en un manicomio del cual escape con una cuchara. Pero eso es otra historia, ¿y a ti? ¿Nunca te habían dicho que eres demasiado pequeña para matar?- Sentenció Kuen Lung, mientras se acercaba para examinar los cuerpos y desenvainaba lentamente su katana.- He de dejar un regalito. ¿Me permites?
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Dom Jul 24, 2016 7:24 pm

— Mátalos… Mátalos a todos — Era una extraña petición, un extraño deseo de sangre. ¿Por qué seguía repitiendo aquello como un anhelo? Aquella dama en su cabeza tenía una retorcida forma de actuar, sin duda. Quizás de ella, la pequeña niña había sacado ese gusto por asesinar a las personas sin razón aparente. No tenía interés en la vida, ni en la suya ni en la de otros. Ya no valoraban lo que era vivir o morir, para ellas, todos estaban muertos. Y así mismo pensaba aquella mujer en su cabeza, todos merecían la muerte que ya tenían en su interior, que ya estaban destinaos a tener, usando un simple recipiente como lo era la peliblanca para cumplir su más anhelado deseo; Consumir tantas almas como le fuese posible, regalarlas al purgatorio. — ¿Qué esperas? Quiero escuchar a esa niña gritar de miedo — Y aunque la fémina no lo dijese, aquella idea le parecía divertida. ¿La llevaría a cabo? Quién sabe.

Las palabras del hombre llegaron a sus oídos, justo como esperaba. Se veía desde lejos que no estaba del todo cuerdo, similar a ella claro. Una sonrisa se mostró en sus labios mientras observaba por encima de su hombro al hombre que poco después acabo a su izquierda. Mala idea. Pedía algo, un regalo o quien sabe qué cosa ¿Y quién era la menor para negar tal petición? Solo una niña con las manos manchadas de carmesí. Una de ellas, dado que había observado como el ajeno saboreaba el tinte rojo, fue enviada al rostro de este. Hacia donde alcanzó, claro, llenando el mismo con sus dedos del más hermoso color que había visto la pequeña. Ese intenso tono del rojo era, sin duda alguna, una de las pocas cosas que le daba alguna emoción a la pequeña. Se sentía bien el observarlo, se sentía viva al mancharse con este. ¿Quería más? Si. — ¿Principiante? —  Si la acababa de llamar de esa forma, el ajeno tenía que estar demasiado confiado para decirlo.

— Mátalo. — Sonrió y Shureddā se movió. Horizontalmente, aquella espada fue cortando el aire con su sellado filo con el simple objetivo de golpear al hombre a su izquierda. Era un movimiento rápido, por lo que tenía que actuar con la misma rapidez si no quería recibir tan doloroso golpe en el pecho. Si bien, no iba a causar más que dolor, seguro que luego de ello la pequeña seguiría con una cantidad de golpes distintos para mantenerlo a raya. Y si reaccionaba como era debido, la pequeña disfrutaría de una hermosa tarde con alguien que por fin podía darle un poco de diversión. Todos los demás eran simples idiotas que no sabían cómo reaccionar ante un ángel. — ¿Principiante? —  Repitió la pequeña señorita, bajando solo un poco la mirada. Su pierna derecha se afinco en el suelo, dando un giro con todo su cuerpo al igual que lo realizaba Shureddā terminando por observar el brazo del mayor y sostenerlo con su mano libre; la izquierda. Si bien, quizás las fuerzas entre ambos tuvieran una gran diferencia, no iba a competir con ella según sus pensamientos.

— Tendrás que ganarte ese regalo ahora —  Menciono la niña.


OFF: Vamos a pelear un poquitito, asi entrenamos. ¿Vale?

Shuredda

Justu oculto x1

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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Lun Jul 25, 2016 9:03 pm


Aquel loco, sí, porque en verdad Kuen Lung estaba loco, no se percataba de que aquella niña pequeña y a la cual acababa de llamar principiante, esas palabras le habían sentado como una patada en el culo o para Kuen Lung, como una patada en los mismísimos testículos. El efecto de aquella droga que tomaba Kuen Lung estaba empezando a pasar y estaba empezando a pasar lo efectos “energizantes” que ocurrían en su cuerpo. Aun con la Katana envainada en la mano, observo como rápidamente se le acercaba aquella arma envuelta en vendas. Inconscientemente, Kuen Lung había empezado a imbuir de Chakra de naturaleza Fuuton su katana, provocando que la longitud de esta aumentase unos 50 centímetros y al intentar bloquear el ataque de la niña, se lanzase una ráfaga de viento la cual no sería visible por la joven repeliendo así el ataque.

-¡EH! Cría pero... ¿Qué cojones haces? ¿No te han enseñado tus padres a respetar a tus mayores?- Decía el viejo mientras miraba como su katana se encontraba envuelta en chakra Fuuton y había aumentado su tamaño.- ¡EH! ¡Niña! ¿Has visto esto?- Se refería a Gunner mientras le señalaba con la otra mano su katana.- ¿A que es molona? Te la vendo. No es que no me guste ni nada por el estilo pero… Uno tiene necesidades, ¿sabes o no?- Decía Kuen Lung mientras con su mano izquierda haría el mismo gesto que hacia cuando se introducía su preciada sustancia blanca por la nariz.

Habilidad empleada:
Shinigami no Zenchō (死神の前兆, Presagio de la parca/Segador)
• Esta habilidad funcione solamente a base de chacra de naturaleza Fuuton. Al imbuir con este a la espada en cuestión, esta aumenta su longitud en aproximadamente 50 centímetros, con ráfagas de viento cortantes invisibles para el ojo humano normal. Estas ráfagas así mismo previenen que liquido como sangre entren en el intrincado funcionamiento de la espada. Así mismo, el imbuir con chakra fuuton la espada también provoca el sonido de la peculiar tonada.

Duración: A raíz de las distintas aleaciones utilizadas en distintos rangos, conforme se reforja la Katana, esta adquiere mejor capacidad para conducir la energía y por tanto, el efecto dura más.

Genin: 2 turnos.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Mar Jul 26, 2016 7:12 pm

Una buena reacción había sido dada por el hombre junto a la pequeña, quien usaba aquella arma que portaba como una defensa. Si bien, era algo efectivo, aquella aura que rodeaba la misma era lo que intrigaba a la pequeña. Un tono blanco, al igual que su atuendo, bañaba el filo de aquella espada y para la niña, aquello le parecía interesante. ¿Podría tocarlo? Claro pero… ¿Qué pasaría si lo hacía? Sorpresa, sorpresa. — Es una interesante habilidad… Se parece a ti, niña — Haciendo referencia al color de su atuendo y cabello, lo cual de cierta manera era cierto. Pero la pequeña sabía que, por cómo se veía la técnica, era un camuflaje para algo más. Sonrió, dado que él mayor tenía sus cartas bajo la manga. Aquella mano que se posaba contra el brazo del hombre abandono su posición para subir poco a poco hasta el cielo, cerca del rostro del mayor donde algo especial sucedería.

— ¿Padres? — Repitió el ángel,  y aquella palabra se marcaba una y otra vez en su cabeza, llenando sus pensamientos con ella y molestando a todos aquellos espíritus que dentro de su mente habitaban. Más de uno empezó a gritar que callase, dado que aquella palabra era molesta para ellos, otros pedían el saber que significaba esa palabra, siendo estos los que a la niña le interesaba más escuchar. — No conozco el significado de esa palabra — Y de la nada, aquella mano en el aire estallo llevándose con ella una buena parte de la muñeca de la niña. Un impulso hacia delante fue creado gracias a tal explosión, y seguro sorprendería al hombre quien había bajado la guardia por una buena cantidad de segundos. Y aun así, la pequeña solo mando aquello como una distracción, tomando una piedra con la misma mano que ahora regresaba a la normalidad para arrojarla directamente al centro de los ojos ajenos, aunque dada la distancia de unos cinco metros y la poca fuerza de la pequeña, terminaría golpeando su barbilla o cuello.

— Esa espada… ¿Lo que sentí fue una ráfaga de viento? — Pregunto para sí misma, dado que antes de todas aquellas maniobras que la misma había realizado, un pequeño empujón le fue otorgado a Shureddā para alejarla del torso ajeno.  — Así parece… Un elemental de viento… Por eso trae ese color tan pálido — Recitaron sus adentros, un hombre para ser exacto. Una buena cantidad de conocimiento podía traerle aquel señor a su memoria. Descanso su cuerpo, dejando caer sus brazos y apoyando la punta de su espada al suelo, además de sostenerla con ambas manos por el final del mango — Mhm… — Su mirada se enfocó en aquella niña no tan lejos de los dos, quien ahora mostraba su cuerpo al completo fuera del tercer hombre en el terreno, aún con vida. Aquella voz femenina, al volver su atención a ella, repetía una y otra vez que acabase con su vida pero la niña no tenía intenciones de escucharla, de obedecerla. Por otro lado, simplemente ignoro su existencia como si se tratase de un fantasma más en sus recuerdos.

— ¿Pensabas venderla? ¿A quién? — Pregunto, queriendo saber el por qué se mantenía con vida en manos de tan diestro hombre, quien en segundos podía haber acabado con aquellos dos seres al cerrar sus ojos siquiera.



Ninpo taijutsu, Bakuhatsu-mono (Arte ninja del combate cuerpo a cuerpo, explosivo):
Sin la necesidad de sellos de manos, el usuario es capaz de acumular chakra en alguna de sus extremidades al momento de atacar. De esta forma, al asestar un golpe, la extremidad del Hozuki será víctima de una violenta explosión de agua cuya onda de choque será capaz de generar daños considerables en el oponente.
Esta explosión también afectará al usuario, por lo que deberá utilizarse el jutsu de hidratación para salvarse de esta explosión y para rearmarse luego de la explosión.

Suika no jutsu (Jutsu de Hidratación):
Esta técnica es una de las más características del clan Hozuki. De forma tanto voluntaria como involuntaria, el Hozuki será capaz de licuar su cuerpo compuesto de agua, perdiendo su forma antropomórfica para transformarse ahora en una masa de agua que se podrá mover libremente por el campo de batalla. Esta técnica es sumamente útil para infiltrarse en campos de batalla enemigos, o para evadir de forma involuntaria un ataque físico provocado por parte del oponente. No requiere sellos de manos, y no tendrá efecto contra técnicas que estén cargadas de chakra (Kenjutsus, Jutsus doton).

Gennin: En este nivel, el usuario podrá utilizar esta técnica únicamente 3 veces por batalla.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Mar Jul 26, 2016 10:56 pm


Quizás debido al exceso de confianza producido por la sustancia blanca que Kuen Lung había esnifado unos minutos antes detrás de un árbol, había provocado que se acercara lo suficiente a aquella niña que no tenía pintas de estar por la labor de ayudar al viejo. Puesto que lo único a lo que se dedico fue a levantar su mano hasta la altura del rostro, para luego proceder a darle una pequeña explicación a Kuen Lung sobre el significado que tenía para ella la palabra padres. Lo sucedido a continuación fue rápido, tanto que a Kuen Lung casi no le dio a reaccionar al ver la muñeca de la niña explotar y una piedra ser lanzada en dirección a su barbilla, impactando.

-Vale, ahora lo entiendo. Tú no eres real, tu eres una simple paranoia creada por la sustancia ¿verdad? Joder, en verdad aquella persona que viole y mate por esta mierda tenía razón…- Decía Kuen Lung mientras se notaba que el tono, el entusiasmo y las ganas que hablaba iban disminuyendo hasta el punto de envainar su katana y dibujarse en su cara una mueca de terror.- Vale vale, pequeña, ya lo entiende. ¿No me pegues más vale? Yo… Yo…- Cualquiera que estuviera viendo dicha imagen desde lo lejos seguramente se asombraría como  aquella persona ya entrada en edad, tendría miedo de una niña tan pequeña y aparentemente inocente.

Rápidamente Kuen Lung se echó al suelo y con las rodillas dobladas, las abrazo con sus brazos para después empezar a balancearse hacia adelante y hacia atrás.- No madre… Yo no soy él… Yo no tengo su seguridad, por favor madre… Pare, me duele la espalda madre…- Repetía una y otra vez aquel hombre con la mirada perdida y sin parar de balancearse. Era obvio que había entrado en una especie de shock o de bloqueo mental ante la seguridad y el paso de los efectos de sus “energizantes” drogas psicodélicas. Las voz de aquella niña pareció activar algo nuevamente en la memoria del viejo sentado, al parecer le había sacado momentáneamente del trance en el que se encontraba, en los ojos de Kuen Lung se podría ver sufrimiento y miedo, los cuales buscaban los ojos de la niña para después relamerse lentamente los labios y proceder.- A quién la quisiese, necesito dinero y la he intentado vender pero…- El balanceo había parado por un momento pero no duraría mucho, puesto que sería reanudado nuevamente.- Me han comentado que esta maldita y no podré sonsacar nada por ella.- Una vez el viejo había terminado de hablar, procedió a volver a su posición de abrazar sus pies con sus brazos y seguir con su balanceo y la mirada perdida.

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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Miér Jul 27, 2016 2:54 am

— No creo que le funcione bien la cabeza… Es decir… ¿Por qué sigue diciendo que no eres real? ¿Acaso no sintió nada con esa explosión? —

Las preguntas en la cabeza de la pequeña, sin duda tenían un toque de razón. Todas y cada una de ellas mencionadas por el hombre que habitaba sus pensamientos, o bien, uno de estos fantasmas masculinos que había creado para simular una familia. En otras palabras, aquel hombre en su cabeza podía ser su hermano mayor faltando por salir a escena un par más. La niña, por otro lado, quería saber a qué se refería con ser ella algo irreal. ¿Lo seria? Quienes habían muerto en sus manos claramente la habían visto, no era nada imaginario para sus víctimas… ¿Por qué para aquel hombre si? Le resultaba extraña aquella reacción y quería saber el porqué de ella, entrando a escena esa niña interna que si bien no poseía sentimiento alguno, podía mostrarse curiosa en ocasiones gracias a su corta edad y a las pocas cosas que había llegado a observar con sus propios ojos. Sed de conocimiento podría llamársele a aquello.

Una pequeña risa, una que vino acompañada con el movimiento de la cabeza de la pequeña, ligero, suficiente para ocultar su rostro tras una cortina de cabello níveo. Poco después, levanto solo un poco su mirada para mostrar sus claros ojos en tonos lilas, sembrando un poco de miedo en su entorno gracias a la expresión retorcida que mostraba su mirar. ¿Qué pasaba por su cabeza? Algo realmente divertido para ella. Dando un par de pasos, ignorando la explicación que el ajeno recitaba sobre la chica, aquella pequeña afilo la punta de su espada para una tarea que tenía pensada para ella — Dices que no soy real, ¿No es así…? —  Recitó la niña, empuñando el arma con suavidad para dejarla caer sobre la mano del ajeno, con cuidado de no pasar demasiado la piel ajena pero si para crear dolor. Aquel filo pintado en azul rodeando la punta de Shureddā seguro le daría una pista al mayor para que entendiese que todo aquello era tan real como la muerte que le esperaría si continuaba actuando de esa manera.

— Definitivamente no está sano de la maceta… — Un niño, alguien que podía considerarse un hermano más para la niña, se materializo junto a ella. Con brazos cruzados y observando a aquel hombre completamente perdido en su propia pesadilla. — Si… Me gusta esa locura interna —  Sabía que ese hombre frente a ella no era el mismo de antes, aquel que se había defendido de una manera realmente rápida a su ataque y que, sin duda alguna, no le tenía miedo al choque de espadas o a un par de golpes como este hombre de rodillas, con la mirada perdida… Destrozado internamente. Sonrió, regresando su mirada a aquella pequeña niña que parecía estar más calmada. Ese rostro inexpresivo no tardó en aparecer nuevamente al observarla, claramente había algo extraño en ella, algo que no cualquiera podría ver si no se fijaba con excesivo cuidado —Mhm… —  Recito, sabiendo que debía hacer con ella.

— Sé a quién podemos venderla… Claro, el cobro de ella será mutuo —  Aquella persona en su cabeza pagaría bastante por algo tan curioso como lo que escondía aquella pequeña bajo su brazo. Una marca en negro, similar a algo que había encontrado la niña un año atrás. — No sabemos cómo comunicarnos con él… — Menciono un fantasma masculino en su cabeza — No hay que buscarlo… Llama su atención y vendrá por sí mismo —  O bien, enviaría a uno de sus enmascarados secuaces.


Arte de la espada envainada:
Es un estilo de pelea muy poderoso y a la vez uno de los más complejo que existe. La técnica consiste en el uso de la vaina como si fuese la misma espada, realizando las técnicas de Kenjutsu con la misma sin necesidad de desvainarla para dañar al enemigo. Un estilo antiguo usado por los samuráis del mundo para acabar con sus oponentes en poco tiempo, ya que esta arte es una realmente veloz. Gracias a su habilidad con la espada, y a su control de chakra un poco más avanzado que cualquier otro, obtienen la capacidad de añadir corte a la funda de la katana simulando aquel que portan en su interior pero sin poder atravesar la carne con la misma facilidad. Aquellos que eligen este estilo de pelea, llevan espadas selladas con el propósito de no dañar a nadie que no lo amerite.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Miér Jul 27, 2016 8:48 pm


Aquellas imágenes, aquellos recuerdos no paraban de aparecer en la mente de Kuen Lung y hasta se divisaban en algunas ocasiones espejismos o ilusiones que parecían tan real, que estremecían el cuerpo del viejo y provocaba que el vello de su cuerpo se erizase. En dichas imágenes se podía ver como desde pequeño, a la temprana edad de 3 años, empezaba el odio y el desprecio de su madre hacia él debido a su gran parecido a su violador y actual padre biológico. Lo único que podía hacer, el joven Kuen Lung en aquella época, era huir y ocultarse de su madre ya sea detrás de un mueble o detrás de las cortinas pero al final, está siempre acababa por encontrarlo y haciéndole “pagar” caro aquel parecido. Pero eso era uno de las tantas ilusiones que aparecían frente a Kuen Lung, puesto que la otra ilusión que podía divisar en ese momento era él como espectador, observando como un joven Kuen Lung con la espalda llena de cicatrices y con heridas recientes, se encontraba atado en la cama mientras su madre se encontraba en el salón drogándose para luego venir y acarrearle más daño sobre la espalda.

El viejo se encontraba absorto, envuelto en sus pensamientos y en las ilusiones que se estaba encontrando en ese mismo lugar que no fue capaz de observar como la niña se acercaba poco a poco y clavaba la punta de su espada sobre la mano del viejo, provocando así un leve pinchazo lo suficientemente fuerte como para dejar un pequeño cardenal más adelante en la mano de Kuen Lung y así, “traer de vuelta” al viejo al mundo real.- Mmmmmmm- Esbozo el viejo con voz ronca, para después aclarar su garganta mediante un leve carraspeo.- En verdad tienes razón chica ángel. Esto es tan real como tú y yo pero… El dolor es soportable.- Poco a poco, el viejo con alguna dificultad se disponía a ponerse de pie.- Si vieses mi espalda, sabrías lo que es el verdadero dolor. Si te portas bien, aparte de darte un caramelo jugoso y dulce, te la enseñare.- El viejo ya se encontraba de pie y aferraba su katana con su mano derecha mientras encontraba un lugar en el que posicionarla, para al final optar por introducirla levemente en su cinturón y que esta quedase colgando.

Enfrente del viejo, se encontraba aquella niña ángel como la había bautizado Kuen Lung, la cual esbozaba una sonrisa en su rostro y la mirada inspiraba tranquilidad. La mirada del viejo iba buscando los ojos de la niña, en sus ojos las expresiones habían cambiado, lo que decían antes, aquel sufrimiento, dolor, temor o incluso miedo que tenía hace unos segundos había desaparecido casi todo excepto el dolor y el temor. ¿Temor hacia qué? Era obvio que aquel que no conociese a Kuen Lung en su totalidad no supiese a que le tenía miedo pero en verdad, le tenía miedo a la niña y no era precisamente. De momento, las miradas estaban hablando por si solas, el poder de la palabra había sido negado y tanto la niña como Kuen Lung se enfrentaban a un incómodo silencio, el cual sería interrumpido por las palabras de la niña, indicando que tenía una persona a la cual poder venderle la Katana.

-¿De verdad?- Los ojos del viejo se abrieron como platos. Era lo que estaba buscando desde que se había encontrado con la katana y lo que más necesitaba en esos momentos. Puesto que la poca cantidad de su sustancia blanca que le hacía ser más enérgico y tener más seguridad estaba empezando a desaparecer y no tenía el suficiente dinero como para cubrir los gastos de otra dosis.- ¿Cómo hay que llamar su atención? Tan solo dime…- Los ojos de Kuen Lung empezaron a moverse de lado a lado en busca de alguien que pudiese escuchar dicha conversación.- ¿A quién vas a matar y a quién le tengo que hacer yo un favor?

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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Miér Jul 27, 2016 10:19 pm

— Buena idea esa, niña… Al fin regreso a sus cabales — Comentaron los fantasmas en su cabeza.

Aquella pequeña señorita, por muy macabra que pudiese ser en algunos momentos, fría y cualquier otro sinónimo de crueldad, aquella pequeña niña pensaba en algo diferente a asesinar en ese momento. Como si se hubiese encontrado a alguien que valiese la pena mantener con vida, aunque para ella la vida no fuese más que una simple palabra. No había significado de ella que le importase, la muerte tampoco lo tenía… No había razones para ella el pensar que alguien mereciese vivir o no, actuaba por gusto propio en cada momento. — ¿Por qué no lo has matado aun? Es un viejo inservible, no hace más que lamentarse de su pasado — Una mujer rellenaba los pensamientos de la peliblanca con palabras de odio pero eran ignoradas mientras las escuchaba la pequeña dado que no le veía importancia a criticar el pasado de los demás, después de todo… Ella misma había tenido un pasado que había cambiado su forma de pensar. — Quizás… Pero para mí, este hombre, es realmente útil —  Contesto ella.

Elevo la mirada acorde el ajeno se iba levantando del suelo, siguiendo sus acciones con cautela desde una distancia de apenas un metro. Su mirada viajaba de lado a lado mientras la menor hablaba y era un detalle que ella misma podría realizar de ser muy necesario. ¿A qué se refería con ello? Puesto que el movimiento de su cabeza era más que nada para asegurarse de que nadie escuchase sus palabras, también había una razón sencilla detrás de ello; Quería evitar que alguien escuchase las propuestas del mismo. Estas, sin duda alguna, llamaban la atención de la pequeña — Un par de personas sin importancia… Solo hay que dejar un mensaje en ellas para que este sea recibido por nuestro comprador —  Explico la dama, dando una pequeña vuelta a su cuerpo para caminar hasta donde aquellos dos seres se encontraban. Sonrió, extendiendo su derecha hacia la niña como símbolo de “paz”. Nada podía ser más incierto que eso, puesto que con amabilidad se llevaban los cerdos al matadero.

— ¿Planeas matarla? — Preguntaban sus fantasmas — No… Pero si quiero que vea —  Respondió, caminando con la mayor calma por el sendero de flores, mismo que aquella niña observaba con gusto mientras que la peliblanca simplemente mostraba esa clásica mirada inexpresiva, facciones que se podían asimilar al mismo hielo; Sin sensible — ¿Tú nombre? —  Pregunto la menor hacia aquel hombre que se acercaba al caminar de dos pequeñas señoritas. Debía conocerlo si deseaba confiar en él en algún momento, ya este luego se ganaría su premio al probar que valía la pena mantenerle con vida.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Vie Jul 29, 2016 6:19 pm

El viejo todavía mantenía las distancias con la niña y de vez en cuando acariciaba levemente la mano en la cual, aquella niña le había propinado un golpe lo suficientemente fuerte como para que un pequeño cardenal hiciese acto de presencia y empezase a tomar un tono de morado chillón. A medida que iba apareciendo dicho color en la mano de Kuen Lung, aparecía una especie de dolor interno acompañado de un hormigueo que supondría la limitación de sus movimientos con esa mano, ya sea de abrir y cerrar el puño con algún ligero dolor, como de contraer y estirar los dedos también acompañados de dicho dolor. La mirada de la niña choco con los ojos negros del viejo y mediante una ligera explicación, había conseguido explicarle y a la vez no el plan que tenía en mente aquella chiquilla.- Escúchame muchacha.- Decía el viejo con un tono de voz bajo.- Yo te puedo ayudar pero… ¿Sabes o no?- Preguntaba el viejo mientras esperaba la contestación de la muchacha que obviamente iba a ser una negociación.

Iba a ser difícil, por no decir imposible, que aquella muchacha supiese que le estaba hablando aquel viejo loco, así que tras un incómodo momento en el cual el viejo había acercado la cabeza lo suficiente para todavía guardar las distancias, interrumpió el viejo aquel silencio con un relamido de sus labios superiores.- Vamos chica, ya sabes que yo necesito…- Y el viejo haría el movimiento con su mano y su nariz como si de su sustancia blanca se tratase. Trataba de darle a entender a aquella joven que lo que quería era droga. Poder esnifarla, poder serle útil a aquella muchacha y causarle una buena impresión. Pero la muchacha se había dado la vuelta y había empezado a caminar en dirección a donde se encontraba la jovencita del sombrero ocultada tras el cuerpo del otro muchacho con el cual Kuen Lung había tenido un encuentro algo turbio. Aprovechando que esta se había dado la vuelta, el viejo se agacho y levanto levemente el pie de su zapato, dejando así espacio para introducir la mano y sacar la pequeña cantidad de sustancia que le quedaba.- Es muy poca pero creo que me la guardaré para celebrar o para dejar sola a esa muchacha mal criada y poder esconderme a meterme esto mientras ella “llama la atención”…- Pensaba el viejo mientras seguía los pasos de la muchacha y guardaba su sustancia en el interior del bolsillo de su pantalón.

En la cara de aquel viejo había aparecido una leve sonrisa, puesto que al parecer estaba perdiéndole el miedo a aquella persona diminuta llamada “ángel caído” y tan solo la miraba como una niña con problemas sociales al igual que él, seguramente los dos coincidirían en que tendrían el rechazo de sus padres desde pequeños y eso ha forzado una vida difícil. Una vez lo suficientemente cerca de la 2 muchachas que se encontraban de pie, aquella peliblanca le haría la pregunta.- ¿Uh? ¿Mi… nombre? Esto…- La cara que se le había quedado al viejo era de asombro puesto que no se acordaba muy bien a la perfección de su nombre.- Esto... Sé que lo tenía apuntado por alguna parte...- Decía el viejo mientras rebuscaba en sus bolsillos sacando sus pertenencias, en un momento de esos, si la niña se fijaba bien, podría apreciar que el viejo tan solo llevaría 300 ryous encima, un envoltorio de chicle, un chicle masticado, un pañuelo usado y una pequeña cantidad de polvo blanco.- ¿Dónde lo deje? Mejor dicho… ¿Dónde me lo pusieron?- Preguntaba el viejo mientras seguía rebuscando y guardando sus pertenencias de nuevo en los bolsillos.

Como si de una idea se viniese a la cabeza o simplemente encima de la cabeza de aquel viejo apareciese una bombilla y acabase de encenderse.- ¡Ya me acuerdo! ¡El pecho!- Decía mientras lentamente iba quitando, con sumo cuidado, los botones de la camisa y dejaba su pecho al descubierto. Dejando ver a la joven la chapa de identificación en la cual con inscripciones en relieve marcaba: “Sr. Kuen Lung. Nº 917757”. Dicha chapa seria tomada con delicadeza por el viejo y sería girada en una posición en la cual pudiese leer lo que ponía.- Mi nombre es 917757…- A medida que iba leyendo la chapa se iba dando cuenta poco a poco del error que había cometido.- ¡Ay! Que cabeza la mía niña, mi nombre es Kuen Lung. ¿Ves? Lo pone aquí.- Decía Kuen Lung mientras giraba la chapa y la ponía cerca de la cabeza de la niña, después de unos segundos para que le diese tiempo a leerlo, procedería a soltarla y empezar a abrocharse los botones de su camisa.- ¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu nombre?- Preguntaba con curiosidad mientras seguía abrochando los botones con suma lentitud.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Vie Jul 29, 2016 10:07 pm

Había algo en las palabras de aquel hombre que poco a poco iba sacando de quicio a más de una persona en la cabeza de la pequeña. Era la forma en la que se expresaba el mismo, como se refería a ella. Todas esas emociones que la pequeña no poseía eran reflejadas en personajes fantasmas dentro de su mente, que la niña denominaba como su familia. Era tan sencillo como eso, puesto que la pequeña no poseía alguna. Y así, con todo y aquel revoltijo formado en sus pensamientos, podía enfocar su atención en las palabras del ajeno a sus espaldas. No tenía por qué observarle, no tenía por qué intentar hacerlo siquiera. Dadas a las observaciones que había obtenido luego de su análisis, sabía que había algo que activaba una versión diferente de aquel hombre y sin duda, en ese momento, no parecía estar en su sistema o fuera de este. Suponía que había consumido algo que le había cambiado de esa manera y sin ella, no sería capaz de combatir. Un análisis preciso.

— Quizás… — Empezaron los razonamientos de un fantasma masculino, quien en la mente de la chica era el único que por siempre sería escuchado, sin darle importancia a todos los demás gritos en su mente. El mismo comento un par de palabras, una para ser precisos y la misma contenía algo que la dama no conocía del todo. No había leído de ellas, ni siquiera escuchado y por ende, su conocimiento de las mismas era tan nulo como el de sus emociones y que significaban. ¿Dónde habían ido a parar? Una buena pregunta y se respondería de una sencilla manera; En un cementerio. — Drogas — Era la palabra que había usado el fantasma, como si para él aquello tuviese mejor sentido que para ella y sin tener reales pruebas de ello, comentaba con tanta seguridad el motivo de tanta euforia anterior y luego de un momento, perderla por completo. Y de un momento a otro, todo había quedado claro. Las palabras de aquel hombre, sin importar que la dama le observase, le dieron las pruebas que necesitaba para saber que necesitaba para sacar esa bestia internada dentro del mayor.

Asintió, mirando por encima de su hombro por un pequeño instante, continuando con su camino. ¿Dónde carajos encontraría aquella sustancia que poco conocía? Quizás algún comerciante podía decirle donde conseguirla, aunque la niña pudiese llamar la atención por si misma quería ver el animal interno del hombre saciar sus ansias de sangre. ¿Valdría la pena quitarle la correa al perro? Seguramente si, un espectáculo digno de ver, digno de admirar. La chica sin duda quería observar como alguien como el masacraba a un par de personas inocentes y ver el gusto que le daba saborear la sangre misma como antes había llegado a ver, cuando fue la peliblanca quien asesino a dos hombres con tanta facilidad y además, mancho el rostro del mismo con el carmesí tinte que por cualquier humano viajaba — Sera divertido… Ver que tan loco se encuentra y hasta dónde puede llegar su “ayuda” — Recitaba el hombre fantasma de sus pensamientos, seguido de una sonrisa de la fémina, de diversión, de burla, de curiosidad, de fría y absoluta crueldad.

— No sabe su nombre… ¿Quién olvida su propio nombre? — Una dama, una de muchas otras quien comento, siendo una pregunta ilusoria. Sin duda no demasiadas personas olvidaban su nombre, pero para aquellos que no lo poseían desde el principio, podía serle difícil pensar en algo de la nada o sentirse extraño cuando alguien más te otorgaba un nombre. Gunner, ese era el nombre que ella se había inventado con los años. Un apodo, más que nada, dado que sin duda aquello no podía ser un nombre. Ella no tenía uno, el mismo se había evaporado con los trece años que había vivido. ¿Padres? Ni siquiera aquellos hombres que la criaron en sus primeros cinco años le habían colocado un nombre. Para ellos era simplemente una niña más, su hija. Nadie se preocupaba por darle un nombre así que ella, en esa falta de identidad que sentía, ideo un apodo con el cual sería conocida en una presentación y todo venía a juego con sus habilidades. — Que extraño tipo… — Recito la misma mujer.

Llego a observar, apenas por encima de su hombro, como una pequeña sustancia en polvo sobresalía de sus pantalones en lo que buscaba ese tan preciado objeto que poseía su nombre. Poco después, el mismo recordó donde lo poseía. Sin duda aquella droga no era demasiado buena para su memoria, o había estado demasiado ido de sí mismo que, al darle tal cosa, no recordaría donde la encontraría al regresar a sí mismo. Negó, por fin siendo capaz de conocer al señor junto a ella por algo más que “extraño tipo” — Kuen… Lung — ¿Debía tener un significado, no? ¿Y esos números a que se referían? — Estuvo en un hospital psiquiátrico — Repaso aquel detalle el hombre en su cabeza. Le dio a entender que, no solo estaba loco, sino que había estado internado por un buen tiempo. Que historia tan interesante poseía el contrario. Sonrió por ello, nuevamente. La niña estaba mostrando aquella sonrisa demasiado seguido, y todo gracias a lo divertido que era contar con la presencia de aquel hombre.

No tardaron demasiado en llegar a un pequeño pueblillo, escondido entre todas aquellas arboleadas en tintes rosas. Pequeño, no lo suficientemente llamativo como para llamar la atención de demasiadas personas. Allí sucedería todo. Aquel pueblo sería el testigo de su “mensaje” — Aquí… Aquí ocurrirá todo — Ubicados en una pequeña plazoleta de arena, con un par de delgados árboles rodeándola y con un par de entradas en cada fachada de la misma. Un centro circular donde una pequeña laguna se encontraba, envuelta en piedras para evitar su derrame — Y todos los que se encuentran aquí serán nuestros mensajeros — Ubico a un total de cinco personas, todas ellas sin ninguna habilidad en combate. Simples personas que servirían para un bien mayor.


Nuestro mensaje sería entregado en sangre.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Sáb Jul 30, 2016 11:58 am


El viejo ya había acabado de abrocharse todos los botones de su camisa arrugada cuando observo que la niña que se encontraba enfrente negaba con la cabeza y decía lentamente su nombre para posteriormente sonreír. ¿Qué se le estaba pasando por la cabeza a aquella niña? ¿Debería Kuen Lung juntarse con gente echa de la misma pasta que él? Y lo más importante, toda su vida aquel viejo había vivido como un marginado, un inadaptado y por supuesto alguien que no es querido, ¿cómo iba a confiar en una persona si ni si quiera confiaba en sí mismo? Por no contar, que las personas seguras de sí mismo o que le hablasen con cierto tono le daban increíblemente pavor. ¿Qué se le estaba pasando por la cabeza a Kuen Lung mientras seguía los pasos de la niña en una dirección que el desconocía? De repente una idea se le vino a la cabeza, intento alcanzar con su mano derecha, aquella que poseía el cardinal provocado por la niña, para tocarle el hombro y llamar su atención pero el dolor del cardinal y la distancia a la cual se encontraban separados hicieron que su esfuerzo fuese en vano.- Niña... No me ha dicho tu nombre.- Decía el viejo mientras se empezaba a caer, perdiendo el equilibrio y estiraba su mano izquierda hacia adelante para apoyarla en el suelo y no comérselo.

Una vez realizado dicho movimiento, el viejo volvería a ponerse de pie y las chapas de su pecho chocarían entre sí, provocando un sonido que en la cabeza de Kuen Lung era similar a cuando cerraban la puerta de su habitación en el psiquiátrico.- Señor Lung, ¿le puedo llamar así verdad?- Decía un hombre con una bata blanca y unas gafas un tanto pequeñas. Dicho hombre y Kuen Lung se encontraban en una habitación, no muy grande y con poca iluminación, lo justo para que la única parte que estuviese iluminado fuese las sillas y el centro de la mesa, lo demás simplemente se veía oscuro.- Sí claro, ¿qué sucede? ¿Por qué me ha llamado Doctor?- Preguntaba el viejo mientras echaba su cuerpo hacia adelante y apoyaba sus brazos en la mesa.- Verá… Lo he llamado porque quiero comprobar ciertas teorías que tenemos sobre usted. ¿Será capaz de resolvérnoslas?- Preguntaba el Doctor mientras analizaba su carpeta y lentamente cruzaba las piernas en lo alto.- Claro, ¿de qué se trata? Pregúnteme lo que quiera.- Lentamente la mano del viejo se elevaría hasta un lateral de su cara y procedería a rascarse lentamente la barbilla.- Bien, dígame, ¿qué le parece la vida y la realidad en la que vive? Y por último, ¿a qué se debe su adicción?- Aquel “entrevistador” había entrelazado los dedos de sus manos y había dejado a un lado de la mesa la carpeta para esperar impaciente la respuesta de Kuen Lung.- Bien… Veamos… ¿La vida? Mi vida ya ha pasado Doctor, tan solo espero a ya sabe usted... ¿Sabe o no?- Esperaría la respuesta pero esta solo llegaría con una negación de cabeza.- La muerte es la única que puede salvarme doctor.

Después de la contestación del viejo, el Doctor asentiría con la cabeza y dejaría de entrelazar sus dedos para hacer un ademán con la mano derecha de que podía continuar con su explicación.- La realidad es infame y desagradable. ¿Cuántas prostitutas quedan embarazadas de sus hijos y no son queridos? Dígame, porque yo he sentido eso, sé lo que es ser hijo de una prostituta y que le recuerdes tanto a tu padre biológico que acabe pegándote día y noche pero... ¿Sabe qué doctor? Eso me da igual porque la tengo a ella. ¡Oooooh sí! Tengo mis sustancias para evadirme de la dichosa realidad en la que vivo y es la única que puede hacerme tener vida... ¿Y sabe que doctor? Yo por esa sustancia… Mato.- La mirada del viejo se dirigiría hacia los ojos del Doctor, al cual no le daría tiempo a reaccionar a la respuesta que le había dado Kuen Lung. Rápidamente el cuerpo de Kuen Lung se abalanzaría sobre la mesa y tomaría el bolígrafo con el cual el Doctor escribía en su carpeta y se lo clavaría en la yugular.- Madre… ¿Era él? ¿Cómo dices? ¿Qué no era él y me sigues odiando?- Preguntaría al aire mientras seguía clavando una y otra vez el bolígrafo en el cuello del hombre.

La voz de aquella niña hizo que el viejo volviese a la realidad, debido a que se encontraba sumido en sus recuerdos. Sin darse cuenta, Kuen Lung había seguido a la niña hasta un pequeño pueblo rodeado por árboles de tonos rosas.- ¿Qué? ¿Quieres matar a todas estas personas? Estás loca, son personas como tú y yo y seguramente tengan familia. Puedes hacerlo tú pero yo no voy a hacer nada, es más me voy a esconder detrás de un árbol, taparme los oídos y cerrar los ojos para no ver nada. No tienes corazón niña…- Diría a la vez que se acercaría a un árbol y se escondería detrás tal y como le había dicho a la niña pero no a hacer todo lo que le había dicho puesto que su mano derecha se extendería al interior de su pantalón y sacaría la sustancia blanca que tanto le gustaba.- Oh... Mi pequeña… Ya te echaba de menos.- La acariciaba lentamente y luego empezaría a desenvolverla y a extenderla sobre la palma de su mano. Una vez lo suficientemente extendida sobre su mano, miraría hacia los lados en busca de alguien que le pudiese estar observando y no vería a nadie más que a 3 pequeños perros.- Bah, da igual.- Y su cabeza se acercaría hacia la palma de la mano y acabaría esnifando por completo toda la sustancia blanca que poseía en la palma.

Aquello era su activador, la gasolina necesaria para avivar el fuego o incluso el pistoletazo de salida para desatar la bestia escondida en el cuerpo. Después de un movimiento brusco de cabeza, Kuen Lung empezaría a desenvainar lentamente su katana y la observaría para después observar con cierta locura a los 3 perros. Dicha Katana empezaría a imbuirse de Chakra Fuuton, dándole un tono azul, alargando así su longitud. Con un simple movimiento de brazo hacia arriba, una ráfaga de aire invisible para la vista saldría disparada en dirección a los 3 perros. Una vez impactada la ráfaga de aire, se observaría como la cabeza de los perros caería al suelo provocada por un corte limpio.- ¡SIIIIIIIIII! ¡Qué bien se siente joder!- Diría gritando el viejo mientras observaría a las demás personas. La mayoría se encontraban juntas, por lo tanto le basto con lanzar nuevamente una ráfaga de viento para cortar por la mitad a 3 de ellas, a las otras 2, ya que se darían cuenta de quién sería el que estaba realizando todo aquello empezaría a correr provocando que Kuen Lung lanzase una ráfaga de aire hacia sus tobillos, realizando un corte profundo en sus tobillos.- ¿Sabéis una cosa? Mi madre me pegaba y... Cuando yo huía y ella me atrapaba… ¡Me pegaba más fuerte hasta que casi una vez me mata!- Diría Kuen Lung clavándole la Katana en la cabeza a una de ellas para escuchar como la otra empezaría a llorar.- ¡Oh! Pero vamos, no llores pequeña. ¿Sabes por qué? Esto no es nada en comparación a lo que me hacía mi madre.- Diría el viejo cerca del oído de la joven para después levantarle la cabeza y atravesarle la garganta con la katana.

Después de realizar aquella matanza, lentamente el viejo tomaría las 3 cabezas de los perros y observaría como cerca de la plaza, se encontraba una especie de valla rodeando un árbol.- Oh, esto será perfecto para clavaros ahí. ¿No creéis?- El viejo se había vuelto tan loco que pensaba que los muertos podían hablar con él y buscaba la respuesta de aquellos perros.- ¿Cómo? ¿No me vais a responder? Está bien… Está bien… Pues entonces seréis castigados.- Ahora que se encontraba justamente enfrente de la valla, procedería a clavar las 3 cabezas de los perros en las terminaciones de la valla, la cual parecían lanzas.- Mucho mejor, ahora… Dejadme descansar, me habéis agotado.- Diría el viejo mientras lentamente se apoyaría en la valla y su cuerpo se deslizaría por esta hasta el punto de estar sentado en el suelo y comenzar a dormirse.

Los ojos del viejo se abrieron de par en par después de alrededor de 10 minutos de dormir, para el interior de su cabeza y para su cuerpo había transcurrido aproximadamente 1 hora.- Oye niña…- Diría el viejo incorporándose para ponerse de pie de nuevo y observar todo lo que había pasado a su alrededor.- ¿Qué has hecho? Eres un monstruo,  pobres perros…- El cuerpo del viejo se acercaría a un banco y procedería a sentarse.- Pobres personas, has matado a todo el mundo. ¿A esto lo llamas “llamar un poco la atención"?



Shinigami no Zenchō (死神の前兆, Presagio de la parca/Segador)
• Esta habilidad funcione solamente a base de chacra de naturaleza Fuuton. Al imbuir con este a la espada en cuestión, esta aumenta su longitud en aproximadamente 50 centímetros, con ráfagas de viento cortantes invisibles para el ojo humano normal. Estas ráfagas así mismo previenen que liquido como sangre entren en el intrincado funcionamiento de la espada. Así mismo, el imbuir con chakra fuuton la espada también provoca el sonido de la peculiar tonada.

Kuen Lung
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Sáb Jul 30, 2016 6:52 pm

— ¿Estas segura? — Se decían los fantasmas unos a otros. — Si ese otro ser despierta… ¿Qué le impedirá acabar contigo? ¿Con nosotros? — La pequeña seguramente entendería aquello como miedo, y aunque no lo sintiese, no podía evitar que aquellas personalidades en su cabeza lo hicieran. Las ignoro, pesé a que estos buscaban una respuesta. No había necesidad de darles detalles que no entenderían, o bien que sabían y gracias al pavor que les causaba el desatar a una bestia habían olvidado que aquella pequeña no era ninguna novata, y que su potencia a la hora de combate no era nula.

Con un sinfín de palabras que no obtuvieron respuestas llegaron las de un ser real a pocos pasos de ella. Quien, además, extendió su mano para alcanzarla y no lograrlo dado a esa mancha carmesí que había creado la menor en su derecha. Aquellas palabras buscaban sacar de la garganta de la peliblanca una referencia que la describiera, un nombre que la diera por conocida ante tan inestable ser. Quien, además, no tardo en desbocarse contra el suelo en un intento de alcanzar algo que no podía, en un intento de conseguir algo que no se le daría; Conocimiento. La voz de una dama imaginaria se burló con una estruendosa carcajada de como el hombre, ahora muy por detrás de las pequeñas chicas, entablaba una relación con el mismísimo suelo y no llegaba a besarlo gracias a una rápida izquierda que lo impidió. — Pobre hombre… — Y una nueva carcajada revelaron los labios de aquella dama fantasma dentro de la cabeza de la niña. Quien simplemente detuvo el paso por un breve segundo para observarle… Ahora era un hombre que ya no estaba en el mismo mundo que ella.

Continúo su andar, con su mirada al frente y sin mostrar la más mínima preocupación por el estado de su acompañante masculino. ¿Por qué preocuparse? ¿Qué era eso siquiera? Nada que la niña, en algún momento de su vida, fuese a realizar. — Ya regresara — Recito un hombre, uno que conocía bastante bien esa clase de trastornos, viajes al pasado, recuerdos que le atormentaban por sus años de guerra. Tenía razón en ello, además. Ya regresaría. Cuando su tortura mental acabase, el volvería a sus cabales y sería capaz de cometer el más brutal asesinato, la mejor llamada de atención que cualquiera pudiese realizar. Después de todo, una bestia sedienta de sangre despertaría tiñendo los suelos de tan hermosos colores, de tan esplendido mangar… De tan magnifica esencia — Muerte —  Recitaron los labios de la pequeña en un susurro. Eso encontraría, ese sería su mensaje. —Y sera hermoso… — Una mujer, que si bien no aprobaba del todo al hombre a espaldas de la pequeña, sabía que aportaría al mundo una obra de arte. La muerte en su máxima expresión, con una gran elegancia y sin duda, dándole al mundo una belleza indescriptible.

— Y… ¿Cómo piensas desatar a su otro yo? — Preguntaron sus adentros — Yo no haré nada… Despertara por elección propia —  Y aquellas palabras llegaron a lo más profundo de su mente, donde se pintaba una mujer armada con flores. Su rostro tenía una expresión de odio, un rostro de miedo, el sentimiento de venganza recorriendo sus venas, carcomiendo su dulce esencia. La sangre le rodeaba, ese tinte carmesí recorría los suelos de madera de una pequeña choza… Y alrededor de la misma se posaban inertes cuerpos en tonos blancos, muertos. Su esencia de vida se había evaporado gracias a la presencia de un ángel. Seres amados por los que lloraba, seres amados que habían manchado su anatomía con ese tinte carmesí. Y los acompañaba en su muerte con el color blanco de sus rosas, mismas que en algunos lugares también estabas manchadas de carmesí. Era una obra maestra. El ver como una única mujer lloraba por su amada familia, su padre, su esposo, sus hijos. Una hermana cuya cabeza era lo único que podía encontrar de ella, con ojos abiertos y la boca entreabierta. Ese típico hilo de sangre que recorría los labios de aquellos que sufrían un trauma interno. Era hermoso.

— Es tu hora de brillar, Kuen Lung —  Dijo la niña, esperando por el momento que el animal interno de aquel hombre saliese a flote. En algún momento se vería, dado que este se dirigía a un lugar privado y de este saldría un hombre completamente diferente. Sonrió, observando a los animales que en cuestión de segundos vieron volar sus cabezas en un estruendoso ladrido, aunque claro, no demasiados pensarían que tan hermosos cachorros podían estar siendo asesinados de una forma tan brutal. — Bien… — La dama fantasma halago tal acto, mientras que la pequeña niña buscaba con su mirada un asiento que darle a la niña y ubicarla en algún punto cercano a aquellas personas que poco a poco verían sus vidas acabarse. Empezando con tres personas al fondo, quienes terminaron separando su torso de sus piernas con un movimiento de la espada ajena. ¿Cómo era capaz de hacerlo sin siquiera tocarlas? Ya sabía la peliblanca que, aquella espada, no era algo ordinario como cualquier otra. Mostró una sonrisa por ello, puesto que sin duda aquella sería una hermosa escena que iba a presenciar. Un mensaje que sería visto por las personas equivocadas.

— ¿Ves, pequeña? — Sentenció la niña, dirigiéndose a una asustada pequeña que veía la muerte una y otra vez, acabando con un pedestal de tres cabezas perrunas clavadas sobre el centro de toda aquella plaza. — Y lo mismo va a sucederte a ti —  Recito la niña colocando su dedo índice en la garganta de la chiquilla y dejar ir, a quema ropa, una bala que traspasaría la misma. Mostró su rostro inexpresivo, aunque la sangre ajena estuviese manchando sus blancas ropas en pequeñas proporciones. Con aquel rostro, le dedicaba un dulce sueño.

— Una hermosa presentación al mundo, Kuen —  Recitó al hombre que se lamentaba entre tanta sangre. Señalo, con Shureddā al mismo, para que este observase cuan manchado se encontraba de aquel tinte. Carmesí mismo pintaba sus manos, cuello, ropa, zapatos. E iba a entender de esa manera, que no había sido solo la niña quien había acabado con toda esa gente — Es hora de que conozcan tu verdadero ser —  La dama bajo su espada y le dio la espalda, iniciando a caminar sin darle importancia — Déjame mostrártelo —  Le aseguro que, junto a ella, conocería de lo que realmente era capaz de hacer y que no sentiría miedo alguno al ver lo que sus propias manos provocaban. Era un aliado del ángel ahora y aquella dama no tomaba a cualquiera como uno.


Mizu no dangan no jutsu (Jutsu de bala de agua):
Sin la necesidad de sellos de agua, el usuario es capaz de apuntar al oponente con la yema de sus dedos  y de las mismas, se verán expulsados proyectiles de agua que viajarán con una potencia considerable, generando contusiones en quien sea alcanzado. Se podrán lanzar hasta diez proyectiles.
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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Miér Ago 03, 2016 12:27 pm


La visión del mundo pesimista, destrozado y desamparado que tenía Kuen Lung se había vuelto realidad y se había reflejado en aquel paisaje que estaba observando con sus propios ojos. El viejo acerco sus manos a sus ojos para rascárselos y asegurarse que lo que observaba con sus ojos no era mentira, era tan real como el dolor que todavía portaba en la mano derecha. Pero no solo fue eso sino que, al acabar de rascarse los ojos y al abrirlos lentamente pudo observar como las palmas de su mano se hallaban manchadas de sangre, ¿sangre de quién? ¿De él mismo? ¿De las demás personas? ¿Es esta la esperanza que tiene la humanidad y el mundo? Alguien masacra un pequeño pueblo y nadie viene a rescatarlos. ¿Es que acaso estamos solos y desamparados en este mundo lleno de tristeza y lo único que vale es lo que sabes y lo que puedes hacer? Eran preguntas que se repetían una y otra vez en la cabeza del viejo mientras miraba a todos lados con su vista, estaba al borde de la locura o incluso del ataque de depresión nuevamente.

De repente lo que su mente observaba ya no era el pequeño pueblecito rodeado de árboles con tonos rosas, ya no divisaba la plaza en la cual se encontraban la niña y él y tampoco divisaba ahora la laguna ahora teñida de rojo sangre. Lo que divisaba Kuen Lung eran 4 paredes blancas acolchadas todas, pero a su vez este acolchamiento había sido desgarrado hasta el punto de tocar la pared. En medio de la habitación, sentado, se encontraba el viejo que en sus manos sostenía el cuerpo de una pequeña rata sin cabeza. Lentamente la puerta enfrente de él, abriría una pequeña rendija ubicada a una altura que permitiese ver bien el contenido de la habitación.- Kuen Lung… ¿Qué haces con eso?- Preguntaría una voz detrás de la puerta para que el viejo, lentamente elevase la mirada y ladeándola hacia un lado, y con una mirada perdida, se dispondría a responder relamiéndose los labios.- Era mi amiga… Y… Las drogas que me dais aquí son fuertes jejejeje. Él me pidió que la matará y yo... No pude controlarle a él, ¿entiendes? Cuando me dais esas drogas, yo no soy él y él no es yo. ¿Qué paradoja verdad?- Y volvería a repetir la frase de: “Yo no soy él y él no es yo.” Mientras se balanceaba, Kuen Lung acariciaba lentamente el cuerpo de la rata sin cabeza ya muerta y la rendija por la cual lo observaban se cerraba lentamente.

La voz de la joven peliblanca trajo a Kuen Lung del mundo de recuerdos a la realidad en la que se encontraba actualmente.- No he sido yo niña, ha sido él, ¿verdad? Ha salido de nuevo y no lo has detenido, ¿por qué? ¿Y la niña que nos acompañaba? ¿Qué ha sido de ella?- Preguntaba el viejo mientras con la mirada intentaba buscar a la joven pero lo único que encontraría sería el cuerpo de la susodicha tirado en un banco y con un agujero en la garganta.- ¿Eso también lo ha hecho él? No sabes lo que estás diciendo, mi verdadero ser es él pero… No puede salir niña, no puedes permitirlo.- Decía el viejo mientras agarraba con sus brazos los pequeños brazos de la joven y la zarandeaba.- ¡Él es la locura, yo por lo menos estoy cuerdo! Él no entiende de razones niña, si no le caes bien, te matará….

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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Gunner el Jue Ago 04, 2016 11:34 pm

¿Cómo podría ella pensar que, bajo toda esa apariencia de hombre que portaba él, había algo tan roto e irreparable como lo que sus ojos observaban en ese momento? ¿Cómo sería la peliblanca capaz de aceptar que, bajo cualquier circunstancia, el mayor solo dejaría ver sus lágrimas caer cual niño indefenso y maltratado? La pequeña, aún más cuerda que este, se encargaría de que esa patética apariencia del hombre frente a ella permaneciese escondida bajo su piel y no fuese capaz de salir por más que lo intentara. Había odiado esa faceta del hombre, alguien que no paraba de lamentar sus actos y que no aceptaba las consecuencias de ellos. — Tsk — Soltó la fémina como una clara queja de mal gusto, puesto que aquella escena era realmente insoportable de ver. Lejos de todo el vino tintó que cubría los suelos.

— Levanta la mirada y compórtate como el hombre que se supone que eres — Aquellas palabras sonaron en la cabeza de la niña, como un regaño que deseaba ser escuchado por alguien más que ella. Una lástima que se tratasen de fantasmas lo que hablaban y no la pequeña, quien no tenía interés en mostrar alguna pequeña muestra de preocupación, nada que le hiciese ver igual de patética que aquel señor. — Esta roto por dentro — Continuaron las palabras fantasmales, donde la más fría y clara palabra era concisa y bastante directa, insultante además, ya que el hecho de estar roto no era algo aceptable para la fémina, y mucho menos si era algo que no podía repararse — Levántate — Ordeno la niña, siendo obedecida pero no de la manera que esperaba. El replique y lamento de sus actos volvió a resonar en los oídos de la dama, quien no dudo en usar la fuerza que poseía para empuñar a Shureddā y golpear con la punta del mismo el abdomen de aquel hombre. Retorció la vendada espada, con el fin de crear un profundo dolor — Hazle saber de mi parte que… Si intenta matarme, no seré yo quien acabe en el inframundo — El rostro de la pequeña, pesé a que intentaba esconder cualquier sentimiento u emoción, se podía definir como cruel y bastante tenebroso. Oscuro y frío, como el interior de la misma.

— Acepta que esa persona en tu interior eres tú… Y esta persona que estoy viendo, es solo la versión patética de un hombre maltratado — La dama retiro su espada, observando los alrededores como un pequeño escáner, uno que solo era usado para asegurar que nadie estaba lo suficientemente cerca para ver que, aquel espectáculo, era obra de aquellos dos y además, para distinguir en el caso de que alguien los observase, si este sería capaz de detenerlos ahora que se irían como si nada hubiese pasado. Volvió a darle la espalda al hombre, caminando con serenidad, lentitud y elegancia. Cada paso que daba era para alejarse de aquella zona y esperaba que el mayor le siguiese el paso, y si no, tendría que buscar la forma de que lo hiciera. Se le daba bien el persuadir a la gente, después de todo, no era lo que su apariencia llegaba a mostrar y era gracias a ello que había aprendido a fingir algunas cosas y a usar otras a su favor — Muévete… A menos que quieras acabar encerrado de nuevo — Soltó la dama como una amenaza ajena, y dado que había notado el mal que le había hecho al contrario estar solo entre cuatro paredes, dudaba que quería regresar a algo parecido.

— ¿Qué harás para evitar que veamos tan patético ser nuevamente? — Preguntaron sus fantasmas, y la niña simplemente volteo a ver el lugar donde anteriormente se había escondido el hombre — Conseguiremos suficiente de esa sustancia para mantenerlo escondido — Susurro como respuesta, dado que odiaría ser escuchada en ese momento. Sus planes, claramente, no eran ser escuchada puesto que aquel hombre no dudaría contradecir sus palabras si se enteraba que la pequeña tenía planeado mantener ese otro ser constantemente fuera, puesto que el que ahora le seguía no servía para algo diferente a ser un contenedor.


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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

Mensaje por Kuen Lung el Mar Ago 09, 2016 10:45 pm


El viejo todavía permanecía en el suelo, absorto en sus recuerdos, en sus pensamientos y de vez en cuando se le iba la mirada a los cadáveres, ya que de ellos emanaban sus voces, como si todavía permaneciesen vivos.- Tú nos has matado.- Decía una de ellos.- Tú eres el culpable, deja de culpar a aquello que no existe, asume lo que eres…- Repetía una y otra vez, la única respuesta que podía dar Kuen Lung en esos momentos era negarlo todo con la cabeza y agachar tanto la cabeza como la mirada para después proceder a taparse los ojos con sus manos empapadas en sangre.- Yo… Yo no soy un asesino, ¿verdad madre? No… Tú sabes que yo no soy ni un asesino ni soy igual que él, ¿verdad madre? ¿Por qué no me quieres madre?

La voz de la niña interrumpió su monologo que estaba dando a conocer al exterior, era una palabra concisa y directa: “levántate” y casi por inercia y obediencia, el viejo se levantó del suelo con alguna que otra dificultad pero permanecía con la cabeza agachada.- ¿Qué quieres? ¿Qué intentas? No quiero que lo veas… No quiero que…- Pero las réplicas que emanaban de la boca de Kuen Lung fueron interrumpidas por un golpe dirigido de la niña hacia el abdomen del viejo. Este golpe seco y directo provoco que Kuen Lung soltase una pequeña tos acompañada de alguna que otra gota de saliva.- Tsk… Niña, ¿no lo conoces verdad? Si él se va al inframundo…- Hablaría con dificultad el viejo y volvería a toser.- Le estás dando un regalo tanto a él como a mí, aparte…- El viejo se detendría para escupir hacia un lateral y mirar a los ojos a la niña.- Conociéndole…. No será el único que se vaya al inframundo, no le gusta irse solo.

Después de las palabras que a continuación dedicaría la joven y luego de darle la espalda al viejo, este se limpiaría la boca con la manga de su camisa de la mano derecha. Una vez se había limpiado cualquier rastro de saliva en su boca, observaría como la joven empezaría a andar y este la seguiría a una distancia prudente.- Esa persona no soy yo… Esa persona, como ya te he dicho, sale cuando tomo ciertas sustancias psicotrópicas y no quiero que salga, intento controlarme y a la vez dejar la adicción pero…- el viejo levantaría su mano derecha para rascarse la nariz.- De vez en cuando no hace daño.


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Re: El perro y la serpiente (Priv. Kuen Lung)

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