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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Entrenamiento - Kiba y Akamaru

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Entrenamiento - Kiba y Akamaru

Mensaje por Kiba23 el Jue Ago 11, 2016 9:04 pm

La sombra de los árboles contenía con efectividad los rayos del sol de aquella insoportable tarde de verano.
En la inmensidad del bosque se escuchaban ecos de gritos y golpes, que cesaban y volvían a arrancar en intervalos irregulares. Las ramas, inmutables, absorbían las vibraciones de  las ráfagas de aire originadas por los taijutsu de Kiba, quien en ese  momento instruía a Akamaru acerca de las mismas.
Una ventaja en el entrenamiento de los dos compañeros era que al conocerse tan bien y tener el alma tan conectada, Kiba sabía usar las palabras y los movimientos correctos para que el perro incorporara cualquier cosa que le enseñara en un tiempo increíblemente corto.
- …pues la biodinámica del cuerpo es el fáctor más importante en el taijutsu – Kiba enseñaba a su compañero – si levantas tus patas delanteras de esta manera, los músculos de tus patas traseras perderán su explosividad , pues el angulo de flexión se acorta en un determinado porcentaje. Por lo tanto, siempre que realices algun taijutsu, el rendimiento se verá en su máxima expresión si mantienes las cuatro extremidades en tierra y las mueves en conjunto – hizo una pausa y prosiguió – otro factor importante que debemos entrenar es la resistencia y velocidad, factores que harán que el taijutsu  mejore estéticamente y que aumente su porcentaje de uso durante una batalla. Para eso, el antiguo maestro Izuraki me enseño un ejercicio que no fallará en desarrollar los tres factores. Es un ejercicio complejo y de larga duración, por lo tanto te ruego que escuches con atención Akamaru, se que lo harás.
Kiba procedió a explicarle el ejercicio e iniciaron su práctica utilizando los árboles del bosque.
El eco se volvió a intensificar por todo el lugar, y las vibraciones ya fomentaban un suave balanceo en las hojas de los árboles cercanos.
Los dos compañeros saltaban en el aire y caían en cuatro patas, corrían de un lado al otro, enganchaban sus extremidades entre sí, golpeaban árboles, frenaban, avanzaban, controlando cada parte de su cuerpo para que rindiera en el máximo potencial. Las gotas de sudor empezaban a empapar el rostro y ropaje de uno, y el pelaje del otro, pero en sus ojos se mantenía la misma expresión de auto superación.
Las garras de Akamaru golpeaban en el árbol de tal manera que cada vez iban adquiriendo un filo más y más trabajado, mientras que los nudillos de Kiba iban sufriendo contunciones que luego al sanar formarían una capa de hueso más fuerte.
Las caderas giraban en ángulos cada vez más extremos, aunque fuera una diferencia milimétrica. Esto ayudaría de una forma radical en la potencia del Taijutsu, que actuaría como un látigo al que se le agrega longitud para que tenga más recorrido y por lo tanto tome más velocidad.
En cuanto a la parte de velocidad, el objetivo en esa etapa de entrenamiento era dar pisadas cada vez más rápidas en un pique explosivo de unos 800 metros, y sincronizar la velocidad entre ambos, para que las técnicas conjuntas fueran más rápidas y más sincronizadas.
Una vez terminado el ejercicio, tras una hora entera de repeticiones, cayeron exhaustos al piso, pero felices. Estuvieron recostados unos minutos estirando los músculos y luego Kiba sacó un libro de su mochila. El titulo era “Alimentación saludable para un mejor taijutsu”
Kiba y Akamaru sabían que los factores externos al entrenamiento físico en si, como la alimentación y el descanso, eran un recurso invaluable para el rendimiento de un shinobi.
Rebusco en el libro buscando información sobre alimentos que estuvieran disponibles en la región del país del fuego, especialmente sobre las bayas que podían ser encontradas en el bosque donde entrenaban actualmente. Sonrío al notar que el libro traía adjuntas las características de la fragancia que cada baya salvaje emitía. Su olfato exquisito de Inuzuka, y más aún el de Akamaru, los guiaría fácilmente hacia cada fruto para su extracción y posterior preparación en forma de zumo. Dicha bebida es la que traería en el cuerpo un beneficio de rendimiento increíble.
El trabajo de recolección aún así les llevo un tiempo largo, ya que pese a su olfato, el bosque era gigantesco y algunas pertenecían a especies muy raras y dispersas.
Una vez obtuvo varios ejemplares de cada especie, tuvo la grandiosa idea de crear una huerta en la comunidad Inuzuka donde se pudieran extraer todas las bayas para preparar los famosos y beneficiosos zumos.
Preparo varias recetas que podían combinarse entre sí y fueron bebiéndolos uno por uno. Mientras los bebían, se informaban sobre los mismos, algunos de acción inmediata y otros que harían su efecto solo a largo plazo y con un consumo sostenido.
Una vez descansados y con los alimentos ya digeridos, volvieron al entrenamiento, y pese a no haber notado grandes cambios, sintieron que sus movimientos eran un poco más ágiles y que la mente les funcionaba de una manera más rápida en las acciones veloces.
En algún momento Kiba frenó y explicó a su perro – Sabes Akamaru, para comprender el funcionamiento del taijutsu es tan importante saber ejecutarlo como contrarrestarlo, factor que hemos dejado de lado y deberíamos incorporar cuanto antes – apoyó un dedo en su barbilla y miró hacia la copa de los árboles, pensativo.
Lanzó un aullido que retumbo en la inmensidad y luego aguardo expectante. De varias direcciones se empezaron a escuchar ruidos cada vez mas potentes de pisadas, animales de cuatro patas por lo visto. Una veintena de lobos y perros llegaron al lugar en cuestión de minutos y aguardaron por ordenes.
Akamaru se encargo de explicar sobre su práctica de Taijutsu y sobre lo que necesitaban que hicieran.
- Todavía falta alguien – dijo Kiba, quien no dejaba de mirar en dirección suroeste
Paso un tiempo cuando efectivamente desde esa dirección aparecieron frente a ellos dos figuras humanas.
- Hane y Hana, queridas hermanas, gracias por siempre estar dispuestas a ayudar en nuestro entrenamiento. Se que su especialidad en el último tiempo se ha vuelto el ninjutsu, pero ya nos encargaremos de eso más tarde. Por ahora necesitamos sincronizar y agilizar cada parte de nuestro cuerpo para el dominio del taijutsu, y eso también significa saber defenderse del mismo. Supongo que con esta explicación ya se imaginaran por que lado viene el entrenamiento esta vez.
- Entiendo Kiba – contestó Hana – y estamos deseosas de ayudar a nuestro pequeño hermanito menor – sonrió mientras veía la cara de enojo de Kiba, quien odiaba que lo llamen de esa forma – creo que podemos hacer un repaso por las técnicas de taijutsu clásicas para ver como te desenvuelves en defensa. Supongo que has traído a los lobos para que se complementen en la parte de ataques en grupo.
- Así es Hana, con Akamaru hemos decidido ir a por todo y empezar directamente con ataques combinados – Kiba extendió su brazo con el dedo pulgar levantado – aún así, no creo que puedan llegar a tocarnos.
- Siempre igual, este enano engreido – contesto hane con una sonrisa, quien al igual que que Hana, era varios centimetros mas alta que Kiba – acaso estas buscando recordar las palizas que te propinaba cuando eramos niños.
- Ooh, por favor Hane, nada me harìa más feliz - dijo burlonamente, y sin más preámbulo, adaptó su postura a la defensiva para comenzar.
Hana puso sus brazos sobre su cintura y se balanceó hacia atrás en una especie de precalentamiento – bueno, pues entonces… - hizo una pausa – Ahí vamos!!
Kiba estaba tan concentrado en la charla que no se dio cuenta que los animales ya se habían posicionado a sus espaldas, quienes al escuchar las palabras de Hana, se abalanzaron sobre ellos.
Kiba tuvo que hacer un clon inmediatamente para que se coloque a su espalda y enfrente a los animales, mientras el verdadero seguía confrontando a sus hermanas.
Por otro lado, Akamaru ya había saltado en el aire hacia las gruesas ramas de un árbol y aguardaba por los movimientos de Kiba para entrar en escena en el momento justo.
El clon de barro se las ingenió bastante bien para repeler los ataques de los animales, con ayuda de armamento ninja básico que usaba para contrarestar colmillos y garras.
Por su parte, el Kiba original se veía ante un panorama más complicado, ya que las hermanas habían hecho los sellos para realizar la transformación Shikyaku No Jutsu, la técnica de cuatro patas, que elevaba su poder en un gran porcentaje.
Al muchacho le hubiera gustado tomar la delantera y atacar primero junto a Akamaru, puesto que ninguna de sus hermanas había traido a sus compañeros animales y por lo tanto se encontraban en cierta desventaja, pero el ejercicio radicaba esencialmente en la defensa, asique no tenía más remedio que aguardar.
Pero aún así podía moverse de su posición actual para tener contacto visual sobre su doble, asique dio unos saltos hacia su derecha y no termino de caer cuando sus hermanas se abalanzaron sobre él. Giro rapidamente en espiral usando su cadera como centro de gravedad para esquivar las dos embestidas y mientras estaban todavía en el aire, hana volvió a hacer nuevos sellos manuales, se apoyo con los pies en el estomago de su hermana y se impulso hacia Kiba nuevamente girando como un proyectil. Era el famoso Tsuga de los Inuzuka. Kiba estaba acorralado puesto que habìa quedado de espaldas al  enemigo y su olfato no lo ayudaba a precisar perfectamente la ubicación del enemigo.
Unas patas gigantes tocaron el lugar justo del cuerpo de Hana para que esta cayaera desarmada al piso, Akamaru le había salvado el pellejo a Kiba.
Hane fue al rescate de Hana y juntas volvieron a hacer otros sellos, mientras Akamaru se convertìa en un clon de Kiba gracias a la técnica del clon del hombre bestia. Tenía un presentimiento de lo que se vendría, y tenía un plan para contrarestarlo.
Las hermanas salieron nuevamente disparadas hacia ellos, girando a una velocidad increible y formando un perfecto Gatsuga. Kiba y el nuevo Kiba enseguida hicieron dos Tsugas, que trataron de sincronizar de la mejor manera posible y salieron despedidos hacia ellas.
Una colision de esos dos ataques podría terminar en una gran tragedia, pero Kiba no era consciente de ello, o quizás si… pero su cabeza ya había empezado a funcionar mal debido a las ansias de ganar.
Segundos antes de la colisión, las hermanas se percataron del ataque frontal de Kiba y lograron torzer la trayectoria lo mas posibles hacia afuera, para que el impacto no fuera de lleno, evento que podría generar heridas graves en cualquiera de los involucrados.
Hubo un revoloteo de chispas de los cuatro rivales razpandose entre si, y luego cada uno salió despedido en una dirección diferente.
La batalla entre el clon de arena y los lobos se detuvo.
Hane estaba gritando – MALDITO INCONSCIENTE!! QUE CREEIAS QUE ESTABAS HACIENDO?
Hana desde el otro lado, y un poco más tranquila, pero enfadada al fin, también hablo – Kiba, no puedes lanzarte así como así en un entrenamiento donde nosotros no esperamos un ataque tuyo, eres un inconsciente, y tu esfuerzo y tu bondad se verán opacadas todo el tiempo si tienes esta clase de actitudes. No llevamos ni cinco minutos manteniendo el combate y tu cabeza ya comienza a trabarse por tus ansias de victoria.
Kiba estaba tirado contra un árbol, había impactado con la espalda y le dolía. Reconocía el error y estaba con la cabeza gacha, angustiado.
Las hermanas no dijeron nada más, y procedieron a retirarse sin despedirse, contrariadas por la situación que les había tocado vivir.
El clon de barro desapareció y los lobos fueron a ofrecerle su ayuda al joven Inuzuka.
- Tienen razón Akamaru, aún tengo esos razgos de niño mimado – el joven ninja estaba profundamente angustiado.
Akamaru ya estaba destransformado y también sentía angustia por ver a su compañero así. Se tendió en el piso junto a Kiba y el resto de los lobos hizo lo mismo en una ronda.
Pasó un largo tiempo pero nadie se movía de su lugar, los animales esperaban las palabras de Kiba, quien ahora se encontraba sumido en su propio mundo y consultaba su próximo paso con el recuerdo que el maestro había dejado en su interior.
- Que haría el maestro Izuraki en esta situación – se cuestionaba a si mismo – Creo que es claro: Reconocer el error y seguir adelante. Aunque me cueste reponerme emocionalmente, debo hacerlo, y aprender de mis actitudes irracionales para no tropezar dos veces con la misma piedra.
Kiba se paró y los animales, a medio dormir, ahora levantaron sus cabezas expectantes.
- Bueno, pues entonces, a continuar – Kiba hablo a los lobos –  terminaremos la sección de taijutsu por hoy y pasaremos al genjutsu. Para eso necesitamos unos minutos de concentración para templar nuestro chakra.
Kiba adoptó una posición mapu y Akamaru hizo algo parecido sobre sus cuatro extremidades. Empezaron a tomar conciencia de cada rincón de chakra que recorría su cuerpo, y estabilizaron las corrientes para que corrieran de manera fluida.
El genjutsu no era la especialidad de los Inuzuka, ni mucho menos de Kiba; pero sabía que los puntos débiles y flaqueza de un ninja, a través de entrenamiento, pueden terminar volviéndose una ventaja, dependiendo siempre de la dedicación y la impronta del entrenamiento.
El sello del tigre se formó en las manos de Kiba, y Akamaru nuevamente volvió a tomar forma humana. Llamaron a dos lobos hacia el frente e iniciaron con la combinación de sellos para efectuar el genjutsu. El jutsu de Kiba tomo efecto enseguida y los lobos cayeron bajo su efecto, que consistía en una ilusión de multiplicación, en vez de ver dos Kibas, ahora los lobos veían cuatro; ambos animales confirmaron la efectividad golpeando el suelo con sus patas delanteras.
Pero algo había salido mal, puesto que al mirar Kiba hacia su derecha, vio dos copias perfectas suyas. Él mismo había sido alcanzado por su propio genjutsu. Sin mas remedio, cortó su flujo de chakra y volvió a empezar desde cero. Akamaru por su parte, no había logrado recrear la imagen del muchacho, por lo que se dio cuenta que anque ahora tenía una forma humana, los genjutsus seguían sin poder ser dominados debido a su condición de animal.
El tiempo pasaba,  y a medida que la técnica mostraba rasgos de perfeccionamiento, procedieron a agregar nuevos elementos: más cantidad de clones, clonasión de los lobos, alargamiento de las ramas, convertir una porción de la tierra del bosque en tierra pantanosa, y cosas cada vez más complejas y mas demandantes en cuanto a nivel de concentración.
Los lobos se iban turnando para hacer de conejillos de india, ya que el efecto mental del genjutsu constante les generaba un agotamiento que les costaba resistir. Kiba no escapaba a este efecto, pero su determinación y resistencia corporal-mental, como así también las ansias de mejora, le permitió aguantar por varias horas.
Para cuando decidieron parar, la noche ya había caido sobre sus cabezas, y los lobos decidieron volver a su refugio. Por el contrario, Kiba y Akamaru tendieron en el suelo una carpa de la que se habían provisto antes de iniciar el viaje hasta el bosque, y comieron varias raciones de alimento enlatado.
Era medianoche cuando los dos cayeron desplomados, sumidos en un profundo sueño.
El mar abierto sobre sus pies, el estaba parado en una porción de tierra en la que solo cabían sus pies. Del otro lado, su maestro, sonriendo y agitando la mano, lo llamaba. No podía correr porque sabía que el mar estaba repleto de tiburones. La angustia carcomía su corazón. Lloraba. No había remedio, no podía correr al encuentro de su querido maestro.
Su corazón fue mas fuerte que su mente, y se tiró al mar con los ojos cerrados, aún sabiendo que probablemente sería devorado.
Escuchó un gruñido, no sintió el agua tocando su cuerpo. Estaba suspendido unos centimetros por encima de la superficie, y el gruñido cada vez mas fuerte, y él cada vez más elevado en el cielo.
Se despertó en el suelo de la carpa, Akamaru gruñía a su lado, había olfateado algo. Kiba no tardó en reconocerlo también: se aproximaban dos individuos.
Salieron rápidamente de la carpa y con el más completo silencio, saltaron hacia la copa de los árboles, olfateando la trayectoria de los cuerpos.
Unos arbustos se movieron y dos figuras aparecieron de entre ellos. Mercenarios. No. Ladrones. Y de bajísima monta por la imprudencia de sus acciones.
Kiba, en vez de verlo como un contratiempo, lo vio como una oportunidad de diversión. Veía a los dos ladrones haciéndose señas entre sí en silencio para atacar la carpa por sorpresa.
En un determinado momento, se decidieron a entrar con violencia, ambos, y Kiba aprovechó para bajar del arbol y colocarse frente a la puerta. Armo un sello de manos rápidamente.
Cuando los dos salieron, en posesión de algunos alimentos (las bayas entre ellos), miraron la figura indistinguible de Kiba con la luna reflejandolo a contraluz. Cayeron en el genjutsu, y de repente los Kiba eran dos, y luego apareció otro más (un clon de barro). Los ladrones se asustaron por la subita aparición, pero no tanto como para salir corriendo.
De pronto otro Kiba cayó de los árboles (Akamaru transformado), y Kiba activó un segundo genjutsu simple: la tierra empezó a derretirse a sus pies.
Los ladrones, con una expresión de terror, sacaron sus armas y comenzaron a chapotear en el ilusorio río de barro que se había formado a sus pies.
El joven ninja por su parte no podía creer lo patético de aquellos dos hombres, y rápidamente les asesto dos golpes que le bastaron para retomar la posesión de sus alimentos.
Los dos ladrones salieron despedidos hacia atrás, y viendose liberados de la tierra pantanosa, huyeron desaforadamente dando gritos de espanto que cortaban el silencio de la noche.
- Pocas veces me he cruzado con gente tan patética – Kiba sentía una especie de vergüenza ajena por la situación – pero nos ha sido de gran ayuda para probar si el entrenamiento de hoy fue bueno. Y por los gritos que escuchamos, creo que sí jaja. Ahora creo que deberíamos volver a casa, los ladrones podrían llegar a volver con refuerzos, y ya no tengo ganas de que me anden despertando en la noche.
Los dos compañeros emprendieron el regreso hacia la comunidad Inuzuka y llegaron sin complicaciones. Entraron a su casa. Todos dormían. Se dirigieron hacia el cuarto del Kiba, ubicado al fondo de un pasillo principal y sin más, se acostaron nuevamente.
El sol se filtraba por las rendijas de la cortina, y el reflejo fue avanzando lentamente, con el movimiento del sol, hasta posicionarse en los ojos durmientes de Kiba. Se despertó refunfuñando y como un zombi se arrastró hasta la cocina, donde su familia ya estaba comiendo.
Allí se encontraba Akamaru, quien atacaba su tazón de comida con voracidad, y sus dos hermanas desayunando. Inmediatamente el muchacho recordó el incidente del día anterior, pero antes de poder pedir disculpas, Hane se le adelantó – Kiba, queríamos pedirte disculpas por lo de ayer. Sabemos con que dedicación te tomas tu entrenamiento y no fue justo como te tratamos, no importa que haya pasado.
Kiba quedó perplejo, sintió un alivio y agradecimiento inmenso – Gra…gracias hermanas, yo también quería pedir disculpas por mi acción imprudente, y prometo que no se volverá a repetir.
Hana se levantó para dejar su plato en la bacha mientras le hablaba – Sabemos que será así hermano, asique no dudes en llamarnos cuando necesites nuestra ayuda nuevamente; haremos todo lo posible siempre que estemos disponibles – abrazo a Kiba por la espalda y salió de la habitación.
Este evento pareció renovar por completo las energías de Kiba. Desayunó y se cambió rápidamente para salir al aire libre.
Afuera el sol iluminaba el bosque, pero sin embargo la temperatura había descendido bastante.
Decidieron que trabajarían nuevamente en el perfeccionamiento de genjutsu por la mañana, y luego en la tarde irían hacia la capital para brindar cualquier ayuda que los ciudadanos necesitaran (y por qué no también hacer uso de las nuevas habilidades).
El gran progreso que habían hecho la tarde anterior servía de piso para los logros que ansiaban y esperaban concretar ese día. Pero esta vez necesitaban de alguien que los oriente para poder seguir expandiendo sus fronteras, ya que los conocimientos de Kiba al respecto estaban tocando su límite.
Sabía que los Uchiha eran los grandes especialistas de genjutsu, pero su relación con ellos no era la mejor. Los uchiha son fríos y calculadores, parecen siempre enfocados en su propio beneficio. Había un solo joven que se había ganado la simpatía de Kiba: Zaro Uchiha. Zaro parecía provenir de una comunidad totalmente diferente, era alegre y considerado, y en su niñez solía visitar la comunidad de los Inuzuka a menudo para jugar con Kiba.
Tocó la puerta dos veces y espero. Zaro abrió la puerta y tras reconocerlo, una sonrisa iluminó su rostro
- Kibaaa, pequeño gusano ¿Qué te hace pisar estas tierras?
- Genjutsu. Ayuda. YAA – contesto Kiba, mitad bromeando, mitad en serio.
- Jajaja, maldito Inuzuka, déjame agarrar mi chaqueta y nos ponemos en marcha

El frío parecía estar más asentuado en las calles de los Uchiha. A Kiba nunca le había gustado ese territorio, sentía una especie de hostilidad flotando en el ambiente.
- Asique genjutsu, eh? Un Inuzuka queriendo aprender genjutsu, quien lo hubiese dicho – comentaba divertidamente el joven Uchiha, con las manos entrelazadas en la nuca.
- Pues claro, y para eso hemos venido a buscar al mejor, verdad Akamaru? –
Kiba le continuaba el chiste. Estaba contento de verlo, llevaban un buen tiempo sin contacto.
Una vez estuvieron en el bosque nuevamente, Zaro explico la técnica que aprenderían. Antes de salir de su casa había tomado un pergamino que contenía posiciones de manos y explicación del jutsu, que servía como complementación de la enseñanza. Los dos aprendices escucharon atentamente todo lo que tenía para decir y creyeron entenderlo a la perfección.
- …entonces – dijo finalmente Zaro – comenzemos. Primero haré que ustedes caigan bajo el efecto del genjutsu para que vean de que se trata. KIBA, AHÍ TE VA! -  Kiba no sintió nada en su cuerpo, pero de pronto la imagen de Zaro se empezó a deformar. Otra figura mucho más alta se vio en su lugar. Se podía notar que era un humano pero no se podía distinguir su rostro.
Kiba entro en pánico, pero sin embargo el shock no le permitía moverse. Miró hacia un costado, sabiendo lo que le aguardaría allí. Efectivamente, allí, parado junto a él, había otra figura humana indistinguible. El hombre que tenían de frente comenzó a hablar – nos has traicionado. Nos has traicionado y debes morir. Mátalo, mata a tu compañero, elimina la rebelión. Él es la rebelión, y debes acabar con ella – Kiba no sabía a quién se dirigía aquella figura sin rostro, pero de todas maneras, no podía moverse, estaba aterrado. Cayó al piso, al borde del desmayo, y las figuras desaparecieron. Zaro había cortado el genjutsu.
- Kiba, que diablos fue lo que pasó, sabias que era un genjutsu, porque dejaste engañarte?
- Lo siento Zaro
– dijo Kiba, aún muy consternado – esa imagen que apareció ante mi, es un sueño recurrente que he tenido desde que tengo memoria, no puedo sacarlo de mi cabeza y altera mis percepciones hasta volverme loco. Es un enigma…un enigma de mi vida que debo resolver; perdón, pero tampoco puedo contártelo.
Zaro se preocupo. Se agachó junto a Kiba y lo animó – Te entiendo amigo, todos tenemos algo así, por eso debes conocer este jutsu y sus efectos, para no quedar a merced de él. Este jutsu corporifica nuestros mayores miedos, pero recuerda que las acciones no tienen efecto en la realidad, solo pueden amedrentarte psicológicamente.
Si, lo entiendo
– Kiba se levanto con el sonido de esa horrible voz flotando aún en su cabeza, y Zaro lo animo a que ahora lo probara él. Le contó que ya estaba acostumbrado a esas visiones, y por lo tanto se ofrecía como muñeco de prueba. Kiba estabilizó sus niveles de chakra luego de esa mala pasada e hizo los sellos de mano. Antes de lanzarlo, respiró profundamente unas cuantas veces, tratando de limpiar su mente.
El genjutsu no funcionó. Zaro lo animo a que lo intentara otra vez. De nuevo fracaso. Zaro conocía la voluntad de Kiba, sabía que sin ser un especialista del genjutsu, tarde o temprano lo conseguiría. La noche ya había caído sobre sus cabezas y Kiba aún no podía ejecutarlo efectivamente.
Zaro explico a Kiba que ya iba siendo hora de que retornara a su hogar, asique se dispuso a partir. Dio unos cuantos pasos en dirección a la aldea cuando Kiba lo llamó desde atrás – Ei, Zaro! – Zaro giró sobre sus pies para escucharlo y ¡ZAS! Cayó en poder del genjutsu.
- Bien, bien!!! Ya estoy viendo las imágenes Kiba, las veo – Zaro se puso muy contento, e inmediatamente cortó su flujo de chakra para salir de ella – Eso es Kiba, ahí lo tienes. Debés seguir practicando para que no me sea tan fácil abandonar la ilusión, pero ahí lo tienes amigo, el Narakumi No Jutsu ya está a tu disposición.
Zaro partió rápidamente hacia la aldea, y los dos muchachos se quedaron. Akamaru tomó forma humana nuevamente y se quedaron un rato más practicando entre ellos. El perro logró la desconexión más fácilmente. Kiba no se animo a preguntarle cual era su miedo más profundo.
Esa noche Kiba volvió a tener el misterioso sueño que reflejó el genjutsu de Zaro. Se despertó jadeando, nuevamente perturbado por la visión ¿Quién era aquel hombre? ¿A quién había traicionado? ¿Quién de las dos personas a las que se dirigía era el traicionero? ¿Quién debía matar a quién? Había tantas preguntas dando vuelta en su cabeza.
Miro hacia el suelo, donde se encontraba Akamaru. Este también estaba despierto y le devolvía una mirada de preocupación. Kiba se enterneció al ver la preocupación de su amigo, y eso le produjo un pequeño alivio. Bajó de la cama para abrazarlo y se quedaron dormidos juntos, tirados en el suelo. Durmieron plácidamente por el resto de la noche.
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