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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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{Entrenamiento} Surviving in nature.

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{Entrenamiento} Surviving in nature.

Mensaje por Yagami Akio el Lun Nov 07, 2016 4:24 am

―Sé que quieres ser un maestro en Genjutsu; pero solo eso no basta para ser un buen shinobi. Sí quieres vivir un día más para cumplir tú objetivo, será mejor que empieces a trabajar en tus puntos débiles de inmediato. Puede que un día te encuentres con alguien mejor que tú y tengas que salir de tú zona cómoda.

Aquellas  habían sido las directas y honestas palabras de su oba-san. El joven lo pensó unos segundos  y después asintió, completamente de acuerdo con lo que la mujer mayor había dicho y seguidamente le preguntó, con total seriedad:

―¿Qué debería hacer primero, oba-san?

La mujer sonrió, esperando aquella respuesta y de inmediato le tendió un viejo pergamino a su nieto adoptivo, que lo miró con interés y lo tomó. Seguidamente, el muchacho arqueó una ceja, mirando fijamente a la mujer en espera de una explicación.  

―Ya que no puedo ir contigo, te dejé todas las indicaciones en ese pergamino; ve al Cordón Montañoso del Norte y quédate ahí una semana, conéctate con la naturaleza y aprovecha los recursos que ella te ofrece; entrenarás un área específica cada día hasta tú regreso. Abre éste pergamino a penas llegues. Sí haces todo de la manera que espero que lo hagas, tendrás una gran mejoría. Una última cosa: la naturaleza puede ser tú aliada o tú enemiga. Ten cuidado con los animales salvajes y otros ninjas.

Sin nada más que decirse, Yagami guardó el pergamino en uno de sus bolsillos y se despidió de su abuela, con una suave sonrisa y la promesa de regresar más fuerte que nunca.


***


El viaje había sido rápido. Al final, Yagami había optado por llevar solo algunas cosas básicas: la cantimplora y sus armas. Del resto, seguiría el consejo de su abuela y aprovecharía los recursos de la naturaleza. A fin de cuentas, tenía que sobrevivir por su cuenta.

A penas entró en lo que era el cordón montañoso, sintió la suave brisa helada acariciando su cuerpo, causando un estremecimiento en él. No estaba acostumbrado a temperaturas tan bajas. Y eso que aún tenía que ir cuesta arriba, pues solo se encontraba al pie de la gran montaña.

Empezó a ir cuesta arriba, caminando. El frío oponía resistencia y a medida que subía, sentía como el nivel de oxígeno bajaba. Su respiración comenzaba a agitarse, y algunas gotas de sudor que intentaba escapar de su cuerpo se congelaban de inmediato, bajando aún más la temperatura de su cuerpo. Con ese ritmo, el peliverde tardó un par de horas en llegar hasta la mitad del cordón montañoso, entonces se detuvo y cerró los ojos, respirando profundamente y volvió a abrirlos. Sería mejor que se acostumbrara, porque estaría ahí una semana con el silencio como única compañía.

Inspeccionó la zona donde estaba. Era una pequeña área cubierta de árboles y una fina capa de nieve. En el lateral izquierdo, habían unas rocas de diferentes tamaños: la más grande tenía forma redondeada y medía aproximadamente un metro de ancho y alto. A sus lados había piedras más pequeñas, esparcidas de forma aleatorias. Yagami observó el suelo donde estaba parado, y con un movimiento rápido del pie, levantó un poco de tierra. En su mayoría, el terreno era seco y liso. Perfecto para montar un campamento.

―Veamos que dice... ―murmuró para sí, mientras sacaba de la mochila el pergamino que le había su abuela. Lo abrió con cuidado y empezó a leer rápidamente. Al memorizar su contenido, envolvió el pergamino y volvió a colocarlo donde estaba. ―. Sumamente simple y complejo a la vez; será un excelente ejercicio ―se acomodó el sombrero de sapo del que nunca se apartaba y sacó un kunai. Se dirigió en dirección a los árboles, enterrando el kunai en el tronco de uno de los más cercanos e hizo una profunda línea horizontal sin dirección alguna. Le serviría como guía a medida que se adentrará en el bosque, pero tampoco revelaría su ubicación exacta a cualquier forastero. Era un método simple y eficaz.

Su primera tarea: buscar suministros, empezando por leña para hacer una fogata. ―Se supone que debo hacerlo solo con el kunai; empuñándolo con fuerza y usando el lado filoso para golpear hasta que caiga ―recitó, en voz baja.

Aquel ejercicio le ayudaría a mejorar su fuerza, y como al final tendría que cargarlos hasta el lugar donde establecería su campamento, también ayudaría a su resistencia.

Encontró un árbol de dos metros de largo y medio metro de ancho que le pareció perfecto para empezar. Sin más, sujetó el kunai con fuerza y lo empujó por el tronco de forma horizontal, realizando así el primer corte. Dada su fuerza actual, apenas era de medio centímetro de grosor. ―Patético ―bufó. Podía hacerlo mejor.

Volvió a ejecutar el mismo movimiento, tomando ésta vez más distancia. El resultado fue casi el mismo. De ahí en adelante, comenzó a repetir la secuencia.

Con cada corte que hacía sentía como su brazo –el derecho- se iba cansando, ya que no solo pasaba el kunai, sino que intentaba enterrarlo lo más que podía antes de deslizarlo de forma horizontal. Estuvo horas en eso, dedicando toda su atención en derribar el árbol. Ignoraba el pasar del tiempo, teniendo la mente completamente en blanco mientras se dedicaba solo a eso.

Hasta que escuchó un aullido a sus espaldas.

Volteó de inmediato, justo a tiempo para ver como un lobo gris de tamaño medio se abalanzaba sobre él. A penas tuvo tiempo de reaccionar para colocar sus manos en el cuello del animal, dejando caer el kunai e impidiendo que éste le destrozara el rostro. Chocó contra el tronco del árbol que estaba cortando hasta hace unos momentos y escuchó un crack, señal de que la fuerza del impacto había ocasionado que el tronco terminará de colapsar, sin embargo, ignoró eso, enfocado en mantener el equilibrio e impedir que la bestia lo devorarse.

De un segundo a otro, intentó quitárselo de encima y tirarlo a un lado, pero el animal tenía sus garras enterradas en sus brazos así que se fue con el animal, rodando un par de metros a la izquierda  al final quedando la criatura encima de Yagami. “Necesito el kunai” pensó, “O una piedra que me sirva como arma”. Mantuvo la calma a medida que forcejeaba con el lobo.  Se encontraba a tres metros del árbol cuyo tronco yacía cortado; el kunai estaba a sus pies. La única forma de recuperarlo era moverse hasta alcanzarlo con las manos, o simplemente no usarlo. Escogió la segunda.

Yagami intentó presionar el cuello del animal con sus manos, ocasionando que el agarre de éste se volviera aún más fuerte. Hizo una mueca de dolor, pero no se detuvo. Aumento la fuerza gradualmente y el animal comenzó a desesperarse, intentando con más afinco acercar su mandíbula  a su rostro. Los separaban solo unos centímetros a ambos. El peliverde vio los enormes colmillos del animal y olió su putrefacto aliento. Estuvieron unos minutos en esa posición, hasta que la bestia de poco a poco perdió la energía y sus ojos se volvieron blancos, dejando de luchar por completo, solo entonces, el joven pálido suspiró de alivió y comenzó a quitarse las garras del animal de sus brazos. Primero se quitó las del brazo derecho y sintió casi de inmediato como comenzaba a salir un poco de sangre, sin embargo, era cubierta en su mayoría por su camisa manga larga. Tendría que revisar la herida más adelante. Hizo lo mismo con el brazo izquierdo y arrojó el animal lo más lejos que pudo, un par de metros frente a él. Su respiración estaba un poco agitada. ―Por poco… ―masculló. Aquello era una señal de que tendría que estar más atento.

Pasados unos minutos, se levantó. Unas gotas de sangre resbalaron por su brazo, pintando la nieve de rojo. Lo ignoró y caminó hasta el tronco. Se agachó y tomó el kunai, guardándolo con un rápido movimiento. Ahora tenía que desplazar el tronco, de poco menos de dos metros de largo, hasta su campamento. Alzó la mirada, intentado encontrar el sol. Las nubes lo tapaban, sin embargo, por la claridad del día suponía que eran entre las tres y cinco de la tarde. Tenía cerca de cuatro horas para llevar el tronco (y el lobo. Era comida y no iba a desperdiciarla) antes de que anocheciera.

―Será divertido ―intentó ser positivo. ― ¿A quién engañó? Va a ser extremadamente agotador. ―bien, aquel no había sido su mejor intento. Tomó al lobo del pellejo y lo colocó sobre el tronco que iba a llevarse. Sí regresaba por el después, otro animales ya se lo habrían comido.

Con las fuerzas que tenía, sujeto el árbol cortado desde su base y comenzó a arrastrarlo hasta su campamento. En ésta ocasión, muchísimo más atento a su entorno. No quería repetir el accidente anterior. Tuvo especial cuidado para no tropezar con rocas y otros obstáculos en el camino. Lo desplazó poco a poco, hasta que finalmente recorrió los cien metros y llegó a su destino.

Dejó el tronco cerca de las rocas que estaban en el lateral izquierdo y volvió a sacar el kunai. Aún no terminaba, ahora le tocaba cortar la madera que necesitaba para la fogata. Ese era el truco: solo la que necesitaba en ese momento. Y tendría que repetir el proceso cada que quisiera hacer una fogata. Se agachó y comenzó a enterrar el kunai violentamente en la madera, intentando rasgarla para que fuera más fácil separarla del resto. Ésta vez, demoró menos. Yagami supuso que aunque fueran mínimos, el entrenamiento recién comenzaba a dar frutos. Observó con satisfacción la madera cortada. Era un pequeño montón, suficiente para que le durara hasta el día siguiente. Los colocó cuidadosamente en el centro de aquel lugar y busco dos rocas pequeñas y secas para intentar encender la llama.

Comenzó a friccionar las rocas entre sí, y rápidamente logró la llama que necesitaba. Sonrió de satisfacción y se levantó. Ahora tenía que preparar algo de comer.

Usando el kunai, le quito la piel al lobo y la dejo a un lado, probablemente la usaría como una manta. Después empezó a hacerle diversos cortes para sacarles varios trozos de carne. Lo bueno es que con el frío, la carne se mantendría por al menos dos días.

―Supongo que hoy dormiré a la intemperie ―dijo, viendo como el día pasaba a ser noche y las temperaturas comenzaban a bajar.

Tomó la piel del lobo y la colocó a sus espaldas. Ésta apenas le cubría un poco de la espalda y los hombros, pero era mejor que nada. Tomó un trozo de carne y lo insertó en una rama de madera larga y delgada, entonces se acercó a la fogata y se sentó frente a ella, colocando varias rocas que le sirvieran de soporte para sujetar la rama. Mientras se cocinaba, aprovechó para sacar su cantimplora de la mochila que cargaba y bebió un poco de agua. Se remangó la camisa para observar las heridas que tenía. Tenía unos cuantos rasguños y a simple vista se notaba donde se habían enterrado las garras del animal; había sangre seca en la herida. La lavó con un poco de agua y volvió a bajarse las mangas; por el momento, eso es todo lo que podía hacer con lo que tenía a la mano.

El especialista en genjutsu se comió la carne ya cocida y luego se acostó ahí mismo donde estaba, con la vista al cielo, usando su mochila como una almohada. Y cerró los ojos, pensando en el día que había vivido. Sin dudas, había sido bastante difícil y agotador. Había tenido que cortar y trasladar un árbol mucho más grande que él, y por sí fuera poco, había tenido un encuentro muy desagradable con un lobo, al que al final había logrado matar pero había dejado un par de heridas en él. Con todo eso más el viaje hasta llegar a esa montaña, Yagami solo quería descansar. El fuego mantendría lejos a los depredadores, y con su sueño ligero, podría despertarse al sentir alguna presencia humana cerca. Por fin, después de un largo día, podía dormir y recuperar fuerzas.


Fin de llegada y día 1.


Última edición por Yagami Akio el Mar Nov 08, 2016 9:50 pm, editado 1 vez
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Re: {Entrenamiento} Surviving in nature.

Mensaje por Yagami Akio el Mar Nov 08, 2016 2:34 am

Al día siguiente, cuando Yagami abrió los ojos, lo primero que sintió fue un leve dolor de espaldas ocasionado por dormir sobre el frío y duro suelo. A su lado, la fogata dejaba escapar un débil humo que se perdía en el cielo, estando sobre un pequeño montón de cenizas. El joven se sentó y volvió a acomodarse el sombrero de sapo, mientras comenzaba a observar a su alrededor, en busca de alguna anomalía. Se fijó cuidadosamente en cada detalle, dejando escapar una leve mirada de tranquilidad al ver que todo estaba igual que lo había dejado la noche anterior. Además, no sentía ninguna amenaza cerca, así que por el momento estaba seguro. Desde su posición, aprovechó para revisarse las heridas del día anterior: éstas estaban un poco hinchadas, pero cicatrizaban rápidamente. Producían un poco de dolor, pero probablemente para el día siguiente ya habrían sanado casi por completo.

“Será mejor que corte más madera; me servirá para hacer un refugio decente. Las hojas pueden servir como colchón” fueron sus pensamientos mientras se ponía de píe. Tomó la mochila que había usado como almohada y sacó una cantimplora de ella antes de ponérsela a sus espaldas. Bebió la poca agua que tenía y la guardó. “Buscar agua también debe ser una prioridad; sin dejar de lado el entrenamiento que se supone que debo hacer hoy” por suerte, Yagami era lo bastante organizado para saber que podía cumplir con todo. Pero para eso necesitaba empezar desde ya.

Comenzó a bajar la montaña en busca de una fuente de agua potable; lo más seguro es que hubiese un río, dado que había animales por ahí. Demoró un poco bajando y moviéndose entre los árboles, pero finalmente llegó a una pequeña concentración de agua. Se fijó en la cristalidad de la misma, para ver sí era apta para el consumo de inmediato. Con un poco de satisfacción, llegó a la conclusión de que sí lo era, pues podía ver las pequeñas rocas diversas en la profundidad, además, se había agachado en la orilla y tomado un poco del líquido, sintiéndolo bastante agradable al paladar. Se aseguró de llenar la cantimplora y memorizar la ubicación antes de regresar a su campamento.

Llegó y dejó la mochila de un lado, sacando el kunai y acercándose al tronco que le quedaba. Había gastado cerca de mitad ayer, y no parecía suficiente para montar una pequeña tienda de campaña de ramas. “Buscaré otro” y así hizo. Tomó otra vez la mochila y buscó un árbol grande que le sirviera para lo que necesitaba hacer.

Y repitió el procedimiento del día anterior. Pero ésta vez sin ningún lobo que se abalanzara sobre él.

Vio con satisfacción como el árbol caía. Éste tenía más hojas y ramas que el anterior. Lo tomó de la base y comenzó a arrastrarlo hasta su improvisado campamento.

Ahí, le quitó todas las ramas. La mayoría eran largas y rectas, y cortó una parte del tronco para completar. Comenzó a colocarlas una contra la otra con la misma forma que tiene una tienda de campaña tradicional. Usó algunas de las rocas para que sirvieran de freno y las ramas no se deslizasen de su posición. Al final, su refugió apenas había llegado a tener un metro de alto, pero era profundo, lo suficiente para que él se metiera por completo. Por último, Yagami metió las hojas del árbol adentro, esparcidas de forma que taparan algunos de los puntos más irregulares del terreno. Satisfecho, ya tenía donde dormir.

Era cerca del mediodía, así que aprovechó para comer de una vez antes de irse a entrenar. Cortó un poco de la madera que le quedaba y encendió una fogata, que uso para cocinar un poco de carne de lobo; mientras comía, notó que probablemente le durarían hasta al día siguiente los recursos que tenía, tanto de madera como comida, pero ya se preocuparía por eso después.

Al terminar de comer, apagó la fogata y se adentró en el bosque. Ese día entrenaría su ninjutsu. Se acercó a una zona pequeña de árboles, cerca del río que había encontrado con anterioridad. Serviría como área de entrenamiento.

―Fūton: Shinkūgyoku ―dijo, observando fijamente el árbol que sería su objetivo. Realizó los sellos de manos necesarios, en un primer momento, de forma un poco lenta pero meticulosa, asegurándose de que sus manos y dedos estuvieran en la posición correcta. ―Rata,  Liebre,  Perro. ―susurró para sí. Luego, tomó una profunda bocanada de aire antes de expulsarla con todas sus fuerzas contra el árbol, que estaba ubicado a una distancia de tres metros en línea recta frente a él.

Para el tronco, apenas era como lanzar una pequeña piedra contra el: no había daño alguno, solo una leve hendidura que podía atribuirse más a la forma del árbol que a la técnica en sí. ―Contra un oponente sería útil para causar desequilibrio, pero sí la persona en cuestión es más fuerte, poco le afectará ―analizó, de forma objetiva. ―. Sí soy capaz de controlar la fuerza con la que impacta, el jutsu podría tener más de una utilidad, pero antes debo aprender a realizar los sellos de la forma más rápida y eficaz posible ―concluyó.

Se acomodó dónde estaba y volvió a ejecutar el mismo jutsu, ésta vez intentado dirigir las balas de aire a un punto específico cada una. Hizo los sellos de mano y aspiró todo el aire que pudo, sintiendo como sus pulmones se llenaban del mismo, y después lo expulsó de poco a poco. Apuntó de forma que con cada bala de aire que impactaba, se formará un pequeño punto. Con las primeras cuatro, imaginó que estaba apuntando a una persona: a sus brazos y sus piernas, y la última bala en el estómago. Al final, había hecho unos puntos que sí los unías, daba la forma de un reptángulo con un pequeño punto en el centro.

Se acercó al árbol y presionó ligeramente con el dedo, sintiendo la leve hendidura que su ataque había dejado. Era poco más de un centímetro, lo suficiente como para notarlo desde su posición anterior. En sí, había sido un buen intento, pero Yagami sentía que podía hacerlo mejor. Él no se conformaba con algo bueno, él quería algo excelente.Y trabajaría para obtenerlo.

Lo realizó una vez. Y otra, y otra y otra vez hasta que sentía como su cuerpo se cansaba. Con cada intento, mejoraba su control y fuerzas sobre las balas de aire, decidiendo sí quería que fuera una ligera bala que afectará el equilibrio de la persona, o una que estaba destinada a causar daño. Yagami le encontraba mil usos a ese jutsu, pues quería tener más de una estrategia al momento de combatir. El pobre árbol lucía tan cansado como el, ahora tenía muchas más hendiduras que se notaban a larga distancia, fruto de su entrenamiento.

―Así está muy bien ―comentó, respirando agitadamente. ―. Será mejor que pase al siguiente.

No podía pasar toda la tarde enfocada en un solo jutsu, había varios que practicar.

El siguiente fue Fūton: Jūha Shō. Éste tenía un poco más de rango que el anterior, así que Yagami se alejó otros dos metros, quedando a una distancia de cinco metros de su objetivo. Haciendo uso de gran control de chakra, el peliverde empezó a concentrar chakra en su mano izquierda. De poco a poco, se podía notar como la energía salía de su mano y tenía un color azulado, característico del chakra. Como no requería sellos, Yagami hizo un gesto rápido con la mano, enviando toda esa energía al objetivo.

Era como una pequeña ráfaga cortante que podía tanto empujar para atrás como causar heridas y cortes profundos. O así lo noto el chico, al ver como el tronco parecía recibir cortes del aire que él había mandado. Era como sí algún kunai o shuriken invisible ocasionará los cortes. A la vista, simplemente increíble.

Practico un poco más, cada vez aumentando más la distancia. Al final, había quedado cerca de diez metros del objetivo, que parecía apuntó de colapsar. Además, había mucha hojas y ramas que habían caído al suelo, producto del ataque. En general, era bastante potente y ofensivo. ― Puede servir para aumentar la distancia entre adversarios y yo ―comentó, usando el dorso de la mano para secarse la ligera capa de sudor de su frente. ―. Pero tengo que tener cuidado, mis genjutsu necesitan cierta cercanía para surtir efecto. ―aquello era muy cierto, también. Más adelante tendría que mejorar el rango de sus genjutsu, pero eso sería después, pues esa semana era puro para mejorar sus otras habilidades.

Ya llevaba un par de horas entrenando y perfeccionando cada técnica. Tenía poco menos de dos horas antes de que anocheciera, así que aún podía practicar una técnica más antes de que terminara el día. Se debatió entre Kaze no Yaiba y Futon: Fū no supairarubōru, y al final se decidió por el primero, pues el segundo era de todas -para él- la técnica más simple de manejar.

Similar al jutsu anterior, tenía que canalizar chakra, pero ésta vez en las puntas de sus dedos. En primer lugar, Yagami se enfocó en su mano izquierda, observando como de poco a poco comenzaban a emerger unas espadas de chakra bastante notorias de sus dedos. Se concentró para mantener la forma y luego usó el ataque. En lugar de ir rectas al objetivo, parecía que volaron a lo loco. “Mierda” pensó. Tuvo que agacharse y saltar para esquivar su propio ataque. Algunos pequeños animales a su alrededor no tuvieron la misma suerte que él. Su entorno tampoco, pues quedó aún más destrozado de lo que estaba

Frunció el ceño, molesto por su terrible desempeño, pero se relajó segundos después. No perder la calma ni dejarse llevar por la imprudencia, ese era su lema. Además, aún tenía mucho para practicar.

― Kaze no Yaiba ―expresó, y lo volvió a intentar con la misma mano. Ésta vez fue capaz de que las espadas siguieran una misma dirección antes de separarse, lo que le dio varias ideas para uso. ― Puede usarse para atacar a múltiples enemigos, pero se requiere un gran control para controlar la dirección de las espadas. ―repitió en voz baja.

Continúo haciéndolo, pero ahora usando la mano derecha. Los resultados habían sido similares. A veces daba en el blanco y otras veces las espadas se separaban a mitad de camino, pero en general, notaba el progreso. Ahora tenía más facilidad para realizar la técnica y controlarla mejor. Con un poco más de práctica, podría dominarla por completo.

Yagami se quedó ahí otra hora más, hasta que notó como el día pasaba a ser noche. El lugar estaba completamente destrozado por el uso de todos sus jutsus, había un par de árboles caídos y ramas y hojas por doquier, pero el peliverde se sentía bastante satisfecho. Había logrado perfeccionar sus técnicas, lo cual implicaba una gran mejora en su arsenal de batallas.

Sin nada más que practicar, decidió culminar su entrenamiento por ese día. Mientras caminaba hasta su campamento, su estómago rugió. Esa noche tendría una buena cena y lugar para dormir

Fin del día 2.

Yagami Akio
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Re: {Entrenamiento} Surviving in nature.

Mensaje por Yagami Akio el Mar Nov 08, 2016 6:11 am

―Valió la pena hacer el refugio ―expresó Yagami, sentado cerca de la fogata mientras desayunaba lo que le quedaba de carne. El fuego lucía muy bien, y con los árboles destrozados de ayer, tenía más que suficiente madera para que le durara el resto de la semana que iba a pasar ahí.

Las heridas ocasionadas el primer día ya casi habían desaparecido por completo, solo tenía algunos rasguños como recuerdos del accidente; esos pronto también quedarían en el olvido. Lo cual era bueno, ya que durante los próximos dos días, Yagami tendría que enfrentar su debilidad más grande: el taijutsu.

Sí, el combate cuerpo a cuerpo siempre había sido su debilidad desde que tenía memoria. Y probablemente, desde antes también. Físicamente, Yagami era delgado y a pesar de que su estatura era promedio, tenía poca musculatura que le ayudará en el combate físico. Él prefería esquivar y atacar cuando notase una abertura, pero eso no siempre funcionaba, sobre todo porque le faltaba agilidad y destreza para golpear. Aquel era un problema común en ilusionistas como él, pero el peliverde quería ser la excepción a la regla, quería eliminar esa debilidad por completo. Sí bien era poco probable que  lo usara constantemente, porque su meta era ser un maestro en Genjutsu, siempre era bienvenido un plan de respaldo, y más sí era sorpresivo como ese, porque la mayoría al verlo pensaba que no tenía habilidad alguna con el taijutsu. Cosa cierta en ese momento, pero esperaba acabar con eso durante esa semana.

Ya satisfecho con el desayuno, buscó un lugar para entrenar. No perdió tiempo ni buscando madera ni agua, pues eso lo había hecho más temprano en la mañana, cuando se levantó. Lo único era que tendría que buscar más comida, pues lo que quedaba de la carne del lobo se la había comido esa mañana.

Ésta vez, prefirió subir la montaña un poco más en lugar de bajar, pues con la temperatura aún más baja, le ayudaría a construir resistencia, y como se la pasaría practicando golpes y demás, no le sería difícil entrar en calor. O eso esperaba.

El entrenamiento sería un poco diferente en esa ocasión. No podía llegar y comenzar a dar patadas como loco, el taijutsu implicaba mucho más que fuerza: se trata de precisión y destreza, fuerza y resistencia, agilidad y velocidad. En el pergamino que le había dado su abuela, se detallaban varios estilos de taijutsu, todo ellos distintos entre sí. En primer lugar, Yagami tenía que sentarse y leer todo con calma, analizar y ver cuál era el más adecuado para su estilo de batalla y sus habilidades en general.

Cuando llegó a un área abierta con algunos árboles alrededor, se detuvo y dejó la mochila de lado. Después se sentó con la espalda recta contra el tronco de un árbol y sacó el pergamino para empezar a leerlo.

Se sorprendió por la cantidad de estilos que había. Algunos de ellos se basaban en dar golpes secos y fuertes, mientras que otros en dar la mayor cantidad de patadas y golpes posibles. Tardaría un buen rato en leer y analizar todo correctamente.

A medida que avanzaba, descartaba algunos estilos de inmediato. No podía basarse en un estilo de fuerza porque, sin importar cuanto entrenara, su cuerpo tenía un límite que no podría sobrepasar. Aceptaba que jamás sería el más fuerte, pero aun así entrenaba todo lo posible; y así siguió descartando hasta que los redujo a dos opciones.

La primera era un estilo de combate que se basaba en usar el peso del oponente contra el mismo. El segundo, era un estilo muy parecido al que usaba actualmente, trataba de usar la velocidad para esquivar y esperar hasta tener una abertura para atacar, requería rapidez pero también mucha resistencia. Rápidamente, Yagami comenzó a buscar las ventajas y desventajas de cada estilo, y lo más importante, como podría incorporarlo a su estilo de combate actual.

En ambos se precisaba de mucha velocidad, cosa que él podía entrenar y alcanzar un buen potencial en la misma, la diferencia es que el primero implicaba fuerza y el segundo resistencia, y entre esos dos, veía más factible el segundo, así que ese fue el que escogió. A fin de cuentas, él nunca sería un luchador físico como muchos de su feudo, pero sí se presentara la ocasión, podría dar la batalla.

Ya sabiendo lo que tenía que hacer, se dispuso a empezar. En primer lugar, tenía que dar una serie de patadas bajas y golpes contra los árboles con el fin de calentar, luego podría enfocarse en la parte técnica del ejercicio. Escogió un árbol al azar y empezó. Yagami hizo una ligera mueca de dolor cuando su puño choco contra el tronco del árbol; la irregular superficie del mismo ocasionaba ligeros raspones en los nudillos del peliverde, pero eso no lo detuvo. Continúo dándole y dándole con ambos puños, y posteriormente, comenzó a dar patadas bajas.

Estuvo en eso una hora, el tiempo suficiente para sus músculos se activaran. Sentía la fría brisa chocar contra su rostro, pero en ese momento no le afectaba; estaba muy concentrado en lo suyo. Al terminar, se detuvo, ésta vez tenía que dar los golpes de cierta manera en lugar de a lo loco.

Deseaba poder usar una ilusión contra el árbol para que se asemejara a un cuerpo y facilitara su entrenamiento, pero aún no tenía el nivel necesario para hacer eso. Tenía que conformarse con usar su imaginación para saber dónde estaba cada extremidad y parte del cuerpo.

Un pequeño truco que estaba anotado en el pergamino era golpear articulaciones en lugar de las extremidades como tal; así era más posible ocasionar una fractura y se necesitaría menos fuerza. Yagami iba a hacer provecho de eso. Y así lo hizo. El primer golpe lo lanzó con el puño izquierdo hasta donde se imaginó que estaba la articulación del hombro derecho, apenas golpeó y retrajo el puño, levantó la rodilla para dar un rápido golpe en el estómago antes de retroceder. No sabía que tan efectivo sería ese entrenamiento ya que estaba usando arboles como objetivos, pero el avance, por poco que fuera, le sería de mucha utilidad en el futuro.

Con cada golpe que cada, su nudillos enrojecían más y más. A veces tenía el deseo de usar mitones, como muchos, pero al final dejaba la idea de lado solo porque no le gustaban. ¿Superficial? Un poco, pero no le gustaba sentir las manos apresadas, aunque fuera por un simple trozo de tela.

Algo que notó a medida que practicaba y que le agrado bastante, es que de poco a poco sus movimientos eran más rápidos y precisos. Donde antes demoraba varios segundos en realizar un golpe, ahora era capaz de hacerlos en menos tiempo. Aún le faltaba mucho, claro, pero se sentía bien al ver progresos.

Continuó haciendo lo mismo una y otra vez, hasta que comenzó a sentir los efectos de la fatiga. En ese momento, tuvo que detenerse unos momentos y se alejó a tomar un poco de agua de su cantimplora. Bebió bastante y volvió a guardarla, mientras se pasaba el dorso de la mano por la boca para limpiar la que se había derramado de sus labios. Su respiración estaba bastante agitada, a simple vista se podía notar la forma rápida en que su pecho subía y bajaba. "Necesito hacer más ejercicio" Se dijo a sí mismo. Su cuerpo no estaba hecho para esa clase de actividades, pero tendría que adaptarse, no había más opción. Pasados unos minutos, el peliverde levantó la vista al cielo: no era capaz de encontrar el sol. Alguna de las inmensas nubes que había en el cielo lo tapaba, así que no tenía forma de saber qué hora del día era, así que tuvo que guiarse por su reloj interno "Debe ser cerca de media tarde" Aunque quisiese continuar en ese mismo momento, tenía que buscar algo de carne para consumir calorías y recuperar fuerzas: sin combustible, su cuerpo se negaría a trabajar.

Recogió las cosas y, por alguna razón, la mochila le pareció más pesada que antes ¿Sería por el cansancio? Probablemente. Tuvo que regresar por dónde vino y bajo aún más, hasta llegar al río. Ahí, se escondió tras uno de los pocos árboles que quedaban en el lugar y espero hasta que se presentará algún animal. Por suerte, no tuvo que esperar mucho, porque a los quince minutos apareció un lobo que se acercó a beber agua. Yagami espero unos minutos y cuando vio la oportunidad, sacó el kunai y lo arrojó hasta el cuello del animal, que sin ver el objetivo no pudo reaccionar y cayó muerto con el objeto filoso enterrado en el cuello del cual empezaba a emanar sangre. El peliverde rápidamente se acercó y retiró el kunai, aprovechando para lavarlo en la misma agua. Tomó al animal del pellejo y ahora sí regreso a su campamento.

Hizo lo mismo que con el primer lobo que encontró: le quitó la piel y después la carne, dividendola en varias porciones, las suficientes para que le durara hasta el final de su estadía en el Cordón Montañoso. Después de un largo y agotador día, finalmente podía sentarse y disfrutar una merecida cena. Yagami observaba como el fuego consumía la leña y cocina la carne, pero su mente estaba en otra parte. No podía dejar de pensar en los últimos días que había vivido. Sabía que el entrenamiento sería difícil, pero no esperaba que a ese nivel. Las condiciones de por sí eran duras de superar, tenía que buscar agua y cazar su propia comida, además de construir refugio y entrenar constantemente hasta el cansancio. Jamás había enfrentado dichas condiciones, pero supuso que tendría que acostumbrarse, porque esa era la vida de un shinobi y él se sentía ¿feliz? No. ¿Satisfecho?, tampoco. ¿Cómodo? Sí, esa era la mejor palabra para describirlo. Se sentía cómodo siendo un shinobi, como sí fuera una segunda naturaleza para él, al igual que los genjutsus y las ilusiones. A lo mejor, todo eso formaba parte de su vida anterior, antes de que perdiera la memoria, pero aquello era algo que difícilmente podía averiguar.

Estaba tan ensimismado en sus pensamientos, que lo único que le llamó la atención fue el olor a quemado. De inmediato, volvió en sí. ¡Su cena!

Fin del día 3

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Re: {Entrenamiento} Surviving in nature.

Mensaje por Yagami Akio el Mar Nov 08, 2016 8:54 am

Al final, Yagami terminó quemando su cena ¿y lo peor? Igualmente tuvo que comérsela. Su abuela le había enseñado ciertos valores y principios, uno de ellos: no jugar ni desperdiciar comida. Y era la única persona que tenía todo su respeto, así que no podía ir contra ella. Le tocó practicamente tragar sin masticar, pero bueno, al menos había ingerido los nutrientes y calorías que necesitaba.

Al día siguiente, en el desayuno, se aseguró de estar más atento. Cocinó la carne a la perfección y con eso pudo olvidar la mala comida de la noche anterior. Tuvo que caminar hasta el río para llenar la cantimplora, pero ésta vez lo hizo con gusto, pues su cuerpo ya se estaba acostumbrado a la caminata diaria que daba en busca de suministros. Al terminar, volvió a dirigirse al lugar donde había entrenado el día de ayer, pues ya era momento de comenzar la segunda fase de su entrenamiento de taijutsu. Ésta vez no daría golpes ni patadas, sino que entrenaría una parte diferente del taijutsu: la agilidad y destreza para esquivar. Pondría especial afincó en eso, pues también ayudaría a mejorar su tiempo de reacción, que no era malo, pero podría ser muchísimo mejor.

En sí, básicamente lo que haría ese día eran ejercicios acrobáticos. La forma más simple de esquivar un ataque era saltar fuera de su rango, pero eso requería fuerza -en la que ya había trabajado- y destreza, que era en lo que tenía que trabajar. ―Debería empezar con una vertical; es lo más fácil ―razonó. Sería difícil por lo irregular del terreno, pero podía hacerlo. En un primer momento, decidió apoyarse contra uno de los troncos para que le ayudara a mantener el equilibrio. Coloco las palmas en el suelo e impulso sus piernas para levantarlas en el aire. Éstas chocaron contra el tronco al principio, pero de poco a poco fue separandolas un par de centímetros. ―1, 2, 3, 4... ―comenzó a contar en voz baja. La meta era llegar a los diez segundos, luego podría descansar de esa posición. Y así lo hizo. A penas llegó al segundo diez, bajó las piernas rápidamente. El peliverde sentía ligeros calambres en sus brazos, pero eran menos de lo usual; su fuerza había aumentado lo suficiente como para sostener su peso más cómodamente.

Al tener un poco más de confianza, volvió a repetir el mismo ejercicio, pero sin el tronco. Al principio, casi se va para atrás, pero fue capaz de mantener la posición cinco segundos antes de que sus piernas volvieran a tocar el suelo. Lo hizo varias veces más, llegando a los diez segundos, luego los veinte, treinta y así hasta que llegaba a mantener la posición por más de un minuto. ― Creo que ya puedo pasar al siguiente ejercicio. ―dijo, satisfecho con el resultado.

Ahora intentaría algo más difícil: daría algunas volteretas en forma de estrella. Por muy estúpida que todo sonara, eran ejercicios que aumentarían su agilidad y destreza. Comenzó a realizarlos, colocando la palma de la mano izquierda cerca de su píe izquierdo; tenía las piernas completamente estiradas. Respiró hondo e impulso la pierna derecha recta sobre su cabeza y usó la mano derecha para apoyarse cuando ésta se levantó en el aire hasta que la pierna volvió a tocar el suelo y entonces se enderezo. Le había salido a la primera. ― Quizá debería dar varias vueltas seguidas, sí, creo que sería lo mejor ―murmuró, un tanto pensativo.

Demoraba unos cuantos segundos entre vuelta y vuelta, pero al menos ya se estaba acostumbrado al movimiento; el sombrero incluso cayó de su cabeza, a lo que Yagami se detuvo de inmediato solo para recogerlo. No quería, no podía estar sin el. A día de hoy, era algo que seguía sin saber, pero el peliverde simplemente tenía que llevar consigo aquel raro y grande sombrero; siempre. Sentía mucho apego emocional, quizá por había estado con él desde que tenía conciencia, incluso antes. Era lo único que tenía que lo unía a su desconocido pasado.

Tras unos minutos, volvió a continuar lo que hacía, aumentando cada vez más la complejidad de los movimientos que realizaba. Saltos, volteretas, acrobacias en el aire, practico de todo hasta que el sol decidió esconderse. Entonces, regresó a su campamento para cenar antes de acostarse en su improvisada tienda.


***

Se levantó de buen humor. Había tenido una buena noche de descanso y finalmente había terminado de trabajar con su taijutsu, ahora podía pasar a habilidades más generales pero igual de importantes, como la velocidad y resistencia, que trabajaría durante los últimos dos días que le quedaban en esa montaña, pues volvería a casa al amanecer del séptimo día.

Siguió con la pequeña rutina que había establecido en lo días que llevaba ahí: se levantaba, volvía a encender el fuego, tomaba una de las porciones de carne que le quedaban, comía e iba al río al limpiarse el cuerpo y llenar la cantimplora. Después, a mitad de la mañana, comenzaba a entrenar. Para ese día tenía planeado un ejercicio que ayudaría a mejorar su velocidad y fortalecer su resistencia: subiría hasta la cima de la montaña toda las veces que pudiera hasta que anocheciera. Eso sería, probablemente, lo más agotador que habría hecho en la semana que llevaba ahí, pero ahí podría ver los resultados de los días anteriores también.

Era cerca de media mañana cuando empezó. Y no lo hizo caminando, sino corriendo. Esquivaba los árboles y los animales con facilidad a medida que subía; algunos lobos intentaban alcanzarlo, pero rápidamente el peliverde los dejaba atrás y éstos se rendían. Usó varias acrobacias en el camino con el fin de pasar obstáculos, como una enorme piedra sobre la cual salto. A medida que iba subiendo, sentía como el nivel de oxígeno comenzaba a disminuir, pero no se detuvo, sino que continuó. "Tengo que terminar" pensó, mientras corría.

Tras varias horas corriendo, deteniéndose solo unos momentos para beber algo de agua y luego seguir, llegó a la parte más alta de la montaña. ―Lo logré... ―masculló, en voz tan baja que casi ni el mismo fue capaz de escuchar. Había llegado a la cima, literalmente. Se sentía bastante satisfecho consigo mismo, había pasado por unos días muy duros donde había sido atacado por un animal y le había tocado dormir en el frío y duro suelo, sin nada que lo protegiera de los elementos, pero en ese momento sentía que el trabaja había dado frutos. Unos muy buenos.  

Pero aún no terminaba.

Tenía que hacerlo de nuevo. Pero eso sería al día siguiente, donde intentaría subir aún más rápido, ahora solo tenía que preocuparse de bajar, pues solo quedaban algunas horas de sol. No se demoró mucho ahí, pues no tenía nada que mirar ni buscar, así que bajo después de descansar media hora. La bajada le resultó mucho más rápida y menos agotadora, y llegó a su campamento justo a tiempo, pues comenzaba a oscurecer. A penas tuvo tiempo de cenar algo antes de caer rendido en su cama de hojas, con una leve sonrisa de satisfacción en el rostro.


***


A la mañana del día siguiente, repitió el proceso anterior, aunque ésta vez salió un poco más temprano. Como conocía el camino mucho mejor que el día anterior, fue capaz de sortear varios obstáculos de manera más rápida y efectiva, lo cual le ahorró algo de tiempo. Los mismos lobos de ayer intentaron perseguirlo de nuevo, pero volvió a dejarlos atrás. Yagami estaba enfocado en llegar antes de media tarde; solo en eso se estaba concentrado. Intentaba aprovechar su energía de la mejor manera posible, alternando su velocidad cada tanto con el fin de agotarse menos. Se sentía relajado, pues aquello sería lo último que haría en ese lugar, pues al día siguiente ya regresaría a casa, donde su abuela esperaría ver su avance. Y no quería decepcionarla, porque era la mujer que le había dado una identidad cuando él mismo no tenía ni idea de quién era y lo había tomado como nieto a pesar de no conocerlo. Sentía que le debía mucho.

Cumplió su objetivo al llegar poco después del mediodía a la cima. Cerró los ojos, disfrutando del frío de la montaña, y rememorando toda la semana que había vivido. Finalmente, podía decir que había concluido su entrenamiento exitosamente. Había cumplido todos y cada uno de los objetivos plasmados en el pergamino que le había entregado su abuela, ya no había nada más por hacer.

Estuvo un rato en la cima, simplemente disfrutando de la tranquilidad del lugar. Tenía algo de tiempo de sobra para relajarse antes de tener que bajar por última vez. Aprovechó para hecharle un vistazo a la vista en general; desde esa altura, todo lucía pequeño, pero aún así era una vista muy agradable. Sin nada más que hacer, comenzó a descender, ésta vez sin prisa ni apuros.

Volvió al campamento que había montado el día que llegó y encendió la fogata, cocinando la última porción de carne que le quedaba. Disfruto de su cena, que sería la última antes de volver a casa. ―Debería hacer una misión cuando regrese; hace tiempo que no tengo una. ―desde hacía semanas. La última había sido atrapar a dos ladrones que tendían a vagar por algunos puestos de comida. Con el nivel de los mismos, había sido clasificada como una misión de menor rango. Y había sido bastante fácil para él, pues los atrapó con sus ilusiones y rápidamente confesaron sus fechorías. No eran más que uno ladrones de segunda clase. Esperaba que con su mejoría, le asignarán mejores misiones, pero eso solo el tiempo lo diría.

Yagami terminó de comer y fue a dormir.


***

Y así llegó el último día. El peliverde se despertó temprano para guardar algunos de sus objetos, que no eran muchos. Decidió dejar algunas cosas tal y cual estaban, como la fogata y el refugio, pues probablemente alguien más podría usarlas sí pasaba por ahí. Del resto, tenía todo en su mochila. Sin perder más tiempo, comenzó a descender hasta que llegó a la parte más baja de la montaña, donde dio una última mirada hacía la cima antes de darle la espalda y continuar su camino a casa.

Fin del día 4, 5, 6 y partida.
Yagami Akio
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