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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Pesimismo y mala suerte | Viaje

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Pesimismo y mala suerte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Dom Jul 31, 2016 5:47 pm


Finalmente, la frontera del País del Fuego. Había conseguido cruzar las cuatro primeras fronteras sin más contratiempos que el dolor muscular y tirantez que su cuerpo había experimentado por sus hazañas inconscientes en el País de la Nieve. Había sido una suerte que no hubiera enfermado; el cambio de temperatura por las noches era más brusco de lo que pensaba. Menos mal que estaba acostumbrada a los países nórdicos, viviendo en el País de las Nubes y además a una latitud más elevada. La ciudad solo era tocada para el trabajo, y era un hecho.

Había decidido frenar un poco el ritmo, y se centró durante su estadía por las tierras más templadas para, primero, adaptarse a la temperatura más cálida. Su mente analítica llegó a la conclusión de que le sería más difícil aguantar en esa tierra, y desde luego sudaría por todos lados. Una mueca instantánea apareció en su rostro con esa conclusión.

Lo segundo, era que, si por algún casual algún bandido la asaltaba en su tiempo en dicha tierra, sus técnicas dependían 100% del agua a su alrededor y, además, el hielo en esa zona cantaría un montón. Otro punto en contra a su larga estadía en dichas tierras. Solo tenía de su parte la posesión de senbons, su extremadamente certera puntería, y que su fuerte estaba en el camuflaje.

Un sonoro suspiro escapó de sus labios, tiñendo su rostro de pura resignación—. Tengo todas las de perder como me encuentre en situación hostil… lo que significará que tengo que apañármelas para solucionar las cosas de una manera pacífica”.

No tenía mucho dinero por desgracia; sus padres no podían permitirse darle nada debido a los gastos del herbolario, y el mantenimiento del equipo de su padre. Solo tenía cien ryus, y eso no bastaría como para sobornar a alguien.

Siendo ahora plenamente consciente de su situación adversa, decidió que tomaría el camino más corto posible hacia el bosque. Revisando el pergamino con las instrucciones de su madre, el principal abastecimiento de Tejo Negro se encontraba en lo profundo de los bosques del País del Fuego. Ya había logrado llegar al país después de varios días de viaje, así que ahora tocaba encontrar el bosque y desear tener suerte. La recolección muchas veces dependía de si alguien se te había adelantado hacía unas horas o no, dejando un tiempo para el crecimiento de la planta indiferentemente de lo común que fuera. Aunque el Tejo fuera un árbol, estaba seguro que su localización por los residentes haría que sus probabilidades de no haber sido diezmado ya eran bajas.

Volvió a suspirar. Parecía que no iba a ser su día por sus pensamientos tan pesimistas.

Tomó varias horas para vislumbrar el comienzo de los bosques del País del Fuego al ritmo que estaba yendo. Los caminos eran bastante más tranquilos y, además, mucho más visibles que en la Nube o la Nieve. Como si de un alma en pena se tratase, la joven no aumentó su ritmo al verlo; el bosque no se movería y su suerte no cambiaría por ahorrarse unos minutos.

Ya podría al menos hacer menos calor… —se quejó a la nada, agobiada por la temperatura. Definitivamente no pensaba quedarse muchos días en ese país si podía evitarlo.

Al cabo de media hora, por fin la sombra de los árboles dio un respiro a la piel de Akkarin. Estaba notando un sutil escozor en la misma, producto de que seguramente se habría quemado un poco. La sensibilidad de la piel de los Yuki era alarmante con el tema del sol, y si la muchacha fuese una deslenguada, desde luego alguna que otra maldición hubiese escapado de sus labios.

Sin embargo, aunque las frondosas copas de los árboles le daban un descanso de los intensos rayos del sol, la humedad dentro de estos generaba algo peor: una sensación térmica mayor.

El agobio era insufrible ahí dentro. Estaba segura que su qipao tendría ahora manchas de sudor por todos lados, aunque el color blanco disimulara un poco esto. Tal vez si pensaba menos en el calor que hacía, y se centraba más en otras líneas de pensamientos (comúnmente conocido como distraerse), su percepción de la temperatura quedaría en segundo plano.

Bien, se centraría en buscar a su alrededor a ver si encontraba algún árbol de Tejo Negro con sus frutos, mientras recitaba mentalmente las razones del porqué de su elección de vestimenta.

Bien, veamos: todo se remonta a los orígenes del Clan Yuki” casi como si pudiera escuchar la voz de la anciana del clan, cuando aún vivían en el País del Agua junto a los demás miembros, que se encargaba de enseñarles la cultura de la familia. “Inicialmente, nuestros antepasados persistían en las tierras nevadas de las montañas, y a diferencia de los sombríos bosques, ahí una mancha negra o marrón pasaba menos desapercibida entre el blanco de la nieve.

Una bifurcación en frente de ella la hizo detenerse. Las indicaciones marcaban un camino que se dirigía hacia la capital, mientras que la otra parecía llevar hacia el interior este del bosque. Optó por la segunda; total, si necesitaba ir hacia la Capital, sería el día antes de su partida hacia el este.

Al ser nuestras técnicas de la naturaleza hielo, diferente a la mayoría de familias, nuestra ventaja siempre será mayor si optamos por un territorio más níveo, además de aprovechar las debilidades del enemigo a nuestro favor. ¿Cuáles creéis que son las prendas más comunes dentro del mundo shinobi? Haceos esa pregunta y, además, meditad los colores que se usan.

Conforme cada vez que se adentraba más en el bosque, más alta vegetación empezaba a encontrarse. Decidió desviarse del camino al detectar a su alrededor numerosas sendas de cazadores o animales que pasaban a través, rastros que para un superviviente eran necesarios si quería llegar a algún lugar en concreto: una madriguera de conejos para alimentarse, tener cuidado si se trataba de una cueva por una posible familia de osos…

O un camino que llevara a un punto de recolección común como eran los árboles. Al tratarse de estructuras inamovibles, y que normalmente los herbolarios siempre dejaban suficiente como para que el árbol pudiera seguir produciendo y abasteciendo, las sendas que generaría llegar hasta él reiteradas veces serían una mejor apuesta que cruzar los dedos mientras esperaba que Kami le sonriera, poniendo el árbol en su camino.

La suerte no existía como un regalo divino. Uno mismo se la generaba con sus acciones e inacciones.

Una de las mayores señales que avisan al enemigo y al bandido sobre vuestra condición de shinobi es la elección de prendas. Los tonos negros y marrones son los más utilizados, junto a la ropa abigarrada o aferrada con armaduras, debido a la comodidad que permite movimientos súbitos y ayuda en el camuflaje. Además, dificulta al enemigo saber si has sido herido o no, por el tono que adquiere la prenda al ser impregnada de sangre es idéntico al que ya tiene.

Los Yuki… somos diferentes. Somos asesinos, pero nos especializamos en infiltrarnos entre los demás. Pasar como civiles, aprovechar incluso el ser subestimados, o permanecer completamente camuflados a poder ser. Es por eso que usamos colores claros y vestuarios como qipaos, yukatas, o hakamas: resultan más fáciles de tintar, permiten sernos confundidos por civiles indefensos y esconder nuestras armas predilectas.


Los primeros cinco rastros habían resultado infructuosos, aunque en el camino había encontrado uno de los arbustos con frutos del bosque no venenosos para reponer al menos suficiente como para tener una comida más suplida. En el sexto, sin embargo, parecía que su pesimismo estaba siendo parcialmente infundado.

El árbol de Tejo Negro se encontraba orgulloso en frente de sus ojos, aunque podía notar que tal vez hacía un par de semanas que alguien ya había pasado por aquí en busca de lo mismo (o al menos, para venenos por las partes que había cogido). Con un aluvión de felicidad contenida, lo último de su mantra fue recitado mientras sacaba de su bolsa unos guantes de piel que su madre siempre usaba para tratar este tipo de plantas. Eran gruesos, tratados con cuero para evitar en las plantas espinosas ser pinchado.

Recordad siempre: los bandidos seguramente os tomen por nobles empobrecidos o civiles burgueses por vuestras prendas. Está hecho a consciencia para ello, y normalmente tienden a subestimaros. Los shinobis, a no ser que seáis buscados o por alguna misión, no os atacarán y cuando lo hagan, siempre tratad de parecer más inofensivos. Debéis aprovechar ese momento de duda, un momento de sobrestimación en ellos mismos o cuando os tomen por presa fácil, para dar el golpe limpio y acabar con ellos.

Akkarin nunca había necesitado aún valerse de los consejos, pero en algo había experimentado ya: todos los civiles y shinobis con los que se cruzaba, debido a su vestuario y sus maneras, habían pensado que se trataba de una hija de un noble. Y no iban mal encaminados, al menos literalmente no.

Como fuera, la muchacha se agachó en la base del árbol, escarbando lo suficiente como para dar con las finas raíces del escuchirrimiado Tejo.

Hizo rápidamente los cortos sellos para su técnica más usada—. Hyoton: Sozo —murmuró cerrando los ojos, y dejando que a su alrededor una capa de hielo se formase, engullendo también parte de las raíces del árbol. Así, y con la ayuda de un senbon bien puesto en una de las grietas de hielo, cogió una de las piedras que había alrededor y propinó varios golpes. Así, no había necesidad de cortar la raíz, y se conservaría mucho mejor durante un tiempo.

Tras ello, y dejando de nuevo las raíces tapadas, alzó la mirada hacia las hojas de este. Era bien sabido que todo lo que no fueran las raíces era tóxico, pero no sabía si era al tacto directo o al ser ingeridas.

No iba a jugársela de todos modos. Frunciendo el ceño, y haciendo uso de su puntería certera, no dudó en volver a hacer los sellos pertinentes para generar la capa de hielo a sus pies un poco más extensa al moverse un metro más lejos. Total, con el calor que hacía, se desharía eso en nada y menos una vez dejase de tener el chakra en él.

Hyoton: Bunshin no Jutsu —murmuró de nuevo, centrándose en generar un clon en la placa de hielo que tenía justo en frente. Con algo de dificultad, logró finalmente materializar completamente al clon.

Con la órden dada para que saltase y cortase suficientes bayas rojas, hojas y algún que otro trozo de corteza para ver qué tan potente era el veneno en sus diversas zonas, el clon hizo lo que le pidió al pie de la letra. De mientras este se encargaba de hacer el ‘trabajo sucio’ por así llamarlo, Akkarin notó una pequeña picazón en los ojos, teniendo que pasar el dorso de su mano en ellos mientras su alrededor parecía acalorarse un breve segundo y algo tocaba su espalda, antes de regresar de nuevo al mismo estado de antes.

Con los ojos llorosos, revisó sus alrededores. Todo parecía normal, y su clon seguía recolectando hasta que finalmente, parecía que terminó. Este se acercó a la bolsa, depositando ahí lo que había conseguido. Se fijó un poco más.

Que extraño… su clon no era ni un poco translúcido. Es más, parecía completamente sólido, más similar a los clones de agua que hacía o incluso los Bunshins sólidos normales que estaba acostumbrada a usar como distracciones. Esto no era normal. Ni siquiera con el máximo de su control y chakra sus clones de hielo perdían ese aire cristalino que se notaba cuando fijabas la vista en ellos más tiempo de lo acostumbrado.

Y también estaba el punto en que estaba empezando a notar como sus piernas empezaban a doler de manera inesperada, ahogándole un pequeño jadeo.

Lo que quería decir que no era su clon y que, obviamente, estaba siendo atacada. O al menos, tratando de ser interceptada. Tragando en seco, hizo rápidamente el sello correspondiente.

¡Kai! —cerrando los ojos para concentrar totalmente su chakra en disolver el Genjutsu, fue entonces cuando se dio cuenta de que la ilusión alrededor de sus piernas seguía ahí. Ese no era un Genjutsu débil, estaba claro.

Empezando a notar el miedo en sus entrañas, sacó uno de los senbons de su bolsa de la cintura y, antes de que las raíces pudieran aplastarle, se aseguró de clavar una en su antebrazo derecho con la fuerza suficiente como para que un siseo escapase de sus labios, seguido del dolor agudo por asegurarse de haber rozado un pequeño nervio.

El Genjutsu se deshizo a su alrededor al instante, y jadeando para recuperarse de la oleada de dolor, observó cómo su clon había terminado hecho pedazos justo en frente de ella, en la base del árbol. Donde debería haberse erguido el clon, se encontraba un hombre de mediana edad, con el ceño fruncido y los ojos sospechosos clavados en ella.

Así que realmente eres tú, Yuki Tomoe —la voz del hombre estaba teñida de veneno, aunque una sonrisa condescendiente cruzó sus labios al observar su brazo derecho que, aunque no sangraba apenas, tenía el senbon clavado en él—. Veo que el Genjutsu sigue siendo tu debilidad… eso es bueno. Aunque te veo algo diferente.

Solo un pensamiento cruzó en la mente de Akkarin: quién cojones era Tomoe, y por qué la estaba confundiendo a ella con alguien que, por lo visto, AL MENOS era de su mismo clan. Siseando un poco, extrajo el senbon de su antebrazo y tomó una postura defensiva.

¿Q-Quién es usted? —trató de aclamar, aunque salió demasiado suave como para tener ese efecto. La ceja izquierda de su atacante se alzó, obviamente no esperando ni esa reacción ni esa pregunta, antes de tomar un brillo peligroso y una mueca de odio.

No juegues conmigo, Tomoe. Esas artimañas ya no surtirán efecto en mi —y, solo terminar sus palabras cargadas de veneno, sus manos empezaron a formar sellos.

Mierda, mierda. Estaba en problemas. ¿Por qué ese día tenía tan mala suerte? Encima estaba segura de que este hombre era más fuerte que ella. ¡Por favor, si ni siquiera había llevado a cabo aun una misión! ¿Por qué la estaban atacando tan gratuitamente?

Sabiendo que no tenía sentido intentar parlamentar con el hombre cuando este estaba tan obviamente cegado por algún tipo de rencor acumulado hacia alguien que al parecer, se parecía lo suficiente a ella como para ser confundida de tal manera. Joder, ¿quién demonios sería esa Tomoe como para tener encima, el pelo azul? ¡Jamás había visto otra persona con su misma tonalidad de cabello!

Akkarin trató de ponerse al día con una serie de sellos, pero justo cuando le faltaba uno por terminar, se quedó quieta de golpe. No notó nada, pero estaba claro que el otro hombre era un especialista en Genjutsu.

Y ella, por el contrario, nunca antes había combatido.

Magen: Saigo-Shiryoku —no reconoció el justu que los labios del enemigo habían pronunciado, pero fue entonces cuando empezó a notar que su pierna izquierda, de repente, quedaba mutilada.

La visión de la sangre y la pierna en tal estado deplorable (al punto de verse el hueso en algunos puntos), hizo que la muchacha abriera los ojos completamente horrorizada por el resultado. Su pierna estaba destruida. Era imposible que pudiera volver a usarla. Esto no podía ser real. Esto no podía ser real .

Genjutsu. El hombre los usaba, recordó.

Optando finalmente por interrumpir el jutsu que había estado a punto de terminar, un sello se hizo de repente de nuevo. Trató de nuevo en liberarse con un ‘Kai’, más de nuevo esto fue inútil. Jadeando por el miedo, cogió el mismo senbon que había clavado en su brazo e hizo el mismo proceso un poco más debajo de este, repitiendo el mismo proceso y obteniendo los mismos resultados. Solo salir del Genjutsu, la pierna que había visto ser mutilada dentro del mismo había dejado de notarla, cayendo de rodillas al suelo y soltando un pequeño quejido de dolor.

Escuchó la risa lúgubre del hombre, que parecía estar feliz de ver su caída y, además, no tardó en lanzar un kunai hacia su pierna buena. Soltó un pequeño grito de dolor, notando como los ojos se le aguaban y probablemente había empezado a llorar.

Nada de esto estaba bien. Nada.

Maa, pensaba que darías más problemas, Tomoe-chan —el hombre se agachó una vez en frente de ella, y la tomó del pelo, obligándola a alzarse al estirar de él hasta que estuvo frente a frente. Vio la sonrisa perturbada en el rostro de este—. Qué decepción.

N-No… N-No sé de q-quién estás h-hablando… —entre lágrimas y tartamudeos, trató de mediar con el hombre con completa sinceridad. Este de nuevo la observó con ironía. Lentamente, movió sus manos, apoyándolas en el suelo para que el tirón en el pelo doliera menos—. M-Mi nombre es A-Akkarin… n-no Tomoe…

Un resoplo escapó de los labios ajenos, quien no atribuyó ningún tipo de veracidad a sus palabras. Parecía completamente sardónico, y el brillo victorioso de sus ojos estaba claro.

Tienes mucha fe si crees que voy a tragarme eso —escupió, y con la mano libre, no dudo en golpearla en el rostro. Acto seguido, tomó su barbilla, que acarició con el pulgar derecho—. Pero sería una pena simplemente matarte, con esa cara bonita tuya…

La realización de lo que pensaba hacerle hizo que los ojos de la muchacha se abrieran del terror, y con un brusco movimiento, el hombre tiró a la muchacha al suelo. Poco después, este se puso encima de ella, sonriendo con un halo de lascivia y la misma crueldad perturbada en sus ojos. Esto iba de mal en peor, y no ayudaba que este tomase el kunai de su pierna, removiéndolo y dejando que la herida siguiera sangrando, para intentar rajar sus ropas.

¡N-No, n-no, p-por favor, para! —trató de huir, pero el estado de sus dos piernas no ayudaba. El hombre solo rió con más fuerza, irguiéndose sobre ella.

Ahora pagarás por lo que me hiciste, zorra. Por tu culpa perdí mi puesto. Tú, y tu puto clan.

Los ojos de Akkarin se tiñieron de puro terror, y en el fondo de sus entrañas, la ira. La frustración. La furia por recibir aquel trato de un hombre que no solo estaba resentido con alguien de su clan, sino que lo estaba pagando de una manera tan poco honorable.

En un puro acto de ira, instinto de conservación, y rabia contra el hombre, antes de que volviera a intentar encorvarse con la pierna adolorida pero que respondía a sus comandos atrapó lo suficiente las piernas del otro, como para que no pudiera deshacerse fácilmente del impedimento cuando hizo el único sello necesario para su técnica.

¡C-Chiryō Senbon no jutsu! —las placas de hielo estaban justo detrás de ellos, y como este estaba además erguido encima de ella, cuando los veinte senbons de hielo fueron formados y proyectados hacia ellos, solo dos se clavaron en la pierna buena de la muchacha.

Los demás impactaron de lleno en el hombre enfrente suyo que, gracias a su intercepción con la pierna, no había estado a tiempo de esquivarlo. Un gruñido de dolor escapó de él, y rápidamente la muchacha no lo pensó mucho: aprovechó ese momento para coger el kunai de las manos flojas de su captor, con un movimiento limpio, seccionar la garganta de este.

La sangre manchó su rostro y ropa aún más de lo que ya tenía, y entre gorgoteos ahogados, el hombre cayó hacia un lado, agonizando. Akkarin permaneció inmóvil, hiperventilando y procesando todo lo que acababa de ocurrir con los ojos demasiado abiertos en shock.

Y cuando por fin salió de este, vomitó a un lado. Era su primera muerte. Ella había matado a un hombre. Con sus propias manos. Había intentado violarla… ¡Pero lo había matado! ¡Era una asesina!

Sin poder parar de llorar y con las náuseas que la obligaron a vomitar de nuevo, volteó a mirar al hombre. Estaba pálido, y no se movía ya. No había sonido alguno proferido de él.

Realmente lo había matado. La sangre en sus manos, en su cara, en su ropa… todo era una prueba de ello.

Temblando como una hoja, se alejó del cadáver de este arrastrándose hacia la zona helada que desde hacía un rato seguía en el Tejo. Una vez ahí, se apoyó en la parte de la corteza que seguía congelada, tratando de calmarse y recuperarse. Observó sus heridas: la pierna izquierda empezaba a reaccionar poco a poco a sus impulsos, mientras que la derecha estaba en peor estado. Con cuidado, retiró los dos senbons que habían sido clavados en esta. El ardor volvió a ella, algo común en las heridas de senbon, pero por suerte el hielo ayudaba para la curación e inflamación.

Decidió coger un poco de las placas a sus pies y espalda, colocándoselas en las heridas para no solo limpiarlas, sino intentar rebajar la infamación un poco. Hizo lo mismo en su mejilla, la cual se había hinchado y seguramente tendría en poco tiempo un moratón desagradable en ella.

Observó entonces su ropa. Llena de sangre, debería tratar de limpiarla hasta conseguir algo nuevo. Debería ir hasta la capital para ello, algo que no había querido. Pero sus heridas también necesitarían un poco de ayuda médica; podía lidiar con los primeros auxilios, pero ya está. Si se infectaba (algo muy probable), sería su culpa.

Miró su bolsa en busca de vendas, de vez en cuando lanzando miradas de reojo al cadáver. Seguía pálida y con el estómago revuelto por lo que acababa de pasar.

Al menos, su clon había durado lo suficiente como para dejar las hierbas en la bolsa. Los bloques de hielo de estos empezaban a deshacerse un poco, pero ahí estaban todos. Suspirando, tomó un poco de las raíces, y con el único brazo bueno, dio un golpe varias veces en este hasta que quedó hecha polvo. Usó esto para la herida en su pierna derecha, la única hecha con kunai y que requería atención. Las demás podrían esperar.

Ahora, con eso terminado, el cansancio llegó como una fuerte bofetada tanto física como mental. Este último el más intenso, como secuela de la tendencia Genjutsu del hombre. No sabía quién era ese hombre, ni quien era esa tal Tomoe, pero había suficiente odio en él como para haber sido imposible deshacer tal malentendido. Era claro que sería un pariente cercano si tan parecidas eran... ¿pero, quién?

Sus ojos se cerraban irremediablemente, pero no podía quedarse dormida. No ahí, al lado de un cadáver. Cualquiera podría llegar y volver a experimentar algo parecido si este hombre trabajaba con alguien, aunque lo dudaba.

Forzándose a continuar consciente, cogió la bolsa, y comprobando que sus piernas pudieran al menos sostenerla lo suficiente como para poder cojear hacia el camino, echó a ‘andar’ hacia esa dirección.

Cabe decir que duró lo suficiente como para caer delante de una caravana de civiles, a los cuales casi infarta, pero aceptaron a ayudarla a llegar a la Capital justo antes de caer inconsciente.

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