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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

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Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

Mensaje por Akkarin el Miér Sep 07, 2016 6:02 pm

⋞Misión: en busca de la pequeña Kio⋟
- Contexto y reporte -



Agosto 07, 05:20 AM. Desierto del Viento, País del Viento.




El viento arreciante comenzó a amainar, dejando de golpear furiosamente en las ventanas de las pocas viviendas que podían aguantar en medio del inclemente clima desértico. Desde la tormenta de la noche anterior, a pesar de haber cesado y seguido su camino hacia las entrañas del inhóspito desierto, seguía generando ocasionales y traicioneros vendavales que azuzaban a los pocos aventureros que se atrevían a dejar sus hogares para tratar de refugiarse en la Capital. Las temperaturas extremas de la noche, sumadas al viento, habían sido un factor inclemente para los pocos que se habían echado a las arenas.

No fue suficiente para detener a una mujer mediana edad, quien tambaleante y con ayuda de un joven a su lado, cruzó el umbral de su puerta tras toda una noche en vela viajando a través del desierto hasta la Capital. Una vez dentro de su humilde morada, el rostro cansado de la mujer dio paso a una angustia cruda y sincera, que terminó desencadenando en unos sollozos que estremecerían hasta la sangre más fría. El joven a su lado, con ojos igualmente empañados por la preocupación y la resignación, la ayudó a no desmoronarse en el mismo recibidor. Condujo a esta hasta el interior de la casa, llegando a la sala de estar donde ésta al ser incapaz de mantenerse en pie debido al enorme golpe emocional que estaba recibiendo, se dejó caer con pesadez en una de las sillas desvencijadas por el paso del tiempo. No era capaz de dejar de llorar, y aquel sonido atrajo la atención de un nuevo partícipe, un niño de no más de doce años, que salió tentativamente de la habitación sin saber qué decir o hacer. Tanto el joven como el muchacho solo pudieron quedarse quietos, observando el momento de debilidad de su madre e intentando no caer en lo mismo, aunque el más pequeño tuviera lágrimas en sus ojos a punto de caer. Las contenía por pura terquedad.

La mujer había decidido iniciar su travesía a expensas del clima tempestivo con la ayuda de su hijo mayor y dejando a su hijo mediano en casa para vigilar, una vez la tormenta de arena había cesado y habían logrado retirar la arena que solía tapar las entradas. Su hija, su pequeña Kio, había salido justo antes de que la tormenta de arena arremetiera con fuerza. No había sido capaz de encontrarla tras el cese de esta, pero la sola idea de que su hija pudiera haber perecido había sido rechazada al instante. Un sexto sentido de su cuerpo le decía que no, que estaba viva en alguna parte, que simplemente había terminado perdida en un intento de esconderse de la tormenta en alguna parte del desierto. Su pequeña hija había desaparecido, y ella misma era incapaz de encontrarla. No si se había adentrado en el desierto como parecía ser el caso, con la cantidad de depredadores famélicos que estaba habiendo por la escasez de alimento y los bandidos que aprovechaban a blancos fáciles… como podía ser ella o su hija.

No puedo perderla, no puedo perder a mis hijos…” había sido el incentivo más recurrente en su cabeza, llevándola al punto de renunciar a sus pocos ahorros e ir hasta la Capital del Viento para contratar a alguien que pudiera ayudarla. Necesitaba encontrarla aunque fuese a expensas de pasar hambre unas cuantas semanas.

En la Capital, el precio a cobrar había sido exorbitado para una familia tan humilde como la suya, de tres hijos y madre soltera. Pero su decisión había sido firme, y con la regia actitud de los habitantes del desierto, había decidido contratar a un shinobi para su caso antes de regresar a su casa, sin poder costearse una noche de descanso por la falta de fondos al decidir invertir en la búsqueda de su hija. Cinco horas más tarde, habían logrado llegar aun después de los numerosos cambios de clima y el frío que calaba hasta los huesos. Ambos estaban cansados y emocionalmente agotados, pero Hana sabía que no había manera de que pudiera conciliar el sueño.

El hijo mayor, quien seguía con su mano en el hombro de Hana, dio un apretón de consuelo mientras rompía su estática postura, tomando asiento al lado de la desconsolada mujer—. Tranquila, madre. El contratista dijo que enviarían al shinobi cuando el alba despuntase y estaría aquí por la mañana de hoy —su voz trató de sonar esperanzadora, pero a diferencia de su madre, él no era tan optimista. Su hermana tenía seis años, y bajo las circunstancias actuales, lo más sensato era pensar que había perecido sepultada por la arena. Pero no podía decirle eso a su madre en el estado en el que se encontraba—. Debes mantener la esperanza, y ser fuerte hasta que Kio regrese.

Oh, mi Kio, mi pobre, pobre Kio… —los sollozos de la mujer parecieron cesar lo suficiente para dejarla hablar, con una voz nasal que costaba de reconocer hasta para su hijo. Hana nunca se había derrumbado así, ni siquiera cuando padre les había dejado—. Tienes razón, Gyro, sí, sí… No podemos perder la esperanza…

El hijo mayor dio un asentimiento, sintiéndose un poco culpable y más desgarrado por las falsas esperanzas que estaba intentando infundir en su madre—. Así es, madre. Solo resta esperar.

Hana medio varios asentimientos rápidos, intentando convencerse a sí misma de las palabras que había dicho tanto ella como su hijo mayor. El pequeño observaba intermitentemente con una desgarradora tristeza y desasosiego a su madre y hermano, hasta que el último de estos dio un último apretón en el hombro de la mujer antes de levantarse y dirigirse hasta él. Un par de susurros compartidos, un pequeño suspiro, y el pequeño salió corriente hacia su habitación de nuevo sin ser capaz de contener el llanto. Su hermano lo siguió, culpable, en un intento de consolarlo como había hecho con su madre.

La mujer, por otro lado, permaneció sentada. Entre hipidos, su mirada perdida estaba en la mesa, donde sus manos entrelazadas se unían con más fuerza de lo normal.
Encontraría a su hija, costase lo que costase. Aunque tuviera que ayudar al shinobi que habían contratado con sus propias manos.

Una madre tenía que velar por sus hijos y el bienestar de estos, sin perder la fe, ¿verdad?


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Re: Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Jue Sep 08, 2016 4:32 pm

¿Cuanto tiempo llevaba en aquel condenado desierto? Mucho, sin duda. Mi viaje de cacería por las dunas arenosas del Pais del Viento había resultado más duradero incluso de lo que había pensado en un inicio. Multitud de sorpresas y retrasos venidos de varias fuentes habían hecho prolongar mi estancia. Tanto que ya había comenzado a acostumbrarse al polvo, el sol y el brusco cambio de temperaturas. Aquel día caminaba por aquellos inhóspitos terrenos con poco más que la ropa del desierto a la que tanto me había habituado, cubriendo mi cabeza con una tela azulada que recogía también mi pelo. A parte de eso, la enorme púa de la criatura que había cazado recientemente sobresalía entre mis hombros agarrada a mi espalda. Había dejado el resto de materiales en la habitación donde me alojaba pero aquel en concreto lo cargaba conmigo por pura utilidad, aunque dudaba que me fuese a servir en ese encargo era muy consciente de las bestias que habitaban escondidas entre las dunas, y mi espalda todavía presentaba algunas heridas producto de mi último encuentro que servía de prueba para quienes creyeran que en la aridez del desierto no vivía criatura que pudiese atacarte.

Hokori, trotando a mi lado parecía haberse adaptado casi mejor que yo (Sorprendentemente) y es que el can, a pesar de no ser para nada una especie adaptada al desierto había aprendido a aprovechar su tamaño y ligereza como una ventaja para desplazarse por la arena sin hundir sus patas. Pero ¿Qué nos había llevado a salir de la ciudad una vez más? En ese caso no había sido una cacería si no una misión. Un hombre me había hecho un encargo, se notaba que no tenía mucho interés en el mismo así que se lo adjudicó al primer shinobi que se le cruzó por delante, aunque por suerte había sido yo. Por suerte porque el tipo de misión iba bastante a juego con nuestras habilidades. Al parecer una mujer había perdido a su hija en medio de una tormenta de arena porque se le había escapado. Mi contratista no me dio muchos detalles, solo me indicó donde podría encontrar a la madre afectada y poco más. Odiaba cuando la gente era tan despreocupada pero aun así acepté, mas quizás por empatía con la mujer a la que no conocía que por ese hombre. Rastrear personas no sería un gran problema para nuestro olfato así que no me suponía un gran esfuerzo ayudar a una madre desesperada.

No tardé en encontrar la vivienda que se me había indicado. Era simple, sencilla, como tantas otras. No podía decir que las del Pais de la Tierra fuesen mucho mejores o más lujosas pero me parecía curiosa la construcción que tenían en aquel lugar. Si ambos paises tenían algo en común era la aridez de sus terrenos, por lo que comprendía bien lo difícil que tenía que ser para ellos habitar en un sitio tan seco y agresivo. Al alcanzar la puerta di un par de toques a la misma, percatándome de que ni siquiera estaba bien cerrada. Carraspee unos momentos para aclararme la voz. Podría haber abierto la puerta sin dificultad pero por respeto esperé una invitación.

-Buenos días, soy Satoshi, el shinobi que habían requerido... Estoy por lo de su hija.- Expliqué algo dubitativo. No sabía muy bien qué decirles.-Estoy seguro de que no quieren perder ni un solo instante para que encuentre a la pequeña, pero cada segundo cuenta para que su rastro no se enfríe. ¿Puedo hablar con ustedes?

Una vez pudiese ver a la mujer me daría cuenta de que era bastante joven, de pelo negro y ojos enrojecidos por las lágrimas. Intentaba aparentar ser fuerte y decidida pero obviamente la idea de que su hija hubiese sido tragada por las arenas del desierto era suficientemente horrible como para romper aquella corteza dura con la que se cubría.

-Verá, somos expertos en seguir rastros.-Le expliqué brevemente habiendo un gesto señalando al perro que se había sentado en la arena y ahora contemplaba a la mujer con la boca abierta y la lengua de fuera colgando de un lado de la boca, con su expresión alegre y despreocupada... La de siempre, vamos.-Pero necesitamos algo de la chica. Ropa suya, un cepillo, algún juguete... Cualquier cosa que pueda tener un olor para que podamos rastrearlo.-Miré hacia otro lado, sintiendome algo incómodo por la expresión. Para mi era algo usual pero era consciente de que muchas personas no entendían aquello e incluso les sonaba raro cuando decía que quería... Oler las pertenencias de alguien para seguir su rastro. Obviamente no todos podían ser conscientes de que mi olfato era mejor incluso que el del can que tenía a mi lado.-Se que suena raro pero créame, puedo hacerlo.
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Re: Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

Mensaje por Akkarin el Jue Sep 08, 2016 9:22 pm

⋞Primera parte⋟
- Brote de intransigencia -



Agosto 07, 08:45 AM. Desierto del Viento, País del Viento.

Cuando los rayos del sol entraron por la sucia y polvorienta ventana, no aliviaron el estado de ánimo de la vivienda. Es más, ninguno de los integrantes de la familia se había movido apenas desde su llegada. La madre seguía en la silla, con la mirada perdida en la madera de la mesa y las manos juntas en un gesto forzado de esperanza. Su hijo mayor, a su lado, se había movido un par de veces para acercar agua a la mujer, e incluso trató de que comiera alguna cosa. No tuvo éxito en esto último, a pesar de su insistencia. Desde que el alba había llegado a la casa Kimiko, la tensión podía cortarse con un cuchillo de mantequilla.

El ambiente era sórdido, incómodo. Tsubaru, el menor de los dos varones, se había negado a salir de su habitación desde el fatídico regreso y el poco tacto del mayor al transmitir la noticia. No había sido bien recibido, desde luego, por la dura mirada despreciativa que habían recibido antes de que saliera corriendo. Su madre, por suerte, no lo había llegado a ver.

Él, por el contrario, sí. Y aun así, sabía que de los tres, era el más resistente. No tenía una visión idealizada, como su hermano, ni una esperanzadora, como su madre. La cruda realidad de las probabilidades era lo que existía para él, y debido a su hosquedad por su propio dolor, no había sido capaz de amoldarse un poco a la manera de ser de su hermano.

Cuando de repente la familia escuchó una voz en el exterior, anunciando su llegada sin haber picado anteriormente, fue la madre quien reaccionó antes que nadie. Levantando la cabeza de golpe y terminando de secar sus lágrimas con furiosos gestos, recompuso su porte lo mejor que pudo. Era un triste intento por su parte, puesto su rostro reflejaba como un libro abierto el sufrimiento que llevaba encima. El hijo mayor, por otro lado, era más sutil y con mucho más control de si mismo, componiendo su porte como el de alguien ilegible.

Pase, le estábamos esperando —a pesar de un ligero temblor inicial, la voz de Hana no se rompió ni titubeó en ningún momento. Hosca, como su hijo, a la hora de tratar de disimular su propio dolor.

La atmósfera en la casa era sofocante, pero cuando el joven entró finalmente a la vivienda y quedó a la vista de los únicos miembros de la familia en la sala de estar, pareció intensificarse en vez de aminorar. Un silencio sepulcral corrió entonces al ninguno mediar palabra durante unos segundos, solamente roto cuando el perro era incapaz de disimular sus respiraciones caninas.

Gracias por su rápida llegada a mi casa —habló de nuevo la madre, tomando la mano de su hijo disimuladamente. Gyro comprendía que se trataba de un gesto para confortarse a si misma, y darse el valor suficiente como para mantener la compostura y no romperse en frente de aquel extraño. Desesperados o no, eran gente de Suna. Orgullosos como el que más, no dejaban que desconocidos vieran sus puntos débiles—. Necesito... —Hana inhaló profundamente, como si un error hubiera sido hecho—, necesitamos su ayuda para encontrar a mi hija, por favor...

Ambos escucharon atentamente, quedando un tanto descolocados y renuentes ante la demanda de este, a pesar de que su explicación era lógica para la familia. No les hacía nada de gracia tener que renunciar temporalmente a algo de su hija, ni siquiera para olerla un momento a este... forastero. Ni siquiera era alguien de su tierra, claramente por sus rasgos y acento. Pero era Kio...

El rostro de la madre estaba completamente en conflicto, obvio para todos ellos.

Si es para mi hermana —tomó la iniciativa esta vez Gyro, viendo como Hana se debatía entre su desesperación y su costumbre inflexible—, puede tomar su man---.

¡NO!

Interrumpiendo de repente como si de una ofensa personal se tratase y con los ojos cargados de rabia, el pequeño Tsubaru abandonó los confines de su habitación para encarar no solo a su hermano, quien había cortado de golpe. No.

Sus ojos estaban clavados en el muchacho shinobi.

¡No pienso dejar que una rata extranjera se lleve algo de Kio, cuando es obvio que está muerta y que ni siquiera los de la ciudad piensan que hay posibilidades! —rugió sin piedad, dando un paso adelante con impertinencia y rabia.

¡Tsubaru! —el enojo de Gyro era fuerte ante la mala eduación y las palabras de su hermano. Más aún cuando Hana, incapaz de poder aguantar el estallido emocional y las palabras del pequeño, se rompió de nuevo en un mar de sollozos desconsolados—. ¿¡Qué demonios te crees que haces hablando así y tratando a nuestro ayudante de esa manera!?

¡Solo he dicho lo que todos pensáis! —arremetió de nuevo el pequeño, señalando al shinobi sin pudor alguno y enseñando los dientes—. ¡ESE es un forastero, alguien de fuera, y si no nos han asignado a alguien que conoce este desierto es porque es un caso perdido! ¡Solo se ríen de nosotros, nos roban el dinero haciendo que pensemos que van a encontrarla, y seguro que Kio está ahí fuera muer--- —una bofetada resonó en el aire.

Gyro, quien se había acercado hasta su hermano en ese lapso de despotricar enojado con todo, había propinado una bofetada de advertencia a su hermano, callándolo en el acto. Los ojos de Tsubaru se llenaron de lágrimas.

No hables de esa manera, niñato insolente—siseó, fulminándolo con la mirada—. Desde luego que si nos rendimos y la dejamos a su suerte, perdemos cualquier tipo de oportunidad de salvarla.

Finalmente, el muchacho soltó un rugido de ira ahogado en un sollozo, y salió de nuevo corriendo por la misma puerta por la que el forastero había entrado sin mirar atrás. Quedando solo con los sollozos incesantes de la madre, Gyro suspiró, volteando hacia el joven con ojos cansados y varios años más viejo que su edad.

Lamento que haya tenido que presenciar esto. Ahora mismo... —su mirada se posó titubeante en Hana, luego en la puerta, y finalmente en el muchacho—, no estamos en nuestros cabales y Tsubaru es muy susceptible. Iré más tarde a buscarlo, cuando se haya calmado. Ahora mismo le traigo lo que necesita —tras decir aquello, el joven desapareció en una de las muchas bocas de pasillo que habían en aquellas viviendas características del desierto.

Tras unos largos segundos de espera, el joven regresó con lo que parecía ser una manta en sus brazos. Debido a las frías temperaturas de la noche, era algo normal dormir con numerosas de estas en un intento de cobijarse. Era la manta de Kio, y como normalmente dormía siempre con ella, era una de las cosas que más olor suyo tendría.

Tome, y haga lo que pueda —tendió Gyro al Inuzuka, con el rostro serio y desesperanzado.

Hana siguió llorando, murmurando para si misma de manera apenas audible. Levantando los ojos y con el rostro desgarrado, fijó su mirada en el muchacho en frente de ella con una suplica muda en estos.

"Por favor, devuélveme a mi hija sana y salva."

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Re: Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

Mensaje por Satoshi Inuzuka el Dom Sep 11, 2016 3:50 pm

Cuando me pidieron pasar se hizo evidente que no les agradaba mi presencia. Si, era el ninja que iba a ayudarles y rescatar a su hija, pero tenía estampado en la cara la palabra "Extranjero" y claro, a la gente no le gustaba eso. Llevaba conviviendo con eso desde que había llegado. Me parecía absurdo que la gente se comportara de aquella manera. A pesar de que nuestros feudos no tenían ningún conflicto eran incapaces de aceptar a los demás... Aunque la vida de sus hijos dependiese de ello. No me importaba en el fondo, al fin y al cabo no era mi trabajo criticar su comportamiento. Sin embargo la situación se intensificó cuando pedí algo para poder rastrearla. El hijo más pequeño de la familia se negó en rotundo a que me diesen nada para cumplir mi trabajo, parecía creer que estaba muerta y que un extranjero como yo no merecía ni siquiera la oportunidad de intentar cumplirlo. Lo más triste fue que pensara que por encargarme el trabajo a mi era por que los de la capital no tenían esperanza en ello. Cuando el niño se fue, prácticamente expulsado por las palabras de su hermano determinado a encontrarla, suspiré sin decir nada más. Había permanecido callado puesto que no quería agravar la situación y sabía que en esos casos se podía hacer más mal que bien.

-No te preocupes, lo entiendo, no es la primera vez que me dicen eso.-Le respondí con una leve sonrisa al muchacho de larga melena negra. La madre, por otra parte había permanecido callada prácticamente desde que había entrado. Ella tampoco parecía muy cómoda con mi presencia pero al menos se lo reservaba. El muchacho se marchó de allí y tras un rato regresó con una manta que me entregó. Asentí tomándola con suavidad y la acerqué levemente a mi nariz, memorizando el olor. Una niña pequeña, de eso no cabía duda, se notaba. Asentí y la aproximé a Hokori quien hizo lo propio, tras lo cual... Simplemente se la devolví al joven.-No te preocupes, solo necesitaba saber el olor, no necesito llevármela ni sacarla de vuestro hogar. Comprendo que esto es algo personal. En cualquier caso, vamos a trabajar.

Me aproximé a la puerta de la casa y allí mismo alcé levemente la barbilla mientras abría mis fosas nasales, intentando percibir todo olor que pudiese y realizaba un único sello. Había muchas cosas en el desierto, multitud de aromas que venían de todas partes pero durante algunos segundos me mantuve quieto, aislando los que no coincidian con el que buscaba, intentando encontrarlo entre aquel montón. A mi lado el can hacía lo propio olfateando en todas direcciones, a él se le daba mejor esa tarea, aunque yo tenía más rango de detección.

-Un oasis a unos trescientos metros de aquí, el olor del agua y las plantas es evidente... Un grupo de coyotes a cerca de un kilómetro, pero se alejan, un hay cerca de... ¿Cuarenta personas? Caminando por el desierto, más de la mitad van en grupo... Hokori, busca por el suroeste.-Le indiqué al can para precisar mejor la ubicación, creía haber notado algo.-Mm... ¡Oh! La tengo, está a menos de quinientos metros en aquella dirección. Ha caminado bastante y se está moviendo así que sigue viva.-Deshice el sello y me ajusté bien la ropa para comenzar a caminar por el desierto.-Pronto podréis volver a verla.
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Re: Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

Mensaje por Akkarin el Miér Sep 14, 2016 10:38 pm

⋞Segunda parte⋟
- Síndrome de Estocolmo -



Agosto 07, 09:03 AM. Desierto del Viento, País del Viento.

P-Por favor... —la queda voz de la mujer pareció finalmente ceder a la presión, rompiéndose un un inicial tartamudeo—. Recupérela, es mi pequeña Kio...

Gyro, aun con la tensión en el cuerpo y el desaliento no tan obvio en sus ojos, se posicionó detrás de la susodicha, quien se había girado hacia la entrada (y por ende, hacia donde el shinobi rastreador había ido). Puso sus manos sobre los hombros de esta, masajeándolos en un intento de confortarla mientras él cernía sus ojos en el rastreador que parecía partir de manera inminente—. Confiamos en usted.

Y aquello fue lo último que dijeron, antes de que este empezara la búsqueda y ellos mismos cerraran la puerta, con sus esperanzas en el filo de la cuchilla.

〘 ∘ ○ ❍ ● • 〙

Tras dejar a la familia en la vivienda, con sus cuerpos algo más aliviados y menos tensos al no tener que renunciar a una de las posesiones de la desaparecida, la quietud del desierto fue inminente.

No había vecinos en las inmediaciones, lo cual dificultaba en extrema medida la posibilidad de recibir algún tipo de ayuda externa. Las dunas del desierto prácticamente se cernían incluso por la pequeña casucha en la que la humilde familia vivía, a punto de ser engullida debido a la innecesaria cantidad de arena que la tormenta había removido.

El viento estaba, a diferencia de la noche, completamente imperceptible. Ni una brisa, ni tan siquiera un pequeño respiro. El sol picaba con fuerza, anunciando que aquel día sería uno de los duros, aquellos donde el calor era tan agobiante y fuerte que impedía viajes largos. Los oasis eran la fuente de alivio en aquellos días, pero incluso la sombra de una de las palmeras o arbustos era insuficiente.

Calor, y más calor. Sin un respiro, con la arena pegándose a cada parte del cuerpo que no hubiera sido cautelosamente puesta a cubierto, e incluso así, siempre existía un recóndito acceso que se encontraba. Nunca se salía del desierto sin estar rezumado en esa molesta arena.

Un aullido cruzaba de vez en cuando la quietud. Tras unos segundos, otro aullido similar a un chillido rompía. Poco después, otro, hasta que un séquito de gruñidos y algo parecido a las risas estridentes rompían del todo el silencio.

Tras ello, una pelea. Gruñidos, quejidos, silencio otra vez.

Y de nuevo, las risas.

¿N-No... N-No vais a comerme? —una voz infantil se podía escuchar. Estaba escondida, en un intento de usar los matorrales del oasis. No había sido suficiente para ahuyentar al par de coyotes que habían ido en busca de hidratarse y la suerte les había sonreído.

No había sido, no obstante, su día de suerte.

El animal en frente de ella ladeó la cabeza. Acercándose precavidamente, casi como si dudara de comérsela o oliera el miedo en la niña quien aún no había sido pasto de su ataque, avanzó lo suficiente como para olfatear el aire. La niña, por inercia, intentó retroceder. El animal gruñó al instante, sacando los dientes. Los cuatro animales detrás de este le imitaron, y la niña, paralizada por el miedo, no pudo evitar quedarse en su sitio inmóvil.

Iban a comérsela. Por dios, ¡la habían salvado solo para darse ellos el festín!

P-Por f-f-favor, p-p-perrito... —la niña no sabía que tipo de animal era lo que tenía en frente, pero le recordaba extrañamente a un perro por su forma. Sin embargo, eran más grandes de los que estaba acostumbrada a ver y desde luego no eran zorros del desierto. Eran pardos, y muy, muy intimidantes a pesar de sus aullidos similares a risas.

Y estaban en frente de ella. Detrás, vio que no solo había cinco. Sí, eran cuatro grandes detrás del que se le acercaba más, pero había como... siete u ocho crías más, alrededor y curiosas. Los ojos se le humedecieron al punto en que no podía vislumbrar bien las siluetas. Tenía al perro prácticamente encima, olfateando el aire y con los dientes sobresaliendo de sus labios...

Hasta que su ocico se posó en su cabello, y no hizo nada. Escuchaba la fuerte respiración de este, y más tarde, la de los otros cuatro encima de ella. Temblaba, de cabo a rabo, pero ni se atrevía a abrazarse las piernas por miedo a que se pusieran agresivos y le atacaran.

Una lamida vino en su cuello. Tras esta, otra más. Y otra. Y una más. Un par de sonidos extraños pero no amenazantes, y cuando quiso intentar ver más allá del suelo y las patas, le fue imposible.

Algo, casi como una masa de muchas cosas moviéndose, se le echó encima desde muchas direcciones.

Las crías habían tomado ese momento como una vía libre para atacar a mordiscos indoloros y lametones a la muchacha. Dos de los cinco adultos se estiraron a la sombra de los matorrales, sacando la lengua y sin mostrarse agresivos. Otro par, aprovechando el cadáver de el único de los coyotes que habían matado, empezó a comer por si mismo. Atrajo la atención de tres de las siete crías, que se arrojaron fuera de la pobre niña para ir a comer ipso facto.

El miedo de la niña quedó sustituida por una infantil felicidad. El macho, el primero que se le había acercado y parecía ser el alfa de la manada, la había por lo visto catalogado como algo no peligroso para ellos. Al punto en que dejaba que se acercase a sus crías. Incluidas las hembras.

Le estaban cuidando, e incluso una de las hembras le instó a acercarse al cadáver para que comiera, como una cría más.

Le habían salvado. Pero... ¿cómo?

¡Bah, qué más daba! Eran perros inofensivos por lo visto, y la estaban protegiendo. Tal vez, podría estar un poco relajada por aquí y más tarde, buscar el camino a casa cuando el sol no fuera tan fuerte.

Sí, eso haría. De mientras... podía quedarse aquí, en el oasis, sin dar tumbos por el desierto perdida como había estado.

〘 ∘ ○ ❀ ● • 〙


Enemigos:

Animal: Lycaon y Hiena manchada.
Cantidad de Adultos: 5 (dos machos hiena, tres hembras Lycaon).
Cantidad de Crías: 7
Imagen (de ambas especies):



Comentarios:

No, ésta vez no tendrás que pegarte con nadie ni tendrás una cantidad ingente de NPCs. He decidido que tal vez, solo tal vez, tengas que lidiar con esto como el buen domador de perros que eres: parlamentando. Es una especie de perro del desierto, para informarte, que suele subsistir en los susodichos. Sus similitudes a las hienas son por el parentesco directo que tienen con las susodichas. Además, como el cruce que son, te lo pongo algo más difícil por tratar por definición, con los 'medio-perro'.

¡Suerte!
Akkarin
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Re: Misión Rango D: en busca de la pequeña Kio ⌠Narrada⌡

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