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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Lost Child | Con Yabuki Joe

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Lost Child | Con Yabuki Joe

Mensaje por Azula Uchiha el Jue Nov 03, 2016 5:24 pm


迷子

Lost Child

Misión con Yabuki Joe


Zona Alta – Alba

Una mañana común en la zona alta de la Capital. Las aves cantaban rutinariamente, al igual que el fresco viento proveniente de los sitios boscosos. El Sol salía con ímpetu del horizonte, amenazando con bañar utilizando sus rayos dorados a toda la nación, con el fin de ayudar a las plantas a crecer. El día de muchos había comenzado mucho antes; los panaderos, carniceros y granjeros estaban en sus oficios apenas cuando empezaba el amanecer. Igualmente Azula, aunque se mantenía ignorando su entorno mientras entrenaba. Un entrenamiento tanto físico, psicológico como moral. El campo de entrenamiento público estaba siendo ocupado por la fémina, donde se enfrentaba a sus propias capacidades con el objetivo de sobrepasarse a sí misma.
El sonido de la madera ser golpeada se podía escuchar desde la entrada, un número reducido de personas –entre ellas shinobis de la aldea, supervisores y entrenadores– se dedicaban a mirar desde las gradas del gran circulo de entrenamiento: Delimitado por grandes muros y decorado con múltiples muñecos de madera y paja los cuales se llevaban toda la tanda de golpes. La adolescente estaba vestida de una manera fresca y cómoda: Un top sobre su pecho, dejando expuesto su níveo abdomen, de un color oscuro una prenda ajustada cubría desde su cintura hasta sus pantorrillas, el conjunto delineaba su cuerpo, aunque no fuera marcado se podía observar lo en forma que se mantenía.
Golpe tras golpe, tratando de ser lo más veloz y fuertes posibles, había desviado parte de su chakra a sus extremidades para mantener el ritmo y exigirle mayor esfuerzo a sus músculos. La cola de caballo –la manera que cargaba arreglado el cabello– no dejaba de oscilar ante los movimientos súbitos. El entrenamiento se fue alargando hasta la entrada de dos hombres –también en forma– perteneciente a la armada de Fuego. Dichos hombres, shinobis igual que Azula, se tomaron la molestia de practicar con ella. Cosa que fue a parar mucho más allá que de un simple entrenamiento relajado. Tras una ladina sonrisa se dispuso a golpearlo lo más fuerte que pudo, esquivar sus golpes y coordinar contraataques que dejaban a ambos más de una vez en el suelo. Sus superiores veía la ferocidad de sus ataques y cada vez más personas se quedaban a observar la batalla de dos contra uno: Azula no les superaba con creces, pero su estilo de combate agresivo hacia que ambos tuvieran pocas oportunidades frente a sus ataques.

El agotador entrenamiento llegó a su fin, con su anfitriona cansada pero victoriosa como solía salir de los encuentros. En la salida del campo estaba su instructor: Persona responsable sobre las misiones de Azula. Aplaudiendo y halagando las capacidades de su subordinada. Tras una leve sonrisa por su parte al mismo tiempo que utilizaba su toalla para limpiar su rostro del sudor el mayor le indicó su nueva misión.
¿Un niño perdido?, ¿de verdad?, ¿y desde cuándo debo...? —gruñó por lo bajo, desviando su mirada con desagrado y decepción, ella esperaba mayor reconocimiento por sus actos, el sólo hecho de mandarle a buscar un niño perdido por el bosque resultaba ser una ofensa hacia sus capacidades anteriormente demostradas. —Escapa de mis manos, Azula-chan —la manera como la llamó quebró algo de paciencia en su cabeza, sus orbes ámbar se clavaron demostrando lo despiadada que podía llegar a ser su mirada —. Digo... —intentó recomponerse, su instructor no era nada más que eso para ella, no existía respeto de por medio, el mayor siempre había actuado de manera pasiva con ella; eventualmente Azula tomaría el control de su persona —Mejor no diga nada —agregó con desdén, dispuesta a salir por esa puerta antes de que la ira le consumiese y con ella, todo el campo de entrenamiento con personas incluidas.

Se tomó el postín al momento de darse un baño, descargando su ira dentro de su tina de aguas aromáticas, donde sólo había vapor blanquecino en toda la habitación. Vivía como una princesa en su palacio, aunque algunas personas se conformasen con el estilo de vida que ella llevaba, Azula no lo hacía. Simplemente quería más y más, insaciable y siempre inconforme. Su búsqueda nunca acabaría, así tuviera todo el mundo entre sus suaves dedos. Se vistió con una de sus prendas favoritas: el conjunto Jingoku Hime. Salió de su gran hogar con una mirada penetrante y con cara de poca paciencia, calle abajo hacia la salida de la Capital, frente la zona baja de la misma.

Zona Baja – Alba

Al pasar una señora se encontraba llorando, desconsoladamente y abrazando al que parecía ser su marido. La menor no hizo más que una mueca de desagrado, sin embargo, dicha mujer se acercó de prisa hacia su persona; instintivamente se alejó pero fue inútil, le tomó de la mano y dentro de sus llantos, pidió: —Me dijeron que era la shinobi encargada de la búsqueda de mi... Estábamos paseando como todos los días, pero luego escuchamos un ruido y nos asustamos, él salió corriendo entre el bosque, es pequeño no lo conoce. Además, tengo miedo de que los fantasmas se lo hayan llevado, ¡no lo puedes permitir!, los espíritus del bosque pueden ser despiadados, ¡debes salvarlo o será su perdició! Y no podré vivir con ello nunca más—hizo una pequeña pausa, mas su llano se intensificó a tal punto que su oído zumbaba por la molestia. Azula intentaba buscar la paciencia que tanto necesitaba, suspirando y procediendo a dar un poco de interés falso por el tema— ¿Su hijo, señora?, despreocúpese, iré a buscarlo y lo traeré sano y salvo —agregó, agregando un tono burlesco casi imperceptible en sus últimas palabras de la oración, tantas veces había escucha lo mismo que ya le resultaba gracioso, todo salía peor de lo que salía planeado, pero el sufrimiento ajeno podría perjudicar su reputación en el feudo por lo que era de vital importancia que cumpliera su palaba. —¡Gracias!, eres muy amable —volvía a escucharse la voz llorosa de la mujer, con una sonrisa torcida y sus ojos llenos de lágrimas—, te lo agradeceré eternamente —concluyó antes de separarse de ella, la azabache le despidió con una sonrisa artificial intentando apresurar el paso hacia el bosque, no quería tener más imprevistos o acabaría estallando. Lo que antes fue un día normal se había vuelto una pesadilla llena de estrés y temas que poco le importaban.

Al llegar a la susodicha entrada pudo notar que no había carromatos disponibles, por lo que la única opción era adentrarse a pie. —Todos son unos incompetentes —masculló por lo bajo antes de mirar al interior de la gran arboleda que estaba a las orillas del camino. —Azula... Debes calmarte, desde ahora te dejarás llevar por los acontecimientos... —Se aconsejaba a sí misma mientras acariciaba la cien, intentando relajarse e internalizar la paz. Miró hacia los lados y no vio más que mercaderes vendiendo sus nauseabundos productos baratos y a un mendigo que andaba por la zona. Realmente odiaba ese nivel de la Capital. Aunque fuera todo muy prospero, siempre había esos Cinturones de Miseria que rodeaban toda la grandeza. En su mente tenía el concepto tan básico y poco pensado sobre los pobres y la relación intrínseca con la debilidad. No podían justificar sus actos miserables, eran débiles y así la vida les recompensaba. Basándose en eso, Azula afirmaba que su grandeza estaba predestinada y que pronto ella lideraría una nación fuerte y con mano de hierro, poniendo en tela de juicio el mandato de la actual señora feudal.
No llevaba armas, quizás no las necesitaría. Después de todo siempre utilizaba sus poderosos puños para aplastar todo lo que se colocaba frente a su camino. Entre pensamiento y pensamiento había perdido valiosos minutos de búsqueda, por lo que paso: seguro y arrogante se encaminó al frente, con la mirada en alto como usualmente lo hacía, mostrando grandeza desde cada minúsculo detalle de su misma persona.



Datos:

Misión:

Ichimaru escribió:
Misión de rango D: Niño perdido

Lugar de la misión: País del Fuego / Bosque
Tipo de misión: Misiones Varias
Descripción de la misión: Un niño se ha perdido en el bosque del país del fuego, no se debe encontrar muy lejos pero el bosque posee tantas leyendas que las personas tienen miedo de adentrarse en el al anochecer, sus padres preocupados han pedido un Shinobi para que lo busque en el bosque y lo lleve con ellos a su hogar. Ten cuidado con lo que haces estas personas son muy creyentes como el niño y te podría tomar como uno de los fantasmas que abundan allí.

Recompensa de la misión: 500 Ryus
Extensión mínima de la misión: 50 lineas



Última edición por Azula Uchiha el Jue Nov 03, 2016 9:37 pm, editado 1 vez (Razón : Corrigiendo errores)
Azula Uchiha
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Re: Lost Child | Con Yabuki Joe

Mensaje por Yabuki Joe el Jue Nov 03, 2016 8:28 pm

La noche pasó y el sol se hizo presente de forma muy abrupta a los ojos de Yabuki Joe, quien se había pasado parte de la noche hurgando por la basura para saciar su hambre antes de quedarse dormido junto a otros vagabundos como él, quienes se habían marchado antes de que el pelinegro abriera los ojos, información que le fue entregada por los insectos del área. Lo único que habían dejado atrás era una magullada lata de sopa que se mantenía cerrada, la que fue colocada junto a la cabeza del muchacho como regalo de despedida. “Ni siquiera puedo recordar sus rostros…”, pensó Joe, apesadumbrado. Pocas cosas le molestaban más que recibir algo sin conocer las intenciones de la otra parte. ¿Era un obsequio? ¿Sería cobrado más adelante? Y de ser así, ¿cuál sería el precio de aceptarlo? Esas y otras preguntas rondaron por su cabeza, pero un gruñido de su estómago bastó para recordarle que nada de eso importaba más que conseguir la comida del día; después de todo, para él no existía frase más cierta que la popular “barriga llena, corazón contento”.

La miserable comida fue engullida con rapidez, y con la misma velocidad el joven vagabundo supo que esa lata de sopa no le bastaría para saciarse por el resto del día, por lo que salió del callejón en el que se encontraba y se mezcló entre las pocas personas que caminaban por las calles de las afueras. La gente se movía con rapidez, sin desviaciones, ya que la pobreza llamaba al delito, y los cobardes no sentían remordimiento al asaltar a quienes compartían sus desgracias. Los mendigos, por su parte, se movían entre las calles con cierta parsimonia, buscando la caridad del público, pero encontrándose de frente con la maldad de aquellos que los veían como poco menos que animales. No era de extrañarse, considerando que los lugares apartados de la vista son el punto de reunión de vagabundos y maleantes. Durante las primeras horas del día, Joe se vio envuelto en una discusión con tres hombres que buscaban someterlo a golpes, pero basta con decir que sus gritos fueron suprimidos antes de que siquiera pudieran abandonar sus gargantas. Toda agresión tiene respuesta, y la del descendiente de los Aburame solía ser una tajante. Era bueno para él encontrarse en esos lugares olvidados, ya que nadie extrañaba a aquellos que desaparecían por ahí. Una idea estereotipada, sin duda, pero correcta en la mente del vagabundo.

Aquí no encontraré nada —se dijo el shinobi errante mientras se sacudía el polvo de la maltrecha ropa con el sombrero rojo que solía utilizar, el que no tardó en volver a acomodar sobre su deslustrado cabello negro—. Será mejor ir más afuera.

Guiado por sus eternos acompañantes debido a su inclinación natural a la desorientación, el muchacho abandonó los callejones dominados por el hampa y salió a la periferia. Un ancho camino de tierra definía los límites entre la civilización y la naturaleza, separando las casas marginales del bosque aledaño y los campos usados en las faenas agrícolas. A orillas del camino, numerosos comerciantes intentaban vender su maltratada mercancía, la que solo habían podido conseguir después de que los agricultores separaran el producto dirigido al mercado de la capital. Era bastante claro que las frutas y verduras que se vendían ahí eran poco más que sobras, pero las personas que compraban en ese lugar no podían darse el lujo de escoger algo mejor. Entre los mercaderes de alimentos tampoco faltaban aquellos que deseaban aprovecharse del miedo y la superstición del pueblo, vendiendo amuletos y reliquias con sellos milenarios que los protegerían de demonios, bestias e incluso bandidos. Joe no sabía leer, pero su maestría en las técnicas de sellado le bastaba para saber que los trazos en esos objetos eran inútiles, además del hecho de que sus kikaichū no detectaban chakra alguno en esa tinta.

Tras varios minutos de ruegos infructuosos e intentos de estafa, una figura llamó la atención del vagabundo y de más de alguna persona de los alrededores. De andar erguido e impecable vestimenta oscura que cubría y contrastaba con una prístina tez blanca que se revelaba en sus manos y rostro, el que, enmarcado por dos mechones de lustroso negro, denotaba delicadeza y femineidad a pesar de su adusta expresión. Su presencia era tan imponente en ese lugar empobrecido que era imposible pasarla por alto. “¿Qué hace una persona así en este lugar?”, se preguntó el muchacho sin detenerse, su curiosa mirada clavada sobre la enigmática figura. “Quizá tenga algo de comida de sobra”, asumió, sin tomar en consideración algo más que su apariencia, ya que no se podía imaginar a alguien vestido así comprando en ese lugar. Tras tomar la decisión, se le acercó cautelosamente, buscando no despertar su agresividad.

D-disculpe —pronunció con suavidad al encontrarse a un par de metros de esa persona tan bien ataviada, buscando no molestarla con su presencia—. ¿Podría darme algo de comida que le sobre, por favor?
Yabuki Joe
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Re: Lost Child | Con Yabuki Joe

Mensaje por Azula Uchiha el Jue Nov 03, 2016 11:05 pm

Una presencia se hizo notar en su mirada periférica, era uno de esos vagabundos que no soportaba. «Quizás si lo ignoro no se atreva a hablarme» pensó la Uchiha luego de mantener su mirada al frente, aunque incómoda por tener a tal individuo cerca, casi podía percibir sus intenciones de acercarse como todos los sin techo hacen; cosa que le generaba mayor repugnancia. Una vez más, sus resaltantes ojos color ámbar volvieron al individuo, esta vez teniendo contacto visual: Era como si su mirada fuera lo suficientemente pesada como para llamar la atención, además del aura de pena que cargaba encima. Nerviosismo y pobreza interna podía reflejar ese par de ojos negros; era como si estuviera resignado a vivir así, inaceptable para una persona como Azula. Apartó rápidamente la atención de él, de manera brusca y poco disimulada.

No dejó de caminar, hasta intentó acelerar el paso para evitar cualquier contacto indeseado con él u otro individuo interesado en mendigar. Como parte de un sueño absurdo pero incómodo notó la cercanía del otro que se cerraba con el pasar de los instantes, era la primera vez que Azula no quería hacerse notar, no quería estallar y hacer trizas la poca paciencia que tenía; se había puesto nerviosa y su rigidez en los hombros lo hacía notar. Algo insignificante se había convertido en un factor influyente en el comportamiento de la fémina, todo por el mal día que llevaba encima. El momento llegó, su voz llegó a sus oídos, quizás con timidez o pena por molestar a desconocidos o quizás el sólo hecho de temer por lo que podría ocurrir si llegaba a enfadar a la persona que intentaba inundar con lástima y propinar que su corazón se abriera y fuera bondadoso. Lamentablemente Azula no tenía mucho de esas cualidades y se lo hizo saber sin más, de forma tajante: —No tengo nada, escoria, ¿acaso me ves con algo entre manos? —resolvió por insultar, pausando su paso aún sin darle la mirada, no obstante, aún sentía su pesada mirada sobre ella, tan repugnante, que sólo pensarlo imaginaba el olor que llevaba encima, aunque su sentido del olfato no captase nada, su cerebro emulaba el hedor. —Vamos, no tengo nada, ¿vale?, te puedes ir... —Aunque el contrario no insistiera, ella sí lo hacía, ¿quizás sentía culpa?, no lo sabía, pero su paciencia se alargó mucho más de lo que debió ser, como intentó internalizar antes «...dejaré que los acontecimientos me lleven», suspiró, tragándose todo sus hirientes insultos no vulgares convertidos en venenos, hasta ella se fuera envenenado si le fueran escupido todo lo que tenía pensado decir. Primera vez en la vida se mostró complaciente, aunque sea mínimo y bajo sus condiciones: —Ah... Bien... —accedió aunque –de nuevo– no le insistieran una vez más, cerró sus ojos momentáneamente antes de posar su mirada sobre el masculino. —Vendrás conmigo a buscar a un niño perdido, si haces lo que digo pagaré la comida que desees, ¿de acuerdo? —esperaba su afirmación, no a cualquiera le daría una cena: Después de todo no pagaría con su dinero, sino con el de su familia. Relajó sus hombros y esperó que le siguiera al reanudar su paso por el sendero que cruzaba el bosque.

Uno de los vendedores le llamó la atención de la manera más ruidosa y burda posible —¡Usted señorita!, compre su amuleto o será quemada por los espíritus del bosque—, eso no lo dejaría pasar, necesitaba regurgitar todo lo que tragó. Afilando su mirada se dirigió hacia él, colocó ambas manos en su espalda y le plantó cara. —¿Dice usted que esta baratija me librará del fuego? —señaló al pedazo de metal pulido –de mala calidad– sobre la penosa mesa de madera. No hizo más que agarrarlo y seguir con sus palabras: —Entonces, si usted se coloca esto quiere decir que es inmune al fuego, probemos la hipótesis, ¿de acuerdo? Tengo suficiente chakra como para quemarlo a usted, al resto de mercaderes y a toda su familia en fila —aquel hombre se colocó pálido como un papel, sus manos temblaban y se podía escuchar lo grueso que tragaba su garganta. No pudo mantenerle la mirada a la adolescente frente a él, el sudor era señal de que la pasaba muy mal. Azula dobló ese pedazo de metal con su mano y lo dejó donde inicialmente estaba. Se alejó de allí retomando el camino, respiró aliviada, se había quitado un gran peso de encima.

Bosque de Fuego – Este – Alba

¿Cuál es tu nombre, ah...? —intentó buscarle el sustantivo más adecuado y sin tratar de insultarlo, pero su cabeza iba a estallar si lo seguía intentando, por lo que se quedó callada esperando una respuesta contraria. Ya estaban siendo engullidos por el bosque al cruzar del camino principal de la Capital a un sendero estrecho –con el grosor de dos personas máximo–. El lugar estaba vivo: por la vegetación rastrera, los altos árboles, las aves, los animales herbívoros y hasta quizás, depredadoras acechando a sus presas. Se orientaba por el sol, aunque los rayos no pintaban todo el entorno de manera uniforme al este estar tan a un costado. El silencio reinó por unos segundos.

Un ruido peculiar captó la atención, una rama romperse para luego encadenar un montón de hojas hacer lo mismo, a la derecha de la fémina se vio una figura correr: Pequeño, corría de manera lenta pero escurridiza entre los árboles. Inmediatamente señaló, intentando enfocar mejor su mirada a través de las irregulares sombras producto del movimiento continuo de las hojas: —¡Tras el niño! —ordenó, preparando su ritmo de carrera hacia esa dirección, subiendo por una de las ramas con buena agilidad y alternando entre una y otra entre los grandes troncos dueño de las copas llenas de hojas verdes y poco uniforme. Por pequeños momento se podía perder de vista, pero más allá surgía su figura, correr de manera torpe mientras gritaba despavorido. «¿Acaso piensa que nosotros somos...? patético» se dijo a sí misma antes de divisar un grupo de sombras más adelantes. El niño también paró al verlas, era individuos, a juzgar por lo fornidas que resultaban sus sombras podía decir que eran hombre. Hizo una breve seña a su acompañante para detener el avance, bajando de la rama y poniéndose frente a frente con un grupo constituidos por cuatro hombres, fuertes y de apariencia salvaje. —Vaya, que pequeña presa tenemos aquí, pero al parecer viene el rescate... —se burló aquel hombre, su pose podía indicar su dominancia en el grupo, era el jefe sin duda alguna.

Datos:

Stats:

〉Ninjutsu: 4
〉Taijutsu: 7
〉Genjutsu: 1
〉Velocidad: 4
〉Resistencia: 10
〉Fuerza: 3
Off:

Puedes relatar el enfrentamiento con los individuos, en mi siguiente post ya podré narrar la retirada con el niño si no se complican las cosas x'D
Azula Uchiha
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Re: Lost Child | Con Yabuki Joe

Mensaje por Yabuki Joe el Vie Nov 04, 2016 2:45 am

La respuesta de la fémina no se hizo esperar, rechazando tajantemente la petición del joven mendigo. La negativa vino de la mano con la palabra escoria, algo que el pelinegro ya había escuchado en más de una ocasión. “Pudo haber sido peor”, se dijo, mientras sonreía nerviosamente debido a la pública situación en la que se encontraba. Varias personas se habían volteado a mirar la escena, dedicándole miradas llenas de lástima, mas no sentían la pena suficiente como para facilitarle algo de comida; después de todo, esos míseros alimentos que cargaban era fruto del esfuerzo que cada uno realizaba, y no era suficiente como para regalar parte del mismo a cualquiera que lo solicitara. Joe sabía eso, por eso se acercó a la persona que se mostraba superior; sin embargo, mantuvo el silencio después de su petición inicial, ya que tampoco buscaba obligar a nadie, por lo que le extrañó la forma en la que ella seguía negándose, llegando al punto de echarlo del lugar. “Creo que tendré que revisar los basureros otra vez”, pensó el muchacho mientras reanudaba su marcha, pero las siguientes palabras de la pelinegra lo tomaron por sorpresa. Usando un tono de liderazgo, la de ojos ámbar fijó su mirada en la del pelinegro y le ordenó acompañarla a buscar a un niño perdido. De ayudarle en su faena, ella le compraría lo que él quisiera para comer.

¡De acuerdo! —respondió el ninja errante, emocionado debido al prospecto de pedir lo que quisiera. Había tantas cosas que deseaba probar, y ahora tenía una oportunidad única. Solo debía encontrar a un niño perdido, algo bastante sencillo para una persona que puede hablar con aquellos que todo lo ven—. S-soy muy bueno rastreando cosas —dijo, mientras se apuntaba al pecho con el pulgar derecho, mostrando cierta confianza en sus capacidades a pesar de no abandonar el nerviosismo por completo.

Mientras seguía a la agresiva mujer en dirección al bosque, uno de los embusteros se cruzó en su camino, ofreciéndole un amuleto de protección contra el fuego demoniaco. Ella, ya habiéndose mostrado bastante tensa durante el intercambio, pareció soltar todo lo que tenía guardado en el pecho, amenazando al hombre con quemar a toda su familia antes de doblar el objeto metálico con la fuerza de su mano y dejarlo en su posición original, soltando un suspiro de alivio mientras se alejaba del aterrorizado sujeto. “Ya veo”, se dijo Joe después de aquél intercambio que observó de cerca, levantando el metal torcido una vez más antes de dejarlo en su lugar y seguir el paso de la muchacha. “Ella es una ninja que maneja el estilo de fuego, como yo”, intuyó tras la declaración de que utilizaría su chakra para calcinar al hombre. “La fuerza de su agarre es impresionante, pero no parece que su cuerpo esté muy desarrollado. Quizá utilizó chakra para potenciar su mano”, pensó tras evaluar el hierro torcido, cuya dureza no permitía que cualquiera lo torciera de esa forma, a pesar de su mala calidad. “Su vestimenta es demasiado lujosa para estos lares, por lo que es posible que viva en la capital”, se dijo, aunque de forma menos conclusiva, ya que esa respuesta tenía muchas otras alternativas.

“Deberé tener cuidado con ella”, concluyó en silencio mientras observaba la femenina silueta desde atrás, su andar seguro y algo más relajado que antes, para luego cerrar la distancia entre ambos, siempre manteniéndose a más de un metro de distancia.



Entrar en el bosque era algo que al joven vagabundo le desagradaba mucho debido a las malas experiencias que había tenido en ese lugar; sin embargo, era menester trasladarse entre los árboles para llegar a algún lugar en el País del Fuego, por lo que, después de soltar un largo suspiro de resignación, se internó en el mar de árboles, siempre a espaldas de la kunoichi que lo “contrató”. Al igual que en las otras ocasiones, el descendiente de los Aburame liberó a cuatro grupos de insectos kikaichû desde su cuerpo: dos grupos de exploradores, los que se extenderían por un área de veinte metros de radio, siempre teniendo al ninja errante como centro para mantenerlo alerta. El tercer grupo, dedicado al asalto, se mantenía reunido y oculto entre las sombras de los árboles, preparado para reaccionar a cualquier orden del pelinegro, mientras que el cuarto grupo se colocó en formación defensiva bajo sus ropas, formando una pseudo-armadura de insectos que buscaría amortiguar cualquier impacto que lograra sobrepasar al grupo de asalto. Debido a los movimientos silentes de los insectos manejados por los Aburame, las órdenes del muchacho habían pasado desapercibidas, o al menos eso pensaba él. Mientras terminaba de afinar los detalles de sus formaciones, la pelinegra interrumpió sus pensamientos con una pregunta.

“¿Cuál es tu nombre, ah…?”

El muchacho tragó saliva al escuchar esas palabras, su expresión mostrándose muy tensa. La mujer no podía saberlo, pero todos los que le habían hecho esa pregunta al vagabundo ya estaban muertos, varios de ellos por la misma mano del interrogado. Un nombre genera relaciones, hace que las personas te recuerden, y si ellas te recuerdan, recordarán lo malo que les hiciste, por lo que, usando tu nombre, te buscarán y se interpondrán en tu camino, alterando tu tranquilidad, amenazando tu vida. Ciertas imágenes aparecieron en la cabeza del pelinegro, haciéndole recordar la enorme cantidad de sangre que tenía en las manos. Matar no le causaba remordimientos, ya que se trataba de un medio para un fin; sin embargo, el esfuerzo que significaba el acabar con la vida de alguien era algo que él prefería evitar. “Pero si no le respondo, puede que ya no quiera darme comida”, pensó. “Haré lo posible para no tener que enfrentarme a ella”. —Puede llamarme Joe —respondió finalmente, usando un tono respetuoso.

Tras terminar sus deliberaciones, el ninja errante se percató de las voces de sus insectos avisándole de una presencia cercana al estrecho sendero que recorrían, a unos pocos metros de la posición en la que se encontraban. Debido a que ya se dirigían a esa posición, prefirió no dar aviso de su descubrimiento, permitiendo que las cosas sucedieran naturalmente. Al encontrarse junto a la presencia detectada por los insectos, ésta se reveló como un niño, el que salió corriendo al percatarse de la cercanía de ambos ninjas. La mujer dio instrucciones de perseguirlo, y el vagabundo obedeció, siguiéndole el paso de cerca al muchacho. Sus gritos horrorizados le recordaron a su propia persona, quien no era ajeno al miedo, por lo que no lo agarró al tenerlo al alcance, esperando a que se detuviera; sin embargo, sus kikaichû le dieron aviso sobre cuatro figuras que se encontraban avanzando entre los árboles, con las que se encontrarían de frente de seguir por esa ruta. Guardando silencio para mantener el factor sorpresa, Joe rompió la persecución y se ocultó entre los arbustos cercanos, avanzando sigilosamente entre las sombras. Desde una posición lateral, el muchacho pudo ver cómo el niño y la que aún lo perseguía se detenían frente a un hombre horriblemente fornido, el que estaba siendo acompañado por otros tres individuos de similares características.

Decidido a no correr riesgo alguno y con un plan ya en mente, Joe aceleró el flujo de chakra de su cuerpo y salió de su escondite a una velocidad de vértigo, aprovechándose de que el hombre había llamado la atención de sus compinches al anunciar a las personas que se habían encontrado. Tomando al paralizado niño de la cintura con su diestra, el vagabundo usó la zurda para tomar un papel con sellos escritos que mantenía en su bolsillo, el que colocó a los pies del hombre antes de dar un salto hacia atrás, arrastrando a la mujer en su movimiento. El papel pronto se iluminó, liberando una prisión ígnea que rodearía a los hombres sin permitirles el escape debido a la propagación del intenso chakra de fuego sobre los árboles aledaños; sin embargo, el bosque era bastante húmedo en esa zona, por lo que el fuego no ardería lo suficiente como para destruir el ecosistema, por lo que bastaba que ellos se alejaran por unos metros para despistar a los desconocidos, quienes no solo deberían luchar con el calor de las llamas, sino también con el humo. Si no eran inteligentes, era muy probable que sus vidas se vieran terminadas en ese lugar.

¡Corra! —gritó el vagabundo mientras se disponía a correr con el niño bajo el brazo, un clon de insectos creándose a sus espaldas para facilitar la huida de su aliada. La tarea parecía estar cumplida, pero todo dependía de las palabras de la joven pelinegra.

Información:

Estadísticas:
• Ninjutsu: 10
• Taijutsu: 5
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 10
• Resistencia: 10
• Fuerza: 5

Técnicas (que consumen chakra) utilizadas: 1.
Técnicas restantes: 7.
Técnicas utilizadas:
Kikaichū no Jutsu (寄壊蟲の術, técnica de los insectos de destrucción parasitaria):
Técnica pasiva y fundamental, base de todas las demás técnicas del clan Aburame. Al ser transformado en una colmena para los kikaichū al momento de nacer, el ninja Aburame obtiene la capacidad de comunicarse con toda clase de insectos, los que siguen todas sus órdenes, al pie de la letra y sin importar cuáles sean; sin embargo, su vínculo más fuerte siempre será con sus kikaichū.

La restricción de esta técnica radica en la cantidad de insectos que el Aburame puede liberar para sus técnicas, ya que, si bien éstos son inagotables, su uso excesivo puede significar una reducción importante de la población de kikaichū en su cuerpo, lo que se traduciría en una merma de insectos para las técnicas futuras.

El ninja Aburame puede utilizar cuatro técnicas diferentes relacionadas con sus insectos (entiéndase, kikaichū) antes de verse obligado a esperar tres turnos consecutivos sin liberar kikaichū para que la población alcance sus números normales. A medida que ascienda de rango, el Aburame podrá realizar dos técnicas adicionales por cada rango obtenido, alcanzando un máximo de diez técnicas. Mientras la colmena reestablece sus números, ésta se alimenta del chakra del Aburame, consumiendo el 20% de éste durante el tiempo de espera. Si los niveles de chakra del ninja disminuyen demasiado, la producción de nuevos insectos se detiene y deberá depender de los que se encuentren fuera de su cuerpo.

Otra restricción a esta técnica es el uso de insectos kikaichū hembra, ya que éstos son los más valiosos dentro de cada colmena debido a que se relacionan directamente con la tarea de reproducción y mantención de la población dentro de la misma. El ninja Aburame sólo podrá utilizar diez kikaichū hembra por combate, reestableciendo dicha cantidad al término de la pelea.

Cuatro liberaciones realizadas. El próximo turno comienza la reposición.


Ninpo, Kakusareta no Jutsu (Arte ninja, Jutsu oculto):
Mediante esta técnica, el usuario será capaz de utilizar cualquier técnica que conozca mediante sus pergaminos o etiquetas. De esta forma, cada vez que el usuario despliegue un pergamino con el sello de esta técnica, se sobrentenderá que tenía un jutsu que él conozca, sellado en dicho pergamino/sello, y por lo tanto el mismo emergerá del papiro. Solo se pueden utilizar técnicas coherentes por este medio, es decir, no se podrán utilizar Tsuugas a partir de un pergamino/sello.
Ejecutar un jutsu mediante esta técnica, gastará únicamente el gasto correspondiente al jutsu que se está utilizando. Es decir, si usan una técnica jounnin, gastarán una técnica jounnin, más no gastarán la técnica gennin correspondiente a este sellado.

Técnica utilizada a través del sello: Elemento Fuego, Fuego Cortante (火遁・火走り, Katon: Hibashiri).


Mushi Bunshin no Jutsu (蟲分身の術, técnica del clon de insectos):
Técnica secreta en la cual millares de insectos kikaichū se reúnen en un sólo lugar y toman la apariencia del Aburame o la de cualquier persona que éste desee. El clon es muy elaborado, tanto como para confundir con facilidad al clon con el original, por lo que puede ser usado como señuelo o para una táctica de distracción. Su poder de ataque y velocidad están directamente relacionados con la habilidad del ninja con el ninjutsu. El clon se descompone en insectos al ser golpeado, y debido a que está formado por insectos, puede reformarse de forma muy veloz, aunque no soporta más de dos golpes antes de deshacerse al recibir el 3ro, sin embargo las explosiones o fuertes jutsus elementales de katon y raiton pueden deshacerlos facilmente. Al estar formados por insectos las armas arrojadizas pequeñas (kunais, shurikens, sembons y similares) los atraviesan sin destruirlos. Pueden usar armas, pero no realizar jutsus. Estos clones pueden engañar al sharingan pues llevan el mismo chakra que el usuario, pero no al Byakugan pues este puede ver claramente su composición, tambien pueden engañar al olfato pues llevan el mismo olor corporal del Aburame. Cuando estos clones son destruidos el usuario puede recuperar la información que poseían si al menos un insecto de los que lo conformaban sobrevive.

Clones creados: Uno.
Off:
Al final no hice mucho drama, pero igual nos queda una ronda. Joe quiere esa comida. (?)
Yabuki Joe
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Re: Lost Child | Con Yabuki Joe

Mensaje por Azula Uchiha el Dom Nov 06, 2016 3:45 pm

Piérdanse, miserables, no tengo tiempo para pisotear más basura —agregó la fémina, alzando su mirada como normalmente hacía para amedrentar con sus hermosos ojos ámbar. Desafiante en todo momento, y lo suficiente para sacar rugidos de los curtidos hombres –que parecían más animales que otra cosa–, con ropas de pieles sucias y herramientas de caza como armas. Uno de ellos intentó dar paso adelante, mas el líder le hizo retroceder con gesto salvaje combinado con un sonido gutural poco entendible. —Te destrozaremos —rugió el más alto, apretando la empuñadura de sus armas y mostrando sus carnívoros dientes. Evitó echar un vistazo a su aliado que cuidaba la retaguardia, no quería revelar su posición y por el tiempo que tardaba no sabía si esperaba una señal o ideaba un plan por su cuenta, de cualquier forma, no esperaría mucho más, la tensión amenazaba con inducir un combate brutal que podía acabar mal. Sin embargo, las acciones llegaron y, por fortuna, fueron del bando femenino.

Ramas y hojas se quebraron al unísono frente las acciones de Joe, su mirada periférica pronto le detectó como un fugaz celaje, con suma velocidad que sorprendió a Azula. Sus expectativas estaban tan bajas que lo logró, había captado su total atención y más aún, considerado como un shinobi, era difícil provocar ese efecto y más de manera súbita, tan extraño que ya era considerado como un factor; debía determinar si sería negativo o positivo y tomar las medidas correspondientes a cada caso, eso requería investigación. Ella paralizada, manteniendo la postura mientras hacía contacto visual con su compañero, éste parecía querer poner a salvo al objetivo; sujetándolo y arrojando lo que parecía ser un papel que pronto se metió entre las hojas «Fuinjutsu... Como Azazel», pensó, corroborando ya que sus habilidades ninjas eran importantes, era una variante valiosa. Desvió parte de su chakra a sus extremidades para dar un salto significativo hacia atrás, retomando la anterior rama, dar media vuelta y seguir a su compañero, el cual no dejaba de sacar muchas cartas debajo de sus mangas de vagabundo. Su mirada, afilada y analítica se posó en él con desconfianza antes de echar su visión hacia atrás, asesorándose de que no los siguieran.

No nos siguen, Joe, a la Capital —ordenó una vez más, comiéndose metro tras metro de manera vertiginosa, esquivando los troncos y estableciendo la trayectoria; siguiendo de regreso el anterior camino que ambos había tomado. La formación de un clon a partir –de lo que parecían ser– insectos, tomando la forma de su creador. Su potencial iba en crescendo, y la seriedad que le tomaba al asunto también iba al mismo nivel. —Debemos llevar el niño a la Capital y esto se acaba —informó, bajando de los ramales e incorporándose a un lado del mendigo, ignorando totalmente las anteriores destrezas demostradas y actuando con suma naturalidad ante la situación vivida. Se aseguró visualmente que las figuras fornidas no les hayan seguido hasta la posición actual, aunque era difícil diferenciar una figura entre tantas sombras móviles.
Al tocar el camino principal retuvo su urgente paso, dirigiéndose a la Capital para cerrar de una vez por toda esa misión tan extraña y aleatoria dentro de un día extraño y aleatorio. Debía suspirar y tomar otro baño caliente.

Zona Baja – Alba

La Capital pronto tomó la atención del par de héroes, aunque el niño llorara por el miedo que pasó hace unos instantes, la mujer –madre del niño– se acercaba con exuberante felicidad. Abrazando a ambos rescatistas, ignorando totalmente la suciedad del mendigo. —No fue nada... Pero deberían tener más cuidado —«este rescate no se repetirá», pensaba de mala gana mientras su rostro era decorado con una sonrisa tan falsa pero digerible para los demás. Recibió el pago y como parte de la misión, Joe también recibiría el suyo pues su participación fue de importancia; algo deducido por el propio instructor de Azula.

Tras un breve ademán se dirigió con el contrario al restaurant más cercano. Intercambió un par de palabras con el encargado y este, con un gesto de sorpresa aceptó gustoso. La familia Konoe era ciertamente privilegiada en ciertos sentidos económicos. Se sentó en una mesa para una persona con el té que recién compraba: De jazmín, humeante y oloroso. —Toma asiento y pide. Hiciste un buen trabajo, pero no vaciles la próxima vez —y lo reconocía, también hacia su alusión a la poca franqueza que tuvo al momento del rescate: Quizás tenía habilidades de un shinobi pero no un entrenamiento como tal, carecía de ciertas características o eso pensó como primera impresión. Una vez terminó dejó la taza vacía sobre su respectivo platillo sobre la mesa, se levantó de allí y sin darle la mirada como acto despectivo, indicó: —Y date un baño, tienes un olor nauseabundo —no podía irse sin ser cruel. Salió del local, pensativa. Manteniendo su formal paso.

Vaya, Joe. Era la viva imagen de una incorrecta subestimación. Interesante eres...—musitó para sí misma antes de perderse entre la multitud en la calle principal, decidida a descansar.

Datos:

Stats:


Los usuarios de esta especialidad (todos, sin importar si fue primearía o secundaria) podrán sacrificar puntos de ninjutsu para aumentar su fuerza o su velocidad. Es decir, podrán acumular chakra en sus piernas y, reduciendo su ninjutsu hasta 3 puntos, podrán subir su velocidad hasta 3 puntos. También podrán hacerlo para subir su fuerza. Esta es una habilidad intrínseca del control de chakra de los especialistas de ninjutsu médico, por lo que no contará como una técnica.

〉Ninjutsu: 1
〉Taijutsu: 7
〉Genjutsu: 1
〉Velocidad: 7
〉Resistencia: 10
〉Fuerza: 3
Off:

Y damos por terminada nuestra misión~
Espero y fuese de su agrado, pues para mí lo fue

Misión cumplida
200 L
Azula Uchiha
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Re: Lost Child | Con Yabuki Joe

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