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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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De desolación y encuentros. De malentendidos y soluciones.

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De desolación y encuentros. De malentendidos y soluciones.

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Ago 21, 2016 9:06 pm

Detalles de la misión:

Sheik escribió:
Misión de rango D: Una lagartija escurridiza.

Lugar de la misión: País del Fuego || Capital de la Hoja
Tipo de misión: Misiones Varias
Descripción de la misión: Yuna es una flamante joven, de tan solo 25 años, que reside en una lujosa casa ella sola. No es porque no haya intentado encontrar marido, o al menos novio, sino porque todas las personas que pasan por su casa y pretenden quedarse al menos 3 días se marchan despavoridas. ¿Por qué? La respuesta es su tan querida mascota, una boa de 3 metros de largo, bastante gorda, además, la cual la deja pasearse por la casa con total libertad. Ni si quiera tiene una jaula donde guardarla durante la noche. Esta serpiente ha aprendido a convivir con su ama, no le haría nunca daño, sin embargo, parece ser bastante celosa y por eso espanta a todo el que se atreve a acercarse a ella.

Yuna, por cuestiones de trabajo, ha tenido que abandonar su hogar durante tres días y dos noches, y te ha pedido a ti, un ninja capaz de cualquier cosa, que cuides de su casa, pero sobre todo que cuides de su "lagartijita" como la llama ella. Parece fácil ¿no? Pero, ¿podrás dormir por la noche pensando en que te puede estrangular?

Recompensa de la misión: 600 ryus
Extensión mínima de la misión: 50 líneas

E-esto es como un sueño… —susurró Joe débilmente al ver el lugar al que estaba siendo guiado, el que resultó ser una de las edificaciones más lujosas que él había visto en su vida. Aquél ostentoso barrio le era completamente desconocido, ya que no se le había permitido el acceso debido a su apariencia; sin embargo, al ser guiado por la mano de la deslumbrante Yuna, incluso un indeseable como el pelinegro parecía ser de alta cuna. A ese nivel llegaba la elegancia de la joven mujer. A pesar de esto, él no se percató de la persona que lo guiaba, ya que perdió el conocimiento al momento de llegar junto a la puerta.

¿Por qué razón aquellos polos opuestos de la sociedad cruzaron sus caminos, si no por una cruel broma del destino? ¿Y por qué aquella mujer inalcanzable, de envidiable belleza y andar sinuoso, decidió llevar al joven vagabundo a su hogar? Para conocer la respuesta de ambas preguntas, hay que retroceder en el tiempo, llegando así al comienzo de todo…



Tras una larga noche de descanso, el pelinegro fue despertado por el carretero, quien le avisó que ya habían llegado a la capital. Tras recuperar las pocas pertenencias que llevaba consigo y despedirse de sus dos compañeros de viaje, Joe bajó del carro de los cerdos y le dio las gracias al dueño de la carreta, el que siguió su camino al mercado. Ya en la ciudad principal de la ígnea nación, y tras unos pocos minutos de vagancia, el muchacho decidió usar las monedas que había conseguido en su enfrentamiento anterior para utilizar el baño público; después de todo, es más fácil recibir ayuda cuando la gente no te rechaza debido al olor de tu cuerpo, rechazo que Joe comenzó a experimentar desde que comenzó a andar por las calles. Incluso en el modesto baño le querían negar la entrada debido a su repugnancia, pero al final accedieron a dejarlo utilizar el baño más pequeño a cambio de la mayoría del dinero que llevaba encima.

Mientras el vagabundo limpiaba su cuerpo de forma prolija, dado que no sabía cuándo podría darse el lujo de tomar otro baño caliente, su ropa estaba siendo lavada por uno de los encargados del baño, el que se ofreció a hacerlo por una suma adicional. El servicio era bastante común, ya que la mayoría de los viajeros terminaban con la ropa sucia o hecha jirones debido a la naturaleza de sus deberes, y, por esa misma razón, no se hacían preguntas sobre el porqué de las manchas, limitándose a quitarlas de la ropa por un precio módico. Si bien el muchacho había grabado numerosas fórmulas de sellado en los interiores de su chaqueta, éstas no se borrarían con el agua debido a la presencia del chakra sobre las mismas, y ya estaba comenzando a sentirse incómodo debido a la rigidez de sus prendas causada por la sangre seca y la mugre acumulada, por lo que accedió al servicio sin pensarlo dos veces, quedando sin dinero una vez más.

Al salir del baño público unas horas después, vistiendo las limpias prendas sobre su cuerpo libre de residuos, su estómago comenzó a gruñir, recordándole que no había comido nada desde la noche anterior. Tras hurgar en sus bolsillos recordó que le regaló sus últimas bayas a los cerdos con los que viajó, y que el dinero que tenía ya lo había gastado en su ropa, por lo que no tenía los recursos para saciar su necesidad. “Bueno, no es la primera vez que me pasa”, pensó el pelinegro mientras se dirigía al mercado, a pedir algo para comer o algo de cambio para poder comprar alimento; sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, no tuvo éxito alguno. Incluso el hombre que lo trajo a la capital, que se encontraba vendiendo sus cerdos, no lo reconoció al momento de pedirle que se fuera a otro lugar. Un Joe lleno de dudas se sentó junto al camino, lugar desde el que pudo ver a otro vagabundo pidiendo limosna con mucho más éxito que él. No era necesario ser brillante para entender el motivo tras las diferencias.

“¿Estoy demasiado limpio?”, pensó, sus ojos como platos mientras observaba la escena, la envidia y el hambre carcomiéndole las entrañas. Por lo que podía ver, la única diferencia entre él y la otra persona limosneando era la apariencia: mientras que Joe se encontraba bastante limpio debido a su reciente visita al baño público, el otro hombre estaba cubierto de mugre de pies a cabeza, además de andar descalzo. A pesar de ello, el hombre no llegaba al punto de suciedad que el pelinegro había alcanzado después de varios días de dormir a la intemperie y viajar con cerdos. “Si alguien está demasiado sucio, ni se le acercan”, refunfuñó Joe en silencio, recordando el trato que recibió horas atrás. Si bien sus prendas se encontraban muy gastadas y remendadas debido al uso, aún eran mejores que las que algunos mercaderes vestían, no por nada podía seguir usándolas después de tanto deambular por el mundo sin rumbo fijo.

“Aquí no conseguiré nada por hoy, y robar no es una opción cuando estos mercaderes están acostumbrados a tratar con tipos así. No quiero darles razones para que me tiren al calabozo.... Veré si puedo probar suerte por allá”, decidió el muchacho en su mente antes de levantarse y dirigirse a una zona de la capital que nunca antes había visitado. ¿La razón? Nunca se le había permitido el acceso debido a su apariencia. Al tratarse de un sector en el que residían los miembros de la clase de mayor nivel socioeconómico, era impensable para un vagabundo pasearse por esas calles sin ser detenido por los guardias que las patrullaban; sin embargo, Joe no se veía como un vagabundo en esos momentos, estaba limpio, por lo que pensó que podría pasar sin problemas. Al llegar al camino que le permitiría el acceso a la zona de los acomodados, un par de guardias lo detuvieron.

Está prohibido el acceso a este lugar —le espetó uno de ellos usando un tono bastante agresivo. —Márchate, chico.
P-pero… —trató de responder, su lengua trabada debido a la sorpresa de ser detenido cuando no se lo esperaba, mas fue interrumpido antes de poder entregar su pobre argumento.
¡Que te largues, plebeyo! —gritó el segundo hombre, usando su bastón para darle un feroz golpe en el rostro, el que lo derribó sin que pudiera ofrecer resistencia.

Las burlonas risas de los guardias no se tardaron en llegar cuando el pelinegro cayó de rodillas después de un solo golpe, su sombrero rojo quedando unos metros más atrás debido al brusco movimiento de su cabeza al ser golpeada. Un ardor familiar cubrió su mejilla, por lo que se llevó una mano para tocar la zona que fue alcanzada por el madero. Una punzada le hizo retirarla casi inmediatamente debido a que usó mucha fuerza al momento de presionarla. Sus rodillas no tardaron en comenzar a transmitirle esa sensación que tanto odiaba y temía, la que se acumulaba con lo que ya sentía en su rostro y el interior de su boca. “Esto es… dolor…”, pensó el muchacho mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Después de esa realización, su cuerpo no pudo dejar de temblar. Era una suerte para él que su rostro estuviera apuntando hacia abajo, ya que sus ojos desorbitados pondrían en guardia a cualquiera que los viera. Su frágil mente, dividida entre el terror y el instinto asesino, intentaba concentrarse en una de las dos ideas.

“Esos hombres son mis enemigos… Matarlos, debo matarlos ahora, pero tengo miedo de que me golpeen otra vez, pero si me muestro débil me seguirán golpeando, debo atacar, pero si los ataco llamarán a más guardias y todos me golpearán… Mis piernas están temblando, me duelen mucho... No, no me gusta esto, no quiero que me golpeen otra vez. Debo defenderme, debo matarlos, pero tengo miedo de lo que pueda pasar si lo hago, hay muchas cosas que no sé sobre ellos, además de que son dos. El terreno es demasiado abierto como para usar ataques ocultos, y si les muestro mis habilidades a ellos, los demás guardias también se enterarán de ellas. No puedo pelear directamente ni escapar… No sé qué hacer... ¡No sé qué hacer!”, concluyó el muchacho, resignándose al destino.

Uh… Uhhh… —El muchacho comenzó a sollozar, y el sollozo no tardó en salirse de control para pasar a un aullido lastimero, su cuerpo prácticamente convulsionando debido a la intensidad de su llanto. —L-lo la… Lo lamento… ¡Lo lamento! P-por favor, perdónenme. No… ¡No me golpeen, p-por favor! ¡Por favor!

La repentina reacción hizo que los guardias se sorprendieran, ya que era la primera vez que veían a alguien actuar de esa forma después de recibir solo un golpe. Cualquiera que pasara por el lugar en ese momento pensaría que los guardias apalearon al muchacho, lo que disminuiría sus reputaciones considerablemente. Si bien las personas de ese sector hacían todo lo posible para evitar el contacto con los de sectores más bajos, el orgullo que sentían en su supuesta superioridad y su necesidad casi compulsiva de guardar las apariencias les impediría confiar su protección a un par de matones glorificados demasiado tontos como para no hacer su trabajo de forma más discreta. Para la mala suerte de los dos hombres, quienes se interrogaban mutuamente al verse en una situación tan fuera de lo común, una mujer salió de una casa cercana, su expresión cargada de justa indignación. Ambos palidecieron al reconocerla, ya que se trataba de alguien a quien no podían llevarle la contraria.

¿¡Qué demonios creen que le están haciendo a ese niño!? ¡Par de animales! —gritó la mujer en un tono que amortiguó los alaridos de Joe, quien no dejaba de llorar.
Yuna-san, no es lo q… —balbuceó el guardia que golpeó al muchacho, siendo interrumpido de forma inclemente por la mujer llamada Yuna.
¿¡Así se hacen llamar guardias!? —preguntó seriamente, su voz cargada de ira justiciera mientras recogía el sombrero rojo del pelinegro. —¿¡Cómo defenderán la capital si se dedican a golpear a su prójimo!?
Yuna-san, nuestro trabajo no es… —intentó defenderse el otro, pero solo bastó un gesto de Yuna para hacerlo callar y tragar saliva. Todo indicaba que la mujer poseía un rango mucho más alto que aquellos hombres. La agresiva dama se acercó al muchacho y lo tomó del brazo, levantándolo a la fuerza.


“Lo lamento, lo lamento…”, repitió el vagabundo una y otra vez en su cabeza, incapaz de decir palabra alguna por haber perdido la voz, su cuerpo estremeciéndose al tacto ajeno. Él estaba tan alterado que no se percató de la presencia de esa persona que se puso entre él y los guardias. Por esa misma razón intentó resistirse a ser levantado, temiendo ser golpeado nuevamente, pero sus fuerzas habían sido drenadas por su intenso llanto, por lo que su resistencia no duró más de cinco segundos. Tras ponerlo de pie, Yuna comenzó a caminar con él, guiándolo a su casa.

E-esto es como un sueño… —susurró Joe débilmente al ver el lugar al que estaba siendo guiado, el que resultó ser una de las edificaciones más lujosas que él había visto en su vida. Aquél ostentoso barrio le era completamente desconocido, ya que no se le había permitido el acceso debido a su apariencia; sin embargo, al ser guiado por la mano de la deslumbrante Yuna, incluso un indeseable como el pelinegro parecía ser de alta cuna. A ese nivel llegaba la elegancia de la joven mujer. A pesar de esto, él no se percató de la persona que lo guiaba, ya que perdió el conocimiento al momento de llegar junto a la puerta.


つづく


Última edición por Yabuki Joe el Dom Oct 09, 2016 10:25 pm, editado 1 vez
Yabuki Joe
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Re: De desolación y encuentros. De malentendidos y soluciones.

Mensaje por Yabuki Joe el Dom Oct 09, 2016 10:18 pm

Los ojos del muchacho se abrieron con pereza debido al tiempo que había pasado inconsciente; sin embargo, no tardó en levantarse y buscar un escondite al percatarse de que se encontraba en un lugar que nunca antes había visto. Una butaca cercana le sirvió de refugio temporal mientras evaluaba la situación en la que se encontraba. “El interior es muy lujoso y está muy iluminado, creo que me encuentro en una de las casas del barrio adinerado. ¿Habré llegado por mi cuenta? No, es imposible, de ser así, no estaría desnudo”, pensó al terminar de observar sus alrededores y su propio cuerpo maltrecho.

Su delgado talle se encontraba al descubierto, una toalla en la cintura siendo la única prenda que vestía en esos momentos. Al tocarse para ver si había algo raro consigo, notó que su cabello estaba húmedo y su cuerpo emitía una muy leve cantidad de vapor, como si hubiera visitado el baño una vez más. El pelinegro sabía que ese no era el caso, y sus kikaichû se lo confirmaron cuando él comenzó a interrogarlos sobre lo sucedido con su cuerpo. Como pudieron ver los insectos, Joe había sido cargado por una mujer al interior de ese edificio.

El sonido de pasos sobre la madera alertó al descendiente de los Aburame, quien trató de reducir su presencia lo más posible mientras mantenía los ojos pegados sobre la única entrada a la habitación.

¿Hm? Se ha levantado… —se pudo escuchar tras la puerta entreabierta, dejando en claro que la persona que se acercaba era una mujer. Debido a que la distancia entre la puerta y el escondite del desnudo vagabundo era menor a cinco metros, los kikaichû en su interior fueron capaces de confirmarle que se trataba de la misma persona que lo había llevado a ese lugar.

Shounen, ¿estás ahí? —preguntó la mujer mientras abría la puerta y entraba a la habitación. Desde la posición en la que se encontraba, el muchacho pudo observar a la persona frente a él de forma detenida. Lo primero que pudo notar fue que ella era muy alta, su silueta similar a la de un reloj de arena. De cabello negro y ojos a juego, contrastando notablemente con la claridad de su sonrosada piel, Sus pechos grandes y bien definidos, y sus piernas largas y estilizadas, ambos atributos siendo resaltados por el ajustado vestido rojo que llevaba puesto en ese momento.

Puedo ver las pisadas que dejaste, ¿sabes? —pronunció la mujer en un tono alegre, haciendo que Joe alzara la vista, encontrándose con un rostro femenino y sonriente, sus ojos observándolo fijamente. Al estar distraído observando la figura de la fémina, el joven dio un pequeño salto al ser descubierto, su cara al rojo vivo por razones que él mismo no entendía. —¿Te gusta lo que ves? —preguntó usando un tono coqueto.
S-sí —balbuceó, confundido por el ardor que sentía en el rostro. —No es des… des-a… ¡desagradable! No es desagradable.

La respuesta sorprendió a la atractiva mujer, quien no tardó en comenzar a reír estrepitosamente. Ante tal reacción, el pelinegro soltó una risilla incómoda, sin saber cómo reaccionar en esa situación. Joe no se sentía en peligro, pero eso pronto cambió al ver algo deslizarse a los pies de la mujer. Una serpiente de dimensiones colosales hizo ingreso a la habitación, despertando la alegría de la mujer, quien extendió los brazos para cargarla como si de un niño se tratase.

¡Lagartijita! —exclamó, sorprendiendo al muchacho que seguía semidesnudo tras la butaca. —Ya te he encontrado compañía —pronunció sonriente, volviendo a posar la mirada sobre el vagabundo, quien tragó saliva. Era bastante obvio que la mujer le pediría algo después de ayudarlo, ya que así era el mundo, pero no se esperaba algo tan arriesgado como tratar con una serpiente. Las pocas que había visto durante sus viajes eran salvajes y muy territoriales, por lo que no sabía cómo una tan grande como esa podía estar viviendo con una persona.



Déjeme ver si entiendo —le dijo el pelinegro a su anfitriona de nombre Yuna, quien le devolvió sus ropas, lo invitó a comer y le explicó qué necesitaba de él durante la cena. —¿Quiere que cuide a su serpiente…?
Lagartijita —aclaró seriamente Yuna.
¿Quiere que cuide a su lagartijita mientras usted viaja? —concluyó la pregunta el joven Joe, tomando en cuenta la corrección que se le hizo.
¡Así es! —exclamó la aludida. —He pospuesto este viaje por mucho tiempo. Mi empleador necesita que esté allá lo antes posible y no he podido encontrar a nadie que se quede a cuidar a mi lagartijita. Hay que alimentarla, jugar y estar con ella, ya que odia estar sola. Obviamente no te pido que lo hagas gratis, te dejaré sacar lo que quieras de la alacena, podrás dormir en la alcoba de invitados y te pagaré generosamente cuando regrese.
N-no es necesario, Yuna-san —replicó el muchacho, mareado por intentar comprender el significado de tantas palabras consecutivas. —Ya ha hecho mucho por mí.
Eso ha sido como disculpa por las acciones de mis subordinados —respondió ella de forma serena. —Esto es un favor aparte que será pagado aparte. ¿Alguna otra duda, shounen?
¿Por qué no me ha preguntado mi nombre?
No es relevante, ya que nada te impide mentirme, y como te estoy ofreciendo un buen trato, sé que no me defraudarás, aunque debo admitir que he tomado precauciones en caso de cualquier contratiempo.
Entiendo… ¿Y por qué me ha desnudado y limpiado mientras estaba dormido en lugar de pedírmelo?

La respuesta a esa pregunta no fue más que una sonrisa juguetona de Yuna. El descendiente de los Aburame tenía muchas más preguntas, pero algo le decía que no obtendría más respuestas de ella, por lo que decidió investigar la situación en cuanto se encontrara solo. Normalmente no se preocuparía de detalles como esos, ya que se le había dado acceso a comida y una habitación, pero el hecho era que pronto se encontraría a solas con una bestia que lo superaba en tamaño, y el muchacho, siendo el cobarde que era, se temía lo peor. Las tácticas ofensivas estaban descartadas, ya que su tarea consistía en evitar que la criatura sufriera daños, por lo que solo podría defenderse y escapar. El tener que estar dentro de la vivienda la mayoría del tiempo significaba que el uso de su ninjutsu flamígero estaba descartado, por lo que solo contaría con sus técnicas de sellado y el apoyo de sus kikaichû.



Tras pasar una noche en la cama más cómoda que había conocido, Joe se despidió de su empleadora, quien se marchó acompañada por los guardias que habían detenido al vagabundo en la entrada del barrio, quienes le lanzaron sendas miradas. Uno de ellos lo miraba con tristeza, mientras que el otro tenía la compasión marcada en el semblante, ambos alzando las manos junto a la jovial Yuna en señal de despedida. No pasó mucho tiempo antes de que se perdieran de vista, dejando al shinobi errante parado junto al marco de la puerta de entrada.

Muy bien —se dijo en voz alta el muchacho, quien entró al hogar de Yuna y cerró la puerta a sus espaldas. —Es hora de conseguir información.

Tras realizar una breve secuencia de sellos manuales, Joe posó su diestra sobre el suelo, extendiendo una red de chakra desde sus dedos, la cual comenzó a atraer a los insectos de las cercanías. Por mucho que la lujosa edificación se ubicara en el “barrio alto” de la Capital del Fuego, los insectos eran famosos por encontrarse en cada rincón del mundo, por lo que no fue sorpresa para el muchacho ver a numerosos aliados responder a su llamada. Hormigas, polillas e incluso cucarachas se hicieron presentes en la sala de estar de Yuna, quien, de estar presente, entraría en pánico por la escena, o al menos eso imaginó el pelinegro, quien ya había visto esa reacción en otras personas.

Después de conseguir la cooperación de los insectos hogareños, el descendiente de los Aburame liberó a varios grupos de sus propios insectos, quienes se extendieron por toda la casa, ocultándose en las sombras y rendijas de la misma para formar una red de información que sería renovada cada cierto tiempo, por lo que su vigilancia dentro del área sería constante y su conocimiento del mapa de la casa sería absoluto. Los informes preliminares indicaban que la serpiente se encontraba dormida en la habitación principal, además de la presencia de varios roedores vivos en el sótano. Sin poder detectar el chakra de otra persona, los kikaichû confirmaron que Joe se encontraba solo con la serpiente; sin embargo, se mantuvieron en tareas de exploración, buscando cualquier irregularidad en la zona.

Así que está dormida —susurró el vagabundo. —Creo que debería desayunar antes de buscar el desayuno de la lagartijita… —Sin embargo, antes de que pudiera entrar a la cocina, los insectos le dieron aviso sobre el despertar de la serpiente, la que no tardó en desperezarse y salir de la habitación con premura. Su velocidad era mucho mayor a la que había mostrado con anterioridad, algo que el joven vagabundo pudo ver cuando ésta arremetió en su contra en cuanto lo tuvo a la vista. De no ser por el aviso oportuno de sus insectos, no hubiera sido capaz de evadir el ataque.

¡¿Q-qué demonios?! —exclamó el muchacho después de la agresión; sin embargo, al no poder entenderlo, la serpiente lo ignoró y siguió su camino hasta llegar a la entrada del sótano. Pasaron pocos segundos antes de que los insectos le confirmaran la muerte de un par de ratones, los que fueron engullidos por la agresiva sierpe. El pelinegro no pudo evitar tragar algo de saliva después de recibir la información. —C-creo que ella ya desayunó…



Después de tan movida mañana, Joe esperaba más tranquilidad por el resto del día, pero sus expectativas se vieron completamente destrozadas por la lagartijita. Dejando completamente en claro que el vagabundo no era bienvenido en su territorio, la criatura se cruzó en su camino durante toda la tarde, atacándolo cuando lo veía desprevenido y marchándose como si nada al fallar, como si supiera que sus acciones quedarían impunes. “Es un animal muy inteligente”, se dijo Joe al llegar a esa conclusión. “Si no fuera por mi red de vigilancia, ya me habría golpeado unas cuantas veces”. La velocidad del shinobi no superaba a la de la serpiente, pero sus insectos le permitían anticipar el simple ataque, permitiéndole una evasión forzada. Debido a esto, las energías del muchacho estaban casi agotadas cuando llegó la noche, por lo que cayó rendido sobre la cama en cuanto confirmó que la bestia se había dormido.

Al momento de comenzar el segundo día, los kikaichû despertaron al descendiente de los Aburame con urgencia. La serpiente, quien había despertado más tarde el día anterior, ya se había levantado y se dirigía a la habitación que el pelinegro estaba utilizando en ese momento, su velocidad indicando que se trataba de una carga similar a las realizadas el día de ayer. De mal humor por no poder disfrutar de la cómoda cama por más tiempo, el muchacho se levantó con premura y salió de la habitación, usando las direcciones de los kikaichû para evitar a la serpiente.

“Veamos cómo reaccionas a esto”, dijo Joe en su mente mientras se movía silenciosamente por la casa. La estrategia de acción del shinobi errante era muy simple: si la serpiente actuaba de esa forma por su presencia, lo mejor era hacerla pensar que se encontraba sola. Usando la información que tenía sobre las dimensiones de la casa y la vigilancia que mantenía sobre la serpiente, el muchacho tuvo éxito en evadir a la sierpe por todo el día gracias a sus veloces pasos; sin embargo, la reacción de la misma no fue la que él esperaba. En lugar de mostrarse alegre por estar sola dentro de su territorio, la energía de la bestia se redujo dramáticamente, moviéndose con suma lentitud al regresar a su cama esa noche.

No lo entiendo —susurró el pelinegro mientras se recostaba suavemente sobre su lugar de descanso asignado. Las acciones de la serpiente eran tan inesperadas que el muchacho no lograba hacerlas calzar, por lo que dedicó gran parte de su noche a buscar una respuesta que llegó en cuanto éste pudo recordar las instrucciones de Yuna: Hay que alimentarla, jugar y estar con ella, ya que odia estar sola. “Creo que malentendí toda la situación”, se dijo, decidido a corregir sus errores durante el último día que le quedaba en esa casa.

En cuanto el tercer día llegó, el muchacho se levantó y se dirigió a la habitación principal, lugar en el que la serpiente dormía. Con mucho cuidado, Joe hizo ingreso en la habitación, encontrándose con la lagartijita enrollada sobre la cama, durmiendo profundamente. Sin estar seguro de la veracidad de su conclusión, el pelinegro tragó algo de saliva y se acercó con cautela, para luego tomar asiento sobre la cama y llamar la atención de la serpiente con unas palmaditas en la cabeza. Ésta tardó en reaccionar, pero, cuando lo hizo, se movió violentamente sobre la cama, asustando al Yabuki, quien se levantó de un salto.

“¡Cálmate, Joe!”, se dijo mientras observaba a la serpiente retorcerse sobre las cubiertas, para luego aclarar su garganta. Esta acción detuvo el movimiento del animal, quien lo miró fijamente.

Ehm, ¿q-quieres ir a comer, lagartijita? —titubeó el muchacho, haciendo que la serpiente arremetiera en su contra; sin embargo, en lugar de evadir como siempre lo hacía, se quedó quieto, con sus brazos extendidos y los ojos cerrados. El golpe que esperaba nunca llegó, y en su lugar pudo sentir cómo la serpiente se enroscaba en su pierna izquierda para luego subir por su espalda hasta llegar a la altura de su hombro. Si bien pensó que sería estrangulado en ese momento, la presión nunca llegó. Al abrir los ojos, se encontró de frente con la serpiente, quien parecía mirarlo expectante. “Así que estaba en lo correcto”, pensó, soltando un suspiro aliviado. “Ella solo se sentía sola”. Cargando a la serpiente con dificultad, el ninja vagabundo realizó sus tareas del día junto a la lagartijita, incluso llegando a tomar un baño juntos.

A la hora de la cena, mientras Joe y la serpiente comían en la cocina, Yuna hizo su regreso triunfal a la estancia, sorprendida de no haber sido recibida de forma jovial por su lagartijita. Al ingresar a la cocina y ver la escena frente a ella, una sonrisa se formó en su rostro. Al parecer, tanto Yuna como su serpiente eran malentendidas en la Capital, ya que se veía a la mujer como una solterona protegida por su celosa bestia; sin embargo, la cosa era que Yuna buscaba a alguien que pudiera comprender a su serpiente, pero no esperaba a alguien tan joven. Sus gustos no iban por ese lado, después de todo.

Puedes venir cuando quieras, shounen, te estaremos esperando —le dijo a Joe mientras terminaban su transacción. —Si estás más grande cuando te vea, quizá te dé una sorpresita.
Eso me gustaría, Yuna-san —replicó el muchacho con una leve sonrisa, ignorante de los encantos de la coqueta mujer, quien no pudo evitar carcajearse una vez más antes de despedirse del ninja vagabundo, quien se marchó con sus bolsillos más cargados y su estómago lleno, regresando a las frías calles una vez más.

La parada fue agradable, pero el camino frente a él era largo, por lo que no tenía tiempo para pensar mucho en ello.
Yabuki Joe
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