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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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― Rum, Swords and some pretty eyes.

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― Rum, Swords and some pretty eyes.

Mensaje por alptrauMantiguo el Vie Sep 30, 2016 7:12 am

Rum, Swords and some pretty eyes

Llegada a Taki no Kuni | Misión rango D


Desde el puerto el barco se veía más grande, pero no, era pequeño y su cabina aún más. Le habían pasado un par de botellas de vino para su viaje, después de todo, había pagado por un buen servicio. Las olas del mar hacían que el barco se balanceara de lado a lado, haciendo que su pequeña cabina se sintiera aún más diminuta.

La comida era mala, carne salada y alimentos mal preservados. Estaba harto del vino agrio, se levantó de la pequeña silla de madera que apenas podía sostener el peso de Alptraum, tambaleando por una mezcla del constante movimiento del barco y las botellas de vino vacías que rodaban por la madera del piso, se acercó a una pequeña ventanilla por donde tímidos rayos de sol entraban en su cabina. Miró hacia afuera y veía como las olas golpeaban contra el casco del barco. Llevaba un par de días en alta mar y prácticamente no había salido para subir a cubierta, ¿Para qué? La cubierta siempre estaba repleta de la tripulación demasiados ocupados como para prestarle atención a un simple pasajero. Su mayor interacción con algún miembro de la tripulación era con un muchacho que cada cierto tiempo entraba a la habitación para traerle la comida y darle más vino, a la vez que aprovechaba de limpiar un poco con un viejo cepillo. El chico era bastante feo, no hablaba nunca por más que él intentara meterle conversación, a estas alturas el viaje se estaba volviendo un poco aburrido y aún faltaban varios días para tocar puerto.

― ¿De dónde vienes, muchacho? ― Le preguntó un día al muchacho, a ver si quizás se interesaba por contarle de él. Pero no hubo respuesta, simplemente se limitaba a refregar su viejo cepillo contra la madera y de vez en cuando, mojarlo en aquel cubo con agua aún más sucia que la madera que tanto refregaba. Alptraum no era de hablar mucho tampoco, pero amaba el vino, eso era seguro, mientras hubiese vino, un buen habano, y claro, una buena contienda, todo estaba bien. Es que cuando tomaba unas copas de más, y en este caso, varias botellas de más, le daba por largarse a hablar con quien fuese. Intercambiar anécdotas e historias de batallas pasadas. ― Oh vamos, ¿Qué acaso no te dejan hablar conmigo? ― Refunfuñó haciéndole una mueca de desprecio al silente muchacho.

Durante un momento recordó aquella mañana en la playa, que era imposible en realidad que de alguna forma se le pudiese olvidar, pero el vino había ayudado a mitigar aquel dolor que sentía cada vez que venía a su mente la palea con Creaton. Había sido como si una montaña le cayese encima y aplastado. ― Tsk, maldito… ― Maldijo para sí mismo, ya volvería a encontrarse con aquel tipo, y saldarían cuentas pendientes.

Por el momento era mejor enfocarse en lo que se le venía ahora, su primera misión fuera del archipiélago. Llegaría a un País totalmente desconocido para él, sin información alguna de qué iría a hacer allá, pero por algo sus superiores lo habían escogido para dicha misión, quizás lo encontraron apto para enviar fuera del país, después de todo el continente estaba repleto de feudos que peleaban entre ellos por el control de sus respectivas naciones, a diferencia de Shiryoku no Keiji, que había acabado con todos aquellos que osaron a cuestionar su soberanía. Quizás eso era lo que buscaban al enviarlo, que si tenían suerte, se encontraría con algún bando enemigo o criminales que acabaran con su vida, quitándoles una molestia y sin tanto papeleo ni explicación; “Murió en tierras lejanas, seguro atrapado entre bandos enemigos. Pobre tonto…” Dirían al enterarse de la fallida misión de Alptraum. Por supuesto no les daría en el gusto, de ser así el caso. Movió su cabeza de lado a lado en señal de negación, ¿Por qué harían eso? Después de todo era un ninja más que competente y un buen guerrero para su Feudo. El vino comenzaba a jugarle una mala pasada.

El muchacho seguía en sus labores, silente, preocupado de hacer bien su trabajo, que de lo contrario de seguro algún superior suyo lo reprendería de no ser así. Lanzó el cepillo al interior del cubo y abandonó la cabina. Se sentía mareado, era primera vez que se sentía así, ya había estado en barcos anteriormente, nunca durante tanto tiempo, siempre eran pequeños viajes de no más de una hora hacia las islas que rodeaban la principal. De seguro era el vino, que aquel día había bebido más que los anteriores.

Se recostó en una pequeña cama que tenía para dormir, donde sus pies y parte de su pierna quedaban colgando. El sueño no era algo que visitaba constantemente al Zyunjessen, en especial en aquella incómoda cama, pero se las ingeniaba para beber el suficiente vino para dormirse en ella, más bien, para caer inconsciente.

Una serie de golpes lo despertaron de su sueño de golpe, por primera vez no se había dormido gracias al vino, en realidad la noche anterior no había bebido siquiera una gota de aquel vinagrado líquido. Se sentó en la cama, rascándose la cabeza, había estado soñando, frunció el ceño intentando recordar que era lo que había soñado, pero fue inútil. Golpearon nuevamente a la madera, Alptraum se puso de pie, si seguían golpeándola así la tirarían abajo. El piso se movía bajo sus pies, como si el barco en cualquier momento se volcaría quedando de cabeza, provocando que todos se ahogasen, él por supuesto, sería el último.  ― ¿Sí? ― Se apresuró a contestar antes que la tumbaran. La puerta abrió con dificultad, la madera estaba hinchada por la humedad. ― Hemos llegado ― Respondió un robusto tipo a quien le faltaba una oreja. Movió su cabeza en señal de que había entendido, tomó su gabardina y salió de la habitación acompañado de su informante. El sujeto lo había guiado a través del estrecho pasillo, pero no emitió palabra alguna hasta que llegaron hasta una escalera que conducía hasta la cubierta. ― El Capitán desea verlo. ― Se limitó a decirle, ¿El Capitán? Ahora que recordaba, no había visto al líder de la embarcación desde que subió al Endeavour. ¿Por qué habría de querer verlo ahora? No importaba, mejor era no hacerlo esperar, después de todo, era el Jefe de todos aquellos que se encontraban a bordo.  

***

La cubierta, como era de esperarse, estaba llena de marineros corriendo de un lado para el otro, un grupo estaba dedicado a restregar el piso para mantenerlo limpio. Otros ataban nudos cuyo propósito, Alptraum desconocía. El resto hacia lo suyo. El sol se alzaba en lo alto, era aún temprano al parecer, brillaba bastante, nunca había sentido el calor de esta forma en su vida, estaba acostumbrado al frío de su país. Se sentía bien a decir verdad.  La madera rechinaba por el constante movimiento del barco, el tripulante que lo había ido a buscar, lo escoltó a través de la cubierta en dirección de la cabina del Capitán, estaba debajo del puente, en medio de dos escaleras que conectaban al puente donde se encontraba el timón, allí, el Sr. Strock le daba indicaciones al que estaba a cargo de mover la rueda. Se detuvo un segundo y allí pudo ver, como a lo lejos, comenzaba a notarse el continente que les daba la bienvenida.

El robusto sujeto tocó la puerta de manera suave, totalmente diferente a como había irrumpido en su camarote. Abrió la puerta que tenía detalles en lo que debía ser un chapado de oro. ― Capitán, le he traído al muchacho como ordenó. ― Dijo con voz firme el marinero, Alptraum se asomó la vista por encima de él intentando ver el interior, pero no se veía bien. Lo hizo pasar y se cerró la puerta de golpe detrás de él. La habitación estaba muy oscura, iluminada solamente por la luz que entraba por un gran ventanal al final de ella, permitiendo ver un mesón atiborrado con papeles, cartas de navegación y libros por doquier. ― Acércate muchacho ― Ordenó una voz desde el fondo de la cabina. Detrás del mesón había una silla muy grande, de cuero, color morado algo quemado. ― ¿Haz disfrutado de tu viaje? ¿De las comodidades que el Endeavour puede ofrecer? ― Preguntó una voz muy gruesa proveniente del otro lado de la silla. ― A servido su propósito ― Contestó Alptraum acercándose, donde pudo ver un sombrero. Finalmente se detuvo a un metro de distancia del mesón. ― Espléndido ― Exclamó a la vez que volteaba la silla para mostrar su rostro. Era un hombre de edad, con una barba blanca muy larga, su piel era curtida y arrugada. Tenía una chaqueta negra con grabados en oro, al igual que la puerta de la cabina. Inspiraba cierto respeto aquel hombre frente a él. Experimentado lobo de mar que de seguro había recorrido cada rincón del mundo, en su juventud debió tener una chica esperándolo en cada puerto, viejo lobo de mar pensó Alptraum al imaginarse todas las historias que debía tener aquel hombre, le hubiese encantado oírlas todas, pero ya solo quedaba muy poco para ponerse a intercambiar anécdotas. Alptraum se disponía a hablar cuando fue interrumpido ― El Sr. Strock me informó el primer día que teníamos un visitante a bordo, pero no me dijo el motivo de nuestro viajero, pero ahora que te veo, puedo concluir que de seguro están en una misión, ya que eres un Shinobi. ― Lo observó con detenimiento, el Capitán tenía unos ojos grises, como las cenizas de los habanos que él fumaba. Alptraum asintió con la cabeza. ― No te voy a preguntar qué vienes a hacer a este País, eso es información tuya y de quienes te mandaron hasta acá. Solamente quería conocer a quien durante una semana estuvo con nosotros. ― Afirmó.
Ambos se quedaron mirando durante unos segundos sin ninguno decir palabra alguna. ― ¿Puedo hacerle una pregunta? ― Dijo rompiendo el silencio, más no el contacto visual. ― Adelante… ― Replicó el anciano. ― “El Hombre Muerto”, ¿Lo conoce? ― Disparó Alptraum. El Capitán levantó suspiró y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en la silla.

***

Estaban a aproximadamente unos cuarenta y cinco minutos de distancia de pisar tierra, cuando un hombre desde el puesto de vigía gritó ― ¡Hombre en el agua! ― Los hombres en cubierta corrieron a un costado del navío donde el Sr. Strock sacó desde sus ropajes un monocular en busca del hombre. A lo lejos, hacia el interior del océano, pudo ver un hombre flotando en trozo de madera que debía ser parte de un barco destruido, pero no se veía rastro alguno de una embarcación. ― Caballeros, necesitamos enviar un grupo de personas a buscar aquel hombre… ¿Voluntarios? ― Preguntó a la tripulación. Nadie contestaba, y no era porque no quisiera ayudan al náufrago, es que conocían el mar y sabían que la zona donde estaba era de fuertes corrientes, y el intentar rescatar al sujeto podría traer mayores problemas de lo que les gustaría tomar.

― Yo iré… ― Contestó Alptraum, que acababa de salir de la cabina del Capitán. ― Sólo necesito una persona más que me acompañe. Yo bajaré y lo subiré a uno de los botes. ― Explicó al Sr. Strock que hacía señales a unos marineros para comenzar a bajar uno de los botes de emergencia. ― Quentin, tu irás con él. ― A lo que Quentin asintió con la cabeza, tomando un par de cosas de una caja que se encontraba en una esquina. Ambos subieron al bote y comenzaron a descender. ― Tengan cuidado… ― Exclamó Strock mientras se acercaban al agua.

El agua estaba bastante descontrolada en aquel sector, las corrientes balanceaban el bote como si fuese de papel. A lo lejos el hombre parecía estar al borde de caer inconsciente, ya casi no le quedaban fuerzas para sostenerse del pedazo de madera del que dependía mantenerse con vida. ― Será mejor que no avancemos más en el bote, iré yo y lo traeré hasta acá, es mejor no arriesgar el bote. ― Sugirió a Quentin quien dudaba que le opusiera la idea. ― Adelante, yo esperaré aquí. ― Dijo aliviado al ver que no tendría que exponerse ante tales corrientes.

Cayó al agua y sintió como la fuerza del mar bajo sus pies lo movían de un lado a otro, hubiese sido imposible entrar en aquel lugar con el bote, preocuparse de rescatar al pobre diablo y ver que Quentin no cayera al agua también. Comenzó a caminar con paso apresurado, en dirección del náufrago. Al llegar a él se agachó para revisar si aún estaba consiente, estaba algo pálido, quizás demasiado para alguien que a juzgar por el hecho de no haber restos de su embarcación, debía llevar varios días en alta mar. Lo tomó del brazo y lo sacó del agua, no pesaba prácticamente nada, era un hombre de al menos unos 30 años, con un cuerpo delgado, sin entrenamiento alguno. Lo puso colgando en su hombro y se volteó hacia el bote donde Quentin lo esperaba. El hombre parecía estar murmullando algo, pero era imposible diferenciar qué decía, debido a que hablaba muy bajo y el constante sonido de las olas. Lo subió al bote con sumo cuidado y lo recostó en este. ― Vámonos de aquí Quentin ― Le dijo al marinero, el cual le entregó uno de los remos. ― No es necesario decirlo ― A lo que ambos comenzaron a remar en dirección del Endeavour. El hombre seguía murmurando. ― Tranquilo, ya estás a salvo. Pronto subiremos al barco y serás atendido por el médico. ― Le dijo Alptraum intentando calmarlo.

Al llegar al Barco, no había nadie esperándolos para ayudarlos a subir. ― Rápido idiotas, súbannos ― Gritó, pero no hubo respuesta alguna. Una sensación de incomodidad invadió a Alptraum. ¿Qué pasaba que nadie respondía?, y más preocupante aún, ¿Cómo no había nadie esperándolos? Dejo el remo en el bote y se sujetó del casco. ― Espera acá ― Ordenó mientras comenzaba a escalar para subir al barco. A medida que subía comenzaba a escuchar sonidos de espadas y gritos desaforados. Al llegar a cubierta vio como la tripulación se enfrascaba en una contienda con unos invasores que habían abordado el barco. ― Quentin… ― Pensó y bajó la mirada en busca de su compañero. ― Hijo de per… ― Exclamaba Quentin al ser atravesado por un cuchillo en su pecho por a quien recién habían rescatado. Ya era tarde, no podían hacer nada. Saltó la baranda del barco y cayó en la cubierta, donde un tipo se le abalanzó con un cuchillo. Alptraum esquivó el ataque fácilmente, sujetando el antebrazo de su atacante con su su mano derecha, para luego darle un golpe desde abajo con su izquierda justo en donde terminaba el codo, rompiéndole el brazo.  Lo tomó del mismo y se giró dándole la espalda al mismo tiempo que lo levantaba por encima de su hombro, arrojándolo al mar. Volteó nuevamente hacia el resto de la cubierta, en busca del Sr. Strock y el resto de la tripulación que seguía batallando a muerte con los invasores. La batalla era sangrienta, los cuerpos comenzaban a apilarse en la cubierta. Ambos bandos comenzaban a sufrir pérdidas rápidamente. El problema era que la tripulación era poca, y los atacantes eran más. Comenzó a correr para ayudar, golpeando a los enemigos repetidamente haciéndolos caer inconscientes, uno por uno. Estúpido, solamente los estaba dejando fuera de combate, pero no matándolos. Frente a él tenía a dos enemigos que acorralaban contra el mástil a uno de los tripulantes. Alptraum golpeó en el rostro a uno de ellos, aprovechando que estaban concentrados en quién tenían al frente. Lo mandó metros lejos con el potente golpe encestado, por lo que el tripulante aprovecho la distracción provocada por el pelioscuro para atravesar al otro con su espada. ― Gracias… ― Exclamó. ― Aún no termina esto, ¿Dónde está el Capitán y el Sr. Strock?― Preguntó apresurado al marinero. ― No lo sé… ― Contestó, a lo que Alptraum comenzó a recorrer el barco con la mirada en busca de los oficiales. El desorden era tal, que era imposible reconocer a alguien. ― La Cabina ― Pensó, de seguro el Capitán y el Sr. Strock estaban dentro de la cabina del Capitán luchando. Se encaminó hacia aquel sector del barco, cuando escuchó un grito detrás de él, quien recién había salvado, ahora yacía en el piso. Dado muerte por tres enemigos que lo habían sorprendido. Tomó de su riñonera tres kunais y se los arrojó a los asesinos. Dándole a dos y provocándoles la muerte instantánea, al recibir el impacto en sus cabezas, el tercero lo recibió en el hombro, causándole un daño menor del que Alptraum hubiese querido, pero debía ayudar al Capitán.

El rechinar de las espadas chocando unas con otras no paraba de oírse en cada rincón del navío. La puerta de entrada a la cabina del capitán estaba destrozada, había sido tumbada por los invasores y desde el interior se escuchaban golpes de espada. Al entras vio cuatro hombres enemigos batallando contra el Sr. Strock y otros miembros de la tripulación. Alptraum tomó un kunai y se aproximó por detrás, tomando a uno de ellos por atrás y deslizándole el kunai por la garganta. Evitando los golpes de los enemigos, consiguió llegar hasta el escritorio del Capitán, donde se encontraba el Sr. Strock. ― ¿El Capitán? ― Preguntó mientras detenía los golpes de espada de los enemigos. ― Se lo han llevado a la bodega… ― Contestaba el Sr. Strock a la vez que clavaba su espada en uno. Los otros dos tripulantes que estaban allí fueron asesinados por los piratas. Ahora quedaban solamente los dos. ― Debemos ir a ayudar al Capitán de inmediato ― Exclamó el Sr. Strock. Alptraum corrió hacia uno de los enemigos y con un certero golpe de sus uñar, las cuales no son uñas en realidad, sino más bien, son afilados huesos que tiene en la punta de sus dedos, como garras, despedazó el cuello de un enemigo. Lo mismo hizo Strock quien logró desarmar con su espada a uno, para a continuación darle el golpe de gracia. A golpes y espadazos se abrieron paso fuera de la cabina del Capitán. Al llegar a cubierta vieron como gran parte de la tripulación había sido aniquilada. ― Creo que estamos jodidos Sr. Alptraum. ― Dijo calmadamente Strock al ver la evidente desventaja que tenían frente a ellos. ― Bueno, si nos vamos al infierno, llevemos los que más podamos con nosotros. ― Alptraum sonrió al ver que utilizó semejante cliché. Ambos se miraron unos intantes, Alptraum cogió una espada que estaba en el suelo. Corrieron hacia los enemigos, momentos antes de llegar hacia el primero, Alptraum impregnó chakra en la espada y realizó un movimiento perpendicular aproximadamente treinta centímetros antes de siquiera estar en rango para alcanzar con la espada al sujeto. Pero éste gritó de dolor al ver que el golpe de igual manera lo alcanzó, realizando un corte a lo largo de su rostro, cuello y pecho. Inmediatamente cayó el suelo. El Sr. Strock por su lado, debido a sus años en el mar, de seguro se había enfrentado a más de un rufián, por lo que su habilidad con la espada es más que destacable, se encargaba sin mayor problema de los que le habían tocado. Alptraum realizó el mismo movimiento, ésta vez con un mayor arco de ataque, cortando con la espada a uno y con la expansión del filo, debido a su técnico, a uno que estaba continuo al primero.

Habían eliminado un buen número de piratas, pero aún quedaban muchos y el Sr. Strock estaba lastimado, al parecer tenía un par de costillas quebradas. Así que le tocaba a Alptraum hacer la mayoría del trabajo. Debía buscar la forma de eliminar un gran número de ellos sin tener que forzar a Strock a tener que realizar un esfuerzo mayor, aún debían bajar y buscar al Capitán, que de seguro era prisionero de otro gran número de enemigos, ¿Cómo habían logrado subir al barco sin que nadie lo notase? En ese momento, una gran ola, que se elevaba varios metros por sobre la cubierta del barco se disponía a romper encima de ellos. ― Quédese detrás de mí ― Le informó al Sr. Strock a la vez que juntaba sus palmas tras un aplauso, generando una gran cantidad de electricidad en ellas. A continuación, antes de que la ola cayera sobre todos allí, dio un salto mientras abría las manos, tocando con ellas el agua de mar, dándole una descarga eléctrica. El agua cayó sobre los enemigos, provocándoles ser electrocutados, a lo que todos aullaron con gran dolor. Sus cuerpos estaban adormecidos y no podían moverse fácilmente. Dejaron caer sus espadas, momento que Alptraum aprovecho sin dudarlo. De la punta de sus dedos, emergieron pequeños huesos, muy afilados que salieron disparados hacia ellos. Clavándose en sus frentes, causándoles la muerte a todos los que habían sido golpeados por la ola electrificada. La cubierta estaba asegurada.

― Sr. Strock, ¿dónde está la bodega? ― Preguntó una vez revisada el área y al ver que ya no quedaban enemigos, pero tampoco amigos. ― Vamos, por aquí. ― Respondió jadeando, sus heridas comenzaban a causarle problemas para respirar. Ingresaron por la escotilla por la cual aquella mañana había salido a cubierta.

***

El estrecho pasillo estaba repleto de hombres muertos que dificultaban el pasar. Al doblar una esquina, se encontraron con dos piratas que custodiaban ese sector del barco. Al ver a Alptraum y al Sr. Strock, ambos empuñaron sus espadas y corrieron hacia ellos, al igual que había hecho aquella vez en la playa, el pelioscuro tomó uno de sus kunais, los cuales comenzaban a agotarse, y lo arrojó al más lejano, para esquivar por poco la puñalada del primero, debido a lo angosto del pasillo. Pasó de largo y en un rápido giro le clavó las uñas en los hombros, y haciendo uso de su fuerza, frenó la embestida del mismo, y lo arrojó al piso de espaldas, cayendo éste con bastante potencia. Al caer al piso, el Sr. Strock le clavó la espada en el pecho, con tanta fuerza, que ésta se clavó en la madera del piso. El otro sujeto había recibido el kunai en uno de sus pectorales, por lo que Alptraum dio un salto hacia adelante, cayéndole encima, sujetó el kunai y botando al tipo se lo removió para luego clavárselo en el rostro.

Continuaron su ida hacia la bodega. Durante el trayecto enfrentaron un par más de piratas, los cuales eliminaron sin mayores complicaciones, pero el Sr. Strock cada vez tenía menos fuerza. Al llegar al final del pasillo, el Sr. Strock se detuvo frente a la muralla. ― Ésta escotilla conduce a la bodega, si están allí con el Capitán, nos verán de inmediato al entrar, es un gran salón con pilares, pero no hay donde esconderse, si bajamos, estaremos al descubierto, y de seguro, en desventaja de números. ― Le comunicó al pelioscuro. ― No tenemos más opción, tenemos que bajar y ver qué sucede, yo aún tengo bastante chakra como para poder defendernos. ¿Vamos? ― Y Alptraum se agachó para tomar de la manilla y levantar la escotilla.

Tākoizu:

― Entrégamelas… ― Ordenaba una dulce voz.

Al bajar por la pequeña escalera, Alptraum y el Sr. Strock se encontraron a un par de metros con tres sujetos acompañados por el Capitán y una quinta persona, que era de estatura promedio, pero que se encontraba de espaldas. ― Ya te dije que no te servirán de nada. ― Le contestó el Capitán a la quinta persona. ― No me interesa, ¿Quieres que te mande junto al resto de tu patética tripulación? Los hemos venido siguiendo desde que salieron del País del Agua, sé que todos los Capitanes las tienen, y tú... me las vas a dar. ― No había duda, era una mujer que la que hablaba con el  Capitán. ― Mi señora… ― Interrumpió uno de los piratas, al ver la presencia de los dos recién llegados. ― Ya lo sé. Bienvenidos, ¿En qué los podemos ayudar? Estamos un poco ocupados aquí. ― Dijo con la misma suavidad que había estado utilizando. ― Oh, eres tú. Debo darte las gracias por rescatarme de las aguas. Qué amable de tu parte. ― Y se volteó la muchacha. Era de gran belleza, pelo color turquesa y piel muy pálida, pero eran sus ojos los que llamaban la atención, era del mismo color que su cabello, realmente capturaban la mirada. ― Muchachos, encárguense de ellos. Así puedo terminar mi conversación con el Capitán. Si fuesen tan amables. ― A lo que los dos hombres comenzaron a acercase hacia ellos. En un par de movimientos, Alptraum fue capaz de desarmarlos y matarlos.

― No esperaba encontrarme un Shinobi en este barco, pero cuando te vi caminar sobre el agua al rescatarme, supe que no podía ser tanta mi suerte. ― Indicó la muchacha. ― Pero no importa, aun siendo un Shinobi, no hay nada que puedas hacer para detenerme. Es simple, tú morirás acá. Lástima que hayas venido en este viaje. ― Se le quedó la mujer un par de segundos. ― Qué lástima tener que matar un hombre como tú, pero primero… ― Dejó de hablar, el silencio invadió la bodega. ¿Ella era el hombre que rescataron? Pero si lo que estaba frente a ellos era una mujer. No había tiempo en realidad para ponerse a pensar ¿Qué intentaría hacer? De seguro intentaría eliminar primero al Sr. Strock, después de todo, él estaba lastimado, aún podía proveer asistencia, no mucha, pero aun así debía eliminarlo para solo enfocarse en Alptraum.

Sin previo aviso, desapareció frente a la mirada de aquellos que se encontraban allí, ― Es rápida… ― Pensó Alptraum tratando de seguirla con la mirada, pero le costaba trabajo. Apareció detrás del Sr. Strock, tomándolo del hombro derecho, para clavarle un puñal en la espalda, provocándole caer al piso de rodilla. ― Perra… ― Exclamó un adolorido Sr. Strock, que estaba tirado en el piso, no podía moverse. El cuchillo seguramente había atravesado la columna y dañado algún nervio. De un segundo a otro, la mujer con la misma velocidad que desapareció la primer vez, se movió en dirección del pelioscuro, ésta vez, estaba frente a él, con el puñal en la mano. En un movimiento recto, intentó clavárselo en el estómago, era bastante baja y le llegaba hasta los pectorales a Alptraum, por lo que no tuvo que hacer mayor esfuerzo para poner el estómago de él en línea de ataque. Utilizó su mano más cercana a la daga, su izquierda, para realizar un golpe horizontal al arma y desviar el que hubiese sido un doloroso y letal golpe. La mujer flexionó las rodillas, para evitar un contraataque por parte de Alptraum, en un rápido y elegante movimiento, se alejó de la bestia.

― De acuerdo, no eres tan lento como aparentas… ― Dijo la mujer que retomó su posición junto al Capitán, el cual estaba amarrado contra un pilar, sin posibilidad de moverse o participar de alguna forma en la contienda. ― ¿Quién eres? ― Se limitó a preguntar, sus motivos no eran de importancia relevante para él. ― Oh, pero qué mal educada. Déjame presentarme, mi nombre es Tākoizu. Sí, no es un nombre común, pero no importa. Tampoco importa qué tan rápido seas querido, puesto que yo siempre seré más veloz que tú. ― Y le guiñó su hermoso ojo derecho.

Sí, era más rápida que Alptraum, de eso no había duda alguna, pero él tampoco se quedaba atrás, y claramente él era más fuerte que ella, no necesitaba igualarla en rapidez. Sólo necesitaría de un buen golpe y gran parte del trabajo estaría listo. Ninguno tomaba la iniciativa, si Alptraum era el primero en atacar, ella haría uso de su velocidad  para tomar una posición ventajosa. Por otro lado, por algún motivo Tākoizu estaba parada simplemente, en silencio, por primera vez desde que se encontraron en aquella bodega. ― ¿Empezamos? ― Preguntó la de cabellos turquesa. Alptraum decidió no contestar a aquella pregunta tan obvia, quería acabar rápido con esto, tenía cosas que hacer al bajar de este barco, una misión que le requeriría de seguro mayor esfuerzo que esto, pero no por eso podía permitirse distracción alguna, estaba ahí, y la mujer frente a él estaba dispuesto a matarlo sin vacilar. Tākoizu comenzó, como era de esperarse, el ataque tomando velocidad y apareciendo al igual que la primera vez, frente a él, con el cuchillo. Con un Kunai en su mano derecha, detuvo el ataque de Tākoizu sin mayor problema, por algún motivo era más lenta esta vez. ¿Estaría midiendo la defensa de Alptraum? De otro modo, no había razón para ir más lento, quería ver los movimientos del pelioscuro para luego tomar una diferente estrategia. Retrocedió un paso y se desvió hacia la izquierda, ella tenía el puñal en la derecha, por lo que cambió en un ágil movimiento, tomó el kunai de lado para intentar clavarlo en el costado de él. Si Alptraum se giraba hacia ella, recibiría el golpe en su estómago de lleno. Si no lo hacía, el cuchillo se clavaría entre sus costillas. Estaba en una mala posición y por la que ella había tomado para realizar aquel golpe, estaba en el perfecto lugar para no recibir castigo alguno por su actuar. De sus costillas, un par de huesos afilados salieron para detener el golpe. Fue exitoso, Tākoizu tuvo que alejarse tras su fallido intento, pero mantenía aquella sonrisa en su rostro, ella lo sabía. Sí Alptraum mantenía esa posición, terminaría usando todo su chakra de forma defensiva.

Nuevamente Tākoizu atacó haciendo uso de su velocidad, corrió directamente hacia él, para luego aumentar su velocidad. A menos de un metro de distancia antes de llegar, aumentó aún más la misma, para rodear a Alptraum y quedar a su espalda. ― Mierda, realmente es muy rápida. ― Se le cruzó por su mente al ver no solamente como era rodeado, sino además la elegancia de sus movimientos, eran tan fluidos. Podría utilizar el Hone no Yoroi, pero eso en este escenario podría no ser la mejor idea, lo protegería de los ataques de Tākoizu, pero sería un muñeco de práctica para ella, constantemente arremetiendo contra él, y su chakra se agotaría en un instante. No había duda, tenía que hacerlo. ― Yagani no Mai ― Y Alptraum se arrojó al suelo, justo antes de tocar el piso, posó su diestra en éste al igual que su pie derecho, para luego embestir a la muchacha contra la muralla. En el instante antes de chocar contra la pared, Tākoizu se apoyó con la izquierda en Alptraum y lo utilizó como impulso para escapar de aquel ataque. ― Veo que después de todo si eres rápido. ― Comentó mientras Alptraum se volteaba muy rápido para no perderle de vista. Sin darle respiro alguno, se volvió a tirar en contra de ella, tenía que aprovechar la duración del Yagani no Mai. Sus uñas estaban ahora más afiladas que anteriormente, gracias a aquel jutsu. Lanzó un zarpazo en diagonal lo que provocó que Tākoizu tuviera que maniobrar de manera de evitar aquel devastador golpe. A penas y duras logró evitar el ataque, viendo como las uñas meramente rozaron su pecho descubierto provocando serios cortes, que de haber dado de lleno, la pelea se hubiese acabado. Tākoizu puso sus manos en posición de cruz y realizó un sello, apareciendo dos clones de ella, uno a cada lado de la original. ― Veamos qué tal lo haces contra tres…― Exclamó y los dos clones iniciaron el ataque. Las tres se movían a la misma velocidad, una fue por el costado izquierdo, la segunda por la espalda y la tercera por el frente. Moviendo velozmente sus ojos, realizó una medida al vuelo de la distancia y velocidad con que ellas venían, gracias a su nueva velocidad le era menos difícil seguirla. Dio un salto hacia arriba para esquivar el ataque de los clones de Tākoizu. ― Tú si eres estúpido ― Le escupió la bella mujer a la vez que las tres daban un salto para alcanzarlo. Él estaba en el aire, era presa fácil para un ataque. No había forma de que pudiese esquivar el ataque estando en el aire sin un lugar donde apoyarse. Pero su intención no era solamente esquivar el ataque, el impulso que había tomado y la forma en la que saltó, le permitió girarse en el aire para posar sus pies en el techo. Ahora eran los clones y la original que se encontraban en desventaja. Tomó uno de los clones por el cuello y de la palma de su mano uno de los huesos desde su palma atravesó el clon, haciendo que éste desapareciera. Una de las Tākoizu había tardado un poco más en saltar, a modo de precaución, por lo que esa debía ser la original, era obvio, de otro modo no había explicación a no atacar las tres al mismo tiempo en lo que originalmente era una posición de ventaja.

Tomando impulso de la madera en el techo, salió disparado en dirección de la original, el otro clon estuvo a punto de pasar de largo, pero Alptraum lo tomó abrazándolo y empujo para caer ambos sobre la original, provocando que ésta tuviera que salir de allí y no poder contraatacar de inmediato. Al caer al suelo, Alptraum se levantó, sacando del cuerpo del clon los huesos que cubrían su cuerpo. El clon desapareció inmediatamente tras eso.  ― Esos son los que llaman Kage Bunshin, ¿cierto? No sé mucho de ellos, pero lo que sí sé, es que utilizan una excesiva cantidad de chakra. De seguro pensaste que si estaba teniendo problemas contigo, no podría enfrentarme a tres de ti. ― Dijo provocando que los hermosos y redondos ojos de Tākoizu se abrieran aún más. ― Es decir, te jugaste todo por el todo y utilizaste todo tu chakra en esa estrategia, dudo que tengas suficiente para mantener una batalla de este nivel. Sí, lo admito, eres muy rápida e inteligente, pero seguramente nunca habías enfrentado a alguien que pudiese igualar tu velocidad, y en condiciones normales, no hubiese podido. Pero mi Kekkei Genkai no solo me entrega la habilidad de poder manipular mis huesos, sino también posee jutsus muy útiles en estos casos. ― Comenzó a avanzar en dirección de ella, quien comenzó a tambalear y retroceder. Ella lo tenía más que claro, no le quedaba más chakra para hacer nada. A estas alturas su velocidad no la ayudaría. ― ¿Qué sucede? ¿Se acabó la palabrería? ― Preguntó en forma burlona la bestia. Al llegar hasta ella, la peliturquesa retrocedió aún más, tocando finalmente la muralla del barco, intentó abrir su boca, pero Alptraum la interrumpio y le tomó por su delicado cuello, levantándola. ― Tal y como dijiste tu… ― La muchacha forcejeaba intentando liberarse, pero era inútil. En comparación con Creaton, esta había sido una batalla fácil, sí, le había causado ciertos problemas, pero nada que él no pudiese manejar finalmente. ― Una lástima que hayas venido en este viaje. No debiste haber jugado al náufrago y engañarnos para luego que tu tripulación atacase el Barco. Fue una lástima el que yo hubiese estado aquí. De ser así, lo más probable es que hubieses cometido tu crimen. Pero no fue así, y ahora eres mía. ― Dijo y la tomó por encima del codo, volteándola con el rostro contra la pared. ― ¡Suéltame! ¡¿Q-QUÉ PRETENDER HACER CONMIGO?! ― Gritaba pataleando. ― Hablas mucho, ¿Te lo habían dicho antes? ― Y desde su mano salió un hueso el cual clavó en la espalda de la mujer, que dejó escapar un sonoro grito de dolor. ― Solamente te estoy haciendo lo que le hiciste al Sr. Strock, pero para tu fortuna… yo no te mataré. No, te entregaré a las autoridades de éste país. Así que solamente te destrocé la espina dorsal, de manera que no puedas moverte. ― Luego la arrojó al piso.

― ¡Maldito bastardo, espera que te ponga las manos encima!… ― Bramaba Tākoizu retorciéndose de dolor en el piso. ― ¿Tengo que romperte la mandíbula para que dejes de gritar? ― Amenazó a la mujer, la cual dejó de hablar en un instante. ― Muy bien, ahora… ― Volteándose sin perderle de vista a la mujer. Se acercó al pilar donde estaba el Capitán, que había perdido el conocimiento debido a sus heridas. Después de chequearlo, comenzó a desatarlo. Sus heridas eran solamente superficiales, no había riesgo aparente de muerto, pero claro, Alptraum no era médico, no podía estar seguro de si no había algún tipo de hemorragia interna, por lo que debía llevarlo a la ciudad. Cuidadosamente dejó al Capitán en el piso, apoyado en el pilar donde instantes atrás estaba atado. Caminó hacia la mujer y la tomó de la cintura, levantándola. ― Para evitar problemas… ― La golpeó en el rostro, dejándola inconsciente. A continuación, la arrojó junto al Capitán y tomó a éste para ponerlo sobre su hombro izquierdo. Tomó a la mujer y la puso entre su brazo derecho y sus costillas.

***

Una vez ya en la orilla, después de haberlos metido a un bote y navegado hasta la playa, el Capitán despertó. ― Despertó, bien. ¿Se encuentra bien? ― Le preguntó al ver que el hombre comenzaba a reincorporarse. ― Eh, sí. Algo mal herido, pero bien. ― Contestó fijando su mirada en Tākoizu que aún seguía inconsciente, tirada en la arena. ― ¿Puede caminar? ― No sabía que tan lejos estaban de la ciudad, pero no le atraía la idea de caminar hasta allá cargando dos personas teniendo que preocuparse de una. ― Sí, ¿A dónde iremos? ― Replicó poniéndose de pie. ― Hay que llevarlo a usted a un Hospital y a ella a las autoridades de la aldea. Vamos, que yo tengo que ir a hacer para lo que vine desde tan lejos. ― Dijo para tomar nuevamente a la mujer y meterse en el bosque, dejando la playa y el Endeavour atrás.

Después de un par de horas, finalmente llegaron al final de un puente de rocas para atravesar un enorme arco, que finalmente los condujo a la capital. Preguntó a uno de los guardias de la entrada, que después de una pequeña interrogación, preguntándole quién era y qué venía a hacer al país, le indicaron donde estaba el hospital y donde podía entregar a la mujer. Al llegar al hospital, fueron recibidos por un grupo de médicos que pusieron al Capitán en una silla de ruedas. ― Muchas gracias Alptraum, te debo la vida. ― Dijo agradeciéndole, mientras las enfermeras lo llevaban al interior del hospital. ― No hay de qué, gracias a ti por la conversación. ― Respondió, despidiéndose del hombre.

Tras dejar al Capitán en el hospital para ser atendido, avanzó por las calles de la capital. La gente murmuraba al verlo caminar, no sólo por el hecho de que fuese del tamaño que es, sino además de llevar una mujer inconsciente en su hombro. ― ¿Qué quieres? ― Preguntó un sujeto a la entrada del lugar que le dijeron que podía llevarla. Alptraum frunció el ceño al oír semejante pregunta, ¿Qué acaso no veía a la mujer que llevaba con él? Aun así, respondió. ― Vengo a entregar ésta criminal que asalto un navío en la costas de su país, por lo que decidí entregársela a ustedes, y que vean que hacer con ella. ― La soltó a los pies del hombre. Estaba bastante maltratada, atrás había quedado su hermoso rostro. El tipo llamó a otro y ambos la levantaron para ingresar a la jefatura con ella e invitaron a entrar a Alptraum. Atravesaron una puerta y desaparecieron del lobby. Allí, Alptraum se sentó en una silla que se veía más que suficiente para descansar un poco. Tras unos minutos, apareció un hombre que debía ser el superior de los que lo recibieron. ― Buenos días, se me informó que trajo una criminal a nuestra ciudad, pues me alegra informarle que atrapó una reconocida Pirata que ha estado asaltando navíos provenientes de otras naciones que vienen a nuestro país. ― Informó el hombre. ― No hay de qué… ― Contestó Alptraum algo apresurado, volteó por la ventana que había en la oficina, miró hacia afuera y veía como el sol estaba en lo alto del cielo. ― Toma… una recompensa por tus servicios. ― Dijo el hombre, entregándole una bolsa que debía tener en su interior Ryus por sus servicios. ― Oh, gracias, no había porqué. ― Y un gesto de agradecimiento se dibujó en su rostro. Levantó la vista y vio la hora, eran las tres y media de la tarde, y se supone que debía juntarse con sus compañeros cerca del atardecer. Según le habían dicho los tripulantes, en aquel país atardecía bastante temprano, cercano a las cinco de la tarde, y como no sabía qué tan lejos estaba del lugar del encuentro desde allí, comenzó a preocuparse de llegar tarde. De pronto una serie de golpes comenzaron a oírse desde el interior de la puerta por donde había llevado a Tākoizu. El hombre y Alptraum corrieron en aquella dirección, atravesando el arco de la puerta.

― N-No se acerquen… ― Exclamó Tākoizu, estaba despierta y de alguna manera había logrado hacerse de un Kunai y neutralizar uno de los guardias. ― Tranquila, no hagas nada estúpido. ― Sugirió el sujeto, ¿Diciéndole que se tranquilice? Si la tipa no tenía nada que perder, ya había sido atrapada y estaba al interior de una jefatura en una ciudad que la buscaba por sus crímenes. ― ¿Qué intentas lograr con esto? No tienes a donde ir, no hay forma que salgas de la ciudad. ― Dijo uno de los guardias. ― Qué no se acerquen, o lo mato, les juro que mato a este hijo de perra… ― Gritaba mientras el guardia intentaba zafarse. ― Quietos, no hagan nada, esta perra me va a matar ― Dijo con dificultad el guardia cautivo, el kunai presionaba con tal fuerza que unos hilos de sangre bajaban por su cuello.  Uno de los guardias intentó aprovechar la desesperación de Tākoizu que fijó su mirada demasiado tiempo en Alptraum, pero fue demasiado lento. Un grito ahogado se escuchó en la habitación, la peliturquesa había degollado al guardia, había decidido mandar todo a la mierda. Estaba desesperada, no había salida, así que decidió llevarse a los que pudiera con ella. El Zyunjussen aprovechó eso para correr a toda velocidad hacia ella, tomándola de la muñeca con su mano izquierda, a la vez que con su mano derecha, le pasó las afiladas uñas por su cuello, provocándole la misma herida que ella había dado al guardia. Tākoizu cayó al suelo, botando sangre por su garganta y por su boca comenzó a escupir sangre a borbotones. Con sus manos intentaba parar la hemorragea, pero era inútil. La herida le había abierto la arteria y moriría en cuestión de segundos ahogada en su propia sangre. Tendida, sus hermosos ojos comenzaron a botar lágrimas, sabía que era su final. Se le quedó mirando a Alptraum mientras se escuchaba como ya no podía respirar debido a la enorme cantidad de sangre que se acumulaba en la tráquea. Su cuerpo se movía en pequeños espasmos. Pronto cesó. Estaba muerta, aquellos ojos turquesa llenos de vida y furia se había apagado. Era una lástima que tan bella mujer terminara así, con su rostro desfigurado por la golpiza y ahogada en su propia sangre.

***

Después de los agradecimientos por parte del cuerpo de policía de la ciudad, le dieron entrega de su recompensa y lo más importante, las indicaciones para llegar a la entrada del bosque, donde debía estar dentro de poco. Aprovechó de limpiarse la sangre y toda la suciedad, para abandonar la capital en dirección del bosque. Por fin estaba camino a su misión, después de viajar una  semana en barco bebiendo vino como si no hubiese un mañana, tener que pelear contra piratas, contra otra Shinobi, rescatar al Capitán, caminar cargando a Tākoizu hasta la ciudad, dejar al anciano en el hospital, entregar a la criminal, pelear de nuevo con ella. Realmente había sido el día más agitado de Alptraum, ¿lo más divertido? Aún no terminaba y de seguro todo aquello sería absolutamente nada en comparación con lo que estaba por venir.


Entrenamiento +7 stats
460 líneas

NPC's:

Capitán del Endeavour # 996666
Sr. Strock # 996600
Tākoizu # 66ccff


Jutsus:

Hagen: Samuraigatana (刃弦×侍刀, Blade Chord: Espada del Samurái):
Empleando la capacidad de impregnar chakra en sus armas, el usuario será capaz de canalizarlo para aumentar el alcance de sus ataques. Gracias a esta capacidad, el usuario podrá arremolinar un aura de tonalidades celestes en torno a su arma. De ésta forma, el filo y el cuerpo de la misma adoptarán un mayor tamaño, consecuentemente, un mayor alcance.
El chakra que rodeará al arma no podrá ser bloqueado por métodos convencionales, ya que es energía en estado puro (es decir, no podrá bloquearse utilizando armas comunes o puños desnudos). El chakra que rodea el arma adquirirá propiedades cortantes, más únicamente será capaz de cortar tejidos orgánicos, por lo que no se podrá bloquear ataques compuestos de diversos tipos de chakra.
Esta técnica no requiere sellos y podrá ser mantenida por tres turnos.
Gennin: El filo y cuerpo se expande hasta treinta centímetros.
Chunnin: El filo y cuerpo se expande hasta cincuenta centímetros.
Jounnin: El filo y cuerpo se expande hasta un metro.
Sannin: El filo y cuerpo se expande hasta dos metros.

Raiton: Jibashi (雷遁・磁場死, Elemento Rayo: Asesinato Electromagnético):
[No progresiva | Ninjutsu]
El usuario inicia la técnica juntando sus manos a modo de aplauso. Seguidamente las separa y forma entre ellas un arco eléctrico de alto voltaje con el cual, al mantener contacto físico, puede adormecer los músculos de su rival. Ésta técnica puede afectar a varios enemigos a la vez, tantos como el propio usuario sea capaz de abarcar abriendo sus brazos -como si pretendiese abrazarlos en lugar de freírlos con una descarga eléctrica-. No requiere sellos, pero sí ejecutarse de la manera antes descrita. El aturdimiendo por contacto con el arco eléctrico dura un turno y, aunque no impide totalmente el movimiento, hace que sea difícil moverse durante ese mismo turno, volviendo las acciones lentas y descoordinadas. El impacto reduce en dos puntos la velocidad durante un turno.

Teshi Sendan (十指穿弾 – ten bullet finger tips)
El Kaguya dispara contra el enemigo sus propias falanges en un movimiento de rotación añadido a las balas del esqueleto. Si las balas golpean directamente al enemigo, pueden atravesar la piel, carne y huesos. Desde que los Kaguya pueden regenerar su tejido óseo, la cantidad de veces que pueda ejecutarse esta técnica son ilimitadas.

Yanagi no Mai (柳の舞 - Danza del Sauce)
En esta danza ofensiva, el Kaguya hace crecer varias hojas de huesos largos en su cuerpo para utilizarlos como armas. Los más frecuentemente utilizados son aquellos que emergen de la palma de las manos, pero también es posible que usen los que obtienen de otras partes de su cuerpo, como los codos, rodillas y hombros.  La danza del sauce es muy acrobática, llena de giros difíciles de evadir. Los Kaguya pueden extender sus huesos para atacar sin tener que moverse. La duración de este jutsu es de 2 posts.
Ésta técnica incrementa en 2 puntos la velocidad y en 1 punto el taijutsu del usuario.

Tsubaki no Mai (椿の舞 - Danza de la Camelia.)
Esta técnica consiste en modificar el hueso del húmero derecho o izquierdo para crear una espada de hueso. Tal espada puede ser más fuerte que el acero porque los Kaguya son capaces de incrementar y comprimir la densidad de sus huesos. La espada se utiliza en un estilo de cortes rápidos y estocadas a los enemigos, que permite acabar con ellos rápidamente. También es una técnica útil para evadir ataques de shurikens o armas similares, las que puede cortar en dos con facilidad.
Ésta técnica incrementa en 2 puntos la velocidad y en 2 puntos el taijutsu del usuario, sólo por tres turnos de la técnica.

Misión:

Misión de rango D: UNA PESCA CUALQUIERA.

Lugar de la misión: País de la Cascada | Capital de la cascada
Tipo de misión:
Misiones Varias.
Descripción de la misión: ¿Crees que esto iba a ser un paseo en barca? ¿Que ibas a emborracharte mientras el mar te zarandeaba suavemente? Para nada. Por suerte o por desgracia, el azar no juega siempre a favor nuestra. Sin embargo, esta vez la suerte no ha ido en contra tuya, o al menos no te has llevado la peor parte. Un joven de no más de 16 años ha naufragado durante vete a saber cuantos días, pero su estado de inconsciencia por falta de comida hace ver que se encuentra en el limite entre la vida y la muerte.
No obstante, ¿no es raro que un joven de su edad se encuentre en mitad de un basto mar sujetado a una tabla de madera? ¿de donde podría venir? Y sea de donde sea, ¿como ha acabado ahí de esa forma? Tu deber es llevarlo a tierra firme, tal y como te ha dicho el capitán del navío, alguien responsable a la par que un hombre con honor. Lo que te depara el resto del viaje es totalmente desconocido, casi tanto como el joven al que rescatarás.
Buena suerte, grumete de agua dulce.

Recompensa de la misión: 600 ryus
Extensión mínima de la misión: 50 líneas
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