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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Recuerdos tras el agotamiento. ♫ ♪

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Recuerdos tras el agotamiento. ♫ ♪

Mensaje por Rammsteiner el Sáb Nov 08, 2014 1:44 am

Lejos... mas allá de donde ninguno de los shinobi de Kirigakure habían estado se encontraba la virgen e inhóspita Yukigakure. Una tierra donde la nieve plateada caía con el lento y cuidadoso pesar de una hoja en el viento, allí donde las preocupaciones parecían desvanecerse, donde los peligros y dudas que entrañaban el largo y sinuoso camino de Rammsteiner parecían aclararse.
No fue fácil el viaje que tuvo hasta aquel lugar, aquellos recuerdos aunque crudos, representaban el lugar a donde su corazón pertenecía, me encantaba aquel panorama de aquellas tierras de nieve incluso mucho más que la espesa y agradable niebla de este país. Raudo y veloz, como un aliento exhalado de la misma montaña sagrada, corría una y otra vez a través de la costa septentrional de Kirigakure, absorto como de costumbre, en intensos entrenamientos que no parecían tener un final concluso.
Iba cargado de varias pesas sobre sus hombros, alrededor de veinte kilos extras sumados al suyo propio. Desde aquel camino ensombrecido por los arboles cercanos, podía verse el mar. Tan grande y vetusto como siempre, iluminando tímidamente el camino del joven, el cual no dejaba de presenciar aquel mar con sueños, dudas y sobretodo... nostalgia.

Muy lejos quedaba de aquella costa, las tierras que anhelaba explorar con mucho afán, sumido en la desesperación, el desaliento y la frustración. Había pasado mucho tiempo desde su partida desde que regreso de yukigakure, aun no sabia del todo el por qué de su tuvo que regresar en vez de quedarse allí para siempre... Pero sus deberes como shinobi de kirigakure aclamaban su regreso ya que no podía darme el lujo de desertar de aquel país en su estado actual, sencillamente parecía algo borroso y lejano que escapaba a su comprensión. Siguió corriendo entre jadeos, apretando los dientes y frunciendo el ceño emprendió de nuevo su camino, recorriendo la costa de levante a poniente, sin descanso alguno... sin lamentaciones. Observaba la villa de Kirigakure con cierto soslayo, esperando que esta solucionase sus problemas y le diese animo de alguna forma de no largarse, desoyendo sus instintos, abandonando todo lo que conocía por una vida mejor. ¿La había conseguido? Había pasado de luchar por si mismo, a luchar por y para otros. La mejoría no parecía latente. Se sentía utilizado, mangoneado... sintió como su espíritu era mutilado entre cadenas hechas de lealtad y miedo, percibió su trabajo como una abominación inconcebible que no podía permitir.
Resultaba extraño... el hecho de pensar este tipo de cosas le hacían sentirse en paz, sosegaba su espíritu y brindaba un descanso de aquella tortura personal que se había convertido su existencia. Seguía sin entender el hecho de su regreso a Kirigakure, de porque sentía mas atracción por las tierras blanquecinas del país del as nieves que de la inmensa isla que conformaba el país del agua. Parécia algo imposible de responder, pero algún día... volvería a Yukigakure en busca de otro conmienzo mejor para si mismo.

El sol se escondía tímidamente entre los arboles del sendero oculto. La noche se cernía sobre Ramsteiner y este, seguía manteniendo un ritmo que parecía no acabar jamas. Cayo en la cuenta de que podría descender y volver a escalar los acantilados que conformaban la cala norte de la isla, quizás fuera duro pero nada le parecía lo suficiente. Se detuvo ante el punto álgido de la costa, donde el acantilado era de al menos, cien o ciento cincuenta metros de altura.
Se acerco lentamente hacia el pronunciado final del sendero, mirando hacia abajo con los ojos bien abiertos. Con los últimos rayos del sol, su decisión se vio resuelta y comenzó a ajustarse las pesas, que ya parecían parte de su propio cuerpo.
Se agacho con cuidado, posicionando los pies sobre unas rocas que transmitían cierta seguridad y allí, comenzó el primer descenso. El atardecer clamaba su retirada, apenas podía verse nada y sentía por un momento el temor a quedar atrapado allí irremediablemente, sin poder ver ni siquiera donde se encontraba. Con todo el valor que pudo reunir y con una fría resolución, continuo descendiendo hacia el abismo. Incluso desde aquella altura podían escucharse las olas chocar contra las rocas, parecía que hubiera una tormenta allí abajo.

Mantuvo el ritmo de bajada todo lo que pudo, apoyando con reparo sus piernas y aferrándose  a la vida con sus manos. Apenas había descendido unos metros y sintió como desfallecía, como su cuerpo se rendía ante lo imposible. Alzo la vista, con nostalgia en la mirada y mientras observaba con un hálito de esperanza a la luna, comenzó a pensar en donde estaría su reflejo. Lo abandono a su suerte, de nuevo sus recuerdos asaltaron la mente del joven, que para abstraerse de aquellos pensamientos, siguió descendiendo, evitando con todo su pesar, recordar su maldito rostro. Pareció una tarea de descomunal esfuerzo, una quimera imposible.
Recordó tanto en tan poco, que sus ojos se humedecieron ante la tentativa de haberlo abandonado, haberle dejado ir pro su cuenta aunque presentía que algún día le volvería a ver, ¿no?. No me consideraba añguien dado a los llantos, era alguien recio y con una resolución firme pero... Aquellos recuerdos anegaban su interior. El pecho se encogió ante sus emociones, desbocado ante el recuerdo de su hermano ¿Aunque estaría vivo?, ¿Pero cual hermano?, traía recuerdos olvidados de los otros igual y de su hogar maldito en el cual no podía vivir y sin embargo... no podía olvidar.
Aquel sentimiento de congoja invadió su ser, mientras descendía por aquel peñasco que parecía estar dispuesto a sellar su destino en cualquier momento. Y entonces... Caí en cólera, aporreo la pared entre gritos de ira y mirando hacia arriba, comenzó a ascender aquel muro. Sin haberse percatado ya había llegado al punto mas bajo, donde las olas chocaban contra su cuerpo y el frió nocturno hacia mella en su cuerpo. Nada importaba, perseguiría a mi destino con ainco, con tesón y con determinación hasta poder encontrar lo que tanto ansiaba volver a ver. Entre gruñidos de esfuerzo, Seishin ascendió por aquel muro, no paraba de recordarlo ¿Pero por que ahora?, más los recuerdos eran casi nulos pero esta vez de forma distinta.
- ¡Ja! sin siquiera poder verte me fastidías tanto... ¿Por que te dignas a hacer esto? ¿Acaso pretendes ganar algo? Me resultas extraño.- Hable, y con una resuelta determinación, continuo con su sinuosa ruta de ascensión, mas rápido, mas fuerte... el mundo contemplaría algún día lo fuerte que me volvería y si lo volvía a encontrar, haría que nos temiesen con tan solo oír nuestro nombre. El sol se ocultara ante la presencia de la montaña sagrada, los cadáveres serán enterrados por la inexorable nieve y por encima de todo, los hijos de la montaña... serán recordados. Rammsteiner perjuro aquella promesa, adquiriendola como suya mientras alcanzaba con sus ultimas fuerzas la cima.
Su mano apareció por el borde del acantilado, y con un gran esfuerzo ascendió definitivamente por el acantilado, con lagrimas en los ojos, fuego en el corazón y un juramento en su haber. Rodó por el suelo al alcanzar la cima y desde allí, contemplo la luna en todo su esplendor, acariciando su pálida piel con sus rayos llenos de ternura. La paz llegaba... ¿Durante cuanto tiempo? Poco... pues caí presa del agotamiento, desfalleció en aquel lugar.

- Solo descansare... un momento. - Dijo, entre jadeos, mientras sus ojos se cerraban y sus lagrimas, se volvían nada tan lentamente... para permanecer sumido, como su amo, en un profundo sueño.

Al día siguiente...

Lentamente fue abriendo los ojos y alli estaba, la cegadora luz del sol penetrando en sus ojos. Se reincorporo lentamente frotándose los ojos con la mano derecha, aun cansado del dia anterior, el cual habia sido de los mas agotadores de su vida. Al mirarse la mano pudo ver que estaban un poco rasgadas y aporreadas, aquella escalada del día anterior hizo que estas mismas terminasen heridas con levedad más no me ardían, ¿tal vez habían quedado anesteciadas?. Absorto en aquella imagen no fue capaz de apartar la mirada durante unos segundos... completamente absorbido. El graznido matutino de las aves le despertó de su sopor, y sacudio su ropa un poco, levantándose poco a poco aun con las pesas atadas a su cuerpo, tirando de el hacia la rendición. Camino durante el bosque, tambaleándose de vez en cuando en dirección a su siguiente campamento de entrenamiento, donde presuntamente continuaría aquella jornada tan exacerbada.
Mientras caminaba en dirección al bosque percibió como hacia ya tiempo que la mañana había comenzado desde hacia un par de horas. No era propio de el dormir tanto pero el cansancio le pudo hasta limites insospechados, tanto era así que apenas podía mantener el equilibrio sin tener que apoyarse de vez en cuando en los arboles de la zona. Aunque sus entrenamientos siempre resultaban abusivos a la vista de cualquiera, pero siempre sentía que eran demasiado fáciles a pesar de que su cuerpo no podía aguantarlos, nunca era suficiente.

Unos minutos de caminata después bastaron para llevarle al siguiente campo de entrenamiento. Un claro en aquella costa norteña donde había dispuesto una gran cantidad de rocas de enorme tamaño organizadas de forma intermitente. Al oeste del campo, una pequeña cuesta que conducía a las montañas nubladas de la aldea, un camino lleno de cuerdas sujetas a kunais allí clavados. Todo parecía estar predispuesto con suma antelación, nisiquiera contemple la escena, simplemente se acerco al centro del claro y levantando una de aquellas rocas, metió la mano en un agujero astutamente colocado bajo esta. Agua, comida y algunas provisiones extras. Tomo pequeños sorbos de aquella agua, la cual estaba enfrascada en una calabaza seca, comió algo de cecina y guardo todas sus provisiones tras ello. No quería perder tiempo en comer, hizo lo justo para seguir entrenando, no obstante se llevo la calabaza de agua consigo. Hace ya algunas semanas atrás había preparado este campo de entrenamiento así que sabía sus secretos.
Aquellas rocas eran enormes, sencillamente habría sido imposible levantarlas a peso, pero no quería eso. Lentamente, preparaba aquellas pesas que cargaba para que quedasen fijas y así poder comenzar. Los pesos que colgaban en el quedaron bajo bien sujetados, haciendo su trabajo para volverme más lento y pesado, se coloco justo al frente de la roca mas grande del campo. Una enorme roca de al menos tres metros de altura y cuatro de ancho, con una forma semiesférica, apenas recordaba como pero la había conseguido traer de las montañas, aquel había sido un día movido...

Apretó levemente los puños, calentó sus hombros y de un súbito impulso comenzó a empujar la enorme roca con todas sus fuerzas. No parecía moverse ni un solo ápice de su lugar, aquello me frustraba ligeramente; si había sido capaz de moverla hasta allí seria capaz de sacarla, y esta vez hacer que subiera aquella cuesta. Entre gruñidos de esfuerzo comenzó a golpear la roca con la mano derecha mientras con el resto del cuerpo, seguía empujando a aquel titan terreo. Posiblemente pasaron varios minutos sin que ocurriera nada, simplemente la tierra se acumulaba tras de mí, el cual no dejaba de depositarla ahí a cada impulso que daba con las piernas, sin ningún resultado por supuesto.
Ya habían pasado aproximadamente un minuto y ya estaba muy harto de aquella roca. Coloco la palma de su mano en aquella roca y con unas enormes ganas por concluir aquel entrenamiento, hizo brotar de su brazo su propio humero que incluso atravesó la roca más agarro este mismo con fuera. De un grito, comenzó a apuñalar varias veces a medida que me avalanzaba con este mismo para empujar la roca haciendo que la estaca se llegasen a agrietar poco a poco y cuando terminase destruida saco la de su otro brazo para continuar empujando y apuñaleando esta misma roca.
Aquello parecía haber funcionado, pues la roca comenzó a moverse y podía observar resultados al fin, sintiendo como aquella roca era arrastrada en dirección a aquella cuesta. Al fin había surtido efecto.
Aunque había empezado a arrástrala no fue hasta después de cinco tortuosos minutos que consiguió colocarla frente a aquella cuesta. No era del tipo que solía maldecir pero de veras sentía una enorme aversión a aquella roca, deseando terminar para destrozarla a golpes.
Se coloco a un lado de la roca, descansando un tiempo mientras observaba la cuesta con cierto miedo. Mover aquella roca había sido un trabajo arduo, hacerla subir seria incluso mas difícil... a menos que contase con ayuda. Rápidamente, saco su calabaza de agua y literalmente, la destrozo con el simple hecho de apretarla entre los dedos de ambas manos. Tras ello comenzó a concentrar y de pronto un gran poder vino a mi cuerpo pues dos puertas de las siete puertas del dolor habían sido abiertas y mi poder había aumentando mucho más que antes. Camine hasta la roca y me colo tras de esta misma mis palmas estaban puestas en la parte más solida de un gruñido de esfuerzo se pudo escuchar tras la máscara, comence a empujar aquella roca con todas mis fuerzas, haciéndola ascender a un ritmo... tedioso, cuanto menos.
¿Cuanto tiempo paso desde que comenzó a hacerla subir? Prácticamente fue indescriptible, el tiempo que tardo en hacerla subir fue quizás el doble de moverla ante la cuesta. Las cuerdas alli dispuestas no hicieron otra cosa que molestarme y al llegar al fin a su objetivo, termine muy cansado más aquellas puertas terminaron por cerrarse.

Abarrotado, no hice otra cosa que sentarme a un lado de la roca, aun jadeante por el esfuerzo sin ganas siquiera de alzar los brazos. Permaneció allí durante mucho tiempo... tanto que perdió la cuenta.
Rammsteiner
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