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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Kagero -

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Kagero -

Mensaje por Bijomaru el Sáb Nov 08, 2014 1:25 am

Esta historia comienza una noche de invierno, una noche sin estrellas, sin luna, las nubes cubrían el cielo y debido a la oscuridad del momento no permitían que la luz se hiciera presente, de tanto en tanto uno podía ver aquel astro blanco aparecer por detrás de las sombras, pero nada mas, la lluvia caía desde algún lugar imposible de reconocer, si uno intentaba elevar la vista, sin dudas las gotas de agua conspirarían contra aquella tarea y obligarían a cerrar con fuerza los parpados para luego volver a bajar la mirada, el viento resoplaba entre las ramas secas y desnudas de los arboles, el bosque azotado por el frío expulsaba un silbido tétrico producto tal vez del lamento y el anhelo de aquellos seres por volver a ver la luz del sol y el cándido abrazo del nuevo despertar de una primavera lejana, el frío acechaba junto a la bruma sobre la tierra y toda la extensión del país del fuego, ni siquiera los relámpagos comunes de la tempestad aparecían en aquel manto negro para dar un segundo de libre visión, las puertas de hierro de un castillo naciente se abrían mediante cadenas y chirridos, la voz de una nación en sus primeros pasos y la orden de una joven dama daban lugar al paso inquebrantable de curtidos guerreros, marchaban sin cuestionar los porque hacía una muy posible muerte, se enfrentarían cara a cara contra aquellos oponentes que buscaban el tambaleo de su pueblo, y así, en el sórdido sentido de la batalla, los tambores de la guerra, sonaban otra vez .

Entre las filas de las fuerzas del feudo de Kakkinoaru'en se encontraba aquella joven pareja, Kisaragi Mogami y Oroi Kiname, obligados por la ley máxima de su pueblo guerrero, se vieron obligados a marchar lejos de casa a proteger lo que tanto amaban, pagando un costo terrible para sus corazones, dejaban en la calidez de su hogar un joven niño de tan solo ocho años, enfrentarían los dedos de la muerte misma con la incertidumbre fervente de tal vez, no volver a ver a su hijo, lo único que los aferraba a aquel lugar y les impedía huir por el bosque al resguardo de su niño era la duda, podrían realmente darle una vida completa a su joven tesoro, realmente querían llevarlo al bosque y vivir una vida de rebeldes, corriendo de un lado a otro sin lugar fijo ni sentido de pertenencia, lo habían pensado durante algún tiempo, pero finalmente ambos llegaron a la triste conclusión de que por el momento la opción mas viable sería el proteger aquel hogar obtenido y esperar a que los años pasaran y que Bijomaru, así se llamaba él, tomara sus propias decisiones y eligiera por cuenta propia sus caminos .

Las lagrimas de la joven madre se confundían con las gotas de agua que se deslizaban por su rostro ¿tristeza? tal vez, ¿furia?, ¿angustia?, impotencia incluso, todo aquello sacudía la mente de Oroi, el paso conjunto del ejercito shinobi la obligaba a volver a su realidad, a tan solo unos minutos, se encontraba el enemigo, un campo abierto se había dispuesto para aquella gran batalla, nada de sigilo, el legado ninja había sido dejado de lado, aquel encuentro sería el punto que determinaría la supremacía de un lado u otro, las fuerzas en su máxima expresión de un bando y otro se invocarían al unisono para producir un desenlace allí u olvidar la existencia de todo lo que juraban proteger con sus vidas . Kisaragi se colocaba a su lado, buscaba su mirada intentando tranquilizarla, " todo estará bien " decían sus ojos, pero resultaba imposible pensar eso, para ella y para todos los demás combatientes, allí estaban, a tan solo unos metros se encontraba el claro donde pelearían, la linea de arboles ocultaba la presencia de la fuerza shinobi, del otro lado, la otra linea de arboles dejaba ver entre las aparentes infinitas ramas algún que otro resplandor producto de antorchas rebeldes que buscaban sobrevivir ante la tormenta, el sonar del metal de las armaduras y de las armas al recibir el impacto de las gotas era lo único que rompía el silencio, el aliento salía de sus bocas y se materializaba en un blanco vapor ante el frío gélido del lugar, sus respiraciones agitadas producto del nerviosismo evidenciaban aquello cada vez mas . Llegada la hora acordada, los líderes de un lado y otro avanzaron algunos pasos, abandonaron el anónimo brindado por el escondite natural tras los árboles, su presencia se hizo clara desde ambos extremos, por un parte, aquella joven kunoichi, aquella que parecía tener las mismas llamas de la guerra en sus ojos y garganta, por otra parte, desde el otro bando, un anciano marcado por la guerra, llevaba entre sus maltratadas manos una larga lanza negra, tan solo debían dar la señal, y el combate comenzaría, la mano derecha de uno y otro se elevo en el aire como si hablasen a distancia, pues la zona de combate significaba una extensión considerablemente grande, había tanto espacio entre uno y otro que apenas si podían distinguirse los rostros, el brazo descendiente de la dama de fuego daba lugar a sus tropas para el avance, los mas valientes y valiosos avanzaron primero, saltaron desde las ramas de los arboles, otros tantos que ya se encontraban en el suelo, utilizaron el impulso de su chakra sobre sus pies para avanzar cuanto pudieran, el brillo de las armas comenzaba a iluminar la escena, las fuerzas enemigas por su parte también comenzaron la avanzada, el choque era inminente y la masacre sería imparable .

Kisaragi y Oroi, ambos diestros en el manejo de la katana, pertenecían a la división de asesinato del ejercito, pues la dama de fuego no se arriesgaría a perder aquella batalla, ella iría mas haya por conseguir lo suyo, había dispuesto distintas fuerzas dentro de su ejercito, aquellas se desplegarían con distintos propósitos llegado el momento, no sería un desperdicio bruto de fuerzas, había un plan y una estrategia, la división de asesinato era la que llevaba el papel mas importante, su labor era avanzar entre lineas enemigas mediante su arte del sigilo y acabar con la vida del líder y todos sus acólitos, de aquella forma dejando sin un orden establecido las fuerzas enemigas . Sin dudas una tarea difícil, pero no significaba mayor problema para aquel grupo compuesto por cinco shinobis, habían sido entrenados durante mucho tiempo y su temple de acero los había vuelto unas verdaderas maquinas de matar, mientras aquel fluido carmesí empapaba y oscurecía la tierra en el campo de batalla, aquellos cinco se mantenían ocultos detrás de la linea de arboles esperando al momento preciso para actuar, liderados por el mejor de todos ellos, debían aguardar en silencio a la orden de avanzada y observar mientras tanto como sus compañeros y amigos morían uno tras otro, como los cuchillos abrían las gargantas, los resplandores de las técnicas, el quemar del fuego, la fuerza imparable de la tierra, el sofocamiento del agua, el filo incontenible del viento y la tempestad del rayo, sin dudas un espectáculo asombroso y sumamente triste por partes iguales .

El momento se acercaba, las fuerzas enemigas avanzaban confiadas descuidando su cabeza de liderazgo, era tiempo de comenzar el rodeo en sigilo y acabar con presteza la masacre ... - Es nuestro turno, vamos, y recuerden, no duden - ... Decía el líder para luego salir de entre los arboles, corría con velocidad bajando el torso de su cuerpo, su ropa completamente negra lo ocultaba de la vista de los ocupados guerreros, el cuarteto lo siguió por detrás, movían sus piernas con velocidad y la vez eran ligeros como el viento, no perturbaban la escena ya macabra, no llamaban la atención entre tanto griterío y sufrimiento, alcanzaron avanzar aquellos metros, el viejo líder estaba allí parado, contemplando y confiado en su cercana victoria, a su lado su corte de invasores lo acompañaba, eran cuatro objetivos en total, todo fue limpio y rápido, en un instante, los cinco asesinos habían usado el chakra para impulsarse hacía los cuellos de sus enemigos, el desenvaine de sus katanas fue tan preciso y silencioso como la misma muerte de aquellos sujetos, de un segundo para el otro la balanza de la lucha se había invertido, la moral de los combatientes al ver a sus lideres decapitados cayo por los suelos, perdiendo aquella motivación y confianza que tanta fuerza les daba . Así termino aquella noche, con la dama de fuego prevaleciendo junto a sus fuerzas, Oroi y Kisaragi podían volver junto a su niño producto de una suave caricia de sus espadas .

Aquella noche había quedado atrás, los meses pasaron, aquella pareja había abandonado tras su actuación gloriosa la fuerza del feudo, abocaban su vida a su hijo el cual cada vez crecía mas y mas, el único lamento en el interior de ambos era el saber palpable de la realidad próxima del niño, el también sería parte del ejercito, correría los mismos riesgos que ellos y tan solo podían esperar que contara con la misma suerte y buena dicha, no había mucho que pudieran hacer por él, la única forma de evitar su inscripción a las filas de shinobis sería escapando, y aquello no contaba como opción . Un día como cualquier otro, la duda y a la vez la certeza abordo la fe de la pareja, habían pensado en un dejar un legado para Bijomaru, una especie de guardian que lo acompañaría en sus batallas, un símbolo del amor de ellos por él, tomaron sus viejas katanas, junto a un herrero amigo, desnudaron las hojas de acero de ambas, descartaron en cajones de recuerdos la empuñadura de las mismas, tras considerar la mejor forma, unieron en un mismo origen el nacer de aquellos filos, forjando de aquella forma un nuevo estilo de arma, una katana doble, pero aquello no terminaba allí, gracias a los estudios de ambos en el arte de kenjutsu, habían encontrado la forma de darle un corazón al arma, sabían como volverla algo mas que un simple trozo de acero recubierto en piel de tiburón, conociendo la naturaleza de chakra de Bijomaru, concedieron de alguna forma la capacidad de generar una tercer hoja de raiton mediante la incersión de energía natural, sin dudas un arma peligrosa, de gran valía, aquello significaba la permanencia de la unión de la familia aunque el tiempo pasara y los rostros se borrasen de la humanidad .

- Bijomaru ... ven aquí hijo, tenemos, tenemos algo que mostrarte - Decía una delicada voz femenina entre risas y nervios, Oroi y Kisaragi, ambos dudosos como una pareja de adolescentes en una primera cita, tan solo que esta cita era con su hijo, le presentarían al fin, a sus diez años, el regalo que lo acompañaría para el resto de su vida . A la llegada del niño, Kisaragi adelanto su mano derecha la cual había mantenido oculta tras su espalda, en ella, cargaba algo, algo envuelto entre telas violetas con detalles amarillos, Oroi extendió su mano izquierda tomando el extremo del objeto, así ambos le entregaron el obsequio a su hijo .
- Debes saber Bijomaru, antes de verla, esto no es un juguete, sin dudas sabes el valor y el significado de la palabra "responsabilidad" y es por eso que te estamos entregando esta espada - ... Los ojos del niño se abrieron producto de la sorpresa, increíbles eran las palabras de su madre, un arma para él, sencillamente increíble, tanto así que su boca se abrió intentando dar lugar a las palabras, pero su garganta se cerró impidiendo aquello - Vamos, tómala, que se acostumbre a tus dedos, y tu a ella - ... Tras desplegar aquellas telas, el filo resplandeciente y puro se hizo presente - Kagero es su nombre, conocerás el porque de su nombre cuando comiences a practicar con ella, vamos, ¿te gusta? - ... - Es increíble - .

La empuñadura de Kagero ya era natural entre los dedos hábiles del Orochi, se había vuelto diestro en su manejo, los muñecos de entrenamiento caían uno tras otro ante el avance de la doble hoja, el viento acariciaba el acero y provocaba un silbido espeluznante, la habilidad para el kenjutsu se dio de forma natural en él, lo llevaba en la sangre, cierta popularidad había ganado en la academia pues aquello era un arte que pocas veces se le enseñaba a un estudiante, pero el no era un estudiante común y corriente o al menos sus padres no era shinobis normales, contaba con cierto favor de la suerte de su existencia, y aquella peculiar habilidad, había sido descubierta en un extraña situación, el manejo de la tercer hoja aun no se encontraba completamente dominado por Bijomaru, pero si que podía hacer uso de su efectividad, su accionar ahora se limitaba a entrenar, mejorar su actuación, estar preparado para aquel momento que tal vez no llegase en años o tal vez lo encontrara a la vuelta de la esquina, aquel momento en el cual se viera obligado a utilizar la faceta mortal de su nueva extensión, no cabía duda que fuere la situación que le tocase, gracias a sus padres, Kagero respondería a su encuentro .
Bijomaru
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