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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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{C} People, places and wounds to deal. | Shogel

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{C} People, places and wounds to deal. | Shogel

Mensaje por Itazura Sennyukan el Lun 12 Dic - 5:33


M. C. | Dangers of the forest Part. 1 | Salida de la Capital.

Suplicio. El zagal poseía tal dolor en sus extremidades que le era difícil de disimular, había sobrellevado la noche en una clínica en la capital, más las horas transcurridas eran intolerables para el mismo. — Pelearle físicamente a un oso… ¡Si, maldición! Soy un puto genio… — empezó a hablar consigo mismo, sentado en una camilla de un pasillo, cambiando su tono de voz en medio de la frase, llamando la atención de distintos pacientes y empleados del lugar. — ¿Qué miran? — su expresión irritada se dirigió hacia todos quienes estuviesen cerca de él, los miro girando su rostro conforme hacia la retórica interrogante.

— Ya tome toda la droga que me pueden dar en este manicomio disfrazado. — le habían dado durante la noche algunos analgésicos para aliviar el dolor, aunque nunca se pudo relajar lo suficiente, no pudo lidiar con semejante daño y el ver como las gasas se llenaban una y otra vez de sangre lo marginaban severamente, interpretando que su estadía en el lugar no era más que una pérdida de tiempo. Algunos se acercaron a él, más paso olímpicamente de estos con movimientos evasivos bastante simplones. — Ah… mierda, no puedo usar mi técnica así… — pensó, quizá podría hacer un intento, mas no tenía demasiadas energías que malgastar y con aquellas heridas la energía vital que suponía el Chakra no era un recurso desperdiciarle a la ligera, cosa que le haría prescindir de su habilidad de infiltración habitual.

Fuera de las instalaciones desato las gasas que rodeaban su lesión en el antebrazo izquierdo el cual se hallaba más dormido que el derecho. — Esta mierda no mejora… — estaba inflamada ligeramente, menor a como en un principio, pero poco notable para la frustración actual del rubio. Observar aquella rajadura en uno de sus brazos basto para taparlo y no querer asomarse en la herida restante, procuro que las gasas juntara debidamente a la piel, el sangrado ya no era severo, pero la cicatrización era demasiado lenta. — “Mantente aquí” “Ten reposo” “Pronto se repondrá” Por supuesto, me vieron la cara de incauto. — no mantenía demasiadas esperanzas, más se debía a la preocupación insistente en su cabeza de que podría surgir algo peor para él, si era perjudicado permanentemente por las heridas no sabría cómo lidiar con ello, si sus habilidades ninjas era lo único con lo que contaba.  

Vestía de una forma casual, abandono sus harapos oscuros para dejarse su chaqueta oscura de manga corta, pantalones y zapatos de misma tonalidad, poseía sus armas pequeñas en un bolso en su costado derecho y el Kusarigama colgando también de su cintura, cosas que recupero de la clínica en la que se las habían retirado para atenderle. Dirigió sus pasos hacia la calle principal, había varios mercados distribuidos en esta, multitud de personas que pasaban de su existencia, y este aliviado de ello camino entre las personas silenciosamente, buscando la salida de la aldea como si supiese que hacer al llegar. — Me marchare de esta mierda, solo me monto en cualquier cosa que salga de aquí, aun si esta herida dura toda mi puta vida así. — mentalizo la peor posibilidad mientras mantenía el paso firme y paulatino.  

— ¿Estás loco? ¿Ir solo? Como si los peligros de este país no fueran evidentes para un comerciante como yo. — Solo era una idea, no tienes que ponerte así de intenso. — Tus ideas son algo inútiles, tengo prisa, pero no estoy loco. — escucho los gritos, más semejantes a bramidos de furia, salían de un hombre pelirrojo, alto y de semblante arrugado, su irritación no era negable. — Dime que ese tipo quiere salir de este lugar. — se mentalizo el adolorido jovencito mientras se acercaba lentamente. — Entiendo… paga con esto. — Excelente, porque ya puse varios anuncios por la capital. — y una bolsa paso discretamente entre la mano de los hombres, siendo consciente el jovencito de que aquello se trataba de una buena cantidad de bienes capitales.

Sin saber el más mínimo detalle de en qué se inmiscuía Itazura se aproximó hasta hallarse a escasos metros del irritado pelirrojo. — Buenas tardes. — comento con disimulado buen trato. Todo el camino que había recorrido lo paso sosteniendo su brazo izquierdo, dado que le preocupaba que estuviese aun afectado por los fuertes analgésicos, ahora tuvo que soltarlo para interpretar que no era un problema aquellos vendajes a simple vista. — ¿Qué quieres? No tengo dinero. — Maldito desgraciado ¿Tengo acaso cara de vagabundo? — las ganas que contenía el joven de golpear su arrugado rostro no entraban en lo que sería normal, se detuvo razonando el no poder, por más de un buen motivo. — ¿Entonces a que vienes? — Oh, solo vengo a proponerle mis servicios para la tarea. — ¿Entonces me escoltaras al país de la hierba? — Así es, señor. — el semblante de ambos era como sosteniendo una actitud fuera de la habitual, ambos trataban de no ser tan desalmados como su naturaleza les pedía.

— De acuerdo, escúchame bien, te pagare 1300R si todo lo que ves… — dejo una pausa y golpeo un par de veces con la palma abierta la carreta posada a su lado derecho. — Aquí llega completamente intacto a la frontera ¿Entiendes lo que te digo? — el ahora también irritado shinobi asintió lentamente. — Espera ¿Esas heridas? ¿Estas lastimado acaso? — se había percatado con un retraso casi comparable a alguien con disfunción cerebral, desde que lo menciono no dejo de verlas mientras hablaba de ello. — ¿Acaso sabes que lo que te estoy pidiendo es serio? — No es nada grave, puedo funcionar plenamente como estoy. — Mas te vale o no te pagare nada en absoluto. — ¿Cuándo partimos? — Esperaremos unos minutos, quizá alguno más se preste para la labor. — el hombre parecía inconforme con lo que suponía podría aportar el rubio, al mismo tiempo el Senju estaba algo decepcionado de tener que siquiera esperar, pero lo hizo, se acomodó recostado de la carreta y espero que alguien más llegara y el avanzar empezase pronto, para seguirlo.


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Re: {C} People, places and wounds to deal. | Shogel

Mensaje por Shogel el Lun 12 Dic - 19:10

Incluso los hombres más fuertes tienen miedo... —Una pequeña risa macabra salió de su boca.

La oscuridad predominaba como en su interior, pero él podía ver más allá de eso, estaba acostumbrado. ¿iluminadas manchas de dolor en sus ojos quizás? La impulsiva cruzada que dirigía hacia no sabía quién desgarraba más su piel, su espíritu y su corazón. Años y años manteniendo su anonimato ante una organización tan poderosa como una aldea misma, años escapando de una lucha que escapaba de su entendimiento. Y ahora le traía a este sombrío lugar, un país que no hace otra cosa más que alimentar con fuego la ya intensa llama de sus propios demonios. Una vez más sus ojos se enfocaban allí y ver: frente suyo se encontraba la desesperación. Conocía aquella mirada desalmada y asustada del sujeto que sollozaba y gemía del dolor, los grilletes forzaban aquellos pequeños gritos de desesperación. El deforme le observaba tras las grietas de su particular mascara, sin una palabra.

¡No conozco donde vive ese tipo! ¡Ya te lo dije! —Menciono entre lágrimas. Sus ojos miraban el suelo, temblequeando.

El espantapájaros produjo un profundo suspiro, esta vez bajo la mirada aún más hacia el suelo. Golpeo la parte inferior del bastón contra el suelo y se levantó de un tirón, su altura le produjo escozor en su invitado, quien alzo la vista solo para contemplar a alguien que ya conocía desde antes de su “brusco” cambio. Incluso en la oscuridad, se podía observar las distintas lastimaduras de Shogel, pero incluso mayores temores daban sus ojos amarillos que no eran para nada una luz de esperanza en el limbo. El flacucho sonrió de oreja a oreja, llevo su dedo índice hasta su otra mano y con su uña tan afilada como una pequeña navaja corto parte de su palma. Estampo su palma en la boca del sujeto, este no pudo evitar sentir la sangre correr por su garganta, un grave error. El lúgubre escenario se convirtió en pesadilla, a los segundos los gritos comenzaron a tomar protagonismo en el encadenado sujeto que se movía sin importar lo apretados que estaban los grilletes, parecía no creer lo que estaba viendo. ¿Una joven niña siendo asesinada? ¿Era su nieta? Las suplicas parecían confirmarlo.

¡Esta en el país del fuego! ¡Está aquí! ¡Por favor no me mates! ¡Yo que tú lo dejaba Tenma, yo que tú lo dejaba!

Shogel aun con su risa espantosa se acercó al sujeto y lo tomo de los hombros. Sus ojos afilados mostraban el odio a los creadores de un monstruo. Acerco su kunai a la garganta del tipo, que ya estaba orinado del miedo. Acerco su boca al oído del ya deplorable sujeto.

Hay cosas que no se pueden dejar…

Solo pudo escucharse un pequeño grito de dolor, y nada más.

El espantapájaros salió de aquel viejo sótano, el calor se hacía presente cada vez más en la zona. alzo su mirada hacia el cielo, reluciente como siempre pensaba muy posiblemente. Su cuerpo estaba en su totalidad escondido por una túnica de color negra, una capucha que alcanzaba a tapar la mayor parte de su cabeza. Su figura encorvada le hacía parecer incluso un viejo de baja estatura, débil y con su bastón en mano no le daban un año de vida más. Se encamino por el sendero que atravesaba el bosque y las afueras del pueblo, aquella cabaña que dejaba a sus espaldas había sido su guarida por un tiempo, hasta concluir su búsqueda; lo bueno de esta era que mantenía un sótano donde podía interrogar a sus enemigos con facilidad, sin un ruido que se escapara más allá de la propia cabaña.

Con tranquilidad paseo por la aldea, sus oídos estaban encendidos en busca de algún tipo de rumor que le ayudara a encontrar al muchacho. Se encontraba en el País del Fuego hace ya un mes casi, su búsqueda no concluía en satisfacción y ni siquiera se acercaba a ello, le estaba costando horrores encontrar a Kazuo, su destino. Sentía que alguna vez estuvo en el país, pero no podía recordar. Solo se le vino a la mente la clase de experimentos que podrían haberle hecho en su cabeza para que dejara de recordar las cosas que hizo antes de ser atrapado por los alquimistas. Ahora y por suerte había conseguido dar con uno que le confirmara la existencia del niño y su paradero. Sus pensamientos se aislaron cuando paro la oreja de nuevo, miro a sus doce y allí podía ver quizás la típica charla que todo el mundo podría tener en las calles, pero eso no era lo que le había llamado su atención, sino las heridas del joven que se encontraba parado frente a dos sujetos no muy agradables. No pudo evitar escuchar la conversación entre dos adultos muy engreídos y un muchacho. Dirigió su mirada hacia allí y se les acerco. Alzo el bastón y le dio unos golpecitos al brazo del muchacho.

Son heridas tratables. ¿Juzga a una persona por esto? Hhm… si su petición fuera tan seria, no estaría contratando a un joven con heridas en sus brazos. No, no. —Dio una vuelta examinando el carruaje que transportaba las mercancías de los preocupados señores—. Tu seria mercancía a la frontera llegara, por buen dinero claro.

El pelirrojo parecía no entender nada en absoluto por unos instantes, pero recobro la mente le volvió en si cuando escucho al viejo que les iba a acompañar.

¿Un anciano como tu acompañándonos? ¡Si quieres traslado tienes las carretas de viaje, lo mío no es un transporte viejo!

No le busque más vueltas al asunto, estimado. Al muchacho por sus heridas lo juzga y por la edad a mí. En estos tiempos tan duros no se le puede dar el lujo de contratar jóvenes esbeltos equivalentes a un jounnin. Y si fuera así, ¿Qué le garantiza que ellos cumplan la misión? —El anciano movió la testa de un lado a otro—. Hoy en día las personas piden mucho pero poco dan. Estoy seguro que con nosotros dos basta y sobra. ¿O no? —Miro de reojo al joven—. Manos a la obra.

Ahh… eh… está bien está bien. —Pronuncio en un tono confundido—. ¡Pero no me fallen! ¡Si eso sucede los voy a joder a ambos!

Como usted diga. —Menciono el esquelético anciano a la vez que reverenciaba agachando su cabeza. Tras ello de un pequeño salto se subió a la parte trasera del carruaje, sentó el traste en un rinconcito y apoyo ambas manos sobre su bastón.
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