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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Moonlight. — (Katta, Kazuo)

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Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Lun Oct 31, 2016 6:52 pm








Moonlight

"A sun who looks
for every shadow"




Luna. El viento era una dulce música muda. A su melodía, nubes del polvo suelto de las calles comenzaban a bailar arremolinándose a un lado u otro con un desorden mítico. una máxima expresión de las venideras frías. Y a través de la música, una sombra menos danzante, salvo por una alargada prensa, más negra que la oscuridad, se abría paso tan directamente que era imposible no saber a dónde se dirigía. Los pasos eran una percusión con arritmia mientras la luna, en lo alto del cielo, rodeada por sus incontables y centelleantes acompañantes, observaba como la sombra se deslizaba con una gracia simplista y seria. Ella, que reflejaba de blanco la luz del sol, se había visto en el espejo que eran las espadas de aquella sombra ne varias ocasiones, y conocía aquel acero como pocos. Y sin embargo, aquella vez no había dónde reflejarse. Cuando ningún arma acompañaba a aquella sombra, pensaba ella, no había modo de alumbrarla. Quiero verlo. Las piernas ya habían liderado el paso hasta aquel tejado de aspecto rústico y colores oscuros en más de una ocasión. Un infantil deseo de pasar los muros y que los ojos viesen la misma figura que hacía años siempre se tumbaba en el mismo ligar, de la misma manera. Era tan simple y fácil de imaginar. Posiblemente fuese el mismo deseo e ingenuidad lo que movía a las piernas esa vez, igual que siempre, más largas y fuertes, escondidas bajo tela negra y poco ajustada. Cómoda. Las huellas sobre la tierra señalaban un camino múltiples veces pisoteado. Y al final de este, solo descansaban dos piernas, que erguían una torre alta, admirando el nacimiento de nubes diminutas por encima del tejado, mucho más grises que una nube normal, y se contemplaban tras una sonrisa igual de reducida. Es un horizonte donde se ha puesto un sol negro.

Está a un solo salto, decía una voz , siempre maliciosa y sonriente. Tras cuatro años, tras los pocos días que el tiempo se había comido ya, estaba a un salto. El camino, tan determinado, ahora se detenía justo tras aquella casa. La luna, recortada rectamente por el tejado, parecía burlarse del espadachín que se escondía en el otro lado del horizonte. Tras tiempo, parecía que cada choque de quienes se llamaron hermanos era una violenta colisión o un incómodo silencio. El tiempo es un arma afilada, capaz de cortarlo todo. Dudas y miedos veía la luna flotar alrededor de la figura oscurecida y cortada. Dudas y miedos que golpeteaban la piel café de un modo molesto e incluso doloroso. Sin embargo, allí continuaba la misma curva sutil de siempre. Amable, sincera, transparente y simple. La luna era grande y llena aquella noche, resplandecía especialmente. Debía estar molesta por no tener razón.

El último paso rebotó para impulsar la misma sombra hasta la cima del tejado. A muy poca distancia de una figura familiar, aunque más lejana de lo que la imaginación hubiese creído. Tumbada, alargada y siguiendo la inclinación del tejado. Con humo contaminando sus fauces con una crueldad inadmisible. Con el pelo aún desaliñado, pero más largo, y las imperceptibles arrugas de haber fruncido el ceño desde que los ojos dorados habían mirado al entrecejo. Una espada a casi-romper descansaba en un estante, como la orgullosa heroína de una guerra, en una granja fuera del feudo. La luna estaba aún más molesta, cuando la sombra que había visto con cuestionable entereza ahora se daba el lujo de ignorarla y darle la espalda, solo viendo la figura tumbada. ¿Acaso le garantizaba algo mejor que lo acontecido en aquellos días? La luna, al final, no era tan generosa, tenía una cara que el sol nunca miraba, llena de sombras. — Es el mejor sitio para mirar el cielo. Aún. — resonó, con aquella facilidad que aún alteraba a la luna y todas las estrellas. Un sol que busca sombras, siempre con una sutil sonrisa.


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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Jue Nov 03, 2016 10:06 pm








Kazuo

“Smoke around the moon”




Moonlight

Era la noche de luna llena más hermosa que él había tenido el gusto de admirar desde que volvió a la civilización. La brillante luz iluminaba el manto oscuro de la noche, llevándose la atención de todas las estrellas. El insomnio se había vuelto parte de su rutina; ni siquiera la meditación le ayudaba a cerrar los ojos. Necesitaba dejar de oír, por tan solo un minuto, aquellas voces. Estaba agradecido por poder disfrutar de su lugar favorito nuevamente. Acostado en el tejado, con un atado de cigarros en mano y una bella noche lista para que alguien apreciase su encanto. Era de los pocos momentos pacíficos en los que podía concentrarse en sus propios pensamientos. Un momento de reflexión. Pensaba en su última misión, sin dejar que el hecho de que volvió a descontrolarse le hiciera perder la calma. Esta vez, recordaba con claridad absolutamente todo. Se veía a él mismo en un pantano; bajo una noche sin luna ni estrellas. Completa oscuridad. Pequeñas nubes de humo se alzaban al cielo, intentando alcanzar la esférica luz más allá de los límites conocidos por aquel individuo. No pudo evitar que ellos se cruzasen una vez más por su cabeza. No habían vuelto a hablar desde la misión, seguía siendo el recién llegado. Todavía. "No volveré a irme". Le había hecho una promesa a la mujer inalcanzable de ojos dorados. "No vuelvas a herirla". Su mano derecha sujetó con fuerza una teja, despegándola un poco del techo. Le sofocaba el mero recuerdo de él repitiendo esa oración. Sin embargo, en la misión...


"...no lo tocarás"



La presencia de un intruso en su lugar favorito en este mundo pidió ser oída, con una voz familiar y una calma asemejada a la del fumador. Una voz esperada. La voz de su contraparte; uno de las dos personas que inundaban sus pensamientos. Por alguna razón, Kazuo no se mostró ni un poco sorprendido por la llegada del espadachín. De hecho, su cuerpo tenía asumida la presencia de Katta mucho antes de que él llegase. Será cosa de ellos dos. La conversación que, ambos sabían que iba a llegar. — "Es el mejor sitio para mirar el cielo"Suave. En sintonía uno con el otro. Recibió la misma mirada de siempre por parte del fumador. Una arruga en la frente desapareció tras haberle oído. — Lo sé."Aún lo sigue siendo", arrastraba una leve corriente de aire en una cálida noche. Los ojos del fumador se habían cerrado por varios segundos. No hubo ninguna otra palabra por un minuto, el cual pareció haber sido eterno de un modo agradable. Una eternidad con ellos dos en paz. Estaba consciente de que eso no duraría mucho más. Ni ese momento, ni la época pacífica en la que estaban viviendo. Sin embargo, en ese preciso instante, se encontraban en un sitio que fácilmente podía transportarlos muchos años atrás. Kazuo no siempre miró las estrellas solo, sino también en ocasiones con el espadachín. Recordó por un momento, cuántas veces quiso hablarle sobre lo que sentía por Lilith. Pero él no era así. — "Quizá... pudimos haber sido diferentes uno con el otro" — Sus ojos de iris oscuro se posaron sobre la luna. "No, fue perfecto así", arrastró el viento una vez más. — ¿Qué haces aquí, Katta? — Llamarle Katta en vez de "idiota", era señal de completa seriedad. Suspiró una nube de humo, esperando que esta sí pudiese llegar a la luz de la noche.




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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Vie Nov 04, 2016 1:28 pm








Moonlight

"A sun who looks
for every shadow"




Cierto. ¿Qué haces aquí, Katta?. Con la tierra abandonada, y las tejas como suelo, la figura intrusa fue la última en tomar asiento. Imitada a medias, la postura más alta se reclinaba sobre la descendiente, mientras una diestra acudía como almohada y otra mano se quedaba sobre el vientre de aquel hombre, encerrado en una cinta negra, con anclajes para vainas vacíos. Un modo muy persona de sentirse desnudo. Al igual que el anfitrión, los ojos dentro del recién llegado se lanzaban al cielo en busca de una luna inalcanzable, importante con su grandeza, a pesar de ser diminuta brillaba especialmente. — Aún no te he dado la bienvenida como es debido. Bienvenido a casa, Kazuo. — Eran palabras simples. Lo que encerraban no eran profundos significados, no buscaban ninguna verdad extraña, siquiera eran relevantes. En ellas tan solo había lo que siempre hubo en aquella frase. Lo que tenía cuando la familia regresaba. Misiones, encargos, paseos, desapariciones. Parecía que el motivo era irrelevante cuando venía desde el cuerpo del espadachín. Aún con evidencia, aquel saludo no era todo. Nadie en aquel tejado, ni en el cielo se lo creía. Sin embargo, había ocasiones donde aquellas arraigadas cicatrices podían calmarse con el silencio tan único del enfurruñado muchacho. Era fácil callar con él. De forma inconsciente, una frase guiaba a un silencio. Esperando palabras extranjeras con los que cortarlos, y volver a empezar otros. Eran totalmente calmos, aunque ahora humeantes, aquellos silencios no habían cambiado tanto.

En la negrura sobre aquel lienzo infinito, desde el oeste, podía admirarse una pequeña y rápida nube, golpeada por vientos que no llegaban a tocar el suelo, y que parecía querer tocar a aquella gran luna, esquivando las estrellas en su camino. Debajo de las heridas, aún no se había escondido la mítica mueca, casi tan infinita como aquella escena. La luna seguía guardando sus sombras. — ¿Has estado bien este tiempo? ¿Tienes alguna herida? — Aún con la vista fantástica, el oro manchado cayó del cielo hasta el cuerpo al lado. Conocido como en el que se hospedaban, aquellos ojos reconocerían una herida nueva en un instante. Tal como sabían acerca de cada corte sobre la tostada piel, y todas las marcas que habitaban el cuerpo de la mujer de las nieves. Tal como recordaban las del callado adolescente desde su marcha. Otro silencio se entremezclaba en la escena inadvertida del cielo, donde la nube comenzaba a repasar una ínfima porción lunar.

Si que son calmos...

El oro, ciego en realidad, volvió al cielo, sin ver como la luna ignoraba a la nube, como miraba y alumbraba a aquellas sombrías figuras sobre el tejado, con un motivo desconocido por todos en la tierra. Tan digna siempre, tan inalcanzable y bella. Desterrando a las estrellas a su alrededor, partiendo el cielo entero en lo que era suyo, y lo que era del cielo. Eran esos los momentos más delicados del espadachín, aquellos en los que las cicatrices dolían. Zurdamente se apretaron las telas negras, arrugándolas y mostrando bajo ellas tramos de piel, tan heridos como siempre, bombardeados con un trabajo incesante. Manos grandes, un cuerpo alto. Quizás... — Kazuo... — aquel hombre no era capaz de calmar con su silencio, solo traía una incómoda e injustificada tensión sobre el cuerpo. La mano se forzó más sobre la tela negra. Nadie sabía por qué aún sobre el final de los labios se veía una curvatura, pues aquello ya no era ninguna sonrisa. — Ayer. ¿Te hice daño? — de nuevo, la luna se burlaba por aquella simpleza ridícula. Lo veía como a un pobre hombre sin la capacidad de trascender en nada, un tonto sin nada más que bondad. Pensaba ella en todo lo que podría haber preguntado, en todo lo que quería saber acerca del otro. Pensaba en como aquellas acuciantes preguntas habían tensado los músculos de su mano hasta aquel nivel. La luna, pero, está muy lejos. Pocas veces, otros se percataban de las pocas necesidades del hombre de espadas. Las superficies que arañaban hacían parecer que aquella figura negruzca necesitaba tan poco como comida, familia, honor y paz. Más casi nadie podría ver lo que aquellas palabras podían significar. Posiblemente sea alguien demasiado sencillo y fácil.


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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Vie Nov 04, 2016 2:35 pm








Kazuo

“Smoke around the moon”




Moonlight
Una pregunta que ambos sabían la respuesta. El cigarro capturado entre los labios del hombre de poco carisma se iba consumiendo lentamente, con poco esfuerzo por parte del pelinegro. Aquel que tenía cierta fascinación por la luna había recibido la visita de su contraparte, pues siempre le había visto como un ser completamente opuesto. La armadura oscura del espadachín, que siempre brillaba con la luz del día. El sol tomó una posición similar a la del humeante shinobi de la noche, adaptándose más a su propio tamaño. La tranquilidad que rondaba por tal escena podía ser a causa de diversas razones. Principalmente, el agotamiento de dos hermanos. Tras haber pasado por tanta tensión y heridas que nunca llegaron a cicatrizarse, sólo uno podía volver a reencontrarse con la calma. "Bienvenido a casa, Kazuo". Sus ojos aún se encontraban cara a cara con la luna, entrecerrándose un poco tras haber oído aquella oración, mas ninguna mueca se hizo presente en el serio rostro del pelinegro. "De verdad... eres un idiota". — Gracias. — Se oyó con una delicadeza que el fumador realmente no poseía. Un simple gracias, que llevaba sobre sus hombros sentimientos encontrados. Era fácil recordar tiempos pasados en los que sólo tenían que preocuparse por su no proclamada rivalidad. Un sitio donde no tenían que verse afectados por sus propias cargas que el pasado les había impuesto, con mucha crueldad. Las tragedias que habían sobrevivido años atrás se veían como las vidas de dos personas completamente diferentes. Pero sus consecuencias seguían vivas bajo la piel de cada uno, desviando el camino de los tres; para volverse a cruzar en el presente. Quién sabe por cuánto tiempo.

El viento llevaba consigo el humo del exiliado con prolijidad y misericordia, guiándole hacia la luz que el pelinegro tanto anhelaba. El sol siempre estaba presente todos los días, pero que la luna se presentase con entereza una noche, era un evento que no podía perderse. Fantástico. Por parte del que contaminaba sus pulmones sin ningún cariño hacia sí mismo, no había tensión en ese momento. Estaba consciente de que no era él quien tenía que decir algo, sino callar. Cargar esa mochila solo. Será porque le tenía bastante estima al espadachín, víctima de su propio trabajo duro plasmado en la piel. La convicción de que él representaba un mejor futuro para Lilith contaminaba hasta la última célula de su ser, pero era la razón quien también estaba de acuerdo con ese pensamiento. "¿Has estado bien este tiempo? ¿Tienes alguna herida?". Era inevitable para Katta preocuparse por alguno de su familia. Protector. Bondad transparente para cualquier humano que haya tenido contacto con él, incluso para sus oponentes. Por otro lado, Kazuo se mostraba siempre cerrado en su propia mente, protegido por un escudo de arrogancia y mal carácter. Pero nunca malo. Las estrellas eran cómplices de la evolución de ambos, y de los cambios que esta conllevaba. Otra nube de humo partió rumbo hacia lo inalcanzable. — Ya no somos niños. Tienes que dejar de preocuparte tanto por mí. — Su respuesta era evasiva. No hubo un "nosotros", ya que los dos siempre se preocuparían por la albina de ojos dorados. El pelinegro asumió aquella tarde cerca del templo que Katta notaría su repentino e instintivo comportamiento ante el enemigo. Eso despertaría la preocupación de tan buen hermano. Sin embargo, el humeante Shinobi aún se mantenía bastante reservado respecto a dónde estuvo y por qué tuvo que irse. Escuchó el llamado de aquel que compartía el pigmento de la albina en sus ojos, abandonando por unos segundos la luna y mirándole al espadachín directo a los ojos. Podía notar esa forma en que era observado. El más grande se veía afectado. "Ayer. ¿Te hice daño?". No hubo una mueca por parte del más callado, ni una protuberante arruga volviéndose a formar en la frente. No hubo nada por una pequeña porción de eternidad. Vociferó un suspiro, declarando infantil superioridad por sólo un rato. — Como si fueses capaz de hacerlo. — Se dibujó una media sonrisa algo provocadora, con forzada arrogancia ante el espadachín. Ante tantos cambios, algunas cosas siempre seguirían igual. No estaba seguro por qué había tomado esa inmediata postura contra él; posiblemente se trataba de nostalgia. Volvió a su serena expresión en menos de un minuto, retomando su apreciación hacia la enorme luna llena. — Aunque... — Irrumpió en el silencio que lentamente volvía a formarse, como un impenetrable muro entre los dos. — Lamento lo que sucedió. — No se mostraba ninguna emoción durante su disculpa, sino completa madurez. Esta podía referirse a muchas cosas, como haberle apuntado con un kunai al cuello o haberse ido cuatro años atrás. Sereno y a la vez centrado. El joven pelinegro, quien se consideraba a sí mismo como una bomba de tiempo, había cambiado mucho durante su ausencia. Miró el cigarro que tenía en la boca, el cual ya no era más que un cadáver. "Oh...




...se apagó"








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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Vie Nov 04, 2016 7:03 pm








Moonlight

"A sun who looks
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Estrella. Era muy fácil olvidar que el sol no era diferente a los millares de pobres destellos en todo el firmamento. Los opacaba con su luz protagonista, incluso a la luna. Grande, dador de vida y admirado. A sus iguales parecía esconderlas, sin embargo, le daba luz a la luna. y dejaba que ella reinase cuando él se iba. Y esa a su vez permitía a las estrellas poblar el firmamento. A todas menos una. Tras las épocas más calurosas, el País del Fuego era acometido por una caída de temperatura desconciezuda. Aunque no se podían adivinar del todo, algunas marcas, como precipitaciones más tormentosas, vientos y menor humedad comenzaban a hacerse patentes. Con las manchas terrosas observando a ya corto cigarrillo mientras quien lo mordía hablaba, el pensamiento consciente no pudo sino formularse la pregunta. ¿Cuánto de eso es humo, y cuánto es el aliento visible? Se había escuchado una discreta risa, ni eso una carcajada rebotada entre los dientes. Dejar de preocuparse... Son iguales los dos. De las muchas ignorancias de aquel espadachín, una de las más alimentadas era aquella del motivo por el cual no querría el hermano que se preocupase por él, o la mujer cada vez que venía de sus cuestionablemente seguros viajes. Rozaba una incomprensión ilógica. Aquel oro veía a dos personas fuertes, capaces de cualquier cosa, incluyendo protegerse a si mismos. Pero aunque el sol sabía que la luna no iba a irse, la iluminaba cada noche.

Aquel agarre no se agrietó prontamente. La mano, como un tiburón furioso, mordía insensible la tela aún cuando había escuchado una sonrisa a través de la siempre malhumorada o seria expresión. Tras cada cicatriz, había una sonrisa devuelta, pero aquella carcasa de piel endurecida no pudo corresponder tan fácilmente. Cuatro años, para todos. Si alguien conocía las agujas por las que pasaban las disculpas de Kazuo, era aquel hermano. ¿Cuántas habría arrancado el fumador? Sobre el cuello tostado, más pálido por la pálida luz, resonaba aún el frío metal. No existía una forma exacta de definir aquella expresión en cortador, inexplicable. Aquellos ojos, capaces de ver todos los cortes, capaces de trazar todas aquellas líneas asesinas, habían visto una de ellas brillando sobre la nuez que pronunciaba aquella voz grave con la que siempre hablaba tan educada y amablemente. Sobre los caminos de la piel habían caído innumerables lluvias y nieves, mirando el exterior de la puerta feudal. Se habían abrazado, aquellas extremidades, a la mujer nevada, en busca de ambos, consuelo y protección. No hacía falta que el pensamiento lo dijese, Katta lo había visto.

— No tienes que disculparte. — los ojos habían vuelto a la gran entrometida blanca cuando aquello sonó. Por nada me debes una disculpa. Los ojos y la memoria recordaba aquella línea metálica dibujándose alrededor del cuello. Pero ninguno de los dos era quien gobernaba a las espadas ni al portador. Ninguno era aquel núcleo. Bondad, paz, perdón... Nadie sabe qué se esconde en el centro del espadachín, aún cuando es transparente. Como en el cielo, las estrellas no se ven cuando hay un sol. Silencio nuevamente. Se alargaba como una serpiente sin veneno, una amable y constrictora serpiente que rodeaba a ambos con una fuerza placentera. Finalmente la mano izquierda dejó ir las vendas negras, que se resbalaron sin sujeción alguna. El pensamiento aún rodeaba al pelinegro fumador. A su inexplicado viaje. Pero había madurez, y tiempo cargados en sus palabras. Una calma adulta. No fue un tiempo echado a perder, ni serían vivencias plagadas únicamente de soledad y dolor. No, definitivamente no podía culparlo. — La espada está hecha un desastre... Es irreparable. — E insustituible. Aquella espada era una clase de diario, tan solo legible por aquellos ojos. No podían ver lo que el acero había reflejado, ni qué había golpeado. No podían saber qué había doblado el filo, disparado sus esquirlas y cortado el tsukaito. No podían localizar las piezas de la empuñadura que se habían soltado. Era un diario, con una letra difusa. — No has mejorado tu postura en absoluto. — Ahí estás de nuevo, sonrisilla.


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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Sáb Nov 05, 2016 3:55 pm








Kazuo

“Smoke around the moon”




Moonlight
Aquel evento pudo haber sido uno más del montón en otra vida. Una repleta de decisiones diferentes a la actual, donde el triángulo nunca haya tenido que romperse. Tres fragmentos, mezclados entre hojas llevadas por una ventisca. Eran diferentes y a la vez muy parecidos, pues su forma de afrontar el estado actual de su amistad era anormal. Disparejo. Dejó caer el consumido cigarro al lado opuesto de donde se encontraba el espadachín, buscando de forma perezosa el atado de cigarros por el tejado, palpando alrededor suyo. Sin embargo, tras una fugaz mirada a su inesperado visitante, decidió dejarlos donde estaban. No fumaba en aquel entonces. A pesar de que no movía un músculo y sus ojos revelaban su completo desinterés por lo todo lo que le rodeaba, él podía notar la tensión de Katta. Palabras mudas, que el moreno no se atrevía a darles voz. — "Lo sé..." — Resonaba en su cabeza, con más fuerza que las voces intrusas; incesantes. Estaba al tanto sobre su posición en el grupo, y el rol que su repentina desaparición le había dado. Era algo que él no podría cambiar. Quizá "disculparse" de forma tan indirecta no había sido el movimiento más astuto del Shinobi, ahora libre de humo. La astucia nunca fue su fuerte con ninguno de ellos, pues era transparente. Complicado; contradictorio. Pero siempre transparente. "No tienes que disculparte". La luna continuaba atrapando la mirada de los dos; no había noción del tiempo bajo tan estrellada y mágica noche. Ni siquiera la seguridad de que esa era la realidad, y no una ilusión. No tenía que hacerlo. Quiso disculparse. — Ya... — Se oyó deslizarse entre labios cerrados. "Lo entiendo. Entiendo a qué te refieres, Katta"

El mismo cielo se encontraba confundido ante la presencia del sol y la luna una misma noche. Simultáneamente. El único que les vio crecer día a día, sin perderse ninguno de sus logros. Ni sus caídas. Era fácil para Kazuo pensar sobre lo que el espadachín dijo aquel día en el lago cuando la albina se perdió en las profundidades del agua helada. Pero también era fácil dejar de pensar cuando él estaba presente, pues sólo recordaba usar sus puños para comunicarse con el cabeza hueca que tenía a su lado. Irreparable, escuchó del herrero. Esa palabra había adoptado un distinto significado dentro de esa oración para el pelinegro. Había pasado por mucho junto con esa katana; una forma de llevar a su familia con él durante su largo viaje. La misma que cruzó las puertas del feudo y regresó, a duras penas, a su verdadero dueño. "No has mejorado tu postura en absoluto". Confusas palabras eran acompañadas con una visible sonrisa; mueca que en el pasado habría sido respondida por un puñetazo. Y este respondido por uno igual. Se había ganado una mirada de mala gana, antipática; característica del pelinegro adicto al tabaco. De alguna forma, entendía a lo que el espadachín se refería. Desprolijo en estética, actitud y combate. — Cállate.Encendió un cigarro y quemó un poco la mano del espadachín. Aquella mano inquieta, sujeta a la tela de su vestimenta. Como un reto, por encontrarse tan tenso. — Te sorprenderías. — Concluyó, nuevamente liberando humo de la boca. Llevó su brazo libre atrás de la nuca para darse mejor soporte. Y nuevamente, se encontró cara a cara con la seriedad. — No la lastimé. — Esta vez, era él quien se sujetaba con innecesaria fuerza al tejado. — No lo hice. Nunca lo haría. No vuelvas a decirlo. — No le miraba. Liberaba su frustración directamente a la luna.



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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Sáb Nov 05, 2016 9:07 pm








Moonlight

"A sun who looks
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Quemadura. Tan fácilmente se dibujó sobre dos líneas cruzadas un pequeño círculo. Candente, menos que una forja. Sencillo y soportable. Molesto antes que doloroso, y apenas visible. Apestoso. La mano se alejó al unísono de un gruñido, quejando tan desconsiderada travesura. Qué vicio  tan maleducado. La brisa fría había apartado todo el humo del de morena piel, a la vez que apartaba la negra cortina de la vista del más bajo. El oro repasó aquella marca, como una picadura veraniega, poco más. Algo insignificante. Tanto que el momento, como el picor, se desvanecieron en miserables segundos, que se arrastraron por un muy ínfimo momento, hasta arrancar de nuevo la seriedad y temple sobre el anfitrión. "— No la lastimé. —" se escuchó pegarse a la pared de la esfera donde acababan de desaparecer. Separando la escena del resto de existencia, donde el tiempo no existía, o no se podía comprender. Atrapados en una burbuja transparente, con una pared imperceptible. Pero allí estaba. Tal como el aire, los músculos se destensaron y provcaron la desaparición de la discreta curva sobre los labios morenos, que volvieron a apuntar al gran monumento, que parecía lo único que juntaba realmente a los dos hombres entonces. Incluso aquel frío no logró hacer que las palabras quemasen el mismo punto que el cigarrillo, con mayor fuerza y deshumanidad. Culpa, de nuevo. En aquella ocasión, la intacta se abrazó a su gemela, protectora y curandera, frotando piel con piel sin un dolor que existiera en aquella realidad. Tu piel es muy áspera.

— No lo hiciste. — se volvió a afirmar, con la contundente sinceridad. Como una verdad innegable. Las palabras cargaron una convicción necesaria para el rayado como un tigre. No lo hizo. — Hacía años que ella no dormía tan bien. — Añadió. Gracias a ti. Evidentes de su intención, las palabras volvían a resbalarse, aunque no habían logrado siquiera rozar la pared aún. Destinadas de un modo despreocupado, fácil. Familiar. No eran tejas diferentes, ni un cielo o una luna diferente. No habían tantas distinciones. Un suspiro, con humillo blanco y visible que fue arrastrado de nuevo por la brisa. El pecho, que al respirar se hinchaba, sentía sobre él un peso extraño. No era desagradable, ni malvado. Pero no quería soportarlo. Tiempo, quizás. Culpa, tal vez. O...

La luna se duplicaba. Ocultaba tras ella las partes castañas de ambos ojos, dejando solo ámbar pálido a la vista, brillante y poco apreciado. Sobre la piel, todavía ardía una molestia extraña, la mano que ya no dejaba ver un solo rastro de abrasión, seguía dolida como una picadura oculta bajo piel y venas. En el mismo núcleo del cuerpo. — ¿Sabes..? — se escuchó, prorrumpido por un silencio extrañamente largo para el hombre de espadas. La mano protectora se cerró más aún sobre su igual. Como pasar una uña por el lateral de una lisa espada. Metálica y fría, sin nada en su interior para que resonase. Un muy largo silencio. — ... a tu espada le faltaba el mekugi. — Un anclaje de la empuñadura a la hoja, como un pequeño tornillo. Una pieza muy acoplada, que solo saltaba cuando la espada había recibido más de lo que podía dar de si sin tratamiento. Es otra de las muchas señales de lo que había sido usada. Y no hay mayor orgullo para un herrero que ver a su espada en manos de un buen hombre. Katta volvía a sonreír. El mekugi unía la hoja, aunque reforzaba a la vez la propia empuñadura, partida por la mitad. Dos piezas de maderas, reflejos de espejo, invertidos, sujetando a una hoja brillante y fría. Si, había perdido el mekugi. — Cuando llegaste, Lilith iba a contarme su último viaje. — Ella dijo "no dejaremos que Kazuo vuelva a marcharse sin nosotros". Los ojos finalmente volvieron a caer, hasta el anfitrión de pelo negro, mostrando bajo ellos aquella más molesta y sincera sonrisilla, cortando con la vista la fina fina pared. — Podría ser una forma de hacerla descansar... Es buena contando historias. —


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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Dom Nov 06, 2016 2:14 pm








Kazuo

“Smoke around the moon”




Moonlight
Como una alimaña que se arrastraba desde el estómago hasta su garganta, esperando poder salir. "No la lastimé". Se defendía ante los jueces presentes; el espadachín y las voces. Nunca había observado a la luna de esa manera. Sonriente, traviesa. Expectante una vez más de otra situación asquerosa para el pelinegro. Esperando, paciente, que vuelva a perder el control otra vez. Eso no pasaría con él. Sentía cómo la carga sobre sus hombros se iba trasladando a su pecho; parte del cuerpo con la que no podría sostenerla mucho más. Respira hondo; y exhala con tres breves intervalos de por medio. La figura humeante, sombría, opacaba la luz que aquella armadura emanaba constantemente. Madurez, pero algo más. Un peligro desconocido, incluso para el mismísimo fumador. Cualquier instinto de supervivencia te alertaría ante aquella presencia, apenas humana, pero bajo control. Bestias y monstruos se encontraban tirando de sus cadenas, gritando; sonrientes. Malignas. La resistencia del joven que nunca parece concentrado en nada en particular, sería una cualidad admirable si tan solo alguien pudiese notarla. La batalla incesante por el control entre dos facciones. Era él contra un ejército, todos los días de su vida. Liberaba esas pequeñas nubes de humo con notable alivio, arrancando porciones de estrés de su pobre alma.


"No lo hiciste"


Las voces callaron ante la presencia de otro guerrero en el campo de batalla. Uno desconocido por ellas, pero familiar para el malherido muchacho, constantemente peleando por mantenerse de pie. No lo hice. Quizás... no tenía que luchar solo todo el tiempo. Como en el templo, donde él hizo también su aparición. La sensación que corrió por su cuerpo cuando escuchó que Lilith había podido dormir bien en el hospital tras su aparición, era a causa de la emoción que menos le suele visitar. Felicidad. Era un individuo muy básico cuando se trataba de las emociones, pues cada músculo de su cuerpo se relajaba cuando ya no sentía una amenaza cerca suya. Como un animal, siendo lentamente domesticado. Entre algún que otro quejido típico de un perezoso, levantó su cabeza y el brazo debajo de esta. Se sentó. Sus ojos entreabiertos y una arruga apenas visible en la frente; la calma lograba traerle un poco de sueño. En ocasiones, simplemente dormía sobre ese sitio, sin preocuparse por lo que podría pasarle al descubierto. Confiaba en la luna. — Esa katana me mantuvo vivo por muchos años. — Vociferó entre humo, cerrando los ojos por un prolongado silencio. Sólo aquella hoja metálica era cómplice de su entrenamiento, y de los peligros a los que él tuvo que sobrevivir. Era un viaje del cual se mantenía muy reservado, privándose a sí mismo de recordar con entereza. Sus decaídas; encuentros y batallas. Era más fácil pensar que fueron cuatro años en completa soledad, pero no todos los días tuvo el gusto de sólo su propia compañía. Él se dejaba llevar por el espadachín y lo que la armadura tenía que decir. Siempre fue el más callado del grupo; el que se mantenía en la retaguardia. Incluso en una conversación, los roles de ambos no cambiaban en absoluto. "Podría ser una forma de hacerla descansar... Es buena contando historias". La mirada del pelinegro apuntó al suelo esta vez, abandonando la luz blanca que exigía más atención. — Sí..."Sí. Hablaré con ella"

El segundo cigarro de la noche se reunió con el primero. Morían a gran velocidad ante el fumador. Desconsiderado con su propio cuerpo y con aquellos que le rodeaban. Nuevamente, otro vago quejido. Se puso completamente de pie, guardando el atado de cigarrillos que descansaba sobre el tejado en su bolsillo derecho. — Bueno. Nos vemos.Anormal su casual saludo en una situación así. Sintió un repentino nudo en la garganta; palabras que le rogaban por un poco de voz. El muchacho se acercaba al borde del techo, listo para despedirse de ese sitio. "Sin embargo, él dijo...


...nos vemos"




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Kazuo
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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Dom Nov 06, 2016 4:37 pm








Moonlight

"A sun who looks
for every shadow"




Espada. Las espadas, después de años de existencia, habían adquirido no menos significados que cuestiones tan ambiguas como la vida y la muerte. El deber, las personas. Se habían vuelto relativas, excediendo límites, transcendiendo divinidades y creencias. Herramientas, les llamaban unos, compañeras otros. No había ninguna palabra perfectamente acoplada a las Ryusei. No era justo, decía la consciencia, llamarlas por otro nombre. Al igual que a un hermano se le llamaba por su nombre. Sin uno para ella, la única fiel compañera del pelinegro durante aquellos años parecía haber vivido bien. Lejos de vanagloriarse, ella parecía una de las hojas más humildes que habían visto los ojos de oro y tierra. Una espada que no presumía de sus heridas, que no se alzaba bajo la mano de un emblemático general, o que contaba las cabezas que habían cedido a su afilado toque. Tan solo recordaba momentos donde había logrado ser útil a su maestro. Eso hacen las espadas. Protegió a Kazuo, como las estrellas caídas lo hacían con Katta. No era el motivo por el cual el hombre más alto la había regalado, era inevitable para aquel no sentir cierta envidia del metal que estuvo allí cuando no hubiese nadie para Kazuo. Envidia y agradecimiento. Infinito agradecimiento. Aquellas palabras no eran sino para la espada. "Yo no las merezco." dijo el pensamiento mudamente mientras escuchaban crujir ligeramente el cuello vecino, mientras este se hacía el cansado, con una voz más grave de lo que recordaba la última vez que la escucharon.

Los músculos se tensaron, tiraron del cuerpo fornido como las cuerdas tiraban de las estatuas colosales en los templos más fantásticos. Hirguiendo la figura alta, un compás atrasada a la más esbelta. Ya nada quedaba de la quemadura, pero la piel aún se rascaba por si misma con un picor molesto. "— Bueno. Nos vemos. —" se escuchó, con la máxima sencillez posible. Uno de los pocos rasgos que había reflejado el dúo, no siempre pero, era aquel minimalismo marcado, limpiando lo innecesario del medio. Ligero. Libre. Mientras los pasos se auguraban al precipicio, rozando la frontera entre el vacío y las tejas. Las motas de tierra reflejaron por un momento la espalda, que sentado se sobreponía a la luna y la recortaba firmemente, con una silueta perfecta. Negra e incomprensible, pero limpia como el corte de una buena hoja.

Eran aquellos los momentos en los que el silencio y las palabras se armaban en una guerra más incomprensible. Donde decir lo que fuese podría coronar el tiempo o destruirlo, como un juego de equilibrio.Aunque no era un pensamiento tan astuto, sobre la figura que empezaba a alzarse tras el fumador solía convertirse en una ligerísima carga. Era complicado ver a aquel hombre conflictivo consigo mismo. Tenía la habilidad de ignorar los impulsos e instintos humanos para actuar como había prometido a alguna poderosa entidad. Tan simple, tan directo y transparente. Imposible de discernir. ¿Es un sol, o solo una espada? Se escucharon caer las cintas, liberando el abdomen, en un temerario exhibicionismo, que podría desarmar las defensas del cuerpo por muy fuerte que fuese. Una cinta negra que se enroscó como una serpiente sobre la mano que había sido quemada sin ninguna piedad. Duerme bien, Kazu. — Como nosotros. Un simple eco débil se escuchó, cuando los pasos de alguien más pesado que el fumador bajó por el otro lado del tejado. Y como no se preocupó por correr, sino que caminó sencillamente. Con la facilidad de los humanos. Con esa condenada facilidad.


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Re: Moonlight. — (Katta, Kazuo)

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