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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Partida hacia el Norte | Viaje

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Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Lun Ago 22, 2016 11:09 pm

Había tenido la suerte de que su visita por la Capital del Fuego no hubiera sido hacía mucho tiempo, puesto que de ser lo contrario, no habría sido tan fácil su incorporación en el hospital tras desfallecer por la fiebre. Había despertado varias horas después, desorientada y con el mundo dándole vueltas por la susodicha, pero había sido capaz al menos de dar un nombre el cual pudieran registrar y así, permitirle su permanencia en  el hospital hasta recuperarse de su enfermedad.

Una semana después, habían conseguido estabilizarla lo suficiente como para poder moverse un poco, bajo la supervisión de alguno den los médicos civiles voluntarios en el hospital. Le habían mencionado que había tenido una enfermedad que afectaba a los pulmones; neumonitis, y que esta tardaría varias semanas en permitirle volver a viajar. Había acatado sin causar problemas, algo que solía ocurrir entre los shinobis, puesto de nada le servía continuar viajando a través del País sin estar suficientemente recuperada como para protegerse a si misma. También estaba su miedo de cruzar los bosques sin estar en forma; se negaba a entrar en la arboleda hacia el Sonido sin sus facultades óptimas para poder afrontar cualquier cosa. Estaba paranoica, lo sabía... pero no había manera en que fuera a cambiar y ser un blanco fácil de nuevo.

Por eso mismo, había decidido renunciar a una parte de su dinero para el viaje en el tratamiento y estadía en el hospital. Una de las enfermeras civiles, la que normalmente le ayudaba a recuperar su energía y restablecer el correcto funcionamiento de la respiración frente al ejercicio, había terminado siendo una compañía entrañable y agradable. No le importaba pasar las largas horas en el hospital, puesto la muchacha siempre le facilitaba alguna lectura (algo inaudito, pero parecía que la joven era también de alta alcurnia) e incluso en los descansos de esta, unos minutos de agradable charla.

Así, tres semanas pasaron hasta que el hospital decidió que estaba suficientemente recuperada como para poder dejar las puertas del mismo sin supervisión.


〘 ∾ ❀ ∾ 〙



No me gusta esto —murmuró para si misma, observando algo ceñuda a su alrededor. Los árboles proyectaban a su alrededor sinuosas sombras, que de tratarse meses atrás simplemente le afectarían en el punto de intentar entrever alguna forma para su diversión. Ahora, solo la tensaban y la ponían al borde, esperando cada vez que una brisa sacudía las ojos y las sombras cambiaban de forma, algo o alguien abalanzarse cerca.

Sabía que no era sano ese nivel de paranoia, pero no podía controlar a su propia mente. Su subconsciente estaba siempre alerta, y a la mínima, las alarmas saltaban en su cabeza hasta que se calmaba diciéndose que no había nada. No podía culparse; estaba en el mismo bosque del incidente, donde su obsesión por descubrir...


. . . Demonios —profirió, cubriéndose la boca al instante mientras mentalmente se reprendía por su lenguaje. Se había... olvidado completamente de preguntarle a su padre sobre ella. Y ahora, había de nuevo un margen de un mes antes de que pudiera volver a contactarle. Era idiota, con todas las de la ley.

Un chasquido de una rama la hizo saltar, ahogando un grito. Clavó sus ojos con miedo a su alrededor, y no viendo nada, prefirió aumentar un poco el ritmo. No iba corriendo; sus pulmones no estaban lo suficientemente acostumbrados aún a un ejercicio anaeróbico. La marcha era más sencilla de sobrellevar sin ahogarse a medio camino. Al menos, hasta que se acostumbrara de nuevo.

Poco después, un pequeño cervatillo la observó con los ojos y orejas alzadas, mirándose asustado antes de salir corriendo en otra dirección. Frenando, suspiró.

Estaba segura de que se veía exactamente igual que ese animal a esas alturas. Que triste por su parte, siendo un shinobi.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Yabuki Joe el Vie Ago 26, 2016 3:57 am

Tras pasar varias semanas vagando por las concurridas calles de la capital de la nación del Fuego, Joe Yabuki tomó rumbo al norte a través del Bosque de la Hoja, en dirección al País del Sonido. ¿Cuál era la razón que el muchacho tenía para atravesar voluntariamente esa zona que había sido tan ingrata con él en el pasado? Alguien se lo pidió usando comida como pago, lo que es suficiente para hacer que el ninja vagabundo recorra cielo, mar y tierra con una sonrisa.

En resumidas cuentas, durante su estadía en las calles capitalinas, el pelinegro tenía hambre, por lo que ayudó a un mercader de alimentos con su carga a cambio de recibir las sobras del día. Mientras realizaban la labor, fueron atacados por un par de bandidos famélicos, los que fueron despachados fácilmente por el shinobi errante, quien los envió a la fosa común sin pena ni gloria, sin gastar su preciada energía en exceso. Siendo testigo de los hechos, el agradecido comerciante invitó al joven vagabundo a cenar en lugar de darle meras sobras, sirviéndole un plato de sukiyaki tan delicioso que le hizo derramar lágrimas de gratitud con el primer bocado, reacción que hizo sonreír al dueño de casa.

Mientras comían, el anfitrión comenzó a hablarle a su invitado sobre un grave problema que tenía uno de sus camaradas de oficio, quien no podía hacer negocios en su tierra por culpa de cierto individuo. Al tratarse de uno de sus mejores contactos en el Sonido, además de poder considerarlo como un amigo, él quería ayudarlo de la forma en que le fuera posible, por lo que, usando varios métodos y conexiones, consiguió información sobre la ruta que el indeseable tomaría en determinado momento, la que compartió con su aliado para que éste pudiera entregársela a un asesino que tenía planeado contratar. Al ver las habilidades del pelinegro con sus propios ojos, el hombre no pudo evitar pensar en esa situación, por lo que le pidió al mismo que se uniera a los esfuerzos para hacer caer al malhechor a cambio de una generosa paga.

Naturalmente, Joe se negó a pesar de la cantidad de dinero que se le estaba ofreciendo; sin embargo, recordando las reacciones del joven shinobi, el mercader añadió al pago un contenedor lleno de sukiyaki para comer durante el viaje además de un plato aún más delicioso esperándolo. La sola mención de más sukiyaki bastó para cambiar la expresión del muchacho, por lo que la promesa de ese misterioso plato delicioso hizo que éste aceptara la peligrosa tarea sin pensarlo dos veces. Con una sonrisa en el rostro, el hombre dejó que el vagabundo durmiera en su sala de estar y escribió todos los detalles de la misión en un pergamino, el que le entregó al pelinegro al día siguiente, quien lo recibió junto a un contenedor sellado en una bolsa, la que colgó en su hombro antes de marcharse sin percatarse de un detalle sumamente importante…

.........

......

...

¿Qué demonios dice aquí? —se preguntó el muchacho en voz alta, observando inquisitivamente el contenido del pergamino abierto que llevaba en sus manos. En su emoción por el plato de comida que recibiría al final del trabajo, se puso en marcha sin pensar en los detalles; sin embargo, solo sabía que debía ir al País del Sonido, sin saber en qué lugar debía interceptar a su objetivo. Esperando ver un mapa fácil de seguir en las hojas del pergamino, se encontró en cambio con montañas de texto detallado, el que pudo reconocer gracias a la vergonzosa situación que vivió tiempo atrás. Si bien el comerciante hizo lo posible para entregarle toda la información que poseía sobre el asunto, su esfuerzo era en vano, ya que Joe no sabía leer. —¡Mierda! —maldijo el muchacho entre dientes, lanzando el pergamino lejos antes de golpear suavemente el tronco de un árbol cercano con su puño.

¿Qué voy a hacer ahora? —farfulló frustrado. Era la segunda vez en la que su incapacidad para la lectura golpeaba con fuerza a su autoestima, por lo que se sentó bruscamente en el suelo y cerró los ojos para recuperarse del impacto emocional, para luego considerar las opciones con las que contaba en ese momento. “Podría regresar y buscar a alguien que me lea el pergamino, pero ya he caminado por varias horas, estoy bastante lejos de la capital… Lo otro sería seguir avanzando por esta ruta hasta llegar al País del Sonido, y buscar a alguien que pueda leerlo por allá, así no perderé tanto tiempo. Sí, creo que eso es lo mejor”, concluyó, levantándose para recoger el pergamino, el que sacudió antes de volver a enrollarlo y guardarlo entre los bolsillos de su gabardina.

Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Paso. Cada uno de ellos acompañado por el crujir de las ramas secas en el suelo, el sonido de las hojas de los arbustos siendo movidas a la fuerza y el de las piedras pateadas por casualidad, cada uno delatando la presencia del joven vagabundo ante las heterogéneas miradas de los habitantes del bosque. Los pequeños lujos que los que pudo disfrutar en la capital ya habían perdido su marca en él, y más ahora que se encontraba en una zona salvaje. Sus ropas, tan viejas y gastadas, se encontraban cubiertas de tierra y mugre, dándole un aspecto completamente descuidado. El fragante aroma a jabón, del que pudo hacer gala por varios días, fue reemplazado por el característico olor de la tierra húmeda, el que, combinado con su olor natural, le daba una esencia indómita que no llegaba a ser desagradable, ya que era similar a la amalgama de olores presente en el bosque.

“Sería una suerte si puedo encontrar a alguien por el camino, eso resolvería mis problemas”, se dijo mientras seguía su camino entre los árboles, recordando que se trataba de una ruta bastante conocida por los viajeros que se trasladaban a pie. Las carretas y los animales de carga no podían atravesar esa zona plagada de árboles, pero un trotamundos con equipaje ligero no tenía esos problemas, por lo que podía utilizar el sendero más directo sin mayores complicaciones. Debido a que los viajeros a pie no tenían necesidad de dañar el bosque para llegar a su destino, tampoco era raro encontrarse con animales salvajes paseándose por la zona. Eso fue lo que un viajero le dijo a Joe cuando éste le preguntó cuál era el camino más corto al Sonido, al menos. Fue por esta información que el pelinegro no se sorprendió de ver a un cervatillo entre los árboles; sin embargo, no estaba preparado para lo que vendría, ya que el animal corrió directamente hacia él.

¿Qué sucede, animal…? —preguntó amablemente el joven Joe a la bestia de aspecto aterrado que se le acercaba, para luego abrir los ojos al percatarse de que el animal no estaba frenando. Al no tener tiempo de reaccionar, el resultado posible era uno solo: ser embestido. La cría de ciervo no pudo ver al pelinegro debido a los árboles que los rodeaban, por lo que terminó azotando su cabeza en su entrepierna, dándole un golpe que éste recordaría por siempre. —¡ITO! —gritó al concluir su oración, tanto por la sorpresa del impacto como por el golpe en sí, para luego caer junto al cervatillo debido al impulso que éste traía. El animal se levantó de forma casi inmediata y siguió con su carrera, perdiéndose entre los árboles, mientras que el pobre muchacho quedó tirado en el suelo, prácticamente lanzando espuma por la boca.

¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuh! —se quejó el muchacho, su voz alta y aguda como el ladrido de un perro pequeño, las lágrimas corriendo a raudales por su sucio rostro, dejando marcado el camino que recorrían. Ambas manos se dirigieron a sus partes nobles de forma instintiva, devolviéndole un poco de la paz mental que había perdido de forma tan súbita. La enorme motivación que sentía por el viaje al País del Sonido le jugó en contra: tanta fue su prisa por comenzar la travesía que se olvidó de las más básicas precauciones que debe tomar un viajero. Incluso sus insectos kikaichû se encontraban en reposo, ya que el descendiente de los Aburame había olvidado completamente que podía contar con ellos para facilitarle la vida, aún después de tener un par de experiencias sumamente desagradables en esos lares. Después de haber revelado su posición a cualquiera dentro de un área de varios metros y con su mente nublada por la intensidad del dolor que sentía, el joven shinobi errante se encontraba completamente vulnerable, aunque él no se había percatado de ello… por obvias razones.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Lun Sep 05, 2016 5:50 pm

Procedió a inhalar profundamente. Cerró los ojos, concentrándose en la acción que estaba llevando a cabo y tratando de usar el estómago como le habían enseñado. Manteniéndola por unos segundos, exhaló. Repitió reiteradas veces el mismo proceso, notando como su mente se despejaba y sus nervios eran aplacados lo suficiente como para dejarlos en un segundo plano. La calma llegó a su cabeza, logrando que una serenidad un tanto forzada dejase de activar su paranoia en el bosque.

Entreabrió los parpados, sin dejar de repetir el mismo ejercicio mientras se acostumbraba al bosque. 'Todo va bien', se dijo. 'Nada va a ocurrir si mantienes la guardia alta'.

Un grito de dolor rompió la atmósfera calmada que había impuesto a su alrededor, erizándola de golpe de puro sobresalto y un acceso de miedo. Al instante, en sus manos tres senbons aparecieron, y por puro acto reflejo saltó hacia la sombra de los árboles, intentando ocultarse en dirección contraria a dónde había venido el grito.

'Es la misma dirección por donde ha huido antes el cervatillo' observó entrecerrando los ojos, con un sudor frío en su cuerpo. Había sido un grito de dolor, por lo que era obvio que alguien había resultado herido. ¿Algún bandido había atacado a un viajero? ¿Una banda de ladrones atacando a un recolector? Lo único que había escuchado había sido la huida del animal, así que...

O era un ataque experimentado, o el cervato se había cobrado una víctima en su huida. Seguramente un civil.

Sea como fuere, había un herido. Su lado más altruista y compasivo no podía hacer la vista gorda, a pesar del novedoso instinto de conservación que había aparecido en el último par de meses. Tomando ventaja de las sombras de los árboles e ir a contraviento para evitar a un posible rastreador (total, si hubiese un sensor ya sabría que estaba ahí), se aproximó a la fuente de los gemidos y gritos de dolor.

Entrecerró los ojos un poco más cuando se fijó en el ser (bueno, persona) que se retorcía en el suelo con una clara muestra de sufrimiento. Analizando la situación, por las huellas, parecía que su segunda hipótesis del cervatillo había sido correcta. Por como se retorcía y... se agarraba cierta área sagrada para los hombres (como su padre lo llamaba), su criterio le aseguraba que el dolor era genuino. Eso la hizo salir de su escondite y acercarse tentativamente, con la intención de no asustarlo ni provocar una reacción agresiva en el muchacho.

¿S-Se e-encuentra b-bien, s-señor? —su característico tartamudeó salió de sus labios, incapaz de formular la frase sin los susodichos puesto no había ningún tipo de reconocimiento previo ni confianza. Sus prendas parecían los harapos de un mendigo, de una calidad extremadamente baja incluso para las humildes familias que acostumbraba a ver en los pueblos o las barriadas de las Capitales. Era incapaz de no formular un pequeño prejuicio y tomar cuidadosamente una distancia preventiva; podía estar fingiendo el dolor, aunque sería un muy buen actor. Pero no podía obviar el sufrimiento ajeno, real o no—. ¿E-Está h-herido?
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Yabuki Joe el Mar Sep 06, 2016 7:50 pm

Mientras que el dolor producido por aquél despiadado impacto disminuía y sus sollozos dejaban de lado su previa energía, la mente de Joe comenzó a recuperar las funciones que habían sido abrumadas por la intensidad del golpe, reconectándose con el exterior al hacer uso de los sentidos del joven nómada. Gracias a esto, el pelinegro fue capaz de escuchar la voz de otra persona. Si bien no fue capaz de entender las primeras palabras que fueron dichas, la primera que pudo escuchar de forma apropiada le sorprendió de sobremanera, a tal punto que levantó el rostro como un resorte, una expresión atónita dirigida a la persona que se encontraba en el lugar, una muchacha de cabello azulado y orbes a juego que le observaban con cautela, éstos cruzándose con el negro azabache de los enrojecidos ojos del shinobi errante. La primera impresión le decía que ella era mucho más joven que él; sin embargo, al no tener certeza de su propia edad, su juicio era poco confiable, a lo sumo.

“Me… ¿Me está hablando a mí?”, se preguntó el vagabundo, incrédulo, después de escuchar la palabra “señor” seguida de una pregunta sobre su estado. Nunca nadie le había hablado de esa forma, razón por la que usó sus manos para estabilizarse en el terreno y tomar asiento sobre el suelo para poder evaluar la situación desde una mejor postura. Mientras su cuerpo se quejaba debido al súbito movimiento, comenzó a observar sus alrededores de forma cuidadosa, buscando a cualquier otro que pudiera ser el receptor de esas amables palabras. No se tardó más de unos segundos en percatarse de la ausencia de personas en ese lugar a excepción de los dos presentes; sin embargo, su mente aún no entendía las razones de tanta preocupación, por lo que no pudo evitar apuntarse con el dedo, preguntándole silenciosamente si le estaba hablando a él a pesar de que ya había llegado a esa conclusión.

A medida que las ideas comenzaban a encadenarse dentro de su cabeza, el semblante del joven errante se nubló brevemente mientras controlaba su respiración para detener los involuntarios sollozos que se escapaban de su garganta. “¿Por qué me está hablando de esa forma? ¿Quiere hacerme bajar la guardia? ¿Es mi enemigo…? No, no es posible. Mi guardia ya estaba abajo desde el momento en el que esa bestia me embistió, si quería atacarme, lo habría hecho en ese momento. ¿Por qué llamar mi atención de esa forma? No entiendo…” Mientras pensaba en cuáles podían ser sus motivos, una breve oleada de inspiración lo golpeó. “¡Ya sé! Debe necesitar algo”, se dijo, siendo esta la única conclusión a la que pudo llegar, ya que él también hablaba de esa forma al momento de mendigar. Para él, todo funcionaba en base al ojo por ojo y diente por diente, ya que era incapaz de comprender conceptos abstractos como la amabilidad, en especial cuando no podía recordar la última vez que recibió un trato como ese.

E-estoy bien, gracias —respondió Joe con suavidad que denotaba una corta edad, ya calmado y con una leve sonrisa incómoda adornando su rostro húmedo por las lágrimas que había derramado segundos atrás. Percatándose de esto, usó la manga derecha de su gabardina para secar esa área, manchando su rostro en el proceso. Al juntar agua y tierra se crea el lodo, por lo que el resultado de esa acción era más que predecible, aunque el muchacho no se mostraba preocupado por ello debido a que tenía otras cosas en mente. Aunque él daba por hecho que la mujer que tenía al frente no lo atacaría, los insectos en su interior comenzaron a movilizarse bajo su piel, preparándose para salir en cuanto éste lo ordenara. El descendiente de los Aburame era un cobarde y valoraba su vida más que cualquier otra cosa, por lo que era natural para él tomar precauciones en caso de que sucediera lo peor, a pesar de que las había olvidado anteriormente. Mientras recordaba las razones por las que salió tan deprisa de la capital, una nueva revelación se hizo presente.

¡Ah! —exclamó levemente, levantándose con algo de dificultad para luego comenzar a hurgar dentro de sus bolsillos. Justo momentos atrás estuvo pensando en cómo le gustaría encontrarse con alguien en el camino que le ayudara con su problema, por lo que ese encuentro era muy oportuno; después de todo, el pelinegro ya había asumido que la muchacha le pediría algo, por lo que un intercambio era lo más adecuado. Al pedirle algo, Joe ya estaba dispuesto a cumplir lo que ella le pidiera, por lo que sus ojos mostraron una férrea resolución que había estado ausente hasta ese momento. —Lamento molestarla, pero ¿podría pedirle un favor? —le preguntó a la joven de cabellos color cielo al momento de extraer el pergamino que traía consigo, para luego ofrecérselo junto a una leve reverencia.

¿Me podría decir qué es lo que dice este pergamino, por favor? Me aver… gu… —Las palabras del pelinegro se detuvieron a la vez que su rostro mostró una leve mueca de pánico. ¿La razón? Había olvidado cómo se pronunciaba la palabra que quería decir en ese momento, por lo que guardó silencio un par de segundos antes de poder recordar un sinónimo más sencillo, el que fue acompañado por su rostro rojo debido a la vergüenza que sentía, siendo esa misma palabra aquella que olvidó. —Me apena decirlo, pero n-no sé leer.

Off:

Breves aclaraciones:
Desde este post, he decidido utilizar color para separar los pensamientos del personaje de la narración general, y así diferenciarlos de otras palabras que decida colocar entre comillas. El color de los pensamientos será #006666, mientras que el color del diálogo seguirá siendo #009999.

Si bien he colocado abajo la técnica a la que hago mención en mi post, no existe una situación de combate en este tema, razón por la que no coloco mis estadísticas en spoiler. Esto es simplemente para evitar que me corrijan al momento de la revisión.

Saludos.
Técnica utilizada:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria): Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Mar Sep 06, 2016 9:17 pm

Escaneó al muchacho en frente de ella en el momento en que este se tomó más tiempo del debido en reaccionar a sus palabras, buscando un síntoma de conmoción o mareo; era la única razón medianamente coherente que podía explicar su estado actual de confusión. A no ser que no entendiera su idioma, lo cual era una remota posibilidad; el País del Fuego gozaba de riquezas por tratarse de una potencia de comercio entre países, pero aquel muchacho... era prácticamente alguien pobre en extremo aparentemente. Su piel estaba sucia, pero no una suciedad de ir por el campo a trabajar, o de haber pasado unos días viajando como ella solía terminar. No, era suciedad acumulada, de días y condiciones no muy salubres. El brillo de su piel hablaba también por si mismo; carecía de el, y tenía un aspecto ligeramente maltrecho a diferencia de la suya propia, pálida pero sonrosada por salubridad.

Como los sollozos no se acallaban de golpe, sino que estaban intentando ser calmados, tomó una actitud más apaciguadora y menos desconfiada, aunque siempre con la atención a flor de piel. El muchacho empezaba a calmarse, y ya sin la actitud tan... extraña que anteriormente le había dado (aunque admitía que era poco común a su conocimiento que un desconocido se apiadara de otro desconocido), este le respondió. Sin tener que forzar una sonrisa apocada pero amable, hizo un gesto hacia el área que anteriormente había estado cubriéndose—. M-Me complace e-escuchar e-eso, p-pero si l-lo n-necesita p-para evitar p-posibles e-efectos i-inflamatorios y un d-doloroso h-hematoma, l-le recomenaría u-usar un u-ungüento de h-hierbas a-antiinflamatorias.

Cuando el muchacho trató de levantarse con obvias dificultades para ello, un pequeño halo de comprensión y compasión arraigó en la joven. Ese chico era tal vez algo más pequeño que ella misma, pero tranquilamente podría tratarse de una carencia en cuanto a alimentación. Ella misma no era un reflejo de su edad, pero decidiendo no optar por dar más vueltas a un asunto tan trivial en su cabeza, optó por levantar su mano en gesto conciliador sin desvanecer la suave sonrisa de sus labios y el ligero gesto de preocupación altruista.

N-No t-trate de m-moverse h-hasta que el d-dolor c-cese del t-todo, p-por favor —reprendió suavemente y sin malicia, haciendo un gesto de nuevo hacia uno de los troncos caídos que, a causa de las bruscas tormentas de verano, llevaría meses caído—. S-Siéntese m-mejor.

Sin embargo, parecía que había hablado justo al mismo tiempo que el muchacho había exclamado, quedando ambas voces solapadas. Una pequeña expresión de sobresalto cruzó su rostro, intentando mantener siempre las maneras incluso cuando era obvio que la persona en frente suyo no era del mismo rango social. Hizo una pequeña inclinación de disculpa muda, prefiriendo no interrumpirle por educación. No obstante, el cambio en él fue notorio, despertando la paranoia de nuevo.

¿U-Un f-favor? —confusa por un extraño pidiendo tal cosa, fue imposible no ladear la cabeza como un inocente gesto de sincero desconcierto—. D-Depende de q-que s-se t-trate.

Esta vez, no obstante, las consiguientes palabras del joven la forzaron a no mostrar su escepticismo. ¿Cómo demonios alguien había logrado sobrevivir hasta entonces sin saber leer? Incluso en los pueblos, la mayoría solía aprender aunque fuese por sus padres y lo básico. Además, este muchacho estaba luchando incluso para comunicarse correctamente, lo cual la contrarió al instante. No con el muchacho, quien había quedado confirmado con ello que tenía un fondo completamente humilde y pobre, sino con nadie en particular.

Oh —esa fue su previa respuesta, elocuente y contenida ante su interna frustración. Inspiró profundamente, sin abandonar su externa serenidad, hasta que se calmó y procedió a dar un cordial asentimiento—. P-Por supuesto. T-Tome asiento m-mientras se lo d-dicto, y... —antes de tomar el pergamino ofrecido, ella misma dejó de mirarlo para rebuscar en su bolsa. Entremedio de todo lo que llevaba, logró encontrar el ungüento que buscaba, uno de los que había comprado en la ciudad para los golpes que solía recibir al entrenar. Se lo tendió al mismo tiempo que cogía el pergamino, manteniendo su serena amabilidad—. A-Aplíquese d-dos dedos d-de este u-ungüento en la z-zona a-adolorida.

Sin tomar un no por respuesta, esperó a que lo cogiera antes de leerle. Era imposible para ella negarse a ayudar a alguien tan destartalado.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Yabuki Joe el Jue Sep 08, 2016 4:08 am

Tras un par de segundos que le parecieron eternos, la muchacha de cabello celestial aceptó su petición y recibió su pergamino, pero no sin antes extenderle un pequeño contenedor de algo a lo que ella llamaba ungüento. Esa palabra, al igual que muchas otras que ella utilizó desde que sus caminos se cruzaron, eran desconocidas para el pelinegro, además de ser bastante largas y difíciles de pronunciar, por lo que el vagabundo no pudo evitar sentirse inferior a esa mujer que se mostró tan elocuente a pesar de su curiosa forma de hablar. Debido a que no entendió gran parte de la conversación, no encontró más alternativa que guardar silencio y retomar su sonrisa incómoda, asintiendo levemente al momento de recibir el frasco. Por lo poco que pudo entender, el frasco tenía una medicina para tratar las consecuencias del impacto recibido, la que debía aplicar directamente en el lugar afectado.

Con la confusión marcada en el rostro, Joe intercambió su enfoque entre el frasco y la persona que se lo había entregado en reiteradas ocasiones. “¿Por qué me está ayudando?”, pensó. “Le acabo de pedir algo, pero ella me ha dado esto para quitarme el dolor. Quizá esa sea su petición, pero no entiendo por qué la está usando en esto”. Tras una muy breve evaluación, pudo llegar a una conclusión que le pareció completamente lógica. “¡Ya entiendo! Me necesita en buen estado para poder cumplir la tarea que me quiere dar. Sí que es inteligente”, se dijo, mientras se disponía a desabrochar su pantalón para aplicar la medicina en sus partes nobles; sin embargo, una nueva idea cruzó su mente: “¿Y si todo es una trampa?”

Un sudor frío recorrió la espalda del Aburame mientras sus ojos miraban fijamente el pequeño frasco que recibió, sus pensamientos siendo influenciados por su cobardía, desconfianza y ese nuevo sentido de inferioridad que surgió al momento de escuchar como ella se expresaba. “Bajar mis pantalones frente a ella me dejaría expuesto a cualquier ataque que decidiera lanzarme, el cual no podría evadir por tener los pantalones abajo y las manos ocupadas… Puede que lo que está dentro del frasco sea veneno, o algo que me hará sufrir aún más. Lo mejor sería negarme, pero aún le debería un favor… No creo que quiera dañarme mientras le esté debiendo algo, pero debería ser cauteloso, por si las dudas”. Con un plan velozmente fraguado, el muchacho retomó la palabra.

C-creo que será mejor si voy por allá —dijo al señalar al árbol más cercano con un movimiento de su cabeza, para luego moverse con premura y esconderse tras el mismo. Si bien sus intenciones no eran claras, sus acciones bien podían pasar por timidez, aunque él no estuviera consciente de ello.

Al abrir el frasco que había recibido, se percató de que el llamado ungüento no era más que crema, por lo que decidió tratar de recordar esa palabra para añadirla a su repertorio. Al acercar el frasco a su rostro, notó que el olor del contenido del frasco no era desagradable. Tras una breve deliberación, el descendiente de los Aburame decidió ordenarle a un pequeño grupo de insectos hembra que se posicionara dentro de su boca, para que éstos devoraran un poco de crema y así saber si se trataba de algo venenoso, ya que, de ser así, los kikaichû morirían tras la ingesta, dejando atrás a sus crías ya inmunes a la toxina. Decidido a no dar indicio alguno de sus habilidades como ninja, Joe tomó el riesgo de usar la punta de su lengua para extraer una fracción del suave ungüento, la que sería consumida por los insectos al momento de cerrar la boca.

¡Amargo! —exclamó para sí mismo, usando el tono más bajo que le fue posible, el que también fue amortiguado por los insectos dentro de su boca. Un par de segundos bastaron para que éstos le confirmaran que esa crema no le causaría daño alguno, por lo que se retiraron de su boca para volver a su posición en espera.

“Me alegra haberme equivocado”, pensó aliviado el pelinegro mientras comenzaba a bajar sus pantalones e interiores para hacer uso de aquella medicina. “Ella dijo que eran dos dedos… pero ¿será suficiente?”, se preguntó ya con sus piernas prácticamente descubiertas mientras se inclinaba para tener una mejor vista de sus "amigos", usando su mentón para sostener su chaleco y remera, ambas prendas recogidas para facilitar la visual y evitar perder parte de la medicina con el roce de éstas. La aplicación no le tomaría más de unos segundos, por lo que se puso a ello para no perder más tiempo, recogiendo la crema con dos dedos de su diestra a pesar de que el aire frío le daba una sensación bastante agradable en esa zona... “No. No te desvíes, Joe, aún tienes cosas que hacer”, se dijo. Ya había perdido bastante tiempo, después de todo, y aún debía escuchar a su benefactora para conocer los contenidos del pergamino, por lo que templó su determinación y realizó el contacto.

¡Ay! —se quejó levemente al tocar su zona adolorida, la crema sintiéndose muy fría al tacto de sus “joyas”. Si bien el dolor que sentía disminuyó de forma considerable en esos minutos, el tocar directamente esa área era otra cosa muy distinta; sin embargo, ya se había decidido a seguir las indicaciones que se le habían entregado, por lo que continuó la aplicación en toda el área mientras soltaba uno que otro quejido; sin embargo, no se tardó en comprobar la efectividad de aquella medicina. Al terminar la aplicación, se dispuso a colocar sus prendas en el lugar correspondiente para luego usar el reverso de su chaleco para limpiar los restos de ungüento que habían quedado en su mano. Después de eso, sólo debía volver a su posición original para recibir su parte del trato y saber qué es lo que ella le pediría para saldar esa deuda.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Jue Sep 08, 2016 5:44 pm

No estaba claro para ella de si el muchacho estaba terriblemente tenso por una sospecha clara de sus intenciones al brindarle el ungüento sin una razón más allá de la compasión y altruismo, o si por alguna casualidad había perdido el hilo de sus instrucciones debido al molesto tartamudeo que tenía. Cualquiera de las dos opciones eran una posibilidad clara en su cabeza y una respuesta al por qué de su lentitud para tomar el remedio, de igual manera que para usarlo. Ella misma, para no invadir su privacidad ni avivar la llama de la sospecha que ambos tenían por lo visto al rojo vivo, tomó un par de pasos de distancia y centró su atención en el pergamino que este le había entregado.

Lo abrió, notando al instante el formato claro de un documento administrativo. Más exactamente, el formato de un pergamino de misión, debido a lo escueto y técnico que era referente al contenido. La voz del muchacho llegó a sus oídos casi de refilón, haciéndola alzar la mirada por encima de la hoja por acto reflejo—. Oh, p-por supuesto, s-siéntase libre de obtener la p-privacidad que le sea necesaria —respondió por educación, sin darse cuenta de la pérdida parcial de su tartamudeo por centrarse en el pergamino.

Tras regresar su mirada a la hoja, decidió tomarse unos segundos para leer por encima como un sondeo preliminar. Efectivamente, ahí estaba: el rango de la misión, los detalles y puntos clave, inclusive los miembros de la misión y sus alias.

'Si esto es, en efecto, una misión shinobi...' alzó la vista de nuevo, sin tener que hacer esfuerzo para localizar la posición del muchacho. Estaba detrás de un árbol, por lo visto, al final cediendo a su consejo, 'ese muchacho es, por descarte, o un ladrón que se ha hecho con este pergamino a expensas del mensajero, o un shinobi'.

Era imposible que ese joven, de ser la primera opción, hubiese asaltado al miembro receptor de la susodicha. Tampoco era probable que hubiera asaltado al mensajero; solían tratarse de shinobis también, aunque en algunos casos, solo se trataban de guardias o mercenarios dedicados a ese arte. Normalmente, al menos si se trataba de un miembro de un clan, era el caso.

Pero ese chiquillo no parecía un miembro de ningún clan shinobi. Al menos, no uno con complejo familiar estable ni tampoco exitoso. Probablemente era un mercenario más, volcado a la profesión por la necesidad de dinero y un mínimo de talento para ello, aunque por su estado no parecía tener demasiada materia prima del susodicho. Seguramente, había sido notificado de la manera más común entre los de dicho rango, con un ave mensajera. En su familia solo recurrían a ellas cuando estaban de viaje o debían interrumpir una misión, para informar de otra. Pero era consciente de las otras caras de la moneda, gracias a su padre. Su madre, por el contrario, siempre le recordaría cual era su posición a pesar de no ser ni de lejos tan dura como su abuela.

Era, por descarte, un shinobi errante y desdichado. Aunque se apiadaba de él un poco, era consciente de que tras esta información, si estaba en esas condiciones, era seguramente, por carencia de talento. Incluso ella, con el poco tiempo activa en el servicio, tenía amasada una cantidad propia de dinero que le hacía permitirse vivir con un mínimo de calidad.

Pero, de nuevo, ahí estaba la hipótesis. No podía dejarse llevar por un prejuicio ni afirmar una teoría hasta que se constatase.

Uhm, s-señor, he r-revisado su p-pergamino por encima y p-puedo afirmarle de a-antemano que se trata d-de una m-misión asignada o-oficialmente —su voz cortó la calma del bosque, solo perturbada por el quejido del muchacho que seguramente era por el dolor. Se acercó un poco al árbol, lo suficiente como para que su suave voz no tuviera que ser alzada. No le gustaba hacerlo, puesto lo consideraba soez e incluso agresivo—, a-así que en c-cuanto le s-sea po-posible p-prestar a-atención, di-dictaré de c-cabo a rabo t-todo el co-contenido del mi-ismo para que no pi-pierda detalle.

Después de todo, era consciente de lo nefasto que podía ser para alguien en esta profesión la omisión de detalles. Al menos tenía compañeros asignados, por lo que había visto en la vista preliminar. Tomó tiempo suficiente para dejarle prepararse y ella, tomar asiento en el mismo tronco que le había mencionado anteriormente por si necesitaba sentarse. Carraspeando para dar aviso de que iniciaría la lectura, finalmente tomó verdadera atención a qué estaba leyendo.

Pergamino de la Misión [a medio abrir]:


A-Adjudicación de la m-misión de dos m-miembros, Y-Yabuki Joe y... —una pausa instantánea se hizo cuando leyó el consiguiente nombre, perdiendo de repente toda la amabilidad que había estado rezumando y sustituyéndolo por una antinatural calma. En su interior, un pánico paranoide arremetió, mientras las alarmas sonaban en su cabeza con un rugido estridente. ¿Qué demonios?—, Yuki Akkarin. Su cliente es Hikkoyama Uryu, un comerciante que está viendo su negocio mermado debido a una agresiva competencia —prosiguió con hombros tensos, rellenando las escuetas frases con los detalles que ella ya conocía. Estaba actuando por puro instinto, puesto su mente estaba ahora mismo en una situación caotica. Era, después de todo, la misión que había memorizado antes de salir de su país.

O se trataba de una enorme coincidencia, o estaba ahora mismo en una trampa. Y no era alguien que, precisamente, se sintiera a gusto pensando en que se trataba de una coincidencia. No en ese bosque. No a tanta distancia de su objetivo. No había omitido su clan por la realización de que a estas alturas, ya debía ser consciente de sus habilidades siendo un enemigo.

Se trata de una misión rango C de búsqueda y asesinato, siendo el objetivo Akahiko Sentei, un médico shinobi que se especializa en la experimentación y del cual se sabe que posee una red de comercio muy agresiva, poseedor de tres guardaespaldas shinobis de bajo rango. Se sospecha que son Gennins, pero bajo los efectos de una posible droga. Su información adicional se encuentra en el Libro Bingo, página 126 —sabía que el muchacho no sabía leer, por lo que los detalles más importantes de dicho hombre eran, en definitiva, aquellos. Prosiguió, manteniendo la compostura aunque con los nervios a flor de piel y preparada en cualquier momento para reaccionar en consecuencia. Si era un enemigo, este sabría que ya estaba al tanto de ello—. Los objetivos generales de esta misión es la búsqueda y asesinato de su objetivo, sin importar el resultado en los tres shinobis que tiene bajo su ala. El cliente posee información sobre las rutas del objetivo, así como una manera de tender una emboscada al susodicho antes de la muerte de su vástago.

Ni siquiera era consciente de que estaba hablando con más frialdad de lo normal, y el característico tartamudeo que tenía no estaba por ninguna parte. Era hiperconsciente de la posición de sus senbons, así como ya tenía en la cabeza su plan en marcha, como los jutsus necesitados. No sabía qué era su enemigo ni cómo combatirlo, así que optaría por la vía más sencilla.

La reunión con el susodicho se efectuará en las fronteras del País del Sonido por la zona Sureste, en el cual se entregarán los detalles adicionales de esta misión para evitar filtraciones de localización por parte del objetivo. La recompensa de esta misión serán 3000 ryus a repartir entre los integrantes de la misión —finalizó con un toque monótono, levantando la mirada del pergamino para clavarla donde sabía que estaba el 'dueño' del pergamino. Sus ojos, aunque eran fríos, tenían irremediablemente un tinte de decepción incapaz de ser aplacado. Había tenido buenas intenciones al principio, y de nuevo, estaba muy cerca de torcerse—. Ahora, querido, ¿cual es el propósito de ésto?

Su voz era contenida, manteniendo como podía la compostura a pesar de que lentamente y casi con actitud solemne, dejó el pergamino encima del tronco y aseguró sus muñecas para poder en cualquier momento, reaccionar en defensiva.

No sé que es lo que buscaba con esto, pero no soy un ser agresivo por naturaleza, así que le daré la posibilidad de explicarse ahora mismo —sus ojos cargados de desconfianza se clavaron en el 'enemigo', levantándose de su asiento con calma y encarándose en dirección al árbol que había sido el refugio del muchacho—. Los Yuki no solemos tomar las casualidades como una opción lógica como bien dicta nuestra fama, espero que sea consciente de ello.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Yabuki Joe el Vie Sep 09, 2016 12:47 am

Unos segundos después de que las palabras hostiles de la joven se perdieran entre las hojas, Joe salió de su improvisado escondite, su andar lento y tambaleante mientras miraba hacia abajo. En cuanto éste levantó su rostro, reveló una palidez súbita, la que estaba acompañada de un frío sudor que corría a borbotones de su frente, mezclándose con las lágrimas que habían reanudado su marcha.  Su expresión era la encarnación viva del terror absoluto, sus ojos abiertos e inyectados de sangre, su garganta seca y jadeante, y su respiración aumentando su ritmo con cada segundo que pasaba. Apenas pudo emitir unos roncos gruñidos antes de percatarse del estado de su boca, por lo que la cerró e intentó reunir saliva dentro de la misma, aunque no tuvo mucho éxito. Tras escuchar la disertación de la fémina, un detalle de la misma lo forzó a entrar en ese inestable estado.

M-mi nombre… —pronunció con suma debilidad, su esfuerzo al hablar siendo más que evidente. —¿P-p-p-por qué está mí no-nombre en ese p-pergamino? —le preguntó, su voz alzándose con desesperación. —¡Nunca se lo dije al tipo! ¡Nunca! ¡¿Por qué está ahí?! ¡¿Por qué?!

Sus gritos cargados de la más pura angustia resonaron entre los árboles, drenando toda la energía que él había logrado recuperar en esos breves momentos. Su cuerpo comenzó a temblar sin control, sus piernas cediendo ante el tambaleo del pelinegro, el que cayó de rodillas sin poder ofrecer resistencia alguna. “No es posible que alguien conozca ese nombre, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me presenté”, se dijo, sus dientes castañeando en antelación a la conclusión que llegaría con ese tren de pensamiento. “Yo me encargué de que nadie pudiera rastrearme, acabé con todos los que me atacaron, con todas sus familias... Gané mis batallas futuras para asegurar mi presente, y ahora el pasado ha aparecido de la nada. ¡¿De qué sirvió todo mi esfuerzo?!”, pensó, mientras su respiración llegaba al punto de la hiperventilación y su corazón amenazaba con escapar de su pecho. “Si ese pasado me alcanza, no podré seguir viviendo…”

...

“Ella ha venido a matarme”, concluyó apresuradamente, sin ser capaz de alzar la mirada debido al estado en el que su cuerpo se encontraba. Sus ideas, las que ya habían sido alimentadas por su cobardía y sentido de inferioridad ante la radiante presencia de la mujer frente a él, le hicieron llegar a ese desenlace tras sumarse el terror puro a la ecuación. De haberse encontrado frente a cualquier otra persona, el muchacho habría tratado de lanzar un ataque preventivo o escapar; sin embargo, al formarse ese complejo de inferioridad de forma tan abrupta, ya había perdido toda su voluntad para enfrentarse a la muchacha del cabello color cielo. Inferioridad, cobardía y terror se entrelazaron en su psique, transformando a la autoproclamada Yuki en una existencia inalcanzable. Sin posibilidades de escapar o pelear, solo le quedaba pedir clemencia.

P-por favor —susurró de forma apenas audible, el miedo impregnado en sus palabras casi ahogadas por sus sollozos. Sus ojos, que se mantenían mirando el suelo, comenzaron a nublarse. —Quiero vivir… Haré t-todo lo que me pidas, todo lo que q-quieras, p-pero no me mates, por favor... Quiero vivir… Quiero vi… Quie… —Sus palabras disminuyeron su volumen de forma gradual hasta que dejaron de ser pronunciadas por sus labios, sus pupilas perdiéndose dentro de sus cuencas oculares. Tras un ataque de pánico de tal intensidad, su mente decidió "apagarse" temporalmente para no terminar en pedazos, haciéndolo perder el conocimiento.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Akkarin el Miér Sep 14, 2016 11:17 pm

Algo no estaba bien. Algo no cuadraba.

El ceño de la muchacha, aunque de manera apenas perceptible debido a su control facial por su educación, se frunció con una confusión latente debido a la reacción inusual del muchacho. No había calculado esta variante dentro de su cabeza, aun a expensas de su imprudencia por enfrentar verbalmente al que tan claramente podía ser su enemigo.

¿Eh?

Estaba prácticamente lívido, o tal vez al borde de un ataque de pánico. La palidez de su rostro solo podía indicar ambos estados, aunque si no había explotado de repente en rojo y arremetido contra ella por enojo, debía de ser ese último.

El tartamudeo a la hora de hablar e intentar justificarse se lo confirmó. Esto atrajo aún más dudas a su cabeza, haciéndola ya no tan 'serena' y mostrarse algo más dubitativa al respecto. ¿Por qué parecía tan asustado? ¿Qué demonios tenía de especial ese nombre? Todos los contratistas se aseguraban de saber a quien remetían sus misiones, y eso incluía una investigación de precedentes. Al menos, todos los que eran asignados al sistema de misiones de los mercenarios de las Capitales. Y ese muchacho, si era quien decía el pergamino, no era excepción. ¿Acaso no lo sabía? Y de ser así, ¿qué era lo que le provocaba tanto pavor por el solo hecho de conocer que el sistema era consciente de su identidad?

H-Hey, c-cálmese p-por favor —el tartamudeo había regresado al mismo tiempo que la fría seguridad de la tensión había sido sustituida por un nerviosismo sin nombre. Su postura rígida quedó en el olvido, tratando de tomar una vía neutral y, sin reducir su posición de defensa, levantar sus manos en una postura que clamaba a la calma en un intento de ver su reacción y, tal vez, detener ese ataque de pánico incipiente. Por dios, hasta estaba suplicando por su vida... ¡y ni siquiera tenía sus armas a la vista! ¡Solo había lanzado una advertencia por precaución, como era normal!—. No p-pienso m-matarle, e-entre en r-razón, s-seño--.

Fue en vano. El chico, de repente, se desplomó por culpa de al sobrecarga de miedo en su cerebro, desmayándose.

En un movimiento instintivo y por reflejo, dejó su postura de defensa para evitar que el muchacho cayera como un peso muerto en el suelo, recogiéndolo en el vuelo. No esperaba que fuera tan... fácil, hacerlo. Incluso ella, alguien que no resaltaba por una gran constitución ni una fuerza ejemplar, era capaz de sostenerlo sin muchas dificultades. Era liviano en exceso, de una preocupante manera. Su suposición de que se tratase de un mendigo o alguien pobre en exceso era cada vez más clara en su cabeza.

Válgame Kami... —mumuró para si misma mientras vigilaba de dejarlo reposado en el suelo, sacando como pudo la manta de su propia bolsa para usarla de improvisada almohada mientras este continuaba inconsciente. Una vista rápida hacia el pergamino encima del tronco, y volvió a observar las facciones de este. Inconsciente totalmente. ¿Debía intentar dejarlo fuera de combate mientras despertaba para evitar una reacción instintiva?

No, eso solo la tacharía como un agresor y enemigo. O al menos, no le daría un punto positivo para hacerle entrar en razón. Al menos, sabía que alguien así despertaría desorientado, o tal vez, algo más adormecido de lo normal. El cerebro había desconectado después de todo, y tenía consecuencias. Por si acaso, registró al mismo, intentando comprobar posibles armas. No parecía llevar ninguna, lo cual era sospechoso pero a la vez, mejor para ella. Tras esa inspección, sacó el manto de camuflaje que usaba, y procedió a taparlo hasta el cuello. No por supervivencia, sino porque era más sencillo que se recuperara si este se sentía subconscientemente cómodo.

Solo le restaba esperar. Ella había causado, sin darse cuenta y seguramente por su reacción ante el posible peligro, aquel ya verídico ataque de pánico. El muchacho era quien estaba escrito, y eso le catalogaba, aun en contra de su instinto paranoide, como su compañero de misión. La situación lo catalogaba como la opción más lógica, aunque era improbable que sucediera en un inicio.

Tomó asiento en el mismo tocón que había estado anteriormente, contemplando con paciencia. Había dejado sus propias armas y la bolsa lo más alejadas posibles de él, y ella misma estaba previniendo una posible reacción violenta. Sin embargo, esperó.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

Mensaje por Yabuki Joe el Sáb Sep 17, 2016 4:33 am

El tiempo entre la penumbra de su subconsciente le pareció eterno; sin embargo, tardó menos de una hora en comenzar a recuperar su conciencia. Tras estar sumergido en las sombras que devoraron sus pensamientos inmediatos, amenazando con devorar su realidad, el frío que sentía fue reemplazado por una calidez que comenzó a extenderse por su cuerpo desde el exterior. Esta sensación le ayudó a diferenciar entre su frente y su espalda, ya que esta última se sentía húmeda y presionada contra algo, mientras que su nuca se sentía extrañamente cómoda, como si se encontrara sobre algo mullido. Al recuperar la noción del sentido del tacto, el pelinegro se percató de que la fuente de calor era algo que cubría su cuerpo hasta su cuello, e identificó la superficie sobre la que se encontraba como el húmedo terreno del bosque gracias a que sus manos se encontraban sobre el mismo, permitiéndole acariciar la tierra.

Uhh... —se quejó mientras se percataba del dolor de cabeza que sentía en esos momentos, esto a pesar de que aún no recuperaba el conocimiento completamente. “¿Me he quedado dormido?”, pensó, sintiéndose extrañamente relajado a pesar de que su cabeza dolía como los mil demonios. Sus párpados cerrados comenzaron a moverse con pesadez, indicando cierta dificultad al abrirlos.

En cuanto sus ojos fueron liberados de su reposo, lo primero que vieron fue el elevado follaje de los árboles que lo rodeaban. “Estoy en el bosque”, se dijo, aún sin recuperar el agarre sobre sus propios recuerdos. Innumerables ramas entrelazadas, cada una de ellas cubierta por hojas de color verde vivo, las que cubrían los rayos del sol sin lograr suprimirlos completamente, dejando entrever el cielo despejado. Al momento de percatarse de ese detalle, de esas numerosas motas de azul claro entre el verde, el muchacho pudo sentir cómo su pecho se llenaba de una sensación extraña, sin entender el por qué. Joe intentó levantarse, pero los quejidos de su cuerpo no se hicieron esperar, revelándole que se encontraba exhausto, por lo que desistió de forma casi inmediata. “¿Qué me ha pasado?”, se preguntó, usando sus fuerzas para mover su cuello y observar sus alrededores.

Un solo giro de la cabeza le bastó para arrepentirse de haber realizado dicha acción.

Sus recuerdos recientes regresaron como una avalancha, amenazando con destruir su mente una vez más; sin embargo, por alguna razón, los veía como si no fueran propios, como si de un espectador se tratase. Una situación común para aquellos que sufrían ataques de pánico, pero que estaba más allá de los conocimientos del pelinegro. Gracias a esta curiosa consecuencia, sin embargo, el muchacho pudo analizar la situación en la que se encontraba con mucha más calma y de forma más amplia, permitiéndole mantener las riendas de sus emociones a pesar de encontrarse aterrado y evaluar opciones que antes ni siquiera se habían cruzado por su mente. Al considerar los hechos y la posición en la que se encontraba actualmente, el pelinegro se sintió confundido por las acciones de aquella a la que observó.

A unos metros de su posición, sentada sobre un tronco derribado, se encontraba una refinada joven de tez pálida y cabello color cielo que hacía juego con sus ojos, a pesar de que éstos últimos eran de una tonalidad más oscura. Sus dimensiones no superaban las del shinobi errante, pareciendo incluso más joven que él, pero eso no evitaba que su figura exudara elegancia. Una presencia que se encontraba en otra realidad, a la que el descendiente de los Aburame había aprendido a temer a pesar de solo haber intercambiado algunas palabras con ella; sin embargo, las acciones de la fémina eran carentes de toda lógica, al menos para el joven que la observaba. ¿Por qué motivo alguien actuaría de esa forma con un desconocido antes de matarlo? Una pregunta que se cruzó numerosas veces por la cabeza de Joe al concluir que tanto la manta que lo cubría como la almohada que sostenía su cabeza le pertenecían a ella, dado que era la única persona que él podía ver en los alrededores.

La muchacha se identificó como una "Yuki”, aunque el significado de tal revelación eludió al pelinegro, quien no sabía de clanes o familias… Con suerte sabía que él pertenecía a las filas de los Aburame, pero nunca tuvo un contacto directo con algún miembro oficial de dicho clan, sus conocimientos obtenidos gracias a otros descastados como él. Eso era lo que recordaba, al menos, ir más allá sería entrar al terreno de las conjeturas, un lugar en el que el Yabuki no se manejaba; sin embargo, no fue difícil para el muchacho deducir que ese nombre o título era importante para ella, por lo que no pudo evitar sentirse un poco más tranquilo al haber aprendido algo de su interlocutora.

Con su voluntad en proceso de recuperación, el ninja vagabundo comenzó a jugar algunas de las cartas con las que contaba, todo gracias a que su cuerpo se encontraba cubierto en ese momento. Aunque fuera destapado abruptamente, los kikaichû se estaban desplazando por el interior de sus prendas antes de introducirse en el húmedo terreno sin dejar rastro de su desplazamiento, por lo que el hecho no sería visible, evitando así despertar una renovada hostilidad. Él sabía que sus precauciones eran en vano, pero necesitaba algo en lo que aferrarse en el caso de que las cosas pasaran a negro una vez más. Su vida estaba en juego, y no deseaba entregarla en bandeja de plata. De existir algo más allá de la muerte, sabía que se arrepentiría por toda la eternidad si no intentaba extender su tiempo de vida, aunque fuera por solo un segundo más; sin embargo, antes de tomar la sartén y quemarse, necesitaba información.

D-disculpe —pronunció con una calma obviamente forzada, intentando no romper el contacto visual mientras la escudriñaba, su rostro inevitablemente marcado por el nerviosismo—. Le agradezco todo lo que ha hecho por mí, pero no logro entender sus acciones. ¿Por qué me ayuda en lugar de acabar conmigo? ¿Quiere que cumpla con lo que le he dicho? Porque sí estoy di… dis-pu.. ¡dispuesto!, eso. Estoy dispuesto a hacer lo que me diga si me deja seguir viviendo.

Joe habló mucho más de lo que estaba acostumbrado, razón por la que no pudo evitar equivocarse al pronunciar una palabra, pero fue porque lo consideró necesario para poder seguir con vida. En su posición, lo que más necesitaba era tiempo, y si ella se lo daba, él podría seguir evaluando su plan de escape; sin embargo, todo sería mucho más sencillo para él si las cosas se simplificaran. En su interior, el pelinegro rogaba que ella aceptara su proposición, ya que, de ser así, su vida estaba asegurada y no requeriría de ideas complicadas para salir adelante.

Era bastante obvio que el muchacho no entendía la situación en la que se encontraba, porque, de saberlo, jamás habría pensado en hacer lo que hizo en ese momento. Si bien estaba hablando para razonar con la peliazul, su motivo era el de hacer tiempo mientras sus insectos se extendían por el área, lo que no se tardaron en hacer debido a la nada despreciable velocidad que poseen. Antes de que la joven pudiera reaccionar a las palabras del vagabundo, mucho antes de lo que él esperaba, éste recibió la señal de sus kikaichû.

En ese momento, una nube negra rompió el suelo con furia, interponiéndose entre ambos y bloqueando la visibilidad en el área, momento que el descendiente de los Aburame aprovechó para levantarse de un brinco y salir corriendo lo más rápido que le era posible. Sin escuchar a razones ni pensar en antagonizar a la imponente figura que se había formado en su cabeza debido a sus prejuicios, el muchacho corrió sin mirar atrás en dirección a la capital, sus insectos quedándose rezagados para frenar el avance de la Yuki sin hacerle daño hasta que sus cortas vidas se consumieran.

Si bien sentía ganas de gritar a todo pulmón, despavorido, Joe contuvo ese impulso para que el sacrificio de sus insectos no fuese en vano. Éstos, un par de horas después, antes de sucumbir por causas naturales, volvieron a hundirse en la tierra y comenzaron a devorarse entre ellos para no dejar pista alguna sobre el manipulador de insectos. El vagabundo había escapado y su único rastro había desaparecido; sin embargo, poco sabía él que las consecuencias de sus actos podrían alcanzarlo en el futuro.

Días después, cierto mercader de la capital del Fuego desapareció al salir a comerciar sus bienes, lo que solo se supo cuando se encontró su carreta abandonada en medio de una ruta bastante transitada en el bosque. Debido a que no existía pista alguna sobre su paradero en el área circundante, las pesquisas no llevaron a ningún lado y el caso fue abandonado, o al menos ese fue el rumor que cierto vagabundo de cabello negro y actuar nervioso escuchó mientras mendigaba en las calles del mercado.
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Re: Partida hacia el Norte | Viaje

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