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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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La unión de dos voluntades opuestas.

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La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Kyoki el Dom Sep 25, 2016 5:44 am




Capitulo 2
La unión de dos voluntades opuestas.

Por la Mañana~


Remordimiento, ira, dolor, vergüenza. Kyoki no sabía que sentir en ese momento. Su mirada era esquiva y su postura dejaba en claro lo incómodo que se sentía. Cada vez que la fémina se movía, aunque fuera por muy poco, él se preocupaba  y deseaba buscar la manera de hacer que se recostara nuevamente y descansara. No obstante, una parte de si le aseguraba que ella no iba a querer que él le tocase ni siquiera un solo cabello ahora que estaba consciente. No podía juzgarla, después de todo había recibido una paliza de muerte por su culpa, por su falta de fortaleza. No podía comprender porque le dirigía la palabra, aunque sus frases eran muy vagas y llenas de dudas.

Aún seguía llamándole la atención el hecho de acordarse de todo. Cuando Yami tomaba el control, él podía de alguna forma presenciar lo que hacía su contraparte y en ocasiones refrenarlo. Sin embargo, una vez que regresaba a la “normalidad”, era como si hubiera salido de un serio estado de ebriedad en el cual su cerebro amenazaba con salir explosivamente de su cabeza al mismo tiempo que le era complicado mantenerse en pie debido a los mareos. La única forma de saber que su alter ego había hecho estragos era cuando despertaba rodeado de cadáveres; o por caras poco amistosas que amenazaban con cortarle la cabeza; o en un lugar totalmente alejado de la civilización, cubierto de sangre y mugre. Esta vez solo se presentaron los dos primeros “síntomas”. Los mismos habían desaparecido antes de que la fémina despertara.

Los rayos del sol se colaban por la abertura que dejaban las ventanas abiertas de la habitación, iluminándola. Por primera vez el Nara se animó en mirar a la muchacha, y vaya que la miró esta vez. No era precisamente la definición de la belleza, pero había en ella algo que definitivamente la hacía atractiva. En ella se podía apreciar la fragilidad de una damisela y la vez, detrás de aquellos ojos grises, una fortaleza oculta, bastante hipnotizante. El pelinegro sacudió la cabeza, haciendo que su cabellera azabache se agitara.
Calma tu ímpetu, idiota —se dijo, mientras que se levantaba de la cama. De tres zancadas llegó hasta la pared en donde había despertado. Ahí, contra la misma, estaba recostada una mochila de mediano tamaño que se veía estaba llena de varias cosas—. No tienes tiempo para pensar en cosas más importante, como lo que sucedió anoche, mucho menos para pensamientos que están fuera de lugar.

Apenas se dio la vuelta para encarar una vez más a la joven, cuando sus oídos captaron como la puerta de la habitación retumbaba. Los goznes de la misma temblaron bajo los primeros tres golpes, y terminaron cediendo a la cuarta arremetida. La puerta salió volando en dirección al pelinegro, quien corría el riesgo de terminar aplastado bajo el peso de ésta. Fueron los buenos reflejos del Nara lo que evitó que esto sucediera.
Rápidamente se había apartado, y a una velocidad endemoniada, mientras que los soldados de la capital entraban a trompicones al cuarto, pasaría sobre la cama y llegaría hasta donde estaba la fémina. En un ágil movimiento, y acomodando su postura en dirección a la ventana, Kyoki pasaría su brazo derecho por detrás de las piernas de la muchacha y colocaría su mano izquierda también detrás de ella, al nivel de los hombros. De esta forma la alzaría y saldría con ella a través de la ventana, justamente cuando un soldado rozó la mochila del Nara con la intención de engancharlo y así atraparlo. Aterrizarían en el medio de la calle, pero rápidamente el joven retomaría los tejados. Se desplazaría por ellos unos cuantos metros hasta llegar a un lugar que consideró seguro para quienes huyen de la ley: un callejón solitario, para nada angosto.
Bien, aquí podremos descansar un poco —dijo, mientras que dejaba a la chica en el suelo—. O más bien yo recuperar algo de aire. Eres engañosamente pesada. —Buscaba una forma de romper el hielo. No sabía por dónde empezar después de todo lo ocurrido—. Y contestando a una de tus inquietudes en la recámara —prosiguió—, si, no te ignoraba, solo que tenía otras cosas que pensar, ¿me creerías si te digo que me teñí el cabello mientras dormías?

Se dibujó una sonrisa torcida en su expresión. Se sentía bastante patético. Con su mano derecha se frotaba enérgicamente el cabello, acentuando aún más su nerviosismo. Al final dejó caer la misma y soltó un largo suspiro. Una brisa helada vino del lado oeste de la calleja. Tiritó.
Lo siento —soltó al final—. Estoy seguro que debes pensar que soy un monstruo y no intentaré convencerte de lo contrario. Solo permíteme ayudarte a salir de esta situación. Es lo menos que debería hacer por ti.

Sus ojos estaban fijos en los de ella, esperando que ella lo aprobara. El viento helado sopló nuevamente, esta vez con más fuerza. El pelinegro entonces reparó que lo único que cubría la parte superior de la joven eran aquellos delgados vendajes, que por cierto no dejaban mucho a la imaginación. Tras haber dejado la mochila en el suelo, se quitó la camiseta, dejando a la vista su delgada musculatura. Le ofreció la prenda a la chica.
Ten, te hace más falta a ti que a mí. Te quedará un poco grande, pero no puedes ir por ahí mostrando tu —se sonrojó y luego carraspeó—… Te-tenemos que encontrar la manera de salir de aquí. Debemos pensar rápido. Será cuestión de minutos el que nos hallen.


Última edición por Kyoki el Dom Oct 30, 2016 1:36 pm, editado 7 veces (Razón : Corrección ortográfica.)
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Safira el Dom Oct 02, 2016 5:16 pm


El viento soplaba frío en aquella mañana de otoño, y se colaba por la ventana de forma tan brusca que las coletas de la Yuki se zarandeaban en el aire mientras observaba a través de ella. Curioso era el efecto de que, cuando más rápido debían moverse y pensar y actuar, más lento parecía transcurrir el tiempo. Los golpes a la puerta sonaban graves y fuertes, y cuando aquellos mastodontes consiguieron tumbarla, los ojos de la forastera se redirigieron de forma impulsiva hacia aquel chico de cabellos azabache. –Wow.-no tenía nada más que decir ante aquella pequeña muestra de reflejos que alcanzó a realizar en pos de esquivar aquella tabla de madera.

Se sujetaba con su mano derecha la costilla por el costado izquierdo. Realmente le dolía, y aquel dolor se hacía cada vez más intenso. Algunas delicadas gotas recorrían parte de su frente en señal del sudor provocado por una leve fiebre causada por el dolor.  “Debería haber reposado más… mierda…” hacía alguna que otra mueca de dolor, y su respiración era todavía acelerada. Había dejado ya de mirar al pelinegro para observar de forma avispada la ventana y su vertiginosa caída. –¿Cómo cojo…-intentaba planear de algún modo su salida del lugar sin resultar más dañada de lo que ya estaba, pero aquel susurro fue interrumpido por completo en el momento en que el otro, con la mayor rapidez que había podido contemplar en su vida, más aún incluso que Ryuji, la acogió entre sus brazos, agarrándola con fuerza para que no cayera. –AAAAH!-no pudo evitar soltar un pequeño grito de sorpresa viéndose caer y casi estampándose contra el suelo.

-Fuf….fuf….-sus suspiros no eran otra cosa que una muestra del dolor. Podía sentirse agradecida, aunque difícilmente lo admitiera, de que aquel joven la hubiera vuelto a salvar, pero aquello no quitaba que el agarre hubiera reforzado el dolor que ya sentía. –Imbécil…-intentaba hablar entre jadeos, sin embargo sus pulmones estaban demasiado ocupados respirando con aquella dificultad. Caminando como pudo, tanteando a la vez el terreno, la Yuki se acercó a una de las paredes de aquel oscuro callejón, tan perfecto para esconderse como siniestro para ojos de cualquier persona normal. Pero si algo estaba claro que aquellos dos no entraban en los estándares de normalidad.

Se encontraba en un estado de concentración tal para intentar frenar mentalmente aquel dolor que las palabras del otro apenas eran un ruido de fondo. -¿Te teñiste? ¿Cómo lo hiciste? ¿Con mierda?-su mirada estaba fija en el cielo mientras soltaba aquellas tan “descorteses” palabras. Quizá un poco fuertes viniendo de alguien que daba una apariencia tan distinta a como realmente era, sin embargo no pensaba cortarse a la hora de expresarse, pues aquello era, también, una de las libertades que había conseguido obtener. –Por tal y como hueles tampoco me extrañaría mucho…-una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro después de tomarse aquella pequeña licencia para hacer una broma.

-Cállate ya, chico kage…-por fin había conseguido calmar su dolor y podía volver a respirar y hablar con, al menos, más comodidad de la que tenía hace un momento. Fijó su mirada en la de aquel chico. Hacía rato que se había dado cuenta de cómo la miraba, y no era el primero que lo hacía. Aquellos ojos que rastreaban todo su cuerpo, mirándola de arriba abajo. Algunos lo habían hecho con vergüenza, otros con lujuria, y alguna de aquel burdel con envidia. Apoyaba sus manos en el suelo mientras se incorporaba a medias contra la pared. –No eres un monstruo, o al menos he conocido gente peor que tú…tsk… créeme.-a pesar de todo, no podía evitar dejar caer aquellos sonidos de dolor, aunque intentara que pasaran desapercibidos. –No necesito tampoco que me ayudes a salir… saldremos los dos.-Lo miró con resignación pensando “¿Qué menos puedo hacer? Le debo la vida, de alguna manera…” Lo que menos necesitaba ahora en su vida era depender de alguien, sin embargo algo tenía claro: lo vendería por dos cerdos si con eso conseguía comida. No obstante, otra parte de ella notaba un sentimiento cercano. Una especie de proyección con él. –Parece que tú también has sufrido… eso no importa ahora, tenemos que irnos. –El viento hizo que sus trenzas volvieran a ondear en el aire, y que su flequillo se volviera una maraña de pelo.

Muchas habían sido las noches que había pasado en vela, tanto en el cálido verano como en el crudo invierno, a la intemperie, por cualquier castigo injusto de aquel desalmado que tenía por una especie de hermano mayor.  Aquel viento no suponía nada del otro mundo para su piel, la cual, a pesar de estar desnuda, ni se había erizado lo más mínimo. El chico, por su parte, seguía mirándola con aquellos mismos ojos de hace un momento atrás. Mas no eran los mismos ojos de la noche anterior. No había quedado claro qué le había ocurrido, ni quién era el otro joven de blancos cabellos, pero tampoco era momento de preguntarlo.
“Grrrrrrrrr… wouf!” “Nyaaaaaaaaaa” un perro y un gato se peleaban al final de aquel callejón mientras ella se acababa de poner la camiseta. El gato perdía, con gran desventaja además, contra aquel perro el cual le sacaba como dos veces su tamaño. Sin embargo, aquel pequeño minino no se cansaba de combatirlo, permanecía en pie como podía para tratar de defenderse. Se aferraba a la vida con uñas y dientes. Con una fina mirada de reojo los vio y una bombilla se iluminó en su cabeza mientras se regocijaba internamente de su idea, y externamente exponía una sonrisa bribona. –Ven, he tenido una idea. –Esperaba que el otro, astutamente, se diera cuenta de su plan. Con unos pocos y veloces sellos con las manos, la forastera asumió, paulatinamente, la imagen de aquel gato que peleaba con el chucho. Un gato grisáceo, a rayas blancas y negras en el lomo, y con unos ojos azules más claros que el propio cielo. Durante un par de minutos, esperó a que su compañero se moviera y la imitara para, posteriormente, poder encaminarse a la salida de la ciudad sin problema alguno.


Técnica:
Jutsu de Transformación (変化の術, Henge no Jutsu)
[Progresiva de cantidad| Ninjutsu]
Es un jutsu que permite al usuario poder adoptar la apariencia de otra persona, animal u objeto. Este jutsu es considerado uno de los más difíciles entra las técnicas básicas enseñadas en la academia. Para realizar el mismo se debe emitir constantemente chakra manteniendo la imagen a adoptar en la mente. Para esto, el usuario debe interactuar con el medio ambiente. En ninjas de poca experiencia provoca un gran agotamiento mental.
Genin: Podrán mantener la transformación por 3 turnos.
Chūnin: Podrán mantener la transformación por 6 turnos.
Jōnin: Podrán mantener la transformación por tiempo ilimitado, pero les consumirá chakra constantemente.
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Kyoki el Mar Oct 11, 2016 4:44 pm

La idea de transformarse en un saco de pulgas y garrapatas no animaba mucho al pelinegro. Por unos segundos se rebanó los sesos,  buscando otra solución. Al final, sabiendo que el tiempo apremiaba, dejó escapar un suspiro de resignación mientras que el pobre felino emprendía la retirada, bastante lastimado. El can se dio la vuelta hacia el pelinegro, dedicándole una mirada salvaje y gruñendo ferozmente. Por un momento Kyoki se sintió nervioso, creyendo que el animal correría hacia él y le saltaría encima. No obstante, éste optó al final por dar la vuelta y perderse entre las sombras.
Vaya que es un animal violento —dijo—. Podría rivalizar con un huargo en lo que a ferocidad se refiere. Demonios.

No muy animosamente Kyoki realizó los sellos correspondientes para la transformación. La velocidad con los que los hizo parecía más bien de alguien quien recién estaba aprendiendo la técnica. Una estela de humo cubrió todo su cuerpo, y cuando la misma se disipó, apareció en su lugar el mismo perro que se había borrado de escena. Éste tenía el pelaje totalmente negro y erizado, ojos amarillos y fieros, sus dientes eran grandes y afilados como cuchillos, de patas fuertes que terminaban en peligrosas garras, y una larga cola. Parecía más un lobo, aunque probablemente dicha raza se encontraba en su mestizaje.
Es curioso —dijo el Nara—. Esto se asemeja un poco a lo de —calló por un momento. En otra circunstancia podría verse cómico como un can de semejante porte, que además podía hablar, adoptaba una imagen tan lastimera—… Lo siento. Bueno, si no me engaña mi instinto, imagino cual es el siguiente paso. No te preocupes por mi velocidad. Haremos de esto una actuación convincente. Sin embargo, tenemos que ser lo más rápidos posible. En mi caso esta transformación no durará mucho. Suerte que la salida no está muy lejos de aquí. Solo tenemos que salir de esta calleja y dirigirnos doscientos metros al este. No creas que corrí hacia cualquier dirección al salir por la ventana. Sé muy bien en donde estamos, aunque eso no deja de ser curioso… y ahora
Entonces, y metiéndose de lleno dentro de su papel, dejó salir un gruñido bastante convincente. En verdad parecía un animal salvaje a punto de descuartizar a su presa, que en este caso sería la jovencita transformada en gato, solo que esta vez él estaba bajo total control… o eso creía.

Técnica:
Jutsu de Transformación (変化の術, Henge no Jutsu)
[Progresiva de cantidad| Ninjutsu]
Es un jutsu que permite al usuario poder adoptar la apariencia de otra persona, animal u objeto. Este jutsu es considerado uno de los más difíciles entra las técnicas básicas enseñadas en la academia. Para realizar el mismo se debe emitir constantemente chakra manteniendo la imagen a adoptar en la mente. Para esto, el usuario debe interactuar con el medio ambiente. En ninjas de poca experiencia provoca un gran agotamiento mental.
Genin: Podrán mantener la transformación por 3 turnos.
Chūnin: Podrán mantener la transformación por 6 turnos.
Jōnin: Podrán mantener la transformación por tiempo ilimitado, pero les consumirá chakra constantemente.
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Safira el Jue Oct 13, 2016 5:21 pm

“Por fin, es mi momento” pensaba mientras soltaba por su boca felina un maullido tan estridente como ensordecedor. Su posición de las patas de delante pegadas al suelo completamente y la parte del lomo y su cola estirados hacia arriba solo dejaba clara una cosa: se preparaba para combatir. Con aquella simple postura era mucho más fácil lanzarse contra aquel gran perro que la acosaba constantemente.
Lo miraba con ojos pícaros, con sed de venganza y con ganas de devolverle cada uno de los golpes que le había arremetido. Llegó incluso a lanzarse contra él hasta ponerse frente suya y volver a soltar un maullido amenazante. Sin embargo, en el momento que levantó una zarpa para intentar arañarle, se frenó a sí misma. No podía hacerlo. Por muy enfadada que se sintiera, le había salvado la vida, de alguna forma sabía que le debía bastante, aunque no quisiera admitirlo. Se limitó a refunfuñar y soltar pequeños maullidos hasta que le dio la espalda y comenzó a correr esperando que el otro la persiguiera como si fuera él el cazador y ella la presa.

-Fuah tendrías que haberla visto…que cuerpo... ¡y qué piernas!-dijo uno de los guardias que charlaban tranquilamente en la puerta. Apenas tenían trabajo, menos aún en una ciudad tan pacífica como aquella en la que, a pesar de todo, lo único que les sobraba era pobreza.
-Cuenta cuenta.-le replicaba el otro, curioso de la historia que estaba por contar su compañero.
-¡Guardias! ¿Los habéis visto?-de repente, uno de los soldados que habían entrado en la posada donde habían quedado hospedados el Nara y la Yuki entró de nuevo en escena, interrumpiendo su coloquial charla, preguntando por aquellos bandidos.
-¿A quién, señor?
-Son dos, un chico y una chica. Ella estaba malherida, y él…bueno, dios sabe que le habrá hecho como para que esté así… -el policía no podía evitar sentir lastima por la pequeña Safira. La recordaba tan poca cosa, tan niña.- Sea como sea, esta noche armaron demasiado revuelo en un callejón y eso no se puede permi…
“Nyaaaaaaaaaaa” el sonido estridente de la forastera alertó a aquellos guardias pasando por entre sus piernas. Estaba en su ser comportarse de aquella manera tan provocativa, lo hizo incluso de forma involuntaria.
-Agh maldito gato… Hmpf… -cayó al suelo después de los pequeños saltos que había dado por aquella intromisión-Bueno, como os decía…

Ya se encontrarían demasiado lejos como para oírlos, al menos a cien o doscientos metros desde aquel gran portón que daba entrada y salida a la ciudad.  Se escondió entre unos arbustos y, dejando de concentrar el chakra necesario, deshizo aquella técnica que les había sido de tan gran utilidad para salir de allí.
-Buf… Parece que lo hemos conseguido, ¿no?- miraba hacia los guardias que habían dejado atrás, viéndolos enanos en la lejanía, sin haberse movido ni un ápice. –Agh…mierda…-se agarró uno de sus costados, a la altura de las costillas, sintiendo de nuevo aquel atronador dolor. No debería haberse movido de la forma en que lo hizo, sin embargo ahora ya era tarde. Debía aprender a convivir con aquel dolor por el momento. Se dio un par de golpes en el mismo sitio donde tanto le dolía y respiró profundamente para calmarse. Internamente, aquellos golpes fueron un total infierno, pero externamente su cara intentaba no dejar traspasar ni una sola mueca de dolor.

-Soooo, sooo…- gritaba un viejo a lo lejos, apenas a veinte metros de donde se encontraban. –Necesito descansar…Ya no estoy para estos trotes. –se lamentaba de su ancianidad, pues perfectamente podría decirse de él que tendría como sesenta años. Un viejo comerciante, con su caballo y su carro. Para su desgracia, había llegado en el peor momento al peor lugar que podría haber llegado.
-Ey, mira.-le dijo a su compañero quien, de haber ido todo bien, se encontraría a su lado agazapado tras los setos. –¿No crees que ese caballo está en muy buena forma? Podríamos llevárnoslo para huir de aquí más rápidamente. –la forastera lo miraba como si fuera un muslo de carne bien hecha, y tampoco iba tan equivocada pues, además del caballo, aquel anciano portaba consigo varias piezas de carne de lo más suculentas que bien podrían alimentarlos al menos lo que quedaba de día, para poder recobrar fuerzas después de todo lo ocurrido. Se relamía con su lengua las comisuras de su boca mientras lo miraba fijamente esperando la respuesta del pelinegro. El dolor parecía haber desaparecido momentáneamente, o eso creía, pues al minimo movimiento que realizara en pos de atacar al viejo seguro se lamentaría de ello al segundo siguiente.
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Kyoki el Dom Oct 16, 2016 3:49 am

Definitivamente es una mala influencia —se dijo el Nara, quien estudiaba detenidamente la situación. Éste se encontraba a la derecha de la pelinegra. No pudo evitar soltar una suave y corta carcajada—. Tampoco podría decirse que yo soy un santo. Sin embargo, tener que lastimar a un anciano
Pero no había otra opción. Abandonar aquel territorio a pie no era la mejor de las ideas. Dado a las contusiones y heridas de la jovencita, seguro irían a un paso bastante lento, lo que no era conveniente si la guardia de la aldea decidía extender la vigilancia a los alrededores para intentar evitar cualquier intento de fuga de ambos.
Kyoki dejó escapar un suspiro, una señal que a lo mejor su compañera a esas alturas ya podía interpretar como una costumbre de él al tener que hacer cosas que no le gustaban —pues estaba consciente de que aquella muchacha no iba a poder moverse con mucha libertad como para poder asestar “el golpe de gracia”. Como era común en el pelinegro, mientras que el viejo buscaba entre su equipaje lo que parecía un envase de agua, actuó con rapidez, moviéndose con aquella agilidad y gracia que lo caracterizaba y posicionándose a las espaldas del octogenario que le llegaba al nivel de la barbilla.
Lo lamento —dijo el muchacho frente al sorprendido hombre, quien abrió los ojos exageradamente debido a la impresión que le causó su presencia—. Pero necesito su caballo y su coche.
Sin decir ni una sola palabra más, descargó un golpe, usando el canto de la mano, sobre la parte posterior del cuello del anciano, haciendo que éste se desvaneciera. El pobre hombre fue sostenido por Kyoki antes de que cayera aparatosamente en el suelo, y fue cargado por el mismo con mucha facilidad.

Al menos aquí otros bandidos, o personas con malas intenciones, no le harán más daño —se dijo el joven mientras que ocultaba lo mejor posible el cuerpo del viejo entre la vegetación—. Parece que se dirigía hacia la ciudad. Por suerte para él no está muy lejos.
Se sacudió las manos y miró hacia ambos lados del camino polvoriento, que se encontraba totalmente desierto. El cielo estaba completamente despejado, y los abrazadores rayos solares le hacían sudar a cántaros. Se acercó a la bestia que halaba del carruaje, y gentilmente acarició el lomo de la misma. El animal reaccionó dócilmente bajo la caricia de la mano del Nara, quien llegó a posarse frente al rostro del caballo, mirándolo fijamente a los ojos.
Ya puedes salir —dijo, como si apenas recordara que no estaba solo—. Es un bello ejemplar, ¿no piensas lo mismo? —A pesar de que hablaba con tranquilidad, algo oscuro se escondía tras los turbios grises ojos de Kyoki. Estos se posarían fijamente sobre la muchacha—. Parece que viajaremos un buen tiempo juntos —Aquellas palabras sonaron en él como si vidrios rotos lastimaran su garganta desde adentro. Llevó su mano izquierda al mentón, acariciándolo—. Solo te voy a pedir algo mientras me acompañes: si… si ves algo distinto en mí, te suplico que corras sino puedes confrontarlo. También tengo que pedirte encarecidamente que no vuelvas a mostrar ningún signo de agresión en contra mía. Sé que te hice daño y merezco que descargues todo tu odio hacia mí —entonces su voz se volvió sombría, posiblemente casi imperceptible para la fémina—… pero dudo que la próxima vez salgas viva si él aparece de nuevo.

Caminó hasta el pequeño escalón que permitía la subida al vehículo, ahí le ofreció su ayuda a la joven para que subiera. “Si —pensó, y en sus ojos quizás podía notarse cierta angustia a pesar de sonreía amigablemente—. Definitivamente algo no está bien."
Por cierto —dijo el muchacho—. Mi nombre es Kyoki. Espero no tengas problema el decirme cómo te llamas, después de todo, como dije, estaremos una temporada juntos. Al menos me gustaría saber un poco más de ti.
Rodeó la carreta para subir por el otro lado, algo que hizo con un grácil salto. Hizo su mano hacia atrás, tomando una pieza de pan que había visto entre la mercancía de la carreta. Al parecer no aquel viejo comerciante no solo transportaba consigo carne. Incluso había agua, especias, ropa y otros paquetes cuyo contenido era difícil de identificar. Le ofreció la hogaza a la muchacha.
Toma —dijo Kyoki mientras que tomaba las riendas y las sacudía para que el caballo comenzara a moverse—, se ve que lo necesitas bastante. Iremos al sur por ahora, en esa dirección es en la que… en la que vine, y es la que nos aleja de esa ciudad; imagino que no podremos volver a poner un pie allí por un buen tiempo. Esperemos la suerte nos acompañe antes que se acabe las provisiones que aquí hay. Al menos nos sonrió hoy. Salimos sorteados con este golpe. Veamos hacia donde nos lleva el destino.
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

Mensaje por Safira el Mar Oct 18, 2016 11:08 am

-Fuf, eso fue muy rápido.-dijo la forastera mientras observaba con todo lujo de detalle la escena escondida detrás de aquellos arbustos. Su pelo ondeó con el viento provocado por la salida ágil del pelinegro. Apenas en lo que duró un pestañeo, aquel chico ya había conseguido noquear por completo al anciano. No podía decirse que Safira sintiera pena al respecto, tampoco le encantaba la idea, pero una parte de sí misma estaba disfrutando viendo a aquel hombre caer.
Visiones se sucedían en aquella pequeña cabeza. Al mismo tiempo que caía, en apenas unas décimas de segundo, pudo ver perfectamente en él la misma imagen de uno de los sirvientes de aquel burdel del que provenía caer al suelo envuelto en llamas. Poco a poco, en su cara, se dibujó una pequeña y terrorífica, a la par que agradable, sonrisa de disfrute.  

Una vez el otro dio su señal para que pudiera salir de donde se escondía, la Yuki comenzó a caminar con un paso aletargado, cansada pero manteniéndose firme ante él. Se acercó al caballo y estiró su mano hasta acariciarle el hocico mientras ponía en su boca la zurda para dejar que la oliera y lamiera.
– Tranquilo, no te vamos a lastimar… shhh… tranquilo. – le decía mientras proseguía acariciándole. Cualquiera diría que amaba más a los animales que a la propia raza humana, y tampoco andarían muy equivocados con tal teoría, sin embargo no podía decir que las personas no le causaran cierta curiosidad, no por las grandes cosas que hacían, sino por las estupideces en las que una y otra vez realizaban.
-¿Me ves con cara de tonta? Obviamente no voy a confrontar a ese “otro yo” tuyo que tienes. – se giró hacia él con una mirada algo pícara, con sus cejas arqueadas y sus ojos fijos en los del pelinegro -¿Creías que no me daría cuenta? No hace falta que lo ocultes. Tú mismo lo has dicho, viajaremos juntos, por lo que no tienes por qué mentirme. –se giró de nuevo al caballo y volvió a acariciarlo un par de veces para luego quitar su mano suavemente de su crin y acercarse hasta ponerse frente al otro. Le sacaba algo de altura, no mucha tampoco, pero la justa como para tener que echar su cabeza hacia atrás y poder mirarlo desde abajo. –Puedes llamarme Safira. –le extendió la mano hasta hacerla chocar contra su estómago, mientras le miraba con la misma mirada que le había dedicado hace un momento. Seguidamente, se apartó y, con un salto ligero, se subió a la parte trasera del caballo, permitiendo así que el Nara fuera quien dirigiera durante el trayecto.  –Quizá sí esté bien viajar un poco con alguien, puede ser entretenido. –le dijo mientras proyectaba una pequeña sonrisa al pelinegro.  ¿Amabilidad? ¿Simpatía? No, falsedad.
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Re: La unión de dos voluntades opuestas.

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