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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Nivel Superior [Ninjutsu]

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Nivel Superior [Ninjutsu]

Mensaje por Sesenta y nueve el Vie Jul 29, 2016 9:03 pm

Ninja. Sesenta y nueve había adquirido esa distinción hace tan solo…. ¿Cuánto tiempo?, dos, tres meses tal vez. Era difícil saber la fecha en país como del del fuego. Era sin duda un país extenso, cubierto en su mayoría por un gran bosque, en el que precisamente se encontraba ahora el kenen, ni siquiera podía saberse si era de día o de noche, y había estado por tanto tiempo allí que ya no sabía qué fecha era o que mes del calendario. Al parecer, a pocos les importaba aquello siempre y cuando no fueran comerciantes. Ellos sí, debían estar informados de aquellas cosas para que sus negocios surgieran de la manera más armónica posible. Desde la creación de la aldea central, hace varios años ya, El país del viento se había dividido en 3 partes fundamentales, sin contar con los feudos, que era otra división diferente. La primera, y posiblemente el gremio más importante, los comerciantes y mercaderes. Constituidos por grandes y pequeños empresarios, vendedores, agricultores y campesinos, era la base fundamental para que el país tuviera tanto éxito en los tratados comerciales con las pequeñas y grandes aldeas aledañas. Tan solo la parte sur del país del fuego, dotaba a gran parte del resto del país de los productos producidos por la agricultura y además de ello también de trigo y verduras varias. No paso mucho tiempo para que la aristocracia se formara en una villa en desarrollo, pues las personas influyentes en la aldea, aquellas con mejores hogares y un estilo de vida sostenible por si solo eran los empresarios, dueños de los carros de transporte y desde luego y con más razón, los propietarios de los montes donde el arroz surgía. Los comerciantes incluso no tenían el mismo significado que en otros países. Aquí, eran ellos los que sostenían al país entero, los más trabajadores eran también los más ricos –moderadamente, claro-.

El segundo grupo, y segundo también en cantidad, era el de la fuerza militar. “Los desordenados Ninjas”, como en ocasiones los llamaba Sesenta y nueve. Se trataba de una gran cantidad de la población, obligado a prestar el servicio militar y entrenarse como shinobis. Algunos claro, con habilidades sobresalientes, pero que aun así no marcaban la diferencia. Eran desordenados y torpes. Al verlos, el explosivo creía contemplar en vida lo que pudiese haber sido la era del neandertal. Sin embargo, tenían muy en cuenta su nivel dentro de la fuerza. Uno de los grandes feudos -al que solo conocían unos pocos- había infundido dentro de la población militar unos rangos para distinguir a ninjas débiles de los que se supone eran fuertes.  El tercer grupo, a manera de información, se trataba de los aldeanos. Aquellos que no pertenecían ni al primero ni al segundo. No se dedicaban al comercio exterior sino al interior y algunos otros a diferentes tareas. No tenían entrenamiento Ninja y tal vez nunca lo tendrían, eran madres y hermanas encargadas del suministro interno de los alimentos, del aseo, del orden y de la venta y fabricación de múltiples cosas necesarias para la vida de una villa en progreso. Eso lo convertía claro en el grupo menos favorecido y en el de menor tamaño. Todo el país del viento estaba dividido, pero el kenen podría incluso adivinar que en casos de adversidades todos se unirían como un solo y unificado gremio.

Sesenta y nueve caminaba con paso lento y tranquilo, con la mitad de su cantimplora llena, algunas gotas de sudor descendiendo por sus mejillas y un viejo y largo pergamino en su mano derecha. Había pasado en vela la noche anterior leyendo aquel pedazo de papel que solo le habían presentado más dudas de las que tenía antes de obtenerlo. Era un pergamino educativo, aquel que usan los padres shinobis para enseñar a sus hijos los conocimientos básicos de un “ninja”, para que de esa forma empezara su entrenamiento. Sesenta y nueve tenía la gran desventaja de no conocer muchas cosas acerca del mundo shinobi y su propio clan hasta que empezó la vida como ninja tras las instrucciones de su maestro, Isaac Kenen. A partir de entonces, empezó a estudiar todas las cosas que tuvieran que ver con aquellas personas dotadas de tan grandes capacidades; el pergamino que tenía en la mano era fiel muestra de ello. Gracias a él había aprendido -y de memoria- lo que era el chakra, la manera de usarlo y en menor medida, bajo qué circunstancias, hallando el preciso momento. Lo había adquirido hace más de seis meses y nunca se cansaba de leerlo…. Incluso me atrevería a decir que se lo sabía de memoria. Completo. Pero la razón por la que continuaba leyéndolo ciertamente la desconozco. Durante esos meses se había dedicado al entrenamiento de aquel poder que lo acompañaba desde nacido y que había mantenido oculto sin que el tan solo lo supiera.

Había obtenido también uno en el que se ilustraba de manera eficiente la forma de usar la afinidad elemental tipo fuego, que también poseía el explosivo; y gracias a él había aprendido a usar algunas “técnicas” de tipo fuego. Lo más difícil para él no fue ejecutar los jutsus, pues con el control que le habían enseñado sobre la energía espiritual, realmente fue lo más sencillo. Es increíble y tal vez absurdo, pero la prueba más difícil para Sesenta y nueve eran los sellos de manos; requeridos para hacer muchas de las técnicas ninja. No estaba acostumbrado a aquellas formaciones de manos y mucho menos de mover sus dedos con tanta rapidez y excelsitud. Pero la práctica hace al maestro, y Sesenta y nueve ya tenía bien dominada aquella característica ninja. Así las cosas, el kenen tenía gran parte de las características ninja bien dominadas. Sabia usar su chakra de forma igual a la de un ninja talentoso, ya tenía dominio sobre algunas técnicas de su elemento y tenía la información necesaria sobre su clan y lo que podía llegar a lograr gracias a sus habilidades de sangre. Sesenta y nueve era una persona que no descansaba hasta tener algo bien dominado... Y la manipulación y control de su chakra, además del dominio de sus técnicas elementales ya la sabia, me atrevo a decir, mejor que nadie. Faltaban una cosa de mucha importancia y en las que ahora pensaba el joven Kenen: su propio ninjutsu... que aún no sabía cómo explotarlo.

El hecho de que Sesenta y nueve conociera tanto sobre el ninjutsu Kenen que sabía poseía, y no saber cómo activarlo era algo que no lo dejaba pensar con claridad. Mientras continuaba sus pasos en aquel gigantesco bosque seguía esperando llegar a un lugar poblado en donde pudiera pasar la noche. Dentro de sus numerosos estudios se encontraba desde luego, una descripción detallada que le había obsequiado su maestro (ninja Kenen por excelencia) de lo que era el ninjutsu de su clan, como se usaba, que hacía, en que ayudaba e incluso como podía evolucionar. Sin embargo, costaba trabajo para el pelirrojo llegar a mostrarlo con facilidad; pues de hecho... solo recuerda haber podido activarlo más de cuatro o cinco veces. Aquel momento en el que su vida no corrió tanto peligro antes y en donde creyó haber muerto a manos de un grupo de esos con el que se vio obligado a luchar durante varias horas. Fue en su “iniciación”, cuando supo que poseía la sangre del clan Kenen, en un oscuro y temeroso bosque en el que tuvo que pasar encerrado y en busca de una salida diferente a la del suicidio o la muerte a manos de una de las amenazas que allí había. Al final del quinto mes, fue cuando el cansancio de su cuerpo llego a tal extremo que la desesperación se apodero de su muerte; y la locura empezó a invadirlo. Pero Sesenta y nueve nunca se dio por vencido, incluso cuando fue doblegado por aquel violento grupo de animales con los que sostuvo batalla. Allí fue en donde su ninjutsu de clan se mostró en su rostro por primera vez... Y no supo cómo, pero aquello le ayudo a sobrevivir. Pese al increíble sufrimiento que vivió en aquel infierno, el explosivo recuerda la activación de su sombra como lo mejor que le pudo pasar; era extraño sentirse tan bien con su nueva visión y a la vez tan extremamente mal por todo lo demás. Una vez activado, el kenen podía ver absolutamente todo lo que su vista contemplara, y de una manera simplemente especial. El cansancio disminuyo considerablemente, su cuerpo pesaba menos y sus músculos parecían restablecerse. Para él era frustrante saber que no lo podía volver a sentir aquello por propia voluntad.

Había estado buscando la forma de como activar el ninjutsu kenen voluntariamente, y en ninguno de los cientos de pergaminos leídos no encontró un solo dato de cómo hacerlo, sino simple información sobre el poderoso jutsu. Sabía que ayudaba demasiado en la elaboración y ejecución del ninjutsu, y que también ayudaba al portador a unificar mente y cuerpo. Así que decidió apoyar su entrenamiento en aquellas dos premisas principales. Una, que su cuerpo estuviera tan agotado como podría estarse... Y por ello haba decidido hacer el viaje hasta el país del fuego, cruzando completamente el bosque principal. Eran cientos de kilómetros, y el explosivo pretendía cruzarlo a pie y solo con una cantimplora de agua. Era su tercer día de viaje, caminaba 16 horas al día, dormía cinco y dedicaba otras tres a la lectura de sus pergaminos. Pergaminos que ya había leído pero que al parecer pretendía aprender de memoria. La segunda cosa sobre la cual apoyaría su entrenamiento seria pues, el ninjutsu, la manipulación de su afinidad elemental que conocía como “katon”. Las artes de su clan -según sus múltiples lecturas- requerían de una inteligencia superior, de pensamientos más rápidos y de la manipulación perfecta del chakra propio y de los movimientos del enemigo. A Sesenta y nueve le encantaba la idea de jugar con sus oponentes con solo el uso de su chakra explosivo. Y con su cuerpo cansado, agotado, y extralimitado, intentaría apoderarse de la habilidad de ejecutar ninjutsus. Entrenando cuerpo, mente y su habilidad sanguínea al mismo tiempo y con un solo propósito. Y el entrenamiento del Kenen empezaba cuando su cuerpo no pudiera más. Cuando ello obligara a la mente a desgastarse y fuera más difícil, así podría usar su habilidad en cualquier situación.

Aquello ocurrió, al cuarto día de viaje. Apenas creía que había cruzado poco más de la mitad del país del viento, y que faltaban por lo menos tres días más para cruzar el gran desierto, y ya su pesado cuerpo parecía no resistir dar un paso más. Observo a lo lejos, con dificultad pese al incesante sol, la suma aproximada de 6 aves de color blanco, rodeando en círculos con su aletear una zona lejana. Sesenta y nueve pudo saber con ello que las aves rodeaban algo en tierra, y su color hacía notar que no eran aves carroñeras, de esas que profanan cuerpos sin vida de seres vivientes con el solo propósito de saciar su hambre con su mal oliente carne; eran aves normales, así que probablemente había un campamento allí, plantas quizá, o una especie de oasis. Agua en donde podían refrescarse. El Kenen camino hasta allí sin ningún entusiasmo aparente, pues aunque su olfato le hacía saber que eso era tan real como el dolor que invadía todo su cuerpo. Y más aun así, se acercó sin entusiasmo y a pasos lentos y cansados…. Había visto algo similar varias veces antes, y todo había resultado en una seria de crueles espejismos. Hace tan solo horas había visto en frente de sus ojos una gran mesa de madera llena de comida, toda ella preparada como si fuese especialmente hecha para él; pues allí estaban sus platos favoritos. Y, luego de llegar y tomar el primer trozo de carne de ciervo, vio de lo realmente se trataba... una gran roca a medio enterrar en cuya base parecía vivir una especie de colonia de escorpiones. Pero luego de caminar los 6 metros necesarios para toparse con el lugar vio un oasis de no más de 6 metros de diámetro, en donde se refrescaban un total de 14 aves blancas. Lo contemplo, y se hacerlo tanto como para inclinarse en la orilla o tomar agua en sus manos, agua que utilizo para lavar su rostro. La primera prueba fue superada… no se trataba de otro cruel espejismo y al fin había hallado una lugar en donde pudiera refrescarse. Sonrió, se levantó, dio un paso a otras y un salto grande hacia adelante, lanzándose de esa forma al delicioso oasis. Fue entonces cuando recordó no haberse sentido tan bien desde que asesino a los asesinos de su familia.
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Re: Nivel Superior [Ninjutsu]

Mensaje por Sesenta y nueve el Vie Jul 29, 2016 9:17 pm

Qué bien se siente… pensó el Kenen, flotando de espaldas sobre el pequeño oasis. Sus ojos contemplaban con dificultad el azul del cielo pese a la difícil presencia del brillante sol iluminando todo el desierto del país del viento. Llevaba varios días de caminata, su agua se había acabado hace horas y su cuerpo, calculaba el explosivo, no resistiría más de algunos kilómetros de caminata. Suerte para el que ahora se refrescaba, aunque sabía que eso, no duraría demasiado. Aquel baño y un poco de agua difícilmente devolverían las fuerzas a Sesenta y nueve, quien lo sabía muy bien y se preocupaba simplemente para que su mente se despejara un poco y esta sí, retomara su estado natural, pues le preocupaba seguir con esa serie de espejismos que había sufrido hace tan solo horas. Eran.... Pensó, esta vez con los ojos cerrados. ...tan reales. ¿Y cómo no serlo?. Aquellos espejismos eran comunes en tan gigantesco bosque, en donde abundaba la escases de alimento, agua, y vida, y a la vez tan reales en mentes fatigadas que el Kenen no pudo dejar de pensar en lo fantásticos que eran. Si, fantásticos… había sido víctima de ellos y aun asi estaba tan fascinado con lo que habían causado, y lo que habían provocado que no podía dejar de pensar en ellos y en consecuencia, de algo de lo que conocía muy bien….

Todo regresa a lo mismo; los incesantes estudios de Sesenta y nueve sobre sus habilidades innatas como shinobi, y no como un campesino de una tribu sin algo espacial. Era un Kenen, y según sabia el fuerte de este clan, el suyo, el ninjutsu. Sabía todo lo que se podía saber sobre ellos, como hacerlos, como evitarlos, como manejarlos y desde luego, como manipular la sombra de un oponente. Eso... en la teoría, pues en la práctica jamás había intentado realizar uno. Y allí, en ese mismo oasis sobre el cual flotaba descansando su agotado cuerpo pensaba también en su más grande problema... Como activar su habilidad cuando él quisiera. Lo había hecho alguna vez, involuntariamente, y no lograba recordar cómo hacerlo de nuevo. Aquella vez su vida estaba en peligro de muerte y su cuerpo agotado; exactamente como lo estaba ahora. Movió sus brazos nadando así hasta la orilla del oasis, salió y sin decir o hacer nada se sentó cruzando sus piernas y junto cada una de las yemas de sus dedos de la mano derecha con las de la izquierda. Posición de meditación. Y eso fue lo que hizo a continuación... intento no pensar en nada salvo la expansión de su Chakra. Sus nivel de energía estaba considerablemente abajo, así que le costó un poco de trabajo la tarea de la expansión teniendo en cuenta su cansancio y claro, el hecho de que tuviera que concentrarse en esas condiciones. Pero luego de varios minutos lo consiguió, y expandió su chakra como pudo. Luego hizo explosión.

Todos los ninjutsus se desarrollan de la misma forma. La malformación de la circulación e chakra, especialmente en la zona central, desde donde la técnica toma efecto. Y ciertamente era difícil practicar sin alguien a quien atrapar, sin contar que Sesenta y nueve no recordaba ninguno de los que había leído. Tal vez es por eso que lee un pergamino una y otra y otra vez... para memorizar todo con facilidad. Lamentablemente no lo había hecho asi con el pergamino que ilustraba los diferentes tipos de técnicas nara. Paso entonces las siguientes dos horas en aquella posición en práctica de su expansión de chakra y sellos de manos, además de la concentración natural para la correcta realización de cualquier técnica de su clan. Sesenta y nueve había nacido para ejecutar el ninjutsu Kenen. Pero no era de acero, y pronto volvió el cansancio mental a invadirlo por completo. Se estiro un poco y resulto acostado, con los brazos extendidos noto que ya era el atardecer, así lo anunciaba el naranja del cielo. Pero paso allí tan solo segundos, pues retomo la anterior posición de inmediato, con el propósito de continuar con su entrenamiento sin que importara su extremo cansancio. Una hora más en ese proceso, y el Kenen sentido luego que no podía hacerlo más... que el límite de su chakra estaba cerca; y si llegaba a su límite, tenía la posibilidad de morir de cansancio. Pero no se dio por vencido, era terco en esas cosas... y no descansaría hasta sentir con cada fibra de su cuerpo que lo había conseguido. Algunos minutos más pasaron, hasta que el cansancio se convirtió en dolor… no había un solo centímetro de su cuerpo que no le provocara aquel incesante sentimiento de abandonar su entrenamiento. Se vio obligado a suspirar con fuerza, como si hubiese contenido la respiración por mucho tiempo, abrió sus ojos e interrumpió su posición hasta ahora inmóvil. Y lo vio de nuevo... Vio cómo su chakra casi salía de su cuerpo y explotaba segundos después, había logrado dominar su ninjutsu a un nivel superior. Su entrenamiento de Ninjutsu terminaba aquí.
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