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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Rutas alternativas | Trama Personal

Mensaje por Akkarin el Lun Ago 08, 2016 3:58 pm


Había tomado varios días recomponerse de nuevo, armar al menos una coraza interna que permitiera no sentir la misma pesadez cada mañana al despertar que la persuadía a continuar tendida y no salir de la posada. Nunca en sus diecinueve años había visto el mínimo atisbo de que, aunque fuera por autodefensa, ella llegase en algún momento a cesar con la vida de alguien. Su intención había sido desde pequeña llevar a cabo esas misiones de escolta, tal vez incluso la protección de gente y dedicarse sobre todo al tratamiento de las plantas. Ella no quería quitar vidas; lo odiaba.

Sin embargo, su padre siempre había sabido qué era exactamente lo que ocurriría. De no ser así, jamás habría empezado tan en serio sus entrenamientos y le habría permitido permanecer con su madre en la tienda, tomando su lugar en el ahora negocio familiar. No, había empezado a entrenarla y ser consciente de que su falta de vocación en este campo iba a ser un problema.

Porque los shinobis no dejaban de ser herramientas de guerra, armas a manos de sus señores y contratistas que asesinaban, envenenaban y mentían para lograr tener éxito en sus misiones. Tal vez ella era una de esas excepciones, que empezaba su carrera cuando estaba en edad de tener una familia y ser quien cuidase de los hijos. Pero ella no deseaba ese destino, pero tampoco el sino del shinobi.

¿Qué deseaba exactamente? Antes había estado segura de que solo contribuiría económicamente con las misiones sencillas, y su lugar estaría en la tienda. Ahora, después del altercado en el bosque —lugar qué, por cierto, estaba de nuevo siendo su objetivo—, su mente solo podía pensar en una cosa:

Yuki Tomoe.

La identidad de quien quiera que fuera esa mujer era un misterio. No había conocido jamás a alguien llamada así, y ni siquiera tenía recuerdo alguno de alguien llamado Tomoe dentro de la rama principal de la familia. Tampoco conocía a nadie que tuviera su pelo azul más allá de los Hozukis, puesto más de uno había resultado tener esa tonalidad (y por lo que suponía que alguno de sus antepasados habría sido de dicho clan), pero era obvio que si alguien había llegado al extremo de confundirlas tanto que ni siquiera había dudado en intentar… eso que había intentado, debía ser un familiar próximo. Y no muy viejo, si por lo visto no le sorprendía mucho su edad.
Pero, ¿quién?

Mhn… —el entrecejo de la joven se profundizó más aún que cuando había empezado a adentrarse en el bosque aquella mañana, buscando de una manera bastante más paranoide de lo normal a sus alrededores cualquier signo de movimiento.

No iba a pasar dos veces por lo mismo. Y esta vez, se aseguraría de estar más preparada.

Esperaba. Las manos le sudaban de nuevo con solo pensar estar en la misma situación. Había sido un acto reflejo defenderse así, pero si hubiese sido alguien con menos afiliación personal y más mente fría, hubiese muerto mucho antes de siquiera haber estado en esa situación. Si seguía respirando, era simplemente porque aquel hombre había planeado ensañarse y ‘hacerle pagar’ lo que fuese que la mujer le había hecho en su pasado.

Ya no recordaba exactamente cuál había sido la razón; una pena de verdad. Hubiera sido un buen punto de partida para buscar, pero desgraciadamente había estado tan sumamente aterrorizada y su percepción en túnel debido al estrés, que ni siquiera recordaba la conversación más allá de aquellos picos de terror o confusión severa. Era un borrón en su cabeza, y según le habían mencionado en el hospital antes de darle el alta, era algo usual entre las personas que habían sufrido algún tipo de situación traumática o generadora de un pico severo de estrés.

Exhaló, cerrando los ojos en el proceso. Se estaba obsesionando. Demasiado. Tenía que centrar su cabeza en otras cosas.

Abriéndolos de nuevo y con el brillo de estos algo más apagados que cuando había pasado por primera vez por aquí, sus manos se movieron haciendo la primera tanda de sellos.

Henge” pensó para sí misma, teniendo la imagen mental de uno de los civiles de a pie que había visto en la Capital del Fuego. Su apariencia cambió tras la explosión de humo inicial, dejándola con unos rasgos estándar y aspecto anodino; nada que resaltase, nada que llamase la atención. Se había asegurado de encontrar a alguien en su cabeza que ni siquiera entrase dentro del ‘algo guapo’ o ‘algo fea’. Era simplemente eso, estándar. Típico civil del País del Fuego.

Bien, ahora…” de nuevo, una tanda de sellos y cuatro nubes de humo a su lado salieron, haciendo uso del ‘Bunshin no Jutsu’ que tan pocas veces había usado pero su padre había atornillado en ella debido a la posible necesidad ulterior.

Ahora, por fin, encontraba esa necesidad.

Id y recorred el bosque hasta dar con el límite. Cada uno hacia una dirección diferente, a ritmo civil ” había sido la orden con la que habían sido creados.

Tras dispersarse el característico halo de humo que los clones despedían al ser creados, estos empezaron a caminar cada uno en una dirección totalmente diferente, dejándola a ella en medio y mirando hacia el destino real de su viaje. Había decidido seguir con la misión de la Hierba; ni un cuervo, ni tan siquiera un halcón había sido enviado a ella desde su salida con los detalles exactos, así que tomaría con calma su travesía hacia dicho país mientras hacía alguna que otra parada de más. Su ánimo no era el mejor en estos momentos, eso era una verdad como un templo y cada mañana notaba la pesadez en su alma. Costaba levantarse y decidirse a seguir hacia adelante, pero al menos estaba saliendo de la racha de pesadillas de los primeros días.

Tomaría un rumbo distinto, evitando ser rastreada y tal vez, si ese hombre tenía algún aliado en vez de estar solo como pensaba, la idea de internarse en un país tan políticamente revuelto sería un aliciente a dejarla en paz.

Era un riesgo extra, y tal vez alto para lo que era ella, pero le daba igual. No estaba en sus cabales esos últimos días, y estaba haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad cada mañana para no volver al estado inicial después de su altercado en este mismo bosque. Los clones servirían para captar la atención de cualquier persona en los alrededores y, si estos desaparecían, al menos habrían cumplido su función de alejar a cualquier bandido o mercedario un poco más de ella.

Otro suspiro, y Akkarin de nuevo reanudó la marcha a través del bosque del fuego, hacia el Noroeste. La frontera con la Hierba estaba por ahí, y si no se equivocaba, encontraría un río en breves con el cual guiarse hacia esa tierra.

Servía para algo la geografía que había estudiado antes de salir de la ciudad, después de todo.


≼⋯❀⋯≽



Habían pasado horas desde que había bordeado el árbol milenario que mencionaba en el libro que había leído, y aún estaba intentando encontrar el dichoso río. Se había perdido, eso estaba seguro, y hacía apenas unos minutos que había logrado recomponerse de nuevo de su casi ataque de pánico por esa misma realización.

Tenía que encontrar el Norte de nuevo, y esta vez, seguiría en línea recta. A la mierda el intentar seguir las indicaciones de un libro que podría estar bastante más obsoleto de lo que parecía; apenas la mitad de la población shinobi sabía leer, y menos aún escribir. Tranquilamente ese libro podría llevar un par de generaciones escrito y el río, haberse secado por las épocas de sequía. El país del Viento estaba cerca y era bien sabido cómo eran sus temperaturas.

Resoplando de puro hastío, la joven decidió de nuevo aplicar un séquito de sellos para, de nuevo, cambiar su apariencia gracias al 'Henge no Jutsu'. Ésta vez, tomando la apariencia de un joven anodino, en vez de una mujer. Durante la travesía a través del bosque, se había concienciado que tal vez su sexo pudiera resultar uno de los factores de riesgo.

De nuevo, cuatro clones fueron creados, esta vez con la apariencia del muchacho para nada resaltante, y estos echaron a caminar en las mismas direcciones arbitrariamente diferentes entre sí mientras continuaba caminando. La humedad del ambiente, el calor, los mosquitos... todo empezaba a pasarle ya factura, y francamente empezaba también a enfadarse. ¡Cómo demonios podía haberse secado un río en menos de cien años, por dios!

Sin embargo, al rato de continuar su caminata a través del bosque, empezó a notar como el suelo a sus pies parecía hundirse tal vez un poco más de lo que debía. Barro.

Por fin… —el alivio era evidente en la voz ‘varón’, teniendo por primera vez su expresión un poco más relajada mientras avanzaba.

El barro significaba que había agua bastante cerca. Y con suerte, estaría más cerca de la frontera, aunque no tenía todas consigo misma.

De refilón, empezó a ver el comienzo de la riba del río. ¡Aleluya, sí! Y, para su sorpresa, no solo fue eso lo que empezó a ver tan cerca de la ribera.

Son estas…. ¿Cicutas? —los curiosos ojos del ‘joven’ se centraron ahora en una de las plantas, algo más grandes que las demás, con las flores minúsculas en bastantes puntos. Nunca había visto esta planta en la naturaleza; solo los ejemplares que le venían a su madre de viajeros. Era una sorpresa inesperada. “Algo bueno después de estos días…

Sin pensarlo demasiado, de nuevo la muchacha decidió tomar los guantes que habían sobrevivido al asalto de hacía una semana en el bosque, y tomar unas muestras de la planta. Había tal exuberancia que había sido capaz de abastecerse más de lo que acostumbraban a traer los viajeros, y aquello logró amenizar su ánimo. Tenía al menos para siete experimentos, si no iba errada.

Con una sonrisa enorme en su rostro, guardó la planta en la bolsa, junto al Tejo. Con algo más de motivación, emprendió de nuevo la marcha hacia las fronteras.
Akkarin
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