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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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How to train your wild bear.

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How to train your wild bear.

Mensaje por Itazura Sennyukan el Miér Nov 23, 2016 5:04 am


Manteniendo: Mokuton: Henge no Jutsu.

Desde la recalada en la espesura del país del fuego por la frontera con el de los arrecifes dos enormes criaturas indómitas atisbaban en la penumbra, sin atreverse a agredir hasta que para la gran mayoría de él grupo de viajeros fue pertinente una cesación para recobrar reciedumbre. Aparecieron de la nada, arremetiendo contra algunos de los mercenarios. Se trataban de enormes osos negros, salvajes y completamente hambrientos, a quienes alcanzaban les clavaban sus dientes y alargadas garras, los destrozaban parte por parte de una grotesca forma inenarrable. Por suerte la situación no empeoro en aquel momento, el tiempo se dio para un escape abrupto por parte de los mercaderes y los mercenarios restantes, el único que se mantuvo en el exterior de la caravana que comenzaba la retirada fue el Senju, que se entretuvo quitándose de encima a uno de los osos usando distintas armas arrojadiza de entre sus reservas, vanos intentos que no llevaron a ningún fruto. — Maldita cosa insistente. — no quedaba más que mantener la distancia, por lo que en cuanto pudo tomo carrera tras la caravana de sus clientes.  

No se detengan, sigan adelante. — fue desgañitando el joven de cabellera verde con un turbio semblante a causa de la tesitura presentada en ese instante. — Sube, rápido. — se escuchó como pretensión por parte de uno de los mesnaderos en el interior de una de las caravanas en desplazamiento, extendió su mano a lo más que le era posible para facilitársela al miembro del clan de los bosques. — ¿Qué te has creído? — las manos de ambos chocaron, solo que la intención de Itazura no era más que la de alejar la propuesta con una desmesurada repulsión a la conmiseración ajena. — Solo váyanse, cucarachas. — el ultrajado príncipe paró su prisa y giró su cuerpo hacia lo que se hallara a sus espaldas. Paso su mano por la parte trasera de su cintura, oculto entre la túnica oscura se hallaban las cadenas que unían a su excepcional arma, la desato, dejo que el grueso hilo de acero se azotara contra el suelo de tierra, posteriormente sostuvo entre sus manos parte de la cadena en la zurda y un Kama en su diestra.  

Una de las bestias empezó a acercarse lentamente, la otra de ellas aun devoraba cadáveres sin vida en la lejanía del antiguo campamento improvisado, el momento era perfecto para deshacerse de una lo más pronto posible, recurriendo a la astucia que caracterizaba casualmente al presuntuoso joven, este ideo una forma ligeramente rebuscada para enfrentar aquel exacto tipo de adversidad. — Ven, osito. Te voy a hacer mi perrita. — la mueca de júbilo en el rostro era inocultable siquiera por la ennegrecida noche, la criatura se acercó lentamente, simulando pensar lo que hacía. Antes de cualquier movimiento contrario el príncipe reacciono soltando el mango del Kama lo dejo caer y paso a sostener la cadena al final de este último sin dejarlo impactar el suelo, inmediatamente comenzó a girarlo en su costado derecho una y otra vez en el sentido de las agujas del reloj, a grandes velocidades sin parar, haciendo incluso una pequeña brisa que alcanzaba a agitar su larga cabellera.

La criatura mantenía sus pasos dudosos, se buscaba atacar por el flanco derecho de Itazura, pero la nueva reacción que llevo a cabo este, lo hizo reconsiderar sus movimientos hacia la izquierda del mismo ser. — No, no, no, Teddy malo. — apoyado por el giro que ya se ejecutaba el joven impulso su brazo de atrás hacia adelante, brindando mayor fuerza a un último giro que impulso el Kama hacía en frente en un lanzamiento que alcanzó los 4 metros de distancia, el filo del arma se clavó en el suelo, algo inclinada pero fijada casi completamente en la tierra, con profundidad considerable. La mano izquierda joven aun sostenía la pesa al final de la cadena en su izquierda, por lo que el hilo se tensaba. — Te pondré tu bozal. — el oso bramo, probablemente su falta de efusividad se debía a la falta de carne entre sus dientes, la violencia ya era mayor, ignorando el arma a su izquierda el animal se abalanzó contra el Senju. — Mal chico, maaaalo. — su jocosa actitud no era basada en vacía auto confianza, su sonría reflejaba una pequeña idea para lidiar con la demencia de la bestia. Las cadenas se interpusieron a los ataques con garra, el acero desgarrado no sedería con facilidad.

Para evadir la ofensiva sin soltar la cadena, el joven fue deslizándose en el radio de donde se clavó la guadaña, la criatura le seguía, arrasando una y otra vez con ataques cada vez más impredecibles. El error que se esperaba fuera cometido se dio finalmente, usando sus dientes junto a la fuerza de su colosal mandíbula el oso ataco mordiendo la cadena, sus dientes no hicieron mella, no de consideración, pero el oso quedo en pleno desconcierto. Sin desperdicio de cada segundo del descuido, Itazura sostuvo el peso, llevo la cadena aún más en lo profundo de la cavidad bucal del animal y rodeo la cabeza del mismo con la cadena, empujando el pesado cuerpo un poco hacia dentro del radio. — Sentado, Teddy. — en búsqueda de quitarse al joven de encima el oso soltó ataques a sus espaldas, alcanzo a hincar sus garras con fuerza en cada brazo, haciendo que el peliverde empezara a sangrar y desistir de la presión. — Jodete, malnacida cosa. — alguna cosas empezaron a crujir, sangre empezó a brotar, ambos enemigos cayeron finalmente a la tierra, aunque solo uno de ellos falleció.

En momentos como este extraño repartir mensajes, golpear borrachos y robar a ladrones. — arrodillado en el suelo, empezó a observar sus temblorosos brazos sangrantes, debía cubrirlos rápido antes de quedar inconsciente por el desangramiento, de quedar sin consciencia probablemente nada detendría al oso que aún se entretenía comiendo ex-aliados. Empezó a arrancar pedazos de las largas mangas de su túnica oscura, rodeando sus brazos con esta, temporalmente sirviéndose de seguridad.  — A continuar. — suspiro en una muestra entre alivio y algo de estrés anteriormente reprimido. Recogió su arma, durando más de lo necesario para retirar el Kama clavado a la tierra, sufriendo por ello, debido al dolor de sus extremidades. Para encontrar a quienes permitió dejarle atrás el joven tuvo que seguir un rastro marcado por las ruedas de la caravana. — Lento pero seguro. — procurando avanzar se topó con un pequeño recordatorio chocado con su pie derecho. — Oh, adiós Teddy. — morbosamente choco su palma gentilmente contra la cabeza de la criatura y esbozo una horripilante sonrisa de regocijo al susurrar unas últimas palabras cínicamente. — Buen chico… —.

Llegado a una taberna todos estaban expectantes hacia la entrada, aparentemente sentían curiosidad por la situación de él mercenario, algunos preguntaron cosas que al parecer del senju eran completamente ridículas. — Mira, no sé… tengo los brazos bañados en sangre, claro que me fue súper bien, me hice amiguito de los osos. — dijo el joven, mientras sus heridas eran expuestas ante los mercenarios y mercaderes. — Me llevaron de mujerzuelas oye, de puta madre todo. — claramente todos entendían por dónde iba el mal humor del mercenario, se había quedado atrás peleando y había sufrido las consecuencias de su propia decisión. — Creo que no es nada grave, podrás seguir usándolas con normalidad luego de un largo descanso. — menciono el conocido Sakana, pareciendo tener un conocimiento medio de lo que observaba. — No necesitaba más yo que quedarme trabado en este país, la última vez ocurrieron tantas violentas estupideces una tras otra. — golpeo la mesa con el puño, sintiendo el dolor en la misma, eran como punzones en la mitad de su cuerpo, le era intolerable.

A todo esto ¿Qué te convenció de pasar de una basura a otra? — el hombre no sabía que responder, parecía que no evidenciaba la verdadera interrogante del muchacho. — El país, viejo, el país. — se precipito ante la reacción, disponiéndose a alegar tanto como podía. — Supongo que mereces saberlo. — el excedente de personas tomaron asiento alrededor, observando y escuchando. — La situación en el país no es la mejor… Al punto, viejo, que hoy quiero dormir. El hecho es que el feudo nos tenía en la peor de las situaciones, el comercio no tenía ningún fruto allá, no ganábamos nada quedándonos. — algunas carcajadas salían, muy a pesar de su situación, todo lo que escuchaba le parecía patético, el príncipe empezó a sentir algo que llevaba en común con los presentes, el pancismo.

Ustedes son geniales ¿Abandonaron a todo un pueblo, alejaron provisiones y mercancía general, probablemente hasta medicinas? NO ENTIENDES. No, bastardo ¡Tu no entiendes! Si me pedían que matara a media capital ¡ESO! Hubiera sido más considerado que esto. — alejado completamente de la furia su expresión era una burla constante, una risa llena de euforia absoluta. — Pero esto es dejarlos morir lentamente, ahora quienes pagaran por sus crimines son los pocos comerciantes restantes, más guardias en las calles y menos libertad para los civiles. — el joven se levantó negando con la cabeza. — Ay, chicos. — se acercó a Sakana mirándolo fijamente. — Son un desastre. —  puso una mano sobre el hombro del mismo comerciante y la otra paso rodeando al mismo con la palma extendida frente a su rostro. — Un desastre que me debe mucho dinero. — el comerciante no añadió palabra alguna, se mantuvo en silencio, algo confundible entre ceder la razón o negarse a rebatirla. Las manos de Itazura tuvieron dinero, una gran cantidad guardada en una bolsa, que soltó en una mesa, conto y poco después se marchó de lugar. — Bueeeenas noches, camaradas. —  guiño un ojo,  un breve gesto con su mano que partió desde su frente.

Solo quedaba un tranquilo y adolorido recorrido hacia la ya bastante conocida capital del país del fuego. Poco a poco la transformación de apariencia provista por las técnicas secretas de él clan del bosque, quedando la tez debajo de aquella carcaza, el rubio empalidecido, caminando agitado en la espesura penumbrosa.

Sakana | #ff9900
Mercenario 1° | #3aa14b
Comerciante 1º | #9cc6e0

PJ Info:

| Stats |
• Ninjutsu: 5 +5 | 10
• Taijutsu: 2 +5 | 7
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 5 +2 | 7
• Resistencia: 5 +5 | 10
• Fuerza: 2 +6 | 8

| Armas |
• Kusarigama | Arma Creada | Usada.
• Sai | 1 Unidad.
• Kunais | 7 Unidades.
• Sellos explosivos | 2 Unidades.
• Senbons | 10 Unidades.

| Drogas |
• Calmantes | 5 Usos.
• Energizantes | 5 Usos.
• Sanguíneos | 5 Usos.
• Éxtasis | 5 Usos.
Itazura Sennyukan
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