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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Infancia dura (pasado/entrenamiento)

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Infancia dura (pasado/entrenamiento)

Mensaje por Uchiha Itsuki el Vie Dic 23, 2016 7:20 am



Era la cuarta semana que su padre lo levantaba temprano para ir al bosque a entrenar. Todos los días, cuando el sol salía, sin falta, su papá le tiraba sus ropas de entrenamiento por la cabeza para despertarlo. — No es justo, debemos quedarnos con mamá. Debemos cuidarla — decía Itsuki todos los días. El niño buscaba proteger a su madre que estaba postrada en la cama por culpa de una enfermedad desconocida. Los síntomas iban desde náuseas hasta vómitos con sangre, pasando desde levantar altas temperaturas hasta morir de frío aunque el día estuviese lindo y el sol quemara a más no poder. Varios doctores habían visitado su casa, pero ninguno había podido dar con la cura correcta. Algunos días eran mejores que otros, pero la cosa iba empeorando semana tras semana.

No. Toma tus shurikens y partamos — la respuesta era siempre la misma. Su padre, un hombre robusto, atlético y de buen porte, era la basura más grande que conocía. El odio  hacía su progenitor era cada vez mayor. Incluso pensaba en asesinarlo algún día cuando durmiera, pero era él quién traía a los doctores y las medicinas extrañas que "ayudaban" a su mamá. Ella estaba de acuerdo que se fueran. Quería que su hijo entrenase, que se convirtiera en un gran ninja y tuviese un futuro próspero y duradero. Sus ojos se llenaban de esperanza al ver  Itsuki. Era el único momento en que se podía ver brillo en sus orbes oscuras... después solo eran dos huecos sin vida, los mismos ojos de un asesino esperando la guillotina.

Las discusiones entre padre e hijo era cada vez más fuerte. Alguna que otra vez volaba un kunai o un shuriken, pero nunca daba en el blanco. Por suerte para Itsuki.
El camino hacia el gran claro rodeado de árboles donde entrenaban estaba muy lejos de su hogar. Tardaban dos horas sólo en ir. Pasaban todo el día allí, aunque en momentos Itsuki quedaba solo, entrenando, mientras su padre volvía a ver el estado de su mujer. Era rápido... muy rápido, y sólo tardaba una hora en ir y volver.

Los días anteriores eran el entrenamiento para ese día. Se suponía que tenía que hacer una prueba de cada una de las cosas que estaba entrenando hasta ese momento. Él sabía que su único fuerte en ese momento era el ninjutsu. Desde pequeño; era algo innato. Deseaba con fervor ser bueno en todos los tipos de artes marciales y poder adquirir técnicas de otros ninjas. Su padre le había enseñado que su ojo, una vez que despertara su Sharingan, era capaz de copiar técnicas de otros shinobis  si prestaba la suficiente atención y observaba con detalle cada movimiento y canalización de chakra. Desde entonces era lo único que en el fondo de su corazón lo motivaba para ir a esos entrenamientos constantes, de desgaste... inhumanos. Cualquier otro chico de su edad -diez- seguramente caería desvanecido luego de una hora o dos de mantener el ritmo que su padre proponía. Eso lo sabía, a pesar de no ser el mejor tirando shurikens o haciendolos chocar para atacar diferentes flancos a la vez. Aquello le encantaba, pero todavía no era capaz de hacerlo. Ni una sola vez.
Eran objetos sin movilidad. Pedazos de troncos o bolsas que su padre llevaba y las colgaba de las ramas de los árboles que circundaban el gran claro donde entrenaban. También había días donde tenía que apuntarle a su papá, pero jamás estaba lo suficientemente cerca como para entusiasmarse por el progreso.

Si algo caracterizaba a su progenitor era la dureza y la maldad, por lo que errar no era una opción. Al menos si no quería hacer cien flexiones de brazos o cincuenta abdominales trepado en el árbol por haber errado algo sencillo. « ¿Qué es lo que habrá hecho mi abuelo para crear semejante monstruo? » pensaba relativamente continuo. Según los dichos de su madre, ya que a su padre no le gustaba hablar de ello, su abuelo había fallecido en una misión. Asesinado por un misterioso hombre que jamás pudieron encontrar. Su deducción era que lo maltrataba, o lo trababa de la misma manera que su padre lo hacía con él. No era coincidencia que su padre fuese tan buen ninja y buscara lo mismo para él. Probablemente su entrenamiento fuese igual que el que ahora padecía con tanto rigor.

El día estaba soleado. Era verano, y todos eran, con un poco o menos intensidad, igual de calurosos que aquel. No era necesario contar que probablemente ellos dos eran los únicos en, no sólo su feudo, sino su país, que estaban entrenando en un día cómo aquel. Además no había necesidad. Todo estaba tranquilo y calmado entre los feudos o al menos era lo que se cotilleaba en las capitales. — Comenzaremos con lanzamiento de shuriken. Quiero que intentes hacer que se choquen entre sí en el aire y den a dos blancos en el mismo disparo — la misma consigna que los días anteriores. Al parecer le iba a dar una pequeña ventaja, una chance más para practicar antes del "examen".

Los troncos estaban ubicados a tres metros entre sí. No eran ni la mitad de alto que un árbol estandar y su ancho no superaba el metro y medio. Su madera estaba marcada, mostrando que si bien no era el mejor, a veces lograba dar en el blanco. Tomó dos shurikens con la misma mano. La técnica estaba en lanzarlos mínimamente uno encima del otro, con cierta curvatura para que en una cierta distancia luego del lanzamiento, sus puntas chocaran, saliendo uno para cada tronco. Así, su padre, había asesinado a muchísimas personas.
No sólo ninjas. Tuve que acabar con varios políticos de bajo rango y con personas que atentaban a nuestra familia. Tuve muchos enemigos... no poderosos, pero sí lo suficiente como para ser una amenaza — siempre contaba sus historias con mucha pasión, y siempre terminaba mostrandole la técnica con la que hacía los trabajos. El secreto estaba en el giro de la muñeca.

**

Estaba anocheciendo y sus muñecas estaban hinchadas, marcadas y doloridas. Rojas, del mismo color que las llamas que devoraban el tronco del medio, con el único fin de iluminar los pocos minutos que quedaban  de entrenamiento. Había contado acerca de ciento cincuenta disparos. Solamente diez habían dado en su lugar. Tanto fue el fastidio de su padre que a veces lo alternaba con ejercicios de ninjutsu, sólo para sacarse el enojo y no matar a su hijo en un estado de cólera, puesto que sabía que Itsuki era bueno para el Katon. Varias veces hubo principios de incendios, pero su padre conocía diferentes técnicas Suiton viables para contener el fuego creado por las técnicas.

Ya está por anochecer completamente. ¿Nos vamos? — el final de su pregunta fue el preludio de una risa espantosamente alborotada y exagerada, cargada de sarcasmo y abuso de poder. Itsuki quedó atónito ante la respuesta de su padre, quién le señalo un árbol. El más grande del lugar.

Volveré a cuidar a tu madre. Tú, mocoso, te quedarás acá. Puedes usar ese árbol para dormir.. seguro tiene alguna rama fuerte que te pueda sostener. Aunque yo te recomiendo que entrenes. O mañana dejaré una marca que jamás olvidarás... — la desaparición de su cuerpo generó una leve brisa y que los pastos donde estaba parado se quemaran un poco. Al parecer no se trataba de una broma. El Shunshin no jutsu era la vía más rápida con la que su padre podía volver a su hogar y el Uchiha estaba seguro de que eso era lo que había sucedido.

¿Entrenar o dormir? Todavía quedaba tiempo de luz; el tronco todavía estaba lejos de consumirse completamente. Resopló, junto fuerzas y recogió del suelo y de los pedazos de árboles las estrellas metálicas que había clavado o dejado en el suelo. Ya casi no sentía su muñeca, pero su orgullo era más. Tenía que demostrarle al demonio de su padre que era mejor que él, que lo iba a superar y que algún día iba a tener que temerle y respetarlo.
Sin presión parecía estar mejor. De la hora que tuvo antes de que la madera quedara calcinada completamente, todos sus disparos dieron en el blanco. Cada vez que acercataba, apretaba sus puños con fuerza y pensaba en su madre.
La luz era escasa a pesar del fuego, pero las ganas de demostrarle a los demás de qué estaba hecho, eran más fuertes que las escasas condiciones que el campo de entrenamiento le brindaba. Aquello, sumado al estado deprorable en el que se encontraban sus manos tras estar todo el día realizando el mismo ejercicio con intensidad.

Trepó el árbol que su padre le había señalado, buscando el refugio que le fue sugerido. Por suerte, más que una leve brisa que molestaba de a ratos, no existía ningún tipo de molestia. Luego de un rato de mirar las estrellas entre las ramas de su nueva "cama", cerró los ojos, entregandose al sueño pesado que lo caracterizaba. No le gustaba dormirse tan fácilmente, pero en esa ocasión era una bendición. No cualquiera sería capaz de dormir a cinco metros de altura en una rama de dos metros de anchos, con una pata colgando de cada lado.

**

El clásico ruido de un shuriken clavandose en la madera fue lo que lo despertó. Al abrir los ojos casi cayó al suelo del susto. La estrella metálica se encontraba a menos de medio metro de su cabeza, y su padre estaba parado abajo del árbol. Sin dudas había sido él. No se molestó en decir nada, ya lo conocía y sabía sus métodos poco ortodoxos para hacer las cosas. Concentró su chakra en los pies y comenzó el descenso por el tronco del inmenso árbol. Al llegar abajo, no tuvo tiempo de saludar que su padre ya empezaba a regañarlo:

Espero que hayas entrenado. Te di más tiempo porque no quería que pasaras verguenza. Tu madre te envía saludos. Ahora, muéstrame lo que has progresado. Y déjame decirte algo... si no das al menos diez conexiones entre los shurikens, te daré de lleno un puñetazo en la cara — su madre no lo hubiese dejado hacer algo así. Probablemente mentiría diciendo que por una desconcentración terminó en el piso, cayendo de bruces. El Uchiha suspiró, confiado en que la suerte lo acompañaría y la presión se iría como la noche anterior, cuando su padre desapareció.

Tenía veinte intentos, de los cuales debía dar la mitad en el blanco. Un cincuenta por ciento de efectividad era la necesaria para aprobar la prueba de su padre. No quería el puñetazo en la cara. No quería mentirle a su madre para no generar problemas entre ella y su progenitor. Todo dependía de su habilidad y de su resistencia. La muñeca le zumbaba, la sangre corría con más dificultad por esa zona culpa de la hinchazón, dificultando aún más los lanzamientos. Pero eso no le importaba en lo absoluto al "profesor", que se mantenía parado detrás de él, observandolo atentamente.

« Te sorprenderé » los dos primeros shurikens volaron... pero jamás llegaron a tocarse. Una leve risa hizo eco en sus oídos trás el lanzamiento. Luego de tomar aire, procedió a continuar y lanzar otra vez. En esta oportunidad las estrellas se chocaron e impactaron en el centro de cada tronco correspondiente. Y así con todos los disparos siguientes. Cada vez que uno daba en el blanco, se imaginaba a su madre sonriendo y saltando de la alegría. Extrañaba verla así, con ganas de vivir, sin tener que vomitar por dar uno o dos pasos.

Me has sorprendido, pero no es nada de otro mundo lo que lograste. Te empujo a tus límites para que aprendas rápido y te queden enseñanzas más allá de lo que estas haciendo concretamente. Te espero en casa — y una vez más, desapareció. Inmediatamente el Uchiha río y sonrió de oreja a oreja, feliz por haberle demostrado a su padre por primera vez de qué estaba hecho y cuál era su potencial, por más fácil que fuese el ejercicio que le había encomendado.

Tras festejar, rápidamente realizó el Shunshin no jutsu las veces que pudo antes de quedarse sin chakra, acercándose lo más que pudo a su casa. Le tocaría caminar bastante todavía para poder abrazar a su madre y contarle lo que logró en su ausencia, pero valía la pena. Ese era tan sólo el comienzo...

Uchiha Itsuki
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