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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Una sombra helada.

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Una sombra helada.

Mensaje por Kyoki el Mar Jul 19, 2016 7:29 pm



Capitulo 1
Una sombra helada.

Por la noche~




Incluso Yami se vio sorprendido con la capital del País de la Cascada. La arquitectura del lugar era algo totalmente fuera de lo común, y no solo por su ubicación, sino también por las bases que sostenían al poblado.
Había llegado allí con una caravana que consiguió por el camino tras haber dejado los lares salvajes del territorio, no muy lejos del Río Gade. Normalmente hubiera asesinado a todas esas personas y tomado alguno de sus caballos para dirigirse por su cuenta a la civilización; pero esta vez no le pareció mala idea ser transportado como alguien de alta alcurnia. Durante el paseo le dieron de comer y de beber mientras que se acomodaba a placer en una de las carretas, coqueteando con una que otra muchacha que iba allí. También le contaban historias del lugar al que llegarían; sin embargo, y a pesar de las maravillas que escuchaba, no podía creerlas todas. Se negaba a creer que existía semejante lugar, hasta ahora.

Para ingresar a la capital, la caravana tuvo que pasar por debajo de una enorme cascada, el acceso estaba fuertemente vigilado. Había varios guardias resguardando el perímetro. Algunos de ellos portaban sendas lanzas, gruesas armaduras y una espada ancha enfundada en su respectiva vaina; estos cuidaban el sendero que llevaba directamente a la ciudad. Por otra parte, también había arqueros, apostados en la enorme pared rocosa que cercaba el sendero y por la cual, partiéndola a la mitad, se encontraba la gran caída de agua. Dicha pared también formaba una comba, dejando a la imaginación de los transeúntes lo que había arriba; Yami pensaba que podría tratarse más de un gran río que otra cosa. No obstante, el níveo estaba lejos de adivinar que era, pues no había una completa explicación natural para lo que sucedía una vez que se atravesaba la catarata.
— “Y pensar que en esta vida hay cosas que aún puede sorprenderme —pensó—. Tal vez me quede aquí una buena temporada. ¿Tú que piensas, amigo mío?

No hubo respuesta alguna, pero el albino no evitó sonreír. Estaba contento de ser libre y ver semejante maravilla con sus propios ojos. Y con respecto a la capital, indubitablemente es digna de ser descrita, pues podría considerarse como una proeza de la naturaleza, o del hombre, o tal vez de ambos. El poblado prácticamente se sostenía sobre un gran relieve rocoso, aguantado por gruesas columnas de roca.  Al mismo tiempo estas pilastras parecían soportar el techo de la caverna, la cual no era del todo cerrada, pues en varios lugares la luz del sol lograba penetrar y calentar la roca
Lo más llamativo de la capital era que de alguna forma estaba dividida en niveles. Las casas se ubicaban en todo el relieve (a lo ancho y a lo largo) de manera escalonada. En ciertos puntos también había caídas de agua, que juntas formaban un gran lago interno a un kilómetro de altura (metros más, metros menos) de los borde que estaban resguardados con muros para que la gente no cayera accidentalmente y encontraran su fin. Kyoki se asomó sobre uno de ellos, y dejó salir un silbido bastante agudo. "Definitivamente no sería agradable caer desde aquí.” Pensó.

La gente del lugar era agradable, incluso en algunos lugares ofrecían muestras de su mercancía. Por supuesto que Yami se entretuvo más en los establecimientos de chocolates, pues hacía meses que no probaba tan delicioso manjar. Paseaba por las calles bien iluminadas, tanto por los faroles que estaban dispuesto en los alrededores, y las luces de las casitas y las tiendas. Ahora lo que más le interesaba era encontrar un lugar donde descansar. Dio el esquinazo en una calle, y se metió por un callejón que lo conduciría a los hospedajes más económicos, según la información de uno de los guardias. La zona por donde transitaba ahora era bastante tranquila, con poca afluencia de gente pero bastante agradable. Lo único constante era el débil caer de las cascadas internas de la urbe.
Y ahora que lo pienso —se dijo—, ¿Cómo diablos viene el agua de arriba para caer y formar la cortina de agua de la entrada?


Última edición por Kyoki el Dom Oct 30, 2016 1:41 pm, editado 7 veces (Razón : Ajuste de margen)
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Safira el Jue Jul 28, 2016 10:48 pm

Después de tanto andar, aquello parecía más bien un paseo para la, ahora, forastera, pues ya no pertenecía a país alguno. Ya no pertenecía a nada. Sin embargo aquella libertad que sentía, a pesar de satisfacerle profundamente, hacía mella al mismo tiempo. Quería verlo todo, disfrutar cada cosa que el mundo estaba por ofrecerle, probar cada uno de los manjares que pasaran por sus manos. Quería vivir, todo el tiempo que pudiera, y al máximo.
Inmersa en sus pensamientos mientras caminaba, a lo lejos pudo ver claramente un carromato bastante grande, el cual solo portaba personas en su interior. A dónde se dirigían era totalmente un misterio, pero aquello no importaba mientras pudiera llegar más rápido a cualquier sitio donde poder comer y descansar. ¿A la capital quizá? ¿O tal vez llegaría a una aldea? Fuera como fuere, Safira no lo pensó por un instante y, con sumo sigilo mientras el conductor se encontraba de espaldas a la caravana meando, gateó hasta llegar a la parte inferior del vehículo, donde podría agarrarse a las barras de madera con las manos, y a la vez podría apoyar sus pies en la madera que atravesaba el carro y unía las ruedas traseras. ¿Era el mejor método? No, para nada, pero se sentía débil y hambrienta, tanto que si en aquel momento hubiera combatido habría acabado apalizada en la sombra de cualquier árbol del lugar. Allí abajo era capaz de escuchar todas las personas del interior, pero aquella cháchara poco le importaba, eran simples palabras de gente acomodada, personas pudientes capaces de comprar una caravana como esta para llegar de un lugar a otro. Había conocido personas de su calaña anteriormente, pagaban bien, pero su amabilidad no era tan abundante como su dinero. “Tsk, que pesado…” pensaba de aquella voz masculina que sonaba allá dentro, la misma que no paraba de flirtear con las muchachas que lo acompañaban. “Otras estúpidas que se dejan llevar por la palabrería…”.

Desde allí abajo apenas podía ver nada más allá de los pocos centímetros que había entre madera y madera. La caravana fue disminuyendo la velocidad hasta el momento en que una gran tromba de agua cayó encima de esta. Quería salir de allí abajo, quería ver lo que ocurría en el exterior con sus propios ojos y disfrutar del paisaje, sin embargo la seguridad que le aportaba estando agarrada allí contrarrestaba cualquier deseo que tuviera. Habría sido, sin duda alguna, una insensatez bajar, pues los guardias de todas partes habrían arremetido contra ella sin pensarlo por un momento.

Al avanzar aún más en su camino, la forastera obtuvo la respuesta que buscaba a la pregunta de dónde se hallaba gracias a los murmullos de decenas de personas a su alrededor. Estuvo a punto de descender, de dejarse caer, hasta que aquella idea voló completamente de su cabeza en el momento en que pasaron muy cerca de un precipicio. Un hueco entre los muros que lo encerraban dejaba ver la profundidad de aquel salto al vacío, provocando que Safira se agarrara aún más fuerte a los barrotes de madera de donde se sujetaba, y no fue hasta que pararon completamente que se bajó y se deslizó por la parte trasera del carro hasta acabar en un oscuro callejón. Por fin había llegado a la capital.

-Eso cuesta 100 ryus señora.-dando tumbos por los callejones de aquella ciudad, Safira llegó a parar cerca del mercado principal, donde se vendía prácticamente cualquier cosa. Desde ropa hasta comida, pasando por joyas y demás baratijas, muchas personas se reunían a hora punta para comprar lo necesario para pasar el resto de semana. Asomando su pequeña cabeza por una esquina, la forastera admiraba como se hacían las negociaciones burdas y simples de la vida cotidiana. Las marujas cotilleaban, los vendedores gritaban, y a ella le llegó un fuerte aroma a arroz recién hecho, listo para consumir en un solo bocado. Su boca comenzó a salivar tanto que prácticamente tenía que limpiarse la baba. Así pues, con su mente aún embobada en aquel manjar, sus pasos se acercaron por puro impulso hasta la tiendecilla y, aprovechando la distracción del vendedor, arrambló con 3 bolas de arroz, todavía calientes, y se escabulló por otro callejón cercano para disfrutar de su comida.

Al acabar de comer soltó un suspiro de felicidad y miró hacia el cielo, sorprendida en sí misma por lo pronto que se empezaba a poner el sol en aquel lugar. “Debería buscar algún lugar donde dormir… pero sin dinero no voy a ningún sitio…” aquella joven se preguntaba de dónde podría conseguir lo necesario para poder pagarse sitio en alguna posada, por muy cutre que fuera, solo necesitaba un colchón blando donde reposar durante toda una noche seguida. De repente, unos pasos se escucharon ir hacia ella. Levantándose grácilmente con un salto, Safira comenzó a trepar la pequeña pared de aquel edificio hasta situarse en el tejado y poder asomar la cabeza por el borde del mismo. Casi caído del cielo, un joven de blancos cabellos y de altura considerable en comparación a la suya propia recorría aquel oscuro callejón como quien paseaba por su casa. Parecía un poco absorto en sus pensamientos, sin embargo Safira no se fijaba en eso. Nada más lejos de la realidad, lo que interesaba realmente a  la forastera era el dinero que aquel joven podría portar encima. –Bingo.-se decía a si misma entre susurros, preparada para la acción ahora que ya había recobrado casi por completo las fuerzas que necesitaba.

Bajando por la esquina contraria de aquel edificio, al final del callejón, y con sumo silencio para que no la escucharan, Safira estaba preparada para la actuación. Con cara dulce y tranquila, giró la esquina del callejón hasta poder encontrarse con el chico que caminaba en su dirección. No necesitaría mucho, ya había hecho estas cosas anteriormente en el burdel con algún cliente, todo gracias a aquella cara angelical e inocente que todos decían que tenía. Sus pasos se acercaban, y podía oírse el sonido de los charcos al ser chafados por sus pies y como salpicaban alguna gota que otra alrededor. En el momento en que ambos se cruzaron, la forastera se movió ligeramente hacia su derecha, tratando de interceptar al otro para que chocaran entre sí y, de esta manera, poder alargar su mano hasta el bolsillo e intentar quitarle la cartera o lo que fuera que usara para guardar el dinero. Alzando su mirada hasta alcanzar los ojos grisáceos del otro, su expresión era dulce, como si se hubiera incluso lastimado por el golpe, pareciendo débil ante el otro y así poder salir fácilmente del paso. –Disculpa…-dijo mientras se recomponía con un tono de voz suave e inofensiva, como si toda ella hubiera asumido un rol completamente distinto a como realmente era. –Andaba distraída… yo…-¿se creería aquella máscara el joven de albino cabello? ¿sería tan fácil cumplir su propósito? Aquel joven parecía alguien cualquiera, una persona corriente volviendo a su casa, sin embargo podría ser que Safira no fuera la unica haciéndose pasar por algo que no es...

Datos:
Stats:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 4
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 3
• Resistencia: 3
• Fuerza: 2
Armas:
-5 kunais
Safira
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Kyoki el Dom Jul 31, 2016 6:22 pm

Sus pasos lo llevaron a un espacio sin salida, pero a su derecha había una intercepción que no estaba tan iluminada como el lugar por donde transitó. Al otro lado se podía ver las luces de lo que quizás sería otra calle, y aunque una persona en su sano juicio se hubiera regresado y dado un rodeo, él decidió aventurarse por aquel oscuro callejón que parecía más bien un sitio de resguardo para indigentes y delincuentes. “Es mejor no llamar la atención de todas formas —se dijo, encogiéndose de hombros—. Si voy por los tejados, seguramente tendré los ojos de la guardia puestos en mi si alguien lo llega a notar.”
De todos modos aquel tramo no era tan largo ni tan angosto; a su juicio tres personas podían ir codo a codo por allí. Dentro podría maniobrar si se presentaba una contingencia, aunque un caco o mendigo cualquiera debía ser bastante idiota como para meterse con él. No obstante, en defensa de la gente ordinaria, el albino no exteriorizaba el verdadero monstruo que era; su apariencia lo hacía ver más como un simple muchacho que decidió meterse por un mal lugar. “Lo único molesto es el olor nauseabundo — Pensó—. Solo espero que donde me hospede no hieda igual.
Faltaban unos cinco metros para salir del callejón. La visibilidad dentro de éste no era tan mala por las luces de los edificios que lo cercaban; sin embargo, no eran lo suficiente como para apartar por completo a las tinieblas que se cernían. Pero esto no fue lo que más llamó su atención, sino la figura femenina que apareció de la nada en la salida  del callizo. Era una chica preciosa, pero al mismo tiempo daba la impresión de ser alguien muy común; y esto fue lo que quizás alarmó más a Yami. ¿Qué tenía que hacer una damisela de apariencia tan frágil por un lugar como aquel? O se trataba de una prostituta, o sus intenciones no eran del todo buenas. Pero a pesar de esto, el albino mantuvo el paso, actuando como si nada. Sus ojos estaban ocultos tras su espesa cabellera blanca

Quizás fue una mala suerte para pelinegra, pero fuera lo que estuviese buscando no lo encontró. En cambio, cuando cruzó la mirada con Yami, lo que hallaría es el reflejo del alma de una bestia; e intentando sorprenderla, dado a la cercanía a la que se encontraban, la tomaría con la diestra del brazo que había extendido y rodearía con la siniestra su delgado cuello. Tal vez ella no esperaría que el níveo contara con unos reflejos y habilidad semejante, pero esta era la especialidad del Nara —que pretendía estrellarla con el muro que había en la derecha—, el cuerpo a cuerpo.
Una vez que la tuviera asegurada contra la muralla, presionando con firmeza el pescuezo y la extremidad de la muchacha, se acercaría más a ella para asegurarse que no tuviera espacio de lanzar cualquier patada o rodillazo, teniendo sobre todo extremo cuidado con la exposición de su zona genital. El peso del Nara tenía que ser suficiente como para imposibilitarla, sin contar la fuerza que parecía tener sobre ella; se le aceró al oído y le dijo: — Lo que buscabas está del otro lado, pequeña zorra. Para tu desgracia soy zurdo, y tiendo a poner las cosas de valor en esa lateralidad. ¿Intentando robarle a otro pillo? Muy mala elección.
Acto seguido, alzaría a la pobre muchacha desde el cuello, aflojándola del brazo mientras restringía su paso de aire. Yami no mostraba compasión por nadie, menos quien intentara robarle. No obstante, y haciendo un sonido con su boca que denotaba fastidio, arrojó a la chica al suelo con brusquedad. Luego, sin nada de clemencia, lanzaría una patada con su pierna derecha al torso de la joven, buscando más mandarla a rodar a la otra calle, la cual se encontraba apenas a dos metros, que quebrarle algún hueso del cuerpo. Cuando estuviera fuera, sin contemplaciones le atinaría otro puntapié, lo que la dejaría en medio de la calle que estaba mejor iluminada por los faroles, luces de los moteles y locales que estaban todavía abiertos. Las pocas personas que andaban por los alrededores salieron corriendo.
Sabes —dijo Yami, quien hizo tronar desagradablemente su dedo índice, como era ya costumbre en él cuando una idea sádica pasaba por su dañadamente—, hace tiempo que no me divierto con alguien antes de asesinar. ¿Podrías brindarme tu ese entretenimiento? Juguemos a algo. Si logras hacerme esforzar lo suficiente, te dejaré vivir… sino, te rebanaré el cuello como a una gallina.
Una sonrisa verdaderamente macabra se había dibujado en el rostro del Nara; pero más allá de hacerle parecer como alguien horrible, semejaba más a un ángel, para nada benevolente, a punto de hacer cumplir la justicia divina. A cuatro metro de distancia esperaría que la pelinegra se levantara, y así darle comienzo a tan retorcido juego.

Spoiler:
Stats:
• Ninjutsu: 2+1+3+1=7
• Taijutsu: 4+2+3+1=10
• Genjutsu: 1+1=2
• Velocidad: 5+3+2=10
• Resistencia: 3+3+4=10
• Fuerza: 5+3+1+1=10
Armas:
• Kunais: Son cuchillos negros de mediano tamaño, afilados por sus dos lados. Son perfectos para combatir cuerpo a cuerpo, o bien, arrojándolos a moderadas distancias. Veinte unidades.
• Shurikens: Se tratan de figuras de, por lo regular, cuatro puntas con un hueco en el medio. Miden pocos centímetros y son capaces de hacer heridas. Su diseño las hace verdaderamente rápidas al ser lanzadas. Veinte unidades.
• Hilos de alambre: Son cables que funcionan para inmovilizar oponentes, poner trampas y fusionarse con otros tipos de armas, muy útiles para casi todo tipo de ocasión. Infinitos metros.
• Bombas de humo: Estas armas funcionan para llenar un perímetro de humo, y de esta manera, imposiblitar la vista de un oponente. Se tiene que ser cuidadoso al momento de utilizar estos artefactos, pues pueden ser contraproducentes para el mismo usuario. Dos unidades.
• Sellos explosivos: Son papeles que llevan el kanji explotar grabado. Estos pueden detonar al cargarse con chakra y con fuego. También funcionan como trampas y para mezclarlos con armas. Cuatro unidades.


Última edición por Kyoki el Dom Ago 07, 2016 2:44 pm, editado 4 veces (Razón : Ajuste de margen)
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Safira el Mar Ago 02, 2016 7:16 pm

Quizá esperaba, tan solo, una respuesta cualquiera, un simple “No tranquila, fue culpa mía” y que luego cada uno se fuera por su lado. Nada más lejos de la realidad. Sin soltar respuesta alguna, el rostro de aquel joven se tornó distinto a como le pareció en un primer momento. Sus ojos vacíos no dejaban ver nada más allá, pareciendo ser una persona ilegible, impredecible. La forastera enmudeció por completo al mismo tiempo que su rostro reflejaba un ápice de miedo, el mínimo que mostraba de forma totalmente inconsciente, pero ocultando el resto para sí misma. Una de las manos del níveo se dirigió directamente al brazo de Safira, el mismo usado para tratar de agarrar la cartera, mientras que la otra acabó en el delgado cuello de la misma. Era impresionante la velocidad con la que había reaccionado ante la situación, a diferencia de la vagabunda quien en un pestañeo se había visto en un punto en el que su vida pendía de un hilo tan fino como el que tejen las arañas.

La fuerza con la que apretaba era cada vez más intensa, y su respiración cada vez más difícil de sobrellevar. Se ahogaba en sus propios gritos, sin embargo antes prefería morir allí mismo que pedir ayuda a cualquier sucia rata que pasara por el lugar. “-¿Tienes miedo? Bien, eso quiere decir que no eres una necia.” En lo que semejaban ser sus últimos instantes de vida, un flashback se hizo presente en la mente de Safira. Tenía tan solo 9 años cuando Ryuji le pegó su primera paliza en un entrenamiento. En aquel momento ella era aún una niña, se sentía indefensa ante alguien que medía, a sus ojos, tres veces ella, exagerándolo como hacen todos los niños. Volviendo a la realidad, la forastera dibujó una pequeña sonrisa, casi mostrando una superioridad que no poseía, pero que al menos sí sentía. ¿Por qué? Sencillo, ya no le quedaba nada por perder. Si aquel era su momento el destino lo decidiría, pero algo tenía claro: no había huido de su antigua vida para volver a sufrir de aquella forma. La respiración se fue extinguiendo conforme el otro apretaba cada vez más su cuello contra aquella fría pared.

La voz del otro interrumpió aquel vano pensamiento. “¿Zurdo? Vaya… sería una lástima que alguien te quitara esa mano tan pulcra. O mejor, ambas manos.” Pensaba mientras sonreía, como si la locura la hubiera empezado a domar. No podía dejarse llevar por esta en un momento así. Ni la locura ni el miedo, no podía dejar que ninguno de ambos hicieran mella en ella, sin embargo era algo casi imposible de evitar, al fin y al cabo parecía estar contando los segundos que le quedaban de vida. Sus ojos permanecieron cerrados, cubiertos por la sombra que formaba el pelo de su flequillo, hasta que una sacudida hizo que se abrieran de par en par mientras se estrellaba contra el suelo de forma realmente brusca, haciendo que un pequeño hilo de sangre saliera por la comisura de su boca. Antes de que pudiera levantarse y alejarse apenas unos metros de aquella bestia con cuerpo de hombre, el níveo arremetió de nuevo contra ella, esta vez con una patada tan fuerte que la llevaría hasta la otra calle, y prosiguiendo con una patada más hasta dejarla en mitad de la misma boca arriba.

Apoyaba sus manos en el suelo para levantarse poco a poco mientras aquel joven le hablaba. Safira, sin embargo, no parecía hacerle caso en un principio, estaba más preocupada por recuperar el aliento perdido durante los últimos instantes, y por toser un poco de sangre en el suelo, consecuencia de aquellas patadas en su pecho. -¿Quieres jugar? Me pareció que te gusta más bailar con esas piernecitas que tienes.-dijo una vez el otro había acabado de hablar mientras se formaba una media sonrisa en su cara de nuevo. A cuatro metros de distancia como se encontraban poco podría hacer la forastera contra aquel chico, y tratar de golpearle no parecía la mejor de las opciones, otra patada en cualquier parte de su cuerpo o un puñetazo bien dado era lo que menos necesitaba en aquel momento.

Sus manos comenzaron a moverse formando sellos tan rápido como podía. De repente, de aquellos charcos por los que había pasado anteriormente en aquel oscuro callejón comenzó a emerger una extraña figura con forma humana, sin embargo esta resultaba ser translúcida completamente, invisible a ojos de cualquiera por el momento dada la oscuridad de donde se encontraba. Su cuerpo era exactamente igual al de Safira, sin embargo sus facciones eran más puntiagudas y filosas, capaz quizá de realizar algún corte si no se tenía en cuenta. Así pues, este extraño ser apareció a las espaldas del níveo, aparentemente sin que se diera cuenta, o al menos eso era lo que ella pretendía. Era una única orden la que necesitaba saber, pues: atacar. Así, aquel clon de hielo se lanzó a correr hacia la espalda del joven para tratar de pegarle de alguna forma, o derribarlo, o inmovilizarlo. Cualquiera de esas opciones le bastaban a Safira quién, visto lo visto, le valía más salir de allí y buscar a cualquier otro ingenuo a quien hurtar en vez de intentar perder la vida de forma tan inconsciente. La forastera, mientras veía su "otro yo" moverse hasta la posición de su albino oponente, se giró para empezar a correr en dirección contraria a la suya, aunque este pudiera ir tras ella, al menos podría intentar ganar unos metros más de distancia, al mismo tiempo que completar los sellos que acababa de comenzar a realizar con sendas manos.

Datos:
Técnicas usadas:
Hyoton: Bushins no jutsu (Hielo: Clones de hielo):
El usuario efectúa una serie de sellos de manos, y desde el hielo/agua/nieve cercano, emerge un clon de hielo cuya dureza ante golpes físicos será enorme Pudiendo resistir hasta dos golpes de un rango igual superior siempre que la fuerza del enemigo sea menor al Ninjutsu del creador. Este clon tiene la exacta textura y figura del usuario, pueden portar armas y sus capacidades físicas son las propias de su creador (incluido el pasivo de precisión mejorada), sin embargo no podrá efectuar ningún tipo de ninjutsus ni genjutsus. Los bordes de estos clones son sumamente afilados, pudiendo facilmente cortar con el lado exterior de sus brazos o piernas causando heridas leves. Tienen una especialidad debilidad ante explosiones o jutsus Katon, desintegrando los mismos al instante, sin embargo, de ser rotos por otro método, se dividirán en trozos de hielo. Además tienen la apariencia de estar claramente formados a partir de un bloque de hielo, son ligeramente transparentes pero sus facciones son las de su creador.

Llegado el rango chunnin, los clones adquieren la capacidad de meterse dentro de los espejos de hielo.

Genin: 1 clon.
Chūnin: 2 clones.
Jōnin: 3 cloneas.
Sannin: 4 clones.


Jutsu oculto x1
Total de técnicas: 1/6
Stats:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 4
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 3
• Resistencia: 3
• Fuerza: 2
Armas:
-5 kunais
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Kyoki el Miér Ago 10, 2016 3:54 am

Cualquier esfuerzo por parte del Nara de intentar pasar desapercibido se fue al traste gracias a sus acciones. Internamente se maldecía, pues lo que menos deseaba era seguir vagando por el mundo, al menos por un tiempo. No obstante, no podía negar que una parte de él —una muy grande— estaba disfrutando de los acontecimientos.
Oh —soltó Yami frente a la gallardía de aquella jovencita—. Entonces me dedicaré a aumentar la fuerza de mi patada. Después de todo solo usé un ochenta por ciento de mi capacidad.

La mirada del albino pasó a ser aún más depredadora, de ser posible, al igual que la expresión de su rostro. Se impulsó hacia adelante a una velocidad endemoniada —abriendo un poco la carrera hacia su lado izquierdo—, reaccionando a las intenciones de la pelinegra. Ciertamente no evitaría que ella formulara los sellos, pero tal vez si lograría arrinconarla ya que para él la distancia que los separaba era casi nula.
Llegaría por el costado derecho de la muchacha, quien al parecer había intentado emprender la huida, pero probablemente no lo lograría. No habría avanzado más de dos metros para cuando tendría a Yami prácticamente encima, dispuesto a atacarla esta vez con un poco más de fuerza. Éste había concentrado chakra en sus piernas estando a un metro, lo que le ayudó a arrojarse hacia su objetivo como si de un proyectil se tratase. Sin embargo, en su movimiento, y mientras iba en aire, aplicó una violenta rotación, buscando así patear el medio de su torso y mandarla a estrellar contra la pared de un bar a tres metros del punto de donde se encontraban.

Aterrizaría con la suavidad de un felino, el rostro inexpresivo ahora. Sus oídos habían captado el repiqueteo de unos pasos apresurados desde hacía un lapso muy corto de tiempo, en el momento que iba por su presa. A su derecha, estando perfilado a la misma, la gemela de la pelinegra se aproximaba desde unos cuantos metros. “¿Un clon? —Reflexionó, mientras realizaba rápidos sellos con sus manos—. Tendría sentido. Después de todo no sucedió nada tras las posiciones de sus manos.
Profiriendo un chasquido de molestia con su lengua, se preparó para recibir a la nueva amenaza. Por supuesto que no se había olvidado de su rival. En un instante ella apreciaría como la sombra de Yami se extendería unos centímetros hacia la siniestra y surgiría de ella una réplica del níveo. El clon no tardó en moverse hacia la fémina, buscando impactarle con su puño diestro un gancho en toda la quijada. La réplica no era tan rápida como el original, ni tan habilidosa, y mucho menos tan fuerte, pero tal vez sería lo suficiente como para mantenerla ocupada un rato.

Por su parte, sin perder nada de tiempo, Yami juntaría sus manos, haciendo que esta vez su sombra se estirara hacia su diestra, buscando atrapar la de la réplica de la damisela, que ya se encontraría para entonces dentro del rango del jutsu de níveo y no muy lejos de éste. Intentaría al mismo tiempo salirse del camino de su atacante, dando un rápido salto hacia atrás al mismo tiempo que buscaba acosarle con su técnica. Luego de esto haría un veloz desplazamiento en forma de “C” hacia la derecha, buscando rodear a su objetivo, siempre intentando mantener la distancia mínima de cinco metros y conservar la separación máxima de diez metros entre él y su clon. Esto lo dejaría alineado con lo que para él sería el norte de aquella calle y así apreciar al mismo tiempo lo que acontecía entre su copia y la pelinegra mientras que él jugaba al gato y el ratón, hostigando con su sombra al clon de la fémina y también con su presencia. Hacia donde éste se moviera, lo seguiría el níveo siendo precedido por su sombra como si de una extremidad más se tratara.

Spoiler:
Acciones:

-Corriente de la Hoja (木ノ葉昇風, Konoha Shōfū)  El usuario acumula chakra en sus piernas y las flexiona velozmente para propinar un rápido barrido a las piernas del oponente. Esperando que aquel salte para esquivar la técnica, el usuario aprovecha su velocidad para pararse y a continuación saltar para continuar el giro y terminarlo en una segunda patada giratoria hacia el oponente.
Como se aplica chakra en las piernas para realizar esta técnica, el usuario sufre una bonificación de +1 en fuerza y +1 en velocidad en el instante que es aplicado.  Esta técnica no anula la bonificación de la disciplina marcial, siempre y cuando se narre el movimiento acorde a la disciplina elegida.
-Jutsu: Clon de penumbras:
Luego de una serie de sellos, la sombra del ejecutor se extiende unos centímetros. Dejando salir de esta un clon, este se verá y podrá hablar como si se tratara del mismo usuario. Podrá realizar técnicas de clan de su nivel (consumen chakra del creador) y portar armas, su fuerza y velocidad dependen del ninjutsu del creador. Otra característica de este clon, es que al ser destruido su sombra queda en el campo de batalla para tomar posesión de la sombra del individuo que logre destruirlo, moviéndose hasta él. Esta sombra puede recorrer un máximo de 5 metros (+2 por rango extra del ninja) antes de desaparecer. Estos clones son sumamente frágiles pudiendo soportar sólo un golpe y además particularmente sensibles a la luz directa la cual podría deshacerlos si el ninjutsu del creador es bajo. El efecto de posesión de sombra dura un turno, pero los individuos que posean una fuerza igual o mayor al ninjutsu del creador podrán liberarse. Los dojutsus no pueden distinguir estos clones del original, otros tipos de sensoriales si.
*Genin: 1 clon. Primer Turno.
-Kagemane no Jutsu (Jutsu: Posesión de sombra):
Luego de un simple sello de manos (rata). El usuario es capaz de estirar su sombra. Con esta técnica el ejecutor es capaz de controlar los movimientos del afectado, haciendo que este imite sus movimientos como si se tratara de su propia sombra. Existe una manera de zafarse del control de sombra, solamente si el oponente posee una fuerza mayor al ninjutsu del usuario.
Genin: Naras de Taijutsu/Kenjutsu: Podrán moverse mientras llevan a cabo esta técnica, sin embargo, la atadura solo tendrá efecto si la fuerza del oponente es igual o menor al ninjutsu del usuario, y dicha técnica solo se mantendrá activa en el oponente durante un turno. En caso de que la fuerza del oponente sea mayor que el ninjutsu del usuario, esta técnica no tendrá efecto.  Solo se podrá estirarla sombra cinco metros.
Stats:
• Ninjutsu: 2+1+3+1=7
• Taijutsu: 4+2+3+1=10
• Genjutsu: 1+1=2
• Velocidad: 5+3+2=10+1
• Resistencia: 3+3+4=10
• Fuerza: 5+3+1+1=10+1
Stats del Clon:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 7
• Genjutsu: 7
• Velocidad: 7
• Resistencia: 7
• Fuerza: 7
Armas:
• Kunais: Son cuchillos negros de mediano tamaño, afilados por sus dos lados. Son perfectos para combatir cuerpo a cuerpo, o bien, arrojándolos a moderadas distancias. Veinte unidades.
• Shurikens: Se tratan de figuras de, por lo regular, cuatro puntas con un hueco en el medio. Miden pocos centímetros y son capaces de hacer heridas. Su diseño las hace verdaderamente rápidas al ser lanzadas. Veinte unidades.
• Hilos de alambre: Son cables que funcionan para inmovilizar oponentes, poner trampas y fusionarse con otros tipos de armas, muy útiles para casi todo tipo de ocasión. Infinitos metros.
• Bombas de humo: Estas armas funcionan para llenar un perímetro de humo, y de esta manera, imposiblitar la vista de un oponente. Se tiene que ser cuidadoso al momento de utilizar estos artefactos, pues pueden ser contraproducentes para el mismo usuario. Dos unidades.
• Sellos explosivos: Son papeles que llevan el kanji explotar grabado. Estos pueden detonar al cargarse con chakra y con fuego. También funcionan como trampas y para mezclarlos con armas. Cuatro unidades.
Aclaraciones:
-Bueno, tal como te dije en skype: aproveché que no mencionaste a que distancia pusiste el clon a las espaldas de Yami. Perfectamente, y gracias a la velocidad de mi pj, debería poder sacarle un ventaja considerable mientras que va por Safira. No especifiqué metros tampoco por cuestión de comodidad, y porque se supone que Yami no sabe nada él sino hasta el "último" momento. Pero tampoco es que está a pata de mingo.

-Dado a la distancia, y a la cantidad de puntos stat en velocidad de mi pj, bueno, cuatro metros son una pasada. Incluso en la vida real una gorda como tu podría comerse eso en menos de un segundo, a riesgo de un infarto, pero ahí va. Ok, no, sabes que te quiero :*. Pero bueno, ya por cuestiones de distancia y bla, bla, bla, ya no habría jutsu oculto, ya que estaría evitando la creación de esos sellos al atacarte, al menos que te las ingenies.


Última edición por Kyoki el Lun Ago 29, 2016 2:09 am, editado 1 vez
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Safira el Vie Ago 19, 2016 11:18 pm

Comenzaba a palpar el sabor de un buen pollo al curry, el mismo que deseaba comer en cuanto consiguiera huir de aquella situación, mientras realizaba los sellos necesarios para crear un clon tras su níveo oponente. No obstante, mientras concluía, su oponente se lanzaba contra ella como si de un animal furioso se tratara. Con aquello que le dijo solo parecía haber conseguido ponerlo más frenético. Pero no nos engañemos, aquella pequeña joven no buscaba otra cosa, le daba igual lo que pudiera conseguir con ello, pero no pensaba reprimir ninguna de las palabras que pasaran por su mente.

Su oponente parecía volar más que correr, pues aquellos cuatro metros que los separaban se los había comido en apenas unos segundos, consiguiendo llegar hasta ella para darle otra patada, esta vez a su torso, propulsándola más lejos de donde se encontraban. Rasguños por todas partes, incluyendo algunos con un fino hilo de sangre. Había sido una tonta bajando la guardia frente a alguien como él. Su mirada se volvió penetrante, clavando sus gélidas pupilas en la cabeza del joven, como si intentara meterse dentro de su cuerpo y ahogarlo por dentro, quemarlo, o arrancarle cada uno de sus órganos. ¿Despiadada? Quizás, pero si algo estaba seguro es que se estaba dejando consumir poco a poco por el calor del momento. Mientras se levantaba del suelo, a duras penas, para intentar volver a lanzarle un ataque al otro, el níveo se daba cuenta de que no se encontraban solos. Su copia cada vez se encontraba más cerca, incluso si hubiera ido todo bien le habría alcanzado y, quizá incluso, dejado fuera de combate. Pero eso habría sido demasiado perfecto para la vida tan desastrosa de alguien como Safira.

Las farolas que les alumbraban habían sido de gran ayuda para aquel joven, pues de debajo suya comenzó a estirarse su sombra. Parecía algo irreal a ojos de la yuki. Nunca antes había contemplado algo como aquello, ni tampoco había leído sobre el tema. El hecho de que su contrincante era realmente fuerte se iba arraigando cada vez más en ella. Aquella sombra con forma humana se acercaba hacia ella. Eran tan solo otros tres metros, y si en cuatro había conseguido alcanzarla tan rápido, quien sabe qué podría conseguir ahora a menor distancia. Sin pensarlo dos veces, la forastera no dudo en cubrirse para recibir el golpe, pues con la velocidad que creía que poseería le habría sido impensable intentar huir de allí. Sin embargo, su sorpresa fue tal cuando recibió aquel golpe. Por suerte había sido inteligente en cubrirse la parte que pensaba más importante: su cara. En el momento en que la sombra alcanzó con su puño los brazos de la otra, la fuerza con la que lo hizo le provocó una sensación extraña. Ya había recibido bastantes golpes de aquel chico como para darse cuenta de que su clon, por muy parecido que fuera, no poseía la misma capacidad que el real. Este hecho la tranquilizó bastante, mas no era momento de bajar la guardia, no otra vez. Sin desperdiciar ni un instante, agarró uno de sus kunais y trató de rajar su cara como si se tratara de una sandía. Si todo iba bien, conseguiría deshacer aquel molesto clon para que dejara de estorbarla, al menos por el momento, y proseguiría lanzando ese mismo kunai, seguido de otros dos, a cada uno de los faroles que iluminaban el lugar. Desde pequeña había entrenado bastante el lanzamiento de armas como aquellas, estaba bastante cómoda haciéndolo de hecho, pues era de lo que mejor se le daba.  

La oscuridad se hacía patente en aquella calle, tan solo la tenue luz proveniente del interior de aquel bar alumbraba lo justo para saber dónde se encontraba su oponente. Desde el momento en el que sus kunais abandonaban sus manos, la yuki realizaría un único sello con sus manos. El clon contra el que se encontraba peleando su oponente le había sido útil, al menos en parte, pues había logrado el propósito de mantenerlo ocupado. Ahora, además, sería incluso más útil si cabe, pues gracias a aquel sello probablemente conseguiría hacerlo estallar en decenas de finos senbons de hielo, los cuales se dirigirían directamente hacia el oponente. Funcionara o no, la joven emprendería unos pasos moviéndose de manera azarosa, intentando no acercarse para nada al otro, pero tratando de que la oscuridad la ayudara a ocultarse, manteniéndose a unos 8 metros de distancia del níveo.
Sus dedos comenzaron a moverse de forma rápida, seguidamente de sus manos, juntándolas para realizar una serie de sellos con los que intentar contraatacar a su fiero contrincante. Se sentía extraña, a pesar de no querer pensar mucho en ello, no podía evitar pensar en su acompañante como lo hacía con Ryuji. Le recordaba mucho a él. Quizá por su forma de pelear, quien sabe.


Spoiler:
Stats:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 4
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 3
• Resistencia: 3
• Fuerza: 2
Técnicas:
Mantenida: Hyoton: Bushins no jutsu (Hielo: Clones de hielo)
-
Chiryō Senbon no jutsu (Acupuntora senbon) [nivel 1]:
Luego de un único sello de manos el ninja es capaz de crear, desde hielo/agua/nieve una enorme cantidad de senbons que se dirigirán directamente hacia el oponente. No se podrá cambiar la dirección de estas senbons y el número total de Senbons de hielo creadas será de veinte.
-Jutsu oculto x1
Armas:
-2 kunais
Aclaración:
Te odio :V
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Kyoki el Jue Sep 01, 2016 4:42 am

Una vez más Yami sonreía. En parte disfrutaba jugar con aquella jovencita. “Aunque es una lástima —pensó—. Esperaba una resistencia mayor. Terminaré con la patética vida de ese insecto ahora mismo.”
Pero su cuerpo no reaccionó como esperó. Mientras que acosaba a la réplica de la joven, notó cierta resistencia involuntaria en sus movimientos. Desde  el rincón más vago de su mente una fiera voz le gritaba que se detuviera, subiendo el tono de su reproche cada vez más y más.
No —dijo hacia sus adentros—. No pienso volver a ese pútrido agujero.
¡No tienes la potestad  de elegir! —Rugió aquel ente—. ¡La dejarás en paz!

El níveo dejó escapar un fuerte alarido, mientras que en contra de su voluntad  hacía retroceder  su sombra, viendo como la réplica de la fémina se hacía hacia atrás, quedando a unos cuantos metros de él. Por otra parte la joven se las había arreglado para deshacerse del clon que él había creado; y antes de que los efectos del mismo afectaran a la pelinegra, el Nara formuló un sello único con sus manos para que esto no ocurriera.
Malditos sean ambos —escupió el albino, furioso—. Me las pagarán.
Pero tuvo que tragarse sus palabras en el momento que el clon de la muchacha estalló. Apenas tuvo tiempo para cubrirse con sus brazos —concentrando una considerable cantidad de chakra en ellos para aminorar lo mayor posible el daño—, protegiendo así lo mejor posible su rostro y otros puntos vitales de su cuerpo de las agujas que arremetieron con él. La mayoría de estás solo pasaron de largo, rasgando sus vestimentas y produciendo un pequeño corte en uno que otro lugar de su humanidad; solo tres de estos objetos se clavaron en sus extremidades, sin traspasarlas. Yami apretó los dientes, haciendo mella del dolor.
Eres un hipócrita después de todo —habló a su interior, aparentemente recobrando la compostura—. Quieres salvarla, pero no dejarás que me mate… o mejor dicho, que nos mate a ambos.
No hubo respuesta alguna más que algo parecido a un sonido que denotaba molestia.

Bueno —dijo Yami mientras extraía bruscamente las frías agujas de sus brazos, no sin dejar de hacer una pequeña mueca de dolor, y las arrojaba lejos—, parece que las cosas han tomado un giro interesante, aunque tuviste algo de ayuda inesperada. ¿Eso era hielo?
A la distancia podía escucharse al unísono la rápida marcha de unos pasos. El níveo miró de reojo, intentando no perder a la fémina de vista. Dejó escapar un largo suspiro al ver como la guardia de la capital se acercaba a paso constante hasta donde estaban ellos.
Que pena —se lamentó—. Justamente cuando las cosas se estaban poniendo interesantes.
Le echó una ojeada a la pelinegra.
En cuanto a ti —prosiguió—, es mejor que dejes las cosas como están. Eres una cosita diminuta, y al menos para mí, a pesar de estás heridas (que no negaré son molestas), esto apenas estaría comenzando. ¿Puedes decir lo mismo? Sin embargo, ni siquiera yo puedo con lo que se nos viene encima, y ya que soy un hombre de palabra, te ayudaré a borrarte de escena. Considérate afortunada. —Sonrío—. No siempre alguien tan apuesto como yo se ofrece de compañía. Se rápida, el tiempo corre.
Spoiler:
Acciones:
Choque de Adrenalina (アドレナリンの衝突, Adorenarin no shōtotsu): El usuario se prepara para recibir un ataque del oponente y gracias a su agilidad mental y el buen dominio de chakra intra corporal, es capaz de enviar chakra a la zona de impacto para poder bloquear un golpe, recibiendo un bonus de +2 en resistencia para dicho bloqueo (no se acumula por el resto del turno, únicamente aplica a el bloqueo). Esta técnica no anula el buff de las disciplinas marciales.
Stats:
• Ninjutsu: 2+1+3+1=7
• Taijutsu: 4+2+3+1=10
• Genjutsu: 1+1=2
• Velocidad: 5+3+2=10
• Resistencia: 3+3+4=10+2
• Fuerza: 5+3+1+1=10
Armas:
• Kunais: Son cuchillos negros de mediano tamaño, afilados por sus dos lados. Son perfectos para combatir cuerpo a cuerpo, o bien, arrojándolos a moderadas distancias. Veinte unidades.
• Shurikens: Se tratan de figuras de, por lo regular, cuatro puntas con un hueco en el medio. Miden pocos centímetros y son capaces de hacer heridas. Su diseño las hace verdaderamente rápidas al ser lanzadas. Veinte unidades.
• Hilos de alambre: Son cables que funcionan para inmovilizar oponentes, poner trampas y fusionarse con otros tipos de armas, muy útiles para casi todo tipo de ocasión. Infinitos metros.
• Bombas de humo: Estas armas funcionan para llenar un perímetro de humo, y de esta manera, imposiblitar la vista de un oponente. Se tiene que ser cuidadoso al momento de utilizar estos artefactos, pues pueden ser contraproducentes para el mismo usuario. Dos unidades.
• Sellos explosivos: Son papeles que llevan el kanji explotar grabado. Estos pueden detonar al cargarse con chakra y con fuego. También funcionan como trampas y para mezclarlos con armas. Cuatro unidades.
Aclaración:
Me odias y mira lo que hago por ti para no degollarte D:. Bueno, como dije, quisiera terminar el entrenamiento acá, porque Safira en verdad no debería poder mantenerse en pie por mucho. Pero si quieres seguir, no tengo problema de seguirla pateando :*.


Última edición por Kyoki el Mar Sep 06, 2016 3:13 am, editado 1 vez
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Safira el Dom Sep 04, 2016 11:28 pm

Su respiración se entrecortaba entre jadeos, no solo por el cansancio que le estaba suponiendo aquella lucha, sino también por el dolor causado por aquellas fuertes patadas propinadas una y otra vez sobre su torso. El corazón le iba a mil por hora. ¿Nervios? ¿Miedo? Por su puesto. A pesar de intentar controlarlos y que le sirvieran de fortaleza, la Yuki no soportaba ni un minuto más aquella situación. Leve había resultado ser su nueva vida fuera de las paredes de aquel infierno que tenía por hogar, como para que le arrebataran la vida con aquella facilidad y presteza.  
Se tambaleaba de lado a lado después de haber arrojado aquellos kunais contra aquellas farolas que alumbraban la calle. Apenas se sostenía en pie después de todo lo ocurrido. Las fuerzas se le escapaban con cada soplo de aire que soltaba. Sin embargo, aún no sentía tanto dolor como lo haría en un futuro, pues la adrenalina generada lo había conseguido frenar, al menos en parte.

Su clon por fin explotaba y llenaba el camino hasta su contrincante de agujas de hielo puntiagudas, hasta acabar clavadas algunas de ellas en él. No obstante, aquel fue precavido y supo reaccionar cubriéndose con sendos brazos para aminorar el impacto. –Tsk…Mierda-refunfuñaba tras él, apenas pudiendo gesticular palabra alguna. La cabeza le empezaba a dar vueltas causándole un mareo importante, mas no podía mostrarse débil, menos aún frente a aquel tipo.
No respondería a aquella pregunta que el otro le lanzó, no le daría el placer de saber información sobre ella, al menos no aún. Simplemente sus ojos y cejas dibujaron, junto a su boca, un gesto de desprecio y enfado hacia su persona. Como un animal moribundo pero salvaje, Safira se preparaba para su siguiente ataque haciendo flexión sobre sus piernas, a punto de saltar sobre él, dejándose llevar por completo por su instinto y sin hacer caso a la mínima parte de raciocinio que le quedaba. Sin embargo, justo antes de siquiera poner un paso frente a ella, a lo lejos podía escucharse el trote de gente acercándose cada vez más hasta donde estaban.

Mientras un par de guardias giraban la esquina, su acompañante parecía dirigirse a ella con unas palabras casi insultantes, tratándola con inferioridad incluso. Sus ánimos de repente parecían más calmados, quizá por el mareo, o quizá por el cansancio en su globalidad. –Cállate.-dijo con un tono de voz serio, y apartándole la mirada en gesto de resignación. Tenía una gran y poderosa parte de razón. Ella no podía continuar con aquella batalla, en cualquier momento se desplomaría en el suelo. Los guardias cada vez se encontraban más cerca.
“¿Me persiguen?” recordaba lo sucedido en el país de donde provenía, aquel incidente en el burdel y como las llamas consumían todo su pasado. Sin dirigirle palabra alguna al otro, Safira se giró colocándose frente al muro de una pequeña casa de aquella calle y se dispuso a treparlo. Apenas le quedaban fuerzas suficientes para aquello, sin embargo debía poner todo de su parte para conseguirlo. Su vida pendía de un fino hilo, pero los dioses de la muerte no se la llevarían. No hoy.

Después de pasar por encima la casa, y el tejado de la misma, la Yuki aterrizaría en el suelo de la calle contigua. Por suerte, las luces de la calle anterior habían estado apagadas, con lo que la huida sería muchísimo más fácil para ambos, a pesar de que no se preocupara de si el otro la seguía. Sin embargo, cuando cayó al suelo sus piernas le fallaron. Su cuerpo desfalleció allí mismo. Aún se encontraba consciente. Sus ojos miraban hacia el cielo, contemplando el manto de estrellas que se mecía aquella noche sobre la ciudad. –Vamos…-susurraba-No es momento de mirar las estrellas…-no podía creer lo que estaba sucediendo.-¡VAMOS!-hizo uso de un potente grito, que quizá era lo que menos le convenía pues trataba de despistar los ojos de cualquier curioso, mas necesitaba soltarlo para desahogar el dolor. Sus piernas apenas le respondían, tampoco lo hacían sus brazos. Podía realizar movimientos lentos, pero sostenerse en pie suponía prácticamente un infierno. “Es… ¿es este el fin?” no podía dejar de pensar en lo mismo. Lo único que le quedaba hacer, allí tumbada como estaba, era esperar un milagro. Pero, ¿un milagro a ella? ¿Acaso el destino le debía algo? Para nada.

Sus ojos contemplaron una última vez el cielo y se cerraron, dando paso a un profundo sueño del que quizá jamás despertaría.


Spoiler:
Stats:
• Ninjutsu: 7
• Taijutsu: 4
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 3
• Resistencia: 3
• Fuerza: 2
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Kyoki el Miér Sep 07, 2016 12:25 am

Es tan poca cosa —dijo hacia sus adentros el níveo, quien miraba con notoria repugnancia a la joven que intentaba salvar su vida—. Debería dejarla morir. Le haría un favor después de todo.
Pero por razones que no comprendía, y cuando los guardias ya estaban a punto de darle alcance, exigiendo que se detuviera, el Nara dio un gran salto hacia el techo por el cual subió trabajosamente la pelinegra, llegando a la cima de éste con destacable naturalidad. Parecía más una criatura ligada a los gatos que un ser humano.

Aún no comprendía el por qué seguía a aquella joven, después de todo no era natural en Yami sentir ningún nivel de compasión hacia cualquier otro ser vivo. Incluso la miraba desde cierta distancia, sin la intención de ofrecerle una mano de apoyo. Abajo se podía escuchar las maldiciones de los guardias, pues para darles alcance a ambos tendrían que hacer un gran rodeo.
Son como cucarachas —se dijo el albino—: Una sola puede ser inofensiva, pero esa cantidad, aunque puedas aplastar algunas, seguramente terminarás cubierto y siendo superado.

En su rostro se dibujó una media sonrisa mientras que descendía del tejado. Una vez más hizo gala de su gracia, ya que apenas hizo ruido al aterrizar. En aquel callejón podía apreciar la silueta de la fémina que se tambaleaba cuan ebrio en fiestas de fines de año hasta caer irremediablemente al suelo, después de haber pasado por unos ataques de delirios. "Mucho ruido y pocas nueces —pensó Yami mientras que se daba la vuelta para ir por su cuenta (como siempre había hecho en su vida) y dejar morir a la pelinegra. Sin embargo, no pudo. Apenas había dado un paso cuando de repente, sin explicación alguna, se detuvo en seco—. Maldita sea".

Giró bruscamente, y dando largas zancadas se acercó hasta donde yacía la joven tumbada. En sus facciones se podía apreciar un gran desprecio hacia la fémina, pero algo en sus ojos había cambiado, como si ya él no fuera la misma persona o se librara dentro de sí una lucha. Se agachó, la tomó entre sus brazos, y pudo notar que aquella muchacha era más liviana y frágil de lo que él pensaba. “No debe ser muy diestra en el combate físico —reflexionó el níveo—. Eso podría explicar muchas cosas. Tal vez en otras condiciones pueda brindar un mejor entretenimiento.

Caminaba con extremo cuidado, pues no estaba ahora dentro de sus deseos el lastimar aún más a la fémina, y también porque en su situación actual él no estaba en condiciones de enfrentarse a una posible cuadrilla de militares armados hasta los dientes sin descuidarla. Transitaba por las calles menos iluminadas, siempre atento a cualquier señal de peligro para intentar evitarlo. Por suerte siempre había tenido un buen sentido de la orientación, por lo que a pesar de los eventos recientes sabía todavía en qué dirección quedaba el hotel en el cual  pensaba hospedarse. Le tomó alrededor de quince minutos dar con éste.

Vaya, vaya —dijo el gerente  del lugar, un hombre regordete y de mejillas rojas como manzanas—. Hace tiempo que no recibo a una hermosa pareja de jóvenes acá. Que tierno, está dormida. Pero imagino que cuando despierte la acción comenzara, ¿no es así?
Prefiero que me dejen capado —replicó el albino, enarcando una ceja—. Venimos de una difícil misión, y mi compañera quedó algo herida. Los hospitales, como sabrá, ya no aceptan personas a esta hora; pero puedo hacer algo por ella si usted posee botiquín de primeros auxilios acá. Por suerte no parece tener fracturas ni nada por el estilo, más que todo contusiones y magulladuras. —Sintió que la joven se movió un poco, y se preguntó qué parte de lo que dijo habría escuchado, después de todo se rumora que una persona inconsciente puede escuchar todo lo que dicen a su alrededor, aunque estas son incapaces de reaccionar del todo.
Oh, qué pena —dijo el hombre, quien se había acercado un poco—, pues harían una linda pareja. —Yami sintió que se le revolvían las tripas—. Sin embargo, a esta distancia puedo notar mejor las heridas. ¿La atacó un animal salvaje o qué demonios?
Algo así —contestó Yami con indiferencia—. ¿Puede ayudarme o no? Igual pagaré el hospedaje.
Claro, muchacho —respondió el gerente con amabilidad—. De hecho, parece que tu requieres algo de atención también.
Esto no es nada —replicó el niveo—. Vamos.

El sujeto los condujo por un largo pasillo, ambos lados flanqueados por numerosas habitaciones. Al llegar al final del mismo subieron por escaleras de dos niveles que los llevarían al piso superior. Allí había una habitación lo bastante grande para ambos, y además para poder atender a la fémina.
En seguida vuelvo —comentó el encargado del lugar—. Traeré el botiquín.

Yami dejó a la pelinegra sobre la cama, parecía ser del tipo matrimonial. Sin ninguna clase de delicadeza se dedicó a rasgar la parte superior de la vestimenta de la joven, que ya de por si estaba bastante maltrecha, dejando a la vista su exquisito cuerpo. Tragó saliva con fuerza.
¿Qué diablos me sucede? —se dijo, llevando su mano a la cabeza, pues se sentía un poco mareado, fuera de si—. Debe ser por la pérdida de sangre. —Le echó una mirada a sus brazos—. No, no son tan graves

Sus pensamientos fueron interrumpidos bruscamente por el robusto hombrecito, quien abrió los ojos de par en par al ver a la joven semidesnuda al ingresar a la habitación; y si era posible, se puso más colorado de lo que ya era. Dejó en la mesita de estar una bandeja con vendajes, ungüentos, etcétera; y apresuradamente corrió a cerrar las ventanas.
¿Cómo se le ocurre dejar a una damita a la vista de posibles pervertidos del local del frente? —Le reprimió al níveo. Éste chasqueo la lengua en señal de molestia.

Fue una noche relativamente larga, aquella jovencita tenía más heridas de lo que parecía. No eran nada graves, pero seguramente debían molestarle cuando estaba consciente. La peor parte se la había llevado la región de su torso; en éste había al menos tres hematomas. Le vendaron esta parte del cuerpo, colocándole una pasta mentolada que según el gerente servía para aliviar un poco las contusiones. Sus otras heridas fueron cubiertas con pequeñas curas, no muy notables. Aquel sujeto parecía saber lo que hacía, lo que era bueno para la atendida ya que el Nara era más especialista en quebrar huesos que curarlos.
Ya hemos terminado con ella —dijo el regordete—. Ahora trataremos tus heridas, jovencito.
A diferencia de la pelinegra, Yami solamente necesitó algo de alcohol, que le ardió como el demonio, y unas vendas para cubrir las heridas. Una vez terminado, el hombrecillo hizo una reverencia de despedida, prometiendo traer en la mañana ropa para ambos, cortesía de la casa.
Después de todo es lo menos que puedo hacer por quienes prestan servicio valientemente por nuestra comunidad —dijo, y cerró la puerta sin hacer ruido.

El níveo se sentó en un rincón de la habitación, quedando del lado derecho de la muchacha. Desde allí la miraba fijamente, notando como su respiración parecía más relajada. Pronto el sueño le ganó la partida, y tras haber cabeceado unas cuantas veces, cayó rotundamente en el abrazo de morfeo.



***



En su mano blandía una cuchilla kunay, y caminaba tambaleantemente hasta donde estaba acostada la fémina. Ésta había abierto los ojos lentamente, pero al instante en su expresión se dibujó el terror cuando el arma que portaba el joven en la mano descendía hacia ella. La luz de sus ojos se escapaba tras cada apuñalada, desparramando el líquido bermellón que corría por sus venas. — ¿Lo ves? —dijo para si—. Era bastante fácil. No niegues que lo deseabas. Para esto naciste, para asesinarlos a todos.

El Nara despertó bruscamente, sudaba frío. Sus ojos viajaron rápidamente hasta la cama, buscando a la joven; aún yacía dormida. Se levantó trabajosamente, y caminó hasta el lavabo. Allí se quedó un buen rato, contemplando el reflejo que le devolvía el espejo. Había vuelto.
Se lavó la cara, mojándose también su espesa cabellera negra. Una vez pasado el trauma de la pesadilla, se acercó hasta el lecho donde dormitaba su compañera de cuarto. Con cuidado se sentó en el borde de la cama, muy cerca de ella. La contempló por un largo rato.
Esto jamás había ocurrido —se dijo.
Extendió su mano siniestra, buscando tocar el rostro de la muchacha, en su mejilla derecha tenía una gaza pegada con adhesivo. No obstante, antes de llegar siquiera a rozarle con los dedos, cerró fieramente su puño y contuvo con todas sus fuerzas las lágrimas que querían aflorar. Apretó los dientes para evitar gritar.
Eres un maldito batardo. —Como respuesta, dentro de su mente, obtuvo una burlesca carcajada.
Lo lamento tanto —comentó, mientras que apartaba un mechón de cabello de la frente de la joven.
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Re: Una sombra helada.

Mensaje por Safira el Sáb Sep 10, 2016 5:47 pm

La cabeza le daba vueltas, con fuertes pinchazos y una jaqueca insoportable, provocando que despertar después de todo el tiempo que había pasado inconsciente fuera todavía más difícil. Sin embargo, una suave caricia en su frente le hizo abrir, lenta y paulatinamente, sus grisáceos ojos. Parecía tener recuerdos vagos de lo ocurrido la noche anterior, pero el dolor que empezaba a sentir con su despertar le hacían recordar cada uno de los golpes que aquel peliblanco le había propinado. Nada más sus ojos se abrieron un poco más, la imagen de un joven con el pelo azabache se hacía nítida a su vista. “¿Y este chico?” decía para sus adentros.
-Quie…¿Quién er-ni si quiera pudo acabar la pregunta, pues de repente un dolor en la zona pulmonar hizo que le costara hasta respirar por unos instantes. No obstante, no le haría falta finalizar la cuestión, después de dirigir otra vez su mirada a aquel joven se fijó detalladamente en las facciones de su cara. Sabía quién era. –Tú...Agh-otra mueca de dolor se dibujaba en su cara. De haber estado en mejores condiciones, la Yuki no habría dudado por un momento en lanzarse a por él como un zorro atrapando a un conejo, pero aquel dolor en el pecho se lo impedía por completo. Quizá tenía alguna costilla rota, poniéndose en la peor de las situaciones, o quizá simplemente tendría moratones del tamaño de berenjenas, y con el mismo color. Desde luego aquellas puntadas, patadas y puñetazos no le habían hecho cosquillas –Pero… tu pelo… es distint…Agh.-no alcanzaba a comprender cómo era posible, pero aquel chico por mucho que se pareciera al de la noche anterior, ni su pelo ni el aura que lo rodeaba parecía ser la misma.

Parecía que el dolor había disminuido por momentos, recomponiéndose un poco y levantándose de la cama para quedar sentada, apoyada en la pared con las piernas estiradas. Así pues, en aquellos siguientes segundos, la forastera denotó algo distinto en lo que no había caído antes, y es que solo unos simples vendajes cubrían su torso. La parte de arriba de su vestimenta había desaparecido de la noche a la mañana. Sin embargo, no podía decir que no estuviera acostumbrada a ello. Habían sido muchas las noches en las que, en un abrir y cerrar de ojos, desconocidos le quitaban la ropa sin pensarlo por un momento. Pero esta vez era distinta. No la había desnudado para tomar su cuerpo, ni para hacerle más daño alguno, todo lo contrario, había salvado su vida. Quién sabe lo que le habría pasado de haberse quedado allí sola, tirada en aquella calle y dejada de la mano de dios. Si algo estaba claro era que, por mucho que pudiera detestarlo, y por muy grande que fuera la paliza que le había dado anteriormente, le debía la vida literalmente.
No obstante, por extraño que pudiera parecer, Safira ni se inmutaba que el pelinegro la hubiera desnudado. Le parecía un hecho extraño, curioso viniendo de alguien que la habría querido ver muerta horas antes, pero el pudor era algo que ya no existía en ella. Habían sido demasiados los años que había pasado por ese tipo de situaciones, y peores, como para no haberse curtido ya.

Mirándolo de arriba abajo, su joven cara y aquel pelo, junto a aquella extraña y misteriosa personalidad, le recordaban a Ryuji. Una parte de ella le temía, más aun recordando la fuerza que poseía después de estar toda la noche recibiendo golpes por su parte. Sin embargo, otra parte de ella sentía una gran curiosidad por saber de quién se trataba, conocerle. La intriga se había apoderado de ella, pero no permanecería mucho tiempo.
-¿Cómo hemos llegado aquí? –decía mientras se ponía una mano en su cabeza por el dolor que aún le venía en ciertos momentos. Sin embargo, aquella pregunta difícilmente sería respondida en aquel momento.
-Nos han dicho que llegaron aquí esta noche. Lo repetiré solo una vez más, ¿dónde están?- por como hablaba parecía ser uno de los guardias que iba tras su búsqueda después de todo el revuelo que causaron anoche. -¡Dimelo!-dio un fuerte puñetazo a la mesa de la recepción-O si no...-de repente se pudo oir a la perfección el sonido de unos puños crujiendo. Aquel hombre estaba en apuros, pero no sería salvado por ellos, o al menos no por la Yuki. En otra situación, a Safira no le habría temblado el pulso en bajar y enfrentarse a aquellos guardias, sin embargo conforme se encontraba difícilmente podría pegar tres puñetazos y seguir de una pieza, por no hablar de los ataques que debería poder soportar de los otros.
-Juro que no se nada. De verdad, lo juro.-desde la planta baja, donde se encontraba la recepción de la posada, podía escucharse al buen hombre que les había dado cobijo hablar con gente desconocida.  "Mierda... Bueno, daños colaterales." pensaba la forastera sobre aquel conserje, pues a pesar de no desearle ningún mal después de haberles resguardado y mentido por ellos, no iba a dar su vida por aquel hombre, al contrario, aprovecharía sus palabras para poder huir del lugar.
-Vámonos.-se levantaba rápidamente de la cama, no sin sentir dolor por ello en donde se encontraban sus costillas, pero más le valía actuar con presteza si querían salir los dos vivos de allí. Se encontraban en un primer piso, no era muy alto, con una caída de 3 metros quizá. La ventana que daba al exterior sería su huida, y después simplemente tendrían que correr o esconderse… o quizá podrían elaborar otro plan desde la tranquilidad. Ya preparada en la ventana para saltar, aun sabiendo lo dolorosa que sería su caída, le lanzaba una mirada de seguridad al otro-¡Venga!-exclamó en voz baja, intentando que los guardias no supieran de ellos tan fácilmente.

“Quién sabe, quizá me pueda servir ahora de carnaza.”
Intentaba imponerse excusas para lo que acababa de hacer, pues jamás hubiera pensado que trataría de poner la vida de alguien como aquel a salvo. No obstante, el camino que les quedaba por delante sería largo. ¿La soportaría? La vida daba muchas vueltas, y sin embargo ahí estaba, huyendo otra vez para emprender una nueva aventura.
Safira
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Re: Una sombra helada.

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