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Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Mensaje por Noboru el Dom Feb 12, 2017 5:37 pm

Misión:
Misión de rango C: A red thread

Lugar de la misión: País de la Tierra || Cordón del Norte
Tipo de misión: Misiones Varias.
Descripción de la misión: En las cordilleras al norte del País de la Tierra, la leyenda del hilo rojo parece haberse vuelto cierta... hasta cierto punto. Muchas personas se han despertado, de buenas a primeras, unidas a un cordón rojo cuya longitud es inimaginable, suficiente como para cruzar hacia la otra cara de las montañas. Y desde luego no se trata de hilo normal, pues todas las herramientas que han tratado de usar para cortarlo han terminado destrozadas, incluídas tijeras de podar y hoces del campo.

Asustados por este hecho, han solicitado por carta la ayuda de un ninja a la capital y esta, dado el alto estado de ocupación de los ninjas autóctonos, además de lo peligrosa que resulta la zona per se, ha decidido delegar la tarea en los mercenarios que vienen y van, las espadas de alquiler entre las que, por el momento, se encuentra inscrito tu nombre.

La tarea es tan sencilla como peligrosa: Ver hacia dónde conduce el hilo y, en caso de resultar una amenaza, eliminarlo.

Recompensa de la misión: 1.200 ryus c/u
Extensión mínima de la misión: 80 líneas c/u
Recordatorio: Los genins deben realizar las misiones de rango C como mínimo en grupos de dos.

Cuenta la leyenda que existe un hilo rojo que une a cada persona con otra desde su nacimiento, y los individuos en cada extremo están destinadas a conocerse. Este hilo es indestructible e infinito en tiempo y en longitud. Este bello cuento sobre el destino y, quizás, el amor, resulta excepcionalmente encantador para muchos, especialmente para quienes se interesan en un romance ideal. ¿Acaso Noboru cree en esta? Ni siquiera se ha molestado en preguntarse eso. Su amplia gama de conocimientos y su concentración en la realidad lo han desprendido del espiritualismo, al cual respeta, pero no sigue fervientemente, algo ciertamente extraño para un natal del País de la Luna. Sin embargo, ateo no es, y sabe disimular muy bien, por lo que jamás será perseguido por una patrulla de monjes encolerizados como si fuese un hereje, al menos no en una circunstancia controlada. Y, bien, ¿por qué se haría mención a esta historia maravillosa? Quizás sea un tanto difícil de creer, pero la realidad es inclemente, clara y precisa al respecto. Una cantidad impresionante y considerable de hombres y mujeres han despertado con un hilo rojo atado a ellos, el cual cuenta con cualidades extraordinarias y aparente indestructibilidad, al menos para las herramientas comunes. Campesinos, canteros, mineros, entre otros, han solicitado la ayuda de algún ninja que se atreva a cruzar los peligrosos montes y averiguar hasta dónde llega esta fibra, cuyo largo no se puede calcular a simple vista.

En búsqueda de fondos, el joven de pomposas ropas y cabello castaño debió aceptar este recado, que estaba marginado debido a lo aterrador que resulta para los lugareños. ¿Y cómo no sería así? Los habitantes locales han aprendido a temer lo que hay más allá. Es evidente y predecible, los humanos suelen tener miedo de lo desconocido. La paga era modesta, aunque bastante mayor a otras misiones, pero el enigma despertó en la mentalidad de erudito del mercenario una curiosidad creciente. Sus dudas se fueron saldando. ¿La recompensa? Aceptable. ¿El peligro? Aparentemente alto, pero no es lo más destructor de existencia del mundo conocido, sin duda. ¿El tiempo? Le sobraba. Lo único que le incomodaba es su falta de experiencia de combate. Para su rango, su ninjutsu es prodigioso, pero es bastante pobre en todo lo demás. Sus habilidades cuerpo a cuerpo son precarias, su resistencia no es nada sorprendente, y su velocidad, más bien decente. Si es que hubiese una amenaza a combatir, y sobreviviese, aprendería de una manera que no puede obtenerse quemando troncos con su Elemento Fuego o confeccionando vestidos de alta calidad con su Elemento Tela. Finalmente aceptó el contrato, firmando con finura y elegancia. Le aliviaba la carga que tendría compañeros que le ayudarían en el cometido. Mientras no fuesen torpes, contasen con habilidades básicas y cierto sentido táctico, se sentiría bien. ¿Era posible que poseyesen una mayor aptitud de guerrero que él? Por supuesto, y lo debía aceptar a regañadientes. Es orgulloso, pero no necio.

Dejó una petición, que parecía orden, en la oficina que despachó el trabajo, para que así le avisasen encarecidamente a los otros 'shinobis' el punto de encuentro. Este sería en el hogar de un agricultor humilde, casado y con dos hijos, que debía ejecutar un cultivo por terrazas para maximizar el uso del agua y, por supuesto, adaptarse al terreno. Sus ropas estaban desgastadas, aunque más o menos limpias, demostrando su pobreza. Su piel se encontraba curtida, ya estaba entrando en años, con una larga barba y un sombrero descolorido para protegerle del sol. Temblaba ligeramente al caminar debido a alguna especie de reumatismo, aunque su cuerpo sin duda es bastante muscular. — ¿Es usted el ninja? — Le preguntaron al mercenario al llegar a la ubicación inicial. — ¡Ayúdeme, no puedo cortar este hilo! — Tal como vacilaba al moverse hacia su esperanza encarnada, su actitud resultaba nerviosa y espantada. El misterio le carcomía, y no deseaba estar el resto de su vida enlazado a la cuerda de un desconocido. Por ello, hablaba con histeria. Esto no le cayó bien al visitante, quien, si bien entendía las razones detrás de esos gestos, no los apoyaba, así que con rostro severo se dirigió al marido, cuya esposa, con un sencillo vestido con un diseño de flores apagadas y un inusual y apreciable cabello rubio, no demasiado sucio, ya estaba saliendo de la casa para apoyar a su pareja. — Lo lamento, pero no estoy aquí precisamente para cortarlo. Sin embargo, apenas lleguen mis compañeros, seguiré el hilo y llegaré al fondo del asunto, así reconociendo su procedencia y pudiendo resolver el problema de raíz. — Los afectados no se veían del todo satisfechos, pero solamente les quedaba aceptar lo que el gobierno les ofrecía. El dueño de casa simplemente se fue a sentar en un taburete, con su amada abrazándole para calmarlo. Desde su tobillo derecho sobresalía un largo cordón rojo que se perdía en la cordillera.

Noboru esperaría parado, erguido en todo su generoso tamaño, resaltado por su exótico sombrero. No sería difícil encontrar esta zona, ya que estaba más bien aislada de otros asentamientos y su principal residente era famoso entre los campesinos debido a su generosidad, aunque siempre fue reconocido por su nerviosismo.

Off-Rol:
Bueno, por ahora llevo unas 58 líneas completas, si ponemos todo junto para rellenar esas líneas incompletas.
Creo que esta misión da para bastante, así que aprovechemos a farmear unos stats. (?)


Última edición por Noboru el Jue Feb 16, 2017 7:10 pm, editado 2 veces
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Lian Shinru el Dom Feb 12, 2017 7:34 pm




Una misión peligrosa, y el recado lo había recibido ella, mejor dicho su madre. Lo lamentaba por el pobre tipo que se lo dio, pues salió sacudido y con promesas de que Lian asesinaría a todo lo que se interpusiera en la paz del país. Lo cierto era que al leer de manera más cuidadosa la información se interesó de inmediato en la arriesgada apuesta que se daba fuera de la seguridad de las fortificaciones. ¡Un hilo y gente atada a él! ¿No era un misterio digno de resolver? Pues para allá iría sin dudar, necesitaba llegar al fondo de todo o no podría dormirse en paz. Así partió con rumbo a la dirección señalada, luego de salir de lo más poblado del país, llegó a lo que sería una pequeña aldea, esa donde el caos se sentía en el aire. ¿La causa de todo? Lo especificaba en la petición, pero resultaba gracioso pensar en la razón, sí, un misterioso hilo que estaba uniendo a las personas. Quien estuviera detrás de ese asunto tenía una mente curiosa, necesitaba deducir de quien se trataba antes de acabar con el asunto,  ¡Estaba decidida a ello!

Su llegada significó ver al afectado sentado, lucía un tanto afectado por la situación… Pero en vez de poner más  detalle a él, se enfocó en lo que conectaba a su tobillo. ¿Vio a alguien más? ¿Le importó saludar? ¡Nada de eso! Estaba bastante enfocada en tomar el hilo por mucho que le estuvieran hablando.  No se veía raro, no, por eso comenzó a formularse una serie de preguntas que efectuaría una vez estuviera de pie. Al fin puso atención a su alrededor, mirando a ese chico que era por mucho más grande que ella. ¿Sería uno de sus compañeros? Momento que se quedó mirándolo, lo estaba analizando también. No se veía de la zona, ponía en duda que perteneciera al país de la Tierra por su vestimenta. La marca en su cara le decía algo más, era parte de… ¿Una organización, probablemente? Aunque también existía la posibilidad de que fuera por su clan. Dejó pasar sus pensamientos para ponerse frente a él.

Lian, mi nombre es Lian. ―Y dicho, se dirigió a la pareja que se ubicaba en el centro del conflicto ignorando si había respuesta o no. Tenía muchas preguntas que hacer, demasiadas como para ser ciertas―Un hilo rojo, eh. Bastante romántico…. ¿Retorcido? Quizás. Su propósito pueden ser tantos que me llena de intriga.

Analizando siguió, dejando el hilo en paz para mirar mucho más allá, donde el rastro se perdía. Lo mejor sería ir por ello de inmediato, pero si sus cálculos no estaban mal, debían esperar a una tercera persona ahí. Sacudió su ropa usual para dirigirse a la pareja. No quería ser imprudente, pero las ansias de saber lo preciso la superaban.

Le ayudaremos, señor. No se preocupe, pero necesito que responda todo lo que voy a preguntarle una vez mi otro compañero de misión llegue aquí, ¿Le parece bien? Tanto usted como yo queremos saber qué significa todo esto.

Tenía sospechas, pero todas le hacían gritar internamente, chillar de la emoción. No es que se alegrara de la desgracia ajena, para nada, ¡Pero ver algo así de inusual! Si, debía aprovechar la oportunidad que se le era proporcionada. ¿Faltaría mucho para que su compañero restante llegara? Esperaba que no o intentaría morder la causa del problema esperando que algo peculiar pasara, ¡Había muchas posibilidades! E iría por todas de ser posible.
Lian Shinru
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Dom Feb 12, 2017 11:49 pm


A más tiempo pasaba en el coloso de las montañas, más se le encrespaba el humor a Takao. Empezaba a tomárselo como una broma cruel del destino, quien, quizá para reírse, o tal vez por puro aburrimiento, había decidido atascarlo en ese enorme país, lejos de las respuestas que tanto ansiaba. Por lo menos podía sacar algo bueno de todo aquello, y era lo mucho que estaba dedicando, de manera indirecta, a templar su paciencia para no marcharse sin más. La necesidad imperiosa de seguir su código de honor pesaba muchísimo más que sus ansias de verdad.

¿Tienes clara cuál es tu tarea? ― Inquirió una voz desde el fondo del barracón. Un hombre sentado tras un escritorio largo, llego de pergaminos sellados y con diferentes letras escritas en sus lomos, era el origen de dicha voz. Si el samurái tenía aspecto de estar quemado por dentro, lo de ese hombre ya era otro nivel: sólo quedaban las cenizas de un incendio que lo había devastado por dentro, reduciéndolo a una sombra de lo que, tal vez, un día fuese.

Sí. Encontrar el origen de ese hilo rojo y, si es el que todos sospechan, acabar con él. Después seré libre para irme donde me plazca. ― contestó él. La única respuesta de vuelta fue un asentimiento de cabeza, tan ligero que incluso dudó haberlo presenciado en primera instancia.

En los últimos minutos que pasó en el barracón, se aseguró de atar bien el obi, descargando sobre el nudo grueso del mismo una parte importante de su rabia. Y es que no estaba allí por coincidencia, sino por haberse enfrentado a la guardia unos días antes; dudaba, por supuesto que lo hacía, de la justicia de esa sentencia tan desfavorable para él, que lo condenaba a cumplir tareas para el País de la Tierra hasta haber saldado su deuda con este, pero sin embargo era mejor que la cárcel, de donde, ahora, carecía de motivos firmes para fugarse y perdería mucho más el tiempo entre cuatro paredes enrejadas.

El viaje por fin comenzaba. Lo lanzaba justo en dirección contraria a su objetivo, pero a la vez encaminaba sus pasos un poco más cerca de su marcha del gigantesco vecino yermo y gris.

Una travesía nada sencilla culminaría con la tan ansiada llegada al pueblo de las montañas. Tan alejado como estaba, ni siquiera los habitantes de esa pequeña aldea, cubierta por una fina capa de nieve incluso en verano y con apenas unas cuantas casas y familias para poblarlo, se encontraban en disposición de huir de los problemas. Nada más llegar, notó las miradas recaer sobre él como si fuese alguna especie de salvador o mesías; de los pocos vecinos que se atrevían a vagar por las calles, tratando de hacer caso omiso de los hilos rojos atados a diferentes partes de su cuerpo, ninguno ponía siquiera el más mínimo esmero en disimular su interés por la espada del espadachín forastero. La contemplaban como se contempla a la lluvia tras la sequía, o a una mujer después de la guerra: ansiosos, desesperados y con gran esfuerzo para no lanzarse a por ella de cabeza.

De entre todas las personas que de repente estaban mirándolo, una anciana fue la única capaz de acercarse a él. Los cabellos canos de la mujer caían, en cascadas de plata, desprendiéndose de un tocado mal colocado y le cubrían parcialmente el rostro a medida que se acercaba a su propio ritmo, lento pero seguro. Por la cantidad de arrugas en su rostro, unido a cómo le colgaba y temblaba la piel de la papada al moverse, podían intuirse la cantidad de años que le habían caído encima a la señora; había vivido suficiente, sufrido más de lo que muchos pudiesen imaginar -bastaba, para darse cuenta, una mirada al lago profundo del azul de sus ojos-, pero todavía quería arañarle unos años más a la vida antes de entregarse a la muerte, y se negaba a que ese tiempo extra tuviese que vivirlo con el miedo a un cordón atado a su muñeca. Bastante miedo había pasado ya en su juventud, como para aguantarlo de nuevo en la vejez.

¿Has venido a liberarnos de este cordel, hijo? Nosotros ya lo hemos intentado con nuestras herramientas, e incluso mi hijo ha destrozado su espada.

A eso he venido, señora. Pero mi espada no conocerá el hilo de su muñeca. A mí se me ha enviado a investigar el origen.

Entonces debes ser a quienes andan esperando los otros dos jóvenes que han llegado esta mañana. Ven, te llevaré con ellos.

Guiado de la mano de la mujer, el samurái llegó hasta la zona donde otras dos personas más conversaban. O mejor dicho, una de ellas hablaba mientras la otra, más alta y de apariencia más adulta, además de ropas extrañas incluso para el samurái vestido de forma tradicional, se limitaba a escuchar por el momento.
En tanto la anciana se marchó, no sin antes rogarle apremio en su empresa, el samurái se acercó a las dos figuras. Desde la distancia no la había reconocido, así que cuando su mirada de arcilla rojiza se cruzó de nuevo con la chica del puerto, su instinto le dijo qué hacer: Retrocede. Un paso atrás, repentino e inesperado, que no tardó en corregir para acercarse, daba una idea de la opinión del samurái sobre esa chiquilla en concreto. La consideraba una fuente inagotable de problemas, más allá de sus habilidades con los elementos, y tenerla tan cerca en una misión importante hacía que todo su ser fuese invadido por una corriente eléctrica desde la nuca hasta la base de la columna.

Bienhallados, compañeros. Mi nombre es Hitoshi, de apellido Takao. Vengo de parte de la guardia de Ba Sing Se, la ciudad portuaria, para encontrar respuestas al misterio de este hilo rojo que de la nada ha decidido aparecer para atar a la gente de este emplazamiento. ¿Contamos ya con alguna información además de la dada por nuestro contratista? ― Tan directo como formal, la presentación del samurái buscaba tener lo necesario para no dar lugar a dudas. Su propio aspecto, con el traje tradicional de los espadachines y la tachi colgando una cuerda atada al obi, decía todo lo que sus labios habían callado por el momento.
Takao Hitoshi
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Noboru el Lun Feb 13, 2017 1:49 am


El sol del mediodía iluminaba el paisaje alpino de un modo que resultaba ciertamente artístico, y hacía resaltar el tono dorado de la tela de la extravagante vestimenta del primer llegado de la escuadra de reconocimiento. Poco a poco fueron llegando sus compañeros. Secundando la fila, una joven de facciones tan elegantes como enigmáticas y ropajes más bien austeros aparentaba cierta falta de ganas por entablar conversaciones. Observándola desde arriba con sus brillantes orbes auríferas, el ex alumno de monjes del País de la Luna contaba los segundos que esta tardaba en saludarle. Cuando esta por fin se dignó a presentarse, habiendo acumulado un número no menor de tiempo en la cabeza de su analista, este simplemente asintió con una mueca hecha a medias, una especie de sonrisa.

Eventualmente la doncella, la cual podría llegarse a considerar atractiva o interesante bajo estándares no muy exigentes, los propios del pueblo en general, comenzó a charlar con quien padecía de esta extraña pesadilla en vida, tomando ciertos aires de investigadora. Noboru estaba detrás de esta, a una distancia segura, como un espectador pasivo y silencioso, escondiendo sus manos entre las amplias mangas de su vestidura, delante de su regazo, recordando la postura de algún anciano sabio de estereotipo. ¿Por qué tanto silencio? ¿No estaba actuando de forma sospechosa? Al menos sabía actuar bien, acostumbrado a lo riguroso del día a día en los templos, por lo cual no parecía estar muy fuera de lugar. Todo en él se veía natural en su ubicación, casi como si fuese otro elemento más del paisaje y ya.

Por fin notó de reojo un par de figuras, por lo que giró su cuello para recibir en su totalidad la imagen. Una anciana intercambiaba unas últimas palabras con un adolescente, que se veía como un individuo adepto a la batalla y preparado para esta en todo momento. Cuando este se aproximó, el callado caballero elevó el mentón, sorprendido por el largo de su espada y la decoración de buen gusto de la vaina. Le provocaba cierta emoción el poder verla en acción en algún momento, pero nada extremo o infantil. Pronto dejó de lado ese pensamiento.

Recibido quien completaría el equipo de tres, cosa que no preguntó porque lo consideraba una obviedad, quien conversaba con mayor etiqueta y calidad extrovertida, el más alto del trío se inclinó brevemente antes de continuar erguido, hablando tranquilamente, con relativa cordialidad. ― Buenas tardes, compañeros. Lamento no presentarme antes, mi nombre es Noboru. ― Al menos no era el único sin nombrar su apellido, el cual no posee por ser huérfano abandonado a temprana edad. Lian, cuya denominación familiar ignoraba, sería su soporte para no pasar cierta vergüenza. ― Antes de que procedamos a seguir el rastro de este extraño cordón, y además de hacer unas cuantas preguntas a las víctimas, me gustaría conocer un poco de ustedes, miembros de este equipo de reconocimiento. ― Extendiendo la palma de su mano diestra, invirtió una cantidad insignificante de chakra, que no le perjudicaría en lo absoluto debido a su bajeza, para producir una pequeña bola de algodón del tamaño de un puño adulto, la cual sujetó firmemente. Esta estaba tintada en un fuerte púrpura. Simulaba ser una clase de acto de magia. Aunque esto resultó un tanto sorprendente para el marido apresado por el hilo rojo y su mujer, estaban muy impacientes y nerviosos como para darle mucha atención, y sus expresiones faciales parecían decirles que se apresuren, evitando las palabras por cortesía. ― Por ejemplo, tú, Takao Hitoshi... he notado que llevas un sable curvo contigo. ¿Eres un practicante del kenjutsu, acaso? Yo soy un especialista en ninjutsu, principalmente del Elemento Fuego y el antes perdido Elemento Tela, del cual quizás no hayan oído hablar. Les puedo contar un poco de eso más tarde, pero tenemos prioridades. Sin embargo, unas nociones de qué herramientas tenemos serán útiles para trabajar en equipo, especialmente si se presenta una amenaza. ― Lanzó la esfera al aire, la cual fue llevada a un costado hasta perderse, cual planta rodadora del desierto, por la brisa diurna. ― Bien, Lian, haz las preguntas que quieras hacer, por favor. Yo realizaré otras si considero que necesitamos más datos. ― Entonces, volvió a su posición de vigilante. Sus movimientos se apreciaban calculados, lentos y con un dejo a nobleza. Consideraba que estos campesinos torpes y perturbados no entregarían casi nada útil, y no obstante, por temas de protocolo y formalidad, aceptaría prestar unos minutos para contentar a la pequeña "detective". Después de todo, no tenía muchos planes para ese día, aparte de esta misión, e ignoraba cuánto demorarían en pisar el final del camino.

La esposa del agricultor le miró dócilmente, como pidiendo autorización para abrir la boca. Cuando esta se le entregó con un gesto aprobatorio, dijo con cierta timidez: ― Está bien, pero apresúrense, por favor...
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Lian Shinru el Lun Feb 13, 2017 9:55 am




La vida a veces era curiosa, más en su caso. No creía en el destino o cosas similares, no, pero… ¿No se trataba acaso del chico del conflicto con el collar quien se aproximaba a ellos? Y si era el tercero que faltaba para comenzar la misión, no podía ser más gracioso. No lo manifestaría en una risa, no, mucho menos sonreír, pero le alegraba tener caras conocidas en un lugar donde… ¿A que habían ido? ¡Oh sí! El hilo, ese curioso hilo que parecía conducir a zonas peligrosas. Una vez los tres estuvieron reunidos, las presentaciones fueron hechas, Noboru, como parecía llamarse el chico con mejor vestimenta ahí comenzó a hablar. Cosas importantes, sí, pero, ¿Por qué le molestaba su tono? No es que lo considerara mal chico, o quizás solo se trataba de que la había frenado para preguntar. ¿Por qué era tan necesario eso de saber las habilidades, eh? Ya podrían hacer ese cuestionamiento más adelante.  Sí, lo admitía, se había mosqueado un poco, pero su molestia pronto pasó cuando su turno de hablar llegó. Si le daba la información que quería iba a poder preguntar en paz, ¿Verdad? Porque lo deseaba en lo más profundo de su alma. ¿¡De qué servía detener a quien estuviera detrás del hilo si no tenían un buen trasfondo de por medio!?

Fuinjutsu―Pronunció de manera vaga, intentando apurar su propia voz― Sellos, eso sé hacer. Ya saben―¿Y si no sabían? No parecía querer explicar con ejemplos ni mucho menos―Doton, ese es mi elemento.

¿Necesitaba más información sobre ella? Quizás sí, quizás no, pasó de ello monumentalmente de nuevo para dirigirse a la pareja. Esa misma que parecía tener algo de prisa por que comenzaran, los entendía, juraba que lo hacía, pero primero iban las preguntas si no querían meter la pata hasta el fondo. Exageraba, solo quería tener una excusa para interrogarlos en paz, pero mientras la dejaran hacerlo no se pondría en plan agresivo.

Gracias―Educada, eso sería el último rastro de su educación para la misión―¿Desde cuándo tienen este extraño hilo atado a ustedes? ¿No sienten nada raro cuando se mueven? … ¿Cuántas personas sufren de esto aproximadamente? ¿Todos o solo algunos del lugar?―Tomó un respiro, seguro los estaba bombardeando demasiado rápido, ¡Pero no podía evitarlo! Deseaba averiguar eso en detalle y ya seguiría a sus compañeros en paz, sin poner reclamo alguno.―Aparte de este evento, ¿No ha sucedido nada con anterioridad aquí? Desaparición, aparición de cosas raras, movimientos inusuales… Algo, lo que sea está bien, por más mínimo que pueda parecer.

Preguntas básicas, unas que no parecían tener importancia alguna, pero para Lian si la tenían. ¿Por qué habían elegido ese lugar para comenzar con el asunto del hilo? ¿Algún conflicto? ¿Venganza? ¿Experimento? Muchas hipótesis, unas que no descartaba para nada. La última pregunta era la que le interesaba más. Sin dejar de prestar atención a la mujer, decidió hablarle a sus compañeros. Podía verse descortés en medio del interrogatorio improvisado, pero como bien se lo había planteado antes, no le importaba parecer maleducada si con eso podía obtener respuestas, las respuestas que a ella le interesaban.

Nobo-san, Hito-kun―llamó acortando nombres con tanta familiaridad como si fueran amigos de toda la vida. Si esperaban que los llamaran de otro modo se iban a decepcionar bastante feo.―¿Están listos?

Fue un tanto obvia la pregunta, sí, pero necesitaba hacerlo para asegurarse, partir cuanto antes era una buena idea, por algo que rondaba en su mente, una idea que de concretarse podía terminar bastante mal con la pequeña localidad que pisaban. Aun así, esperó, poniendo atención a las palabras de los más adultos, vigilando de vez en cuando a sus compañeros. Podían estar juntos en la misión, pero no por ello confiaría de buenas a primeras en ellos, no.

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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Mar Feb 14, 2017 11:15 pm


La primera impresión del espadachín respecto al de mayor altura parecía no engañarle. Alguien recto, quizá tanto como él, y de una educación sólo superada por su pragmatismo a la hora de escoger las palabras. No pudo, pero, evitar cruzarse la arcilla con la expresión, ligeramente emocionada, de esa persona tan distinguida como Noboru, algo que provocaría cierta molestia en el de cabellos cortos y negros; una actitud acostumbrada por otros la de tomarlo por un simple practicante más de kenjutsu, alguien, incluso tal vez, que disfrutaba cuando veía el acero moviéndose a causa de sus acciones.

Tras la demostración, ciertamente extraña a la par que impresionante por su rareza, del desconocido elemento que poseía el de la Luna, y las escuetas palabras de la conocida para con sus habilidades de sellado, llegaría su turno.
Marcó su rostro una expresión dura y firme, propia de todos los samuráis, incluso los más jóvenes como él, y enseguida puso la siniestra sobre la empuñadura del arma haciendo subir la saya unos centímetros por encima de su rodilla con el peso de la extremidad. ― Soy un aprendiz de samurái, no un mero practicante de kenjutsu. ― Como si, en algún momento, hubiesen herido su orgullo, las palabras le salían con natural dureza ― Ello conlleva no desenvainar el arma a menos que sea estrictamente necesario. Si es posible, de Nōburushīto sólo conoceréis la vaina y su empuñadura. ―, añadió después, en una actitud bastante menos estricta aunque todavía lo bastante firme como para que no hubiese más preguntas al respecto. El desprecio a su elemento retrasó la mención de este, y al tener que referirse a él lo hizo con la boca lo más pequeña posible, entre avergonzado y disgustado por su sola mención: ― Raiton. Aunque mucho antes verás la hoja cubierta de sangre que mis manos invocando el relámpago.

Así, con la presentación finalizada, al espadachín errante le quedaba nada que decir a sus compañeros. Lian se estaba ocupando de realizar todas las preguntas necesarias; demasiadas, a opinión de Hitoshi, cuyo interior estaba con las víctimas del misterio. Llegando a considerar una falta de respeto realizar tantas preguntas, asintió a la única que les realizó a ellos cuando volvió a tenerla frente a frente.

Muchas de las cosas que has preguntado, Lian, podríamos haberlas descubierto por nuestra cuenta y riesgo. Deberías ser consciente de la situación de estas personas. Lo último que necesitan es forzarse a recordar sucesos, tal vez, dolorosos o incómodos. Por favor, tenlo en cuenta para otras ocasiones.

Sus pasos pronto se encaminaron al norte de la diminuta aldea, donde la salida los aguardaba con el rojo cordel perdiéndose de vista a causa de la luz de un sol en su punto álgido. Los picos al frente, cubiertos en la punta de sempiterna nieve, eran el siguiente objetivo reflejados en la arcilla. Lo más probable era que escalar hasta su cima impoluta llevase unas cuantas horas, si es que no el resto del día, y el samurái ya iba acostumbrando el cuerpo al esfuerzo futuro.
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Miér Feb 15, 2017 7:33 pm





A red thread

Evil servants fear the gift












Los meses cautiva del anonimato transcurrieron siempre como el tiempo en las sombras. Casi sin ver la luz del sol, encarcelada en el mundo. Nunca escapó. Esa atlética figura había perdido la cuenta de los días y las semanas cuando sus tripas comenzaban a rugir. Cuando se le astillaban los labios, y el destino se percataba de los pocos momentos de paz que no debía disfrutar una fugitiva. Del destino, pero, conocía muy poco. Habitante de tierras lejanas y criadas en extrañas mentiras, la fantasía sobre el hilo rojo no se coleccionaba en sus historias, y solo era un fenómeno de las naciones de la criatura. Por ello, esa era la razón por la cual la albina no supo qué responder. Una de las muchas poblaciones pequeñas cerca de las montañas que habían construido remotamente un hogar silvestre había intentado hablar con ella. Hablaban sobre un hilo, sobre hoces de campo y las montañas. La extranjera no pudo entender más con su lenguaje, posiblemente su extraña apariencia sería olvidada cuando huyó, temerosa de ser presa de otra trampa. Pero cuando ocurrió, habría ya visto aquel cordón. Esa parte era correcta en la conversación. Los ojos enjoyados de la joven se perdieron en el tramo de vivo color, que se adentraban en su refugio magno,  una coincidencia que encendía miedos y curiosidades para la deformada percepción de aquella joven. Lo siguió. Lo siguió hasta que hubo alcanzado la entrada a las montañas. El paisaje familiar alrededor, aún poco frondoso, pero con las rocas lisas de gris, las pequeñas flores a su alrededor que se debatían entre lilas y rosas, pequeñas manchas de moho en algunas de aquellas rojas, el césped pálido; era esa la casa que podía procurar la extraña. Allí, pues, en su intimidad, había decidido explorar el hilo, y conocer la razón de provocar miedo a pobres aldeanos. Pronto algunas de sus propiedades se descubrían a la artista marcial. Un hilo que no se deshacía con cortes, ni con intentos de separar sus fibras. Mágico como podían ser los propios. Mejores, pues nada parecía romperlos. Largos como las más enormes de las serpientes. ¿Era alguna señal? ¿Era un regalo divino para prevenir el desastre?

La usuaria de hilos asumió la propiedad de este, su malformado instinto creyó ser el destino de aquellas cuerdas delgadas, una nueva herramienta, como los guantes que descansaban en cada mano. Sin embargo, si era cierto, ella debía encontrar el modo de separarlos y almacenarlos. Usarlos como usaba las cuerdas imaginarias. Por ello, la fugitiva persiguió el hilo de nuevo, montaña abajo, donde escuchó hablar de él. Mirándolo con una rota sonrisa. Una posible ayuda después de los años de reclusión.Por ese esperanzador pensamiento fue que cuando viajaba por las lindes verdes, con la vista posada sobre las puertas de la aldea, el color vivo de su mirar se convirtió en uno más oscuro por lo que asomaba en ella. A pesar de una distancia de ochenta y pocos metros, un trío de figuras destacadas salía del pueblo, por el camino del hilo. Por su camino. Ellos claramente no eran campesinos. Solo su ropa gritaba lo contrario. Y los estrafalarios ornamentos, aprendió en prisión, se confabulaban con extrañas personalidades, pero más aún, extrañas habilidades. Y otra figura, una línea recta y delgada de clara funcionalidad no podía sino reafirmarlo. Nadie en un pueblo tan alejado portaría armas de aquel modo, se dijo la chica. El corazón comenzó a latir repentinamente, bombeando sangre e ideas erradas a su cabeza. Ella les observaba quieta. Su ropa sedosa, de blancos y oscuros, con una cinta doradas no era tan llamativa como el cabello luminoso que descansaba suelto sobre su espalda y pecho, que comenzaba a subir y bajar.

Esperaba ver su rumbo, no podía esconderse en ningún lugar, estaba a la vista y sería vista con que solo uno de ellos fijase la mirada en la línea roja a su izquierda. Ella en su postura había preparado mentalmente sus piernas para correr al refugio de lo conocido. Cuidar de su hogar temporal, de su hallazgo y regalo. ¿Podrían ser los sirvientes de los señores feudales, enviados a frustrar las herramientas que podían salvar el mundo? El retorcido modo de pensar de la muchacha albina se mezclaba con la realidad de una forma inexplicable, y solo prestaba al error, y posiblemente a un nuevo castigo. ¿Querían capturarla de nuevo? ¿Ser encerrada de nuevo para no poder evitar el desastre? Los puntos se cerraban solos con fuerza. El primer paso que aquellos extraños diesen hacia su posición iniciaría una rápida carrera en dirección a la montaña, donde había investigado el hilo días atrás, y donde mejor podía protegerlo de los rufianes al servicio de la aún inexacta maldad.



Off: Espero no molestar invadiendo el tema. Me pareció el más interesante con el que empezar a mover a esta criminal, no me odiéis.(?)

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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Noboru el Jue Feb 16, 2017 6:59 pm


El mayor del trío de mercenarios debió contentarse con su papel de espectador, oyendo las preguntas, posiblemente innecesarias, que la muchacha emitía. Deseaba callarla, y por prudencia y modales no puso en marcha en plan, aunque la reprimenda, para su fortuna, sin que tuviese que ensuciarse las manos, se emitió desde el espadachín. Mientras tanto, se dedicaba a analizar a cada uno de sus camaradas temporales. La doncella resultaba ser una usuario del Elemento Tierra, el cual el aprendiz de monjes instintiva y empíricamente, esto último mediante unos conocimientos básicos adquiridos de libros, relacionaba con altas capacidades defensivas. De paso, Lian se atribuía ser una practicante del fuinjutsu. El sujeto de la cara pintada se rascó la barbilla y sonrió brevemente. Era una persona útil, y ahora que la miraba bien, parecía un poco atractiva físicamente. Por supuesto, era fácil para él tener atención en una muchacha de una edad similar a él, debido a que en su vida en el monasterio muy rara vez tenía contacto con damas, menos con quienes no pasaban la pubertad desde hace mucho. Sin embargo, su estoicismo y determinación le alejaban de concentrarse por largo tiempo en esta área. Ahora, su vista pasaría al portador del sable.

Posteriormente, se tomó un rato para fijarse en la presentación del guerrero curtido. Su pecho se hinchaba de orgullo de su condición, y por ello, una pregunta tan simple le había ofendido. Era evidente, y el prudente adepto al ninjutsu no se esperaba algo de esa magnitud, menos cuando el contrario se había ofrecido como un socio amigable y bien educado. Quizás tanta educación le había clavado efectos secundarios. ― No era mi intención ofenderte, y me disculpo con sinceridad, Takao Hitoshi. ― Su voz, pausada, tranquila y con una pizca de modulación teatral grandilocuente, no revelaba lo que pensaba en realidad. No se lamentaba más que una pizca insignificante, pero lo óptimo es estar en buenos términos con el grupo. De paso, le sorprendía y le mantenía entusiasta esa mezcla de disciplina samurái con el sable sumada a la posesión de los secretos del rayo, a pesar de que el susodicho confesaba no invocar los poderes del relámpago con frecuencia. ¿Por qué? ¿Acaso era tan talentoso que no lo necesitaba? ¿O simplemente su código de honor prefería la lucha a espada limpia? Fuese como fuese, seguía siendo un agregado vital, especialmente porque en su expediente se marca algo de lo que el de ojos dorados carece, la aptitud en el combate cuerpo a cuerpo.

El cuestionario formal no fue bien recibido, tampoco, por los campesinos. De hecho, el agricultor hizo trueque de un puñado de su miedo por una bolsa de irritación. ― ¿¡Por qué pregunta tanto!? ¡Agradecemos su ayuda, pero esperábamos ninjas, no funcionarios de oficina...! ― El granjero procedió a realizar un respiro hondo para calmarse. Él era una persona de buen corazón y había vivido lo suficiente como para saber que no le conviene en lo absoluto irritar a una ayuda prestada por el gobierno, ignorando que estos eran, en verdad, del sector privado y no del público. No deseaba una amonestación, un castigo o una suspensión de servicio de defensa. ― Lo lamento, pero en verdad estamos todos afectados por esto, tememos que haya algo más... y no sabemos muchos. Dicen que hay muchas bestias y cosas malas por ahí, ¿saben? Solamente sé que hay varios afectados por lo mismo, mis vecinos y amigos, esposas de mis vecinos... muchos. ¿Y sobre qué siento al moverme? Solamente siento como si tirase una cuerda larga... nada más... ― La víctima tragó saliva y agachó la mirada con un dejo de sumisión, solamente elevándola cuando los "soldados" iniciaron su labor principal, retirándose de sus aposentos. La pareja simplemente realizó un gesto de despedida vago y simple. Su esperanza era frágil y depositada solamente en esas entidades que se iban haciendo más pequeñas según la distancia.

El cordel cruzaba las montañas hasta perderse de vista, y mirar hacia arriba, debido al sol, no era tarea sencilla ni ilimitada. La ruta era más bien una especie de irregular conjunto de pirámides interesantes, que iniciaban con relieves menores y bastante pasables, típicos de un paseo por el campo, para después transformarse en picos más escarpados y peligrosos. En la cima, un manto níveo, agua enfriada por la altitud, aparentaba ser el cabello albino de este monstruo natural llamado "cordillera". El conocedor del Elemento Tela se mantenía detrás, aunque cerca, de sus aliados, como si los usase de escudo de alguna forma, con un ritmo de pasos discreto, elegante y monótono. Su mentalidad le obligaba a pensar en tácticas para un posible combate usando a cada miembro de la brigada como una pieza del tablero. ― Verán, creo que tú, Takao, deberías ir al frente, ya que eres el más apto para responder un ataque cuerpo a cuerpo. Lian debe estar cerca tuyo, a tu lado, para darte apoyo con sus técnicas de utilidad. Yo estaría detrás, listo para moverme y atacar a distancia y brindarles un soporte extra. Todo esto en un caso hipotético. Además... ― Cuando ya estaba presto a superar los peñascos primerizos, se destacó una figura humana, con cabellos tan blancos como la nieve que casi tocaba el cielo. Misteriosa, estática, y parecía estar presta a moverse. ¿Quién era y qué hacía allí? De algún modo, parecía seguir el hilo también...


¿Le ven? ― Señaló al sujeto, cuya silueta tentaba a feminidad, con su mano entera, extendida, mientras su amplia manga colgaba cual ala de ave inusual. ― Es sospechoso. Debemos interrogarle... ― Y cuando dio un par de pasos, la cereza del pastel cayó. La sombra humanoide se prestó a moverse en dirección contraria. Eso era una ventana a persecusión que despertó alerta en Noboru. ― Está corriendo... ¡Sígamosle! ― Y se unió a una persecución a velocidad. Lamentablemente, él no tenía mucha resistencia física ni habilidades cuerpo a cuerpo, por lo que preferiría que sus acompañantes se adelantasen un poco, mientras él iría buscando atentamente la oportunidad para actuar.

Off-Rol:
No estoy molesto, de hecho, estoy emocionado. <3 Esto le da más movimiento al asunto.
De paso, asumo que se cumple el que Iko, al ver movimiento, huye, tal como dicta tu post, así que ya que Noboru se desplaza en esa dirección, he puesto el que la criminal se pone a correr. Si te molesta, puedes decirme.
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Lian Shinru el Jue Feb 16, 2017 8:42 pm





Si bien no esperaba una buena reacción de los pueblerinos, le parecía realmente sobreactuado todo. Se quedó estoica escuchando lo obvio, así que solo asintió sin si quiera dar las gracias por la información poco relevante que le entregaron. Estaba asustados, ¿Y qué? Si seguían así no harían nada más que enredarse en el hilo y morir. No, no. Exageraba, pero no ocultaba sus deseos de decírselos. Al menos así fue hasta que escuchó el regaño de Takao, ese al que no dio discusión, si él pensaba eso pues no lo compartía, pero no pensaba pelear con nadie por algo que ni siquiera había sido de provecho. Un poco mosqueada por la simpleza de todo, se decidió a seguir a esos dos, mientras meditaba un par de cosas. Siguió analizando a sus compañeros, ya había visto con anterioridad las habilidades de Hitoshi, por lo que no dudaba que el ataque cercano se lo dejaría a él, pero dudaba de las capacidades de su otro compañero para este tipo de actividad, sobre todo porque sentía que el caminar atrás siendo el mayor solo le atribuía una cosa; cobardía. Esa imagen se quedó hasta que lo escuchó hablar. ¿Estaba dando órdenes? ¿Y por qué debían seguirlas? Molesto. Era un tipo más molesto incluso más que el aprendiz de samurái, que a pesar de su correcto actuar que chocaba con su manera impulsiva de hacer las cosas, apreciaba bastante por su sinceridad.

Ajá.

Se limitó a decir. No es que no le pusiera atención, no, solo la justa y necesaria. Como autoproclamado líder y estratega del grupo, lo que dijera estaba bien, ¿No? Seguir el hilo. Detener lo que estuviera provocándolo. La gente era demasiado simple para su gusto, pero bueno, si eso quería que hiciera, lo haría, su objetivo ahora era el dinero. El caso había perdido interés en ella y dudaba que algo lo hiciera recobrar. Quizás al terminar la labor se daba una vuelta por el lugar poblado para sacar sus propias conclusiones, pero eso sería luego, cuando no tuviera al señor honorable y al idiota de las órdenes cerca. Se limitó a mirar al cielo de manera distraída, preguntándose qué estaría haciendo Daiki.

« El mundo no está listo para lo que sé hacer… Ah ».

La voz de su ‘líder’ la sacó de las divagaciones que estaba haciendo sobre el Yamanaka y comer. ¿Ver qué cosa? ¿La chica esa corriendo? ¿Por qué estaba corriendo él? ¿Era idiota? Uno no simplemente corre detrás de quien aparece de repente en el camino. Suspiró para ver como emprendía carrera el suicida chico. Claro que podía correr detrás de él, sí, pero decidió mirar de reojo al aprendiz de Samurai, esperando tenerlo cerca para que pudiera escucharla o por lo menos hacer el intento. Si iba a confiar en alguien, suponiendo que esa chica tenía algo que ver con lo del hilo, sería en Hitoshi.

Hito-kun, ¿Cuál es el plan?―Porque tenía experiencia en batallas, pero aun ponía en duda que esa chica buscara algo de eso. Le dejaría las órdenes al tipo que le había demostrado ser justo, no a quien se lucía con un vocabulario ostentoso, rebuscado y aburrido según ella.  

Así se mantuvo más atenta a lo que hiciera el joven samurái, pues de seguirlo, lo haría siguiéndolo a él. No descartaba que esa muchacha era un factor raro en todo el asunto, pero tampoco podía sacar conclusiones apresuradas solo porque se apareció en su camino. Sin pruebas, no actuaría, de todos modos confiaba en que podía alcanzar a Noboru de ser necesario.


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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Jue Feb 16, 2017 10:34 pm


En respuesta, adelantando a las palabras, una mueca de desapruebo nacería en su rostro. No era arrogante, ni orgullosa; apuntaba a objetivos más altos y nobles: comprensión, experiencia, serían los términos correctos para definir la construcción de sus facciones. ― Entonces habremos perdido cualquier batalla antes de comenzarla. Conmigo al frente, los enemigos sabrán a qué deben atenerse: una espada y alguien tras ella que, por cómo viste, sabe guiarla en la dirección correcta. ― dejando unos segundos tras sus palabras, continuaría contestando poco después: ― Deberíamos permanecer a una altura similar. De esa manera cada enemigo, si los hallamos, se verá obligado a dividir la atención a partes iguales.

Apenas habían avanzado unos pocos metros bajo el sol y se escuchaban las voces más altas de la aldea cuando, más temprano que tarde, los problemas salieron de las sombras a plena luz del día ocultos bajo un manto, a pesar de la distancia, atractivo. A Hitoshi no se le pasó por alto la figura esbelta, claramente femenina, de cabello níveo a juego con el fondo de su escena. Aún era pronto para determinar si se trataba de una amenaza o no. Una opinión, al parecer, totalmente diferente a la del más mayor y más alto, era la que blandía el aprendiz de Budō.
Él mantuvo el ritmo y sólo tensó ligeramente los músculos de brazos y piernas, de forma imperceptible para cualquiera que no acostumbrase al combate cuerpo a cuerpo. La respiración se volvió, al contrario de lo que podría esperarse, mucho más rítmica y tranquila, y poco a poco fue obligándose a desterrar los pensamientos más belicosos en pos de unos de mayor paz. Se preparaba para recibir al caos y lo impredecible en paz, armonía y calma.

Seguir caminando. Mi objetivo me aguarda tras las montañas, no ante ellas. ― Respondió tajante, no serio pero sí firme y decidido a no aumentar el ritmo de su marcha.

Detrás de esa decisión, a todas luces inconsciente, se escondía una artimaña para llamar la atención mucho más que quien ya levantaba el polvo bajo sus sandalias. Armado como iba, lo primero en acudir a la mente de cualquiera, aliado o enemigo, era la imagen de una persona lanzada, decidida a tomar la ventaja en el combate mediante la fuerza brutal. La suya, pero, era una actitud radicalmente diferente. Si iba a la espalda, y armado, resultaba rebajar el aura de presencia que irradiaba.
De un hombre armado con un sable curvo, pasaba a convertirse en muchas cosas: un cobarde, un tullido, un fantoche. Todas ellas personalidades fáciles de asaltar, sin opciones en una refriega de verdad.
La distracción, y sobre todo la protección de sus dos compañeros, pasaba a ser prioridad frente a su seguridad, comprometiendo para ello la propia sin que esto despertase preocupaciones en su semblante coronado por la arcilla de los ojos.

La muerte, si había de hallarlo ese día en su siega, lo encontraría con las manos sobre su arma.

Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3  +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Vie Feb 17, 2017 5:15 pm





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La cuerda roja era la guía más prescindible que se internaba poco a poco en los picos. Tal y como habían especulado las pocas sabidurías de la mujer de blanco, aquellos a la boca del pueblo habían dado un solo paso, suficiente para alertarla como a un escurridizo ciervo, dando las zancadas que le permitían sus piernas sobre la tierra en un escape poco precario. La distancia y una confianza mermada le obligaba a virar los ojos cada tantos pasos. Tras los primeros momentos no hubo una reacción clara, sin embargo una de las figuras, más ancha y llamativa, comenzó a seguir el camino del regalo, instando a que la chica subiese la marcha. Otro vistazo a tan solo diez metros del último confirmaba que la agrupación se movía. Cabía esperar, la consciencia revuelta le aseguraba que eran perseguidores, cazadores cuya presa tenía el pelo blanco y la piel de mármol. Los dientes se habían apretado y los músculos en las piernas hacían firmes sus pasos con tal de alcanzar un verdadero destino. Los ojos que medían aproximadamente las distancias también susurraban la noticia poco alentadora. Ellos corrían más. Incluso en una comparsa de tres personas, donde de forma siempre evidente habría distintos niveles, lo que habían sido ochenta metros, tras una carrera de relativa brevedad eran sesenta y tantos. La expresión de ella se desanimó porque el poblado, aún pequeño ya, seguía siendo visible. La entrada a la enmarañada arboleda que acogía a la fugitiva quedaba a poca distancia, pero para ese momento, aquellos sirvientes habrían recortado la mitad de la distancia actual. Le dijo una paranoica idea a la chica, si ellos llevaban mapas, o contaban con nociones del bosque, ese refugio dejaría de ser seguro. Irrumpirían en su hogar como lo querían hacer en su misión. El desánimo se convirtió en decepción, y pizcas de miedo e ira. De toda su instrucción con mentiras y engaños, la ignorancia continental hasta la fecha se había cumplido, todos ellos serviles a sus dueños, incapaces de ver el peligro que protegían. Era la mejor baza con la que desalojar a aquellos, pero, razón suficiente para que la peliblanca siguiese el hilo rojo por los metros restantes.

La cima aún estaba sujeta a su imponente altura desde aquel punto. Atada al cielo con su pico, como un ave cazando peces. El hilo seguía rectilíneo en su dirección celestial, al norte, a la cima, quizás de allí lo habían dejado caer. Mientras, el sur albergaba a los perseguidores, cada vez más cerca. A un salto de siete metros al este se encontraban los árboles que le daban la bienvenida a la salvadora, atados los unos a los otros con sus ramas, y que escalaban solos en dirección a la cima, en un desigual camino que se ensanchaba y se volvía fino, frondoso y escaso, recto y curvo. Nada que ver con el camino liso de la cara oeste, cuyos obstáculos solo eran dispersas piedras de distinto tamaño, pero todas con una coloración gris. La cuerda, al centro de la montaña y los humanos, no se internaba en el bosquecillo, sino que seguía su principal linde,  dejándolo a la vista de todos de momento. La zona tenía piedras y algún pequeño arbusto, combinando todas las naturalezas de la montaña en un tímido equilibrio. En contra del primer pronóstico que pudiesen lanzar aquellas mentes subyugadas, la peliblanca en aquel punto se detuvo. Mantuvo el temple sin soberbia. Sus piernas aguantaban con fuerza su estancia, y ahora los encaraba, en vez de darles la espalda. La huida había concluido, al parecer. A pesar de no mostrar la agresividad que merecían recibir, tampoco podía rebajarse la salvadora a encogerse en un miedo diminuto. Lo que podrían ver sería a una chica a la defensiva, indispuesta a ser cazada, o dejar que se hiciesen con el regalo para salvaguardar su propio fin. Más que una postura de combate, la que guardaba era una atenta, lista para reaccionar.

Sus brazos no estaban caídos. Sin adoptar la característica postura del rey felino, que hacía emerger sus propias garras, las manos estaban estiradas, y los ojos turquesa se fijaban en los demás, midiendo sus movimientos con mayor exactitud por la acechante proximidad. Cada uno de ellos era distinto, infinitamente. Lejos de las prendas uniformes que había conocido siempre, o los parecidos harapos de los campesinos, la dispar indumentaria incluso entraba en conflicto con los uniformes que vestían los guardias en prisión. La oscura línea recta se había curvado y convertido en una espada de la que la artista marcial debía desconfiar tanto como de su portador y sus compañeros. El corazón, de nuevo, le regaló golpes y agitación por el peligro que se atribuía ante una tan horripilante visión como esa. Por sus dedos corría un lento temblor y en su rectitud se tambaleaban con aparente nervioso, reposando en una postura baja, como el que intentaba apaciguar mágicamente a una bestia del bosque. Sobre el metal de los guantes se reflejaba el cielo encharcado de nubes, con terrosos trozos diminutos del cuero interior que no desdibujaba la silueta de sus falanges. El lazo dorado se resbalaba hasta la altura de medio gemelo y la tela blanca como sus pestañas no escondía el subir y bajar de su respiración posterior a la carrera. Dejó que se movieran hacia ella, y no hubo ninguna palabra de su boca. Lejos de desconfianza, su misión era clara y evidente, pero tras su exilio, todos podían ganar unos pequeños segundos de excusa, los cuales aún no habían servido a nadie. Hablar ellos los delataba siempre, sus autoproclamadas hazañas en la boca, sus burlas a los monstruos y a lo divino terminaba siempre con la tolerancia que poco a poco, aquella huidiza muchacha dejaba escapar, presa del continuo abuso por si misma.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).

Técnicas: 6/6.

Jutsu oculto: x01.

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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Noboru el Vie Feb 17, 2017 11:55 pm


Ciertamente, Noboru no corrió mucho. Pronto la carrera se transformó en trote, y, luego, en caminata rápida. No quería gastar mucha energía ni tenía la intención de estar demasiado alejado de sus compañeros, a quienes sentía necesitar en una situación peligrosa. Además, admitía que podía verse un tanto ridículo persiguiendo a alguien mientras el resto de su equipo seguía el mismo lento ritmo, sin interés en ese objetivo. De hecho, ¿por qué no le habían seguido el ritmo? El más "viejo" de los tres detuvo la marcha unos instantes para pensar, mirando de reojo a los otros viajeros. Intentaba encontrar una razón lógica de su falta de iniciativa para esto. Sintió que la señorita le preguntó algo al caballero, y eso activó sus sentidos para poder oír a medias la respuesta del muchacho del sable. Algo sobre que su meta aguardaba tras las montañas. ¿Entonces aceptaban que, sin importar el ritmo, de todos modos llegarían a la fuente del hilo, su final? Tenía sentido y lo aceptaba, hasta estaba tentado a unirse a ello. De hecho, había notado dos cosas en el tramo en el que aumentó su velocidad. La primera era que podía correr ligeramente más rápido que la fugitiva en un breve período de tiempo, y la segunda era que no es fácil subir peñascos con una vestidura tan amplia como la suya.

Al volver a fijar su mirada en la albina que huía, corroboró que esta, de hecho, había cesado de moverse. Inclusive, los estaba observando desde su altura, firme, determinada, ¿decidida a qué? ¿A hablar? ¿A atacar? ― Quizás podamos tener la oportunidad de una conversación civilizada. Eso espero. ― Le dijo a sus compañeros, mientras se aproximaba lentamente hasta esa entidad desconocida, sin nombre todavía. Ignoraba sus habilidades o sus intenciones, aunque notaba que tenía una especie de guanteletes en las manos. ¿Qué propiedades tendría su armadura? ¿Qué aptitudes tendría la propia portadora? No podría confiar mucho en quien simulaba guiarse por el hilo de facultades divinas, y que, además, trató de escapar cual conejo al cual el cazador le falla la flecha apenas se dirigieron a ella. ¿Cómo debería actuar ante esta extraña e interesante situación?

El de la cara pintada escondió sus manos entre sus largas mangas y realizó un movimiento, probablemente un sello de mano, memorizado hasta la médula por su persona. Se sentía como una especie de colonizador de tierras lejanas que hallaba criaturas intrigantes y pueblos totalmente distintos en el nuevo mundo. De hecho, para la vasta variedad de etnias que conviven en la faz del continente, la atleta anónima contaba con características especiales que es infrecuente hallar, sin importar si cruzas desde el País del Viento hasta el de la Nieve o desde el País del Agua hasta el de la Tierra.

El primer plan en accion sería la charla, la razón, la interrogación pacífica. Por fortuna, todas las naciones comparten una lengua que predomina por sobre sus dialectos locales o autóctonos. Todavía descansando sus dedos dentro de los antebrazos de su túnica, se detuvo a poco menos que tres metros de distancia de la fémina. Una mueca similar a una sonrisa coronó su rostro, y, haciendo uso de su voz diplomática, procedió a comunicarse, o al menos a tratar de hacer tal cometido. ― Buenas tardes, estimada. Lamento las molestias, no ha sido mi intención asustarle, solamente que me pareció un tanto... inusual su comportamiento de aparente huida apenas nos adentramos en estas montañas. Reiterando mi disculpa, me gustaría saber si usted ha visto algo sospechoso por el perímetro, además de este hilo de extensión inmensurable por el ojo... Y, si no le molesta, me placería escuchar un poco sobre qué está haciendo en esta cordillera. No muchos se adentran a estos parajes. No se espante, ni entre en nerviosismo o desconfíe; es mero protocolo, solamente realizamos una investigación. ― ¿Mero protocolo? ¡Sí, claro! Por poco pensaba tener a una delincuente con las manos en la masa ante su presencia, y, no obstante, reconocía que no podía ficharla prematuramente sin pruebas o pistas más allá que un inoportuno encuentro.

Y si ella era peligrosa, ¿no estaba demasiado cerca? No, no demasiado. Dos metros y medio era una distancia prudente para reaccionar, aunque preferiría no tener que usar la fuerza. No necesariamente esta joven sería la mente maestra, el villano enmascarado de todo este misterio. Bien podría ser una bandida cualquiera, merodeando por incautos, que se vio superada numéricamente, o, tal vez, un lacayo. ¿No sería más creíble que el antagonista principal tuviese subordinados, considerando la escala del fenómeno producido? Sin importar el caso, eventualmente conocería la verdad.


Off-Rol:

x1 Jutsu Oculto.

Stats.

• Ninjutsu: 10.
• Taijutsu: 1.
• Genjutsu: 1.
• Velocidad: 5.
• Resistencia: 2.
• Fuerza: 1.

Armas:
x10 Kunais
.
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Lian Shinru el Sáb Feb 18, 2017 1:24 am





Si iban a ir en plan vamos a atacar a la gente… Pues ¿qué más le quedaba por hacer? Se encogió de hombros antes de suspirar. Moverse era problemático cuando se trataba de ella, pero si iban a comenzar así, pues no le quedaba más opción que seguirlos. El movimiento se hizo medido, no muy atrás ni muy por delante de sus compañeros. Tampoco quería gastar energías y sin un plan más complicado que mantenerse a la par, ya sabía que hacer más o menos. La improvisada persecución les llevó a un lugar curioso. Ese en el que se fijó antes que en ver que la chica se había detenido, si no hubiera escuchado los pasos de sus compañeros cesar también hubiera pasado de largo directamente ante la interrogante del asunto. ¿Aliada? ¿Enemiga? ¿Neutral? ¿Alguien perdido? No iba a responder a una mísera pregunta, dejaría que los hechos hablaran por sí mismos.

No tenía que ver con el tema, no, pero, ¿No eran los árboles bonitos? Al mirarlos le dieron ganas de dormir, incluso el bostezo llegó con ello. Luego llegó otra palabra, sí, quizás el hecho de que los condujera ahí y no por el camino principal donde el hilo seguía avanzando a las profundidades de los gigantes rocosos. ¿Y si se trataba de una salvaje? No, no. Su ropa no indicaba eso, aunque tampoco es que tuviera mucho conocimiento sobre culturas más que lo básico. Por fin se dignó a mirar a la chica, logrando apreciar que sí, había cierta belleza… Incluso en esa mirada que no le estaba agradando del todo. Su cabello era lo más llamativo, ese que quiso tocar en el acto y se contuvo porque su sentido común decidió acudir a ella en ese momento. Si la charla del más alto ahí funcionaba, ¿Podía intentarlo? Tocar su cabello podía ser divertido ¿Verdad? ¡Sí, sonaba interesante! Quería hacerlo, ya tenía motivación de nuevo para moverse a la causa en común del grupo.

Por eso decidió quedarse quieta en su lugar –tres metros por detrás de la posición actual de Noboru–. A esperas de que las palabras de su compañero fueran respondidas, no quería alarmar más de la cuenta a la muchacha pues se veía propensa a los escapes repentinos. Sí, le fastidiaba su lenguaje, pero parecía tener mucho más nivel que ella para comunicarse con los demás. Y si sabía cómo aprovecharlo, ya podría hablar con esa muchacha de cabello tan llamativo para pedirle de favor que se lo dejara tocar.  

El silencio se quedó con ella, no dijo nada, no hizo nada más que estar en la zona neutral. Reviso mentalmente las armas que traía, mantuvo la vista fija al frente sin intentar verse agresiva, con la expresión neutra que normalmente tenía en el rostro. Manos a un lado en señal de que no haría nada a menos que su compañero lo necesitara, porque estaba concentrada, lista para reaccionar ante cualquier movimiento sospechoso por parte de la chica, a esa que la había atribuido en secreto el apodo de ‘conejo’. ¿No escapaba con tanta frecuencia como uno al notar movimiento a su alrededor? Pues sí, lo hacía y eso lograba divertirla.

Información:

Stats:
• Ninjutsu: 9
• Taijutsu: 1
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 6
• Resistencia: 6
• Fuerza: 1

Armas:
•Hilos de alambre, un par de metros
•Senbons x10
•Cascabeles x5
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Dom Feb 19, 2017 12:09 am



Hitoshi, finalmente, se quedó rezagado de sus compañeros; era lo que quería, a fin de cuentas. Acompañado sólo por su espada y sus pensamientos, dejaría a estos últimos ordenarse como les correspondía antes de enfrentar una situación, a todas luces, peligrosa.
Cuando por fin dio alcance a los otros dos aliados del vecino país al suyo, pudo escuchar al más elegante, a la par que mayor, de los tres planteándole un interrogatorio que no parecía el adecuado para el momento.

En un vistazo rápido, apreciaría el aprendiz de la espada una postura defensiva sutil, propia de un artista marcial. A su memoria acudían, con necesidad de presteza, las imágenes de Kellan danzando entre las luces de cegadores relámpagos fuera de una cueva donde el agua amenazaba con inundar todo el valle bajo sus pies. Era como él, pues incluso tenía el pelo cano, y viéndose en esa situación, similar a la del ayer, las palabras le salieron solas para dirigirse a su compañero.

Aléjate de ella. Mira sus brazos y piernas, la tensión en los músculos. No está detenida por el miedo, está acechando como un lobo a su presa.
No perdía detalle mientras le comía terreno a la albina. La piel blanca como el mármol, con los músculos en tensión por debajo, tal como acababa de advertir. En las manos, clamaban atención un par de guantes metálicos, tan pulidos que hasta reflejaban el azul del cielo, con puntiagudas garras al final de los dedos; todo ello, coronado por un par de esmeraldas. A ellas sólo miró una vez, para conocer su color, antes de enfocar sus dos perlas de arcilla en la cruz entre el puente de la nariz y los ojos, a fin de no perderse en estos durante un posible combate.
Acto seguido, avanzó para detenerse entre la muchacha y Lian, a la que consideraba la más frágil -tal vez por la actitud infantil de aquella con quien compartía edad-. Estaría a un escaso metro y medio de Noboru, con la siniestra apoyada sobre la saya y el pulgar de esa misma mano, presionado ligeramente contra la tsuba, dispuesto a hacerla saltar para liberar a la Hoja Noble en caso de ser necesario. Él también había tomado las precauciones necesarias, igual de sutiles que las de la nívea testa.

Brazos tensionados, con la piel cincelándose contra el músculo trabajado por debajo; la espalda recta, perfectamente alineada, y las piernas más separadas de lo que tocaba para una simple postura de espera, aunque no demasiado, a fin de no llamar del todo la atención. Pretendía ser una advertencia sobre su conocimiento, no una amenaza legítima. ― Si buscas un combate, yo me presto para ser quien te lo ofrezca. Pero, a cambio, ellos dos se marchan sin represalias. Un pueblo entero confía en nosotros, no puedo permitirte que alargues el sufrimiento y el miedo de tantas personas. ― Tan claro y directo como cabía esperar de su planta, el desafío se lanzó al aire esperando ser recogido.

El bosque, a espaldas de la muchacha, era un entorno que no consideraba privilegiado para su estilo de lucha, pero que sin duda sabría adaptar si llegaba el momento. Los árboles podían ser grandes aliados, al igual que los setos creciendo a su alrededor y las, seguramente muchas, raíces en el suelo para entorpecer y guiar los movimientos del enemigo acorralado por la espada.

Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3 +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3

Takao Hitoshi
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Dom Feb 19, 2017 6:30 pm





A red thread

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La peligrosa expedición encontraba un final, a una corta distancia de ella, guardiana de si misma, previsora, tramposa y temerosa de las garras autoritarias de aquellos captores. Desde tan cerca, se volvían cada vez más distantes entre ellos. Cada uno con motivos para que la exótica mantuviese una política defensiva y desconfiada. Cada una de esas caras encierra a un sirviente de los monstruos. La débil y aparentemente irregular danza de los dedos, atribuida a un posible nervioso, o miedo, o cansancio por la persecución ascendente continuaba mientras se tomaban el necesario tiempo para hacer una aparición, a cada cuál más estrambótica delante de la albina. La persona pomposa, cuya silueta se había hundido en ropajes, y sus manos podía advertir ella comenzó a hablar. Cada sonido carecía de sentido, y la confusión no tardó en aflorar en la mirada enjoyada, incapaz de relacionar más que algunos conceptos. Hilo, cordillera. Las pocas palabras que entendía del diálogo simplemente no tenían cohesión en su nivel. Estaban desordenadas y revueltas, como echadas sin cuidado a sus oídos. Leer su ignorancia no era ningún desafío, sin embargo, su postura no había cambiado un solo ápice. Era todo lo contrario a la mujer del trío. Mientras el extraño hablaba, ella se había quedado en silencio. Con una discreta mirada que la atravesaba e incomodaba, como cualquier par de ojos serviles a los feudos haría realmente. La distorsión de la realidad catalogaba aquellos como ojos de alguna cazadora analizando cada simple fibra de sus músculos, provocaba que ellos se micro-tesasen. El último, en cambio, fue el más entendible. No sus palabras, que seguían el mismo camino inconexo que el de su compañero, aunque solo escucharlas ya las diferenciaba de forma abismal. Brazos y piernas, lobo. Su camino hacia ella, si no más apresurado, causó que la artista marcial retrocediese un paso, sin abandonar la coordinación y postura dignas de su auto-disciplina. En el interior de las fauces, un mordisco al labio inferior que lo arrugaba en la superficie calmaba la respiración y los nervios por la presencia de un arma próxima a su cómplice humano. De todos ellos, era al único que lograba ver más allá de una apariencia. Los dedicados al cuerpo se reconocían sin importar las fronteras ni las distancias. Un solo vistazo hacía evidente que no era un arma de protección. Esa hoja obedecía las probablemente habilidosas órdenes de su maestro. Para ella aún extraños aquellos instrumentos curvos, pues en su infancia solo conoció hojas cortas y rectas, contundentes hachas, y armas muy distintas a aquello, que solo relacionaba a sus captores.

Habló, esta vez más próximo a su compañero, y aún incomprensible. Combate, pueblo, personas. Eran dos posturas distantes, pero ambas se comprendían, mucho más que cualquier cosa que produjesen las cuerdas vocales. El temblor diminuto de los dedos se detuvo, y resplandeció un sutil viento de alivio en el rostro de la chica. — Hilo... — Se oyó finalmente. Con un acento irreconocible para los que no conocían sus  islas remotas, una voz irónicamente dulzona, recta y acolchada. — Hilo divinos... Hilo de yo. — La última palabra con algo más de fuerza, las falanges derechas se alteraron en un movimiento diminuto, pero que cumplía las primeras intenciones de la desconfiada. Habían viajado por el suelo, ocultar por su propia naturaleza diminuta, las cuatro agujas, limpias y casi invisibles. Atadas a los dedos, el temblor había provocado impulsos de movimiento discretos que colocaban estas próximamente a los oculares del amenazante espadachín, al ojo diestro del de extrañas palabras y al zurdo de la mujer escondida tras los dos. Confundibles con su propio pelo, pues eran de colores oscuros como ellas, y resultaban los rasgos de la exótica, más llamativos que unas filosas indetectables. Al compás del yo, una tensión simple tiró de los hilos inexistentes, y las agujas recorrieron superficialmente los ojos, hiriéndolos y regresando a su guarida de forma  obediente e igual de discreta. Solo su actitud había convertido en el mundo de la albina, al corporal como más peligroso, razón para castigar ambos ojos, decidiendo así que solo podía herir uno de los ojos de ambas figuras, por el simple número de armas que guardaba Migite. La herida tan solo era efectiva por realizarse en un órgano tan sensible. Posiblemente ni siquiera existiría sangre, ni habría daños que no curasen unas horas. Pero haría a la de inferioridad numérica más fácil su importante tarea.

El momento de sorpresa o queja que pudiesen provocar aquellas heridas habrían conducido a que la chica saltase en dirección contraria de ellos, acercándose a la muralla arbórea a tan solo dos metros en una carrera de zancadas, y subiendo más hacia la cima, mientras la única vista sana vigilaba a aquellos atrás. Si las palabras funcionasen, pudo haber usado el engaño. Hacerse creer todopoderosa, capaz de herir sin tocar ni moverse. Sin embargo, la sola falta de expresión ya era más problemática que solo no entenderse. — ¡Sirvientes monstruos, no hilo divinos! — exclamaba la misma voz corredora que miraba hacia atrás, conociendo la silueta del bosque y la senda, sabedora del pequeño parche de hogar seguro. Le producía una seguridad más inquebrantable y un refugio de aquellos tras ella, preparada para cuanto fuese necesario con tal de proteger el hilo colorido. Sin olvidar la poca información recabada. y temerosa de no poder engañarlos dos veces, puesto que a pesar de su naturaleza, ellos eran humanos, pensadores que, como ella, podían albergar inteligencia, mal destinada, pero real.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).


Técnicas: 6/6.

Jutsu oculto revelado: Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de Kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.


Marionetas.
Torashishi migiashi.
Torashika hidariashi.

Armas usadas.

(Torashishi migiashi) Agujas x04.
Falanges proximales, menos la del pulgar. En las mitades inferiores de estas piezas se encuentran preparadas unas agujas de muy pequeño tamaño. Estas agujas miden apenas veinticuatro milímetros, y su envergadura no supera el 0.1mm. Las piezas son de un color negro discreto, se trata de agujas que difícilmente pueden ser detectadas cuando están en movimiento, e incluso quietas, se necesita una superficie clara para apreciarla, pudiendo incluso parecer un pelo o algo similar. Su diseño permite fácilmente introducirla a través de tejidos, o incluso juntas de armaduras, además de la piel, como si se tratara de un aguijón solitario. El daño que producen es prácticamente nulo, tan solo una sutil sensación de molestia. Están pensadas exclusivamente para el envenenamiento de un contrincante.
Lanzarlas forma parte de un simple proceso, que generalmente no requiere de hilos de chackra. Tras estirar el o los dedos cuyas agujas se desea lanzar, y apuntando al objetivo, el usuario puede sentir un pequeño chasqueo, un diminuto mecanismo, parecido a una ballesta en miniatura. Este mecanismo lanza la aguja. Una vez fuera puede ser redirigida con los hilo, gracias a que su usuario sabe dónde está al salir, aunque una vez la suelta, es difícil recogerla.
La mayor desventaja de tan discreta arma es, así como una cualidad, su tamaño. Pese a tener un lanzador, un objeto de estas proporciones no puede enfrentarse al aire por si solo. El alcance del disparo no supera los tres metros. Por eso, su usuario se ve obligado a usarlas en un momento de seguridad, o ayudarse de sus hilos.
Las agujas están bañadas en veneno. (Aún sin veneno)
Iko
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Noboru el Dom Feb 19, 2017 9:39 pm


La situación era digna de observación. La mujer del trío no había emitido palabra alguna, aunque el mensajero primerizo sentía vagamente su presencia a su espalda, ahora inmóvil. No así fue con Takao, quien sacó a brillar su instinto honorable. Sí, Noboru ha leído un par de veces el código del guerrero. Una filosofía de vida intrigante y merecedora de respeto. ― ¿Mmm? ― El sujeto que había iniciado el contacto con la "criatura" observaba de reojo al espadachín, mientras este se ofrecía para un duelo que decidiría el destino de la misión, supuestamente. Un espéctaculo apreciable. ¿Tan lejos iría por su honor? A quien ya entraba en adultez no le interesaba en lo absoluto poner en peligro el correcto funcionamiento del trabajo por algo tan subjetivo y emocional como el "honor". Honor, honor... ya le sonaba rara esa palabra en la mente. Ni siquiera conocían las verdaderas capacidades de la de cabellos blancos, ni su identidad, nada. Y ahora que la miraba cara a cara, analizando sus expresiones, la notaba cada vez más agresiva. Sin embargo, la alerta principal fue de parte del dueño del sable, y ese veredicto sobre la tensión de los músculos y la actitud corporal debía ser tomado con seriedad de parte de un artista marcial, sobre el cual obviaría la autenticidad de sus atributos.

Repasaba los guanteletes de la albina. Estos le provocaban la principal preocupación. Sabía que existían en el mundo infinidad de objetos y armas con cualidades extraordinarias. Su voz por fin se dejó oír, la voz de una salvaje, de una bestia apartada de la sociedad que apenas podía articular unas palabras. De hecho, antes se veía un tanto confundida mientras le hablaban, como si no entendiese. ¿De dónde provenía esta joven? Cuando las iris doradas del mayor iban a posarse en las orbes turquesas de la forastera, algo le alertó por un instante, una especie de destello vertical, como el de un muy delgado hilo de luz, probablemente reflejando lo que el intenso sol dejaba caer en todo el paisaje. No pudo ni siquiera alcanzar a preguntarse qué era eso cuando la sospechosa gritó, y con ese grito, sin previo aviso, el muchacho sintió una especie de fuerte picadura en su ojo derecho, que lo hizo cerrarlo instintivamente. Le ardía, y el roce con su propia piel protectora producía picazón. Los lagrimales liberaron algo de líquido. ¿Había sido algo de desperdicio rocoso transportado por el viento? Imposible, las corrientes estaban bastante tranquilas. Al levantar su párpado, la luz le resultaba un tanto dañina, con secuela de un dolor leve, provocando que entrecerrase la membrana movible. Lo diagnosticó en breve, identificando lo que creía que era una abrasión en su córnea. ― ¿Has sido tú...? ― Por supuesto, la principal candidata de este extraño suceso era quien no perdía el tiempo y ahora se empeñaba en volver a huir. Su temple ofensivo de antes y su acción actual resultaba muy terminantes.


La distancia iba aumentando, mas el mercenario, afortunadamente, se había preparado para este caso. Lo preparado era lo que ocultaba entre sus mangas, que antes estaban juntas y cerradas, como escondiendo algo valioso. A la par que empezaba a correr detrás de la corrediza presa rebelada, separaba sus extremidades superiores, mostrando una especie de látigo retraído en la diestra, hecho de hilos muy resistentes y con tinte dorado. El del alto sombrero, que calzaba a la perfección en su cráneo, impidiendo su caída en la carrera, sabía que podía correr un tanto más rápido que la chica debido a cómo iba superando la distancia en la persecución anterior, y, además, ahora tenía una nueva ventaja.

Estamos intentando charlar, ¿no tienes modales? ― Aprovecharía el momento de confianza para un comentario irónico. La poderosa cuerda se extendió hasta alcanzar los cinco metros de largo, dirigiéndose a una rapidez vertiginosa, propia de la experiencia en el ninjutsu de su creador, hacia las piernas del objetivo. El arma se enrollaría en al menos una de estas, y su portador tiraría para hacerle perder el equilibrio, por lo cual caería con la seda todavía aferrada a ella, haciendo tiempo para que la legión, total o parcialmente, se acercase. Calculaba que el alcance y la celeridad de ello limitarían las posibilidades de reacción.  


Off-Rol:

Jutsu Oculto Revelado:
→ Nombre de la Técnica: Senshoku: Muchi (染織・むち Arte textil: Látigo).  
→ Sellos: Pájaro.
→ Rango de alcance: Cada 'látigo' puede alcanzar hasta cinco metros de largo.
→ Descripción: Después del sello de mano correspondiente, desde la mano escogida por el usuario empiezan a producirse y tejerse a velocidad vertiginosa una gran cantidad de fibras de seda hasta formar un látigo con una zona más rígida que sirve de mango. La velocidad con la que el usuario lo controle dependerá de su stat de Ninjutsu. El arma puede ser estirada o retraída con bastante rapidez entre el rango de cinco metros como máximo, aunque el creador puede deshacerla incluso sin tocarlo directamente. El látigo dura un máximo de tres turnos.

Reserva de chakra (en jutsus).
4/5.

Stats.
• Ninjutsu: 10.
• Taijutsu: 1.
• Genjutsu: 1.
• Velocidad: 5.
• Resistencia: 2.
• Fuerza: 1.

Armas:
x10 Kunais
Noboru
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Lian Shinru el Lun Feb 20, 2017 3:51 am





La chica pareció responder a la voz de Hitoshi, ese mismo que se ponía delante de ella y bastante cerca de su compañero. Era peligrosa, si él lo decía, ¿Tenía que ser verdad? Supuso que sí, en temas de artes marciales, posturas y todo lo relacionado estaba mucho más que perdida con el contenido. Se mantuvo en silencio hasta que la sonrisa tomó sus labios por escucharla hablar, ¡Tenía una bonita voz! Aunque no parecía tener un gran vocabulario, ni siquiera comunicarse de la manera correcta. ¿Entonces si era una salvaje o algo parecido? Oh, claro, había conejos salvajes. Dispuesta a avanzar esta vez, quiso mantenerse con ese pensamiento pero lo cierto es que el ardor repentino en el ojo izquierdo le hizo retroceder hasta casi caer. ¿Se le había metido algo al ojo? Dolió por segundos, incomodó mejor dicho. ¿De dónde salió esa sensación? ¿La estaban atacando fantasmas? … Eso no era posible por lo que solo pudo atribuirlo a la chica la cual por los pasos, deducía se estaba alejando. ¿Podía atacar sin siquiera tocarlos? ¡Estarían en problemas de ese modo! Aun así, algo escapó de su boca sin que se percatara de ello.

Conejito malo…

Lo era. Era un conejo malo que merecía…'Amor'. Pero ese no era el asunto, su mente aunque a veces tan dispar en ideas como nadie se podría imaginar, se concentró en el verdadero objetivo de la misión. Ese en el cual se habían desviado de manera bastante obvia. Intentó parpadear con normalidad un par de veces para ver donde se enfocaba ahora su conejo tan salvaje y poderoso como para atacarla sin rastros de sellos. Arriba.  Gritaba algo de hilo divino y monstruos. ¡Eso sí que no se lo iba a permitir! Si les estaba llamando a ellos así, pues no. Al menos a ella le afectaba por una absurda razón que no daría conocer aún. Respondiendo tarde al acto de simpatía por los demás se preguntó cómo estaba Hitoshi y Noboru, pero la respuesta al segundo llegó sola, pues vio un látigo alzarse en busca de quien les estaba causando problemas.

¿Están bien?―Intentó complementar. No estaba molesta, no. Seguía sintiendo curiosidad por la que parecía ser la ‘enemiga’, pero como antes pensó, debían volver a la misión. No lo decía porque le preocuparan los aldeanos ni mucho menos, era un motivo tan vago como para no querer moverse más ―Creo que deberíamos…  Irnos. Luchar aquí no servirá, dudo que nos entienda. ―Aunque podía intentar detenerlos. Separarse era una opción viable, pero tampoco le gustaba.―¿Podemos irnos… Ya?

Una petición que realizó con la esperanza de lograrlo. Seguía admitiendo que su capricho era tocar el cabello de esa chica, poder hacerlo para comprobar su esponjosidad. ¡La misión era importante! Sus compañeros, supuso que también. Quizás el haber preparado algo fuera lo más prudente por hacer, pero no había algo que detestara más que luchar contra sus caprichos, lo lamentaba por ser de ese modo.

Información:

Stats:
• Ninjutsu: 9
• Taijutsu: 1
• Genjutsu: 1
• Velocidad: 6
• Resistencia: 6
• Fuerza: 1

Armas:
•Hilos de alambre, un par de metros
•Senbons x10
•Cascabeles x5
Lian Shinru
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Miér Feb 22, 2017 1:29 am


Un movimiento tan simple, tan bien ocultado bajo una fachada de supuesto miedo, sumió al espadachín en las tinieblas. No había manera de verlo venir, ni de evadirlo una vez presa de él, convirtiendo a dos sombras tan finas como cabellos en armas capaces de privarlo de la vista con una rapidez inusitada.
Parpadeó una vez. Se echó hacia atrás por reflejo, e impelido por ese mismo acto involuntario llevó sendas manos a la espada; la diestra en la empuñadura, la siniestra en la saya. Todo el peso de su cuerpo cambió de una pierna a otra, estabilizándose en la de más atrás para mantenerlo de pie con una postura firme. Al volver a abrir los ojos, todo era de un tono rojizo a causa de una pequeña cortina de sangre ante sus perlas de arcilla.

El sonido del bosque azotado por un suave viento se intensificaba casi tanto como el de los pasos de un enemigo, sin duda, capaz y temible. Las voces de sus compañeros retumbaron en su cabeza con más fuerza que otrora a causa de la momentánea ceguera, y en ellas distinguió una súplica de Lian para marcharse. Pero, por supuesto, él no estaba dispuesto a tal cosa. No cuando su orgullo había quedado mancillado con un ataque a traición.

Usando al mayor como referencia, trazó el aprendiz de Budo un rápido mapa mental de la zona. Abrió los ojos, conteniendo en su interior el dolor que eso suponía, y vio como entre el rojo de un velo sangriento el verde, ahora de rojo un poco más oscuro que el resto, se mantenía erguido, con las manos extendidas sujetando sendos látigos salidos de ninguna parte apuntando en la dirección de huida de su rival.

Sin mediar palabra, volvió a cambiar el peso de costado, devolviéndolo a la pierna diestra mientras la mano de ese mismo lado liberaba la espada de su vaina. El largo total de la hoja salió, trazando una diagonal perfecta, envuelto en una capa apenas visible de chakra que no tardó en despedirse del acero. La punta de una media luna, apenas afilada pero tan pesada como el arma que la invocaba, volaba pegada a los látigos, a la vez que el cuerpo se extendía en diagonal desde ese mismo punto hasta el más de metro y medio que medía su propia arma.

La única, aunque firme, intención del samurái era la de encerrar a la mujer entre dos opciones igual de malas. Por un lado, a más baja altura, estaban los látigos del de vestimentas ornamentadas y más bien tradicionales, y más arriba, si ella saltaba para esquivar estas trampas, se hallaba su hoja etérea en busca de carne que lacerar y peso que desviar en mitad del aire, donde el viraje no era una opción por falta, todavía, de puntos de apoyo para tal acción.
No contento con eso, Takao avanzó presto al frente, a la vanguardia de una formación cada vez menos estructurada pero que demostraba ser capaz de unirse en caso de necesidad. La Hoja Noble iba tras él, a ras de suelo pero sin tocarlo, a la espera de alzarse en defensa ante cualquier sonido que emitiese el cuerpo ajeno, abasteciéndose mientras tanto de la energía de su más reciente dueño. Los ojos, todavía cerrados, aguardaban el momento para abrirse de nuevo cuando notase el terreno cambiar bajo sus pies; la tierra del bosque era más blanda que la del camino, y podía suponer su mayor ventaja frente a la extranjera de habla tosca como sus modales.
Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3 +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3

Técnicas:
Hagen: Engetsu (刃弦×偃月, Blade Chord: Cuarto Creciente).
Impregnando su arma de chakra, el usuario será capaz de expulsar desde el filo de la misma una medialuna formada de chakra en dirección a su oponente. Esta medialuna será capaz de recorrer un máximo de siete metros antes de desvanecerse, provocando destrozos a su paso. Mientras más cercano se encuentre el oponente del ejecutor, más daño recibirá por el corte. Aquellos que tengan armas punzantes (como lanzas y tridentes) podrán lanzar picos de chakra que, aunque abarquen un área menor, poseerán un poder mayor al encontrarse concentrado todo el poder en un punto más estrecho.

Jutsu oculto x1
Takao Hitoshi
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Dom Feb 26, 2017 5:18 pm





A red thread

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En un instante, la temerosa muchacha de cabello sin color se vería superada. Con la obviedad de la matemática, el ingenioso actuar de las armas impredecibles que guardaban cada placa de acero solo sirvió por un instante en el que nadie podría haber avanzado adecuadamente. Sin olvidarse del nivel desigual de la tierra, ascendente, el grupo se compenetraba rígidamente tras la mirada turquesa. Cada miembro, con vista desvalida, acomodó una formación, que de no estar preocupada por su seguridad, a aquella chica le habría recordado los momentos de niñez donde le ordenaban colocarse detrás, donde estaba ahora la mujer enemiga. Porque eres especial, el resto te protegerá mientras tu haces lo tuyo, había sido el continuado discurso de aquella época. Ella se preguntaría si era igual en esa tierra. Si ella, tras la muralla de sus aliados, era especial. Así o no, no era a la castaña, sino al más llamativo de los tres a quien la atención viajó primero en uno de los tantos barridos de mirada. Por lo que ella pudo apreciar, un látigo que tan solo con él podía combinar dado su pigmento, había sido descubierto. Juraba el raciocinio, lo había llevado todo el tiempo, oculto en su anchísima manga, esperando al momento para sorprenderla y atacarla. Esa nueva cuerda, tan indigna y lejana de las de la extranjera o la que admiraba impasible en el suelo, acometió en una baja postura, como la serpiente sigilosa que mordía a su presa. A su compás, un evento inesperado contrastaba con los hilos de Iko. Una forma, de trazos visibles, dibujada con un pincel asesino, la perseguía. La preocupación de aquella a tan solo cuatro metros tras la breve persecución surgió cuando el simple roce del trazo fantasmal devoró sus cuerdas, separándola de las agujas, que sin otro soporte, caerían sin detección, al suelo, perdiéndose para siempre entre la tierra. Podía significar que él era consciente de lo que hábilmente había guardado en el secreto invisible, que conocía quizás las habilidades tan caras que se ocultaban tras la piel de mármol. El rubí blanco estaba en peligro.

La siniestra mano acudía en salvación, cuando el camino dorado el extravagante casi accedía al tobillo derecho. El pulgar de esta se había doblado y apretaba la palma, un movimiento poco significativo para quienes ignoraban el potencial peligro, al igual que la derecha, cuya forma distaba de la común, y su curva permitía entrever una apertura.  La aleta de tiburón que aquel maestro de espadas provocó, inclinado y precipitándose contra ella era de una constitución, pese a espiritual más que probable, desconocida. En cambio, aquello que empuñaba su compañero era textil, físico. Un último brusco giro. Toda la fuerza que pudo reunirse inundó la mano izquierda para lanzar una pieza peculiar. Pese a totalmente dorada, como el látigo, se distinguía una forma rectangular, recta y perfecta, de solo unos centímetros. Más fina de lo que sería una hoja de papel. Y más letal. Fue lanzada de forma diagonal al látigo. Perpendicularmente, hubiese encontrado toda su resistencia de golpe. Sin embargo, fue lanzado para que el cortador objeto engullese poco a poco cada pequeña fibra, debilitando con su avance el arma hasta lograr separarla en dos partes. El giro, pero, no solo fue protagonizado por el llamativo y brillante objeto, que tras su recorrido encontraría el suelo y se anclaría a él. En el había retumbado una patada, no un paso, que impulsó a la muchacha. En efecto, había visto la trayectoria recta y amenazante que el peligroso espadachín le dedicaba. Sabía ella que su carrera carecía de la potencia necesaria, por ello no había sido un buen salto. Era una muestra de fuerza. Quizás solo el otro marcial podría haber detectado la forma en que las pieles se comprimían y lanzaban a la chica en una diagonal que la separaba de las dos amenazas. En efecto, pero, al contrario que aves o murciégalos, la curiosa criminal no poseía modo de maniobrar en el aire.

Ese fue el papel del brazo derecho. Pues en el mismo giro, un sonido pequeño y metálico se disparo. Una cuerda nueva, del color de la plata. El fuerte movimiento de brazo, junto a la proximidad que el fuerte patear, habían conseguido acortar la distancia entre la salvaje y su bosque. En él, árboles. Uno de aquellos árboles, de relativo poco tamaño, solo unos dos metros y poco más, consiguió cazar el extremo de la cuerda en su madera. Sin necesidad de verlo, la vibración en el acero conseguía hacer que la extraña cesase la extensión de su segunda cuerda, y su brazo diese un fuerte tirón. A tan solo cuatro metros de los árboles, el fuerte movimiento lograría apartar la mayor parte de Iko del recorrido del ataque. Más no el suficiente, su extendida pierna izquierda con la que se había impulsado, no pudo retraerse a tiempo, y sería víctima de las últimas brazadas de la espada distante, produciéndose una variedad de sangrantes en la piel desnuda, pálida y oscura a la vez. La exótica mordía en su huida el labio inferior, acallando un quejido no tan doloroso como pudo haber sido.

El momento había conseguido salvarla una vez más. Una vez más, era la fuerza, y no lo especial que era, lo que rescataba su vida de las garras de los sirvientes monstruosos sobre los cuales inmediatamente se colocaba la mirada. No era más de ocho metros los que los separaban aún. Más con la chica aún inactiva. El resplandor del sol capturado por su arma yacía en el suelo. Eran más rápidos que ella. Poseían armas con las que eran diestros, y, como ella, no habían mostrado su total con una máxima seguridad. Tan solo unos ataques habían logrado casi capturarla. Si era una lucha de verdad, no podía ganarla usualmente. Más, tampoco podía abandonar el regalo, y que fuese pasto del temible señor de aquellos tres. La expresión atacada de ella cambiaba entre ira y cautela en un gesto relativamente neutral e íntimo. El impulso había hecho a la chica arbolizar. La fuerza en la madera de su tirón, y su único conocimiento sobre el arma habrían desenterrado el dardo de la corteza y tronco. Necesitaba un tiempo que le quitaba su inferioridad. Por esa razón, una de las hebras, ignorada de la vista dañada de los otros, había hecho contacto con la pieza dorada. Los dedos izquierdos hacían a estar morder el reconocido arma, más sabía ella que la fuerza de su viniente movimiento no podía equipararse a la que el esfuerzo había labrado en sus músculos. El más cercano era aquel cuyos dos ojos habían sido cortados. La distancia con la pieza tan solo ganaba al metro por estar ella en el suelo. Como si estuviese viva, emergió del suelo, y aún plana, se clavó en su carne, a la altura renal, por el lado contrario al bosque, el izquierdo, del pelinegro. La pieza con su poca potencia continuaría moviéndose mientras no se la quitase, serrando poco a poco el cuerpo formado, mientras su manipuladora ya había ascendido insigilosa a la copa del árbol, no suficientemente frondosa, desde donde podía observar a los enemigos, y ellos los trazos blanco de su despeinada cabellera que la delataban, como tantas otras veces.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).


Técnicas: 6/6.

Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de Kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.


Marionetas.
Torashishi migiashi.
Torashika hidariashi.

Armas usadas.

(Torashika hidariashi) Hojas de acero x01/02.
Dorso de la mano. Situadas entre el metal del guante y el cuero sobre la piel se encuentran dos piezas sencillas. Se trata de unos rectángulos de acero, de tan solo 72mm de ancho y 32mm de alto. Son hojas extremadamente finas, lo que hace fácil doblarlas y manipular su forma. A pesar de no contar con una sublime potencia de ataque, estas hojas pueden realizar cortes limpios a través de carne o materiales blandos, especialmente lanzadas con la fuerza necesaria. Además se pueden manipular con los hilos, dando así una forma conveniente o un movimiento, por ejemplo formando una sierra. se pueden liberar apretando el pulgar contra la palma de la mano, dejando a la vista una apertura. Dependiendo de cuanta fuerza se ejerce sale una o las dos. Una de ellas es de un acero blanco y brillante, y la otra está coloreada de dorado, ambas sin adornos ni motivos pintados en ellas.
Con la debida práctica pueden usarse como un bumerán, haciendo que vuelvan gracias a su giro. Son fáciles de sacar y guardar rápidamente.
Reflejan mucho la luz. No hasta poder cegar a una persona, pero si puede ser una distracción.
En el ángulo correcto, al ser tan finos, pueden llegar a no ser vistos por el enemigo. Aunque el efecto casi se pierde en peleas contra varios objetivos.
Sus afilados bordes están bañados en veneno. (Aún sin veneno)

(Torashishi migiashi) Cable trenzado x01/02.
Dorso de la mano. Bajo la placa que cubre parte del dorso de la mano, entre esta y el guante de cuero, se esconden dos pequeñas bobinas de hilo de acero trenzado. Cada una mide solo doce metros, y los cables solo tienen un milímetro de grosor. El extremo de ambos cables es una pequeña pirámide cuyos bordes tienen diminutos dientes. Gracias a esto, una vez penetran un material, es difícil sacarlos. El color de los cables es de un metal blanquecino, y las puntas están pintadas de dorado.
Se pueden usar de varias formas, desde una suerte de látigos hasta emplearlos para el movimientos, enganchándose de algunos lugares y usando la inercia.
Al estar trenzado, el cable en fricción no logra cortar como lo haría uno liso, pero si puede dejar un delgado raspado molesto y con abrasión si se tira de él con fuerza.
No posee veneno alguno.

Off-rol: Lamento la tardanza. Fui dejando el post para mañana, y para mañana, y al final no lo hacía.
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Dom Abr 02, 2017 12:31 am


La huida, pero, sólo enmascaraba los movimientos de una adversaria a cada instante más feroz. Por momentos, el samurái se planteaba si realmente era ella quien estaba en desventaja en lugar del grupo, no era para menos. Prácticamente privado de visión, a causa de la fina cortina de sangre formada ante la arcilla de sus ojos, podía observar como un destello de oro avanzaba sin hallar resistencia en la tela. A continuación se dejaba caer para rebotar en el suelo, con fuerza suficiente como para ser oída y analizada por el que seguía el camino de la espada, a fin de abandonarlo una vez más en pos de la seguridad ofrecida por la altura.

El follaje siendo penetrado de forma violenta, como si de una violación se tratase, y la madera crujiendo bajo un peso extraño eran lo único capaz de indicarle hacia dónde encaminar el paso siguiente en su carrera.

Vosotros marchaos. Tenéis una misión que cumplir. ― Expelió, no sin cierto deje imperativo impreso en su voz, justo antes de reanudar la persecución a ciegas de la nívea testa.

Algo lo frenaba de golpe. Era el dolor. La laceración, aunque no demasiado profunda y limpia, incapaz de sangrar demasiado por la naturaleza casi quirúrgica del sesgo, resultaba más molesta a cada paso, obligándole finalmente a detenerse y retirar una de las manos de la empuñadura con destino a su riñón izquierdo. Allí, los dedos palpaban con suma delicadeza una hoja tan fina como un papel de la más alta calidad, casi invisible según su posición y de bordes más afilados que la espada de cualquier demonio de leyenda alguna.
El cómo aquello, un objeto cuyo entierro había tenido por seguro, volvía para golpearlo por la espalda era una duda que asaltaba su mente, transformada en fortaleza, haciendo peligrar las murallas de la calma. No las derrumbaba todavía, empero, y el samurái en busca de respuestas  retomaba la carrera justo después de lanzarla el metal a los arbustos, donde cualquier hilo quedaría enredado y sería inútil.

Luchas de forma cobarde, extranjera. Careces de honor, algo que me entristece enormemente, porque también morirás sin haberlo hallado jamás. ― palabras duras de una voz compungida por un dolor, aunque leve, suficiente para resultar molesto.

Callando sus cuerdas, dejó que el acero hablase por él una vez más. La siniestra volvía de nuevo a por el mango del curvo metal, cerniéndole con no demasiada fuerza a la par derrochando destreza en cada roce de las yemas sobre las cuerdas trenzadas. La energía, vibrante a través de sus brazos, se iba derramando sobre la hoja a medida que su portador la situaba a la vanguardia con un único movimiento. Era su posición extraña, sin embargo, pues no estaba inclinada hacia el frente para hacer cara a un enemigo; permanecía totalmente recta al principio, paralela a la columna del instruido en su uso, para después moverse en el sentido de las agujas del reloj con cada vez mayor ímpetu hasta que, finalmente, se separaba de ella una violenta corriente de viento mezclado con la fuerza motriz de todas las técnicas.
Sólo escondía una intención esa vorágine, y era la de lanzar a la muchacha de nuevo a tierra, a una altura equivalente a la propia donde el combate se desarrollase de forma más justa para ambos.

Y de repente frenaba.

Dejando de existir el giro justo cuando la punta de la espada coincidía con la ubicación de la vaina, Takao guardaba el acero una vez más en su hogar de madera.

Si es cierto que no entiendes mis palabras, espero que, allí de donde seas, te hallan enseñado cómo debe dar inicio un auténtico combate. ― Acompañando a sus palabras estaban acciones propias de un loco, de alguien que carecía de las miras necesarias para entender que los códigos estaban bien sobre el tatami, pero cristalizaban en acciones suicidas en el campo de batalla.
Sin reflejar miedo, o nervio alguno, él se arrodillaba a poca distancia del árbol que guarecía a su enemiga. Una mano sobre la empuñadura, la diestra; apoyaba la siniestra sobre la vaina para asegurar estabilidad en el futuro. Aunque extraña, era esa una manera de exigir un duelo de iguales en casi cualquier lugar del mundo de cuya existencia él supiese, pero también una forma de empequeñecer su figura, volviendo más difícil acertarle y reduciendo las áreas a defender en caso de un nuevo lanzamiento de las armas.

Esta vez cerraba los ojos por completo, impidiendo así las distracciones de ese sentido cojo, y dejaba que el bosque le hablase a él a través del viento meciendo las ramas, la tierra agitándose por los pasos y los árboles respirando a su mismo ritmo.

Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3  +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3

Técnicas:
Tatsumaki Buyō (竜巻舞踊, Danza del Huracán)
Tomando la empuñadura del arma con ambas manos, el shinobi es capaz de hacerla girar a su frente. Este movimiento mezclado con la energía del ejecutor genera un vórtex nacido de los giros del arma, capaz de repeler rápidamente armas arrojadizas y truncar varios movimientos de taijutsu. Sólo podrá detener ataques de Ninjutsu etéreos (de aire y fuego, más no de rayo) si el ninjutsu del atacante es menor que el propio. Los ataques de ninjutsu con propiedades físicas (suiton, doton y raiton – aunque éste último no posea forma física) podrán detener la rotación y rebasar el ataque.
Takao Hitoshi
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Mar Abr 18, 2017 2:00 pm





A red thread

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Escondida ella, a medias en una copa medio-despoblada, las dos joyas luminosas se habían clavado en la figura del monstruo. Quizás cabeza del grupo cuando lanzó al resto a seguir el hilo. Como el reflejo al rozar las llamas, los músculos femeninos se tensaron, listos para arremeter contra las ramas e ir tras ellos. Pero reaccionó la consciencia a tiempo. Seguía siendo una simple muchacha, encontrarse encerrada entre los enemigos no era sino un movimiento cuasi suicida, si no lo había sido ya encararse a ellos. La muchacha mordisqueó su labio de tierra pálida y miró en la dirección habladora, cuando un discurso, aún incomprensible, salía de las fauces guerreras, como lo hacía la espada de su vaina; dañinas y directas. Para Iko en su raro dialecto, seguía siendo una forma incoherente de juntar palabras, que pocas conocía. Sin embargo, una de ellas caló por su oído, cayendo al tímpano y este enviando un pulso por todo el cuerpo que lo hizo endurecerse al quedarse por completo inmóvil. Morirás. Aprendió esa palabra de pequeña. Cuando los grandes maestros se disgustaban por cualquiera de los isleños, y les hacían pagar con uno de los severos castigos de los que nunca se regresaba. Muere, morirás, morir. No fue cauto al expresarse de aquel modo. La fina incisión en las costillas, el rasgado minucioso sobre los ojos. Eran tretas cuya extrañeza debía haber notado el peligroso hombre, mas el secreto tras ellas podría reposar oculto. No como las intenciones de él, al menos sobre la mujer, cuando recobró la empuñadura, comenzando a doblar el viento a su paso. Ella aprovechó ese momento para caer de entre las hojas, aprovechando la figura estilizada para ocultarse de la forma más efectiva posible tras el tronco, mientras el semi-cegado permanecía en su baile personal. La supuesta salvaje liberó su propia furia, en su propia manera. Sin embargo, fuego verde ardía tras los ojos, como si un trueno hubiese caído en cada uno. Posiblemente incomprensible la actitud de la chiquilla para los humanos de la gran tierra continental. Crepitando en un modo traicionado y triste como quien es abandonado por su propia madre en medio de un bosque.

Él volvió a hablar, en su distancia de nueve metros. Momento usado para calmarse, para idear las artimañas previstas. Lo observó la muchacha, oculta aún, para luego incluso llegar a sorprenderse. Se había arrodillado. Ese sirviente de los monstruos, cuya hoja se movía en los deseos de tales señores, y cuya actitud se había vuelto cada vez más oscura, ahora se mecía a la tierra en un gesto incomprensible. Era la misma posición que la gente venida de otra tierra obligaba a a adoptar a los tribales de la isla. Pero solo por sus rasgos estaba claro que aquel hombre de armas estaba lejos de ser uno. Más aún con su habla extraña, su ropa e incluso sus manera de luchar. ¿Conocía la isla? ¿Acaso era algo distinto en el continente? ¿O era solo otra muestra de desprecio? Confundió a la del pelo acolor más que mostrar algún resquicio de respeto, y su verdadera intención fue brutalmente silenciada con ignorancia. Los dedos preparados, las piernas revelaron a la muchacha de su escondite. La figura de los otros dos seguía el hilo de lejos, sin embargo, de momento el peligroso hombre era quien requería la prioridad. La joven asentó claramente su silueta encarando al espadachín en la misma distancia. La mano zurda se elevó por instantes, antes de bajar tras su discurso, más breve aunque posiblemente más confuso que el de él, rascando la garganta marmólea de Iko y su voz, deshaciéndose por unos instantes de la belleza y suavidad natural en un grito afectado. Ella inconsciente, sobre las dos joyas se formaron diminutas gotas, como la sangre de él, pero estas transparentes e inofensivas, a punto de resbalarse por las mejillas de la muchacha. — ¡Crasta íliva! —

En ese mismo momento, la mano asió hacia la figura del espadachín, y de entre los dedos siniestros emergió nuevamente una figura. Un cilindro plateado, cuyo cuerpo golpeado por el sol brillaba y lo delataba. Este dirigido hacia la cabeza del muchacho. de la forma más calculada, y con la potencia única de ella. Las lágrimas pobres eran indescifrables. ¿De rabia? ¿De tristeza? ¿De miedo? El suyo era sin lugar a dudas un gesto agresivo, nada que ver con la guardia quasi-profesional que mantuvo al principio. No era sino un rostro emocional, humano, hermoso a su manera por aquella pureza intacta de una muchacha insabida del mundo, una niña. Pensar que escondía tanto en su interior causaba diferentes reacciones. A sus primeros captores les causó una perversa fascinación. No podía sino imaginar qué nuevas torturas se le podían ocurrir a aquel delante. Qué intentaría arrebatar esta vez el continente de ella. ¿O quizás la ofrecería a sus señores como una pieza de caza? Las garras aún no eran visibles, sin embargo, si lo era que la posición en los dedos no era natural, ni siquiera funcional si él conocía las artes marciales instruidas a la muchacha. Fuera a donde fuera, el cilindro pequeño buscaría la cara del hombre. Un hilo invisible lo guiaría, dando solo diminutos tironcitos. Si lo estallaba con su espada, decenas de piezas metálicas herirían su cara y cuello tras la pequeña explosión al encontrar su obstáculo. Y si intentaba esquivarlo con su mayor velocidad, un tirón más fuerte haría de detonador, con el mismo resultado. Cual fuera la reacción de él, se podía ver lista a la chica, feroz como el tigre y cazadora como él.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).


Técnicas: 5/6.

Chakura no Ito (チャクラの糸, Hilos de Chakra) [Nv.1]
Es la habilidad única de los miembros de éste clan. Gracias a ella pueden emitir una fina corriente de chakra, en forma de hilo, con la cual manejar las marionetas a su antojo. Los recién iniciados en el control de ésta técnica necesitan de una mano completa para manejar una marioneta mediana o de al menos tres dedos para manejar una marioneta pequeña. Los hilos pueden extenderse hasta los diez metros en cualquier dirección y pueden o no ser visibles a simple vista, dependiendo esto último de si el usuario así lo desea o no. Estos hilos pueden ser cortados como cuerdas normales, pero sólo por técnicas de Kenjutsu del mismo rango o superior. Sólo cuenta como un jutsu cuando se activa la primera vez, pudiendo activar ésta técnica y otras dos en ese mismo turno -aunque no resta un jutsu a utilizar de los que tenga el usuario- y luego puede ser mantenido por tantos turnos como resistencia tenga el usuario -10 de resistencia = 10 turnos mantenido, por ejemplo-.


Marionetas.
Torashishi migiashi.
Garras x04/04.
Agujas x00/04.
Cable trenzado x02/02.

Torashika hidariashi.
Garras x04/04.
Cilindros explosivos x02/03.
Hojas de acero x01/02.
Piel de tiburón x01/01.


Armas usadas.

(Torashika hidariashi) Cilindros explosivos x01/03.
Espacios interarticulares palmares, menos entre índice y pulgar. Entre cada falange, sujetos a un pequeño muelle, se encuentras unos delgados cilindros. Estas piezas están hechas de acero muy fino, y tienen una medida de apenas 37mm de algo y 13mm de diámetro. En su interior, cada uno lleva enrollado un papel explosivo. El mecanismo se acciona según la posición del pulgar respecto a los dos dedos entre los que se encuentra el cilindro. Cuando estos están separados, se abre el compartimento y se pueden lanzar, pero dado este funcionamiento, solo se realizan lanzamientos singulares. Los cilindros con de acero limpio y brillante sin decoración.
Cuando encuentran un obstáculo y chocan, el sello explosivo se activa, provocando una explosión pequeña, amortiguada por el contenedor. La explosión no tiene un radio mayor a sesenta centímetros.
Los cilindros están hechos no de piezas únicas, sino que son uniones de un total de sesenta y tres pequeñas piezas de acero, la mayoría formando el cilindro en forma de uña. Cuando el papel explota, estas piezas salen violentamente disparadas en todas direcciones hasta un total de cuatro metros. Aunque no son extremadamente dolorosas, provocan una molestia en la zona, además de abrir pequeñas heridas.
El explosivo es especialmente peligroso cuando se activa de cerca, pudiendo herir más gravemente a la víctima en la zona cercana a la explosión, y si se trata de zonas como el rostro, podría costarle la vista.
Dado que es un explosivo, los cilindros carecen de venenos.
Si se lanzan con suficiente fuerza, las piezas no salen disparadas en todas partes, sino en la dirección en que fueron lanzadas, avanzando no cuatro sino seis metros con esa misma potencia. (Necesario 10+ en fuerza).
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Sáb Abr 22, 2017 11:30 pm


Abrió los ojos cuando la escuchó gritar. Y eso le salvó la vida.

Todavía afectado por los cortes en los ojos, sin dejar de sentir la laceración del muslo más alto, apenas era capaz de distinguir bien entre lo que era y no era real. Las cosas se movían cuando no debían. Borrones de colores, iguales a los que ve un niño antes de cumplir el año, se paseaban por delante de las dos perlas de arcilla encerradas en sus cuencas. Y en mitad de todo eso, una figura plateada, pequeña y que apenas lograba ver con claridad en la distancia, volaba con intención de tomar tierra en su cara.

Volvió a cerrar los ojos y se preparó para la tormenta que se avecinaba.

Tuvo que ser rápido el aprendiz de Budô, entonces, para aprovechar una postura que le favorecía sólo a aquellos lo bastante veloces como para abandonarla en el momento oportuno.
Colocó la mano del corazón en la empuñadura, asió con la contraria la vaina y rápidamente hizo el movimiento de desenvainar. La primera siguió a la segunda, desenganchando la madera del hogar del acero de la tela, y la abandonó justo cuando el filo empezaba a nacer desde el interior. La pericia hizo el resto.

Como casi un tercio de la hoja había abandonado ya su hogar, la madera tuvo que apoyarse, libre de la mano, en el gris gélido para irse deslizando con lentitud, culminando en un lanzamiento limpio, cuyo sonido restalló en el aire llenándolo de eco metálico, en el que la, otrora, armadura de la hoja se disparó hacia el frente, al encuentro del objeto por seguro dañino de aquella chiquilla asustada e iracunda.
La distancia entre ambos objetos no era demasiada. El peso superior de la vaina estaba destinado a apartar de su rumbo al proyectil, pues no iba en línea recta sino con trayectoria hacia el lado siniestro; eso daría, pues, bastante metros con los que jugar a la espada sin amo.

Encadenó con velocidad otro ágil paso de ese baile que llevaban a cabo los dos, esta vez desde sus piernas, y se puso de pie al mismo tiempo que avanzaba en línea recta hacia la mujer, con la Hoja Noble asomando por su espalda, a la izquierda, cuyo filo serpenteaba contra el solo capaz de atravesar el mar de hojas sobre sus cabezas.

Y no estaba en su haber matarla, porque no era un asesino ni quería ser llamado así, sino detenerla. Porque necesitaba entender los motivos de la nieve más pura para querer mancharse de sangre, la fuerza motriz que la empujaba a lanzarse contra tres desconocidos en mitad de un encargo.

Si todo salía bien, el samurái sólo esperaba ser capaz de recorrer, al menos, cuatro pares de metros hasta que hacerla entrar en el rango de su arma. Una vez allí, haría lo imposible por usar el contrafilo en lugar de la cara afilada; se notaba, por cómo retorcía las manos sobre las cuerdas allí puestas para impedir el deslizamiento, que no pretendía herirla en realidad, pues era incómoda la postura de sus muñecas, y sin embargo no parecía alguien incapaz de sentirse reconfortado con el peso de una espada entre las manos.

De todas formas, el combate, de seguro, llegaba a su fin. Takao había dejado ir más energía de la que podía permitirse en realidad. Unas preciadas gotas de su chakra empezaban a deslizarse por su hoja, haciendo aparecer arcos eléctricos que saltaban de un lado a otro por esta, y parecían recordarle con cada crujido el precio de una deuda comprometida sólo consigo mismo, con su incapacidad más allá de lo físico.
Con ello, y a pesar de lo alto del pago, pretendía el que seguía la senda de la espada y no otra dominar a su enemiga, obligarla a cesar en una ofensiva sin sentido ni causa.

Te lo ruego, detengamos esto sin derramar más sangre. ― Imploró en lo que acometía su avance. Era una súplica más que una orden. Un ruego que salía desde lo más hondo de un corazón que aborrecía la lucha sin un motivo.


Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3  +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3

Técnica oculta revelada:


Ninpō: Yōso no seigyo (忍法: 要素の制御, Arte ninja: Control Elemental):
El usuario es capaz de cargar cualquier arma con chakra y fusionarlo con su afinidad elemental. De esta forma, el arma (ya sean kunais, espadas, lanzas, entre otras.) canalizarán el chakra y acabarán por tener alguno de los siguientes efectos, dependiendo de la naturaleza del usuario.

Raiton: Mediante esta naturaleza las armas son ionizadas, generando así no solo cortes sino también choques eléctricos de baja magnitud. La función de estos choques eléctricos es generar espasmos en los músculos, para así reducir la velocidad del oponente en 2 puntos durante tres turnos al recibir este daño.
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Jue Abr 27, 2017 5:50 pm





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Finalmente, los hilos que tanta amargura traían se partieron, justo en el momento en que la vaina de la gran espada barría al pequeño insecto de luz, incapaz ahora de formular ningún vuelo. Seguía siendo débil. En secreto, había quedado desarmada de su control en la distancia, dejando al fuerte guerrero la excusa perfecta para acercarse, pues ella también lo necesitaría si el combate seguía. Pero nada más lejos, ella en su corta pausa de pensamiento, acompasada con el estallido metálico y diminuto de su arma, tuvo que reflexionar, sobre la habilidad y maña que el espadachín había pronunciado en cada vaivén de su brazo externo. En los otros dos individuos. ¿Qué haría si lograba deshacerse de uno, estando desprovista de su armamento y cansada? La enfurecía. Llegaba a calentar el oro bajo el mármol, y la lava se convertía en el núcleo de sus rubíes turquesa. Solo un hombre sin mente propia había logrado dejarla en un plano inútil, enfrente del regalo que los divinos habían dejado caer. Fue esa la razón de producir un movimiento en el aire. Su mano se movió rápidamente sobre el viento, la derecha. El momento en que el guerrero se preparaba para abalanzarse, como el león sobre la gacela, ella produjo una formación probablemente incomprensible para el de ojos temibles. Una suerte de sello malformado con solo la zurda, donde el pulgar doblaba el dedo corazón, y el resto de dedos se estiraban y separaban con poca elegancia. Nada parecía cambiar aquello, solo ella sabía qué acababa de hacer con aquel gesto, antes de que el acero comenzase a acercársele. El hombre podría ver sus dedos apretujarse con la misma rabia impregnada por su aspecto hermoso. Una insaciable bestia hermosa, catadora de sangre. Pronto, esa sencilla forma cobraría sentido para el hombre. Lo que pudiese haberlo asustado, y hacer temblar la rectitud de su espada era desconocido para la salvaje. Ese era un símbolo de finalidad. Los grandes maestros lo usaron con ella en sus innumerables escapes para dictar su quietud. Que un hombre no comprendiese aquella señal no era sino una última declaración.

Él saltó. Volaba sobre la tierra hacia ella, que estaba mirando hacia la hoja invertida y centelleante. Truenos, como los pocos que había llegado a provocar. Los de él eran diminutas luciérnagas rapidísimas, que saltaban y atravesaban el arma. Parecía que ese arte, pero, no conquistaba la calma sangrienta cuando antes del golpe del chico, ella comenzaba a colocar su mano, tensando cuanto le permitían sus músculos para que el golpe habilidoso chocase contra su fuerza bruta. La mano izquierda, cruzando la figura de ella, soltó finalmente el dedo corazón, cuando el hombre tan solo estaba a tres metros, menos quizás. Otro cilindro, idéntico al anterior, fue enviado en un vuelo hacia una de las importantes zonas para el impacto de la espada, el torso. Esforzarse en esquivarlo haría el golpe débil, y recibirlo haría que el estallido a quema-ropa y todas las pequeñas partículas de metal se repartiesen por su piel, mientras que por su potencia, el lado que ocupaba la marionetista no recibiría ninguna de aquellas medias lunas brillantes. Lanzamiento hacia la altura de la penúltima costilla, casi el centro vertical exacto del torso masculino. Sin embargo, parecía no ser lo único por lo que el de larga arma debía preocuparse. En el trayecto del arma, que la enguantada deseaba frustrar con su golpe, protegida de la electricidad con el cuero interior de Hidarite, y su fuerza bruta, a ella le acompañaba la posición, pues el necesitado de postura para realizar cortes contra su objetivo se ataba con los pies a la tierra, mientras la fugaz peliblanca cuando notase el golpe, saltaría. Había empezado a girar el cuerpo en dirección a la espada, pero lo que presumiblemente sería para encarar al hombre y su espada de la mejor manera se convirtió en una vuelta digna de una danza. Aunque perdiera su compostura, la capaz combatiente era una artista marcial, cuya arma era cada tramo de piel. Así pues, tras el impacto de la espada con relámpagos callados, la mano izquierda mordería el filo, sin ningún tipo de reparo a la hora de poder cortarse, pues, era acero contra acero. Los dedos apretarían cuanto fuera posible, de modo que si no quería soltar el filo, el hombre esperada víctima de la segunda explosión no podría alejarse más.

Y tras el salto, con esa mano izquierda de eje, comenzó a girar en el aire con un prodigioso salto que colocó el cuerpo atlético, cubierto de telas nevadas al nivel de la cabeza del espadachín. La pierna izquierda estaba totalmente tensa, con el brazo izquierdo también, el peligroso giro se reveló como una patada en dirección a su cráneo desde su lado derecho. Un golpe serio, como cualquier herida en la jaula de la consciencia, que sin embargo, no era el único, pues la muchacha en su vuelo, había usado la pierna contraria para saltar, y ahora retraída, pero más arriba que la otra por su postura, si el hombre llegaba a esquivarla, esa misma fuerza de caída la desencadenaría contra sus manos, agarrando la empuñadura del peligroso filo, con tal de dejarlo desarmado, y más vulnerable. De cerca, las palabras de él seguían siendo un enjambre revoltoso de sonidos. Ella de hecho ya había decidido no escuchar ese veneno de los monstruos. Había perdido la esperanza con aquel sirviente y su lenguaje extraño. Y desde la misma distancia, él quizás la vería herida, si su vista aún le permitía distinguir aquellos rasgos, el impoluto mármol de un claro-oscuro imposible, ahora sucio, arrastrado pequeños rastros brillantes de gotas que con el movimiento no habían caído un la próspera dirección, y el marfil de la dentadura, mordiéndose entre si con tal de no lanzarse a sus venas y morderlas a ellas. Furiosa, y frustrada, y triste, y extraña, e incoherente, y hermosa.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).


Técnicas: 5/6.


Marionetas.
Torashishi migiashi.
Garras x04/04.
Agujas x00/04.
Cable trenzado x02/02.

Torashika hidariashi.
Garras x04/04.
Cilindros explosivos x01/03.
Hojas de acero x01/02.
Piel de tiburón x01/01.


Armas usadas.

(Torashika hidariashi) Cilindros explosivos x01/03.
Espacios interarticulares palmares, menos entre índice y pulgar. Entre cada falange, sujetos a un pequeño muelle, se encuentras unos delgados cilindros. Estas piezas están hechas de acero muy fino, y tienen una medida de apenas 37mm de algo y 13mm de diámetro. En su interior, cada uno lleva enrollado un papel explosivo. El mecanismo se acciona según la posición del pulgar respecto a los dos dedos entre los que se encuentra el cilindro. Cuando estos están separados, se abre el compartimento y se pueden lanzar, pero dado este funcionamiento, solo se realizan lanzamientos singulares. Los cilindros con de acero limpio y brillante sin decoración.
Cuando encuentran un obstáculo y chocan, el sello explosivo se activa, provocando una explosión pequeña, amortiguada por el contenedor. La explosión no tiene un radio mayor a sesenta centímetros.
Los cilindros están hechos no de piezas únicas, sino que son uniones de un total de sesenta y tres pequeñas piezas de acero, la mayoría formando el cilindro en forma de uña. Cuando el papel explota, estas piezas salen violentamente disparadas en todas direcciones hasta un total de cuatro metros. Aunque no son extremadamente dolorosas, provocan una molestia en la zona, además de abrir pequeñas heridas.
El explosivo es especialmente peligroso cuando se activa de cerca, pudiendo herir más gravemente a la víctima en la zona cercana a la explosión, y si se trata de zonas como el rostro, podría costarle la vista.
Dado que es un explosivo, los cilindros carecen de venenos.
Si se lanzan con suficiente fuerza, las piezas no salen disparadas en todas partes, sino en la dirección en que fueron lanzadas, avanzando no cuatro sino seis metros con esa misma potencia. (Necesario 10+ en fuerza).
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Takao Hitoshi el Sáb Abr 29, 2017 11:49 pm


Fue cuando el contacto casi era un hecho, que otro cilindro salió despedido desde los guantes extraños de la mujer, si cabe, aun más extraña. Pese a no haber visto bien el primero, ni sus efectos, para el aprendiz del camino de la espada era meridiano lo mala idea que sería dejarse golpear por algo eyectado desde la mujer, como buena cuenta daban de ello las heridas que ya adornaban su muslo y sus ojos. Perder fuelle, e incluso fuerza, era un pago pequeño por evitar más heridas, así que lo entregó con gusto, girando levemente en mitad de la carrera, lo justo para dejar pasar el proyectil casi a ras de piel.
Lo siguiente era librarse del agarre de la extranjera, algo que no resultaría tan sencillo, y de lo que no podría salir ileso.

Envuelto estaba el espadachín sin rumbo en la belleza del giro; absorto en el blanco del marfil cincelado para crear su piel, y en la nieve espigada de su cabello. Tanto, que cuando la patada era evidente tuvo que apresurarse a tomar una decisión que quizá no sería la mejor. Soltar una mano de la espada, la diestra, suponía perder la mayor parte de una fuerza que no poseía, y entregarle una ventaja que tal vez no debía dar en préstamo. Pero poco más podía hacer, si es que no quería terminar con la cabeza aplastada por la pierna contraria, que bloquear con el antebrazo en firme postura de guardia a un lateral. Aun así, no podría evitar todo el daño, pues sería su propia extremidad la mensajera encargada de entregar parte de la fuerza que no podía absorber, pero aun así era su mejor opción.

Para. Detente. ― Sonaba de nuevo su voz, a pesar de la situación, calmada, atravesando la distancia entre ellos dos mejor que ningún arma de las que se habían presentado al combate.

En lo que tal vez era firmar su sentencia de muerte, el samurái reafirmó la siniestra sobre la empuñadura sólo para no soltarla, negándose a perder el contacto con lo que lo definía mejor que cualquier nombre o apodo. Los nudillos se le volvieron blancos por la fuerza que usaba para unir su carne a las cuerdas del mango, mientras que por todo el brazo aparecían venas como testigos mudos del músculo cada vez más tenso por debajo, que buscaba hincar la punta de la espada en la tierra y darle un agarre más firme.

No quiero seguir luchando. ― repetía de nuevo con la esperanza de llegar a ella. Y es que había visto cómo apretaba los dientes, haciéndolos casi rechinar por la presión que ejercía; veía en ella el dolor y la rabia, la impotencia y el miedo, la inocencia rota de una víctima de las atrocidades. Algo contra lo que Hitoshi se negaba a pelear aunque le fuese a costar la vida: una niña.

Off:

Armas:
Stats:

Ninjutsu: 1
Taijutsu: 10
Genjutsu: 1
Velocidad: 3 + 1 + 2 +2 = 8
Resistencia: 3 +2 = 5
Fuerza: 1 +2 = 3
Takao Hitoshi
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Re: A red thread | Misión Rango C | | Noboru, Takao y Lian |

Mensaje por Iko el Vie Mayo 05, 2017 7:54 pm





A red thread

Evil servants fear the gift












El hombre habilidoso volvía a sobreponer su maña por sobre la fuerza que habían cultivado los músculos de la joven desde niña. La apariencia frágil de la peli-nevada no parecía poder destruirse pese a lo desastrosos que eran sus vaivenes en comparación a quien portaba la espada, con el acero surcando el airé igual que una ardilla voladora y carnívora. Nada en comparación a la salvaje manada de cuatro fieras repartidas en sus miembros. El viento que estas levantaban hacían de un grueso telón para las apaciguadoras palabras de él. La ira en la marmólea comenzó a arañar su piel con la dureza de músculos fuertes. Y aún así, el impulso de su salto se detuvo, y el golpe sobre la empuñadura también movió su cuerpo, gracias a que ella no era capaz de cubrir toda la longitud del arma. La inclinación hizo que mechones que no se decidían a seguir el viento cayesen hacia arriba, hacia un cielo blanco y verde pálido, quedando las nubes como un suelo lejano que nunca podría alcanzar. Ella seguía agarrada a la filosa columna, pero era una postura donde prácticamente quedaba inmovilizada, pues su brazo ocupado y el otro aún intentaba encontrar algún sentido a la gravedad. La pierna izquierda se había encontrado con una pared, y la izquierda no ayudó a su dueña. Una nueva ola furiosa golpeaba las lindes de la paciencia de la chica, ella y aquella continua rabia parecían si cabía más peligrosas que cualfuera el misterio del hilo rojo, olvidado a varios metros del combate. Más aún cuando el joven calmo intentaba conducirlo a una resolución pacífica, por desgracia ya imposible para la alterada que no pretendía frenar por frases que sus oídos aún terminaban de descifrar.

Girar, o usar las armas restantes quedaba en un mal lugar. No sabría apuntar, sabía Iko en secreto, desde una postura tan desventajosa, y aún más secreto era que ya no había hilos a su favor. Al contrario que ellos, solo su cuerpo era un aliado siempre fiel, hasta que ambos muriesen. — No luchando... — Repitió ella, entre sus colmillos que aún con una talla normal, parecían capaces de arrancar pedazos de piel como si fuesen sables refinados. Entonces, la pierna izquierda se retrajo, cuan rápida pudiese, y sin ningún aviso, volvió a dispararse una patada, frontal, sobre el tabique de él. La posición en contra restó fuerza al golpe, y posiblemente no rompería nada, y solo haría correr delgados chorros de sangre por los orificios del olor si conseguía acertar aquella ofensiva simplista. Con toda la intención de dejar un aturdimiento momentáneo, o hacerle incluso retroceder, cuando la pierna se soltó de la patada, la chica comenzó a perseguir la misma fuerza, doblándose en  dirección al hombre una vez soltó el filo del arma, fuertemente clavada en el suelo por su propio pie y el filo mortal. Un salto básico que dejaría sus pies a tan solo una veintena de centímetros de los del hombre, con su cuerpo agachado apenas superando la altura de su cinto. Los dos rubíes turquesa cazaban el movimiento contrario, pues, ese era el movimiento decisivo para la joven, su oportunidad. Más lenta y torpe, conseguir un momento ventajoso era clave en el combate que no le enseñó ningún maestro, sino que nació de la misma carne que el espadachín enfrentaba. Unos ojos furiosos y vivos lo encararon sin ningún temor mientras las manos adoptaban finalmente su verdadera forma, y como un tigre, las garras de oro nacían desde lo profundo de ambos cuartetos de dedos.

Toda su fuerza se repartió, en el suelo firme. Las piernas impulsaron su figura más baja, mientras la mano derecha atravesaba silbando el aire y se colaba entre los dos combatientes. Si no llegaba a defenderse, las cuatro garras del tigre-ciervo arrancarían piel y harían emerger sangre, paseándose limpiamente por su torso y produciendo su más grave herida en todo el encuentro, usando cuanto potencial hubiese en su brazo para ello. Zarpazo que se alzaría desde el lado izquierdo de la cadera masculina hasta casi su tenso hombro derecho, arrancando del camino los obstáculos que hubiese por la fuerza. Si bien las garras cortas no serían capaces de alcanzar ningún órgano, si dejarían su marca por mucho tiempo sobre la piel más tostada,  regalando la necesaria superioridad a la extranjera, la cual ya no había podido retener más las joyas líquidas y saladas, que con la ascensión se habían separado de las pestañas albinas y ahora flotaban entre el aire de los marciales, esperando a ser destruida por la niña, o por el guerrero.



Perfil.

Ninjutsu: 02.
Genjutsu: 01.
Taijutsu: 04.
Fuerza: 10. (07+03)
Velocidad: 03.
Resistencia: 03.

Camino del tigre: Fuerza (+3).


Técnicas: 5/6.


Marionetas.
Torashishi migiashi.
Garras x04/04.
Agujas x00/04.
Cable trenzado x02/02.

Torashika hidariashi.
Garras x04/04.
Cilindros explosivos x01/03.
Hojas de acero x01/02.
Piel de tiburón x01/01.


Armas usadas.

(Torashishi migiashi, Torashika hidariashi) Garras x08/08.
Falanges medias, menos la del pulgar. En las mitades superiores de estas piezas se esconden cuatro piezas con forma triangulas isósceles, finas, afiladas y curvadas hechas de acero. Estos triángulos miden unos treinta y cuatro milímetros, sobresaliendo poco menos de un centímetro de la punta de cada dedo. Están pintadas con un color dorado.
Su activación es simple y no requiere del uso de los hilos. Basta con adoptar la pose manual del camino del tigre, doblando los dedos como si fuesen garras. Al realizar este movimiento, las cuchillas se deslizan gracias a su forma ligeramente curvada, quedando fijas en el sitio.
Esconderlas de nuevo es igual de sencillo, solo requiere estirar los dedos con un poco de fuerza.
Las garras están bañadas en veneno. (Aún sin veneno)
Iko
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