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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Stories. — (Katta, Lilith)

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Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Katta el Lun Oct 17, 2016 4:17 pm








Stories

"Gold does not exist
within other gold's world"




Espada. La incómoda silla, molesta e irritada, soportaba la pesada carga de un hombre grande, dormido y dentro de algún balbuceo incomprensible, de sus espadas a un lado, infinitas espadas. Y de otra, mucho más liviana, en la otra. Nunca lo fuimos... Ha librado una batalla complicada... No vuelvas a irte... Dentro de una mañana, el cuerpo seguía en in inmóvil sueño, y el pensamiento paseaba por un sinfín de pesados escenarios. Responsables y desagradables. Los ojos se abrieron, grandes y de un color quasi-gris. No era un inmóvil sueño, sino una tensión desgarradora lo que agarrotaba el cuerpo cortado. Durante el sueño de la mujer, la manta que se procuraba al semicongelado le fue colocada por encima de la suya, quedando solo ropas negras, secadas con cuidado, y nada más con lo que calentar al hombre. Arraigándose el frío y cada viñeta de lo sucedido hacían estragos en el descanso del mismo, sin un miserable momento de paz, en un bucle que terminaría despertando al portador de espadas con un sudor frío. Llevó un suspiro y varios refriegos de cara despertarlo por completo. El baño de la habitación no era sino modesto, y ni siquiera había nada con lo que disimular virutas de vello facial sobre las cicatrices de la piel oscura. Cicatrices cansadas, preocupadas y deshechas.

Una espada, pero, miró al hombre directamente. Esta, recostada al lado contrario de las que siempre acompañaban a un espadachín, estaba demacrada. El tsukaito deshilachado, la tsuba abollada. Pero los terrosos lo recordaban. Aquella curvatura en la hoja, ligera, insignificante. Una austera decoración alrededor de la guarda, hecha por un aprendiz aún. El acero carcomido de golpe y tiempo, siendo vigilado. Una espada inconfundible. De nuevo, allí estaba, la amarga sonrisa. El sutil tirón que los músculos forzaban cuando el cuerpo se invadía de emociones dispares. — Nunca... ¿eh? — se susurró, a medida que el cuerpo se aproximaba a la cama. Esta tomaba entre mantas arrugadas a aquella mujer. Tan poderosa siempre, capaz de congelar un lago. Hielo, qué adecuado. Verla tranquila, en un sueño. Era una visión piadosa tras un día sufrido.

Entrecortando el suspiro, dedicado a aquello mismo, cortar, la figura negruzca se aproximó, con la cautela de un enfermero, la mano caía como una pluma sobre el hombro, con la gentileza caballeresca, y los dedos, como gráciles pajarillos desmonaban las hileras de pelo blanco que ocultaban aquellas suaves facciones. Sonríe, parece. — Buenos días. — La voz no era débil, sino floja, amable. Apacible como un cachorro. El alto cuerpo se sentó, cerrando distancia de la silla a la cama, juntando todas las espadas para que estas reposaran juntas. — ¿Has pasado una buena noche? — Sin guanteletes, sin mangas, lo brazos se veían aún crecidos por el frío, llenos de aquellos caminos de espadas, cada trazo con su historia. Seguía siendo una mujer de hielo, pero el oro manchado reflejaba también las debilidades, la fragilidad encontrada en cada persona. Compasivo, este. Cálido y cariñoso. Temía que, con sus manos, de piel endurecida por los roces de empuñaduras, o sus cicatrices interminables... Con unas manos tan poco delicadas pudiese romperla.  Los ojos se buscaron sus compañeros. Los ojos iguales, eso comentaron algunas personas. Pero el pensamiento de Katta era muy distante. Eran dos miradas doradas, pero no tenían nada que ver una con la otra. Conocía aquellos ojos. Demasiado bien.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Lilith el Lun Oct 17, 2016 8:20 pm








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




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Tras la apacible conversación nocturna con Kazuo los dorados ojos de la mujer se cerraron mientras aún permanecía en los brazos de su compañero, tras escuchar sus ultimas declaraciones, como prometía de alguna forma estar siempre junto a ellos. Tras calmar su corazón escuchando dichas palabras sucumbió al sueño que le regalaba el cansancio que su cuerpo portaba tras aquel duro viaje que ahora quedaría como un vago recuerdo. Horas pasaron, interminables, incansables mas Lilith no fue consciente de cuanto tiempo descanso entre aquellas sábanas blancas que se confundían con su propio cabello. De un momento a otro sintió el leve roce de una mano callosa en su rostro, leves caricias de dedos temblorosos, temerosos de llegar a dañarla con semejante tacto.

Una leve sonrisa apareció en los ojos de la mujer mientras escuchaba las palabras de su compañero y lentamente colocaba su mano sobre la de Katta para que permaneciera ahora apoyada en su mejilla impidiendo de este modo que retirara su tacto de la piel de la albina -Buenos días Katta, el cansancio me a permitido dormir como nunca- No había noche en la que Lilith durmiera a pierna suelta, aun tenía pesadillas de aquel día y nuevas que se sumaban cada día. No había un verdadero descanso para la portadora del hielo. Sus ojos dorados calmados y serenos se encontraron con otra mirada similar, los dorados orbes de su compañero Katta -Estoy segura de que dormí mejor que tu en esa horrible silla- Un leve suspiro acompaño la afirmación mientras miraba como sus músculos estaban tensos, se notaba que esa posición para dormir le había causado algunas molestias.

En ese momento apoyó más su mejilla sobre la mano de Katta que aprisionaba con la propia para impedir que alejara su tacto de ella, pero podía notar en su mirada que algo no estaba bien del todo -¿Ocurre algo?- Esperaba que no le diera una mala noticia, pero tenía un terrible presentimiento al ver como su dorada mirada se clava en ella, estaba segura de que algo malo iba a pasar en este momento aunque no estaba del todo segura de que podría ser. La mano libre de la albina acarició suavemente el brazo del espadachín hasta que se posó en su mejilla, era extraño ver a Katta con una expresión semejante, estaba preocupada era algo que no podía negar y esperaba que su compañero le contara que estaba pasando antes de que su cabecita comenzara a confabular contra cualquier razón.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Katta el Mar Oct 18, 2016 2:07 pm








Stories

"Gold does not exist
within other gold's world"




Hielo. Cada diminuto nervio, enterrado en pieles bronceadas, se ocupaba de no solo transmitir el tacto detalladamente, sino de llevar y devolver emociones. Pensamientos. Un puente entre dos consciencias ta de por si cosidas. Algo deshilachadas también. la mirada estaba cazando cada detalle dentro de los orbes de la mujer recién levantada. Preocupación, decían. algo de confusión, quizás. Alegría. Descanso. La espada aún los miraba. Claro que había ido a verla. Uno de los dos hermanos había logrado alegrar una noche que se adivinaba dura y triste. Uno solo. Mientras el otro solo parecía preocupado por detectar aquel fallo. Incapaz de ignorar un instinto que a la larga sería desagradable. La piel de ella era muy suave. — Es el ojo derecho. ¿Cierto? — Las manos no intentaron nunca alejarse. Las palabras no eran sentencia, pero si las esquivaban, tras ellas, tras piel y cicatrices, tras ojos solares con manchas marrones, tras toda la preocupación, existía, aquella chispa. Un enfado, del pacífico espadachín. No hacia la mujer, sino por ella. Hacia quien osaba herirla. Hacia quien no podía protegerla, otra vez. — Sin contar que algún día tendrás más cicatrices que yo. — La tensión de los dedos le susurraban a la mujer. No era frío, ni dolor, ni tensión. Frustración. De algún modo, la aún disimulada sonrisa seguía siendo sincera. Un hombre que no podía mentir. La mejilla se apegaba a la tersa y fácil piel de la mujer, con el ligero disgusto del mismo casi invisible pelaje.

— Tienes razón, es una silla horrible. — una risa debilucha se resbaló a oídos de ambos, mientras las manos, finalmente, se movían, no en pos de despegarse, pero quedando solamente agarradas a sus iguales. Culpa. Debe descansar, decía el médico. El raciocinio. En algún lugar, la conciencia le preguntaba al espadachín por qué no podía asumir que ella necesitaba reposo. Por qué no aguantar unos días para hablar sobre las nuevas heridas, sobre su obviamente peligroso viaje. Por qué no admitir que era un acto tanto egoísta. — El médico dijo que necesitas reposo, así que... — puedes empezar a hablar — ... tendrás que quedarte quieta. O me encargaré de hacerte dormir bien de verdad. —

El cuerpo del hombre botaba de forma imperceptible ante una risa nueva. No era palabras muy comunes bajo aquella lengua, ni siquiera con ella. Ni con él. El cuello obligó girar los ojos para mirar la aún presente, deshecha espada. Es él. El pensamiento había dibujado muchas veces a Kazuo a lo largo de los años. Igual que lo hacía con la mujer cada vez que marchaba. Quería adivinar cómo serían al volver. Quizás el pelo corto, algo más altos. Ni la imaginación se permitía herirlos. Tanto tiempo. Y aquellos dibujos se habían vuelto poco. Son diferentes. Los recuerdos proyectaban tras los ojos del espadachín la tarde anterior. Se veía a Lilith, alzando el brazo para asestar un buen golpe a Kazuo. A este, fumando. El agua haciéndose hielo. Hielo, qué adecuado. — Así que... Hielo. — desvió el espadachín. — Presiento que será otro complicado ninjutsu que no sabré usar. — Rememoraban, aquellas palabras, a la época de estudio, cuando cada niño se clonaba, o caminaba por paredes, y solo uno de ellos nunca llegó a siquiera a descubrir sus propios atributos. Una parte de aquel niño siempre admiró a Lilith y a Kazuo. Eran capaces de hazañas imposibles de imitar por un simple maestro de armas. Es un mundo de ninjas. De algún modo, era un alivio para los cansados hombros.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Lilith el Mar Oct 18, 2016 2:30 pm








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




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— Es el ojo derecho. ¿Cierto? — Esas simples palabras lograron que cada músculo del cuerpo de la albina se tensara. Lo sabía, Katta conocía aquel suceso que ella pretendía mantener en secreto al menos un poco más, al menos hasta que llegara un momento en el que no pudiera continuar ocultando por más tiempo ese detalle, pero al parecer su pequeño secreto había sido descubierto. Un tenue suspiro escapo de sus ojos mientras se sentaba de nuevo apoyando la espalda en el cabecero de la cama del hospital, no quería seguir allí tumbada y menos cuando la situación se había tornado en este momento ligeramente incomodo, no por la pregunta, mas bien por ver como explicar lo sucedido.

Una nueva frase de Katta logro hacerla reír suavemente, era imposible tener mas cicatrices que su compañero, al menos por ahora — Si, es el ojo derecho y es imposible ganarte en cicatrices Katta, es una competición que asumo como pérdida jajaja — Una ligera risa escapó de sus labios mientras se relajaba ligeramente, sabía que estaba molesto, aunque aquella sonrisa amable no abandonara su rostro Lilith le conocía y sabía que en este momento estaba enfadado con ella, aunque más bien con aquel que se había atrevido ha tocar a su hermana de esa forma — ¿Quieres que te cuente el viaje completo o los momentos escabrosos? — Pensaba cual sería la mejor manera de contarle lo sucedido, cómo había estado a punto de morir de hambre, como el cansancio la había obligado a seguir a un hombre sospechoso a un lugar aún más sospechoso.

Aunque ella sabía quién era y que buscaba ese sujeto, así que técnicamente aceptó meterse en la boca del lobo y estaba segura de que eso enfadaría aún más a Katta. Pocas cosas logran enfurecer al espadachín pero estaba segura de que su historia haría un buen trabajo con sus nervios — Encontre a un hombre, que me mostró cómo usar mis habilidades, también he descubierto a qué clan pertenezco — Cuando sus labios pronunciaron aquellas palabras sus ojos buscaron con cierta ansiedad los ojos de su compañero, sabía que aquel dato iba a conseguir toda la atención del fornido espadachín. Lilith jamás supo de dónde venía, a que clan pertenecía si es que pertenecía a alguno y que habilidades poseía y ahora tras su último viaje había descubierto todo o al menos la gran mayoría de las lagunas se iban llenando.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Katta el Mar Oct 18, 2016 7:17 pm








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"Gold does not exist
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Fuego. Ambas siluetas se acomodaron, al son de la tumbada. La mano con libertad se encargó de colocar bien la almohada, mullirla en un instante por bien de la espalda ajena. Herida también. Pero aún, una invitación, curva de labios, a escuchar cual historia tuviese para contar mientras el hombre se separaba de la silla, aproximándose más a la mujer, por no forzar su voz afilada. No importaba que el mismo y orgulloso mayor hubiese visto congelar el agua, o un océano entero. Ella podía resfriarse. — Sabes que me gustan las historias largas y con detalle. — Una verdad reseñable. Cuando un padre cariñoso contaba a su hijo batallas de la antigüedad y viejas historietas de su vida como sirviente, no sabía cómo lo acostumbraría a escuchar paciente y atento cada palabra que relatase los eventos de otra vida. Eventos no agradables, nada. El oro vigilaba al oro, el derecho, sin ver su reflejo en él, como un espejo sin nada, vacío y exento. "Ve perfectamente, es un ojo funcional." juraba aquel médico del pasado. Cuan equivocado estaba. La silueta negruzca terminó de apoyar el brazo sobre las piernas de ella, aún sosteniendo los fríos dedos. Los suyos se adentraban al rincón, y tomaban la única espada distinta de la colección. La treceava, hecha más corta, más liviana, sin tanta curva. Sin nada que ver con las otras, pero aún así, hermanas.Hermanos.

La historia se escuchó con atención. Dedicación. Preocupación, nervios crispados, crepitantes ojos. Investigación, rencor. Alivio. Lo dorado apreciaba ver sana a la mujer. Tras ellos, el deje de aquella familia se dejaba ver, un tímido fantasma que se adivinaba por un brillo especial. Un fueguecito. Él llevaba fuego en su interior. Era un lazo incompleto sin cada una de sus cintas. Clan. Familia, sangre. El pasado, sin mirar a Kazuo, era una abierta historia, destímida y sabida. Los oídos, también serrados por alguna herida vieja, habían escuchado claramente atrocidades de la parentela de ella. El injusto rechazo, la maldición, el engaño que vivía a su espalda, a su costa. — ¿Tienes sangre de un clan? — La espada de oro descendió, hasta las venas azulinas de ella. El tono tostado de piel las escondía mejor que una persona pálida. Las venas de Kazuo eran claros tramos en comparación. — Entonces es una sangre poderosa... — alivió. Claramente, las palabras decían sobre el poder de ella. Capaz de protegerse mejor con algo como una herencia de poderes. Para aquellos brazos, sin ninguna fuerza misteriosa, sin ningún regalo genético, solo alimentados de esfuerzo y práctica, eran casi-divinas aquellas capacidades, a manos de una sabida gran luchadora.

No era un engaño, no se escondían los rastros aún furiosos. Por muy buenas nuevas que aquella sangre portase, habían herido a la mujer. Pudo haber no vuelto, dijo el maldito y rápido pensar. — Estás a salvo... Así que no pediré más. Pero ahora no dejaré que te vayas lejos. — Ahora. Ahora que habían vuelto a ser tres, ahora que ella no debía buscar. Ahora. La figura del espadachín se alzó. Soltaban, lentamente, los dedos, como un barco que dejaba atrás los amarres, y colocaban la espada deshecha al lado de la cama. Ya no sirve, está abollada, tiene cortes y fisuras. Milagrosamente sigue junta. — Ayer... No supe contenerme. Fuimos tras de ti, y mira como terminó todo. Os puse a los dos en una situación peligrosa. No sé bien qué debería haber hecho... Y peor, no sé qué hacer para remediarlo. Pero si has dormido bien... Al menos estoy más tranquilo. — Al contrario que el ojo derecho de Lilith, sobre la deshecha espada, el filo seguía reflejando de buen aceroso la luz que se impactaba en él. Esta describía la figura de una sombra negra, de dos dorados y terrosos ojos, que miraban al hombre con un sentimiento extraño. Desterrado de lo bueno y lo malo. En un espacio confuso. "No podía culparlo, ni protegerlo... Nunca, ¿eh?" — La espada... Ahora le viene corta. — se escuchó, tras, de nuevo, aquella nimiada curvatura de labios.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Lilith el Jue Oct 20, 2016 9:07 pm








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




Stories
Suspiro, leve y relajado, conocía a Katta, podía ver cada cambio de expresión en su rostro con cada pedazo de historia que le contaba. Nervioso, molesto, enfadado, crispado, preocupado, tantas emociones que se reflejaban en el mismo rostro que veía desde hace años. La verdad es que de alguna u otra forma le hacía algo de gracia, por lo que una sonrisa se posaba relajadamente en sus labios — ¿Sangre poderosa?, supongo que podría denominarse de esa forma, pero no me siento orgullosa de portar la — Después de todo para ella ese clan no era nada más que basura, gente que simplemente la abandonó a su suerte. Puede que en alguna ocasión vaya simplemente para ver qué tipo de gente es capaz de abandonar a una niña pequeña a su suerte.

Ella sabía que desde pequeño una de las preocupaciones de Katta era no poseer una habilidad con el chacra, no ser capaz de usar algún elemento o algo especial por decirlo de alguna forma, pero el en si era alguien especial y maravilloso. Nadie posee la fortaleza que Katta porta y nadie se esfuerza ni entrena tanto como el por el bien de los demás. Eso es algo que ha intentado hacerle entender muchas veces pero que aún no ha logrado, es un poco cabezota el espadachín. Continuó escuchando ahora sus disculpas por lo que Lilith volvió a sonreír antes de negar levemente con la cabeza — No es tu culpa en exclusiva, es culpa de los tres no te preocupes, además sabes de sobra que estuvo aquí anoche — Sus ojos se desviaron a la prueba allí presente que dejo para Katta.

Muchas cosas se habían quedado pequeñas para Kazuo, la espada solo era una de ellas — Supongo que el tiempo nos ha cambiado a todos, ya no somos unos niños, no somos esos inocentes chiquillos que buscaban una familia con desesperación, alguien que los aceptara — Hace mucho tiempo que Lilith no buscaba la aceptación de nadie, le era indiferente si le gustaba o no a la gente del feudo. Mientras ella estuviera bien consigo misma lo demás le daba igual, aunque por supuesto debía contar con la presencia y el cariño de sus dos compañeros, si en algún momento cualquiera de los dos le falta su corazón vuelve a helarse, eso sucedió con la desaparición repentina de Kazuo y volver a descongelar el corazón de "la reina del hielo" es algo complicado.

Nuevamente una caricia dulce de su mano fría en la mejilla del contrario — No te preocupes, no puedo prometerte que todo volverá a ser como antes, pero no voy a volver a irme y no dejaremos que Kazuo vuelva a marcharse sin nosotros — Quería calmarle, sabía la nebulosa de sentimientos y la preocupación que se encontraba instalada en el corazón de Katta, igual que en el suyo propio por lo que de alguna forma las propias palabras usadas para calmar a Katta lograban que ella misma se calmara. Las cosas nunca suceden como uno desea, pero tarde o temprano vuelven a su cauce y ahora por fin Kazuo había vuelto y volvían a ser tres.


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

Mensaje por Katta el Sáb Oct 22, 2016 11:02 pm








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"Gold does not exist
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Presente. El tiempo era un espectador activo. Exigente, altivo y muchas veces metomentodo. Digno observador de cada una de las vidas, a veces cura y a veces veneno. Ocasionalmente consejero, normalmente pesado. Se estiraba y contraía como una culebra malintencionada, que nunca mordía, pero siempre lo intentaba. En ocasiones se marcaba alrededor de las agujas de un reloj. En otras era el sol que se escondía. Heridas que ya no sangraban, y eras que morían. Y desde que humo y acero se habían encontrado que el tiempo había decidido estirarse, hacer del día años enteros para los simples humanos, sin ninguna piedad, dejándoles expuestos al pensamiento y las emociones, con peores propósitos que él mismo. Y sin embargo, bronce helado de la piel sobre la cual caía aún pelo albo y donde se encarcelaba al oro más frío era el mejor escudo. Un líder necesita ayuda, y que otros quieran ayudarle no es sino un buen presagio. El agradecimiento no quería compararse a la alegría de haber tenido al lado a aquella mujer siempre. Presente y fuerte, como los pilares del mayor palacio.

Callaron las palabras para escuchar las de ella, en un refugio poco protector. El tiempo, los tres. Culpa. Era una especie de tabú, que en su tiempo el raciocinio espadachín encerró en algún desconocido lugar. Nadie debía culparse. A nadie ni a si mismo. Ni Kazuo, ni ambos. Ni siquiera el tiempo. Era una base propia, un principio como los que heredaban aquellas espadas del abuelo de Katta. Una callada orden autoimpuesta, a cumplir de por vida. — Si... Debe ser cosa del tiempo. — El reflejo de la aún presente sonrisa disimulada y característica rebotaba sobre el arma magullada, volviendo sin ninguna vergüenza, mirando a su igual, aún encerrado en aquel laberinto emocional, como si aún fuese un neonato que no puede andar. El tiempo había hecho mella, claro. ¿Y si hubiese vuelto en cuatro días y no años? ¿Y si tampoco hubiese dado explicaciones entonces? Se escuchó un suspiro cansado, tras el cual la silueta masculina se alejó de la cama. Rodearla para abrir la ventana y apartar las cortinas fue el siguiente paso, mientras una brisilla mañanera y fresca se esparcía por debajo de la tela negra, y repeinaba el desordenado corte del hombre. Aún así, la atención no estaba sobre el viento. Ignoraba como varios lugareños rondaban las tiendas en compras suyas, como pajarillos se posaban en los nidos, altos en las casas y los tejados se veían pálidos ante un sol blanquecino, con manchas nubosas. "... no dejaremos que Kazuo vuelva a marcharse..." Las grandes manos de piel dura se apretaron, alrededor de la metálica montura que protegía el cristal de la ventana, más no había cambios en la expresión, aún cuando era la espalda lo que miraba a Lilith. — No... — rebotó sobre el frío viento, con un volumen sordo, prácticamente imperceptible. — ... claro que no. —

El giro del cuerpo fue suave. Las manos soltaron con facilidad pasmosa el hierro friolero mientras las piernas alejaban a la figura de las cortinas, que ondeaban imitando el cabello de la mujer al vuelo en sus saltos y acrobacias, mientras la espada se acogía sobre el cinto del hombre, fuera de las vainas, sujeta a la presión del cuero. Aquella sonrisa seguía allí. — El tiempo se ha cebado con la espada. — No voy a repararla. — Así que ya no le servirá. — No voy a soltarla. El tiempo había hecho estragos en la vida de todo el mundo, había obligado a olvidar y desmontar vivencias enteras a cambio de nada. Ni siquiera vacío, solo un espacio reducido, una memoria cada día más y más abultada. Pero en ocasiones, hasta la espada más oxidada conseguía sobrevivir al tiempo. — Quizás... — Quiero ir. — ... espere unos días. —


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Re: Stories. — (Katta, Lilith)

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