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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Lost Innocence [Entrenamiento]

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Lost Innocence [Entrenamiento]

Mensaje por Kurokami Tenshi el Jue Nov 13, 2014 6:23 pm

Otro día más en aquel infierno ¿Cuanto tiempo llevo allí ya? ¿Semanas? ¿Llega a un par de meses? Realmente no lo recuerdo, dejé de contarlos desde el momento en el que me separaron de mis padres ¿Donde estarían ellos? ¿Que les habían hecho? Me sorbí los mocos mientras me hacía una pequeña bola intentando ignorar a los chicos que también lloraban a mi alrededor, tratando de soportar el dolor que me producían los moratones que tenía repartidos por el cuerpo. Escucho a uno de los chicos más mayores decirle a su hermano que no debe llorar, que si nos oyen será peor... Yo le hago más caso a él que su propio hermano, teníamos que meternoslo en la cabeza de una vez por todas, debíamos aprender que la verdadera razón por la que estábamos ahí era para ser usados como armas por aquel Feudo vecino, que nos habían abandonado para que hiciesen lo que quisieran como nosotros, si simplemente actuábamos como ellos querían... quizás, quizás podríamos sobrevivir un día más allí, quizás al final nos recompensaban y todo y nos dejaban volver con nuestras familias. Me consolé con esos pensamientos en la mente, con el pensamiento de que mis padres estarían esperando a salvo a que cumpliese lo que se esperaba de mi en aquel lugar. Me froté los ojos tratando de borrar todo rastro de que había pasado llorando toda la noche, no quería que los adiestradores entrasen y me viesen del aquel modo, tenía que parecer fuerte, a los fuertes les pegaban menos y los castigos eran menos duros. El sonido de una cadena al ser retirada nos hizo a todos alzar la vista y mirar hacia la puerta que dejó pasar la luz del día por ella recortando tres siluetas en sombras.-¡Levantaos, mocosos! ¡En fila!-Ordenó. Nos levantamos velozmente, sabíamos de que iba aquello, lo habíamos aprendido. Logré ponerme de los primeros y gracias a ello un mendrugo de pan duro cayó en mis manos, siempre era así. ¿Queréis comer? Obedeced más rápido que el resto de vosotros y tendréis algo con lo que llenaros el estomago.-¡Comed rápido y salid a fuera, empezáis ya el entrenamiento!-Engullí rápidamente el trozo de pan, antes de que los otros niños quisieran apoderarse de lo que me había entregado aquel hombre y salí fuera de aquel lugar al que podíamos llamar habitación junto a los otros que habían terminado también su desayuno ¿Que es lo que haríamos hoy en aquel lugar? Seguramente nada que no hiciese llorar a muchos del dolor por la noche, eso lo tenía verdaderamente claro. Lo que no sabía en aquel momento era que  sería uno de los días más dolorosos físicamente de toda mi vida.

Nos hicieron ponernos en tres filas y nos sacaron al bosque cercano a aquel monte, conocíamos la ruta, lo que no sabíamos era que aquel día el esfuerzo físico alcanzaría un nuevo límite hasta entonces desconocido para un niño de apenas 10 años. El ritmo era constante pero demasiado rápido como para simplemente quedarse en un pequeño test de resistencia, los adiestradores se colocaban a unos metros por detrás de las tres filas si por algún casual te detenías y ellos te alcanzaban más te valía tener aun fuerzas para continuar corriendo para escapar de ellos. La hora del día que escogieron para hacerlo para aquello fue la peor de todas, con el Sol en su cúspide, alumbrando durante todo el camino que íbamos a tomar como si nosotros mismos estuviésemos persiguiendo al astro solar para no escapar nunca de su luz. El camino había sido preparado a propósito por los instructores para ponernos las cosas aun más difíciles, escombros, obstáculos, parecía que en vez de entrenarnos solo buscasen una excusa para hacernos sufrir y poder golpearnos, realmente lo parecía.-Esta bien, ya sabéis como va esto-Inició el instructor mirándonos a todos con la superioridad de quien solo ve armas y objetos ante sí-Los 10 primeros  serán los únicos que puedan comer algo al terminar y los 10 últimos recibirán un castigo para que la próxima vez aprendan a correr más-Finalizó. Solo debía evitar llegar entre los últimos, podía aguantar aquel día sin comer pero... realmente no quería más golpes, no en aquel día.-¡Corred!-A tropel, todos empezamos a correr, manteniendo el orden de las filas ante un nuevo grito del instructor.

Mantenía el ritmo a duras penas ¿Eran ya dos horas corriendo? ¿Tres? Sudoroso, agotado, miraba hacia atrás viendo como los instructores se habían detenido para levantar a golpes a un niño. Los músculos me dolían y ya apenas sentía el suelo bajo cada una de mis pisadas. La espalda me quemaba ante un golpe de fusta que había recibido en un momento que me había parado a vomitar el pan que había desayunado, por suerte había escupido toda la bilis y había seguido antes de que me tirase al suelo para continuar con el castigo físico. Ahora, de nuevo, subíamos por 3 vez aquella ladera de la montaña por aquel estrecho camino lleno de piedras, la parte más dura del trayecto. Bajo mi pisada unas piedras rodaron ladera abajo y me deslicé cayendo al suelo, magullándome rodillas, manos y el rostro. En ese momento, en el suelo, la gravedad me doblegó, mis únicas fuerzas se habían esfumado con aquellas rocas deslizándose, con aquella caída... tosí, sentía las ganas de vomitar de nuevo, veía los pies de mis compañeros avanzar por mi lado y supe que los instructores me golpearían. Traté de levantarme pero antes de que siquiera hubiese podido ponerme de rodillas, la madera restalló contra mi espalda, dibujando una larga línea roja en ella... mierda. Los golpes se repitieron, tirándome al suelo de nuevo con cada nuevo latigazo de la madera, la ropa se cortaba bajo los golpes y las heridas en la espalda se unieron a otras más viejas de otros días. Saqué fuerzas de donde no las había, no quería seguir sufriendo aquellos golpes. Me levanté y me aleje de ellos lo más rápido que me permitieron las piernas. Cerré los ojos mientras ascendía, el dolor de la espalda me quemaba pero al mismo tiempo me daba fuerzas para no continuar, debía huir del peligro... movido por ese instinto natural incluso logre adelantar a las diez personas que serían castigadas en mi lugar. ¿Que aprendí de aquella prueba? Nada, pero nunca volví a tropezarme mientras corría estando en aquel lugar.

Alcanzada la cima nos dieron un descanso para que recuperásemos las fuerzas, el aliento, la compostura, mientras que los ganadores recibían su porción de comida prometida y los perdedores eran castigados con nuevos golpes de fusta. Me junte con un compañero y, como pudimos, haciendo más jirones de nuestra ropa y utilizando un poco el agua que nos habían dado, nos curamos las heridas que nos había abierto la madera en la espalda, seguramente esas cicatrices quedarían para toda la vida en nuestra espalda, sin atenciones médicas apropiadas cicatrizarían solas y sin los puntos por lo que serían un recuerdo en el futuro de lo que pasamos aquel día. Cuando acabaron los lloros provocados por la paliza, el resto de chicos apaleados se colocó junto al resto mientras nosotros les hacíamos sitios. Bebí el agua que me quedaba pues sabía que cuando empezásemos a correr no nos volverían a dar agua.-¡Vamos! ¡Ya habéis descansado suficiente, aun quedan unas horas más de correr!-Me apoyé en mi compañero  y nos ayudamos mutuamente a levantarnos, ahora empezaba la segunda parte del entrenamiento, por suerte ahora la sombra nos acompañaría así que no sería tan duro, el Sol era un enemigo complicado con el sol de frente. De nuevo tenía que correr, tenía que llegar de los primeros, el estomago me rugía al haber echado lo único que había comido en todo el día, necesitaba ganarme la cena, si no a saber cuanto tiempo aguantaría allí.

Dos semanas de aquellas intensivas carreras y el cuerpo ya se había comenzado a acostumbrar a aquello, el instinto de superación, el agarrarme a aquella esperanza de poder salir del lugar y ver a mis padres me hizo obediente y sumiso, activo y fuerte, el esforzarme día a día me hizo siempre poder tener una comida al día, peleándola con los otros pocos chicos que al igual que yo comenzaban a acostumbrarse con aquello, en cierto modo era más sencillo pues muchos niños se habían quedado tan atrás que ya ni se esforzaban, habían perdido todo tipo de voluntad de continuar, no se cansaban de llorar por las noches... eran débiles ¿Acaso no deseaban salir de allí? ¿No pensaban en seguir comiendo? Las puertas se volvieron a abrir y nos levantamos como de costumbre, ordenadamente, formando antes de que el instructor dijese nada. Fueron repartidos los escasos trozos de pan, hacía ya unos días que habían hecho las raciones más pequeñas pero a cambio nos entregaban a todos un trozo al menos para desayunar ¿El punto malo de aquello? Que era mínima la comida, era demasiado poco, por lo que muchos de mis compañeros habían empezado a robar a otros muchachos para quitarles la comida, yo el día anterior había robado por primera vez a un muchacho hambriento... el hambre me estaba consumiendo y además el era de los que se rendían rápidamente, no necesitaba tanta energía, en cambio yo me esforzaba y necesitaba comer, lo único que me asustaba es que cuando te pillaban ya podías despedirte de hacer mucho ejercicio aquel día o de comer, al último al parecer le habían roto varias costillas en la paliza. Salimos afuera dejando que la luz del amanecer nos descubriese que en el patio de entrenamiento había unos troncos con cadenas y varios instructores con largas cañas de bambú en las manos. Nos agruparon en tríos, dos con varas y uno atado al tronco, no fuí el primero en estar atado, pero mi infantil mente sintió miedo conforme comprendía de que iba a aquello... no podía hacer eso.-A quienes duden al golpear a su compañero... desearan no haber nacido.-Dijo el instructor mientras daba la señal de comenzar. Mi compañero inició el golpe y yo dí el siguiente, me temblaban las manos y golpee flojo, un grito de utilizar más fuerte me hizo que el siguiente golpease con más fuerza, un grito, más fuerza, otro grito, más fuerza...  constantmente de ese modo hasta que me dí cuenta al abrir los ojos de que los gritos eran de mi compañero que lloraba con toda la espalda sangrante, flagelada por los golpes que ambos de nosotros habíamos provocado, le fallaron las piernas y cayó al suelo, me obligaron a sostenerlo mientras el otro continuaba con aquello, luego nos tocó turnarnos... ¿Por que hacían aquello? Tras quince minutos de paliza cambiaron de lugar y esta vez me tocó estar a mi en su lugar, apreté los dientes, cerré los ojos y recé para que no doliese... cuanto me equivocaba. El golpe del bambú picaba, desgarraba la carne y dolía, dolía como nada que hubiese sufrido en ese mundo. Se me escaparon las lágrimas pero el grito no salió de mis labios, no quería que me pegasen más fuerte como yo había hecho antes. En cierto momento perdí la consciencia y me despertaron lanzándome un cubo de agua fría, recibiéndome con un puñetazo en el estomago y volviéndome a levantar de nuevo, el castigo por mi debilidad fue doblar el tiempo que estuve siendo fustigado por mis compañeros pero cuando terminó fuimos arrastrados hasta nuestro cuarto, aquel día no hubo esfuerzo físico aparte del extremo castigo... no hubo sonidos aparte de los sollozos lastimeros cada vez que alguien se movía o se despertaba, no había fuerza para comer siquiera, demasiado débiles como perros apaleados simplemente dejamos que el día pasase, sabiendo que mañana se repetiría de nuevo aquello.

El castigo físico y las carreras de resistencia se continuaron alternándose todos los días, además añadieron a las carreras de resistencia una mochila llena de piedras, añadiendo más peso que soportar y creedme el correr con la espalda cargada y totalmente recubierta de heridas lograba que cada zancada fuese un suplicio sin igual, además de que las fiebres ya comenzaban a extenderse entre nosotros, de nuevo culpa de no tener médicos cerca, siendo solo estos usados para aquellos que se encontraban en las últimas, al parecer gozaban de dejarnos al borde de la muerte para luego simplemente dejar que pasásemos al siguiente día para continuar con aquel sufrimiento eterno. Pero, ahora, visto como un adulto, entiendo a que se debía aquel entrenamiento. Fortalecían nuestros cuerpos, nos daban una base para que pudiésemos soportar los siguientes entrenamientos, fortalecían nuestro cuerpo para poder soportar los golpes sin doblarnos y para poder incluso acabar golpeando a un compañero sin dudar, sin que nos temblase el pulso... un entrenamiento terrible sin duda alguna pero ahora en cierto modo lo agradezco, no me confundáis, agradecería más no haber pasado por aquello, pero al menos para lo que haré ahora me conviene tener ese carácter que ellos forjaron. Las semanas pasaron y al final podíamos soportar aquellos golpes durante horas sin doblarnos, sin pestañear ni pronunciar un quejido por ello. Aguantábamos horas corriendo, manteniendo el ritmo a pesar del cambio de terreno constante.

-Muy bien, vosotros 10 habéis sido los elegidos de vuestro anterior grupo, los que más han aguantado, los más capaces-Dijo el instructor mientras nos poníamos firmes ante él-Sois armas, el metal de vuestro cuerpo ya ha tomado forma y ahora toca entrenaros para lo único que servís: Para matar-No dijimos nada, sabíamos que fruncir el ceño o dudar en aquel momento desembocaría en más golpes.-Lo aprendido en estos días seguiréis haciéndolo para que no os ablandéis pero no os preocupéis, ahora sois armas de verdad, así que tendremos más consideración con vosotros. Podéis iros.-Nos retiramos de nuevo a nuestras nuevas habitaciones, camastros en el suelo, la única diferencia es que ahora, en vez de estar abrazados los unos a los otros y apretujados para entrar en calor, al menos ahora teníamos un poco de paja y una manta para taparnos, habíamos mejorado notablemente. Me senté en mi montón y suspiré alzando la vista ¿Que había pasado con los demás? ¿Los habrían dejado ir de vuelta con su familia? Saqué el trozo de pan de debajo del montón de paja, comiéndomelo con lentitud, disfrutando de lo que podría ser el último día de tranquilidad. Éramos armas en sus manos, prepararnos para matar era su misión, sabía a que se referían, me lo imaginaba... pronto, muy pronto nos ensañarían a luchar, a utilizar armas, a practicar aquel arte del Ninjutsu, seríamos ninjas... me tumbé y me tapé por completo con la manta, cerrando los ojos agotado, mañana empezaríamos de nuevo con aquellos entrenamientos y además añadiríamos otro tipo de actividades adicionales más técnicas, necesitaba descansar.

[152 líneas con las características explicadas en la guía +3 pts]
Kurokami Tenshi
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