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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Alcanza al cielo - Priv.Entrenamiento

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Alcanza al cielo - Priv.Entrenamiento

Mensaje por Bijomaru el Dom Nov 09, 2014 1:14 am

La madera de la vieja cama rechinaba ante el movimiento brusco y tosco del joven Orochi, tal vez producto de alguna incomodidad, o simplemente el cansancio de algún músculo producto de una mala posición, de pronto, alguien gritaba, lejos se escuchaba el resonar de aquella voz en agonía, pasaban los segundos, de pronto sus ojos se abrieron, por sobre él un cielo azul e interminable se extendía por sobre lo que parecía ser una villa, ¿una villa? si, el joven pelinegro se encontraba acostado en medio de una calle de tierra, a su alrededor podía ver varías casitas de madera, algún que otro cartel de comercio, jardines de flores, incluso podía oír el cantar incesante de las aves que habitaban los arboles de los alrededores, pero por mas que buscara con su mirada, no encontraba a persona alguna en aquel lugar, pero, ¿que hacía él allí? en realidad no lo sabía, ni siquiera tenía idea de como había llegado, lo único que sabía con seguridad, era que debía levantarse y salir cuanto antes del medio de aquella ruta de transito, no tenía una razón concreta, pero como un sentimiento innato, o un impulso natural de su cuerpo, se arrastro hasta un lado y recosto su cuerpo contra un tronco, en ese instante, pudo oír una explosión, bastante lejos, no sabía con certeza donde había sido, pero si podía asegurar que venía desde alguna posición ubicada hacía su espalda, pronto se continuó el estruendo mediante un zumbido incesante, a su vez, un chisporroteo que cada vez se hacía mas claro y conciso  ... - Que demonios? - ... pensaba el gennin extrañado, de donde podría provenir tremendo ruido, a la vez que el sonar insospechado se acercaba claramente hacía él, el miedo crecía en su interior, allí estaba indefenso y confundido, que hacer, pensó en correr, pero por algún motivo que excedía a su persona no lo hizo, tan solo se quedo allí, tumbado junto al arbol y con la calle a su lado, el momento se acercaba, los segundos fueron eternos, y las milesimas parecían detenerse por horas hasta que por fin el Orochi pudo dar cuenta del origen del zumbido, aquel que prácticamente le rompía los tímpanos, una gran bola de fuego negro avanzó por el centro de la ruta, quemo parte de su ropaje y chamusco su piel debido al intenso y fugaz calor, aquella esfera ignea tan solo se limito a cruzar la extensión de tierra, no se detuvo ni por un segundo, ni varió su velocidad al pasar junto a Bijomaru, tan solo paso . Sus ojos se abrían de vuelta, allí estaba, acostado en su cama, sudado y babeado por el mismo, acalorado podía sentir su cuerpo entero, se deshizo de su cobertor y se sentó sobre el colchon, busco bajar su píes hasta el suelo para luego levantarse, la madera de la cama rechinaba nuevamente, el abandono de su peso liberaba la presión en los tirantes de materia muerta, el Orochi ya levantado, entrelazo sus dedos y estiro sus brazos por sobre su cabeza para estirar su espalda, buscaba abandonar la fatiga entera de su cuerpo ... - Ahhh, sueño de mierda, estoy todo transpirado - ... Camino molesto hacía la ducha de su hogar, abrió el agua fría como de costumbre, era un hábito en él despertar su cuerpo por las mañanas con una dicha helada, si bien no era bueno para su músculos pues estos se tensaban por demás, su sistema entero aprovechaba para abandonar la pereza y de aquella forma podía comenzar un día con mejor cara y con mas ganas, tras algunos minutos, cerro aquel flujo eterno de agua y se preparo algo de desayunar en la cocina, al terminar su tazón de cereal y limpiarlo, volvió a paso lento hasta su habitación, una tanda de ropa desordenada aguardaba a su encuentro sobre el suelo, un pantalón negro, una camisa del mismo color y una remera blanca, sus sandalias ninja, lo último que tomo antes de salir de su hogar fueron aquellas vendas que cubrían la cicatriz que surcaba su ojo izquierdo, la rutina era una parte infaltable de sus días, había leído en algún viejo cuento que las costumbres son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo tan necesaria que nos ayuda a vivir, sabias palabras para él, sin dudas no podría vivir en tranquilidad si tuviera que corromper aquella costumbre . Miró por su ventana el sol, era la mañana muy temprano, llegaría con tiempo sobrado a donde se dirigía, el día anterior había sido citado en el castillo Tsukasa, había concurrido con la presteza misma de un joven shinobi emocionado, se creyó por momentos especial, que habría echo que lo citaran a él, que acudieran su presencia en la cúpula misma del mando del feudo, que le esperaba allí, alta fue su decepción al comprobar que junto a él, otros veintinueve gennins habían sido citados al mismo día, sin dudas era uno mas del montón, aunque en realidad no comprendía porque estaba allí, se quedo por simple curiosidad y respeto, el palabrerio entre los jovenes era incesante, salvo por Bijomaru quien se mantenía sereno y a la espera de la aparición del alto mando, o de al menos alguien que explicara el propósito de tal llamado, pasaron algunas horas para que aquello se cumpliera, un refinado señor de gorro y sandalias de cuero marrón salió desde el interior del gran salón, abrió con sus flacas y palidas manos la gran puerta, cargaba sobre su antebrazo una tabla de madera con algunos papeles, pronto evidencio el joven Orochi, de que aquello era una lista, una lista de nombres, pues el viejo comenzó con su voz estirada a llamar a algunos de los shinobis, menciono tres nombres, esos tres avanzaron mediante un paso seguro e ingresaron al mismo salón por donde había salido el recitador, menciono otros dos nombres mas y al fin dijo sin darle mayor importancia - Bijomaru Mogami - la sorpresa lo invadió, junto a la duda y la inseguridad como fieles escuderos, a paso tembloroso avanzó hasta ingresar en la oscuridad que abordaba tras aquellas puertas, una serie de pasillos lo esperaba, daba vueltas en pronunciadas esquinas, alumbrado levemente por faroles en las paredes, sin darse cuenta llego hasta una pequeña sala en cuadrilatero, ninguno de los otros shinobis se encontraba allí, tan solo él y el fuego de los faroles a su alrededor, enfrente una puerta cerrada, detrás suyo la oscuridad de los pasillos transitados, se quedó allí, inmutable, a la espera de que algo sucediera . Vio abrirse la puerta, y el olor de un banquete delicioso le llego antes que la luz del siguiente salón, vestidos con trajes verdes y mascaras blancas, la guardia personal del castillo se le acerco mirándolo tras sus cobertores con desprecio, las luces se reflejaban en las vainas de sus armas perversas, cedió ante el avance de los mismos, se sintió obligado y empujado, prácticamente tironeado por aquellos acolitos que lo conducían hacía el exterior de la pequeña y lúgubre sala . Los sujetos caminaban delante, y otro par de ellos por detrás, los faroles iluminaban el pasadizo de piedra gris, un techo tan bajo que la mayoría de ellos incluido el Orochi se vieron obligados a bajar sus cabezas, ahora lo conducían hasta el final, el pasadizo nunca acababa, pero de pronto, allí estaba el final, un gran salón aguardaba, la luz era clara, y el olor de la carne cocinada junto a las verduras abordaba el olfato y el estomago del gennin, allí estaba, saliendo desde aquella abertura de la pared, como si fuera una vía de escape a un salón de descanso, lujosas luces iluminaban la gran habitación, alfombras en el suelo de roca lisa, las paredes repletas de estanterías y libros, en el centro una gruesa mesa de madera se erguía, sentados a ella, un par de viejos regordetes, comían y parloteaban como si nadie mas estuviera allí ... - Cerdos - ... decía para sus interiores .

- Oh, mira, ha llegado el muchacho, no parece mucho, verdad Oshuru? - Decía uno de ellos mientras hacía a un lado la comida dentro de su boca para poder hablar, mientras tanto el otro abandonaba el ataque a una pata de pollo para responderle - Que mas has traído, un invalido? - decía el perverso al evidenciar las vendas en el rostro de Bijomaru, el gennin por su parte suprimía en su interior sus ansias por tomar lo mas cercano a un arma que tuviera cerca y romperle la cabeza al barbudo - Vamos, desde cuando eso es un impedimento, lo que cuenta es lo que ya sabemos - El regordete volvía a mirar al gennin, y ahora se dirigía a él mientras dejaba los cubiertos por un momento - Disculpa los modales de un viejo amargado, veo que la confusión es máxima en ti, olvida por un momento sus palabras y permite que te explique todo - Sin muchas opciones a seguir, el pelinegro se acerco hasta el tablón del banquete, sin decir palabra alguna, tan solo se quedo allí parado - Vamos, entra en confianza, toma asiento y escúchame, intentare ser lo mas conciso posible, habrás visto afuera, la cantidad de jovenes shinobis que hemos citado, entre ellos, a ti, bueno Bijomaru, si, se tu nombre y todo lo concerniente a tu vida, no olvides que contamos con un registro detallado de cada uno de los shinobis en el feudo, pero eso no importa ahora, lo que si importa es que hemos elegido entre un grupo cerrado de los mas capaces gennins, para formar otro grupo aun mas reducido de aprendices, a su vez, contamos con un número de senseis para cada uno de ellos, la idea es entrenar la nueva fuerza, una nueva generación, muy bien, supongo que lo habrás imaginado ya, Oshuru será tu senpai de ahora en mas - La confusión crecía aun mas en lugar de resolverse mediante aquel monolgo - Veo que no te agrada, pero fue uno de los shinobis mas fuertes en su momento, y de ahora en mas será quien este a cargo de ti, partirán hoy mismo en su viaje, el único propósito del mismo es el de aumentar los limites de tu fuerza en general, hazle caso en todo lo que te diga y serás grande Bijomaru - .

Desde el otro extremo de la mesa volvía a resonar aquella voz tan molesta - Porque tanta explicación, niño deberías estar agradecido y bien dispuesto, te entrenare y harás todo lo que te diga, fin de la historia, allí esta tu equipaje, incluso tu espada se encuentra allí, si si tus padres lo saben todo ya, vamos partimos de inmediato - Ahora el regordete era su senpai, Oshuru, así se llamaba, un carácter odioso e insoportable, con seguridad terminaría discutiendo a cada rato el Orochi, no soportaba a las personas así, el viejo daba los últimos sorbos a su cerveza, se rascaba la larga barba y luego se levantó de su asiento, se dirigió hacía una estantería cercana, movió algunos libros y de allí saco un paquete, envuelto en una tela verde y atado con hilo negro, lo abrió, y a la vez que tomaba una larga pipa de la mesa colocaba un poco de tabaco, si, aquel paquete era tabaco, nada mas, lo encendió y salió caminando por la gran puerta del salón, no por el pasadizo, mientras tanto, Bijomaru permaneció allí, ya tenía puesta la gran mochila y atada a Kagero en su cintura, pero no sabía que hacer, como actuar, de pronto un grito lo alarmo, otra vez su viejo senpai lo mandoneaba - VEN AQUÏ, que esperas? que te valla a buscar? - en ese momento, como si le hubieran arrebatado toda capacidad de respuesta, el gennin siguió los pasos del viejo shinobi, salió por la gran puerta, allí tras bajar una escalera en caracol, se encontró con una pequeña puerta, al abrirla se encontró de frente con el gran bosque, extrañado permaneció por un segundo allí, sin salir completamente del lugar, como demonios había salido de la aldea, acaso esta era una entrada secundaria y bien discimulada?, cerro la puerta de madera tras su espalda, elevo su mirada para contemplar la parte exterior del lugar en el cual había estado, una torre del castillo se erguía por sobre él, no tuvo tiempo a investigar mucho mas, Oshuru lo llamaba desde la linea de arboles, el anciano parecía bastante apurado, por lo cual abandono su curiosidad y siguió las palabras del otro vejete que se había encontrado " haz todo lo que diga " . La noche se hacía eterna por sobre las copas de los arboles, el silencio acechaba, ninguno de los dos musitaba ni una palabra, caminaban con tranquilidad, Oshuru por delante guiando el camino y marcando el paso, fumaba su pipa y de cuando en cuando rascaba su barriga, Bijomaru por detrás, cargaba con todo el peso del equipaje en su espalda, pensaba en su mente que era lo que estaba haciendo, seguía a un cascarrabias obeso por el bosque, un completo desconocido, realmente lo entrenaría? o era una broma pesada de alguien, realmente le era imposible saberlo, pero recordando sus ansías por nuevas vivencias y experiencia tan solo se dejo llevar por el momento . Cuando tal punto de la noche llego, que hasta las alimañas del bosque descansaban en un profundo silencio, el guía de la marcha, el sensei Oshuru, se detuvo en seco, observo a los lados, como una persona perdida buscando direcciones, Bijomaru dudaba en su interior, si aquel viejo común realmente era un sabio maestro, o algún inútil que habían usado para sacarse una tarea mas de encima - Muy bien, llegamos a nuestra primer parada, deja la carga junto a aquel árbol y acompañame - siguiendo la corriente de su nuevo maestro abandono la pesada carga junto a un roble de madera tiesa y le siguió el paso, caminaron un par de metros y llegaron a un pequeño círculo natural formado por los arboles, en el centro del mismo, había una piedra rectangular clavada al suelo, tenía un metro y medio aproximadamente de altura y un grosor considerable, el bosque se abría ante su extrañeza, como si aquella piedra se encontrara allí desde la misma creación del eterno arbolado - Contempla la piedra del guardián, sobre ella comenzara tu entrenamiento Bijomaru, diez mil veces golpearas antes del amanecer para probar tu valía, si no eres capaz de hacerlo, ve pensando en el camino de vuelta, pues quebrare tu espíritu y demoleré hasta el polvo tu cuerpo, empieza - Dijo con una voz calma, como si aquella tarea fuera algo común y corriente, algo de todos los días, el gennin se preguntaba confundido por el tono ligero, si había oído bien - Diez mil veces dijo? - ... - Si - .

Enrevesado era el labor, golpear con su puño desnudo aquella roca, dar contra aquella superficie diez mil veces, y además antes del amanecer, por lo cual no podía darse tiempo al descanso, pocas esperanzas se tenía, el joven Orochi contemplaba frustrado como su aventura terminaría antes de comenzar, pero aun así, sabiendo que no podría, se posiciono enfrente de la roca, separo sus piernas y flexiono las rodillas, doblo sus codos a la vez que giraba sus puños hacia atrás, cual cobra al ataque lanzó el primer puñetazo, su mano derecha se elevo a la vez que su hombro ejercía el primer impulso hacía el embate, seguido por los músculos del brazo, los cuales trabajaron al mismo tiempo para estirar por completo la extremidad a trabajar, su codo se alineo junto al resto, avanzando junto a la energía de la fuerza, la muñeca dio un rápido giro al último momento concentrando todo el poder de un cuerpo dispuesto al trabajo al choque de sus nudillos contra aquel conjunto de granito, un ruido seco y apagado hizo estremecer la mano perturbada por el dolor, los nudillos mostraron la primer señal de magullamiento, pero aquello recién comenzaba, ahora se disponía a realizar el mismo proceso con su extremidad izquierda, bajo los codos, giro la muñeca hacía arriba y tiro hacía atrás su brazo entero, su puño rotado se recostaba prácticamente sobre su cintura, tras exhalar el aire en sus pulmones, envió al encuentro del peñasco su puño, apenas si lograba desprender algo de polvo tras el choque, el pedrusco parecía estar aferrado a los mismos confines de la tierra, ahora turnaba nuevamente hacía su derecha, seguía con rigurosidad aquel proceso, una y otra vez estrellaba sus nudillos contra la roca inamovible, cada vez aumentaba la velocidad y la cadencia de sus puñetazos, pero a su vez, cada vez estaba mas cerca de caer rendido, pues el dolor que repercutía hasta en lo profundo de sus huesos hacía flaquear la voluntad del joven pelinegro, incluso cuando recordaba a cada momento para sus interiores las metas que se había impuesto . Había pasado una hora desde su primer puñetazo, el resguardo de la piel había abandonado su abrazo perpetuo hacía los huesos de sus nudillos, la carne viva impactaba en sangre contra el granito, marcando de aquella forma el duro labor de un joven shinobi, aun así, Bijomaru no permitía que su rostro demostrase su agonía, se mantenía sereno y contenía con una fuerza extra normal el brote de sus lagrimas, el golpe número mil alcanzaba la cuenta en su mente, y sus energías parecían estar al final de sus exigencias, parecía una tarea imposible de completar . Cuando sus piernas comenzaban a flaquear por el cansancio y sus brazos perdían movilidad ante la tremenda exigencia de la tarea, Oshuru apareció nuevamente al lado de su joven aprendiz . - Veo la fiereza de tu espíritu, pero también veo la duda que hace tambalear tus cimientos, que mis palabras no te desconcentren, observa la roca y continua tu entrenamiento, la escalera esta allí, puedes llegar alto, pero si permites que el miedo te domine, perderás el equilibrio y nunca mas alcanzaras tus objetivos - La paz de la noche parecía haber cambiado al viejo sensei, sus palabras de aliento reforjaban cual vendas cobertoras los puños maltratados del gennin, fortalecía sus ya cansados músculos como el mejor de los descansos, despertaba su mente y anulaba el dolor de sus brazos, la cadencia de los golpes volvía a crecer, olvidaba por momentos la sangre y la hinchazon en sus manos, le preocupaba mas la cuenta y la pronta llegada del amanecer, pues cuando el sol se acercaba a un nuevo despertar, los grillos comenzaban a rondar por los arbustos, el pasto se humedecía, las aves cantaban desde arboles lejanos en completo anonimato por la misma protección de la oscuridad de la noche, las estrellas abandonaban poco a poco su estadía y se retiraban para darle lugar a la mayor de ellas, el primer rayo aparecía por el horizonte, la sangre coagulada profanaba la blancura de la piedra rectangular, enfrente, sentado en el suelo y cruzado de piernas y brazos, Bijomaru aguardaba al despertar de su sensei, pues había logrado superar sus propias expectativas, y la tarea cumplida estaba, cuando el sol se asomaba por completo a lo lejos, aun apagado por la frialdad de la madrugada, el viejo aparecía caminando entre los arboles, entre risas se dirigía nuevamente a su alumno - Bien echo, muy bien, peo no entiendo que haces ahí sentado, vamos, toma tus cosas, el camino continua, no te creas que tendrás descanso, no al menos hasta que yo lo crea necesario - Apenas había acabado tremenda labor y ya tenía que volver a la caminata, en otro momento le hubiera parecido una idea descabellada e imposible de seguir, pero de cierta forma, la motivación en su interior era tanta que no dudo en tomar aquellos bolsos y seguirle el paso a Oshuru .

Las hojas del bosque se resquebrajaban al paso del dúo de shinobis, Bijomaru había tomado unas vendas y se encontraba cubriendo sus heridas mientras seguía a su sensei, aquel silbaba una vieja melodía, aquella que acompañaba la historia de los viejos señores de guerra, para ese momento el mediodía los había alcanzado al llegar un calvero, una extensión de llanura que atravesaba por la mitad el esplendoroso bosque del país del fuego, una suave capa de largos pastos acariciaban las piernas de ambos a medida que atravesaban aquel campo floreado, los insectos se apartaban hacía zonas intransitadas buscando la paz nuevamente, aquella paz que era perturbada por el caminar profano del par de viajeros, a donde se dirigían, al menos Bijomaru no tenía idea, su destino hasta el momento era incierto para él, solo sabía que le sacaría provecho y haría de aquella una experiencia beneficiosa . Interponiéndose a su caminar, un árbol detuvo el avance de Oshuru, sonriente el anciano se encontraba, daría un rodeo tal vez para esquivar el árbol y continuar su camino, creyó Bijomaru por un momento, pero no, su sensei solo se quedó allí contemplando la nada misma que significaba ese tronco ... - Míralo, ni el paso del tiempo, ni las peores tempestades de los últimos treinta años pudieron hacer mella en él - El anciano se encontraba como obnubilado, emocionado tal vez por la persistencia en su mente de un recuerdo distante, perdido se encontraba en un retorno fugaz a su juventud, quien sabe que cosa habrá relacionado el árbol con su pasado ... - Lo olvidaba, no has comido nada, vamos, deja la carga por ahí, adentro debe haber provisiones, busca bien, envuelto en hojas verdes debe haber carne de cerdo, aprovecha a comer ahora, a pesar de su método de cocción no serán eternas, come, come tranquilo, luego, junto a este árbol, te daré una nueva tarea - .

El joven Orochi había encontrado los paquetes improvisados en hojas, dentro, carne de cerdo cocinada de tal forma que el resultada era una carne seca, dura y de alta duración, mantenía todas sus proteínas y nutrientes, pero su sabor, dejaba mucho que desear, aun así, debido al hambre terrible que lo acompañaba desde su entrada a aquel salón donde el gran banquete se echaba para su sensei y el otro viejo comía con todo gusto aquellos retasos de carne tratada, por otro lado, el anciano aun concentraba su vista en el gigante de ébano, pasaba sus manos como buscando marcas familiares en su superficie, realmente compartía un vínculo especial con aquel arbusto . Cuando el estomago del gennin se había saciado, este se levanto y fue al encuentro de su sensei, cual sería la prueba impuesta a continuación . - Muy bien, Bijomaru, observa lo haré, luego deberás imitarme ... o al menos intentarlo - Decía el anciano entre risas burlonas, se colocó frente al árbol, tomo una extraña y graciosa posición para luego girar sobre el eje de su pierna derecha y asestar una patada con su pierna izquierda al tronco, tremenda fuerza había sido generada mediante aquel movimiento, tanto así que de las ramas se desprendieron decenas de pequeñas hojas verdes, descendieron en una danza interminable buscando tocar el suelo y descansar su peso una vez mas - Observa - dijo de pronto Oshuru, cuando las hojas quedaron al nivel de sus ojos, es decir, al alcance de sus manos, libero una descarga de rápidos manotazos hacía el frente, sus brazos y manos se movían tan rápido que el movimiento era casi inperceptible, y ni hablar de sus dedos los cuales atrapaban las hojas bamboleantes con tanta precisión que las verdes hojitas parecían desaparecer de pronto, esfumarse en al aire, pero en realidad, Oshuru las tenía en sus puños cerrados ... - Haz lo que yo, debes atrapar treinta hojas en la misma tanda, si una sola toca el piso, deberás desechar las que tengas en tu posesión y comenzar de nuevo, estaré observándote - .

El joven Orochi se encontraba nuevamente enfrentándose a una tarea imposible, alcanzar tremenda velocidad y precisión en sus brazos y manos sería sumamente difícil, como demonios lo haría, además, sus brazos aun se encontraban agotados y fatigados por su anterior tarea, como esperaba aquel viejo loco que cumpla con tremenda labor a tan poco tiempo de haber acabado con otra proeza, la queja no era una opción, tan solo le quedaba acatar ordenes e intentar aquello por mas descabellado que sonara, se colocó en posición frente al árbol, puso su pie izquierdo enfrente, retraso su derecha y torsió el cuerpo a la vez que flexionaba las rodillas, luego utilizando la izquierda como apoyo, roto su cuerpo entero utilizando como peso primario su pierna derecha, su pie era el arma de asta en la cual se enfocaba la fuerza entera producto de la energía incontrolable de todo su ser, el punto objetivo, aquel tronco de madera, el golpe fue seco y efectivo, las ramas se sacudieron y las hojas se desprendieron con facilidad, dispersas comenzaron a caer hacía el piso, tras exhalar el aire de sus pulmones, prestos se lanzaron ambos brazos a la tarea de atrapar todo lo que pudieran en el menor tiempo posible, inculto de la tarea producto de la inexperiencia sus manos alcanzaban de vez en cuando alguna hoja, pero la mayoría de las veces o erraban el objetivo y tan solo atrapaban aquella mezcla de gases que significaba el aire o empujaban aun mas lejos las verdes danzantes, al ver como la primer hoja tocaba el suelo, acompañada de otras tantas mas se detuvo, bajo su mirada y abrió su puño, rápidamente enumero las hojas atrapadas, triste fue la noticia, tan solo había conseguido agarrar seis, seis de treinta, un número bastante pobre mirando el objetivo a alcanzar, pero ese tan solo era el primer intento, el comienzo, termino de abrir su mano, dejo caer al pasto suave aquellas seis y se dispuso a comenzar de nuevo . Tomo posición nuevamente, coloco sus piernas de forma equilibrada para luego balancear su cuerpo correctamente y poder golpear con fuerza aquella superficie sin caer al suelo producto de una falta de preparación, allí fue, ejerció aquella rotación sobre su pierna izquierda y enfoco todo su poderío en su pierna derecha acertando un golpe directo al árbol maltratado, las hojas comenzaban a caer de nuevo, al segundo, cuando las hojas estuvieron a su alcance volvió a repartir aquellos golpes imaginaros, sus brazos se flexionaban y estiraban una y otra vez, sus manos se abrían y cerraban cual pinzas y tenazas, atrapaban todo lo que podían, no así todo lo que tocaban pues aun falto de precisión empujaba lejos alguna que otra hoja, allí otra vez en el suelo se recostaba la primera de ellas, tocaba hacer el recuento de las atrapadas, doce de ellas, exactamente el doble que antes, entusiasmado las lanzo al suelo y repitió el proceso, ahora falto de concentración y cegado por un falso triunfo se lanzó a la tarea, cuando las hojas volvían a tocar el suelo, contaba las hojas en su palma, cinco, aun menos que la primera vez y ni cerca de la segunda . La voz de Oshuru volvía a rescatar del fondo de la frustración a nuestro joven pelinegro ... - Tus hombros deben permanecer estáticos, axilas cerradas para una buena defensa, tus codos deben ser los que se flexionen y se muevan, vamos inténtalo de nuevo - ... Ahora con nuevos consejos a la cuenta, se lanzaba a su labor, golpeaba con su magullada piernas el tronco del árbol y hacía que el mismo volviera a sacudirse, las hojas buscaban el regazo del cesped, su tarea era impedir aquello, la rapidez obtenida intento tras intento era increíble, las horas pasaban, de cada falla, de cada error, una nueva enseñanza, una técnica que se perfeccionaba, el aire silbaba al paso imparable de sus brazos, las raíces y las ramas del maltratado gigante durmiente eran testigos presenciales y víctimas a la vez de la perseverancia del joven Orochi, llegado el atardecer, con aquella luz que mezclaba los tonos, amarillos, naranjas y violetas la mano pálida de Bijomaru encontraba a su sensei con un nuevo desafío completado, las treinta hojas verdes yacían durmientes sobre los magullones - Bien hecho, eso es beneficio de tu insistencia, la palabra rendirse debes eliminar de tu vocabulario, mira, lo hemos echo con un propósito claro, tal vez ya lo hayas notado, pero la primer etapa de tu entrenamiento consiste en nada mas y nada menos que en el perfeccionamiento de tu taijutsu, es decir, de las habilidades mismas de tu cuerpo, la potencia, certeza y velocidad de tus puños limpios y desnudos, la perseverancia del espíritu que necesita ser forjado para luchar frente a frente contra tus enemigos, de eso se trata el arte de taijutsu, aquel para el cual se necesita mucho mas que un buen control de chakra, se necesita la fortaleza necesaria como para afrontar a centimetros los dedos mismos de la gélida muerte, manchar tus manos de sangre, pero no queda allí, se muy bien que estas entrenado en el manejo de la espada, incluso tienes un arma muy particular, la siguiente etapa del entrenamiento tal vez nos aboquemos mas al uso propio del arma, pero por ahora, mediante el perfeccionamiento de tus movimientos y tu percepción de la maestría de la batalla mejoraras naturalmente tu kenjutsu, ahora, empaca todo, el camino continua, varios destinos nos quedan por alcanzar, poco has visto, mucho terminaras por conocer, tan solo mantén tu motivación en alta y tu espíritu intacto .

Ingresaban nuevamente en el bosque, solo que en la parte de la arboleda por la cual debían atravesar para salir del país del fuego, realmente irían tan lejos en aquel viaje? después de todo podía confirmar que realmente se trataba de un maestro shinobi y no un viejo charlatan y cascarrabias, sin dudas poseía el don de enseñar y la habilidad para convencer mediante la palabra, el aliento que podía llegar a brindar aquel vejete era proporcional a lo irritante que podía llegar a ser cuando se lo proponía, ahora caminaban tranquilamente por un sendero natural marcado en tierra abriéndose paso por la maleza, quien lo haría, eso era una incognita, pues ínfima era la posibilidad de que aquel camino tuviera un uso diario pues comenzaba desde la nada misma y se dirigía a lo profundo de la espesura, seguramente con un destino final, pero peligroso por demás y alejado de todo camino principal, es decir, sin conocer su existencia sería practicamente imposible dar con aquel sendero . Luego de un buen rato de caminata por fin abandonaron aquel ambiente invasivo y opresor que significaba el bosque, salieron a la vera de un río, un camino pavimentado ahora cruzaba hacía ambos lados de la extensión de arboles y acompañaba la orilla del flujo de agua, Oshuru observo ambos lados, como el día anterior allí enfrente de la gran roca - Oh claro, hacía allá - Dijo como hablando consigo mismo a la vez que tomaba el camino de la derecha - Buenas noticias joven, yendo por aquí nos toparemos de frente con una buena casa de descanso, comida y aguas termales, veo que lo necesitas, después de todo hasta el mas rudo necesita dormir - .
Bijomaru
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