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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Pequeño esfuerzo [Entrenamiento]

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Pequeño esfuerzo [Entrenamiento]

Mensaje por Nori Tokutta el Sáb Dic 10, 2016 4:52 am




El descanso le hizo bastante bien, sus energías habían vuelto por completo. El bostezar se le hizo inevitable considerando que aún estaba oscuro. ¿Serían las cuatro de la mañana? Quizás menos, pero de todos modos se levantó para ir por agua. Los pasillos a esa hora eran realmente tétricos, la casa era grande, la familia no era de renombre, sí, pero no podían quejarse de su situación económica, tenían habitaciones para muchos invitados que estaban vacías.  Avanzó con cuidado de no hacer ruido, de no despertar a la familia en general, pero cuando logró dar con un poco de luz se dio cuenta que provenía del fuego que se estaba utilizando en el patio. ¿Sería un ataque a su hogar? Del solo pensarlo tuvo que apresurar el paso, saltar a la acción, pero antes de que pudiera exclamar algo, su boca fue tapada por una mano que mordió con fuerza. Coscorrón que llegó, mirada que levantó viendo los ojos azules de algún miembro de su familia, pues hasta los afilados dientes parecían tener su encanto aun en medio de la oscuridad, como si tuvieran luz propia.

¿Qué haces aquí, pececito?―Reconoció la voz, era la de su hermano mayor.

¡Iba por agua y vi fuego! ¡Pensé que nos atacaban!

La risa del mayor le hizo inflar las mejillas, darle un golpe en el brazo con toda la fuerza que tenía para que se detuviera. Su hermano siempre era así, entrenamientos estrictos, risa fácil. El silencio se volvió incomodo en la penumbra, una pequeña llama se posó en la mano de quien parecía estar antes entrenando, volviendo todo un poco más visible.

No, no. Estaba entrenando.

¿Por qué tan temprano?―La curiosidad por saberlo la dejo de pie ahí, atenta a la mirada de su hermano―Puedes hacerlo más tarde, ¿No?

No realmente―Cabello que fue desordenado, odiaba y amaba cuando hacían eso. Era señal que seguían tratándola como niña pequeña―Tengo una misión hoy. Debo prepararme si no quiero morir, ¿No crees?

No puedes morir. ¡Eres fuerte! Y bueno, la gente buena no debería morir.

Pero puede hacerlo, aunque sea malo. Nadie puede ser intocable, desde inocentes campesinos hasta shinobis con años de experiencia. Todos tenemos un enemigo que intentamos vencer a nuestra manera, ¿Sabes cuál es?

Se quedó pensando en ello. ¿Qué enemigo deseaban todos vencer? Había tantas posibilidades y al parecer solo una respuesta correcta. Su concentración en el tema pareció durar demasiado, pues de nuevo la carcajada de su hermano le dejó molesta en su sitio, ¿Acaso no veía que estaba intentando llegar a la respuesta correcta? Sin esperar o meditarlo de más, se dispuso a hablar, aunque debía admitir que la risa era contagiosa y terminó riéndose también de la situación. No era la chica más lista de la familia y lo sabía.

¿La muerte?―Una probabilidad, lo primero que se le había ocurrido.

¡Bingo!―Sonreír fue inevitable, aunque volvieron al mismo punto de antes al ver sus cabellos desordenados otra vez―Hey, ni yo esperaba que lo dijeras bien.

Se ofendió, intentó darle una patada aprovechando el ambiente relajado pero la oscuridad que se produjo al apagarse el fuego en la mano del mayor le jugó una mala pasada, pues terminó siendo levantada por el mismo  ayudándose de la pierna que antes lo intentó atacar. Se movió para liberarse, pero no lo consiguió hasta que la voluntad de su hermano fue dejarla libre. Caída que casi pudo evitar, pero que terminó con ella golpeándose la cara de lleno en el piso. La oscuridad no era su mejor aliada en ese momento, tal parecía.

Venga pececito, ¿Quién ataca a un tiburón de manera tan directa?

¡Yo!―Exclamó para incorporarse mientras se sobaba la zona afectada.

¡Lo sé! Y eso es muy idiota considerando nuestro nivel, pececito.―Iba a seguir reclamando, pero el fuego de nuevo iluminó a ambos dejando ver que le estaba hablando en el lado contrario. Se dio la vuelta para que pudiera observar lo molesta que estaba―Vamos, ¿Qué tal si te ofrezco entrenamiento a cambio de perdón? ¿No suena justo?

Se lo pensó un momento, aunque tenía ganas de decir que si de inmediato, ¿No debía hacerlo sufrir por la manera en la que estaba subestimándola? Pues bien, que sufriera, que se quedara sin tener un entrenamiento con ella y su gran presencia. Dejó que los minutos pasaran, pero al cabo de los tres –apenas tres- agito su cabeza en señal de que aceptaba, la euforia se le salió en ese salto que casi termina como su intento de zafarse del agarre de su hermano.

Está bien, pero quiero que vayas en serio en todo momento o no aprenderé nada.

No tienes por qué decirlo. Te haré sudar hasta que sepa que eres más fuerte que ahora.

Estaba dispuesta a iniciar el entrenamiento, aun si tenía la oscuridad total en su contra. El plan se inició, ya tenía en mente que ataque haría para sorprender a su hermano, pero el estómago delató su posición e hizo que el fenómeno de antes se desatara; risas, risas que amenazaban con despertar al resto de la familia. A veces pensaba si no existía jutsu capaz de ocupar esa capacidad innata que tenían los miembros para reír y convertirlas en algo mortal. No importó demasiado, se unió a su hermano en la melodía que ambas voces lograban crear.

Primero vamos a prepararte algo de comer y luego el entrenamiento. Un Tokutta con el estómago vacío no piensa bien.

■■■

Comida simple pero contundente, el desayuno improvisado terminó tan rápido como llegó, pues su hermano tenía buena mano en la cocina para ser un chico. Charla breve sobre asuntos triviales, el clima, la situación del país, hasta que descansaron lo suficiente para llegar al acuerdo mutuo de que se trataría el entrenamiento, al menos eso intentó Nori, pero su hermano dijo que era una sorpresa. Las sorpresas la ponían ansiosa de sobremanera, pero fue buena hasta que salieron al patio de nuevo, ahí donde la luz natural comenzaba a hacer de las suyas, sin ser demasiada clara, al menos le servía para tener un poco de noción de todo.

Bueno… ¿Lista para lo que viene, pequeña?

¡Estoy lis-

Antes de que pudiera terminar la frase, la patada en sus costillas la hizo ir hacia el lado izquierdo por la fuerza del impacto, se le hizo difícil mantenerse en pie, la sorpresa fue un factor más para no haberlo visto venir. Estaba a punto de reclamar, pero la mirada llena de seriedad de su hermano le dijo que el entrenamiento ya había comenzado, se preparó para atacar, pero el grito del mayor le hizo detenerse en seco, confundida, ¿A qué venía eso en pleno entrenamiento?

No. Lo que te falta es resistencia, pececito. Por cada vez que esquives, te golpeare más fuerte. Debes recibir y ver la forma de aminorar el daño sin esquivar. ¡Debes aumentar tu resistencia! Quizás si hubieras tenido más, la batalla contra nuestra hermana hubiera terminado distinto.

Ya lo entendía. Iba a tener que poner en práctica su velocidad, resistencia y capacidad para reducir daños. Esperando el nuevo golpe, se cubrió con ambos brazos la cara, resultando casi inútil ante la patada que iba dirigida en el mismo lugar. Movió el brazo izquierdo para desviar, pero terminó golpeándose la muñeca al intentar pararlo con la mano, trató de no chillar y seguir concentrada en lo que hacía su hermano, pues el mismo tipo de golpe se repetía pero esta vez desde la derecha, ahí donde si cubrió de la manera correcta, pero aun así logró hacer que le doliera. Si seguía de ese modo iba a quedar molida… O se ponía una manera más efectiva de recibir los golpes, o ya vería a su madrastra regañándolos a ambos. Ataques que vinieron desde sus puños, cada segundo más rápido que el anterior, pero aun así se repetían en un orden, ese orden que aprendió con observación atenta. El objetivo era no esquivar, pero si la rozaba no contaba cómo ello, ¿No? Se movió con gracia al lado contrario del golpe, siempre dejando que una parte pudiera darle. Su hermano parecía satisfecho por el esfuerzo, así que lo dejó cuando la vio sudar, arrinconada en la pared que formaba parte de la protección al campo de entrenamiento familiar.

Bueno pececito, ¿qué aprendiste de todo esto?

Que eres un matón…

¡Eso ya lo sé!―Cabello que desordenó, mordida que se llevó en las manos. Se aseguró de dejar sus dientes marcados―No pececito.Si no puedes esquivar, reduce el daño, es importante que tengas eso presente. A veces será más difícil, otras más fáciles, pero si puedes esquivar, siempre debes ir por ello.

Se sentó en el suelo para recuperar el aliento. Le dolía un tanto el cuerpo, pero sabía que pudo haber terminado peor. ¿Sería eso vital en las misiones? Supuso que sí, que la resistencia, las decisiones, la especialidad, y las capacidades individuales en un shinobi contaban, a veces para la victoria, a veces para salir vivo. Se desesperó, no era lista, tampoco demasiado fuerte, y aun así, debía seguir. Salto que dio para apuntar a ese chico que ya se iba escapando para entrar en casa.

Debemos seguir con el entrenamiento. ¡Te lo exijo, matón de cuarto mar!

¿¡De dónde has sacado un dicho tan malo!?

¡Tú me lo dijiste el otro día!

Eh, entonces no es tan malo―Juraba que si escuchaba su risa otra vez, gastaría su fuerza restante en sacarle los dientes de un puñetazo.―Bueno, de todos modos no fue un entrenamiento en serio, fuiste prácticamente mi conejillo de indias… Así que, sí. Te debo un entrenamiento en serio.

¡Oi!¡Entonces debemos entrenar!

No, no. Primero vas a ir a descansar y luego del almuerzo comenzaremos. Papá tiene una misión corta con nuestros dos hermanos, así que prácticamente solo estará mamá para supervisarnos.

Los reclamos fueron ignorados, prácticamente no esperó respuesta alguna, pues la tomó para llevársela a su habitación sin escuchar protesta alguna. No había más que hacer, el entrenamiento de verdad comenzaría más tarde, aunque confiaba en la palabra de su hermano, no le quitaba que fuera un mal tipo con los compromisos.

■■■

La siesta para recuperar energías había sido reconfortante, tanto o más porque de verdad lo necesitaba. Al fijarse en su habitación pudo ver que la claridad de la tarde entraba de lleno por las ventanas abiertas. No había necesidad de más entonces, el almuerzo pronto estaría listo y ella podría ir por su bromista hermano mayor.

Tal como había dicho, el almuerzo estuvo listo y la llamada para que los tres comieran fue tan rápida como lo que tardo la comida en desaparecer, los Tokutta tenían la particularidad de tener gran apetito, de ahí venían las cantidades de comida exageradas que podían consumir, entre ellos la gracia abundaba por ese hecho, pero algunos amigos de la familia terminaban espantados y sufriendo por lo que significaba invitarlos a comer.

Su madrastra la miró durante toda la comida, esperando que le dijera algo, sabía bien que debía avisarle del entrenamiento, pero espero que su hermano le hiciera el favor para no llevarse un regaño. Lo que ella le había recomendado hacer era descansar por el entrenamiento de ayer, y solo la dejo ir con la promesa que ese día sería el último día que iba a exigirle a su cuerpo algún esfuerzo antes de recuperarse por completo.

Salieron al patio de entrenamiento luego de reposar un rato. El sol ya dejaba caer la luz de lleno sobre sus cabezas, así que cualquier movimiento sería avistado mientras pusiera cuidado con su nuevo rival. La curiosidad quiso atacar tan pronto como vio a su hermano examinar el terreno, fue de una esquina a otro, meditando algo que aún no captaba, ¿Es que quería medir cuán grande era acaso? Porque sus suposiciones solo la llevaron a eso. Lo vio ponerse delante de ella, hacer una ligera reverencia y mantener la vista fija en sus ojos. El entrenamiento comenzaría en breve.

¿Segura que no quieres abandonar el entrenamiento? Apuesto que aun te duelen los golpes que no pudiste esquivar.

Tenía razón, le dolían, pero se mantuvo firme para que la indecisión no tomara sus acciones, ni tampoco su hermano tuviera consideración con ella por ese hecho.

No, no quiero―Dijo intentando mirarlo de manera fría, pero no pudo, solo llegó a rozar el límite de querer intimidarlo―Así que será mejor que me digas ya de que se tratara este entrenamiento.

¡Te pareces más de lo que quisiera a papá!―Había oído esa frase de muchos conocidos de la familia, se la sabía de memoria―Aun me pregunto qué sacaste de esa mujer… No te veo el instinto asesino ni la falta de modales por ninguna parte…

Cállate.

Sorpresa en los ojos de su hermano, para pocas cosas se ponía seria, sí, y su madre era una de ellas. A pesar de tener una buena relación con la familia de la primera esposa de su padre, había una delgada línea que los separaba de ellos, ‘esa mujer’ a la que todos nombraban con cierto desprecio, era su madre y como tal, cualquier intento de insultarla la sacaba de su habitual buen ánimo. Se mantuvo mirándolo para que se diera cuenta de su error hasta que el mayor desvió la mirada, el rascarse la mejilla y acercarse para desordenarle el cabello terminó en un manotazo que le dio con la intención de que no la tocara.

Pececito… Yo…

Sé lo que mi madre hizo y no le doy justificación alguna, pero no por ello me callare cuando le digas algo o intentes decírselo con esa doble intención oculta―Suspiró, intentando volver a su temple normal sin conseguirlo―Yo también tengo por lo que quejarme y no lo hago por respeto, así que procura hacer lo mismo.

Pocas eran las veces donde hablaba así, donde la seriedad predominaba en sus expresiones y hasta la mirada se volvía fría por completo. No le gustaba, pero simplemente reaccionaba de ese modo con ese asunto que era delicado para ella. No había caso en seguir de ese modo o tendrían todos los días una guerra monumental, así que golpeó ese brazo con su fuerza para que se animara y pasara a explicarle el entrenamiento.

Vamos, no te quedes ahí de vago. Si queremos entrenar de una vez, será mejor que pases a explicar las cosas.

Bien―Al fin vio la sonrisa natural en ese rostro y pudo quedarse en paz―¡Vamos a comenzar pececito! Tendrás que esquivar con lo que yo te ataque. No, no ataques físicos, sino jutsus. Así comprobaremos tu velocidad y tu capacidad de reacción. Es lo mismo que en lo anterior, no puedes atacarme o iré más en serio con los ataques.

Lo entendía, así que se separó de su hermano para tomar una distancia prudente entre ambos. No hubo cuenta ni señal que avisara de que el combate había comenzado, el agua saliendo a alta presión de los dedos de su hermano le dio el aviso para moverse, no detenerse ahí pues siguió para que no le pudiera dar, pero fue tarde cuando se dio cuenta que había controlado bien su ataque para llevarla contra el primer límite del campo de entrenamiento; la estúpida muralla. Maldijo en voz alta antes de ver como el fuego se sumaba al elemento del ataque, un tanto contradictorio conociendo las habilidades del clan… Pero ahí estaba, pequeñas bolas de fuego que cubrían el perímetro, primero tres de izquierda a derecha y luego otras tantas que iban de derecha a izquierda, dejándole como único camino el que tenía justo enfrente de ella. Lo tomó para correr directo a su hermano, mala decisión fue, pues apenas estuvo cerca de él, la espada apareció y casi logra cortarla. Tan pronto como llegó se fue, había esquivado lanzándose hacia atrás, no dándose cuenta de que un clon la esperaba ahí para darle una patada justo en la espalda y frenar su huida. Chilló al recibir el golpe, pues ese mismo a pesar de no tener mucha fuerza, logró hacerla reaccionar por inercia empujándola hacia delante, ahí donde el antebrazo de su hermano esperaba para atraparla, lanzarla hacia la misma pared de la que había huido.

¿Ya te rindes? No puedes contra mi velocidad. Tampoco estás esquivando de manera eficiente, sería mejor si desca-

No lo había escuchado, aprovechó el tiempo donde cerró los ojos para meditar, ese mismo que utilizó en su contra para darle una patada justo en el estómago, dejándolo claramente molesto. ¡No se arrepentía de nada! Cierta culpa había en ello, por el comentario anterior respecto a su madre, también porque quería subir de nivel aun si a apenas se mantenía en el actual. Correr riesgos siempre había sido lo suyo, como si lo suicida del padre también lo hubiera heredado. Lo vio realizar más sellos y posteriormente a eso, el potente chorro de agua que iba contra ella, sin poder esquivarlo más que para que su cabello se mojara, suspiró aliviada, claro que el olor a chamuscado le hizo saltar de su sitio advirtiendo de nuevo el ataque de las bolas de fuego. Aprendiendo de su anterior error, supuso que quería empujarla a un callejón sin salida, así que al siguiente intento de mojarla uso la hidratación para escaparse, confundirse con los charcos de agua que se habían dejado previamente por el ataque anterior. Esperó que se acercara para buscarla, cuando estuvo a una distancia prudente, salto sobre él para intentar atacarlo de nuevo, pero el clon deshaciéndose le dejo un mal sabor en la boca, ahora no tenía modo de moverse y recibir el ataque fue inevitable. El látigo la azotó en el piso, dejándola aún más vulnerable de lo que ya estaba, si quería dar vuelta la situación iba a tener que ponerle mucho empeño, además de dejar que el mareo pasara, evaluar sus posibilidades y no dejarse sobrepasar los límites, porque eso haría que terminara peor.

Abrió los ojos para ver como su hermano se apresuraba a saltar sobre ella para golpearla, intentó de nuevo con la técnica de hidratación para escapar de su ataque y aparecer detrás de él. Se sorprendió, sí, pero en vez de atacarlo retrocedió para tomar distancia. Ya había esquivado con certeza un ataque, ya iba pillándole el truco sobre cómo hacerlo al aumentar la velocidad en el momento justo. Agua primero, fuego después, los dos ataques le intentaba dar en muchas direcciones, pero lo importante era esquivar, ¿No? Al menos la mayoría, por lo que recibió dos impactos de las bolas de fuego y uno del ataque del agua, solo por el hecho de que ayudaba a apagar los dos anteriores. Moverse fue necesario para cuando le estaba obligando a que esquivara en círculos, esos mismos que se prolongaban cada vez más para dejarla sin salida. Fue hábil, los saltos le lograron dar una distancia apropiada para esquivar al menos cuatro de los seis ataques que había efectuado sin detenerse. Por mucho que fue una shinobi con más experiencia, el uso excesivo de chakra lo había dejado agotado, ese instante supo que era el momento oportuno para atacarle.

Carrera que comenzó con el desgaste físico sobre ella también, su objetivo era darle una patada al costado para desequilibrarlo, pero al hacerlo vio la manos del mayor moverse para atracar su pie, con fuerza y un rápido movimiento logró detener su ataque, rozando los dedos del mayor, dejando que la sorpresa sirviera para que se diera cuenta de la improvisada finta, esa que le daba tiempo a girar y darle con la otra pierna. Cayeron juntos, uno por el dolor del ataque no esperado, y Nori porque ya no le quedaban fuerzas, su especialidad no era el Taijutsu y sin embargo había ocupado el combate físico más de lo que hubiera querido. No estaba segura si su desempeño fue el mejor, tampoco si su hermano había ido en serio con los últimos ataques, pero sí que estaba segura de que no iba a poder entrenar por un par de días. Agotada se quedó, pero aún le alcanzaba para sonreír y ver el cielo desde su posición. Escuchó la voz de su madrastra sobre algo del castigo monumental que les pondría a los dos y solo le quedó suspirar para ver a quien ya se estaba levantando.

Esa no la vi venir.

¿Te sorprendí, no?

Más que sorprenderme, lograste esquivar la mayoría de las técnicas―Mano que vio extenderse como apoyo para que la tomara, se levantó con cuidado para intentar estirarse, dándose cuenta que le dolía todo el cuerpo―Le tendremos que decir a mamá que te dé un par de masajes y te cure, suerte que tenemos un médico en casa…

¡Suerte para unos suicidas descuidados, si!―Interrumpió la aludida para darle un coscorrón a ambos―Les dije que no entrenaran con tanta rudeza, y es lo primero que hacen.

Mujer, debes entendernos que tenemos la sangre de tu esposo corriendo por nuestras venas… ―Otro coscorrón que le propinó al mayor, ese que chillo como nena por la fuerza―¡Sabes que es cierto, mamá!

Vio la mano de su madrastra ir contra de ella, estaba preparada para recibir el buen merecido castigo por querer pasarse de lista y sobrepasar los límites, con lo que no contaba era con el movimiento involuntario de su cuerpo, ese mismo que se echó hacia atrás para ver la mano de la mujer ahí presente pasar justo por frente de ella con una fuerza un tanto desmedida. Los tres se miraron sorprendidos, había esquivado sin querer y eso significaba que le había faltado el respeto, así que pronto se apresuró a hacer una reverencia, excusarse por lo que aún no entendía del todo bien, nunca le había pasado eso antes.

¡L-Lo siento mucho, de verdad!

―Una caricia en la mejilla, también en su cabello, la mirada llena de orgullo le logró sacar una tímida sonrisa―Mira nada más, parece que algo aprendiste del bruto este, pequeño pez.―Suspiro que dio, pequeño golpe que igualmente le dio en la frente―Pero no te exijas demasiado, ¿Si? Puedo curarlos pero no hago magia, así que necesito que se tomen sus merecidos descansos.

Risa que salió de esos labios, una que cesó en breve, solo era una madre preocupada por su familia y por ella. Ciertamente eran un pez y tiburones con demasiados ánimos para luchar, pues voces se escucharon del interior del hogar anunciando la llegada del resto de la familia. Sabiendo que el ambiente cambiaría en poco, se apresuró a agradecer en silencio antes de unirse a las estruendosas carcajadas de los Tokutta en general. Se haría fuerte, de eso estaba segura, aunque primero tomar una siesta no sonaba nada mal, por lo que logró escabullirse del grupo para avanzar a su habitación, esa misma que la estaba esperando y en la que no demoró nada en caer dormida, no alcanzando ni siquiera a recostarse en la cama. Quizás y solo quizás, se debería tomar en serio un merecido descanso para no exigirle de más a su cuerpo.

Nori Tokutta
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