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Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Denka no Sodaisa · (Expediente)

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Denka no Sodaisa · (Expediente)

Mensaje por Denka no Sodaisa el Mar Nov 29, 2016 9:20 pm








Denka no Sodaisa

"País de las Nubes, sin feudo. 18 años, Yamanaka, Raiton, Genjutsu auditivo."




Descripción física.
Las montañas pueden teñirse de nieve, y dejar oculta su cima. Pero nuestra cima no se esconde, pues somos la más orgullosa montaña. Pulcritud, elegancia, belleza. Un cuerpo impoluto e inalcanzable. Rasgos que han sido escritos en obras de fantasía, y detalles tan sutiles que no opacan ninguna característica. Bello su padre y bella su madre, Sodaisa es poseedor de los rasgos típicos de la familia. Una piel porcelanosa, lisa, sin un solo desperfecto se apega a una musculatura desarrollada al milímetro, balanceada entre la fuerza y el estilo. Esbelta es su palabra, no hay muchas líneas que marquen la fuerza bajo las ropas del príncipe, y tampoco hay manera de pensar en debilidad. Tersa piel que se estira ciento setenta y nueve centímetros a los diecinueve años de edad. En su contraste a una piel sin color, está el cabello. Un manto infinito, que sobrepasa las caderas y termina casi en la altura de las rodillas. Un bello y cuidado río, de negro más oscuro que existe, liso, adornado a veces con plata y a veces con oro. Y tan negros como él, los ojos, grandes, y con una profundidad abisal, donde se puede ver el fondo del océano desde la superficie. Manos de músico, donde se pueden ver los instrumentos, unas uñas largas y cortadas en punta triangular, con las que se pueden tironear las cuerdas del koto fácilmente. Endurecidas con el pasar del tiempo, más bellas que las de un gato, y más afiladas. Pestañas largas del mismo negro ensombrecen los ojos, labios finos. Delicado, frágil, inofensivo. Los ropajes de blanca seda e hilo de oro, la ajustada ropa negra de los enfrentamientos. La forma se pierde entre telas holgadas de colores blancos y cremosos, voluminosas y pomposas, que recordarían a un espíritu por la noche, vagando por los pasillos de una costosa mansión. Y bajo ellos, elegantes prendas, negras con detalles plateados, que se adhieren la forma ágil del hombre, y se comportan con comodidad.

Descripción psicológica.
La luna más especial que el sol, que esconde secretos, se oculta tras velos, y vigila siempre con vacío esplendor. Son poco concisas las palabras si al príncipe hay que describir, pues no es compleja, ni retorcida, sino engañosa e inverosímil la manera que tiene de vivir. El aire que rodea a su alteza huele a dulces flores, y su voz y música son los sonidos más bellos que pueden escuchar los humanos. Al igual que los poemas y las canciones, las palabras gestos y actos, escondidos por ojos de negro vacío, se guardan misterios y atajos. El príncipe fue instruido por su señor Padre en las artes de la mente humana, un don que pasea por sus sangres. Y como conocedor de esta, la mentalidad del joven señor fue cambiando por su conocimiento, y se alejó de la vista mundana, e incluso de la vista paternal, aún cuando esta era la mejor espía. El joven tantea con el misterio y un pensamiento enrevesado. Solo la expresión del rostro marmóleo y blanco de este ya es un enigma indescifrable, las cogniciones del muchacho son, si cabe, aún más irreales. Las ideas bailan entre si,  y una sombría niebla de pensamientos cubren aquellas intenciones y conocimientos más preciados para el joven señor. Saber qué piensa, aún cuando se tiene el derecho de mirar su mente es un desafío, se trata de un hombre con cúmulos y bultos de pensamientos que parecen arbitrarios, pero se conectan mediante puentes nunca rectos. Lo convierten en una persona cuya personalidad es imposible, y solo queda a merced de los juiciosos humanos pensar que puede ser todo una farsa, o quizás que está ido, que nunca fue normal. Y no es que haya que descartarlo, más sería una forma muy perezosa de librarse del problema de explicar al chico. Cuando de él se habla, todo se aleja un poco de las barreras humanas. Atento, bueno, sensible, observador, calculador, los adjetivos tienen poca función en esta curiosa tarea.

El mundo donde el príncipe creció no es ese donde existen el resto de personas. Guerras y conflictos eran descritos en historia y no sobre sus ojos. Las labores del campo eran lejanas, y se atribuían a sirvientes, prácticamente una raza inferior de humanos que no habían nacido donde podían ser como él. El clasismo es un concepto arraigado, como noble que se crió encerrado, el mundo estuvo a sus órdenes la mayor parte del tiempo, y hay ocasiones en las que simplemente es natural dar órdenes que esperan ser cumplidas. Tal como respirar y andar, aún la cultura de los libros no puede sustituir a esa siempre acomodada manera de hablar y que las palabras se vuelvan reales. Rebuscadas siempre, de tinta noble y enrevesada como solo los eruditos saben descifrar, el actuar del joven se dicta por los modales que se siguen en palacios y mansiones. Los lugareños y plebeyos lo miran con confusión. Hasta el andar se vuelve una danza, ficticia a los que suelen simplemente mover las piernas para avanzar, poco comprensible. Extraño y desagradecido. Curiosidad, ignorancia incluso se le atribuyen cuando vive en un mundo al que claramente no pertence, alejándose de la mayoría de conceptos entendibles por estos mismos inferiores que en su orden natural estarían a su servicio.

Historia.
El sol yace bajo. Como todo rey, el sol cae y debe dejar el mundo a su hija la luna, que algún día será sol. Pero antes de morir, el sol siempre le recuerda a la luna que él es capaz de incendiar los cielos, y como da la vida, puede destruirla. Hay una casa, en la mitad del trayecto de una alta montaña, al este del feudo de Kiriyama en el País de las Nubes. Una mansión magnífica, digna de reyes, donde hasta el más insignificante puede presumir fuera de ella, y ser tratado como a un noble. Los tejados son de un inconfundible dorado, y se cuenta en las leyendas que estos arden cuando se pone el sol, porque el Señor lo desafía, pero el sol nunca es capaz de quemar la casa. Las maderas blancas, los jardines con exquisita decoración y hasta las ropas de los guardias son un ejemplo de belleza. Cada segundo entre esas paredes puede ser una pintura a la que llamarán obra maestra. La mansión alberga servidores, y recibe invitados, más obedece a un único  conocido Señor. Un cabeza de familia, noble y de alto rango social y político en todo el país, conocido por generosas contribuciones, por justo e impecable,por fiel a la patria y sin una simple mancha en su historial. El Señor de la familia, magnífico, y que tras años dio a conocer al que sería (Debía ser) el orgulloso heredero de toda aquella gloria. Una figura menuda, con hierba negra en su cabeza, vacío en los ojos y piel tan blanca como las ropas del señor Padre. Una luna que escondía un sol en ella.

Hijo de un sol, aquella luna fue llamada Sodaisa, sin embargo aquel nombre siempre fue tachado con Príncipe en su lugar. El perfecto hijo había nacido, Salvo aquel color nevado de la piel, su cabello crecía liso y negro como el del señor Padre, los ojos ocultaban su fondo hasta el infinito desconocido. Su figura crecía con esbelta perfección, y con los años crecía también la educación del príncipe, a cargo del propio Señor. El sol era un duro maestro, más sabía llevar luz a donde había oscuridad. La corta vida libre de cinco años de aquel Príncipe llevó al pequeño a toda una serie de actos que le otorgarían el conocimiento y la sapiencia por los que hombres y mujeres del mundo matarían. Las artes de un noble, su posición en el mundo, conocimientos militares, sociales, culturales. Cada día una enorme ola de conocimiento se elevaba y tragaba al chico, pero tal como sus ojos, parecía que los conocimientos caían en una cabeza sin fondo, absorbiendo cada dato, cada gesto, fecha y acto con la suma facilidad de los prodigios. Sin nunca una queja, sin nunca una duda. Sin nunca poner en duda la autoridad del señor Padre, que tras ello nunca dejaba de alabar la suerte del nacimiento de la luna. El Príncipe es perfecto, se le escuchaba entre las puertas corredizas con seda negra y madera blanca. El Príncipe me superará cuando herede nuestra vida. Ahora es una pequeña luna, pero el sol que esconde brillará más que el mío. Y puede que brille más que ese sol en el cielo. Los dedos del joven se deslizaba todos los días con la dulce música del koto. Los sirvientes quedaban hipnotizados en las canciones. Los pensamientos también corrían libres. Las pinturas se detallaban, los libros se terminaban. Los entrenadores caían presas de una mente aún inmadura. Y el mundo se doblegaba hacia aquella luna. El Príncipe crecía sano, obediente, fuerte. Era un reflejo del señor Padre en un espejo teñido de negro donde solo él podía verse.

Fueron rechazadas muchas veces familias con ansias de tener un yerno de aquella familia. Por los jardines del Príncipe nunca había corrido nadie con él de verdad. Los pájaros y las mariposas volaban. Los perros guardianes eran peligrosos para un pequeño, los sirvientes estaban quietos, y los guardias. Los niños que lograron pisar la mansión eran maleducadas bestias con ropa cara. Señor Padre e incluso alguna vez aquella luna los señalaron como indignos, subidos a aquel pedestal tan lejano de la tierra y el cielo. Diez años aprendiendo, siendo querido, alabado. Enorgulleciendo a un señor Padre respetable, recibiendo cuanto pidió. No había nada en aquella figura que pareciera una imperfección. Su piel fue tersa desde su nacimiento, al Príncipe le perseguía una estela negra como la noche, lista y brillante como un cristal negro y opaco. Sus retratos causaban revuelos cuando alguno se hacía para una familia rica, en símbolo de honor a aquella casa desafiante a los soles. No creo que sus ojos sean como esos. No son iguales. No importa, no sabrán apreciarlo. El señor Padre siempre se escuchó muy convencido de la mirada oculta de aquel que era hijo suyo. Como la luna, había un lado oscuro, extraño, invisible. El sol dio vida y luz a todo, pero se olvidó siempre de una parte de la luna, su reino incompleto por una insignificante sombra. Había una inquietante faceta que a nadie alertaba. Incluso aquel hábil manipulador de mentes nunca pareció fijarse en la psique de la luna. Nunca pensó en ello. Posiblemente fue el error del señor Padre y del señor Príncipe.

La luna creció sereno y fuerte. quince años desde su nacimiento transcurrieron ante ojos vacíos y exasperantes. Pretendientes, ofertas de mujeres para desposarlo aún se malograban. Las amistades era triviales y aburridas, donde solo había una bella y callada sombra. Cada parte de aquella mansión fue testigo del crecimiento del señor Príncipe, un joven cuya clase era inmejorable. Cuya capacidad se equiparaba al señor Padre a su edad. Heredero, hijo, alteza. Los rumores no contaminaban aquellas blancas y nubosas prendas. La fabricación del koto propio del príncipe fue hecha a esa edad. Las relaciones máximas habían sido con el señor Padre, era la única persona que pudo conocer. Alrededor de la luna solo había nada. Bellos jardines, arreglados siervos y guardaespaldas. Lujos, manjares, carísimas reuniones. Solo las políticas tardes con el señor Padre eran algo emocionantes. El camino del poder no era limpio ni seguro. El Rey no estaba allí por gracia, las maquinaciones aún tempranas del cabeza de familia eran muchas, y de todas las piezas, el Príncipe era la más importante. Tanto era así, que la vida de la luna era más necesaria, y por ello, aparecería ante él una espada y un nuevo guardián. Tu vida será escudada por la suya. Será la sombra que cuide de ti, mi Príncipe, en mis ausencias venideras. Era un sirviente normal. Algo más amplio y alto. Algo mayor. El príncipe había estado protegido por hombres adultos, hubieron espadachines como aquel guardián. Hubo médicos impresionantes, e ilusionistas otrora maestros. ¿Qué debía tener aquel hombre para que el sol ordenase que salvaguardase la luna?

Como prometía su profecía, el señor Padre comenzó a ausentarse en viajes de importancia política. Actividades que se relataban en extensas y privadas cartas, llevadas atadas a la pata de halcones mensajeros. La casa que desafiaba al sol, ahora se regentaba por la luna, la cual no realizó cambios. El hijo obedecía al padre, aplicaba sus enseñanzas y consejos. Las dulces melodías del erhu y el koto aún se escapaban por las puertas de la amurallada mansión. La presencia guardiana resultó fácil de permitir. Atribuían al señor Príncipe la clase suficiente para casi nunca hablar con el servidor. Con apenas mirarlos a través de aquellos ojos de enigmático vacío. Incluso los raros gestos que alguno de los sirvientes reportarían al señor padre, como el día en que el señor Príncipe dio un paso atrás en contra del espadachín. ¿Sientes algún desagrado por tu guardián, mi Príncipe? ¿Deseas que sea reemplazado? Discutía en la cena el gran hombre con el hijo enfrente de la mesa, y el guardián sentado diez pasos atrás, sin que la luz de las velas lo alumbrase, sino escondido tras la sombra de su joven señor. No, señor Padre. Somos conscientes de los motivos que les impulsaron a esta decisión. Aceptamos a este como guardián hace tiempo. Decía el señor Príncipe, con tan solo siete meses de vida compartida con aquella sombra.

El tiempo siguió creciendo, las estaciones contemplaban estampas siempre igual de bellas, aún en la ausencia del señor Padre. Escenas donde el Príncipe sumía a todos en silencio con las notas más dulces que existían, mientras el guardian vigilaba. Cenas y reuniones con las mismas expectativas del señor Padre, interesados en engañar a un joven muchacho que pronto detectaba sus mentiras. Visitas de un hermano menor resentido con el mundo, con una incivilizada hija bastarda de la familia. Siempre con la misma reducida figura a pasos tras la espalda blanca de los vestidos. Era el transcurrir tan natural como el del sol y la luna, en sus bailes regidos por las raras fuerzas de la gravedad, que así lo dispusieron, orquestando incluso el final fatal para dentro de infinitas eras. Dos años después, pasados los dieciocho años, el Príncipe interrumpía su canción en el atardecer, con los ojos vacíos vigilando la bóveda celeste. Ardía con el sol moribundo, mientras que, por encima de las nubes, y de los árboles, ajena a que aún no fuese su hora, una luna blanca y hermosa se adelantaba. Medio invisible, ridícula y fuera de lugar. Visitarás esta noche al señor Padre, mi guardián. Cuando la luna esté en lo más alto del cielo. Y será esto lo que le entregues, pero nunca verás lo que contiene. Un papiro enrollado en una tablilla cilíndrica de madera blanca y bordes dorados arraigó en la mano que sujetó siempre una espada. Esa noche, en ese momento, una figura negra escapaba de la mansión, mientras un mensajero debía aparecer en la habitación central, donde el señor Padre, luego de duraderos viajes, descansaba finalmente en la casa. Las letras solo fueron vistas por unos ojos negros, llenos de una emoción extraña. Lejana a los humanos inferiores, indescifrables para aquellos que no conocían la mente. Una estoica conversación comenzó. Tu señor te encarga una misión, Espadachín. Ese hombre al que has protegido, ha caído, seducido por lo deshonorable. Mi hijo duerme, y ahora una perversa consciencia lo interpreta, como el más sucio títere. Si no dudo de su fortaleza si lo hago de ese despreciable cautiverio. He aquí tu más importante orden. Cázalo, vivo o muerto. Sin ningún ojo que lo vea, y sin oídos que escuchen mi nombre de vuestras bocas. Y como única recompensa capaz de pagar esta hazaña, tu deuda vital quedará saldada. Serás un hombre libre, te doy mi palabra de mayor honor y sinceridad. La luna miró, contemplando como todo lo que el sol solía quemar, se veía tan calmo de noche.
©jn
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Re: Denka no Sodaisa · (Expediente)

Mensaje por Itazura Sennyukan el Mar Nov 29, 2016 10:11 pm

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