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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Mision C con Katta

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Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Lun Nov 14, 2016 7:35 pm


First Watchers




Mediodía

En aquel día, el gris abundaba en los cielos. Aquel color dejaba notar que dentro de poco una lluvia caería sobre aquel país.  Las nubes, movidas por los vientos, danzaban en el aire esperando para dejar caer el agua que las componía. El sol brillaba tras de ellas, buscando un pequeño espacio por donde dejar escapar sus rayos y alimentar de luz al día. Los arboles danzaban al ritmo del viento, como si una melodías los moviese.  Las calles atestadas de gente tratando de acabar con todas sus tareas antes de que terminasen mojados, casi como si el fin de todo estuviera por caer sobre sus cabezas.

Eran cerca del mediodía, Zuko se encontraba en  un pequeño comercio cerca de las afueras de la capital del fuego. Había tenido una mañana larga donde se había dedicado a mejorar sus habilidades en el Iryoninjutsu, una mañana muy productiva. Sentado en una mesa, solo. Delante de el un plato de comida. Un jugoso pedazo de carne junto a una pequeña porción de arroz. La carne se desasía en su boca y el arroz aportaba un gusto que generaba la armonía perfecta por su paladar “Ya hace una semana y dos días desde que volví. Por suerte, no me ha reconocido nadie.” recapitulaba en su cabeza, mientras llevaba el tenedor a su boca -Muy bien, ya es hora de que me vaya.- coloco el dinero sobre la mesa, tomo sus cosas y partió de aquel lugar.
Como solía hacer a menudo, se retiró simplemente para tirarse bajo un árbol a tomar té y observar las nubes. Disciplina que le había sido enseñada por el tío Hiro durante sus largos años junto a el -Cuanto te extraño viejo amigo. Si tan solo pudieras verme aquí, sentado bajo la sombra haciendo todo lo que tú me enseñaste.- sentimientos encontrados crecían en su interior. Recuerdos de aquellos cinco años junto aquel hombre que lo rescato de la calle, quien posiblemente había encontrado su muerte en solitario y en algún lugar lejano de cualquier tierra conocida.

Caída del sol

Se encontraba volviendo a casa, esperando encontrar su cama y dejarse caer sobre ella. El cansancio acumulado de una semana llena de oscuros recuerdos, lo incitaban a dormir durante dos días seguidos. No conciliaba el sueño desde que había llegado a su antigua tierra. Podía sentir la sensación acogedora de nuevamente dormir sobre una cama y aun no se encontraba ni a cinco metros de su casa -Tu, ven aquí. Dime tu nombre.- aquel hombre parecía exaltado, como si algo lo preocupase. Se podía notar que en su pecho portaba el símbolo de la dama del fuego, por lo tanto era un shinobi -¿Eres un shinobi verdad? Toma esto, debes completar esta misión a como dé lugar. Pronto tendrás otro compañero que te ayude.- le entrego un pequeño pergamino y antes de que pudiese decir una sola palabra, ya había desaparecido.

El principal objetivo de la misión era investigar un grupo grandes de personas, que no tenían buena fama. No debían entrar en combate a menos que sea necesario. Era un grupo grande por lo que entrar en combate era peligroso. Al grupo se lo había visto por última vez dentro del extenso bosque de la hoja. Por lo tanto, la primera acción del joven fue dirigirse a la entrada de aquel bosque. En caso de que un compañero llegue lo estaría esperando sobre la copa de uno de los primeros arboles del bosque.
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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Sáb Nov 19, 2016 4:31 pm








Mission

"First watchers"




Extraños. Las nubes, a aquellas bajas horas, con su vestido hecho de fuego suave se habían deslizado por la bóveda celeste mientras dibujaban un patrón sin sentido claro. Se habían distribuido en círculos nada perfectos, con el borde lleno de bultos y la parte interior manchada, pero desprendían cierta ternura. Era habilidad de la naturaleza desplegarse sin cuidado y luego ser vista como la primera maravilla. Quizás lo hacía a propósito. Ocurría lo mismo al ver un caballo o un hombre. Ante el equino y su pareja, una de aquellas extrañas maravillas se dedicaba a lo que siempre había parecido su sino. Una espada descansaba en cada mano, y se movían asaltando a una inmóvil figura de madera, que padecía unos cortes específicos, repetidos notablemente iguales, sin ninguna desviación aparente, a los ojos normales. Más aquellos dorados que se manchaban de marrón no lo eran en absoluto. Encerraban secreto intrigantes, veían rutas y grietas donde no existían para otros. Patrones, diseñados con aún más complejidad que la formación de aquellas nubes. Eran ojos de espadachín. Nada, pero hizo al hombre que aparecería llegar nuevamente a la granja, y a la zona de los caballos. Sin puertas ni murallas dignas, cualquiera podía entrar y salir de la casa libremente. Presumiblemente una mujer, por su estatura y complexión bajo el uniforme, y un cabello largo y trenzado de color café pálido, tras una máscara decorada con motivos de búho, ofrecía desde su mano enguantada un pergamino con un cardón rojizo manteniéndolo sellado. "Se te requiere en una misión. Dirígete a la entrada del bosque. Tu compañero ya debe esperar allí." Desaparecería futuramente, una vez la mano, ya desprovista de una espada, que se había anclado en la vaina de la cintura espadachina, hubiese tomado el pergamino, abiértolo y leído.

Otro día, una sombra negruzca se sacudía desde la granja en dirección a un peligro. La posición del hombre se alargaba hasta el fin de la muralla del feudo por su exterior. La mano sujetaba con cuidado el papel enrollado sobre si mismo. Explicaba como un grupo sospechoso de malos hechos se ocultaba en el bosque y requerían vigilancia. El semblante se hizo serio sobre la cara de aquel espadachín. No era nuevo aquel pensamiento. Siempre ingenuo y bueno, que situaba las sospechas a una parte. Ansioso por ver que en efecto, el feudo se equivocaba, que eran simplemente una pequeña comunidad que vivía en el bosque colindante sin ningún peligro para el territorio del Fuego. Este pensamiento se amortiguaba al leer que no había que luchar con ellos. Eso enmascaraba peligro y a la vez una cautela que deleitaba la forma de moverse espadachina. Eran pocas las ocasiones en que al hombre le ordenaban no luchar. Incapaz de muchas de las hazañas sigilosas de un ninja común, la fuerza de aquellas espadas, que descansaban a ambos lados tras la abierta prenda larga y con mangas, mostrando el pecho repleto de todos los cortes posibles; hacía a este, a ojos del feudo, una fuerza de ataque simple. Y solo de ataque. Una misión de infiltración como aquella era, cuanto menos, extraña. Las veintiséis vainas y sus doce espadas resonaron ante los primeros árboles del bosque al lado de la puerta y donde se adivinaba el camino a seguir. La misión encerrada en el papel se escondía dentro de un bolsito tras la túnica, donde no molestase. La bufanda larga y negra cubría el cuello del hombre, y este vigiló una silueta encerrada sobre lo alto de un árbol. Ojos, sin ninguna intención secreta, sinceros y claros, junto a una ligera curva de labios, que no llegaba a ser una sonrisa, señalaron a quien había llegado primero. — Saludos. — se escuchó con fuerza para ser escuchado desde lo alto del árbol. — ¿Esperas a un compañero para una misión en el bosque? Mi nombre es Katta. —


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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Mar Nov 22, 2016 9:43 pm

La noche caía lentamente, el sol ya dejaba sus últimos destellos dejando lugar a la hermosa luna, llena de historias. Algunas hablaban de un espíritu que había huido de su destino para alumbrar las oscuras noches de la tierra por toda la eternidad. Otras decían que anteriormente era una parte del planeta, que al ver cómo la gente lo maltrataba había decidido separarse y observar por siempre la tierra, con la idea de algún día volver a unirse.

Todo había pasado muy rápido, hace menos de un año se encontraba viajando por el mundo en busca de un sentido para su vida. Ahora era un shinobi como antes de que todo cambiase había soñado. Los recuerdos de su lejana y anterior vida aun rondaban en el interior de su cabeza. Llegaban a él y simplemente los dejaba irse como las hojas se van con la corriente de los ríos. Tristeza, deshonor, dolor eran muchos de los recuerdos que tenía pero también había buenos. Recuerdos felices que habían vivido con sus otros dos hermanos y con su madre. Casi sin notarlo, había llevado su mano a su rostro. La deslizaba por su cicatriz, aun podía sentir el calor. El fuego ardiendo en su rostro, herida que su hermana le había dejado como marca de su fracaso.  El momento finalmente se quebró cuando desde debajo una voz se oyó “Supongo que será mi compañero.”.

Desde la altura del árbol y con la oscuridad ya casi sobre ellos no podía observar con claridad de quien se trataba. De un salto bajo de aquel árbol para aterrizar de manera silenciosa en el suelo. Ante el había un sujeto de cabellos negros alborotados, rebeldes. Un físico formidable, distinto al del joven Zuko. En las ropas de aquel hombre abundaba el color negro, de pies a cabeza, todo era negro.  El Uchiha no pudo evitar notar las cicatrices que tenía en su rostro, quizá menos llamativas que las suyas pero que aun así podía notarse libremente -Si, supongo que serás tu mi compañero.- comento mientras le daba la mano con una pequeña sonrisa en su rostro -Por cierto soy Zuko Uchiha, de la familia Kon…Zuko Uchiha.- aun le quedaba el habito de dar el nombre de su familia, a la cual ya no pertenecía. Una familia conocida en el país que casi había negado haber tenido un cuarto hijo alguna vez. Simplemente era mejor ocultar su historia que ir susurrándola en todos los puntos cardinales.

La primera misión en equipo era esta para el Uchiha. Nunca antes había sido acompañado por alguien a sus misiones. No había hecho muchas misiones, de todas maneras no parecía ser una misión muy compleja. Si ambos trabajan en sintonía toda seria aún más fácil -Me especializo en el uso del ninjutsu y el arte de la medicina. ¿Tu?- se quedó esperando la respuesta de su nuevo compañero cuando un sonido se oyó unos metros por delante de ellos -Cuidado alguien viene.- mientras se escondía entre la oscuridad de la ramas de los bosque, esperando que su compañero hiciera lo mismo -¿Alguna idea de como comenzamos?-
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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Dom Nov 27, 2016 5:14 pm








Mission

"First watchers"




Compañero. Las ramas, cuando bajó desde ellas una joven figura cubierta de telas oscuras, se movieron, haciendo sonar las hojas al moverse contra el aire mientras algunas, las de tallo más débil caían sin oportunidad, como plumas de un ave, siendo sus caminos lentos y tortuosos, hasta finalmente hundirse en la hierba, y posiblemente abonar en el futuro el suelo si nadie las recogía. En los ojos dorados se reflejó una figura más baja que el espadachín. Más esbelta. De lejos sin haberse apreciado, ahora de todo destacaba una quemadura, añeja. Una cicatriz que debía remontarse a tiempos más difíciles, en los cuales una curiosidad caballerosa como lo era la del hombre de espadas no iba a ahondar. La educada sonrisa se volteó en una reverencia disimulada y cuidadosa, y ascendía al diálogo de Zuko. Tal cual la cicatriz, la clara equivocación en el nombre familiar no alertó al peli-corto. Ese hombre conocía de lo que eran capaces malas familias, de dolor de perderla o el que podían causar sin huir de ella. Ni siquiera un apellido como aquel adornaba el nombre de Katta. El mismo, ante la pregunta, hizo un diminuto palmeo sobre la cintura. Enganchadas al cuerpo del hombre, había trece vainas a cada lado del cuerpo, y solo doce espadas repartidas equitativamente. Siempre era el número lo que sorprendía al resto, más ya era costumbre para aquel de piel tostada llamar una atención que no quería por ser una suerte de prodigioso espadachín, un honor que no correspondía. — Solo soy un espadachín. Intentaré no ser un estorbo... — Se argumentó, con una risa diminuta, antes de que un sonido trasero, alertase a la pareja. Con presteza, ambos hombres del feudo subieron al árbol. El más ligero en una, mientras Katta, se colgaba de otra con un salto y subía con cuidado, notando como ya su piel ruda por la fricción de espadas, acero y telas hacía poco doloro el tacto con la madera. No en vano prometía no ser un estorbo. Desde los inicios como ninja, aquel hombre no había conseguido ninguna hazaña como clonarse, ni anduvo por paredes o por el agua como sus compañeros. Era, literalmente, un espadachín.

De entre los árboles aparecieron tres hombres y una mujer. Sus ropas eran humildes, podían hacerse pasar por un aldeano común sin ningún problema. Uno de ellos y la mujer caminaban solos, pero uno de los hombres caminaba con una pierna en alto, y el otro lo sujetaba por el hombre para ayudarlo. Visto con detalle, el hombre con cojera tenía vendas enrojecidas y sucias a la altura del muslo, de un color anaranjado apagado. El espadachín fue presto en reaccionar, de la forma en que, cualquiera que le conociese, sabría que haría. Aunque sin perder noción de Zuko, tocó su hombro por un momento. — Voy a preguntarles que les ha pasado, pueden necesitar ayuda. ¿Podrías vigilar por dónde han venido? Sería bueno que se la curases, pero si tiene algo que ver con la misión, no podemos perder tiempo. — Preguntó, e inmediatamente después de la respuesta, bajaba hasta el pequeño grupo, el cual retrocedió asustadizo, el hombre herido y su compañero se quedaron detrás, y el primer hombre y la mujer los cubrían, desnudos de armas. "¡Va armado, mirad! - ¡No te acerques, ya no tenemos nada!" — No, por favor... No soy su enemigo... — Con una imposible e incluso ingenua confianza, el espadachín desabrochó la cinta donde descansaban sus espadas, y con suavidad y respeto hacia ellas, las dejó en el suelo. Algo que, muy poco, tranquilizó a los viajeros. — Soy un ninja del feudo Kakkinoaru'en, está muy cerca, allí podrán tratar a su amigo herido. Pueden decir que les acompañaba Katta, en el hospital sabrán de quién hablan y ganarán un poco de favor. Investigamos un posible grupo de bandidos en el bosque. ¿Esa herida es de un ataque? ¿Les han robado? — El grupo pareció creerlo, aunque sobretodo el hombre y la mujer libres se mantenían alerta.

Explicaron rápidamente como un grupo numeroso, casi todos con armas de filo, algunas muy raras, habían caído sobre ellos en el camino. Tras matar al caballo para que no huyesen con la mercancía, intentaron resistirse, pero en la defensa del cargamento, comidas, maderas y semillas mayormente, junto al dinero que habían recaudado en sus anteriores paradas; uno de los bandidos con una espada corta lo agredió e hirió en el muslo, con lo que consiguieron que abandonasen el carro, el cual terminó siendo destrozado y echado para limpiar las pruebas, al igual que, según decían los mercaderes, vieron como un par de ellos borraban las huellas del carro, volviendo por el camino, con cuidado para que no hubiese pruebas cercanas al punto donde fueron atacados. Katta escuchó con atención, y luego de comprobar que la herida no estaba muy mal, pues las vendas eran en realidad las mangas de su propia ropa, seguían estando sucias. No tardó en decirles que volvieran por donde habían venido, y saltar de nuevo hacia los árboles, buscando a su compañero, mientras se recolocaba las espadas en la cintura, al igual que antes. Localizado Zuko, se acercaría a él, siguiéndolo por si había encontrado alguna pista, o quizás podía seguir rastros de algún modo, puesto que si los describían bien, era una banda organizada, y como adivinaba el pergamino de misión, numerosa, que sabía bien cubrir sus huellas al punto de no saberse si se trata de una verdad o una mentira. — En efecto, fueron atacados por un grupo numeroso y armado. No solo eso, han borrado el rastro del asalto, no sé por cuantos metros, y parecían desorientados, así que no sé dónde pudo haber ocurrido. Pero al menos quien hrió al hombre sabe llevar una espada. El corte era recto, si ninguna vacilación y se había hundido bien en la carne, lo que quiere decir que supo conducir el filo para que el choque no lo desviase, y no dañó el hueso para que no cambiara su trayectoria. Puede que no sean una banda letal después de todo. — Pocos podían sacar ese tipo de información, puesto que pocos sabían de armas de filo como Katta. — ¿Has conseguido averiguar algo, Zuko? —


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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Miér Nov 30, 2016 8:20 pm

Se había presentado a quien sería su compañero durante esta nueva misión que estaba por llevar a cabo. Había bajado desde la altura de los árboles, dejando tras él varios tallos y hojas siguiendo sus pasos. Un error no esperado entre sus palabras, sino no hubiese sido por su rápida forma de actuar habría dado el nombre de su familia. Nombre que ya no le pertenecía hace unos cuantos años. Nombre del que se le había despojado por no tener habilidades dignas del rango de la familia. Recuerdos de aquel día llegaron, día que una marca quedaría en su rostro para siempre. Con el fin de saber de las habilidades de su nuevo compañero, Zuko había presentado las suyas esperando que aquel hiciera lo mismo. Y lo hizo. Las palabras de aquel personaje habían golpeado nuevamente en el Uchiha “Estorbo” “Son las mismas palabras de aquellas vez.” murmuro en su cabeza. Las primeras palabras que le había dado a aquel hombre al que luego llamaría Tío, no sabía nada de él. Había sido más su padre, que su verdadero padre. Lo extrañaba, no sabía si estaba muerto, solo o perdido. Con una pequeña sonrisa evitaba que las lágrimas cayeran de sus ojos -Siento haber preguntado algo tan obvio.-

Ruidos se oían llegar desde el bosque ¿Enemigos o amigos? Esa era la duda. Escondidos por la noche y las ramas de los árboles, que danzaban con la mínima ráfaga de viento, los dos shinobis esperaban poder encontrar la respuesta a esta interrogante. De entre la densa arboleda de aquel bosque salió un grupo de personas. Tres hombres y una mujer. Uno de ellos se podía notar que llevaba lo que era una venda improvisada, ensangrentada. Parecía que habían sido atacados pero como buen shinobi, Zuko sabía que no lo esencial es invisible a los ojos. Sintió una mano deslizándose en su hombro, al girar noto que pertenecía a su compañero. Zuko escucho atento las palabras del espadachín para después notar que se desplazaba hacia la posición del herido “Bien, no hay tiempo que perder.” pensó mientras comenzaba a dirigirse al interior del bosque.

Se había alejado quizá unos cien metro mas no, hacia al interior del bosque. Cuando un murmullo lo hizo frenarse. Se había asegurado de moverse con un sigilo total, evitando alertar a cualquier bandido que se pudiera encontrar en las cercanías. Oía el murmullo, muy bajo. Se encontraba demasiado alto como para escuchar exactamente de donde venía pero todo se resolvió cuando a lo lejos vio un pequeño resplandor -El jefe dijo que tengamos cuidado. Seguramente ya haya shinobis moviéndose entre nosotros.- eran un total de tres bandidos, uno llevaba consigo una antorcha. Los otros dos portaban espadas normales, katanas pero el de la antorcha llevaba un arma poco convencional. El Uchiha no tenía idea de lo que era pero por la cantidad de hierro que mostraba tener, sin duda era un arma de gran corte.

Volvió a la posición de su compañero, unos segundos antes de que este subiera en su búsqueda. No tardó mucho en encontrarse nuevamente frente a el para contarle que había descubierto. Al parecer aquellos tres habían sido atacados por un grupo de bandidos. Parecían no ser letales pero aun así deberían cuidarse -A no más de cien metros de aquí, hay un grupo de tres. Parecen ser bandidos. Uno de ellos llevaba una antorcha para iluminar y una rara arma que nunca vi. Los otros dos no parecen ser nada fuera de lo normal, llevan simples katanas.- freno para tomar un respiro -Propongo evitar ser vistos a toda costa. Actuar desde la obscuridad de la noche y recaudar la mayor cantidad de información posible.- fijo los ojos sobre Katta, esperando una respuesta.

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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Dom Dic 04, 2016 4:58 pm








Mission

"First watchers"




La rama rebotaba poco cuando dos pesos ya crecidos se colocaban sobre ella con poco tacto y miramientos. Eran sombras discretas, camufladas alrededor de las hojas y las brancas con facilidad, a pesar del gran tamaño de una, y de su numerosa colección. Ambos compañeros se escuchaban atentamente en las explicaciones, el de ojos dorados y marrones parecía discutir en las sienes el siguiente paso. Ocurría fácilmente que el hombre se volvía inquieto. Aún con el título de ninja, aún acatando las órdenes de un feudo, las misiones de espionaje no eran las destinadas al hombre, ninguna misión ninja lo era realmente. Ver rehenes, o fechorías y no actuar era una dura prueba que el cuasi bigenario se autoimponía por razones aún demasiado personales. Era el extraño complot de aquella cabeza, discutida entre honores, emociones y lógicas en peleas sin refrenos, dignas de un jardín de infancia. Asintió la cabeza de cabello corto, mientras echaba con los ojos un último vistazo alrededor. — Ocultarnos es lo más sensato, si. — Concedían las palabras la razón, mientras finalmente, el lenguaje corporal hablaba por si solo, y pedía al compañero, con la posición lista para partir, que podían emprender el camino hasta dichos bandidos. — Dudo que cuando el mercader dijo un grupo numeroso se refiriese solo a tres hombres. Dos de ellos, han dicho, se ocupan de borrar el rastro, y si quienes has visto no llevaban muchas mercancías es muy posible que estén dividiendo los botines para que sea mucho más difícil encontrarlos. Sin embargo... — acuñaba el espadachín como cita a los conocimientos de las historias que su abuelo y su padre le relataban, como aquellos que a sus hijos contaban un cuento. — Aún listos son una sola banda. Deben tener un punto de reunión donde todos puedan ir, o donde coordinarse. Quizás donde se escondan robos más valiosos o donde resida su líder. Incluso la población más pequeña tiene un sitio así, es imposible ser tan organizados sin un mando que los coordine bien. — Las palabras se remontaban a relatos sobre ejércitos bárbaros, y como aún cuando contaban con grandes números, no podían hacer nada contra la fuerza militar de un general adiestrado.

El dúo se movió prestamente. No cargaban con ganancias, no debían ir borrando las huellas de sus víctimas. Ellos dos eran más rápidos que los ladrones si se trataba de ellos. A aquel que había hablado le preocupaba equivocarse en aquella predicción. Adivinar mal y llevar a su compañero a una trampa, o perder la pista a los objetivos de la misión. El pesimismo tenía una cruel forma de arraigar en el espadachín algunas veces. Guiados por la memoria del que sufría de una clara y grande cicatriz en el rostro, acabarían a las espaldas de aquellos hombres, encaramados en las ramas de árboles de un modo silencioso y a una distancia prudencial. Dos de los observados portaban vainas de espada. Estas estaban forradas con cueros marrones, el ojo experto las juzgaba con facilidad. Estaban calculadas en longitud para ser llevadas por ellos. Las empuñaduras eran simples, y no habían muchas señales de uso, por lo que no eran muy viejas, o no solían emplearlas prolongadamente. En cambio, había otro que portaba algo parecido a una vaina a la espalda. Con tres huecos, como si fuesen tres varas, con una cadena delgada pasando por encima y al final de los dos extremos, una punta afilada asomaba. — Han modificado un bastón triple. Es un arma compleja de llevar, y sin mucho cuidado puedes herirte a ti mismo, debes saber matar el movimiento en el instante preciso, y parar las manos antes de llegar al filo, posiblemente cambie su uso entre sujetarlo desde el centro y luego usarlo como espadas cortas. El borde es recto, han querido hacerlo lo más afilado posible, debe ser con lo que atacaron al hombre. Pero con eso pierde la resistencia al aire. Quizás ellos dos sean hombres rasos, pero el que lleva ese arma es muy hábil para ser un simple bandido. Dudo que estén solos. — Se hablaba en susurros y suposiciones. — Aún si se dirigen a un escondite no tenemos garantías de que sea el principal. Además ahora son tres, pero si se reúnen con más no tendremos ninguna opción más que observar. — Aquella cabeza volvía a olvidarse, el objetivo de la misión era, precisamente, observar. Observar e informar rápidamente. Pero era difícil que los músculos aguantasen el deber consigo mismos. Confiaban en que no jugasen una mala pasada a su compañero. Lo miraron los ojos con motas de tierra, tras un mudo suspiro. — Lo siento. No soy el mejor para ir a escondidas, y habla de más sobre espadas... — Había una extraña ternura en aquel modo de disculparse tan propio del espadachín.


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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Miér Dic 07, 2016 3:16 am

Una simple misión de observación. Obtener información era lo principal en aquella misión. Ambos lo sabían, aun así podrían interferir en el caso de que sea necesario. Para Zuko sería posible intervenir si alguno de los dos se veía en peligro o si algún grupo de ciudadanos se veían en peligro. La misión era importante, sí, pero de que servía si algún grupo importante de  personas de bien moría en el acto. Todo sería lo mismo, se seguirían perdiendo vidas.

Tanto Katta como Zuko se encontraban en la altura sobre unas ramas intercambiando la información que habían conseguido. Katta al interrogar a aquellos dos sujetos que salían heridos desde dentro del bosque y Zuko al infiltrarse dentro del bosque para observar más de cerca aquella situación.  Había visto tres sujetos, dos parecían ser simples bandidos pero había un tercero. No parecía ser un simple bandido, llevaba un arma que el Uchiha nunca había visto.

Al encontrarse con su momentáneo compañero le ofreció toda la información que había recaudado, al igual que él hizo. Al parecer los heridos habían sido atacados por un grupo de bandidos, numerosos. Tal y como en el pergamino de la misión decía. Le conto todo lo que había visto al adentrarse al bosque. A medida que lo contaba, recapacitaba sobre ello. La idea de mantenerse oculto había inundado su cabeza. Había pensado en distintos escenarios pero en todos lo mejor era mantenerse oculto de aquellos bandidos.  El espadachín parecía estar de acuerdo con la decisión que había tomado el joven. “Si los mercaderes dijeron que se trataba de un grupo grande, estos tres no pueden ser todos. Debe haber más dando vueltas por allí.” pensó el joven.  Casi las mismas palabras salieron de la boca del otro sujeto. Como si hubiese leído sus pensamientos, aun así solo era unir dos cabos y darse cuenta que aquellos tres no eran todo el grupo. Otra deducción, esta vez más compleja salió de su compañero. Había llegado a la conclusión  de que debía de tener un lugar donde todos se reunirían. Ambos tenían casi la misma forma de pensar. Zuko no parecía ser el único shinobi con ciertos rasgos detectivescos allí presentes -Nos llevaremos muy bien.- comento el Uchiha mientras apoyaba la mano sobre el hombro del allí presente -Creo que tienes razón. Andando.- le dedico una sonrisa.

Ambos shinobis se movieron entre las ramas “Si hay alguien que podría que era el arma de aquel bandido será el después de todo es un espadachín. Tiene sentido ¿no?.  Habían llegado a la posición donde anteriormente, Zuko había encontrado a los tres bandidos.  Lo que había pensado era cierto. El joven con varias cicatrices en su rostro dio una explicación exacta de aquella arma. El pelinegro oyó y retuvo cada palabra que salió de la boca de su compañero. Otra vez ambos pensaron lo mismo, el sujeto con arma llamativa no era un simple bandido, era algo más.

Katta creía que si seguían a aquellos tres hacia su escondite, no podían estar seguros de que aquel sea el principal y si llegaban a reunirse con otros, los shinobis se verían afectados por su superioridad numérica “Tiene razón. Nada nos garantiza que el seguirlos nos lleven a su base principal. Volver con esta información no serviría de nada y tampoco el dejar que se reúnan con más miembros de su banda. los pensamientos volaban como águilas dentro de su cabeza. Ya decidido se puso de pie y apoyo una mano sobre el hombro de su compañero y propinándole una pequeña sonrisa -Sabes mucho de espadas. Bueno después de todo eres un espadachín.- tomo un suspiro y continuo -Desde mi punto de vista, estas son las opciones que tenemos. Podríamos acabar desde la obscuridad con aquellos de la katana e ir por el tercero para interrogarlo. Aunque no creo que hable tan fácilmente. freno para tomar aire y observar la silueta de los tres bandidos -Podríamos simplemente seguirlos pero eso no garantiza que nos lleven a la base principal ni que obtengamos información valiosa. Solo perderíamos el tiempo y podria haber ciudadanos en peligro. Por último, podríamos dejar que atrapen a uno de nosotros y que el otro los siga. Quiero creer que el atrapar un shinobi ameritaría el llevarlo ante su jefe, por ende a la base principal.- cerro los ojos para al mismo tiempo tomar una pisca de aire - Tanto con la primera o la última opción estaré de acuerdo. Creo que la tercera seria más precisa pero la primera tiene su atractivo también. Mira esto es una misión de a dos así que tu decide.-
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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Jue Dic 08, 2016 3:14 am








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"First watchers"




Cortes. Las Ryusei temblaron por instantes, mientras las palabras seguían cayendo desde el pensamiento del de piel más clara. Parecía correcto al decir tan fácilmente aquello. Nos llevaremos bien. Era algo propio de aquel hombre honorable, escucharlo desde la otra cara resultaba extraño, y agradecidamente apacible. Robaba una acomodada sonrisa al gesto dedicado del hombre de armas. Los ladrones tenían un andar tranquilo y seguro. Dentro del bosque escaseaban caminos, solo parecían guiarse por las aperturas entre los árboles. Alguna vez, uno de ellos parecía mirar en los troncos, aunque no había ningún tipo de señal en ellos, ni parecía una madera diferente a la anterior. De algún modo se guiaban, pero el cómo era un misterio para los ajenos a la organizada banda. Estaba claro, sería un intrincado rompecabezas, especialmente si el espionaje se resentía con ellos dos. No había manera de rastrear el camino de ida para el espadachín, no era el papel que habían querido para él. Los oídos, el izquierdo con una línea igual a las múltiples cicatrices que lo partía en dos, escuchaba con atención los susurros compañeros con tal de formar un plan de acción. El tiempo apremiaba, durante aquel trabajo, otro grupo podría estar encargándose de más mercaderes, o atracando tiendas en algún lugar. No era el momento de dudar, sin embargo, aquellos planes ocultos eran incómodos, y tensaban la musculatura en las piernas flexionadas del hombre de ojos dorados. Era un sacrificio que hacer por un bien mayor. — Han atacado a ese carro. Opusieron resistencia, por eso había un herido. Actuar organizadamente también requiere de acciones previas, y ya ha oscurecido. Dudo que planeen caminar toda la noche. Su forma de orientarse... no sé descifrarla. Y mucho menos si estamos a oscuras. — Viró, él, la cabeza por un instante, mirando a su compañero, que con poca luz y ropas oscuras se ocultaba aún mejor dentro de las silenciosas copas de los árboles, que se hacían sonar como un instrumento musical extraño gracias a un viento nocturno de toques fríos. — Me siento muy incómodo cuando se trata de emboscadas o ataques a traición, además no puedo pedirle a un compañero que se arriesgue. Por si fuera poco, has dicho que sabes usar técnicas médicas. Eso quiere decir que si a mi me hiriesen, podrías sanarme. Pero yo en cambio no sé hacer ninguna técnica. No podría soportar la idea de poner en peligro mis espadas, así que la solución más sencilla debería ser abatirlos. —

Un instante después, aquellos ojos de apariencia amable cambiaron cuando volvían a mirar las espaldas de aquellos hombres, alumbrados con una antorcha llameante a manos del hombre con el arma más peligrosa. En efecto, aquel espadachín nunca había logrado ejecutar ni la más básica de las actividades de chackra. El solo pensar que en su equipo aquel muchacho podía sanar sin medicamentos solo hacía notar más la falta de talentos. La mirada apacible ahora era una seria. Los ojos de un humano normal veía a los tres hombres, pero aquellos ojos bicolores veían una infinidad de trazos y líneas, punzadas, puntos, caminos. Cortes. Era un mundo extraño el que transparentaba tras las córneas del espadachín, que dejó de pestañear, con una mirada que desencajaba sobre su tono mullido y gentil. — Puedo inmovilizar sus piernas, no necesito más que tres cortes, apenas ocuparía una fracción de segundo. Después desprenderé el arma extraña del hombre, e intentaré cazar la antorcha para que no queme nada. En total cubriría poco más de medio segundo. Si son usuarios de armas, sentirse indefensos los hará torpes, y tú tendrás vía libre. Si dan algún tipo de señal o grito, querrá decir que tienen compañeros suficientemente cerca para venir a ayudarlos. En ese caso, si podemos escondernos de nuevo puede que lleven a los heridos a un lugar donde curarlos. De no ser así, deberemos sacarles la información de algún modo. No soy muy adecuado para ello. — Luego de la explicación, los ojos dorados se cerraron, y asintió la cabeza, indicando que iba a marchar.

Era extraño para muchos ver por primera vez el modo de actuar del espadachín. Su apariencia ya demostraba mucho. Lleno de cortes que se había ganado tras práctica y práctica. El número desorbitado de espadas en sus caderas, y facilidad con la que se movía con ellas, como si no estuviesen allí. Su expresión cuando medía cortes. Se volvía un hombre incomprensible. Adubo hasta la cercanía de los ladrones con sigilosa incomodidad. Las manos se apoyaban sobre dos espadas derechas, la sexta y la décima. Si su compañero lo captaba, antes de caer a las espaldas de aquellos hombres, Seguía con los ojos cerrados. Gyo, un estilo veloz como pocos. Sus cortes eran precisos de un modo calculado, no necesitaban la vista, pues estaban grabados en la memoria del espadachín. Cada uno de ellos transcurriendo en un instante indetectable. Con el sonido de la caída, las espadas habían viajado desde sus vainas hasta las dos superiores de la izquierda en orden inverso. Los ladrones derecho y central se tropezaron hacia delante, así como el tercero con una diferencia imperceptible, pues al mismo tiempo, la primera Ryusei había aparecido en la mano derecha y se ocultaba en la séptima vaina del lado izquierdo. La mano izquierda había corrido hasta la antorcha, que había caído pocos centímetros cuando con la diestra aún, la espada que había quedado en la vaina superior volvía a salir y cortaba las correas que ataban el arma curiosa a la espalda del más ducho en su uso, que ya caía al suelo. Envainado el cuarto corte, en menos de medio segundo, los ojos se abrieron y buscando su objetivo, una patada envió a casi trece metros el arma de su dueño. Katta saltó sobre los arrodillados, y se apoderó de uno de los dos sacos que llevaban, mirando a los ladrones desde delante, para que estos no girasen su mirada y así Zuko tuviese un camino despejado. El espadachín podía verse claramente molesto. Lo que acababa de hacer, que muchos alabarían como un ataque exquisito, él lo veía como una atrocidad. A pesar de la auto-convicción y la conveniencia, a pesar del posible éxito, no era ese el estilo que tantos años había entrenado aquel cuerpo. Sin embargo, quien mirase las heridas se daría cuenta de cuan eficaz eran aquellos cálculos. En el corto tiempo había cortado los ligamentos traseros a la rodilla, los cortes se habían medido para que no fuesen suficientemente profundos. No había cortado ninguna vena, no tendrían que atenderlos de inmediato, ni correrían peligro si los dejaban solos. Quien había ido con su arma enfundada a la espalda no tenía ningún corte sobre la ropa. Las hebillas se habían caído, pero el conjunto de correas estaba casi intacto. El corte era completamente recto e inequívoco. El detallismo hablaba solo para aquel humilde espadachín, que en algún momento, evitando que su cara fuese vista, había subido el cuello de su prenda para que lo cubriese por encima de la nariz. Era el turno del compañero, pensaba el asaltante que vigiló con discreción las acciones venideras.


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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Miér Dic 14, 2016 7:43 pm


Parecían segundos pero habían pasados horas, la noche había caído hace ya un tiempo. El amanecer estaba lejos, demasiado pero cada vez se acercaba más. Gran parte de su tiempo lo habían pasado escondido entre las oscuridad que los arboles propiciaban. Su misión era eso, obtener información y llevarla a quienes se encargarían de resolver dicho problema. La información que hasta el momento tenían era muy escaza, debían seguir internándose mas y mas en el bosque hasta que la oportunidad de encontrarse con su guarida principal o quizá algún bandido de un rango más alto del cual podrían obtener más información. Varias situaciones habían pasado por la cabeza del joven Uchiha, había intentado visualizar cada una de ellas. Incluso para el fue difícil, muchas quedaron perdidas entre sus e pensamientos pero de entre todas tres parecían ser las indicadas para proseguir. Las presento ante su compañero, era una misión grupal y su compañero debería estar al tanto de la forma en que habían de proseguir. Las tres situaciones estaban planteadas. Katta debería tomar la decisión para llevar a cabo el siguiente paso.

El espadachín parecía no estar seguro. De su boca salieron palabras que tenían cierto argumento. Aquellos tres no estarían caminando toda la noche por el bosque, aunque la forma en que se orientaban no era simple. Se trataba de un bosque enorme, donde muchas personas habían terminado presos de la locura y otros nunca habían vuelto a ver la amplitud de los campos o las grandes ciudades. Nada garantizaba tampoco que volvieran a alguna guarida, podrían volver a un campamento o acampar en las cercanías. Nadas les garantizaba que el seguirlos los llevara ante algo importante.

Katta confesó el no sentirse muy a gusto con la idea de la emboscada pero aun así tampoco parecía gustarle la idea de Zuko se dejara atrapar. Tenia razón en cierto punto, el joven con la cicatriz era un ninja medico, no podía dejarse atrapar por el enemigo “Siempre olvido que soy médico. Debe ser porque me veo más como un soldado pero tiene un buen punto ahí.”. El tampoco quería poner en peligro las espadas por los que solo les quedaba la idea de atacar y abatir a los tres. El nuevo compañero del ninja medido parecía estar seguro que podía abatir a los dos bandidos más simples y alejar al tercero de su arma de apariencia temible. Por sus palabras y el tiempo que comento que le tomaría debería ser muy rápido. No lo había visto en combate, no aun. No sabía que podría hacer con tantas espadas “Parece muy confiado en su velocidad, supongo que para manejar tantas espadas se debe ser rápido.” sus ojos se desviaron, para una vez más observar las armas que el sujeto llevaba en su cadera. No había más tiempo para pensar, tenían que actuar antes que más gente sea atacada.

El primer movimiento lo tomo Katta. Ni bien este se aparto del lado del Uchiha, el mismo comenzó a moverse para posicionarse sobre una rama que quedaba casi sobre la cabeza de los enemigos, unos escasos metros a sus espaldas. Se aseguro de no hacer ni un solo ruido, ni dejar caer una hoja. Sus movimientos fueron precisos y silenciosos. Desde la posición que había tomado pudo observar cada uno de los movimientos que llevo a cabo su igual. Sus movimientos fueron increíblemente rápidos, nunca había visto algo igual. Se movió con tal soltura entre las oscuridad como si la situación ya estuviera resuelta dentro de su cabeza -Realmente es rápido. En un combate no podría seguir su movimientos con mis ojos en este estado.- susurro.

Dos en el piso, el arma de raro y temible aspecto alejada de su portador, y la antorcha en su mano. Todo había salido como lo previsto, era su momento de actuar. Tomo dos kunais de su bolsillo con su mano derecha y con total precisión los lanzo golpeando un punto de presión que se encuentra en la vertebra –entre la quinta y sexta vertebra exactamente- de esta manera dejo a los dos portadores de katanas fuera de combate. Ese ataque no los mataría, simplemente no podrían mover su cuerpo por unas cuantas horas. Con una diferencia poco notable, se lanzo de la rama y aterrizo frente a la espalda del aun capaz de moverse. Se estaba levantando. Zuko golpeo la parte detrás de su rodilla, obligándolo a caer arrodillado al suelo. Intento golpear al joven de la cicatriz en el ojo con su mano derecha, el médico consciente de esto freno el golpe y doblego su brazo llevándolo a su espalda mientras que con su mano izquierda hacia presión en el codo del enemigo. El dolor podía aumentar o disminuir a su voluntad y desde esa posición, cualquier movimiento que el enemigo intentara llevar a cabo seria repelido. Todo lo que había aprendido como medico comenzaba a dar su fruto en combate -Muy bien. Es hora de que respondas nuestras preguntas.- la presión sobre el codo aumento y una mueca de dolor apareció.

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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Miér Dic 21, 2016 3:28 pm








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Disgusto. Los hombres se habían caído al suelo. Las espadas que ya descansaban habían provocado el menor daño que se les ocurrió a manos de un espadachín, nuevamente decepcionado consigo mismo, que se ocultaba tras tela negra y seriedad. La incomodidad que había mencionado el de múltiples heridas hacía poco segundos no eran ninguna mentira, incluso un recién conocido compañero podía ver, en la tensión al enfundar armar o en la ya extinta sonrisa que no había ninguna sensación de logro, por muy hazañosos que fuesen los cortes de las espadas, y por muy ilesos que saliesen los enemigos. Sangre, de nuevo. Finalmente ceder a la necesidad parecía la peor opción para aquel que portaba espadas. No interrumpió, ello, el proseguir cuando el segundo ninja del feudo apareció en escena. Los ojos dorados sobre aquel pequeño manto de color negro lograron captar los movimientos certeros del hombre quemado. A la luz de la antorcha que recogía del suelo el espadachín, dos a inmóviles presentaban un cuchillo simétrico en ambos. El movimiento ligero de subida y bajada aún señalaba la respiración. Al fin y al cabo, él no era el único preciso. Posiblemente, decía la intuición, se trataba de algún punto que los médicos conocían para provocar algún tipo de parálisis o prevenir acciones futuras, mientras atrapaba eficazmente al desarmado, que a pesar de sus tumbos no pudo reaccionar al agarre y fue capturado de forma definitiva, quedándose entre el suelo y el chico con balbuceos enfadados e insultos.

Las amenazas del pelinegro más bajo era mucho más convincentes mientras ataba con sus propias manos al malhechor que intentaba librarse del agarre. El miedo era la emoción que el honorable espadachín se negaba a exprimir y tocar. Era una de las herramientas más útiles que había creado la humanidad, pero con ella se había olvidado parte de la misma. Las espadas volvieron a tintinear. "¡Suéltame, mocoso! ¡Os mataré!", repetía aleatoriamente mientras el primer asaltante quedaba a solo unos pasos. Sin advertir a su compañero, otro fugaz corte voló, invisible para los ojos, haciendo que unos pelos cortos se resbalasen por la cara del ladrón, que calló solo al notar aquel tacto cosquilloso. — No he fallado, sobra decirlo. No podrás hacernos frente desarmado, ni puedes escapar. Solo decidirás si responder con sinceridad, o perder el tiempo hasta que tus superiores crean que te has fugado con su botín. — La decepción se apegaba más al hombre, que en un instante volvía a tener todas las espadas encerradas en su propia vaina. La actuación malvada, podía entreverse, no era propia del honorable, más allá, ambos ninjas debían confiar en que amedrentaría lo suficiente al maleante para hacer su parte. Sin embargo, si la célula criminal era protectora con sus miembros, si no iban a herirse entre si, la amenaza caería en saco roto, y el hombre podría planear algo con un engaño nuevo. — Solo has de decirnos dónde se esconde el resto de tu grupo. La ayuda, en estos casos, se suele compensar con una pena algo menor, algo que olvida con facilidad la mayoría. Ahora, habla. — Él no pudo aguantarse. De entre la amenazadora, intento de, apariencia, surgía aquella mano siempre tendida, queriendo ver como el hombre malvado se corregía, daba pasos atrás para alejarse de un mundo traicionero y desagradable. El espadachín tendía aquella mano siempre, más no era algo muy aceptado, y la habían empujado y rechazado en numerosas ocasiones. Y no podrían saber los ninjas si era el caso cuando el criminal dejó de forcejear, con un gesto molesto y dolorido.

"Iré con vosotros, yo..." — No. — Como las armas sobre su cintura, Katta interrumpió de forma fugaz al hombre, que calló con una sentencia tan simple. — He cortado parte de tu hueco poplíteo, sin tocar la arteria. No te desangrarás, pero no puedes andar, y nos puedes delatar en cualquier momento, puesto que no podemos seguir tus instrucciones si te dejamos inconscientes. Deberás decirnos como os guiáis. Habéis estado siguiendo los árboles de algún modo, ¿cuál? — El hombre chasqueó la lengua. Se le pudo ver moviendo las piernas apenas, como si no creyese al espadachín por ser un atenuado dolor el que provocaron las hojas de este. Chasqueó la lengua finalmente. "Dentro de las grietas en las cortezas, hay unas flechas diminutas en verde, apenas se ven. ¿Ahora qué? Sois dos mocosos, de no habernos emboscado no tendríais ni una miserable oportunidad." Katta, antorcha en mano, comenzó a mirar el último árbol en el que se pararon, observando atentamente las líneas de la corteza, apenas a unos metros de Zuko. Pasó poco más de un minuto hasta que encontró la señal que prometía el hombre, una flecha que apuntaba hacia el noreste, adentrándose más en la arboleda. — No miente, es cierto que hay señales aquí.. — Un suspiro se escuchó bajo la larga bufanda que ocultaba la mitad del rostro con cortes, solo dejando unos ojos desanimados a flote. Se volvieron a escuchar las hojas, dos en esta ocasión, lamer sus fundas en un eco metálico, que alarmaban al hombre de algún modo. "Os he dicho la verdad. ¡¿Qué haces con es?!" Inquieto comenzó nuevamente a moverse sin ningún sentido, queriendo librarse del médico sobre él, algo que cesó cuando las dos espadas golpearon las sienes del ladrón. Fue un golpe certero con el lateral de cada una, que lo dejaría inconsciente por unos momentos sin mucho más que una contusión. — ¿Deberíamos llevarlos al feudo? Es una misión de reconocimiento, y creo que no miente. Puede ser peligroso, y que necesitemos ayuda... En parte, tiene razón, les hemos atacado a traición. — Se escuchaba el arrepentimiento, incluso vergüenza en esas últimas palabras, mientras quedaba expectante el hombre de armas.


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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Zuko el Dom Dic 25, 2016 9:41 pm

Zuko no tenía muy en claro de que iba la misión, ¿infiltración?¿acabar con los enemigo?¿encontrar su base? Lo único que decía en el pergamino de misión es que debía encontrar la suficiente información y entregarla al feudo. Cuanto era la suficiente información era un término indefinido y muy subjetivo, quizá el encontrar a alguien para interrogar ya era suficiente pero quizá debían encontrar la base y llevar esa información a los superiores. Ya tenían ambas, no podían fallar en esa misión. Tenían a un sujeto para interrogar y según la información que el mismo le había dado, la ubicación de su guarida principal, en lo que era uno de los bosques más grandes de todo el país del fuego.

A pesar de haberse conocido hace pocas horas, los dos shinobis actuaron de una manera muy eficaz. Su trabajo en equipo fue preciso y les permitió acabar con el pequeño grupo de bandidos que los sobrepasaban en número. El sujeto de nombre Katta demostró tener una gran habilidad en el manejo de sus espadas dejando a los tres sujetos indefensos en cuestión de segundo. El siguiente en actuar fue el pelinegro Uchiha, utilizando sus conocimientos médicos logro dejar fuera de combate a aquellos dos bandidos que portaban las katanas, quedaba el más temible, que al estar alejado de su arma no parecía ser muy rudo. Actuando en la oscuridad y moviéndose como un verdadero shinobi logro dominar al tercer y último bandido que tenían en sus cercanías.

Doblando su brazo por su espalda, había logrado dominarlo con facilidad quedando de frente a Katta. Ya tenían a quien interrogar y por su aspecto, parecía ser quien más alto rango tenia entre aquellos tres “Parece no estar contento con la forma en que actuamos pero era la única manera de asegurar el éxito.” En el rostro del espadachín, se podía notar, no muy fácilmente, que no estaba cómodo con la forma en que ambos habían actuado. Aun así, no había otra forma de que pudiesen asegurarse de que la misión fuese un éxito. El sujeto con cicatrices en su rostro, fue quien se encargo de hacer las preguntas, mientras el Uchiha forcejeaba con el dominado obligándolo a responder las preguntas que su compañero realizaba.

El bandido seguía forcejando como una cucaracha evitando llegar a su fin. El hombre de las espadas acabo con esto cuando con uno de sus cortes le dejo en claro al sujeto que era lo que pasaría si intentaba escapar de su dominio. A pesar de haber dejado de forcejear parecía evitar el responder las preguntas que le hacía, no estaba dispuesto a traicionar a su bando pero toda persona estimulada con lo suficiente es capaz de traicionar hasta a su propia familia. Katta sabia eso o al menos esa era la imagen que parecía dar. Finalmente el sujeto pareció soltar toda la información que tenia. El nuevo compañero de Zuko parecía haber visto lo mismo que el mientras vigilaban a este pequeño grupo, algo vinculado con los arboles parecía ser la forma con la que navegaban con soltura por el bosque “Parece que el también lo noto.” su susurro en su cabeza mientras el bandido hablaba de pequeñas flechas verdes escondidas en los arboles, que su compañero pareció confimar para luego derribar al sujeto con dos golpes en la sien -Creo que debemos volver ya tenemos la suficiente información y el feudo tendrá quienes se aseguren que este sujeto este diciendo todo lo que sabe. Ven, ayúdame a cargarlo, debemos salir rápido de aquí antes de que nos encuentren. a sus palabras le siguió un pequeño gesto con la cabeza.

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Re: Mision C con Katta

Mensaje por Katta el Mar Dic 27, 2016 7:25 pm








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Castigo. Los filos relinchaban como caballos discretos al ser atados a su cueva. La zona oscura alcanzaba su zénit sobre las cabezas de pelo negro que concluirían pronto el desastroso encargo, pero la luz ígnea sobre la antorcha no permitía esconder el resultado de las acciones. Ningún otro modo. Los tres hombres inconscientes estaban echados al suelo, sin ninguna posibilidad de defenderse. Las dos figuras sigilosas habían acudido sobre ellos con engaño efectivo. Era un rotundo éxito, que no podía reflejarse en los ojos de color oro, mientras observaban ellos el hablar de un compañero que liberaba a quien ya no respondía. La cabeza de pelo más corto asintió al consejo, acudiendo a la ayuda de cargar a quien, posiblemente, sería interrogado, torturado si se resistía. En su cabeza se veía la pequeña pieza ahora casi calva, fruto de la intimidación. — Nos dijo lo de los árboles sin muchos tapujos... — Comenzaba a hablar el espadachín, con la antorcha en el lado zurdo, mientras el diestro hacía fuerza para impulsar el hombre sobre la espalda de Zuko, con cuidado de colocarlo de forma cómoda para el ninja feudal y el inconsciente. — Deberíamos decirlo, no quiero que los castiguen de más. — Seriedad en el tono, el hombre con espadas se aproximó al arma desdueñada. Fue tomada con cautela y enganchada al cinto de cuero, asegurándose de que no caería. Lo siguiente que hizo fue desterrar los cuchillos que habían paralizado a los otros dos hombres, retirados de sus espaldas mientras, con la educación posible, se entregaban dentro del porta-objetos del compañero, pues suyos eran. — No debería haber ningún rastro de ellos, sus compañeros conocerán la ruta que seguían. — La mentira escapaba a las habilidades de aquel hombre. Culpa, responsabilidad. Cuando el brazo derecho se esforzó solo por tomar en el hombro a uno de los paralizados espadachines, y luego el otro, al mismo tiempo que la zurda soportaba la antorcha para no dejar al compañero a ciegas, podía verse la verdadera intención. No quería dejar sin más a los que habían perdido injustamente. Incluso tras una justa pelea victoriosa, el espadachín posiblemente hubiese resuelto en lo mismo. Incapaz de solo dejarlo estar. Eran pesados, y el peso descomepnsado hacía que el camino no fuese recto. Pero el sentimiento de lo correcto invadía de nuevo una expresión menos sombría, incluso sonriente, que fue mostrada hacia Zuko. — Tienes razón, es mejor que volvamos. —

El camino de vuelta, aún solo con la luz de la antorcha y la luna, era más cómodo. La carga seguía siendo pesada. Una de las puntas de aquel arma comenzaba a rozar la piel oscura, cortándola muy superficialmente, pero él era uno de esos hombres incapaces de pedir ayuda. Lideraba el camino con el paso decidido que heredó del padre que lo crió, mientras seguía la línea de árboles, al tiempo que vigilaba que ninguno de los cargados despertase de su sueño. Miró en dirección al que dominaba técnicas médicas, dejando escapar una confiada sonrisa. — Me gustaría que dejasen el crímen. En especial él. — Con la mirada amarilla y terrosa, el hombre que Zuko cargado fue señalado. — Con este arma en sus manos debe ser muy fuerte. Me gustaría medirme con él algún día. Justamente, sin tener que recurrir a... Una emboscada. No me gusta ver el talento desaprovecharse, o mancharse de crímenes. — No era necesario conocer al que portaba tantas espadas para saber que no mentía. Solo su voz demostraba aquella actitud, límite entre ingenuidad y verdaderas esperanzas. Las palabras creían realmente en ver al hombre inconsciente reaccionar, liberarse de los malos hábitos, formar parte de una sociedad pacífica, como la que perseguían dichas espadas. Era el carisma que desprendía el espadachín lo que no permitía dudar de dichas palabras. Un honor que podía herirse y martillearse, pero nunca destruirse.

Las puertas del feudo se abrieron, y tras ellas varios efectivos, uniformados y ocultos tras máscaras de tela parecidas a las de ambos gennin, inmediataron su interrogatorio, ordenando identificarse y explicar la situación. — Él es Zuko, y mi nombre es Katta. Se nos encargó recopilar información sobre una banda, dentro del bosque. Un pequeño grupo de comerciantes nos ayudó, y Zuko pudo localizar a estos tres integrantes. Fueron abatidos a traición por mi. Ellos dos cayeron inconsciente, y él nos entregó el método por el que se guían entre el bosque. En la corteza de los árboles hay pequeñas flechas de color verde dibujadas. Podemos señalar el primero en un mapa, o yo mismo podría llevarles. Uno de los comerciantes estaba herido, y los bandidos también han recibido algo de daño de mi parte. Cuiden de todos. — Los inconscientes fueron cargados sin cuidado sobre las espaldas de dos figuras indefinidas que desaparecieron a la carrera de la escena, igual que el otro cuando fue arrebatado de la espalda del pelinegro. Katta entregó finalmente el arma, asegurando que pertenecía al hombre de mayor rango, al tiempo en que todos los superiores se dispersaban, ignorando a los principiantes, mientras ello conducía a un desanimado suspiro, aunque aliviado. — Debo regresar a mi granja. Ha sido un honor, Zuko, confío en que volveremos a trabajar juntos. — Aseguraba él en el mismo tono, mientras su figura de colores oscuros se difuminaba en el fondo de la noche.


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