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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

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Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Kazuo el Lun Nov 21, 2016 10:16 am








Kazuo

“The third one”




Family


"Voy a cocinar para más de una persona mañana por la noche. Puedes venir si no tienes otra cosa que hacer.
Katta también está invitado. Avísale cuando veas a ese cabeza hueca.

Kazuo"



El pelinegro aún se preguntaba a sí mismo qué le había picado para dejar esa nota ayer al mediodía bajo la puerta de la albina. Una discreta invitación a cenar, guardándole siempre el mismo respeto a la dama del grupo, mientras se metía con el espadachín. Indirecto, como de costumbre. Kazuo nunca en su vida había dejado que alguien entrase a su casa; tener la compañía de Katta sobre el tejado era lo máximo que él se había podido abrir. Simbólicamente, detrás de aquella puerta, entre silenciosas paredes, él guardaba más de un secreto. Él se sentía preparado para dar el siguiente paso y enmendar las repercusiones de las decisiones que había tomado en el pasado. El humeante siempre había sido el tercero del grupo. Aquel que estaba, pero a la vez no. Conocido y aceptado como un hermano entre dos familiares, pero jamás abierto. Un misterio paseándose entre lo cotidiano. Siempre supuso que ellos habían logrado aceptarle de esa forma desde la academia, limitándose siempre a preguntar lo justo y necesario, pues el muchacho desalineado no era bueno compartiendo. Una carga, singular, sólo diseñada para tan extraño individuo. — "Hoy... están más calladas"

Una noche de media luna, la cual contaba con la indeseable presencia de un par de nubes y la suerte de una temperatura cómoda para andar. Llovía. El agua caía del cielo con levedad, convirtiendo a la pequeña tormenta en un encantador atributo de la noche. Las calles iluminadas no estaban del todo vacías, pues algunas personas eran activas durante la noche; sobretodo en esa zona de la población. Esa casa de tejado antiguo nunca antes emanaba tanta luz. Kazuo había encendido algunos de los faroles dentro de la casa y un par de velas que se encontraban junto a las ventanas. El sitio estaba limpio y ordenado; contando sólo con una larga mesa de madera que no superaba los cincuenta centímetros de alto. Tres cojines; uno en la cabecera y los otros dos en ambos lados. Se podía sentir el aroma de algo cocinándose en una de las pocas salas con las que contaba la casa. El olor a comida se mezclaba con el de incienso. Su experiencia como anfitrión era nula, pero había logrado un ambiente cálido y agradable. Los zapatos que usaba regularmente descansaban a un costado de la puerta. Ningún cigarro había sido encendido dentro de la casa hace ya más de tres horas; no quería contaminar el lugar para sus invitados. Nervioso; extremadamente inusual tratándose del antipático. Ser del elemento Fuego le proporcionaba muchas facilidades cuando se trataba de cocinar. Desde la cocina, miraba por una ventana el frente, esperando  la llegada de sus dos amigos.

Al sentir tres toques sobre la puerta, se desprendió de la pereza y se apresuró para abrirla, pues estaba lloviendo afuera. Kazuo no vestía más que una remera blanca de mangas largas y un pantalón oscuro. Descalzo. — B- bienvenidos.No titubeaba desde antes de la muerte de su padre, hace ya más de trece años.




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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Lilith el Lun Nov 21, 2016 4:24 pm








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




FAMILY
Feliz. De alguna forma era la única palabra que podía definir el estado de ánimo actual de la albina, tras encontrar aquella nota en su puerta cuando salía a entrenar, era una invitación de Kazuo para ir a cenar al día siguiente a su casa. Aquello la sorprendió ya que jamás habían entrado en casa de Kazuo, siempre se quedaban fuera o en casa de la albina si era necesario pero jamás entraron en casa del peli negro y debía admitir que le hacía bastante ilusión ver el lugar donde vivía su compañero y amigo. Por supuesto aviso a Katta en cuanto termino de leer la nota, una invitación indirecta hacia el espadachín de parte de Kazuo era lo mas normal entre ellos, pero eso significaba que habían echo las paces de alguna forma y eso alegraba en gran medida a la mujer de ojos ámbar y frío corazón.

Debía admitir que estaba bastante emocionada e intrigada, cuando llego el día señalado pensaba que podía llevar para la cena, después de todo imaginaba que el cocinaría así que pensó en llevar algo de beber, un par de botellas de sake que le regalo uno de los aldeanos a los que ayudo no hace mucho en una misión. No quería ir tampoco con las manos vacías se sentía mal así que decidió llevar dos botellas. Quedo un poco antes con Katta para ir los dos juntos a la casa de Kazuo, tras darse una buena ducha y arreglarse un poco salió a encontrarse con su buen amigo espadachín y juntos tomaron rumbo a casa del tercer componente de su grupo. Cuando estuvieron frente a la puerta Lilith miro a Katta y tras sonreír de una manera bastante dulce, siendo algo curioso y raro en ella miro a la puerta y llamo suavemente para poder dar comienzo a esa "cena familiar" si podemos llamarla de alguna manera.

Estaba nerviosa, su corazón latía bastante mas rápido de lo usual y se notaba en sus ligeros movimientos de manos que en ese momento era como una niña pequeña con un juguete nuevo, aunque esa comparación era un poco extraña para ellos ya que jamás habían tenido "un juguete nuevo" Cuando Kazuo abrió la puerta el rostro de Lilith se iluminó y aun mas cuando le escucho titubear de alguna forma, parece que el estaba tan nervioso como ella —Buenas noches jejej te e traido algo para beber en la cena— Le mostró a Kazuo la bolsa con las dos botellas de Sake y sin esperar una respuesta le dio un gran abrazo, estaba de lo mas contenta, realmente parecía una niña pequeña en estos momentos feliz por cualquier pequeño gesto que cualquiera de sus dos compañeros realizaba, por fin estaban juntos y la albina no podía esconder su felicidad ya que esta salia por cada poro de su blanquecina piel.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Katta el Jue Nov 24, 2016 2:49 am








Family

"fIt means together
and it's meant forever"




Regalo. El sol se había estado resbalando por detrás de la vista hacia el feudo cuando los gélidos pasos invadían los alrededores de aquel modesto hogar. Las caricias de luz anaranjada que disparaba desde aquella baja altitud lo engrandecían, y brillaba más que de costumbre para estar tan lejos como en realidad estaba. Tal como ella, el sol pareció acercarse con poca vergüenza. Como los rayos brillantes, las palabras que contenía el papel eran cálidas, felices noticias, un regalo repentino e inesperado que ninguno de los dos, frente al caballo del establo supo bien contener. Fue una felicidad extraña, jugaba con las horas y los minutos, haciéndolos más largos de lo debido para que así el día no llegase, y cuando llegó, que la hora fuese más y más distante. Espadas y vainas, ya caída la noche, descansaban en su sencillo santuario, tallados de castaños de los alrededores, a la tenue luz de unas velas cubiertas para evitar un posible fuego. Eran fuegos que no crepitaban por su poca intensidad y cada sensible brisa podía en el menor imprevisto, apagar una de las cuatro luces que alumbraban las armas. El hombre de aquel lugar se movía de un lado a otro antes de partir, dejándolo todo listo, con meticulosidad y casi costumbre, terminando con una sonrisa diferente a la habitual enfrente de los árboles tan distinguidos, cerca de la casa. — Volveré sano y salvo. — se escuchó en solitario, mientras una reverencia acercaba el cuerpo hacia el suelo, y prontamente partía en dirección a las paredes del feudo de la Dama de Fuego.

El caminar sin armas que empujasen el cuerpo hacia el suelo se hacía extraño siempre. Eran pocas las ocasiones en las que aquel metal no era compañero del espadachín, pocas las veces que la cinta negra se ceñía con fuerza a su abdomen, sujetando tantas hojas. En su lugar había un poco formal atuendo, un yukata negro ajustado y sin mangas, por cuyos bordes se paseaba una prenda interior aún más ajustada y que cubría el cuello casi completamente de un color blanco simplista y limpio. El enjambre desordenado de cabellos cortos hacía rebotar la luz lunar, sin embargo ni los zapatos que sujetaban fuertemente la pierna hasta la rodilla del mismo color negro, ni la figura del hombre parecían hacerlo. Una sombra oscura aquella noche. Incluso los ojos, de oro y tierra, parecían semi-apagados al tener en cuenta la ocasión. Un paraguas de varillas alargadas y tela oscura era la protección contra la lluvia. Le mujer de cabello nieve acudió, como pocas veces, más puntual que el hombre, y casi lo llevó hasta la casa. La mirada no había pasado por alto el cristal reluciente y el líquido brillante. Sake, sacaba una risilla por entre las mandíbulas del herido, el cual no cargaba ningún obsequio. Sin pensarlo, solo había acudido a la llamada de su hermano. Quedaba a solo un paso tras la más joven, ataviado con aquella curva. Era tenue, como las luces de las velas. Sencilla, inmutable. Extremadamente sincera. Imposible de esconder bajo el techo de tela que cubría a ambas figuras.

En el instante entre la llamada de Lilith y la apertura, los ojos manchados de barro miraron al tejado. Reflejaban sobre ellos a dos pequeños pelinegros, que jugaban a vivir entonces. Hablaban, incluso se imaginaban alguna risa allí arriba, hasta que un titubeo bajó los ojos de allí arriba, con una expresión que no podía sino acrecentar la aún discreta sonrisa en el cuerpo más alto. Solo hubo dos saludos, y un abrazo. cuando el mayor finalmente entró, siguiendo a la mujer, y cerró con suavidad y educación siempre presentes y firmes la puerta, encerrando todas las emociones solo para los tres. La figura de piel oscura miraba a las otras dos desde poca distancia, incapaz de provocar una burla sabedora de las pocas ocasiones en que los abrazos habían sido aceptados. Varios empujones y golpes en el pasado habían probado ser las respuestas automáticas de aquel muchacho. Si, ha cambiado. — Cabeza hueca... — Se escuchó, cuando una mano, que se aprovechaba de Lilith y como aprisionaba en sus brazos al pelinegro desordenaba aquellos cabellos, más largos e igual de rebeldes que los que había al final de la cabeza del otro. Una risilla más se escuchó, que intentó esconderse cuando el paraguas, plegado, se quedaba al lado de la puerta, y las manos golpeaban el yukata para quitarse a la fuerza las gotas que habían pasado la barrera. Los ojos, finalmente, miraron por primera vez, con curiosidad, y con extraño orgullo, lo que se escondía bajo un tan conocido tejado.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Kazuo el Vie Nov 25, 2016 2:58 pm








Kazuo

“The third one”




Family
En toda familia siempre había un miembro problemático. Aquel que nunca acataba las órdenes de los demás y se desviaba lentamente del sendero principal, pero que de todos modos seguía siendo amado. Afecto y constante preocupación. En esa familia tan disfuncional, compuesta sólo por tres hermanos, Kazuo era esa persona; que ni el exilio le había logrado quitar todas las malas costumbres, trayendo algunas nuevas de su viaje, como la adicción al tabaco. Tras abrir la puerta, los invitados no se encontraron con el mismo perro rabioso de siempre, sino con un simple cachorro. Pequeño animal que arrugaba el hocico sin dejar que nadie se le acercase. No pudo evitar concentrarse más en la albina, la cual se encontraba más hipnotizante de lo normal. Siempre iba arreglada, pero nunca para una ocasión tan pacífica como aquella cena que el pelinegro había preparado. Se percató de que su hermano mayor también vestía un atuendo diferente. Casi se sentía mal por estar siempre tan desarreglado. Casi. Observó las botellas de Sake de la misma forma en que mira un atado fresco de cigarrillos; todo aquello que lograba desinhibir fragmentados pensamientos era más que bienvenido. Fue envuelto por un manto cálido, irónicamente viniendo de la reina de hielo; al que no supo cómo responder. Felicidad en su máxima expresión. Desvió la mirada mientras era prisionero de esa persona tan especial, frunciendo el ceño con fuerza para esconder una mueca contenta que buscaba manifestarse a toda costa. Él siempre tenía que mantener su papel de chico duro, al menos eso siempre parecía dar a entender. Nadie sabe con certeza el por qué. — Oye... — Se oyó a un volumen más bajo que el de la lluvia misma; como un leve quejido por parte de aquel que no quería quejarse. El brazo del mayor jugaba con la cabellera oscura del antipático con la misma brusquedad con la que los dos suelen tratarse. Despeinaba aún más al que nunca iba prolijo. Le miraba con infantil provocación, pues en ese momento se encontraba indefenso debido al abrazo de la albina, y no podía propinarle un golpe en las costillas.

Siéntanse como en casa. — Habló el anfitrión mientras dejaba las botellas de alcohol sobre la mesa enana. Les miró de reojo, un poco amenazante, pues sabía que los dos podían llegar a comportarse de forma muy inmadura mientras él estaba en la cocina. Nunca habían estado en casa del pelinegro, y no podía evitar imaginarse a sus invitados husmear hasta en el último cajón con infantiles intenciones. En las paredes de la sala principal, habían algunos cuadros que parecían haber sido pintados por un aficionado. Los más recientes, revelaban progreso en comparación a los más antiguos. Todos te llevaban a un paisaje montañoso, donde los rayos del sol impactaban con menor piedad, y los árboles de copas verdes sólo contaban con la compañía de algunos animales. Pájaros coloridos; venados en calma. El muchacho descolgó un delantal negro que le estaba esperando a un lado de la puerta de la cocina, la cual el muchacho siempre dejaba abierta —como toda puerta de su casa—. Una vez se lo puso, miró una vez más al espadachín, pues no quería siquiera saber en lo que Katta estaba pensando en ese momento.

El sonido del agua hirviendo en una olla plateada le estaba llamando. En una cocina bastante humilde, había una colección de cuchillos de cocina bastante numerosa. Sobre una tabla de madera, cortaba los vegetales con suma precisión, sin dejar que un pedazo fuese un milímetro más grande que el anterior. No había una arruga en su frente, ni ningún movimiento impulsivo en ese momento. El hombre encontraba paz en múltiples actividades; una era la cocina. Sin olvidar que el más grande era vegetariano, hervía verduras y algunas plantas que había descubierto en su exilio para darles un mayor sabor. Se había traído semillas, y las plantaba en el patio de atrás. Por otro lado, el platillo que degustarían él y la albina ya estaba preparado. Los trozos de salmón eran cubiertos con mucha delicadeza por algas y arroz. Fueron sazonados lo justo y necesario para no "opacar" el sabor del pescado, experimentando un poco con algunos condimentos que él solía disfrutar en sus cuatro largos años de soledad. También los acompañaban cuatro bowls de Risotto; cada uno consiguiendo distintos sabores. La paz de la cocina lograba que el hombre silbase, en bajo tono, desconectado del mundo por un tiempo. — La cena casi está lista. — Se oyó del chef principal.

El muchacho cargaba una gran tabla de madera, sobre la cual había un banquete preparado desde la cálida humildad que tan misterioso hombre tenía. Se quitó el delantal y lo colgó en su sitio, para luego unirse al resto en la mesa principal. Era el momento de mostrarse agradecido por tan especial ocasión.





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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Lilith el Sáb Nov 26, 2016 4:15 pm








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




FAMILY
La idea de cenar con ambos hombres la hacia realmente feliz, pero en especial el hecho de que habían sido invitados por Kazuo a su hogar, aquella fortaleza a la que ninguno se atrevió a entrar sin una previa invitación todos estos años. Ni siquiera durante el tiempo en el que Kazuo no se encontraba en el feudo entraron en aquella casa. La idea paso muchas veces por la mente de la albina, colarse en aquella casa, ver si su amigo había dejado algo atrás que le indicara su paradero, pero por alguna razón jamás entró, nunca llevo acabo aquella misión personal aunque no le faltaban ganas.

Ahora que por fin había podido entrar no dejaba de mirar todo a su alrededor, aquellos cuadros en las paredes tan iguales pero al mismo tiempo tan diferentes, la decoración, incluso los muebles y mínimos detalles llamaban su atención. Era una mujer realmente curiosa, así que aprovechando que su compañero se encontraba distraído terminando la cena miro a Katta y tras hacerle un gesto para que se mantuviera callado o al menos que no le dijera nada se interno en la casa buscando la habitación del pelinegro. Tenía una traviesa sonrisa adornando su rostro, la verdad es que se moría por saber como era el lugar donde descansaba su amigo, tal vez no fuera como la suya. La habitación de Lilith era una de las pocas cosas que nadie había visto ni siquiera sus hermanos no le gustaba enseñarla a nadie, no era un lugar digamos "agradable" aquellas cuatro paredes habían visto demasiadas cosas y no se encontraban en muy buen estado.

Podemos decir que la reina de hielo forro su propia habitación de dicho material para vivir en un invierno constante, desde el regreso de Kazuo eso había cambiado en cierta forma, ya no mantenía las paredes completamente congeladas, ya no se martirizaba a si misma echándose la culpa de la partida de Kazuo o por su repentina aparición, de alguna forma todos se culpaban a si mismos de la disgregación familiar sufrida años atrás. Ahora por suerte estaban todos juntos nuevamente, Katta como de costumbre conocía todo lo que le había sucedido a Lilith y ella conocía todo lo que había sucedido en la vida de su compañero. No obstante ninguno de los dos conocía lo que había vivido Kazuo estos años y esperaban que esta noche pudiera contarles algo para salir de dudas y comenzar a comprender un poco mejor la vida de quien ahora les esta cocinado.

Seguía en su búsqueda mientras no dejaba de cotillear cada rincón de la casa hasta que escucho la voz del anfitrión que anunciaba la pronta venida de la cena por lo que dejo su misión de espionaje y volvió al salón antes de que Kazuo saliera de la cocina con aquella bandeja llena de comida hasta los bordes. Realmente olía que alimentaba eso era algo que no podían negar, todo tenía una pinta deliciosa y el estómago de la albina comenzaba a gruñir de satisfacción deseando comer aquellos aparentemente deliciosos alimentos. —Que buena pinta tiene todo Kazuo, no sabía que cocinabas tan bien— La sonrisa no abandonaba el rostro blanquecino de la joven mientras tomaba asiento en la mesa y sacaba una de las botellas de Sake de la bolsa que había sido depositada en la mesa pequeña.

Miro a ambos jóvenes, por un lado estaba realmente feliz, por otro lado tenía miedo, miedo de que algo saliera mal esta noche, miedo de perder a cualquiera de los dos, incluso miedo de que pudieran dejarla atrás de alguna forma. Siempre sintió una gran conexión entre ambos chicos, sabía que su relación era mucho mas fuerte de lo que realmente aparentaba. No eran amigos, no eran simples conocidos, realmente eran hermanos, hermanos que se protegían, que se cuidaban el uno al otro, que aunque se pelearan o se mostraran fríos con el otro siempre permanecerían juntos, de alguna forma sentía celos de esa relación.

Ellos se veían como iguales, como personas que pueden luchar codo con codo. Ella era diferente, Katta siempre la protegería como si fuera una niña pequeña, como si no contara con la fuerza suficiente para defenderse a si misma, del mismo modo sentía que en ocasiones Kazuo hacía lo mismo, de alguna forma se sentía inferior sentía que no la veían como una igual si no como alguien a quien proteger, alguien a quien cuidar y en cierta forma eso conseguía incomodarla un poco. Por un segundo sus ojos ambarinos mostraron aquella tristeza que se iba alojando  lentamente en su corazón, uno de sus ojos reflejo los sentimientos mejor que el otro por obvias razones. Pero rápidamente dejo pasar aquella tristeza, habían venido aquí para disfrutar y pasar una velada agradable los tres juntos, solo esperaba que ninguno de los dos chicos se diera cuenta de su mínimo cambio de humor.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Katta el Jue Dic 01, 2016 4:44 pm








Family

"It means together
and it's meant forever"




Miradas. Había tres tormentas emocionales encerradas en una casa inesperdamente acogedora. Las paredes no eran negras, ni atrapaban la poca luz de fuera sin ningún alumbramiento dentro. Incluso un sentido del gusto se había distribuido ordenadamente por el recibidor, y parecía continuar por toda la casa, como un bosque planeado y bien cuidado. Los detalles era imposible, no podían no afectar a una de aquellas criaturas. Los músculos a los extremos bucales tironeaban traicioneramente, mostraban no una sola alegría, no solo un sentimiento de felicidad. Era algo más ver vivir bien a Kazuo, verlo abrazado, verlo bien. Como en su casa, decía el anfitrión, que se retiraba con una tranquilidad impropia. Aquel espadachín desarmado no pudo sino enviar una sonrisa, que todas las mentes llamarían tonta, demasiado grande, sin tapujos, censuras ni otras intenciones. Incapaz él de detectar las suposiciones del pelinegro más bajo, incapaz de imaginar por un momento un pensamiento remotamente malicioso. Quería admirar a Kazuo en su casa, como quien admiraba a un león en su territorio. Callado, silencioso y atento. Algo que se desvaneció al internarse el hombre de la casa en la cocina, y que apareciese una señal cuasi-esperable. Era fácil leer aquella risa burlona de la mujer de las nieves. El algo más educado alzaba poco las manos, en un fútil intento de disuadir aquellas intenciones, de forma muda para no alertar al tercero. Incluso la curiosidad gobernando, era impropio husmear para aquel honorable. Lejano al ser que no podía soltar perdón y permiso de entre los dientes. — Lilith, eso es... Lilith. — de tan débil tono que apenas los oídos propios del hablante podían escucharse, mientras un suspiro terminaría guiando al hombre hasta la zona debida para la comida. La mirada se dedicó a examinar solo a lo que el pelinegro daba permiso. Las paredes, con pinturas que podían parecer decorativas.

Con clara fijación por los paisajes, no habían rostros en ninguna de ellas. Toda la vida se quería resumir en unas pinceladas variadas, poco apreciables desde el suelo donde cruzado de piernas, aquel hombre de negro y grande afilaba la vista. ¿Pájaros, flores? Existía la incredulidad de ver a Kazuo tomando calmadamente un pincel, estudiante de la perspectiva, los claro-oscuros. Mejorando paulatinamente. Hasta que llegaba a una última obra en la pared. Una ventana hacia una montaña, soleada y austera, con las mismas manchas de colores volando a un lado. ¿Aquel pincel... Vería sus trazos igual que sus espadas veían los cortes y tajos? ¿Podría ser, ahí? La mirada de motas castañas no era buena con la pintura, en general, las artes estaban semi-negadas. La dedicación única a aquellas doce compañeras parecía ser ladrona de más de lo que uno podría esperar. Nada escondía un suspiro de una emoción extraña. Envidia, quizás inferioridad. No eran nuevas per se. Una mano fría nuevamente aparecía, y se colocaba al lado del hombre. — Lilith eso ha... — unas palabras, precedidas por un aroma cautivador interrumpieron lo que iba a ser una obvia y rápida regañina. Todo había ocurrido con una discreta e inadvertida música de fondo.

Colores verdes a un lado, y variados tonos de marrones, rojos y beiges en el otro se movían, encima dentro de una bandeja simplista de madera recta. Una parte interior reprimía la necesidad de disculparse por hacer preparar no una sino dos elaboradas piezas, solo por no comer carne. Pero era esa parte, que sentía un deseo de no tocar el protagonismo del cocinero. Y en lugar de disculpase, él sonrió más. Era una extraña escena, extranjera para aquella familia. Las novedades de la noche se aglopaban sobre si mismas, inundando la casa de una sensación rara. Agradable y acogedora. Tranquila, dejando al menos por las horas venideras todos los problemas, y todo lo que ofuscaba a las personas que se reunían fuera, mojándose bajo la lluvia. Era una vista maravillada la de oro y tierra. En una noche donde parecía demasiado fácil hacer feliz a aquel espadachín, del modo más simple, incluso sin querer. La comida fue rápidamente apreciada por la portadora de sake, mientras los aromas se cebaban con el vegetariano. Él había hecho algo así para ellos. Sentado, más bajo esta vez, el siempre-de-negro giraba el cuello hacia arriba, mientras miraba al cocinero, con un complejo abanico de emociones, todas ellas ya habían olvidado el delantal, se concentraban en ver a el león tranquilo en su hábitat. — Yo tampoco lo sabía... — repitió el halago de la mujer. No sabía, se dio cuenta, todo lo que se le daba bien. Por algo de aquello, sonrió más aún, al punto de parecer la más infantil, feliz y tonta muestra de incisivos. ¿Sabría él lo que se le daba bien? Los brazos pronto invitaron al anfitrión a tomar asiento, con los suyos.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Kazuo el Jue Dic 01, 2016 10:39 pm








Kazuo

“The third one”




Family
En una mesita enana de madera que ya tiene sus años, en medio de la sala de estar de una casa que suele estar a oscuras, el perro rabioso se encontraba acompañado por el resto de la manada. Bajo un frágil manto pacífico que los envolvía, y no traía más que recuerdos de los tres; parados sobre la misma tierra, en una línea temporal que ahora parecía haber existido en otra vida. No era la simple nostalgia de tres desamparados, sino la reunión de tres vértices, alejados antes por sus extensos lados. Perdiéndose en la infinidad. El aroma de comida casera inundaba los pasillos; de la cual no resaltaba nada si sus platillos eran juzgados por un buen cocinero, pero había una parte del alma del pelinegro en cada grano de arroz; en cada vegetal hervido. Aquel que no es bueno con las palabras, transmitía inconscientemente sus emociones a través de acciones más que peculiares. Kazuo era un libro medio abierto, que requería de una lectura lenta y detenida. Miró desde las alturas a los dos que ya esperaban sentados la comida, expectantes por algo más, que no se encontraba sobre esa simple tabla de madera. Le estaban esperando.

El hombre de ceño fruncido fue atravesado por los cumplidos de sus dos amigos, sobretodo por el de la albina; una inseguridad le había recorrido por el cuerpo ese mismo día por la tarde, pues el "qué pensará" incluso podía ablandar hasta al más duro de los hombres cuando estaba enamorado. Palabra que nunca se dijo y posiblemente nunca se dirá. Su rostro apenas mutó ante Lilith; imposible detectar felicidad en la cara del ahora intoxicado pelinegro. Pero la arruga en su frente había desaparecido. — Gracias.La voz de una persona extrañamente apacible, un agradecimiento casi mudo que retumbó en las paredes de la casa; callando la llovizna que golpeaba contra las ventanas. Encontrarse cómodo ante la presencia de dos más dentro de su hogar era una nueva sensación, que se esparcía como un virus por todas partes y ni los anticuerpos querían detenerle. Cuando ves al oso más peligroso del bosque, normalmente no vas directamente a su cueva. — He aprendido un par de cosas durante estos años. — Agregó, inconsciente de tocar el tema de su ausencia, pues él no tenía mucho de qué hablar si no era de eso. Su vida había sido una diferente que la de un Shinobi del País del Fuego. Sus ojos se perdieron en la ventana que tenía a su izquierda, a través de la lluvia, en dirección a las montañas; ahora muy lejanas. Mostraba vulnerabilidad.

Al ver el gesto que hizo el espadachín con sus manos, cerró sus ojos por unos instantes mientras tomaba asiento en la cabecera. Los brazos del muchacho descansaban sobre sus piernas, esperando pacientemente a que otro de el primer bocado. La razón de esto era un misterio, ya que por educación quedaba descartado viniendo de él. No hubo un agradecimiento por la comida de su parte; una de las tantas banalidades que siempre se rehusó a utilizar. Podía tratarse de no más que una excusa para llevarle la contra a la gente. Después de todo, era un simplón. No tardó mucho en tomar una de las botellas de sake y servirse solo a sí mismo en uno de sus vasos de barro, ya que desconocía si alguien más iba a beber o no. Katta quedaba descartado. No lo sabía con certeza, pero conocía el hombre de múltiples cicatrices. Cada vaso tenía pintado un kanji; el suyo era 力. "Fortaleza".

Los primeros minutos de la noche transcurrieron con alguna que otra anécdota del pasado. Recuerdos de los tres que hoy como adultos les causaban gracia. El alcohol cumplía su papel para ablandar la coraza del antipático. Un sonrisa tranquila y poco visible se dibujó en el rostro de Kazuo, quien tenía la cara un poco más colorada de lo normal a causa de tan fuerte bebida. Su constante estado de distracción dispersa no le podría permitir darse cuenta si a alguno de los otros presentes les estaba sucediendo algo en ese momento. Para él, no era más que una buena noche. — Espero que esta cena me acerque más a la redención.El ambiente cambió de un momento a otro, posiblemente por el comentario del pelinegro. — Por todo.Añadió al final, tras una pausa de cinco segundos. Una palabra de esa oración aún revoloteaba en la sala. Pero en realidad llevaba allí de antes; encadenada.




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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Lilith el Dom Dic 04, 2016 1:32 am








Lilith

"A heartbeat, frozen years ago"




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Esperaba el regaño de Katta, era algo que estaba mas que claro, el honorable espadachín tenía un claro gesto de reproche hacia la albina por cotillear la casa de Kazuo sin permiso, pero ella no podía soportar esa curiosidad que sentía hacia el estilo de vida que llevaba su compañero de aventuras en aquella casa. Pero antes de poder encontrar su objetivo se tuvieron que sentar a cenar, nunca espero que estuviera tan delicioso pero realmente podía decir que no había probado un salmón mas rico en la vida. Se sirvió también sake, no es que tuviera por costumbre beber delante de ambos hombres pero si que había bebido hasta desfallecer en mas de una ocasión.

Sus labios rozando aquel vaso de barro con un Kanji que lo adornaba, bebió de nuevo, la cena estaba siendo amena, tranquila bastante relajada. Se notaba que los tres disfrutaban de la compañía y la charla, sin embargo en un momento el ambiente se tensó por completo una frase pronunciada por el pelinegro, una simple palabra que erizo los bellos de la albina y la hicieron levantar los ojos del vaso clavandolos en quien pronunció dicho tabú entre ellos. Sus labios se separaron lentamente de aquel borde mientras una sonrisa, ladina, sarcástica, socarrona podemos decir que incluso un poco sádica y malévola adornó sus labios —¿Redención? es una palabra absurda para mi, un concepto que no existe, algo que no debes ganarte, algo que no puedo darte— Aquellas palabras habían sido duras, debía reconocerlo tal vez no debería seguir bebiendo después de todo.

Pero la albina no había terminado de hablar, después de respirar suavemente por un instante continuo —No puedo darte aquello que no es necesario, puede que no sepa los motivos por los que te marchaste, pero estoy segura de que eran unos motivos fuertes los que te empujaron a ello y a tomar ese camino por lo tanto no debo perdonarte ni redimirte por ello— Ahora la sonrisa anterior fue remplazada por una mas dulce y cálida, si la albina se convierte en una bromista pésima con un humor bastante negro cuando bebe, en ocasiones merecedora de una paliza en el callejón de cualquier pestilente taberna. Dejo el vaso sobre la mesa mientras suspiraba y juntaba sus manos entrelazando sus propios dedos mirando a Kazuo —Comprendo que por una parte puedas sentirte mal por tu "ausencia" estos cuatro años pero tampoco es algo por lo que debas esperar redención, todos hemos fallado en algún momento— En este momento mire a Katta de reojo con aquel ojo que ya no era del todo funcional.

El ambiente continuaba tenso, podía notarlo, las cosas se complicaban nunca fueron del todo buenos con la sinceridad. Se querían como hermanos por supuesto pero siempre había algo que les impedía ser del todo sinceros con aquello que habían hecho en sus múltiples misiones o viajes —Yo tambien deje solo a Katta durante mucho tiempo, me marche sin mirar atrás en busca de un camino que seguir, todos cometemos errores pero no debemos dejar que estos nos hundan para siempre— Ahora la mano de la albina tomo la de Kazuo la cual se encontraba sobre la mesa y también una de las manos de Katta y tras mirarlos a ambos sonrió como hacia años que no conseguía sonreír, una de esas sonrisas que solo ambos hombres habían visto en la mujer, una de esas sonrisas que le salen de lo mas profundo de su helado corazón —Pase lo que pase y hagamos lo que hagamos seguiremos siendo una familia— Puede que ella misma quisiera convencerse de aquellas palabras pronunciarlas en voz alta ya que estaba segura de que muchos de sus actos serían desagradables o reprochables para sus compañeros.

Sentía cierto temor a que en algún momento todo se rompiera, ese frágil cristal que mantenía la paz separada del terror absoluto. Quería que todo fuera como antes, cuando eran niños y siempre cuidaban los unos de los otros, se protegían se querían, mantenían una unión fuerte y sin brechas, ahora solo eran pedazos resquebrajados que buscan de alguna forma volver a unirse, todo depende de ellos mismos si tienen la capacidad de volver a juntarse y formar nuevamente aquella unión poderosa y firme o terminan por destruirse los unos a los otros intentando encajar las piezas de un puzle que no tiene solución alguna.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Katta el Mar Dic 06, 2016 11:21 pm








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Paciencia y pasado. Las manchas marrones, como segundas pupilas más claras que la principal parecían intentar leer aquella situación, desde la perspectiva exterior, sencilla y bella que siempre había acompañado a aquel hombre. La humanidad solo veía a un buen amigo, que tras años perdido había vuelto, y se disculpaba con los que dejó atrás con una acogedora cena casera. Vería a ese amigo sirviendo una deliciosa comida y bebida mientras se dejaba calmar la consciencia, sacando alguna preocupación que los otros comprenderían fácilmente. Los humanos eran simples de un modo muy extraño para el hombre cuyo vaso se decoraba con la palabra "paciencia". Aquellas falsas pupilas veían que solo un plato era de colore verdosos. Algunas hojas que al cocinarlas habían sido bordeadas de oscuro, y humeaban apenas mientras desprendían un caldo con toques sabrosos y pequeñas burbujas de un sabor hábilmente conservado, hecho con aquellas manos que habían empujado tantas veces el cuerpo repleto de cortes. "Muérete. Fuera de aquí." Unas manos que nunca se habían imaginado en una cocina. Veían como servía la comida con una cortesía que desencajaba todos sus esquemas, y revolvía cualquier imagen conocida de aquel pequeño gruñón de hacía años. Era imposible ver como aquella escena era un mundo, que el que se decía cocinero era el que lograba hacer bien su labor como parte de aquella familia, que había aprendido. Los ojos dorados seguían teniendo emociones tan entremezcladas como las comidas. Diversas como las variadas anécdotas que salían con una familiaridad que se había hecho de añorar. Tanto de añorar, de algún modo aún no se había visto ninguna lágrima.

Aún cuando el ambiente atravesó como un cuchillo la pequeña mesa, aquella sencilla sonrisa, que se movía al son del masticar el plato dedicado a unos gustos que no compartían, no desapareció. No hubo cambio cuando el agua, como contraparte al sake que bajaba por el interior del cuello femenino, calmó la sed que producían los sabores ácidos de detalles frutales. Redención por todo, dijo. Desnudo de espadas, aquel con calma en la mirada viraba esta para ver al anfitrión. Para ver a la invitada. Veían, esos ojos, con qué facilidad y qué dificultad podían hablar ellos dos. ¿Por qué será que las palabras se agarran a la garganta de algunos, mientras otros son capaces de hacerlas surgir como una majestuosa cascada? Aún existía en la memoria del más alto aquella escena, donde repetía lo evidente. Para aquel hermano, nada había que perdonar. El respeto seguía intacto, de todo lo que había cambiado, esa norma se mantenía. Eran familia. Incluso una mujer tan gélida lo sabía, y hacía imposible guardar una muda risa que no la interrumpió. Era un gesto feliz y apacible. Orgulloso también, de ver como crecían dos figuras peculiares. Con qué calma podía callar el espadachín. La aprobación cuando miraba un ojo sin brillo alguno, y casi era quien permitía que hablase de forma sincera. La voz de Lilith era curiosamente dulce cuando hablaba con aquellos dos. Incluso sus regañinas. Hasta el final, ella habló con la franqueza que el espadachín amaba. Apostillando su discurso con un toque a aquella fibra sensible del grande. Pese a no beber alcohol, había un rubor que quemaba su tez oscura de un modo lejano a la vergüenza. Parecían ver a un gran niño contento por cazar bichos en verano. Nada parecía querer cambiar aquella sonrisa que muchos verían tonta y estúpida. Pero por encima de todo, era un gesto familiar, suyo.

La mirada se giró nuevamente al hombre de pelo negro. Son ojos muy amables. — Ambos subestimáis lo que habéis hecho, sois muy duros. — Calma. — Tú no debes llamarlo errores, y tú no debes disculparte por nada. — Era un tono suave, al contrario que la de ella, la voz del espadachín había pasado la pubertad y bajado en la escala. Era grave, algo rugosa incluso. Surgía desde la garganta y tenía un volumen firme. Pero de algún modo, el hombre sabía entonarla con gentileza siempre. Suavemente. Parecía imposible dañar con sus palabras. — ¿Recordáis cuando ocurrió lo de mi casa? — De todos ellos, el hombre siempre de negro parecía ser quien más fácilmente podía hablar del pasado. Mencionar el incendio donde su antigua familia murió, el incidente en si, parecía no tener efecto en él. No había ni un ápice de trsiteza mientras hablaba. — Os dije "no abandonaré a mi familia" antes de desaparecer esos dos meses... Lo recuerdo bien, porque tras decirlo, podía saber que mi familia no iba a abandonarme tampoco. — En algún momento, mirando a los dos, sonrió más, hasta que los ojos se entrecerraban y parecía desprender algún brillo propio de un niño inocente. Inocente, quizás, fuera la palabra más adecuada. — Si no supiera que es cierto posiblemente estaría perdido. — No importaba qué, aquella voz era sincera. Vulnerable. Mientras todos querrían esconder sobre qué pilares se erguía su vida, aquel hombre los mostraba con un orgullo extraño, con una fe desmedida en lo que decía, y lo que significaban las palabras. Sin importar el tiempo, ni el lugar, ni el modo. Eran su familia. El ligero rubor aún se podía ver, pero frente a aquel gesto tan característico perdió todo el protagonismo. Era fácil hacer feliz a aquel hombre.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Kazuo el Sáb Dic 10, 2016 1:11 am








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Las palabras de un hombre demasiado complicado no tardaron en hacer eco en la mente de los otros presentes. Como una caja llena de secretos, que se abría un poco con cada trago, pero nunca lo suficiente. Era una persona que no tenía la oportunidad de ser alguien bueno, ni honorable. Jamás respetado, solo temido. La gente suele alejarse de lo desconocido, y él emanaba una energía de la que todos querían mantenerse lo más lejos posible. Excepto esos dos. El pelinegro no pudo evitar desviar la mirada al oír el comienzo de la albina con respecto al único tema que él consideraba "sensible". Era de esperarse, pues ellos no tenían ni la menor idea de lo que él realmente era. A pesar de que Lilith fue más clara con su opinión, y su dulzura había regresado, sintió algo en ella que no le gustó. Era la primer sensación negativa que ella le había generado, pues él siempre ha estado perdidamente enamorado de la mujer de la sala. Quizá ella también guardaba un secreto o dos. — Sí, supongo. — Respondió el más callado, ahora sumergido en pensamientos que no incluían a nadie más que a él. Solitario, incluso en su cabeza.

El pelinegro miró fijamente a la portadora de los ojos de oro por un rato, esta vez con poco disimulo a causa del alcohol que llevaba encima. Aquel que nunca dice lo que siente, siempre pondría la felicidad de su amiga sobre la suya. No pudo evitar notar la expresión alegre del espadachín, siempre simple, con una consciencia tranquila. — No he sido claro respecto al tema. Será por mi falta de sinceridad sobre lo que ha pasado.El hombre se llevó ahora un cigarro a la boca, pues ya habían terminado de comer, y ahora sólo estaban conversando. Había comido demasiado, con el apetito de una bestia, limpiando incluso las sobras que habían quedado sobre la tabla de madera; de la misma forma que alguien que una vez había pasado hambre. El humo se elevaba sobre ellos, creando nubes que viajaban desde una punta de la habitación a la otra, procurando no intoxicar demasiado a sus invitados. Se puso de pie para entreabrir una ventana, pues la lluvia finalmente había cesado.

La voz de Katta lo devolvió a su lugar en la mesa, manteniéndose callado hasta que él terminase de hablar. Extrañamente respetuoso hacia el espadachín. Pensativo. Las manos del humeante, que descansaban sobre sus piernas, se aferraban más a ellas. La necesidad de compartir era algo humano, que él intentaba evitar a toda costa. Él definitivamente no creía que estaba siendo demasiado duro consigo mismo, pues se lo debía a la mujer que había despedazado como a una presa, por mero placer. Negaba en su cabeza que esa fuera la razón, pero el enorme deseo de volver a descargar sus desenfrenados impulsos violentos con alguien, estaba presente cada día de su vida. Sentía asco por sí mismo; y envidia por el que estaba bañado en cicatrices. Era la clase de envidia que se esparcía como el veneno más lento con el pasar de los años. El aprecio del mayor por su familia, y la manera en que afrontaba difíciles situaciones, era fantástico en la cabeza del fumador, pero natural en la del espadachín. Kazuo era el único que no sonreía en esa habitación. — He hecho cosas que podrían quitarles el sueño.Respondió el de cabellera oscura, minutos más tarde, cuando el tema ya parecía haber concluido. — Su imagen sobre mí, cambiaría completamente. — Miró a la albina. Él presentía que ella había tenido su pasado oscuro también, y no dudaba de que, sea lo que sea que haya hecho, seguramente estaba justificado. Lo suyo no, pues él no era más que un monstruo. — No soy una buena persona. — Kazuo no era de alzar la voz, pero sus palabras se oyeron más alto de lo normal. No esperaba empatía por parte de ninguno, ni que se atrevan a contradecirle. Era un hecho.Pensé que deberían saberlo.El misterio del Shinobi humeante, sólo se hacía más grande.

El anfitrión levantó las cosas que se encontraban sobre la mesa y las llevó a la cocina. La sala quedó en silencio por un minuto. Al regresar, parecía que su expresión apacible había regresado, como si se hubiese deshecho de la medida correcta de veneno para volver a estar tranquilo.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Lilith el Lun Dic 12, 2016 6:01 pm








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Escucho a Katta, escucho a Kazuo y comenzaba a fruncir el ceño de forma leve, un dolor de cabeza comenzaba a instalarse lentamente desde la zona posterior de su cabeza. Su mirada se endureció, estaba cansada del victimismo que inundaba el corazón de todos los componentes de este grupo. Cansada de que todos se auto culparan de los desastres del mundo, la albina era la reina del hielo pero aunque parezca extraño el fuego corría por sus venas, algo que en cierto modo era peligroso, podemos decir que el fuego era su sangre y hielo su corazón un corazón que llevaba congelado mucho tiempo.

Intento respirar hondo un par de veces mientras su respiración se agitaba escuchando el silencio incomodo y algo inusual que había dejado Kazuo tras sus ultimas palabras antes de tomar los platos y llevarlos a la cocina. Cuando el peli negro regreso la mujer se levanto solemne con un rostro inexpresivo, serio, sus ojos mostraban la seriedad de las situación y la verdad que acompañarían a sus palabras, sus intenciones quedarían claras —Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir ni tu ni yo somos santos, pero siempre estaré contigo Kazuo, apoyandote, cuidándote, incluso protegiéndote de ti mismo— Repitió una vez mas las palabras que había mencionado en la habitación del hospital cuando se coló aquella noche para visitarla.

Por un momento las ventanas se cubrieron de una ligera capa de escarcha debido a la lluvia que había cesado hace no demasiado y el mal humor que en estos momentos cargaba la albina —Ahora vuelvo— Tras chasquear la lengua salió por la puerta, necesitaba relajarse un poco sabía que ese mal humor en este momento no era algo favorable para ninguno. Salió fuera un momento y se sentó en el porche el frío siempre lograba calmarla de alguna u otra manera. Miraba las gotas de agua que caían de las hojas de los arboles, como siempre han dicho tras la tormenta llega la calma pero la tormenta siempre deja un claro rastro tras su paso, una marca, una cicatriz en muchos casos. Lentamente iba calmando sus nervios mientras respiraba hondo y pensaba en lo mucho que los quería a ambos y que no soportaba verlos sufrir y auto destruirse de esa forma.

No conocía lo sucedido con Kazuo, lo que había pasado o había hecho estos cuatro años, puede que hubiera cosas que reprochar, que hubiera cosas que no hizo bien o incluso cosas que podrían traerle graves consecuencias en un futuro. Sin embargo la albina estaba decidida a acompañarlo en su viaje, a ser parte de su presente y futuro al igual que ya formaba parte de su pasado y ella no era una persona mentirosa o que dijera cosas sin pensar, no hacía promesas en vano por lo que aunque fuera en contra de la voluntad del propio Kazuo no iba a abandonarlo ni en las buenas ni en las malas, siempre juntos.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Katta el Miér Dic 14, 2016 3:47 am








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Vacío. Posiblemente la comida vegetariana no mezclada con el alcohol era más liviana que otros platos. La velada se había desarrollado amena, sorpresivamente tranquila. Inofensiva. Las habilidades culinarias recién descubiertas habían hecho exquisitas maravillas para unos paladares humildes. La única persona que tuvo madre en aquella mesita nunca había conocido la cocina rebuscada, o siquiera elaborada. Preparar ensaladas resumía la gran parte de la alimentación tan modesta que había poblado infancia y vida del joven. Heredero de ningún talento al respecto, y raramente invitado a cenas sin carne, probar algo que no estuviera recién cosechado era una innovadora y grata experiencia. Querría repetir. Era fácil que las palabras, como las últimas se resbalasen de entre tan desatentos labios, pero no esperaban respuestas que pretendían ser tan tajantes. Las que se condenaban con un desagradable tono inexacto. La expresión feliz se había desvanecido por un velo preocupado, las cejas se arqueaban hacia arriba, formando una arruga infinitamente diferente a la que lucía el moreno de cabello más largo. No era muy bueno con las palabras, aún. Ninguno se atrevió a interrumpir la corta y provocativa revelación. Los ojos con manchas vigilaron a la pareja que existía fuera de su propio cuerpo. Sobre ellos existía una leve presión mientras hablaban los dos menores, que se correspondía con unos latidos fuertes en el pecho, o una disimulada respiración que se esforzaba por enmudecer. Una cefalea que observaba y escuchaba a través de un pitido y el humo de un cigarrillo.

Ella era algo más hábil. La fría e inmutable había logrado callar a muchas personas solo con su mirada delante del siempre herido. Y cuando no lo conseguía, había dejado en su sitio a más de uno con una labia cuidadosamente letal. Las palabras y voz de la mujer eran afiladas como el vidrio roto de una ventana, pero su afecto parecía suavizarla, y poco a poco, su habla se había convertido en una normalidad para el espadachín. Él podía escuchar entre cada letra, y podía ver la verdad tras ellas. Lilith tenía un aire frío y distante, que se había estado derritiendo y congelando con su actitud. Aunque el hombre de tez morena parecía el único que podía notar aquel aire lo suficiente, o el único que se lo imaginaba. En muchas ocasiones, ellos tres hablaron sobre tipos malvados. La lista de arrestos no era larga, pero en algún momento rememoraban a pequeños criminales, ladronzuelos de poca monta que habían cazado a orden de un pergamino feudal. Era en esas ocasiones cuando se excluía al bueno de Katta. Sin darse cuenta, los tres se empeñaban en aislarse de ellos mismo. Los lazos que los unían eran fuertes, y demasiado largos. Tenían un método para ser dos y no tres en cada momento, y hacía que el palpitar poco frenético del pecho con heridas no se calmase. Con esos ojos es difícil ver maldad. Solo vieron como él se llevó los platos ya vacíos. Como tras su marcha ella corrió a calmarse. Se cerraron al suspirar y levantase del asiento, mirando hacia la puerta que había quedado apenas abierta, por donde se veía una muy escasa luz lunar. El santo tuvo un momento para pensar antes de que volviese quien se condenaba a no serlo.

Había regresado con una fina capa de humo gris alrededor. Tras ella ya no se veía la dureza de las palabras. Al contrario de la gélida muchacha, tras cuatro años y una cortina gaseosa, el espadachín no podía entender qué decía el de ojos oscuros. Sus frases habían sido duras rocas, con una superficie rugosa y escarpada que no era agradable tocar. Pero se sentaba sobre ellas con preocupante facilidad. A pesar de no saber descifrarlas, no se escuchaban como mentiras o medias verdades. Kazuo creía que algo que hizo podía borrar los sentimientos de ellos dos. Sobreescribirlos con quizás malas palabras, o indiferencia, abandono o miedo, eso era lo que, en su pequeño viaje, había difuminado la sonrisa en una mueca lejana. Él conocía a la mujer, y sabía que no funcionaría ir tras ella y correr a arroparla. Por ello, esa vez, acudía al anfitrión, solo un par de pasos más cerca. — No puedo discutir lo que has dicho. Tu propio juicio no es algo donde yo o Lilith podamos meternos. — Él sonreía, con la familiaridad y franqueza con la que pidió a aquel malhumorado chiquillo de seis años ir a entrenar la primera vez. — Quiero hablarte de algo... — Se acercó más, hasta que la figura fuerte y robusta que era el cuerpo se apoyó contra una pared, a poco del de ceño fruncido, y alejado de la puerta, respetando todas las privacidades y momentos de intimidad.

Inhaló el humo con disgusto. — Te he dicho muchas veces que somos familia. Que eres mi hermano. Te lo volví a decir el primer día, cuando volviste. — Aquel recuerdo había paseado muchas veces por delante de los párpados de aquel hombre. Repetidas vueltas, una y otra vez. — También se lo he dicho a ella en muchas ocasiones. Posiblemente demasiadas. — Como en las historias y cuentos, siempre había una introducción cuando algo pasaba por la cabeza del honorable espadachín. — Siempre me dijeron que no me acercase a ti. Que era peligroso que intentase ir contigo. Lo mismo nos dijeron de Lilith cuando la vimos en la calle, incluso que estaba maldita. — Hubo una minúscula risa nostálgica que saboreaba el tiempo en que los lloriqueos de aldeanos y otros niños eran el mayor problema al que se enfrentaban. — Cuando empecé a llamaros familia sentí que era egoísta. Que os acabaría usando como un reemplazo para no quedarme solo. Cuando os vi a mi lado en el hospital, y cuando pensé en todo lo que habíamos pasado, me di cuenta de por qué si somos una familia. — Era un hombre raramente tozudo o decorado. El espadachín en si mismo era un sencillo hombre, una obra minimalista, lejana a los intrincados motivos que correteaban alrededor del fumador. Hablaba de un modo corto, y verlo divagar de aquella manera era poco corriente, y señal de que quizás necesitaba más tiempo para armar pensamientos elocuentes. — Sé que no mentías cuando hablaste antes. Te creo, por el mismo motivo por el que siempre te respeto y quiero, por el que no siento que me debas ninguna explicación, por el que confío en ti hasta mi propia vida; porque somos una familia. — Él pronto se volvió a estabilizar. En algún momento, el inconsciente había cruzado los brazos, llenos de cortes y cicatrices, todas visibles. Los músculos, apretados por la presión del trabajo diario, grandes y robustos se separaron cuando tiraron y levantaron los brazos, hasta coger los hombros del más bajo. Había, nuevamente, un rubor bajo los ojos dorados, que hacían parecer al hombre estar al borde de un llanto muy poco propio de alguien de esa edad. Él era, siempre, más forzudo que los otros dos, por lo que no sorprendería verlo forzar un abrazo, aún unidireccional. Susurró, con una fraternal intimidad. — Tienes una familia, Kazuo. Ni el peor de los actos cambiará eso. Lo juro por mi honor, mi vida y mi familia. — El anfitrión no había mentido. Algo, en su pasado, era capaz de distorsionar su imagen. Ensuciarla, quebrarla. Y el espadachín tampoco había mentido, de eso quería hablarte.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Kazuo el Lun Dic 26, 2016 5:17 am








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La noche había tenido un giro repleto de la más cruda honestidad. Hiriente, atravesaba hasta la última célula del ser humano. Las vajillas sucias podían ser incluso la mejor excusa para desprenderse de la pesadez que sentía. En el caso de Kazuo, la verdad siempre venía a medias, ocultando su otra mitad tras una dentadura apretada. Prisionera de su autor. Posiblemente la búsqueda de redención no era más que una coartada para continuar torturándose a sí mismo. "¿Y si no tenía otra opción?". Ellas se alegraban. Libró un suspiro cansado mientras sumergía en agua los restos de una cálida cena familiar. Por primera vez en su vida, el muchacho había hablado de más. No dejaría que los últimos dos minutos arruinasen lo que los tres habían logrado hacer esa noche, que era disfrutar de la compañía del otro. Recordando de la manera más sana posible. El último cigarro del paquete cayó, por descuido, al agua. Y el sonido característico de los pasos de cierta mujer se hacían más fuertes.

La albina no tardó en decir lo que pensaba respecto a la fuerte "confesión" del exiliado, como era de esperar. Ella siempre mostraba su apoyo incondicional. Ni siquiera sabía de lo que Kazuo estaba hablando, y de saberlo su opinión no habría cambiado. La valoraba como a una flor que se mantenía viva en el más helado de los inviernos entre la nieve. No podía hacer más que solo mirarla y escuchar. "¡Soy un asesino!"; deseaba gritarle a toda costa. Confesar absolutamente todo lo que había hecho e iba a hacer en un futuro cercano. — No es tan sencillo. — Se escudó de ella con una respuesta carente de fundamento, a pesar de que anhelaba poder decirle mucho más. Algo diferente. La habitación se había puesto fría de repente, justo cuando la mujer de ojos dorados decidió salir de la casa del lobo feroz.

Era difícil para todos ellos afrontar la realidad en la que se encontraban. Escuchó el llamado del otro invitado, que aún seguía dentro de las paredes que escondían el mundo privado de Kazuo. Parecían turnarse para tratar la herida consciencia de un conflictivo amigo. Enredado completamente en sus propios asuntos, pues no podía encontrar una salida a su problema. No quería que su mera existencia fuese la maldición para la de otro ser humano. Él se jura a sí mismo que es un buen hombre, hasta que ellas le recuerdan que el resto no son más que sacos de carne. — Mi reputación nunca fue muy buena. — Comentó de camino, recordando cómo los otros niños solían temer del violento pelinegro. Con una leve sonrisa que apaciguaba la arruga en su frente. El más desprolijo de los dos desviaba la mirada constantemente; hablar de esa forma con el espadachín le daba cierta incomodidad a su estúpido orgullo. Lo convertía en alguien vulnerable, que se calmaba y prestaba atención. Le costaba más recibir las palabras de un ser humano tan bondadoso y honorable, porque él justamente había corrompido esas virtudes con sus acciones. Era inevitable sentir culpabilidad, sentía que estaba manchando a Katta con la sangre de los que había matado. Nunca se reveló si Kazuo había tenido que matar a más personas durante su exilio. — Mira...El abrazo de su hermano le había dejado mudo. No sabía como procesar ni responder el gesto del espadachín hacia él; no podía aceptar que le esté tratando de esa manera. En parte, quería ser repudiado por el más bueno. Su mano derecha lentamente formó un medio abrazo, mientras le daba tres palmadas en la espalda. Eran dos más que la vez que lo vio despertar en el hospital. Su mirada impulsiva fue apagándose tras seguir oyendo al que era un poco mayor. Esos ojos no eran capaces de soltar lágrimas ni de fabricarlas hace ya muchos años. Pero sentía.... tristeza.  

Katta...Susurró al mismo nivel, con un tono algo melancólico. — Llegará el día en que tengas que ver con tus propios ojos mi realidad. — Hizo una pausa para ordenar en su cabeza lo que quería decir. Posiblemente era lo más difícil que haya tenido que hacer. Afrontar la verdad.Y tendrás que tomar una decisión, que nos pondrá en bandos diferentes.Desarmó el abrazo de su hermano, para verle directamente a los ojos. — Sólo quiero que me prometas una sola cosa.Giró el cuello para ver por la ventana de la sala. Para verla a ella, sentada. Sonrió con inusual honestidad, dejando ver no sólo cierta tristeza, sino también algún que otro sentimiento. Ojos que confesaban lo que sentía por Lilith reemplazando palabras que nunca fueron dichas. — Cuida de ella. — La mano del anfitrión se posó con mucha fuerza sobre el hombro izquierdo del espadachín. Lo estrujaba, con temblequeo. — Yo no puedo. Nunca pude. — Nuevamente, no esperaba que el otro lo contradiga. Con notable pesar, él asumía la posibilidad de un futuro tormentoso para sí mismo.


"Si voy a ser detenido por alguien... quiero que seas tú quien lo haga."


El pelinegro se separó de Katta para ir directamente hacia la albina que se encontraba afuera. La miró desde la puerta, sin invadir su espacio personal. — Lo siento, otra vez. Hablé de más... — Se rascaba la nuca mientras pensaba en algo mejor que decir, pero nada elocuente se le venía a la cabeza. Luego, alzó un poco la voz para dirigirse a los dos invitados. Salieron esas cuatro palabras que anticipaban un cierre. — Se está haciendo tarde.



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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Lilith el Lun Dic 26, 2016 4:34 pm








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Se mantenía en aquella posición calmando lentamente sus pensamientos y sus sentimientos mientras sentía el frío cubrirla como una manta, como un protector, una dura armadura que usaba para evadirse de la realidad y de todo aquello que podía lastimarla. Escuchaba el rumor de las palabras de Katta y Kazuo dentro de la casa, sus propios pensamientos lograban enturbiar ligeramente aquel leve sonido y provocaba que no entendiera del todo bien que estaban hablando allí dentro. De todos modos tampoco quería meterse en una conversación entre ellos dos, comprendía que hay cosas que solo ellos dos podían comunicarse y que si se entrometía podía ser un problema.

Escucho los pasos de alguien acercarse a donde se encontraba, cuando paro antes de invadir su espacio comprendió que era Kazuo, él siempre respetaba su espacio y su "zona de confort" si fuera Katta se hubiera sentado junto a ella abrigando su cuerpo con un brazo para apretarla contra si mismo. Era su forma de comunicarle sin palabras que estaba allí para ella, para ayudarla con lo que fuera necesario, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escucho las palabras del anfitrión de aquella cena. Una nueva disculpa, parece que las únicas palabras que salen de la boca de aquellos dos hombres ultimamente eran una maldita disculpa. La albina cerro los ojos negando suavemente con la cabeza dando a entender que no eran necesarias aquellas disculpas.

De nuevo sintió una tormenta de emociones en su interior cuando escucho aquellas cuatro palabras que le indicaba tanto a ella como al espadachín que debían irse. No les estaba echando, al menos no de manera directa, pero quedaban claras sus intenciones al mencionar aquello. Abrió los ojos, mostrando sus dorados orbes, fríos, sin vida aparentemente, eran los mismos ojos que la albina había tenido desde que Kazuo se marcho aquel día. Ella sentía que no lo habían recuperado y según pasaban los días tenía un sentimiento aun peor de que jamás le volverían a recuperar. Se levantó sin prisas, con una ligereza y tranquilidad pasmosa teniendo en cuenta que su humor no acompañaba a sus movimientos, no obstante una vez mas decidió ocultar sus sentimientos tras aquella coraza de hielo.

Se dió la vuelta para encarar al peli negro con su rostro inexpresivo —Si, se esta haciendo tarde, supongo que sera mejor marcharse por hoy— Lentamente se acerco a él y sin saber muy bien porque lo hizo se puso de puntillas ligeramente colocando sus manos sobre los hombros del pelinegro y poso sus labios sobre la frente del muchacho, un gesto cariñoso, lleno de ternura y dulzura, impropios sentimientos viniendo de la mujer de hielo —Siempre estaré contigo, aunque intentes con todas tus fuerzas alejarme de ti, no te permitiré hacerlo Kazuo— Dos palabras se quedaron atrapadas en su garganta, quería pronunciarlas pero sentía que sería algo demasiado imprudente en aquel momento por lo que prefirió callarlas un poco más. Miro al espadachín que se encontraba en el interior de la casa y tras separarse del pelinegro dio media vuelta para ocultar aquel rostro compungido y lleno de dolor —Buenas noches— Comenzó a caminar por aquel porche descendiendo los peldaños de la escalera para tomar el camino que la llevaría a su hogar, aquel castillo de hielo que componía su fortaleza.


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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

Mensaje por Katta el Vie Dic 30, 2016 10:50 pm








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"It means together
and it's meant forever"




Línea. El suyo fue un abrazo ameno, cómodo. Las dos figuras se mezclaban bien, marcadas con el nombre de hermanos. Destinados a tanto. La conversación, en cambio, pretendía abatir sin piedad al invitado y su anfitrión, con verdades afiladas como solo el humilde podía conocer. Él callaba, los ojos se habían entrecerrado, porque no querían que las tímidas primeras lágrimas se viesen de verdad. Porque el apretado abrazo se había convertido en un duelo de miradas doloroso de soportar, ya que severas las palabras, no podían ser falsas. Así, los ojos se enfrentaban a los oscuros, abandonados tras un velo de tiempo e hilos carbón. Con su particular desorden, y su propia vida. Cayendo en la gravedad, pero con distinguidas greñas flotando en contra. Estaba cerca, esa fue la única mentira de la noche. Desde allí se podía reflejar a un joven incapaz de encontrar las sencillas frases que siempre habían servido de camino. Una oculta emoción, de alerta. Perdido, era lo que alteraba los nervios del siempre calmo, el que miraba con franqueza al otro. Sincero siempre, con un escudo invisible, e infranqueable. Aunque asentía por solo medidas infinitesimales, aún existía la incertidumbre. Una niebla muy clara, donde todo se podía ver, excepto una silueta, con una muy oscura sombra a sus pies. Habló, el pelinegro, sobre una promesa, y confianzudo se giró. Con la total certeza de que ningún daño podía causar quien agarraba. Ese chico, de tez bronceada, por muchas espadas que cargase, jamás había significado daño. Sin embargo, el instante que Kazuo confió en él, Katta pudo verlo claramente. En el cuello de Kazuo había una línea, que cortaba su garganta, y atravesaba las vértebras que movían su cabeza. Era una línea clara y conocida por el único que capaz de  verla. Ajustada como el collar asesino que era. Suficiente para perturbar la calma. La combinación más dispar, cuando encima de aquella nueva señal, una sonrisa sin forzar nacía también, un doblado corte en los labios, benevolente y bello. La novena espada pesaría más entonces.

No había juicio en la mirada, aún dividida del hombre. Los ojos asimilaban el peso de lo que habían visto, pero acechaban a aquella expresión, como un desarme, una tregua. Un mensaje. La mano del más bajo mordía notoriamente el hombro zurdo con sus palabras, que aunque seguían con su vacío sentido, ahora pasaban por un pensamiento distinto. Uno que llevó la mano también zurda sobre la tensa, que estiró una sonrisa nueva, y que miraba a la línea. En el dorso de la mano zurda había dos cortes paralelos, que pasaban por dentro de los huesos y tenían una réplica en la palma. Las cicatrices gemelas eran pruebas, un regalos de Hermano y Hermana. "¿Cómo puedes juntarte con esos dos, Miwatta? Solo son un par de monstruitos. Algún día te harán daño, o algo peor. Y cada vez menos gente quiere ir contigo. Son mis hermanos. Incluso si me hieren, como hacen mis espadas, seguiré con ellos." decía el mocoso, minutos más tarde las dos últimas espadas atravesaban su mano. — Es una promesa. — aceptaba con voz grave, al mismo tiempo que los dedos con cortes apretaban, con firmeza arropadora, los que temblaban. Con la seguridad del sincero, y el peso de la palabra de un hombre incapaz de romperla.

Entonces volvió a escabullirse de los brazos del espadachín, marchando raudo hacia la puerta, mientras el otro quedaba quieto y miraba hacia él, como bajo el cabello aún se escapaba la misma marca. Como en la mano aún residían esas dos heridas. Como tras la puerta, ella seguía con el aparente fuerte que ahora envidiaban los ojos de oro y tierra. Tras un suspiro, el hombre se acercó con lentitud y paz. Aparecía tras el anfitrión y sus palabras de despedida. Salía de la casa, no sin antes dar un último vistazo de nuevo, ver las pinturas de nuevo, la mesa donde comieron en familia, la botella que trajo la mujer, el delicado humo reminiscente de la cocina. Recuerdos que se atesoraban, mientras el espadachín se expulsaba de aquel hogar, con calma, tomando el mismo paraguas que lo acompañó a la venida. Sonriendo a la actitud de la albina cuando se atrevió a tocar la frente del de ceño fruncido con los labios. Al modo incapaz de ocultarse a los ojos que la conocían. Y como comenzaba su marcha. Sobre la calle, con charcos acechando, y antes de que la puerta se cerrase de nuevo, Katta miró a su hermano. Rodeado de su luz oculta. Sonrió. — Prefiero tu tejado a tu salón. — No había lluvia, por lo que el artilugio solo era un bastón con tela enredada. Las palabras no esperaron una respuesta, y la figura se giró. Lo último que podía verse era un hombre con la cabeza baja, una mano en los ojos y un bastón percutiendo el suelo.


©jn

Katta
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Re: Family. — (Katta, Kazuo, Lilith)

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