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Lorewalker

Sakae Shinobu por fin tiene lo necesario para expulsar a los rebeldes de sus tierras definitivamente, no solo eso, sino que la información hallada durante el operativo de infiltración ha revelado una directa relación entre los rebeldes y el feudal de Mogura, por lo que la tensión en el país de la tierra se intensifica. ¿Será este el principio de una pronta guerra civil entre hermanos? { Enlace al Tema }

Tempestades se agitan al norte del continente. Dos de los países menores han entrado en conflicto por un territorio sin dominar que los ha dividido desde centurias. El País del Sonido busca expandirse, en temor de perder poder militar y quedar a merced de criminales, pero el País de la Cascada no permitirá que se invada territorio lindante a su país, mucho menos de un país el cual ha brindado su apoyo en el pasado. El choque de intereses es inminente. { Enlace al Tema }

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Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

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Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Lun Feb 20, 2017 10:01 pm








Journey

"Ununique
paths"




Tierra. En el cielo aún no había aparecido el sol. Su única señal de vida era una mancha de azul claro arrastrada alrededor de ninguna nube, formando un degradado frío y poco apreciado porque aparecía en un momento donde la mayoría seguían inmersos en sus sueños. O sus pesadillas. Bajo los bellos colores todo era sencillo. Simple. Solo había un hombre, derecho e inmóvil, enfrente de una casa. Una estampa inofensiva ante los ojos celestiales. Sin embargo, la complicada mirada humana estaba abarrotada de otros detalles. Subjetivas emociones y pequeñeces. El ejemplo eran los ojos de aquél. De oro y con manchas de tierra, reflejaban la cada rústica con familiaridad. La madera no se correspondía con el marrón en ellos, sino que era más apagada y oscura, más vieja. Las ventanas estaban cerradas, como su puerta. Algo icónico de aquello que albergaban las paredes. A la figura humana se le habían acoplado distintos accesorios. Dos grupos simétricos de armas, que descansaban a cada lado de la cadera, y enmarcaban la silueta alta. La piel relucía libre de cualquier escondite, pues en la cintura que ataba una larga prenda, sin mangas ni botones, de color negro, como los amplios pantalones y las botas, y las vainas. Y la bolsita, atada a la altura del glúteo izquierdo, guardiana de utensilios poco convencionales. Así, detacaba una diferencia, escondida en la mano derecha. Uno característico pergamino, distinto al de las misiones convencionales. En él se escondía un destino compartido, credenciales de su propia identidad.

Esos ojos miraban a la puerta principal en un día emblemático. A una sola luna de la marcha de valientes y excepcionales guerreros, que cada una de las bocas de la nación había calificado de algún modo, no había ninguna manera en que dos de los mismos viajeros no tuviesen la privacidad que les brindaban sus fronteras. Las que abandonarían con un incierto resultado. No cabía la posibilidad de esperar, ni de ignorarlo como había ocurrido por otro largo tiempo en que ninguno de los hermanos había visto al otro. Fantasmas que vivían a solo unos metros el uno del otro. El honorable necesitaba sus voces una vez más. Vitalmente lo necesitaba. Por esa razón, desde las altas horas de la noche anterior, había permanecido invicto a cualquier peso físico, interceptor de la marcha de uno de ellos. Incorregibles los tres, e incapaces de cambiar. Los aceros dormían, sin embargo, una línea de luz aún podía observarse brillar sobre el cuello de quien no se sabía nada.


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Re: Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Mar Feb 21, 2017 11:09 pm








One Last
Walk

“I've made so many mistakes.
Redemption isn't an option anymore”




Ununique paths
El tiempo no afectaba a ese vecindario; mucho menos a esa casa. La eternidad yacía sobre ese viejo tejado, donde la luna era ovacionada incontables noches de juventud. Las edificaciones crecían hacia las nubes y se extendían sobre el verde del País del Fuego, mientras rostros conocidos envejecían en el proceso. Pero ese sitio se mantenía siempre igual. Había algo diferente esa mañana, donde los rayos del sol apenas anunciaban su llegada desde el horizonte. Era una calma que se confundía entre la nostalgia y la melancolía. Sería el día en que el pelinegro, siempre equipado con tabaco de sobra, abandonaría esas tierras para adentrarse al océano, en búsqueda de lo desconocido. Sobrevivió a una guerra, para ser enviado a otra, con menos seguridad que la anterior de su regreso. Sin embargo, no olvidaba lo que sucedió el otro día... Ya no había lugar al cual regresar. Los ojos cansados del dueño de esa casa, paseaban por su interior por última vez. Cada pintura que él había creado en las montañas; cada platillo que él cocinó en esa cocina. Un refunfuño fue acompañado de una sonrisa, tras recordar la cena que había tenido junto con Katta y Lilith. Kazuo no planeaba su regreso... Él se estaba despidiendo de todo aquello que solía definirlo. — Esto... — Entre sus propias cosas, encontró el filo dañado que había sido testigo de muchas historias. La espada quebrada, que había pasado de un hermano al otro, más de una vez. Con mayor cuidado que el resto de los objetos en esa casa, la dejó sobre la mesa de la sala principal, justo al lado de su katana. En este caso, llevaría la espada misteriosa que había encontrado en ese cargamento, a la cual le cambió la funda por una negra. La colgó detrás de su espalda, en cruz.

El pelinegro abrió la puerta; cabizbajo, sin percatarse del otro que se encontraba frente a la casa, y cerró la puerta tras de él. Sobre su vestimenta habitual, llevaba la misma túnica con los bordes raídos color café con la que había regresado de su exilio. Unida al pecho; encapuchado. Tras bajar los primeros dos escalones, alzó la cabeza, fijando la mirada entre algunos mechones de cabello oscuro, al espadachín. — Katta... — No se le escuchaba sorprendido, ni mostraba su característica arruga en la frente. Se le oía... desanimado. Kazuo ya podía ver la gran muralla de moralidades e ideales confrontados que los separaba. Terminó de acercarse al portador de vainas, pasando por su izquierda mientras iniciaba su camino al punto de partida. Desconocía qué iba a pasar más adelante. Sólo sabía...


 
...que tendrían una última caminata.


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Re: Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Miér Feb 22, 2017 4:03 pm








Journey

"Ununique
paths"




Pasos. Emergía la sombra. Separada del suelo y de una opacidad completa, coloreada de marrón y tiempo. Los ojos incapaces de perder detalle habían mordido cada señal con rapidez. La capucha que impedía ver una cara conocida. El bulto recto que provocaba una verdadera extraña. Los pasos semi-erráticos al desprenderse por los escalones. La mirada aún negra de un hermano. Hermano para siempre. Había una seriedad adulta en los rostros. Sin embargo, había algo más. Las memorias de cada uno eran infinitamente dispares. Aquel más alto, que carecía de inseguridades según contaban las lenguas del país. Y otra de las víctimas que había que quemar con antorchas. La diferencia había hecho reír al de las espadas cuando no tenían más de ocho años. Ahora le robaba cualquier ápice de brillo. Ni en su desaparición había visto tan lejano a aquel hermano. Si el lazo era infinito, ¿por qué apenas podía verlo? Sin un saludo, ni palabras amables, como si a ambos los arrastrase lo mismo, emprendieron el viaje desde su primer punto de partida. Era el espadachín quien hacía virar los ojos en todas direcciones. La casa que quedaba atrás y su dueño. Su tejado, su camino, la hierba oscura que crecía alrededor. De nuevo al solitario. Suspiraba. Dado a las palabras con ellos, el espadachín seguía inusualmente callado. Silencioso. Ni sus botas quebraban el silencio. Algo sabido por los dos, que no iba a durar. La voz espadachina era extraña. Diferente. Más baja.

— No he podido despedirme debidamente de Lilith. — Amarga. También era una tonalidad amarga. — Ni siquiera una carta. Solo recibirá el aviso de que los dos nos vamos. — A pesar de la confesión, eso no era ningún misterio. A pesar de todo, ambos eran conscientes de que no se habían visto entre los tres hasta el momento en que el guardián de las espadas había roto la pauta. Por ambiguas razones que cada uno encerraba de la forma más egoísta posible. Katta había vivido aquellos días. No estar cerca de los dos hermanos, ni verlos, ni hablarles. No le había dolido tanto. No le había matado. Seguía dentro del espadachín aquel malvado susurro de culpabilidad por ello. Una evidente verdad. Algo no estaba haciendo bien, y ni el entrenamiento ni el honor habían logrado evitarlo.

A raíz de los meses, la altura ya marcada del espadachín había aumentado un part de centímetros enteros. Un cambio perceptible para él, que cuidaba la proporción del cuerpo del espadachín con sus espadas. El cabello no había cambiado, seguían siendo gruesos alambres negruzcos y tiesos, inamovibles. Por el cuerpo seguían desprendiéndose la infinidad de cortes habitual. Ahora les acompañaba una señal sutil. Encima de una de las cicatrices, atravesando la clavícula izquierda, aún se apreciaban unas arrugas oscurecidas. Pasadas e indoloras, pero cuyo origen caminaba a tan solo unos decímetros. Era otro corte, de otra espada. — Te necesitaré en este viaje, Kazuo. — De no ser él quien hablaba, muchos habrían jurado escuchar vergüenza. Sin embargo solo un hermano sabría que algo extraño se escondía detrás de unas palabras tan simplistas. Pues era una expedición peligrosa, y jamás hubiese habido qué que le hiciese invitar al peligro a otro ser humano. Encerraba una voluntad desmedida para el espadachín. Pero su voz no tembló. De todos esos peligros, juraba su aura, ninguno podría tocar a Kazuo si no habían destruído cada espada y cada hueso del espadachín.


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Re: Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Kazuo el Miér Feb 22, 2017 5:19 pm








One Last
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“I've made so many mistakes.
Redemption isn't an option anymore”




Ununique paths



Meses de soledad para el infame trío. Por razones escondidas detrás de cada mirada, sus vidas habían tomado rumbos diferentes. La idea infantil de que eran una familia inseparable, empezaba a llevársela la adultez. Y también las cicatrices imborrables. Probablemente, muchas cosas podrían haberse evitado a través de la honestidad. El pelinegro de ojos desanimados ni siquiera estaba de humor para encender un cigarro en la misteriosa travesía. Aquel que había recibido y curado tantas heridas en más de un país, también había aumentado ligeramente de estatura. Su complexión física, a pesar de que el ojo común la viese idéntica a su figura de meses atrás, era cómplice del arduo entrenamiento de Kazuo. Siempre destacado por la resistencia. El joven adulto sentía culpable de no sentir culpa por lo que había hecho la otra noche. Las mismas palabras que le había dedicado a Katta durante esa cena, que ahora parecía tan lejana, torturaban su consciencia. No habían miradas encontradas, ni silencios incómodos. Los dos elegían caminar callados. Había vuelto al punto de partida, donde estaba tan centrado en las últimas experiencias padecidas por su piel, que se distanciaba. Los centímetros se convertían en metros dentro de su cabeza... y no le importaba. El cantar de los pájaros madrugadores entonaban la escena, mientras que una brisa recorría la calle por la que ellos andaban, despeinando los mechones oscuros que de por sí cubrían un poco sus ojos.
 
Yo tampoco. — A diferencia del espadachín, no había amargura en su respuesta. Sus sentimientos por esa mujer de ojos dorados no había cambiado, pero estaba aprendiendo, poco a poco, a vivir sin ella. Necesitaba hacerlo; por el bien de su amiga. Era consciente de que ya no era buena compañía. Todo lo contrario; ahora llevaba las manos cubiertas de sangre y el título que pocos sobreviven al llevarlo cuando iban contra la Dama de Fuego. Enemigo. Escuchó lo que Katta tenía que decir al final, pero las palabras no lograban salir de su boca. No hubo respuesta, pero alzó la mirada al cielo. — Tuvimos una buena infancia... ¿Cierto? — Enigmático. Una sonrisa sincera, mientras observaba a las aves volar. — En este lugar. — Agregó, segundos después. La mirada cansada de un reciente veterano, y la característica paz que llegaba antes del final. Retomó su ritmo, todavía sin cruzar la mirada con ese amigo que solía irritarle tanto en el pasado; pero con el cual siempre fue más honesto. No lo suficiente, diría la luna si estuviese presente. — No vayas, Katta. La guerra no es un sitio donde nacen héroes, ni un lugar para alguien tan honorable como tú.Era cierto. No podía olvidar la emboscada al campamento por los muertos vivientes. El lamento de cientos de hombres. — Recuerda lo que me prometiste. Ella va a necesitarte.Por la presión de la mandíbula, se podía notar que estaba apretando los dientes. Kazuo tenía dos posibles finales... y en ninguno regresaba a casa.

El cielo despejado. Si hay un Dios que todo lo ve, más allá del azul que los mortales abalaban... diría que no habían cambiado nada. El fumador vistiendo una túnica que buscaba cubrir sus secretos y el remordimiento de la mejor forma posible. El espadachín, tan desnudo y transparente como siempre lo fue; tanto ante el sol como ante la luna.



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Re: Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

Mensaje por Katta el Mar Mar 07, 2017 8:12 pm








Journey

"Ununique
paths"




Atrás. Al paso de cada hermano se le sumaba un ruido imaginario, molesto. Parecido al temblor terrestre, las zancadas destruían su camino de vuelta. Cada pisada trotaba encima de una frágil superficie, que una erosión instantaneamente después derretía, y dejaba un vacío insalvable. Era una escena a la que ningún ojo querría mirar, por lo que ellos se refugiaron en las sombras textiles. El tacto se distraía con el murmullo del viento, y el oído se evadía con sus palabras, con una atención milimétrica y necesitada en secreto. — La mejor. — Asumían los labios del más alto, que comenzó a sonreír como el hombre a su lado. Era el mismo brazo cuyos puñetazos habían sacudido al espadachín en su día, y la mano que soportaba todo su peso para subir a árboles más altos sin la mágica esencia inexistente en el moreno. Los pies que pisotearon las mismas briznas y el buen corazón que conocía. La imagen de los tres muchachos no podía ser más cercana a la perfecta infancia que había formado lo que era hoy, aún, un honorable y soñador. La memoria quería arrastrarlo con ella rápidamente, perderlo en los recuerdos, contados a miles, que le traían las palabras, pero como en los árboles, Kazuo tendía incondicional su mano, para mantener la realidad del de las espadas. Él recordaba como no tanto tiempo atrás esa misma figura, sin capa, pedía menos atenciones. "— Debes dejar de preocuparte tanto por mi. —" habían sido las palabras que usó. Miraban ahora los orbes bicolor como no había ninguna clase de equilibrio, el protector tendía a rechazar otros escudos. Pues, ¿cuál de los dos era el protector? Una sonrisa indiscreta delataba aquel pensamiento, y se alejaba del verdadero peso de aquellas palabras. Especialmente cuando en las últimas se dibujaba la figura albina. Cada una de ellas se elegía precisamente, con el conocimiento absoluto sobre el de piel cortada, incapaz de evadir uno solo de aquellos argumentos que se afilaban como las espadas, en la lengua de Kazuo, antes de ser desperdigados a su alrededor. Podía ser el motivo por el que sonreía. Solo los hermanos se conocen así.

— No quiero ser ningún héroe. — Héroe era un concepto glorioso y brillante. Todas las imágenes que acudían a la mente del espadachín era de impolutas escenas de un hombre al que admirar antes que respetar, y cuyas hazañas tenían siempre un propósito. La espada dorada siempre estaría hambrienta de más, mientras los humildes aceros a cada lado del más grande eran incapaces de ocultar la sencillez y satisfacción del simple servir. No, nunca quiso ser un héroe. — Tampoco estoy seguro de ser tan honorable. — Esas fueron las más amargas palabras desde que inició el viaje. Desde que aquellas piernas con fuertes músculos habían sido dos patas regordetas que aprendían a gatear. La imagen del, en efecto, honorable guerrero, desnutrido en su celda, y guardando el regalo liberador se había convertido en una memoria secreta. El segundo secreto. Incrustado como un hierro candente que nunca perdería su ardor. Pero del honor solo el honorable debía ser víctima. — Hay algo que debo hacer en Occidente. Algo que no podría hacer sin mi hermano a mi lado. — Egoísta, cruzó los oídos de quien hablaba. Pero los ojos de motas marrones se entrecerraban, en un agradecido y sincero gesto. Realmente necesitaban a aquel acompañante, en una demasía inexplicable. Eso es honorable. — "Tú eres honorable." saltaba entre líneas, como un pez asalvajado sobre un riachuelo de letras. El orgullo y no envidia. El respeto y no la rabia. Había un extraño modo en que solo Katta sabía mirar a las personas. Una en que los destellos de cada virtud vibraban y se juntaban entre ellos. En que las oscuridades no eran sino siluetas de la propia luz. De todos ellos, eran las luces y sombras de Kazuo las que cautivaban aquel sentido y aturdían el raciocinio por completo cuando lo contemplaban. Exquisitos como los cuadros en su recibidor, o los platos sobre su mesa.

— Sé que ella estará bien. Es gracias a vosotros dos que puedo irme. — Los orbes dorados habían visto partir y volver muchas veces a la de níveo cabello. Habían visto crecer la fuerza insaciable tras el hielo, y como este ardía con más vida que ninguno. Una espada no podía vivir por siempre en su vaina, ni recostada en su estante. Como las bellas obras para esposas, que morían enjauladas, las alas de hielo debían desplegarse. Como monumentos de acero brillante y oscuro secreto empezaban a hacer. Sin embargo, a pesar de que las palabras parecían amedrentar al propio oído, este no había dejado de escuchar el suelo romperse tras ellos. La sensación terrorífica de no haber vuelta atrás. Ninguno de los intentos del espadachín consiguieron devolver la inocencia a su familia. Quizás por ello, el espadachín miró a sus espaldas. A pesar de todo el estruendo de como la tierra se desmoronaba, allí se encontraba toda la historia que había acompañado al supuesto honorable. Cada rincón explicaba se existencia, y pretendía dar sentido a qué era. De una forma inexplicable, cuando ya estaban debajo del arco que era la puerta feudal, con su hogar tan solo a unos poco kilómetros, un rastro húmero y salado caía, rodeando las mejillas, la cicatriz, hasta el borde de los labios y luego hasta la barbilla, en una línea lacrimal, transparente y discreta, en desacorde a lo que aparentaba ser una satisfecha sonrisa. Como aquel mocoso con aún menos de diez cortes por su cuerpo, tendía la mano a un pelinegro a su lado, — Hermanos, pase lo que pase. —


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Re: Ununique paths. — (Katta, Kazuo)

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